Posts Tagged ‘Historia’

“Ha habido una cierta confusión entre amnistía y amnesia”

1 diciembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Nicolás Sartorius (San Sebastián, 1938) nos cita en el Café Gijón de Madrid, un lugar con encanto, pero algo ruidoso. Ha publicado La manipulación del lenguaje. Breve diccionario de los engaños (Espasa). Fue uno de los fundadores del sindicato CCOO. Estuvo siete años en la cárcel por su lucha. No quiere que se anulen los juicios del franquismo. “Mis condenas forman parte de mi vida. No quiero que me las quiten. ¿Cómo me van a devolver los años de cárcel? Estoy orgulloso de esa lucha”.

Usted es un hombre de la Transición que ha participado activamente en el proceso de pasar de forma pacífica de una dictadura a una democracia. Màrius Díaz, primer alcalde de Badalona en 1979, dirigente del PSUC, dice que a veces olvidamos que fue una transición, no una revolución.

Soy más de la resistencia que de la Transición. Estuve luchando 20 años contra Franco. La Transición fueron solo tres años, pero me considero también parte de aquel proceso porque negocié todo lo negociable. Hubo muchas cosas que hicieron posible aquella transición. Hubo que crear una movilización. Luego muchos se pusieron al frente de esa movilización. Transición procede del latín, transitio,transitione, transitar es pasar de una cosa a otra. En este caso significa pasar de una dictadura a una democracia. Fue una revolución política. Pasar de una dictadura a una democracia es una transformación completa. No se hizo en un solo acto, como suele suceder en algunas revoluciones, sino en un periodo de tres años. Fue una revolución porque la Constitución de 1978 representa una ruptura completa con las normas de la dictadura. La Transición comienza tras la muerte de Franco, en noviembre de 1975, y dura hasta la aprobación de la Constitución. El método fue la reforma; el resultado, la ruptura.

La revisión crítica de la Transición no se acota a esos tres años, incluye todo lo que pasó después.

Acotar es importante. Hay quien dice que la Transición empezó cuando se nombró heredero a Juan Carlos. Pero eso no es así. No empieza ahí. Escribí un libro que se llama El final de la dictadura. En él (Alberto Sabio y yo) sostenemos que el periodo clave fue el gobierno de Arias Navarro. Cuando Franco muere no llega la democracia. Se dice, Franco muere, llega el rey y ya está la democracia. Es mentira. Franco muere y queda el Gobierno de Arias-Fraga, que es represor. En ese periodo hay más juicios de orden público que en la época de Franco. La dictadura continúa. No se legalizan los partidos ni los sindicatos, no hay elecciones. Se produce la matanza de Vitoria. Ocurren cosas muy graves. Se dispara en las manifestaciones, se mata y se encarcela. Franco murió en la cama, pero la dictadura no murió en la cama, murió en la calle, y eso es clave entenderlo. Esto que llamamos la Transición no fue solo producto de un pacto entre las élites. La democracia llega a España porque la gente se moviliza. Hay que leerse los informes de la policía social, yo los he leído. Dicen que hay una movida muy potente en las universidades, en las empresas, en los barrios. En España hay una gran movilización en 1975, 1976 y 1977. Eso es lo que impide que la dictadura continúe bajo otras formas, que era lo que se pretendía.

Muchas de las críticas actuales a la Transición se refieren al periodo posterior a 1978. Quizás el problema esté más bien en el desarrollo de la democracia.

Ni la Transición ni la Constitución tienen la culpa del desarrollo de la democracia. Son los albaceas los que habrán cometido errores. El paso de una dictadura dura −no olvidemos que Franco fusila hasta septiembre de 1975; empieza fusilando y acaba fusilando− a una democracia homologable a cualquier democracia occidental, es una operación de éxito. Lo que queríamos era tener democracia y libertad. Lo que ha venido después corresponde a los gobiernos que ha habido.

La oportunidad de limpiar de alguna forma las estructuras del Estado llegó tras el intento de golpe de Estado, el 23 de febrero de 1981 y, sobre todo, tras la victoria del PSOE en el 1982.

La Transición termina con la Constitución del 78, no sigue hasta el triunfo del PSOE o de quién sea. El 6 de diciembre de 1978, el pueblo español vota una Constitución democrática. Los partidos políticos y los sindicatos son legales, hay libertad de expresión, de manifestación y huelga. Ahí acaba la transición de una dictadura a una democracia.

¿Qué falló para que 43 años después se esté discutiendo sobre sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos y no se han recuperado los de las personas enterradas en las cunetas?

Ha habido una cierta confusión entre amnistía y amnesia. Una cosa es la amnistía −que fue mutua, y nos benefició a los que estábamos en la cárcel, incluso sacó a la calle a los que tenían delitos de sangre− y otra cosa es la amnesia. Ha habido demasiada amnesia. En el periodo de los gobiernos socialistas, que fueron 14 años, creo, se tenían que haber resuelto estos temas. Quizá no al principio, pero después se tenía que haber resuelto el asunto del Valle de los Caídos. Se debieron involucrar, ayudar con medios económicos y materiales, para desenterrar y devolver los cuerpos a sus familias. ¿Por qué no se hizo? Habría que preguntárselo a los que gobernaban entonces. Decían que no había que abrir viejas heridas, ni volver al pasado. Pero eso no es abrir viejas heridas, sino hacer justicia. Sin ella no puede haber reparación. Se hicieron cosas, pero parciales. Se reconocieron a los militares de la República y a los que habíamos estado en la cárcel, a efectos de jubilación. Ha habido pequeñas reparaciones que se fueron logrando después de años. Lo de la memoria histórica tendría que haber empezado antes. La primera ley fue la del Gobierno de Zapatero, que será todo lo imperfecta que se quiera, pero es la única que hay. Estas cosas a veces tardan, ha pasado en otros países.

En Francia, Jacques Chirac pidió perdón en 1995 por las deportaciones de judíos.

Y Alemania (el presidente Richard von Weizsäcker) reconoció por primera vez a finales de los setenta que su país había sido liberado, y no derrotado por las tropas soviéticas, americanas, británicas y franceses. A veces, cuesta. En España se tenía que haber hecho antes, pero eso no tiene que ver nada con la Transición, ni con la Constitución. Son los gobiernos posteriores los que no se han atrevido por las razones que sean.

¿Qué nos enseña que una parte de la derecha se eche al monte con la exhumación de Franco?

No sé si tanto como echarse al monte. Lo que habría que censurar a la derecha es que no haya asumido la crítica a la dictadura, que no haya tomado desde hace tiempo una posición clara en contra de una dictadura que es condenable desde todos los puntos de vista, por su colaboración con el fascismo y por la represión. Han creído que una condena les haría perder votos. Hubo lo que se llamó el franquismo sociológico. Es evidente que el franquismo tuvo apoyos. Fue una dictadura de clases con apoyos en el Ejército, en la Iglesia y en el empresariado. La derecha creyó que esos votos serían para ellos. ¿Dónde estaba ese votante? En el PP. Por eso evitaba atacar al franquismo.

Nicolás Sartorius, cofundador de Comisiones Obreras y miembro de la Fundación Alternativas
Nicolás Sartorius, cofundador de Comisiones Obreras y miembro de la Fundación Alternativas OLMO CALVO

La diputada regional de PP, Begoña García, recordó hace poco en la Asamblea de Madrid que el caudillo, así le llamó, había ganado la guerra.

Que ganó la guerra es una obviedad, que era un caudillo es distinto. Escribí el libro La manipulación del lenguaje porque todo lo que se decía en mi época de estudiante antifranquista era mentira o una gran manipulación: caudillo por la gracia de Dios; España una grande y libre, cuando no era una, ni grande ni libre; el centinela de Occidente, etc. De tanto repetirlo había gente que se lo acababa creyendo. Ahora también se pretende manipular el lenguaje aunque somos una democracia. ¿Por qué se habla del régimen de 78? Porque en la dictadura se decía “régimen de Franco”. Se busca un paralelismo, y eso es un error de bulto. Se dice para crear en el imaginario colectivo la idea de que antes había un régimen y ahora hay otro. Antes había una dictadura y hoy hay democracia. Puedes criticarla, decir qué hay que cambiar y mejorar. En eso todos estamos de acuerdo, pero no en la comparación. No puedes culpar a la Constitución del 78 de lo que está pasando.

¿Es la corrupción una herencia del franquismo? ¿La prueba de que no se han hecho bien las cosas?

La corrupción es un cáncer que puede llevarse por delante la democracia. La diferencia es que se ha combatido, quien lo ha hecho lo ha pagado, desde el yerno del rey, a ministros, presidentes de comunidades autónomas, diputados, alcaldes. La justicia es lenta, pero llega. Aquí se ha combatido y limpiado gracias a los medios, a los jueces, a la UCO, a muchos instrumentos del Estado.

¿Ha subido el nivel de exigencia ética tras la caída de Rajoy?

Creo que ha subido. La democracia española ha tenido que vacunarse de varias cosas. Demuestra una fortaleza mayor de lo que se piensa. Se nos ha querido birlar el hecho de que la democracia la trajo una parte importantísima del pueblo español. Se ha querido dar a entender que fue un asunto de cuatro líderes. Y eso es mentira. Cuando a un pueblo le quitas el orgullo, la conciencia de que la democracia es suya, que la ha traído él, disminuyes el nivel de cultura democrática y ética. Esto ha sido nefasto. A eso contribuido mucha gente y muchos medios de comunicación. ¿Cuántas películas se han hecho en España sobre la resistencia contra Franco? ¿Cuantos programas de televisión, cuantos documentales? Esto sucede porque los que mantuvieron la resistencia no fueron los que ganaron después.

Los nazis perdieron la guerra en Alemania, lo mismo que los fascistas en Italia. Aquí, ganaron.

Pero después de 40 años perdieron, porque tuvieron que hacerse el harakiri e irse. Los que luchan por la democracia no son los de derecha, fueron las organizaciones obreras y en especial los comunistas.

¿Cree que el 15-M ayudó a agitar la política española?

El 15-M no es causa de nada, es la consecuencia de que la crisis cae de nuevo sobre los mismos. Hay un gran descontento y los partidos tradicionales no dan respuestas. No es solo un movimiento español, surge en más sitios. Es un revulsivo para que los partidos tradicionales espabilen, sobre todo la izquierda. En ese sentido fue un revulsivo positivo. Luego hay defectos de enfoque, como poner en cuestión la Constitución y la Transición.

¿Qué ha aprendido Podemos en este recorrido?

Les noto mejor. En algún momento he oído cosas que no me gustaban. Era como si tiraran piedras contra su tejado. No entender que la democracia la ha traído la izquierda. No la ha traído la derecha, la derecha solo la aceptó. Quien peleó fue la izquierda. Daba la impresión de que se habían creído la mentira de que esta democracia había caído del cielo. Y la historia no ha sido así.

También aprendieron de las elecciones de 2015. Ahora hacen política.

Podemos cometió un error al no abstenerse para que Pedro Sánchez fuera presidente del Gobierno. En esos tres o cuatro años extras de Rajoy nos hubiéramos evitado muchas cosas. Lo tenían como se dice vulgarmente a huevo. No era necesario ni votar a favor, solo abstenerse. Ese Gobierno iba a depender de ellos, iban a tener una enorme influencia sobre él. Cometieron un error de bulto que le dio el poder a Rajoy en las siguientes elecciones. Perdieron un millón de votos, y Sánchez también perdió votos. Pierden todos menos Rajoy. Ahora mantienen una colaboración buena y positiva con el Gobierno de Sánchez. Hay un cambio considerable, incluso empiezan a hacer política. La política no es solo protestar, hay que sacar cosas en limpio para la gente, para eso hay que negociar, ceder, pactar. Eso es la política.

Ciudadanos ya estaba, pero coge fuerza con el 15-M aunque sea con la réplica al auge de Podemos. Parecía una fuerza reformista de la derecha y al final duplica al PP en las políticas de derecha.

El desgaste del PSOE abre un hueco a Podemos y a una serie de fórmulas en Valencia, Galicia, en otros sitios. Y la pérdida de prestigio y de fuerza del PP, empuja a Ciudadanos. Y menos mal porque ese espacio podría haberlo ocupado la extrema derecha, como ha pasado en Francia, Italia y Alemania. Es curioso que en España no surja una fuerza de extrema derecha xenófoba, antieuropea. Ni aquí ni en Portugal. La respuesta es una fuerza en principio más liberal y hacia el centro que al principio se definía socialdemócrata.

Hoy compiten por la derecha en inmigración y Catalunya.

Empiezan a adoptar políticas que no son muy liberales, ni muy abiertas en inmigración y Catalunya. Quieren competir con el PP en ese terreno. Creo que es un error, porque si hay un hueco grande en  España es el centro. Si el PSOE se mueve de alguna manera a la izquierda, o por lo menos, algo más a la izquierda, y por otro lado, el PP se va más hacia la derecha, lo que queda más amplio es el centro. Da la impresión de que Ciudadanos no va por ahí. Volviendo al tema de las vacunas, es un asunto muy importante, porque esta democracia se ha tenido que vacunar de cosas que la ponía en peligro. La primera fue el terrorismo de ETA. Se les derrotó sin adoptar medidas excepcionales. En España existe un estado de alarma, de excepción y de sitio. Ninguno de ellos se declaró, tampoco tuvo que intervenir el Ejército. Se derrotó a ETA con la movilización, los acuerdos políticos y la colaboración francesa. Esa es la primera vacuna. La segunda se refiere a los golpes militares. Aquí, históricamente hablando, ha habido muchos golpes y pronunciamientos, todo el siglo XIX, Primo de Rivera, Franco. El 23-F fue otro golpe militar que se pudo haber llevado la democracia por delante, y se le derrotó. Hoy nadie piensa en que en España pueda haber un golpe. Segunda vacuna. Son asuntos gruesos que resuelven temas históricos que tenía pendiente este país, y la democracia española los ha superado.

Nicolás Sartorius, cofundador de Comisiones Obreras y miembro de la Fundación Alternativas
Nicolás Sartorius, cofundador de Comisiones Obreras y miembro de la Fundación Alternativas OLMO CALVO

Ahora toca el territorio.

Ahora estamos ante la tercera vacuna, el secesionismo. El 6 y 7 de septiembre [de 2017] hubo una ruptura en el Parlamento de Cataluña, que no voy a calificar jurídicamente porque tendría que leerme los tomos del sumario, pero es evidente que se rompió la Constitución, el Estatut de autonomía, las leyes, todo en una tacada. Es una situación que tenemos que resolver políticamente, con diálogo y negociación. También modificando el título Octavo de la Constitución, pero no sólo por Cataluña, sino porque es bueno para este país. No creo que esta ruptura se vaya a producir otra vez. ¿Cómo se ha resuelto? No declarando el estado de guerra, que es lo que hizo la II República. Declaró estado de guerra por mucho menos, porque ni Maciá, ni Companys declararon la independencia de Cataluña, sino el Estado catalán dentro de la República española. Los actuales declararon la independencia, y no se aplicó ningún estado de alarma, de excepción o de sitio. El 155 es un artículo típico de los países federales, una copia de la Constitución alemana. Cuando una autonomía, un territorio, incumple leyes fundamentales, la única opción que tiene el Estado es intervenir. No se manda al Ejercito. El 155 no es un horror. Y menos mal que está, si no hubieran tenido que declarar no se sabe qué.

Más allá del teatro de la política, de las declaraciones rimbombantes, parece que entre los líderes independentistas hay voluntad de aterrizar en la realidad.

Una cosa son las palabras, los desplantes, las amenazas, y otra los hechos. Hay un dicho castellano que dice “perro ladrador, poco mordedor”. Se dicen cosas terroríficas, “hay que atacar, hay que desobedecer, hay que hacer”. Pero de momento se va entrando en un camino más sensato, el de sentarse a negociar. Por ejemplo, si se aprobara el presupuesto de 2019 mejoraría la situación de Cataluña en inversiones e infraestructuras. Sería bueno que el independentismo catalán empezara a mirar con simpatía al nacionalismo vasco. Es muy inteligente. Sin renunciar a sus principios, negocia y obtiene ventajas para el País Vasco. Es lo que el nacionalismo catalán hizo durante años. Si se tira al monte, tendrá que pagar las consecuencias. Es probable que se abra camino la posición más sensata. Es fundamental mantener la legalidad, porque si no es la ley de la selva en la que vale todo.

La independencia es muy difícil sin suficiente apoyo interior y exterior.

El nacionalismo catalán ha cometido dos errores de cálculo. Equivocarse en política es muy peligroso, puedes llevar a mucha gente al desastre. El primer error ha sido confundir el Gobierno español con el Estado español. Creyeron que España era débil porque el Gobierno de Rajoy era débil. Las instituciones del Estado español son fuertes. Segundo error, este es de manual, fue creer que les iba a apoyar la Unión Europea. No les ha apoyado nadie, ni en Europa, ni en Asia, ni en África, ni en América ni en Oceanía. Nadie ha reconocido nada. Eso pasa por no entender en qué mundo vivimos.

Sería la tercera vacuna de la que habla.

Sí, es la tercera vacuna. Han hecho una propaganda inteligente, han aprovechado estupendamente el 1 de octubre. Han hecho una gran campaña, pero no les ha reconocido nadie porque eso pone hoy en peligro cosas muy serias, como la existencia de la misma UE. Si un territorio tan importante como Cataluña puede desgajarse unilateralmente, lo podrían hacer también Escocia, Baviera, Padania, etcétera. Y además es un error desde el punto de vista progresista. Es un error gravísimo en la globalización tender a Estados cada vez más pequeños porque los poderes a los que tienes que enfrentarte son cada vez más grandes. Una de las cosas que me preocupan de la izquierda en este momento en España es si ha entendido lo que quiere decir la globalización.

¿Cree que lo ha entendido?

Me temo que no. La globalización es algo objetivo, está ahí y va a seguir porque su base es el desarrollo de la tecnología. No lo han inventado los capitalistas, otra cosa es la globalización neoliberal. Como son hegemónicos están imponiendo su globalización. Pero la globalización en sí, la mundialización de las empresas, del comercio, es un hecho objetivo, como lo es la salida del sol. El objetivo debe ser dar otra orientación a esta globalización. Esa es la batalla. Intentar cargarte la globalización es como querer cargarte internet o los móviles.

En Cataluña hay un elemento emocional muy fuerte. ¿Cómo reconquistar los sentimientos de la gente que se siente agraviada?

En Cataluña hay que hacer una política muy distinta a la que ha hecho la derecha en estos años. El movimiento independentista de Cataluña es de derecha, de una parte de la burguesía  catalana. No es un movimiento obrero, aunque haya trabajadores que estén en esa línea. El movimiento catalán entronca con lo que está sucediendo en Europa. Un sector de la sociedad, de la burguesía, se siente perdedora de esta globalización, de esta construcción europea también muy liberal. Se siente perdedora de una crisis brutal en la que ni la UE ni el Estado español han sabido proteger a la gente, sino que ha hecho que la crisis caiga sobre sus cabezas. Eso ha generado malestar profundo. Si sobre ese malestar dices hábilmente “la solución es la independencia”, “solos estaríamos mejor”, es un discurso que entra como el aceite. Es el discurso que se hace en  todos los sitios, el América primero.

Y en el Brexit.

El Brexit, también. Empiezan a estar arrepentidos porque los han engañado. Es mentira que te defiendas mejor solo. En la globalización la única manera de defenderte es federándote. Ante la globalización federación, siendo más fuerte.

Hay una frase de Napoleón, “la mano que da siempre está por encima de la mano que recibe”.

Claro, por supuesto. La prueba está en que cuando los Gobiernos tienen que tomar medidas se preguntan, ¿cómo caerá esto en los mercados? No piensan en cómo caerá esto en los ciudadanos. ¿Por qué? Porque el Estado que se sostenía a base de impuestos ya no depende tanto de los ciudadanos. Ya no somos los acreedores. El Estado ya no se financia solo a través del ciudadano, sino a través de los créditos que otorgan los mercados. Hemos pasado del ciudadano-acreedor al mercado-acreedor. El acreedor, el poder financiero, es el que paga. Esta ha sido la gran mutación. Esto es una parte esencialísima de lo que está pasando. La gente cree que la manera de defenderse de ese poder económico es “yo primero”, “yo Cataluña primero”, “yo Francia”, “yo Inglaterra”, “yo Italia”. Es un discurso fácil porque tiene un elemento que lo facilita: la emigración. Igual que en los años treinta lo facilitaban los judíos. Es el enemigo que viene, el que nos roba. Es un discurso que hay que combatir con argumentos e ideas. El Estado se financia cada vez más con los créditos porque se han perdido impuestos. Se ha perdido el de patrimonio, el de sucesiones. Las grandes corporaciones pagan como tipo medio el 6, 7 o el 8%. Los impuestos se lo cobran a los trabajadores y a las capas medias. Esta pérdida de impuestos es un asunto filosófico, no solo económico, porque los impuestos representan tu concepción de la vida, ¿el Estado depende de los ciudadanos o de los acreedores y los bancos?

¿Es optimista sobre España?

Soy cada vez menos inteligente, y cada vez más voluntarioso y optimista. Si fuera más inteligente sería más pesimista. Ya conoces la frase de Gramsci sobre el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia. Creo que podemos entrar en una fase mejor, que podría abrirse un ciclo de colaboración entre la izquierda gobernando este país, que podrían mejorar ciertas cosas, como la defensa del estado de bienestar, la lucha contra la corrupción, resolver el asunto territorial y un cierto cambio de la Constitución más que un proceso constituyente porque la Constitución que pueda venir sería mucho peor que la que tenemos.

Anuncios

14 mentiras de la historia que nos tragamos sin rechistar

13 noviembre, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

La imaginación y la épica han maquillado algunos de los episodios más sonados. Hablamos con historiadores y especialistas que desmienten estas tergiversaciones.

El poder de convicción de Hollywood, rumores que con el paso de los años se tomaron por verdades absolutas y manipulaciones históricas con intereses políticos o lucrativos han hecho que muchos episodios de la trayectoria del ser humano hayan transcendido de forma distorsionada. La imaginación y la épica han maquillado la historia y nosotros nos hemos creído aquello que a lo largo de nuestra vida nos han enseñado los libros de texto, las obras de arte o el cine, sin ponerlo en duda. Hemos hablado con historiadores y especialistas que nos han ayudado a desmentir catorce de estas tergiversaciones.

No, Walt Disney no está congelado

Lo que nos han contado. Que Walt Disney (1901-1966, EE.UU), creador del ratón más famoso del mundo y de un imperio de entretenimiento infantil, lleva 52 años congelado cual lomo de merluza esperando que llegue el momento en que los avances científicos permitan devolverle a la vida.

Lo que realmente ocurrió. “La única verdad es que este hombre está hecho polvo literalmente. En 1966, Disney fue reducido a tres kilos de cenizas tres días después de su muerte por cáncer de pulmón”, asegura la especialista Nieves Concostrina en la sección Pretérito imperfecto, en La ventana, programa de La Ser. “Lo de la congelación fue una patraña desde el principio”, añade. ¿Por qué entonces seguimos creyendo que está criogenizado? El hecho de que su funeral fuera íntimo no ayudó a atajar los rumores. Muchos percibieron este funeral como un acto secreto en vez de como algo íntimo. La familia ni desmentía ni confirmaba. Simplemente dejó que el rumor sobre la congelación de Disney creciera para alimentar la leyenda. Pero uno de los grandes responsables de que hoy sigamos creyendo en la criogenización de Disney es Salvador Dalí. El pintor catalán, que se creyó la historia de principio a fin, dijo públicamente que él quería ser congelado como su amigo Walt Disney. Y el mundo dio por hecho que, efectivamente, el creador de Mickey Mouse descansaba en un congelador.

A pesar de que la mayoría cree que 52 años después de su muerte Walt Disney permanece congelado, la única verdad es que en 1966 fue incinerado.
A pesar de que la mayoría cree que 52 años después de su muerte Walt Disney permanece congelado, la única verdad es que en 1966 fue incinerado. Getty

Carlos II ‘El Hechizado’ ni estaba hechizado ni tenía tantos defectos físicos

Lo que nos han contado. Carlos II (1661-1700), fruto de cuatro generaciones abrazando la endogamia, es presentado en las clases de historia, en los libros y allá donde se le nombra como el Rey Hechizado. Una forma amable de meterse con personalidad torpe, ¿Por qué? La historia asegura que su cuerpo y su mente eran débiles. El rey murió sin descendencia debido a problemas de salud que le provocaban impotencia.

Lo que realmente ocurrió. No hay ninguna certeza de que la degeneración de Carlos II fuera tal. Sin embargo, tras su fallecimiento la historia se encargó de maquillar su aspecto y atributos en pos de favorecer al monarca entrante, Felipe V de la casa de los Borbones. “Se utilizó la vapuleada imagen del monarca para enaltecer y legitimar al nuevo rey. La imagen de la degeneración de los Austrias pretendía reflejar la decadencia española del momento. Era una forma de denigrar a los últimos Austrias. Pero no existen pruebas de que Carlos fuera impotente, como se dice, ni de que tuviera problemas físicos derivados de la endogamia, como también se ha comentado”, explica José Carlos Rueda, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid.

Según los académicos alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans, Gauguin seccionó parte del lóbulo izquierdo de Van Gogh con una espada. En la imagen, Kirk Douglas interpreta al pintor en 'El loco del pelo rojo' (1958).
Según los académicos alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans, Gauguin seccionó parte del lóbulo izquierdo de Van Gogh con una espada. En la imagen, Kirk Douglas interpreta al pintor en ‘El loco del pelo rojo’ (1958).

Van Gogh no se arrancó la oreja

Lo que nos han contado. La historia, repetida hasta la saciedad, asegura que en 1888 el pintor holandés Vincent Van Gogh, en un arrebato de locura tras discutir con su amigo, el también pintor Gauguin, se arrancó con una cuchilla de afeitar la oreja izquierda. Oreja que más tarde, envuelta en un trozo de tela, el autor de cuadros tan famosos como La noche estrellada entregó en mano a una prostituta llamada Raquel.

Lo que realmente ocurrió. La verdad supera una épica ficción que incluso dio nombre a un grupo español de música pop. Según declararon los académicos alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans en un reportaje de la BBC publicado en 2009, fue Gauguin quien, en plena disputa, le seccionó parte del lóbulo izquierdo con una espada. Para proteger a su (a pesar de todo) colega, Van Gogh contó a la policía la popular versión de la autolesión. Es decir, ni Van Gogh se quedó sin una oreja –solo perdió un trozo de lóbulo– ni fue él mismo quien se la corto debido a su inestabilidad mental.

La tumba de Tutankamón no la descubrió el niño aguador

Lo que nos han contado. En 1922, el arqueólogo Howard Carter –descubridor de la tumba de Tutankamón– contó durante una charla que dio en EE.UU. que el primer escalón de la tumba lo encontró un niño egipcio que llevaba agua a los trabajadores de la excavación. A partir de ese momento al niño se le empezó a conocer como el niño aguador.

Lo que realmente ocurrió. ¿Por qué inventó Carter a este niño? “Probablemente, para darle un toque romántico a la historia. Pero el descubridor no contaba con que se le acabaría yendo de las manos y que, a pesar de la falta de pruebas, tras su charla la noticia se tomaría como si fuera real. Hoy incluso el niño aguador aparece en libros académicos”, explica Nacho Ares, presentador del programa de radio Ser Historia. La familia Abd El Rassul, hijo de uno de los capataces egipcios que trabajaba para Carter, aprovechó el tirón de la leyenda del niño aguador asegurando que Rassul era ese niño. “Hay decenas de entrevistas de este hombre hablando del hallazgo y jamás contó nada del niño aguador ni mucho menos que fuera él. Sin embargo, cuando se murió sus hijos se inventaron que su padre era el niño aguador. Hoy tienen un restaurante en Luxor (Egipto), y está repleto de entrevistas de su padre donde solo se dice que fue el último testigo vivo del hallazgo”, afirma Ares.

Tras su fallecimiento, se utilizó la vapuleada imagen de Carlos II (en la imagen) para enaltecer y legitimar al nuevo rey, Felipe V de la casa de los Borbones.
Tras su fallecimiento, se utilizó la vapuleada imagen de Carlos II (en la imagen) para enaltecer y legitimar al nuevo rey, Felipe V de la casa de los Borbones.

Ni la ensaladilla rusa es rusa ni la tortilla francesa viene de Francia

Lo que nos han contado. La lógica,implacable, nos ha hecho creer que estos platos cuyo nombre hace referencia a ciertos puntos geográficos del planeta provenían de dichos lugares. Tomábamos ensaladilla rusa creyendo que su origen estaba en la tierra de Sharapova, Irina Shayk y Leon Tolstoi, entre otros rusos ilustres; y pedíamos tortilla francesa con la convicción de que su historia iba ligada al país galo. La lógica nos decía que no podía ser de otra forma.

Lo que realmente es. Que la tortilla francesa tiene lo mismo de francesa que las crepes que compras ultra congeladas en el supermercado. El apellido francés viene del asedio de las tropas napoleónicas a la ciudad de Cádiz en 1810. La escasez de alimentos y de patatas con las que preparar la típica tortilla española provocó que los ciudadanos tuvieran que cocinar el huevo batido sin condimentos. Con el paso de los años siguió cocinándose esta tortilla a la que se llamaba “tortilla de cuando los franceses” en referencia a los asediadores galos. De ahí que hoy a esta tortilla se la llame tortilla francesa. Según el Institut Français, para los franceses la única tortilla autóctona es la que lleva queso. Con la ensaladilla rusa ocurre algo parecido. Es rusa por obra y gracia de la casualidad. Este plato lo creó en 1860 Lucien Olivier, un belga de origen francés afincado en Moscú. El chef elaboró por primera vez esta receta en Hermitage, el restaurante que regentaba en el centro de la ciudad rusa. El furor que causó la ensalada hizo que fuera conocida popularmente como ensalada rusa. En Rusia, sin embargo, se la llama ensalada Olivier.

Los restos de Santiago no reposan en Santiago de Compostela

Lo que nos han contado. Que el Apóstol Santiago El Mayor fue decapitado por orden del rey Herodes en Jerusalén, donde llevaba a cabo su labor de evangelización. Tras su muerte, Atanasio y Teodoro (sus discípulos) recogieron el cuerpo y lo llevaron en secreto en una barca a los lugares donde Santiago inició su predicación en el norte de España. Así sus huesos acabaron en Santiago, donde se construyó la catedral para recibir a los fieles que año tras año hacen el peregrinaje.

Lo que realmente ocurrió. El obispo Teodomiro por su cuenta y riesgo convirtió este lugar en el emporio religioso, turístico, económico y hotelero que conocemos hoy. ¿Cómo? “En el año 813 d.c. los musulmanes correteaban a sus anchas por España y a este obispo gallego no le hacía gracia. Para hacer frente a la fe musulmana, se fijó en Roma y en la que montaron en torno a la basílica de San Pedro, donde se encuentra la tumba del santo. Vio que hasta allí iban peregrinos y se coronaban los emperadores. Siguiendo este ejemplo buscó la tumba de algún apóstol popular en Hispania para lograr una peregrinación similar”, explica Nieves Concostrina en La ventana, programa de la Cadena Ser. Y aquí empieza el lío. “Teodomiro encontró un sepulcro con tres cuerpos dentro. Según él y solo según él, los de Santiago y sus dos discípulos. Emocionado, transmite su descubrimiento al rey Alfonso II El Casto y le pide que construya una iglesia sobre la tumba para animar a la gente a peregrinar. Y así, tras varias iglesias que fueron ampliándose y destruyéndose, acabó levantándose la actual Catedral de Santiago, que solo durante el pasado mes de julio recibió 50.868 turistas, y comenzó la leyenda del Camino de Santiago. “Los huesos que allí se encuentran se sabe que son falsos desde el mismo momento de su descubrimiento”, afirma categóricamente la periodista. Ya lo dijo Unamuno: “Todo hombre moderno dotado de espíritu crítico no puede admitir, por católico que sea, que el cuerpo de Santiago El Mayor reposa en la catedral de Compostela”.

Aristarco ya lo avanzó en el siglo III a.c., pero la Teoría Heliocéntrica no fue tomada en serio hasta que la formuló Copérnico en el siglo XVI.
Aristarco ya lo avanzó en el siglo III a.c., pero la Teoría Heliocéntrica no fue tomada en serio hasta que la formuló Copérnico en el siglo XVI.

Si sabemos que la Tierra gira alrededor del Sol no es gracias a Copérnico

Lo que nos han contado. Que Nicolás Copérnico, tras un estudio exhaustivo del movimiento de los cuerpos terrestres, llegó a la conclusión de que la Tierra giraba sobre su eje y que esta y el resto de planetas giraban a su vez alrededor del Sol. Y no al contrario, como se creía hasta ese momento. Así formuló la Teoría Heliocéntrica echándose encima a la iglesia, fiel defensora de la teoría geocéntrica (esto es, que era el sol -y el resto de los planetas- el que giraba alrededor de la Tierra). La Inquisición llegó a censurar la teoría de Copérnico, ya que ponía en duda la omnipotencia de Dios, reafirmando la inmovilidad de la Tierra.

Lo que realmente ocurrió. Fue el astrónomo y matemático griego Aristarco de Samos el primero en percatarse de que nuestro planeta giraba alrededor del sol. Así lo explicó en el tratado De revolutionibus caelestibus mil años antes de que lo mencionara Copérnico. “Aristarto de Samos vivió en el siglo III antes de nuestra era. Fue él quien propuso el modelo heliocéntrico que dieciocho siglos más tarde mencionó en su obra Copernico”, afirma el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid Javier Ordoñez. A pesar de que Aristarco ya lo avanzó en el siglo III a.c., la Teoría Heliocéntrica no fue tomada como una teoría consistente hasta que la formuló Copérnico en el siglo XVI.

No está claro que Cervantes fuera manco

Lo que nos han contado. Que el autor de El Quijote perdió la mano izquierda mientras combatía en la batalla de Lepanto, una de los enfrentamientos navales más sangrientas de la historia. La batalla tuvo lugar el 7 de octubre de 1571, en el golfo de Lepanto. Allí se enfrentaron turcos otomanos contra la coalición cristiana Liga Santa, integrada por el Papa, la República de Venecia y la monarquía de Felipe II.

Lo que realmente ocurrió. Una interpretación lingüística errónea es la culpable de que Cervantes haya trascendido como el manco de Lepanto. En el siglo XVII se consideraba manco, no solo a quien había perdido la mano, si no a cualquiera que tuviera inutilizado un brazo parcial o totalmente. “No se sabe realmente si Cervantes perdió una mano. Es probable que solo perdiera un dedo o parte de ella debido a los disparos que recibió durante la batalla de Lepanto”, explica a ICON el historiador José Carlos Rueda Laffond.

España no es el país más antiguo de Europa

Lo que nos han contado. Que España es la nación más antigua de Europa. Esta afirmación se ha convertido en un mantra de algunos partidos políticos conservadores. “España goza de muy buena salud, es la nación más antigua de Europa”, dijo en marzo pasado Mariano Rajoy, cuando todavía era presidente del gobierno.

Lo que realmente es. “Rajoy sitúa el nacimiento del estado español en la época de los Reyes Católicos (finales del siglo XV y principios del XVI) y alimenta el mito de que en 1492, con Isabel y Fernando, el fin de la reconquista, la expulsión de los judíos y el descubrimiento de América, se funda España. Parece como una maravillosa conjunción astral, pero es falsa. El matrimonio de Isabel y Fernando no supuso la fusión de dos reinos. Es más, hasta el siglo XIX las coronas de Aragón y Castilla tienen monedas diferentes”, asegura a ICON José Carlos Rueda, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. Rueda afirma que en Europa es imposible empezar a hablar de naciones antes del siglo XIX. Las declaraciones que concedió José Álvarez Junco, catedrático de Historia del Pensamiento de la Universidad Complutense, a EL PAÍS coinciden con la teoría de Rueda: “Rajoy confunde los conceptos de nación y Estado y proyecta sus propios deseos en el pasado. Lo que define a una nación es un elemento subjetivo: grupos de individuos que creen compartir ciertos rasgos culturales y viven sobre un territorio al que consideran propio, mientras que los Estados modernos son estructuras político-administrativas que controlan un territorio y la población que lo habita”. Según José Carlos Rueda, de tener que señalar a alguna nación como la más antigua de Europa esta sería Francia. “Con mil salvedades, podemos considerar que Francia tiene una estructura estatal unificada más antigua que España (hasta finales del siglo XVII, Monarquía Hispánica). Lo mismo respecto a sus límites fronterizos. O respecto a su capitalidad (París), que existe como tal desde la Edad Media. La unidad lingüística es también históricamente muchísimo más intensa que en España”, señala el historiador.

Esta última afirmación es puesta en duda por algunos estudiosos, como uno de los mayores expertos franceses en la lengua, el francés Alain Reyel. En una entrevista de 2017 con el diario francés Le Monde, explicó: “Francia es un ámbito lingüístico que reúne a tres familias diferentes: la lengua oïl, que se convirtió en el francés general; el occitano, como el gascón; el bearnés y el provenzal. En Francia, el paso a lo que desde Dante se llama ‘lengua vulgar’ (no en el sentido peyorativo, sino como sinónimo de espontáneo y natural) sucedió muy tarde. Y en parte por eso Richelieu creó la Academia Francesa en el siglo XVII”. En otro momento de la entrevista, Reyel añade: “En los siglos XIX y XX, la escuela laica, pública y obligatoria desempleño un papel importante en el movimiento de unificación, que fue muy lento: antes de la Primera Guerra Mundial, más de la mitad de los habitantes de Francia no hablaban francés. Cuando estalló la guerra en 1914 la mitad de los soldados no entendían las órdenes de los oficiales. La Primera Guerra Mundial fue la escuela de lengua francesa más grande e importante, una escuela exclusivamente masculina, por cierto”.

“Tú también, Bruto, hijo mío”, es la frase que ha pasado a la historia por tratarse de las últimas palabras que se le adjudican a Julio César justo antes de morir. En la imagen, Marlon Brando interpretando a Marco Antonio y el cuerpo de Louis Calhern, que interpretaba a Julio César, en la película ‘Julio César’ (1953).

Julio César nunca dijo: “Tú también, Bruto, hijo mío”

Lo que nos han contado. El 15 de marzo del 44 antes de Cristo, un grupo de senadores, entre los que se encontraba Bruto (hijo de Servilia, amante de César, que siempre gozó de la protección y simpatía de Julio César), apuñalaron al dictador romano hasta llevarle a la muerte. Momentos antes de fallecer a causa de las graves heridas, Julio César, que no podía creer la traición de Bruto, pronunció una de las frases más célebres de la historia: “Tú también, Bruto, hijo mío”.

Lo que realmente ocurrió. Efectivamente, Julio César fue acuchillado varias veces en las escaleras del Senado romano. Sin embargo, nunca articuló la frase que el mundo se afana en adjudicarle. ¿Por qué entonces se cree que esto fue lo último que dijo antes de morir? Probablemente, el hecho de que Shakespeare la reprodujese en su obra Julio César (que data de 1599) ayudó a que el mundo lo considerara un hecho histórico verídico. Por su parte, Plutarco (que nació el 45 después de Cristo) asegura en su obra que César no dijo tal cosa. Según el filósofo griego, lo único que hizo el dictador antes de morir fue cubrirse la cabeza con la toga al descubrir a Bruto entre sus asesinos. “Al ver a Bruto con la espada desenvainada, se echó la ropa a la cabeza y se prestó a los golpes”, relata Plutarco en el tomo V de Vidas paralelas. La frase se ha convertido hoy en un símbolo que representa la traición máxima.

El velcro no lo inventó la NASA

Lo que nos han contado. Que este sistema de adherencia basado en una tira de pequeños ganchos de plástico y otra tira de fibras sintéticas que quedan unidas al juntarse y se despegan de un solo tirón lo inventó la NASA. El objetivo de la agencia del gobierno estadounidense responsable del programa espacial civil era salvar la falta de gravedad que hay en el espacio ofreciendo a los astronautas una forma sencilla y cómoda de ponerse y quitarse la equipación.

Lo que realmente ocurrió. El ingeniero suizo George de Mestral, que nada tenía que ver con la NASA, creó el velcro en 1948 tras pasar un día de caza en el campo. Durante su paseo por la naturaleza le llamó la atención cómo las semillas de las flores se adherían a su ropa. Al observarlas de cerca con microscopio descubrió que sus puntas eran diminutos ganchos, de ahí que fuera difícil despegarlas de la ropa. Maestral decidió inventar un sistema que replicara el comportamiento de estas semillas y creó las populares tiras adhesivas que hoy incluyen decenas de prendas, como casi todo el calzado infantil. En los años 60, la NASA decidió incorporarlo en el equipamiento de los astronautas y el sistema comenzó a popularizarse. El repentino uso masivo, tanto para fines domésticos como deportivos (los trajes de los pilotos de carreras y esquiadores lo incorporaron a sus uniformes), ayudó a que la creencia de que los ingenieros de la NASA eran los creadores del velcro tomara fuerza.

El rock, como casi todos los géneros musicales perdurables, lo inventaron los afroamericanos. No, no lo inventó Elvis Presley (en la imagen).
El rock, como casi todos los géneros musicales perdurables, lo inventaron los afroamericanos. No, no lo inventó Elvis Presley (en la imagen).Cordon

Elvis será el rey pero no creó el rock

Lo que nos han contado. El libros de texto, en enciclopedias, en charlas, en artículos de prensa… La frase se puede leer y escuchar en muchos foros: “Elvis Presley inventó el rock and roll”.

Lo que realmente ocurrió. “Es una teoría muy interesada esta de que Elvis inventó el rock, sobre todo en los años 50 y 60, cuando la industria del rock explotó y había mucho dinero en juego. Elvis era blanco, guapo, patriota, de clase humilde… O sea, el sueño americano hecho carne. Él era el único que podía convencer a los padres para que comprasen esa música del diablo a sus hijos, además de a las potentes emisoras de radio y televisión. Elvis era una marca blanca de algo muy satánico, como era el rock and roll. Pero no, el rock, como casi todos los géneros musicales perdurables, lo inventaron los afroamericanos. Músicos negros como Joe Turner y su Shake, Rattle and Roll, Lloyd Price con Lawdy Miss Clawdy, Fats Domino con The Fat Man o la gran Big Mama Thornton y su Hound Dog (que luego haría Elvis). Años más tarde llegarían Chuck Berry, Little Richards o Elvis. Lo que hizo Elvis, en 1954 con su That’s all right, fue popularizar el rock and roll y llevarlo a todos los rincones, que no es poco”, explica el crítico musical Carlos Marcos.

Los emperadores romanos no sentenciaban a muerte a los gladiadores bajando el dedo

Lo que nos han contado. Vimos a Joaquin Phoenix (en el papel del emperador Cómodo) ejecutar este gesto en la oscarizada Gladiator (Riddley Scott , 2000) y lo tomamos por verdad absoluta. Por su parte, los libros, los cuadros, el cine y la televisión se han encargado de alimentar la leyenda haciendo creer al espectador que cuando un emperador bajaba su dedo pulgar en el circo romano lo que estaba haciendo era sentenciar a muerte al gladiador que se encontraba en desventaja en la arena.

Lo que realmente ocurrió. Todo lo contrario a lo que el cine nos ha mostrado. Si el emperador alzaba su pulgar estaba instando al gladiador vencedor a matar al gladiador vencido. Cuando el emperador quería salvar la vida del gladiador introducía su dedo pulgar en el puño cerrado de la mano opuesta. “Creer que los emperadores sentenciaban a muerte bajando el dedo pulgar es un error que nos colaron vía Hollywood. Realmente la sentencia de muerte se daba cuando el emperador romano levantaba el pulgar hacia arriba”, explica a ICON la historiadora María F. Canet.

El cine se ha encargado de que creamos que cuando un emperador bajaba su dedo pulgar, como Joaquin Phoenix en esta imagen de 'Gladiator', estaba sentenciando a muerte al gladiador.
El cine se ha encargado de que creamos que cuando un emperador bajaba su dedo pulgar, como Joaquin Phoenix en esta imagen de ‘Gladiator’, estaba sentenciando a muerte al gladiador.

Los signos del zodiaco no son 12

Lo que nos han contado. Que los signos del zodiaco –las constelaciones zodiacales que la línea imaginaria que une nuestro planeta con el Sol va señalando a lo largo de un año– son doce. Y que a todos nosotros, en función del mes de nuestro nacimiento, nos corresponde uno que define nuestra personalidad e incluso nuestro destino.

Lo realmente es. Hace 3.000 años la civilización de Babilonia dividió el zodiaco en doce partes, adjudicando una constelación a cada una de ellas. Conscientes de que la división zodiacal no resultaba en doce partes exactas, la adaptaron para obtener un calendario práctico. Sabían que había una decimotercera constelación llamada Ofiuco y la excluyeron deliberadamente. En 2016, la Nasa echó cuentas y explicó que el eje de la Tierra ni siquiera apunta en la misma dirección que hace 3.000 años. Actualmente la línea imaginaria entre la Tierra y el Sol apunta a Virgo durante 45 días y sólo 7 a Escorpio. Es decir, si uno cumple años el 25 de marzo hasta ahora su signo zodiacal era Aries, pero los nuevos cálculos de la Nasa desvelan que hoy le correspondería ser Piscis.

Palestina, una mirada al origen del conflicto

22 octubre, 2018

Fuente: blogs.elpais.com

Por: F. Javier Herrero 31 de julio de 2014

Hagana

Inmigrantes judíos a bordo del Theodor Herzl intentan desembarcar en Haifa, 1947. / Fitzsimmons (AP) 

Margen Protector, la tercera operación de castigo puesta en marcha por Israel contra Hamás desde que se inició el cerco de la Franja de Gaza en 2007, ha provocado una tragedia humanitaria que supera ya las 1.300 víctimas mortales palestinas, la mayoría de ellas civiles (entre ellas, muchos niños), en un nuevo intento israelí por acabar con la capacidad militar de las milicias islamistas. Asistimos al último capítulo bélico de un conflicto que echa sus raíces en las últimas décadas del siglo XIX, cuando Palestina era una provincia del imperio otomano y un sector del judaísmo europeo decidió que había de crear allí un estado judío.

En esas décadas finales del siglo XIX zozobra en muchas sociedades europeas la asimilación de sus poblaciones judías, que una vez emancipadas legalmente prosperan y alcanzan un lugar notable en muchos ámbitos, lo cual genera un temor antisemita que provoca tensiones como la del caso Dreyfus en Francia o los pogromos antijudíos rusos en 1881 tras el asesinato del zar Alejandro II. Como mecanismo de respuesta, coincidiendo con la aparición de los nacionalismos modernos que sacuden Europa del Este, surge el sionismo, el movimiento político que fundó Theodor Herlz, autor en 1896 de Der Judenstaat (El Estado de los Judíos) y que preconiza la creación de un estado judío que sirva de centro espiritual para la diáspora. El I Congreso Sionista, celebrado en Basilea en 1897, aprueba una resolución que planea la creación de ese estado y, tras valorar anteriormente opciones como Uganda o la Patagonia, se decide que se ubique en Palestina. En esos años bisagra del nuevo siglo se llevan a cabo las primeras aliyah (migraciones), que tienen un fuerte componente ruso y polaco, al calor de un eslogan tan falaz como el que acuñó Israel Zangwill: “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.

Palestina era una realidad muy diferente y muy viva en aquel momento. Una población de medio millón de árabes, con 80.000 cristianos y 25.000 judíos en pacífica convivencia y étnicamente indiferenciables, habitaba 672 localidades con un sector agrícola respetable y una industria manufacturera en desarrollo. Pero el proyecto sionista ya se había puesto en marcha y en paralelo a la llegada de colonos se compran tierras a propietarios árabes absentistas que no viven en Palestina. Hacia 1910 la población judía aumenta a 75.000 personas y controla 75.000 hectáreas de tierra. Habrá que esperar al derrumbamiento del imperio otomano al acabar la I Guerra Mundial para que el potencial conflicto se haga realidad.

Con la guerra europea entran en juego los intereses de las potencias coloniales. Gran Bretaña tiene en el Canal de Suez su punto neurálgico de comunicación con sus posesiones en el subcontinente indio. El control del territorio al norte de Suez aseguraría la tranquilidad en el canal y los británicos quieren que árabes y judíos tomen las armas contra el dominador turco. Para convencer a los árabes, mediante un lenguaje poco claro y calculado, Gran Bretaña les prometió la independencia en casi todo su territorio pero los judíos se llevaron algo mejor que promesas. El ministro de Exteriores James Balfour entregó en noviembre de 1917 una carta al banquero Rothschild, cuya familia financió generosamente al sionismo, en la que se declara que “el Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y hará lo que esté en su mano para facilitar la realización de este objetivo…”.

Revuelta arabe

Jinetes árabes durante la Gran Revuelta cerca de Nablús, 1938 / AP  

Tras la Paz de Versalles y la creación de la Sociedad de Naciones, tiene lugar en abril de 1920 la Conferencia de San Remo que decide la concesión de los mandatos de Siria y Líbano a Francia y de Mesopotamia y Palestina a Gran Bretaña. En el caso de Palestina se le hacía a Gran Bretaña responsable de aplicar la Declaración Balfour. En este documento también se establecían garantías para las comunidades no judías, las cuales hacían inviable el programa máximo del sionismo, lo que unido todo ello a los intereses estratégicos británicos se convertía en un tremendo galimatías de muy difícil salida.

La administración británica estableció cuotas anuales a la entrada de inmigrantes judíos y se facilitó la creación de la Agencia Judía, un gobierno autónomo en toda regla que se hizo cargo de la comunidad hebrea y que aceptó todas las medidas de Londres que le favorecían, por cortas que fuesen, siempre que no les hiciesen renunciar a su objetivo final. Gracias a Histadrut, la central sindical judía, y al Fondo Nacional, que les provee de tierras, más militantes sionistas se establecen en Palestina, y su implantación, aún destacando el idealismo de muchos de ellos, no carece de una dimensión colonialista favorecida por la metrópoli británica, que hace que se desprecie al autóctono con el fin de excusar y fomentar su expolio, como destaca Alain Gresh en Israel, Palestina – Verdades de un conflicto (Anagrama).

Enfrente, los árabes carecían de un liderazgo que ofreciese una alternativa sólida, con una serie de familias notables divididas por la influencia británica, que se encastillan en el todo o nada que no proporciona ninguna solución, pues ellos consideran un agravio que se hable de su derecho a compartir la tierra, y sólo en 1936 se deciden a crear un Alto Comité Árabe, equivalente a la entidad judía. Pero las chispas ya han saltado y la frustración que se extiende entre el pueblo palestino desata revueltas y pogromos como los de 1929 en Jerusalén y en Hebrón, donde son asesinados 80 judíos.

La inestabilidad permanente acaba desembocando en la Gran Revuelta árabe entre 1936 y 1939. Desobediencia civil, huelgas y acciones de guerrilla tienen lugar contra la potencia mandataria británica que se ve apoyada por la comunidad judía. En julio de 1937 se hace público el Informe Peel, una propuesta de arreglo que ya expresa la partición del territorio en dos zonas, árabe e israelí, y una franja central controlada por Londres. Los palestinos rechazan indignados la propuesta y la revuelta vuelve a hervir, aprovechando que la tensión europea impide el traslado de tropas británicas a la zona de manera suficiente hasta después de la Conferencia de Múnich. Finalmente Londres renuncia a la partición y la revuelta pierde fuelle aunque el Alto Comité Árabe anuncia la creación de un Gobierno nacional en el exilio.

Rey david

En 1939 suenan tambores de guerra en Europa y Gran Bretaña no quiere enajenarse el apoyo árabe por lo que aprueba un Libro Blanco que restringe la inmigración judía y prohíbe la compra de tierras árabes, que es rechazado por el muftí Amin El Huseini, mientras el sionismo pone el grito en el cielo con poco éxito porque no tiene más remedio que acabar apoyando a los británicos frente a Hitler y el Tercer Reich. La II Guerra Mundial aminora en parte las tensiones internas en Palestina pero nada se para. La inmigración clandestina continúa y las milicias sionistas organizadas por David Ben Gurion en la Haganá, embrión del futuro ejército israelí, están bien consolidadas, mientras 30.000 hebreos que habitan Palestina luchan en el frente aliado adquiriendo destreza militar. La postura británica, cerrada a admitir refugiados judíos del infierno que se está viviendo en Europa, hace que facciones armadas judías como Irgún, de Menajem Beguin, o Stern, de Isaac Shamir, se lancen desde febrero de 1944 a una campaña de atentados terroristas contra intereses británicos y árabes.

Cuando acaba la guerra en Europa y sale a la luz el horror del Holocausto que han sufrido los judíos en los campos de exterminio nazis, un gran número de víctimas quieren huir de Europa hacia Palestina pero Gran Bretaña mantiene el cierre y estos son devueltos a Europa o enviados a Chipre.

Proclamacion gurion

Durante unos meses la Haganá se une a la lucha armada contra los británicos, hasta que el grupo de Beguin comete en julio de 1946 en el Hotel Rey David, cuartel general militar y administrativo británico, un brutal atentado en su ala sur que se cobra un centenar de muertos [imagen superior del atentado por Hulton/Getty].

El sionismo deja de mirar a Gran Bretaña para hacerlo ahora hacia EE UU, y Truman en octubre de 1946 pide públicamente que se lleve a cabo la partición de Palestina. En febrero de 1947 Londres reconoce su fracaso anunciando el fin del mandato para julio de 1948 y decide someter la cuestión palestina a las Naciones Unidas. La comisión creada al efecto traza un plan de partición que es sometido a la Asamblea General de la ONU y aprobado en noviembre de 1947 en la resolución 181: el estado judío ocupará el 55% de Palestina, con medio millón de judíos y 400.000 árabes, y el estado árabe, el resto con 700.000 árabes y unos miles de judíos. Jerusalén queda aparte con una población paritaria de 200.000 personas. Ben Gurion da el visto bueno al plan por puro tacticismo y el 14 de mayo de 1948 proclama la creación del estado de Israel [fotografía arriba de la proclamación por AFP]. Como afirma M. Á. Bastenier en La Guerra de siempre (Península), “el Holocausto del pueblo judío será un poderoso elemento de convicción para que Europa obre en favor de la instauración del estado sionista como forma de conjurar sus propios demonios interiores”. La conciencia de culpabilidad occidental sobre el genocidio hará que los palestinos acaben pagando el precio de un crimen que no habían cometido. El rechazo palestino a la división de su patria ya no tiene receptor y por la fuerza de las armas y el terror durante unos meses el sionismo lleva a cabo la expulsión de más de 700.000 árabes y 400 aldeas son arrasadas. Es la Nakba, la catástrofe, el comienzo de la pesadilla para un pueblo de la que todavía no ha despertado, como pueden atestiguar estos días los palestinos gazatíes.

Los choctaw. Los nativos americanos que fueron protagonistas de una muestra de solidaridad histórica

14 octubre, 2018

Fuente: http://www.historiasdelahistoria.com

Los Choctaw, un pueblo nativo americano ubicado en el sudeste de los Estados Unidos en el actual territorio de Mississippi, fueron el primer pueblo que sufrió el traslado forzoso, vestido de acuerdo amistoso, a las reservas indias. En 1830, el Congreso de los EEUU aprobó el Tratado de Dancing Rabbit Creek, un proyecto personal del presidente de los EEUU, Andrew Jackson, que consistía en la cesión de los 11 millones de acres (45.000 km2) de la Nación Choctaw  a cambio de unos 15 millones de acres (61.000 km2) en el territorio de la actual Oklahoma. En un principio los jefes de los Choctaw mostraron sus reservas por tener que abandonar las tierras de sus antepasados pero, al final, tuvieron que ceder. Aún así, consiguieron incluir una cláusula…

Cada cabeza de familia de los Choctaw que desee permanecer en sus territorios y convertirse en un ciudadano de los Estados Unidos, se le permitirá hacerlo […] tendrá derecho a la reserva de seiscientos cuarenta acres de tierra…

Los Choctaw se convirtieron en dos grupos distintos: la nación en Oklahoma (conservaron cierta autonomía y siguieron regulándose con sus propias normas y tradiciones) y la tribu de Mississippi (sometidos a las leyes del gobierno de los EEUU). De esta forma, la parte de los Choctaw que se quedaron en Mississippi se convirtieron en el primer grupo étnico no europeo en obtener la ciudadanía de EE.UU. Unos 1.300 Chochtaw eligieron esta última opción y unos 15.000 iniciaron el llamado Trail of Tears (Camino de Lágrimas), una marcha de más de 800 km en la que casi el 20% de ellos murieron por hambre.

The Trail of Tears

En 1845, a 5.000 km de distancia, se producía la Gran Hambruna irlandesa. La ineficiente política económica, los métodos inadecuados de cultivo y, sobre todo, la aparición de determinadas enfermedades que destruyeron la cosecha de patatas, causaron una gran mortandad entre los irlandeses… entre uno y dos millones de irlandeses murieron de hambre. Las noticias de la hambruna llegaron a los EEUU y muchos emigrantes irlandeses trataron de ayudar a sus compatriotas. En 1847, 16 años después de haber sido ellos mismos víctimas de la hambruna, los Choctaw se vieron reflejados en aquel sufrimiento y dieron un ejemplo de solidaridad histórica. Ellos, que apenas tenían para cubrir sus necesidades y que ni sabían dónde situar geográficamente Irlanda, consiguieron reunir 175 dólares (unos 70.000 en la actualidad) para ayudar a las familias irlandesas. Lo único que ambos pueblos tenían en común era el hambre… y la humanidad.

Fuentes y Fotos: Max D. Stanleysuite101Choctaw

Josep Fontana, la huella de un historiador

2 octubre, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Josep Fontana fue un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia.

Josep Fontana en una entrevista en 2017.
Josep Fontana en una entrevista en 2017. ALBERT GARCIA EL PAÍS

 

La victoria franquista en abril de 1939 y las posteriores décadas de dictadura se manifestaron, por lo que a la historiografía se refiere, en la imposición de una perspectiva reaccionaria y antiliberal que ignoró en todo momento la esfera socioeconómica y que levantó un poderoso dique de contención frente a las nuevas corrientes en las ciencias sociales occidentales y los análisis de fuerzas anónimas y colectivas.

Cuando en los últimos años de la dictadura pudo salirse poco a poco de esa miseria, no había, sobre la edad contemporánea, tradición historiográfica que reivindicar y se tuvo que aportar en unos pocos años todo un nuevo repertorio de hipótesis, problemas y estudios empíricos. Josep Fontana fue uno de los primeros en hacerlo y sus investigaciones sobre la crisis del Antiguo Régimen y las transformaciones del siglo XIX español le convirtieron, ya desde comienzos de los setenta, en un historiador de referencia, respetado y seguido por quienes buscaban caminos de renovación en la enseñanza y escritura de la historia.

En una profesión muy dada a la especialización y a las preocupaciones microscópicas, Fontana demostró dominar un amplio campo de acción. Cuando la historiografía y la teoría de la historia apenas formaban parte del aprendizaje del historiador, publicó Historia. Análisis del pasado y proyecto social (1982), tratado pionero en España. Casi 50 años separan La quiebra de la monarquía absoluta (1814-1820), publicada en 1971, de su última obra, El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 (2017). Cinco décadas, en suma, de investigaciones, hipótesis, teorías y preguntas sobre el quehacer del historiador.

Pero la huella de Fontana va mucho más allá de su obra y de su trayectoria como profesor universitario. Desde la editorial Crítica, de la mano durante muchos años de Gonzalo Pontón, acercó al público español a algunos de los historiadores más distinguidos del mundo, desde Eric Hobsbawm a E. P. Thompson, pasando por Mary Beard, Pierre Vilar o David S. Landes. Su currículo está lleno de libros, artículos en revistas científicas, decenas de conferencias en América Latina y, sobre todo, charlas en los centros de educación secundaria.

En los últimos años fue discutido por otros historiadores por su defensa del marxismo, por su compromiso político y por sus ideas acerca de España y Cataluña, expuestas en escritos y entrevistas en medios de comunicación. Disputas y desprecios al margen, muchos le recordarán por sus fecundos escritos sobre la España contemporánea y por su rechazo de la historia como una serie de grandes acontecimientos orquestados por los grandes hombres. Ahora parece fácil asumirlo, pero en las universidades españolas de los años setenta eso sonaba a música subversiva.

Julián Casanova es catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza.

Las últimas víctimas de Hitler, los propios alemanes

1 octubre, 2018

Fuente: http://www.historiasdelahistoria.com


Hildegar Fink, alemana de 75 años de edad, tenía sólo cinco años cuando fue expulsada junto a su familia de Rosternitz, un pueblo de los Sudetes en la actual República Checa. Meses después de que Alemania perdiese la guerra, ella y su familia, igual que otras muchas, comenzaban a pagar la deuda de haber sido alemanes en la Alemania Nazi. De la noche a la mañana tuvieron que abandonar sus hogares, como miles de alemanes de Europa central y oriental, hacia un rumbo desconocido. Para Fink fue la experiencia más horrible que recuerde, pero luego, cuando se consolidó la unificación de Alemania a inicios de la década de 1990, también se sentía extranjera. Los alemanes de los Sudetes exigen la derogación de los Decretos de 1945 firmados por el presidente checo Edvard Benes (1894-1948). Su promulgación supuso la expulsión de este país de las minorías de alemanes y húngaros, la expropiación de sus bienes, la nacionalización de sus empresas y la pérdida de su nacionalidad al ser expulsados sólo por ser alemanes.

A muchos les obligaron a abandonar sus hogares, otros huyeron por temor al Ejército Rojo o a los milicianos checos o polacos, otros temían represalias de sus vecinos como venganza por las recién desveladas atrocidades cometidas por los nazis en los territorios del Tercer Reich; a otros les obligaron a firmar, antes de ser expulsados, que renunciaban a todos sus bienes y donde declaraban “irse libremente”. Además, desde la Conferencia de Postdam de agosto de 1945, los aliados habían decidido mover la frontera de Alemania a la línea formada por los ríos Oder y Neisse, lo que significó el traslado de otros miles de alemanes o personas de origen alemán dentro de las nuevas fronteras alemanas. Lo curioso, es que después de casi 60 años de la II Guerra Mundial, y acostumbrados a agachar la cabeza por los crímenes del nazismo y cansados, tal vez, de ser siempre verdugos, comenzaron a mostrarse como víctimas de la Historia Contemporánea.

¿Por qué se rompió este tabú? En la década de 1950, la República Federal Alemana no tuvo tiempo de reparar en el pasado nazi porque había todo un país por reconstruir, en cambio en la República Democrática Alemana ignoraron todo lo que los milicianos polacos y checos cometían a la población alemana en venganza por los crímenes nazis. Fueron las guerras de los Balcanes en la década de los 90, con su limpieza étnica y su ola de refugiados, las que hicieron que los alemanes recordaran y entendieran las reivindicaciones de los Sudetes, ya que veían las mismas imágenes de las expulsiones alemanas tras la II Guerra Mundial. Alemania tardó más de 60 años en entender que también eran víctimas, e incluso recordaron los bombardeos indiscriminados al final de la II Guerra Mundial en pueblos alemanes sin ningún sentido. Para muchos historiadores ignorados hasta entonces, estos alemanes fueron las últimas víctimas de Hitler.

todesmarsch_bruenn

Libros de Guido Knopp y Enrik Franzen contienen imágenes a color y blanco y negro de las atrocidades sufridas por los alemanes después del éxodo: cadáveres en las aceras, mujeres y niños huyendo, niños pequeños en medio de la calle, miles de mujeres violadas por el Ejército Rojo y las milicias, hombres desnudos siendo golpeados con la esvástica pintada en sus espaldas y algunas fotos de mujeres y hombres con brazaletes blancos con una gran de Niemiec (alemán en polaco) en venganza por la estrella de David que debían llevar los judíos durante el régimen nazi.

Pero ahora surge un debate que aún no tiene clara postura, no sólo en Alemania sino con los vecinos de Europa del este. Existían proyectos para construir en Berlín un Centro contra las Expulsiones pero no tuvo buena acogida especialmente en Polonia y República Checa. No fue hasta 2009 cuando Angela Merkel dio el apoyo para la construcción de un monumento para los desplazados alemanes después de la II Guerra Mundial, pero algunos lo consideran como una burla, ya que también en Berlín se construyó un monumento en recuerdo de las más de 6 millones de víctimas del Holocausto Judío perpetrado por la Alemania Nazi.

Los alemanes piensan que es hora de honrar también a sus propias víctimas, ya que no pueden ser crucificados por la Historia sólo por ser alemanes durante la Alemania de Hitler.

Colaboración de Edmundo Pérez.
Fuente: A paso de cangrejo – Grass, G. Sobre la historia natural de la destrucción – Sebald, W. B.

La justicia de Franco

11 septiembre, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Los consejos de guerra, por los que pasaron decenas de miles de personas entre 1939 y 1945, fueron farsas jurídicas

Vista de la explanada del Valle de los Caídos.
Vista de la explanada del Valle de los Caídos. MARISCAL EFE

La principal característica del terror que se impuso en la posguerra es que estaba organizado desde arriba, basado en la jurisdicción militar, en juicios y consejos de guerra. Tras la típica explosión de venganza en las ciudades recién conquistadas por los vencedores, los paseos y las actuaciones de poderes autónomos, como los escuadrones de falangistas, dejaron paso al monopolio de la violencia del nuevo Estado, que puso en marcha mecanismos extraordinarios de terror sancionados y legitimados por leyes.

Con la jurisdicción militar a pleno rendimiento, se impuso un terror frío, administrativo, rutinario. Los consejos de guerra, por los que pasaron decenas de miles de personas entre 1939 y 1945, eran meras farsas jurídicas, que nada tenían que probar, porque ya estaba demostrado de entrada que los acusados eran rojos y, por lo tanto, culpables.

El sistema represivo procesal levantado tras la guerra, consistente en la multiplicación de órganos jurisdiccionales especiales, mantuvo su continuidad durante toda la dictadura. Cuando una ley era derogada, la nueva normativa reiteraba el carácter represor de la anterior. Es lo que pasó, por ejemplo, con la Ley de Seguridad del Estado de 29 de marzo de 1941. Fue derogada seis años después, sustituida por el decreto ley de 13 de abril de 1947 de represión del bandidaje y terrorismo, que mantenía la pena de muerte para diversos y variados delitos. Otro instrumento básico de persecución, la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo de 1 de marzo de 1940, tuvo todavía mayor continuidad, obsesionados como estaban Franco y los vencedores de la guerra por considerar máximos responsables de todos los males de España a quienes caían bajo ese amplio paraguas de la masonería y el comunismo. El Tribunal Especial que estableció esa ley fue suprimido el 8 de marzo de 1964, aunque, en realidad, una buena parte de sus atribuciones habían sido asumidas desde 1963 por el Tribunal de Orden Público.

Murió Franco y allí estaba todavía el TOP, disuelto finalmente por un decreto ley de 4 de enero de 1977. Los datos de los procedimientos incoados por el Tribunal de Orden Público (TOP) prueban claramente la escalada de la represión en el crepúsculo de la dictadura y comienzos de la transición: en los tres años finales de esa jurisdicción (1974, 1975 y 1976), con Arias Navarro en el Gobierno, se tramitaron 13.010 procedimientos, casi el 60 por ciento del total de los doce años de funcionamiento.

Con el paso del tiempo, la violencia y la represión cambiaron de cara, la dictadura evolucionó, dulcificó sus métodos y pudo ofrecer un rostro más amable, con un dictador que inauguraba pantanos y repartía aguinaldos a los trabajadores.

Pero por mucho que evolucionara y mitigara sus métodos, la dictadura nunca quiso quitarse de encima sus orígenes sangrientos. El terror ajustó cuentas, generó la cohesión en torno a esa dictadura forjada en un pacto de sangre. Hasta el final.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en FacebookTwitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Cuando Drácula se convirtió en el mejor aliado del Papa

11 agosto, 2018

Fuente: http://www.historiasdelahistoria.com

El Papa Pío II reunió a los representantes de la cristiandad en el Concilio de Mantua (1459)  para convocar una nueva cruzada contra los turcos que, desde la toma en Constantinopla, avanzaban por el Este de Europa. El llamamiento fue recibido con indiferencia por los líderes europeos -más preocupados por las disputas entre ellos- con la excepción de Matías Corvino, rey de Hungría, y Vlad III, príncipe de Valaquia, también conocido como Vlad TepesVlad el Empalador… o Drácula. La crueldad de este personaje histórico sería la fuente de inspiración para la criatura literaria que vio la luz en la novela de Bram Stoker Drácula (1897). El origen del nombre de Drácula viene de su padre Vlad II Dracul que fue miembro de la Orden del Dragón (Dracul) fundada para proteger el cristianismo en Europa del Este.

Realmente, tanto Corvino como Vlad tenía a los turcos a las puertas y, lógicamente, eran los más interesados en que prosperase la propuesta; así que, se aliaron y recibieron del Papa 40.000 ducados para reunir un ejército que detuviese a los turcos. Sintiéndose fuerte, Vlad decide no pagar el tributo exigido por el sultán Mehmed II (10.000 ducados y 500 muchachos para su ejército de jenízaros) como muestra de vasallaje. El Sultán no puede consentir aquel desprecio y ordena asesinarlo. Para ello, el general turco Hazma Bey solicita reunirse con el príncipe de Valaquia para tratar los términos de un nuevo acuerdo. Vlad, sabiendo que era una trampa, acepta la propuesta y prepara a sus hombres para tenderles una emboscada. Captura a la delegación turca y, siguiendo un riguroso orden, los empala dependiendo de su rango: los de más alta graduación militar en estacas más altas. Ahora que es él quien controla la situación, y sin encomendarse al Papa ni a su aliado, decide seguir adelante. El grueso del ejército turco esperaba al otro lado del Danubio la orden de atacar cuando el príncipe hubiese sido asesinado, pero son sorprendidos en medio de la noche por las tropas de Vlad… y derrotados. El resultado de las correrías de Vlad al otro lado del Danubio fueron más de 20.000 hombres empalados en un bosque de estacas.

En palabras de Nicolás de Modrussa, legado del Papa…

Él mató a algunos rompiéndolos bajo las ruedas de los carros, otros fueron despojados de sus ropas y desollados vivos, otros insertados en estacas y colocados sobre brasas al rojo vivo, la mayoría empalados con estacas que entraban por el ano atravesaban sus entrañas y salían por la boca…

Y el Papa, ¿qué opinaba de este bosque? Pues supongo que tendría que decir que era una masacre pero, por otro lado, Vlad ayudó a mantener a raya a los otomanos y consideraría que el bosque de empalados era un arma psicológica contra los infieles.

Fuente: “De lo humano y lo divino

Franco y Fidel, enemigos cordiales

18 julio, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Por: F. Javier Herrero 05 de junio de 2014

 ARC7885822

Manuel Fraga y Fidel Castro preparan una queimada en Láncara (Lugo)/ Xurxo Lobato

Tras el fallecimiento de Franco, el corresponsal de la Agencia Efe en La Habana envió un despacho del que se hicieron eco algunos de los más prestigiosos periódicos del mundo y que decía lo siguiente: “Pocas horas después de conocerse la muerte del general Franco, el Gobierno revolucionario de Cuba decretó luto oficial por tres días. Desde el jueves las banderas ondean a media asta en todo el territorio cubano. El Presidente de la República, doctor Osvaldo Dorticós, ha enviado un mensaje de condolencia al presidente del Gobierno español, Carlos Arias Navarro (…)”. Cuando se lee esto da la impresión de que o no se ha entendido bien o hay una errata en el texto. No es así. La Cuba de Fidel Castro homenajeó al dictador como ningún otro país hizo, si bien quiso mantener la comunicación del decreto en niveles privados para quedar bien con España y evitar, a la vez, un escándalo internacional. Este gesto adquirió con el tiempo aún mayor relieve pues al año siguiente murió Mao Tse Tung y el Gobierno de Cuba no tuvo el mismo detalle con el líder comunista chino. Se trataba del último capítulo de una peculiar y chocante relación de dos dictadores en las antípodas ideológicas que decidieron actuar con un ‘subterráneo’ pragmatismo y una complicidad que ha generado un enorme interés entre historiadores y politólogos.

Desde 1959 los acontecimientos fueron forjando un mutuo respeto que acabó llegando a la admiración. El vínculo común a Galicia fue un factor que favoreció esa aproximación. Franco creció, al igual que los militares de su generación, con un sentimiento antiamericano que venía de la derrota contra EE.UU. en Cuba en 1898. En palabras del propio Fidel, recogidas en Biografía a dos voces de Ignacio Ramonet (Debate), “Franco tiene que haber crecido y haberse educado con aquella amarga experiencia (…). Y lo que hizo la Revolución Cubana, a partir de 1959, resistiendo a Estados Unidos, rebelándose contra el imperio y derrotándolo en Girón, puede haber sido visto por él como una forma de revancha histórica de España. En definitiva, los cubanos, en la forma en que hemos sabido enfrentarnos a Estados Unidos y resistir sus agresiones, hemos reivindicado el sentimiento y el honor de los españoles.” El ‘centinela de Occidente’ intuía que a Castro, en su enfrentamiento con el imperialismo americano, no le movía únicamente la ideología marxista sino que el factor nacionalista y patriótico llegaba a ser incluso más importante. Historiadores como Joaquim Roy (La siempre fiel: Un siglo de relaciones hispanocubanas (1898-1998), Ed. Los Libros de la Catarata) constatan que Franco reclamó informes a sus colaboradores para conocer más a fondo a Castro y otros comunistas célebres como Ho Chi Minh, a causa de la fascinación que despertaban en él.

Castro no desperdició ocasión alguna para criticar en público al régimen franquista, pero no a Franco. Recibió repetidas veces a los dirigentes comunistas españoles en La Habana, haciendo públicos elogios a Dolores Ibárruri, Pasionaria, y se rodeó de militares prestigiosos del ejército republicano como Enrique Líster y Alberto Bayo, instructor del grupo de revolucionarios cubanos que se entrenaron en México antes de embarcarse en el Granma. La infancia y juventud de Fidel aportan información en lo que se refiere a la singular relación de los dos dictadores. Hijo de Ángel Castro, un acaudalado terrateniente gallego nacido en Láncara (Lugo) que emigró a Cuba en 1905, se formó principalmente en escuelas jesuitas de Santiago de Cuba. Sus profesores fueron religiosos españoles partidarios firmes sin excepción de Franco en la Guerra Civil española. En casa el joven Fidel también fue testigo de cómo su padre, persona influyente de su comunidad, se manifestaba sin ambages a favor de su paisano de Ferrol.

ARC169955

España mantuvo con la Cuba de Fulgencio Batista una relación amable, que se mantiene con el triunfo del nuevo gobierno revolucionario en 1959 y Franco no se podía quejar de la gestión de Juan Pablo de Lojendio, el embajador español en La Habana, durante el primer año de la revolución. Los exhaustivos análisis del catedrático Manuel de Paz Sánchez (Zona Rebelde y Zona de Guerra, Librería Universal-CCPC, y otros), experto en las relaciones trasatlánticas de España, explican los movimientos de Lojendio, que neutraliza los intentos de los republicanos españoles para que la nueva Cuba siga los pasos de México, lo que traería la ruptura con la España franquista y el reconocimiento del Gobierno de la II República en el exilio. La persecución a grupos contrarrevolucionarios caldea un ambiente en el que tuvo lugar un incidente diplomático grave e incomprensible en enero de 1960. Castro se encuentra en los estudios de la televisión cubana haciendo declaraciones en directo sobre la actividad opositora y alude al apoyo de la embajada española a esa actividad. Lojendio, arrebatado por su temperamento, irrumpe en los estudios [en la fotografía, un momento del incidente entre el embajador Lojendio y Castro en 1960 captada por Telemundo] ofendido y exige a Castro una rectificación en medio de un tumulto que deja boquiabierta a la audiencia televisiva. La expulsión del embajador es inmediata. Franco es informado del incidente y transmite al ministro de Exteriores Castiella su resolución: “Usted es el ministro. Haga lo que crea oportuno. Con Cuba, cualquier cosa menos romper”.

Efectivamente, Cuba y España superaron la crisis y no rompieron. Se impuso el pragmatismo y las relaciones se mantuvieron desde ese momento al nivel de encargado de negocios, mientras un Franco enfadado con su embajador, decidió lavar los trapos sucios en casa discretamente. Como él mismo afirma en Mis conversaciones privadas con Franco (Planeta), de su primo Francisco Franco Salgado-Araújo, “El acto de Lojendio puede significar que el presidente Castro, que está en plan comunista, no sólo rompa sus relaciones con España sino que reconozca al gobierno rojo en el exilio, (…)“. Lojendio, tras un período de inactividad, fue destinado a un puesto diplomático de segunda categoría en Berna.

La relación hispano-cubana se ve afectada por la entrada en escena de otro actor protagonista. Estados Unidos ve peligrar sus intereses en una zona en la que no tiene costumbre de convencer a sus oponentes con persuasión sino con el palo. La reforma agraria cubana y las expropiaciones a empresas y particulares norteamericanos son respondidas con la ruptura de relaciones diplomáticas y el inicio del famoso embargo económico en el otoño de 1960, que en febrero de 1962 es casi total. Una mayoría de países latinoamericanos rompe relaciones con Cuba y la Europa aliada de EE UU cierra sus puertas a la economía de la isla. La URSS y el bloque comunista acuden veloces a la voz de socorro de Fidel, pero ese embargo va a hacer agua también por otro punto que es España. Poco después de que el presidente Eisenhower de un espaldarazo a Franco con su visita oficial a Madrid, en 1960 se firma un acuerdo comercial entre España y Cuba, que será renovado e implementado en años posteriores.

El Gobierno norteamericano contempla estupefacto la política exterior española que no participa de las represalias contra Cuba y teme que tenga un efecto de contagio al resto de países hispanoamericanos. Solo los momentos de tensión de la crisis de los misiles, en octubre de 1962, detienen el intercambio comercial entre españoles y cubanos, de unas dimensiones opinables pero que tienen un valor moral inestimable para la Cuba asediada por Estados Unidos. Las líneas aéreas de Iberia mantienen a La Habana conectada con Europa, a los niños cubanos no les faltan juguetes españoles y el turrón de Jijona por Navidad o los autobuses Pegaso en las carreteras cubanas son la muestra de la buena voluntad del Gobierno de Franco.

Efespeight557545

Ernesto ‘Che’ Guevara asiste a una corrida de toros en Madrid en 1959. / Hermes Pato

Estados Unidos blandió la amenaza del fin de las ayudas económicas a España para que abandonase su postura pero la renegociación de las bases americanas en suelo español en 1963 aparcó la medida. Estados Unidos acabará aceptando la posición española pero el tráfico marítimo se ve afectado por la tensión internacional en el Caribe. Los exiliados cubanos estaban muy enfadados con la política de Franco y grupos anticastristas, pertrechados por la CIA, atacaron en ocasiones a los buques españoles. En septiembre de 1964, el Sierra Aránzazu sufrió el ataque de lanchas anticastristas que descargaron 1.500 balas sobre el mercante, causando la muerte a tres marinos y heridas a seis. Estados Unidos negó cualquier implicación pero la diplomacia española logró que a partir de ese momento los buques españoles fuesen escoltados por la marina de guerra americana.

El Gobierno de Estados Unidos intentó sacar partido de la negativa de Franco a participar en el embargo a Cuba y pensó en utilizar la cercanía de ambas dictaduras para establecer un canal de comunicación secreto con La Habana. Franco aceptó la tarea de mediación y tras la captura y muerte de Ernesto ‘Che’ Guevara en Bolivia en 1967, se creyó por parte americana que había llegado la ocasión propicia. La paradoja que ha envuelto la relación de los dos gallegosel que fue héroe mítico de los revolucionarios del mundo y el feroz anticomunista,dio lugar a que Adolfo Martín Gamero, el diplomático español encargado de esa labor de mediación, viviese un episodio insólito y que narra Norberto Fuentes, biógrafo de Fidel. El diplomático fue recibido en Cuba por los hermanos Castro, que le llevaron de viaje por la isla. Cuando visitaron su casa familiar en Birán, cuál no sería la sorpresa del enviado español cuando en el dormitorio del padre de Fidel vio un telescopio y… ¡una foto de Franco sobre la mesilla de noche, que allí estaba desde siempre!

La normalidad de las relaciones entre ambos países fue plena desde 1974 en que se produjo el intercambio de embajadores. En 1992 Fidel realizó un viaje oficial a España y a Galicia donde pudo visitar la casa de su padre en Láncara y a sus parientes, acompañado del otrora franquista Manuel Fraga, otro gallego con conexión cubana en su niñez. EL PAÍS entrevistó en 1985 a Castro que hizo estas concluyentes declaraciones: “Franco no se portó mal, hay que reconocerlo. Pese a las presiones que tuvo, no rompió las relaciones diplomáticas y comerciales con nosotros. No tocar a Cuba fue su frase terminante. El gallego supo habérselas. Que se portó bien, caramba”.

La aristócrata que disparó a la nariz de Mussolini

8 julio, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Por: Manuel Morales 29 de mayo de 2014

Foto

Ficha policial de Violet Gibson tras su detención. Imagen cedida por Capitán Swing.

¿Era complicado pegarle un tiro a Benito Mussolini? La multitud aclamaba en la romana plaza del Campidoglio al hombre que gobernaba Italia. La aristócrata irlandesa Violet Gibson, de 50 años, tenía a unos pasos a Il Duce, que acababa de salir del palazzo dei Conservatori de dar un discurso. Eran las once de la mañana del 7 de abril de 1926. Violet se acercó, empuñó su arma y mientras Mussolini levantaba el brazo para hacer el saludo fascista, ella alzó el suyo y disparó a quemarropa con su revólver Lebel, del ejército francés. Esta mujer pudo cambiar la historia pero su mala puntería y una bala encasquillada dejaron el intento de magnicidio en un rasguño en la nariz del líder. La historia de Gibson, una mujer imbuida de un exacerbado sentimiento religioso y perteneciente a una familia de la alta nobleza de Irlanda, no tuvo un gran seguimiento de los historiadores quizás porque desde el principio se la tachó de “solterona con problemas mentales”. En 2011, la periodista inglesa Frances Stonor Saunders (1966) reconstruyó su vida en La mujer que disparó a Mussolini, una biografía que ha publicado en castellano a comienzos de este año la editorial Capitán Swing.

Gibson pertenecía a una familia rica. Su padre ocupaba un escaño en la Cámara de los Comunes y fue nombrado lord Ashbourne. Violet siguió la tradición, presentaciones en la corte, bailes, actos sociales… hasta que decide abrazar el catolicismo para disgusto de su familia de fe anglicana. Es en esa etapa cuando Gibson comienza a sufrir problemas de salud, desórdenes nerviosos que espera curar en Roma, cerca del Papa. Allí, sin embargo, ahonda en su desorientación, se agrava su estado hasta un intento de suicidio en febrero de 1925. Después se convence a sí misma de que Dios le ha encomendado la misión de matar al Duce o al Papa. “Era contrario a la voluntad de Dios que Mussolini continuara existiendo”, declaró después en el juicio.

Stonor, que comenzó su trayectoria como realizadora de documentales en la BBC, trufa su relato de interesantes documentos oficiales: cartas personales, informes policiales, comunicaciones diplomáticas, artículos periodísticos, partes médicos… Además de contar la vida de Violet, esta historiadora aprovecha para trazar en paralelo algunos fragmentos de la de Mussolini: el niño conflictivo, el profesor que pega a sus alumnos, el hombre que huye a Suiza para eludir el servicio militar. A su vuelta, su charlatanería y proclamas contra el Gobierno de Italia le llevan a subir peldaños en el Partido Socialista hasta lograr su dirección.

La autora también establece comparaciones entre las vivencias de Violet con las de otros personajes de su época, Virginia Woolf, Scott Fitzgerald, Ezra Pound… sin embargo, las prolijas y numerosas referencias hacen farragosa en ocasiones la lectura del libro porque diluyen el relato sobre Gibson.

La labor de Stonor de desenterrar textos de la prensa y declaraciones de figuras políticas permite constatar hasta qué punto era vista con buenos ojos la figura de Mussolini, con especial admiración del entonces canciller Winston Churchill. A Il Duce se le consideraba un freno para la amenaza del comunismo. “El establishment británico nunca percibió que Mussolini podía ser más peligroso que Violet Gibson”, apunta Stonor Saunder.

Foto1

Mussolini, con las huellas en su cara del atentado de Gibson. / CAPITÁN SWING

El intento de Gibson de asesinar a Mussolini no fue el único perpetrado contra el hombre que quería emular a los emperadores de Roma. En los meses anteriores hubo una tentativa abortada (el socialista Zaniboni fue detenido antes de que pudiera disparar desde la ventana de su hotel). Después de la de Gibson sucedieron otras dos, protagonizadas por un anarquista que lanzó una granada de mano y un joven de 15 años que fue linchado de inmediato. Stonor subraya que estos atentados aceleraron la transformación de Italia en un Estado fascista, con nuevas leyes que acabaron con cualquier atisbo de disidencia.

La mujer que disparó a Mussolini recuerda la pantomima de juicio al que fue sometida Gibson. Mientras la prensa se esforzó en mostrar a un magnánimo Duce que quitaba importancia a lo sucedido, la diplomacia británica hizo todas las reverencias necesarias para no disgustarle. Lo más doloroso para Gibson fue el olvido de su familia, avergonzada por tener a una desequilibrada que había querido acabar con alguien tan importante. Tras casi un año de cárcel, sometida a humillantes pruebas psiquiátricas y físicas (examen de su útero incluido) fue puesta en la frontera de Italia con Francia y en cuanto pisó suelo inglés le diagnosticaron en solo unos minutos “locura delirante con paranoia”.

La última parte del libro resume los casi 30 años que Violet pasó en el manicomio de Saint Andrew, en Northampton, donde cursó reiteradas peticiones, todas despreciadas, para que la dejasen descansar en un centro religioso. La periodista aprovecha para mostrar cómo eran aquellos lugares, “para volverse uno loco”, los tratamientos contra las enfermedades mentales y algunas de las delirantes teorías médicas. Es aquí donde Stonor no disimula el cariño que sintió por su biografiada. Ni muerta se respetó el deseo de Stonor de dónde debían reposar sus restos. No se hizo pública su muerte. Ni amigos, ni nadie de su familia acudió al entierro. Todos querían olvidar a Violet Gibson.