Posts Tagged ‘Franquismo’

Rigor contra la manipulación del franquismo

7 agosto, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

Los historiadores arrojan luz sobre ese pasado traumático y demuestran que el rigor es el primer paso para evitar el uso político de esa época

Franco visita las obras del pantano de Santa Ana, en la cuenca del Ribagorzana, en 1955.
Franco visita las obras del pantano de Santa Ana, en la cuenca del Ribagorzana, en 1955. PÉREZ DE ROZAS

Franco comenzó el asalto al poder con una sublevación militar y lo consolidó tras la victoria en una guerra civil. Hasta 1945, él y su dictadura no fueron una excepción en aquella Europa de sistemas políticos autoritarios, totalitarios o fascistas. Pero tras el final de la II Guerra Mundial, las dictaduras derechistas, que habían sido dominantes desde los años veinte, desaparecieron de Europa, salvo en Portugal y España. Muertos Hitler y Mussolini, Franco siguió 30 años más.

Han pasado ya cuatro décadas sin él y, aunque la dictadura es todavía objeto de controversia política, con memorias divididas que proyectan su larga sombra sobre el presente, los historiadores han elaborado, a través de enfoques y métodos de indagación muy distintos, una fotografía bastante completa de ese pasado.

Una foto completa de Franco y su dictadura 40 años después

El Ejército, la Falange y la Iglesia representaron a los vencedores de la Guerra Civil, y de ellos salieron el alto personal dirigente, el sistema de poder local y los fieles siervos de la Administración. Esas tres burocracias rivalizaron entre ellas por incrementar las parcelas de poder, con un reparto difícil que creó tensiones desde los primeros años del régimen, cuando se estaba construyendo, examinados por Joan Maria Thomàs en Franquistas contra franquistas.

Aunque aparecieran desde el comienzo luchas entre franquistas, en lo que todos estuvieron de acuerdo fue en el culto rendido al general Franco, tema ya estudiado hace tiempo de forma exhaustiva por Paul Preston en su magnífica biografía, ahora ampliada, y en cuyos mitos incide también la reciente aproximación de Antonio Cazorla. El Caudillo fue rodeado de una aureola heroico-mesiánica que le equiparaba a los santos más grandes de la historia. Aparecían por todas partes estatuas, bustos, poesías, estampas, hagiografías. La imagen de Franco como militar salvador y redentor era cuidadosamente tratada e idealizada, y su retrato presidió durante los casi cuarenta años de dictadura las aulas, oficinas, establecimientos públicos y se repetía en sellos, monedas y billetes.

La gran empresa de Franco y los vencedores consistía en la regeneración total de una nación nueva forjada en la lucha contra el mal, el sistema parlamentario, la República laica y el ateísmo revolucionario. Como recordaba el 1 de abril de 1939 Leopoldo Eijo y Garay, obispo de la diócesis de Madrid, era “la hora de la liquidación de cuentas de la humanidad con la filosofía política de la Revolución Francesa”.

El Ejército, la Falange y la Iglesia rivalizaron por incrementar las parcelas de poder con un reparto que creó tensiones

Y para liquidar esas cuentas y que los vencidos pagaran las culpas se puso en marcha un terror institucionalizado y amparado por las leyes del nuevo Estado, un engranaje represivo y confiscador que causó estragos entre los vencidos, abriendo la veda para una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje. Como confirman investigaciones recientes en Cataluña, Aragón y Andalucía, en aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas se abrieron decenas de miles de expedientes a obreros y campesinos con recursos económicos escasos, pero también a clases medias republicanas con rentas más elevadas. Los afectados, condenados por los tribunales y señalados por los vecinos, quedaban hundidos en la más absoluta miseria. En muchos casos, las sentencias se impusieron a personas que ya habían sido ejecutadas.

Con el paso del tiempo, la violencia y la represión cambiaron de cara, la dictadura evolucionó, “dulcificó” sus métodos y, sin el acoso exterior, pudo descansar, ofrecer un rostro más amable, aunque nunca renunció a la Guerra Civil como acto fundacional, que recordó una y otra vez en un entramado simbólico de ritos, fiestas, monumentos y culto a los mártires.

Franco murió matando, como relata Carlos Fonseca en la reconstrucción de la semblanza de los últimos fusilados, pero los cambios producidos por las políticas desarrollistas a partir del Plan de Estabilización de 1959 y la machacona insistencia en que todo eso era producto de la paz de Franco dieron una nueva legitimidad a la dictadura y posibilitaron el apoyo, o la no resistencia, de millones de españoles.

Una foto completa de Franco y su dictadura 40 años después

Esos “buenos” años del desarrollismo, opuestos a la autarquía y el hambre, alimentaron la idea, sostenida todavía en la actualidad por la derecha política y defendida en el libro de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, de que Franco fue un modernizador que habría dado a España una prosperidad sin precedentes. Y frente a ese mito del modernizador y salvador de la patria opone Ángel Viñas, con el rigor y exhaus­tiva aportación de pruebas que le caracteriza, La otra cara del Caudillo,la de las bases y naturaleza de su poder dictatorial.

Historias y mitos administrados por historiadores que persuaden, atraen al lector y demuestran que narrar con rigor, en obras bien informadas, es el primer paso para evitar el uso político de ese traumático pasado. Españoles, Franco ha muerto, titula su ensayo Justo Serna, quien recuerda que al franquismo no podemos liquidarlo con el olvido o la ignorancia.

Franquistas contra franquistas. Joan Maria Thomàs. Debate. Madrid, 2016. 318 páginas. 24,90 euros.

Franco. Paul Preston. Debate. Barcelona, 2015. 1.087 páginas. 32,90 euros.

Franco, biografía del mito. Antonio Cazorla. Alianza. Madrid, 2015. 392 páginas. 22,45 euros.

El “botín de guerra” en Andalucía. Miguel Gómez Oliver, Fernando Martínez y Antonio Barragán (coordinadores). Biblioteca Nueva. Madrid, 2015. 408 páginas. 28 euros.

Mañana cuando me maten. Carlos Fonseca. La Esfera de los Libros. Madrid, 2015. 392 páginas. 23,90 euros.

Franco, una biografía personal y política. Stanley G. Payne y Jesús Palacio. Espasa. Madrid, 2015. 800 páginas. 26,90 euros.

La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco. Ángel Viñas. Crítica. Barcelona, 2015. 448 páginas. 21,75 euros.

Españoles, Franco ha muerto. Justo Serna. Punto de Vista Editores, 2015. 288 páginas. 16 euros.

El espíritu de la Transición

19 junio, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

Quienes más alaban sus virtudes son herederos de AP, partido que colaboró en dinamitar la UCD.

Julián Casanova, 10 de febrero de 2016.

La Transición española atrajo la atención de historiadores, científicos sociales y dirigentes políticos de otros países porque fue tomada como un modelo exitoso del que podían extraerse claras lecciones.

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Han pasado ya cuatro décadas desde que comenzó, forma parte de la historia, pero en los últimos años se ha convertido también en objeto de controversia política para examinar y enjuiciar los defectos de nuestra democracia. Hay lecturas para todos los gustos, desde las que plantean la necesidad de una “segunda Transición” a quienes, ante la crisis actual y las dificultades para formar gobierno, reivindican su supuesto “espíritu” de convivencia y reconciliación. Suelen ser lecturas sesgadas, alejadas del conocimiento histórico y puestas al servicio de los proyectos políticos del presente.

Vistas las cosas desde su fruto final, todo parece, efectivamente, feliz. Porque aunque hubo que superar numerosos conflictos y obstáculos como montañas, desde una larguísima dictadura se pasó en tan sólo unos años a una democracia plena. Nada que ver con la traumática historia de España hasta entonces. Pero, ¿fue ese milagro consecuencia del llamado “espíritu de la Transición”?.

Poco espíritu de convivencia y reconciliación tenía el presidente del primer Gobierno de la Monarquía, Carlos Arias Navarro, nombrado por Franco, ratificado por el nuevo Rey, enemigo de cualquier cambio que amenazara la perpetuación en el poder de la élite política de la dictadura. Y es verdad que otros ministros de ese Gobierno, viejos servidores de Franco, presentaban un perfil más reformista, pero prescindieron de la oposición para su proyecto de reforma política y basaron su autoridad en el control del aparato represivo y de la Administración del Estado franquistas. Ante el aluvión de protestas, conflictos y demandas de todo tipo, la política de orden público de Manuel Fraga Iribarne seguía basada en la represión, la cárcel, las sanciones administrativas, las multas y la censura.

Será difícil encontrar las virtudes de su supuesto espíritu de pacto, y de superación de los intereses partidistas, en los Gobiernos de Suárez.

Con esos protagonistas, la reforma no podía ir más lejos. El Rey exigió a Arias su dimisión el 1 de julio de 1976 y nombró a Adolfo Suárez, un joven falangista católico que había pasado por la secretaría general del Movimiento.

Suárez tomó la iniciativa y en menos de un año puso en marcha un proyecto de Ley para la Reforma Política, que sirvió de guía hasta las elecciones generales de junio de 1977, en un escenario sembrado de miedo, terrorismo, recuerdos constantes al pasado traumático y llamadas a la paz, al orden y a la estabilidad. La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suárez, constituida cinco semanas antes por grupos de origen muy distinto, ganó las elecciones con el 34,4% de votos y 165 escaños, pero para gobernar no tuvo que pactar con la oposición, el PSOE, 29,3% de los votos y 119 diputados, sino que le bastó el apoyo de los 16 diputados de AP, 13 de los cuales habían sido ministros de Franco.

Y aunque Suárez volvió a ganar en las elecciones de marzo de 1979, las que siguieron a la aprobación de la Constitución, de nuevo sin mayoría absoluta, su figura se deterioró con la misma rapidez con la que había brillado y tuvo que dimitir menos de dos años después, el 29 de enero de 1981, en medio de una profunda división en su partido, de enfrentamientos personales y de presiones de sus principales dirigentes. Cuando se celebraron las siguientes elecciones, en octubre de 1982, UCD, ese conglomerado de facciones y dirigentes procedentes la mayoría del franquismo, apenas sobrevivió con un 7% de los votos y Suárez había creado un nuevo partido, de escasa y corta vida política.

Resulta curioso que quienes más apelan ahora a ese “espíritu de la Transición” sean los herederos directos de AP, el partido que ni siquiera votó unánimemente la Constitución —cinco de sus 16 diputados los hicieron en contra—, y que con la “mayoría natural” que reclamaba Fraga contribuyó a dinamitar a la UCD para recoger después los restos de su naufragio.

La Transición, conducida desde arriba por las élites políticas procedentes de la dictadura, empujada desde abajo por la oposición democrática y una amplia movilización social, puede ser modelo de muchas o pocas cosas, dependiendo del relato, pero será difícil encontrar las virtudes de su supuesto espíritu de pacto, y de superación de los intereses partidistas, en aquellos Gobiernos. A no ser que se defienda la leyenda rosa del pasado ejemplar.

Julián Casanova es, junto con Carlos Gil Andrés, autor de Historia de España en el siglo XX (Ariel).

Mariano Rajoy vuelve a ignorar la ley de memoria histórica en su legislatura de “consenso”

11 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Los presupuestos de 2017 consolidan el ninguneo del Gobierno del PP a la exhumación de represaliados y la atención a víctimas del franquismo: la partida presupuestaria es cero.

Su socio principal, Ciudadanos, era partidario de las exhumaciones y el cambio de calles “sin campañas exageradas”.

Al llegar a Moncloa Rajoy quitó la Oficina de Víctimas, luego bajó a la mitad el presupuesto para exhumaciones, y un año después lo eliminó.

Raquel Ejerique

04/04/2017 – 21:17h

Trabajos en una fosa común
Trabajos en una fosa común

Rajoy ha dejado clara su postura ante la ley de memoria histórica desde que llegó a la Moncloa: desactivarla reduciendo primero su presupuesto y luego eliminándolo. En las cuentas de este 2017 incide en la misma línea, de modo que su anunciada legislatura de “consenso” ante la necesidad de acuerdos parlamentarios se estrena con cambios de posición en temas como educación o violencia de género, pero no van a alcanzar a las víctimas del franquismo, tal y como se puede comprobar en la decisión de negar la dotación presupuestaria en el primer año de su nueva legislatura. Es el cuarto año consecutivo que lo hace.

Su socio principal en las cuentas para este año, Ciudadanos, tampoco tenía como prioridad a los represaliados, aunque en su programa sí hablaba de facilitar exhumaciones (sin especificar si las debía financiar el Estado) y modificar los callejeros aunque advirtiendo de que “sin campañas exageradas”. Todo ello, sin dañar la “reconciliación entre españoles”, tomando parte por la hipótesis del PP de que la reparación de las víctimas puede ser peligrosa. Según el resultado final en los presupuestos 2017, la Memoria Histórica seguirá aparcada y no se ha tratado en las negociaciones entre ambos partidos.

Tras llegar a Moncloa en 2011, Rajoy tomó varias medidas que dejaban sin efecto la ley de Zapatero de 2007 y cualquier iniciativa de reparación. Primero, en marzo de 2012, suprimió la Oficina  de Víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura, un organismo creado por el gobierno socialista que se encargaba de atender a los familiares y facilitaba información y procedimientos para las exhumaciones: se calcula que en España quedan 2.000 fosas sin abrir donde yacen sin nombre ni sepultura unos 100.000 españoles.

El Gobierno del PP la integró en una subsecretaría de Justicia que se encarga de indultos, condecoraciones y títulos nobiliarios. Su cuarto cometido es poner “medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. De momento no las hay.

Evolución del presupuesto a Memoria Histórica

pres.mem.histó

Su segunda medida fue recortar a menos de la mitad el presupuesto para la ley de Memoria Histórica, de 6,2 millones (en 2011) a 2,5 millones (en 2012). Con ese dinero se subvencionaban básicamente exhumaciones, a través de una Comisión Interministerial que dependía del Ministerio de Presidencia y que Rajoy borró de los presupuestos.

El año siguiente, en 2013, Rajoy inició la senda del cero. Cero euros para las víctimas, una decisión que le han afeado organismos internacionales como la ONU, que criticó en un duro informe que fueran los familiares quienes costean la recuperación de los cuerpos o los forenses y voluntarios en sus ratos libres sin remuneración. Pese a la reprimenda y a que España está en la senda opuesta de países como Chile, Italia, Alemania o Argentina, el Gobierno ha mantenido su postura hasta hoy.

Es más, el presidente se ha jactado en público de haber desactivado la ley quitándole el presupuesto [vídeo abajo]. Preguntado en un acto por qué no la había derogado, aclaraba que había hecho otra cosa que significaba en términos pragmáticos lo mismo: “Bueno, la dotación presupuestaria ha sido cero. La media es cero y fue cero todos los años”. Es decir, hay una ley pero no se puede cumplir porque el Gobierno la ha vaciado presupuestariamente.

En cuestión de dinero lo ha dejado claro, pero también con otras actuaciones que no requieren un desembolso. Por ejemplo, dilatar más de un año el cumplimiento de la sentencia que obliga al Gobierno a exhumar dos cuerpos del Valle de los Caídos o boicotear la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo.

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El franquismo que se resistía a morir

29 marzo, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Julián Casanova, 24 de enero de 2017.

Han pasado cuarenta años de aquellos trágicos días entre el 23 y 28 de enero de 1977. España viajaba hacia un lugar desconocido, aunque muchos insistan ahora en que todo a partir de la muerte de Franco tenía un guión escrito.

La salida de la dictadura, como sabemos, resultó espinosa. Más de una generación de españoles había crecido y vivido sin ninguna experiencia directa de derechos o procesos democráticos. Al Ejército de Franco, unido en torno a él y que no había sufrido una derrota militar, como ocurrió en otras dictaduras, le costó asimilar los cambios. Los gobernantes, primero con Arias Navarro y después con Suárez, conservaban casi intacto el aparato político y represivo del Estado. Las amenazas de golpe por arriba y de terrorismo por abajo llenaron de dificultades aquellos primeros años tras la muerte del dictador. El armazón del régimen franquista que controlaba el poder no contenía el embrión de la democracia y tampoco el nuevo jefe del Estado ofrecía las mejores garantías.

Prescindamos de las dos lecturas básicas que se hacen desde el presente –transición feliz desde una dictadura a una democracia plena; o democracia impura legitimada por el régimen de 1978– y saquemos a la luz algunas de las tensiones de aquella época.

En 1976 había todavía en España más de un millar de presos políticos, los miembros de la Brigada de Investigación Político-Social actuaban de forma impune, el Tribunal de Orden Público (TOP), la jurisdicción especial creada en diciembre de 1963, abrió en ese año casi cinco mil causas con penas de cárcel, sanciones administrativas y elevadas multas, y la censura se recrudeció a través de las suspensiones gubernativas, las incautaciones de periódicos y los expedientes de la Dirección General de Prensa.

En realidad, desde los últimos años de la dictadura, el orden público fue una preocupación constante de sus dirigentes frente al comunismo y la masonería. Eran, como se había repetido machaconamente desde la victoria en la Guerra Civil, los grandes enemigos de España, infiltrados en los años setenta, tras el desarrollo y la modernización, en la Iglesia y en las universidades, en las clases trabajadoras y en los medios de información.

La conflictividad laboral se disparó a partir diciembre de 1975 no sólo por el número de huelgas y de obreros implicados sino también por la extensión de las protestas hacia todos los sectores productivos a lo largo y ancho del territorio nacional. Una movilización social desconocida desde hacia cuarenta años, vertebrada fundamentalmente en torno a Comisiones Obreras, la organización de combate más influyente, con bases sólidas dentro del sindicalismo vertical del régimen y una amplia red de enlaces y jurados en las grandes empresas.

A las autoridades políticas, los gobernadores civiles y los mandos policiales les preocupaba especialmente que, junto a las demandas laborales y las protestas por la carestía de la vida, aparecieran otras reivindicaciones de carácter claramente político como la reclamación de libertad sindical, los derechos de reunión y asociación, las peticiones de readmisión de despedidos o de libertad para los encarcelados, las huelgas de solidaridad, los paros simbólicos como protesta por acontecimientos de carácter nacional, las huelgas de hambre y los encierros en iglesias y polideportivos y la difusión de los métodos asamblearios, un caldo de cultivo para el surgimiento de líderes sindicales y para el ensayo de la cultura política democrática.

Desde julio de 1976, desde el nombramiento de Adolfo Suárez como jefe de Gobierno, las elites políticas procedentes del franquismo estaban llevando adelante una reforma legal de las instituciones de la dictadura, empujadas desde abajo por las fuerzas de la oposición democrática y por una amplia movilización social de muy diverso signo. El día 18 de noviembre 435 de los 531 procuradores votaron a favor de la Ley para la Reforma, aprobada después en referéndum el 15 de diciembre. Pero las cosas se complicaron, y mucho, en el mes que siguió a esa consulta popular y especialmente en los días que transcurrieron entre el 23 y el 28 de enero de 1977.

Los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), el brazo armado de una escisión comunista, que ya habían secuestrado al presidente del Consejo de Estado, Antonio de Oriol,  el 11 de diciembre, secuestraron también, el 24 de enero, al presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el teniente general Emilio Villaescusa, y asesinaron a tres policías. En las calles de Madrid se vivió la muerte de un estudiante a manos de un grupo de ultras, el fallecimiento posterior de una joven golpeada por un bote de humo en una manifestación de protesta y la irrupción de unos pistoleros de ultraderecha en un despacho de abogados laboralistas ligados a CCOO con el resultado de cinco muertos y cuatro heridos graves.

Aunque esos secuestros y los asesinatos en el despacho laboralista, perseguían una reacción violenta de las fuerzas armadas, no hubo movimientos en los cuarteles pidiendo el estado de excepción. El Gobierno mantuvo la calma y el Partido Comunista de España, todavía ilegal, recibió innumerables muestras de solidaridad por el orden y la disciplina que sus dirigentes y militantes exhibieron en la impresionante manifestación de duelo por los cinco asesinados, celebrada dos días después, el 26 de enero, en la que cientos de miles de asistentes recorrieron en silencio las calles de Madrid con claveles rojos y puños cerrados en alto.

El proceso de reforma legal continuó adelante y desembocó en la celebración de elecciones generales en junio de ese año, algo que contribuyó a la legitimación de la élite política y del monarca procedentes de la dictadura. En esos meses fue disuelto el TOP, y se desmantelaron las instituciones básicas de la dictadura. Entre abril y junio los 20.000 funcionarios de la Organización Sindical y los 7.000 adscritos a los organismos del Movimiento fueron absorbidos por la Administración conservando todos sus derechos, sin que se mencionara, en ningún momento, la posibilidad de purgas o de depuraciones.

Suele señalarse como una peculiaridad de la política actual en España, comparada con la de otros países europeos, la inexistencia de un partido/movimiento de ultraderecha potente, influyente en la sociedad. La forma en que se produjo la transición en aquellos años explica muchas cosas. Todo ese proyecto de reforma política, de transición de la dictadura a la democracia, tuvo que premiar con prebendas y cargos públicos a un sector de la elite franquista. Muchos procuradores franquistas que votaron la reforma en las Cortes volvieron después a la política activa, ya legitimados democráticamente, elegidos por sus provincias de origen en junio de 1977, beneficiados por el apoyo gubernamental o como senadores de designación real. Habían pasado más de cuatro décadas desde las últimas elecciones generales, las de febrero de 1936.

El cuarenta aniversario de los asesinatos en el despacho del número 55 de la calle Atocha de Madrid es un buen momento para  recordar, al margen de lecturas políticas actuales, cómo y bajo qué circunstancias el largo pasado autoritario iba quedando atrás, borrando sus huellas  más incómodas, pese a que el bunker y la ultraderecha seguían resistiendo.

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Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, autor, junto a Carlos Gil Andrés, de ‘Historia de España en el siglo XX’ (Ariel)

José Antonio, la forja del mito y las claves del culto a la personalidad

23 febrero, 2017

Fuente: http://www.cultura.elpais.com

El escritor Joan Maria Thomàs desmenuza en una exhaustiva biografía del fundador de Falange su amplio conocimiento sobre el personaje y su contexto histórico

ENRIQUE MORADIELLOSMadrid 14 FEB 2017 – 15:12 CET

Siempre presente bajo la misteriosa advocación de “El Ausente”, sacralizado como el principal “mártir de la Cruzada por Dios y por España”, José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia (Madrid, 1903- Alicante, 1936) fue objeto de un culto oficial durante toda la dictadura franquista por su condición de fundador y primer Jefe de Falange Española, el partido fascista fundado en octubre de 1933 con el objetivo de acabar por la fuerza con la odiosa democracia republicana. Un culto sólo superado (con creces) por el ofrecido al victorioso militar que lograría ese propósito al compás de una cruenta guerra civil: el general Francisco Franco, “Caudillo de España”, su imprevisto “sucesor” en la jefatura de un régimen dictatorial de partido único modelado sobre el núcleo falangista bajo el título de Falange Española Tradicionalista y de las JONS.

No faltan biografías sobre la corta pero intensa vida de un joven y apuesto aristócrata (marqués de Estella con grandeza de España), hijo primogénito de dictador (el general Miguel Primo de Rivera), que cultivó casi a la par su profesión de respetado abogado con la actividad política de tintes mesiánicos en las filas antiliberales y los fugaces devaneos poético-literarios. De hecho, durante el franquismo, proliferaron las hagiografías desmesuradas con patrocinio oficial, como la biografía “apasionada” de Felipe Ximénez de Sandoval, publicada en 1941. Afortunadamente, desde la restauración democrática, también contamos con más templados y atinados retratos historiográficos debidos a autores diversos de la talla de Ian Gibson (1980), Julio Gil Pecharromán (1996), Stanley G. Payne (1997), Paul Preston (1998) o Ferran Gallego (2014).

Sin embargo, seguía sin existir un estudio intensivo y actualizado de ese político conocido como “José Antonio”, a secas, por su voluntad consciente de evitar el llamativo apellido para diferenciarse de su padre y a tono con el estilo plebeyo e igualitarista del fascismo-falangismo (tan poco apropiado, por otro lado, para quien era depositario de un título nobiliario). Por eso era especialmente esperada la obra firmada por Joan Maria Thomàs, uno de los grandes especialistas en la historia del fascismo español, que ha venido publicando una serie de obras canónicas sobre la temática que sirven de soporte y basamento a esta biografía: Lo que fue la Falange (1999), La Falange de Franco (2001), El Gran Golpe. El “caso Hedilla” o cómo Franco se quedó con Falange (2014).

Joan Maria Thomàs acomete su labor pertrechado por su exhaustivo conocimiento de todas las fuentes informativas disponibles sobre el personaje y su contexto histórico, sin olvidar los cruciales referentes internacionales (sobre todo italianos, dada la fascinación de José Antonio por Mussolini y su régimen fascista). Y articula su elegante exposición en cinco capítulos bien trabados que, si bien no revelan secretos sorprendentes sobre el personaje, tienen la virtud de sintetizar su vida y su tiempo con notable maestría.

Los tres capítulos iniciales abordan la vida de José Antonio desde sus primeros pasos y hasta su muerte en sendas etapas consecutivas. Una primera que sigue la formación de un vástago de una familia de rancio abolengo militar que se convierte en abogado a la sombra de un padre que será el primer dictador militar del siglo XX español. Una segunda que examina la trayectoria de un joven que desde 1930, tras la deposición y muerte del admirado progenitor, entra en política para reclamar su memoria y también para superar sus logros mediante la adaptación de la “novedad” del fascismo a las circunstancias democráticas españolas durante los primeros años de la Segunda República. Y, finalmente, una tercera fase que revisa los avatares desde 1933 de un líder fascista al frente de un nuevo partido volcado a la conquista del poder por sus propios medios o por los ajenos y que acaba perdiendo la vida en la tormenta de sangre de la guerra civil en una cárcel republicana de Alicante en noviembre de 1936, apenas cumplidos los 33 años.

Los dos últimos capítulos de la obra tienen ya otro carácter más monográfico y conceptual y abordan sucesivamente el “ideario fascista” de José Antonio y el culto necrófilo auspiciado por el franquismo después de su muerte (mantenida en secreto durante casi dos años enteros en plena guerra civil, hasta el 18 de julio de 1938).

En el primer caso, de manera muy consistente, Thomàs desmenuza los componentes de una “doctrina joséantoniana” que bebe de fuentes clásicas tomistas y modernas vitalistas (Ortega, D’Ors) para acabar seducido por la originalidad fascista mussoliniana. De ese modo, a partir de 1933, con la fundación de Falange Española, termina formulando un “fascismo teñido de cristianismo” que trata de competir sin mucho éxito con los movimientos monárquicos autoritarios y católico-corporativos que encuadraban ya a las masas contrarias al liberalismo democrático. En el segundo caso, disecciona las razones, formas y medios de un extraño culto casi herético a quien devino (en feliz expresión de Stanley Payne) “santo patrón secular del régimen franquista”.

En resolución, estamos ante una biografía del “Ausente” sólida, solvente y actualizada, que aporta nueva luz sobre la breve vida de quien quiso ser “rector del rumbo de la gran nave de la Patria” y perdió la vida en el intento, aunque luego subiera a los altares civiles de una dictadura que siempre contó con el apoyo de sus partidarios y seguidores, en un matrimonio de conveniencia de Falange y Franco que no terminaría hasta la muerte de este último el 20 de noviembre de 1975 (paradójicamente el mismo día del fusilamiento de José Antonio en la cárcel de Alicante).

EL CULTO A JOSÉ ANTONIO

Entre las páginas más logradas de la obra de Thomàs se encuentra el análisis del culto estatal a su memoria, mitificada hasta extremos de herejía por su comparación recurrente con la pasión de Cristo: ambos muertos a los 33 años, ambos sacrificados por una causa transcendente, ambos llorados por seguidores que juran seguir sus enseñanzas. El culto empezó con su exhumación en Alicante y el traslado de su cadáver, a hombros de 16 falangistas durante diez jornadas invernales de noviembre de 1939, hasta El Escorial, mausoleo funerario de la realeza española (luego sería nuevamente exhumado y trasladado en 1959 al trascoro de la recién terminada Basílica de El Valle de los Caídos, donde permanece). La procesión funeraria fue seguida masivamente por millares de espectadores que día y noche saludaban el paso de la comitiva brazo en alto y en silencio, acompañados de banderas falangistas, hogueras y antorchas, en un despliegue ritual nunca antes visto para ceremonias civiles (no militares ni religiosas).

18 de julio de 1936

21 enero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

La cruel contienda fratricida traumatizó a una sociedad y es el origen de nuestro tiempo presente

Enrique Moradiellos, 17 de julio de 2016.

Durante la dictadura del general Franco, entre 1936 y 1975, el 18 de julio era “Fiesta Nacional” conmemorativa de la “Iniciación del Glorioso Alzamiento Nacional”. No en vano, ese día se extendió por toda España la sublevación militar comenzada el 17 en las guarniciones del Protectorado de Marruecos, que sólo triunfaría parcialmente en la mitad del país, abriendo la vía a la conversión del golpe militar en una guerra civil.

MÁS INFORMACIÓN

· 18 de julio, cambio del curso de la historia

Como resultado de esa división de España surgieron dos bandos combatientes que librarían una contienda de casi tres años de duración, hasta abril de 1939. Por un lado, una España republicana donde el acosado gobierno reformista del Frente Popular lograría aplastar inicialmente a los insurrectos con el recurso a fuerzas armadas leales y la ayuda de fuerzas milicianas revolucionarias. Por otro, una España insurgente de perfil reaccionario y contrarrevolucionario donde los militares sublevados afirmarían su poder omnímodo como paso previo al asalto del territorio enemigo.

La guerra de 1936-1939 fue una cruel contienda fratricida que constituye el hito transcendental de la historia contemporánea española y está en el origen de nuestro tiempo presente. De hecho, fue un cataclismo colectivo que abrió un cisma de extrema violencia en la convivencia de una sociedad atravesada por múltiples líneas de fractura interna (tensiones entre clases sociales, entre sentimientos nacionales, entre mentalidades culturales…) y grandes reservas de odio y miedo conjugados.

La contienda española fue así una forma de “guerra salvaje” precisamente por librarse entre vecinos y familiares conocidos, bastante iguales y siempre cercanos (no por ser todos desconocidos, diferentes y ajenos). Y por eso produjo en el país, ante todo, una cosecha brutal de sangre: sangre de amigos, de vecinos, de hombres, de mujeres, de culpables y de inocentes. Sencillamente porque en una guerra civil el frente de combate es una trágica línea imprecisa que atraviesa familias, casas, ciudades y regiones, llevando a su paso un deplorable catálogo de atrocidades homicidas, ignominias morales y a veces también de actos heroicos y conductas filantrópicas.

“La guerra civil abrió las puertas al abismo en España. No trajo la Paz sino la Victoria y una larga dictadura.”

El triste corolario de una contienda de esta naturaleza fue apuntado por el general De Gaulle: “Todas las guerras son malas, porque simbolizan el fracaso de toda política. Pero las guerras civiles, en las que en ambas trincheras hay hermanos, son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina”.

En efecto, al término de la brutal contienda civil de 1936-1939 no habría de llegar a España la Paz sino la Victoria y una larga dictadura. Y entonces pudo comprobarse que, cualesquiera que hubieran sido los graves problemas imperantes en el verano de 1936, el recurso a las armas había sido una mala “solución” política y una pésima opción humanitaria. Simplemente porque había ocasionado sufrimientos inenarrables a la población afectada, devastaciones inmensas en todos los órdenes de la vida socio-económica, daños profundos en la fibra moral que sostiene unida toda colectividad cívica y un legado de penurias y heridas, materiales y espirituales, que tardarían generaciones en ser reparadas.

El balance de pérdidas humanas es terrorífico, puesto que registró las siguientes víctimas mortales: 1º) Entre 150.000 y 200.000 muertos en acciones de guerra (combates, operaciones bélicas, bombardeos). 2º) Alrededor de 155.000 muertos en acciones de represión en retaguardia: cien mil en zona franquista y el resto en zona republicana. Y 3º) En torno a 350.000 muertos por sobre-mortalidad durante el trienio bélico, derivada de enfermedades, hambrunas y privaciones.

Por si fuera poco, a esa abultada cifra de víctimas habría que añadir otras dos categorías de pérdidas cruciales para el devenir socio-económico del país: 1º) El desplome de las tasas de natalidad generado por la guerra, que provocó una reducción del número de nacimientos que se ha situado en unos 500.000 niños “no nacidos”. 2º) El incremento espectacular en el número de exiliados que abandonaron el país, ya de manera temporal (quizá hasta 734.000 personas) o ya de forma definitiva (300.000: el exilio republicano español de 1939).

Recordar hoy aquel 18 de julio de hace 80 años que abrió las puertas al abismo en España no sólo quiere dar a conocer mejor lo que fue una inmensa carnicería que traumatizó a una sociedad. También supone ejercitar una obligación de profilaxis cívica apuntada dos milenios atrás por Cicerón, que padeció en primera persona las guerras civiles que acabaron con la República en Roma: “Cualquier género de paz entre los ciudadanos me parecería preferible a una guerra civil”. Con su corolario: “Nunca más la guerra civil”.

Enrique Moradiellos es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura.

“Sería preocupante que a estas alturas no se pudiese representar a Franco”

21 diciembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Hablamos con el cineasta de las últimas polémicas que han rodeado el estreno de La reina de España y de la necesaria educación en memoria histórica

“Mis personajes son unos cagaos como casi todas las personas. El ser humano es un antihéroe”

“El guionista es la base de esta industria. Toda la debilidad actual de las películas españolas viene de eso”

Fernando Trueba con Penélope Cruz en el rodaje de 'La reina de España'
Fernando Trueba con Penélope Cruz en el rodaje de ‘La reina de España’

MÁS INFO

Hablamos con Fernando Trueba en el lluvioso rodaje de La reina de España seis meses atrás. Allí nos confesó que nunca le habían atraído las segundas partes, aunque se lo ofrecieron con Ópera Prima y Belle Époque. Pero de repente ahí está, engrosando la larga lista de reencuentros casi dos décadas después del estreno de La niña de tus ojos. Más talluditos y con una baja importante, la del guionista Rafael Azcona, pero tan nostálgicos que no descartan embarcarse en una tercera “si estamos todos cerca y con ganas, aunque tengamos 95 años”.

Lo que no imaginaba el director era que el lanzamiento de su nueva producción levantaría ampollas del pasado y alimentaría tantos titulares. Aunque siempre ha presumido de ensalzar los valores artísticos en su cine y dejar de lado el mensaje político, cierta parte del público no está dispuesta a disociarlo.

La reina de España ha sufrido la embestida de quienes no toleraron que confesase no sentirse español “ni cinco minutos” de su vida. Aunque la llamada al boicot de un puñado de detractores animase aún más a la gente a ir a las salas este viernes, eso demuestra –dice– que este país “no tolera la diferencia de opiniones”. Y eso le entristece enormemente.

Tanto La reina de España como la anterior se sitúan entre los bastidores del cine: primero del Tercer Reich y luego el Hollywood rodado en suelo franquista. ¿Dónde le gustaría ambientar una tercera?

Nunca lo planeo a largo plazo. Creo que sería muy agradable si en el futuro estamos todos cerca y con ganas, aunque tengamos 95 años. De momento lo máximo que hemos hecho ha sido jugar con la idea y yo les decía que me gustaría ambientarla en Mayo del 68. ¿En París? No, en Madrid, en la época de los spaguetti western.

¿Le atrae mucho el Lejano Oeste?

¡Qué va! Creo que fue una época horrible para el cine y en la que se hicieron un montón de cosas feas. Pero había una cosa graciosa. Aunque casi todas las películas se rodaron en Almería, las que no tenían dinero ni para irse al sur se rodaban en Torrelodones. Ahí hay un pueblo con decorados western donde aún queda algo.

Storyboard de 'La reina de España'
Storyboard de ‘La reina de España’

Esta película es una comedia pero con un trasfondo contundente. ¿Tienen los personajes más compromiso político que en La niña de tus ojos?

Es imposible evitarlo, está ahí y más cuando hablas de conflictos de época. Siempre es bueno que la comedia tenga ese trasfondo político que le aleje de la frivolidad. Pero mis personajes no son nada heroicos en ninguna de las dos películas, son muy precavidos e incluso diría que son unos cagaos. Como la mayor parte de la gente, vaya. Los seres humanos somos antihéroes, en todo caso somos más valientes en un momento concreto de ofuscación.

¿Diría que es valiente atreverse a hacer una representación cómica de Franco? 

Debería preocuparnos que, a estas alturas ya del curso, no se pueda representar el franquismo o a Franco. De todas formas no he pretendido hacer una caricatura en ningún momento. Le dejé muy claro a Carlos Areces que debía tratar al personaje con cierto realismo, hacer una encarnación. No quería que saliese como una parodia política de Polònia. El resultado es muy fino y, aunque es una escena con puntos duros, la gente se meaba de risa en la butaca.

Justo ahora que Telecinco ha estrenado su drama romántico sobre Serrano Suñer, ¿hace falta hablar claro de los franquistas desde las artes?

No entiendo a los que critican que haya tantas películas sobre la Guerra Civil. Es nuestro pasado, ¿cómo no vamos a hablar de ello? Lo que hace falta es más cultura e información. La ignorancia es un problema muy grave y muy extendido, y necesitamos combatirla con mejor educación. No puedo creer que la gente vea esa serie de Telecinco sin caer en que Serrano Suñer era un nazi (de las pocas veces que podemos utilizar esa palabra con su significado real).

No quiero ser grandilocuente, pero están en juego la civilización occidental y las conquistas del progreso de las últimas décadas. Estamos viviendo un retroceso al embrutecimiento, a una especie de hooliganismo moral.

En la película es la estrella emigrada a Hollywood, Macarena, la que habla sin pelos en la lengua de la represión franquista. ¿Por qué ahora se castiga más a los actores que se posicionan políticamente y trabajan fuera de España? (como la misma Cruz o Bardem)

Recuerdo que hace años estaba en una manifestación contra Fidel Castro por una serie de encarcelamientos en Cuba. De repente vi a un grupo con una pancarta contra la familia Bardem. Me acerqué y les dije: ¿tú has visto la película Antes de que anochezca? Ahí Javier Bardem interpreta al disidente cubano Reinaldo Arenas. ¿Has hecho algo por la libertad en Cuba mejor que eso?, dije. Les increpé, aunque no los conocía, pero me no me pude contener (ríe).

A usted también le ha salido caro expresar su ideología, ¿cómo sienta que pidan boicotear su arte por sus creencias?

Qué pretenden, ¿asustarme? Que se vayan a la mierda. Me ha salido caro, pero uno tiene que seguir haciéndolo y más en el sector en el que estamos. Sienta fatal, me entristece enormemente. He trabajado y rodado en este país, y creo que me he ganado el derecho a ser yo mismo y a poder hablar con tranquilidad. No me meto con nadie, solo intento hacer películas bonitas para que la gente se lo pase bien. Por eso no entiendo qué les he hecho para merecerme esto.

En otros países como EEUU o Francia, muchos artistas tienen posiciones políticas conocidas. ¿Por qué cree que aquí se condena más?

Aquí hay gente que tiene afición al odio. En cualquier sitio los actores o los directores hablan de su ideología o de las políticas actuales, y no pasa nada. Se acepta que cada uno tenga sus ideas. Pero aquí no hay tolerancia, en eso sí que vamos por detrás.

Penélope Cruz en 'La niña de tus ojos'
Penélope Cruz en ‘La niña de tus ojos’

La otra polémica de la película es la demanda que le han interpuesto los dos coguionistas de La niña de tus ojos por volver a usar los personajes.

Eso se resume muy fácilmente. Estos señores escribieron un guión y la productora que se lo había comprado me lo ofreció. Lo leí y no me gustó. Así que empecé a escribirlo de nuevo con Rafael Azcona y tardamos años hasta que David [Trueba] nos ayudó a hacer las últimas versiones. Jamás llegamos a usar aquel guión ni a trabajar con ellos, aunque haya veces que la prensa diga lo contrario.

¿Tampoco usaron los personajes?

El guión trataba de un hecho histórico, que es una troupe que va a rodar a Alemania, inspirado en Imperio Argentina, Florián Rey y Carmela de Triana. Nosotros también nos basamos en los españoles que se iban a hacer películas a Berlín. Pero nuestros personajes no tenían nada que ver con ellos. Su protagonista era una actriz famosa, desagradable y trepa. Nuestra Macarena es una actriz desconocida, joven, generosa. En definitiva, un personaje positivo.

Pero no solo lo digo yo. Los mismos productores que me ofrecieron el guión también coinciden. Hemos solicitado incluso un peritaje independiente, que ha comparado los dos guiones con análisis lexicológicos, y han llegado a la misma conclusión.

Hablando de Rafael Azcona, la gran falta de esta película, ¿le han echado mucho de menos?

Lo hago todos los días, no solo escribiendo el guión. Una de las mejores cosas que me ha pasado fue conocerle. Fue mi maestro sin pretenderlo y la persona que más me ha influido en la vida.

Imagen cedida por Zenit Comunicación
Fernando Trueba y Javier Cámara

En una época en la que los guionistas denuncian su falta de visibilidad, ¿hace falta recordar figuras como Azcona para reivindicar su importancia?

Las cuatro mejores películas del cine español son Plácido, El verdugo, El cochecito y El pisito. Por ese orden: dos de Berlanga, dos de Ferreri. Y las cuatro las escribió él. Es una figura clave no solo del cine, sino de la literatura española de la posguerra. Pero el reconocimiento público lo tienen que tener los guionistas por su trabajo. El respeto y la admiración se ganan haciendo un producto de calidad.

Por ejemplo, Azcona no daba entrevistas ni iba a festivales porque decía que las películas pertenecen al director. Pero eso no lo hacía menos imprescindible. El guionista es la base de esta industria. Toda la debilidad actual de las películas españolas viene de eso.

¿No tiene que ver también con que no haya (otra vez) un Ministerio de Cultura?

Este país siente un desprecio total por la cultura. Y la mayor evidencia es este Ministerio triple: Educación, Cultura y Deporte en el mismo saco. ¡Con lo necesaria que es la educación! Es el mal del mundo ahora mismo. Si en Estados Unidos hubiera una educación como hace falta, no habría ganado Trump las elecciones. Por eso precisamente tienen tanto interés por que el sistema educativo sea una mierda.

Siempre dice que no le gusta hablar de política en promoción, ¿no es necesario que las voces públicas se manifiesten sobre las injusticias?

Yo lo entiendo. Pero precisamente por eso me he visto envuelto en unas situaciones muy incómodas. Es supertriste sentirse atacado de forma gratuita. Claro que pienso que hay que estar informado, porque si no te la meten hasta el fondo. También defendiendo a la gente, la sanidad o la educación en atriles y en la calle. Pero estoy agotado de nuestra política y muy decepcionado.

Hay veces que sigo más la política internacional que la española. Prefiero no estar chapoteando en el barro cotidiano. Cada día salen tantas tramas diferentes o sinvergonzonerías diferentes, que hasta eso se ha dejado de castigar en las urnas. Tengo la sensación de que me ensucio solo de escucharlo. Prefiero estar leyendo a Didi-Huberman o a Diderot que ver un telediario.

Muere Marcos Ana, el poeta que vivió para los demás

7 diciembre, 2016

Fuente: http://www.lamarea.com

Fue el preso político que más tiempo permaneció en la cárcel durante el franquismo y fue ese tipo de persona coherente y sin rencor para la que siempre merecía la pena luchar.
24 noviembre 2016 23:16

Muere Marcos Ana, el poeta que vivió para los demás
El poeta Marcos Ana en su domicilio de Madrid. FERNANDO SÁNCHEZ

El poeta Marcos Ana ha muerto con 96 años. De ellos, pasó 23 entre rejas. Fue el preso político que más tiempo permaneció en la cárcel durante el franquismo y fue ese tipo de persona coherente y sin rencor para la que siempre merecía la pena luchar. “Decidme cómo es un árbol, / contadme el canto de un río / cuando se cubre de pájaros, / habladme del mar, / habladme del olor ancho del campo / de las estrellas, del aire”, comienza uno de sus poemas más conocidos. Reproducimos la última entrevista que le hizo La Marea, después de la abdicación del rey Juan Carlos, escrita por Héctor Juanatey.

¿Le sorprendió la abdicación?

Un poco, pero en realidad ya se barruntaba que algo iba a pasar. Ellos sabían que algo tenían que hacer, y lo que ha pasado es que ahora la Monarquía se queda coja y los monárquicos se agarran a Felipe VI como a un clavo ardiendo.

¿Ve más cerca la III República?

Ese es un vaticinio un poco difícil de hacer. Yo creo que la veremos, antes o después. Estamos viviendo una disyuntiva muy difícil de sortear. El sentimiento republicano se ha hecho muy visible de repente. Antes, el tema de la República se dejaba para los republicanos solo, pero ahora es algo muy visible, la gente habla de ello en los bares… Esta mañana, por ejemplo, he ido a desayunar a un bar cerca de casa y me uní a una charla que mantenían unas personas sobre el tema. Lo mismo en el gimnasio, al que voy todos los días. Creo, por tanto, que es una coyuntura muy favorable. Lo que debemos hacer es saber utilizarla y aprovecharla bien. Lo importante es que todo tiene que salir de nosotros mismos, debemos calentar las plazas, las calles, hacer más visible este sentimiento, porque de nada sirve que tú y yo lo sintamos y tengamos el corazón republicano, hay que visibilizarlo. Estamos en un momento muy propicio. Lo explica por ejemplo el caso de Pablo Iglesias, que demuestra que la gente ya no es como antes, que pasaba de estos asuntos, ahora comienza a hacer suyo lo nuestro.

¿Quiere que vuelva la del 31?

Los tiempos cambian y las necesidades son otras, pero la República como institución la queremos como aquella, sí, y enriquecida por las experiencias de nuestro tiempo. Tú ahora vas a las manifestaciones y todo el mundo está ya hablando de la III República.

¿Cómo definiría la figura del rey Juan Carlos?

Muy mal. Habría que recurrir a un milagro de la genética política para admitir que una criatura de Franco nació con vocación democrática. Luego ha hecho sus piruetas para ofrecer una imagen distinta, pero fue un heredero directo de Franco. Y Felipe VI, pues lo veremos… Yo creo que, a pesar de todo, al menos es joven, parece ser que se ha movido mucho en estos últimos tiempos, que es serio, pero ya veremos. Sin embargo, para nosotros lo importante sería que la disyuntiva República-Monarquía se rompiera y llegara la III República. Sobre todo porque la República no nos la arrancaron con votos, sino con armas, el 18 de julio. Por los votos se escogió la República del 31. Después, ellos recurrieron a los cuarteles, a las cárceles… Y empezaron a matar, en lugar de debatir la situación por medios políticos y lícitos. Yo me pasé 23 años en la cárcel, pero como siempre he dicho, ni en prisión ni fuera de ella lograron doblegarnos. Hasta en las cárceles teníamos organizada una vida democrática y revolucionaria.

Incluso dirigió un periódico en prisión.

Uno clandestino, sí. Empecé a dirigirlo después de que una noche pillaran a un muchacho leyéndolo y tras torturarlo, empezó a dar nombres de las personas que lo hacían. Decidí hacerme cargo de aquello e hice una declaración en la que decía que había sido idea mía. Para la Policía era una chulería, claro, porque había muchas más letras que la mía, pero yo debía hacerlo, porque sabía que si no la cadena de nombres podía aumentar. Era un chico joven, y no solo por eso, sino porque no estaba lo suficientemente formado…

Podía seguir delatando.

Claro.

Entonces tenían un periódico en prisión. Ahora parece que faltan incluso fuera, que la gran mayoría se dedican a lavar la imagen de la Monarquía.

Los medios están en las manos de quien están, de la derecha, de los de siempre, los que tienen el poder. Pero de todas maneras, algo hay. Al menos ahora ya podemos hablar abiertamente de Monarquía y República.

¿Pensaba ver el día en que por fin se hablara abiertamente de ello?

Sí, yo siempre he sido muy optimista, muy positivo. Tenía plena confianza en nuestras ideas, lo que sucede es que a veces no nos damos cuentas y creemos que las medidas humanas son iguales que las medidas de la Historia. Humanamente pensamos que en el plazo que estamos viviendo podían producirse grandes revoluciones, pero no es posible. La historia se toma su tiempo, tiene que madurar. Es más, nosotros somos los que debemos madurarla, con pequeñas y grandes luchas. Pero yo creo que ahora hemos roto muchos muros, el camino es más específico. Confío en eso. Yo me relaciono mucho con la juventud y me doy cuenta de que hay un espíritu nuevo. Cuando la Policía nos echó de una manifestación en Sol, hace tiempo, dejamos un cartel que decía: ‘No nos vamos, nos trasladamos a tu conciencia’. A veces nos dejamos llevar por la impaciencia revolucionaria, sin saber que primero hay que crear las condiciones para ello.

Tenemos mucha ansia por cambiar las cosas.

Está bien que haya ansia, pero que no complique la marcha, que la facilite.

¿Qué opina de la posibilidad de realizar un referéndum popular, ya que desde el Gobierno no se impulsará?

Hay que hacerlo, y además cuenta. En la calle es donde está lo popular. Debemos seguir luchando, sabiendo además que ellos tienen sus recursos y los van a poner en marcha. Y el capitalismo es peligrosísimo, porque aunque utilizan unas ideas liberales, siempre tienen entreabierta la puerta del fascismo, y cuando no pueden dominar con sus políticas…

Se ha visto en Europa, por ejemplo en Francia.

Es un peligro permanente. Pero aquí estamos bien. Yo voy a muchas asambleas, institutos… Y veo interés, por ejemplo, en muchachos de 14 años, que te preguntan qué pasa, qué hay que hacer… Hay una rebeldía innata en ellos.

¿Cree que puede haber llegado el momento de que las fuerzas de izquierda hablen de un frente amplio?

Si las fuerzas estuvieran de acuerdo, sería interesante, pero hay muchos inconvenientes. Por ejemplo, los socialistas no estarían de acuerdo. Hay que ir paso a paso. Debemos abrir el camino para crear la posibilidad de ese frente amplio, y estamos en ese periodo. Lo veo en los jóvenes, insisto. A mí todos los días me viene a ver algún nieto de los fusilados, porque saben que he estado en la cárcel y quieren saber si he conocido a sus abuelos. Y a todos no los conocí, pero a muchos sí. Y les digo: ‘Tu abuelo era un ejemplo de lucha y de conciencia, y yo quiero que sigas su ejemplo y te hagas merecedor de su recuerdo’.

¿Se mancha el recuerdo de nuestros abuelos cuando se dice que el rey trajo la democracia?

En gran medida, sí. Pero ya no solo hablando de política militante, sino desde el punto de vista social. Los datos dicen que hay más de 50.000 hogares que se sustentan con la pensión de los abuelos.

Después de tantos años en la cárcel, ¿siente rencor con la Monarquía, con los que continuaron con el régimen de Franco?

Nunca he tenido rencor, ni venganza en el sentido de venganza fría. La única venganza, para mí, es ver triunfar los ideales por los que hemos luchado. El rencor no sirve para nada, es como llevar un pedrusco en el bolsillo.

¿Conoció a Billy el Niño?

No personalmente, pero sé quién era. Era de mi época pero a mí no me tocó.

El Gobierno no quiere extraditarlo.

Habría que hacerlo. Existe una justicia universal que lo permite, que esté donde esté puede ser juzgado. Y en Argentina han puesto en marcha procedimientos para hacerlo.

¿Por qué no se quiere juzgar el franquismo en España?

Porque siempre ha gobernado el PP, también el PSOE, durante unos años, pero no han querido hacer nada. No ha habido ningún periodo de poder popular. Es inconcebible que en este país, que ha sufrido tanto, el PP siga llevándose las elecciones.

En la manifestación republicana que hubo tras la abdicación, un hombre que fue militante del Partido Comunista en la clandestinidad me decía que aquí ganaba la derecha porque el fascismo se encargó de eliminar a los que eran de izquierdas, matándolos o exiliándolos.

Miles y miles, fueron. ¿Tú sabes lo que era para mí y para otros compañeros, durante todos los años que hemos estado en la cárcel, despedirnos de 15, de 20, hasta de 85 compañeros cada madrugada porque iban a ser fusilados? Yo estaba en la galería de condenados a muerte y cada día tenía que dar abrazos postreros, conteniendo las lágrimas. Era tremendo. Y no solo eran fusilados, también había garrote vil, que no se dice tanto.

De hecho, hasta en 1974 se utilizó, cuando mataron a Salvador Puig-Antich.

Sí, el anarquista. Fue horrible lo que pasó con todos nosotros. No le cabe a nadie en la cabeza que una persona normal pueda pasar 23 años en prisión. Yo perdí toda mi juventud. Por suerte, nuestro sentido y nuestra dignidad fueron más fuertes que su ira.

¿Cómo mantiene uno su conciencia durante tantos años encerrado?

Lo haces porque estás contento de haber cumplido con tu deber, sabiendo que luchaste por unas ideas y seguirás haciéndolo. Eso conserva la juventud. Tú tienes la juventud de manera natural, pero uno se puede mantener joven manteniendo las ideas jóvenes. Yo tengo 94 años y tengo muchos compañeros que ahora están deprimidos, y que no quieren saber nada más ya. Yo nunca he pasado por eso, ni siquiera me afectaron los calabozos de la Dirección General de Seguridad. Se me pasa ahora por la cabeza una cosa que hacíamos en la cárcel. A la pena de muerte le llamábamos la Pepa, e hicimos un chotis: ‘Y es la Pepa una gachí / que está de moda en Madrid / y que tiene predilección por los rojillos / cuando viene esta mujer a la cárcel de Porlier / al más bravo se le anuda el solomillo’. Cantábamos esa canción al atardecer, cuando volvíamos a la galería. Los guardianes alucinaban.

La poesía también le ayudó.

La gran diferencia entre la poesía y la prosa es que un artículo es difícil que persista en el tiempo. Juega su papel pero es difícil que se vaya a repetir. La poesía sí lo hace, pasa de mano en mano, persiste. Yo nunca había escrito porque no tenía formación como escritor, pero en la cárcel comencé a hacerlo y eso me sirvió una vez salí en libertad.

En la cárcel comenzó a leer a Lorca, Quevedo…

Mucho fue en parte gracias a los maestros de escuela que había en la cárcel. Los maestros fueron el colectivo más represaliado, porque en los pueblos el maestro era la persona más instruida, más políticamente preparada.

Ahora también es de los colectivos más afectados.

Claro. Yo tengo una disposición de agosto del 36 que decía que la cultura es el veneno. Yo, en realidad, soy un privilegiado porque gracias a que mis poemas llegaron a muchos sitios, hasta Neruda habló de ellos, pude viajar por todo el mundo. El año 1962, uno después de ser liberado, lo dediqué a Europa; el 63, a América Latina. Participaba en actos enormes. En Luna Park, en Argentina, se reunieron 60.000 personas.

Estuvo en Chile y en Argentina, que después pasaron por una situación similar a la que se vivió aquí.

Cuando cayeron mis hermanos de América Latina, hice lo que pude… Sucede que el enemigo tiene 20.000 manos. Nos queda el orgullo de saber que los peores momentos los hemos pasado con dignidad. Nos hemos dejado muchas cosas por el camino, pero no las ideas. Como dejé escrito en un poema: ‘Me hirieron, me golpearon y hasta me dieron la muerte, pero jamás nos doblaron’. Esa es la dignidad.

Ahora que veo la foto que tiene del Che, como dice esa frase ya tópica: mejor vivir de pie…

Eso ya lo había dicho Dolores Ibarruri. Yo tuve la suerte de conocer al Che, un tipo estupendo. Era un hombre muy tierno pero muy duro al mismo tiempo. Yo estaba en Chile y me dieron un homenaje. Habían llevado comida y en un momento la gente que estaba en la presidencia conmigo comenzó a hablar… Acababa de llegar el Che. Se acercó y mirando a la comida dijo: ‘¿Esto qué es?’ ‘Es un homenaje que le estamos haciendo a Marcos Ana’, le respondieron, y soltó: ‘A Marcos Ana se le hace un homenaje político así que retirad todo esto inmediatamente’. Luego él vino a mí y me dijo: ‘Te habrá parecido una exageración pero esto que había aquí no lo come la gente en Santiago de Chile y los comunistas tenemos que ser sencillos y ecuánimes’.

¿Volvió a verle?

Sí. Hay, además, una especie de poesía en prosa que dice: ‘Cuando Marcos Ana salió de la cárcel llevaba en su macuto el Canto General de Pablo Neruda; cuando el Che Guevara murió en Bolivia llevaba en su macuto los poemas que Marcos Ana escribió en la cárcel’.

¿Era verdad?

Era verdad.

Está presente en casi todas las manifestaciones y participó en el 15M. ¿Cómo ve el movimiento ahora?

Sigue en pie.

¿Qué les diría a aquellas personas que dicen que murió?

Que vean las luchas que se hacen. Qué se va a morir el 15M, qué va. Lo que pasa es que los que piensan así son los que están cansados, marginados… A ellos va dirigido el último libro que escribí, Vale la pena luchar. Porque hay gente que ha sido luchadora pero con el tiempo piensa que ya no vale la pena seguir. No es verdad. Las cosas cambian, siempre están cambiando.

¿Cómo se combate la apatía?

Pensando en los demás. Yo tengo como consigna vivir para los demás. Es la mejor manera de vivir para uno mismo. Eso te da fuerza. Eso y aprender a ser feliz en la felicidad de los otros, el no hacer de tu pellejo el perímetro del mundo. Te da fuerza saber que estás luchando por otros.

Cuando el PP interrumpía minutos de silencio por las víctimas del franquismo

24 noviembre, 2016

Fuente: http://www.lamarea.com

Unidos Podemos ha evitado participar en el minuto de silencio a Rita Barberá porque considera que la exsenadora no merecía un homenaje por parte de la Cámara.

23 noviembre 2016 11:41

Cuando el PP interrumpía minutos de silencio por las víctimas del franquismo
Alfred Bosch en la tribuna del Congreso, en una imagen de archivo. CONGRESO

MADRID// Los diputados de Unidos Podemos se han negado a secundar el minuto de silencio en el Congreso de los Diputados por la repentina muerte de Rita Barberá. Pablo Iglesias y Alberto Garzón han afirmado que la exsenadora no merecía un homenaje por parte de la Cámara y por ello no han asistido a la muestra de condolencia. Las reacciones en contra del gesto de Podemos no se han hecho esperar. Sin embargo, no es la primera vez que en el pleno del Congreso se observan actitudes de este tipo, y con mucha más virulencia.

En el año 2013, el diputado de ERC Alfred Bosch pidió unos segundos de silencio en homenaje a Lluís Companys, con motivo del 73 aniversario del fusilamiento del expresidente de la Generalitat. Cuando tan sólo habían transcurrido unos cinco segundos, un diputado del PP gritó “Viva España”, interrumpiendo el homenaje solicitado por el diputado de ERC.

Tampoco participó el PP en un homenaje a las víctimas del franquismo que se vivió en el Congreso en el año 2003. Fue el primer acto de recuerdo que se celebró en la cámara de representantes en democracia. El PP alegó para no participar en el homenaje a los represaliados franquistas en que era un “regreso al pasado”, que no “aportaba nada positivo”.

Más recientemente, Javier Maroto (PP) no consideró necesario guardar un minuto de silencio por las víctimas de los bombardeos en Siria. Y criticó a Podemos por su propuesta: “No puede ser que Pablo Iglesias el mismo día pida y permita a sus concejales en los diferentes pueblos un minuto de silencio por las víctimas de París y a la vez pida un minuto de silencio por Siria. No se entiende. No sé si Pablo Iglesias es de extrema izquierda, lo que sé es que es de extrema incoherencia”.

Luis, esclavo del franquismo: “Lo que vemos en televisión que pasa en Siria ocurrió aquí antes”.

11 noviembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Luis Ortiz sufrió hambre y malos tratos en diversos campos de concentración franquistas y fue trabajador esclavo en uno de los batallones disciplinarios que construían carreteras en Navarra y Guipúzcoa

A punto de cumplir 100 años, todavía sueña con el bombardeo de Guernica: “El recuerdo es horroroso, había niños gritando, padres ensangrentados quitando escombros para buscar a sus hijos…”

Tras cuatro décadas de silencio obligado, Luis lleva varios años sin parar de hablar: “Yo tenía una espina clavada que me estoy quitando”

12/10/2016 – 18:39h
Luis Ortiz posa para eldiario.es antes de su 100 cumpleaños
Luis Ortiz, que cumple 100 años este jueves, posa para eldiario.es

Franco fue “un gran asesino”, el PP está dirigido “por los hijos y nietos de los dirigentes de la dictadura”, Felipe González se ha convertido “en un vividor”, Albert Rivera “es neofranquista” y Pablo Iglesias “un poco trepa”. Con 100 años de vivencias –los cumplirá este jueves–, una guerra y cuatro años de sufrimiento en cárceles y campos de concentración franquistas a sus espaldas, Luis Ortiz ya no se muerde la lengua. Nos ha citado en su ‘despacho’: una céntrica cafetería de Bilbao en la que suele reunirse con familiares, amigos y, cada vez más, con periodistas e historiadores que desean profundizar en su intensa y larga vida.

Quince minutos antes de la hora fijada, él ya espera sonriente, sentado en una silla frente a la barra: “Siempre llego antes de tiempo; como vengo en autobús no me arriesgo a llegar tarde”. De Luis sorprenden muchas cosas: su enorme vitalidad, su envidiable estado físico y, sobre todo, su privilegiada memoria: “Ésta no me funciona nada mal”, dice satisfecho mientras señala con el dedo su cabeza coronada con su inseparable txapela. “Me acuerdo de casi todo y ya verás como no llevo papeles, ni notas, ni nada”.

El 38º Batallón Disciplinario en una fotografía de 1941. Luis aparece sentado a la derecha de la imagen
El 38º Batallón Disciplinario en una fotografía de 1941. Luis aparece sentado a la derecha de la imagen

Y así es, Luis va desgranando su vida con mimo, hablando del Bilbao que le vio nacer un 13 de octubre de 1916 y que cambió radicalmente 20 años después, cuando hasta él llegaron las primeras noticias de la sublevación franquista: “Mi padre era de Izquierda Republicana, y yo me alisté voluntario en el batallón Capitán Casero, formado por militantes de ese partido”. La serenidad con que detalla su paso por diversos frentes en Vizcaya se quiebra al recordar un lugar: Guernica. “Estábamos muy cerca cuando se produjo el bombardeo. Cuando llegamos a la ciudad tuvimos que recoger muchos muertos y heridos. Todavía sueño con lo que vi allí, el recuerdo es horroroso. Ver a los niños gritando, a padres ensangrentados quitando escombros para buscar a sus hijos… Lo que ahora vemos en la televisión que pasa en Siria, en Alepo… ya ocurrió antes aquí”.

Tras ser herido por la explosión de una bomba en el puerto del Escudo, escapó de Santander en uno de los últimos barcos que logró zarpar antes de la llegada de las tropas fascistas: “Desembarcamos en Francia y de allí regresamos a Cataluña para continuar la lucha”. En los últimos meses de la guerra Luis alcanzó el grado de teniente y se encargó de dinamitar puentes y carreteras para retrasar el ya imparable avance de las fuerzas rebeldes.

En febrero de 1939 cruzó la frontera y dio con sus huesos en los campos de concentración franceses de Argelès-sur-Mer, Septfonds y Gurs. Su suerte pareció cambiar cuando fue acogido por un matrimonio formado por una donostiarra exiliada y un francés: “Adela era profesora y él ingeniero. El problema es que el Ejército francés le movilizó a él y a sus dos hijos. Yo no me podía quedar allí, solo, con 22 años, con una buena mujer que además era guapa; sabía que la criticarían mucho si eso ocurría. Así que escribí a mi familia en Bilbao y mi padre, tras indagar un poco, me contestó diciendo que los franquistas no tenían nada contra mí y que podía volver. Pensé que no ocurriría nada y regresé. Me equivoqué”.

Luis, fotografiado en 1940 o 41 con su uniforme de esclavo del franquismo
Luis, fotografiado en 1940 o 41 con su uniforme de esclavo del franquismo

Luis confiesa que fue tan confiado e ingenuo como para llevar en la maleta los documentos que había guardado durante la guerra: “Llevaba mis carnés, los planos de los puentes que había volado… todo. Al llegar a la frontera de Hendaya, el puente estaba lleno de guardias civiles y de falangistas; me detuvieron en el acto y me quitaron la maleta. La suerte es que uno de ellos se encaprichó de ella y se la quedó. Debió de tirar todos mis papeles sin mirarlos y eso fue lo que me salvó la vida”.

Campo de concentración

A pesar de ese golpe de suerte, Luis comenzó un viaje al corazón del aparato represor y exterminador del franquismo: “Estuve primero en un campo de concentración que habían establecido en la antigua fábrica de chocolates Elgorriaga en Irún y después me mandaron a la universidad de Deusto, ¡pero no para estudiar! –Luis sonríe con esta broma que suele repetir a sus interlocutores–. Era otro campo de concentración aún más duro. Dormíamos en el suelo, estaba todo sucio, repleto de ratas y nos obligaban a cantar el Cara al sol. Como yo sabía escribir a máquina me cogieron para que trascribiera los interrogatorios… así fui testigo de innumerables palizas a los presos”.

En julio de 1940 le trasladaron al campo de concentración de Miranda de Ebro: “El trato era inhumano y la gente desaparecía; se llevaban a uno y ya no le veíamos más. Yo pensaba siempre en mi maleta, en que si aparecían los papeles vendrían a por mí y yo también desaparecería”. Unos meses después, Luis fue incorporado a un Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores: “Éramos esclavos. Mano de obra gratuita para las grandes empresas. Trabajamos construyendo carreteras y otras infraestructuras en Rentería, en Jaizkibel… en varios sitios. Lo peor fue en Vidángoz, en el valle del Roncal; yo era un afortunado porque trabajaba en la oficina, pero los demás presos pasaban un hambre atroz. Nunca se me olvidará el día en que un compañero se peleó con un perro por un hueso que tenía restos de carne… Aún sigo viendo esa lucha que acabó con el hombre en el hospital. Había muy poca comida y, encima, el oficial se quedaba con parte del dinero destinado a la manutención de los prisioneros para gastarlo en bebida, mujeres…”.

A Luis le prestaron la gorra para hacerse este retrato a finales de 1937
A Luis le prestaron la gorra para hacerse este retrato a finales de 1937

Luis recuperó la libertad en 1944; una libertad a medias porque seguía siendo considerado desafecto al Régimen: “Tenía que presentarme en el cuartel y no podía trabajar. Al final tuve que pagarle 5.000 pesetas a un funcionario para que eliminara mi ficha. 5.000 pesetas de aquella época, ¡lo que me costó devolverlas!”

Tras permanecer 4 décadas de silencio obligado, Luis lleva varios años sin parar de hablar: “Yo tenía una espina clavada que me estoy quitando. Hay que contarlo todo y yo me siento orgulloso de decir que fui un esclavo del franquismo. El Gobierno vasco está haciendo un gran trabajo en materia de Memoria Histórica, no como el Gobierno central que ni cuando estaba dirigido por los socialistas ha hecho lo que debía”.

Luis, aunque no es militante, siempre ha estado vinculado al PSOE y, por ello, no puede evitar hablar de la crítica situación que vive el partido: “Mi hermano siempre fue socialista y a mí me quieren mucho; hace años incluso me metieron en la lista para las elecciones municipales. Yo ahora estoy asustado, no pensaba que íbamos a llegar donde hemos llegado. Es un error dejar gobernar a Rajoy; a esta gente que ha destrozado todo, que ha acabado con lo que tanto nos costó conseguir… no se le puede ayudar en nada. El PSOE tiene mucha historia y espero que lo arreglen pero nos va a costar dos o tres años salir de esto”.

En más de dos horas de entrevista, Luis no ha querido tomar ni siquiera un sorbo de agua. Al acabar conserva la misma energía: “Voy a celebrar mi cumpleaños con la familia pero también me harán un homenaje en el Banco de Alimentos en el que soy voluntario desde hace 21 años. Y después, a seguir adelante. Cuando me acuesto por la noche me siento el hombre más feliz del mundo. No voy a parar, yo quiero morir con las botas puestas”.