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Sobre la revolución en Venezuela

16 mayo, 2017

Fuente: http://www.blogs.publico.es

América Latina ha vivido importantes revoluciones sociales y políticas en las últimas décadas, y entre ellas se ha encontrado la más sonada: la de Venezuela. Aunque los procesos en Ecuador y Bolivia han sido interesantes, a mi juicio el proceso venezolano ha tenido mucha más importancia cuantitativa y cualitativa. En pocos años, el Gobierno de Chávez consiguió aprovechar la crisis política que atravesaba el país para darle la vuelta a la grave situación de desigualdad y pobreza que asolaba a la mayor parte de la población. La Revolución Bolivariana consiguió sacar de la pobreza a millones de personas que, por primera vez en la historia, podían alimentarse tres veces al día precisamente en un país donde el 1% más rico había dispuesto hasta entonces de la mayor parte de la riqueza y de la tierra así como de la totalidad del poder político, económico y social. El proceso venezolano, con Chávez a la cabeza, fue siempre muy singular tanto en sus aspectos culturales como en las innovaciones acometidas, y por ello resultó siempre extraño de entender para la izquierda occidental; víctima, claro está, del eurocentrismo y sus patrones culturales.

Sin embargo, la realidad es que Chávez logró convertirse en una referencia para millones de pobres que empezaban a vivir de nuevo gracias a la revolución bolivariana. Todo esto fue facilitado por la ayuda cubana en forma de misiones, por la construcción de tejido social autoorganizado en los barrios más populares y, claro está, por la propiedad pública del sector petrolero que proporcionaba los ingresos necesarios para acometer las reformas sociales.

Naturalmente tocar la propiedad privada de los grandes medios de producción, hasta entonces en escasas manos y con altos niveles de corrupción, supuso la inmediata reacción de la derecha oligárquica. Una derecha que no opera tampoco al estilo democrático-europeo sino que está acostumbrada a dominar militarmente. Una derecha educada, por decirlo así, al calor de los innumerables golpes de Estado que durante décadas frenaron o neutralizaron las revoluciones sociales en América Latina. Golpes siempre auspiciados o financiados por los servicios de inteligencia estadounidenses, como es el caso paradigmático de Chile en 1973. Una derecha, en suma, que no iba a dejar que le arrebataran el poder y los privilegios fácilmente.

En la mejor tradición, Marx ya había anticipado que las democracias burguesas son meras ilusiones y que cuando los socialistas –o cualquier movimiento enfrentado al poder económico- ganan las mayorías parlamentarias entonces es de esperar una reacción militar. De eso en España sabemos suficiente tras el episodio de 1936. La diferencia notable en el caso de Venezuela con esa advertencia del gran clásico fue que Chávez tenía a su lado el ejército, leal por ello a la nueva constitución venezolana. Aun así, en el año 2002 hubo un intento de golpe de estado que llegó a secuestrar al presidente y a recibir importantes apoyos internacionales, entre ellos el de José María Aznar (entonces presidente de España). Afortunadamente, la gente salió a la calle en multitudes y pudo revertir el Golpe. Y Chávez siguió ganando elecciones hasta su muerte, incluyendo un revocatorio en 2004 (un mecanismo para expulsar al Presidente; un mecanismo de la tradición republicana radical que no existe ni por asomo en las democracias occidentales, entre ellas la nuestra).

La derecha, torpe en su fragmentación pero dolida por los éxitos incuestionables del proceso bolivariano, ha intentado boicotear continuamente la revolución. Y lo ha hecho cada vez de forma más inteligente, asesorada por los conglomerados empresariales europeos y americanos, entre ellos una gran red empresarial española de la que el ciudadano Juan Carlos de Borbón fue representante máximo. Baste decir que los grandes empresarios de distribución se han coordinado en no pocas ocasiones para provocar episodios de escasez que enfurecieran a las masas. Al mismo tiempo, en una paradoja bastante común en la historia el proceso bolivariano iba constituyendo nuevas clases sociales que venían de la desposesión más absoluta pero que ahora se acostumbraban a cierto tipo de consumo; y estas clases fueron alejándose progresivamente del proceso bolivariano. El Gobierno, tras más de trece años, enfrentaba importantes problemas para seguir gobernando. A eso habría que unir la crisis financiera internacional y, particularmente, la caída en los precios del petróleo (principal fuente de ingresos que sostiene las políticas sociales). Finalmente, por añadir algunos elementos más, la corrupción y la ineficiencia del sector público ahondaban las grietas de la Revolución.

Al proceso revolucionario se le pueden, y se le deben, hacer muchas críticas. Pero yo sólo admito las críticas desde la izquierda, es decir, desde la lealtad a la revolución y con objeto de consolidarla y no derrumbarla. Me parece necesario plantear que el mayor error de la revolución ha sido no aprovechar los ingresos petroleros para industrializar y diversificar la estructura productiva, habiendo sido más ambiciosos frente a los grandes capitales y la oligarquía venezolana. Así lo han planteado muchos partidos aliados del PSUV, partido de Gobierno, y personalidades referenciadas claramente al chavismo.Es cierto que el clima de agresión permanente a los procesos latinoamericanos se ha acentuado. El Golpe de Estado en Honduras en 2009 fue el precursor de una nueva etapa de maniobras imperialistas en América Latina. Le siguieron los ataques sistemáticos a los gobiernos del ALBA y también del MERCOSUR, que concluyeron con la derrota del kirchsnerismo en Argentina y el golpe de Estado silencioso de 2016 en Brasil. Ecuador se juega este domingo la continuidad del proceso encabezado por Rafael Correa y Bolivia se mantiene a duras penas en un escenario de cada vez mayor abandono. Sin lugar a dudas, Venezuela es la pieza más importante a cobrarse por la oligarquía latinoamericana (que, insistimos, se apoya en la red empresarial y de comunicación también de Occidente; partidarios de una América Latina oligárquica y facilitadora de la extracción de rentas hacia Europa y América del Norte). De ahí la sobreactuación de los poderes políticos europeos, entre ellos de PP, PSOE y CS, en relación a la justa y razonable detención y encarcelamiento del golpista Leopoldo López.

En este contexto, complejo pero nítido, es en el que debemos valorar los recientes acontecimientos. El Gobierno de Venezuela está tomando decisiones, a mi juicio, demasiado precipitadas y poco meditadas frente a esta creciente agresión. En diciembre llegó a suprimir la validez de los billetes de 100 bolívares en una medida improvisada que provocó colas, desabastecimiento y mucha frustración entre la población. 72 horas más tarde tuvo que rectificar. Pero es un ejemplo, reciente, del grado de falta de estrategia que está manteniendo el Gobierno. El último acontecimiento, en relación a la suspensión de las atribuciones de la Asamblea, puede leerse en la misma clave. Ha sido una acción legal y constitucional y desde luego en ningún caso un Golpe de Estado como repiten los voceros de la derecha oligárquica, pero al mismo tiempo ha sido un error que ha dado facilidades a esa misma oligarquía. De ahí que yo dijera, ayer mismo, que me parecía una mala noticia y que lo que había que hacer era llamar al diálogo y a la calma (especialmente porque, por primera vez en décadas, la derecha ganó las elecciones parlamentarias y puso en aprietos a la revolución bolivariana). La fiscal general, de trayectoria chavista, así como cuatro exministros de Chávez han dicho exactamente lo mismo que yo había planteado; naturalmente de forma independiente. Y su opinión parece haber influido en el Gobierno de Venezuela, pues el presidente Maduro ya ha pedido al tribunal que rectifique esa decisión y ha llamado de nuevo al diálogo. Ojalá la situación se reconduzca y podamos salvaguardar la revolución de la oligarquía latinoamericana, europea y americana.

Quisiera añadir una cosa más, dirigido especialmente a la militancia de izquierdas en Europa. Ante cualquier proceso de estas características conviene estar absolutamente informado, combatiendo la desinformación que los principales medios de comunicación lanzan de forma interesada acerca de lo que sucede en Venezuela. Pero nuestra crítica ha de darse, y a mi juicio siempre fundamentada, rigurosa y leal. Muchos de los que llevamos años defendiendo a Venezuela públicamente, mientras la izquierda progresista calla o se suma al “sentido común” de la oligarquía, tenemos también la necesidad moral y política de subrayar los errores del proceso bolivariano. No se puede corregir lo que no se ve. Además, puede que uno quede regular cuando defiende incondicionalmente algunas medidas que los propios artífices acaban rectificando.

Al fin y al cabo, el socialismo no se construye desde la fe, sino desde el pensamiento y la acción crítica. Incluso aunque Venezuela fuera la nueva URSS, cosa que no hace falta ni discutir, la fe ciega en cualquier proceso es el mejor arma para la oligarquía que pretende destruirlos, y al mismo tiempo también la peor ayuda para construir aquí una izquierda socialista seria. Los que quieran rezar al mesías están en su derecho, pero algunos no creemos ni en dioses, ni en reyes ni en tribunos, y mucho menos en supremos salvadores.

Por qué no entendemos a Chávez

9 mayo, 2016

Fuente: http://www.pascualserrano.net

La crisis económica, del mismo modo que ha mostrado la falsedad del discurso de nuestra boyante economía, ha permitido correr el velo de gran parte de las mentiras en torno a Venezuela y el gobierno de Hugo Chávez.

En abril de 2008, algunos meses antes de que estallara la crisis económica en la que ahora estamos instalados, la prensa española informaba con profusión de un informe anual del BBVA presentado ante la Comisión del Mercado de Valores de Estados Unidos, en el que advertía sobre los riesgos de la situación económica venezolana. Meses después era esa comisión estadounidense la que demostraba su falta de control de la situación económica de su país, mientras que el gobierno venezolano concedía 236,7 millones de dólares para 1.547 proyectos socioproductivos comunitarios. Han pasado más de cuatro años y la situación económica que ha colapsado ha sido la del país del banco que hacía ese informe y de los medios que tan diligentemente lo difundían. En cuanto a Venezuela, es hoy el segundo país latinoamericano en recibir jóvenes españoles que encuentran allí trabajo y su gobierno entregó el pasado año 146.022 viviendas a los sectores más humildes. Trabajo y vivienda, dos de los principales problemas que las encuestas señalan como prioritarios para los españoles, resulta que se están afrontando mejor en el país que nuestra banca -tan necesitada de rescate- decía que presentaba riesgos en su situación económica.

La crisis económica, del mismo modo que ha mostrado la falsedad del discurso de nuestra boyante economía, ha permitido correr el velo de gran parte de las mentiras en torno a Venezuela y el gobierno de Hugo Chávez. Por eso ahora resulta que mientras nos anunciaban exiliados venezolanos que decían que huían a Miami, nuestros jóvenes deben buscar empleo en Venezuela.

Y es que revolución bolivariana ha sido el proceso político del que más se ha (des)informado de forma diametralmente opuesta a lo que estaba sucediendo. Si el público español hubiera tomado nota sistemáticamente de forma contraria a lo que le decían los medios de comunicación, hubiera tenido una idea más acertada de la realidad que creyéndoles.

Ya casi nadie lo recordará, pero el 31 de mayo la práctica totalidad de la prensa internacional anunciaba que a Hugo Chávez le quedaban dos meses de vida según “una fuente altamente respetada y cercana a Chávez, que conoce su estado y su historial médico”. La presidencia de Chávez ha estado jalonada de constantes embestidas mediáticas que han resonado en todo el mundo –y mucho más en España- en torno a auténticos montajes informativos, manipulaciones o irrelevancias.

Durante todo el año previo al referéndum de la reforma constitucional se estuvo diciendo que se postulaba como presidente vitalicio cuando sólo pretendía poder presentarse a la reelección, del mismo modo que lo puede hacer el presidente español. Publicaron que desde su antiamericanismo había prohibido la Coca-Cola cuando las autoridades sanitarias venezolanas lo que no autorizaron fue el edulcorante que se utilizaba en la modalidad Zero, también prohibido en Estados Unidos y Canadá. Nos contaban que prohibía los Simpson, cuando el organismo regulador lo que sencillamente planteó fue el cambio de horario en una televisión privada. La ciudadanía española está convencida de que Chávez ha expropiado de forma autoritaria las empresas pero lo único que sucedía es que su administración se dedicaba a comprar acciones en Bolsa, como cualquier capitalista, en sectores estratégicos de telefonía, eléctricas y banca para tener un Estado fuerte, tal y como había en España antes de las privatizaciones de Felipe González y José María Aznar. El presidente venezolano expuso en la ONU durante veinte minutos una propuesta de reforma para hacerla más democrática y cambiar su sede, y sólo nos enteramos de que empezó su intervención diciendo “huele a azufre”. Le vimos en televisión cantar una ranchera pero no cómo informaba en ese mismo acto de de la inauguración de cientos de consultorios médicos.

El gobierno de Chávez ha demostrado, como pocos fenómenos internacionales, el deterioro y el patetismo al que pueden llegar los medios de comunicación. Y lo que es peor, el abandono que sufren los ciudadanos por parte de empresas informativas y poderes públicos que impiden su derecho a recibir información veraz.

Por ello, la mayoría de los españoles se asombran de sus victorias electorales y de la probable de este 7 de octubre. Porque son muchos los intereses económicos que se dan cita en nuestros medios para que no comprendamos lo que sucede ni en Venezuela ni en el mundo.

Pascual Serrano es periodista. Entre sus libros se encuentra “Desinformación” (Península).

http://www.publico.es/internacional/443505/por-que-no-entendemos-a-chavez

Gobierno de Venezuela entrega en 3 años 600.000 viviendas sociales

12 junio, 2015

Fuente: http://www.librered.net

Mientras aquí te echan de casa.

Martes, 16 septiembre, 2014, 0:15 Latinoamérica.

Desde el 30 de abril de 2011 la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) ha cambiado la vida de más de 600.000 familias, quienes ahora cuentan con un techo digno y una mejor calidad de vida.

Este programa social fue creado por el comandante, Hugo Chávez, para atender principalmente a las miles de familias que quedaron damnificadas tras las intensas lluvias registradas en el país entre 2010 y 2011, quienes se vieron forzadas a ocupar terrenos inestables dada la imposibilidad que durante décadas tuvieron para adquirir un techo óptimo.

Esta iniciativa tienen como propósito solucionar el déficit habitacional del país, a través de una visión socialista, en la que la vivienda deja de ser concebida como una mercancía, para ser el fruto del esfuerzo conjunto de todos los sectores del país.

“Solucionar el drama de la vivienda, sólo es posible en colectivo: una unión nacional del sector privado y público, la banca privada y la pública, los trabajadores, los empresarios honestos, los venezolanos y el mundo: Cuba, Irán, China, Belarús, Rusia, Portugal, Brasil”, expresó el líder revolucionario, en su programa Aló, Presidente número 370, realizado en la Ciudad Socialista Caribia, en el estado Vargas.

El inicio de esta misión incluyó el desarrollo cinco vértices; el primero de ellos se refirió a un censo nacional que permitió identificar con precisión a las familias con necesidad de vivienda propia o vivían en situación de riesgo.

El segundo incluyó un registro de los terrenos; y el tercero, de las empresas constructoras, nacionales e internacionales.

El cuarto aspecto de este programa abarcó el financiamiento, mientras que el quinto vértice se basó en la necesidad de garantizar los materiales e insumos de construcción.

Acceso a un techo digno

Para garantizar el acceso a la vivienda, este programa comprende una serie de modalidades de financiamiento, que abarcan desde subsidios (un dinero que es otorgado por el Estado y no reembolsable por los ciudadanos) para las familias de menores ingresos, hasta condiciones preferenciales para la clase media, como el otorgamiento de créditos sin inicial, a través del Plan 0800 MI HOGAR.

El esquema aprobado por comandante Chávez en 2011 plantea un subsidio de hasta 100% para las familias que tengan ingresos mensuales menores al salario mínimo (4251,78 Bolívares), mientras que el costo de las casas se ubicó en un máximo de 300.000 bolívares, con plazos de financiamiento de hasta 30 años.

Las tasas de interés de los créditos por la Misión Vivienda también son de carácter social y responden a lo que ganan las familias, y la banca nacional tiene la obligación legal de destinar, al menos, 20% de su cartera total de créditos al sector hipotecario.

De este modo, el año pasado el financiamiento de la banca nacional se ubicó en 80.000 millones de bolívares.

Rumbo a los 3 millones de viviendas

Bajo la dirección del gobierno nacional, la GMVV alcanzó la meta de construir 350 mil viviendas en el período comprendido entre 2011 y 2012, superó las 200 mil durante el transcurso de 2013, mientras que para 2019 estima llegar a las 3 millones.

En los últimos 3 años este ambicioso plan ha aprovechado los espacios que se encontraban ociosos dentro de las ciudades para edificar urbanismos que contribuyan a contrarrestar el déficit habitacional del país, calculado en 2,7 millones de casas.

Solamente en Caracas se han levantado más de 30.000 unidades habitacionales y se encuentran en obras otras 14.000, por lo que es común observar construcciones y nuevos edificios en lugares de la capital que antes se encontraban sub utilizados o abandonados.

Para aquellos venezolanos que crecieron durante los gobiernos neoliberales de la IV República era inimaginable la posibilidad de que se creará un programa de construcción masiva de viviendas dignas y de alta calidad, diseñado y planificado para atender las necesidades del pueblo trabajador.

Basta revisar las cifras oficiales para constatar que entre 1985 y 1998, 14 años previos a la Revolución, en el país se construyó un acumulado de 891.000 viviendas, mientras que desde 1999 hasta el año pasado, gracias a la acción conjunta del Estado y el Poder Popular, fue posible levantar más de un millón 40.000 techos dignos.

Asimismo, para promover la construcción de vivienda en todo el territorio nacional, el Ejecutivo se ha propuesto una ofensiva económica que incluye un plan de industrialización.

De este modo, en 2013 se instalaron cuatro fábricas que en conjunto tendrán una capacidad de generar 150.000 casas al año.

Más de 200.000 viviendas en ejecución

El presidente de la República, Nicolás Maduro, informó este jueves que actualmente se encuentran en ejecución 229.377 viviendas, para poder entregar en los próximos meses un total de 838.726 casas, a igual número de familias.

Explicó que para garantizar el desarrollo de estas obras, el gobierno nacional invertirá en este 2014 un total de 96.000 millones de bolívares.

“El comandante Chávez está más vivo que nunca en el espíritu rebelde de nuestro pueblo y en la obra que continúa, porque la Revolución ha continuado su hermosa obra de construir una nueva patria, por encima de sabotajes, amenazas, obstáculos. Nosotros somos, seremos y estamos obligados a ser superiores a cualquier dificultad que se nos venga encima, sea de carácter natural o inducida”, manifestó el jefe de Estado.

Leonardo Buitrago / AVN

Izquierda Unida y la caída de los mencheviques

24 abril, 2015

Fuente: blogs.publico.es

Juan José Téllez, 31 ago 2014.

Los comunistas se chuparon buena parte de la clandestinidad antifranquista, entre caídas, cárceles, ejecuciones y ley de fugas, para sucumbir en las primeras urnas de la democracia ante el palmito invencible de Felipe González. No volvieron a levantar cabeza. El centralismo democrático les sirvió para constituirse en el principal partido opositor a la dictadura pero, por muchas reflexiones y redefiniciones ideológicas o estratégicas, no lograron que el electorado le comprase su producto: austero, coherente y tenaz, como pocos. Pero la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura, como se decía durante la transición, no terminaron de encajar con las del marketing.

Del eurocomunismo al rechazo del estalinismo, desde los críticos vascos de Roberto Lertxundi a la disolución de la Nueva Izquierda de Nicolás Sartorius, ni el Partido Comunista de España ni Izquierda Unida lograban levantar cabeza electoral por muy diferentes motivos. En primer lugar, por una ley que aún hoy sigue primando al bipartidismo y a las formaciones de la periferia nacionalista. En segundo lugar, por la inercia de parte del electorado de la izquierda española que suele decantarse hacia el posibilismo y el voto útil, a menudo representado por el PSOE. Y, en tercero, por una suerte de maldición que le lleva a perder sufragios cada vez que se ve obligada a tomar decisiones de grueso calibre: en los noventa, por ejemplo, pagaron el pato en Andalucía por la estrategia de la pinza que, junto con el PP, logró asfixiar en el Parlamento a los socialistas en minoría; y, ahora, no parece que, justo lo contrario, su cogestión del gobierno andaluz con el PSOE –la aldea de Astérix frente a las legiones romanas– vaya a depararles un chupinazo en las urnas. A pesar de que, como bien sostenía Luis García Montero en estas mismas páginas virtuales, su presencia en la coalición haya demostrado que es posible plantarle cara a las políticas cangrejeras del Gobierno central.

Hay un sinfín de causas que tal vez expliquen como una formación que aspiraba a ser vanguardia aparezca cada vez más convertida en retaguardia. Sin embargo, no todas son ajenas a su propia organización. Y es también pesa en todo ello la incapacidad crónica de atraer a otros izquierdistas alternativos que desconfiaban sobre manera de las históricas herramientas del PCE, por más que las siglas de IU intentaran brindar otra imagen y otro discurso.

Cuando la profunda crisis política, económica y social del neoliberalismo, junto con el descrédito de la socialdemocracia, habría de depararle con toda justicia una resurrección electoral, llegó Podemos y mandó a parar. Algunas de las encuestas que hoy se publican, al borde de un otoño caliente, así lo anuncian, con una sorpresiva equiparación de las expectativas electorales de los dos partidos fundados por distintos Pablos Iglesias con siglo y medio de diferencia. E Izquierda Unida, inexplicablemente, cae por debajo de UPyD, un partido con una exigua militancia y presencia de sus afiliados en la vida real de nuestros pueblos y ciudades.

Convendría que, con su buena relación con Cuba, la formación que lidera Cayo Lara reclamase una brigada de santeros para que le eche los caracoles antes de que todo se vaya definitivamente al cuerdo. IU que aspiraba a ser mayoritariamente bolchevique, va camino de convertirse en menchevique, en una minoría, aunque no necesariamente, esta vez, su discurso sea moderado, como ocurriese con dicha fracción durante la revolución soviética. Ni siquiera parece que –más allá del proyecto Ganemos en algunas ciudades– vaya a prosperar ahora esa confluencia con Podemos que auspiciara IU después de las europeas y que podría reforzar ambas marcas electorales de la izquierda real, sin una innecesaria sangría de votos que sólo beneficiaría a la derecha. Mientras la economía de Alemania y de Francia se estanca, Italia entra de nuevo en recesión, España roza la deflación y la Unión Europea mira al este porque al oeste el Reino Unido se le desmarca, los progresistas españoles se hacen la competencia mutua en lugar de montar una cooperativa en común. Esto es, en lugar de buscar posturas de consenso frente a los tijeretazos a la medida del Bundesbank, esa izquierda se dedica a maltratarse a sí misma, como cabe inferir de las declaraciones contrapuestas que hemos vivido durante los últimos días de la mano de Willy Toledo, Joaquín Sabina o Juan Carlos Monedero, en un debate manifiestamente mejorable en el que han faltado argumentos y han sobrado certidumbres: lo de que el cantante se dedicase a hacer lo que sabe, según el filósofo, recordaba demasiado al “¿por qué no te callas?” del rey Juan Carlos al presidente Hugo Chávez.

Compartirán trinchera auguran los nuevos pezzonovante. Ojalá sea posible. Sumadas las fuerzas de toda la izquierda plural, de los ecologistas y del altermundismo, al PP le resultaría complicado renovar su absolutismo actual. El PSOE de Pedro Sánchez –que sabe que tiene que desmarcarse de las recetas europeas de la derecha– no estará sin embargo en un nuevo proyecto de Frente Popular. Izquierda Unida, de nuevo, tendría que sacrificar buena parte de su identidad política para embarcarse en esa nueva aventura. Si lo hiciera, su vieja estirpe roja, de derrota en derrota hasta la masacre final, tendría que convertirse casi en una suerte de ayuda de cámara o de mozo de espadas para ese nuevo fantasma que recorre España. ¿Cómo casar la tradición marxista de uno, el asamblearismo libertario de otros o el dogmatismo razonable de Izquierda Anticapitalista? ¿Persiguen los mismos horizontes? Probablemente, no. Pero la realidad que rechazan es la misma.

Hace un mes, lo enunciaba Alberto Garzón, con ecos remotos del marcapasos de Julio Anguita: “Lo importante son los programas y los proyectos, no las siglas. Quiero hacer la revolución y me da igual las siglas con las que se haga”. No sería justo, sin embargo, que ciertas marcas se diluyeran: como la de ese veterano PCE, a veces obcecado pero siempre dispuesto. O una Izquierda Unida que fue diseñada hace treinta años para convertirse precisamente en esa denominación de origen común para todos aquellos que quisieran transformar el vano ayer para que el mañana no sea efímero.

En cualquier caso, urge llegar a un acuerdo o a un desacuerdo en este ala de la democracia española. Para que estén claras las cartas que hay sobre la mesa y no se hagan trampas los componentes de un mismo equipo de brisca.

Lo que Podemos (afortunadamente) aprendió de Venezuela

16 abril, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

Pascual Serrano, 28/05/2014 – 20:43h

Quien visitase Caracas, por ejemplo en 1997, y volviese cinco años después descubría un cambio sorprendente. Millones de personas de origen humilde, que vivían en suburbios de infraviviendas en grandes ciudades, que no se interesaban por la política, ni por las elecciones, sobreviviendo en la miseria, la droga y la delincuencia, ahora, al grito de movilización de sus líderes vecinales, bajaban por miles al centro de Caracas a defender una opción política esgrimiendo en la mano como principales argumentos y armas, un libro y un líder, la Constitución venezolana y Hugo Chávez.

Si paseásemos ahora por Lima o México DF, nada más alejado de la realidad esa escena que señalo de Caracas. Sin embargo, así era Venezuela antes de la llegada de Chávez y su revolución venezolana. ¿Qué había sucedido para desencadenarse esa mutación social? Sencillamente que miles de ciudadanos que no se sentían reflejados en su sistema político habían descubierto una luz, una esperanza de cambio radical y absoluto. La historia se encargaría de mostrar si estaba fundada o no, pero ellos así la vivieron.

Sin duda esa es una de las cartas a las que están jugando los líderes de Podemos. Saben que, como en Caracas, miles, millones de personas no se creen el sistema, no se movilizan, pero están en condiciones de levantarse si ven una esperanza. Por eso Pablo Iglesias no mostró signos de triunfo con cinco eurodiputados y un millón de votos. Su discurso, a diferencia del de la izquierda tradicional es maximalista, no habla de conseguir dos o tres puntos más de porcentaje de voto o doblar los resultados. Como Chávez, Podemos habla de ganar, de arrasar, derrocar al sistema. No voy a entrar en si es viable o no. Se trata de insuflar ilusión porque saben que los ciudadanos votan porque quieren ganar, no para aumentar un diputado.

De la misma manera, la ambigüedad del discurso de Podemos, tan efectista para unos como irritante para otros, también es una lección aprendida del proceso bolivariano. Chávez llegó a la presidencia de Venezuela esgrimiendo como propuesta electoral una “tercera vía”, algo que nadie sabía lo que era. Solo varios años después se atrevió a hablar de socialismo, socialismo del siglo XXI, que tampoco nadie sabía lo que era.

La historia está llena de políticos que llegan al poder esgrimiendo posiciones de izquierda para después abandonarlas, ¿por qué no podía suceder lo contrario? Llegar al poder con un discurso moderado y ambiguo para después ir profundizando cambios de izquierda. Es lo que sucedió en Venezuela, en Argentina o en Ecuador. Mientras nuestros partidos socialistas hacen lo contrario del socialismo, en América Latina, sin llamarse socialistas ni obreros, están haciendo más por el socialismo y por los obreros que aquí. Evidentemente, confiar en que un político de discurso moderado al final se atreva con propuestas de izquierda requiere una gran dosis de fe por parte del electorado, ¿pero acaso la experiencia no nos ha demostrado que esperarlo de quienes se dicen de izquierdas también lo requiere?

Planteemos algunas incógnitas provocadoras: ¿no podría ser una opción aspirar al poder con unos principios básicos –Julio Anguita ha llegado a decir que bastaría con reivindicar los derechos humanos– y progresivamente demostrar que la salida del túnel está en políticas de izquierda? ¿Acaso la derecha no llega al poder esgrimiendo valores y principios universales e indiscutibles (justicia, libertad, derechos, sociedad civil…) para luego ponerse al servicio de una oligarquía económica y financiera? ¿Por qué los líderes de Podemos no podrían evitar un discurso de extrema izquierda para llegar al poder y, progresivamente, mostrar un camino con la radicalidad que sea necesaria?

Los portavoces de Podemos también han adoptado una forma de acción que los políticos de la izquierda tradicional española nunca se atrevieron. La apuesta por la audacia en la confrontación en el escenario mediático. Podemos ha ignorado el formato recatado y diplomático dominante en los políticos europeos cuando se encuentran en un plató o frente a un micrófono para lanzarse a la locuacidad valiente que caracterizó a Hugo Chávez o a Rafael Correa.

Así nos sorprendió Pablo Iglesias llamando a Sánchez Dragó bufón de la derecha a los dos minutos de empezar su conversación en una radio de máxima audiencia. Apenas Julio Anguita se había atrevido a una contundencia similar en su comportamiento público o ante los medios. Todos los días vemos a nuestros políticos de izquierda soportando con una pachorra infinita a unos pseudoperiodistas que les agreden en las tertulias con una impunidad absoluta. La gente quería ver a otros políticos pagándoles con la misma moneda. Y lo veían en Pablo Iglesias frente a los halcones de la derecha mediática.

El discurso rupturista de Podemos también emula la ruptura del proceso bolivariano con el pasado. Chávez esgrimía el entierro de la denominada IV República (el sistema político venezolano anterior a la llegada del proceso bolivariano) y Juan Carlos Monedero insiste en el fraude de la Transición y la necesidad de superarlo. Un discurso difícil para una Izquierda Unida con un PCE que seguía siendo percibido como parte de ese fraude por muchas personas.

No se trata de si el despegue de Podemos y las claves tácticas de su éxito suponen una injusticia para los modos de trabajo de la izquierda tradicional. Es, sencillamente, algo que funcionó en Venezuela y en otros países de América Latina, mientras aquí pocos sectores de la izquierda entendían algo porque se limitaban a ver chistes y canciones de Chávez.

También, al igual que en Venezuela, el papel de la ciudadanía es fundamental para presionar a Podemos –como hicieron los venezolanos con Chávez salvándole de los golpistas- para que se mantenga firme y radical en sus propuestas de cambio de régimen, de enfrentamiento a los poderes financieros, de defensa de los derechos sociales y del papel del Estado como garante de la soberanía económica del país, de lucha contra la corrupción y cooperación con todas las organizaciones de izquierda que compartan ese proyecto de cambio. Muchas lagunas y ambigüedades de su programa deberán ir madurando en esa línea netamente revolucionaria. Porque en España, también como en Venezuela, se necesita una revolución democrática y ciudadana.

Y al igual que le sucedió al presidente venezolano, ahora viene la reacción de los medios. También en eso en Podemos deben aprender de Chávez a mantenerse firmes y no ceder a las presiones. Ni siquiera de esos medios que, sin saberlo ni quererlo, han ayudado a crear a la bestia. O a la bella, según se mire.

Ganar sin Chávez, consolidar el chavismo

3 febrero, 2014

Fuente: http://www.comiendotierra.com

Publicado el 9 diciembre, 2013 por Juan Carlos Monedero

Dijeron que era un plebiscito y fueron con todo. Que los ricos siempre van sobrados. Aún más si te apoyan los Estados Unidos. Contaban con que el empujón definitivo contra Maduro venía este 8 de diciembre. Llevaban unos meses en la tarea. Desabastecimiento inducido, sabotaje eléctrico, acaparamiento, inseguridad. Más los errores propios del gobierno (que eso ya lo ponen ellos). El mismo escenario que le prepararon a Allende antes del golpe de 1973. Desde Estados Unidos, Roger Noriega escribió la tesis del colapso total, que vendría a rematar, cuando la situación fuera insostenible, el ejército norteamericano. Que Venezuela tiene demasiado petróleo. Pleno acuerdo de una parte importante de la oposición. Por fin, el chavismo aniquilado. Fin de la pesadilla. Malditos rojos.

Dijeron que las elecciones eran un plebiscito. Que andaban convencidos. Y lo repitió El País y el ABC, El Mundo y Clarín, el New York Times y Newsweek, la CNN y la RAI, Excelsior y el Heraldo. Eran elecciones municipales, pero ¿a quién le importa? Se presentaban alcaldes y concejales que debían rendir cuentas de baches, suministros, agua, mercados o el tráfico. Elecciones municipales por vez primera sin Chávez. ¿Para qué perder la ocasión? Dijeron que eran más que unas municipales, que el chavismo sin Chávez estaba herido mortalmente, que si no cayó en las elecciones presidenciales, las que ganó Maduro por la mínima, ahora sí, ahora iba a tener que abandonar el Palacio de Miraflores (Elecciones cuyo resultado la oposición no reconoció, con resultado de 11 asesinatos y, de manera insólita, sin la imputación del líder Henrique Capriles, instigador de la desobediencia con resultado de muertes).

La situación llegó a ser  dramática. ¿Son libres unas elecciones en las que la oposición tiene la capacidad de golpear la legitimidad del gobierno a través de una guerra económica? ¿Qué hubiera pasado si se hubieran suspendido las elecciones por esa ofensiva de la oposición? ¿Acaso no las estaba suspendiendo la oposición con su capacidad de presión económica? Dijeron que era un plebiscito, y actuaron como si fuera una lucha a muerte. Que cuando la derecha no está en el poder, no le hace muchos ascos a romper las reglas del juego.

Pero a la fuerza ahorcan. Maduro despertó. El gobierno bolivariano se libró del shock de la ausencia de Chávez y reaccionó al sexto mes (las elecciones que hicieron Presidente a Maduro fueron en abril). Puso en marcha una nueva misión, la Gran Misión Barrio Nuevo-Barrio Tricolor (que volvía a atender a los más humildes); decidió ir contra los especuladores que estaban ganando hasta un 8000% (sí, un ocho mil por cien) aprovechando que recibían dólares subvencionados desde el gobierno para importar, robando a los venezolanos el sueldo mensual con sus abusivos precios (especialmente a las clases medias). Y detuvieron a unos cuantos corruptos de nivel medio. Al tiempo, la oposición calculó mal las ganas de batalla de la población, quien terminó recriminándoles su ánimo insistentemente golpista y vehementemente saboteador. Presentaron las elecciones como un plebiscito. Porque iban a tumbar a Maduro. Y cavaron su estúpida tumba. O no, que también para la oposición vale ser del Caribe y les aplica lo del realismo mágico.

Maduro sacó a Capriles un 1,5% en las elecciones de abril. En estas elecciones, le ha sacado el 6,5%. Casi esa distancia a la que nos había acostumbrado Chávez. Los que presentaron las elecciones como un plebiscito ¿no debieran asumir que lo han perdido? Y obrar en consecuencia. A no ser que sean simplemente unos bocazas que sólo juegan a la desestabilización.

La oposición ha ganado algunas alcaldías muy grandes –con ciudades de las más pobladas del país, como Maracaibo, y también San Cristobal, la alcaldía metropolitana, Barquisimeto o Valencia, sin olvidar Barinas (en el estado donde nació Chávez)-, aunque en todas ellas por la mínima. En términos de porcentaje, el grueso de los municipios (el 75%) está vestido de rojo. En porcentaje de alcaldías y número de votos, Maduro ha vuelto a revolcar a Capriles. Aunque no quieran hacer las cuentas. La Mesa de la Unidad lleva cuatro derrotas. Las dos últimas, sin Chávez. Si hubiera cielo o infierno, el Comandante se estaría riendo. El rostro de Capriles no era precisamente una fiesta. ¿Se sabrá ya amortizado?

El proceso revolucionario de Venezuela se ha consolidado. Aunque, como bien sabemos en Europa, no hay derechos irreversibles ni situaciones eternas. El Plan de la Patria, segundo plan socialista de desarrollo económico y social de la nación 2013-2019, fue presentado por Chávez a su pueblo como programa electoral, votado mayoritariamente por los venezolanos, vuelto a presentar por Maduro en las siguientes elecciones presidenciales, vuelto a votar popularmente y, ahora, tras ser aprobado por la Asamblea, vuelve a ser ratificado en las elecciones municipales donde el chavismo ha aumentado la distancia con la oposición. En algunas alcaldías el chavismo fue dividido. En Maturín, contaba Maduro en esta noche electoral, perdió el Gran Polo Patriótico por 2000 votos frente a la Mesa de la Unidad. Un candidato disidente del chavismo que decidió presentarse sacó 40.000 votos. Ganó la derecha. La unidad, de la que tanto hablaba Chávez, parece necesaria cuando se opta por la vía electoral.

En 14 años, los venezolanos han tenido 19 elecciones. El chavismo ha ganado 18. Estas últimas fueron presentadas como un plebiscito por la oposición. Pensaban que, con la tensión económica, con la ausencia de Chávez, con el durísimo ataque mediático nacional e internacional, el “hijo de Chávez” ya estaba fuera. Pero no ha sido así. Maduro ha ganado. Y ha acumulado fuerzas para ahondar en las medidas socialistas que se estaban haciendo esperar. Hay voces que dicen que los socialdemócratas de la Mesa de la Unidad, Acción Democrática, andan cansados de los comportamientos de extrema derecha de parte de las fuerzas de la oposición. La que presentó estas elecciones como un plebiscito. El que han perdido. ¿Dimitirá Capriles? Mientras que la oposición se aclara, la revolución bolivariana sigue su rumbo. Algo debió hacer bien Chávez cuando en su ausencia su obra sigue. Su pueblo ha salido a festejar a la Avenida Bolívar. A diferencia de las últimas elecciones, cuando la oposición salió a matar gente, esta noche gobierna la alegría en Caracas. Chávez no ha arado en el mar. Maduro ha hecho su parte. Ahora, como siempre, le corresponde al pueblo seguir alumbrado soluciones. En una discusión en el barrio de San Agustín, una mujer le dice a otra: “¡Ay chica, tú es que hablas como Chávez!”. Y la señora le contesta: “No, es que Chávez hablaba como nosotros”. Y así anda este pueblo. Hablándose, encontrándose, convocándose.

Asamblea venezolana votará plan de desarrollo económico y social de la Nación

27 enero, 2014

Fuente: http://www.tercerainformacion.es

El Parlamento de Venezuela votará este martes para convertir el denominado “Plan de la Patria” en Ley de la República, continuando así la ruta de transición al socialismo bolivariano del siglo XXI planteado por líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez

Internacional | TeleSur | 03-12-2013 | 

La Asamblea Nacional de Venezuela (AN) realizará este martes su sesión ordinaria en la Plaza Bolívar de Caracas, ante la presencia del pueblo venezolano, para debatir y votar el denominado Plan de la Patria 2013-2019, un proyecto político que contiene las líneas generales del plan de desarrollo económico y social de la Nación.

El Plan de la Patria será presentado por el presidente Nicolás Maduro y constituye el testamento político del líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, en cuya elaboración se contó con la participación de los diferentes movimientos sociales que componen el Poder Popular.

Esta sanción legislativa ocurrirá de conformidad con el artículo 187, numeral 8, de la Constitución Nacional, el cual establece que entre las competencias de la Asamblea Nacional está “aprobar las líneas generales del plan de desarrollo económico y social”, una vez sean presentadas por el Ejecutivo en el transcurso del tercer trimestre del primer año de cada período constitucional”.

De igual manera, el artículo 236, numeral 18, de la Carta Magna señala que le corresponde al Jefe de Estado “formular el Plan nacional de Desarrollo y dirigir su ejecución previa aprobación de la Asamblea Nacional”.

El Parlamento votará para convertir el Plan de la Patria en Ley de la República y continuar así la ruta de transición al socialismo bolivariano del siglo XXI, bajo un proyecto que contiene cinco grandes objetivos históricos planteados para “allanar el camino de igualdad y justicia social” trazado por el Comandante Chávez.

Cinco grandes objetivos

La primera meta macro es defender, expandir y consolidar la independencia nacional, un bien “reconquistado después de 200 años”.

El segundo objetivo es continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo, asegurando así la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y mayor suma de felicidad” para el pueblo.

El tercero plantea convertir al país en una potencia social, económica y política, dentro de la gran potencia naciente de América Latina y el Caribe, para garantizar la conformación de una zona de paz en la región.

El cuarto tópico llama a contribuir con el desarrollo de una nueva geopolítica internacional, en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria.

Finalmente, el quinto objetivo fundamental para la Revolución Bolivariana es preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana.

Plan de desarrollo

El documento fue aprobado por el pueblo el 7 de octubre de 2012, cuando con 55,07 por ciento de los votos reeligió a Hugo Chávez como Presidente de Venezuela, y posteriormente fue ratificado el 14 de abril de 2013, cuando Nicolás Maduro logró la victoria electoral presidencial.

El Plan de la Patria es la consecuencia de una serie de cambios radicales, comenzados el 2 de febrero de 1999, cuando se inició formalmente la Revolución Bolivariana, orientada hacia la construcción del Proyecto Nacional Simón Bolívar.

El norte que tiene este proyecto político es profundizar los logros alcanzados por las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2001 – 2007. Seguidamente, el período 2007 – 2013, estuvo orientado en la construcción del socialismo del siglo XXI.

El testamento político del líder Chávez plantea contrarrestar el sistema capitalista, más allá del modelo rentista petrolero, mediante la instauración de un modelo económico productivo sustentado en el rol del Estado Social y democrático, de derecho y de justicia.

Por qué odian tanto a Chávez

27 marzo, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es

Isaac Rosa | 07/03/2013 – 20:52h

De los muertos se habla bien, siempre que no se llamen Hugo Chávez. Intento recordar alguna muerte de las últimas décadas que haya merecido tanta mala baba como la que ayer chorreaba en la mayor parte de los medios españoles. Tirano, autócrata, caudillo, payaso, gorila, Hitler, Stalin, Kim Jong Il, demente, delincuente, zarrapastroso… Son términos leídos y oídos ayer para despedir al presidente venezolano.

Ni siquiera cuando murió Bin Laden hubo tanto ensañamiento. De verdad, repasen las hemerotecas y comprobarán cómo el líder de Al Qaeda mereció más respeto que Chávez por parte de la derecha mediática española.

Intento entender por qué odian tanto a Chávez, cómo han podido acumular todo ese odio. Qué había hecho Chávez que fuese tan imperdonable. Repaso todo lo dicho y escrito ayer, y junto al listado de insultos anoto también el listado de reproches: dio un golpe de Estado, era populista, se comportaba como un payaso, recortó las libertades, amordazó a la prensa, fue amigo de Cuba y de otros gobernantes “gamberros”, expropió empresas, dejó un país en crisis y no acabó con la pobreza y la corrupción.

Podría dedicarme a rebatir esos reproches, pero ya se han dedicado otros a hacerlo con buenos argumentos. Como mi propósito es averiguar por qué le odiaban tanto, voy a dar por buenas esas acusaciones: pongamos que todo ello fuese cierto (que no es el caso, pero déjenme que me haga el tonto un rato), y comprobemos si sería suficiente para explicar esa animadversión tan rabiosa. Venga, aceptamos pulpo como animal de compañía y Chávez como dictador: pongámonos en el lugar de sus detractores, a ver si así los entendemos.

Dar un golpe de Estado podría admitirse como motivo de odio, desde una defensa incondicional de la democracia. Pero sería válido si quienes nunca le han perdonado su golpismo hubiesen mostrado la misma inflexibilidad con los golpistas de 2002. Pero no ha sido así. Ni golpistas les llaman.

El golpismo sería aceptable como motivo de rechazo si se aplicase por igual a todos los golpistas que en el mundo hay. Pero no ocurre así con otros que no han ganado ni la mitad de elecciones que Chávez, y con los que no está mal visto firmar acuerdos, hacer negocios o compartir mesa. Lo mismo pasa con el populismo, el culto a la personalidad y las payasadas: podrían ser razón para rechazarlo si ese baremo de exquisitez se aplicase por igual a todos los gobernantes. Incluidos nuestros propios populismos y cultos personalistas.

El mismo razonamiento cabría hacer con el recorte a las libertades y la persecución de la prensa. Si damos por buenas ambas acusaciones (ven, pulpo, ven, bonito), el razonamiento se desmorona ante el silencio cómplice con que son tratados gobernantes que han practicado la guerra sucia, han ordenado asesinatos o han encarcelado periodistas. Nada de esto ha hecho Chávez, y sí otros dirigentes cuya muerte no merecería una mala palabra y sí más de un elogio.

Lo de que expropiaba empresas, casi mejor habría que preguntárselo a las propias empresas. Un caso claro de masoquismo, de maltratada que vuelve una y otra vez con su maltratador, pues pese a las expropiaciones las empresas seguían queriendo hacer negocios con Chávez. Muy buenos negocios, según reconocen. Lo mismo el gobierno español, que pese a quejarse de boquilla corría a venderle barcos con unos contratos históricos.

Lo de que deja un país en crisis, dicho desde un país quebrado e intervenido como el nuestro, casi mejor lo pasamos por alto. Y lo mismo con la corrupción, de la que pocas lecciones podemos dar desde lo alto de nuestra montaña de mierda. En cuanto a la pobreza, no llegó con Chávez, al contrario: bajo su mandato se redujo notablemente, algo que sus enemigos le reconocen aunque con la boca chica, como una minucia, nunca con la valoración que merece un éxito así.

¿Queda algo? Ah, sí: que era amigo de Castro y que se alió con los países más denostados. Nada, nada, calderilla comparado con todo lo anterior, no creo que unas buenas relaciones con Cuba (que son comunes a otros países), o una foto con el mismo Gadafi al que dimos la llave de oro de Madrid, justifiquen tanto rencor.

Entonces, si no parecen verosímiles todas esas razones para explicar el odio a Chávez, ¿por qué le odian tanto? Esperen, que devuelvo el pulpo al mar antes de contestar.

Le odian por todo aquello que no suelen nombrar, pero que se lee claramente subtitulado bajo las acusaciones de golpista, populista, liberticida o expropiador. Le odian porque con sus victorias electorales invalidó una y otra vez la etiqueta de dictador, y dio un mal ejemplo a otros pueblos: que la democracia podía ser una vía legitimadora de transformación social. Le odian porque no consiguieron derrotarlo en quince años, ni la oposición, ni los militares traidores, ni Estados Unidos, y ha tenido que ser un cáncer.

Le odian porque obligó a que respetasen el país quienes estaban acostumbrados a usarlo como un trapo. Le odian porque al hablar de tú a tú a Estados Unidos hizo más evidente la sumisión de otros. Le odian porque con su internacionalismo bolivariano sacudió una Latinoamérica que apenas se levantaba de décadas de dictaduras, CIA y neoliberalismo. Le odian, por último, por motivos ideológicos: porque hablaba de socialismo, con todas las letras, ese fantasma que algunos creían enterrado bajo los cascotes del muro de Berlín, y que Chávez ha mantenido como posibilidad durante una década, hasta llegar a este cambio de época en el que ya no vemos tan disparatado pensar en socialismo.

Otro día si quieren hablamos de sus errores, que no son pocos. Hoy no: yo sí respeto a los muertos, sobre todo cuando merecen tanto respeto como el que Chávez se ganó.

Hasta siempre Comandante Hugo Chávez

6 marzo, 2013

Triste día en el que nos levantamos hoy con uno de los líderes más democráticos del planeta a pesar de que la prensa capitalista intente ocultar la realidad de una Venezuela que crece a ritmo de pleno empleo y que ha visto reducir su pobreza durante el gobierno de Chávez. A quien no ha podido quitárselo de encima Estados Unidos se lo lleva el cáncer.

Esperemos que su revolución bolivariana no pare aquí y continúe con su sucesor Nicolás Maduro.

Una última apreciación para el partido que osa denominarse P$OE: en las democracias no hay transiciones.

Información sobre el legado de Chávez que no leerás en ‘periódicos’ como LA RAZÓN o ABC o también en la voz de la izquierda falsa (por lo menos sus editoriales) del grupo PRISA de Polanco, EL PAÍS:

http://www.eldiario.es/zonacritica/historia-absolvera-hugo_chavez_6_107849242.html

http://www.publico.es/internacional/451711/yo-soy-chavez-o-por-que-esta-vez-tampoco-se-va-del-todo

Debate político en la mejor tertulia de política que existe en España, La Tuerka:

http://www.youtube.com/watch?v=_Z5kCS75WGo

Los logros de Chávez y la revolución bolivariana

30 enero, 2013

Fuente: http://blogs.publico.es

Carles Muntaner Profesor de Enfermería, Salud Pública y Psiquiatría en la Universidad de Toronto

Joan Benach Profesor de Salud Pública y Salud Laboral en la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona

María Páez Victor Socióloga venezolana, especializada en salud y medicina.

Mientras que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez  lucha por salvar su vida en Cuba, la prensa de ambos lados del Atlántico no ha dejado de machacar a su gobierno. La importancia de su reciente victoria con 12% de ventaja delante de su competidor, aún no ha sido adecuadamente reconocida por los medios. Es importante destacar que Chávez ha ganado estando enfermo de cáncer, siendo crucificado por los medios de comunicación locales e internacionales.

Uno de los factores principales de la aplastante victoria de Chávez ha sido la reducción de la pobreza. Esto es posible porque el gobierno retomó el control de la empresa petrolera nacional PDVSA, utilizando los ingresos petroleros no para beneficio de una pequeña clase de rentistas, como ocurrió con los gobiernos anteriores, sino para construir infraestructuras que hacían falta e invertir en servicios sociales que se  necesitaban con urgencia. Durante los últimos diez años, el gobierno ha aumentado el gasto social en un 60,6%, (772.000 millones de dólares).

La pobreza no se define únicamente por la falta de ingresos así como la salud no se define tampoco por la ausencia de enfermedad. Ambos  están correlacionados y ambos tienen una naturaleza multifactorial, es decir, están determinados por un amplio conjunto de procesos sociales. Para evaluar los logros reales de  la Revolución Bolivariana de Venezuela durante los últimos 13 años, es indispensable revisar algunos de los principales datos disponibles sobre los determinantes sociales de la salud y la pobreza como son la educación, la desigualdad, el empleo, los ingresos, la atención sanitaria, la seguridad alimentaria y los servicios y protección social.

Uno de  determinantes sociales de la salud es la equidad, y Venezuela es hoy el país de la región con el nivel más bajo de desigualdad ( según el Coeficiente de Gini), habiendo reducido la desigualdad en un 54% y la pobreza en un 44%. La pobreza ha pasado del 70,8% (1996) al 21% (2010) y la pobreza extrema se redujo del 40% (1996) a un nivel tan bajo como el 7,3% (2010). Cerca de 20 millones de personas se han beneficiado de los programas contra la pobreza, las llamadas “Misiones”. Hasta el momento, 2,1 millones de personas mayores han recibido pensiones de vejez, es decir, el 66% de la población, mientras que antes del actual gobierno sólo 387.000  recibieron pensiones.

La educación, determinante clave de la salud y la pobreza, es donde el gobierno bolivariano ha puesto un especial énfasis, asignando a ella más del 6% del PIB. La UNESCO ha reconocido que Venezuela está libre de analfabetismo y que es el tercer país de la región cuya población en mayor medida lee. Desde la guardería hasta la universidad, la educación es gratuita: el 72% de los niños asisten a guarderías públicas, el 85% de los niños en edad escolar asisten a la escuela, y hay miles de escuelas nuevas o restauradas (entre las que se incluyen 10 nuevas universidades). El país es  el segundo  de América Latina y  el quinto del mundo en tener proporcionalmente más estudiantes universitarios. De hecho, 1 de cada 3 venezolanos está inscrito en algún programa educativo. También es un gran logro que Venezuela esté ahora  al nivel de Finlandia como el 5º país del mundo cuya población se siente más feliz.

Antes del gobierno de Chávez en 1998, el 21% de la población estaba desnutrida, ahora Venezuela  tiene una red de distribución de alimentos subsidiados con tiendas de comestibles y supermercados. En 1980 se importaron el 90% de los alimentos, hoy el porcentaje es menor al 30%. Han entregado 454.238 créditos a productores rurales. Cinco millones de venezolanos reciben comida gratis, cuatro millones de los cuales son niños y niñas en las escuelas y 6.000 comedores alimentan a 900.000 personas. La reforma agraria y las políticas agrícolas han aumentado la oferta interna de alimentos. El resultado de todas esas medidas de seguridad alimentaria es que la desnutrición es hoy tan sólo de un 5%, y que la desnutrición infantil, que alcanzó el 7,7% en 1990, hoy es del 2,9%. Se mire como se mire, se trata de logros sociales de enorme trascendencia para la salud de la población.

En cuanto la salud pública, algunos de los datos más importantes son:

* La mortalidad infantil se redujo de 25 por 1.000 (1990) a sólo 13 por 1.000 (2010);

* El 96% de la población tiene acceso ahora a agua limpia;

* En 1998, había 18 médicos por 10.000 habitantes, hoy hay 58

* Los gobiernos anteriores construyeron 5.081 clínicas a lo largo de cuatro décadas, mientras que en tan sólo 13 años el Gobierno Bolivariano construyó 13.721 (aumento del 169,6%);

* Barrio Adentro,  el programa de atención primaria que recibe la ayuda de más de 8.300 médicos cubanos, con sus 7.000 clínicas,  ha salvado aproximadamente 1,4  millones de vidas;

* En el 2011, 67.000 venezolanos recibieron medicamentos gratuitos de alto costo para tratar 139 patologías como el cáncer, la hepatitis, la osteoporosis, la esquizofrenia; hoy hay 34 centros de tratamiento de adicciones;

* En 6 años, 19.840 personas sin hogar han sido atendidas con un programa especial, y prácticamente no hay niños que vivan en las calles;

* Venezuela tiene ahora la mayor unidad de cuidados intensivos de la región;

* Una red de farmacias públicas vende medicamentos subsidiados en 127 tiendas, realizando ahorros entre el 34-40%;

51.000 personas han recibido tratamiento especializado para la visión en Cuba, y el programa de atención oftalmológica “Misión Milagro” ha devuelto la vista a 1,5 millones de venezolanos.

Un ejemplo de cómo el gobierno ha tratado de responder de la mejor manera posible a las necesidades reales de las personas es la situación que se produjo en 2011, cuando las fuertes lluvias tropicales dejaron a 100.000 personas sin hogar. La población fue inmediatamente protegida en forma temporal en todo tipo de edificios públicos y en sólo un año y medio el gobierno construyó 250.000 viviendas. El gobierno obviamente no ha erradicado todos los males sociales, pero sus habitantes se dan cuenta de que, a pesar de las deficiencias y errores cometidos, el gobierno está a su lado.

La intensa participación política de la democracia venezolana, incluye 30.000 consejos comunales que determinan las necesidades sociales  locales, permitiendo que las personas sean los verdaderos protagonistas de los cambios que reclaman.

La economía venezolana tiene una baja deuda, y reservas de petróleo y de ahorro muy elevadas; sin embargo, los economistas occidentales opuestos al presidente Chávez repiten hasta la saciedad que la economía venezolana no es “sostenible” y predicen su desaparición cuando los ingresos petroleros se acaben. Curiosamente, no lanzan esas nefastas predicciones sobre economías petroleras como Canadá o Arabia Saudita. Ignoran que la reserva petrolera de Venezuela (500 millones de barriles de petróleo) es la más grande del mundo y consideran que la inversión social de la renta petrolera,  es una pérdida o  un empeño inútil. Sin embargo, durante estos últimos 13 años, el gobierno bolivariano ha estado construyendo una infraestructura industrial y agrícola que 40 años de gobiernos anteriores habían olvidado, y su economía continua siendo fuerte incluso ante la crisis financiera global.

Un indicio de la creciente diversificación de la economía es que ahora el Estado obtiene casi tantos ingresos de la recaudación de impuestos como por la venta de petróleo, ya que ha reforzado su capacidad para la recaudación de impuestos y la redistribución de la riqueza. En tan sólo una década, el Estado obtuvo 251.694 millones de dólares en impuestos, es decir, más que sus ingresos anuales por el petróleo.

Entre los hitos económicos de estos últimos diez años cabe incluir la reducción del desempleo del 11,3% al 7,7%, la duplicación  del número de personas que reciben beneficios del seguro social, la deuda pública se ha reducido del 20,7% al 14,3% del PIB, y el florecimiento de unas 50,000 cooperativas que han fortalecido a las economías locales endógenas. La economía venezolana ha crecido un 47,4% en diez años, es decir, un 4,3% anual. Muchos   países europeos  verán con envidia cifras como ésas. Algunos de los economistas que han estudiado detalladamente la economía venezolana señalan que: “Las predicciones de colapso económico, la balanza de pagos o la crisis de la deuda y otros pronósticos sombríos, así como muchas de las previsiones económicas realizadas, han demostrado ser erróneas… el actual crecimiento económico de Venezuela es sostenible y podría continuar al ritmo actual o incluso superior durante muchos años”.

Según el Global Finance y el CIA World Factbook, la economía venezolana presenta los siguientes indicadores: la tasa de desempleo es del 8%, la deuda pública del gobierno es el 45,5% del PIB ( la de la Unión Europea es del 82,5%), y existe un crecimiento real del PIB (el PIB per cápita es de 13.070 dólares). En el 2011, la economía venezolana desafió a la mayoría de pronósticos con un crecimiento del 4,2%, con un aumento del 5,6% en el primer semestre de 2012. La razón entre deuda y PIB se halla claramente por debajo de la de los EE.UU y el Reino Unido, y es más sólida que la de los países europeos; la tasa de inflación, endémico durante muchas décadas, ha caído en el último trimestre del 2012 a un mínimo del 13,7% . Incluso The Wall Street Journal ha señalado que el intercambio de acciones de Venezuela es con mucho la bolsa que mejores resultados tiene en el mundo (alcanzándose un máximo histórico en octubre de 2012), a la vez que los bonos de Venezuela se hallan entre  los  tienen mejores resultados en los mercados emergentes.

La victoria de Hugo Chávez ha tenido un impacto en todo el mundo. Es reconocido por haber liderado un cambio radical, no sólo en su propio país, sino en América Latina donde han sido elegidos gobiernos progresistas que han remodelado el orden global. Su victoria fue aún más significativa si se tiene en cuenta la enorme ayuda financiera y estratégica que las agencias de Estados Unidos y sus aliados ofrecieron a los partidos de la oposición y a los medios de comunicación. Desde 2002, Washington canalizó 100 millones de dólares a los grupos de oposición en Venezuela siendo distribuidos tan sólo en este año electoral entre 40 y 50 millones de dólares. Sin embargo, el pueblo venezolano pasó por alto el aluvión de propaganda desatada contra el Presidente por unos medios de comunicación que en un 95% son de propiedad privada y claramente anti-Chávez. La ola de cambio progresista en la región ha comenzado a construir la infraestructura para una Latinoamérica realmente soberana  a través de organizaciones que permitan su integración política y económica como son el Banco del Sur, CELAC, ALBA, Petrosur, Petrocaribe, UNASUR, MERCOSUR y TELESUR. Estas  están mostrando al resto del mundo que en el siglo XXI existen alternativas económicas y sociales. Siguiendo un modelo de desarrollo diferente al del capitalismo mundial y en fuerte contraste con Europa, los niveles de deuda en América Latina son bajos y siguen cayendo.

Los cambios  en Venezuela no son abstractos. El gobierno del Presidente Chávez ha mejorado significativamente las condiciones reales de vida de los venezolanos que se han comprometido en un dinámico proceso de participación política. Este nuevo modelo de desarrollo socialista ha tenido un impacto espectacular en toda América Latina, incluyendo en los últimos tiempos a Colombia además de  a gobiernos  de centro-izquierda que ahora son mayoritarios en la región y que ven en Venezuela el catalizador que ha traído más democracia, soberanía nacional y progreso social y económico a la región. Ninguna retórica neoliberal,  puede negar todos esos hechos. Eso es lo que enfurece a sus oponentes.. Un semanario “objetivo” y “empírico” como The Economist no dará a conocer estos datos, prefiere predecir una vez más el inminente colapso de la economía venezolana. Por su parte, en España, el periódico El País prefiere que Moisés Naim, Ministro de Hacienda del anterior gobierno y uno de los  responsables directos  del Caracazo (la masacre de 3.000 personas en Caracas que protestaban por las medidas de austeridad impuestas de 1989), siga escribiendo  de forma obsesiva contra Chávez. Sin embargo, ninguno de ellos puede poner en  duda  que un Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidad del 2008 sitúa  a Venezuela en el lugar número 61 de entre 179 países. Y esa es una razón más por la que la Revolución Bolivariana de Chávez sobrevivirá al líder socialista de Venezuela.