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Cuando la República dijo sí a la abolición de la prostitución

29 enero, 2019

Fuente: http://www.publico.es

1932 fue el año en el que el debate sobre la prostitución llegó al Congreso, con un discurso ejemplar de Clara Campoamor. Hasta 1935 no se aprobaría por decreto el abolicionismo, como una forma de garantizar la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, para muchos sectores, fue una resolución poco ambiciosa.

Amparo Poch y Gascón.

Amparo Poch y Gascón, una de las tres fundadoras de Mujeres Libres.

“Queda suprimida la reglamentación de la prostitución, el ejercicio de la cual no se reconoce en España a partir de este Decreto como medio lícito de vida”. Este fue el artículo 1 del decreto del 23 de junio de 1935. Muchas son las personas que hoy día se declaran republicanas pero regulacionistas de la prostitución, cuando justo la República Española fue la que se declaró, por decreto, abolicionista.

Las circunstancias sociales de entonces no son las de ahora, marcadas por la dificultad de controlar las enfermedades venéreas de forma eficaz. Pero, para llegar a la fecha de ese decreto, antes varias mujeres reflexionaron sobre la prostitución, en un marco idéntico al que el propio feminismo desarrolló desde el comienzo de su historia.

Un punto de partida

“La prostitución es para la mujer el más horrible de todos los males”, decía Concepción Arenal en La Mujer del Porvenir, institución a la que también califica como lepra. Se queja del trato que recibían estas mujeres, entre otras cuestiones. “Nunca me conmueve tan tristemente mi ánimo como al entrar en un hospital de mujeres donde se curan las enfermedades consecuencia de la prostitución. Allí las enfermas no suelen quejarse, saben que a nadie inspiran lástima y procuran sofocar el dolor físico lo mismo que el dolor moral”, matiza en la misma obra.

Emilia Pardo Bazán ya reflexionaba en una conferencia en 1899, que las mujeres se veían arrastradas al “matrimonio, al servicio doméstico, a la mendicidad y a la prostitución”, como únicas salidas posibles. Nadie como ella explicó en cuentos y discursos las violencias contra las mujeres, como se relata en el libro El encaje Roto (Contraseña). Años más tarde, en 1904, Consuelo Álvarez Pool, que firmaba como “Violeta” en la prensa, escribió un texto titulado “Del matrimonio” donde denunciaba la misma situación: “¡Cuántas mujeres se ven en el duro trance, en la cruel alternativa de casarse con el primero que llega… o prostituirse! Entonces la elección no es dudosa: se casan y hasta creen amar a su marido porque en él ven la tabla salvadora a que asirse en el naufragio de su pobreza”.

En 1918, salía publicado el libro La condición social de la mujer en España, de Margarita Nelken, quien se preguntaba de dónde venían las prostitutas y marcaban que las de alta categoría procedían de la clase media cuya educación no se había “preocupado de proporcionarles un medio de vida y que el día que necesitan bastarse a sí mismas se lanzan o caen poco a poco en la prostitución”. Las más pobres, indicaba, venían del campo a la capital y denuncia que caían “fácilmente seducidas por fantásticos espejuelos”. Es aquí donde hace una crítica de clase a aquellos “señoritos” que abusan sexualmente de sus sirvientas y que, con un hijo a su cargo, tenían que buscarse la vida. Pero también lanza críticas hacia la religión.

“España es quizás, hoy día, el único país en donde no se hace nada por impedir que las prostitutas lleguen a su triste condición y en donde al mismo tiempo se quiera corregir la prostitución con castigos, que no otra cosa es la reclusión forzada en un convento”. Y, ante todo, en su discurso dejaba claro que era un problema de Estado. “Dios sabe todavía hasta cuando la prostitución española seguirá siendo una vergüenza, no para las prostitutas, sino para todo el país socialmente culpable y responsable”.

En 1921, una manifestación feminista, encabezada por Carmen de Burgos llega al Congreso. Entregan a su Presidente un documento con la petición de derechos para la mujer, desde el derecho al voto, a la igualdad respecto al hombre en el Código Penal. El artículo 9 de ese documento es tajante: “Que desaparezca, en virtud de una ley, la prostitución reglamentada y que se persiga”.

Camino hacia la abolición: el discurso de Clara Campoamor

Todo este pensamiento se reforzó durante la II República Española. Escobedo remarca en un estudio que el regulacionismo había sido alimentado por la ideología burguesa, para quienes la prostitución era un “mal necesario”. Rivas Arjona señala en una investigación que la lenta penetración del modelo abolicionista se produjo, por un lado, por la tradición regulacionista y por otro, por los beneficios que “determinadas instituciones” recibían. Sin duda, no se hubiese producido sin el marco de la lucha abolicionista desarrollada de Josephine Butler en Inglaterra, que atravesó fronteras de toda Europa y entró en nuestro país a través de los protestantes, los masones y las propias ideas republicanas, según apunta Rivas Arjona. De hecho, la propia República encabeza también una reforma sexual alejada de la religión.

Los diarios de sesiones del Congreso bien reflejan el debate que llevó hacia la abolición de la prostitución. El día 12 de enero de 1932, Rico Avello, de la Agrupación al Servicio de la República, decía a la Cámara que la “prostitución reglamentada es absolutamente incompatible con la dignidad humana” y defendía que no cabía en esta materia otra postura que no fuera la “pura y simple de la teoría abolicionista”. Tres días después, el diputado Carlos Martínez y Martínezexpresó que la abolición debía ir acompañada de una nueva educación, y demandó ofrecer al pueblo “una noción nueva, clara y valiente de qué es la sexualidad”. Además, apuntó la que prostitución estaba asociada a la pobreza y que debía implantarse una “libertad económica que permitirá a la mujer desenvolverse”.

Ese mismo día, Clara Campoamor, diputada del Partido Radical, explicó de forma tajante ante la cámara que “la ley no puede reglamentar un vicio”. Habló sobre la vergüenza de que el Estado perpetúe esta situación, a la que definía de una “quiebra para la ética”. Pero en su discurso, la diputada fue más allá y expuso el contexto de que España estaba representada en la Sociedad de Naciones de Ginebra y que existía una comisión de protección a la mujer y contra la trata para la desaparición de lo que, por entonces, denominaban “trata de blancas”. Sobre ello, Campoamor dejaba claro que “las casas de prostitución reglamentadas, autorizadas por el Estado, percibiendo directa o indirectamente de ellas tributos el Estado-tributos, de una corrupción, de un vicio, son los centros de contratación de la trata de blancas, en donde se pueden albergar fácilmente todas las mujeres, que un vividor, delincuente de oficio, traspasa de ciudad en ciudad y lleva de mercado en mercado”.

El discurso de la diputada continuó con la demanda de que el Estado se declarase de una vez abolicionista. En aquel momento, además, las víctimas de la prostitución eran, en mayoría, mujeres menores. A esa edad les estaba prohibido firmar un contrato o adquirir un préstamo pero “no le rindan protección alguna cuando se trata de la libertad de tratar su cuerpo como una mercancía”, denunciaba la diputada. Para terminar, Campoamor afirma que de permitirse la prostitución, el Estado permitiría un vicio y apuntaba las que, para ella, son las dos consecuencias más graves: “la posibilidad de la degradación de un enorme número de mujeres y la posibilidad de la degradación de un enorme número de hombres, a quienes las leyes les dicen que puedan acercarse a una mujer sin amor, sin simpatía, sin siquiera un gesto cordial de estimación”.

Días más tarde, el 26 de enero, el diputado de Acción Republicana, Sánchez Covisa recuperó el discurso y calificó a la prostitución de un estigma, vergüenza, y un “incumplimiento del precepto constitucional, que hace iguales los dos sexos, puesto que no puede aplicarse a la mujer una ley de excepción”. Meses después, se organizó la ‘Semana abolicionista‘ en un intento de acercar esta postura a la sociedad, donde se contaría con la presencia de Campoamor.

Hasta tres años después, no se declaró el Estado como abolicionista en un decreto del 28 de junio del Ministerio de Trabajo, Sanidad y Previsión, con la justificación de que el Gobierno quiere sumarse al abolicionismo “que impera desde hace años en los países más avanzados desde el punto de vista sanitario”. Entre sus artículos, además del reconocimiento del principio de igualdad entre el hombre y la mujer, también se prohibía “toda clase de publicidad que de manera más o menos encubierta tendiera a favorecer el comercio sexual”.

Las ‘Mujeres Libres’

No obstante, como puntualiza Escobedo en una de sus investigaciones, surgieron críticas frente a esta aprobación por mantener algunas normas reglamentaristas, como que las autoridades sanitarias vigilar a las prostitutas por la transmisión de enfermedades venéreas. Se esperaba un decreto aún más ambicioso en el sentido abolicionista, aunque la sociedad de la época tampoco dejaba mucho margen de maniobra, junto a todas las reformas que la República estaba realizando.

Mientras aquello ocurría en las paredes del Congreso, Amparo Poch y Gascón, una de las tres fundadoras de Mujeres Libres, escribía en “La Vida sexual de la mujer”, en 1932, cómo la prostitución ponía también en riesgo a las mujeres que vivían con sus parejas. Para ella, la prostitución o el alcoholismo formaban parte de lo que consideraba como “higiene matrimonial”.

La formación feminista anarcosindicalista creó lo liberatorios de prostitución, “no como solución, sino con un fin paliativo”. En ellos se centraban en la investigación y tratamiento médico-psiquiátrica, la curación psicológica y ética, orientación y capacitación profesional, ayuda moral y material en el momento que les fuera necesario, aún después de haberse independizado de los libertarios.

En el número 9 de la revista que editaban estas mujeres, se dedicó un espacio al “problema sexual y la revolución” y lanzaban a sus lectoras la siguiente pregunta: “¿quién puede negar que la esclavitud sexual de la mujer no ha sido en principio y a través de los siglos una consecuencia del problema económico?”. Inciden en que justo la guerra había agudizado el problema económico de la mujer que, sin trabajo, se veía obligada a la prostitución sin otra alternativa. Por ello, intentaba desde aquellas páginas concienciar a los camaradas de que “si de veras queremos la Revolución social, no olvidemos que su principio primero está en la igualdad económica y política, no solo de las clases, sino de los sexos” y que “el problema sexual es una problema económico-político a la vez”, que si no se producía en conjunto con la Revolución, “la dejaría manca, declarando utópicas todas las ansias de liberación de la Humanidad”.

Unos números después, también retoman el tema en la revista y señalan que la reglamentación supone la creación de unos impuestos para el Estado, y que la erradicación de la prostitución va más allá de leyes para adentrarse en la propia mentalidad de la sociedad. Y repiten, sin cesar, que la mujer “ha de ser económicamente libre”. Por eso, detallan que solo la libertad vendrá a través de una “igualdad de salarios, una igualdad de sueldos, una igualdad de acceso a los medios trabajadores de todas clases, (…) porque todas las acciones en favor de la familia, de ese ficticio color hogareño, mantienen a la mujer en su posición de siempre: alejada de la producción y sin derecho alguno”.

En los últimos números de la revista, en septiembre de 1936, señalaban que “la empresa más urgente a realizar en la nueva estructura social es la de suprimir la prostitución. Antes que ocuparnos de la economía o de la enseñanza, desde ahora mismo, en plena lucha antifascista aún tenemos que acabar radicalmente con esta degradación social. No podemos pensar en la producción, en el trabajo, en ninguna clase de justicia, mientras quede en pie la mayor de las esclavitudes: la que incapacita para todo vivir digno”. Para ello querían capacitar a las ex prostitutas para ser mujeres libres y conscientes, ofreciendo ayuda moral y material.

Montseny, ministra de Sanidad y Bienestar Social en 1937, señaló que más allá de ley, la prostitución solo quedaría abolida cuando “las relaciones sexuales se liberalicen, la moral cristiana y burguesa se transforme, las mujeres tengan profesiones y oportunidades sociales de asegurarse el sustento, la sociedad se establezca de forma que nadie quede excluido, cuando la sociedad pueda organizarse para asegurar la vida y los derechos de todos los seres humanos”.

Todas estas intenciones y el espíritu abolicionista de la República, quedaron bajo tierra tras el golpe de Estado y la victoria del franquismo, que regresó al reglamentarismo por decreto el 27 de marzo de 1941. A partir de entonces, la prostitución aumentó, junto al estigma, la criminalización y la persecución de las prostitutas.

La cultura que escapó del franquismo por los Pirineos y sirvió de refugio a los exiliados

16 noviembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El último verso de Antonio Machado no fue hallado en ningún poemario, sino en el bolsillo de un desgastado abrigo que le ayudó a soportar el paso por los Pirineos dirección Colliure, una pequeña comuna situada al sur de Francia. “Estos días azules y este sol de la infancia”, escribió el miembro más joven de la Generación del 98. Como él, muchos otros cruzaron la frontera para escapar del horror. Algunos consiguieron dejarlo atrás. Otros, como el poeta sevillano, no tuvieron tanta suerte.

Los caminos de cientos de españoles se bifurcaron en mil exilios, siendo la ciudad de Toulouse uno de los destinos más habituales. Esta no solo fue utilizada como refugio, sino como enclave para organizar y crear asociaciones de una resistencia que encontró en el papel impreso su particular arma. Los principales protagonistas fueron los anarquistas, pero no solo ellos se encargaron de dejar una profunda huella cultural que todavía hoy sigue muy presente en la localidad gala.

En 2019 se cumplen 80 años desde que Francisco Franco declaró su victoria e impuso una dictadura en la que todo contrario al régimen era perseguido y encarcelado en el mejor de los casos. Precisamente por ello, la muestra  Imprentas de la patria perdida disponible en el Instituto Cervantes de Madrid hasta el uno de febrero propone un recorrido por todo el legado intelectual de exilio español a través de libros, revistas, postales y fotografías procedentes de Toulouse.

“Cada cual tiene su historia sentimental con esta exposición, y cada cual encontrará un detalle que le inquiete. Emociona ver cómo aquellos españoles maltratados se levantaron y luego se unieron a la Resistencia para liberar a París de los nazis”, explica Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, durante la presentación de exhibición. El poeta, además, admitió sentirse “especialmente orgulloso” de este muestrario, ya que “explica de qué forma la cultura y el pensamiento se relacionan con el exilio español”.

Sin embargo, quien mejor conoce el esfuerzo tras la colección es Javier Campillo, bibliotecario del Instituto Cervantes de Toulouse y, por tanto, responsable de la recogida y documentación de todas las obras. Porque, como él mismo detalla, “esta es una historia que nace a partir de donaciones de diferentes generaciones que han facilitado al Instituto Cervantes confiando en su trabajo y en el de los investigadores”. ¿El objetivo? Recuperar el legado de personas que, como recalca Campillo, “encontraron en la cultura el consuelo para su lucha”.

De esta manera, Imprentas de la patria perdida propone un recorrido a través de 12 etapas: desde las circunstancias geográficas e históricas que convirtieron a Toulouse en la “capital del exilio” española hasta poemarios nacidos como refugio para la desesperación.

La obra reproduce la ilustración de portada del ilustrador de la CNT Toni Vidal. En su interior se recogen textos de canciones revolucionarias con indicaciones de las melodías que debían acompañarlas: 'Marsellesa anarquista', 'La alegría de la huerta', 'Nabucco'...
La obra reproduce la ilustración de portada del ilustrador de la CNT Toni Vidal. En su interior se recogen textos de canciones revolucionarias con indicaciones de las melodías que debían acompañarlas: ‘Marsellesa anarquista’, ‘La alegría de la huerta’, ‘Nabucco’… ‘TIERRA Y LIBERTAD’ (1947)

Era casi imposible sobreponerse al fortuito destierro, pero no intentar combatirlo desde la distancia a base de palabras que reflejaban el rencor de la derrota, la nostalgia de la patria o incluso la esperanza del regreso. Muestra de ello fue la escritora y dirigente anarquista Federica Montseny, de quien se encuentran expuestos la mayoría de los títulos. “Gran parte de esta explosión literaria fue causada por Montseny, que nació en una familia dedicada al periodismo y a la edición”. Fue, asimismo, ministra durante la Segunda República, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar un cargo de estas características.

La retirada a través de alambradas

En el punto álgido de 1939, Toulouse albergaba a más de 20.000 españoles cuando su población era de 200.000. Los testimonios, por tanto, irían en consonancia con el sentimiento general de indignación y desamparo. Las alambradas, la arena, el viento y el frío se convirtieron en protagonistas. Así lo demuestra Padre Nuestro, un poema escrito por Juan de Pena, dirigido a un Don Quijote erigido como patrón laico de los exiliados.

Es quizá esta parte, la de la retirada, la más cruda de la muestra. “El río humano continuaba desbordándose sobre Francia. Nada había previsto ni preparado para ellos”, escribió Federica Montseny en Pasión y muerte de los españoles en Francia. Esta huida supuso el desmoronamiento total de la república y de su presidente, Manuel Azaña, que presentó su dimisión el 27 de febrero de 1939.

Refugiados españoles en la estación de Toulouse en febrero de 1939
Refugiados españoles en la estación de Toulouse en febrero de 1939 GERMAINE CHAUMEL | ARCHIVOS MUNICIPALES DE TOULOUSE

Los protagonistas de la catástrofe deambularon hacia la frontera, soportando el trato recibido por las autoridades francesas y el internamiento masivo en campos de concentración improvisados. La desesperanza era todavía más cruel si cabe que la derrota. Mateo Santos, F. Contreras o la ya mencionada Montseny, todos presentes en la exposición, son testigos en primera persona de la crudeza del momento.

La libertad sexual y otros temas actuales

Para muchos el destierro no llevó a una mejor vida, sino a al trabajo forzado y al aislamiento. Sin embargo, todo cambiaría a partir de agosto de 1944 con la liberación de Francia. La victoria trajo el optimismo y, con ello, un gran auge de publicaciones culturales que lleva a recuperar referentes culturales como Lorca, Machado o Unamuno. También de hacer balance, de recordar a los caídos y de mirar hacia un posible futuro alejado del fascismo.

De izquierda a derecha: Julio R. Barcos (1883-1960) ‘Libertad sexual de las mujeres’ (1948); Federica Montseny (1905-1994). ‘La soif infinie’. Toulouse, CNT; Federica Montseny (1905-1994). ‘Cien días de la vida de una mujer: jaque a Franco’ (1949)
De izquierda a derecha: Julio R. Barcos (1883-1960) ‘Libertad sexual de las mujeres’ (1948); Federica Montseny (1905-1994). ‘La soif infinie’. Toulouse, CNT; Federica Montseny (1905-1994). ‘Cien días de la vida de una mujer: jaque a Franco’ (1949)

“Me llamó mucho la atención la modernidad de ciertos temas, de género, de transmisión sexual, de cómo cuidar a nuestros hijos… Era la inquietud intelectual de gente que no tenía nada”, dice sorprendido Javier Campillo.

De hecho, se pueden apreciar publicaciones recuperadas por los exiliados como Las enfermedades y sus remedios (1948), de Oscar Lavilleneuve; o Libertad sexual de las mujeres (1948), de Julio R. Barcos, un activista libertario argentino luchador por los derechos de los niños y las mujeres. En esta obra, advertía de la represión histórica sobre las mujeres y llamaba a incrementar su participación en la vida social y política.

No obstante, la finalización de la Segunda Guerra Mundial no trajo consigo la clausura del franquismo. El régimen dictatorial resistió, y no solo eso: el nuevo contexto de la Guerra fría hizo que los países occidentales lo aceptaran. A partir de entonces, pocos creyeron en un retorno que, como demuestra su próximo 80º aniversario, aún continúa en proceso de curación.

Vista general del interior de un barracón, campo de Bram.
Vista general del interior de un barracón, campo de Bram. AGUSTÍ CENTELLES | CENTRO DOCUMENTAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA, ARCHIVO CENTELLES

El legado del anarquismo

2 febrero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, sucedió un hecho trascendental e irrepetible: anarquistas entraron en el Gobierno de una nación.

La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.
La CNT en el Gobierno de la República. De izquierda a derecha, los ministros Bernardo Giner de los Ríos del partido Unión Republicana y Federica Montseny y Juan García Oliver de la FAI.

El 4 de noviembre de 1936, hace ahora 80 años, cuatro dirigentes de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) —Federica Montseny, Juan García Oliver, Joan Peiró y Juan López— entraron en el nuevo Gobierno de la República en guerra presidido por el socialista Francisco Largo Caballero. Era un “hecho trascendental”, como afirmaba ese mismo día Solidaridad Obrera, el principal órgano de expresión libertario, porque los anarquistas nunca habían confiado en los poderes de la acción gubernamental, su objetivo siempre había sido abolir el Estado, con su prédica del antipoliticismo y de la acción directa, y porque era la primera vez que eso ocurría en la historia mundial. Anarquistas en el Gobierno de una nación: un hecho trascendental e irrepetible.

Desde que Giuseppe Fanelli llegó a España en noviembre de 1868 hasta el exilio de miles de militantes en los primeros meses de 1939, el movimiento anarquista protagonizó una frenética actividad propagandística, cultural y educativa; de huelgas e insurrecciones; de terrorismo y de violencia; de revoluciones abortadas y sueños igualitarios.

El anarquismo arrastró tras su bandera roja y negra a sectores populares diversos y muy amplios. Arraigó con fuerza en sitios tan dispares como la Cataluña industrial, en donde además, hasta la Guerra Civil, nunca había podido abrirse paso el socialismo organizado, y la Andalucía campesina. Si se convirtió tras la Primera Guerra Mundial, de forma extraordinaria, en un movimiento de masas —el único país de Europa en que eso sucedió— fue porque supo construir toda un red cultural alternativa, proletaria y campesina, de “base colectiva”. Pero como en ese recorrido le acompañó a menudo la violencia, su leyenda de honradez, sacrificio y combate, cultivada durante décadas por sus seguidores, fue siempre cuestionada por sus enemigos, a derecha e izquierda, que resaltaron la afición de los anarquistas a arrojar la bomba y empuñar el revolver.

Acabada la guerra, las cárceles, las ejecuciones y el exilio metieron al anarquismo en un túnel del que no volvería a salir. Mas no fueron solo la larga dictadura y la represión las que se lo tragaron y le impidieron volver, renacer tras la muerte de Franco, para convertirse ya un movimiento residual durante la consolidación de la democracia. España experimentó desde la década de los sesenta cambios económicos importantes, con un notable impacto en la sociedad. La distancia existente entre 1939 y los primeros años de la transición parecía insalvable.

Había emergido una nueva cultura política y sindical. Se había impuesto la negociación como forma de institucionalizar los conflictos. Nuevos movimientos sociales y nuevos protagonistas habían sustituido a los de clase, a los de esa clase obrera a la que se le asignaba la misión histórica de transformar la sociedad. El proletariado rural había descendido considerablemente y ya no protagonizaba huelgas. El analfabetismo se había reducido de forma drástica y ya no era, como se declaraba en el Congreso de la CNT de 1931, esa “lacra (…) que tiene hundido al pueblo en la mayor de las infamias”.

Los factores ambientales y culturales que habían permitido en épocas anteriores la apelación a mitos ancestrales y mesiánicos, eso que Gerald Brenan llamaba la “religiosidad al revés”, fáciles de reconocer en el anarquismo pero también en otros movimientos obreros de tipo marxista, eran ya historia. Aquel Estado débil, que había posibilitado la ilusión y el sueño de que las revoluciones dependían solo de las intenciones revolucionarias de obreros y campesinos, se había mudado en uno más fuerte, eficaz e intervencionista. El consumo hacía milagros: permitía al capital extenderse y a los obreros mejorar su nivel de vida. Sin el antipoliticismo, y con obreros que abandonaban el radicalismo ante la perspectiva de mejoras tangibles e inmediatas, que preferían el coche y la nevera al altruismo y al sacrificio por la causa, el anarquismo flaqueaba, dejaba de existir.

Pero, pese a que hoy el anarquismo sea solo historia, muy denigrada por otras ideologías y partidos parlamentarios, no hay ninguna duda de la validez y actualidad de algunos de sus planteamientos, como su crítica al Estado, al poder político y a las imágenes distorsionadas que siempre se transmiten desde arriba sobre el desorden y el espontaneísmo. Los anarquistas siempre pensaron que el Estado no podía hacer iguales a las personas y no parece que estuvieran muy equivocados, si vemos los resultados del comunismo en la Unión Soviética y en otros países. Nunca intentaron poner en marcha vastos proyectos de ingeniería social, como hicieron el comunismo y el fascismo, con las consecuencias que también conocemos. No fue la historia del anarquismo un lecho de rosas, pero hubo en ella algo más que bombas y pistolas.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y Visiting Professor de la Central European University de Budapest.

Las conquistas del anarquismo combaten su leyenda negra

30 agosto, 2016

Fuente: http://www.publico.es

Frente a la criminalización actual que sufre, los anarquistas consiguieron desarrollar el movimiento obrero en España, una educación sin clases y sin distinción de género, abanderar la lucha por la emancipación de la mujer y una amplia producción cultural. La primera ministra de la historia de España, Federica Montseny, era anarquista y legisló la interrupción voluntaria del embarazo.

Frederica Montseny al míting de la CNT a Montjuïc el juliol de 1977.

Frederica Montseny en el mítin de la CNT a Montjuïc el juliol de 1977.

MADRID.- Hubo un tiempo en el que el anarquismo era top en España. La CNT tenía un millón de afiliados, sus tesis pedagógicas eran la vanguardia europea (Escuela Moderna y Ateneos libertarios), sus postulados sobre la emancipación de la mujer abanderan el movimiento feminista e, incluso, una mujer anarquista, Federica Montseny, se convirtió en la primera fémina en ocupar un ministerio de un Gobierno español (Octubre de 1936). Eran otros tiempos. Era otra sociedad. Prácticamente, era otro mundo. El sueño libertario de una sociedad sin clases parecía alcanzable. A la vuelta de la esquina.

Tan alcanzable que en los primeros meses de la Guerra Civil, Barcelona fue tomada por los anarquistas. George Orwell, autor de 1984, describía en Homenaje a Cataluña la Barcelona de 1936: “Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos con banderas rojas o con la bandera roja y negra de los anarquistas”. 

Eran otros tiempos. Era otra sociedad. Prácticamente, era otro mundo. El sueño libertario de una sociedad sin clases parecía alcanzable

Sin duda, eran otros tiempos. Era la edad de oro del anarquismo en España. La situación actual difiere radicalmente. Rara vez aparece la palabra anarquista en un titular sin ir asociada a una detención por presunto terrorismo y a la criminalización de la ideología .

Prueba de ello es esa Biblia del siglo XXI, llamada Google, que establece el término “detenido”como segunda búsqueda más común asociada a anarquistas. De hecho, el año pasado asistimos a varias operaciones policiales desarrolladas contra grupos anarquistas acusados de pertenencia a “organización terrorista de tipo insurreccionista-anarquista” cuyo fin “era el de subvertir el orden público y alterar gravemente la paz”.

La última oportunidad para desacreditar, criminalizar y tratar de borrar del mapa a la ideología anarquista ha sido la detención y encarcelamiento de los dos titiriteros que representaron la obra La Bruja y Don Cristóbal, de claro mensaje libertario, en el Carnaval de Madrid. El hecho de que uno de los autores de la obra sea afiliado de la CNT y que el mensaje del espectáculo fuera claramente libertario ha sido aprovechado para una nueva ofensiva criminalizadora. Algunos medios de la ultraderecha, incluso, han llegado a relacionar a los autores de la obra de títeres con “grupos anarquistas y terroristas”.

“Frente a una política parlamentaria corrupta de las élites contraponen una alternativa política fuera del parlamento”

El problema de la criminalización de las ideologías y, en concreto, de la criminalización del anarquismo es que deja atrás, ignorado, arrinconado y con el sello de visto para el olvido todo un legado cultural, político, sindical y social que contribuyó a la emancipación de las clases obreras, de la mujer y que arrancó de las manos de la Iglesia el derecho a educar a los ciudadanos del Estado.

“El anarquismo en España fue un movimiento antipolítico y, sobre todo, antipolítica parlamentaria. Aquí se convierte en un movimiento de masas tras la I Guerra Mundial porque su discurso radical frente a una política parlamentaria corrupta de las élites contraponen una alternativa política fuera del parlamento. Tanto los anarcoindividualistas como los anarcosindicalistas comparten este elemento común: el antipoliticismo“, explica a Público el historiador Julián Casanova, autor, entre otras obras, de Tierra y Libertad. Cien años de anarquismo en España y del ensayo Anarquismo y violencia política en la España del siglo XX. 

Mujeres luchando en la milicia CNT-FAI

Mujeres luchando en la milicia CNT-FAI

El otro elemento común que comparten las diferentes corrientes anarquistas es “la posibilidad de que todo se produzca a través de pactos mutuos de libre elección sin autoridad política jerárquica“, prosigue Casanova, que destaca también el legado que han dejado los anarquistas bajo la fórmula “de críticas al Estado burocrático y tecnocrático que tenemos en la actualidad y del Estado como un mecanismo de coerción“.

La conquista histórica de la jornada de 8 horas por parte de los trabajadores no se hubiese conseguido nunca “sin la movilización de la CNT en las huelgas de los años 1917 y 1918”

Pero si algo ha dejado para las generaciones futuras el movimiento anarquista español del primer tercio del siglo XX fue su lucha por la emancipación obrera y de la mujer, la batalla por una educación de igual a igual fuera de la Iglesia, y un espectacular archivo artístico y cinematográfico gracias, en parte, a la colectivización de la industria cinematográfica de 1936 y a la obsesión de los anarquistas por la producción cultural y la contrainformación. En estos campos destacan nombres propios que con su trabajo cambiaron a España y cuyas contribuciones siguen siendo validas un siglo después. Se trata de sindicalistas como Joan Peiró y Buenaventura Durruti; de Federica Montseny, la primera mujer en ser ministra en España y la segunda de Europa; o Francesc Ferrer i Guàrdia, creador de la Escuela Moderna a principios del siglo XX.

La otrora periodista de El Mundo y hoy diputada por el PSOE, Irene Lozano, autora de la obra Federica Montseny. Una anarquista en el poder escribía en su blog que la conquista histórica de la jornada laboral de ocho horas por parte de los trabajadores no se hubiese conseguido nunca “sin la movilización de la CNT en las huelgas de los años 1917 y 1918”.  “Estos detalles no se pueden olvidar y mucho menos al abordar un fenómeno como el 15M, cuyos métodos deliberativos y de toma de decisiones son tan deudores del anarquismo español”, escribe Irene Lozano, que recuerda que la CNT cambiaba (y aún cambia) su dirección cada año, y también modificaba su ciudad de ubicación, de acuerdo con su carácter descentralizado y no jerárquico, o sea, como esa asociación en red y horizontal de los indignados.

De hecho, la respuesta más común a la pregunta qué nos ha legado el anarquismo de los años 30 a la España de 2016 es, en palabras del histórico anarquista Tomás Ibañez a este periódico, “los modos de debatir, de decidir, y de actuar que están basados en la democracia directa, en la horizontalidad, en el asamblearismo, en el respeto de las minorías, en la no delegación permanente y en la acción directa”.

“El 15-M tuvo, sin duda, importantes connotaciones anarquistas. El hecho de que el único sujeto político legítimo fuese el colectivo ya situaba al movimiento en el corazón de los principios anarquistas”

“El 15-M tuvo, sin duda, importantes connotaciones anarquistas. El mero hecho de que el único sujeto político legítimo en el seno de las plazas fuese el colectivo que las ocupaba y que estaba implicado en la lucha, desautorizando cualquier instancia exterior, ya situaba el movimiento en el corazón de los principios anarquistas”, relata Tomás Ibañez, autor deEl anarquismo en movimiento, que apunta que también la formación catalana CUP tiene “algunas prácticas” que “presentan afinidades con los planteamientos anarquistas, por ejemplo, el asamblearismo, la horizontalidad, cierta propensión a la acción directa y un anticapitalismo radical”. No obstante, Ibañez también señala que “la dimensión nacionalista de la CUP” marca a su entender una “clara incompatibilidad” con el anarquismo.

Imagen de una clase de la Escuela Moderna.- ESCUELA MODERNA

Imagen de una clase de la Escuela Moderna.- ESCUELA MODERNA

Una educación sin deferencia de sexos

No obstante, reducir el legado del anarquismo al asamblearismo del 15M sería poco más que realizar una caricatura de lo que fue este movimiento en el pasado de España. El profesor de Historia en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Pablo Sánchez León, recuerda que los postulados de Francesc Ferrer i Guàrdia con su Escuela Moderna (1901) “están por encima de lo que significa hoy la LOMCE del Partido Popular”.

Montseny, como ministra de Sanidad, reguló la interrupción voluntario del embarazo y estableció ‘liberatorios’ para prostitutas

“Ferrer i Guàrdia arrancó la educación de las manos de la Iglesia. Estableció que hombres y mujeres tenían que estudiar juntos [“que la humanidad masculina y femenina se compenetre, desde la infancia”] sin distinciones de clases sociales. Era un revolucionario. Llevó a cabo una educación libre, racional y laica, integral e igualitaria en 1901″, señala Sánchez León, que recuerda que en 1909, tras la rebelión antimilitarista de Barcelona que pasó a la historia con el nombre de la Semana Trágica, fue fusilado como chivo expiatorio. “Era un peligro público”, resume.

Los anarquistas también desarrollaron una red de Ateneos libertarios. De hecho, uno de los fundadores de la CNT, Anselmo Lorenzo insistía en que lo primero que debían hacer los sindicatos de cada localidad era crear un Ateneo libertario. Estos espacios fueron casi una Universidad popular para la clase obrera de todas las edades, donde fue adquiriendo la educación y la cultura que le había sido negada por el Estado español por su condición social. 

Montseny también quiso acabar con la prostitución y creó los liberatorios, espacios donde las prostitutas entraban y salían libremente

Asimismo, el profesor Julián Casanova destaca que el anarquismo fue la “ideología política más vinculada con el feminismo desde el siglo XIX”. “Defendían un feminismo muy moderno y aunque Federica Montseny nunca se declaró feminista, fue la primera mujer en ocupar un ministerio”. En este sentido, la Catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Málaga, María Dolores Ramos, recuerda que el anarquismo tuvo muy claro desde el principio que la “revolución social no es posible sin la emancipación femenina”, ya que “quedaría privada de su sentido igualitario y coja desde la perspectiva de clase”.

“Montseny llevó a cabo reformas imprescindibles en el terreno higiénico y de salud público, medidas pioneras sobre prevención de la enfermedad, eugenesia, sexualidad, control de la natalidad, destacando el decreto de interrupción voluntario del embarazo. En otro terreno, también quiso acabar con la prostitución y creó los liberatorios, espacios donde las prostitutas entraban y salían libremente, recibían instrucción y tratamiento médico, recuperaban autoestima y eran preparadas para incorporarse a la esfera laboral”, resume María Dolores Ramos, flamante ganadora del premio Meridiana 2016 del Instituto Andaluz de la Mujer “por contribuir a situar a las mujeres en la Historia”.

“Pretenden modificar la relación hombre/mujer y defienden el amor libre, por lo que se situaban en contra del matrimonio y de la familia, a la que consideraban el origen de la opresión”

En la lucha por la emancipación de la mujer fue especialmente importante la organización Mujeres libres, vinculada al sindicato CNT, que llegó a tener cerca de 20.000 afiliadas y que hizo especial hincapié en la preparación de la mujer para el mundo del trabajo ya que la independencia económica era una cuestión vital para la emancipación. “Mujeres libres fue la primera organización a escala mundial en comenzar a plantear que había que terminar con la relación jerárquica que asumían las mujeres dentro de la pareja. Pretenden modificar la relación hombre/mujer y defienden el amor libre, por lo que se situaban en contra del matrimonio y de la familia, a la que consideraban el origen de la opresión”, señala a Público Pilar Arias, miembro de la junta directiva de la Fundación Andreu Nin.

Cartel de la Guerra Civil

Cartel de la Guerra Civil

La violencia de los años 30

Frente a todas estas aportaciones, el anarquismo también tiene un pasado asociado a los magnicidios, al pistolerismo y a la acción directa contra el ‘dominador’. Eran otros tiempos. “Si el anarquismo en España se limitara a la violencia ejercida por algunos anarquistas o a la violencia que desplegaron durante la Guerra no hubiesen pasado a la historia. Hay un tópico y un mito entorno a eso y siempre que se habla de anarquismo se recurre a ello. Pero, evidentemente, la historia del anarquismo es importante porque arraigó en las masas y su importancia radica en lo que aportó al sindicalismo obrero, jornalero y a las luchas por la emancipación”, señala el historiador Julián Casanova.

En el capítulo del terror anarquista es especialmente destacable el documental El honor de las injuriasrealizado por el pintor Carlos García-Alix, que relata la trayectoria de un anarquista español, Felipe Sandoval. “Este hombre es un criminal y un revolucionario. Si me preguntan mi opinión, fue un revolucionario. ¿Si cometió crímenes? Claro que sí. La mayoría por decisiones de su propia organización”, señala García Alix durante el debate Comprender la violencia de nuestros antepasados: la Segunda República y la memoria de su defensa popular celebrado en el Teatro del Barrio.

“Pedirles a esta clase, con esta memoria de represión, de violencia, que cuando el 20 de julio de 1936 se hacen con armas se comporten de una manera cívica y educada es un disparate. Van a ir a ajustar las cuentas”

“La primera huelga general de Madrid se celebra en 1917. Estaba dirigida por el PSOE y UGT para derribar la monarquía. Fue masiva. La organización obrera decide que la manifestación la encabecen mujeres y niños pensando que los soldados del rey no actuarán. Pero lo hicieron. Fue una matanza. Se dio una masacre que fue censurada en la prensa. Cuando se ven algunas imágenes de aquello, se ve otro tipo de violencia: obreros famélicos, analfabetos e ignorantes. Pedirles a esta clase, con esta memoria de represión, de violencia, que cuando el 20 de julio de 1936 se hacen con armas se comporten de una manera cívica y educada es un disparate. Van a ir a ajustar las cuentas. Y así ocurrió. La izquierda tiene que reconocer esto y no abochornarse”, reflexiona el artista Garcia-Alix en el citado encuentro.

Tras la derrota de la Guerra Civil, todo rastro anarquista fue borrado del mapa. Los pocos que sobrevivieron a ‘la limpieza’ fascista se tuvieron que esconder en montes y montañas, desde donde continuaron su lucha contra la dominación franquista e iban siendo eliminados uno a uno por un régimen mucho más fuerte, armado y con más hombres. El exministro Joan Peiró fue capturado a España por la Gestapo y extraditado a España para su ejecución. Juan García Oliver murió en 1980 en el exilio mexicano. Juan López regresó a España en 1967, sin sufrir persecución, y murió en 1970, mientras que Federica Montseny regresó a España en 1977 y continuó con su activismo en pro de la CNT y del anarquismo. Así terminaron los cuatro ministros anarquistas de la II República.

Militantes Anarquistas de la CNT durante la Guerra Civil

Militantes Anarquistas de la CNT durante la Guerra Civil.

Quedan para el recuerdo los multitudinarios mitines de Federica Montseny en San Sebastián de los Reyes en 1977, cuando todavía no estaban legalizadas las organizaciones sindicales, o el que ofreció en Montjuic en el mismo año y cuya fotografía encabeza este artículo. Estos mitines, además del éxito puntual de publicaciones culturales como la revista Ajo blanco hicieron pensar que podía haber un nuevo auge del anarquismo en el país, pero no fui así. Además, el incendio provocado en la sala de fiestas Scala de Barcelona el 15 de enero de 1978, que causó la muerte de cuatro personas, y en el que se intentó inculpar a las organizaciones anarquistas CNT y FAI alejaron a las masas obreras del anarquismo, que volvía a quedar criminalizado..

“Somos herederos y continuadores de lo que fue aquella CNT”

La CNT actual, cuyo secretario general es Martín Paradelo, se reclama “heredera y continuadora” de la tradición anarcosindicalista. Asume la violencia ejercida como “hechos que se dieron en un determinado momento histórico” y saca pecho por las grandes conquistas que los anarquistas trajeron a España. Ahora, dice Paradelo, no se puede pensar como en los años 30 que es posible derrumbar el capitalismo y, por tanto, hay que trabajar “en la resistencia creando redes entre trabajadores y nuevas formas de vida”.“Pensar en una alternativa al capitalismo en Europa es ahora mismo imposible”, dice.

Los anarquistas de hoy día han aprendido que “el valor de las luchas no depende tanto de las promesas que encierran sino que radica en su propio acontecer”

Paradelo explica que la CNT rechaza las elecciones sindicales y considera que “los modelos de representación lo que hacen en realidad es eliminar la capacidad de actuación autónoma de los trabajadores. Asimismo, desde el sindicato apoyan y desarrollan “grupos de consumo alternativos, redes de economía alternativa e intentan poner en desarrollo consejos económicos y consejos de economía alternativa”.

¿Queda algo de aquel anarquismo en la actualidad? La pregunta parece pertinente viendo cómo ha cambiado España y Europa. El histórico dirigente de la CNT Tomás Ibáñez considera que el anarquismo de hoy día tiene “semejanzas notables” pero que también difiere en otros aspectos para poder “entroncar con la realidad social en la que está insertado y luchar contra las formas actuales de la dominación”. Considera que los anarquistas de hoy día han aprendido que “el valor de las luchas no depende tanto de las promesas que encierran sino que radica en su propio acontecer, en sus características substantivas, y en lo que permiten crear en el presente”.

“Lo que el anarquismo contemporáneo deja atrás es, entre otras cosas, un conjunto de ideas heredadas de la Ilustración, tales como la fe inquebrantable en el Progreso y el encumbramiento acrítico de La Razón. Atrás queda también una concepción demasiado simplificadora del poder, unas prácticas de lucha ordenadas en torno a una desaparecida centralidad del trabajo, y un imaginario revolucionario construido en torno a la gran insurrección del trabajo”, dice Ibáñez.

Si esto es lo que deja atrás, el anarquismo lega para el presente y el futuro su lucha por unas condiciones de trabajo dignas, por la socialización de los medios de producción, su tarea alfabetizadora de unas clases obreras depauperadas, su esfuerzo por llevar la cultura a todas las clases sociales y por impulsar el libre pensamiento de la mujer en la búsqueda por superar el patriarcado.