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Los 10 mitos que aprovecha Mercadona para crecer

22 marzo, 2017

Fuente: http://www.elsalmoncontracorriente.es

Luis Azorín. 17 de enero de 2017. Ecologistas en Acción.

Cuando hablamos de grandes distribuidoras, nos referimos con ello a las grandes empresas que se dedican a la comercialización, pudiendo estar especializadas en determinados productos como la alimentación, como es el caso de Mercadona, o pudiendo abarcan gran variedad, como ocurre con El Corte Inglés. Las grandes distribuidoras de alimentación suelen combinar distintos formatos en sus establecimientos, desde hipermercados hasta pequeñas tiendas o supermercados de barrio. Actualmente, siete grandes empresas controlan en España el 75% de la distribución alimentaria: Mercadona, Carrefour, Alcampo, El Corte Inglés, Eroski y dos centrales de compra, Euromagi e Iffa, que agrupan supermercados más pequeños.

Para tratar de analizar el modelo de distribución que representan estas empresas, a continuación, se analizan y discuten distintas afirmaciones, de creencia generalizada, sobre las virtudes de este tipo de comercios:

10 mitos sobre grandes superficies como Mercadona

1. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS SON BARATAS

Por lógica, estas empresas al realizar pedidos mayores a los productores, deben obtener precios más baratos que deben ser repercutidos al consumidor. Sin embargo, en los estudios comparativos de precios realizadas por las organizaciones de consumidores, queda reflejado que la relación no es tan directa, cuando distintas cadenas ofrecen precios considerablemente desiguales para los mismos productos. Y es que mientras utilizan productos gancho con precios muy bajos (a veces incluso menores que el precio de producción), o estrategias de sobrecompra (2×1 o 3×2) para atraer a los compradores, ofrecen precios muy altos en otros productos en los que el consumidor se fija menos. Pese a que aun así de forma general, continúan ofreciendo precios más bajos que el pequeño comercio, con esta variabilidad tan grande, pueden existir casos de productos concretos en los que no sea así.

A parte, si en vez de centrarnos en el precio concreto de los productos, lo hacemos en el importe total que dedicaremos a nuestra compra, hay que tener en cuenta que en los hipermercados o supermercados se aplican los últimos avances en psicología del consumidor de cara a incentivar el consumo. Todo está estudiado, las luces, la música de fondo, la ausencia de relojes, la distribución de los productos en los estantes o en el mismo local… Con todo ello se contribuye a que el consumidor adquiera más productos que los que tenía previstos, según el psicólogo especialista en consumo Javier Garcés, un 20% más.

En cualquier caso, es importante destacar tres motivos importantes por los que las grandes distribuidoras pueden ofrecer precios más bajos. En primer lugar, hay que tener en cuenta que la importante cuota de mercado que tienen las grandes cadenas (como antes se ha dicho, un 75% entre cinco empresas y dos centrales de compra) deja pocas opciones a los productores de vender sus productos, si no es a ellas. De esta manera, las grandes distribuidoras quedan en una posición muy ventajosa a la hora de negociar con los productores, en su mayoría pequeños, más teniendo en cuenta el poder que les otorga el haber llegado a acaparar gran parte del consumo de alimentación a través de sus marcas blancas. Sus demandas referentes al tipo, cantidad y características de los productos, las exigencias de precios, contratos o pagos y cláusulas de exclusividad, hacen que los productores deban renunciar a una parte importante de sus ganancias en favor de las distribuidoras, con lo cual, los precios en destino se disparan frente a los de origen, existiendo una diferencia media del 460% según COAG. Otra práctica importante en la gran distribución es la venta por debajo de coste en productos reclamo (leche, aceite), lo que aparte de ser ilegal, genera una importante presión a la baja de precios en origen en sectores completos.

De media, el consumidor adquiere un 20% más de lo que tenía previsto

En segundo lugar, muchos de los productos ofrecidos en estos establecimientos han sido producidos en países de Sur donde las legislaciones laborales y ambientales son más laxas, con lo cual obtienen precios considerablemente inferiores que con los productos locales. Este fenómeno, sin embargo, no es exclusivo de las grandes distribuidoras y también se está presente en el pequeño comercio.

Por último, otro motivo que facilita la reducción de precios en la gran distribución, es la reducción en necesidades de puestos de trabajo de este modelo. La relación entre el número de trabajadores y el volumen de ventas de las grandes distribuidoras es considerablemente menor que en la comercio tradicional. Además, las políticas puestas en marcha por estas empresas, como la potenciación de la venta por internet o el establecimiento de sistemas de autopago en las líneas de caja, tienden a hacerla aún menor. El hecho de que muchos productos frescos vayan empaquetados o sean elegidos y pesados por el cliente también supone una disminución en las necesidades de trabajadores. La mayor parte del empleo de estos establecimientos (cajeras, reponedores, etc.) es muy precario, los sueldos son bajos y los contratos temporales.

2. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS CREAN PUESTOS DE TRABAJO

Si bien es cierto que la apertura de cada vez más establecimientos de gran distribución supone la creación de puestos de trabajo, también hay que tener en cuenta que la generalización de este modelo conlleva el cierre de múltiples establecimientos de pequeño comercio. Por ejemplo, entre 1998 y 2004, existen estimaciones de que las tiendas de proximidad existentes pasaron de 95.000 a 25.000. De acuerdo a lo expuesto anteriormente, en cuanto a la relación considerablemente inferior en la gran distribución entre el número de trabajadores por volumen de ventas, por muchas personas que contraten, el balance neto será la pérdida de empleos. De hecho, hay estudios que estiman que por cada puesto de trabajo que crea una gran distribuidora se destruye un puesto de trabajo y medio del pequeño comercio. Además, supone la concentración de los beneficios de las ventas en muy pocas manos. Frente a un mercado tradicional, donde cada negocio da para vivir a una familia, la gran distribución concentra los beneficios.

Por tanto, el paulatino cierre del pequeño comercio, por no poder competir en precio y por falta de políticas proteccionistas, y su sustitución por grandes cadenas, supone una importante pérdida de empleos, además de una gran acumulación de riqueza en las manos de las pocas empresas que controlan el sector.

Además, también hay que tener en cuenta la repercusión que tiene en el medio rural la ya explicada política de compras de las grandes distribuidoras, que afectan sobre todo a las pequeñas explotaciones, que son las que más puestos de trabajo requieren.

3. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS SON MUY CÓMODAS POR SUS AMPLIOS HORARIOS

Si de siempre las familias han podido realizar sus compras con establecimientos que abrían entre semana y los sábados por la mañana, ¿es necesario ampliar los horarios? ¿Se atiende a una necesidad o se adaptan los hábitos a los nuevos horarios?

A parte, con esta medida los que son perjudicados son los pequeños comercios cuyas plantillas no pueden abarcar mayores horarios, de hecho, la limitación de horarios a las grandes superficies era una medida de protección de los pequeños establecimientos, que las comunidades autónomas que han desarrollado políticas más neoliberales han ido eliminando con la falsa excusa de crear empleo en tiempos de crisis. Como se ha explicado anteriormente, favoreciendo a las grandes distribuidoras no se crea empleo, sino que se destruye.

4. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS HACEN DESCUENTOS A SUS CLIENTES

Por lo general, las grandes distribuidoras suelen ofrecer tarjetas de fidelización a sus clientes, a través de las cuales van ofreciendo regalos o descuentos, según aumentan su gasto en consumo. Hay que tener en cuenta que estos descuentos muchas veces se hacen los días de menos asistencia de público, como los domingos, o con productos perecederos que se les pueden caducar. Pero en cualquier caso, se trata de una estrategia que les sale a cuenta, teniendo en cuenta que el análisis de los datos que van obteniendo del uso de las tarjetas de fidelización les sirve para realizar constantes estudios de mercado. Por ello, cuando se solicita una tarjeta de este tipo, se deben aportar datos personales como fecha de nacimiento, dirección, profesión, estudios…

6. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS SON RÁPIDAS

Se suponen que comprar en estos establecimientos es más rápido porque tú coges los productos sin esperar colas. Sin embargo hay que considerar ciertos tiempos, como el de acceso en coche al hipermercado, las grandes distancias que hay recorrer para coger todos los productos, más teniendo en cuenta que la tienda está diseñada para aumentar tu consumo y por ejemplo, es frecuente que dos productos básicos como la leche y el pan se encuentren en puntos opuestos del establecimiento. Luego es frecuente que te encuentres una buena cola para pagar, pues para optimizar beneficios el número de trabajadores es el mínimo indispensable.

6. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS TIENEN MUCHA VARIEDAD

De la variedad que puede existir en este tipo de establecimientos, hay que tener en cuenta que la mayor parte de esos productos pueden ser de marcas de 3 o 4 grandes multinacionales del sector. Es el caso, por ejemplo, de la multinacional Unilever. Esta empresa, desconocida para muchos, es dueña de productos como la crema Nocilla, los helados Frigo y Solero, las sopas Knorr, la harina y levadura Maizena, las galletas Flora, la mantequilla Tulipán, el té Lipton, las mayonesas Calvé y Hellmann’s y muchos otros dirigidos tanto al consumidor doméstico como a la gran industria.

En cuanto a productos frescos, ¿cuántas variedades de tomate o lechuga encuentras en el supermercado?, tres, cuatro, así que si un productor quiere vender a estas empresas, pocas opciones tiene en las variedades que puede cultivar y por supuesto se puede olvidar de las variedades locales.

A parte, hay que tener en cuenta el fenómeno Mercadona, que ha fomentado su marca blanca a base de reducir otras marcas y que en mayor o menor medida ha influido en otras cadenas.

7. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS VENDEN PRODUCTOS LOCALES

Algunas grandes distribuidoras reservan una sección entre sus estanterías para los productos locales. Es la forma que tiene un modelo de negocio deslocalizado para que el cliente lo perciba vinculado al territorio en el que se encuentra la tienda en cuestión. Sin embargo, no es más que una forma de marketing que no modifica las características del modelo de negocio.

8. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS FOMENTAN PRÁCTICAS SOSTENIBLES

Algunas cadenas desarrollan actividades de concienciación ambiental, como reducir el uso de bolsas, recoger pilas, fluorescentes, etc. Se trata igualmente de una estrategia de marketing para dar una imagen más verde a los clientes, dado que este modelo es negocio es todo menos ecológico, ya que:

  • No se atiende a criterios locales en cuanto a la procedencia de los productos (salvo en unos pocos “productos de la tierra” señuelo para los clientes), con lo que se venden verduras, carnes o pescados procedentes de incluso otros continentes.
  • Los productos llevan una gran cantidad de envasado.
  • Los hipermercados fomentan un tipo de comercio en el que el uso del coche es imprescindible.
  • En las tiendas de estas grandes distribuidoras existe un despilfarrador gasto en energía para la climatización y las cámaras frigoríficas, que en muchos casos permanecen incluso abiertas.
  • Este modelo de distribución genera grandes volúmenes de productos descartados que acaban en la basura.

9. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS SON SOLIDARIAS PORQUE COLABORAN CON LOS BANCOS DE ALIMENTOS

Los productos locales o los de comercio justo son estrategias para fidelizar y mejorar la imagen del supermercado

La colaboración con bancos de alimentos es una forma de mejorar la imagen corporativa, pues claro está, nunca lo hacen de forma anónima, pero también es una manera de eliminar productos a punto de caducar a cambio de desgravaciones fiscales por las donaciones. Además, cuando las grandes distribuidoras permiten recogidas de alimentos en sus accesos, aumentan sus ventas al público.

Por el contrario, se descarta mucha cantidad de alimentos, que sólo en algunos casos aprovechan personas sin recursos directamente de los contenedores (se han denunciado casos en los que algunos hipermercados destruían los alimentos destinados a la basura, cerraban con candado los contenedores, etc.).

10. LAS GRANDES DISTRIBUIDORAS VENDEN PRODUCTOS ECOLÓGICOS Y DE COMERCIO JUSTO

Las grandes distribuidoras suelen vender productos con etiquetado correspondiente a producción ecológica para ampliar el espectro de consumidores a los que llegar, igual que venden productos para celiacos o leche sin lactosa. Pero ese etiquetado sólo afecta al sistema de producción, por ello, ¿se puede considerar ecológico un bien producido como tal, pero comercializado por empresas cuyo modelo de distribución no tiene ningún respeto al medio ambiente?

En cuanto a los productos de comercio justo debemos hacernos la misma pregunta, ¿son de comercio justo productos elaborados en estas condiciones pero distribuidos por estos establecimientos? Las grandes distribuidoras poco tienen que ver con comercio justo. En sí, suponen la acumulación de gran riqueza en pocas manos, pero aparte, las condiciones laborales de sus trabajadores son precarias. Además, existen ejemplos de cómo los márgenes con los que se queda la gran distribución son los mismos en términos absolutos que para el producto no justo o convencional. Es decir, se quedarían con 30 céntimos tanto de una tableta de chocolate convencional como de comercio justo, con lo cual no aportan ninguna solidaridad.

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Tiembla la oligarquía madrileña y española

19 enero, 2015

Fuente: blogs.publico.es

Alberto Garzón, 17 ene 2015

Hoy sabemos con certeza que las bases del llamado milagro económico español fueron la burbuja inmobiliaria, el endeudamiento y la corrupción. No en vano, en los últimos treinta años se ha producido una transformación radical de nuestra estructura productiva. En este tiempo el peso de la industria ha caído desde el 28% hasta el 15%, mientras que la actividad inmobiliaria y la construcción ha crecido desde el 17% hasta el 29%.

Pero el ladrillo y cemento se propulsaban gracias a la actividad financiera. El papel del sistema financiero –bancos y cajas de ahorro- ha sido fundamental para alimentar la burbuja inmobiliaria y la actividad económica derivada. Y el lugar de España dónde más peso ha tenido y tiene el capital financiero es sin duda Madrid. De hecho la comunidad madrileña es una anomalía dentro de España. Mientras el peso medio del sector financiero en la economía regional española era antes de la crisis del 5%, en Madrid superaba el 7%. Madrid ha sido el corazón de las finanzas españolas, muy dependientes a su vez de las relaciones establecidas con las empresas constructoras e inmobiliarias y de las relaciones políticas.

De ahí que las cajas de ahorro hayan sido el instrumento central que casaba los intereses políticos con los empresariales. Eliminada su función social originaria, las cajas han sido el nido de corrupción que engrasaba el crecimiento económico a la española. Y hablar de Madrid es también hablar de su principal caja de ahorros, CajaMadrid-Bankia. Y hablar de Madrid es hablar de las grandes empresas de la construcción como FCC, Acciona o OHL. Todas ellas muy bien relacionadas políticamente, hasta el punto de absurdos como el que llevó a OHL a anunciar antes que el ministerio de Fomento una ley de rescate de las autopistas madrileñas quebradas –y que obviamente beneficiaba a la propia OHL. Su crecimiento económico les ha permitido, además, expandir sus negocios fuera de las fronteras españolas y también fuera de sus sectores originales. Hasta el punto que podría decirse que dejaron de ser, en esencia, empresas constructoras. Y ello ha alimentado ampliamente la concentración del poder económico en toda España, quedando así en manos de una élite económica rentista que por lo general es parasitaria del poder político y de sus favores. Una clase empresarial del siglo XIX encubierta por la retórica posmoderna. Un puñado de millonarios que determinan el destino de la población española en reuniones celebradas en palcos vip de fútbol y en oscuras negociaciones en despachos oficiales.

Madrid, la comunidad del tamayazo, sabe mucho de eso. Es consciente de que la oligarquía madrileña, ese matrimonio clientelar entre el poder económico y el poder político, va a usar todo su inmenso poder para evitar cualquier cambio político. Hasta ahora han conseguido determinar qué rescates económicos son prioritarios, como los de la banca, la autopistas o la empresa Castor. Y ello mientras se recorta en Sanidad y Educación. Miles de millones públicos que de forma democrática van directos a los bolsillos de la oligarquía. Un saqueo democrático orquestado por esa oligarquía. Pero también sabe la oligarquía madrileña que tiene que cerrar el paso a cualquier alternativa, sea con el clásico transfuguismo o usando a todos los poderes del Estado. Ello incluye, claro está, el uso arbitrario de la –mal llamada- justicia. Una oligarquía que está más débil que nunca, pero que mantiene aún una influencia que penetra con enorme fuerza en parte de las organizaciones políticas dominantes. Sólo así se puede entender el fenómeno de las tarjetas black, que es sólo la anécdota de una gran estafa que pagamos entre todos. Blesa, Granados, Bárcenas, Moral Santín y el resto de ladrones y cómplices silenciosos son sólo simples piezas de un tablero de ajedrez mucho más amplio al que tenemos que dar una patada.

Hay una ventaja, una esperanza: no claudicaremos. Quienes pensamos que este país merece una oportunidad, para la decencia y para la transformación social, sabemos que es indispensable acabar con el poder de esta oligarquía. Que el poder ha de ser devuelto al pueblo. Las grandes empresas y sus representantes políticos vasallos temen, por encima de todo, la democratización de la economía. Temen una alternativa de izquierdas que devuelva los recursos y el poder al pueblo.

Sabemos, por eso mismo, que enfrentamos innumerables obstáculos. Las élites no sólo han corrompido las instituciones democráticas, que necesitamos recuperar, sino que sus estrategias y tácticas son más propias de la mafia. Pero unidos somos más fuertes. Nos jugamos un modelo de sociedad; nos jugamos la capacidad de satisfacer nuestras necesidades más básicas; nos jugamos nuestros empleos; nos jugamos la democracia. Apartemos egos, apartemos liturgias y concentrémonos en la oportunidad histórica que tenemos por delante.

Las grandes empresas repartieron 8.000 millones entre sus accionistas tras echar a 120.000 trabajadores

31 diciembre, 2014

Fuente: http://www.publico.es

Publicado: 09.04.2014 07:00 | Actualizado: 09.04.2014 07:00

VICENTE CLAVERO

Las empresas que cotizan en Bolsa repartieron el año pasado un total de 8.553 millones de euros entre sus accionistas, según un reciente informe de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). La mayor parte de ese dinero corresponde a las incluidas en el Ibex, cuyos dividendos sumaron en 2013 la nada despreciable cifra de 7.830 millones, aunque se quedaron un 32,5% por debajo de los del ejercicio precedente.

En cuanto a los resultados, la comparación con 2012, sin embargo, es más favorable, pues las sociedades que forman parte de ese índice pasaron de unas pérdidas de 3.046 millones de euros a unos beneficios de 22.947 millones. Para el conjunto de la Bolsa, los datos resultan todavía más espectaculares: las ganancias de 2013 ascendieron a 25.078 millones de euros, frente a unos números rojos de 8.802 millones del año anterior.

Si el último ejercicio fue claramente mejor para las cuentas de las empresas cotizadas y para el bolsillo de sus accionistas, no puede decirse lo mismo de los trabajadores, siempre según el citado informe de la CNMV. Nada menos que 120.000 de ellos perdieron su empleo a lo largo de 2013, lo que equivale a un recorte del 6,7% de las plantillas, que se eleva al 8,9% en el caso de las sociedades del Ibex.

El ajuste de personal se concentró el pasado ejercicio en el sector de comercio y servicios, que paradójicamente es el que repartió un mayor volumen dividendos: 3.045 millones de euros, más de un tercio del total. Después de dejar en la calle a más de 128.000 personas, ese sector perdió un 18,3% de su empleo, muy lejos del 1,4% del energético y del 0,4% registrado en el financiero.

Las entidades de crédito y seguros cerraron 2013 con 440.185 trabajadores, unos 2.000 menos que un año antes, y eso no les impidió ganar 13.198 millones de euros y repartir 2.472 millones entre sus accionistas. La comparación de los resultados de la banca con 2012 es engañosa, dadas las fuertes provisiones realizadas entonces para adaptarse a la nueva normativa y que le llevaron a presentar fuertes pérdida de manera excepcional.

En las empresas industriales que cotizan en Bolsa no sólo no se destruyeron, sino que se crearon 2.117 puestos de trabajo netos, mientras que los beneficios crecían un 2.000%, al pasar de 31 millones de euros en 2012 a 602 millones en 2013. Mayor fue la creación de empleo en el sector de la construcción e inmobiliario (más de 11.000), a pesar de que sigue en números rojos y de que, como consecuencia de ello, tuvo que reducir a una tercera parte sus dividendos.

Neoliberales en penitencia por la autopista

31 mayo, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es  

15/04/2013 – 20:33h

A los que insisten en defender la eficiencia y ahorro de lo privado frente a lo público, yo les pondría como penitencia que recorriesen a pie todos los kilómetros de autopista que en las próximas semanas nos vamos a comer con patatas. ¿Consejero autonómico que propone privatizar hospitales? Una radial entera de rodillas. ¿Dirigente empresarial que alaba el sistema de concesiones? La autopista Cartagena-Vera, descalzo y con cruz al hombro. ¿Tertuliano de firmes convicciones neoliberales? La AP-41 a la pata coja. A ver si así se les quitan las tonterías.

Pocas demostraciones tan escandalosas del timo de la “colaboración público-privada” como el caso de las autopistas de peaje que tan alegremente se concedieron en los años de la burbuja. Un pozo sin fondo donde se han enterrado miles de millones, y que para variar ahora toca nacionalizar.

El cuento de las autopistas es largo, y da risa por no llorar. Una historia de final cantado, que recoge lo peor de nuestro “modelo productivo” en alianza con las decisiones políticas más nefastas. Un país de vieja querencia por el asfalto (al que se decidió dar prioridad frente al tren por intereses empresariales), donde las constructoras son un poder con mayúsculas, y que llegado el momento de la expansión burbujil encuentra en los kilómetros de asfalto otra oportunidad de pelotazo.

Y allá fueron, de la mano, ministros de Fomento, consejeros autonómicos, constructoras amigas (algunas en los papeles de Bárcenas) y por supuesto las cajas de ahorro, que no se perdían una fiesta. Juntos se sentaron a la mesa y organizaron un negocio redondo: construir costosísimas infraestructuras (que por el camino dejan enormes sobrecostes y suculentas comisiones), con crédito alegre de las cajas y avalado por el Estado, con contratos al gusto de la concesionaria, y lo más importante: con red, que es como se hacen en España los grandes negocios. Si sale bien, se lo lleva crudo la empresa; si sale mal, nos lo comemos nosotros.

Pasaron los años, y se cumplió todo lo que avisaban los aguafiestas que en su día alertaron de la inviabilidad de tanta autopista. No se construyeron, como sería lógico, para llegar a algún sitio pasando por el camino por otros sitios. No, no había lugar al que llegar ni por el que pasar, porque era la propia autopista la que iba a generar esos lugares. Se hicieron estimaciones de utilización fantásticas, basadas en esos lugares que no existían, y que surgirían espontáneamente por la propia existencia de las autopistas. Algunas no han llegado ni al 10% del tráfico estimado.

Y lo más cómico: se calcularon unos costes de expropiación de los terrenos que al final se multiplicaron por seis. Según la patronal de las constructoras, Seopan, pensaban pagar 427 millones por los terrenos, y acabaron obligados a soltar 2.267 millones, porque la propia autopista revalorizaba los terrenos, los “no lugares” que sin autopista valían cuatro duros, y con ella multiplicaban su precio.

Pero lo más importante era, por supuesto, la red de seguridad habitual en este tipo de funambulismo empresarial: las constructoras no corrían mucho riesgo, porque en caso de caerse del alambre, el Estado estaba en el suelo con los brazos abiertos para recogerlas. El Estado, es decir, nosotros, estamos pillados por créditos participativos, avales, compensaciones comprometidas, y la propiedad, que en el fondo sigue siendo nuestra. Todo conduce de cabeza al rescate, y si hay alguna posibilidad de evitarlo, ya se tirará de cabeza un gobierno siempre dispuesto a rescatar a los suyos.

Ya digo, una estafa monumental, otra más, que acumula una deuda de 3.500 millones que ahora pagaremos entre todos, y que de regalo nos deja con unas cuantas vías duplicadas y sin uso, que no sirven para nada, y que son irreversibles, no se pueden desmontar. Incluyamos ahí otro daño, incalculable: el destrozo ambiental y paisajístico, que una autopista no es una vieja vía de tren que ahora conviertes en vía verde para bicicletas.

En el pufo de las autopistas están implicadas las grandes del ladrillo: ACS, Abertis, Sacyr, Acciona, OHL. A sus consejos de administración los ponía yo a acompañar a los ministros y consejeros en la penitencia.

La marca Dolce and Gabbana condenada a pagar 343 millones de euros por evasión

14 mayo, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es 

EFE – Roma

30/03/2013 – 21:11

Los diseñadores de la marca italiana Dolce & Gabbana fueron condenados hoy a pagar una multa de 343,4 millones de euros más intereses por evadir impuestos.

La comisión tributaria de Milán ratificó la sentencia de primer grado de noviembre de 2011 y a la que los modistos italianos, Domenico Dolce y Stefano Gabbana, habían recurrido, informan medios italianos.

La comisión tributaria considera que los diseñadores tuvieron una conducta de abuso con el objetivo de procurarse una ventaja fiscal.

La Fiscalía de Milán pidió en 2010 el enjuiciamiento de los diseñadores acusados, junto a otras cinco personas, por un supuesto delito de evasión fiscal de 1.000 millones de euros (1.366,7 millones de dólares).

Según la investigación, que se llevó a cabo entre 2007 y octubre de 2010, la multinacional Dolce & Gabbana creó en marzo de 2004 una sociedad con sede en Luxemburgo bajo el nombre de “Gado”, que constaba como la propietaria de algunas de las marcas que forman parte del grupo, pero que en realidad se gestionaba desde Italia.

De este modo, según la acusación, las ganancias derivadas de la explotación de la marca tributaban en el extranjero y no en Italia, donde deberían haberse pagado los impuestos.

Ambos estilistas fueron acusados además de haber cedido las marcas que forman parte de su imperio a la sociedad “Gado” por 360 millones de euros (492,1 millones de dólares), un valor muy inferior al real según la acusación, que lo cifra en unos 700 millones de euros (956,9 millones de dólares).

La Fiscalía acusó a cada uno de los modistos de haber evadido 420 millones de euros (574,2 millones de dólares) e imputó a la sociedad otros 200 millones de euros (273,4 millones de dólares.