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“Nadie te pone una pistola en la cabeza para obligarte a que te depiles”. Presión social y medios de control social

31 mayo, 2018

Fuente: http://www.jessicafillol.com

Publicado en 

Este artículo es la continuación de una charla de casi dos horas para la Escola d’Arts de El Prat de Llobregat que impartí hace unas semanas sobre géneros, sexos, cuerpos, sexualidades y estereotipos.

La semana pasada hablamos del proceso de socialización encaminado a convertirnos en personas integradas en la sociedad, cómo no solo educa la familia directa y por qué aunque en tu casa te hayan educado en la igualdad, no estás libre de conductas machistas aprendidas, normalizadas e integradas.

Hoy hablaremos de cómo actúa la presión social, y por qué no todos los medios de control social son de tipo coactivo.

Nuestra convivencia en sociedad está regulada por normas, leyes, reglamentos. Su incumplimiento puede derivar en sanciones desde cárcel o multas hasta la inhabilitación o la expulsión de colectivos. Por ejemplo, el incumplimiento de la normativa escolar sobre vestimenta puede derivar en la expulsión del instituto, o incumplir de forma reiterada el código de circulación puede conllevar la pérdida de todos los puntos además de importantes sanciones económicas y la retirada del carnet. Es en general la policía o los organismos reguladores (por ejemplo, los árbitros en las competiciones deportivas) quienes se encargan de la vigilancia del cumplimiento de las normas. En un Estado de derecho, además, son los jueces quienes aplican las leyes y establecen los castigos en caso de quebrantamiento de las mismas. Todo esto es lo que se conoce como medios coactivos de control social.

Sin embargo, no son los únicos medios de control social existentes en cualquier comunidad. Los usos y costumbres, los valores, las creencias, los prejuicios… También son formas de control social no específicamente coactivas. Por ejemplo, en nuestro contexto sociocultural es común que en la presentación de dos hombres, estos se den la mano, mientras que entre hombres y mujeres la presentación se selle con dos besos. No son pocas las mujeres (y también hombres) que manifiestan desagrado ante este tipo de intimidad culturalmente impuesta, no obstante sí son pocas quienes lo manifiestan, más aún en ese momento concreto. ¿Por qué? Porque resultaría sin duda violento que te presenten a alguien y la primera frase que escuche de ti sea “encantada pero no me gusta que los desconocidos me den dos besos“. Ya puedes decirlo con el tono de voz más dulce del mundo, que ese rechazo abierto a las convenciones sociales va a resultar violento. Porque sabes que la reacción de tu interlocutor/a será un prejuicio y un reproche: “joder, qué borde“. Y ese prejuicio y ese reproche que caería sobre ti en caso de contravenir una norma social tan inocua como dar dos besos a un desconocido actúa como medio de control social no coactivo. Nadie te va a poner una pistola en la cabeza ni va a venir un policía a detenerte por no darle dos besos a un desconocido que te acaban de presentar, pero si eres una persona razonablemente integrada socialmente, la presión social actúa para que pases por el aro.

No es el único ejemplo. En nuestro contexto sociocultural, es costumbre que las mujeres se depilen. Cada vez más los hombres también, pero aún está lejos de constituir una imposición social a la altura de la presión estética que pesa sobre el cuerpo de las mujeres. No obstante, cada vez que hablamos de la presión estética, de la presión social que impone la depilación obligatoria, la respuesta suele ser del tipo: “nadie te pone una pistola en la cabeza para que te depiles, si lo haces es porque quieres“. Quienes hacen afirmaciones de este estilo jamás han tenido que aguantar lo que ocurre cuando eres mujer y sales de casa en verano con las piernas sin depilar, o vas a la playa sin haberte hecho antes las ingles brasileñas.

Varias mujeres hicieron la prueba de exponer públicamente, en sus redes sociales, fotos suyas sin depilar. Lo que ocurrió fue que numerosos hombres que ni siquiera las seguían, en el momento en que se enteraron de que estas mujeres habían tenido la osadía de publicar fotos suyas al natural, las atacaron e insultaron. La gama de argumentos, como siempre, fueron bastante limitados:

– Qué asco
– Depílate guarra
– No te tocaría ni con un palo
– Con esos pelos quién va a querer follar contigo
– Qué poco higiénico
– Pareces un tío

Efectivamente, nadie te amenaza con una pistola para que te depiles, pero conoces las consecuencias de no hacerlo y exponerte en público. Mientras vayas tapada, todo va relativamente bien, pero como decidas mostrarlo la presión social acecha. Gays y lesbianas conocen bien este control social ejercido a partir del momento en que trasgredes las reglas de lo socialmente aceptado en el espacio público. Si bien en diferente grado, el mecanismo es el mismo.

Todos conocemos el cuento infantil de El traje nuevo del emperador. Mencionaré solo un par de experimentos de sociología pop. Uno es el experimento del psicólogo Solomon Asch en 1950 sobre presión social. A grandes rasgos, consistía en lo siguiente: se sentó a un grupo de 8 participantes (7 actores y 1 sujeto de estudio) alrededor de una mesa, y se les solicitaba, por turnos, que respondieran a una serie de preguntas simples, como por ejemplo indicar qué línea es la más corta. El objetivo del experimento consistió en observar cómo, cuando el grupo de actores daba respuestas erróneas, esto influía en el sujeto para dar respuestas erróneas a su vez. En el grupo de control (sujetos que no estaban sometidos a la presión social de todo un grupo dando respuestas erróneas), solo hubo un 1% de respuestas incorrectas, mientras que en el grupo en el que los actores daban respuestas erróneas, al menos el 75% de los sujetos dieron la respuesta equivocada a por lo menos una pregunta; de hecho, la presencia de la presión de grupo causaba que los participantes se dejaran llevar por la opción incorrecta el 36.8% de las veces, lo que demuestra que la presión social tiene efectos medibles en nuestras decisiones. En posteriores experimentos Asch introdujo en los grupos de actores que daban respuestas erróneas algunas voces disidentes, es decir, al menos uno de los actores sí daba una respuesta diferente, aunque no fuese la correcta, introduciendo así la posibilidad de debatir, y demostró que cuando en el grupo hay al menos una persona que rompe la espiral del silencio y se atreve a levantar la voz y dar una opinión contraria al resto del grupo, la presión social es menor. De ahí la importancia de que no te calles cuando detectas comportamientos machistas en tu grupo de whatsapp.

Otro es el documental The Push (Netflix) sobre manipulación y presión social. ¿Bajo qué condiciones serías capaz de asesinar a una persona completamente desconocida que no te ha hecho nada? No quiero hacer spoilers pero empieza mostrando el proceso de selección de las personas participantes en el experimento. Varias personas sentadas en una sala leyendo un cuestionario, suena un pitido y se levantan, suena otro pitido y se vuelven a sentar, suena otro pitido y se levantan de nuevo… Todo son actores excepto el sujeto a evaluar. Si observa a su alrededor y se comporta como el resto del grupo aunque nadie le haya orientado en ese sentido, y se sienta o se levanta al sonido del pito, será apto para el experimento, si se mantiene sentado sin seguir las normas no dictadas del grupo, será descartado. Muestra también cómo la primera persona seleccionada para el experimento es introducida en el grupo con una ropa que le confiere un estatus inferior al resto y le coloca en una posición de seguidor, más permeable a recibir órdenes: están en una cena y nadie le ha dicho que tiene que vestir de esmoquin. Estos pequeños y sutiles gestos que nos hacen más permeables a la presión social.

¿Hasta qué punto somos realmente libres para tomar las decisiones que tomamos? ¿A qué nos exponemos si decidimos romper las convenciones sociales tradicionalmente asociadas a nuestro género? La respuesta es que nuestra libertad está limitada por el contexto social en el que nos movemos. Las decisiones que tomamos están condicionadas por las opciones que tenemos, los costes asociados y las consecuencias previstas.

Alicia H. Puleo diferencia entre dos tipos de sociedades: las que están basadas en el patriarcado de la coerción, y las basadas en un patriarcado del consentimiento.

  • Patriarcado de la coerción: se sustenta en leyes y normas sancionadoras mediante violencia. Ejemplo: lapidaciones por adulterio, o países donde el aborto conlleva penas de cárcel.
  • Patriarcado del consentimiento: se da una igualdad formal ante la ley que oculta la desigualdad real, que está tan naturalizada que ni siquiera percibimos la presión social a la que estamos sometidas hasta que nos rebelamos contra ella.

Recordemos finalmente que, como dice Celia Amorós, el feminismo y por ende las feministas no cuestionamos las decisiones individuales de las mujeres: cuestionamos el contexto social, la presión externa, los agentes de socialización que influyen y los mecanismos de presión social tanto formales (leyes, reglamentos) como informales (medios de comunicación, educación, tradiciones, etc.) que nos llevan a tomar esas decisiones.

Como dijo Rosa Luxemburgo, quien no se mueve no siente las cadenas.

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Por mí y por todas mis compañeras: el ataque a la economía social y solidaria

30 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En las últimas semanas se está produciendo un importante ataque desde dos grandes medios de comunicación, El Mundo y El País, a las empresas de la Economía Social y Solidaria que trabajan con el Ayuntamiento de Madrid, así como a varios concejales, asesores y quizá de fondo a la alcaldesa. Se inventan una “trama” y sueltan nombres de personas que trabajan en la economía social o trabajaron en ella y hoy lo hacen en el Ayuntamiento. Las personas nombradas no tienen capacidad de contratación de servicios, pero se insinúa que la tienen y que usan su poder para crear una red clientelar.

No es una novedad. Desde 2015, el intento de descrédito mediático ha sido una constante. De forma recurrente, los nombres de personas y empresas de la economía social se han utilizado como arma arrojadiza contra el gobierno de Ahora Madrid.

Sin embargo, quizás porque se acercan unas nuevas elecciones, este último ataque es más intenso y, llamadme malpensada, parece estar coordinado entre varios medios de comunicación y algunos partidos políticos. Intuyo que, después de unas semanas de sacar todo tipo de información confusa e insidiosa, se terminará produciendo alguna querella infundada del PP, Ciudadanos o ambos, contra Ahora Madrid, que, como en otros casos acabará desestimada o archivada pero que generará ruido de cara a la contienda electoral. La economía social y solidaria y el cooperativismo es el terreno de combate que han elegido para poner en marcha esta estrategia.

En este marco de acoso a las cooperativas, el pasado lunes 30 de abril, se lanzaba una noticia que me afectaba a mí directamente. La escribía un periodista de El País, Luca Constantini, entregado desde hace meses a la causa de mezclar palabras, hechos y nombres en artículos venenosos de escaso rigor y calidad.

Ese lunes pude experimentar el dolor, el agobio y la rabia que da que alguien te difame en un medio de difusión masivo, y exponga una imagen distorsionada de ti ante miles de personas que no te conocen y a las que no puedes llegar para aclarar. Es curioso, pero no estuve tranquila hasta que pude comunicarme con mis hermanos y hermanas, que no son activistas, y solo se me saltaron las lágrimas cuando me expresaron su apoyo y confianza incondicional. Imagino que también se sentirán así Fernando Sabín, compañero imprescindible que, en una serie de piezas aún más delirantes que las que hablan de mí, está sufriendo un acoso tremendo por parte de periodistas de El Mundo; o Toño Hernández, el compañero de activismo y de vida más generoso.

Siento la necesidad de explicar cuáles son las falsedades y las medias verdades con las que Costantini construyó la noticia, que siguen la misma lógica del resto de noticias de este periodista contra Tangente y muy similares a las que El Mundo está usando con otras personas y empresas de la economía social. Siento la obligación de hacerlo ante muchas personas que me conocen y a las que no tengo el derecho de exigir actos de fe ni confianza ciega.

En mi caso, la noticia dice que he sido impulsora y fundadora de la candidatura de Ahora Madrid y además participante de una empresa cooperativa. A partir de esas dos afirmaciones, y sin realizar ningún tipo de acusación concreta, se insinúan todo tipo de uso de influencias y poderes que consiguieron que Carmena haya terminado “dando” 300.000 euros a mi “firma” (mismo término que usa El Mundo para dirigirse a las empresas de economía social). La entradilla del artículo afirma textualmente que “la cooperativa fundada por Yayo Herrero, activista de IU y Ganemos, pertenece a un grupo que ha obtenido ya 1.000.000 de euros del Ayuntamiento de Madrid”.

Me gustaría aclarar algunos aspectos respecto a la información publicada.

Uno. Una cooperativa no es la “firma” de nadie. Es una empresa en la que las personas socias-trabajadoras son dueñas y, por tanto, quienes deciden democráticamente sobre todos los aspectos: una trabajadora, un voto.

Yo, efectivamente, fui una de las socias fundadoras de Garúa S. Coop. Mad. hace más de 10 años. En enero de 2012 decidí aceptar una oferta de trabajo externa y dejé de ser socia-trabajadora. Es decir, desde hace casi seis años y medio –salí de Garúa más de tres años antes de las elecciones de 2015- no formo parte de la empresa, y, por no ser trabajadora, no participo ni tengo voto sobre sus proyectos y actividad.

Dos. Tangente es un grupo cooperativo que aglutina a varias empresas –14 en total– de la economía social y que engloba el trabajo de unos 130 profesionales. Se conformó como grupo a finales de 2013, después de que yo hubiese dejado de trabajar en Garúa; por tanto, nunca he tenido la oportunidad de participar ni trabajar en él. Desconozco cuáles son los concursos a los que legítimamente se presenta y los que gana.

Tres. No soy activista ni de IU, ni de Ganemos, ni de ninguna de las organizaciones que construyeron la candidatura de Ahora Madrid. Se lo dejé claro al periodista por correo electrónico el día antes de que sacara la noticia. Me consta que recibió el correo porque recoge fragmentos del mismo en su artículo, pero prefirió mantener la mentira en su titular, supongo que para poder sostener su rocambolesca teoría.

Cuatro. Tampoco fui, como se insinúa, fundadora de Ahora Madrid; no impulsé la creación de la confluencia, no participé en la organización de la campaña electoral de Ahora Madrid. Es cierto que recibí propuestas, e incluso algo de presión, para incluirme en las listas de la candidatura, pero quienes me conocen saben que hasta el momento he optado por no participar en iniciativas que tengan como objetivo presentarse a elecciones. Tampoco he aceptado propuestas que supusiesen trabajar de forma remunerada en la política institucional ni como liberada en movimientos sociales, aunque me parece legítimo y necesario que otras personas lo hagan.

Asistí durante la campaña a un encuentro de Manuela Carmena con las entidades de la economía social madrileña, similar a los que se mantienen con candidatos de otros partidos, en la que le informamos de lo que éramos y le trasladamos nuestras expectativas.

Acudí como ciudadana a los actos de campaña que me interesaban y reivindico mi derecho a hacerlo sin tener que dar explicaciones ni disculparme ante nadie por ello.

Cinco. El artículo de Luca Costantini dice que, aunque yo le he dicho por escrito que no tengo ni he querido tener vinculación orgánica ni económica con el Ayuntamiento, “Herrero sí colaboró con el Consistorio en la auditoría ciudadana de la deuda, por la que se pagaron 500.000 euros en informes y contratos donde participaron miembros de Fuhem, otro colectivo dirigido por Herrero”.

Este es un asunto sobre el que el mismo periodista trató de ensuciar en otros artículos previos. Lo explico de nuevo. Varias personas fuimos invitadas a participar en el consejo de la auditoría de la deuda. La realización de esta auditoría era una de las promesas centrales del programa con el que Ahora Madrid concurrió a las elecciones. El consejo asesor está integrado por personas expertas en los diferentes ámbitos que se pretendían auditar y la participación en este consejo es voluntaria y gratuita. Mi aportación se centra en proporcionar criterios para la evaluación de políticas públicas en materia medioambiental, cosa en la que, faltando a la modestia, he de decir que tengo conocimientos más que suficientes y contrastados.

Las personas que estamos en el consejo asesor no participamos en la decisión de a qué empresas o personas se adjudican esos trabajos técnicos. En cualquier caso, el colmo de la cutrez periodística es decir que en esos informes y contratos adjudicados participaron miembros de Fuhem. Una compañera, que además de trabajar en Fuhem colabora con una universidad, se postuló, en nombre de ésta última, como candidata para coordinar el trabajo de la auditoría. Su candidatura no ganó la licitación, pero la noticia sugiere lo contrario.

Además, y como aclaración, Fuhem – el periodista escribió mal el nombre en el artículo– no es un colectivo, sino que es una fundación de reconocido prestigio en el conjunto del Estado y en especial en Madrid, con casi 60 años de historia. Lo que sí es cierto es que tengo el orgullo de ser su directora desde enero de 2012, aunque siempre he observado con escrúpulo la distancia entre mi actividad política y mi trabajo profesional.

Vamos, que ni trabajo en Garúa, ni formo parte de Tangente, ni soy activista de IU o Ganemos. No he formado, ni formo parte del proyecto de Ahora Madrid. No hay personas de Fuhem que hayan trabajado en la auditoría de la deuda. No cobro por ser parte del consejo asesor, ni participo en la asignación de esos trabajos. Costantini sabía todo esto porque yo se lo explicité, pero en su artículo insinúa lo contrario.

Señalar a la economía social

Pienso mucho lo que cuesta llevar las prácticas feministas a la política. No se está consiguiendo ni en la organización de los tiempos, ni en las formas, ni en la capacidad de debatir, ni de buscar acuerdos. Creo que algunos medios, con ataques infundados como estos, tienen una parte importante de culpa y se convierten en importantes aliados del patriarcado más rancio.

He de decir que la calidad del artículo de Luca Costantini me parece pésima y, aunque soy crítica desde hace años con la línea editorial de El País, me parece tremendo que un diario de esa tirada no tenga controles de calidad que impidan que personas como esta arrastren el nivel y prestigio de su periódico hasta extremos tan bajos.

Pero no quiero reivindicar solo mi nombre o mi honestidad. No quiero ponerme de perfil ante lo que es el propósito de fondo de esta campaña de El País y El Mundo que trata de meter miedo, hacer pensar que todos somos iguales y señalar a la Economía Social y Solidaria y a quienes trabajan en ella como un atajo de advenedizos que ocupan un lugar que no les corresponde.

Defiendo que cualquier persona puede intentar ocupar con honestidad el lugar en el que desee estar. La gente tiene derecho a participar en la política institucional independientemente de dónde haya trabajado en el pasado y a ser tratada en los medios con el debido respeto y rigor. La institución tiene que vigilar la honestidad de las actuaciones, velar por la correcta gestión de lo público y actuar con firmeza ante cualquier irregularidad. Es precisamente la impunidad la que iguala a honestos y a corruptos.

Quiero decir, también, que Garúa es una excelente empresa, integrada por profesionales enormemente cualificados. Es el lugar donde, sin duda, volveré a trabajar. Es la empresa en la que es posible hacer tareas con sentido, criar hijos e hijas a la vez que se trabaja, desarrollar proyectos propios.

No me sorprende que mis excompañeras hayan obtenido tres contratos en diferentes concejalías en torno al diseño de un “proceso participativo”, la implementación de un “plan de consumo sostenible” y “actividades formativas para la introducción de la alimentación ecológica”. En esos tres aspectos, Garúa es una referencia. Me alegra mucho que el Ayuntamiento, a partir de los procedimientos administrativos que tiene establecidos, les haya seleccionado.

El proyecto de 292.000 euros al que hace referencia el titular de El País está adjudicado a una UTE (Unión Temporal de Empresas) formada por otra entidad (que lleva el 95% del trabajo y la facturación) y Garúa (que lleva el 5% restante). Es curioso que solo aparezca el nombre de Garúa. Quizás sea porque era la única forma de poder construir “el notición”. Y esa ausencia resulta aún más relevante por el hecho de que la otra entidad es la que lleva prestando ese servicio desde 2004, cuando ni siquiera era soñado el 15M y gobernaba el PP.

El objetivo: generar miedo

Cuando los artículos hablan de “dar a dedo”, se pretende equiparar y confundir millonarias dádivas mediante sobres y comisiones ilegales con la adjudicación de trabajos concretos y verificables que, según los propios datos de El País, y teniendo en cuenta que en Tangente trabajan 130 personas, han supuesto una retribución bruta de unos 2.500 euros por trabajadora y año. Es obvio que el “pelotazo” descubierto por el sagaz periodista suena ridículo y que para las empresas de Tangente, el Ayuntamiento de Madrid es un cliente más.

El propósito de esta ofensiva mediática es triple. Por un lado, hacer pensar que da lo mismo quién esté en las instituciones. Hagamos creer que todo es lo mismo. Fabriquemos supuestas “tramas corruptas” que salpiquen a concejales, asesoras y a sus espacios de procedencia.

En segundo lugar, se persigue asestar un golpe a una forma alternativa de concebir la economía y las empresas. Se ensucian los nombres de muchas personas y de entidades empresariales que llevan años construyendo modelos económicos alternativos que tienen como prioridad la autoorganización, el bienestar, el mantenimiento y crecimiento del empleo, a la vez que se producen servicios socialmente necesarios que no destruyen la naturaleza y resuelven necesidades humanas.

Y el tercer objetivo es generar miedo. Miedo a defender y llevar a cabo los programas; miedo a ocupar espacios legítimos, miedo a emplear otros lenguajes y otras prácticas… Después de casi tres años de acoso mediático en el Ayuntamiento es ya hora de no tener miedo. Han sido muchos meses de querer pasar inadvertidos ante ofensivas que no van a cesar hasta que desaparezcas o dejes de ser lo que eres.

Canto en un coro de mujeres y nuestra directora utiliza las mejores metáforas para explicarnos cómo tenemos que interpretar un tema. A veces, cuando no estamos seguras, no llegamos a las notas más altas, desafinamos o el sonido no sale limpio. En esos momentos nos dice “chicas, están cantando con miedo y así la canción no expresa nada. Canten sin miedo, canten como si la voz les saliera de los ovarios”. Y oye, la voz termina saliendo, y juntas somos capaces de conquistar las notas más altas.

Por eso, hoy quiero sacar mi voz también de los ovarios, porque no quiero tener miedo.

Voy a seguir defendiendo que la economía social y solidaria es una opción necesaria para revertir un modelo económico que echa a las personas de sus casas para luego especular con ellas; que le corta la luz a la gente cuando no puede pagar; que hace expedientes de regulación de empleo, a veces incluso teniendo beneficios; que recorta en servicios públicos; que pretende encerrar a la mujeres en casa para que se ocupen de sostener la reproducción cotidiana; que genera masas de personas desempleadas, las culpa y estigmatiza por no tener empleo; que destruye bienes finitos y desregula los ciclos naturales de los que dependemos.

Quiero reivindicar el derecho de las personas a trabajar, a construir empresas y a ser activistas o participar en la institución si así lo desean. No hay que esconder que muchas nos organizamos para transformar un modelo que le declara la guerra a la vida. Lo hacemos consciente y orgullosamente.

He intentado tener siempre un buen nivel de diálogo en todas las organizaciones políticas a las que he podido acceder o me han prestado atención, con el fin, confieso, de tratar de influir en la transversalización de las cuestiones ecológicas y feministas en sus programas y acciones y proponer alianzas y confluencias. Pienso seguir haciéndolo.

He hablado, como dice Costantini, de economía social en ámbitos de “IU, Ganemos e incluso de Podemos”. Sí, lo he hecho y también en ámbitos del PSOE, del PNV o de la CUP. He hablado de economía ecosocial invitada por ayuntamientos de todos los colores políticos, también del PP, en universidades de todo el Estado, en centros sociales ocupados, en parroquias, conventos, asociaciones de budistas, en cursos para jueces y juezas, en formaciones para sindicalistas de todo el espectro… En todos los lugares en los que he tenido la oportunidad de hacerlo.

Lo voy a seguir haciendo, aún más si puedo, y además, trabajaré en las empresas de economía social que quiera y nos presentaremos a todos los concursos públicos que podamos, porque el espacio de la economía es también nuestro espacio y tenemos derecho a estar en él.

Seguiré firmando los manifiestos que me parezcan oportunos y apoyando todas aquellas causas que crea debo apoyar. No creo que se llegue a más gente ocultando las ideas en las que una cree. Lo transversal es saber explicarlas y estar dispuesta a debatirlas con cualquiera, con respeto y poniendo el cuerpo cuando haga falta.

No todos somos iguales

Tener posición política clara es un derecho perfectamente compatible con poner en marcha empresas y pretender vivir del trabajo en ellas. La clave es hacerlo con honestidad y transparencia, ahí están los portales del ayuntamiento en los que se detallan los contratos adjudicados. También son accesibles las cuentas de las empresas de la economía social, que no sólo miden sus resultados en términos monetarios, sino que también hacen balances sociales que incluyen la calidad del empleo y de los servicios prestados, la sostenibilidad o la igualdad de género.

No todas somos iguales. Ni las empresas son iguales, ni las organizaciones empresariales, ni las personas que gobiernan, ni las que están en la judicatura, ni tampoco los periodistas. En algunas de mis charlas, durante el coloquio la gente más fatalista suele plantear que cuando las economías alternativas cojan fuerza, el sistema iría a saco a por ellas. Puede que estemos llegando a ese momento y, de ser así, habrá que disputar esa hegemonía económica.

A mí me sirve de inspiración el movimiento feminista que ha pasado activamente a reclamarlo y exigirlo todo. Ante la violencia estructural o mediática estamos obligadas a dar un paso adelante, no dejar estas agresiones sin respuesta y defendernos colectivamente.

‘La Luna’, la feminista republicana ejecutada por Franco como castigo para todas las mujeres

19 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Carmen Luna fue una de las muchas mujeres que representaron el feminismo naciente de la II República con el que el franquismo quiso acabar.

“Mi madre quería la libertad para la mujer”, cuenta Dalia R. Luna, que tiene 100 años y vive en el pueblo de Francia al que logró exiliarse en la dictadura.

El franquismo impuso una doble represión sobre las mujeres frente a las bases emancipadoras que había empezado a instaurar el periodo republicano.

Juan Miguel Baquero
13/04/2018 – 20:30h

“Mi madre era una rebelde, pero no para matarla”. Así arranca Dalia Romero Luna a hablar de Carmen Luna. Una mujer que además de ser su madre fue una de las muchas que representaban el naciente feminismo republicano con el que el golpe de Estado perpetrado por las tropas franquistas en 1936 quiso acabar. Una de las que buscaron torcer el curso patriarcal de la historia y acabaron encontrándose con la represión y el castigo y el sumisa y devota de Franco.

“Mi madre quería la libertad para la mujer”, cuenta Dalia, una “viejita” que ya ha cumplido un siglo de vida y atiende la llamada de eldiario.es desde su casa en Mallemort, un pueblo cercano a Marsella. Allí acabó exiliada. “A mí no me mataron porque me escapé a zona republicana”, dice. Dalia tenía 18 años en 1936, el año en que empezó la guerra y en el que los rebeldes ejecutaron a su madre como castigo ejemplarizante.

La República quiso transformar el país y cambiar el discurso social. También para las mujeres, que rompieron los rancios esquemas que precedían al nuevo modelo y quisieron empezar a escribir ellas mismas su propia historia. Sin embargo, el golpe de Estado contra la democracia frenó el cambio de paradigma y devolvió a las mujeres al hogar y a la tradición.

El franquismo acabó imponiendo una doble venganza sobre la mujer. Era el escarmiento adoctrinador para aquellas que transgredieron los límites de lo que la dictadura había pensado para ellas. Una represión de género que dominó a través de ejecuciones, cárcel, torturas, violaciones, rapados y aceite de ricino o por medio del destierro interior que condenó a las mujeres señaladas como rojas

La cultura como herramienta

La Luna –así era conocida entonces Carmen– quería “que el pueblo tuviera la cultura y la educación como una herramienta, que supiera defenderse y no agachara la cabeza para todo”. Era “rebelde”, asume Dalia, con causa: “para denunciar las injusticias y defender los derechos”. Quería que hubiera “escuelas, instrucción y trabajo” en vez de “tanta miseria terrible”.

Por eso los franquistas mataron a la Luna, para atemorizar y dejar claro el camino del silencio y la obediencia. Porque la subordinación de la mujer no entraba en su diccionario. El relato de terror ocurrió en Utrera (Sevilla), donde Dalia tiene todavía viva a una de sus hermanas, Rosario Peña Luna (84 años), hija del segundo matrimonio de Carmen Luna.

“Lo recuerdo todo”, confiesa Dalia con un asimétrico acento francés y andaluz. “Mi madre vendía en la plaza del pueblo y tenía mucho contacto con la gente, les ayudaba y aconsejaba para que no se callaran, para que protestaran y reclamaran lo que era suyo”, sostiene. “Los fascistas la vigilaban (sobre todo en los meses previos a la sublevación armada) y por estas razones la cogieron y la asesinaron”, culmina.

“Lo recuerdo todo”, repite. Fue hace 82 años. “Ella no hizo nada malo a nadie”, asegura. Dalia tiene ahora “100 años y cinco meses”, precisa. “La tengo presente, siempre, y todos los días me acuerdo de ella y de lo que le hicieron”, dice recordando a su madre.

El patriarcado nacionalcatólico

La memoria histórica de la mujer española del siglo XX osciló entre la ruptura con el patriarcado y el concepto nacionalcatólico del franquismo; entre la libertad y las ataduras. De los cambios sociales, culturales y políticos que la República puso encima de la mesa a la consigna machista que resume la dictadura de Franco: “el niño mirará al mundo, la niña mirará al hogar”.

“Hacíamos teatro para que la gente aprendiera, para que leyeran y se preocuparan por sus cosas”, narra Dalia. Animada por su madre, pertenecía a una compañía llamada Pan de piedra y estaba afiliada al sindicato anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT). “Los compañeros iban al campo de noche para dar lecciones y yo misma sabía leer y escribir porque había aprendido sola en mi casa”, cerca del influjo feminista de su madre.

“En aquella época había una propaganda terrible y el pueblo estaba muy animado”, dice, “pero no para matar, eso lo hicieron ellos (los fascistas), sino para salir adelante”. Los golpistas acabaron acusando a Dalia. “Eso de que fui a matar es mentira, las juventudes de Utrera no matamos a nadie”, asegura. En el pueblo, sin embargo, los golpistas acabaron ejecutando a 424 personas.

“Y a tantísimas mujeres y compañeras que asesinaron, hasta niñas de 15 años”, continúa, “no solamente confederadas, republicanas o socialistas, de todas clases, y metieron a muchas en prisión”. Todas las que osaron enfrentar los ideales tradicionales.

De ahí el castigo ejemplar. “La mataron en la puerta del cementerio por la mañana y la dejaron allí hasta por la noche”. Era la pedagogía del terror usada por los franquistas como estrategia atemorizante. Un plan ejercido con especial saña sobre el cuerpo de la mujer.

“A mi madre la metieron presa, un mes, y la sacaban y le decían ‘vamos a darle el paseo’, a saber todo lo que le harían allí dentro”, cuenta Dalia. “La quitaron de en medio bien pronto”, lamenta. “Estaba todo el mundo aterrado”. No como antes, apunta, cuando la República trajo “todas las libertades”. Cuando los hijos de la Luna jugaban en su pueblo: “Un día nos cambiamos los nombres y cuando volvió del campo se lo dijimos y se echó a reír”. Y se quedaron con los nuevos. Ella sigue llamándose Dalia. “Y a la más pequeñita le pusimos Libertad”.

8 de marzo: las mujeres han parado, ha cambiado todo

18 abril, 2018

Fuente: http://www.elsaltodiario.es

Como una ola, el feminismo ha arrastrado el 8 de marzo una fase de pasiones tristes y ha introducido nuevas herramientas para la conquistar la igualdad real.

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2018-03-08 20:19:00

El movimiento feminista del Estado español había marcado esta fecha como un momento definitivo para consolidar su potencia. Y ha protagonizado una jornada de manifestaciones, acciones y presencia en las calles que marca ya y marcará durante los próximos meses la agenda política. Millones de mujeres han protagonizado, en todo el territorio, una jornada que también se ve reforzada por el alcance internacional del 8 de marzo.

Las manifestaciones finales han puesto el colofón a un día en el que ha saltado por los aires una máxima no escrita de la movilización sociolaboral: que solo la llamada unidad sindical, un club restringido formado por CC OO y UGT, es capaz de romper el ritmo de productividad y actividad cotidiana a escala de todo el Estado.

En Madrid, desde las 19:30 la manifestación no podía avanzar por Atocha hasta Plaza de España, donde finalizaba la marcha. Son casi cuatro kilómetros de avenidas de más de seis carriles. Estaban llenos a las 19:45, y parte de la manifestación se extendía hasta Sol, la gran almendra del centro de la ciudad. También ha habido gigantescas movilizaciones en Barcelona, Valencia, Bilbao, Sevilla, Zaragoza, Coruña, millones de mujeres que se han volcado en las manifestaciones en las grandes y las pequeñas capitales de toda la península. Si se parte de la cifra que ha dado CC OO a las 12 del mediodía, más de cinco millones de personas habían participado en la jornada. Y el desborde ha continuado durante muchas más horas.

El colapso de las estaciones de cercanías y metros, y la quiebra del tráfico de coches a lo largo de todo el día en el centro de las ciudades; la actividad, frenada en la administración, las escuelas y las facultades, e interrumpida mediante acciones disruptivas en los comercios, ha hecho del 8 de marzo la primera jornada de huelga general protagonizada por mujeres en todo el territorio.

Los cuatro ejes de la huelga —laboral, de consumo, estudiantil y de cuidados— introducen en la agenda pública nuevos factores que van a ser determinantes en la reconfiguración de los modelos sindicales. La jornada también ha sido esclarecedora en cuanto a la incorporación en la vida política de adolescentes y jóvenes contra el machismo. No obstante, en los días previos, una parte significativa del feminismo racializado ha rechazado la convocatoria de hoy, según afirman, por no sentirse representada.

El movimiento feminista, con un funcionamiento horizontal que está en su genética, ha sido capaz de romper la cotidianidad de ciudades, medios de comunicación y redes sociales para reclamar una serie de objetivos políticos de urgencia —fin de la violencia machista, igualdad en todos los niveles— bien expuestos a lo largo de las últimas semanas. La pedagogía, el trabajo de base y de confluencia de lo social que han llevado a cabo las distintas Comisiones del 8 de Marzo abren una nueva fase de conflicto, en el que debe estar presente el objetivo de poner la vida en el centro de la política.

La calculada presencia de los sindicatos a nivel institucional y mediático no ha influido en que distintos sectores, comenzando por federaciones como la de Enseñanza de CC OO, hayan secundado y ayudado a generar una huelga que, con formas menos clásicas, ha tenido impacto en medios internacionales y ha integrado a mujeres de todas las edades a costa de la tipología de  varones que se identifican como actores principales de las huelgas generales. Los símbolos como los guantes de limpieza y los delantales, las pelucas y miles de pañuelos, lazos y sudaderas moradas también han sido mucho más visibles que las banderas en los balcones colgadas en otoño.

El ciclo largo de movilización del feminismo internacional ha introducido una cuña en la crisis global, marcada por las pasiones tristes y el auge de fascismos y reinvenciones neoliberales. La huelga del 8 de marzo ha herido hoy en su núcleo la posibilidad de una salida a la crisis de civilización en la que quede fuera mucho más de la mitad de la población. Si las mujeres paran se para todo. Y eso se ha oído hoy en todo el mundo.

8M: Orgullo feminista

17 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Un golpe en la mesa, una mano alzada, un grito, una mirada sostenida, un dedo acusador, una advertencia amigable. Que ya vale. Que ya es hora. Que no se puede seguir dejando para después. El 8m es una sacudida, un empujón a las fronteras del machismo, que hoy se siente menos cómodo que ayer, más pequeño. El 8 de marzo de 2018 será el día del orgullo feminista, inolvidable para esta generación.

Manifestaciones masivas en más de 60 ciudades. Riadas de cientos de miles de mujeres han llenado de feminismo las calles, agrupadas detrás de pancartas universitarias, de asociaciones profesionales, sindicatos, colectivos o de un grupo de amigas que se juntaron por la mañana para hacer una en casa. A la cabeza de las principales marchas, mujeres ocupando todo el espacio; estudiantes y pensionistas, liberales y anticapitalistas, mujeres con laca, mujeres con rastas, mujeres con argollas y perlas, canas y músculos, alegres y enfadadas, peleando por sus derechos. Y por las que faltan. “No solo estoy aquí por las mujeres feministas, es también por las mujeres que no están interesadas o que no pueden venir”, nos contaba Ángela. Detrás de los primeros bloques, una interminable masa de personas, familias completas, carritos de bebé y muchos hombres que acompañan.

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Feminismo era una palabra maldita. Heteropatriarcado parecía un mensaje en clave. Los cuidados, qué serán. ¿Sororidad?, de qué me estás hablando. Exagerada, no es para tanto. Ya no se puede hacer nada, decir nada. No generalicemos.

No hace tanto, no hace nada, menos de dos años, los principales candidatos a presidente del Gobierno le dedicaban  un total de 22 segundos a hablar de la violencia machista. Hoy hasta el PP, en boca de su portavoz Pablo Casado dice que “todo el mundo debe definirse como feminista”. Muchos conservadores y hasta los programas de televisión más escépticos, donde más se dice eso de que algunas feministas hacen “flaco favor a la igualdad”, han renunciado a surfear el tsunami y se han entregado al 8 de marzo de 2018.

“¿Vivimos en una burbuja?”, se preguntan desde hace semanas las convocantes y todavía este mediodía se preguntaba una compañera de eldiario.es en huelga. ¿Sería ese entusiasmo previo al Día de la Mujer un espejismo? ¿El 8M acabaría siendo un día de manifestación más?

El día comenzaba algo frío. A las 7 de la mañana, dos trabajadoras de un hotel de Huesca conversaban en su puesto de trabajo. Una limpiaba el mostrador sobre la que la otra apoyaba los codos, a la espera de que algún cliente apareciera para entregar la llave antes de salir. No hacen huelga y charlan de por qué sin mucha precisión; luego le echan piropos a las kellys, el colectivo que lucha contra la precariedad de las trabajadoras de la hostelería.

Fuera, en la calle, algunos carteles pegados a medianoche y varios rótulos de calles cambiados por versiones caseras que homenajean a una mujer hacen pensar que algo, efectivamente, se está moviendo. Media hora después, la estación de tren de Huesca anuncia cancelaciones de trenes por la huelga en Renfe, pero la rutina no parece diferente: mujeres en los controles de seguridad, mujeres para hacer la comprobación del billete. A bordo del tren que va a Madrid, la voz de la megafonía suena a jarro de agua fría para las aspiraciones del 8M: una voz de mujer da la bienvenida y anuncia que la película que podremos ver hoy es ‘Amor a la siciliana’.

A la llegada a la estación de Atocha, ya en Madrid, un posible caso de éxito para el 8M: se está rodando un anuncio junto al jardín interior de la estación. Son unas 10 personas, técnicos de imagen y sonido, cámaras, realizador, creativos… Todos hombres. ¿Es por la huelga? “No, es que todos los que trabajamos en esto somos hombres”, nos cuenta uno de ellos. “La única mujer que hay es la actriz, y ha venido”.

Son las 11 de la mañana y el entusiasmo que se ve en redes sociales no parece trasladarse con la misma potencia en la calle. El movimiento feminista lleva semana visitando mercados para llevar su convocatoria más allá de las redes sociales, pero cuesta. Hay pintadas en las esquinas, mensajes apresurados a brochazos sobre la carretera, pero los peatones siguen pasando sobre ellos, pisando las letras sin prestarles mucha atención.

De pronto, voces. Un grupo de estudiantes aprovechan un semáforo en rojo para cortar la Ronda de Atocha, frente al Museo Reina Sofía. Son las integrantes de uno de los muchos piquetes feministas que se reparten los barrios para informar de la huelga. Han estado en un par de supermercados, bares, y tratan de explicar que la de hoy es también una huelga de consumo. “Está siendo una mañana tranquila”, nos dice Nela. “Tratamos de explicar a otras mujeres en qué consiste la huelga de consumo”. La mayoría de los coches esperan pacientes a que las feministas desbloqueen la calzada, incluso alguno alza el puño desde su moto, aunque otros aprovechan un hueco para intentar colar el coche en una maniobra un poco peligrosa.

Al acercarse a grandes centros de trabajo y estudio o zonas céntricas de grandes ciudades sí que es fácil encontrar consuelo a la sensación de que no está pasando gran cosa durante la mañana. Piquetes a pie o en bici, actividades,  lugares de encuentro donde los hombres se hacen cargo de los niños para que las mujeres puedan hacer huelga de cuidados. Funcionarias a la puerta del Ministerio de Justicia. Tiendas de ropa que cierran, aunque las menos. En la Puerta del Sol, cientos de estudiantes van calentando el ambiente en una pista de lo que será la tarde. La Plaza de Sant Jaume en Barcelona se llena a mediodía. Vitoria, Sevilla, Gijón, Zaragoza. Los paros parciales ocurren: los sindicatos CCOO y UGT han cifrado en 5,3 millones los trabajadores que han secundado este jueves los parones de dos horas por turno.

Sí hay gente, sí. Está pasando algo.

Movilización en el Arenal Bilbaino para celebrar distintos actos reivindicativos en Euskadi durante la jornada de huelga convocada con motivo del Día Internacional de la Mujer .
Movilización en Bilbao. EFE

El impacto de que las periodistas paren

Uno de los mayores logros de este 8M es el impacto en los medios de comunicación. Y los medios son, somos, una burbuja, pero una burbuja influyente que se ve desde todas partes. Las periodistas de decenas de periódicos, radios y televisiones han hecho huelga, autoorganizadas alrededor de un manifiesto denominado #LasPeriodistasParamos, un grupo de 8.000 compañeras que han conseguido paralizar el periodismo en España. Uno puede adivinar que las periodistas de eldiario.es, de Público, muchas de El País o la SER, van a ir a la huelga; pero el grado de éxito se multiplica cuando anuncian paros completos las periodistas de El Confidencial, Telecinco, Antena 3. La prensa casi unánimemente dedica sus portadas a 8M, con diferentes matices ideológicos o salvedades. El asunto se convierte en una revolución cuando Susanna Griso decide hacer huelga y Ana Rosa Quintana cancela a última hora su programa. Canal Sur apaga la emisión por momentos, Pepa Bueno no presenta el Hoy por Hoy, Julia Otero no está en la tarde de Onda Cero. En La Sexta, por primera vez, no hay mujeres presentando informativos. Los hombres salen en pantalla a veces sin maquillar.

Aparecen todas y muchas más en Callao, a las 12.30 h para la lectura de un manifiesto transversal que emociona a quienes lo leen y hace llorar y sonreír a quienes lo escuchan.

La manifestación feminista del 8 de marzo llega a la Gran Vía.
La manifestación feminista del 8 de marzo llega a la Gran Vía. OLMO CALVO

La gente no se quiere ir a casa. La lluvia amenaza en Madrid, pero no va a más. Hay picnic cerca del Parque del Retiro. Conforme avanza la tarde sucede que no se cabe en Atocha, no se cabe en Cibeles, no se cabe en Paseo del Prado, no se puede cruzar la esquina con Alcalá y ya hay gente en Gran Vía y en el punto de llegada, Plaza de España. Se saturan los teléfonos, se pone más difícil lo de colgar fotos en redes sociales.

Y lo que viene después, cuando cae la noche, lo ha visto todo el mundo porque el reventón contra el machismo conquista las calles y conquista los medios con horas de emisión en directo. Las mujeres hablan y son escuchadas, gritan y son aplaudidas, cantan y todos bailan para celebrar que hoy el titular lo ponen ellas: un día histórico de orgullo feminista.

Las mujeres me explican cosas

16 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Tras el éxito de la huelga feminista, ruego cuanto antes un “womansplaining”, para el que muchos hombres somos todo oídos. Parafraseando el conocido título de Rebecca Solnit, “Los hombres me explican cosas”, muchos hoy esperamos un “Las mujeres me explican cosas”, o más en concreto, “Las mujeres me explican cómo hacer una gran movilización”.

Que la huelga de este 8 de marzo ha sido un gran éxito no merece más de un párrafo, porque cuesta encontrar a alguien que lo discuta. Y es que la primera victoria, por goleada y por adelantado, fue la del relato y la hegemonía.

Ahí va el párrafo, por si alguien todavía duda del éxito: la huelga ha conseguido todo lo que se espera que consiga una huelga general en tiempos de precariedad, subempleo, autónomos, atomización laboral y coacción empresarial: no que paralice el país, sino que lo movilice. No las calles desiertas, persianas bajadas y fábricas paradas de otro tiempo, sino huelga total o parcial de quien todavía pueda hacerla (y han sido millones), concentraciones durante todo el día, cortes de tráfico, ocupaciones de centros, programaciones de televisión alteradas, y manifestaciones masivas al terminar el día. Fin del párrafo.

Lo contrario de toda huelga siempre es la “normalidad”, esa que siempre invocan los antihuelga. Y este jueves no ha tenido nada de normal. Un día excepcional, vivido por muchas y muchos como histórico, y donde vimos expresiones de lucha unitaria muy pocas veces logradas: por ejemplo, en el sector más visible, el periodismo. ¿Cuántas veces habíamos visto a periodistas de absolutamente todos los medios secundar una misma huelga y unirse en una misma concentración? Lo que no consiguieron años de precarización y despidos masivos, lo ha logrado el feminismo.

¿Cómo lo habéis hecho, compañeras? Habéis montado de la nada una huelga sin precedentes, observada con asombro por toda Europa. Habéis logrado que lo que hace pocos meses parecía una ocurrencia sin mucho recorrido (¡una huelga de mujeres!) acabase por unir a todo tipo de colectivos, tejer complicidades intergeneracionales e interclasistas, desbordar a los sindicatos mayoritarios, ganar las agendas política y mediática y la conversación en la calle, convencer a las y los dubitativos, excitar con el olor del peligro a obispos, patronos y la derecha política y tertuliana, y movilizar enérgicamente a una mayoría de mujeres con transversalidad abrumadora, de arriba abajo y de izquierda a derecha. ¿Cómo lo hicisteis, compañeras?

Las mujeres se propusieron parar el mundo, y lo que hicieron fue ponerlo en marcha: el feminismo sale imparable de este 8 de marzo. Cualquier movilización futura deberá tomar nota y aprender las muchas lecciones organizativas y discursivas de esta huelga. Desde las redes de apoyo y cuidados, hasta la elaboración de un imaginario inclusivo donde cabían todas y donde todas eran imprescindibles.

Gracias, compañeras, y por favor no dejéis de explicarme cómo se hace. Y muy especialmente, gracias a mi madre, Ángela Camacho, por educarme en el feminismo, y porque este jueves me dio otro enorme ejemplo de dignidad y coherencia. Muy orgulloso, mamá. Gracias.

Cuatro victorias incontestables de la huelga feminista

15 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

La huelga feminista del 8M no ha supuesto solo un éxito por lograr visibilizar, de manera masiva y millonaria, el protagonismo y los derechos hurtados a diario a las mujeres en los medios de comunicación, en las empresas, en las administraciones públicas, en las calles o en las casas. También ha resultado una enorme victoria de las mujeres y el feminismo sobre este nuevo neomachismo emergente, nacido con el nuevo siglo como reacción frente a los avances en igualdad y buscando aprovechar la oportunidad de la crisis económica para amortizar, dividir y marginalizar todo cuanto tenga ver con feminismo, mujeres e igualdad.

La estrategia de dar por amortizadas las políticas de igualdad con la excusa de la crisis, en nombre de la austeridad y el déficit, ha quedado desbordada por el 8M. El intento masculino de dar carpetazo a las políticas de genero con un orgulloso “misión cumplida” ha sido desmentido de manera rotunda e incontestable por la mayoría de las mujeres. Ellas, igual que los pensionistas movilizados en defensa de sus derechos, nos han recordado lo obvio que muchos olvidamos durante la burbuja y preferimos no recordar durante el austericidio: la igualdad de oportunidades no cae del cielo, ni gotea de las manos de los poderosos. No hay progreso social ni igualdad de oportunidades sin movilización y acción colectiva para lograrlos; nunca los ha habido y nunca los habrá. Que a ti te vaya bien no significa que el resultado sea justo o que los demás se merezcan que les vaya mal.

También ha salido claramente derrotada la estrategia de dividir y vencer impulsada desde la derecha en el poder. No han logrado dividir a las mujeres en dos tipos antagónicos y enfrentados: aquellas que trabajan y progresan siendo mejores en un mundo regido por las leyes de los hombres y aquellas que solo protesta y no se responsabilizan por su vida o su futuro. El mismísimo Mariano Rajoy lo certificó con su lazo azul y hablando en el Senado, dejando en evidencia a la ministra Isabel García Tejerina o a Cristina Cifuentes y su intento de llamar “huelga a la japonesa” lo que siempre ha sido esquirolear, mientras comprobábamos cómo, también en materia de género e igualdad, Ciudadanos ha sorpassado al PP muy por la derecha equiparando feminismo y victimización; primero el capitalismo y después, “ya si tal”, la igualdad.

La tercera gran victoria se ha producido frente a la larga y sostenida operación para marginalizar al feminismo caricaturizándolo como una ideología esperpéntica y delirante, profesada únicamente por frikis fácilmente ridiculizables. El paternalismo de pantuflo encarnado por probos luchadores antifeminazis como Javier Marías, Arcadi Espada o Federico Jiménez Losantos, reprendiendo a las feministas como si fueran señoritas en un colegio que ellos dirigen con mano viril y firme; o el odio y la violencia dialéctica que han destilado los medios españoles de extrema de derecha al hablar de las mujeres y su huelga, han dejado meridianamente claro dónde habitan los monstruos.

Aunque seguramente el mayor de todos los éxitos sea precisamente aquel más intangible. Los días siguientes a este 8M de 2018 difícilmente se salvarán, como tantas veces antes, con otra jornada de palmaditas en la espalda y encendidas loas masculinas a lo mucho que han logrado las mujeres. Anoten esta fecha. El día que muchos comprobaron que el feminismo y la igualdad siguen ahí y han venido para quedarse. Ni pide ni espera aplausos, exige y logra avances.

El orgullo de ser mujer

14 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Por mucho que se valore la capacidad organizativa y de entrega de los colectivos que han propiciado la huelga feminista de este 8 de marzo, su éxito va mucho más allá de eso. Lo que se ha visto en las calles de las ciudades de toda España es la explosión de un sentimiento profundo de orgullo femenino, de conciencia de la importancia de ser mujer que desborda cualquier formalización política. Aunque incidirá, y seguramente mucho, en la política, la de ahora y sobre todo la del futuro.

Mañana los corifeos del conservadurismo (y del machismo, aunque traten de ocultarlo con tramposas e increíbles declaraciones) tratarán de empañar lo ocurrido esta jornada con toda suerte de estadísticas espurias y de argumentos y porcentajes únicamente elaborados para engañar. Harán ruido, en el mejor de los casos, pero no pararán nada. Digan lo que digan los que calificaron a la huelga de “elitista”, para tragarse después sus palabras, lo de este jueves ha sido extraordinario y masivo. Allá los medios que traten de disimularlo. Porque las mujeres no se lo van a perdonar.

Cuesta aceptarlo. Porque es muy nuevo y ha llegado casi por sorpresa en esta España que hasta ayer mismo, sin olvidar a los pensionistas, parecía un estanque de conformismo. Pero hay que hacerlo con todas sus consecuencias. Las mujeres españolas no están dispuestas a tragar más. No solo con las brechas salariales, las discriminaciones laborales, la precariedad o los comportamientos machistas que existen en todos los ámbitos de la sociedad y de la vida privada, como brillantemente ayer relataba el director de este periódico. Lo que no van a seguir aceptando es que esas cuestiones se consideren “menores”, sin categoría suficiente para entrar en los grandes debates nacionales. Eso ya no va a poder ocurrir y quien se oponga lo va a pagar.

El entusiasmo que se observaba en las manifestantes, jóvenes y no tan jóvenes, pero muchas jóvenes, la convicción de lo justo y lo serio de sus reivindicaciones, pero también la alegría por estar juntas, saltando y gritando en la calle, con las amigas, las de siempre y las de último minuto, expresan una realidad muy profunda. La de que las mujeres españolas han dado un paso adelante del que ya no van a retroceder.

De golpe, ¿quién lo iba a decir?, nuestro país se ha colocado a la vanguardia del feminismo en todo el mundo. Con la particular sensibilidad que da el poder observar las cosas desde fuera, los periódicos más influyentes del planeta han dado al 8 de marzo una importancia poco frecuente. El asunto ha estado todo el día en los sumarios de apertura de todas las cadenas internacionales de televisión. “Ya es una victoria” decía atinadamente Le Monde en un titular publicado al final de la mañana, antes de tener noticia de las manifestaciones de la tarde. Cabe sospechar que la huelga española va a tener secuelas más allá de nuestras fronteras. Es un ejemplo a seguir. Ya ocurrió con el 15 M. Pero esto es seguramente más gordo.

Y Rajoy, el gobierno, el PP y Ciudadanos no se han enterado. ¿De qué les valen sus miles de asesores o sus servicios de información si son incapaces de palpar lo que se está cociendo en la calle? Su mediocridad, por no decir algo más fuerte, únicamente les permitió detectar que detrás de la movilización que se estaba gestando aparecía la mano “del diablo”, como dijo el obispo de San Sebastián, la mano de Podemos. Y ante eso, su manual les indicaba que solo podían actuar de una manera: oponiéndose y descalificando cuanto hiciera falta al movimiento.

Han hecho el ridículo. Como nunca, lo cual no es poco vista la secuela de estupideces en las que ha incurrido este gobierno desde que llegó a La Moncloa. Se han enfrentado a la mayoría de las mujeres de este país y buena parte de ellas no lo va a olvidar cuando lleguen las elecciones. Y vista la participación de casi todas las figuras femeninas del periodismo televisivo en la huelga, y siendo varias de ellas no precisamente de izquierdas o contrarias al gobierno, cabe sospechar que las mujeres integradas en los círculos directivos del PP no captaron lo que se estaba cociendo.

Y que las pocas que lo intuyeron se vieron despreciadas, con argumentos no poco machistas por cierto, como el del “aquí mando yo” que esgrimió Rajoy para rechazar el invento de la huelga a la japonesa que se sacaron de la manga Cristina Cifuentes y la ministra de agricultura para no hacer del todo el papelón que les exigía su partido. Tampoco Inés Arrimadas, por no hablar de Albert Rivera, ha quedado precisamente bien.

Pero volvamos a la huelga. Que, por cierto, ha tenido un seguimiento importante en los grandes centros de trabajo –transportes, hospitales, los mayores establecimientos fabriles- gracias a que los mayores sindicatos, aunque también la CGT jugó su papel, decidieron convocar un paro de dos horas, lo cual habla de su sensibilidad en un momento tan crucial como el del 8 de marzo. Y que los sindicatos españoles se abran al feminismo no es precisamente una nota secundaria de esta jornada. Que el PSOE, Podemos e IU hayan secundado la huelga, tampoco. Gracias a ello, y a la torpeza del PP y de Ciudadanos, las mujeres que ayer protestaron, y los muchos hombres que las apoyaran, sólo han encontrado comprensión en la izquierda. Y eso figura en acta.

No cabe hacer pronósticos sobre las consecuencias que lo de este jueves puede tener a corto y medio plazo en el panorama general, y político en particular. El feminismo se ha colocado en el centro de los mismos y seguramente va a seguir ahí. Para empezar, obligando a todos los actores de la vida pública a tenerlo en cuenta en sus planteamientos y programas. Si no, les irá mal. Veremos en qué termina ese proceso de adaptación. Algunos partidos ya lo tienen interiorizado desde hace tiempo y hay que recordar la “feminización de la política” que hace un par de años propuso Pablo Iglesias.

Y otra cosa más. En pocas semanas, gracias a los pensionistas y a las feministas, la movilización se ha convertido en un dato fundamental de la escena pública española. Cambiando de golpe la imagen de la misma. Y seguramente también su realidad. Éste ha dejado de ser un país que parecía aceptar con fatalismo los golpes que el poder le propinaba. Se ha abierto una nueva etapa. Las mujeres que ayer protestaron con una firmeza inaudita vuelven ahora a sus casas y a sus trabajos. Pero contentas. Porque han ganado. Puede que más de uno quiera seguir su ejemplo.

Elsa Artadi, la mujer que antepuso su carrera política a formar una familia

9 marzo, 2018

Fuente: http://www.jessicafillol.es

Así es como subtitulaba La Vanguardia el jueves pasado el perfil de la candidata a la presidencia de la Generalitat hasta que lo cambiaron el viernes: apasionada del yoga y las series y de una carrera política que ha antepuesto a formar una familia.
Elsa Artadi en La Vanguardia

Elsa Artadi en La Vanguardia

A partir de la Ley de Paridad del gobierno de Zapatero y de la introducción de listas paritarias y listas cremallera, ha aumentado la presencia de mujeres en cargos electos. Sin embargo, el tiempo de permanencia de las mujeres en la política de primer nivel es más corto que el de los hombres: ellos se dedican a la política en cargos electos durante más tiempo que ellas, la carrera política de ellas es significativamente más corta que la de ellos. En el congreso de los diputados (el que he en encontrado es del 2007) un 2,6% de ellas ha estado tres o más legislaturas mientras que eso pueden decirlo el 23% de sus colegas hombres. Muy pocas mujeres repiten más de dos legislaturas, de hecho el 60% (dato del 2007) solo estaba una legislatura, mientras que en el caso de sus compañeros, eso sólo le ocurre al 47% de ellos. El promedio de permanencia de los diputados es de 8,1 años; el de ellas, 5,2. Por eso suele decirse que los hombres están en política, mientras que las mujeres pasan por ella.

¿Conocéis a algún hombre que haya antepuesto su carrera política a formar a una familia? Para ellos al parecer no es incompatible su carrera profesional con formar una familia, ¿sabéis por qué? Dadle una vuelta, no os lo voy a dar yo todo mascadito.

Y en caso de que exista algún político hombre en esa situación (que lo dudo, pero oye, quizá), ¿se ha destacado ese dato en titulares alguna vez? En cambio, cuando es una mujer la que llega a un puesto destacado, si no tiene familia hay que destacarlo en titulares, y dejar bien claro que es porque ha renunciado, porque para nosotras no es compatible un puesto de responsabilidad con los cuidados que requiere formar una familia. Nosotras tenemos que elegir.

Suelo recordar con frecuencia la reseña de este estudio sobre parejas teóricamente comprometidas con la igualdad en el momento del embarazo, y lo que ocurre a partir de que nace el bebé: cómo ellos se escaquean, las excusas que ponen… y aún así creen estar ejerciendo la crianza al 50% mientras que ellas tienen una opinión muuuuuuy diferente del grado de implicación familiar de sus parejas masculinas. En La Mercantilización de la Vida Íntima, Arlie Russell Hochschild entrevistó a cientos de parejas con hijos y describió la resistencia que ellos ponían al hecho de hacer el 50% de las tareas del hogar y cuidados. Describe cómo ellos ponen en marcha todo tipo de estrategias: fingir no saber, hacer horas extra en el trabajo, mentir, negarse directamente, montar broncas, manipulación emocional, excusas y justificaciones de todo tipo. Esto tiene consecuencias muy graves: frena el desarrollo de las mujeres (las obliga a doble y triple jornada), erosiona los vínculos afectivos y conlleva un “imperialismo emocional” (se contrata a mujeres migrantes para tareas de cuidados). Y explica también por qué se considera algo a destacar que mujeres con aspiraciones políticas “renuncien” a formar una familia, mientras que para los hombres es un dato irrelevante: ellos no tienen que tomar esa decisión. Somos nosotras quienes tenemos que conciliar vida laboral y familiar, para ellos la familia no supone ningún handicap.

Patricia Sornosa, cuando fue entrevistada en NTMEP, contó una anécdota brutal que le ocurrió durante un monólogo, cuando habló de los cuidados a familiares dependientes, en concreto de las mujeres que tienen que quedarse en casa y dedicar su tiempo a cuidar de los suegros enfermos, porque sus propios hijos (hombres) ni se lo plantean. Silvia Federici, que ha tratado ampliamente el tema de la economía de los cuidados, tiene una frase demoledora al respecto: lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado. Pero es que cuando se trata de cuidar a los padres enfermos de nuestra pareja hombre, ahí no hay amor: es pura obligación socialmente impuesta. “Imagínate que a esta mujer que tiene que quedarse en casa cuidando del suegro enfermo, se le va un día la pinza y le dice al marido: ¿Sabes lo que te digo? Que a tu padre, A TU PADRE, lo vas a cuidar tú“. Escuchad el vídeo a partir del minuto 3:50h porque es demoledor.

¿Qué quiero decir con esto? Que aunque el titular de La Vanguardia era un horror (cierto), si rascamos un poquito, lo que hay bajo la superficie de ese titular es aún peor. Es una sociedad aún con una brecha muy profunda en el área de cuidados, que repercute negativamente sobre nuestras carreras profesionales, sobre nuestro tiempo de ocio y de descanso, sobre nuestra salud, en la feminización de la pobreza, en la contratación de tareas de cuidados a mujeres migrantes con condiciones laborales absolutamente precarias, sobre la brecha salarial en la que nuestro presidente del gobierno no quiere meterse y sobre nuestras pensiones que son significativamente más bajas “porque queremos”. Y por todo eso, este 8 de Marzo será también una huelga de cuidados.

Hoy toca callarse y aprender (como hombre)

8 marzo, 2018

Hoy es la huelga feminista del 8-M y toca hacer Historia. El camino viene de largo y queda mucho por hacer. Cuando la información es máxima sobre cualquier cosa, los prejuicios y las visiones desprestigiando el movimiento se hacen también palpables.

Cualquier reivindicación se me hace corta ante las desigualdades que sufren este colectivo. Todas las huelgas se producen por alguna protesta que hacen avanzar al conjunto de la sociedad, eso es lo que la Historia nos ha enseñado. Por eso esta huelga está más que justificada. Todo mi apoyo a esta movilización del colectivo feminista.