Posts Tagged ‘genocidio franquista’

De Marhuendas y Rajoys: la irresponsabilidad franquista de la derecha española

28 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“No des mi nombre, te lo ruego”; “por favor, no me menciones porque temo que puedan tomar represalias con mi hija”; “te cuento lo que quieras, pero no me cites… la situación aquí está muy tensa”. Después de 27 años ejerciendo esta agridulce profesión y de haber pateado unas cuantas naciones sometidas por tiranías o arrasadas por las guerras, jamás pensé que tendría que escuchar este tipo de cosas en mi propio país. Pues sí; es aquí, en una localidad murciana llamada Fuente Álamo donde parece imperar la ley del miedo y del silencio.

Desde hace cuatro años, La Falange y el PP lideran a un amplio grupo de nostálgicos franquistas con el objetivo de evitar que el colegio de público deje de llamarse “José Antonio”. Su campaña ha logrado amedrentar, pero no doblegar, a los profesores y padres de alumnos que, a través del Consejo Escolar, han pedido que el centro educativo deje de estar consagrado a un líder antidemocrático: el fundador del partido fascista español que tanto protagonismo tuvo en la sublevación franquista y en la posterior dictadura que secuestró nuestras libertades durante cuarenta largos años.

El pasado sábado por la noche, el alcalde de la localidad seguía haciendo frente a las amenazas e insultos vertidos por los ultras. En las casas cercanas, profesores y padres de alumnos leían atónitos los panfletos distribuidos por La Falange en los que se exigía el mantenimiento del nombre porque, entre otras cosas, Primo de Rivera “amó a España y a los españoles” y “dirigió a la juventud española para intentar salvar la patria”. A esas horas, quienes en Fuente Álamo trataban de escapar de la inquietud y el silencio encendiendo sus televisores se encontraban en La Sexta a Eduardo Inda comparando a Franco con Napoleón y a Francisco Marhuenda defendiendo con arrojo la dictadura antes de afirmar, sin siquiera sonrojarse, que en su “puta vida” ha sido franquista.

Algunos creen que los Marhuindas son una especie de dúo cómico inofensivo que nos ameniza algunas noches aburridas; se equivocan. Uno por convicción y el otro porque encaja en el personaje que él mismo se ha creado dotan de argumentos (falaces, pero argumentos) a falangistas, viejos franquistas y a sus nuevos cachorros de Hogar Social y de otras organizaciones neofascistas. No son los únicos irresponsables que juegan a esto. Nuestras ondas, webs, kioscos y librerías están repletas de revisionistas que, tras alardear de demócratas, blanquean la dictadura, justifican sus crímenes y defienden con razonamientos infantiles, pero eficaces, el mantenimiento de sus símbolos.

Este nuevo Movimiento solo ha podido alcanzar tamaña magnitud porque detrás de él se encuentra, nada menos, que el partido que tiene la responsabilidad de gobierno. Marhuenda no hablaría como habla si no contara con el aplauso de su amo, Mariano Rajoy.

España está pagando y va a seguir pagando esta gravísima irresponsabilidad de los conservadores españoles. Una buena parte de la derecha política, periodística, intelectual, eclesiástica y empresarial no ha querido desvincularse del fascismo. Nuestra derecha es una mancha de totalitarismo en Europa y algún día debería seguir, de una vez, el ejemplo del centro derecha francés o de la CDU alemana de Ángela Merkel que son abiertamente antifascistas. Nadie en la derecha sensata germana se plantearía hoy justificar la llegada de Hitler al poder por la violencia política que se vivía en el país o por la amenaza de un contagio soviético en los movimientos obreros; nadie blanquearía el nazismo porque los Aliados cometieron atrocidades terribles al bombardear Dresde o Hamburgo; nadie compararía al Führer con Napoleón o con Alejandro Magno para justificar la existencia de monumentos en su honor…

No. España no es Alemania y eso se debe, en buena medida, a que el PP no es esa CDU antifascista. Nuestro presidente del Gobierno fue un nostálgico franquista más que escondió, poco a poco, su camisa azul en lo más profundo de su armario. En los años 80 aún escribía artículos en la prensa reafirmando la superioridad física e intelectual de “los hijos de la buena estirpe” y autorizaba, como secretario general del PP gallego, la distribución de cartas alabando la figura del dictador.

Ese es el líder político que se ha declarado, orgullosamente, insumiso a una ley aprobada democráticamente como es la Ley de Memoria Histórica. Él y otros como él son los que han propiciado que aprendices, como Rafael Hernando o Pablo Casado, hagan méritos para ascender en el partido a base de humillar a las víctimas del franquismo y a sus familiares en los platós de televisión.

La derecha verdaderamente democrática, que la hay, debería de una vez por todas romper los hilos que la siguen atando a la dictadura. Sin duda perderán unos cuantos miles de votos, pero España necesita un Partido Popular que deje de peregrinar al Valle de los Caídos y se dedique a hacer pedagogía para evitar casos como el de Fuente Álamo. Allí es su grupo municipal, el popular, el primero en defender, con uñas y dientes, el que sus hijos estudien en un colegio llamado “José Antonio”.

Al igual que en Salamanca es su alcalde popular el que retrasa hasta el infinito la retirada de su Plaza Mayor, ordenada por un juez, del medallón dedicado al dictador. Al igual que en Alicante son sus concejales populares los que han logrado que se repongan los nombres de las calles franquistas. Al igual que en Madrid es su grupo político el que se opone a la retirada total de los vestigios de la dictadura. Al igual que en Alberche y Guadiana del Caudillo son sus alcaldes los que son premiados por la Fundación Francisco Franco. Al igual que en Baralla, Aljubé, Mora, Alella, Melilla, Navalmoral de la Mata, Vitoria, Callosa de Segura, Oviedo…

Son los Marhuendas y los Rajoys los que permiten, toleran y alientan esta complicidad intelectual con la dictadura. Son ellos los que llevan años creando el caldo de cultivo en el que sobrevive y, poco a poco, resurge el monstruo del totalitarismo. Son ellos,  los Marhuendas y los Rajoys los que provocan que España esté repleta de Fuente Álamos.

Anuncios

Nueve preguntas y respuestas sobre el futuro de Franco en el Valle de los Caídos

17 junio, 2017

Fuente: http://www.publico.es

El Congreso ha aprobado este jueves una Proposición No de Ley que insta al Gobierno de Mariano Rajoy a exhumar los restos del dictador del Valle de Cuelgamuros.

El Valle de los Caídos, en el interior de cuya basílica descansan los restos de más de 33.400 víctimas de la Guerra Civil. EFE

El Valle de los Caídos, en el interior de cuya basílica descansan los restos de más de 33.400 víctimas de la Guerra Civil. EFE

En este artículo intentamos resolverte todas las dudas que puedes tener sobre qué hay que hacer para sacar al dictador del Valle de los Caídos y qué es lo que se ha hecho hasta ahora.

1. ¿Cuándo se sacará a Franco del Valle de los Caídos?

No se sabe. La Proposición No de Ley (PNL) aprobada por el Congreso no tiene carácter vinculante y, por tanto, tampoco establece una fecha concreta para su ejecución. El Gobierno no tiene por qué  atender al contenido de la misma. Además, es descatable que cada año el Congreso suele aprobar más de 1.000 PNL al año.

2. ¿Puede sacar el Gobierno a Franco del Valle?

No. El Estado no puede exhumar unilateralmente a Franco del Valle de los Caídos. El lugar donde está enterrada Franco no es un lugar público, sino que se rige por la normativa de la Iglesia Católica. Así lo recoge el artículo 16 de la Ley de Memoria Histórica. Por tanto, la competencia en este tema es de la Iglesia católica y de la familia del difunto dictador.

3. ¿Qué puede hacer el Gobierno para sacar a Franco?

El Gobierno puede resignificar el espacio del Valle de los Caídos, que se asemeje a un Centro de Interpretación de la Guerra Civil y honrar a la memoria de las víctimas por igual. Es decir, el Gobierno puede hacer lo que quiera con el espacio, pero no con lo que hay dentro de la basílica.

No obstante, el Gobierno sí que puede emplazar a la Comunidad Benedictina que gestiona la Iglesia del Valle de los Caídos a abrir una negociación e incluso tomar medidas de presión para que se permita la exhumación de los restos del dictador ya que esta comunidad recibe dinero público. Por poder, el Estado puede hasta tratar de convencer a los Franco para que soliciten el traslado el panteón familiar.

4. ¿Por qué está Franco en el Valle de los Caídos?

La lista de motivos puede ser interminable. Nos limitamos a señalar que fue decisión del rey Juan Carlos I y del Gobierno de la época entregar los restos de Francisco Franco a la protección de la Comunidad Benedictina en el Valle de los Caídos. En multitud de ocasiones se ha señalado que ni Franco ni su familia querían que sus restos terminaran allí.

También es destacable que en 40 años de democracia ninguno de los diferentes gobiernos democráticos ha tenido a bien buscar la fórmula de sacar a un dictador genocida de un lugar público que le rinde homenaje.

5. ¿Implica un cambio en el resto del Valle de los Caídos?

La PNL aprobada hoy en el Congreso incluye un total de 16 medidas entre las que se encuentra “redefinir” el Valle de los Caídos “para que deje de ser un lugar de memoria franquista y nacional católica y reconvertirlo en un espacio para la reconciliación de la memoria colectiva democrática y de dignificación de las víctimas de la Guerra civil y de la dictadura”. Sin embargo, el Gobierno no tiene por qué aplicar estos cambios.

6. ¿Qué pasa con Primo de Rivera?

La PNL pide al Ejecutivo que saque a Primo de Rivera del lugar preeminente donde está enterrado, pero añade que sus restos pueden permanecer junto al resto de víctimas que están en el Valle de los Caídos ya que fue “una víctima más de la Guerra Civil”, según el PSOE. El problema en este punto es el mismo que con Franco. La potestad es de la Comunidad Benedictina.

7. ¿Por qué el PSOE dice digo donde dijo Diego?

Llama la atención mucho que el PSOE incluya entre las propuestas de su PNL que se someta a estudio si se debe declarar la nulidad de las condenas y que a la vez rechace la enmienda de Unidos Podemos de anular los juicios del franquismo.

Asimismo, esta petición del PSOE contrasta con la actitud de los socialistas cuando estaban en el Gobierno. En el año 2010, con los votos de PP y PSOE, el Pleno del Congreso rechazó una moción de ERC en la que reclamaba al Gobierno de Zapatero que impulsase las reformas legales necesarias para se pudiera solicitar la revisión de las sentencias políticas dictadas durante el franquismo, ya que fueron declaradas ilegítimas por la conocida como Ley de Memoria Histórica de 2007. La iniciativa sólo recibió el apoyo de los nacionalistas y las minorías de izquierda.

8. ¿Cambiará la Ley de Memoria Histórica? 

Salvo sorpresa mayúscula, la Ley de Memoria Histórica continuará igual que la aprobó el Congreso en el año 2007 ya que, como se ha señalado, el Gobierno no tiene obligación ninguna de acatar la petición del Congreso de los Diputados.

Asimismo, cabe destacar que Mariano Rajoy lleva cinco años consecutivos sin dotar de un euro la Ley de Memoria por lo que en la práctica ha sido derogada en muchos aspectos.

9. ¿Hay algo de oportunismo en la petición del PSOE?

En opinión del que firma este artículo, sí. No deja de ser curioso que el PSOE vuelva a retomar la batalla por la Memoria Histórica cuando las encuestas parecían darle la espalda y, sobre todo, cuando más necesitaba distanciarse del Partido Popular y postularse como un partido de izquierdas. Tampoco es casual que esta medida coincida en el tiempo con la aprobación en Andalucía de una Ley de Memoria Histórica en un momento en el que Susana Díaz también necesita proyectar al exterior una imagen más izquierdista para paliar esas críticas que la acerca ideológicamente al PP.

El señor Francisco Franco, el pucherazo del 36 y la democracia acomplejada

13 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Nuestros políticos democráticos han tardado 41 años en decidir que Franco, el sátrapa genocida, no puede estar enterrado con los honores de un faraón y que las víctimas merecen salir de las cunetas.

El PP acusa al PSOE de romper el “pacto constitucional” por querer sacar a Franco del Valle de los Caídos.

Carlos Hernández

09/05/2017 – 21:16h

El Parlamento exigirá al Gobierno que saque del Valle de los Caídos los restos mortales del dictador. Igualmente decidirá que se establezca el 11 de noviembre como día de homenaje a las víctimas del franquismo y planteará, entre otras medidas, la necesidad de que la Administración colabore en la localización y exhumación de las fosas en que yacen más de 100.000 hombres y mujeres asesinados por la dictadura. Si fuéramos vírgenes e ingenuos y no tuviéramos memoria, hoy estaríamos celebrando por todo lo alto las decisiones debatidas este martes por el Congreso de los Diputados, para reactivar la Ley de Memoria Histórica, que a pesar de las diferencias que existen entre los grupos de izquierda todo apunta que se aprobarán este jueves.

Si lo fuéramos, no daríamos importancia a la fecha en que se ha producido este debate: mayo de 2017. Sí; nuestros políticos democráticos han tardado 41 años en decidir que Franco, el sátrapa genocida, no puede estar enterrado con los honores de un faraón; han tenido que pasar cuatro décadas para darse cuenta de que las víctimas merecen salir de las cunetas en que siguen enterradas como si fueran perros.

Si lo fuéramos, no analizaríamos el porqué de la negativa del Partido Popular a apoyar esta iniciativa. No nos preguntaríamos las razones por las que su portavoz en el debate parlamentario buscó mil y una excusas, hasta llegar a Stalin y a Venezuela, para oponerse a la propuesta. No nos rechinarían los dientes al escuchar a Alicia Sánchez Camacho eludir la palabra dictador y preferir referirse a él como “el señor Francisco Franco”. No nos indignaría comprobar cómo la formación política que nos gobierna se niega a liberarse de sus vínculos con el franquismo. No nos avergonzaríamos de que, con su voto y su discurso, el partido con más apoyo popular en España reafirme su distancia con la derecha europea representada por Angela Merkel y se sitúe a un paso de las tesis revisionistas del Frente Nacional o de Alianza por Alemania. Apenas hay diferencias entre quienes cuestionan la existencia de las cámaras de gas y los que niegan el carácter totalitario y criminal del régimen franquista. El discurso del PP suena igual que el de historiadores condenados por su infame blanqueo del nazismo como David Irving.

Si lo fuéramos, no recordaríamos que este tipo de decisiones suelen quedarse en un llamativo titular y una bonita fotografía. Por poner solo un ejemplo de esos fuegos artificiales que tanto gustan a nuestros políticos: hace ya dos años que el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad reconocer y homenajear a los 9.300 españoles y españolas que fueron deportados a campos de concentración nazis. 24 meses después no se ha cumplido este mandato; el Gobierno se ha declarado insumiso y la oposición no ha ejercido su papel de recordarle, diariamente, su repugnante incumplimiento.

Si lo fuéramos, preferiríamos olvidar que Felipe González tuvo 15 años para desmantelar los vestigios de la dictadura y no quiso hacerlo. Tres mayorías absolutas consecutivas en las que no se atrevió a sacar al dictador de su mausoleo ni a dar un entierro digno, entre otros, a sus compañeros socialistas que habían muerto por defender la democracia republicana frente al eje Franco-Hitler-Mussolini. El gran Felipe estaba en otras cosas, sin duda importantes, y no le pareció relevante que como país, realizáramos una revisión histórica rigurosa que habría acabado, de una vez por todas, con la historiografía franquista que aún contamina los libros de texto que estudian nuestros hijos.

Si lo fuéramos, ignoraríamos que Zapatero permitió a la parte más conservadora de su partido descafeinar su Ley de Memoria Histórica y olvidaríamos que tuvo siete años para llevar a cabo las iniciativas que ahora plantea desde la oposición. Si lo fuéramos, no nos vendría a la cabeza la casi lasciva satisfacción que emanaba Mariano Rajoy al explicar orgulloso que su Gobierno había asesinado y enterrado la Ley en otra cuneta, al dotarla de un presupuesto anual de cero euros.

Para nuestra suerte o nuestra desgracia no somos vírgenes, ingenuos ni desmemoriados. Vemos cada día el letal fruto de la cobardía y los complejos con que los políticos demócratas han abordado este tema durante los últimos cuarenta años. Esa es la razón por la que hoy vivimos un auge del revisionismo franquista. El negacionismo de nuestro Holocausto viaja a través de Internet, contamina ondas de radio y televisión y alcanza las portadas de los periódicos de papel. Basta con que unos supuestos historiadores se quiten momentáneamente sus camisas azules y escriban un libro repleto de falsedades y medias verdades para que el producto consiga calar en la sociedad.

Así ocurrió recientemente con 1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular en el que Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa legitiman el golpe de Estado franquista demostrando un supuesto pucherazo electoral de la izquierda en las elecciones de febrero del 36. Sin cuestionarse mínimamente el sesgo que ya habían demostrado los autores en obras anteriores, ni contrastar sus conclusiones con otros historiadores de, estos sí, reconocido rigor y prestigio, numerosos medios dieron por buenas sus tesis y las reprodujeron como si de verdades absolutas se tratara. Dos meses después, tras analizar detalladamente la obra, el catedrático de Historia de la Universidad Autónoma de Barcelona José Luis Martín Ramos la ha desmontado punto por punto en Público. Lamentablemente, su estudio no llegará a las portadas y los espacios que, por mala fe o por pura ignorancia de los periodistas de turno, copó el sesgado relato de Villa y Tardío.

No será la última vez que ocurran cosas similares. La democracia acomplejada ha permitido que varias generaciones de españoles crecieran en la ignorancia, cuando no en la tergiversación franquista, de nuestra historia reciente. Nuestros políticos socialistas, centristas y comunistas han tolerado que uno de los lugares turísticos de la capital del Reino sea la tumba de un criminal que secuestró nuestras libertades durante 40 años. Nuestro régimen de libertades no ha querido evitar que se siga equiparando a víctimas y a verdugos.

El terreno está abonado, pues, para que el revisionismo franquista siga creciendo hasta el infinito y más allá. Lo hará si no arrancamos de cuajo sus raíces. Podríamos pensar que la iniciativa debatida este martes en el Congreso de los Diputados es un paso decisivo para realizar esa poda sanadora con unas tijeras de democracia, cultura y verdad. Podríamos pensarlo… si fuéramos vírgenes e ingenuos y no tuviéramos memoria.

La desmemoria histórica del Partido Popular: ni un euro para las víctimas del franquismo

14 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El PP le dedica a la Ley de Memoria Histórica la ingente cantidad de 0 euros, un dinero que debía utilizarse para financiar exhumaciones en las 2.000 fosas que se calcula que existen en España

María Eugenia R. Palop

06/04/2017 – 21:05h

El director del CIEMEDH considera que un centro académico podrá conseguir la financiación para abrir fosas que se le niega a las asociaciones memorialistas por sus implicaciones políticas. Foto: Óscar Rodríguez (ARMH).
Imagen de archivo de represaliados por el franquismo. Foto: Óscar Rodríguez (ARMH).

Decía Adorno que “dejar hablar al sufrimiento es la condición de toda verdad”, pero hay verdades que al Partido Popular, simplemente, no le suscitan ni el más mínimo interés. En los Presupuestos Generales del Estado, el Gobierno ha vuelto a invisibilizar a las víctimas silenciadas de la guerra civil y el franquismo, a imponer la acostumbrada amnesia social, y a evitar que se desmonte la mentira institucionalizada en la que llevamos décadas instalados, gracias, entre otras cosas, a políticas como las suyas.

El PP le dedica a la Ley de Memoria Histórica la ingente cantidad de 0 euros, un dinero que debía utilizarse para financiar exhumaciones en las 2.000 fosas que se calcula que existen en España. Ya en 2012, Rajoy eliminó la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, y redujo la dotación presupuestaria para Memoria Histórica de 6,2 millones, a dos millones y medio. Y en el año 2013, el Gobierno eliminó esta dotación sin más, dejando en las cunetas, por enésima vez, a las víctimas del franquismo, que siguen costeando las exhumaciones con sus propios medios, porque, mal que le pese a Rafael Hernando, se acuerdan de sus padres y familiares haya o no haya subvención.

Ahí siguen, impenitentes, andando “con los muertos para arriba y para abajo” para contrarrestar el ostracismo y las vejaciones del Gobierno del Partido Popular y de personas que, como él, no creen ofender ni humillar a nadie, porque no son nadie las 100.000 o 150.000 que aún esperan verdad, memoria, justicia y reparación. “¿Por qué voy a pedir perdón?”, se preguntaba perplejo Hernando, en un ejercicio retórico de cinismo.

No hay duda de que hay quienes han descontado ya el costo humano y social de sus privilegios, en la idea tan atroz, como poco contrastada, de que no existe “progreso” sin olvido. Y aunque también hay quienes prefieren avanzar retrocediendo, como diría Paul Valéry; avanzar sin aplastar “flores inocentes en el camino”, sin generar víctimas y sin olvidarlas, hoy, lamentablemente, está claro que los que gobiernan son los primeros. Por eso el desarrollo de la Ley de Memoria Histórica ha sido esquelético, y por eso ha acabado instaurando una discriminación en el trato, los derechos y las prestaciones que reciben unas víctimas frente a las otras, sin que exista ninguna razón que lo justifique, más allá de la desmemoria selectiva que en este país se ha practicado sin descanso.

Poco importan aquí los acuerdos internacionales sobre estas materias ratificados por España, entre los que cabe destacar la convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, o la convención internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas. Poco importa la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y, en particular, la jurisprudencia destinada a la protección del derecho a la vida y a la integridad de las personas. Tampoco importa mucho, según parece, la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2012, que, desarrollada por la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la Víctima del Delito, favorece un catálogo de prestaciones y derechos a toda víctima, sin perjuicio de que quepan regulaciones particulares en atención a unos u otros colectivos. Poco importa, por supuesto, el informe del relator de Naciones Unidas en el que se señalaba que es la ignominia y el olvido lo que se ha incorporado a la normalidad democrática de España.

En fin, esta negativa a investigar la suerte de miles de personas desaparecidas a raíz de la estrategia implementada por el Estado franquista, contraviene, entre otras cosas, el derecho internacional que es jurídicamente vinculante y de obligado cumplimiento en nuestro país. Porque no solo es que el Gobierno se niega a cumplir su obligación de actuar de oficio, sino que tampoco pone todos los medios necesarios para que otros agentes puedan llevar a cabo las investigaciones que las autoridades se niegan a hacer, y ello, sin que haya ninguna norma o principio jurídico que impida a un Estado investigar su pasado.

El PP contradice aquí, incluso, a la normativa que se ha desarrollado en el plano autonómico, y que se ha promulgado, o está por promulgarse, en el País Vasco, Andalucía, Navarra, Aragón, Valencia y Baleares, territorios que han conocido directamente los horrores de la guerra civil, la represión de la dictadura y la violencia política posterior, y en los que están domiciliadas un importante número de sus víctimas. Y lo más sorprendente es que algunas de estas normas han salido adelante con la abstención del mismísimo y esquizofrénico Partido Popular.

Reivindicar el derecho y el deber de memoria no es solo poner en el centro un hecho del pasado, sino resignificarlo y asumir las responsabilidades que se derivan del mismo, articular un consenso sobre lo intolerable, y delimitar claramente lo que, de ningún modo, puede volver a suceder. Y en la medida en que esto no se hace, no puede garantizarse nada. La responsabilidad tiene una dimensión temporal que no se agota en el presente; mira hacia al pasado, como ha de mirar hacia el futuro, y trata a todas las víctimas de la misma manera, aunque distinga las diferentes violencias de las que cada una ha sido objeto.

Quienes defendemos una política de la memoria para todas las víctimas, sin exclusión, estamos convencidos de que el examen detenido del pasado es un arma que permite combatir el “revisionismo” y el “negacionismo” con los que se justifican y se niegan todos los días las atrocidades que hemos vivido, y de las que muchas personas tienen todavía recuerdos terriblemente vivos. Y sabemos, además, que lo que las sociedades eligen recordar y olvidar, y el modo en que lo hacen, condiciona totalmente sus opciones de futuro, de manera que sin memoria no puede haber una auténtica cultura democrática, ni puede hablarse, en puridad, de un sistema político legítimo.

Dice la Comisión de Derechos Humanos de UN en sus Principios para la protección de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad, que “el conocimiento por un pueblo de la historia de su opresión pertenece a su patrimonio y, como tal, debe ser preservado con medidas apropiadas en el nombre del deber a la memoria que incumbe al Estado”. Pues bien, es este el deber que el Gobierno no cumple y este es el rico patrimonio que nos usurpa descaradamente cada vez que privatiza el uso de nuestra memoria y nos impide recordar.

Apoya un periodismo que no olvida.

También puedes llamarnos al 91 368 88 62

Mitos y realidades de una guerra anunciada

18 julio, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

El asesinato de José Calvo Sotelo fue esgrimido por los sublevados como la causa que les empujó a la rebelión. La documentación demuestran que el golpe de Estado había comenzado a planificarse meses antes

Los últimos estudios sobre la represión en ambas zonas establecen unos datos esclarecedores: 50.000 asesinados extrajudicialmente por el bando republicano y unos 150.000 por el bando franquista

El dictador Francisco Franco EFE

Ochenta años después del inicio del golpe de Estado que provocó la guerra, parte de la sociedad española sigue desconociendo la verdad de este negro pero crucial capítulo de nuestra historia. Durante cuatro décadas, la dictadura franquista se encargó de adulterar la realidad de lo ocurrido para satanizar a la República y glorificar el papel jugado por ellos mismos, los golpistas.

Los historiadores franquistas y sus herederos justifican la sublevación militar por la “insostenible” situación de caos, anticlericalismo y violencia que, según ellos, se sufrió durante el periodo republicano. Los hechos y los datos demuestran, sin embargo, que una buena parte de la derecha española juró acabar con la República el mismo día en que fue proclamada y comenzó a conspirar contra ella desde aquel 14 de abril de 1931. Las razones de esta animadversión se resumen en dos: poder y dinero.

El nuevo régimen amenazaba el histórico statu quo de los estamentos que habían dirigido nuestro país durante siglos: la oligarquía económica, los terratenientes, el Ejército y la Iglesia católica. La República se planteaba, entre otros objetivos, una ambiciosa reforma agraria que acabara con la situación de miseria que sufrían más de dos millones de jornaleros sin tierra; una reforma militar para democratizar el ejército y extirparle su ADN golpista; una reforma religiosa que terminara con los privilegios de la Iglesia y le arrebatara el control de la educación; una descentralización del poder que, según se decía en la Constitución de 1931, garantizaba la integridad del Estado “compatible con la Autonomía de los Municipios y las Regiones”.

Maquis - Asombrario

Maquis – Asombrario

A todo ello hay que sumar otra afrenta global contra el amo y señor de la España tradicional: el hombre. En solo dos años la República equiparó a la mujer en derechos y libertades concediéndole el derecho al voto antes que otras naciones europeas como Francia o Grecia.

La tormenta ideológica perfecta

La España de los años 30 reflejaba la tensa situación política que se vivía en toda Europa. El auge del fascismo coincidía con el extremismo revolucionario de los grupos anarquistas y de los movimientos comunistas que miraban con admiración hacia la Unión Soviética de Stalin. Las revueltas obreras y los actos de violencia eran frecuentes en todo el continente. En la España republicana hubo sucesos especialmente graves como la matanza de Casas Viejas o el levantamiento revolucionario de 1934.

Hechos que se saldaron con centenares de muertos y que fueron originados por la constante lucha entre quienes deseaban acelerar las reformas y aquellos que trataban de frenarlas a toda costa. La derecha que acabaría sublevándose contra la República contribuyó decisivamente a generar ese clima de tensión y violencia ejerciendo de pirómano para después presentarse como el bombero salvador. Sus líderes políticos trataron constantemente de minar la credibilidad del régimen; sus militares conspiraron en la sombra, protagonizaron varias intentonas golpistas y ejercieron la represión con especial virulencia, tal y como hizo el propio Franco para sofocar la revolución en Asturias; sus matones de la Falange sembraron el terror y provocaron la reacción violenta de sus adversarios; hasta sus terratenientes ejercieron de saboteadores profesionales dejando que sus latifundios quedaran inertes en lugar de permitir que fueran explotados por los hambrientos pero combativos jornaleros: “No queríais República, pues ahora comed República”, espetaban los grandes propietarios a los agricultores sin tierra.

Nuevas fotografías de la Guerra Civil halladas en el municipio de Arucas

Nuevas fotografías de la Guerra Civil halladas en el municipio de Arucas

La izquierda por su parte se desangraba fruto de sus peleas internas y se debatía entre la lealtad al nuevo régimen y el deseo de sobrepasarlo, instaurando sistemas revolucionarios inspirados en ideales libertarios o comunistas. Numerosos anarquistas, socialistas y comunistas no veían la República como un fin, sino como un instrumento provisional para conseguir objetivos políticos más ambiciosos.

Los preparativos y el detonante

El asesinato de José Calvo Sotelo fue esgrimido por los sublevados como la causa que les empujó a la rebelión. La documentación hallada y el testimonio de numerosos protagonistas demuestran que el golpe de Estado había comenzado a planificarse meses antes de la violenta muerte del político monárquico. De hecho, el propio Calvo Sotelo y Gil Robles, líder de la mayoría parlamentaria de derechas, participaban activamente en la conspiración para recuperar por la fuerza el poder que habían perdido en las urnas.

Tras años de preparativos e intentonas fallidas, el detonante final no fue otro que el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Un golpe de Estado “rápido y limpio”

El capitán de aviación Virgilio Leret fue, probablemente, la primera víctima de la rebelión militar. El 17 de julio trató de hacer frente en Melilla a la sublevación que se había iniciado en Canarias y en las colonias del norte de África. Leret fue capturado y fusilado esa misma noche por los rebeldes. Al día siguiente la rebelión se extendió a la Península.

El golpe de Estado estaba liderado por un grupo de generales encabezados por José Sanjurjo y contaba con el apoyo de los partidos de la derecha parlamentaria, sectores monárquicos, financieros y empresariales, movimientos fascistas como la Falange y el respaldo directo de Hitler y Mussolini. Los rebeldes planeaban hacerse con el control del país en poco más de 72 horas. No contaban con que una parte del Ejército iba a mantener su juramento de lealtad al Gobierno legítimo de la República, ni preveía que los obreros y agricultores iban a lanzarse a las calles de ciudades y pueblos para defender la democracia con las armas en la mano.

“Cueste lo que cueste”

Tras la oportuna muerte de Sanjurjo en un accidente de aviación el 20 de julio, Franco comenzó a perfilarse como líder de los rebeldes. A esas alturas ya no había dudas de que el golpe había fracasado y que el nuevo escenario era una guerra de dimensiones catastróficas. Un panorama que no desanimaba al nuevo jefe de los sublevados.

El 27 de julio el corresponsal británico del News Chronicle, Jay Allen, relataba su entrevista con Franco en Tetuán: “A mi pregunta ¿ahora que el golpe ha fracasado en sus objetivos, por cuánto tiempo seguirá la matanza?”, contestó tranquilamente: “No habrá compromiso ni tregua, seguiré preparando mi avance hacia Madrid. Avanzaré —gritó—, tomaré la capital. Salvaré España del marxismo, cueste lo que cueste” (…). “¿Eso significa que tendrá que matar a la mitad de España?”. El general Franco sacudió la cabeza con sonrisa escéptica, pero dijo: “Repito, cueste lo que cueste”.

La decisiva “no intervención”

“Las democracias europeas dejaron caer la República. Por un lado creían que así apaciguarían a Hitler; pero por otro le tenían más miedo a la revolución social republicana que a un posible gobierno autoritario y fascista. Por eso el pacto de no intervención fue, en realidad, una intervención en toda regla para facilitar la victoria de Franco”.

Así de contundente se muestra el hispanista de la Universidad de Pau, Jean Ortiz. Los hechos le dan la razón. Además de la ayuda prestada en la preparación del golpe de Estado, Alemania e Italia comenzaron a enviar aviones, material de guerra y asesores militares al bando franquista desde el inicio del golpe. Francia y el Reino Unido contestaron promoviendo un acuerdo de “no intervención” que acabó convirtiéndose en una farsa. 27 naciones europeas se sumaron a él, entre ellos Italia, Alemania y Portugal que no dejaron de violarlo sistemática y descaradamente durante los tres años que duró la guerra.

Ya los corresponsales extranjeros que cubrieron el conflicto bélico coincidieron en señalar en sus crónicas que Franco jamás habría podido ganar la guerra sin el respaldo militar de Hitler y Mussolini. Enfrente, la única ayuda exterior que recibió la República fue la de miles de voluntarios poco preparados que formaron las Brigadas Internacionales y el apoyo más sustancial, pero infinitamente menor que el que aportaron Alemania e Italia al bando franquista, que le brindó la Unión Soviética.

Víctimas de guerra y de la represión

Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre las víctimas que provocó la guerra. La cifra que más puede acercarse a la realidad es la que aportan investigadores como Paul Preston: 300.000 muertos en los frentes de batalla y 200.000 víctimas de la represión en ambos bandos. Preston no se atreve a aventurar una cifra de civiles fallecidos en bombardeos y combates.

Los últimos estudios sobre la represión en ambas zonas establecen unos datos esclarecedores: 50.000 asesinados extrajudicialmente por el bando republicano y unos 150.000 por el bando franquista. La represión en la zona republicana se produjo mayoritariamente durante 1936, provocada por el caos inicial generado por el golpe, por la entrega de armas a la población civil y, por extensión, a grupos extremistas y por la ausencia de un mando único capaz de hacer cumplir la ley.

Fue en estos meses cuando también se produjo la mayor parte de los asesinatos de religiosos y de la destrucción de templos como injustificable respuesta al inmediato apoyo que la Iglesia brindó a los sublevados. Esta situación fue poco a poco controlada y las autoridades republicanas no solo lucharon contra cualquier exceso cometido por sus tropas, sino que llegaron a juzgar a algunos de los responsables de los mismos.

Por contra, el bando franquista utilizó el terror como arma de guerra. El asesinato, la violación de mujeres, las torturas eran parte de la estrategia diseñada por sus líderes para eliminar y, de paso, doblegar al enemigo. Los alcaldes, concejales, diputados, maestros y militantes de las organizaciones republicanas eran sistemáticamente exterminados en las poblaciones conquistadas. No se trataba de una política secreta, los generales rebeldes alardeaban públicamente de ella.

Existen decenas de ejemplos pero citaremos solo dos de los más significativos. El general Mola, pocos días después del inicio del golpe, afirmaba: “Hay que sembrar el terror… hay que dar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros. Nada de cobardías. Si vacilamos un momento y no procedemos con la máxima energía, no ganamos la partida”. Su colega, el general Queipo de Llano, se hizo célebre por sus arengas desde radio Sevilla en las que animaba a sus tropas a asesinar a los republicanos y violar a sus mujeres: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres… y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”

Un extraño final

La caída de Cataluña en enero de 1939 supuso el principio del fin para la República. Medio millón de hombres, mujeres y niños cruzaron la frontera hacia Francia huyendo del avance franquista en los primeros días del mes de febrero.

Muchos de los combatientes deseaban embarcarse inmediatamente rumbo hacia Valencia para seguir defendiendo “su” República que aún controlaba un tercio de la Península incluyendo Madrid; las autoridades francesas les desarmaron y les impidieron retornar a España.

Aunque se encontraba en una situación desesperada, el presidente Negrín apostaba por resistir unos meses más; confiaba en que el estallido de la ya inevitable guerra mundial hiciera salir de su falsa neutralidad a las democracias europeas. Su ensoñación terminó en los primeros días de marzo cuando sus hasta entonces compañeros de trinchera se sublevaron contra él. El coronel Casado, con el apoyo de todas las organizaciones republicanas salvo el PCE y un sector del PSOE, ejecutó un golpe de Estado que derribó el Gobierno de Negrín.

Creían que una rendición pactada les permitiría eludir las represalias de los vencedores. Se equivocaron: las tropas franquistas ocuparon Madrid y el resto del territorio republicano sin apenas resistencia e impusieron un régimen de represión y terror que se prolongaría durante casi 40 años.

Los mecenas de Franco:

http://www.eldiario.es/sociedad/mecenas-Franco-rebeldes_0_537197146.html?utm_source=adelanto&utm_medium=email&utm_content=Socio&utm_campaign=16-07-17-adelanto&goal=0_10e11ebad6-ac0a27ee3e-56325097

Dinamitar el Valle de los Caídos:

http://www.eldiario.es/zonacritica/Dinamitar-Valle-Caidos_6_538306169.html?utm_source=adelanto&utm_medium=email&utm_content=Socio&utm_campaign=16-07-17-adelanto&goal=0_10e11ebad6-ac0a27ee3e-56325097

Enaltecer el franquismo no es delito, acuérdate

6 junio, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Parece recochineo, pero es pedagogía: cada pocos meses hacen alguna gracieta franquista para recordarnos que su apología no es delito

IU pide explicaciones por el espectáculo de luz y sonido de Guadamur donde se exhibieron imágenes de Franco y Himmler

Siento discrepar con quienes comparan lo de Guadamur con los titiriteros del “Alka-Eta”. No, el Circo del Sol franquista que montaron en el castillo no justificaría que detuviesen a la alcaldesa y la mandasen a prisión sin fianza. Hacer algo así por unos pocos segundos de exaltación franquista sería un disparate jurídico.

Digo más: si en vez de unos pocos segundos, hubiesen proyectado cuatro horas de Nodo ininterrumpido, seguiría siendo un disparate jurídico actuar contra ellos. Si además hubiesen terminado la fiesta cantando el Cara al Sol brazo en alto, y luego hubiesen recorrido en caravana el pueblo, la provincia o el país gritando vivas a Franco y ondeando banderas con el aguilucho, seguiría siendo un disparate jurídico cualquier sanción. Ni una multita, vaya.

Que hablamos del franquismo, oye. Si fuera algo que remotamente hablase de ETA, la alcaldesa estaría a esta hora entre rejas. Pero con el franquismo hay barra libre. Parece mentira que a estas alturas tengan que recordárnoslo: el enaltecimiento del franquismo no es delito. Repito: el enaltecimiento del franquismo no es delito. Una vez más, repitan conmigo, en voz alta: el enaltecimiento del franquismo no es delito. No existe tal cosa en nuestro Código Penal, porque el PP se ha opuesto sistemáticamente.

Como se ve que se nos olvida, se toman la molestia de recordárnoslo con frecuencia. Lo de Guadamur parece un error, y han pedido disculpas, pero qué va: es la típica gracieta franquista que nos sueltan a cada poco, para que no se nos olvide que no existe tal delito. Puede parecer recochineo, pero no; es pedagogía. Cuando no son unas jornadas visigodas, es un mercadillo infantil con exaltación fascista, un alcalde que suelta una burrada, un académico que redacta un diccionario biográfico, o un portavoz político que se ríe de las víctimas. Ya digo: cada pocos meses, para que no se nos olvide.

A la misma pedagogía responden los recordatorios permanentes que sigue habiendo en nuestras calles, esos nombres que cuesta tanto rascar que hasta el nuevo Ayuntamiento de Madrid se pisa los cordones cuando decide eliminarlos. Y placas, monumentos, yugos y flechas que siguen coronando edificios públicos, y que están ahí ya solo para eso: para recordarnos que el enaltecimiento del franquismo no es delito, así no perdemos tiempo en poner denuncias ni nos indignamos para nada.

En Madrid, por ejemplo, la Comunidad mantiene el Valle de los Caídos dentro de una llamada “Ruta Imperial”. Qué mejor forma de recordarnos que enaltecer el franquismo no está penado: vas por la carretera y te encuentras unos graciosos carteles que te proponen completar la visita al Escorial haciéndote unas fotos en el mausoleo del dictador. “Mira, cariño, unos carteles que enaltecen el franquismo”. “Que no, que no es delito, acuérdate”.

“Ruta Imperial” lo llaman, de verdad. Fue idea del gobierno regional de Gallardón, aquel hombre que decíamos que era el ala izquierda del PP. En los folletos originales se explicaba que es un “monumento funerario levantado como recuerdo de todos aquellos que murieron durante la Guerra Civil”, y que “se tardó 18 años en hacer la obra”. Que se hizo sola, suponemos. Todavía hoy la web de la Comunidad sigue sin contar quién lo levantó ni para qué.

Eso que dicen que somos un país con poca memoria supongo que se refiere a eso: a que se nos olvida una y otra vez que enaltecer el franquismo no es delito. Y una y otra vez nos lo tienen que recordar.

Ver imagen en Twitter

El Gobierno repatria a miembros de la División Azul mientras ignora las fosas de republicanos

27 febrero, 2016

Fuente: http://www.publico.es

Defensa ha reconocido su participación en la las repatriaciones de restos de españoles que lucharon en la División Azul tras una pregunta parlamentaria formulada por Amaiur

Imagen de fosas comunes en septiembre de 2007. Los familiares depositaron ramos de flores junto a los restos exhumados.

Imagen de fosas comunes en septiembre de 2007. Los familiares depositaron ramos de flores junto a los restos exhumados.

MADRID.- El Ministerio de Defensa ha admitido su participación en el proceso de repatriación de los restos de los españoles que durante la Segunda Guerra Mundial lucharon en la División Azul del lado de la Alemania de Hitler y su colaboración, para ese fin, con la Asociación de Españoles desaparecidos en Rusia. Sin embargo, no dedica ni un euro desde el año 2012 a financiar la exhumación de republicanos fallecidos durante la Guerra Civil y la dictadura de Franco.

Esta se la respuesta que ha remitido el Ejecutivo al diputado de Amaiur Sabino Cuadra, quien interrogó al Gobierno sobre las repatriaciones de los restos de los voluntarios españoles que lucharon en el frente ruso con las tropas de Hitler.

Según detalla en su contestación, a la que ha tenido acceso Europa Press, el departamento que dirige Pedro Morenés participa en este proceso mediante la recepción de las peticiones de familiares para la recuperación de restos, la identificación personalizada de los mismos, el apoyo a la realización de trámites de traslado por vía aérea, la recepción de restos en el aeropuerto de Barajas y su posterior entrega a los familiares.

El legítimo esfuerzo del Gobierno en este aspecto contrasta con la política del Gobierno de Rajoy para localizar las fosas de republicanos asesinados durante la Guerra Civil. El Ejecutivo no ha dedicado ni un euro desde el año 2012 a financiar exhumaciones de víctimas de la guerra y de la dictadura de Franco en España.

La justificación aportada desde el Gobierno para explicar este desequilibrio es que entre 2002 y 2011 se han realizado “importantes actividades de localización y exhumación” gracias a los 8,2 millones de euros destinados a las asociaciones de memoria que se dedicaban a localizar fosas.

Centenar de pensiones a homosexuales

En otras respuestas sobre preguntas relativas a estas cuestiones formuladas por el diputado del PSOE Odón Elorza, el Gobierno reitera su compromiso con el desarrollo de la Ley de Memoria Histórica y apunta como dato que hasta la fecha se han reconocido más de un centenar pensiones a homosexuales que fueron encarcelados en aplicación de las Leyes de Vagos y Maleantes o de Peligrosidad Social.

Asimismo, el Ejecutivo deja claro que no cree necesario reabrir la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura porque las funciones que ésta tenía asignadas las realiza igualmente la División de Derechos de Gracia y otros Derechos del Ministerio de Justicia.

Y para demostrar que ahora hay una menor “demanda ciudadana” sobre estas cuestiones que la que había tras la aprobación de la Ley de Memoria en 2007 aporta el número de llamadas relacionadas con esta norma que se reciben en el Ministerio de Justicia. Así, detalla que si en los primeros años de vigencia de la ley rondaban las 10.000 anuales, en 2012 fueron 4.295 y en 2013 descendieron a 1.316.

El genocidio franquista

22 enero, 2014
Día 28.11.13 
España es una anomalía histórica. Es el único país europeo con 200.000 desaparecidos y unas leyes que garantizan la impunidad de sus verdugos. Naciones Unidas reclama al Estado español que elabore un “plan nacional de búsqueda de desaparecidos”, anule la ley de Amnistía de 1977 y enjuicie a los autores e implicados en el exterminio sistemático de fuerzas políticas de izquierdas perpetrado entre julio de 1936 y noviembre de 1975.
 
Ante la pasividad del gobierno español, la justicia argentina prepara una querella contra 300 responsables de la represión franquista. Entre los imputados, se encuentran Rodolfo Martín Villa, que ordenó la masacre de Vitoria-Gasteiz, José Utrera Molina, ministro franquista y uno de los firmantes de la condena a muerte de Salvador Puig Antich, Juan Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, brutal agente de la Brigada Político-Social, Jesús Muñecas Aguilar, guardia civil golpista y notable torturador, y Fernando Suárez, que participó en el consejo de ministros que firmó las últimas ejecuciones del régimen en septiembre de 1975. Es improbable que estos criminales acaben en un tribunal, pues el gobierno español –neoliberal o socialdemócrata- se inventará cualquier argucia legal para evitar su extradición. La Transición española no fue una ruptura con el franquismo, sino una Reforma del franquismo, que agravió nuevamente a sus víctimas, condenándolas a ser polvo y olvido en algunas de las 2.500 fosas clandestinas excavadas por falangistas, requetés, guardias civiles, católicos devotos, aristócratas y militares
 
El principio de jurisdicción universal reconoce la competencia de cualquier tribunal para encausar a los responsables de delitos contra la humanidad. Son crímenes que nunca prescriben por su especial gravedad. La España de la Transición no mostró ninguna preocupación por las víctimas de la dictadura. Los asesinos y torturadores continuaron en sus puestos, a veces condecorados y homenajeados. Rodolfo Martín Villa concedió en 1977 a Juan Antonio González Pacheco la Medalla de Plata del Mérito Policial y organizó una cena en su honor, alegando que su iniciativa constituía un “desagravio a la persecución de la que es objeto por parte de algunos medios de comunicación”. Actualmente, Pacheco trabaja en empresas privadas de seguridad y Martín Villa es un próspero empresario. No se trata de casos aislados, sino de un fenómeno generalizado. Los comisarios Manuel Ballesteros y Roberto Conesa, dos policías que adquirieron una siniestra fama por su ferocidad durante los interrogatorios, prosiguieron tranquilamente sus carreras, participando en las operaciones de “guerra sucia” contra ETA. Los asesinos del estudiante Enrique Ruano (los inspectores Celso Galván, Francisco Luis Colino y Jesús Simón) escalaron posiciones con el PSOE, obteniendo condecoraciones y altos cargos. Algo semejante sucedió con José Antonio Gil Rubiales y Juan Antonio González García, ambos implicados en las salvajes torturas que acabaron con la vida de Joxe Arregi, presunto militante de ETA. En 2005, Gil Rubiales fue nombrado Comisario del Cuerpo Nacional de Policía de Santa Cruz de Tenerife. Un año antes, el PSOE había otorgado a González García el cargo de comisario general de la Policía Judicial. José Matute y José Martínez Torres también pertenecían a la Brigada Político-Social. Matute torturó y mató en 1975 a Antonio González Ramos, militante del Partido de Unificación Comunista de Canarias. En 1983, José Barrionuevo, Ministro del Interior del primer gobierno del PSOE, requirió su colaboración para rastrear el Barrio del Pilar, buscando a un comando de ETA. Barrionuevo también recurrió a Martínez Torres. Le situó al frente de la Brigada Central de Información, sin inquietarse por los innumerables testimonios que le responsabilizaban de crueles torturas físicas y psíquicas. En las Fuerzas Armadas, se actuó con los mismos criterios. El general José Antonio Sáenz de Santamaría, que había combatido al maquis en los años de la posguerra, y se había encargado de organizar los últimos fusilamientos del franquismo en septiembre de 1975, fue designado director general de la Guardia Civil por el gabinete de Felipe González. Se le atribuyen muchos éxitos en su lucha contra el maquis, empleando pequeñas dosis de pentotal sódico, que inducen un estado de aturdimiento y favorecen las confesiones. La Gestapo utilizó habitualmente este procedimiento. El fervor de Sáenz de Santamaría por los métodos de la guerra sucia se plasmó en una frase sobrecogedora: “Prefiero la guerra a la independencia de Euskadi”. El teniente general Andrés Casinello se movió en la misma línea. Se le considera el fundador del GAL verde y el cerebro del Plan ZEN (Zona Especial Norte), que incluían las técnicas clásicas de contrainsurgencia: torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales. Casinello se limitó a poner en práctica los conocimientos adquiridos en la base militar norteamericana de Fort Bragg. El Plan ZEN obedecía a la filosofía de combatir la subversión, aplastando sus diferentes focos territoriales. De esta forma, el Estado español se sumó a la doctrina de la seguridad nacional, copiando en Euskal Herria la actitud norteamericana con su “patio trasero” (América Latina) y con los países asiáticos y africanos situados bajo su esfera de influencia.
 
Las aguas turbias de la Transición proceden del ánimo genocida de los sublevados en 1936. Mola, Franco y sus conmilitones ordenaron que se fusilara sistemáticamente a todos los desafectos al Movimiento. En una nota del 19 de julio de 1936, Mola afirma que el propósito de la rebelión es “sembrar el terror… eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”. La brutalidad de Mola no conocía límites. Es famosa la frase que le espetó a su secretario personal: “Yo veo a mi padre en las filas enemigas y lo fusilo”. Franco obraba de acuerdo con la misma filosofía. En julio de 1937 declaró al periodista norteamericano Jay Allen: “No puede haber ningún acuerdo, ninguna tregua. Salvaré a España del marxismo a cualquier precio”. “¿Significa eso que tendrá que fusilar a media España?”, preguntó el corresponsal. “He dicho a cualquier precio”, contestó el general, con su frialdad característica. El capitán Aguilera, jefe de prensa de Franco y décimo séptimo conde de Alba de Yeltes, se muestra más explícito y displicente: “En épocas más sanas… las plagas y las pestes solían causar una mortandad masiva entre los españoles… Son una raza de esclavos… Son como animales, ¿sabe?, y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste… Nuestro programa consiste en exterminar a un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado”. Gabriel Jackson estima que la represión franquista causó 400.000 víctimas. En La República española y la guerra civil (1931-1939), un clásico de la historiografía contemporánea, menciona la visita de Heinrich Himmler a Madrid en 1941. Himmler, que aportó su experiencia para mejorar el entrenamiento de la policía política española, “desaprobó, por razones tácticas, el promedio de ejecuciones”, pues lo consideró excesivo. Después de examinar rigurosamente varias fuentes, Gabriel Jackson desglosa el número total de víctimas: “100.000 muertos en los campos de batalla; 10.000 por las incursiones aéreas; 50.000 por enfermedades y desnutrición (durante la guerra civil); 20.000 por represalias políticas en la zona republicana; 200.000 por represalias nacionalistas durante la guerra; 200.000 prisioneros rojos muertos por ejecución o enfermedades de 1939 a 1943”.
 
Se afirmó que las cifras de Gabriel Jackson eran una exageración incapaz de soportar el contraste con la realidad. Sin embargo, hace pocos años Paul Preston calculó que había 180.000 desaparecidos en fosas clandestinas. A esta cifra espeluznante, hay que sumar las ejecuciones con sentencia y las muertes en la cárcel por torturas, enfermedad o malos tratos. El periodista norteamericano Charles Foltz, corresponsal de la Associated Press en Madrid durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, publicó en 1948 una obra titulada The masquerade in Spain. Foltz sostiene que el número de ejecutados o muertos en prisión entre el 1 de abril de 1939 y el 30 de junio de 1944, según datos oficiales facilitados por el Ministerio de Justicia, asciende a 192.684. Esta cifra, que se ha considerado improbable y desorbitada, coincide con las impresiones del conde Galezzo Ciano, yerno de Mussolini y ministro de Asuntos Exteriores de la Italia fascista. Tras recorrer diferentes regiones de España en julio de 1939, escribe: “Sería inútil negar que sobre España pesa todavía un sombrío aire de tragedia. Las ejecuciones son aún muy numerosas; sólo en Madrid, de 200 a 250 diarias; en Barcelona, 150 y 80 en Sevilla, que en ningún momento estuvo en manos de los rojos”. No me atrevo a dar una cifra total, pero entre las víctimas del franquismo hay que incluir a 30.000 niños y niñas separados forzosamente de sus familias, la mayoría hijos de presas republicanas. Hay otros 6.000 casos de bebés robados durante el tardofranquismo y la primera mitad de la actual democracia, casi siempre por motivos de “higiene social” (hijos de madres solteras o de familias con un perfil marginal). En La guerra civil española, Antony Beevor especula que “la represión franquista durante la guerra y la posguerra podría situarse alrededor de las 200.000 víctimas”. Beevor apunta que esta estimación –para muchos, inferior a la realidad- confirma las amenazas del el general Gonzalo Queipo de Llano: “juro por mi palabra de honor y de caballero que por cada víctima que hagáis, he de hacer por lo menos diez”. Las cifras de Gabriel Jackson han sido avaladas por los hallazgos de nuevas fosas clandestinas. Hace dos años, se calculaba que existían 1.000 fosas sin exhumar. En ese tiempo, se han descubierto otras 1.500. Con estos datos, no se puede negar que el franquismo cometió un genocidio.
 
La exhumación de las fosas y la imputación de los culpables son tan importantes como un relato objetivo de los hechos. El sentido de la justicia exige una perspectiva ética, que permita dilucidar la posición moral de los contendientes. Por ejemplo, ¿cuál es el punto de vista más adecuado para hablar de la lucha del maquis? El maquis actuó entre 1939 y 1965. Su ofensiva de más envergadura fue la invasión del Valle de Arán en octubre de 1944, donde 4.000 guerrilleros se enfrentaron a un contingente de tropas franquistas compuesto 50.000 hombres bajo el mando de los generales Juan Yagüe y José Moscardó. La ofensiva fracasó. Los maquis sufrieron 588 bajas y los franquistas 248. Este descalabro no evitó que el maquis mantuviera su desafío, pero a una escala más pequeña, empleando la táctica de guerra de guerrillas. En el artículo publicado en el diario YA el 12 de octubre de 1971, el teniente coronel José María Gárate, adscrito al Servicio Histórico Militar, publicó un artículo titulado “Veinte años del hundimiento del maquis”. Gárate escribe: “No hay un balance completo de bajas, pero la Guardia Civil tuvo 276 muertos. Los muertos y heridos de los bandoleros fueron más de 5.500 en unas 8.000 acciones terroristas”. En un reportaje publicado en el ABC en 1994 para conmemorar el ciento cincuenta aniversario de la Guardia Civil, se proporcionan cifras más precisas: “Bajas de bandoleros, 5.548. Bajas del Cuerpo, 624. Detenidos como enlaces, cómplices y encubridores, 19.407”. ¿Eran los maquis bandoleros, terroristas? ¿Se puede considerar a los guardias civiles abatidos víctimas del terrorismo? En mi opinión, el maquis fue un ejemplo de resistencia y dignidad. La represión ejercida por el Ejército y la Guardia Civil sólo puede interpretarse como una prolongación del genocidio perpetrado por el régimen franquista. Sin embargo, el partidista y vergonzoso Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia llama “terroristas” y “bandoleros” a los combatientes del maquis. Al mismo tiempo, elogia la figura de los generales golpistas y el “Glorioso Alzamiento Militar”. Semejante planteamiento sería inaceptable en Francia, que honra los héroes de la Resistencia, o incluso en Alemania, que prohíbe cualquier forma de exaltación de la dictadura nazi.
 
En España, se considera “enaltecimiento del terrorismo” homenajear a José Miguel Beñarán Ordeñana, “Argala”, pero Luis Utrera Molina, suegro de Alberto Ruiz-Gallardón y exministro de Franco, puede escribir tranquilamente: “Franco murió cristianamente en la cama de un hospital público, después de 40 años de buen gobierno rodeado del cariño de su pueblo y fue ensalzado y homenajeado por su sucesor, el hoy Rey de España”. Imagino que entre los logros y cimas de ese “buen gobierno” hay que incluir las fosas clandestinas que albergan aún los restos de un número creciente de desaparecidos, pues cada vez que se realizan trabajos de exhumación aparecen más víctimas de las esperadas. José María Pemán, en una arenga que retransmitió Radio Jerez el 24 de julio de 1936, expresó inmejorablemente el espíritu de la sublevación: “La guerra, con su luz de fusilería, nos ha abierto los ojos a todos. La idea de turno o juego político ha sido sustituida para siempre por la idea de exterminio y de expulsión”. Desgraciadamente, este espíritu no se ha extinguido y sigue impidiendo que España se convierta en un país realmente democrático, donde se prohíba el ensalzamiento o justificación de la dictadura franquista, se borren definitivamente sus símbolos, se enjuicie a los responsables de sus crímenes y se exhumen los restos de los miles de hombres y mujeres asesinados por su compromiso con una sociedad más libre e igualitaria. Hasta entonces, España será una anomalía, una estructura opresiva que no cesa de inventar leyes para criminalizar las protestas sociales, amordazar a los disidentes, frustrar los anhelos independentistas y pisotear la memoria de los que perdieron la vida ante un pelotón de ejecución o en el infame garrote vil. Tal vez la muerte del joven anarquista Salvador Puig Antich, lentamente estrangulado por un verdugo ebrio y esmirriado un lúgubre 2 de marzo de 1974, simboliza de forma particularmente trágica la brutalidad de una dictadura que aún contamina el presente, recordándonos que los canallas duermen tranquilos y las víctimas aún claman justicia desde las entrañas de la tierra.
 
Rafael Narbona
 
Fuente: rafaelnarbona.es