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Revisión de la percepción social sobre la violencia sexual (2018): Marco teórico (1)

28 junio, 2018

Fuente: http://www.jessicalfillol.es

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Pocas áreas de nuestra vida hay menos sujetas a autocrítica y revisión de estereotipos o falsos mitos que nuestra práctica sexual cotidiana. Sin entrar aún en el ámbito específico de la violencia, existe relativo consenso en que tenemos una profunda carencia en cuanto a educación sexo-afectiva. Convivimos una generación educada durante la represión nacionalcatólica que practicaba sexo con la luz apagada y con fines únicamente reproductivos; otra generación saliente de toda esa represión, educada en la revolución sexual iniciada en los años 60, que ha traído hasta nuestros días la idea de que lo revolucionario es follar mucho y follar con muchos, y si no follas indiscriminadamente eres una mojigata reprimida; y otra generación que la única educación sexual que ha recibido durante su adolescencia ha sido a sus padres cambiando de canal en la tele y una charla de un par de horas en el instituto sobre cómo se pone un condón y la epidemia del SIDA, y cuya principal fuente de información sexual es el porno.

¿El resultado de todo esto? La Universidad de Central Lancashire, en colaboración con la Universidad de Leeds, en Inglaterra, realizaron un estudio sobre comportamiento sexual. El ochenta por ciento de las mujeres sobreactúa en la cama durante sus relaciones sexuales. ¿Los motivos? El más destacado: las ganas de finalizar el acto, sin crear frustración a sus parejas, por aburrimiento, molestias o irritación. En el estudio Do Women Pretend Orgasm to Retain a Mate? publicado en la revista Archives of Sexual Behavior por un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia, Oakland y del Instituto Psiquiátrico de Nueva York llegaron a la conclusión de que más de la mitad de las mujeres en relaciones duraderas fingen los orgasmos en una u otra ocasión, y apuntan también como motivos afianzar la relación de pareja y disminuir el riesgo de que el otro le sea infiel.

Autor: Pino Daeni

Cito textualmente de este otro artículo:

Otros estudios anteriores han vinculado esta actitud a a ciertos convencionalismos sociales: algunas mujeres se sienten obligadas a mostrar su satisfacción y sienten la necesidad de demostrar que sí se divierten con la otra persona, como suele explicar en sus libros la sexóloga británica Tracey Cox. Una vez más, las relaciones sexuales se convierten en reflejo del patriarcado.

La sexóloga Elizabeth Black es una defensora férrea de esta última tesis, pero alerta que dicha forma de autoridad se ha vuelto contra los propios hombres que lo ejercen. “El patriarcado ha afectado negativamente a la sexualidad de los hombres debido a la excesiva importancia que han otorgado a sus erecciones, el tamaño del pene, el rendimiento en la cama, los orgasmos y la eyaculación”, concluye Black.

Según María Fernanda Peraza, uróloga y andróloga de la Fundación Puigvert y del Hospital Dexeus, el miedo a herir el orgullo de un hombre que no lo entendería y se sentiría humillado porque se cuestiona su virilidad y tratar de evitar provocar una crisis de pareja si se menciona el tema están entre los motivos más destacados por los que las mujeres no mencionan su insatisfacción sexual a sus parejas masculinas.

Otro conjunto de datos importante de reseñar por lo que respecta al control de la sexualidad femenina y la represión de su placer, sin llegar a extremos como la mutilación genial femenina que también tiene el mismo origen pero utilizando medios coativos, es el que hace referencia al tema de la masturbación femenina. Cito también textualmente de este otro artículo:

Refiere también Peraza que según datos del Instituto Kinsey de la Universidad de Indianápolis, el 80% de las mujeres reconocen que se masturban, pero muy pocas lo hacen delante de  su pareja, por timidez, tabú, miedo, por no ofender a un hombre educado en la creencia de que la penetración es el punto más importante  y la única vía para alcanzar el clímax.

Y esto, que es asumido sin cuestionar, es un problema. Según el metaestudio publicado en el libro de Elisabeth Lloyd ‘The Case of the Female Orgasm‘ (Harvard University Press), en el que recogía datos de los últimos 80 años, sólo el 25% de las mujeres suelen tener un orgasmo vaginal durante la penetración, así que ya me explicarás si no es urgente revisar todos los mitos y estereotipos entorno a nuestras prácticas sexuales heteronormativas, falocéntricas y coitocéntricas.

(…) De acuerdo con Peraza, los motivos que impiden a una mujer llegar al clímax son mayoritariamente de origen psiquico o psicológico: pueden ser bloqueos emocionales, miedos o inseguridades que la llevan a un estado de estrés que no le permite abandonarse al placer durante las relaciones sexuales individuales o en pareja.

Autor: Pino Daeni

Y en cuanto a la sexualidad masculina, no está exenta de presión, aunque en otro sentido:

Por otra parte la vivencia de la sexualidad masculina siempre ha sido aplaudida abiertamente, el placer para ellos es un derecho, aunque últimamente la idea del derecho empieza a concebirse  por la mujer como algo natural.

(…) La preocupación para el hombre es mantener la virilidad: “Se ha puesto todo el peso en el falo” y ello les supone una “responsabilidad”.

No se les permite fallar y esto les genera mucha angustia y ansiedad y las preocupaciones sobre su función sexual vienen dadas precisamente por las alteraciones que padecen en la fase de excitación, erección, y eyaculación.

En este contexto, y recalco que aún no he llegado aquí al punto de abordar la violencia en las relaciones sexuales, ni he entrado aún en por qué tantas mujeres permanecen en relaciones que les causan dolor, ni he aludido al objetivo de cambiar el foco del mero consentimiento formal feminino a la afirmación entusiasta del deseo y el placer compartido, parece evidente la necesidad de una revisión urgente y en profundidad de los mitos que perviven alrededor de nuestra sexualidad desde el punto de vista social. Porque los problemas que ponen de manifiesto las conclusiones a partir de los datos recogidos en los estudios citados, todos, tienen un mismo origen: la perpetuación de unos roles de género que castran nuestra libertad y una cultura de la violación fuertemente instaurada.

Autor: Pino Daeni

Así que, aunque duela por todo lo que revela, voy a utilizar como herramientas la macroencuesta de violencia contra la Mujer del año 2015 (aquí en pdf, 474 páginas) y el informe (2018) sobre percepción social de la violencia sexual de la Delegación del Gobierno para la violencia de género (aquí en pdf, 132 páginas) que recientemente ha sido reseñada en varios medios por lo devastador de algunas conclusiones:

Por poner solamente tres ejemplos.

Recientemente fue noticia el INE por las preguntas machistas que incluía en el cuestionario sobre fecundidad, y la manera de abordar determinadas cuestiones sensibles. Creo que preguntar por estereotipos machistas y hacer preguntas sobre la carga machista que arrastramos es necesario, si bien es necesario hacerlo de tal manera que quienes diseñan el estudio y quienes realizan las preguntas no introduzcan sus propios sesgos machistas. Vivimos en una sociedad machista, quiero saber hasta qué punto y cómo evolucionamos como sociedad a lo largo del tiempo.

La Estrategia para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer 2013-2016 (aquí en pdf, 151 páginas), en su cuarto objetivo general, contempla la visibilización y atención a otras formas de violencia contra la mujer aparte de la violencia de género. En los próximos posts voy a ir desgranando los aspectos que me parecen más relevantes del último informe presentado, y cómo podemos trabajar para cambiar esta percepción social sobre la violencia sexual tan dañina. Porque no, lo volveré a repetir una vez más, los violadores no son esos locos con pasamontañas que te abordan de madrugada en un callejón oscuro y te ponen una navaja en el cuello. Va siendo hora ya de erradicar esos estereotipos tan dañinos que dificultan que las víctimas identifiquen el daño sufrido con palabras que muchas veces tienen tipificación en el código penal (por muy difícil que sea probarlo), y hacer un poquito de autocrítica. Porque la erradicación de la violencia hacia las mujeres nos compete como sociedad, no solamente a esos 60 hombres al año que asesinan a sus ex-parejas.

Autor: Pino Daeni

 

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La libertad de expresión de los enemigos de un Estado autoritario

4 junio, 2018

Fuente: http://www.jessicafillol.com

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Titiriterosraperosmás raperoscantantes de metalactoresdibujantesconcejalesconcejalasactivistas feministastwitterasmás twitterasanarquistes veganes… La lista de personas detenidas, imputadas o encarceladas por delitos relacionados con la libertad de expresión se hace ya difícil de mantener actualizada de lo larga que es, y crece por días. Y eso sin contar las multas al amparo de la ley mordaza. Todas las personas de la lista tienen un elemento en común: ser personas críticas con un Estado autoritario y expresarlo, de un modo u otro, ejerciendo su no-derecho a la libertad de expresión.

Desde vagas amenazas al Rey poco concretas y en absoluto materializables o injurias a la Corona que es por su parte tan intocable como inimputable; chistes sobre Carrero Blanco que suponen una vejación como víctima del terrorismo, condición que al parecer le exime también de toda crítica política o histórica por su papel en el régimen franquista; hasta que te lleven a juicio por un delito contra los sentimientos religiosos porque en tu perfil de facebook te has cagado en dios, que ya es como para mear y no echar gota.

La deriva autoritaria en la que estamos metidos de lleno está convirtiendo el ambiente en irrespirable. 2017 fue el peor año para la libertad de expresión desde el final del franquismo, y 2018 va camino de ser aún peor, pero solo para un sector de la sociedad. Los sectores más reaccionarios y ultramontanos están absolutamente enardecidos, sin que les alcance el más mínimo reproche judicial. Feministas, independentistas, activistas que luchan contra el racismo, la homofobia o la transfobia reciben, A DIARIO, CIENTOS de insultos y amenazas de muerte sin que ningún uniformado ni de azul ni de verde se digne a investigarlo. Es más, es que cientos de agentes uniformados y armados profiriendo amenazas nazis en un chat de whatapp contra la alcaldesa que les firma las nóminas no se considera un delito de odio.

A la mujer que, en su perfil personal de Facebook y sin citarla para que le llegara el mensaje, le deseó a Inés Arrimadas una violación en grupo le cayeron 4 meses de cárcel. Cuando a Anna Gabriel la amenazaron de muerte, la misma Inés Arrimadas dijo que lo condenaba pero que qué esperaba. A quienes envían tuits mencionando directamente a Puigdemont deseándole la muerte e insultándole, no les pasará absolutamente nada, y lo saben perfectamente. Los encapuchados que han mandado a 3 independentistas al hospital en una playa de Canet pueden mirarse en el espejo de los ultras que entraron en el Blanquerna como animales y saber que no les pasará nada: el Tribunal Supremo ha suspendido su entrada en prisión. Mientras, tanto el PSC como el delegado del gobierno silban mirando al techo cuando hay 3 personas que han necesitado asistencia médica y reclaman “la neutralidad de los espacios públicos”. En otras palabras: es que vais provocando.

Esta asimetría penal nos lleva a unos a la autocensura preventiva, y a otros a envalentonarse, a ser cada vez más agresivos y violentos, sabedores de la impunidad de la que disfruta el fascismo en España, mientras se permiten la osadía de llamarnos o racistas supremacistas, o feminazis.

Referencias:

“Nadie te pone una pistola en la cabeza para obligarte a que te depiles”. Presión social y medios de control social

31 mayo, 2018

Fuente: http://www.jessicafillol.com

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Este artículo es la continuación de una charla de casi dos horas para la Escola d’Arts de El Prat de Llobregat que impartí hace unas semanas sobre géneros, sexos, cuerpos, sexualidades y estereotipos.

La semana pasada hablamos del proceso de socialización encaminado a convertirnos en personas integradas en la sociedad, cómo no solo educa la familia directa y por qué aunque en tu casa te hayan educado en la igualdad, no estás libre de conductas machistas aprendidas, normalizadas e integradas.

Hoy hablaremos de cómo actúa la presión social, y por qué no todos los medios de control social son de tipo coactivo.

Nuestra convivencia en sociedad está regulada por normas, leyes, reglamentos. Su incumplimiento puede derivar en sanciones desde cárcel o multas hasta la inhabilitación o la expulsión de colectivos. Por ejemplo, el incumplimiento de la normativa escolar sobre vestimenta puede derivar en la expulsión del instituto, o incumplir de forma reiterada el código de circulación puede conllevar la pérdida de todos los puntos además de importantes sanciones económicas y la retirada del carnet. Es en general la policía o los organismos reguladores (por ejemplo, los árbitros en las competiciones deportivas) quienes se encargan de la vigilancia del cumplimiento de las normas. En un Estado de derecho, además, son los jueces quienes aplican las leyes y establecen los castigos en caso de quebrantamiento de las mismas. Todo esto es lo que se conoce como medios coactivos de control social.

Sin embargo, no son los únicos medios de control social existentes en cualquier comunidad. Los usos y costumbres, los valores, las creencias, los prejuicios… También son formas de control social no específicamente coactivas. Por ejemplo, en nuestro contexto sociocultural es común que en la presentación de dos hombres, estos se den la mano, mientras que entre hombres y mujeres la presentación se selle con dos besos. No son pocas las mujeres (y también hombres) que manifiestan desagrado ante este tipo de intimidad culturalmente impuesta, no obstante sí son pocas quienes lo manifiestan, más aún en ese momento concreto. ¿Por qué? Porque resultaría sin duda violento que te presenten a alguien y la primera frase que escuche de ti sea “encantada pero no me gusta que los desconocidos me den dos besos“. Ya puedes decirlo con el tono de voz más dulce del mundo, que ese rechazo abierto a las convenciones sociales va a resultar violento. Porque sabes que la reacción de tu interlocutor/a será un prejuicio y un reproche: “joder, qué borde“. Y ese prejuicio y ese reproche que caería sobre ti en caso de contravenir una norma social tan inocua como dar dos besos a un desconocido actúa como medio de control social no coactivo. Nadie te va a poner una pistola en la cabeza ni va a venir un policía a detenerte por no darle dos besos a un desconocido que te acaban de presentar, pero si eres una persona razonablemente integrada socialmente, la presión social actúa para que pases por el aro.

No es el único ejemplo. En nuestro contexto sociocultural, es costumbre que las mujeres se depilen. Cada vez más los hombres también, pero aún está lejos de constituir una imposición social a la altura de la presión estética que pesa sobre el cuerpo de las mujeres. No obstante, cada vez que hablamos de la presión estética, de la presión social que impone la depilación obligatoria, la respuesta suele ser del tipo: “nadie te pone una pistola en la cabeza para que te depiles, si lo haces es porque quieres“. Quienes hacen afirmaciones de este estilo jamás han tenido que aguantar lo que ocurre cuando eres mujer y sales de casa en verano con las piernas sin depilar, o vas a la playa sin haberte hecho antes las ingles brasileñas.

Varias mujeres hicieron la prueba de exponer públicamente, en sus redes sociales, fotos suyas sin depilar. Lo que ocurrió fue que numerosos hombres que ni siquiera las seguían, en el momento en que se enteraron de que estas mujeres habían tenido la osadía de publicar fotos suyas al natural, las atacaron e insultaron. La gama de argumentos, como siempre, fueron bastante limitados:

– Qué asco
– Depílate guarra
– No te tocaría ni con un palo
– Con esos pelos quién va a querer follar contigo
– Qué poco higiénico
– Pareces un tío

Efectivamente, nadie te amenaza con una pistola para que te depiles, pero conoces las consecuencias de no hacerlo y exponerte en público. Mientras vayas tapada, todo va relativamente bien, pero como decidas mostrarlo la presión social acecha. Gays y lesbianas conocen bien este control social ejercido a partir del momento en que trasgredes las reglas de lo socialmente aceptado en el espacio público. Si bien en diferente grado, el mecanismo es el mismo.

Todos conocemos el cuento infantil de El traje nuevo del emperador. Mencionaré solo un par de experimentos de sociología pop. Uno es el experimento del psicólogo Solomon Asch en 1950 sobre presión social. A grandes rasgos, consistía en lo siguiente: se sentó a un grupo de 8 participantes (7 actores y 1 sujeto de estudio) alrededor de una mesa, y se les solicitaba, por turnos, que respondieran a una serie de preguntas simples, como por ejemplo indicar qué línea es la más corta. El objetivo del experimento consistió en observar cómo, cuando el grupo de actores daba respuestas erróneas, esto influía en el sujeto para dar respuestas erróneas a su vez. En el grupo de control (sujetos que no estaban sometidos a la presión social de todo un grupo dando respuestas erróneas), solo hubo un 1% de respuestas incorrectas, mientras que en el grupo en el que los actores daban respuestas erróneas, al menos el 75% de los sujetos dieron la respuesta equivocada a por lo menos una pregunta; de hecho, la presencia de la presión de grupo causaba que los participantes se dejaran llevar por la opción incorrecta el 36.8% de las veces, lo que demuestra que la presión social tiene efectos medibles en nuestras decisiones. En posteriores experimentos Asch introdujo en los grupos de actores que daban respuestas erróneas algunas voces disidentes, es decir, al menos uno de los actores sí daba una respuesta diferente, aunque no fuese la correcta, introduciendo así la posibilidad de debatir, y demostró que cuando en el grupo hay al menos una persona que rompe la espiral del silencio y se atreve a levantar la voz y dar una opinión contraria al resto del grupo, la presión social es menor. De ahí la importancia de que no te calles cuando detectas comportamientos machistas en tu grupo de whatsapp.

Otro es el documental The Push (Netflix) sobre manipulación y presión social. ¿Bajo qué condiciones serías capaz de asesinar a una persona completamente desconocida que no te ha hecho nada? No quiero hacer spoilers pero empieza mostrando el proceso de selección de las personas participantes en el experimento. Varias personas sentadas en una sala leyendo un cuestionario, suena un pitido y se levantan, suena otro pitido y se vuelven a sentar, suena otro pitido y se levantan de nuevo… Todo son actores excepto el sujeto a evaluar. Si observa a su alrededor y se comporta como el resto del grupo aunque nadie le haya orientado en ese sentido, y se sienta o se levanta al sonido del pito, será apto para el experimento, si se mantiene sentado sin seguir las normas no dictadas del grupo, será descartado. Muestra también cómo la primera persona seleccionada para el experimento es introducida en el grupo con una ropa que le confiere un estatus inferior al resto y le coloca en una posición de seguidor, más permeable a recibir órdenes: están en una cena y nadie le ha dicho que tiene que vestir de esmoquin. Estos pequeños y sutiles gestos que nos hacen más permeables a la presión social.

¿Hasta qué punto somos realmente libres para tomar las decisiones que tomamos? ¿A qué nos exponemos si decidimos romper las convenciones sociales tradicionalmente asociadas a nuestro género? La respuesta es que nuestra libertad está limitada por el contexto social en el que nos movemos. Las decisiones que tomamos están condicionadas por las opciones que tenemos, los costes asociados y las consecuencias previstas.

Alicia H. Puleo diferencia entre dos tipos de sociedades: las que están basadas en el patriarcado de la coerción, y las basadas en un patriarcado del consentimiento.

  • Patriarcado de la coerción: se sustenta en leyes y normas sancionadoras mediante violencia. Ejemplo: lapidaciones por adulterio, o países donde el aborto conlleva penas de cárcel.
  • Patriarcado del consentimiento: se da una igualdad formal ante la ley que oculta la desigualdad real, que está tan naturalizada que ni siquiera percibimos la presión social a la que estamos sometidas hasta que nos rebelamos contra ella.

Recordemos finalmente que, como dice Celia Amorós, el feminismo y por ende las feministas no cuestionamos las decisiones individuales de las mujeres: cuestionamos el contexto social, la presión externa, los agentes de socialización que influyen y los mecanismos de presión social tanto formales (leyes, reglamentos) como informales (medios de comunicación, educación, tradiciones, etc.) que nos llevan a tomar esas decisiones.

Como dijo Rosa Luxemburgo, quien no se mueve no siente las cadenas.

Elsa Artadi, la mujer que antepuso su carrera política a formar una familia

9 marzo, 2018

Fuente: http://www.jessicafillol.es

Así es como subtitulaba La Vanguardia el jueves pasado el perfil de la candidata a la presidencia de la Generalitat hasta que lo cambiaron el viernes: apasionada del yoga y las series y de una carrera política que ha antepuesto a formar una familia.
Elsa Artadi en La Vanguardia

Elsa Artadi en La Vanguardia

A partir de la Ley de Paridad del gobierno de Zapatero y de la introducción de listas paritarias y listas cremallera, ha aumentado la presencia de mujeres en cargos electos. Sin embargo, el tiempo de permanencia de las mujeres en la política de primer nivel es más corto que el de los hombres: ellos se dedican a la política en cargos electos durante más tiempo que ellas, la carrera política de ellas es significativamente más corta que la de ellos. En el congreso de los diputados (el que he en encontrado es del 2007) un 2,6% de ellas ha estado tres o más legislaturas mientras que eso pueden decirlo el 23% de sus colegas hombres. Muy pocas mujeres repiten más de dos legislaturas, de hecho el 60% (dato del 2007) solo estaba una legislatura, mientras que en el caso de sus compañeros, eso sólo le ocurre al 47% de ellos. El promedio de permanencia de los diputados es de 8,1 años; el de ellas, 5,2. Por eso suele decirse que los hombres están en política, mientras que las mujeres pasan por ella.

¿Conocéis a algún hombre que haya antepuesto su carrera política a formar a una familia? Para ellos al parecer no es incompatible su carrera profesional con formar una familia, ¿sabéis por qué? Dadle una vuelta, no os lo voy a dar yo todo mascadito.

Y en caso de que exista algún político hombre en esa situación (que lo dudo, pero oye, quizá), ¿se ha destacado ese dato en titulares alguna vez? En cambio, cuando es una mujer la que llega a un puesto destacado, si no tiene familia hay que destacarlo en titulares, y dejar bien claro que es porque ha renunciado, porque para nosotras no es compatible un puesto de responsabilidad con los cuidados que requiere formar una familia. Nosotras tenemos que elegir.

Suelo recordar con frecuencia la reseña de este estudio sobre parejas teóricamente comprometidas con la igualdad en el momento del embarazo, y lo que ocurre a partir de que nace el bebé: cómo ellos se escaquean, las excusas que ponen… y aún así creen estar ejerciendo la crianza al 50% mientras que ellas tienen una opinión muuuuuuy diferente del grado de implicación familiar de sus parejas masculinas. En La Mercantilización de la Vida Íntima, Arlie Russell Hochschild entrevistó a cientos de parejas con hijos y describió la resistencia que ellos ponían al hecho de hacer el 50% de las tareas del hogar y cuidados. Describe cómo ellos ponen en marcha todo tipo de estrategias: fingir no saber, hacer horas extra en el trabajo, mentir, negarse directamente, montar broncas, manipulación emocional, excusas y justificaciones de todo tipo. Esto tiene consecuencias muy graves: frena el desarrollo de las mujeres (las obliga a doble y triple jornada), erosiona los vínculos afectivos y conlleva un “imperialismo emocional” (se contrata a mujeres migrantes para tareas de cuidados). Y explica también por qué se considera algo a destacar que mujeres con aspiraciones políticas “renuncien” a formar una familia, mientras que para los hombres es un dato irrelevante: ellos no tienen que tomar esa decisión. Somos nosotras quienes tenemos que conciliar vida laboral y familiar, para ellos la familia no supone ningún handicap.

Patricia Sornosa, cuando fue entrevistada en NTMEP, contó una anécdota brutal que le ocurrió durante un monólogo, cuando habló de los cuidados a familiares dependientes, en concreto de las mujeres que tienen que quedarse en casa y dedicar su tiempo a cuidar de los suegros enfermos, porque sus propios hijos (hombres) ni se lo plantean. Silvia Federici, que ha tratado ampliamente el tema de la economía de los cuidados, tiene una frase demoledora al respecto: lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado. Pero es que cuando se trata de cuidar a los padres enfermos de nuestra pareja hombre, ahí no hay amor: es pura obligación socialmente impuesta. “Imagínate que a esta mujer que tiene que quedarse en casa cuidando del suegro enfermo, se le va un día la pinza y le dice al marido: ¿Sabes lo que te digo? Que a tu padre, A TU PADRE, lo vas a cuidar tú“. Escuchad el vídeo a partir del minuto 3:50h porque es demoledor.

¿Qué quiero decir con esto? Que aunque el titular de La Vanguardia era un horror (cierto), si rascamos un poquito, lo que hay bajo la superficie de ese titular es aún peor. Es una sociedad aún con una brecha muy profunda en el área de cuidados, que repercute negativamente sobre nuestras carreras profesionales, sobre nuestro tiempo de ocio y de descanso, sobre nuestra salud, en la feminización de la pobreza, en la contratación de tareas de cuidados a mujeres migrantes con condiciones laborales absolutamente precarias, sobre la brecha salarial en la que nuestro presidente del gobierno no quiere meterse y sobre nuestras pensiones que son significativamente más bajas “porque queremos”. Y por todo eso, este 8 de Marzo será también una huelga de cuidados.

Redes sociales y aborregamiento

25 febrero, 2018

Fuente: http://www.jessicafillol.com

Las redes sociales (sobre todo Twitter porque al menos en Facebook tengo bastante controladas las interacciones con gente desconocida y eso me permite crearme una pequeña burbuja) me producen una mezcla entre vergüenza ajena, frustración y misantropía que en ocasiones se hace muy difícil de soportar.‬

El penúltimo ejemplo: Irene Montero pronuncia la palabra “portavoza” y las redes sociales se llenan de expertos en lingüística. Creo que ya no queda nadie en España con acceso a twitter que no le haya dicho al menos a media docena de feministas que “voz” es femenino. Gracias, seguramente lo desconocíamos. Comentaba Beatriz Gimeno que había tenido más de 500 respuestas de gente indignada por algo que les parece poco importante, una contradicción que me resulta muy interesante por lo que tiene de comportamiento gregario, de borreguismo teledirigido. Tantísima gente indignada dispuesta a invertir tanto tiempo y tanta energía en protestar por una chorrada, siendo conscientes además de que es una chorrada. Y Carmen González Magdaleno señalaba precisamente eso: la cantidad de tiempo y energías que estáis dispuestos a malgastar en una chorrada, solo para señalar a una mujer. ¿Sobre qué tema iba la rueda de prensa que estaba dando Irene Montero cuando mencionó la palabra que encendió las redes sociales? Efectivamente. Os mueven un pañuelito delante de los ojos y os lanzáis como un Miura. Os toman por imbéciles, y les demostráis que no se equivocan en su valoración.

Cuando a mí me hicieron el FAKE de hi-men, de repente en mis menciones aparecieron cientos de expertos en etimología (siguen apareciendo, año y pico después) dándome la tabarra sobre el origen de la palabra. No habían consultado un diccionario en su vida, simplemente se limitaban a copiar y pegar lo que alguien había dicho ya antes. Homo sapiens llaman a esto. Tampoco ninguno de esos expertos en etimología que vino a darme lecciones y a llamarme ignorante se molestó siquiera en comprobar si estaba respondiendo a algo cierto o era una burda manipulación para testear el nivel de credibilidad de la masa agilipollada, además de para tocarme las narices. Lo cierto es que del análisis cuantitativo y cualitativo de las miles de respuestas de esa experiencia podría salir mi doctorado en sociología. Hay días en que pierdo completamente la fe en la humanidad.

Leí hace unos días un libro de Giovanni SartoriLa Sociedad Teledirigida, escrito hace 20 años. Se le pueden poner miles de objeciones, entre ellas el hilar muy poco fino a la hora de sustentar su argumentación, algo impropio de un investigador de su talla, una tecnofobia mal disimulada, el elitismo que desprende y una falta de rigor cuando habla de audiencias y propone posibles soluciones que escandalizaría a Ignacio Sánchez-Cuenca, que seguramente le habría dedicado un capítulo en su libro La Desfachatez Intelectual si hubiera sido coetáneo de Sartori.

Pero al margen de estas objeciones, en el libro expone su teoría sobre la influencia que ejerce la televisión como medio en personas que pasan muchísimas horas al día viéndola, desde niños mucho antes de aprender a leer, escribir y casi hablar; y en adultos cómo nos ha afectado como sociedad y como individuos, teniendo en cuenta el porcentaje tan alarmante de población que no lee ni siquiera un libro al año, que no lee un periódico ni aunque se lo regalen, que está perdiendo la capacidad de abstracción que facilita el lenguaje escrito para ir más allá de los zascas, cómo en muy pocas generaciones se está perdiendo la habilidad comunicativa a una velocidad sorprendente, y cómo lo que antes era una masa dispersa y aborregada gracias a la interacción en redes sociales se están uniendo hasta adquirir fuerza.

El homo insipiens (necio y, simétricamente, ignorante) siempre ha existido y siempre ha sido numeroso. Pero hasta la llegada de los instrumentos de comunicación de masas los “grandes números” estaban dispersos, y por ello mismo eran muy irrelevantes. Por el contrario, las comunicaciones de masas crean un mundo movible en el que los “dispersos” se encuentran y se pueden “reunir”, y de este modo hacer masa y adquirir fuerza. (…) Aunque los pobres de mente y de espíritu siempre han existido, la diferencia es que en el pasado no contaban -estaban neutralizados por su propia dispersión- mientras que hoy se encuentran, y reuniéndose, se multiplican y potencian.

‪Homo sapiens: requiescat in pace.‬

Violencia de género entre menores

13 julio, 2017

Fuente: http://www.jessicafillol.es

Jessica Fillol, 5 de junio de 2017.

Ella acababa de comenzar la Secundaria, él iba un curso por delante. Salieron durante unos meses, pero cuando ella quiso romper la relación, él comenzó a ser más agresivo. En realidad, ya había ejercido violencia sobre ella antes, solo que Laura, a sus 13 años, no había sabido identificarla porque no tenía las herramientas necesarias para hacerlo.

En marzo de este año, en Benidorm, la Policía detuvo a un chico de 26 años por agredir a su novia de 17. A través de una cámara de seguridad vieron cómo el agresor le propinaba una paliza a la menor con patadas y puñetazos. La chica caía al suelo y él aprovechaba para seguir golpeándola. El maltratador llegó a declarar que “la agresión había sido consentida por ella” y que por eso no le había denunciado.

Ese mismo mes, un joven de 19 años era detenido por agredir a su novia de 17 y acuchillar a su madre cuando esta fue a buscar a su hija tras la agresión. Fue en Torrelavega (Cantabria). También en abril de este año, en Pamplona, un joven de 16 años abusó sexualmente de otra joven menor de edad. La Policía la encontró a las tres de la madrugada sola, tras el ataque.

La socióloga Carmen Ruiz Repullo hizo un estudio en 2016 sobre la violencia machista en adolescentes. Aseguraba que este maltrato que sufren las menores es tan severo como el que puede sufrir una mujer adulta y que, además, surge desde el primer momento debido al control tecnológico extendido entre los jóvenes.

Según datos del Ministerio de Sanidad e Igualdad, más del 28% de las chicas sufrieron “control abusivo a través del móvil” en 2016 y hasta un 5% fue objeto de las mal llamadas ‘pruebas de amor’: intercambiar fotos de contenido sexual a petición de la pareja.

Según la Macroencuesta española de Violencia contra la Mujer de 2015, el 21% de las mujeres menores de 25 años que han tenido pareja han sido víctimas de violencia de género, frente al 9% de las mujeres en general.

En Andalucía tuvo mucha relevancia un estudio realizado por Fundación Mujeres y la UNED. Se tomó una muestra en los Centros de Educación Secundaria de 2.289 chicas y chicos de tercero y cuarto de ESO. El 10% de los adolescentes consideraba que el hombre es el que debe tomar las decisiones importantes en la pareja, junto a un 24% que se mostraba de acuerdo con que el lugar de la mujer está en la casa con su familia. Más del 20% pensaba que la mujer es más débil que el hombre. En relación a la violencia machista, el 50% cree que las mujeres aguantan mientras que el 25% piensa que las causas de esta violencia están en el alcohol y las drogas. Además, las creencias sobre el amor romántico están muy presentes en la adolescencia, que confunde entre otras cosas celos y sufrimiento con amor.

Fuente: El Español

Podéis seguir insistiendo en que no hace falta el feminismo, que ya existe igualdad, que el machismo ya está superado y que la violencia de género es solo cosa de inmigrantes, de gente con bajo nivel sociocultural y económico, o de borrachos y drogadictos, pero eso solo pondrá de manifiesto una vez más que solo queréis cerrar los ojos ante un problema que está tan arraigado en la sociedad como es el machismo, la creencia de que las relaciones son posesivas y plagadas de celos o no es amor, los mitos sobre el amor romántico y la pertenencia a la pareja.