Posts Tagged ‘Ignacio González’

En un país multicolor

29 marzo, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming

Publicada 14/03/2017 a las 06:00Actualizada 13/03/2017 a las 21:41  
La lista de la España que sufre no para de crecer. A la Iglesia perseguida víctima desde las catacumbas a nuestros días, hay que sumar a Hazte Oír, perseguida como los judíos por los nazis disfrazados de demócratas, y también a Esperanza Aguirre, que se declara “la principal víctima de la corrupción”.

España está siendo despiadada con la mayor víctima de la corrupción, que no es la educación, tampoco la sanidad pública, apaleadas en cada nuevo presupuesto por los receptores y distribuidores de comisiones que luego se sitúan en los altos puestos de la administración de las empresas. Tampoco los ciudadanos que padecen los recortes derivados de estos chanchullos son los principales perjudicados. La principal víctima de este latrocinio orquestado en comandita, hacemos lo que podemos.com, es la que durante años tuvo el cetro de la derecha madrileña en sus manos: Caperucita Heidi Madrastra de Blancanieves Sacamantecas Antoñita la Fantástica Aguirre. Todos esos nombres, correspondientes a sus diferentes personalidades, adornan a esta mujer poliédrica. Aunque a lo mejor es sólo que tiene mucho morro y también personal que le ríe las gracias porque, desde luego, gracia hace la señora. Aunque sea puta gracia.

Aquellos que ella había colocado a su derecha e izquierda para que la salvaguardaran de todo mal, e hicieran por España lo que ella no podía abarcar, aprovechaban que despertaba con la salida del sol para arremangarse y subirse a los andamios de la construcción de los hospitales que garantizaban la salud de sus conciudadanos para, desde las cloacas de las diferentes administraciones, cavar un túnel por el que saquear las arcas de la Comunidad madrileña sin que ella pudiera sospechar, ni remotamente, que tal cosa pudiera estar sucediendo. La mano dura que tenía para con los más necesitados se convertía en guante de seda con los chorizos que minaban su credibilidad y restaban valor espiritual a su piadosa obra social.

Atrás quedan los tiempos en los que junto a su consejero Lamela, que ahora trabaja en uno de los emporios beneficiarios de aquellas maniobras sanitarias, dieron por buena una denuncia anónima que acusaba a un equipo de médicos de haber asesinado a doscientas personas en el hospital de referencia de su Comunidad, el Severo Ochoa. No les cupo la duda, no les extrañó la figura de la denuncia anónima, tampoco al juez que mantuvo durante años el secreto de la investigación de tamaña superchería, que sólo tenía como misión demostrar la necesidad de que los nuevos hospitales estuvieran en manos privadas, para que los medios afines a la causa, que cobran un pastón de nuestros impuestos a través de la propaganda institucional, y también a tocateja con venta de acciones, se despacharan por esa boquita y anunciaran que aquello era un centro de exterminio como los de los nazis. Sí, así lo decían. De esa forma tan extravagante y excesiva se gestó lo que llamaban colaboración público-privada, que incluyó una no menos perversa colaboración político-judicial, y fructificó en la aparición de hospitales por doquier que se venden como propios cuando no lo son.

Salieron a la luz innumerables chanchullos que señalaban a sus principales colaboradores. Tuvo en sus manos Esperanza, “la víctima”, toda la información necesaria, no sólo para detectar el cachondeo delincuente que escandalizaba a la sociedad madrileña, sino también para haber puesto orden en aquel sindiós choricero en el que estaba sumergida, pero entró en una de esas ausencias puntuales en las que rechazaba las pruebas que le aportaban los llamados cuerpos de seguridad del Estado. Según ella, cuando llegaban aquellos informes en los que se denunciaba que se robaba a manos llenas, ella sometía al denunciado a un careo, y como éste negaba los hechos, pues ella se lo creía todo. Ella es mucho de aplicar la máxima jurídica de in dubio pro reo, aunque más bien es de la escuela de Uno de los nuestros. Ya saben. Ni siquiera se mosqueó cuando la prensa publicó que el señor Granados se estaba haciendo un casoplón y este negó tal cosa afirmando que su mujer era decoradora y que estaba asesorando a la auténtica propietaria del inmueble. El señor Granados y su esposa terminaron viviendo en aquella casa que “no era suya”. Cuando los periodistas llamaban al telefonillo preguntando por él, desde dentro respondían que allí no vivía. Como en las películas de risa.

Tampoco se enteró de que los terrenos donde se hizo la estación del AVE de Guadalajara, la estación más ruinosa de todas, eran de la tía de su marido. Fueron recalificados y allí se construyeron un montón de casas. Cuestión que niega siempre. Tampoco sabe nada de las cuantiosas subvenciones que le llueven desde la UE en forma de millones de euros, y que recibe su negocio familiar, negocio del que desaparece su firma cuando la cosa sale a la luz.

No sabe nada de aquella historia que la llevó a la Presidencia por primera vez, cuando desaparecieron a la hora de votar dos diputados del PSOE, Tamayo y Sáez, en una maniobra en la que estuvo involucrado el secretario general del PP madrileño, Ricardo Romero de Tejada, que terminó de consejero en Caja Madrid con el colega Blesa. Los echan, salen en la prensa cesados y luego les dan un cargazo. Porque sabemos que estos señores del PP son gente honrada a los que ampara la presunción de inocencia, pero cualquiera diría que actúan como una organización mafiosa pagando servicios que compran el silencio. Total que se hizo presidenta, en la segunda vuelta, por la cara, cuando había perdido las elecciones. Y sin sospechar nada de nada, sin enterarse de nada. ¿Para qué preguntar? Además cuando lo hace se limita a escuchar la versión de los suyos, que le decían, ingenua ella, que eran inocentes. Si es que estas cosas le pasan por buena.

Tampoco se enteró de las reiteradas denuncias de las actuaciones del señor Correa, en lo que más tarde se convertiría en el caso Gürtel, por parte de un colaborador íntimo de este, José Luis Peñas, concejal de Majadahonda y militante del Partido Popular, que aburrido de que la señora no le recibiera denunció los hechos a la Policía. Mucho más tarde, doña Esperanza sacó a la luz la cuestión que según Rajoy no existía, él lo enmarcaba en un contubernio formado por jueces, policías y guardias civiles, para hundir la reputación intachable del Partido Popular. Despistada como siempre y sin miedo al ridículo, proclama de manera sorprendente durante una intervención en la Asamblea madrileña, causando la hilaridad del personal, que ella era la descubridora de la Gürtel, cuando ya se habían escrito toneladas de folios sobre la cuestión. Es posible que se acercara a la SGAE para que quedara constancia de su descubrimiento y, desconocemos si, de paso, aprovechando el viaje, intentó patentar también la penicilina y la vacuna de la polio.

Dentro de ese despiste que raya en la incapacidad absoluta y le impide aceptar responsabilidad política alguna, afirma constantemente, como si fuera una monomanía, que ha dimitido de sus cargos políticos por su responsabilidad in vigilando. Quienquiera que le enseñara el término se ha ganado el cielo, lo suelta cada vez que ve un micrófono. Mientras, sigue siendo líder de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid. Pero ella cree que ha dimitido de sus cargos políticos. A lo que se debe referir, cosa que a los que no somos de su partido nos importa un pimiento, es a que dejó su cargo de presidenta del PP madrileño tres meses antes de que prescribiera, cuando había anunciado que no se iba a presentar de nuevo.

A los ciudadanos lo que les preocupa es lo que atañe a lo público, lo que les afecta a ellos. Las decisiones que tome dentro del partido nos traen sin cuidado, como si se borra del Círculo de Lectores o del club de golf. Es más, es allí, en el PP, donde debería afianzarse porque sin duda estará entre iguales. Génova debe ser el único lugar del planeta donde la gente no ha oído hablar de corrupción ni de financiación ilegal.

En fin, todo puede esperarse de alguien que tira una moto de la policía al arrancar el coche y no para a mirar que ha pasado: ¡qué poderío!, que recorre la Gran Vía de Madrid perseguida por la policía con las luces a toda castaña, que llega a la puerta de su casa y maniobrando para entrar al garaje le da al coche de la policía que tiene detrás, y se mete en casa tan pancha, como si nada.

Ella es la que también pregona que nadie debería estar más de ocho años en la política.

Eso, que como no se entera, pues un día podría verse en los juzgados sin saber por qué. Del mismo modo que no entiende la responsabilidad que asume alguien cuando nombra a una persona para que administre lo público y trinca para su bolsillo. Le defiende una y otra vez de acusaciones que luego se muestran ciertas para, más tarde, lavarse las manos cuando llueven los marrones. A ella le valía, por ejemplo, que Ignacio González presentara una escritura de propiedad de la famosa vivienda de Estepona firmada un par de días antes de presentarse ante el juez, cuando había amenazado con llevar ante los tribunales a aquel que osara afirmar que la casa era suya. Le vale todo y luego se queja.

¡Qué cabecita loca!

Lo dicho, una víctima de la corrupción.

¿Y los demás? Los que pagamos la fiesta, ¿qué somos?

A lo loco y sin frenos

10 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Si yo fuera el acorralado ministro de Justicia, me defendería del escándalo Moix usando el único argumento que le queda: el recurso a la inverosimilitud de lo demasiado obvio. Saldría en rueda de prensa y diría, sonriente: “Oigan, si quisiéramos controlar la Justicia lo haríamos con un poco más de disimulo, ¿no creen? Habríamos buscado un fiscal que no diera tanto el cante, y que actuase con discreción, no como un elefante en la cacharrería judicial. ¿De verdad piensan que lo íbamos a hacer con tanto descaro?”.

Y muchos darían la razón al ministro, porque es verdad que tanto descaro resulta hasta inverosímil. Todo en Moix, su currículum y su breve paso por la fiscalía, da el cante a kilómetros. Tanto, que cuesta creer que de verdad pretendiesen controlar procesos judiciales con un tipo que llevaba en el pecho un cartel de “hola, soy Manuel Moix, trabajo para el PP y estoy muy loco, cuidao conmigo”. Y además pretender que no nos diésemos cuenta.

Su currículum ya era una declaración de intenciones nada más llegar: el único candidato que no tenía experiencia en anticorrupción; muy cercano al PP y especialmente a Ignacio González; con una trayectoria llena de actuaciones dudosas siempre en beneficio del PP madrileño; mencionado en una grabación policial como favorito de los corruptos, ¡y hasta con una empresa familiar en Panamá! Lo tenía todo, no creo que pudiesen encontrar otro fiscal en toda la carrera que acumulase tantos méritos.

A su trayectoria se suma su breve pero meteórico paso por Anticorrupción: en solo tres meses le ha dado tiempo a frenar actuaciones policiales, apartar  a fiscales en mitad de procesos cruciales, intentar librar de cárcel a González, filtrar información, atacar a la prensa, poner en sucesivos aprietos al ministro, cuestionar a la Guardia Civil y hasta defender que Rajoy declare por videoconferencia. Para tres meses, no está mal.

Por si necesitásemos más pruebas, ha sido apoyado hasta el último minuto por todos los que tienen las manos encallecidas de tanto ponerlas en el fuego: el PP al completo, Rajoy, la prensa conservadora, la tertulianada de derecha, y ¡hasta  Celia Villalobos con su chispa habitual!

Es todo tan obsceno, que cuesta creer que, si el Gobierno quería controlar los procesos judiciales eligiese a un fiscal tan descaradamente afín, tan lleno de sombras y tan torpe en sus manejos. Es todo tan obvio que hasta te hace dudar si no será todo un gran malentendido. Porque de las mentes criminales siempre se espera una inteligencia a la altura de su maldad, no tanta torpeza.

Salvo que pensemos que en el PP andan tan desesperados y están tan acostumbrados a la impunidad que ya todo les da igual y solo piensan en salvar el culo como sea. A lo loco y sin frenos.

La derecha de Madrid afronta su mayor crisis en 25 años

13 abril, 2014

Fuente: http://www.lavanguardia.com

La marcha atrás en la privatización sanitaria muestra un desgaste de fondo | La ‘marea blanca’ ha movilizado a sectores sociales próximos al Partido Popular | Ignacio González y Ana Botella no se han afianzado y hay dudas sobre su candidatura

30/01/2014 – 03:30h | Última actualización: 30/01/2014 – 10:10h 

La derecha de Madrid afronta su mayor crisis en 25 años

La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, conversa con el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González Javier Lizon – EFE

Enric Juliana Madrid

Desde 1989 no se veía una cosa semejante en Madrid: la derecha retrocediendo. En junio de 1989, una moción de censura hábilmente trabajada con el Centro Democrático y Social -partido fundado por Adolfo Suárez tras el catastrófico final de UCD- expulsaba al socialista Juan Barranco de la alcaldía y abría un nuevo ciclo político en la capital de España. Siete años más tarde, en 1996, el Partido Popular conseguía su primera victoria en unas elecciones generales, después de conquistar la mayoría de las capitales de provincia y afianzar una sólida hegemonía en Madrid y Valencia. Madriterráneo. Arrancaba motores la turbo-España. La Aznaridad.

Juan Barranco -Juanito Precipicio lo llamaba Enrique Tierno Galván- no consiguió evitar el acuerdo por Madrid mediante el cual el CDS suarista abrió las puertas de la capital al PP -Alianza Popular, rebautizada y reformulada-, a cambio de la alcaldía para el centrista Agustín Rodríguez Sahagún por un periodo de dos años. El presidente regional Joaquín Leguina aguantaría un poco más, sucumbiendo ante Alberto Ruiz-Gallardón en las autonómicas de 1995. El PSOE aún defendía el crecimiento cero de la capital -teoría del arquitecto Eduardo Mangada, consejero de Política Territorial, antigua figura de relieve del Partido Comunista de España- y en Madrid había sed de dinero. 

La movida podía darse por concluida; los hijos de la antigua clase dirigente habían regresado de sus másters en el extranjero con ganas de mandar; la banca encaraba nuevos procesos de concentración; la televisión privada iniciaba sus emisiones; los capitales europeos estaban muy interesados en España, y en los alrededores de Madrid -ancha es Castilla- había miles y miles de hectáreas por urbanizar. José María Aznar López, elegido presidente del Partido Popular en 1990, fue el gran sintetizador de ese nuevo tiempo. 

Desde entonces, la derecha no había retrocedido ni un solo día en Madrid. No siquiera en el 2003, cuando, al calor de las masivas protestas contra la guerra de Iraq, los socialistas estaban en condiciones de formar una mayoría alternativa con Izquierda Unida en la Cámara regional. El día de la investidura del nuevo presidente, dos diputados socialistas dieron la espalda a Rafael Simancas, vallecano, hijo de emigrantes en Alemania. Los orígenes del tamayazo (Eduardo Tamayo, capitán del desplante) aún no han sido del todo aclarados. 

Enero del 2014. Por primera vez en veinticinco años, la derecha madrileña mueve la palanca de retroceso. Marcha atrás en la privatización de seis hospitales públicos, gran prueba piloto para todas las Españas, donde ya se han ensayado (en Catalunya, en Valencia…) algunas fórmulas de participación del capital privado en la gestión sanitaria. El plan consistía en la entera privatización de seis hospitales públicos de tamaño medio.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) aún no se ha pronunciado sobre el fondo de la cuestión, pero ha decidido mantener en suspenso la adjudicación, tras admitir a trámite un recurso de la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM), uno de los principales pivotes de la protesta. Este es un dato clave. La denominada marea blanca ha colocado detrás de la misma pancarta al cirujano y al celador; al médico especialista, a la enfermera y al usuario. El principal foco de la protesta ha sido el hospital de la Princesa, en el barrio de Salamanca, el distrito de derechas de toda la vida. La marea blanca ha contado con el apoyo de la izquierda, pero ha movilizado a votantes del PP. Ignacio González, presidente de la Comunidad, no ha querido mantener el pulso. Marcha atrás. Su liderazgo es débil, la Fiscalía investiga los pormenores de la compra de un ático de lujo en Marbella y las encuestas son adversas: el PP perdería hoy la mayoría absoluta en la Comunidad y el Ayuntamiento.

Los sucesores no puntúan bien en los sondeos. González ocupó el puesto tras la dimisión de Esperanza Aguirre en septiembre del 2012. Aguirre veía venir los malos tiempos. No quería quemarse. Ruiz-Gallardón cedió la alcaldía a Ana Botella al ser nombrado ministro de Justicia en noviembre de aquel mismo año. Se habló entonces en Madrid de una estudiada entente entre Gallardón, claramente orientado a recuperar la confianza del electorado más conservador, con José María Aznar. Botella sufrió en septiembre del 2013 un severo traspié con la sonora derrota de la candidatura olímpica. A González se le acaba de evaporar el proyecto Eurovegas -entre contundente y fantasmagórico-, en el que tantas energías se emplearon para que no optase por Barcelona. Sin proyectos gigantistas en perspectiva, la derecha madrileña parece haberse quedado sin capacidad de movilización; sin emolumentos simbólicos para unas clases medias golpeadas por la crisis y con la desgracia de los preferentistas clavada en el flanco. No hay en estos momentos un proyecto bien definido, más allá del malhumor aznariano y su reiterado programa de dos puntos: inmediata rebaja de impuestos y sanciones escalonadas a Catalunya, llegando, si es necesario, a la suspensión de la Generalitat. Cheque fiscal y cuerdas nacionales bien tensas para evitar la abstención y la fragmentación del electorado de centroderecha, ante la irrupción de nuevas ofertas electorales: UPyD, Movimiento Ciudadano (Ciutadans) y Vox. 

Entretanto, Madrid es administración y orden público. El turismo ha bajado. Barajas empata con El Prat y el Real Madrid sueña con un pronto declive del Barça. ¿Decadencia? No. Madrid sigue siendo una fortaleza económica y política. La comunidad autónoma con menos deuda en relación con el PIB regional (12%). Un distrito federal sin obligaciones extra de solidaridad interna. El centro de una potente malla radial. El tercer ferropuerto del mundo, después de Tokio y París. Una plataforma intercontinental de primer orden. El centro de mando de un Estado que avanza hacia la recentralización. 

Hay, sin embargo, fatiga de los metales. Sin turboeconomía, las relaciones de poder tejidas a lo largo de los últimos veinticinco años presentan señales de erosión. El PSOE no despunta, pero los malestares acumulados reaniman a la izquierda social y amenazan con fragmentar el gran mapa sociológico del PP. No hay liderazgos claros y los últimos sondeos señalan que ni siquiera el regreso de Esperanza Aguirre garantizaría la alcaldía. Tampoco Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno, tenedora del orden público y dama de hierro con veleidades laico-republicanas, aparece como una alternativa segura. A la potente derecha madrileña se le está abriendo un agujero. Mariano Rajoy, que nunca ha sido uno de los suyos, observa.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/politica/20140130/54399711130/derecha-madrid-crisis.html#ixzz2ylTH4HCy 
Síguenos en: https://twitter.com/@LaVanguardia | http://facebook.com/LaVanguardia

Todo mucho más claro

30 octubre, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

La desaparición de la ética en el plan de reforma de la enseñanza ha pasado inadvertida

 31 JUL 2013 – 17:23 CET

Con el barullo continuo de los titulares sobre la corrupción y sobre la impunidad de casi todos los que la cometen es posible que pase inadvertida la desaparición de la asignatura de ética en el plan de reforma de la enseñanza que ha presentado el Gobierno. Una ventaja de esta época sombría es que la desvergüenza de los que mandan se ha vuelto tan absoluta que ya no hacen falta especiales sutilezas para adivinar los propósitos de sus actos, y ni los más incautos corren peligro de engañarse sobre ellos. A los que mandan y a los que aspiran a mandar en España, o en los territorios que en el futuro próximo logren venturosamente liberarse de ella, que exista una asignatura dedicada al estudio de la rectitud en los comportamientos privados y públicos les debe de parecer tan cómico como la idea de que los corruptos vayan a la cárcel, o de que los pobres tengan el mismo derecho a la educación que los ricos, o de que la salud sea un bien tan valioso y tan primordial para la dignidad humana que no se la puede degradar sometiéndola a las leyes del beneficio privado.

En otras épocas, las personas de inclinaciones progresistas gastaban tremendas energías intelectuales en adiestrarse en la sospecha, en buscarle las vueltas sucias a las estrategias del poder, queriendo desenmascarar los intereses ocultos que actuaban detrás de apariencias intachables. Todo ese esfuerzo se ha vuelto superfluo. No hay nada que desenmascarar porque nadie pierde el tiempo ya en disimulos superfluos. Ladrones confesos de miles de millones de euros salen a la calle por esa otra célebre puerta por la que decían antes que escapaban al castigo los chorizos de medio pelo. Y si son condenados tampoco hay que alarmarse: vendrá un indulto oportuno, un tercer grado benévolo, porque en la cárcel sólo se quedan los pobres. Y nunca faltarán leales que reciban al ladrón liberado como un mártir de la causa, o de la patria. La llegada del verano no ha menguado el flujo de la desvergüenza pública. Patriotas catalanes con una nómina de ladrones en sus filas ponían cara de integridad herida al exigir responsabilidades por los suyos al partido del Gobierno central. Los mismos que bloqueaban la aparición del presidente del Gobierno en el Parlamento español exigían investigaciones parlamentarias sobre la corrupción en el Parlamento andaluz. Dice Pascal que la noción de verdad o justicia cambia según el lado del río fronterizo en el que uno se encuentre. Los corruptos de un lado señalan acusadoramente a los ladrones del otro, y ya ni se fijan en que en el calor teatral de sus aspavientos todos muestran por igual semejantes vergüenzas.

Ya todo está a la vista. El exministro de Industria se coloca estupendamente en una de las opulentas empresas a las que benefició con ejemplar descaro cuando ejercía su cargo. Los mismos políticos madrileños que dedicaron sus mandatos a sabotear la sanidad pública cobran sin disimulo de las empresas que saquearán los despojos de la privatización. Nada menos que el presidente del Tribunal Constitucional es militante de cuota del partido que lo ha nombrado. Y no creo que haya en Europa otro ejemplo de un gobierno que dedica sus esfuerzos coordinados a desproteger el patrimonio y destruir precisamente aquellas riquezas educativas, empresariales, culturales y científicas que más podrían ayudarnos a corregir los errores económicos que nos han llevado al desastre. El sonriente ministro de Educación presenta una reforma que agravará la ignorancia, y que al reducir casi hasta la extinción las humanidades, señaladamente la ética y la historia de la filosofía, servirá para que cada vez haya menos ciudadanos críticos y más súbditos. Reduciendo ayudas al estudio y al mismo tiempo exigiendo másteres de pago se privatiza de hecho la enseñanza universitaria y se establecen diferencias en gran medida irreparables entre quienes carecen de medios y quienes pueden costearse las credenciales carísimas que facilitan el acceso a buenos puestos de trabajo. Las autoridades culturales y económicas se alían con éxito para estrangular del todo el teatro y el cine y perjudicar en lo posible una de las pocas industrias internacionales y competitivas que tenemos, que es la editorial. Y paso a paso se asfixia nada menos que uno de los logros más incontestables, más fértiles, más vitales de la democracia, el tejido de la investigación científica, que junto al patrimonio histórico y las industrias educativas y culturales —incluido el valor económico de la enseñanza del español— era lo más sólido y lo más prometedor que teníamos, nuestra mejor esperanza de una economía que no se basara tan calamitosamente como hasta ahora en la especulación inmobiliaria, y el turismo de masas.

Todo ha estado mucho más claro este mes de julio, y lo estará más aún cada día, cada semana que pase. Gracias a las serviciales normas del Gobierno las compañías eléctricas no tendrán ni siquiera que preocuparse de la modestísima competencia que les harían esas personas cándidas empeñadas en instalarse unos paneles solares en el tejado o un molino eólico en el jardín. Quien paga manda. Se abandona a las librerías a su suerte y se suprimen las compras de libros y las suscripciones a revistas en las bibliotecas públicas, pero el presidente de la Comunidad de Madrid inaugura con pompa el almacén de Amazon. Instituciones científicas que han tardado décadas en alcanzar su pleno rendimiento irán a la ruina por los recortes del Gobierno, pero rebajas fiscales de centenares de millones de fondos públicos subvencionarán los casinos y los prostíbulos de Eurovegas.

Y las transmisiones en directo de encierros y las multitudes internacionales de borrachos de los sanfermines aseguran el éxito global de la ya célebre marca España: probablemente en ningún otro país es más barato beber alcohol hasta perder el conocimiento, quemarse al sol y practicar el vandalismo. Casi cada día de julio, en la prensa extranjera, aparecían fotos de nuestro país: caras de acusados de corrupción saliendo de los juzgados, toros y juerguistas amontonados en Pamplona. Que viva España.

Para esto hemos quedado. Los que puedan pagárselo aprenderán idiomas sin acento y obtendrán títulos en universidades y escuelas de negocios que les aseguren su posición de privilegio. Los que tengan talento pero carezcan de medios deberán aguantarse o irse. Gracias a la desprotección de los pocos tramos de costa todavía no arrasados más pronto o más temprano volverá a haber algunos empleos en la construcción, y, al menos mientras no acaben las convulsiones en los países musulmanes del Mediterráneo, seguirá habiendo trabajo temporal y no cualificado en la hostelería turística. Una nueva economía del conocimiento empezará a florecer pronto en las afueras de Alcorcón, en un ámbito laboral libre de molestias sindicales y hasta de leyes contra el tabaco: albañiles, camareros, croupieres, animadoras y guardas de seguridad de clubes de alterne, porteros de discoteca.

La verdad es que a ninguno de ellos le hará falta haber estudiado ética, ni historia de la filosofía. Ni literatura, ni física, ni geografía, ni ortografía…

http://www.antoniomuñozmolina.es