Posts Tagged ‘empleo’

Una oportunidad para Isabel

24 diciembre, 2016

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Una oferta laboral real que cuesta dinero: consta de una jornada de 11 horas diarias, sin transporte ni comida por 350 euros al mes

Una oportunidad para Isabel
Es una oportunidad, le dijo su padre, una oportunidad, insistió su madre, una oportunidad, concluyó ella misma.
Hace seis años, Isabel trabajaba en una tienda de ropa de una gran cadena, en un centro comercial del Puerto de Santa María. Aquel trabajo se le daba tan bien, y le gustaba tanto, que compensaba con creces los 90 kilómetros, casi dos horas en cuatro trayectos de ida y vuelta entre Rota y El Puerto, que tenía que hacer a diario. Entonces, un buen día, empezó a oír hablar de la crisis como de un animal mitológico, un país lejano, una tormenta que apenas se insinuaba en el inmaculado horizonte de un cielo azul y veraniego. ¿Qué pasó después? Todavía no es capaz de explicárselo. Todavía no ha cumplido 30 años y ya lleva cinco en el paro.
Durante cinco años, el paro ha sido para Isabel un desierto plano e infinito, sin forma y sin relieve, un paisaje absolutamente estéril donde, por no haber, ni siquiera subsiste el espinoso esqueleto de algún matorral seco. Nada por delante, nada a los lados, nada por arriba y nada por abajo, nada. Y no será porque no lo haya intentado. Todos los supermercados, todas las oficinas, todas las tiendas y hasta las farolas de su pueblo, han dispuesto muchas veces de su nombre y su teléfono. Lo demás, que está dispuesta a hacer cualquier cosa, lo que sea, se sobreentiende. Por eso, cuando la llamaron de un hotel de Costa Ballena para ofrecerle una plaza de animadora, ni siquiera se paró a pensar que nunca había hecho nada parecido, que no tenía experiencia para entretener a un montón de niños. Era una oportunidad, así que se arregló, respiró hondo, le pidió prestado el coche a su padre y se fue a hacer la entrevista. Cuando entró en aquella oficina, seguía creyendo que estaba dispuesta a todo. Aún no sabía lo que significaba exactamente esa palabra.
Isabel es joven, atractiva, tiene buena presencia, una voz agradable, así que todo fue sobre ruedas hasta que llegó el momento de pactar las condiciones económicas del trabajo. Después, durante un rato, tampoco pasó nada, porque necesitó algún tiempo para procesar lo que estaba escuchando, y sumar, y restar, y comprender al fin qué clase de oportunidad le habían puesto entre las manos.
“Durante cinco años, el paro ha sido para Isabel un desierto infinito, un paisaje estéril”
–Pero… Si entro a las nueve y media, y salgo a las nueve y media –recapituló en voz alta–, no puedo venir en autobús porque no me encajan los horarios.
–Ya, pero me has dicho que conduces y tienes coche.
–Sí, eso sí, pero… Claro, son doce horas…
–Once –su interlocutor seguía impertérrito, una sonrisa tan firme como si se la hubieran tatuado encima de los labios–, porque tienes una para comer.
–Claro –volvió a repetir ella–, pero en una hora, entre ir y volver… No me merece la pena comer en Rota, así que tendría que tomarme aquí un bocadillo.
–Claro –el hombre sentado al otro lado de la mesa pronunció aquella palabra por tercera vez–, o lo que quieras. Podrías traértelo de casa, porque el empleo no incluye la comida.
–Claro –y nada estuvo nunca tan oscuro–. Pero entre lo que me gasto en gasolina, en comida… –antes de llegar a una conclusión definitiva pensó que todavía le quedaba un clavo al que agarrarse–. ¿Y la Seguridad Social?
–Una hora.
– Una hora… ¿Qué?
–Te aseguramos una hora por cada día trabajado.Isabel recapituló para sí misma. La oportunidad que le estaban ofreciendo consistía en trabajar 11 horas diarias, sin transporte y sin comida, por 350 euros al mes y una cotización 10 veces inferior a la que le correspondería. No se lo podía creer, pero todavía le quedaba una pregunta.
–Perdone, pero… ¿Esto es legal?
Su interlocutor se recostó en la butaca y se echó a reír.
–Por supuesto que sí. ¿Qué te creías?
(Esta es una historia real. Isabel existe, y la oferta de empleo que no aceptó, porque trabajar 11 horas diarias casi le habría costado dinero, existe también. Costa Ballena está en la provincia de Cádiz, a un paso de Sanlúcar de Barrameda, que mira a Doñana desde la otra orilla del río Guadalquivir. Para llegar a la ermita del Rocío desde allí, sólo hay que atravesar el Coto, y por eso tengo el gusto de dedicarle este artículo a doña Fátima Báñez, devota rociera, autora de la reforma laboral en vigor y ministra de Trabajo del Gobierno de España).
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Trabajadores de usar y tirar

27 octubre, 2015

Fuente: http://www.elpais.com

El drama del desempleo esconde la realidad silenciada de la explotación laboral y el abuso, fenómenos que se recrudecen en tiempos de crisis.

Manuel, ex guarda de seguridad de ESABE, estuvo seis meses sin cobrar. / LUIS SEVILLANO

Hay un drama silencioso y silenciado que convive con el drama del desempleo. Se llama explotación laboral. En muchos centros de trabajo, la gente se ha acostumbrado a tenerlo sentado a su lado. La crisis hace que prolifere una casta de empleadores sin escrúpulos que aprovechan la coyuntura para exprimir y explotar a las personas a su cargo. De cada 100 inspecciones llevadas a cabo por Trabajo a lo largo de 2012 (datos a 30 de noviembre), en un 23,9% de los casos se detectaron irregularidades (las situaciones de explotación laboral son simplemente una parte del largo catálogo de irregularidades). En el sector de la hostelería, el registro se acerca al 30%.

“En España hay un serio problema de concienciación social”, dice en su despacho del Ministerio de Empleo Juan José Camino Frías, subdirector general para la Inspección en materia de Seguridad Social, Economía Irregular e Inmigración. “Hay una excesiva tolerancia que es de extrema gravedad”, dice en referencia a las múltiples irregularidades que se producen. Se queja tanto por el atentado que suponen contra los derechos de los trabajadores, como por la cantidad de cotizaciones sociales que no son abonadas y que servirían, entre otras cosas, para poder hacer frente a los crecientes pagos en materia de prestaciones de desempleo.

La crisis alumbra una era de trabajadores cada vez más indefensos, utilizados como kleenex de usar y tirar. El drama de la explotación laboral sucede en silencio. Los trabajadores no quieren denunciar por miedo a perder esa preciada conquista, cada día más valiosa: el empleo. Casi todos los empleados entrevistados para este reportaje (menos dos) declinaron aparecer en fotografías y pidieron figurar con las iniciales. No quieren presentarse como díscolos. Por miedo a perder su trabajo. Por miedo a que en el futuro no les quieran emplear. Por miedo a estos tiempos de empleadores con la sartén por el mango.

» Niñera en La Moraleja por 400 euros

J. es dominicana y lleva 24 años en España. Vive en una casa sin luz ni gas por falta de pago. Gracias al apoyo de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, consiguió paralizar su desahucio el pasado mes de octubre. Poco antes de navidades, un día, al salir de la iglesia, una mujer le dijo que sabía de una oferta de trabajo y le facilitó un número de teléfono. La empleadora era una habitante de la exclusiva urbanización de La Moraleja, a las afueras de Madrid.

J. llamó. La oferta consistía en cuidar a un niño de siete años, desde las 15.00 a las 00.30 (el último autobús de La Moraleja al centro de Madrid, cuenta J., sale a las 23.30), seis días a la semana. La empleadora le ofrecía librar un día por semana; pero aleatoriamente; no un día fijo, cada semana, uno distinto. La retribución: 400 euros al mes. “Esa mujer se estaba aprovechando de la situación de desesperación en que nos encontramos muchas personas extranjeras sin papeles”, cuenta J. bajo la carpa instalada frente a las oficinas centrales de Bankia en Madrid. “Si vive en La Moraleja, es porque gana bien”.

Tal es la necesidad de ingresos de J. que, a pesar de aceptar que el trabajo le suponía no poder cuidar por las tardes a su hija de 13 años, le dijo que le parecía muy poco dinero y que debería pagarle al menos 500 euros. “La mujer, enfadada, me colgó”.

» Las 14 horas del cocinero

Jesús Portillo lleva 30 años trabajando en la hostelería, desde los 16. Le han hecho perrerías de todos los colores. De entre las recientes, la más sangrante que recuerda fue la oferta que le hicieron en la franquicia de una conocida cadena de bares de tapas. El dueño estaba a punto de abrir un nuevo establecimiento de esta franquicia y necesitaba cocinero. Portillo, extremeño afincado en Barcelona de 46 años, se presentó a la entrevista de trabajo. Le ofrecían 600 euros al mes por una jornada de entre 12 y 14 horas. Le harían un contrato de media jornada, cuatro horas al día. Más adelante, si la cosa iba bien, renegociarían condiciones, le dijeron.

Para incorporarse a la cadena tenía que seguir un cursillo en uno de los establecimientos de la cadena sito en Cornellà de Llobregat. Allí vivió uno de los procesos de selección más abusivos que recuerda.

“El curso era, básicamente, trabajar gratis tres días en el establecimiento”, recuerda. Quince personas se presentaron al presunto curso de formación. La jefa no paraba de chillar a los candidatos que empezaban a empanar y freír tapas. Cinco candidatos se fueron a la media hora, hartos de recibir gritos. A la hora empezaron a llegar clientes. “Más deprisa, más deprisa”, apremiaba la capataz. Tres chicas con poca experiencia abandonaron, hartas de recibir insultos. Para cuando el bar estaba lleno, de los 15 ya solo quedaban cuatro. De ellos, tres, entre los que se encontraba Jesús Portillo, abandonaron antes de acabar el día. “Pero esta vez fuimos nosotros los que insultamos a la dueña”.

Al día siguiente, el propietario de la nueva franquicia se disculpó ante Portillo y le dijo que las cosas no funcionarían así en su local. El primer día trabajó 14 horas. Al final de la jornada, el propietario le pagó 20 euros, la parte proporcional correspondiente a su contrato de 600 euros: 20 euros por 14 horas de trabajo.

Jesús Portillo lleva siete meses sin cobrar un euro y dos años en paro. Su mujer, que trabajaba en un ambulatorio, también está desempleada. La semana pasada le ofrecieron un trabajo en el que le pagaban 1.300 euros al mes, sí; pero por 18 horas de trabajo; de siete de la mañana a una de la madrugada; seis días a la semana, de lunes a sábado. Conoce a un chico ecuatoriano de su barrio, Nou Barris (Barcelona), que acepta cobrar 300 euros al mes por trabajar como camarero la jornada laboral entera. “Esta es la realidad laboral que vivimos: explotación, humillación, mafia, extorsión”.

» El guardia de seguridad que no ha cobrado en seis meses

Manuel Chicharro tiene 50 años y ya no aguanta más. Es guarda de seguridad desde 1988 y ha visto de todo: compañeros en empresas de seguridad que recibían cuatro euros por hora; gente trabajando sin contrato… En el puesto que ocupó hace unos años en un conocido museo de Madrid, recuerda, se tenía que llevar a su hijo durante su turno porque no le permitían librar el fin de semana (algo a lo que tenía derecho por ley; está separado). Pero nada comparado con quedarse sin cobrar durante seis meses consecutivos.

Manuel está hundido. Va camino de siete meses sin ingresar un euro, sin poder pasar la pensión de 400 euros a su exmujer, siete meses viviendo de lo que ingresa su compañera. “El drama es que no hay cobertura para el obrero”, dice cerca de una oficina del INEM en Alcorcón, a las afueras de Madrid. “Y las instituciones colaboran en este proceso que no hace otra cosa que hundir a las personas”. Su caso es extremo, refleja la indefensión de un trabajador cuando su empresa quiebra. Refleja esa era del trabajador de usar y tirar.

Manuel Chicharro trabajaba como guarda en el Centro de Formación Primero de Mayo de Leganés. El 1 de enero de 2012, hace ahora algo más de un año, la empresa para la que llevaba trabajando 12 años (Ariete) le subrogó (como ocurre muy a menudo en el sector de seguridad, explica). Pasó a estar en nómina de otra empresa, ESABE, cuya cúpula directiva fue detenida el pasado 20 de diciembre, acusada, entre otros delitos, de un fraude de 30 millones de euros a la Seguridad Social.

Numerosos empleados de ESABE vivieron una auténtica pesadilla los últimos seis meses de 2012: “Imagina lo que es no cobrar, mes a mes, durante cinco meses, pero tener que ir a trabajar cada día porque si no te despiden”. Manuel aguantaba, esperando a ser nuevamente subrogado a otra empresa.

Pero no fue así, a diferencia de lo que ocurrió con el resto de sus compañeros, que fueron integrados en Prosegur. A pesar de tener 12 años de antigüedad en la anterior empresa, necesitaba haber trabajado siete meses en ESABE para poder ser subrogado de nuevo, explica. Le faltaban 25 días para llegar a esos siete meses. Ahora, ni cobra lo que le deben ni trabaja, ni tiene opción. Por ahora, a cobrar el paro.

“Las Administraciones públicas recurren a empresas que les salen baratas, pero lo barato sale caro”, dice, indignado. Cita su caso, y el de Madrid Arena. “Ya no se contrata a profesionales de la seguridad, se va a lo barato y luego pasa lo que pasa”. Dice que en las Administraciones públicas contratan a empresas de seguridad para que hagan el trabajo que los policías municipales o los fijos de plantilla no quieren hacer: “Nos tienen de porteros, de conserjes, y todo para que la gente, que muchas veces nos pide que fichemos por ellos, pueda escaquearse de sus puestos”.

» Pagar por un proceso de selección

El caso de R., mujer de 34 años, no es de explotación laboral. Más bien, ilustra de lo que son capaces algunos a la hora de aprovecharse de la necesidad de tener un trabajo.

El año pasado, en mayo, vio una oferta en la página de la web Infojobs. Se inscribió. La empresa pedía que entregara el currículo en mano en unas oficinas. Para allá que se fue.

Al llegar a las dependencias de la empresa, situadas en un polígono entre Aldaia y Torrent (Valencia), vio que a la entrada no había ningún cartel. “Me pareció raro”. Entró en la nave y vio a seis chicas esperando. De un pequeño despacho salió una mujer que le entregó un formulario. En él se señalaba la fecha de inicio del proceso de selección: el 25 de junio. Para poder participar había que abonar 50 euros. “¡Pagar por un proceso de selección! Salí muy enfadada, era una tomadura de pelo”.

Como R. no es de quedarse de brazos cruzados, habló con la policía, con organizaciones de consumidores, con la Consejería de Empleo de la Generalitat valenciana, y con Infojobs, que no tardó en retirar el anuncio. “No hubo proceso de selección el 25 de junio”, concluye.

En julio recibió una carta de la empresa: le comunicaban que había sido descartada en el proceso de selección.

» Repartiendo pizzas a la hora que toque

L. no se queja. En realidad, lo de cobrar 210 euros al mes repartiendo pizzas no le parece tan mal. Le incomoda no saber a qué hora le tocará repartir al día siguiente, puede ser en cualquier momento, pero se adapta. Él solo sabe que trabajará dos horas cada día repartiendo pizzas; su empresa sabe que tiene un ejército de trabajadores volantes a los que usar a su antojo en el momento que quiera.

Para conseguir que le den más horas de trabajo, tiene que subir la media de repartos del día. En las oficinas hay una lista con el ranking de repartidores. “Hay competencia entre nosotros. Si yo gano horas, se las quito a algún compañero”, dice este dominicano de 25 años en una cafetería del centro de Madrid.

Prefiere esto a aquella empresa de perritos calientes a domicilio en la que trabajó y en la que le pagaban según el dinero que iba entrando en caja. Con jornadas de 13 horas. “Cogía el pedido por teléfono, lo cocinaba y lo llevaba a domicilio”. Un día le pagaban 100 euros; tres días más tarde, 150. Así hasta completar los 800 euros que representaba su paga. La mitad, en negro.

» El eterno becario

J. le echa la culpa a las Universidades. Dice que son cómplices de la situación de toda una generación. “Tenemos que pagar para poder ser becarios y cobrar 200 euros”, se lamenta este licenciado en Periodismo de 23 años. Y explica cómo muchos medios de comunicación hacen entender a los estudiantes recién salidos del horno que es bueno que mantengan alguna relación con la Universidad para poder acceder a unas prácticas. “Hay alumnos que se dejan una asignatura pendiente a propósito para poder así optar a prácticas”, explica en una cafetería de Leganés. “Luego trabajas como uno más en la redacción y te das cuenta de que, en realidad, estás ahí sustituyendo a alguien. Produces como uno más, pero sin remuneración, sin derechos. Te regalan los oídos, técnicamente te pueden conceder dos becas, y cuando vuelves a la calle, te das cuenta de que no tienes un solo día cotizado en la Seguridad Social”.

Las empresas (y no solo las periodísticas, pues, según él, ocurre con compañeros suyos que son físicos o químicos) ya no buscan licenciados, buscan estudiantes. “La Universidad es el principal motor de todo esto. Las empresas se aprovechan, pero es la Universidad la que debería salir en defensa de sus alumnos”.

» El inmigrante que mira a Ecuador

R. es un ecuatoriano de 42 años que lleva 14 en España. Está pensando en hacer las maletas y regresar a su país. Lo cuenta bajo una lluvia fina a la salida de la oficina de empleo del INEM del paseo de la Esperanza, Madrid.

Trabajó durante nueve años en una empresa de la construcción. Al principio todo iba bien. Hace dos años, le redujeron el sueldo de 1.300 a 1.100 euros. Después le dijeron que siguiera trabajando, pero que le despedían para que pudiera cobrar el paro y se lo complementaban con 600 euros al mes en negro. El año pasado le recontrataron: aunque trabajaba a jornada completa, le hicieron contrato de media jornada. “Me he sentido explotado. Pero si no aceptaba el trabajo, alguna otra persona lo iba a aceptar. Con tal de no estar en casa, uno acepta lo que sea: algo es mejor que nada”.

Ofertas sorprendentes

Las páginas de ofertas de empleo son todo un mundo. En ellas se puede encontrar todo tipo de propuestas, algunas en el límite de lo legal o, directamente, que plantean condiciones abusivas.

Marina Calvo, responsable de la sección de desempleados de la Federación Regional de Servicios de UGT de Madrid, recibe muchas todos los días. “En algunas, te preguntas cómo no se les cae la cara de vergüenza”, dice.

Eduardo González, de la organización Juventud sin Futuro, también ve ofertas constantemente. Hace un año, esta organización puso en marcha la Oficina Precaria, donde la gente puede denunciar abusos, buscar asesoría legal y colgar los anuncios abusivos que encuentren en la red. “Día sí, día también, vemos ofertas que vulneran derechos de los trabajadores”, declara González.

De vez en cuando aparecen algunas que, directamente, proponen empleo sin salario.

La página Infojobs publicaba hace tres meses una oferta que hizo un ruido considerable en las redes sociales. Decía así:

» Voluntario director de Comunicación. Descripción. Fundación Alia2 tiene como misión proteger al menor en Internet. Este puesto es para un voluntario en el departamento de Prensa para cubrir el puesto de director de Comunicación. Este puesto no tiene retribución. Una fundación en constante crecimiento requiere de un gran capital humano para su correcto funcionamiento, por ello estamos en constante búsqueda de personal (…).

Funciones. Newsletter quincenal (de acuerdo con un timing de tareas. Newsletter patronos (de acuerdo con un timing de tareas). Mantenimiento de la red de contactos (agenda de medios abierta). Analizar la actualidad y llamar a todos los periodistas que escriban sobre temas Alia2 (utilizar alertas de Google). Preparar las intervenciones del director de la fundación (…) Elaboración de notas de prensa. Seguimiento de noticias: Clipping (…) Ruedas de prensa (de acuerdo con timing de tareas). Estará al tanto de las noticias que salgan relacionadas con el tema en que se basa nuestra fundación.

Se precisa. Persona con disponibilidad inmediata. Horario a definir en la entrevista. Se valorará positivamente que posea conocimientos de las nuevas tecnologías relacionado con el funcionamiento de las redes sociales (…).

Estudios. Licenciado.

Experiencia. Al menos dos años. Licenciatura o grado de periodismo. Creatividad y dinamismo. Gran capacidad escrita y oral. Alto nivel de inglés escrito (…). Ganas.

En conversación telefónica, el director de la fundación que puso el anuncio, Miguel Comín, dice que sabe que la oferta no cayó bien, que fue muy protestada, pero recuerda que se trata de algo legal, un trabajo de voluntario para una fundación.

La Federación de Servicios madrileña del sindicato UGT cuenta con una web para desempleados a la que determinadas empresas remiten ofertas. Hace unos meses, llegó una que decía:

» Necesito, en principio, 2 personas que conozcan/hayan trabajado en el sector de seguros para trabajar como agente exclusivo en una compañía de seguros.

Es un contrato mercantil, sin salario y a comisión.

Preferentemente que su localidad sea Alcobendas o San Sebastián de los Reyes.

Marina Calvo, que supervisa esa web y está atenta a las ofertas que salen, cuenta que prolifera, sobre todo en el sector de los comerciales, la oferta de contratos mercantiles a comisión en los que, si no se consiguen los objetivos marcados por la empresa, el trabajador no cobra nada. No solo eso: además, se gasta dinero en transporte, en visitas. Es decir, paga por trabajar.

¡Que viene el ‘lobby’!

5 octubre, 2015

Fuente: http://www.infolibre.es

Actualizada 04/11/2014 a las 12:19 

Todos los medios de comunicación están ocupados casi exclusivamente con los casos que cada día nos proporciona la corrupción. Son, en efecto, noticiables tanto las tramas que organizan esos puntuales administradores de lo público, como le gusta reducir el tema al presidente del Gobierno, obviando que esos casos puntuales están en la cúpula, son sus estrechos colaboradores, como los métodos que utilizan los responsables de estos escándalos para solucionar esta lacra y asumir responsabilidades, métodos ligados a nuestra educación católica y que se reducen a confesar el pecado y pedir disculpas, tras lo cual se recibe la absolución de la sociedad.
Mientras estamos entretenidos en esto, ellos no se están quietos, van tres pasos por delante.
Entre Estados Unidos y la Unión Europea se está negociando el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) que en castellano se diría Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión. Este tratado va a cambiar el sistema tal y como lo conocemos y, desde luego, va a transformar nuestras vidas en tanto restringe de forma irreversible nuestra capacidad de decisión en temas que nos afectan, y que se resumen en ¿podemos decidir en qué mundo queremos vivir? Hasta ahora nos decían que con nuestro voto podíamos influir. Si se cierra este tratado, que se hará de forma colectiva, se firmará cómo UE y los diferentes Estados no podrán introducir enmiendas, se acabó el cuento.
En primer lugar sorprende que se lleven las negociaciones a espaldas de los ciudadanos. Los documentos que se van filtrando llevan el membrete de “secreto” y los señores que están decidiendo nuestro futuro no tienen la menor intención de informarnos de las enormes ventajas que este tratado nos va a aportar. Se está hurtando el debate imprescindible en una sociedad democrática porque lo que es bueno es bueno y no estaría bien que la ignorancia del pueblo pusiera palitos en las ruedas de la máquina que manejan nuestros benefactores.
Aparte de este punto que nos lleva de nuevo al despotismo, donde el pueblo pasa a ser el objeto pasivo de las decisiones de los ilustrados, son varias las críticas que suscita este tratado, para algunos, abominable, impresentable, peligrosísimo.
Una vez firmado, las reglas que rigen en cuanto al control de los gobiernos a las grandes corporaciones serán homogéneas a ambos lados del Atlántico, es decir, que regirán las mismas normas de control o descontrol en EEUU que en la UE. Así, las grandes multinacionales que se dedican, por ejemplo, al tema de la sanidad, la educación, o cualquier otro servicio público, podrán exigir al Gobierno español que deje de proteger con los Presupuestos estos servicios porque esa decisión iría contra sus legítimos intereses lucrativos y podrían exigir indemnizaciones millonarias por competencia desleal. Es decir, el Estado deja de dar prioridad a aquellas cuestiones de organización social que priman el interés general, el bienestar de la ciudadanía, para poner en el mismo platillo la calidad de vida de sus ciudadanos y los intereses económicos de las grandes corporaciones.
Un sistema de arbitraje privado
Una cosa alucinante es que, en caso de conflicto, para evitar que la Justicia de los diferentes estados fallara a favor de su Administración correspondiente, no fuera del todo objetiva, estas cosas ya no las decidirán los tribunales nacionales ni internacionales, sino un sistema de arbitraje privado formado por estos tecnócratas apolíticos que ya conocemos. ¿Quién nombrará a estos señores árbitros? No hay que ser muy listo para deducirlo, pero la influencia de los grandes grupos de presión, eso que llaman lobbies, que tienen la pasta de todo el planeta, será importante. Resumiendo, los Estados no podrán frenar las ansias expansionistas de las grandes multinacionales aunque vayan contra los intereses de los ciudadanos o choquen frontalmente con la legislación vigente que pasará a ser de un orden inferior. El reciente caso de Coca-Cola, cerrando la fábrica más importante de Europa, ubicada en Madrid, con unos beneficios espectaculares, ante el silencio de los medios de comunicación porque dependen de los pagos que esta empresa les hace en publicidad, es un ejemplo de lo que nos espera. De momento, los tribunales están fallando a favor de los trabajadores, pero tras la firma de este tratado no podrán intervenir.
Esa es otra, estos tratados incluyen restricciones de los derechos de los trabajadores, como no podía ser de otra manera.
Con respecto a los artículos que consumimos, ancha será la manga que los controle. Este tema con el que los ecologistas se ponen tan pesados advirtiéndonos sobre el comercio de los alimentos transgénicos, del control de la alimentación del ganado, la cosa de las hormonas y todo eso, actualmente regulado por la UE, quedará suprimido. Ya no serán los productos los que tengan que demostrar su inocuidad antes de salir al mercado, superando los mecanismos que establecen nuestros controles sanitarios, sino que deberá ser el Estado el que defina su incuestionable peligrosidad para los ciudadanos, cosa harto compleja por lo sencillo que es generar controversia con científicos a sueldo de las empresas. Recordemos que todavía quedan científicos que niegan, por ejemplo, el cambio climático.
Por cierto, un tema que entra en estas cuestiones es el de las compañías energéticas. Como sabemos, en EEUU el frackingse desenvuelve sin problemas, en la UE está por decidir qué se hace. ¿Quién ganará esta partida? ¿Prohibirá EEUU el frackingpor imposición de la UE o será la UE la que ceda? A mí no me cabe duda del resultado final.
Del tema ecológico, conservación de la naturaleza, etcétera, mejor no hablar, pero habrá que hacerlo algún día. ¿Serían tan amables de contárnoslo?
¿Cuáles son las bondades del tratado? Las de siempre: creación de empleo y desarrollo de la economía.
En cuanto a la primera cuestión, los diferentes tratados de libre comercio que ya operan en función de esta ventaja no sólo no han conseguido ese propósito sino que han destruido empleo tras su entrada en vigor y, además, ¡oh sorpresa!, el que se crea es precario, como consecuencia de la abolición de los derechos colectivos. Este tratado podría tener ventajas si se cumplieran las reglas del mercado libre, si este mercado fuera ideal, pero la historia ha demostrado que los países han marcado sus tramos de desarrollo, precisamente, cuando han tenido leyes proteccionistas que defendían a los ciudadanos del expolio y el apetito desenfrenado del mercado exterior, trabajando a favor de sus intereses y no de los de las grandes corporaciones. Véase los casos recientes de Bolivia o Ecuador.
Con respecto al desarrollo de la economía, este factor no lo discute nadie, pero los beneficios de esta economía neoliberal llegan cada vez en menor medida a los ciudadanos, la sociedad es cada vez más desigual, más asimétrica, la concentración de capital es cada vez mayor y serán las grandes multinacionales las principales beneficiarias de esta política internacional. Si no, ¿para qué lo plantearían? Llevan años negociando este tratado y ya somos lo suficientemente adultos para saber el tipo de altruismo que les mueve. Han condenado al hambre a la mayoría del planeta para satisfacer su voracidad lucrativa y expansionista.
De momento dicen que PP, PSOE, CIU y UPyD están de acuerdo en firmar este TTIP. Si no es así, que se manifiesten sin necesidad de que tengamos que recurrir a la ouija, porque será un tema muy importante a la hora de decidir a quién se vota.
Estamos a tiempo de pararlo, si es que no nos conviene, exigiendo que se nos informe sobre el contenido exacto de estas negociaciones y sus consecuencias. Pido disculpas de antemano por si en algún aspecto lo que comento no es exacto, pero me gustaría que las autoridades competentes nos contaran qué es eso de lo que hablan a puerta cerrada exigiendo que actúen en secreto a los negociadores que hemos votado y, supuestamente, nos representan, para que podamos hablar con más propiedad. De momento lo hago por boca de terceros, expertos en la materia. Para evitar desinformación e imprecisiones, pongan las cartas sobre la mesa antes de cerrarlo y, desde luego, permitan el debate ciudadano para someterlo a referéndum. Es importante, y no sólo para los que viven de la puerta giratoria. Al otro lado somos más.

La tristeza de los campeones

4 marzo, 2015

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Los héroes tristes están por todas partes, también en el deporte, y ahí su aflicción mueve montañas.

BENJAMÍN PRADO 5 AGO 2014 – 00:00

“Desconfío del heroísmo triste”, decía José Ortega y Gasset, que hoy en día, cuando vivimos la edad de oro de lo gris y la falta de carisma parece haberse convertido en un sinónimo de la eficacia, no le hubiese dado mucho crédito, por ejemplo, a la mayor parte de los políticos que gobiernan el mundo: más bien, les vería menos madera de líder de la que cabe en el palo de un fósforo. No olvidemos que, en su opinión, sólo se progresa pensando a lo grande y sólo se avanza cuando se mira lejos.

Sin embargo, los héroes tristes están por todas partes, también en el deporte, y ahí su aflicción mueve montañas: cuando hace un tiempo Cristiano Ronaldo dijo que posiblemente no era feliz entre nosotros, la sala de trofeos del Santiago Bernabéu empezó a temblar como la vajilla de un avión que atravesase una tormenta. Así que el aumento de sueldo llegó, el entrenador que le disgustaba se fue, las gradas de Chamartín lo pusieron entre algodones y el Real Madrid ganó su décima Copa de Europa. Ahora el desdichado es su compañero de equipo Ángel Di María, que cree que no lo valoran como se merece y busca una calle de Europa donde lo aprecien el doble, euro arriba o abajo, que en Concha Espina. Y antes fue la otra gran estrella del fútbol actual, Lionel Messi, quien a la mañana siguiente de ampliar su contrato de ocho cifras con el Barcelona hizo unas declaraciones, entre melancólicas y amenazantes, en las que aseguraba que, si no lo querían, estaba dispuesto a irse.

Parece raro que la mayoría de las estrellas de fútbol tengan ese aspecto cauteloso, hostil y mortalmente serio que muestran, por lo general, en los medios de comunicación. Antes todo era tan distinto que ocho de los once componentes de la selección de Inglaterra que le ganó el Mundial de 1966 a Alemania, desde el portero Gordon Banks al delantero Geoff Hurst, autor de tres tantos en la final, entre ellos del gol fantasma más célebre de la historia, terminaron vendiendo su medalla de campeones para poder sobrevivir. Pero ahora los deportistas no suelen arruinarse, son empresarios, inversores, su dinero está en manos de especialistas en ingeniería financiera y se multiplica en el territorio de la publicidad como los panes y los peces de Jesucristo a orillas del mar de Galilea. Además son auténticas celebridades y habitan la parte sonrosada de la existencia, al otro extremo de personas como la atleta somalí Samia Yusuf Omar, que se hizo famosa con su desastrosa pero emocionante carrera de 200 metros en los Juegos Olímpicos de Beijing, donde llegó última pero con la dignidad intacta frente a sus competidoras, y poco después murió a bordo de una patera mientras pretendía alcanzar las costas de Italia. Pero a los astros nada les parece suficiente. Y no sólo son los futbolistas: el piloto Jorge Lorenzo, cuatro veces campeón del mundo, ha llegado a decir que jamás se ha divertido con su motor.

Los psicólogos sostienen que los deportistas de élite no manifiestan sus sentimientos porque soportan una gran presión, se sienten amenazados por la derrota y creen que parecer duros les hace menos vulnerables, más respetados. Y que ese silencio los conduce con frecuencia a la soledad y la depresión. Será que el éxito es el borde del fracaso y quienes lo habitan saben que las manos que aplauden se vuelven las que abofetean en cuanto cambia de dirección el viento. O que piensan que para hacer felices a los demás no tienen por qué serlo, igual que un cartero no tiene que estar enamorado para repartir cartas de amor.

“La recuperación de la que habla Rajoy es cierta. Los ricos, los banqueros y las grandes corporaciones, se han puesto morados con los millones de euros robados de las arcas públicas”

7 febrero, 2015

Fuente: http://www.rojoynegro.info

CGT denuncia la gran estafa que el gobierno del PP y la Troika están llevando a cabo desde el inicio de la “gran crisis”, a costa de la mayoría social, a la cual se les deja morir por no poder pagar un medicamento, como en los casos de la hepatitis C.

Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT Enviado por RojoyNegro_Digital el Jue, 05/02/2015 – 18:54.

CGT denuncia que hay cientos de miles de personas, migrantes, a las cuales se les niega la asistencia sanitaria, muertes producidas por no tener personas profesionales formadas y suficientes en las Urgencias, miles de personas desahuciadas de sus casas, millones de trabajadores y trabajadoras sin ningún tipo de protección, por estar paradas en contra de su voluntad.

CGT denuncia también que se dediquen miles de millones para las Fuerzas de Seguridad, con el único fin de que, por medio de una ley liberticida como es la “Ley Mordaza”, aseguren los negocios, criminalizando a quien proteste por ser despedido/a o desahuciado/a, violando el derecho fundamental de todo ser humano (derecho a techo) o, simplemente proteste porque no quiere morir (hepatitis C, Urgencias, etc.), habiendo medicamentos y conocimientos suficientes para tener una salud y una vida digna.

CGT denuncia la desvergüenza de todos los gobiernos de la troika que han posibilitado que en el 2014, los cinco grandes bancos españoles (Santander, BBVA, Caixabank, Sabadell y Popular) hayan aumentado sus beneficios en ese año en un 27,1%, lo que en términos absolutos supone 10.000 millones de euros.

El sistema financiero ha recibido del “estado”, es decir, de todos nosotros y nosotras, de manera directa, cerca de 100.000 millones y, de manera indirecta (avales, garantías, etc.), hasta 300.000 millones, desde los inicios de su gran “crisis-estafa”. El banco Santander, él solito, ha obtenido en el 2014 la friolera de 5.816 millones de euros de beneficios, el 39% más que en el ejercicio anterior; el BBVA 2.618 millones, el 27,1% más que en el 2013; Caixabank 620 millones, un 23,2% más; el Popular 330,4 millones, un 31,4% más; el Sabadell 371,7 millones, un 50% más.

El mes de enero, en términos de empleo, paro y afiliaciones a la seguridad social, vuelve a pinchar el “gran globo mediático de la recuperación del PP y de la troika”, se destruyeron 200.000 puestos de trabajo. Los contratos realizados en el mes de enero ascendieron a 1,36 millones, de los cuales solamente el 8,8% fueron contratos indefinidos (120.239), el resto, es decir, 1.239.761, fueron temporales, de todo tipo pero temporales, con un incremento de los contratos a tiempo parcial del 27%. El paro registrado en los Servicios Públicos de Empleo aumentó en 77.980 personas, situando el paro registrado en 4.525.691 personas, a 31 de enero de 2015. La EPA da un millón más, es decir hasta los 5,5 millones de personas paradas.

Son tiempos de recuperación de “la gran vida de empresarios, banqueros y oligarquía política”, los cuales cada vez roban más y las leyes les otorgan mayor impunidad, a la vez son los tiempos en que, las personas trabajadoras, paradas, mujeres, migrantes, las personas más conscientes, luchadoras, en definitiva, la mayoría social, SEGUIMOS EN MARCHA por el PAN, TRABAJO, TECHO Y DIGNIDAD, es decir, en lucha por la LIBERTAD. Por eso volvemos a Madrid el 21 de Marzo de 2015.

Secretariado Permanente del Comité Confederal de la CGT

El paro es bueno

3 junio, 2014

Fuente: http://www.elperiodico.com

JULIA OTERO Periodista

VIERNES, 7 DE MARZO DEL 2014

∙∙∙ y, sobre todo, muy eficaz. Aunque las autoridades económicas nacionales e internacionales nunca hablan claro cuando se dirigen a nosotros, ya es hora de que traduzcamos a la realidad sus mensajes esotéricos. Cuando la directora del FMI o el Guindos de turno dicen que «hay que profundizar en las reformas», como hemos vuelto a oír esta semana, están reclamando aún mayor flexibilidad laboral. Cuando la señora Lagarde (bolso de Hermès en mano) pide al Gobierno que se centre en los que no tienen empleo más que en los que lo poseen, está apelando a una dinámica laboral en la que el despido sea tan fácil que las empresas puedan cambiar trabajadores antiguos por nuevos sin coste alguno.

¿Qué beneficio social se produce al contratar a un parado si antes se ha despedido a un trabajador consolidado? Ahí está la perversión de lo que ocurre ante nuestras narices: el parado aceptará las condiciones que le impongan con tal de tener empleo, y el trabajador despedido estará en condiciones de rebajar sus expectativas al buscar un nuevo trabajo. No hemos descubierto la pólvora, pero hay que recordar que un ejército de parados -muchos, desesperados- es la mejor medicina para rebajar los salarios y los derechos de los que sí trabajan. Miles de candidatos esperando un puesto de trabajo es la condición necesaria para la contundente devaluación interna que sufrimos. Hasta tal punto eso es así que la famosa tarifa plana que anunció Rajoy en el Congreso, saludada como la propuesta más innovadora para crear empleo, ayudará a que las empresas que lo deseen despidan a uno o varios trabajadores y un mes después contraten a otros por esa tarifa plana. Me dirán que Rajoy insistió en que esa medida de apoyo a las empresas se aplicará solo si aumentan la plantilla y el empleo indefinido. Ah, amigos, una cosa es lo que se dice en el atril y otra lo que publica la letra pequeña del BOE.

Empobrecimiento colectivo

En definitiva, «una revolución en el mercado laboral español», sentencian los analistas europeos. Un brutal empobrecimiento colectivo, observamos nosotros. Los datos son abrumadores aunque se oculten detrás de estadísticas y cómputos imposibles de descifrar. Mientras el INE nos habla de un salario medio de 22.000 euros anuales, la Agencia Tributaria (ahí está la verdad) lo rebaja a 18.000, casi un 20% menos. Los contratos a tiempo parcial, apenas inexistentes antes de la crisis, aumentaron un 22% solo en febrero. Han dejado de pagarse -oficialmente- casi el 30% de las horas extras, las empresas del Ibex-35 siguen reduciendo sus plantillas (8% el año pasado), los convenios colectivos son ya una reliquia del pasado…

En definitiva: no crean en las lágrimas de nuestros gobernantes cuando hablan del paro. Sobre él ha pivotado el cambio de modelo y lo han conseguido sin apenas incidencias. Un par de gamonales apenas. Un éxito clamoroso.

Fuga a Londres

8 octubre, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Un viaje de ida, una maleta, un vuelo barato

Desde 2007, 100.000 españoles han huido a Reino Unido persiguiendo un empleo

Así es la odisea de nuestros emigrantes del siglo XXI en la capital británica

 21 JUL 2013 – 00:00

El Bradley’s se encuentra ubicado en una callejuela que nace de Oxford Street, por donde un rickshaw cruza el asfalto en la noche. La madera pintada de un rojo vivo le confiere al local el aspecto típico de un pub anglosajón, y al otro lado del cristal los clientes beben en vasos de pinta. En el interior se ven carteles de corridas de toros y banderillas y banderas de España y un escudo del Barça. Por una escalera estrecha y oscura se desciende hasta otra estancia en la que la música se encuentra aún más alta, la luz más tenue y se respira la humedad de los cuerpos hacinados. Isabel Sánchez viste chaqueta vaquera y falda negra; lleva el pelo suelto y tiene el rostro duro de una aragonesa. Aprieta los labios mientras seca unos vasos al otro lado de la barra y unos ingleses le piden una ronda y sirve una decena de chupitos de Jägermeister que luego hunden los clientes en un vaso con Red Bull. Tiene 25 años. Sus últimos meses en España resumen el 55% de paro juvenil. Le salió algún evento como azafata. Y el verano pasado le ofrecieron un puesto en una discoteca. Poco más. Estudió una diplomatura de Relaciones Laborales. Ha seguido un par de cursos del INEM. Y decidió comprarse un billete de ida el día en que le pidieron hacer en inglés la entrevista de trabajo para una tienda de ropa de Zaragoza. Aterrizó en la ciudad el 19 de diciembre de 2012. “Sabía que pasaría las Navidades sola”, dice. Sobre su voz se oye un ritmo de bongos y crecen los aullidos de Mick Jagger y el diablo se presenta poco a poco y el tema de los Stones llena la sala cuando los ingleses estallan:“¡Please to meet you!”.

Bienvenidos a Londres, la capital de las oportunidades. Este es un viaje a uno de los rincones de Europa a los que huyen los españoles. Sobre todo jóvenes. La mayoría sin empleo. Donde un recién llegado “es como un puñetero recién nacido”, en palabras de un catalán con un año de bagaje. Una “ciudad de supervivientes”, según un politólogo que vivió otro par de años allí, en la que “no importa quién seas ni de dónde vengas; solo lo que vienes a hacer y las cartas con las que puedes negociar”. Un lugar en el que casi todos recuerdan cuándo aterrizaron.

El 8 de octubre de 2012, dice Jonathan Goya. Era lunes, un vuelo de EasyJet. Cerró el bar en quiebra que había montado en Coslada (Madrid). Y aterrizó con la intención de saldar los créditos impagados. Pasó mes y medio en casa de un amigo. Se pateó Londres sin una palabra de inglés. “Spain, crisis, corruption”, le decían al entregar currículos. Una conocida de su tierra le consiguió el primer empleo, un puesto de kitchen porter (lavaplatos) en el restaurante Pinchito, regentado por otro español que llegó en 1996. “No me avergüenzo, agradezco este trabajo”, dice Goya sentado en una de las mesas del local. Trabaja de lunes a sábado. Cobra 880 libras mensuales (1.000 euros). Y ahorra unas 350, que envía a casa regularmente en la maleta de algún conocido. Vive en la zona 3, a 13 kilómetros del centro; comparte habitación con una peluquera, come y cena en el Pinchito acompañado de una familia española (casi todos los empleados lo son). Estudia el idioma en una academia para personas con ingresos mínimos. Y continúa con sus entrenamientos de boxeo. Peleaba como amateur cuando abandonó España. Hace poco organizó un combate en la competición privada White Collar. El boxeador se lleva un porcentaje de la entrada. “Me partí la cara por 30 pounds”, resume la noche. Pero sonríe. Tiene 34 años. Dice que ha empezado a ver algo de luz. Y regresa al cubículo adonde le van llegando los platos sucios. En el neón sobre la fachada del restaurante se lee: “Tapas”. Más allá comienzan los rascacielos de la City bajo un cielo como una plancha de plomo.

Londres no es ni mejor ni peor destino que otros. Pero está a dos horas y media y conectado por una lluvia de vuelos (315 conexiones diarias con España, frente a las 141 de París y las 38 de Berlín, según AENA). Hay tradición de españoles. Uno siempre encuentra un colchón. Y demanda un ejército para el sector servicios. La odisea londinense no es un fenómeno reciente, pero quienes llevan tiempo allí hablan de un aluvión de dos años a esta parte. No hay cifras oficiales. Sí estimaciones. Para trabajar en Reino Unido hay que darse de alta en el National Insurance (servicio de empleo). En 2007 se inscribieron 11.840 españoles. En 2011, última cifra publicada, sumaron 30.000 nuevas altas. Casi tres veces más. El dato acumulado en cinco años roza las 97.000 altas. En 2013 se habrá cruzado la barrera de los 100.000. No todos encontraron empleo, y muchos se habrán vuelto. Pero el registro refleja una tendencia; es, digamos, una declaración de intenciones.

“Trabajo hay. Pero son los que no quieren hacer los ingleses”, había avisado el encargado español de un pub. Lo difícil es dar el siguiente paso. A media tarde llegamos a la coqueta Alloa Road, al sur del Támesis, donde apenas circulan coches entre las hileras de viviendas estrechas y alargadas, y una joven abre una puerta y nos guía a la cocina, y sirve un té para entrar en calor y ofrece unas pastas del súper Tesco. En este hogar de escaleras empinadas y enmoquetadas, en las que los listones de madera crujen bajo los pies, viven dos madrileñas de 26 años (y otras cuatro personas de distinta nacionalidad). Ambas, amigas desde el colegio, llegaron hace dos años. Encontraron un hueco en una tienda de Zara donde no pedían apenas inglés. Paola del Río estuvo allí un mes y ahora trabaja en una empresa que canaliza inversiones hacia territorios offshore. Digamos que ha cumplido los pasos para alcanzar ese segundo escalón y trabajar, más o menos, de lo suyo (estudió Recursos Humanos y un máster en Asesoría Fiscal). Lucía Navarro está en ello. Tras 14 meses en el local de Inditex, donde la mitad de los 50 empleados eran españoles, y de cursar un diploma en la London School of Marketing, y de cuatro meses de becaria en una organización benéfica, cuando hablamos con ella está a punto de empezar con contrato fijo en un puesto relacionado con sus estudios de Empresariales en esta organización. Dice que más de una vez ha querido volver a casa. Cada vez que lo intenta, su padre le quita la idea de la cabeza. Suena el timbre y llegan dos amigas que viven a la vuelta de la esquina. La tertulia del té prosigue:

–Es preferible quedarse aquí y trabajar medio explotado.

–Londres abre la mente.

–Yo creo que vamos a volver muy cualificados. Una generación muy fuerte.

Hay otras formas de decirlo. “La ciudad es como un puto animal, man”,cuenta Israel Jamal, de 34 años, un diseñador de ropa que se vio a punto de tirar la toalla cuando se rompió las dos muñecas montando en bicicleta. “Es una batalla. Si no estás preparado, te come. Está hecha para que te alimentes de comida rápida, para que no tengas seguridad en ti mismo, para que gastes y gastes. Como no te cuides, el animal te come. Mucha gente se pierde. Pero esta ciudad, si tienes un sueño, es tu motor”. Uno ha de fijarse un objetivo. Y tenerlo siempre en mente. Lo cuenta Óscar Pérez, un ingeniero industrial tinerfeño que reconoce cómo alguna vez se ha visto sepultado bajo cajas de zapatillas en la tienda Sport Zone de Oxford Street, y se ha preguntado: “¿Por qué vine?”.

Cuando acudimos a visitarlo al comercio, el encargado, de rasgos indios, lo contacta de malos modos por un walkie-talkie. Óscar aparece y basta una mirada reprobatoria para que el español regrese de un brinco al almacén. No está bien visto recibir visitas. Lo que contó, lo hizo luego, a la salida. Pérez apenas ha cotizado un par de años en España y en su relato las empresas quiebran o se queda a un paso de sacar una plaza pública. “Pensé en irme a Alemania. Pero preferí empezar por algo que conociera un poco”. Presentó su proyecto de fin de carrera en 2008. Era sobre energía fotovoltaica. En Londres debutó como vendedor de molinillos en Candem Town. Pasó por un catering. Y un bar. Repartió publicidad. Encontró su sitio en el local de deportes. Cuando lo entrevistamos, trabajaba cinco horas diarias. Cobraba un subsidio para cotizantes a tiempo parcial. El resto del día lo dedicaba a estudiar para examinarse del Advanced. “Me siento realizado entre comillas”, nos contó. “Porque tengo 34 años. Y no quiero pasarme la vida moviendo cajas”. Al poco del encuentro, dejó Londres. Le salió algo en España, nos contaron en la residencia en la que vivió durante un año. Un microcosmos español en una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

Cuando llegamos allí, la calle Belsize Park Gardens duerme con el sueño algodonado de los suburbios ricos de Londres. No se ve una rendija en el cielo oscuro y el frío se cuela en la vieja mansión victoriana. El edificio es simétrico, blanco, de tres alturas, con relieves de yeso en la fachada. Una casa idéntica a las vecinas, levantadas a mediados del siglo XIX. No hay timbre, sino una cerradura electrónica. Al otro lado del recibidor, dejando atrás la recepción, se encuentra la sala de estar, donde se concentra ahora mismo el calor humano. Al adentrarnos en la estancia, de aspecto señorial, gruesos cortinones y una enorme chimenea, en el televisor acribillan a balazos a Don Vito Corleone y, mientras las naranjas ruedan por el asfalto neoyorquino en versión original, la luz de la pantalla se refleja en los rostros de veteranos y recién llegados. Hay una decena de españoles en los sofás. Un profesor de magisterio musical que toca la guitarra en la calle para redondear los números; y un socorrista de Benidorm que ahora vigila una piscina del Ayuntamiento por 6,19 libras la hora (el salario mínimo). Y ahí están María Leiva y Nerea Díez, de 19 y 20 años, en Londres desde hace una semana, haciendo planes para mañana. Al parecer, hay jornada de puertas abiertas en las oficinas de reclutamiento de la cadena de comida Prêt-à-Manger. Quieren madrugar para llegar las primeras; las colas de aspirantes suelen dar la vuelta a la manzana. O eso les han dicho.

Ángela García y Javier Lozano, sentados a su lado, nos guían hasta su dormitorio con lavabo de unos tres por cuatro metros. Han juntado las camas para crear el nido. Ella, diplomada en Magisterio Musical, estudió dos años de oposición para ser profesora de primaria en España y ahora cuida niños ingleses. Con su primer sueldo se compró un piano Casio, para no perder técnica. También imparte clases de música. Javier, exestudiante de Ingeniería Informática, se vino algo después y aquí sigue buscando empleo (poco después le salió un puesto de lavaplatos). Tienen 29 años, y cada cajón de una cómoda en la esquina contiene un universo. Desde calcetines hasta especias. Cocinan con ayuda de una kettle y una sandwicherade doble hueco para los platos a la plancha. Su nevera es la intemperie: sobre el marco de la ventana, en contacto con el cristal, se encuentran los productos perecederos: leche, yogures, fruta. De noche, los meten en bolsas y lo cuelgan hacia fuera, al modo de los pesos de un globo aerostático.

La residencia Belsize tiene capacidad para 135 personas. Solía alojar a funcionarios británicos. Hoy, el 60% de sus inquilinos son españoles. En cierta medida recuerda a un limbo o un purgatorio de almas sin empleo. Así lo cuenta Renato Rossi, un italiano de 40 años que dirige el lugar: “Este es el punto de partida. Un lugar desde el que puedes progresar. Aunque hay muchos que se quedan estancados aquí. O se vuelven. En cualquier caso, el patrón ha cambiado. Los españoles solían venir de vacaciones-estudio,pasaban aquí seis semanas, de fiesta. Ahora viene gente con educación, solidaria y humana, que no encuentra posibilidades de florecer en su país. Personas mayores. Pasan aquí un año o más. Es algo cercano a la inmigración; aunque ellos no se dan cuenta”.

Muchos españoles mantienen un acuerdo con la dirección para ahorrarse el alojamiento (unas 100 libras a la semana, desayuno y cena incluidos) a cambio de ayudar con elhousekeeping. De noche, por ejemplo, hace guardia en la recepción Javier Orera, un zaragozano musculoso de 26 años. Mientras come patatas fritas, y sale a pedir silencio entre los compatriotas que fuman fuera, sigue un curso online de análisis de divisas. Para aprovechar las 20 horas a la semana que pasa ahí sentado. “No quería que se me derritiera el cerebro”. De día trabaja cocinando pollos en la cadena Nando’s desde que aterrizó hace casi dos años, tras acabar Empresariales, seguir un máster de Comercio Exterior y terminar unas prácticas. Asegura que ha llegado a tener picos de 80 horas de trabajo; 2.400 minutos a la semana entre pechugas. “Esta ciudad se encarga de echar a los débiles. A los que no soportan esto”, dice su novia, Nuria Fernández, de 28 años, los últimos tres aquí (se conocieron en Belsize). Con la carrera de Filología Inglesa y un máster de Formación de Profesorado, ha trabajado en pubs, restaurantes y en una guardería. Su objetivo, dicen, es volver a España con “un currículo tan lleno” que nadie pueda reclamar nada. Trabajar donde sea. Cuando se escriben estas líneas, se encuentran de regreso. Él, con un empleo en Barajas en una casa de cambio de divisas. Ella, de profesora de inglés en una academia y un colegio.

Entre los huéspedes hay una periodista que pide anonimato. Tras pasar por varios medios, Efe y TVE entre ellos, se vio a sí misma: “Sin nada, muerta del asco, tirada en el sofá, echando currículos y paseando a mi perra”. Solo le llamaron de una tienda china de ropa. Una broma. Por eso cogió el avión. Quizá no trabaje en lo suyo. Pero se paga los cursos de inglés del método Callany el alojamiento, gracias a un empleo en un McDonald’s de una zona árabe en la que huele a humo de shishas y pasean mujeres con burkasy Nike. Allí son siete españoles trabajando. Más el gerente, Miguel Seoane, de 43 años. Llegó en 1994 a Londres y se ha convertido en un faro al que sus empleados escriben por WhatsApp pidiéndole consejo. Si alguien le dice que se ve demasiado inocente para lidiar con los mandos intermedios (la mayoría paquistaníes), responde: “Espérate cuatro meses”. Y también ha dicho: “No le cojas cariño a nadie porque se acaban yendo”. Mientras atraviesa el bullicioso local, comenta: “Londres te puede escupir. Pero también te puede acoger en su seno”. Luego, sentado en la oficina de la hamburguesería, mientras Carmen Rubiano, extremeña de 31 años, extécnico de realización, come unchicken sandwich antes de ir a limpiar un colegio (su segundo empleo), Seoane dice que no se ve como inmigrante. Prefiere “ciudadano europeo”. Daniel Santana, de 24 años, un grancanario que estudió un ciclo medio de Comercio antes de llegar aquí, responde: “Yo sí. Hui para buscarme otra vida mejor”.

En el caserón de Belsize, el desayuno se sirve a las siete. Una joven muestra el café y el zumo y el pan de molde, y dice un “Good morning” en el que se distingue el matiz del centro de la Península. Elena Cabello, de 27 años, de Toledo. A cambio de servir la primera comida, se ahorra el alojamiento. Trabajó un tiempo en La Caixa, enganchando contratos temporales. Y pronuncia con sorna: “Aquí estamos los del 85, la generación perdida”. Los hijos de la clase media y el milagro español. Tras el desayuno, Nerea, María y el sevillano Felipe García, de 18 años, otro recién llegado, se encuentran listos junto a la recepción. Salen en busca de empleo, y la calle les golpea con una bofetada. La zona residencial, muy cerca del zoo y de Regent’s Park, sigue durmiendo un sueño mullido, y un perro amigable sale a su encuentro y los acompaña casi hasta la puerta del restaurante Jamón Jamón, en el que trabajan un par de españolas. Enfrente se encuentra el metro. Un ascensor engulle a 30 personas trajeadas y se abre la puerta y los vomita en un túnel abovedado. En algún punto del viaje, Felipe repite una frase que alguien le dijo al llegar: “Aquí, o te mueves, o caducas”. El tren les deja en Victoria Station, donde se encuentran las oficinas de Prêt-à-Manger. Abren a las 9.00; son las 7.45 y en la puerta no hay nadie. Tras preguntar con dificultades a un par de personas, opinan que podrían ser los primeros. Muy pronto aparece otro con aspecto de español. Se miran de reojo. Daniel Flores, de 26 años, de Sevilla. En unos folios lleva escritas a mano las respuestas a la entrevista-formulario. Una chuleta. Llegan un par de personas más, pero eso será todo. La cola que da la vuelta a la manzana debió de ser un bulo. Y la jornada de puertas abiertas consiste en que te colocan frente a un ordenador y piden que respondas a cuestiones tipo: “Creo que disfrutaré trabajando en Prêt porque: a) Necesito dinero y un trabajo. b) Adoro trabajar con comida y de cara al cliente…”.

Entra en el local otro tipo de aire español; rondará los 50. Lo guían hasta una pieza acristalada, donde se lleva a cabo la entrevista cara a cara. A la salida, cuenta emocionado que le han dado el empleo. Su primer contrato en Londres. Se identifica como J. L. Prefiere no dar su nombre porque sigue cobrando el paro español. Es de Barcelona, de 51 años. Dejó su puesto en una fábrica de impresión de papel cuando las cosas pintaban feas y siguió los pasos de su cuñado, que llegó hace un par de años, tras una situación similar. Caminamos hacia el barrio de Pimlico, donde trabaja su familiar. Lo encontramos vestido con un mono y una gorra. Ángel Velázquez, de 54 años; se encarga de limpiar las zonas comunes de un bloque de ladrillos. A la puerta del edificio, se inclina para recoger unas jeringuillas sobre la acera. Es la hora del almuerzo, y ambos marchan a la casa que comparten cerca del río. Dos habitaciones, salón y cocina. Calientan un potaje de emigrantes que recuerda al cocido. Se muestran resentidos con España. “Que le den por culo”, dicen, por ejemplo. Planean quedarse hasta la jubilación. Lo han pasado mal. Velázquez llegó solo, con una mochila, un paraguas y un mapa de Londres, en 2011. Sin palabra de inglés. Pagó a una agencia para facilitarle el alojamiento y los trámites para encontrar empleo. No le sirvió de nada. Si ha salido adelante ha sido gracias a la oficina de inmigración y la comunidad hispana de la zona. Menciona a un gallego que emigró aquí hace años. Y a un ecuatoriano, Lenin. Y el bar Art of Tapas, cuyo dueño, de Bilbao, le pagó durante un tiempo a cambio de que abriera.

Al acabar los garbanzos, Velázquez nos guía hasta el bar. De camino, se encuentra con Albert, un barrendero municipal. Catalán. De 32 años. Llegado en 2012. Suelen compartir el café mañanero en el local del bilbaíno. Albert también habla de España como si fuera el infierno. “Ahí abajo”, suele referirse a su país de origen. Un tipo solitario con tanto tiempo de ocio (quiere ahorrar todo el dinero) que logró abrir un candado de combinación encontrado en la basura. Empezó de cero e hizo clic en el número 1.507. Ahora custodia una bici que ha ido componiendo con piezas abandonadas. “Ya no vuelvo. Quemé las naves. Estoy limpio de ahí abajo”, dice. Si uno pasea por la ciudad, quizá lo encuentre con la escoba entre el Buckingham Palace y el río; entre el Big Ben y Belgrave Street. Allí se despide, en la calle de la Bella Sepultura.

El fin del carbón. De nuevo gracias al gobierno.

18 febrero, 2013

José A. Otero | 15/02/2013 – 19:45h

“Queda irse de España, acaban con todo”. La sentencia demoledora es de Plácido Álvarez Agra, minero y en la calle desde octubre. Es uno de aquel puñado de mineros de la Marcha Negra que entró a pie en Madrid en julio al grito ciudadano de ‘Esta es nuestra selección’ tras 19 días a pie desde Bemibre. Hoy es uno de los seis millones de parados.

Placi, como se le conoce en Matarrosa del Sil, donde reside, nació hace 38 años en Santa Cruz del Sil. Es el pueblo que se hizo célebre el verano pasado porque ocho compañeros permanecían encerrados en un pozo. Quería defender “el futuro de la zona y del país, porque esto es de todos”.  Pero aquel grito de ‘Sí se puede’ con el que cruzaron entre miles de personas no paró la política de acelerar la liquidación del sector por parte del Gobierno del PP –ya lo intentó en 1996–, ni prácticas empresariales decimonónicas. Como víctima, narra la desunión del sector y un desgarro en el país.

Hizo la Marcha Negra y ahora está en la calle.

La realidad es que se hizo todo lo que se hizo para otros, para el politiqueo. Fue acabar la marcha, llegar aquí, con la gente encerrada en Santa Cruz y desconvocar la huelga… No contaron con nadie para hacerlo. Y esos que dicen que apoyan, los alcaldes, han chupado fondos del plan del carbón. Tanto que apoyan, que dimitan. Están callando, nadie sabe nada, pero están echando gente y no pasa nada.

¿Qué fue de la mítica fuerza de los mineros?

Había unión, pero eso se ha ido perdiendo. No sé muy bien por qué. Igual es por la corrupción que hay, empezando por sindicatos, alcaldes, el Gobierno… es lo que explica que se haya perdido la unión.

Ya participó en una marcha minera en 2010. ¿Cómo se llega a este punto?

Yo hace dos años estaba trabajando en una mina, con Victorino (en referencia a Alonso, el mayor empresario minero privado de España) en Santa Cruz. Estaba en una subcontrata. Cuando las eléctricas dejan de quemar carbón, en 2010, hacemos la huelga, nos hacen hacer la marcha, llegamos a León… Logramos lo que queríamos. Pero los de las subcontratas quedamos en la calle. En mi caso, 30 compañeros. Estuve en ERE tres meses y en la calle un año. Me busqué la vida y logré volver a la mina en el Grupo Viloria, en Alto Bierzo. Allí estaba contento.

Cuando parecía todo estabilizado, llega el cambio de Gobierno de Rajoy y…

Sí, y los recortes. Se pasaron por el forro todo lo que estaba firmado. Tendrían que haberlo cumplido. Entonces volvemos a las calles. Empieza la Marcha Negra, llegamos a Madrid, cuando vuelvo trabajo un mes y medio, pero como el Gobierno no suelta la pasta, nos largaron. Nos dijeron que nos volverían a llamar cuando esto tomará rumbo. Llevo en el paro seis meses.

¿Hasta dónde estaba dispuesto a seguir tras la marcha?

Cuando llegué a casa de vuelta de Madrid me enteré que se desconvocó la huelga y aún había compañeros encerrados. Yo hubiera seguido lo que hiciera falta. Y ahora igual. Ya no miro solo por nosotros: ¿qué queda a los que vienen por detrás?

¿Cuál es la razón de la falta de unidad, de la inacción cuando están en la calle?

La lograron el empresario y el Gobierno. Unos cobraban, otros no… hubo muchos factores. Al que cobra no le interesa ir a la huelga.

¿Qué diría a los que dicen que en la mina se gana un sueldo astronómico?

Eso es todo mentira. Eso era antiguamente. En los ochenta, sí se cobraba bien. Yo he estado siete años dentro, en varias etapas, y no he pasado de 1.400 euros al mes haciendo diez y doce horas diarias. Que me lo expliquen. Y como yo muchísima gente, casi todo el mundo. Nunca he trabajado seguido siquiera. Hay la misma precariedad que en cualquier otro sector. Solo que no se puede estar mucho tiempo. En la mina estamos como las ratas, quienes dicen que somos unos privilegiados que entren allí.

¿Cómo explicaría la evolución de su trabajo desde que empezó?

No ha cambiado en nada. Ni en sueldo, ni en condiciones: sigo igual que entonces. Solo ha cundido la desunión y el hartazgo.

Madrid les recibió como a la selección de fútbol, como líderes obreros. ¿Cómo cree que se tenía que haber aprovechado?

Tendríamos que haber seguido hacia adelante. Sin pacto ninguno: las huelgas no se pactan. Yo me hubiera quedado en Madrid hasta lograr algo claro. Tendríamos que haber ido más allá, coger al empresario o al político y encerrarlo en la mina. ¿Acampar? No, porque no se puede estar molestando. Hay que ir a por quien hay que ir.

Pero, ahora van unos mil despidos en seis meses, los que quedan en la minería privada no cobran hace dos, las eléctricas no compran carbón, el Gobierno incumple…

Movilizaciones ya hay, pero no serán como antes. Estamos la mitad en la calle y no van ni los de las plantillas propias de las empresas, que ni cobran hace dos meses o los están echando.

¿Qué le pediría al Gobierno, qué le diría a Mariano Rajoy si se lo cruzase?

Que la están cagando, pero bien. El carbón no es de ahora, ha hecho mucho por este país. Que apuesten por él, que dentro de unos años será necesario. Le recordaría que Endesa nació en el valle del Sil. O que Ciuden, la planta de captura CO2, está a punto de cargársela y van a tirar muchos millones y futuro.

¿Y a las personas que les recibieron en Madrid como héroes?

Se lo agradeceré toda la vida y nunca lo olvidaré. Ahí me hicieron sentir que estábamos haciendo algo, algo importante.

¿Cómo explicaría que ahora en cambio no hagan nada, por el momento al menos?

Hay que salir a la calle y echar al Gobierno. Si nosotros les pusimos ahí, también les podemos echar. Ya está bien de aguantar que nos asfixien poco a poco. Mientras, ellos siguen igual.

¿Rajoy y Soria enterrarán la minería?

Yo creo que todos están poniendo de su parte. Pero sí, Rajoy puede poner el punto y final al carbón, cada vez creo más que no quedará nada.

¿Qué espera del futuro?

Tengo un niño de cuatro años al que tengo que dar una educación y una vida. Acabo el paro en un par de meses. La perspectiva que tengo es marchar, como todo el mundo. Los que queden aquí les va a tocar pagar lo que nos han robado. Y con marchar me refiero de España: aquí que paguen los que se han llenado los bolsillos. Porque no esperarán que cojamos trabajos precarios por 500 euros y arreglar todo lo que ellos han estropeado. Conmigo que no cuenten: antes prefiero robar.

¿A dónde se irá? ¿Busca trabajo como minero?

No necesariamente. De lo que salga: tendremos que adaptarnos a lo que haya e irnos a donde sea.

Los logros de Chávez y la revolución bolivariana

30 enero, 2013

Fuente: http://blogs.publico.es

Carles Muntaner Profesor de Enfermería, Salud Pública y Psiquiatría en la Universidad de Toronto

Joan Benach Profesor de Salud Pública y Salud Laboral en la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona

María Páez Victor Socióloga venezolana, especializada en salud y medicina.

Mientras que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez  lucha por salvar su vida en Cuba, la prensa de ambos lados del Atlántico no ha dejado de machacar a su gobierno. La importancia de su reciente victoria con 12% de ventaja delante de su competidor, aún no ha sido adecuadamente reconocida por los medios. Es importante destacar que Chávez ha ganado estando enfermo de cáncer, siendo crucificado por los medios de comunicación locales e internacionales.

Uno de los factores principales de la aplastante victoria de Chávez ha sido la reducción de la pobreza. Esto es posible porque el gobierno retomó el control de la empresa petrolera nacional PDVSA, utilizando los ingresos petroleros no para beneficio de una pequeña clase de rentistas, como ocurrió con los gobiernos anteriores, sino para construir infraestructuras que hacían falta e invertir en servicios sociales que se  necesitaban con urgencia. Durante los últimos diez años, el gobierno ha aumentado el gasto social en un 60,6%, (772.000 millones de dólares).

La pobreza no se define únicamente por la falta de ingresos así como la salud no se define tampoco por la ausencia de enfermedad. Ambos  están correlacionados y ambos tienen una naturaleza multifactorial, es decir, están determinados por un amplio conjunto de procesos sociales. Para evaluar los logros reales de  la Revolución Bolivariana de Venezuela durante los últimos 13 años, es indispensable revisar algunos de los principales datos disponibles sobre los determinantes sociales de la salud y la pobreza como son la educación, la desigualdad, el empleo, los ingresos, la atención sanitaria, la seguridad alimentaria y los servicios y protección social.

Uno de  determinantes sociales de la salud es la equidad, y Venezuela es hoy el país de la región con el nivel más bajo de desigualdad ( según el Coeficiente de Gini), habiendo reducido la desigualdad en un 54% y la pobreza en un 44%. La pobreza ha pasado del 70,8% (1996) al 21% (2010) y la pobreza extrema se redujo del 40% (1996) a un nivel tan bajo como el 7,3% (2010). Cerca de 20 millones de personas se han beneficiado de los programas contra la pobreza, las llamadas “Misiones”. Hasta el momento, 2,1 millones de personas mayores han recibido pensiones de vejez, es decir, el 66% de la población, mientras que antes del actual gobierno sólo 387.000  recibieron pensiones.

La educación, determinante clave de la salud y la pobreza, es donde el gobierno bolivariano ha puesto un especial énfasis, asignando a ella más del 6% del PIB. La UNESCO ha reconocido que Venezuela está libre de analfabetismo y que es el tercer país de la región cuya población en mayor medida lee. Desde la guardería hasta la universidad, la educación es gratuita: el 72% de los niños asisten a guarderías públicas, el 85% de los niños en edad escolar asisten a la escuela, y hay miles de escuelas nuevas o restauradas (entre las que se incluyen 10 nuevas universidades). El país es  el segundo  de América Latina y  el quinto del mundo en tener proporcionalmente más estudiantes universitarios. De hecho, 1 de cada 3 venezolanos está inscrito en algún programa educativo. También es un gran logro que Venezuela esté ahora  al nivel de Finlandia como el 5º país del mundo cuya población se siente más feliz.

Antes del gobierno de Chávez en 1998, el 21% de la población estaba desnutrida, ahora Venezuela  tiene una red de distribución de alimentos subsidiados con tiendas de comestibles y supermercados. En 1980 se importaron el 90% de los alimentos, hoy el porcentaje es menor al 30%. Han entregado 454.238 créditos a productores rurales. Cinco millones de venezolanos reciben comida gratis, cuatro millones de los cuales son niños y niñas en las escuelas y 6.000 comedores alimentan a 900.000 personas. La reforma agraria y las políticas agrícolas han aumentado la oferta interna de alimentos. El resultado de todas esas medidas de seguridad alimentaria es que la desnutrición es hoy tan sólo de un 5%, y que la desnutrición infantil, que alcanzó el 7,7% en 1990, hoy es del 2,9%. Se mire como se mire, se trata de logros sociales de enorme trascendencia para la salud de la población.

En cuanto la salud pública, algunos de los datos más importantes son:

* La mortalidad infantil se redujo de 25 por 1.000 (1990) a sólo 13 por 1.000 (2010);

* El 96% de la población tiene acceso ahora a agua limpia;

* En 1998, había 18 médicos por 10.000 habitantes, hoy hay 58

* Los gobiernos anteriores construyeron 5.081 clínicas a lo largo de cuatro décadas, mientras que en tan sólo 13 años el Gobierno Bolivariano construyó 13.721 (aumento del 169,6%);

* Barrio Adentro,  el programa de atención primaria que recibe la ayuda de más de 8.300 médicos cubanos, con sus 7.000 clínicas,  ha salvado aproximadamente 1,4  millones de vidas;

* En el 2011, 67.000 venezolanos recibieron medicamentos gratuitos de alto costo para tratar 139 patologías como el cáncer, la hepatitis, la osteoporosis, la esquizofrenia; hoy hay 34 centros de tratamiento de adicciones;

* En 6 años, 19.840 personas sin hogar han sido atendidas con un programa especial, y prácticamente no hay niños que vivan en las calles;

* Venezuela tiene ahora la mayor unidad de cuidados intensivos de la región;

* Una red de farmacias públicas vende medicamentos subsidiados en 127 tiendas, realizando ahorros entre el 34-40%;

51.000 personas han recibido tratamiento especializado para la visión en Cuba, y el programa de atención oftalmológica “Misión Milagro” ha devuelto la vista a 1,5 millones de venezolanos.

Un ejemplo de cómo el gobierno ha tratado de responder de la mejor manera posible a las necesidades reales de las personas es la situación que se produjo en 2011, cuando las fuertes lluvias tropicales dejaron a 100.000 personas sin hogar. La población fue inmediatamente protegida en forma temporal en todo tipo de edificios públicos y en sólo un año y medio el gobierno construyó 250.000 viviendas. El gobierno obviamente no ha erradicado todos los males sociales, pero sus habitantes se dan cuenta de que, a pesar de las deficiencias y errores cometidos, el gobierno está a su lado.

La intensa participación política de la democracia venezolana, incluye 30.000 consejos comunales que determinan las necesidades sociales  locales, permitiendo que las personas sean los verdaderos protagonistas de los cambios que reclaman.

La economía venezolana tiene una baja deuda, y reservas de petróleo y de ahorro muy elevadas; sin embargo, los economistas occidentales opuestos al presidente Chávez repiten hasta la saciedad que la economía venezolana no es “sostenible” y predicen su desaparición cuando los ingresos petroleros se acaben. Curiosamente, no lanzan esas nefastas predicciones sobre economías petroleras como Canadá o Arabia Saudita. Ignoran que la reserva petrolera de Venezuela (500 millones de barriles de petróleo) es la más grande del mundo y consideran que la inversión social de la renta petrolera,  es una pérdida o  un empeño inútil. Sin embargo, durante estos últimos 13 años, el gobierno bolivariano ha estado construyendo una infraestructura industrial y agrícola que 40 años de gobiernos anteriores habían olvidado, y su economía continua siendo fuerte incluso ante la crisis financiera global.

Un indicio de la creciente diversificación de la economía es que ahora el Estado obtiene casi tantos ingresos de la recaudación de impuestos como por la venta de petróleo, ya que ha reforzado su capacidad para la recaudación de impuestos y la redistribución de la riqueza. En tan sólo una década, el Estado obtuvo 251.694 millones de dólares en impuestos, es decir, más que sus ingresos anuales por el petróleo.

Entre los hitos económicos de estos últimos diez años cabe incluir la reducción del desempleo del 11,3% al 7,7%, la duplicación  del número de personas que reciben beneficios del seguro social, la deuda pública se ha reducido del 20,7% al 14,3% del PIB, y el florecimiento de unas 50,000 cooperativas que han fortalecido a las economías locales endógenas. La economía venezolana ha crecido un 47,4% en diez años, es decir, un 4,3% anual. Muchos   países europeos  verán con envidia cifras como ésas. Algunos de los economistas que han estudiado detalladamente la economía venezolana señalan que: “Las predicciones de colapso económico, la balanza de pagos o la crisis de la deuda y otros pronósticos sombríos, así como muchas de las previsiones económicas realizadas, han demostrado ser erróneas… el actual crecimiento económico de Venezuela es sostenible y podría continuar al ritmo actual o incluso superior durante muchos años”.

Según el Global Finance y el CIA World Factbook, la economía venezolana presenta los siguientes indicadores: la tasa de desempleo es del 8%, la deuda pública del gobierno es el 45,5% del PIB ( la de la Unión Europea es del 82,5%), y existe un crecimiento real del PIB (el PIB per cápita es de 13.070 dólares). En el 2011, la economía venezolana desafió a la mayoría de pronósticos con un crecimiento del 4,2%, con un aumento del 5,6% en el primer semestre de 2012. La razón entre deuda y PIB se halla claramente por debajo de la de los EE.UU y el Reino Unido, y es más sólida que la de los países europeos; la tasa de inflación, endémico durante muchas décadas, ha caído en el último trimestre del 2012 a un mínimo del 13,7% . Incluso The Wall Street Journal ha señalado que el intercambio de acciones de Venezuela es con mucho la bolsa que mejores resultados tiene en el mundo (alcanzándose un máximo histórico en octubre de 2012), a la vez que los bonos de Venezuela se hallan entre  los  tienen mejores resultados en los mercados emergentes.

La victoria de Hugo Chávez ha tenido un impacto en todo el mundo. Es reconocido por haber liderado un cambio radical, no sólo en su propio país, sino en América Latina donde han sido elegidos gobiernos progresistas que han remodelado el orden global. Su victoria fue aún más significativa si se tiene en cuenta la enorme ayuda financiera y estratégica que las agencias de Estados Unidos y sus aliados ofrecieron a los partidos de la oposición y a los medios de comunicación. Desde 2002, Washington canalizó 100 millones de dólares a los grupos de oposición en Venezuela siendo distribuidos tan sólo en este año electoral entre 40 y 50 millones de dólares. Sin embargo, el pueblo venezolano pasó por alto el aluvión de propaganda desatada contra el Presidente por unos medios de comunicación que en un 95% son de propiedad privada y claramente anti-Chávez. La ola de cambio progresista en la región ha comenzado a construir la infraestructura para una Latinoamérica realmente soberana  a través de organizaciones que permitan su integración política y económica como son el Banco del Sur, CELAC, ALBA, Petrosur, Petrocaribe, UNASUR, MERCOSUR y TELESUR. Estas  están mostrando al resto del mundo que en el siglo XXI existen alternativas económicas y sociales. Siguiendo un modelo de desarrollo diferente al del capitalismo mundial y en fuerte contraste con Europa, los niveles de deuda en América Latina son bajos y siguen cayendo.

Los cambios  en Venezuela no son abstractos. El gobierno del Presidente Chávez ha mejorado significativamente las condiciones reales de vida de los venezolanos que se han comprometido en un dinámico proceso de participación política. Este nuevo modelo de desarrollo socialista ha tenido un impacto espectacular en toda América Latina, incluyendo en los últimos tiempos a Colombia además de  a gobiernos  de centro-izquierda que ahora son mayoritarios en la región y que ven en Venezuela el catalizador que ha traído más democracia, soberanía nacional y progreso social y económico a la región. Ninguna retórica neoliberal,  puede negar todos esos hechos. Eso es lo que enfurece a sus oponentes.. Un semanario “objetivo” y “empírico” como The Economist no dará a conocer estos datos, prefiere predecir una vez más el inminente colapso de la economía venezolana. Por su parte, en España, el periódico El País prefiere que Moisés Naim, Ministro de Hacienda del anterior gobierno y uno de los  responsables directos  del Caracazo (la masacre de 3.000 personas en Caracas que protestaban por las medidas de austeridad impuestas de 1989), siga escribiendo  de forma obsesiva contra Chávez. Sin embargo, ninguno de ellos puede poner en  duda  que un Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidad del 2008 sitúa  a Venezuela en el lugar número 61 de entre 179 países. Y esa es una razón más por la que la Revolución Bolivariana de Chávez sobrevivirá al líder socialista de Venezuela.

Seguro que vosotros también conocéis a alguno…

7 septiembre, 2012

Fuente: Cartas al director, diario EL PAÍS

Mi vecino es constructor, o lo era. Y yo funcionario, de momento. Hace no tanto, cuando la realidad era de papel celofán, el horizonte un interminable bosque de grúas y las avenidas se alfombraban de coches de alta gama recién estrenados, le confesé lo que ganaba y su respuesta fue tan contundente como sustanciosa: “Yo por ese dinero ni me levanto de la cama”. Hoy es de los que suman su vozarrón contra los empleados públicos. Así somos. Así nos va.— José Luis Peira.