Posts Tagged ‘Esperanza Aguirre’

Están entre nosotros

22 septiembre, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 27/09/2016 a las 06:00

Actualizada 26/09/2016 a las 21:12  
En una reunión de corresponsales extranjeros se hablaba del auge de la extrema derecha en Europa y de su expansión demagógica favorecida por la tentación xenófoba que late en el subsuelo, exacerbada con discursos populistas de miedo a la pérdida de la identidad cultural y secuestro de los puestos de trabajo por los llegados de fuera. Se maravillaban estos periodistas por la ausencia de esos movimientos en España. Ignoran que aquí no han resurgido porque siempre han estado, habitamos con ellos. En las instituciones. Nunca se fueron.

Cuando los aliados liberaron Europa del fascismo y el nazismo, hicieron una excepción con España porque sabían que Franco sería un colaborador indispensable, en un lugar de la máxima importancia estratégica, en la lucha contra el comunismo que llevó a cabo aquella Guerra Fría que ya se pergeñaba por parte del bloque occidental durante la Segunda Guerra Mundial. Franco también sabía que de su aproximación a las democracias occidentales dependía su supervivencia en el poder cuando la guerra ya estaba perdida y, desde la capitulación de Alemania, una vez desaparecido ese loco primo de “zumosol” que fue Hitler (quien, dicho sea de paso, siempre le despreció), se mantuvo en un perfil bajo, de disimulo, mostrando hacia el exterior su cara más inofensiva, siempre intentando cautivar a quien pudiera incluirle en las organizaciones internacionales que iban a regir el mundo.

Como dijo Aznar de Gadafi, Franco quedó como un extravagant friend, fuera de la ONU y del Plan Marshall, y ese aislamiento le permitió vivir su realidad dictatorial con total autonomía.

En Yalta, los líderes de las tres principales potencias aliadas: Churchill, Roosevelt y Stalin, acordaron que al finalizar la guerra los países liberados de Europa decidirían libremente, con elecciones democráticas, su propio destino. Como España no fue liberada, los compromisos de este tratado no le afectaron. La cosa quedó en que Franco siguiera calladito en su rincón si dar guerra. Lo que pasara aquí dentro sería un problema de los españoles. Nos abandonaron a nuestra suerte. Mala, por cierto.

No sería hasta quince años más tarde cuando se formalizarían las relaciones de cooperación entre España y EEUU con el acuerdo para la implantación de bases militares americanas en nuestro territorio, que le valió la entrada en la ONU al comprar con ese pacto todas las reticencias que un régimen dictatorial suponía para que España fuera incluida como miembro de esa organización. La visita, unos años después, de Eisenhower a España legitimó la dictadura como el régimen político que nos gobernaría hasta la muerte de Franco en 1975.

Tras su muerte, la Transición constituyó un periodo de reforma que se encargó de que los altos cargos de las diferentes instituciones que gobernaron este país durante 35 años, tanto de la política, como de la Policía, el Ejército y la Justicia, tuvieran cabida en la democracia. Muchos de estos funcionarios que ostentaban puestos de responsabilidad durante la dictadura se reciclaron en diferentes partidos ya en la democracia, sobre todo en Alianza Popular, formada por siete ministros de Franco, con Fraga a la cabeza, y otros más moderados en UCD (Unión de Centro Democrático), partido presidido por Adolfo Suárez, que había sido ministro secretario general del Movimiento, la cartera con mayor carga política de aquellos gobiernos de Franco, y que aglutinando infinidad de formaciones de diferentes tendencias de la derecha y el centro, supo representar como nadie la metamorfosis del cambio entre sistemas. Él pasó de la dictadura a la democracia. Ganó las dos primeras elecciones generales, demostración empírica de que la sociología que había creado el franquismo apostaba por una moderna continuidad, no quería cambio. Querían esto sin perder lo otro.

Esa amalgama de fuerzas que se integró a la perfección en la democracia continuó su aventura, salvo exabruptos nostálgicos irredentos, bajo un manto de armonía y disimulo que aparentó terminar con aquella España de los vencedores que exigieron una rendición incondicional para llevar adelante una paz a sangre y fuego. Del mismo modo que en la Alemania de la posguerra todo el mundo afirmaba que nadie sabía lo que estaba pasando en su país durante los años del nazismo, aquí no quedó ni un solo español adicto al régimen. Como san Pedro, todos negaron tres veces antes de que cantara el gallo que daba el pistoletazo de salida para las elecciones. Corrían tiempos nuevos. España se convirtió en el único país del mundo que carecía de una derecha política. El espectro iba desde la extrema izquierda al centro. Hasta ahí. Más allá sólo quedaba la caverna que festejaba los aniversarios pertinentes en el Valle de los Caídos, monumento faraónico que Franco construyó para que la posteridad no olvidara su Santa Cruzada, y del que los portadores de la llama de la España verdadera hicieron su reducto festivo, su particular “fachódromo”.

Nunca más se supo de los millones de españoles que abarrotaban la Plaza de Oriente de Madrid durante las apariciones públicas del dictador, ni de los que formaban la infinita cola para darle el último adiós al sátrapa de El Ferrol. Con Franco murieron, por lo visto, aquellos millones de españoles.

Así corrió el tiempo entre la euforia del derribo de los Pirineos, que era nuestro particular muro de Berlín, y la alegría de la incorporación a Europa, hasta que José María Aznar abrió la caja de los truenos y recuperó para esa España el orgullo de ser de derechas, que aquí es tanto como ser de aquello. Como decía Fraga, también con orgullo: “Nunca debemos olvidar de dónde venimos”. Ser de derechas en España es recuperar el mundo de los vencedores que no se dejan quitar un busto, un monumento a uno de los suyos, y tampoco desenterrar a los vencidos, a los asesinados en las cunetas, en las tapias de los cementerios y en los bosques para llevarlos junto a los suyos o darles sepultura como dios manda. Como a perros los mataron, como perros deben seguir. Y la Iglesia callada, como entonces.

Saca pecho Fernández Díaz, ese ministro que tiene una policía política a su servicio, como en los buenos tiempos, para difamar y buscar averías a sus rivales, que luego airean los medios de comunicación afines a los que pagan bien con la propaganda institucional, da la cara el ministro, decía, con motivo de la solicitud de traslado de los restos del general Mola por parte del Ayuntamiento de Pamplona que quiere que se los lleven a otro sitio, y suelta por esa boquita: “Algunos pretenden ganar la guerra cuarenta años después…”.

Entiende el señor ministro que son vencidos los que tal cosa pretenden. Y de sus palabras también se desprende que él se sitúa en el bando de los vencedores, aquellos que acabaron con la democracia y el orden constitucional a tiros tras fracasar el golpe de Estado de 1936.

Triste que tengamos un ministro todavía, ochenta años después, que reivindique aquellas salvajadas en lugar de encargarse, en cumplimiento de la ley que representa, debo entender que muy a su pesar, de limpiar de nuestro suelo, que no de nuestra memoria, esos monumentos y reliquias que dan gloria al fascismo. Alegan que eliminar los restos de aquella tiranía es atentar contra la Historia. Nunca han tenido vergüenza cuando se trata de salir en defensa de aquel fascismo al que dicen no haber servido ni representar. Les mueve una cuestión científica, intelectual. Los criminales, dicen, deben tener su espacio en nuestras ciudades, como lo tienen los huesos encontrados en Atapuerca. Forman parte de nuestra historia. Eso sí, cuando se denuncian atropellos, violaciones o crímenes, nos salimos del campo de la historia para pasar a remover el pasado, dividir a los españoles y pretender ganar una guerra que perdieron los demócratas.

También sale, cómo no, Esperanza Aguirre a echar gasolina en la trifulca que montan los legionarios intentando evitar que le quiten la calle a Millán Astray, fundador de la Legión, para sustituirla por otra llamada Avenida de la Inteligencia. Ella siempre se mueve por nobles ideales. Alega la defensora de esta causa, también la representación de su partido en el Ayuntamiento de Madrid, que Millán Astray no debe perder su calle porque hizo mucha obra social. Y pone algunos ejemplos. Yo le voy a recordar que Hitler hizo mucha más obra social que Millán Astray, para que le dé una vuelta al tema. A lo mejor habría que sustituir el nombre del general español por el del genocida alemán, si de obra social se trata. Hay que recordarle que no le quitan el nombre de la calle por haber fundado la Legión, ni por las virtudes que pudo tener, sino por su colaboración con el régimen franquista.

Les molesta que desaparezcan los vestigios de aquella España, tienen motivos, no los dicen. Nos toman por idiotas.

La sorpresa de los observadores internacionales ante la falta del resurgimiento de estos movimientos xenófobos, populistas, de extrema derecha, no debería ser tal. Como los marcianos, esa gente está entre nosotros. Por todas partes. Siempre estuvieron, nunca nos dejaron. Así nos luce el pelo.

Si los quieres ver, sólo tienes que quitar el nombre de una calle a un artífice de la dictadura. Aparecen como las moscas en torno a la miel, o a cualquier otra sustancia pestilente que, a usted, querido lector, le sugiera esta cuestión.

Qué hartura de fascismo. Ochenta años después.

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Instrucciones para triunfar como político y como columnista

2 septiembre, 2017

Fuente: http://www.blogs.publico.es

19Jul 2017

Pascual Serrano (@pascual_serrano)

Periodista

Es curioso observar qué tipo de perfil personal, imagen pública o comportamiento mediático triunfa en los medios. Dos de ellos resultan dignos de análisis: los políticos y los columnistas de prensa. Respecto a los primeros descubrimos que resulta muy rentable aparentar ser modoso, cándido, recatado, blando, incluso, por qué no decirlo, casi medio tonto hasta el punto de ser objeto constante de burla y mofa. No nos referimos a todos los políticos, claro está, sino a los líderes de partidos mayoritarios. El objetivo es despertar rechazo o animadversión en el mínimo porcentaje de electores, de ahí que cuanto más plana sea su personalidad más servirá de comodín. Si además explotas tu imagen de bobalicón y poco inteligente el resultado es muy positivo, porque parece que los ciudadanos te perdonan todo con tal de que puedan creerse más listos que tú. El líder político permite su escarnio mientras encajamos su corrupción y robo. La burla se convierte en una válvula de escape al servicio de la reacción: te puedes reír del político mientras te roba. Humoristas y ciudadanos pueden llamar todos los días y a todas horas gilipollas y lerdos al presidente del gobierno, a Pedro Sánchez, a Albert Rivera, a Toni Cantó sin que nadie se moleste. Parece como si gran parte de la ciudadanía y de los periodistas se sintiesen cómodos riéndose de Mariano Rajoy juzgándolo corto de luces, a cambio de mantenerlo al frente del gobierno pero encantados de considerarse más inteligentes que su presidente. Frases como la de “cuanto mejor peor…” o “es alcalde el que quiere…”, no solo no tienen un coste político para Rajoy, sino que le hacen quedar como una persona sencilla, inocente y, por supuesto, con menos luces que nosotros. ¿Cómo me va a engañar o robar alguien más tonto que yo?

Expresiones de ese tipo o esa imagen que no crea enemigos, es algo muy importante en política cuando sabes que ni tu programa ni tu ideario levanta pasiones. Lo dijo Rajoy en otra de sus frases de Perogrullo: “Lo importante es caerle mejor a más que a menos”. Ni mejorar la sanidad ni construir escuelas, caer bien es la clave. El político acepta con humildad el desprecio de la joven generación, pero no le preocupa porque sabe que no maquinan su derrocamiento, a lo más utilizarle como objeto de chiste y sorna.

Sin duda aparentar poca capacidad mental es buena cosa para triunfar en la política española. Ahí está la trayectoria de Esperanza Aguirre, la lanzaron al estrellato los chistes burlándose de ella cuando era ministra de Cultura y la sorna del programa de humor Caiga quien caiga (CQC). No importaba que fuese mentira aquella reacción de Aguirre preguntando quién era la escritora Sara Mago, mientras nosotros nos reíamos. Miren qué clarito lo cuenta la lideresa en su biografía de 2006 escrita por Virginia Drake: “[Los reporteros de ‘CQC’] Me perseguían siempre, me querían pillar en todo y yo me lo tomaba a broma, pero mis jefes de prensa no hacían más que advertirme de cuándo aparecían para que saliera por otra puerta. Yo no les hacía caso, porque entendí que ‘CQC’ me proporcionaba una popularidad enorme y la posibilidad de darme a conocer, algo que hubiera costado muchísimos millones lograr”. ¿Qué daño puede hacer una política pija, que ni sabe quién es José Saramago, a alguien como a mí que me he leído sus libros? Y miren cómo dejó la sanidad y las cuentas de la Comunidad de Madrid.

Ahora veamos el caso de los columnistas. Aquí la forma de destacar es pegar patadas a la mesa, lo de menos es que sea con lucidez o talento. Hay que soltar un eructo en la comida o un sonoro pedo en el teatro para llamar la atención y que hablen de ti. Salvador Sostres lo sabe bien, nadie habla en positivo de una columna suya, pero todos lo leen para comprobar su última mamarrachada. Y a subir las estadísticas de accesos en internet. Javier Marías se ha apuntado al formato y ahora está más en el candelero que nunca. La fórmula es sencilla. Te encuentras, por un lado, en los días en que se celebra en WorldPride en Madrid; por otro, en tiempos en que la reivindicación de la mujer y el feminismo tiene una presencia y apoyo generalizado en los medios, y, por último, que próximamente se va a conmemorar el primer centenario del nacimiento de la poetisa Gloria Fuertes, como es sabido, feminista y lesbiana. Pues ya está, Marías escribe en El País una columna diciendo Gloria Fuertes no es una buen poeta y no hay que tomarle muy en serio, hace carambola y lo peta. Le responde en un tuit Pablo Iglesias llamándole “pollavieja”, el humorista Joaquín Reyes contraataca con otra columna de coña en el mismo diario que es referenciada en los mediosvuelve a responder Marías. Una orgía de chupar protagonismo en las redes.

Para triunfar en el columnismo hay que ser un trol, ni escribir bien ni tener ideas originales. Y además alardear de ser un bronca, como esos ultraderechistas xenófobos que se califican en su perfil de Twitter como “políticamente incorrectos” (y “mentalmente limitados” añadiría yo).

Parece que vamos en camino de cumplir la predicción de la distopía de la comedia cinematográfica Idiocracia, donde retrasados mentales, actores porno y mentes infantiloides acaban gobernando el mundo. Eso sí, con el apoyo de Sostres y Marías, y los medios que ganan dinero cuando leemos sus columnas que nos encabronan.

Liberales: Defienden el mercado, pero no la libertad

18 junio, 2017

Fuente: http://www.juantorreslopez.com

05 de Mayo de 2017

Publicado en eldiario.es el 1 de mayo de 2017

La última salida de la política de Esperanza Aguirre permite reflexionar también sobre el sentido y el significado real que tiene el liberalismo económico contemporáneo, y no sólo en nuestro país.

Esperanza Aguirre, y quienes la han rodeado, se presentaba a sí misma como la expresión de la política liberal más auténtica, como una Thatcher española capaz de darle la vuelta a la sociedad y a la ideología dominantes. Y a su alrededor se han cobijado en los años en que ha estado en el poder los liberales más preclaros de la vida social española, intelectuales, catedráticos, inversores, grandes empresarios y jóvenes delfines, todos ellos predicadores de la “libertad de mercado” y enemigos acérrimos de todo tipo de intervencionismo público y estatal (del cual, por cierto, obtienen buenas rentas la inmensa mayoría de ellos).

Los seguidores de Esperanza Aguirre y ella misma han sido los más vibrantes defensores del mercado como mecanismo supremo de solución de todos los problemas económicos. Y lo curioso es que esa defensa exacerbada del mercado se ha conseguido equiparar (es verdad que no sólo en España y en el entorno de Esperanza Aguirre) con la defensa de lo eficiente, de la máxima competencia y, lo que todavía resulta más increíble, de la libertad. En contra de esa retórica liberal que entroniza al mercado, lo que el gobierno de una liberal como Esperanza Aguirre ha supuesto en la práctica está bien claro: una conspiración constante para disponer del poder público suficiente que permita acumular la mayor cantidad posible de riqueza pública en manos privadas. Una conspiración a veces tan enfermiza y acentuada que ha terminado convirtiéndose, según se va descubriendo, en el origen de una auténtica organización criminal dirigida a vaciar a manos llenas las arcas del Estado.

La eficiencia de las políticas liberales que ha llevado a cabo Esperanza Aguirre está igualmente clara cuando se comprueba que las privatizaciones efectuadas sólo han servido para poner recursos hasta entonces públicos en manos privadas, pero no para generar menores costes o más eficiencia. La privatización de amplios sectores de la sanidad o la educación no ha creado servicios mejores, más eficientes, más transparentes o más baratos, sino que, por el contrario, ha generado mayor gasto, aunque, eso sí, ahora destinado a colmar los bolsillos privados. Y es normal que eso haya sido lo que ha ocurrido porque la identificación automática entre mercado y competencia, eficiencia o libertad no es sino un gran mito sin ningún fundamento objetivo o científico.

Defender el mercado sin ningún otro matiz, como suelen hacer los liberales, es una simpleza porque en realidad no existe “el” mercado. Mercados hay muchos, con naturaleza y efectos muy variados, y para que se pueda decir que un mercado es plenamente eficiente o mejor que una buena decisión pública, a la hora de asignar recursos, deben darse una serie de condiciones y requisitos muy estrictos (por ejemplo, información perfecta y gratuita a disposición de todos los sujetos, plena homogeneidad de los productos y ausencia total de barreras de entrada a los mercados) que es casi, por no decir que totalmente, imposible que se den en la realidad.

La competencia, lejos de ser una condición innata o consustancial a los mercados, es desgraciadamente lo primero que se quiebra cuando los mercados se pone a funcionar si éstos no están convenientemente regulados, es decir, si no hay un buen anillo de derechos de propiedad que proteja a los mercados de sí mismos, de las fuerzas auto destructoras que genera el afán de lucro desmedido, la concentración de la riqueza y la vía libre para los más poderosos, condiciones que son las que suelen predominar en los mercados contemporáneos. No hay forma posible de hacer que los mercados se acerquen al ideal de la eficiencia y la competencia que no sea la de una buena regulación, el establecimiento de un adecuado sistema de normas. Y eso sólo puede garantizarse justamente cuando hay un Estado que funciona correctamente y, sobre todo, no sometido a los dictados del propio poder de mercado del que disponen quienes tienen privilegios en su seno. ¿Acaso privatizar para destinar más recursos, más servicios o más obras, más negocio, a los grandes promotores y constructores que dominan en condiciones de oligopolio el mercado tiene algo que ver con la competencia perfecta y con la mayor eficiencia? Debilitar al Estado, como hacen los liberales cuando gobiernan, es lo contrario de lo que se precisa para fortalecer la competencia y la eficiencia, y justo lo que desean quienes ya tienen gran poder de mercado para aumentarlo.

Los mercados de hoy día, los que han contribuido a diseñar y a proteger las políticas liberales de nuestro tiempo, son mucho más imperfectos que nunca y, por tanto, más ineficientes. Es una quimera, por no decir que un miserable engaño, decir que en ellos predominan la competencia o que sólo allí es donde la eficiencia va a alcanzar su máxima expresión. Ocurre todo lo contrario: lo que han conseguido las políticas liberales como las que han puesto en marcha los gobiernos de la liberal Esperanza Aguirre ha sido erradicar todavía más la competencia, oligopolizar los mercados y hacerlos, en consecuencia, mucho más ineficientes, y mucho más onerosos para la inmensa mayoría la población.

Pero si hay un mito singularmente exagerado en relación con el liberalismo es el que hace creer que al defender los mercados se defiende la libertad en su sentido prístino, en su más auténtica expresión. Es un mito porque lo que hacen las políticas liberales con el pretexto de dar libertad a los mercados es simplemente aumentar la de quienes los dominan en su exclusivo beneficio. La libertad en el mercado es una auténtica quimera cuando los derechos, o quizá mejor dicho los poderes de apropiación están definidos de una manera tan desigual y asimétrica como hoy día lo están. En las condiciones de funcionamiento de los mercados que imponen las políticas liberales, que en España no son otras que las que benefician a las más grandes empresas, la libertad que puede alcanzarse solo es la misma que Anatole France decía irónicamente que proporcionaba el derecho en nuestras sociedades: “La Ley -decía-, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”.

De hecho, la paradoja más grande que tienen los mercados es que, incluso si se dieran las condiciones que les permitieran ser completamente eficientes con carácter general, es decir, en todos los ámbitos de la economía, se necesitaría una autoridad central, o hablando en plata un dictador, que distribuyera satisfactoriamente la renta.

La razón es sencilla y la explico con más detalle en mi libro Economía para no dejarse engañar por los economistas (Ediciones Deusto): de ser eficientes (lo que ya de por sí es dudoso), los mercados solo lo serían logrando que los sujetos económicos adquieran los bienes y servicios en su uso más valioso o más barato. Pero es evidente que para que los sujetos puedan adquirir (eficientemente) esos bienes y servicios deben de haber dispuesto ya de ingresos. Y también lo es que, una vez adquiridos los bienes, la distribución de esos ingresos ya es diferente a como lo era antes del intercambio realizado. Por tanto, para que se pueda decir que los intercambios llevados a cabo en los mercados proporcionan a todos los sujetos (a la sociedad en general) la máxima satisfacción o bienestar, es imprescindible que todos los sujetos estén satisfechos con la distribución de la riqueza inicial y con la resultante. Y como esa satisfacción no la puede dar por definición el mercado ha de darla una autoridad central, el dictador. Un significativo detalle que se le olvida mencionar a los liberales cuando nos quieren hacer creer que al defender el mercado defienden la libertad.

Mercado y libertad son dos conceptos que, en realidad, no tienen por qué coincidir y que, en las condiciones de mercados imperfectos que crean las políticas liberales, es cuando menos coinciden. Los liberales defienden el mercado que les conviene a los grandes oligopolios pero de esa forma no defienden ni la competencia, ni la eficiencia ni, por supuesto, la libertad.

Hoy quiero hablar bien de Esperanza Aguirre

31 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

De los muertos siempre se habla bien, y los muertos políticos no son excepción: cada vez que un gobernante se marcha, hasta sus detractores enfundan por un rato la navaja y destacan sus aciertos, por pocos que sean, como muestra de respeto. Yo llevo años sacudiendo a Aguirre, pero hoy es día para ser compasivo y contar también las cosas buenas que hizo, que en una carrera tan larga no todo iban a ser ranas corruptas y destrozos neoliberales.

A ver, por dónde empiezo: entre otras cosas positivas, Aguirre hizo la… el… o sea… A ella le debemos… Será siempre recordada por… Gracias a ella, los madrileños disfrutamos de… ¿de qué? Vaya… Pues no caigo, pero tiene que haber algo bueno en más de treinta años en política. Voy a repasar su biografía, verán cómo sí.

Paso por alto sus primeros años de concejala, que no se le recuerda ninguna medida memorable. Tampoco como ministra de Educación y Cultura, donde por no hacer, no hizo ni siquiera una reforma educativa, que ya es difícil (aunque igual eso sí se lo debemos agradecer, que no rompiese nada). Y de su breve etapa de presidenta del Senado, pues más de lo mismo, que la Cámara Alta da para lo que da.

Así que miremos sus nueve años como presidenta madrileña, que es su verdadera obra política. Según dijo ella misma al dimitir en 2012, de lo que estaba más orgullosa era del bilingüismo escolar. Vaya. El bilingüismo. Mejor busco otra cosa, que soy padre sufridor de ese disparate educativo, y no quiero estropear mi buen propósito.

El otro tema del que siempre ha presumido es la sanidad. “Yo estaba inaugurando hospitales”, dice cada vez que le reprochan que no vigilase la corrupción. Ya. No digo que no, eh. Me encantaría reconocerle sus hospitales, si no fuera porque convirtió la sanidad en un negocio que ha resultado tan lucrativo para los contratistas como ruinoso para los usuarios. Por si fuera poco, hay más que sospechas de que la construcción de hospitales fue otra vía de comisiones y financiación ilegal.

Espera, están también las infraestructuras, ¿no? Que en sus años de gobierno corrió el cemento a lo grande y transformó la Comunidad más que en décadas. ¡Las autopistas radiales! Esas en las que Aguirre se empeñó… todas hoy en quiebra y a espera de rescate público. Ah, pero qué me dicen del Metro, cómo olvidarla con su casco y chaleco reflectante inaugurando estaciones y líneas. Pues vaya, resulta que el juez Velasco también ha puesto bajo sospecha la ampliación del Metro, a cargo de las mismas empresas que pagaban comisiones por pura rutina. Atentos, que habrá sorpresas también ahí.

Venga, algo bueno podremos decir de Aguirre en su despedida, ¿no? Por ejemplo, que ganó elecciones con mayorías históricas. Oh, espera, que sus campañas electorales estaban dopadas con financiación ilegal. ¿Y qué me dicen de su decisión de dimitir? Eso la honra como política, pues no es costumbre en España. Sí, es cierto, salvo que dimitas tres veces, que entonces ya parece una broma.

De verdad que lo he intentado, pero nada. No encuentro nada relevante que agradecer a Aguirre. Su paso por la política fue devastador, dejó millones de damnificados que hoy bailan sobre su tumba política. Su nombre quedará ligado a la corrupción. Las pocas cosas buenas que se puedan decir de ella, están también contaminadas. Y si queda algo intacto, no descarten que sea porque aún no se ha investigado suficiente.

Pero espera, que sí, que me acabo de acordar de algo bueno para agradecerle, una deuda que siempre tendré con ella y nunca olvidaré: que me lo pusiera tan fácil, a mí y a tantos columnistas. Aguirre era un filón. La echaré de menos. Gracias.

Todos los casos de presiones y amenazas a periodistas que sorprenderían a la APM

3 abril, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Spanish Queen Letizia (L) chats with Spanish deputy Prime Minister Soraya Saenz de Santamaria (R) next to journalist Victoria Prego (C) -awarded with the Luca de Tena Prize before the delivering act of the International Journalist Awards of ABC held in Madrid, Spain on 13 December 2016.
La reina Leticia, junto a la presidenta de la AMP, Victoria Prego, y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. EFE/JUAN CARLOS HIDALGO

“Esther L. Palomera no cae bien en La Moncloa”. Era el titular de un breve artículo aparecido en febrero de 2014 en una página web de escasa difusión pero muy cercana al PP, el tipo de medio digital donde aparecen comentarios de fuentes anónimas para enviar mensajes a medios de comunicación o empresas. La razón de ese enfado eran los comentarios en tertulias televisivas y radiofónicas de la periodista sobre la corrupción en el PP, no sus artículos en el periódico La Razón, donde trabajaba desde hace tiempo.

La última frase del artículo era el aviso definitivo: “En definitiva, en el Gobierno consideran que son demasiadas las críticas que reciben de la periodista”. Tradúzcase “demasiadas” por: hasta aquí hemos llegado. El origen de esos comentarios también aparecía en el texto: la Secretaría de Estado de Comunicación. Más que una noticia, era un veredicto.

Las relaciones de Palomera, subdirectora en el periódico, con su jefe, Francisco Marhuenda, ya eran entonces muy difíciles. La periodista se puso en contacto con la entonces presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), Carmen del Riego, para solicitar algún tipo de apoyo de la organización ante lo que suponía que se le venía encima. La respuesta que recibió es que no era posible intervenir sobre ese artículo, porque se trataba de un asunto de libertad de expresión. 

Palomera fue despedida poco más de un mes después. Madrid es uno de esos sitios donde la “libertad de expresión” ejercida por el Gobierno acaba con periodistas represaliados. 

El ataque de la APM a Podemos por las denuncias de varios periodistas que cubren la información del partido ha sido cuestionado por distintas razones. La más importante: los periodistas que se arriesgan de verdad son los que escriben lo que molesta a los que están en posiciones de poder político (los gobiernos) o de poder económico (las empresas). No es que los partidos respeten mucho a los periodistas cuando están en la oposición, pero es indudable que sus dentelladas son menos peligrosas.

Los ataques personales en las redes sociales son una realidad tan censurable como difícil de evitar, y hay pocos periodistas que no los reciben. Perder el empleo es un precio mucho más alto.

Veamos esta lista –no exhaustiva y por tanto incompleta– de las consecuencias de las presiones políticas en España en los últimos años que no provocaron reacciones tan rotundas en la APM como lo ocurrido con Podemos. 

“Nunca he tenido presiones tan fuertes como las de Aguirre”, dijo José Antonio Zarzalejos. El director de ABC se negó a poner al periódico al servicio de los intereses personales de Esperanza Aguirre ni suscribir la teoría de la conspiración del 11M. Fue destituido un mes antes de las elecciones de 2008. En una entrevista, dijo que preguntó por las razones del relevo. “Porque queremos hacer nosotros las elecciones”, le dijeron. “No me quisieron ahí sobre todo en la fase poselectoral, porque el asalto al liderazgo del PP por parte de Esperanza Aguirre era una hipótesis verosímil y sabían que ABC conmigo en la dirección no iba a favorecerlo”, añade.

Germán Yanke, presentador del informativo nocturno de Telemadrid, entrevistó en septiembre de 2006 a Aguirre por sus posibles aspiraciones a competir por el liderazgo del PP. “ No me gusta que usted compre el discurso del Partido Socialista porque es absolutamente falso”, le respondió, lo que inició un intercambio áspero de frases entre ambos. Un mes después, Yanke tuvo que dimitir alegando  “intromisión por motivos políticos en su trabajo cotidiano”. 

Como subdirector general de Información, Luis Fernández fue el máximo responsable de los informativos de Telecinco en los años del primer mandato de Aznar. Las presiones del Gobierno a la empresa terminaron por forzar su destitución en septiembre de 2000. Vocento, que como segundo accionista de la cadena se ocupaba de la gestión de los informativos, llevaba tiempo interesada en obtener dos licencias de radio digital, lo que no había conseguido en el concurso de licencias concedidas en el marzo anterior. Tuvo que esperar a la destitución de Fernández para ser agraciada en un concurso posterior. Eso no impidió que continuaran las presiones.

Tras varias llamadas al orden de Telecinco para que cambiara su estilo agresivo y crítico en Las Mañanas de Cuatro, la empresa decidió destituir a Jesús Cintora. E l consejero delegado de Mediaset, Paolo Vasile, había reclamado sin éxito a Cintora que fuera “menos opinativo”. Diversos cargos del PP habían expresado en público y en privado su incomodidad con los contenidos del programa. Le acusaban de ser cercano a Podemos. Diez días antes del cese, las presiones aumentaron por la decisión de Cintora de incluir una foto del ministro de Exteriores Margallo en una corrida de toros, horas después del atentado de Túnez.

El conde de Godó decidió que el apoyo de La Vanguardia al proceso independentista catalán tenía que acabar, sobre todo después de que se lo dejara claro el rey Juan Carlos. Destituyó en diciembre de 2013 al director, José Antich, y colocó en su lugar a Màrius Carol, hasta entonces corresponsal de la Casa Real. El corresponsal político, Jordi Barbeta, cuyas crónicas tenían un sesgo claramente favorable al procés, fue enviado seis meses después a Washington como corresponsal. 

A mitad de legislatura, el director de El País, Antonio Caño, cambió al periodista que cubría la información de Moncloa, Carlos E. Cué, y cuyas preguntas eran las más críticas o incisivas que se escuchaban en la rueda de prensa de Soraya Sáenz de Santamaría. Caño envió a Cué bien lejos, a Buenos Aires de corresponsal. La crisis financiera de Prisa había hecho que su presidente, Juan Luis Cebrián, recabara el apoyo de Santamaría para que los bancos aceptaran convertir sus créditos en acciones de la empresa. 

Rafael Méndez y Manuel Altozano publicaron en El País en julio de 2012 una información sobre un dictamen del Ministerio de Justicia que amparaba a la vicepresidenta del Gobierno a la hora de tomar decisiones sobre la empresa Telefónica, a pesar de que su marido era alto cargo de la empresa. El titular publicado en la edición en papel decía: “Justicia permite a Santamaría tratar asuntos de Telefónica, donde trabaja su marido”. El director, Antonio Caño, ordenó cambiar el titular en la página web al día siguiente por “Santamaría se abstiene en los asuntos de Telefónica pese a no estar obligada”. La modificación se hizo sin consultar a los periodistas, que retiraron la firma de la versión de Internet. Caño justificó después el cambio y acusó a los dos redactores de “infantilismo”. Méndez y Altozano acabaron pidiendo la baja en el periódico.

El Gobierno de Marruecos presentó una denuncia en la Audiencia Nacional en diciembre de 2013 contra el periodista de El País, Ignacio Cembrero, por informar sobre los yihadistas marroquíes que pretendían cometer atentados en su país. Cembrero contó tiempo después que a las tres semanas el periódico le ordenó que dejara de escribir sobre Marruecos y se incorporara a la sección de fin de semana.

Una tensa entrevista de Ana Pastor a María Dolores de Cospedal en el programa Los Desayunos de TVE irritó tanto al PP que el partido la puso en su punto de mira en 2011. El portavoz del PP en la Comisión de Control de RTVE afirmó que “la  impertinencia y hostigamiento residen mayoritariamente en las entrevistas al PP”. Pocos meses después de la vuelta del PP al poder, Pastor fue destituida de ese programa, como ya había sugerido que ocurriría el portavoz del PP.

La ofensiva israelí contra Gaza que mató a más de 2.000 palestinos en el verano de 2014 provocó presiones de la embajada de ese país a varios medios españoles. Las críticas tuvieron repercusiones para algunos profesionales en los meses posteriores. El delegado de EFE en Jerusalén, Javier Martín, tuvo que dejar el país tras menos de un año en el puesto y fue destinado a Túnez. Lo mismo le ocurrió al corresponsal de El País, Juan Gómez, que sólo llevaba seis meses en Jerusalén. Suponía una clara desautorización de su trabajo, por lo que Gómez no tuvo más remedio que pactar su salida de la empresa.

La embajada israelí también había denunciado a la corresponsal de TVE en Jerusalén, Yolanda Álvarez. Le acusó de ser “correa de transmisión” de Hamás (esa acusación tan directa hecha en público sí provocó una nota de rechazo de la APM). En marzo de 2015, TVE puso fin a su etapa de corresponsal y Álvarez tuvo que volverse a la redacción central .

En la lista hay varios casos de directivos de redacciones que sufrieron las represalias. La intención no es que sintamos una especial pena por los directores. Al menos en el plano material, suelen recibir grandes indemnizaciones económicas. Lo que hay que tener en mente es que si esto es lo que pasa por arriba, sólo tenemos que imaginar qué fuerza pueden oponer redactores de a pie en medios pequeños, en radios y televisiones autonómicas, en periódicos locales o regionales que dependen de la publicidad de las instituciones o de los grandes empresarios locales, y en todos los medios que necesitan la publicidad de las grandes corporaciones.

“La APM considera totalmente incompatible con el sistema democrático que un partido, sea el que sea, trate de orientar y controlar el trabajo de los periodistas y limitar su independencia”, dijo la APM en el comunicado contra Podemos.

Uno se pregunta por qué la APM ha tardado tanto tiempo en darse cuenta de la gravedad de la situación. Bueno, es una pregunta retórica. La respuesta está bastante clara.

El país donde nada es lo que parece (ni lo que dicen)

15 marzo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Vivimos en un país donde hasta un señorito andaluz (Bertín Osborne) termina reconociendo que el líder histórico del socialismo que llegó a presidente (Felipe González) es más de derechas que él.

Pascual Serrano11/02/2017 – 20:37h. 

Deloitte tenía que haber detectado todos los errores contables de Bankia
Rodrigo Rato, en una imagen de archivo. EFE

Vivimos en un país donde un ministro de Hacienda (Rodrigo Rato) está acusado de defraudar al fisco 6,8 millones, donde el líder histórico del nacionalismo catalán (Jordi Pujol) y su familia se llevaban el dinero a Andorra. Un país en el que un ministro de Defensa (Federico Trillo) resulta ser quien menos defendió a sus militares, primero vivos, cuando les subió a un avión desvencijado; y después muertos, cuando ni se molestó en investigar la tragedia, identificar los cadáveres y tratar con respeto a las familias.

Vivimos en un país en el que la política más representativa del neoliberalismo enemigo del intervencionismo del Estado (Esperanza Aguirre) se embolsa 4,5 millones de ayudas públicas para la empresa que funda con su marido. Y el consejero delegado del principal grupo de comunicación que se presenta como defensor de la libertad de expresión (Juan Luis Cebrián) despide de su radio al periodista que en su diario publica la presencia de su esposa en los papeles de Panamá.

Vivimos en un país donde hasta un señorito andaluz (Bertín Osborne) termina reconociendo que el líder histórico del socialismo que llegó a presidente (Felipe González) es más de derechas que él.

Para que un sistema –social, político, económico, o todo ello junto– tenga legitimidad en una sociedad es necesario que los ciudadanos perciban credibilidad y coherencia entre los representantes y figuras públicas. Si no es así, si los ministros de Hacienda no pagan sus impuestos, los ministros de Defensa dejan que mueran los militares, los gobernantes nacionalistas se llevan el dinero a otro país, los políticos liberales se quedan con las subvenciones del Estado, los periodistas son los censores de la información y los líderes socialistas son más de derechas que los terratenientes, vivimos en un país en que todo es mentira. Tan mentira como el resultado de las elecciones, en el que los ganadores llegan al poder con campañas electorales pagadas con dinero negro e ilegal, de donde solo pueden salir gobiernos ilegítimos.

Anatomía patológica

27 enero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

El huevo, que debía albergar el Instituto de Medicina Legal de un Campus de la Justicia, ha devenido objeto de análisis forense

JUAN JOSÉ MILLÁS27 MAR 2016 – 00:00 CETAnatomía patológica

SAMUEL SÁNCHEZ

La corrupción legal, en tiempos de Esperanza Aguirre e Ignacio González, puso un huevo ahí, en medio del campo, y ahí sigue, como una protuberancia extraterrestre. Cualquier día se abre y aparecen unos hombrecillos dispuestos a invadirnos, como si no estuviéramos suficientemente colonizados por nosotros mismos. El huevo, que pretendía albergar el Instituto de Medicina Legal de un supuesto Campus de la Justicia, ha devenido, paradojas de la vida, objeto de análisis forense. Si se le hiciera una biopsia, como el tumor que es, quedaríamos espantados ante la malignidad de las células que lo componen. Observen el raquitismo de la vegetación que lo rodea, incapaz de crecer a su sombra porque come de todo. Él solo se tragó en su día 22 millones de euros, a los que sería preciso añadir los 105 que se invirtieron en el resto del complejo. Un dineral con el que usted y yo habríamos cubierto cientos de necesidades, habríamos tapado miles de agujeros.

Los pasajeros que van o vienen del Aero­puerto de Barajas lo ven inevitablemente desde la ventanilla del taxi, con sol o lluvia, frío o calor. Los días de niebla, parece un coágulo en medio de un paisaje enfermo o difunto, cubierto por el sudario de la bruma. Miles de ojos se posan cada día en su cáscara. Sería un buen sitio para colocar publicidad, pero quién se atreve a acercarse a él. ¡Vaya usted a saber lo que contagia! Quienes lo perpetraron, abandonándolo, tras pagar las facturas, a su suerte, circulan con libertad, sin que hasta la fecha hayan sido citados por el juez. Pero no se le ocurra a usted robar una bicicleta.

elpaissemanal@elpais.es

A la derecha española le estorba la democracia

19 agosto, 2016

Fuente: http://www.lamarea.com

Cada vez que la izquierda ha gobernado o ha intentado acceder al poder de manera democrática se ha encontrado con la intolerancia y las amenazas veladas de una derecha que no acepta que otros usurpen su lugar divino.

04 febrero 2016 | 10:08

A la derecha española le estorba la democracia
Viñeta de Chummy Chummez publicada en Hermano Lobo en 1974

MADRID// Cuenta César Rendueles en Capitalismo Canalla que el dictador Augusto Pinochet enunció en vísperas de los comicios chilenos de 1989 que estaba “dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones con tal de que no gane ninguna opción de izquierdas”. Esa cosmovisión es compartida en la intimidad por la derecha española, que al menor atisbo de un gobierno de izquierdas saca sus peores instintos para alertarnos del desastre, o para llevarnos directamente a él. La diestra de este país sólo considera legítimo que ellos estén en el poder, es suyo, y por eso no toleran que se les derroque por las urnas. Por eso, en cuanto ocurre o puede ocurrir, apelan al guerracivilismo. Alertan con dramatismo ante el advenimiento de lo que ellos mismos ocasionaron. Como una oscura advertencia. Como una amenaza velada.

El día 15 de marzo de 2004, tras la victoria electoral de Jose Luis Rodríguez Zapatero en los comicios más tristes de la historia de España, se publicó una tribuna en el Diario ABC del catedrático Ignacio Sanchez Cámara. El título dejaba claras sus intenciones: “La izquierda Atapuerca”. Los diarios conservadores siempre han usado firmas de opinión para no manchar sus editoriales de impulsos golpistas. Han preferido que sea gente de bien la que se encargue de advertir, de sugerir, de llamar al orden y, quién sabe, promover sin darle muchas más vueltas un “golpe de timón”.

Estos tics autoritarios que no respetan la voluntad popular y la soberanía de las urnas suelen proyectar lo que ellos son. La palabra golpista es bastante sobada en sus soflamas, una excusa del subconsciente. Es seña habitual que llamen golpes de estado a todo menos al único que sufrió España en el siglo XX y que culminó en 40 años de dictadura. “La facción torva y resentida de la izquierda española, que, por fortuna, coexiste con otra izquierda ilustrada y veraz, acaba de renovar su predilección por el ejercicio de una especie de golpismo de salón con sucursal en las calles, especialmente en la madrileña de Génova”, escribió Sánchez Cámara tras la victoria de Zapatero.

A lo que el catedrático llamó golpismo, acompañado de un epíteto, es a la conocida protesta ciudadana frente a la sede del PP del día 13 de marzo de 2004. Es otra de las señas de los nostálgicos del franquismo, del sociológico, y del mundano. No les gusta la gente en las calles protestando y ejerciendo sus derechos. El PP en esas fechas hacía la oposición más barriobajera de la historia de la democracia poniendo en duda constantemente la legitimidad del gobierno de Zapatero. Un senador del PP declaró por Melilla: “Pavía entró a caballo en el Congreso, Tejero con una pistola y el señor Zapatero con un tren de cercanías”. Unas declaraciones que encontraron acomodo en el ambiente que había en el seno del Partido Popular, como sostuvo otro histórico dirigente popular al decir: “Expresó en voz alta un pensamiento que comparte con millones de españoles”.

Mientras, los Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos de turno tampoco tragaron bien el sapo de la victoria socialista. Los “comunicadores” usaron sus poltronas mediáticas para poner en marcha unas acusaciones ponzoñosas que con el tiempo no sólo se demostraron falsas, sino también que los que las promovían las sabían falaces. ”Ésta es la izquierda que dio el golpe de Estado del 11-M”, declaraba hace poco el afamado locutor.

No creamos que algo ha cambiado 12 años después. Cuando durante el 15-M ciudadanos protestaron de manera pacífica exigiendo mayor calidad democrática, la derecha reaccionó con virulencia contra ellos porque cuestionaban la esencia misma de su estatus, de su poder, de sus privilegios. Esperanza Aguirre insultaba con denuedo a quienes se agolpaban en las plazas llamándoles “pendencieros” y “camorristas”. Asimismo, acusaba a los manifestantes de esconder bajo sus peticiones “un golpe de Estado”. Lo mismo que se esconde ahora en los conservadores en la opción política que surgió de ese 15-M, un “golpe de Estado encubierto”.

Las difamaciones y acusaciones sin fundamento vertidas contra Podemos han tomado el relevo del acoso sufrido por el PSOE de Zapatero. El gobierno les pertenece, y no dejarán que la izquierda use los resortes democráticos y constitucionales con impunidad.

El gobierno de ‘perdedores’

La propuesta de Podemos de formar un gobierno de coalición con el PSOE e IU volvió a poner de manifiesto que a la derecha la democracia le estorba. El resultado electoral se antepone a sus intereses de clase y vuelve a poner en marcha la tramoya. Así que este, sólo porque no es el suyo, será un gobierno de perdedores. Un gobierno revanchista. Asumiendo la derecha con ello que hay una afrenta de la que vengarse.

Francisco Rodríguez Adrados alertaba en una tribuna del diario La Razón la pasada semana de lo que supondría que en España gobernara “la extrema izquierda socialista” con los “separatistas” y los “utopismos rampantes”. El catedrático de la RAE ponía de manifiesto los peligros de un Frente Popular como el de 1936 de Largo Caballero, que acabó con la Guerra Civil. Rodríguez Adrados continuaba diciendo que “los utopismos y los independentismos deberían desaparecer, son simplemente nocivos”. Lo que deja claro el articulista es lo que ya ha enseñado la historia, que la derecha sólo confía en la democracia cuando ésta le sirve para lograr sus resultados.

No es casual la apelación del autor del texto al Frente Popular, porque la derecha combatió ese gobierno democrático con un golpe de Estado y una Guerra Civil. Por eso la solución que se propone desde la tribuna de La Razón es la desaparición de los utopismos (Podemos) e independentismos. Porque eliminar lo que no aceptan es la única manera de acabar con sus impulsos.

No es que las cosas hayan cambiado mucho, o que la irrupción de Podemos o el independentismo hayan añadido un temor mayor en la derecha y que ésta, de verdad, crea que ahora corre riesgo este sistema. Es la recurrencia de sus instintos cuando se van a la oposición. El mismo Rodríguez Adrados escribió en el año 2005 el mismo artículo, y en los mismos términos. Se llamaba España 1931 – 2005, y también comparaba el gobierno de Zapatero con el de Largo Caballero. Las únicas similitudes entre el gobierno del último presidente socialista y el posible de Podemos-PSOE-IU es que no gobierna la derecha. Por eso claman ante una posible involución de sus valores que acaben en una confrontación civil. La derecha poniendo la bota en la cabeza de la izquierda.

En 2005, Adrados escribió: “Zapatero y los suyos han construido un grupo como aquel de la segunda República, en el que se aliaron los socialistas de Largo Caballero, los comunistas, anarquistas y separatistas. Cómo acabó, ya lo sabemos”.

En 2016, el catedrático ha publicado lo siguiente: “La unión de todos los partidos de la izquierda, que con insistencia pide ahora Pedro Sánchez, jefe por el momento del PSOE, viene a equivaler más a menos a aquello: partir en dos las fuerzas políticas de todo el país, como entonces sucedió. Equivalió al aumento de la agresividad, y con un aumento de la misma, se llegó, al final, a la guerra

El discurso cada vez que gobierna la izquierda, o al menos lo intenta, es el mismo. Prevenir a los ciudadanos de lo que son capaces de hacer si no votan bien. Jamás se establece que cuando gobierna el PP con mayoría absoluta también se parte España en dos mitades. Jamás se establece que cuando la izquierda gobierna aumenta la agresividad porque la derecha no acepta los resultados democráticos y comienza una escalada de tensión desde todos los lugares y con todos los actores disponibles para volver a establecer el orden natural de las cosas. La derecha en el poder, el poder en la derecha.

Emilio Romero en su artículo de 1981, que no era más que la clave para la entrada en el Congreso de los guardias civiles días después, evidenció esta característica genética de la derecha patria de manera magistral. En su pomposo texto narraba lo que se cocía en las tertulias de Madrid. Las quejas y atribulaciones que provocaba en la carcunda la deriva intolerable de la política española y el inaceptable continuismo democrático. Porque la democracia para la derecha es provisional y la dictadura era una contingencia histórica. Y que gobierne quien dios manda.

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Arde la caverna

15 febrero, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

“El aborto tiene algo que ver con ETA, pero no demasiado” (Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior)

Sin miramientos, sin reparar en cuestiones banales como la ética, por ejemplo, sin pausa y con prisa, la derecha más reaccionaria y combativa de este país ataca enardecida a todo lo que se mueve en la izquierda.

Cierta gente, seguramente influida por los bolivarianos radicales, pregunta en qué consiste la radicalidad de los radicales, porque pretender que los ricos paguen impuestos igual que todo el mundo, ¿no es acaso un extremismo inaceptable? O luchar contra la evasión fiscal.

Pero, ¿a dónde vamos a parar? ¿No saben que, si toleramos eso, los inversores se van? Si eso no es radicalismo, que venga Marcelo y lo vea. Y lo que es peor, algunos extremistas- no todos por cierto- hablan de democracia participativa. De que la gente decida directamente. Pero bueno… les das la mano de la democracia parlamentaria (por cierto, con representantes bien vestidos y no con estos desarrapados que parecen que van a la feria) y se toman el brazo de la democracia real. Soviets, eso es lo que pretenden, como bien dijo la lideresa, cuando tenía más tiempo y no estaba enredada -ella también- en los vericuetos de la corrupción aislada.

A ver qué leemos, que el horno no está para bollos

Quisiera terminar con algo que no es ninguna broma. En algunos medios salió que la policía había requisado a los titiriteros absurdamente encarcelados un libro anarquista. Y lo exhibían como prueba irrefutable de su maldad. Yo quisiera saber qué libros se pueden tener y cuáles no para ir quemando algunos… Por las dudas.

España es una canción de Raphael

10 noviembre, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

España es la balada triste de trompeta de un corazón desesperado que como Raphael grita ay, un país que se refugia en el Zara o el Primark para olvidar la tristeza y el mal y las penas del mundo en la noche sin rumbo…

España es una canción de Raphael. Una balada triste de trompeta por un país con un desempleo del 23% que se ha convertido en líder de paro juvenil europeo y segundo en tasa de paro global, temporalidad, desigualdad, pobreza infantil y riesgo de exclusión social. Hay casi dos millones y medio de parados que llevan más de 2 años sin trabajar, muchos de los cuales han dejado de ser población activa porque ya ni buscan trabajo. Tenemos 350.000 empleos fijos menos y 152.000 temporales más que cuando llegó el PP al gobierno. El español ha perdido un 25% de su salario desde que empezó la crisis, unos 2000 euros según Eurostat. Los desahucios siguen en las cifras de años anteriores. España es la balada triste de trompeta de un corazón desesperado que como Raphael grita ay.

Digan lo que digan, digan lo que digan los tozudos, irrebatibles datos, sin embargo, Rajoy se empeña en querer hacernos creer lo contrario. Después de cuatro años escondido en el plasma, ha decidido salir a hacer campaña por platós, estudios de radio y comparecencias en las que ignora a la población que sufre, rehúye hablar de lo malo cuando le preguntan y repite el mantra de la recuperación como un Goebbles que piensa que la mentira repetida mil veces acaba convirtiéndose en verdad. Digan lo que digan los demás, él va por la vida cantando como Raphael que más dicha que dolor hay en el mundo y mucho más azul que nubes negras y mucha más la luz que la oscuridad.

Y como un cantante va de gira por España inaugurando más pantanos que el caudillo, un tren con el sistema de frenos en pruebas y hasta carreteras sin terminar. Inaugura sin freno y miente hasta cuando inaugura. Es un Escándalo. La última inauguración ha sido una Oficina Anticorrupción sin personal que no estará activa hasta el año que viene. Cuatro años escondiendo y destruyendo la basura y ahora nos presenta cuatro sillas vacías. Lo que sí entrará en vigor este año es la ley de punto final a la corrupción que obliga a los jueces a terminar las causas en un máximo de 18 meses, sin tiempo ni medios para hacerlo. Pero al presidente no le importa que murmuren y que su nombre censuren por todita la ciudad.

Vive su vida, es como es, no hay quien le pare por donde va. Ni a él ni a Aznar, otro que tal. El de las Azores no ha querido pedir perdón por la guerra de Irak como ha hecho Toni Blair. El ex presidente británico se ha disculpado mintiendo de nuevo y diciendo que les informaron mal. El nuestro ni eso. Ha vuelto a decir que España salió ganando al entrar en la guerra de Irak. Hay que ser muy miserable para decir eso en un país que sufrió el 11M por entrar en aquella invasión ilegal en la que murieron soldados españoles y más de un millón de iraquíes han perdido la vida en un país destrozado del que ha salido el Estado Islámico. Aznar también canta a Raphael: Yo soy aquel que cada noche te persigue.

Y Esperanza Aguirre es aquella. La lideresa también nos persigue y dice que no estuvimos en la guerra de Irak, sólo en misión de paz, y que no es un crimen hacerse una foto en las Azores. La foto no es un crimen pero quienes aparecen en ella deberían ser juzgados por sus crímenes. Sin embargo, se les aplaude. Como se aplaude al dueño de Zara, Amancio Ortega, por haber sido durante unas horas el hombre más rico del mundo, ahora el segundo, según la lista Forbes. Qué sabe nadie en este país de las denuncias que tiene por explotación infantil y laboral en países pobres y por contratos basura o despidos masivos e improcedentes en nuestro país.

Qué sabe nadie en España de los pobres que han hecho a Ortega uno de los empresarios más ricos del planeta. Para ser inmensamente millonario tienes que aprovecharte inmensamente de la mano de obra que luego tendrá que comprar tu ropa barata porque es la única que se puede permitir. Explotados comprando ropa hecha por explotados. El resultado de la reforma laboral ya no hay que buscarla en la cola del paro sino en la cola de Primark. Ayer la cola de las bragas a 1 euro chocaba con la de los fans enloquecidos de Justin Bieber. Fue su gran noche en España, un país que se refugia en el centro comercial, donde suena la música de un cantante-producto, para olvidar la tristeza y el mal y las penas del mundo en la noche sin rumbo…