Posts Tagged ‘feminismo’

Cuando eres feminista y no lo sabes

13 mayo, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

ANITA BOTWIN

MALAGÓN
5 DE ABRIL DE 2017

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RAE: feminismo.

Del fr. féminisme, y este del lat. femĭna ‘mujer’ e -isme ‘-ismo’.

1. m. Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

Yo no soy feminista, soy femenina. Este es un mantra que se repiten miles de mujeres, pero lo cierto es que una feminista puede ser femenina y una femenina no ser feminista. No existe relación alguna entre ambas cuestiones. Es más, si decides depilarte, por poner un ejemplo, tienes todo el derecho a llamarte feminista. Que nadie te diga lo contrario. Puedes pintarte los labios y ser feminista, puedes llevar escote y ser feminista, puedes llevar bragas de encaje y ser feminista. Como también puedes hacer todo lo contrario y seguir siéndolo. Básicamente porque el feminismo no es un dogma, sino un movimiento que busca la igualdad entre hombres y mujeres.

Decirse femenina excluyendo el feminismo es una manera de tirar balones fuera para no reconocer que vivimos en una sociedad patriarcal en el que las mujeres tenemos menos privilegios. Reconocerse feminista es quitarse un velo y pasar a otro estado que supone dolor. Puede compararse a cuando una se divorcia o enviuda o pierde algo de su vida que le había acompañado por mucho tiempo. Ponerse las gafas moradas requiere de cierta valentía y preocupaciones nuevas. Y no estamos para más lío, que bastante tenemos ya. La cuestión es que vivir con ese velo eternamente tampoco te hará más feliz, sólo te hará vivir en una ignorancia que le viene muy bien al sistema en el que vivimos.

SER FEMINISTA POR DEFINICIÓN ES BUSCAR LA IGUALDAD ENTRE AMBOS SEXOS. SI CREES QUE MERECES EL DERECHO AL VOTO, ERES FEMINISTA

“Yo no soy feminista, soy igualitaria”. Eso es como decir no hace frío ni calor, estamos a cero grados. Ser feminista por definición es buscar la igualdad entre ambos sexos. Si crees que mereces el derecho al voto, eres feminista. Emily Wilding Davison no se tiró bajo un caballo para reivindicar que era igualitaria o femenina; la sufragista pedía el derecho a voto de las mujeres y lo pagó muriendo atropellada por el caballo del rey Jorge, al que intentaba poner una pancarta para obtener el sufragio femenino.

Si Clara Campoamor no hubiera dado un golpe sobre la mesa, cuando tenía todo y a todos en su contra, ya que preferían que la mujer no votara con tal de no perder la República, tú seguirías zurciendo los gayumbos de tu adorado marido sin tener ni voz ni voto. Estas mujeres no tenían miedo a llamarse feministas porque tenían claro cuál era el objetivo a pesar de estar solas, repudiadas y apartadas por la sociedad.

¿Por qué las mujeres han llegado a rechazar la palabra “feminismo”? Caitlin Moran cuenta en su mordaz obra Cómo ser mujer que quien no estuviera al tanto de los objetivos del feminismo, e intentara averiguarlo por las conversaciones que lo rodeaban, “creería que era una combinación espectacularmente poco atractiva de misandria, amargura e hipocresía, partidaria de la ropa fea, del malhumor y, seamos realistas, de que no hubiera sexo”. Sin embargo, el hecho de que sea una palabra infrautilizada y denigrada lo hace aún más molón, más provocador, más como la cresta de los punkis de los 70. Ahora todo el mundo quiere una, desde Miley Cyrus hasta Neymar.

Sucede algo similar con la idea “ser de izquierdas”. Se ha criminalizado esta ideología, y se ha asociado a ciertos regímenes que poco han tenido que ver finalmente con las ideas que promulgaban. Mientras tanto, la derecha campa a sus anchas, en nuestro país y en el nuevo desorden mundial. La izquierda no vende y es como ser de un equipo perdedor desde antes de que comience el partido. Sucede algo parecido con el feminismo. No son ideologías ganadoras porque no nos las hemos creído, porque no hemos levantado su bandera sin miedo, porque los mass media nos dejan a un lado o nos persiguen como si fuéramos delincuentes. Pues os diré algo, ser feminista mola, está de moda y empieza a ser un concepto ganador. Además, ya no nos queman en las hogueras y, lo quieras o no, eso es un punto a favor para empezar a serlo.

EL MIEDO A LLAMARSE FEMINISTA ES ALGO PARECIDO AL MIEDO QUE TIENE EL TRABAJADOR POBRE A ACEPTAR SU SITUACIÓN DE DESIGUALDAD

El miedo a llamarse feminista es algo parecido al miedo que tiene el trabajador pobre a aceptar su situación de desigualdad. El trabajador no tiene conciencia de clase, porque le han enseñado a pelearse con su compañero para obtener un puesto mejor para sobrevivir. Es una de las estrategias que tienen los de arriba para seguir siendo los de arriba, mientras los de abajo se pelean entre ellos.

“Yo no soy feminista, no tengo nada en contra de los hombres”. Tranquila, puedes ser feminista y no odiar a los hombres; de hecho, ser feminista nada tiene que ver con odiar a los hombres. Ser antirracista no es odiar a los blancos, sino defender las ideas de igualdad de derechos entre razas.

Si llegados a este punto aún tienes dudas sobre si eres feminista, imagino que no te importará que ingresen el salario en la cuenta de tu marido, ya que, total, la igualdad entre sexos te importa más bien poco. Si aun así tienes dudas, me gustaría conocer qué aspecto de la liberación de la mujer no va con vosotras.

Por suerte, nos encontramos en un momento álgido del movimiento feminista a nivel mundial, tomando cada vez más fuerza; de ahí que también se generen resistencias y suframos ataques, como puede leerse en este texto que escribimos Andrea Momoitio y yo. Sin embargo, es el momento de no tener miedo, de unirse en bloque mujeres y hombres feministas contra el patriarcado.

Si crees que las mujeres debemos tener los mismos derechos que los hombres y luchar por ellos, ¡enhorabuena!: eres feminista. No lo digo yo, lo dice la RAE.

AUTOR

  • Anita Botwin

    Gracias a miles de años de machismo, sé hacer pucheros de Estrella Michelin. No me dan la Estrella porque los premios son cosa de hombres. Y yo soy mujer, de izquierdas y del Atleti. Abierta a nuevas minorías. Teclear como forma de vida.

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Las mujeres quieren desbancar a Franco en las calles

28 noviembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Algunos ayuntamientos como Valencia, Oviedo o Cádiz fomentan los nombres de mujeres aprovechando la sustitución de los callejeros franquistas

Las 27 constituyentes, la periodista Carmen de Burgos o la ministra Federica Montseny reemplazarán a cargos de la dictadura en las calles alicantinas

“No se trata de cambiar todas las calles por nombres femeninos, sino de potenciar una política municipal que apueste por ello”, asegura la profesora de Historia Antigua de la Universidad de Vigo Susana Reboreda

20/11/2016 – 19:15h

Son muchas las científicas,matemáticas, artístas, filósofas o políticas que con sus obras e ideas contribuyeron al progreso de la Humanidad

Algunos ayuntamientos impulsan los nombres de mujeres al sustituir el callejero franquista

El callejero en España tiene nombre de varón. Las mujeres se pueden contar casi con los dedos de las manos en los mapas de las ciudades. Las cifras no alcanzan el 5% en algunas como León y en otras como Cádiz son ocho el número de vías dedicadas a nombres propios de mujeres de un total de 736.

Pero las calles sí se convirtieron en espejo del golpe de Estado de 1936, la victoria del ejército franquista tres años después y la dictadura. Por eso muchas ciudades cuentan con avenidas y plazas con nombres de cargos del régimen y personalidades franquistas que, nueve años después de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, continúan marcando los callejeros.

Las elecciones municipales de mayo de 2015 supusieron la entrada a los consistorios de plataformas políticas y confluencias que reavivaron el debate. Así, muchos ayuntamientos comenzaron a poner en marcha la medida a la que les obliga el artículo 15 de la ley: eliminar las calles franquistas.

Los cambios –o la declaración de intenciones– revolucionaron el panorama, pero mientras la polémica crecía, en varios puntos de España comenzaban a recopilar nombres de mujeres. Las dos circunstancias –la invisibilización femenina y las exaltaciones franquistas– han llevado a muchos grupos políticos a entrecruzarlas.

La ministra sustituye a un coronel

Pintoras, historiadoras, periodistas, científicas, republicanas, feministas, mujeres vinculadas de alguna manera a las ciudades… Algunos ayuntamientos han aprovechado la Ley de Memoria Histórica para hacerles un hueco en los callejeros. “La representación femenina actual está liderada con diferencia por monjas, reinas o vírgenes“, dice Victoria Rodríguez, de León en Común.

El grupo acaba de cerrar la votación que proponía 100 nombres de mujeres para sustituir las 35 con denominación franquista que deberá cambiar el consistorio, gobernado por el PP, a raíz de la denuncia que ha presentado el abogado Eduardo Ranz. La más votada ha sido la maestra, escritora e inventora Ángela Ruiz Robles, que en 1949 desarrolló la primera propuesta de enciclopedia mecánica.

Hipatia de Alejandría, que logró numerosos avances en el mundo de la ciencia, la astronomía y las matemáticas, Dolores Ibárruri ‘La Pasionaria’, la pedagoga María de Maeztu o Rosa Parks son algunos de los nombres recopilados. Algunos compartidos por otras ciudades como Alicante, que el pasado martes aprobó modificar el nombre de casi 50 calles franquistas.

Las 27 constituyentes –diputadas del parlamento democrático tras la dictadura– reemplazarán a Adolfo Muñoz Alonso, falangista y procurador en Cortes durante el franquismo; la periodista Carmen de Burgos sustituirá al ministro del Ejército franquista, el general Varela, y la primera mujer en ocupar un cargo ministerial en España, Federica Montseny, hará lo mismo con Teniente Coronel Chápuli.

Nombres femeninos como política municipal

“Lo primero es tomar conciencia de que las mujeres no estamos en las calles porque nos hemos acostumbrado a esta invisibilidad y lo segundo es tener voluntad política”, afirma la profesora de Historia Antigua de la Universidad de Vigo, Susana Reboreda. “No se trata de cambiar todas las calles por nombres femeninos, sino de potenciar una política municipal que apueste por ello”, prosigue.

Es el caso de Valencia, cuya Comisión de Igualdad ha dado luz verde a la medida de que cuatro de cada cinco calles que se denominen a partir de ahora tengan nombre de mujer. “Esto afectará a las calles franquistas que se van a renombrar y a las nuevas”, afirman fuentes de Cultura.

La decisión ya ha sido tomada en el municipio valenciano de Quart de Poblet, que tiene en marcha una consulta ciudadana para suplir ocho vías que aluden a nombres de la dictadura por mujeres de una lista de 24 ilustres. Entre ellas, Rosa Luxemburgo, Las 13 Rosas, Marie Curie o Carmen Martín Gaite.

Un criterio, el de incluir a mujeres, que también tendrán en cuenta en Oviedo, gobernado por Somos Oviedo, PSOE e Izquierda Unida. “Se está cerrando la lista final de vías que se deben modificar, que serán 22”, aseguran fuentes del consistorio. Bilbao y Cádiz también seguirán esta tendencia, que en Santander está de momento paralizada.

Ganemos Santander Sí Se Puede presentó una moción en el pleno que fue rechazada con los votos en contra de PP y Ciudadanos. Quería romper con el callejero marcado por el franquismo, pero también por el machismo. “Nuestra apuesta era renombrar las calles con mujeres represaliadas por la dictadura, muchas abanderadas del feminismo en España”, apunta Susana Ruiz, coordinadora general de la formación.

La ciudad gaditana, sin embargo, sí se sacudirá el franquismo de sus calles. Los datos que ha recopilado hasta ahora el consistorio reflejan la oscuridad a la que han sido sometidos los nombres femeninos. Solo ocho nombres propios de mujeres tienen alguna calle. El resto se refieren a santas –Santa Bárbara, Santa Inés…–, vírgenes o denominaciones impersonales –La amante, Rosa, Concepción…–.

20/11/2016 – 19:15h

Ellas también hablan: los diez mejores discursos jamás oídos en una película

5 noviembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

La semana pasada, la revista Jot Down elaboró una lista con los mejores discursos de la historia del cine: todos estaban pronunciados por hombres.

La culpa no es suya: un estudio reciente sobre 2.000 películas de Hollywood demuestra que en el 75% de los filmes, el peso del guión recae sobre ellos.

Uma Thurman en Kill Bill vol.2

Uma Thurman en Kill Bill vol.2

La web Polygraph realizó en abril  un estudio para demostrar (o desmontar) una tesis recurrente: que Hollywood está dominado por el hombre blanco. Agruparon 2.000 guiones de películas, clasificados por décadas y géneros, y contaron cuántas palabras pronunciaban ellas y cuántas ellos. Con esa metodología pretendían llegar mucho más allá de lo que llega el  test de Bechdel, un sistema que es únicamente referencial. Comenzaron por los clásicos Disney, acabaron por El renacido. El resultado fue, al mismo tiempo, decepcionante y atronador.

En 1.513 de las películas, el peso del guión lo llevan entre el 60% y el 100% los hombres. Lograron encontrar paridad en los diálogos en 314 títulos, y sólo en 9 de las 2.000, el peso de la trama recaía en ellas al 90%.

Había otros datos muy reveladores, como los extraídos del despliegue por edades: el 70% de los diálogos femeninos son entre mujeres de entre 21 y 42 años. En los personajes protagonizados por hombres, ese mismo porcentaje sube a un rango de entre 32 y 65 años. Y muchas curiosidades: en Mulán, una película cuya tesis es que una mujer tiene derecho y capacidad para hacer el mismo trabajo que un hombre, las chicas no ganan en frases de diálogo. Cabe señalar que el estudio no tuvo en cuenta a los distintos grupos étnicos.

Por esto, no es raro que cuando Jot Down presentó una lista de los que considera los 16 mejores discursos cinematográficos de la historia para que sus lectores elijan entre ellos su favorito, todos los haya pronunciado un hombre. Tampoco nos debemos extrañar si ni siquiera nos damos cuenta, o si lo pasamos por alto. Que lo normal, lo neutral y lo universal es el hombre lo sabemos desde que en 1949 Simone de Beauvoir publicó El segundo sexo.

El resultado es lógico y sintomático: si ellos protagonizan más escenas y hablan más, también dan más y mejores monólogos. Hay que tener en cuenta otros datos: actualmente sólo el 19% de las películas de Hollywood las dirigen mujeres. Y entre las películas más valoradas en IMDB apenas hay largometrajes con protagonistas femeninas absolutas ( Amèlie y Eva al desnudo).  En el debate generado, alguien alegaba que no es culpa de los hombres que las mujeres no estén a la altura en pantalla. Pero sí es culpa de algunos hombres; los que han reinado en el séptimo arte durante décadas.  

A pesar de todo, sí existen discursos femeninos memorables. Con ayuda de los lectores y usuarios de Twitter, hemos elaborado una contralista de diez momentos que toda actriz (y actor) soñaría con interpretar. Y que queda abierta en los comentarios para sugerencias.

Por cierto: como hemos tratado de seleccionar escenas que el imaginario colectivo considera realmente emblemáticas, casi todas pertenecen a películas dirigidas por hombres. Y todas las protagonistas son blancas. Pero esas son otras historias de las que hemos hablado y hablaremos en otra ocasión.

Vivien Leight en Lo que el viento se llevó

Antonia San Juan en Todo sobre mi madre

Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses

Hillary Swank en Million Dollar Baby

Uma Thurman en Kill Bill. vol. 2

Susan Sarandon (en colaboración con Geena Davis) en Thelma & Louise

Meryl Streep en La decisión de Sophie

Julian Moore en Magnolia

Meryl Streep (otra vez) en Sufragistas

Candela Peña en Princesas

10 +1: Emilia Clarke en  Juego de Tronos

Sabemos que hablamos de cine y que es trampa. Pero si se habla de discursos, pensamos en ella.

‘Cazafantasmas’: feminismo de ‘blockbuster’

31 agosto, 2016

Fuente: http://www.lamarea.com

El capitalismo ha encontrado un nuevo nicho en la versión más divertida y menos subversiva del feminismo.

21 agosto 2016 | 12:59
‘Cazafantasmas’: feminismo de ‘blockbuster’
Las protagonistas del remake Cazafantasmas.

“Me han destrozado la infancia” repetían este verano en las redes sociales miles de hombres en torno a los 40 años. Su supuesta desgracia no es otra que el remake de Cazafantasmas (Ghostbusters), la célebre comedia de 1984 sobre unos parapsicólogos que se dedican a atrapar fantasmas en Nueva York. Lo traumático del asunto, parece ser, es que en esta ocasión las protagonistas son cuatro mujeres interpretadas por las cómicas Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones.

La polémica se inició hace dos años, cuando el director Paul Feig anunció que iba a rodar una nueva versión del clásico infantil con un elenco femenino en los papeles principales. En las redes sociales, se acumulaban las críticas, los comentarios sexistas y las amenazas de no ir a verla. El tráiler publicado en la cuenta oficial de Sony en Youtube se ha convertido en el peor valorado de todos los avances cinematográficos disponibles en la plataforma. Un mes después de su estreno en Estados Unidos, acumula más de un millón de reacciones negativas, mientras que los “me gusta” no se acercan ni a la mitad.

Poca broma. Leslie Jones, la única actriz negra del reparto principal, decidió abandonar temporalmente Twitter ante la intensidad del acoso racista y sexista al que se vió sometida. Y “todo porque hice una película. Podéis odiar la película pero la mierda que tengo hoy encima… está mal”, reflexionaba en su cuenta. Según había denunciado horas antes a través de la misma red social, “me han llamado simio, enviado fotos de sus culos, incluso una imagen con semen en mi cara. Estoy intentando entender a los humanos. Estoy fuera.”

Cuatro señoras normales

Cazafantasmas no es una película eminentemente feminista. Tiene aspectos empoderantes, como mostrar una relación de fuerte amistad y compañerismo entre mujeres. Relaciones, por otro lado, ubicuas en la vida real pero muy poco representadas en la ficción. Pero que nadie se lleve a engaño: hemos venido a ver ectoplasma mucoso, chistes aptos para todos los públicos y sustos de grandiosos efectos especiales. Entonces, ¿por qué genera tanto odio que cuatro señoras protagonicen una película de entretenimiento veraniego?

El cine comercial está plagado de protagonistas masculinos en los más variados papeles y de todos los rangos de edad. Para ellas, el espectro se reduce a sus primeras tres primeras décadas de vida y a roles estereotipados que basculan entre la madre y la puta. En este caso, la historia es, por fin, distinta: las protagonistas tienen físicos normales (comparando con el mundo real) y sus obsesiones no giran en torno al amor y la maternidad, sino a cazar fantasmas. El ejercicio de parodia por inversión es especialmente efectivo en el papel del recepcionista joven, guapo y deliciosamente idiota que interpreta Chris Hemsworth, el Thor de las últimas películas del universo Marvel.

Guerras culturales y feminismo

Las leyes de Newton también se aplican a la cultura popular. En el momento en que las mujeres y las temáticas feministas empiezan a encontrar su hueco en la industria del entretenimiento, la reacción en contra no se hace esperar. El caso de Cazafantasmas no ha sido el primero pero sí el que ha llegado a un público mayoritario. Antes, la campaña de acoso organizado conocida como Gamergate ha obligado a mujeres vinculadas al mundo de los videojuegos, como Zoë Quinn o Anita Sarkeesian, a cancelar conferencias o abandonar su casa debido a las amenazas.

Los premios de ciencia ficción están siendo un campo de batalla destacado en estas guerras culturales feministas. En Estados Unidos, los longevos Hugo son objeto, desde 2013, de la acción coordinada de un lobby de extrema derecha llamado Sad Puppies (“cachorros tristes”). Su objetivo es que las obras premiadas mantengan los valores machistas, racistas y belicistas que, según sus miembros, son propios del género. Se trata de una reacción ante su percepción de que las mujeres y otros grupos oprimidos estaban ocupando últimamente “demasiado” espacio en las nominaciones.

El miedo por ver peligrar los privilegios patriarcales de representación es tal que se ha llegado a afirmar que la polémica por la versión femenina de Cazafantasmas ha sido creada y alimentada desde el propio film como estrategia de marketing. La hipótesis se apoya en que, en una escena de la película, el personaje de Leslie Jones cae al suelo cuando el público al que se lanza desde el escenario se aparta. Desde ahí, la cazafantasmas exclama: “No sé si ha sido por negra o por mujer, pero estoy muy cabreada.”

La película también ha sido tildada de racista ya que, mientras que las tres protagonistas blancas son científicas con doctorado (ingeniera nuclear, física cuántica y parapsicóloga a tiempo completo, respectivamente), la única afroamericana del elenco trabaja como taquillera en el metro. Su aportación al grupo proviene de la universidad de la vida: conoce a la perfección las calles de Nueva York.

Estamos en un momento de impás. El capitalismo ha encontrado un nuevo nicho en la versión más divertida y menos subversiva del feminismo que, poco a poco, se empieza a reflejar en las ficciones cinematográficas comerciales. Sin embargo, como ya ocurrió con la última entrega de la saga de La guerra de las galaxias, parece que existe una pantalla de cristal que impide que los mundo imaginarios donde el patriarcado no existe se reflejen en la realidad. Ojalá las niñas que crecen queriendo ser como las nuevas cazafantasmas puedan el día de mañana cobrar el mismo salario que sus compañeros, no asuman en exclusiva el trabajo de cuidados y no sean juzgadas por su apariencia.

Una eternidad de infierno que atravesar

11 enero, 2015

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

El 76% de los homosexuales dijeron haber sido discriminados en el centro educativo.

ROSA MONTERO 30 MAR 2014 – 00:00

De todos es sabido que, cuando un grupo social discriminado intenta reclamar sus derechos, el sistema establecido se defiende siguiendo unas pautas que siempre se repiten. Al principio, cuando las voces rebeldes aún son pocas, el arma preferida es la irrisión. Sucedió durante mucho tiempo con las mujeres: las damas sabias eran ridículas; las sufragistas eran feas, machorras, unas histéricas; de hecho, la palabra feminista sigue aún cargada con el plomo de la mofa. Luego viene una segunda etapa, que es la del enfrentamiento directo; llegados a ese punto, se discute, se pelea y hay forcejeos políticos, porque las reivindicaciones son ya tan mayoritarias y tan serias que el poder no puede despacharlas con el simple recurso de burlarse de ellas. Este periodo es crucial: es entonces cuando se acometen los cambios legales esenciales y cuando la sociedad bascula hacia un nuevo consenso.

Pero luego queda aún una tercera etapa de resistencia del sistema ante el cambio, una fase agazapada y subrepticia que consiste en difundir la especie de que ya no hay discriminación, que el problema se ha acabado y ya no es necesario seguir luchando. En el caso de las mujeres nos encontramos ahí y, aunque es evidente que el avance ha sido monumental, lo cierto es que la supuesta igualdad es una falacia. Déjenme que ponga ejemplos del mundo literario, que es el que me cae más cerca; es verdad que las mujeres escribimos, publicamos y podemos ser superventas; pero, como dice Laura Freixas, los críticos de los principales suplementos literarios españoles son hombres en un 85%, y sus reseñas son también en un 85% de autores varones. Por no hablar de las antologías, de las enciclopedias… Cuanto más ascendemos por la escala de poder, menos mujeres. De los 36 premios Nacionales de Narrativa que ha habido desde la Transición, sólo dos han ido a parar a escritoras. Y entre los 66 premios de la Crítica, sólo hay tres mujeres. Son porcentajes ridículos, y esto no sucede sólo en España; en el Nobel sólo hay un 12% de mujeres (en todas las categorías); en el Goncourt, un 6%. No se trata, por supuesto, de una conspiración consciente, sino de la pervivencia de un prejuicio, de la inercia ciega del sexismo (en el que también caemos las mujeres). Por cierto, y hablando de cifras grotescas, se acaba de publicar que las ministras británicas ocupan despachos más pequeños: miden de media 21 metros cuadrados menos que los de los hombres. No es un dato baladí: en la carrera del poder, la gente suele matar por un buen despacho.

Sucede exactamente lo mismo con la homosexualidad. También hubo una primera etapa de burla al mariquita, un segundo periodo de lucha y de conquista y ahora empiezo a escuchar la consabida cantinela del “ya no hay ninguna discriminación, de qué se quejan”. En los tres últimos meses, el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) ha presentado dos sólidos estudios sobre la discriminación homofóbica en nuestra sociedad. El primero está hecho con una muestra de 762 personas que se autodefinen lesbianas, gays, transexuales o bisexuales. Pues bien, un 44% dijeron haberse sentido discriminados en alguna ocasión al ir a alquilar un piso (“fui con mi pareja y cuando le dijimos al dueño que éramos dos mujeres casadas nos contestó que no alquilaba a maricones ni lesbianas”), o en un restaurante, en un bar, en una oficina bancaria, en una tienda o cualquier otro lugar público. Aún peor, por lo que supone de angustia prolongada, es el siguiente dato: un 31% dijeron haberse sentido discriminados en el puesto de trabajo, muchos de ellos por verse obligados a soportar bromas constantes y pullas ofensivas. Pero lo más inquietante es lo que sucede en los centros de estudio: un 76% dijeron haber sido discriminados en el centro educativo, mayoritariamente por sus compañeros (92%), pero también por los profesores (26%) e incluso por los padres o las madres de otros alumnos (11%). Esta discriminación puede convertirse en acoso y en un auténtico martirio y llevar a las víctimas hasta el suicidio.

Precisamente el otro trabajo que COGAM acaba de publicar estudia la homofobia en los centros de Secundaria. Tras entrevistar a 5.272 estudiantes de institutos públicos de la Comunidad de Madrid, descubrieron que nueve de cada diez alumnos consideran que hay rechazo hacia las lesbianas, los gays, los bisexuales y los transexuales; además, un abultado 42% piensan que los profesores muestran una clara pasividad ante comportamientos homófobos. En semejante caldo de cultivo, es comprensible que el 80% de los que se autodefinen como homosexuales oculten su tendencia y finjan ser quienes no son. Estamos hablando de chavales entre los 12 y los 17 años. Una eternidad de infierno que atravesar.

@BrunaHusky, http://www.facebook.com/escritorarosamontero, http://www.rosa-montero.com

“No habrá marcha atrás en la revolución de las mujeres musulmanas”

8 diciembre, 2014

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

CHARO NOGUEIRA 25 SEP 2013 – 00:00 CET29

Aspecto menudo y palabras contundentes. Un mensaje férreo y gotas de ironía. Shirin Ebadi (Hamedán, Irán, 1947), la primera musulmana en recibir el Premio Nobel de la Paz –por su defensa de los derechos humanos, sobre todo de las mujeres y los niños–, es una exiliada forzosa. Esta exjuez obligada a dejar de serlo por la revolución islámica se ha convertido en altavoz crítico frente al régimen de los ayatolás. “No tengo ninguna esperanza de que las cosas puedan cambiar con el nuevo presidente, Rohaní”, asegura. Ha pasado una década desde el galardón y su lucha sigue siendo su motor. Solo baja la voz cuando habla de su estancia en prisión. “El aislamiento, la soledad, es la peor tortura. Una celda de dos por dos, cuya puerta se abre tres veces al día… La cárcel me acercó a Dios, fue una ayuda para sostenerme”, dice lentamente en la despedida. Poco antes, con sonrisa orgullosa, mostraba la foto de su nieto. La vida sigue.

PREGUNTA: Su activismo le valió el Nobel en 2003, pero le ha costado la cárcel y el exilio. ¿Es un precio muy alto?

RESPUESTA: Quiero recordar que muchos de mis compañeros se encuentran ahora en prisión. Lo están pasando peor de lo que lo pasé yo, y no olvidemos a las personas ejecutadas. Cada cosa que hagas en la vida requiere un precio. Lo más importante es que uno esté preparado emocionalmente para pagarlo. El Gobierno ha confiscado todas mis propiedades y a los 64 años volví a cero a nivel económico, a no tener absolutamente nada. Todo lo que poseo en Irán lo han puesto a la venta. Mi marido y mi hermana estuvieron encarcelados un tiempo como medida de presión. Pero me pilló preparada.

P: No por eso será menos doloroso.

La intervención militar solo empeorará la situación de los sirios”
R: El dolor siempre está, pero hay una diferencia muy grande entre estar listo y que te pille de sorpresa, sin saber cómo reaccionar. Soy una abogada buena en mi trabajo. Además soy escritora, con varios best sellers en Estados Unidos y Europa. Con mi saber hacer podría haber sido muy rica, pero elegí una vida que me seducía. Por eso, cuando pongo la cabeza sobre la almohada estoy muy tranquila. Al mirarme en el espejo no siento vergüenza. Y para mí eso tiene mucho valor, mucho más que todo lo que he perdido a nivel económico.

P: ¿Cómo lleva el exilio obligado?

R: Viajo diez meses al año. En Irán, por la censura, la gente no puede hablar. El exilio me permite ser una especie de eco de la voz de la gente que vive dentro del país. Soy un altavoz en movimiento que hace que ese sonido pueda llegar a más personas en más lugares. Pero constantemente recibo amenazas de muerte.

P: ¿De quién?

R: Del Gobierno iraní. Me dicen: “Si no eliges callarte, te callaremos nosotros”. Saben que yo no miento, ni exagero. Aparte de mis conferencias, saco a la luz informes detallados sobre la violación de los derechos humanos en Irán. Lo publico en nuestra web (www.humanrights-ir.org) y lo envío a organizaciones que defienden los derechos humanos. En esos informes hago referencia a las declaraciones de los altos cargos del Gobierno. Les cito y luego cuento lo que está pasando en el país.

P: ¿Cuál es la mayor conculcación?

La juez obligada a dejar de serlo

Shirin Ebadi creció en una familia ilustrada e igualitaria en los tiempos del sah. En 1970, a los 23 años, logró ser la primera mujer juez en Irán. Con el régimen islámico se vio obligada a dimitir del cargo en 1979. Entonces comenzó a ejercer como abogada centrada en la defensa de los derechos humanos, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz. Es autora de varios libros, entre ellos ‘El despertar de Irán’ (Aguilar).
Esta activista contraria a la energía nuclear –incluso para uso civil– sueña con un régimen respetuoso con las libertades. Es una devota de España – paella incluida–, donde esta primavera acudió al III Encuentro con Mujeres que Transforman el Mundo, en Segovia. En España estaba cuando en 2009 detuvieron a su marido y a su hermana, lo que le llevó a no regresar a Irán.
R: Lo peor son las leyes que justifican la violación sistemática de los derechos humanos. Esa violación se ha convertido en algo legal en Irán. Le doy un ejemplo. Según la ley, la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre. Si voy con mi hermano y los dos morimos en accidente, la indemnización a la familia por mí es la mitad de la que se da por él, simplemente por ser hombre y mujer. Hay cientos de ejemplos así que hacen legítima esa violación de los derechos humanos.

P: Recogió el Nobel con la cabeza descubierta, lo que vieron mal en su país, y lanzó una crítica a EE UU. ¿Era una forma de reivindicar su independencia?

R: Tanto en Oriente como en Occi­­dente hay cosas positivas. Siempre elo­­gio la libertad de expresión que hay en Occidente. Pero mi intención era criticar los elementos negativos de ambos.

P: ¿Cuáles son?

R: La cultura oriental es muy patriarcal y la occidental se ha convertido en muy materialista: el dinero da valor a todo, por dinero hay guerras, matan a personas. En ambas culturas olvidan constantemente al ser humano.

P: ¿Son las culturas o son los Gobiernos?

R: Los Gobiernos son elegidos por personas. La cultura de una sociedad también es importante, pero el Gobierno es una especie de reflejo de lo que pasa en una sociedad. Si ambos se separan mucho, habrá una revolución.

P: ¿Cómo se conjuga esto en Irán? Un líder moderado, Hasan Rohaní, ha ganado la presidencia.

Las mujeres somos víctimas y culpables de la cultura patriarcal”
R: No tengo ninguna esperanza de que haya cambios con el nuevo presidente. Los cambios fundamentales solo pueden llegar cuando haya elecciones libres a las que pueda concurrir cualquier persona. La gente está distanciada del Gobierno, que usa la violencia para oprimir a las personas y no deja que se escuche su voz fuera. Según Periodistas sin Fronteras, Irán está entre los cinco países que son los mayores enemigos de Internet. La velocidad es tan lenta que hace imposible usarlo. Cuando yo estaba allí y quería entrar en una web, encendía el ordenador, me conectaba a la página y me iba a cocinar. Cuando la comida estaba medio hecha, ya estaba abierta la página. Elegía el artículo y volvía a la cocina a terminar el guiso. Si los Gobiernos no intentan acortar la distancia que los aleja del pueblo, eso lleva antes o después a una revolución, a que la gente salga a las calles y diga “hasta aquí hemos llegado”.

Ebadi no pone fecha a ese basta ya iraní. “Ningún acontecimiento social la tiene”, sostiene la Nobel con pausas para que la intérprete, Rima Shermohamadi, traduzca del farsi al español en este recoleto salón de Segovia. La abogada, defensora de las sanciones políticas y contraria a las económicas que ahogan a su país, advierte: “Los iraníes estamos completamente en contra de una intervención militar extranjera”.

P: Usted apoyó la revolución de 1979 que derrocó al sah y abrió la puerta a la república islámica. ¿Se arrepiente, visto lo que ha venido después?

R: Queríamos la libertad y la independencia. El sah estaba bajo las órdenes de Estados Unidos, teníamos libertad individual, pero no política. La revolución fue para conseguir eso, pero China ha cambiado el sitio con Estados Unidos y seguimos sin ser independientes. No conseguimos la libertad política y hemos perdido la individual.

P: ¿De qué le ha servido el Nobel?

R: Me abrió muchas puertas. Me ha permitido poder hablar y dirigirme a muchas personas en el mundo. Lo que más me importa es que la visión mundial de cómo somos los iraníes ha cambiado gracias a poder dirigirme a la gente. Pertenezco a la clase media, la mayoría de la sociedad, y soy musulmana. Cuando me ven, dicen: “Ah, ahora sabemos cómo son los iraníes”. Algunos medios occidentales muestran una imagen negativa y oscura de nosotros, sacan a las mujeres de negro con el puño en alto que gritan: “Muerte a Estados Unidos y a Israel”. Al menos ven otra cara.

P: También existen esas mujeres.

R: Son muy pocas. La mayoría son como yo.

P: Pero deben ponerse el chador para salir a la calle.

R: La ley obliga a ello. Si yo salgo como voy ahora, pese a llevar manga larga y pantalón que tapa, como no llevo la cabeza cubierta, es ilegal y el castigo son 80 latigazos. Eso marca la ley. Por eso digo que nuestro gran problema es la ley, y todo mi empeño está en dar a conocerla.

P: ¿A veces desfallece?

R: Sí. Recuerde que el 99% votó a favor de la República Islámica de Irán, sin saber el tipo de gobierno que les esperaba. Aquellos días, hablar de los derechos humanos era lo más parecido a llevar una bomba en la mano por la calle. La prensa local, para insultarme, me llamaba feminista.

P: Y lo es. ¿Por qué?

R: Porque defiendo los derechos humanos. Los derechos de la mujer son los derechos humanos. El primer principio de ellos es el rechazo a cualquier tipo de discriminación. Las feministas decimos lo mismo.

P: ¿Cuándo ocurrió?

R: El día que me matriculé en la Facultad de Derecho y empecé a leer sobre los derechos humanos. Era la época del sah. Las leyes eran algo mejores que las de ahora, pero también eran discriminatorias hacia las mujeres. Es imposible defender los derechos humanos y no ser feminista.

P: ¿Cómo se explica que en muchos luga­­res las mujeres aún tengan menos de­­rechos legales o efectivos que los hombres?

R: Eso pasa en todos los países del mundo, incluida España. La raíz de todo está en la cultura patriarcal. No digo la cultura de los hombres; me refiero a la que está en contra de la igualdad entre las personas. Desgraciadamente, las mujeres, aun siendo víctimas de ella, somos sus primeras transmisoras de una generación a otra. Un hombre que oprime ha sido criado por una mujer que le ha enseñado esa opresión. La cultura patriarcal se parece a la hemofilia. Las mujeres somos víctimas y culpables. Por eso es fundamental educarlas.

P: No suena muy feminista.

R: Pero es muy realista, se lo aseguro. Para mí, ser feminista es hacer que las personas sean iguales. Para eso hay que ver dónde están las raíces del problema.

P: ¿Esas raíces son culturales, o también religiosas?

R: La cultura patriarcal utiliza cualquier cosa para poder justificarse, incluida la religión. Analiza de determinada manera los libros sagrados para decir “aquí estoy yo” a través de una interpretación errónea. Eso pasa en todas las religiones del mundo.

P: La situación es especialmente grave en algunos países musulmanes.

R: Sí, pero me gustaría añadir algo. La religión musulmana es muy cercana al judaísmo. La lapidación también existe en el judaísmo. La mujer hereda mucho menos que el hombre, como en el islam.

P: ¿El enemigo principal de la igualdad son las religiones?

R: Es la interpretación errónea de los libros sagrados. La del Corán siempre la han hecho los hombres. Ahora tenemos que hacerla las mujeres musulmanas.

P: La cuestión se complica con los Gobiernos religiosos. ¿Por qué va tan unida religión y política en muchos países islámicos?

R: Sí, pero en la Edad Media, la Iglesia gobernaba en Europa y ustedes han visto cuántas atrocidades cometió. En China, como antes en la URSS, gobierna la ideología y se pisotean los derechos humanos. La base de un Gobierno no debe ser ni una ideología política ni una religión, debe ser secular.

P: ¿Cree que los Gobiernos laicos permiten un mayor respeto a los derechos humanos?

R: No necesariamente. Esa es la primera condición, pero no la única. Muchos de ellos cometen atrocidades. Los Gobiernos no obtienen su legitimidad solo gracias a las urnas libres, sino también por el respeto a esos derechos.

P: ¿De qué ha servido la primavera árabe?

R: No era primavera, sino un despertar de los pueblos árabes. La habrá cuando las mujeres tengan los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Echar a un dictador no quiere decir que la democracia se haya establecido en esos países.

P: ¿Ha permitido dar mayor fortaleza a las mujeres?

R: Sí, y un campo de trabajo mucho más claro. En Egipto, en la época de Mubarak, ¿las mujeres se sentían tan empoderadas como para salir a la calle y protestar? En cualquier revolución, al principio hay una época de confusión. Un edificio bonito no se construye en una semana. No debemos perder la esperanza. En los países árabes hay un comienzo muy importante del despertar femenino. No habrá marcha atrás en la revolución de las mujeres musulmanas. Ellas se han dado cuenta de que tienen un poder y de que su única obligación no es estar en la cocina y tener hijos.

P: Siguiendo con Egipto, allí ha habido un golpe de Estado.

R: Hubo elecciones, pero los Hermanos Musulmanes se radicalizaron con la victoria. El pueblo egipcio temió que su destino fuera como el de los iraníes tras la revolución de 1979 y salió a la calle para mostrar que su revolución no ha terminado. El Ejército se ha extralimitado y ha creado la actual situación insostenible. Los militares deben volver a los cuarteles. La única salida son unas elecciones libres bajo los auspicios de Naciones Unidas.

P: ¿Y en Siria?

R: Una intervención militar de los Gobiernos de Occidente para derrocar a Bachar el Asad solo empeorará la situación de los sirios. Estoy en contra de ella. Quien debe intervenir es Naciones Unidas y convocar elecciones libres y pacíficas para que el pueblo diga qué Gobierno quiere. El Asad debe ser detenido y juzgado como criminal de guerra por el Tribunal Internacional de La Haya.

P: ¿Le preocupa el auge del velo? ¿Es seña de identidad, o símbolo de sumisión?

R: Es una cuestión muy delicada. En los países islámicos se les obliga, y las mujeres no están contentas. En Francia o Alemania les obligan a no llevarlo, y las mujeres tampoco están contentas. ¿Por qué no dejar que sean libres y elijan qué se ponen?

P: Quizá porque con el velo se hace política sobre las cabezas femeninas.

R: Sí. Es así, pero estoy en contra. ¿Por qué tanta cosa con las mujeres, y no con lo que llevan los hombres? Por la cultura patriarcal. Cuando un Gobierno laico quiere mostrar su identidad, utiliza a la mujer, y no a los hombres. Los musulmanes radicales dicen que no hay que afeitarse, pero en Francia no está prohibido llevar barba. ¿Por qué? Eso es la cultura patriarcal, que es universal: los hombres pueden elegir, y las mujeres, no.

P: ¿Por qué tiene tanta fuerza?

R: Porque no la conocemos bien. Para destrozar a tu enemigo hay que conocerlo a fondo, saber qué armas usa. Por eso digo que las mujeres, a la vez que son víctimas de esa cultura, son las primeras en defenderla y transmitirla. En todas las religiones de Abraham, la mala es Eva, la culpable del pecado original, qué curioso. ¿Quién ha hecho esa interpretación? Los hombres. Hay que empezar por liberar a Eva, convertida en la culpable de la humanidad.

P: ¿Por extensión, todas las mujeres somos culpables?

R: Sí, en todas las religiones de Abraham. ¿Por qué pensamos así?

P: Los textos tampoco ayudan.

R: No estoy de acuerdo. Si interpretamos de otra manera los textos sagrados, están a favor de la mujer.

P: Pero en ellos está escrito que quien peca es Eva.

R: ¿Qué es un pecado? Cuando no hay elección, es muy fácil, no se tiene la responsabilidad de la elección. Eva llegó al conocimiento, y él le llevó a la elección. El pecado está en el conocimiento. Eva fue la sabia, eso también puede ser. Quiso elegir su camino. ¿Por qué no esa interpretación? El problema está en la interpretación de los hombres de cualquier religión. Ahora nos toca a nosotras apoderarnos de ellas.

P: ¿Aún teme que la asesinen?

R: El miedo es como un instinto, como tener hambre. No es voluntario. No puedo mentir y decir que no tengo ningún miedo a la muerte, pero haber trabajado muchos años en situación de peligro me ha enseñado cómo frenar mi miedo y no permitirle que cambie mi rumbo de trabajo.

P: ¿Pisará de nuevo Irán?

R: Sí, seguro. Si pierdo la esperanza, dejo de trabajar. Cada día me digo: “No tienes derecho a cansarte”. El pueblo siempre gana, la historia lo confirma.

El club de las excéntricas

5 febrero, 2014

Fuente: https://blogs.elpais.com/historias/

Por: Tereixa Constenla | 12 de septiembre de 2013

Mucho antes de que llegara el aluvión de buceadores de la memoria histórica, estaba Antonina Rodrigo. No sola, claro está. Pero ella fue una de las primeras en preocuparse en hacer hablar a los silentes, a toda aquella generación de desterrados o autoexiliados  o reprimidos o amnésicos o demudados o simplemente que no habían tenido quien les escuchara. Rodrigo (Granada, 1935) comenzó a rastrear biografías de personajes que nada decían en los años setenta y ochenta a pesar de todo lo que tenían que decir. De aquellos trabajos de recuperación salieron varias obras, entre ellas Mujeres olvidadas, un título que ahora ha sido reeditado por La Esfera de los Libros, donde se rescata la vida de 15 personalidades de la política, las artes y el pensamiento que vivieron entre finales del siglo XIX y el XX.

No todas cayeron en el olvido, aunque son muy pocas las que han resistido el paso del tiempo. Dolores Ibárruri, Pasionaria, sin duda la figura más icónica e internacional que habrá tenido nunca el partido comunista en España, es la principal excepción. Pero ¿cuántas personas podrían ubicar hoy a María Goyri, María Blanchard, María de Maeztu o María Casares? ¿María Teresa León tiene espacio propio en nuestra memoria o la tratamos como un mero apéndice de Rafael Alberti?

En opinión de la escritora catalana ya fallecida Montserrat Roig, que escribió el prólogo para la primera edición del libro, “a María Teresa León se la conocería mucho más si no hubiera sido la compañera de Rafael Alberti”. Y sigue: “A María Goyri, también, si no hubiera sido la mujer de Menéndez Pidal. Zenobia Camprubí entendio, avant la lettre, la crisis de valores que estamos viviendo, pero prefirió ser la ‘lengua’, la ‘mano’, el ‘pie’, la enfermera, la mecanógrafa, el chófer de su marido, el gran poeta y hombre neurótico Juan Ramón Jiménez”.

Gracias a los apuntes biográficos de Rodrigo, cada una de ellas ha recibido un salvavidas para seguir flotando en la nebulosa del recuerdo. Dejando a un lado las políticas (además de Ibárruri, se biografían entre otras Margarita Nelken, Victoria Kent o Federica Montseny), la lectura de las peripecias vitales de la mayoría de las mujeres reseñadas genera dos efectos que parecen casi antagónicos. Por un lado asombra descubrir el talento, la energía y la visión vanguardista de muchas de estas trayectorias, que tuvieron en ocasiones impacto internacional. Fueron en verdad pioneras –por mucho que sea una palabra ajada- en un tiempo en que el signo de los tiempos venía marcado por la incorporación de la mujer a mundos que le habían estado vedados.

Detengámonos en María Blanchard (Santander, 1881-París, 1932), que había sido ninguneada en España cuando su pintura se apartó del camino trillado y que logró un pedestal propio en aquella ciudad rebosante de aspirantes a genio que fue París. Es una de las grandes del cubismo. Según Diego Rivera, solo por detrás de Picasso. Cuando volvió al trazo figurativo no decayó su carrera.

Uno de sus óleos, La comulgante, que se puede ver en el Museo Reina Sofía, asombró a la crítica francesa en 1921. Blanchard tiene obras en varios museos franceses y belgas, pero poca repercusión en la historia del arte y apenas ningún eco en España. Solo en dos ocasiones los museos estatales le han dedicado una exposición antológica, la última -entre 2012 y 2013- ha sido organizada por el Reina Sofía y la Fundación Botín.  

El segundo aspecto que parece contradecir el anterior es corroborar la vuelta atrás que se produjo tras la derrota del Gobierno republicano en 1939. Desaparecieron de escena las mujeres independientes y brillantes. En la dictadura solo había espacio para la madre y la esposa. Lo que se tuvo no se retuvo. Las conquistas no son eternas (por si necesitamos más pruebas: asomémonos a nuestro presente). “A veces hay que luchar por lo evidente”, decía Manuel Vázquez Montalbán.

Y recordar lo memorable. Como la historia de María de Maeztu (Vitoria, 1882-Buenos Aires, 1948) que, según Rodrigo, fue “la gran impulsora de la cultura femenina en España” y “embajadora en las universidades europeas y americanas, cuando la formación universitaria femenina daba en nuestro país los primeros pasos”. Maeztu, que estudió Magisterio y Derecho y fue discípula de Unamuno y Ortega y Gasset, pronto alcanzó fama de pedagoga brillante y, en 1915, se convirtió en la primera directora de la Residencia de Señoritas creada para acoger a las jóvenes que se desplazaban a Madrid para estudiar.

Por la institución pasaron Marie Curie, Juan Ramón Jiménez, Azorín, Ortega y Gasset y Pedro Salinas, entre otros. García Lorca, amigo de Maeztu, leyó allí su Poeta en Nueva York y ensayó obras de La Barraca. El diplomático chileno Carlos Morla Lynch la describía así: “Notable conferenciante, pedagoga magnífica, organizadora insuperable, no se le ha tributado aún, a mi juicio, el panegírico que a su obra corresponda”.  

En 1926 Maeztu se convirtió también en la primera presidenta del Lyceum Club Femenino, una organización similar a la existente en otros países europeos que perseguía “fomentar en la mujer el espíritu colectivo, facilitando el intercambio de ideas y encauzando las actividades que redunden en su beneficio”. Su dinamismo cultural –no solo tomaban el té- no gustó a todos. Antonina Rodrigo recupera algunas diatribas lanzadas por representantes religiosos: “La sociedad haría muy bien recluyéndolas como locas o criminales, en lugar de permitirles clamar en el club contra las  leyes humanas y las divinas. El ambiente moral de la calle y de la familia ganaría mucho con la hospitalización o el confinamiento de esas féminas excéntricas y desequilibradas”. En 1939 el Lyceum Club fue confiscado por la Falange y reconvertido en el Club Medina por la Sección Femenina.

Antes del zarpazo de la guerra, María de Maeztu había peregrinado como prestigiosa conferenciante por medio mundo (fue profesora de la Universidad de Columbia y de México, dio charlas en Oxford y recidió el honoris causa del Smith College). Se convirtió en consejera de Instrucción Pública del Gobierno. Y ahí acabó su prometedora carrera en España. El 31 de julio de 1936 fue detenido su hermano, el escritor y miembro de Acción Española Ramiro de Maeztu, fusilado tres meses después en el cementerio de Aravaca tras una de las sacas irregulares de presos ocurrida en Madrid en 1936. María abandonó España y se instaló en Buenos Aires, donde moriría en 1948. “Este prolongado destierro me produce una melancolía infinita… Me hubiera gustado tanto pasar los últimos años de mi vida en esa tierra para confundirme con ella…”, escribió.

Hoy pocos conocen la labor esencial de María de Maeztu. Libros divulgativos como el de Antonina Rodrigo contribuyen a que no se desvanezcan del todo. “Alguien dijo”, subrayó Montserrat Roig en su prólogo, “que recordar es vivir dos veces. Y eso es tan cierto como que el olvido es una muerte doble”.