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“Hoy, aunque es Navidad, no ha sido fiesta, por la guerra y por no existir ya los santos”

11 diciembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’ recupera el diario de Pilar Duaygües, una adolescente de 15 años que plasma en sus libretas sus experiencias durante la Guerra Civil española.

Pilar Duaygües junto a sus hermanas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

Pilar Duaygües junto a sus hermanas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

Pilar Duaygües Nebot tenía 15 años el 19 de julio de 1936. Desde hace pocos meses escribía casi cada día en su diario personal. Anotaba sus andanzas, comentaba las películas que había visto, lamentaba su aburrimiento y daba forma de prosa a sus sueños más románticos…. Pero aquel 19 de julio de 1936 todo cambió radicalmente. Sería, según sus palabras, “un día horrible” que quedaría “grabado en la historia”.

“Las ametralladoras iban, bombas por aquí, tiros por allá, etc. Se oía muy bien cómo se derrumbaban las casas en donde las tiraban (…) Los curas con ametralladoras, escopetas y revólveres hacían fuego contra el cuartel que está al lado (…) No sólo ardían esta iglesia y convento, sino todas las de Barcelona. Se veían muy bien las llamas (…) Finalmente, nos acostamos, mamá conmigo en mi cama, me dormí por el cansancio”.

Carné de socia del club de hípica de la joven.- Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

Carné de socia del club de hípica de la joven.- Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

Era el primer día. A partir de ese 19 de julio y durante casi tres años Pilar desahogó en su diario emociones y miedos. La vida cotidiana dentro de la excepcionalidad de una guerra. Las colas para el pan. Las noticias del frente. La hermana que se va con Bayo a defender Mallorca. El amigo que no regresa. Pero también la competencia con su amiga. La relación con su madre. Lo ordinario dentro de lo rocambolesco.

El diario de Pilar ha permanecido guardado en un cajón durante 80 años. Hoy sale a la luz en el libro Querido diario: hoy ha empezado la guerra, que ha sido editado por los investigadores Tània Balló y Gonzalo Berger y publicado por Espasa. La comparación con otro diario, el de Ana Frank, cuyo relato sobre el horror nazi emocionó al mundo, es más que evidente.

“Se da la coincidencia de que son dos adolescentes que describen lo que viven desde sus propias emociones en una edad crucial. Ambas tienen un relato expuesto a la emoción y al detalle. Las une el hecho de explicar o de testimoniar un momento de conflicto, pero Pilar nunca manipula ese diario. Y nosotros tampoco. Sabemos que Ana Frank arregló parte de su diario porque quería presentarlo a un concurso y siempre están las sospechas o la sombra de que podría haber sido manipulado por su padre. El diario de Pilar tiene esa inmediatez, esa falta de perfeccionamiento que la vez lo hace un texto mucho más fresco“, explica a Público Tània Balló.

“Hoy, aunque es Navidad, no se ha hecho fiesta, por haber guerra y por no existir ya los santos”

La mirada de Pilar muestra, desde la óptica del antifascismo de una adolescente, la cotidianiedad de una vida en guerra. Como las colas para conseguir huevos o pan a partir del mes de noviembre de 1936 en Barcelona. La llegada de niños madrileños a Catalunya ese mismo mes ante la inminencia de la caída de Madrid. La muerte de Buenaventura Durruti o la internacionalización de la Guerra. “Me he levantado a las cinco y media para ir a hacer cola para el pan. Es algo horrible, tanta gente, y tanta que se quedó ayer sin él. Bueno, en palabras no se puede explicar; así he estado toda la santa mañana viendo peleas y demás, hasta la una y media, ocho horas haciendo cola“, escribe Pilar en la entrada del 24 de diciembre de 1936.

Un día después llegaría el día de Navidad. En la Barcelona de 1936. “Hoy, aunque es Navidad, no se ha hecho fiesta, por haber guerra y por no existir ya los santos. Por la mañana, al colegio, como de costumbre (…). A las 6 mis compañeras han ido a hacer cola para el pan, cosa que es terrible de lo larga [que es]. No sé cuándo se arreglará eso del pan, pues ha habido muchas muertes por esa causa”, escribe.

Poco después, en febrero de 1937, llegarían los primeros bombardeos a Barcelona. Era el sábado 13 de febrero y desde la costa un crucero lanzaba bombazos contra los civiles. Al momento sentimos, pom, pom, porrompom… Horrible el instante este. ‘Ya están aquí los fascistas!‘, me dije. Y, en efecto, así era. Al principio, creímos que eran aviones, pero luego nos dimos cuenta de que eran los barcos”. Pilar no lo sabía. Pero las bombas procedían del crucero italiano Eugenio de Savoia. 

Verano de 1932. Pilar junto a sus amigas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

Verano de 1932. Pilar junto a sus amigas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

De niña a mujer

La Guerra Civil se alargaba y Pilar dejaba de ser la niña que era y su diario así lo reflejaba. A través de las páginas se vislumbra la figura de una mujer que comienza a tomar las riendas de su destino, que ya no se limita a describir lo que ve y toma partido en el conflicto que se desarrollo ante sus ojos y que ve en primera persona, en su círculo social, que la Guerra no es ningún juego. Que hay amigos y familiares que no regresan. Y que nunca regresarán.

“Es un cambio que se produce ante nuestros ojos y que se aprecia hasta en su escritura. Empieza más escueta, su vida es más estanca y más determinada por su madre. Pasan los meses y los años y adquiere personalidad propia. Ya no es esa niña que va en volandas de su madre”, explica a este periódico Gonzalo Berger.

El 27 de febrero de 1939, de hecho, Pilar cumplía sus 18 años. “¿Será posible que sea ya tan mayor? Parece que sea el otro que cumplí los 15. Me sabe muy mal tener ya esta edad, no quisiera hacerme mayor, aunque dicen que los 18 abriles es la mejor edad de la juventud”, escribe en su diario.

“Lloré mucho al ver que esos criminales fascistas se han llevado la victoria. Mas no les aguantaremos mucho tiempo porque volverá a haber un levantamiento”

Aún no había cumplido Pilar los 18 años cuando vio entrar en la ciudad de Barcelona a los fascistas. Lo describió en la entrada del 27 de enero de 1939, justo un mes ante de su 18 aniversario: “Barcelona es fascista. Hoy han empezado a desfilar por las calles las tropas al servicio de Franco. Todo son banderas monárquicas y vítores a Franco. (…) Han aparecido los periódicos hablando mal de los rojos, de Negrín y Companys y aludiendo a Franco. Yo les tengo un odio terrible, lo mismo que mi familia”.

La crudeza del final de la guerra

Pilar se había mostrado muy optimista respecto a la victoria de la República frente al fascismo, pero a principios de 1939 ya se había dado cuenta de que la victoria era imposible: “Lo que más desearía es que ganáramos la guerra y volver al Instituto Obrero juntamente con todos los alumnos que él tenía y volver al estudio intenso que a mí me gusta tanto. Pero estas esperanzas no me las hago, pues los fascistas lo tienen ganado ya, aunque Madrid, Valencia y Gerona, sean de los rojos. Ellos poseen una gran cantidad de material y muchos aviones, además de haber muchos alemanes, italianos, moros. Y nosotros no poseemos más que la razón, y como contra la fuerza no hay resistencia, es inútil poder ganar la guerra”.

Pero no todos son tristezas. El 12 de febrero, el papá de Pilar regresó del frente. Durante 15 nadie supo si estaba vivo o muerto. Regresó. “Está más delgado y ha envejecido una barbaridad”, diría Pilar. También estaba el cine. El entretenimiento preferido de Pilar, que a lo largo de los tres años de diario cita más de 100 películas. Y su hermana Rubi, que el 20 de febrero de 1939, dio señales de vida con una misiva desde un “hospital de la provincia de Gerona”.

En los últimos días del diario, también se aprecia el cambio de cotidianidad. Del día a día de la guerra, al del fascismo. “Me da rabia ir al cine porque obligan a saludar con el brazo tendido, o sea, el saludo fascista. En la pantalla aparece el rostro del “idiota” de Franco mientras que tocan el himno de ellos y todo el mundo ha de ponerse en pie y saludar. Si no se hace, los soldados que vigilan pegan a aquellos que no obedecen (…) A mí, el primer día, me cogió una pasión de reír al ver a tantas personas con el brazo horizontal que parecía que mirasen si llovía”.

La ilusión no muere

Boda de Pilar con Emili. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

 

Boda de Pilar con Emili. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

A pesar de la derrota de la República frente al Ejército franquista, Pilar no perdió la ilusión en una posterior victoria. Aquel fascismo no podía durar mucho. O eso pensaba. “Pasaremos todavía hambre y sufrimiento hasta que vuelva a venir otra revolución e implantar la República”, escribía en febrero. Apenas un mes después, a finales de marzo de 1939, se enteraría de la caída de Madrid. Esta era su reflexión:

“Lloré mucho al ver que esos criminales fascistas se han llevado la victoria. Mas no les aguantaremos mucho tiempo porque volverá a haber un levantamiento, esta vez por parte nuestra y quedará entonces enterrado para siempre el odioso fascismo, aunque a lo mejor tardaremos algunos años en lograrlo. Este pensamiento, que todos los rojos tenemos y del cual no nos engañamos, me da un poco de alegría”, sentencia Pilar.

Esa misma tarde, Pilar se fue al cine. Había acabado la guerra. La joven conoció a Emili Prats, con el que iniciará un largo noviazgo que dejará como prueba documental las más de 500 cartas que intercambiaron durante 1941 mientras él se encuentra realizando el servicio militar. Ese año Pilar abandonará su diario. En 1945 los dos se casarían y en 1948 la mujer daría a luz a su primera hija, María Pilar.

“A Pilar le pasa lo mismo que a la mayoría de las mujeres de su generación. Nunca ejerce en la carrera de Magisterio, que es la que estudió, y pasó a dedicarse plenamente a su hogar. Pilar se convierte en nuestra madre, nuestra abuela o nuestra tía. No tiene una vida distinta. Sufre la doble represión franquista: por roja y por mujer”, sentencia Tània Balló.

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La guerra continúa

8 diciembre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

José Álvarez Junco y los dioses útiles, o Gerhard L. Weinberg y la Segunda Guerra Mundial en menos de 200 páginas.

La guerra continúa

Johan Huizinga escribió que ninguna disciplina tenía sus portales tan abiertos al público en general como la historia. Y algunos de los libros publicados en los últimos meses constituyen un excelente ejemplo de eso.

La historia está cargada de mitos, aunque muchas veces no se encuentren pruebas para sustentarlos, y así lo recuerda José Álvarez Junco en Dioses útiles(Galaxia Gutenberg), su repaso a las teorías y construcción histórica en torno a las naciones y los nacionalismos, donde intenta explicar el caso español en términos comparados. Historia narrada con buen pulso, sin olvidar el análisis, que es lo que hace siempre tan bien este autor.

Resumir la guerra de 1939-1945 en menos de 200 páginas no es tarea sencilla, pero Gerhard L. Weinberg la borda en La Segunda Guerra Mundial (Crítica), partiendo de todos los conocimientos en investigaciones que había anticipado en su monumental Un mundo en armas.

Durante esos años de violencia y genocidio, cerca de 48.000 españoles combatieron en la División Azul. Xosé M. Núñez Seixas realiza en Camarada invierno (Crítica) una disección de quiénes eran, cuáles eran sus motivos y sus percepciones sobre la Alemania nazi y la Rusia soviética. Una historia basada en cartas, diarios y memorias, la mirada cotidiana de quienes vivieron aquella segunda cruzada contra el comunismo.

Fuera de Europa hubo también grandes masacres, aunque nuestra mirada occidental no les preste demasiada atención, e Iris Chang narra en La Violación de Nanking. El holocausto olvidado de la Segunda Guerra Mundial (Capitán Swing) la que tuvo lugar en diciembre de 1937, cuando el Ejército japonés entró en la entonces capital de China, Nanking, y asesinó a más de 300.000 civiles.Julio Prada Rodríguez,Jordi Ama

Tampoco cesa la literatura sobre la España más reciente. Hay para elegir, según los intereses de los lectores, que puede ser el Frente Popular, en la interpretación y relato detallado que 80 años después ofrece José Luis Martín Ramos en El Frente Popular. Victoria y derrota de la democracia en España (Pasado & Presente); la represión económica y el castigo que el franquismo aplicó a una buena parte de la sociedad gallega, objeto minucioso de estudio de Julio Prada Rodríguez en Marcharon con todo (Biblioteca Nueva); La primavera de Múnich (Tusquets), como denomina Jordi Amat en su excelente narración a lo que la dictadura de Franco bautizó en 1962 como el contubernio; el uso que los vencidos en la Guerra Civil hicieron de las coplas de Conchita Piquer, una original investigación de Stephanie Sieburth —Coplas para sobrevivir (Cátedra)—, muestra del vigor de los estudios culturales en los hispanistas más jóvenes; o el pormenorizado análisis de la izquierda radical durante la Transición por parte de Gonzalo Wilhelmi en Romper el consenso (Siglo XXI).

Y aunque tiene ya casi tres décadas, aparece una nueva edición de Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española (Crítica), la magistral obra de Ronald Fraser, la mejor guía para descubrir las historias escondidas de la guerra, más allá de mitos y disputas sobre las causas y responsables del acontecimiento central de la historia de España en el siglo XX.

Historias de gente común, de grandes acontecimientos políticos, de guerras y violencia. En grandes pinceladas y en miniatura. Para que los lectores decidan.

La guerra continúa

 

El legado infinito de aquel Octubre Rojo

29 noviembre, 2017

Fuente: http://www.publico.es

Se cumplen 100 años de un acontecimiento que supuso la ruptura de plano con el orden social existente, un antes y después civilizatorio que todavía reverbera. En ‘Público’ recogemos algunas de las miradas y textos que analizan aquel hito.

Los 'Diez días que sacudieron al mundo' de John Reed ilustrados por Fernando de Vicente en la edición de Capitán Swing y Nórdica.

‘Diez días que sacudieron al mundo’ de Reed, ilustrado por Fernando de Vicente en la edición de Capitán Swing y Nórdica.

Las revoluciones, explicó Marx en su día, son las locomotoras de la historia. Imagen ferroviaria que un expeditivo Lenin no tardó en recoger —y desarrollar— llegado el momento: «Pon la locomotora a toda máquina», anotaba en sus cuadernos a apenas unas semanas de aquel octubre que se hizo épico, «y mantenla sobre los raíles», añadía. La revolución como posibilidad emergió en un país que no estaba en las quinielas marxistas —el filósofo apuntaba a países tecnológicamente más avanzados como Francia, Inglaterra y Alemania—, un territorio inmenso con cientos de nacionalidades que borró del mapa un régimen autocrático que se remontaba a la edad media.

“El año 1917 fue una epopeya: una concatenación de aventuras, esperanzas, traiciones, coincidencias improbables, guerra e intrigas; una sucesión de valentía y cobardía, de estupidez, farsas, proezas, tragedia, ambiciones y cambios que marcan época; luces deslumbrantes, acero, sombras, raíles y trenes”, enumera en Octubre. La historia de la Revolución rusa (Akal) el autor inglés China Miéville. No es para menos, lo que se planteó aquellas semanas era una ruptura de plano con el orden social existente, un antes y después civilizatorio que todavía reverbera.

Ahora bien, qué es en concreto aquello que todavía centellea o tiene visos de hacerlo. Cuál de aquellas contradicciones que tuvieron que afrontar los protagonistas de la revolución de Octubre permiten entender y afrontar los cambios políticos por venir. Según el sociólogo y escritor Jorge Moruno, “los bolcheviques nos enseñaron la capacidad política contra lo impensable, como también los escollos y peligros sin resolver a los que se enfrenta todo cambio político. Lenin expresa que lo importante pasa por hacerse eco y aprender de esa corriente subterránea y deseo de libertad que recorre la historia de la humanidad en lugar de conformarse en aprender verdades de memoria”.

'Diez días que sacudieron al mundo' de Reed, ilustrado por Fernando de Vicente en la edición de Capitán Swing y Nórdica.

‘Diez días que sacudieron al mundo’, ilustrado por Fernando de Vicente en la edición de Capitán Swing y Nórdica.

Como explica Miéville en su libro, si el relato de la primera revolución socialista de la historia merece celebrarse, no es por nostalgia. La posibilidad de cambiarlo todo de arriba abajo quedó en el imaginario desde entonces. También el miedo. El miedo a un proceso en el que se consolidaran y extendieran las concesiones sociales, las mismas que comenzaron a menguar conforme fue desapareciendo el miedo al comunismo. La revolución de Octubre es, en ese sentido, un hito que contrarrestó mientras pudo las ínfulas desmedidas de otra revolución, la neoliberal. Fue así como la utopía comenzó a privatizarse, y de ahí al olvido hay tan solo un paso.

“La verdad es que más allá de las retóricas y las correspondientes celebraciones y efemérides tengo la impresión de que la Revolución Soviética se ha convertido en una herencia no deseada, una de esas herencias que en función de los impuestos que se exigen a los herederos como pago todos deciden rechazar”, explica a Públicoel editor Constantino Bértolo. La profusión de enmiendas —el autoritarismo militarista, el partido único, la creación de la cheka, las purgas…— que desde el discurso hegemónico se han ido vertiendo sobre el legado de aquel episodio no ha cesado desde que triunfara la revolución. “Fue punto de partida para una esperanza compartida, pero también supuso un punto de arranque para ese recio y bien pagado anticomunismo que llega hasta nuestros días”.

El fantasma recorría Europa y las lecturas que se hicieron en clave de Guerra Fría no dejaban espacio a la duda; cualquier modelo alternativo al capitalismo resultaba inviable. La revisión, pasado el tiempo y crisis de valores mediante, se ha vuelto algo más reflexiva y compleja, pese a que hay cosas que nunca mueren: “El anticomunismo creo que es el legado que sobrevive más claramente. Y acaso el aviso para explotados de que sin voluntad de hacer la revolución no hay revolución posible ni sujeto revolucionario ni comadrona que ayude a su parto”, zanja Bértolo.

La revolución rusa toma las librerías

La gran “sacudida” en ilustraciones
Diez días que sacudieron el mundo. John Reed. Ilustrado por Fernando Vicente y traducido por Íñigo Jáuregui. (Nórdica y Capitán Swing)

Fernando Vicente pone imágenes al gran clásico de John Reed sobre la revolución rusa, obra clave de quien fue testigo de excepción de unos acontecimientos que cambiaron el rumbo de la historia. Un relato periodístico que marcó época y que sirvió de primeva aproximación a la revolución por parte de los estudiantes rusos. El trazo personalísimo de Fernando Vicente llena de color y juega con técnicas y estilos que remiten irremediablemente a la cartelería de la época, Ródchenko, Malevitch y los retratos de Popova.

Comunismo y computadoras
Ciber-comunismo. Planificación económica, computadoras y democracia. Paul Cockshott y Maxi Nieto (Trotta)

La paradoja está servida. Combinen un desarrollo científico-técnico desaforado con la tendencia entrópica a la desigualdad social y ya lo tienen. Una realidad mundial contradictoria que, como avanzaba Marx, responde a una determinada forma de organización social de la actividad económica. ¿Qué puede hacer la tecnología al respecto? Ciber-comunismo aporta luz sobre las posibilidades del socialismo y la planificación de la economía en un ecosistema hipertecnologizado.

La revolución como posibilidad
Octubre. La historia de la revolución rusa. China Miéville (Akal)

Es tiempo de interrogar a la revolución. El escritor inglés de literatura fantástica China Miéville le inquiere desde las entrañas, sumergiéndose en los detalles de aquellos meses que lo cambiaron todo. Para ello traza un vasto mosaico que va desde las avenidas y calles de San Petersburgo y Moscú hasta las más remotas aldeas de un imperio inabarcable. Todo para entretejer un relato humano de lo que fue y supuso. Como escribe el autor en su epílogo, “el estandarte de Octubre declara que las cosas cambiaron una vez, y pueden volver a hacerlo”.

Marx para principiantes
Karl Marx. Llamando a las puertas de la Revolución. Antología. Edición de Constantino Bértolo (Penguin Clásicos)

Que el epígrafe no lleve a engaño. Bértolo nos presenta un Marx accesible pero sin restarle profundidad. Sus más de novecientas páginas, repasan con exhaustividad la obra, ideas y propuestas del alemán como instrumento de defensa y lucha ideológica. “Leer a Marx es una experiencia vital, subjetiva y política en la que el tiempo histórico que está teniendo lugar en el momento de la lectura, debe intervenir en esa lectura, confrontando situaciones, preguntas y respuestas”, explica el editor. La cara más combativa del filósofo para todos los públicos.

Vía libre a la revolución
El tren de Lenin. Catherine Merridale (Crítica)

Un viaje que lo cambió todo. La escritora e historiadora Catherine Merridale descubre al lector la historia de la Revolución rusa a través del viaje de uno de sus grandes protagonistas en más de trescientas páginas que incluyen imágenes y mapas. Con un enfoque original, la autora relata la llegada de Lenin hasta Petrogrado y el camino que siguió hasta ver cumplido su propósito de dar un nuevo rumbo a la revolución.

Los cronistas de la ruina de Europa

22 noviembre, 2017

Fuente: http://www.blogs.elpais.com

Por: F. Javier Herrero 20 de febrero de 2014

Familia berlin

Una madre alemana cocina para su familia en una calle del Berlín de 1945 / Corbis

La caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 inició el proceso que acabaría con las últimas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Un año después, la reunificación alemana que lideró el canciller Helmut Kohl era un hecho que se desarrolló con suma rapidez en paralelo al proceso de construcción política de Europa. Por aquellas fechas el ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger temía que ese proceso terminase en un eurocentrismo económico, liberal hacia dentro y proteccionista hacia el exterior, una nueva “Fortaleza Europa”, en un sentido demográfico y económico, potencial generadora de tensiones. A modo de posible vacuna, Enzensberger entendía, acertadamente, que no se había llevado a cabo un análisis complejo de los “años fundacionales” de la nueva Europa y la situación que afrontó su población. Son los años de la posguerra europea, los años en que el continente  era materialmente un montón de ruinas y los europeos, no solo los alemanes, se encontraban en un pozo político y moral.

Al constatar que la filosofía europea se dejó llevar por una abstracción que le alejaba de un frío análisis de la realidad y que la literatura de memorias posterior carecía de credibilidad, la aportación del pensador alemán para iluminar esos oscuros años que van de 1944 a 1948, fue publicar en 1990 Europa en ruinas, una recopilación de crónicas de los mejores reporteros y escritores americanos, que siguieron a los ejércitos aliados en su avance hacia Alemania, y de otros que provenían de países neutrales, outsiders que daban las impresiones más lúcidas, aunque solo fuesen relativamente acertadas, acerca de las calamidades que sufrían los supervivientes europeos. Enzensberger recurrió a ellos porque en la disposición intelectual de los periodistas  de los países afectados era palpable la autocensura interior que aplicaban a sus análisis y reportajes. En palabras de él mismo, “no solo había quedado devastado el entorno físico, sino también la capacidad de percepción. Toda Europa estaba por así decirlo, como si le hubieran propinado un porrazo en la cabeza”. Capitán Swing ha publicado a finales de 2013 el libro en español y lo hace en un momento muy adecuado, cuando los valores de la esencia del proyecto común europeo están en entredicho, en medio de una crisis económica de dimensiones desconocidas desde 1929, con Alemania convertida en el líder de una Unión Europea que promueve una política de austeridad que puede llegar a dividir al norte del sur de Europa. En un momento, en definitiva, en que los logros del estado del bienestar se tambalean y florecen de nuevo los populismos y la extrema derecha repartidos por toda la geografía europea.

Niño polaco

Niño polaco víctima de la guerra en la arrasada Varsovia / Corbis

“Nadie es un nazi. Nadie lo ha sido jamás. Tal vez había un par de nazis en el pueblo de al lado (…) durante seis semanas tuve escondido en mi casa a un judío (…). Ay cómo hemos sufrido. Las bombas…”. En abril de 1945 la norteamericana Martha Gellhorn escucha declaraciones parecidas de todos los alemanes con los que se cruza en Renania. Se pregunta “cómo es posible que ese detestable gobierno nazi, al que nadie apoyaba, fuera capaz de mantener esta guerra durante cinco años y medio”. Gellhorn ve “un pueblo entero que declina toda responsabilidad” y que “no constituye una visión edificante”. Se trata de negar una realidad que cada vez adquiere perfiles más terribles, una especie de amnesia colectiva se propaga. Dos años después, en julio de 1947 Janet Hanner envía una crónica desde Berlín que estremece: “La nueva Alemania es solo un despojo de la Alemania muerta de Hitler (…) enemistada con todo el mundo, parece, curiosamente, muy satisfecha consigo misma (…) los alemanes no demuestran ningún interés especial o compasión alguna por el sufrimiento y las pérdidas que han ocasionado a otros (…). Solo unos pocos alemanes parecen acordarse todavía de las palabras que algunos clarividentes pronunciaron al comienzo de los ataques de 1940: ¡Gozad de la guerra!, ¡La paz será terrible!”. Hanner es testigo de una pérdida general de las referencias morales entre los supervivientes alemanes, que deja perplejos a estos reporteros anglosajones. Observadores europeos como el sueco Stig Dagerman consiguen mejores resultados cuando intentan explicarse el comportamiento de los alemanes de la posguerra. Este escritor sueco viajó durante el otoño de 1946 por toda Alemania y afortunadamente hemos podido contar con su capacidad de análisis cuando describe a los antifascistas alemanes como “las ruinas más bellas de Alemania”  o cuando viaja en tren cerca de Hamburgo y “excepto nosotros dos nadie se asoma a la ventanilla para contemplar lo que probablemente sea el campo de ruinas más escalofriante de Europa. Cuando alzo los ojos me encuentro con miradas que dicen: Éste no es de aquí”. Los mecanismos de supresión de la memoria ya están activados.

En octubre de 1944 Martha Gellhorn se encuentra en la recién liberada Nimega, una ciudad holandesa que describe como plácida y aburrida en el pasado pero enclavada en una zona peligrosa, al lado de la Línea Sigfrido y el cauce del Rin. Gellhorn entra en una escuela convertida en cárcel llena de colaboracionistas de los nazis. Entre todos ellos destaca un grupo, “mujeres jóvenes con expresión sombría que yacen en el lecho, enfermas, con bebés muy pequeños; son las mujeres que vivían con soldados alemanes, que ahora son madres de hijos alemanes…”, y nos preguntamos si esas mujeres eran nazis convencidas o buscaban un medio, por peligroso que fuese, de sobrevivir.

En “unas circunstancias que semejan la temprana Edad Media. Como beduinos, los napolitanos acampan entre las ruinas…”. Norman Lewis describe así el Nápoles de octubre de 1944 que sufre de hambre y sed, porque los alemanes han destruido los sistemas de suministro de agua. Pero si alguien sabe sobrevivir en un medio hostil, esos son los napolitanos. Allí el mercado negro llegó a ser próspero como nunca lo fue. De cada tres barcos de los Aliados que eran descargados en el puerto desaparecía el cargamento de uno, y en los alrededores del Tribunal de Justicia se vendía en un ruidoso mercado lo poco que antes había sido robado.

Dresde

Habitantes de Dresde suben a un tranvía en 1945 / Corbis

John Gunther llega a Varsovia en el verano de 1948, la ciudad que, después de Stalingrado, ha sufrido la mayor devastación en la guerra. Un polaco se dirige al periodista: “Vosotros en Occidente podéis tener el más alto nivel de vida del mundo. Pero nosotros los polacos tenemos el más alto nivel de muerte”. No se puede resumir mejor lo que ha sufrido esta ciudad desde que fue invadida en 1939 cuando contaba con 1.300.000 habitantes y en 1945 contaba con 700.000 menos. Gunther relata como, a pesar de todo, esos perseverantes polacos salen de sus catacumbas cada día comprometidos a reconstruir una ciudad que los nazis quisieron borrar del mapa en octubre de 1944, con una fortaleza y optimismo que sorprenden precisamente porque Varsovia gracias a ellos vuelve a estar viva.

Max Frisch, dramaturgo y autor de Homo Faber, recorrió varias ciudades alemanas en 1946. La maestría con que traslada a las palabras sentimientos y emociones es algo que ha estado al alcance de solo unos pocos en el siglo XX. Por ello, su prosa elegante y delicada nos conmueve cuando describe la desolación y desesperanza que abruma a los civiles alemanes derrotados en esos años. En la primavera de 1946 visita Frankfurt en cuya estación de ferrocarril se encuentra a unos refugiados de territorios que ya no pertenecen a Alemania, abandonados y sin ayuda para los que “su vida solo es una ilusión, algo ficticio, una espera sin esperanza, ya no sienten ningún apego por ella; solo la vida continua adherida a ellos, como un espectro (…) respira en los niños dormidos que yacen sobre los escombros, con la cabeza entre los bracitos consumidos, acurrucados como embriones en el seno materno…”.

París, Roma, Londres, Praga, Budapest, el infierno de Dachau…con Europa en ruinas viajamos a través del caos mental y material de la Europa coventrizada y hambrienta que, curiosamente, a pesar de tantos y tantos bombardeos, no será convertida en un todo homogéneo con la reconstrucción. Las diferencias entre europeos persistirán. El trabajo de Enzensberger con la recopilación de estas crónicas y textos es encomiable y demuestra la necesidad de recordar ese sufrimiento y reivindicar esa memoria por sus efectos preventivos ya que no debemos dar la paz en el continente como algo por supuesto. No olvidemos que hace casi dos décadas, al poco de aparecer este libro por primera vez, 8.000 bosnios eran asesinados en Srebrenica.

“La situación en Catalunya está sacando a flote odio en una sociedad que se jacta de ser tranquila y pacífica”

16 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El escritor y periodista Gregorio Morán (Oviedo, 1947) presenta Miseria, grandeza y agonía del PCE (Akal). Un libro reeditado que cumple ahora tres décadas. La obra de Morán, como todas las suyas, es un reportaje largo, erudito, prolijo en detalles, del principal partido en la dictadura y de su crisis a partir de la Transición.

Morán desarrolla un retrato crítico de sus principales dirigentes, de los procesos históricos en los que vivieron –muchos de los cuales él vivió en primera fila–, y del contexto en el que se pactó una Transición, de 1978, cuya arquitectura institucional parece sufrir con su 40º cumpleaños.

Morán fue despedido a la vuelta del verano de La Vanguardia, donde publicaba un artículo semanal desde hacía 30 años, “víctima del procès”, explica. Un procès con el que es muy crítico, y que le trae a la memoria un poema de Pier Paolo Pasolini de 1968,  Il PCI ai giovani, sobre las protestas estudiantiles de aquel año en el que el autor empatiza con los policías más que con los estudiantes, porque los primeros “viven con un salario miserable” y los otros “están mantenidos”.

¿Por qué la reedición del libro? ¿Qué está pasando en la actualidad para un libro que retrata de forma crítica el periodo de la Transición tenga interés?

En primer lugar, desempeña un papel importante la propia editorial, que estaba interesada en ese libro inencontrable que había tenido una vida si no azarosa, sí irregular. El libro es del año 1986, y fue creciendo en interés conforme se ocultaba. Ahora, los libros de viejo están a unos precios absolutamente hiperbólicos.

Yo creo que hay un interés por una parcela de la historia de la izquierda española tan capitidisminuida la pobre últimamente, y el libro viene a incidir en esa historia. Un pasado que parece de hace un siglo, pero que no es de tanto tiempo: del 86 hay poco más de 30 años. Pero lo más llamativo es que los protagonistas de esa historia han tenido una vida azarosa que les ha llevado desde la extrema izquierda, en algunos casos contra el revisionismo del PCE, hasta la extrema derecha del PP. No hay que olvidar que en España no existe una extrema derecha como partido porque está subsumida en ese partido de centro derecha que es el PP, que lo recoge todo siguiendo la norma que marcó la UCD de Adolfo Suárez. Es un retrato de época.

Retrato crítico.

Sí, claro, sí, eso ya va con uno.

Recordando los Mandarines, también, es esa forma periodística de reportajear una época en la que casi no queda títere con cabeza.

Es que los títeres eran muy títeres.

¿Por qué añade “agonía” al título del libro?

Cuando lo escribo en 1986 es miseria y grandeza, pero visto en perspectiva, en la parte última, es una agonía. Fue irrecuperable. Ya Izquierda Unida no tiene nada que ver con lo que era el PCE, y los restos del PCE pues es una cosa que está ahí como restos del naufragio, como un pecio. Yo creo que había que añadir lo de la agonía, porque en principio en 1986 no era obligatorio pronosticar el final, y ahora es una obviedad.

Es muy crítico también con el nivel intelectual de los líderes históricos del PCE, como Dolores Ibárruri, José Díaz, Santiago Carrillo… ¿Han faltado grandes teóricos marxistas al frente del PCE como sí hubo en otros partidos comunistas europeos?

La crisis del PCE es un antecedente de otras crisis de partidos comunistas europeos. La fragilidad intelectual del PCE, caracterizada por la propia fragilidad intelectual de Carrillo, de [Fernando] Claudín, es una imagen de marca, es una huella que está ahí. Hombres como [Manuel] Sacristán, que podrían haber introducido quizá elementos de racionalidad, o [Manuel] Vázquez Montalbán u otros, no muchos más, no tuvieron ningún peso.

El peso, no hay que olvidarlo, lo tenía Carrillo. Cuando saca un libro infumable, Eurocomunismo y Estado, absolutamente deleznable intelectual y políticamente, y los críticos dijeron que era una aportación al pensamiento de la izquierda mundial… Cuando pasa eso, uno piensa que nuestra base intelectual está ahí reflejada: no le vamos a pedir tampoco al PCE goyerías que están fuera de la realidad, porque el PSOE ha tenido un montón catedráticos de universidad, que, con todos mis respetos, la inmensa mayoría desempeñan cargos funcionariales: una inteligencia vicaria de quien les puso en la cátedra.

No creo que sea significativo solo del PCE, sino más general de una de las maldiciones de este país, que intelectualmente la izquierda es tan pobre como la derecha y, en ocasiones, más.

Y a menudo a gusto cerca del poder.

Intelectualidad y poder, ya lo he intentado explicar con El Cura y los Mandarines: el poder da relumbrón, todo lo que la sociedad no te da. Y más. En los cambios que se produjeron en la inteligencia de la izquierda en la Transición, que era entonces la izquierda más radical hasta ahora, son de poder. El poder que no les hizo caso y que sigue sin hacérselo, pero que sí les da privilegios o concesiones o beneficios de élites que hay que pagar. Y que se paga con la aceptación del “pensamiento dominante”.

¿La crisis del PCE en la Transición tiene que ver con las concesiones programáticas o con que la imagen de que quien pilota el partido es de los años 30?

Yo creo que la parte segunda es la más adecuada. La gran paradoja del PCE es que es el partido más joven en la España del 77, tanto como que sería el que suministraría los cuadros políticos al PSOE en los años por venir. Ese partido se presenta en junio de 1977 con las candidaturas más viejas, arcaicas y putrefactas que uno se pueda imaginar. A partir de ahí, ese elemento no fue suficientemente analizado por nosotros. Para una parte de los analistas o militantes, se consideraba una paradoja, pero tenía una explicación: para gente como Carrillo, la Transición y las elecciones del 15 de junio de 1977, hasta que el PSOE domina en octubre de 1982, consiste en ver pasar el último vagón del último tren: o coges ese tren en las condiciones que fueran o no pasa otro.

Nosotros teníamos una vida por delante, ellos tenían vida por detrás. Esto se convierte en una radiografía del PCE. ¿Cuál es el gran éxito del PSOE? Que no tenía ningún pasado. ¿100 años? No tenía nada, el pasado eran Llopis y compañía, ellos estaban virginales en todos los sentidos.

Julio Anguita a veces lo comenta: que fue clave el dominio del partido del exterior, mientras en el PSOE fue el del interior.

Eso es evidente. Es un rasgo definitivo. Pensaban en la posibilidad de una egregia y brillante jubilación. Y la figura de Carrillo ahí es fundamental. Él es la esencia de ese fenómeno. Ellos se han dedicado a la política desde los 16 años ¿y no has sido ni ministro y te vas a morir?

El libro tiene tanto detalle que no es suficiente con el archivo del PCE. ¿Quién le ayudó?

Mi historia, la gente con la que viví, y el haber vivido en primera persona con una buena parte de los protagonistas de esta historia.

Dicen que Romero Marín le echó una mano.

No, imposible. Nadie que lo conociera, que no queda precisamente bien en el libro, puede imaginarse haciendo confidencias. Yo he trabajado con él, pero era un coronel de tanquistas.

El Tanque, le llamaban.

Era el Tanque.

El actual líder de IU, Alberto Garzón, también es crítico con Carrillo. ¿Cree que representa un mayor nivel intelectual que echaba en falta en la historia del PCE?

Yo no le conozco. Conozco lo que aparece, no lo sé. No sé tampoco su edad. Es muy joven.

¿Y el grupo de líderes de Unidos Podemos, además de Garzón, con Iglesias y otros, que vienen de la universidad? ¿Hay un salto teórico?

Yo creo que sí. Es verdad que hay mejor formación, pero la política también requiere una veteranía que esta gente no tiene. Cómo está administrando Podemos la crisis de Catalunya es una prueba inequívoca de inmadurez política, tanto de los dirigentes como de los cuadros. No entro en si aciertan o no aciertan, pero sí en la falta de unas orientaciones que producen la veteranía. Seamos sinceros. Rajoy gana porque ya es el único veterano que queda, los otros han ido cayendo.

Hasta el mismo Aznar cuando se queja de Rajoy, hay que recordarle que si llega a poner a los otros candidatos que tenía en su famoso cuaderno, no me quiero ni imaginar a Rato haciendo de Rajoy, entre otras cosas porque estaría en la cárcel.

La veteranía no es todo como creía Carrillo, que creía que con eso bastaba, pero sí es imprescindible en política. Y a esta izquierda le falta curtirse. El problema es que curtiéndote te puedes resquebrajar, es muy difícil la situación. No es eso de que vamos a simular, aquí te la vas a jugar.

También la situación de ahora es muy complicada.

Exige talento, sí, y veteranía. Y aquí es el arte de la improvisación. A lo mejor la política futura se caracterizará por esos rasgos, pero no lo veo. Lo cierto es que lo que significó el PCE se ha desparramado en los diferentes grupos. Simplemente la formación de las élites políticas debe todo al PCE, desde la derecha a la izquierda.

¿Deberían disolverlo?

¿No está disuelto ya?

Hay cuotas, militantes, el Mundo Obrero, la fiesta anual…

Eso es como un club, ¿no? Hay gente que juega al golf, que le gustan los caballos…

A veces surge el vértigo de que una svolta della Bolognina a la española acabe como en Italia, sin fuerza marxista organizada.

Italia en política merece un respeto. Y en medios de comunicación, también. Aquí nos hemos dado de bruces con situaciones impensables. El partido que ha representado mejor la modernización de la derecha ha sido el PSOE, que gana las elecciones de octubre de 1982 con un programa radical de izquierda, en muchos aspectos rupturista, que luego no cumple. Si hoy me preguntaran qué queda del PCE, y yo sigo los medios, no sabría qué queda como PCE organizado, como estructura partidaria.

Lo que está pasando ahora con Catalunya, ¿hasta qué punto tiene que ver con una crisis del régimen del 78?

Tiene mucho que ver con una crisis de régimen catalán, poco trasladable al resto. Hay un jalón definitivo en la situación de Catalunya que dispara los acontecimientos: cuando se comprueba que el president de la Generalitat es un chorizo. El descubrimiento de Pujol como chorizo, no por sabido por minorías, no dejó de conmocionar a la vida política catalana. Y ahí empieza todo. No hay que olvidar que una de las exigencias de los indepes más egregios de la antigua Convergència es que la independencia significa una amnistía, cosa aceptada hasta por la CUP.

Entre realidad y tapadera, la situación en Catalunya es muy diferente a como la estamos explicando.

El periodista y escritor Gregorio Morán.
El periodista y escritor Gregorio Morán. MARTA JARA

¿No tiene tanto que ver con un concepto de país España?

Acabará teniendo que ver, pero es más el agotamiento de la clase política catalana. Ellos han tenido que cambiar de nombre el partido, esto solamente ocurrió con el PCE.

Y con AP.

Sí, pero AP y los magníficos duraron poco. Ya se consolidó como PP. La clase política catalana tiene una responsabilidad histórica y el pujolismo, también. Y mientras no veamos eso, no veremos el trasfondo auténtico de la situación.

Y ahí está esa expresión insólita y hasta divertida si no fuera patética, de políticos catalanes: nos vamos porque no nos quieren. El elemento de que te quieran o no en política… He planteado que fleten tres barcos desde Buenos Aires con psiquiatras y psicoanalistas que allí sobran y aquí faltan, para dar dosis de tranquilidad, de eliminar ese complejo de inferioridad… ¿Que no nos quieren? ¿Pero qué tiene que ver eso con la política? Yo nunca me he planteado si quiero o no quiero a mi vecino, es mi vecino, y sería raro que me tocara el timbre en mi casa y me preguntara si le quiero. Llamaría a urgencias.

Es una insistencia en este momento acojonante: si no nos quieren, nos vamos. ¿Tienen que mandarnos flores? Si tú tomas las calles, no te van a quitar con claveles. A ver si nos aclaramos: ahora queremos las revoluciones con tranquilidad 2.0. Pero usted va a pelear. Los otros nos dan duro, dicen. Pero, ¿para qué está la Guardia Civil? ¿Para mandarte a casa con flores?

Esa especie de buenismo… La izquierda buenista es más estúpida que la derecha buenista. Porque la derecha buenista sabe cómo conservar el poder y el dinero. Pero la izquierda buenista no tiene nada que conservar más que su propia estupidez. Ser de izquierda buenista es una cosa… Niega la lucha de clases, niega todo. Una de las cosas más llamativas: en Catalunya ha desaparecido la lucha de clases, porque estamos todos, en palabras de Montilla: “Zapatero, te queremos mucho, pero queremos más a Catalunya”. A mí me dice un tío eso de España y no le voto en la vida.

Se han transmutado los valores, todo esto se ha desparramado, no estamos pudiendo decir lo que debemos decir. No puede ser. No puede usted de pronto decidir que la lucha de clases no existe. Lo que ocurre es que hay clases abducidas por la hegemonía catalanista.

A mí los tuits me recuerdan a los váters públicos: “Tonto el que lo lea”; “me cago en tu madre”… Si me atuviera estrictamente a lo que dicen de mí, estaría deseando que me quisieran. Pero no es mi problema. No necesito que me quieran todos los días a todas las horas. Y si me dedicara a la política, sabría que tengo una base que me sustenta pero otra que tratará de machacarme.

¿Cómo se resuelve esto?

Los navajazos seguirán, las cuchilladas de uno y otro. Y yo a lo mejor escribo esta semana sobre el diálogo, pero qué manía. Me acuerdo de Gemma Nierga cuando lo de Lluch. ¿Parando a los tíos en el garaje para dialogar con unos tíos que te van a pegar un tiro en la nuca?

Usted quiere dialogar porque no quiere conflictos, porque no está involucrado en la pelea, porque quiere vivir en paz, y que maten a los demás… Pero dígalo todo. Usted no llega a esa situación para dialogar. ¿Sobre qué dialogamos? Uno con la Constitución y el otro con la independencia. ¿Está dispuesto a bajarse el burro? Está en una bici de piñón fijo, si no pedalea, se cae.

La cantidad de tópicos… ¿Dialogar? Usted dialoga con unos tipos que han considerado que quieren romper con el statu quo y están en su derecho, pero lo que no puede ser es que cuando vienen mal dadas y cuando el Estado reacciona, dices: vamos a dialogar. Pero, ¿sobre qué? Hay hechos consumados.

¿No podría haberse hecho algo distinto que el 155?

Sí, pero con tiempo. No ahora, ahora ya no. Porque ya la cosa está disparada, ahora es imposible. Porque Rajoy ha intentado por todos los medios no aplicar el 155: ha puesto más medios Rajoy para no aplicar el 155 que los otros para que lo apliquen. Pero una vez que venga la ola, hay mucha gente que no sabe nadar y que lo va a tener muy crudo. Y Rajoy no es el más duro de la cuadrilla, y que una situación política fuera de control significa que se va la sociedad capitalista que te está subvencionando a ti. El problema del PDeCAT, antigua CDC, es que ha matado la gallina de los huevos de oro, y que parece que va a disputar a ERC y la CUP las bases sociales.

Y eso que en España se han elegido siempre presidentes con 40 años, salvo Rajoy. Y a menudo también se estigmatiza el político profesional.

Primero, porque la política está mal considerada, y esto es una herencia del franquismo: haga como yo, no se meta en política. Pero los instrumentos pedagógicos de esta sociedad se limitan a las tertulias: tú discutes con un tío que es un analfabeto, tiene cultura visual. El tiempo que dedica la izquierda más radical a incidir en los medios visuales, yo no sé si a la larga eso será bueno para la sociedad, pero para ellos es malo.

¿Por qué?

Es una prueba de que todos somos lo mismo, que en un debate no gana el que tenga los argumentos más sólidos, sino el que sepa vender la moto con mayor eficacia. Los medios de comunicación han tendido a liquidar las hemerotecas, eso quiere decir que todos somos presentistas: no existe más que el presente.

El periodista y escritor Gregorio Morán.
El periodista y escritor Gregorio Morán. MARTA JARA

¿Qué papel desempeñan los medios a su juicio?

No muy feliz. Tenemos los medios más deleznables de Europa. En Catalunya queda la subvención y un magma que lo recubre todo, que es la opinión mayoritaria. Opinión mayoritaria según los sondeos, que están hechos para quien los paga, lo cual es un principio básico de la termodinámica social.

El desprestigio de los medios de comunicación en España es directamente proporcional a la actitud de los propios medios. Económicamente son de una fragilidad absoluta, viven de la subvención, y no puedes tener unos medios independientes si no te puedes subvencionar a ti mismo. Aquí tienen intereses los patronos que consideran cómo sacar dinero al Estado. En el caso de Catalunya es escandaloso porque la subvención abarca todo, y en el caso del resto, primero está la precariedad: significa que los salarios que se están pagando son de miseria y que no se hacen reportajes, no hay corresponsales, se depende de las grandes cadenas…

La situación de los medios de comunicación es de caída general, en un momento en el que la gente está feliz de haberse conocido con las redes. ¿Cuánto durarán las redes? Se cansarán, porque las redes tienen un límite. El poder decir las tonterías que quieras gratuitamente llegará un momento en el que eso no tenga más sentido que en su propio ombligo, pero eso no tiene ningún valor a la larga. Nadie contempla todavía la caída en picado de las redes, pero caerán como cae todo.

Además, las redes no pueden sustituir a los medios de comunicación convencionales. El poder está en el papel: el papel es caro y exige la lectura, lo otro exige la visualidad, que es otra cosa.

Volviendo a la historia del PCE y Catalunya. A menudo se compara a los comunes con el PSUC.

No tiene nada que ver. El PSUC era un partido, los comunes es una amalgama de personajes, de mayor o menor cuantía. No tiene nada que ver.

¿No heredan esa tradición?

No, no se hereda. Estamos viviendo una crisis del partido convencional, y manejar las amalgamas de grupos como los comunes o como Podemos, es una experiencia nueva, que exige talentos y una cosa que no gusta: personalismos muy fuertes, esa variante del populismo que son las personalidades fuertes que unen. Cuando se toman decisiones, no pueden convocar al soviet, no le sirve. La asamblea es cojonuda, pero, ¿quién ejecuta? ¿Siempre ejecuta la derecha? ¿Usted no gobierna, usted discute del gobierno? Eso ya lo teníamos aprendido del siglo XIX. Esos instrumentos políticos, que la gente piensa que por ahí está el futuro, el presente ya lo están teniendo difícil.

Tienen un momento de ascenso y éxito arrollador, pero esos instrumentos están hechos para sociedades como los verdes alemanes, sociedades institucionalizadas donde las sorpresas vienen de fuera. Pero aquí, ¿dónde hay que tomar decisiones?

Ese es el riesgo de las izquierdas con Catalunya, que hay que tomar una posición con validez como mínimo que dure algo más que unas horas.

Ellos están con el referéndum pactado, ¿no? Otra cosa es qué votarían cuando lo hubiera.

Sí, claro, pero es poco probable la primera parte, pero cuando tú has apoyado el referéndum no pactado, es muy difícil ese peso de tu verdad en el referéndum pactado. Porque tú has apoyado…

Lo llamaban movilización.

En eso el lenguaje da para todo. Llámalo como quieras, pero tú no has dicho que no al referéndum no pactado si no es con la boca pequeña. Es muy complicado. No son asambleas de la universidad. Seamos serios: yo no me imagino a la izquierda, incluido el señor Sánchez, abordando una situación como la de Catalunya.

No quiere decir que Rajoy lo esté haciendo mal, bien o regular. Pero se lo ha pensado. Otra cosa es que no piense lo que yo pienso. Pero me imagino a Sánchez en una situación así y me aterrorizo: no sabe ni cómo dirigir su propio partido. Y no digamos ya los comunes: lo de Colau no sé qué réditos electorales va a tener. Pero ese intento de que te quieran todos es muy difícil.

Vamos a unas elecciones en Catalunya, pero nada dice que vaya a cambiar la radiografía del voto. Las urnas las carga el diablo. Ya sé que esto está mal decirlo así brutalmente, pero mi confianza en el voto popular es muy relativa. He vivido situaciones en las cuales me recuerda mucho a esa gente que cuando detienen a un asesino dicen que le cuelguen, que me lo dejen a mí. No sé quién es peor, si el asesino o el asesino voluntario. La capacidad de linchamiento de la población.

Ahora los estudiosos más razonables están introduciendo una variante muy rica, que es la introducción del odio, que no existía hace 20 años. El odio ya es una categoría política en muchos países, y en sociedades como la catalana del buenismo, el odio está palpable e indiscutible. No hay empatía con lo que tú digas. Al contrario, si pueden, te machacan. Cuando dicen ‘somos pacíficos’, claro pero si no te pones en su camino.

¿Podemos hacerle escraches a la derecha con impunidad sólo porque tenemos razón? Nosotros tenemos razón y por tanto tenemos derecho: eso me recuerda viejas épocas. Si usted no quiere que saque una bandera, no me saque la suya. ¿Y cómo hacemos las protestas? Hay mil maneras, pero si usted quiere dominar la calle, está usted o la policía. La policía está para eso. Que no cumple la policía su finalidad, pues tendrá que cumplirla usted y habrá que detener a la policía. Usted sabrá lo que hace.

Por eso te digo que la veteranía es un grado, y no es que sea positivo, pero hay lecciones que ya las di y las aprendí hace muchos años. Una situación como la de Catalunya está sacando a flote odio en una sociedad que se jacta y se jactaba de ser pacífica, tranquila.

Yo soy una víctima colateral del procès. No olvides que el comité de empresa de La Vanguardia, que es indepe, mandó una carta al director pidiendo que mis artículos fueran censurados. Esto ni en el franquismo. Eso muy bestia, es haber cruzado una línea de fuego.

Viaje de ida y vuelta al infierno

11 noviembre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com/cultura

‘Descenso a los infiernos’, de Kershaw, es un libro claro y preciso sobre la historia de Europa que ilustra la importancia de la Primera Guerra Mundial en el devenir del continente.

Un momento de la firma del Tratado de Versalles en 1919.
Un momento de la firma del Tratado de Versalles en 1919. BETTMANN (CORBIS)

La Primera Guerra Mundial, que decidió el destino de Europa por la fuerza, tras décadas de primacía de la política y de la diplomacia, ha sido considerada por muchos historiadores como la auténtica línea divisoria de la historia de Europa del siglo XX. Ian ­Kershaw, acreditado historiador de Hitler y de la Alemania nazi, comparte plenamente esa tendencia, consolidada desde que Eric J. Hobsbawm comenzara en 1914 su ya clásico relato del “siglo XX corto”. Europa, que se había jactado de ser “el culmen de la civilización”, cayó entre 1914 y 1945 en la “sima de la barbarie”, hizo un viaje de ida al infierno en la primera mitad del siglo XX, para volver de él en la segunda.

Nada antes de 1914 había preparado el mundo para lo que iba a suceder, aunque la violencia había esparcido ya sus semillas. Por eso ­Kershaw emplea los primeros capítulos para identificar los componentes básicos que desde el siglo XIX allanaron el camino a la violencia que afloraría desde 1919: el nacionalismo étnico-racista; el imperialismo colonial; los conflictos de clase, agudizados por el triunfo de la revolución bolchevique, y una crisis prolongada del capitalismo.

Fue en Alemania donde el acoplamiento de esos cuatro elementos de la crisis se manifestó en su forma más extrema, tras cimentar Hitler su control dictatorial del Estado, y llegó a su punto culminante, en la Segunda Guerra Mundial, en el centro y este de Europa, las zonas más desestabilizadas del continente, principal escenario del genocidio y de la destrucción de todos los ideales de civilización surgidos desde la Ilustración.

Al conflicto bélico iniciado en 1914 se le puso la etiqueta de que había sido “una guerra para acabar con la guerra”, pero preparó el camino para otra aún mayor. Y Kershaw explica por qué esas esperanzas se evaporaron con rapidez y cómo Europa construyó los cimientos de una “peligrosa triada ideológica” —comunismo, fascismo y democracia liberal— que rivalizaron por imponer su dominio.

Viaje de ida y vuelta al infierno 

La crítica a la democracia ganó terreno tras los desastres de la guerra y con el miedo a la revolución y al comunismo que llegaban desde Rusia. Tras la Gran Depresión, que comenzó a sentirse con fuerza a partir de 1930, la democracia aguantó sólo en unos pocos países y un nuevo autoritarismo, representado por los fascismos y los movimientos populistas de derecha radical, triunfó en todos los demás, en un continente económica y políticamente roto.

El orden pactado de posguerra se desmoronó. La política de rearme emprendida por los principales países desde mediados de los años treinta creó un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional. El comercio de armas se duplicó desde 1932 hasta 1937. Importantes eslabones en esa escalada a una nueva guerra fueron la conquista japonesa de Manchuria en 1931, la invasión italiana de Abisinia en 1935 y la intervención de las potencias fascistas y de la Unión Soviética en la guerra civil española. Pero lo que realmente cambió el escenario de la política internacional fueron las pretensiones revisionistas y ambiciones expansionistas de Hitler.

Esa crisis se resolvió por las armas, en una guerra combatida por poblaciones enteras, sin barreras entre soldados y civiles. Según ­Kershaw, a diferencia de la guerra de 1914-1918, “el genocidio constituyó la razón de ser misma” de la de 1939-1945, “un ataque contra la humanidad sin precedentes en la historia”. Toda la construcción de la cultura burguesa e imperial de Europa se hundió en el abismo en tres décadas.

Pero del apocalipsis emergió una Europa cambiada por completo. Estados Unidos y la Unión Soviética pasaron a ocupar el vacío dejado por la desaparición de las grandes potencias, con Alemania destruida y Francia y Reino Unido muy debilitadas. Mientras que la primera de esas guerras del siglo XX había dejado un legado de convulsión, la segunda, una catástrofe todavía peor, dio luz a un periodo de estabilidad imprevisible y, en la mitad occidental, a una prosperidad incomparable. Kershaw cierra el libro, y anuncia la continuación, con una explicación de los elementos que interactuaron para crear la simiente de esa transformación, desde el fin de la ambición de gran potencia de Alemania, hasta la división en dos bloques y la nueva amenaza de guerra atómica.

Esta historia de Europa de Kershaw no destaca por las nuevas aportaciones que hace, sino por el modo en que la cuenta e interpreta. Los mejores historiadores huyen de esos pesados manuales elaborados con una suma de historias nacionales. El telescopio sustituye al relato detallado y la escritura clara y precisa se aleja de las complejas narraciones supuestamente más científicas. La historia sale ganando y el lector lo agradece. Sobre todo cuando detrás de ella está alguien tan experto y documentado.

Descenso a los infiernos. Europa 1914-1949. Ian Kershaw. Traducción de Joan Rabasseda y Teófilo de Lozoya. Crítica. Barcelona, 2016. 769 páginas. 31,90 euros

La España que dijo ‘no’ al fascismo

31 octubre, 2017

Fuente: http://www.publico.es

La periodista Montserrat Llor publica la obra ‘Atrapados’, en la que da voz a víctimas de Franco cuando se cumplen 85 años de la proclamación de la II República.

Imagen tomada en Madrid el 14 de abril de 1931, hace ahora 85 años

Imagen tomada en Madrid el 14 de abril de 1931, hace ahora 85 años

 

MADRID.- Hace 85 años, el 14 de abril de 1931, fue proclamada en España una República de “trabajadores de todas las clases”. Sería la primera experiencia democrática del país. El nuevo proyecto republicano puso en marcha la descentralización del Estado, reconoció la igualdad de la mujer y sus derechos políticos, puso en marcha la reforma agraria, implantó la laicidad del Estado y la educación pública y gratuita pasó de ser un privilegio a un derecho de todos los españoles. Pero todos estos proyectos, y sus defensores, fueron pasados por las armas.

Durante los años de dictadura franquista, el régimen justificó el levantamiento militar y golpe de Estado por “el peligro comunista”. Las justificaciones de los conservadores fueron evolucionando a lo largo de los años manteniendo siempre el mismo núcleo: la culpa de la Guerra Civil fue de la II República.

Así Manuel Fraga concedió a El País en 2007 una entrevista en la que aseguró: “Pero los muertos amontonados son de una guerra civil en la que toda responsabilidad, toda, fue de los políticos de la II República. ¡Toda!”. En esta misma línea se manifestó Esperanza Aguirre en un artículo publicado recientemente en ABC en el que afirmó: “La “II República fue un auténtico desastre para España y los españoles (…). Muchos políticos republicanos utilizaron el régimen recién nacido para intentar imponer sus proyectos y sus ideas -en algunos casos, absolutamente totalitarias- a los demás, y que faltó generosidad y patriotismo”.

En la primavera de 1936 no existía el terror rojo y sí un plan militar para emprender “la limpieza” de España.

Para desmontar estos y otros mitos del franquismo y de la derecha supuestamente democrática, nació la obra Los mitos del 18 de julio (Crítica), “uno de los mayores y más completos esfuerzos de demolición de ciertas interpretaciones sobre el golpe, y la Guerra Civil que sobrevino a continuación”, según describía el coordinador del obra Francisco Sánchez Pérez, en la que también participaban los historiadores Fernando Puell de la Villa, Julio Aróstegui, Eduardo González Calleja, Hilari Raguer, Xosé M. Núñez Seixas, Fernando Hernández Sánchez y José Luis Ledesma.

Esa obra, que fue recogida por Público en su momento, dejó negro sobre blanco que la II República no fue un fracaso que conducía “inexorablemente a una guerra” sino que fue “destruida por un golpe militar” que, al contar con la connivencia de un país extranjero y no triunfar en buena parte del país y en la capital, se encaminó automáticamente a la Guerra Civil. Demostró que el asesinato de Calvo Sotelo no precipitó nada y que la fecha del golpe de Estado dependía del apoyo fascista. Que los civiles monárquicos jugaron un papel crucial para el levantamiento armado contra la II República, que no había ninguna revolución comunista en marcha y que en la primavera de 1936 no existía el terror rojo y sí un plan organizado por los militares para extender el terror en la población y de “limpieza de España”.

Ahora, la periodista y autora de Vivos en el averno naziMontserrat Llor, publica Atrapados (Crítica), una obra que saca a la luz los testimonios de una quincena de personas que dijeron no al fascismo. Recuerda el prestigioso historiador y diplomático Ángel Viñas, que escribe el prólogo, que “España fue el único país de Europa en el que una parte sustancial de la ciudadanía se negó a aceptar el orden que, por la sangre y las bayonetas, quisieron imponer unos militares felones con concomitancias nazi-fascistas y que desembocó en una dictadura de casi cuarenta años”.

Viñas: “España fue el único país de Europa en el que una parte sustancial de la ciudadanía se negó a aceptar el orden que, por la sangre y las bayonetas, quisieron imponer unos militares felones con concomitancias nazi-fascistas”

Los vencidos de aquella Guerra Civil fueron calificados por el dictador naciente, Francisco Franco, como “la escoria” de la nación en uno de sus primeros discursos ante unas sumisas Cortes que se había inventado. La propaganda política del régimen fue seguida por la manipulación y el olvido de una educación católica y un gobierno represivo que desde el inicio de la Guerra Civil produjo un movimiento depurador salvaje que impuso un proceso de represión global, de sometimiento y control ideológico de la población que perduraría durante 40 años. Para los derrotados de la Guerra llegarían tiempos de persecución, de venganza, de muerte y de violencia.

Portada 'Atrapados'

Esos crímenes cometidos por el franquismo continúan siendo impunes a día de hoy. Ni la transición ni la democracia han querido investigar las matanzas franquistas ni tan siquiera buscar a las decenas de miles de republicanos que continúan desaparecidos en cualquiera de las más de dos mil cunetas que hay localizadas en todo el Estado. 

Estos son tres de los quince testimonios que la periodista Montserrat Llor recoge, de manera brillante, en Atrapados

Ángeles García-Madrid: compañera de prisión de Las Trece Rosas

Ángeles García Madrid falleció recientemente. Fue una más de las muchas mujeres ignoradas y olvidadas que pasó por las cárceles franquistas llegando a compartir prisión con Las Trece Rosas. Esta mujer entró a los dieciséis años en las Juventudes Socialistas con motivo de la revolución de 1934, a los dieciocho vivió el comienzo de la Guerra y con veintidós ya estaba en la cárcel. Fue condenada a más de treinta años de prisión aunque, afortunadamente para ella, sólo cumplió tres años más otros trece de libertad condicional, en los que estuvo presentándose ante la Guardia Civil y la Policía.

“Logré salir, aún no sé cómo y logré salir viva. Otros han pagado con la vida, como Las Trece Rosas. Ay, eso lo tengo clavado como una espina en mi corazón, no puedo recordarlo sin emocionarme, eran tan jóvenes y las fusilaron. Todas las compañeras llorábamos en la cárcel de Ventas…“, cuenta en la obra Ángeles.

“Logré salir, aún no sé cómo y logré salir viva. Otros han pagado con la vida, como Las Trece Rosas”, recuerda Ángeles

La primera vez que fueron a por ella fue la noche del 14 al 15 de mayo de 1939. Ángeles y su madre fueron detenidas en su domicilio junto con otros 26 vecinos del inmueble que, al parecer, fueron acusados por otra vecina. Varios policías de paisano se presentaron de noche, repentinamente, gritando, golpeando brutalmente la puerta de los vecinos, obligándoles a salir de sus camas, pistola en mano, en medio de un gran desconcierto. En esta primera detención fueron puestos todos en libertad, pero se produjo una segunda días después repitiendo los mismos esquemas.

Ángeles García Madrid

-¡Abran, la policía!- gritaba un hombre golpeando la puerta de su casa. Entraron como la furia tres individuos, armados con pistolas, intimidándola, obligándola a vestirse rápidamente. A las mujeres detenidas las llevaron al centro de detención de la calle Almagro y las dejaron esperando durante horas en una sala contigua a la estancia utilizada para interrogar y torturar a los detenidos. Desde allí se escuchaban día y noche gritos y lamentos, era el espacio utilizado para conseguir declaraciones, las que fueran, a fuerza de golpes.

“El comisario, de madrugada, nos tuvo allí a los siete que pertenecíamos a un partido, sólo a nosotros. Se pasó mucho, incluso a un hombre le rompieron las piernas a palos, sufrió brutales torturas hasta que, hundido y dolorido, le dijo a su mujer: “Ahora ya no voy a ser un hombre nunca más, déjame” y, al final, gritando, se tiró por la ventana, rompió la claraboya y se mató. Jamás olvidaré eso”, contaba Ángeles.

“Sentí todo el desprecio de aquellos hombres, me llamaron cínica, mentirosa, me gritaban, me insultaban, amenazaban hasta que uno me gritó: “¡Asquerosa, puta roja!”

Pronto llegó el turno de los ‘interrogatorios’ para Ángeles. Comenzaron las preguntas por sus vecinos, afiliaciones políticas, movimientos detectados… “Sentí todo el desprecio de aquellos hombres, me llamaron cínica, mentirosa, me gritaban, me insultaban, amenazaban hasta que uno me gritó: “¡Asquerosa, puta roja!”, decía Ángeles, que proseguía así su relato: “Aquello era un horror. Esa cárcel fue construida por Victoria Kent y cada celda fue pensada para dos presas. Pues mira, ¡yo fui la número once que entraba! No se cabía. Poníamos los pies en la cara de las otras y así, como podíamos, pasábamos la noche intentando dormir en el suelo, porque además quitaron todas las camas”.

Después llegaron las primeras sacas en la cárcel y pronto apareció la disentería. Para Ángeles fueron los dos peores momentos que vivió allí dentro. El primero, el fusilamiento de Las Trece Rosas; el segundo, ver morir a los niños ante el desconsuelo desgarrador de sus madres. En abril de 1940, Ángeles fue juzgada y condenada a un tribunal militar a doce años de prisión por “auxilio a la rebelión militar”. Fue condenado el 14 de mayo a 30 años de prisión y pasó por las cárceles de Tarragona, Barcelona y Gerona. Hasta 1942, que se le concedió la provisional.

Lluís Martí Bielsa: el hombre que escapa de la muerte

Lluís Martí Bielsa

“Madrugada del 26 de enero de 1939. Nuestro servicio era proteger a los ingenieros mientras hacían su trabajo, volar carreteras, puentes, todo lo que pudiera evitar o retrasar el avance del enemigo. Nos enviaron a Esplugues de Llobregat, donde los ingenieros hacían agujeros en el puente que después llenaban de explosivos para hacerlo volar por los aires. Las cargas de la dinamita ya estaban colocadas, pero el puente no explotó. El enemigo se había desviado de la carretera cortando camino, a unos cien metros de donde estábamos, impidiéndonos toda posibilidad de retirada. Quedamos en tierra de nadie. El sargento dijo: “Estamos cercados, nos tenemos que rendir”. Entonces vi que la guerra la teníamos perdida y vinieron a mi mente mis padres, mi familia. No me lo pensé dos veces. Los fascistas estaban emplazando aún una ametralladora. De cuatro saltos, atravesé la carretera y quedé fuera de su vista. Llamé a los compañeros, sólo uno se decidió…”

Lluís Martí Bielsa tenía poco más de quince años cuando se hizo guardia de asalto durante la Guerra Civil.

Cuenta la periodista Montserrat Llor que ésta fue la última misión del guarda de asalto de la República Lluís Martín Bielsa horas antes del hundimiento de Catalunya. Era el momento culminante de una serie de operaciones militares que, entre finales de 1938 y enero de 1939, habían tenido lugar en Catalunya, siempre posicionada en el bando republicano desde el inicio de la guerra.

Lluís Martí Bielsa tenía poco más de quince años cuando se hizo guardia de asaltodurante la Guerra Civil. Luchó en el frente y ante la derrota cruzó la frontera iniciando un peregrinaje por los campos de concentración franceses en su peor momento, el inicio del caos absoluto, el descontrol y la misera. Durante la II Guerra Mundial sus destinos fueron los campos de Argelès-sur-Mer, Agde, Barcarès y Saint-Cyprien. Después lograría zafarse de los campos nazis al huir de un convoy rumbo a Dachau. Se adhirió a la resistencia francesa y formaría parte de los maquis en la lucha contra el franquismo, donde tendría diversas misiones.

La última misión que cumplió le llevó a cruzar los Pirineos a pie transportando una imprenta para el PCE. Finalmente fue detenido y preso en tres cárceles: La Modelo, Ocaña y Burgos, donde coincidió con Marcos Ana. “Soy una persona totalmente responsable de llevar a cabo los principios en los que creo firmemente”, dice Martí Bielsa.

“Soy una persona totalmente responsable de llevar a cabo los principios en los que creo firmemente”, dice Martí Bielsa

En el año 2004, con motivo del 60º aniversario de la liberación de París, Bielsa fue uno de los veteranos homenajeados por el alcalde de París, quien descubrió un placa conmemorativa en honor a la participación española en la liberación de París. “Los nombres de los españoles presos en los campos nazis de la Francia ocupada figuran en algunas estelas que erigieron en Francia ya hace años. Y en España qué, ¿eh? Nada. Allí recuerdan a los patriotas muertos por su país. ¿Sabes qué pone? ‘Morts pour la Frances’, sentencia Martí. 

Alejandra Soler: de la lucha contra Franco a la denuncia de la ‘ley Wert

El 14 de abril de 1931 Alejandra tenía 18 años. Es la tercera valenciana que obtuvo una licenciatura, en su caso fue en Filosofía y Letras, y lleva más de 90 años dando guerra en las calles en defensa de la Educación pública, la democracia y la libertad. “Fui una vez y volvería cien veces más. Les dije a los jóvenes que no se fiaran de nadie y que nada ocurre porque sí, que busquen el origen de los acontecimientos y que aclaren por qué ha sucedido”, explicó Soler a Público, que hoy centra sus ataques en la “elitista ley Wert”.

Era horrible, veías montones de personas desfilar, cientos, miles, todo un pueblo, mujeres, niños, ancianos sin fuerzas”, recuerda hoy Alejandra

Dice Montserrat Llor que Soler es” una enciclopedia viviente, testimonio de dos guerras, ciento tres años de vida, treinta y tres de exilio fuera de España y ochenta de militancia comunista“. “Sorprendetemente activa y activista hasta que el cuerpo se lo permita, se muestra crítica con la violencia y las desigualdades sociales. Educa y compromete con su sencillez y candidez a los más jóvenes, apasiona a todos los que la escuchan, es una mujer que otea el horizonte”, escribe Llor.

Alejandra Soler, en el salón de su casa. ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA FUE

En febrero de 1936, Alejandra huyó por la frontera francesa. “No porque tuviera las manos manchadas de sangre ni nada, había hecho política, sí, pero no tenía que temer nada. Aun así, por ser comunista, si me hubiera quedado estaría en la cuneta, seguramente. Partí unas horas antes de que llegase a la frontera el ejército de Franco. Era horrible, veías montones de personas desfilar, cientos, miles, todo un pueblo, mujeres, niños, ancianos sin fuerzas”, recuerda hoy Alejandra, que fue a parar al centro de detención de Le Pouliguen.

De ese campo de detención, tanto Alejandra como su marido, Arnaldo ,escapan y consiguen cruzar hacia la URSS en el año 1939. Aún no había guerra en el mundo. Llegó a Leningrado el 4 de junio de 1939. La enviaron a una sanatorio de una ciudad en Ucrania, Járkov. De ahí fue a Moscú, como maestra en la casa de niños de la guerra nº 12. En 1942, Alejandra fue trasladada otra vez a la orilla derecha del Volga y no fue hasta septiembre de 1944 cuando pudo regresar a Moscú. El 9 de mayo de 1945 terminaría la guerra.

“En la Plaza Roja, alrededor del Kremlin, en la plaza del teatro Bolshoi y en la Plaza de Maniezla multitud se agolpaba, gritaba, lloraba o bailbaba o hacía todo a la vez.  Yo lo viví y nunca lo olvidaré pues era un espectáculo grandioso”, narra Alejandra, que en 1958 fue nombrada jefe de la cátedrade Lenguas Romances de la Escuela Superior de Diplomacia de Moscú, cargo que mantuvo hasta que, finalmente, volvió a España en 1971.

En los años 90, Alejandra volvió a tomar parte en diversos eventos organizados por los partidos de izquierda. En 2013, ya con ciento un años, participó como activista en el primer aniversario de la llamada Primavera Valenciana, por lo que fue conocida como la abuela del 15M. 

“No digo que esta sea una batalla entre buenos y malos, pero es una en la que posiblemente perdamos todos”

25 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Josep Fontana (Barcelona, 1931) es uno de los historiadores de referencia en España, autor, entre otros, del libro Por el bien del ImperioUna historia del mundo desde 1945, y profesor emérito de la Universidad Pompeu Fabra. Su relación con los libros, y su lectura, comenzó en su infancia: su padre tenía una librería de viejo. Su último libro es El siglo de la revoluciónUna historia del mundo desde 1914. La entrevista se realiza por teléfono, un aparato que detesta, y más para conversar sobre política, historia y Cataluña.

¿Qué pasará a partir del 2 de octubre si tenemos en cuenta la historia de España?

Lo peor que puede pasar es que algo que empezó mal acabe peor, pero si quieres decir en términos de la situación política, nada de nada. Si hay algo que me parece escandaloso en lo que está sucediendo es que el PP esté agitando la opinión pública española diciéndoles que la celebración de una consulta implica después la secesión de Cataluña cuando sabe que esta secesión es imposible. Es imposible porque implicaría que el gobierno de la Generalitat tendría que pedir al Gobierno de Madrid que tuviera la amabilidad de retirar de Cataluña al Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional, y renunciar pacíficamente a un territorio que le proporciona el 20% del PIB. Es un escenario imposible. Pensar que esto puede suceder es una estupidez. Entonces, ¿a qué viene crear un clima próximo a la guerra civil con esta excusa?

¿Se puede decir que los países que han logrado la independencia lo consiguieron a través de una negociación  checos y eslovacos–, la guerra o aprovechándose del hundimiento de un imperio como el soviético?

Chequia y Eslovaquia fueron un caso excepcional. A los checos les estorbaban los eslovacos. Se pusieron de acuerdo en liquidar una unión que era bastante ficticia. El hundimiento soviético se aplica en los casos de las tres repúblicas bálticas y de Ucrania. El asunto de la guerra es más complejo. El único caso real de independencias en lo que llamamos Europa central y occidental es el de Yugoslavia. Allí hubo un pretexto legal. Se dijo que aquello no era una nación sino una federación, por tanto, la cosa era distinta. A Alemania le interesaba la independencia de Eslovenia, que era su satélite económico. No esperó siquiera a ponerse de acuerdo con la UE para forzar las independencias de Eslovenia y Croacia. El asunto se resolvió con los bombardeos de la OTAN. Es decir, las independencias de Croacia, Bosnia-Herzegovina y Kosovo se alcanzaron con los bombardeos de la OTAN. No me parece que sea un precedente útil para aplicar en ningún otro caso.

Hay otro precedente, el de Montenegro. Su referéndum de independencia lo organizó la UE, en concreto, Javier Solana. Impuso dos condiciones: una participación por encima del 50% y un “sí” superior al 55%. Tuvieron ochenta y tantos por ciento y el 55,9%.

Era un caso que se presentaba en una situación como la de Serbia, prácticamente desintegrada y con muchos problemas externos e internos. Por lo que representa Montenegro respecto a Serbia no se puede comparar con los que representa Cataluña respecto al Estado español.

¿Sirven los casos de Escocia y Québec: referendos pactados con unas condiciones claras?

Sí, pero como en ninguno de los dos casos se ha llegado a tener que plantearse el problema de una separación, es difícil saber cómo se habría negociado. El nuestro es distinto: pensar que va a haber en Madrid un gobierno dispuesto a plantearse una negociación de separación respecto de Cataluña es una idea fantasmagórica.

Podemos estar así otros diez años, en conflicto permanente.

Pues sí. Es un conflicto que…, vamos a utilizar el tipo de conceptos que utiliza Rajoy, lleva 500 años y que ha empeorado seriamente. Es un conflicto que podía haber encontrado un camino mejor, pero hay que recordar que el ascenso del soberanismo empezó en 2010 con la salvaje destrucción de un Estatuto que había sido aprobado por el Parlamento catalán. Supongo que el PP se lo cargó para obtener votos, que debe ser el motivo por el que ahora impulsa este clima de confrontación. Aparte de para conseguir votos, que le son bastante necesarios, le sirve también para que se olviden de los problemas de la corrupción.

El soberanismo ha conseguido en estos años dos cosas importantes: que la posibilidad de una Cataluña independiente esté constantemente en los medios de comunicación, es algo que se ve como una opción al plazo que sea, corto, largo o muy largo, y que cada vez hay más gente que acepta que la única solución es un referéndum pactado.

Lo que se estaba planteando para el 1 de octubre, y que muchos defendemos teniendo en cuenta que una secesión en los términos actuales es imposible, era una consulta que como mínimo permitiera a la gente expresar su opinión. Expresar sus quejas sobre muchos años de mal gobierno. Buena parte de todo esto nació por la ofensa del Estatut y como rechazo de las políticas aplicadas para la salida de la crisis. Había un malestar profundo, un sentimiento de maltrato especial. Había motivos que justificaban que se dejase por lo menos expresar esta opinión.

Hay que recordar que cuando se hizo una votación el 9-N no pasó nada, que es lo mismo que podía haber sucedido si eso se hubiese encauzado de manera civilizada, si se hubiese considerado como un punto de partida para empezar a encontrar vías de negociación para solucionar el descontento. Pero no hay ninguna intención de esto. En el fondo, al PP le interesa la confrontación. Está presentando esto ante la opinión española como una agresión que les afecta a todos, que puede afectar a sus pensiones, a sus subsidios. Todo eso siempre le ha sido rentable. Tengo pocas esperanzas de arreglo a corto o a medio plazo.

Ortega y Gasset decía que el problema catalán es irresoluble, pero también parece que lo es el problema español: encontrar un encaje que satisfaga a todos.

No sé si se puede encontrar un encaje de Estado que satisfaga a todos, entre otras cosas porque eso implicaría también el encaje de una sociedad. Una de las cosas que me sorprendió es ver que entre los más entusiasmados con un proceso secesionista figurara gente que he conocido, jóvenes de 20 a 30 años con una muy buena carrera universitaria, con másteres, etc., que a todo lo que pueden aspirar es a un trabajo poco más que de becarios y con sueldos miserables. Esos jóvenes han llegado a creer que un cambio, cualquier cambio, no puede ser a peor. Por eso hay también un elemento de encaje social. No diría que el tipo de política que aplica el PP sea como para conseguir entusiasmos de una parte importante de la sociedad española. Creo que hay muchos problemas en los que tendría que pensar, porque le afectan. Pero crear un objetivo de lucha como este le resulta rentable para las próximas elecciones.

El Estado español, sobre todo en el siglo XX, ha confundido ser fuerte con ser autoritario, que no es lo mismo, ¿no?

Para ser fuerte necesitas consenso, necesitas una política que te de consenso. Cuando se ha intentado aplicar en España una política que implique consenso han venido las reacciones para evitarlo. Tenemos una dramática historia, que es la historia de la Segunda República, que anda todavía tirada por los suelos, denigrada para justificar lo que se hizo y para volver a marcar el reloj hacia atrás.

Me asombra que los partidos piensen poco en estos momentos con serios problemas globales. Hay un empobrecimiento y debilitamiento de una gran parte de España que debería empezar a alarmarnos. Amigos míos que viven en Galicia me explican que muchos pueblos se mantienen con viejos que viven de las pensiones y de lo que cultivan en el huerto. Hace poco otro amigo, que volvía de Salamanca, estaba asombrado de cómo esta cerrando el comercio en el centro alrededor de la plaza Mayor. Salamanca está perdiendo población. Hay un problema que afecta a Galicia, a buena parte de Castilla y León y a Extremadura, que es un problema de debilidad y de empobrecimiento que no parece preocupar a nadie.

El historiador Josep Fontana. / Enric Català
Josep Fontana ENRIC CATALÀ

¿Se puede decir que estamos ante un conflicto de legitimidades en el que las instituciones del Estado no tienen el prestigio necesario, como el Tribunal Constitucional?

El Tribunal Constitucional se crea de una manera para que su composición esté determinada por las cúpulas de los partidos dominantes, fuera de la capacidad de actuación de la opinión pública. Este país ha tenido, por lo menos desde el 23-F, un gobierno turnante de dos partidos que se han puesto de acuerdo siempre que ha convenido y para lo que ha convenido. Hemos visto de qué forma han ido evolucionando los viejos líderes, del Felipe González revolucionario a lo que acabó siendo. Aquí hay un problema que muchos no quieren reconocer, que la forma con la que se estableció el pacto en la Transición no daba muchas garantías. Todos creímos que aquello era un comienzo y que a partir de allí las cosas se irían adecuando a la realidad, pero no parece que haya sido así.

Cataluña también tiene problemas que han provocado el empobrecimiento democrático de sus instituciones. Y tiene un problema grave de corrupción, igual que el resto de España.

Y tanto.

Es decir que la ilusión de pensar que ‘si nos independizamos, todo será maravilloso’ no tiene una base de realidad, parte de una situación igual de contaminada.

Pero están los que piensan en la posibilidad de una independencia inmediata y los políticos que se apuntaron para ganar votos. Hay gente que ha acabado asumiendo que ese es su papel histórico, y que si tienen que sacrificarse se sacrificarán. Hay otros que no, otros que se lo plantean seriamente. Y está la gente de la CUP: un partido revolucionario que está haciendo un papel extraño que no les corresponde dentro de una política parlamentaria. Son gente joven que en su actuación en los municipios ha sido muy limpia. Su hora es para el momento en el que haya una situación revolucionaria que permita crear una sociedad diferente. Luego están una parte de esos desesperados que han llegado a creer que con la independencia se podían resolver las cosas.

Tengo experiencias espectaculares, como la de un viejo dirigente corrupto que se acercó un día en el que había dado una conferencia sobre los problemas de la sanidad pública y mostrado mi sorpresa de que los políticos no se preocupasen por estas cosas. Se acercó y me dijo sonriente: “Con la independencia se solucionará todo”. Pienso que creía que eso incluía también sus problemas personales.

No vamos a hacer una historia de buenos y malos. En todo caso, me es difícil no meter al PP en el rango de los malos. Pero, del otro lado, no pondría a todo el mundo entre los buenos. Hay gente que ha llegado a adquirir una fe. Un día conversaba con un periodista, le decía lo mismo que te he dicho, que no podías ser independiente si tenías dentro el Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional, y pregunté, ¿qué pasará? Él respondió: “Intervendrá Europa”. Es la fe en un milagro que pueda resolverlo. No es una situación fácil. No digo que esta sea una batalla entre buenos y malos, pero es una batalla en la que posiblemente perdamos todos.

Además de los problemas de España, la falta de una estructura sólida del Estado, la pérdida de los restos del imperio en 1898, y lo mucho que afectó a Cataluña y a su industria, estamos viendo la pérdida del prestigio de las élites tradicionales políticas y económicas.

Ha sucedido a escala europea y, diría, mundial. Es lo que explica la elección de [Donald] Trump frente al viejo aparato del Partido Demócrata. Es algo que se está produciendo en muchos lugares. Eso que cuando empezó a producirse se llamó el populismo, que es donde se mete todo lo que estorba. Tony Blair, que sabe bien de qué habla, dijo que se estaba perdiendo un sistema que funcionaba gracias al prestigio de unas élites que se intercambiaban en el poder, derecha e izquierda, y que podían mantener esta sociedad unida, pero que estas élites estaban perdiendo su prestigio y a saber lo que saldría de aquí. No hay que ver más que la situación de Gran Bretaña o lo que ha pasado en Francia con el Partido Socialista. Aquí todavía no, aquí hay un inmovilismo difícil de interpretar. Permite mantener el sistema de bipartidismo turnante, que parece que va a aguantar un tiempo, hasta que la gente no pueda resistir más.

El historiador Josep Fontana. / Enric Català
Josep Fontana. ENRIC CATALÀ

Parece que hay más táctica cortoplacista que estrategia. Si hubiera estrategia no se atacaría tanto a Podemos y Ada Colau. Representan un puente, dividen al independentismo exprés.

Y eso es lo que les preocupa. En el caso de Colau y de la gente que va con ella están jugando lo más sensatamente que pueden. Cuando se presentó a las elecciones municipales, que parecía una insensatez, fui de los que les apoyó porque eran lo más limpio que había. Son gente que quiere, como quiere la mayoría, que se deje opinar a la gente, que creen que no es sano que te impidan expresar tu opinión poniéndote un policía delante, pero que por otro lado saben que no tiene sentido jugársela más allá en una opción que no puede producir más.

Lo que hay que hacer no es resignarse, lo que hay que hacer es plantearse objetivos de lucha racionales en los que puedas movilizar a la gente y con los que puedas aspirar a ganar cosas, que bastantes cosas hay que ganar todavía. Me parece que su actitud es sensata. Es evidente que en la medida que amenazan al sistema establecido, causan molestias y les quieran dejar al margen.

En el fondo es una lucha de élites, ¿no? La élite, digamos, española que nace del siglo XIX y del franquismo, que es la élite económica que maneja política y todo esto.

Pues sí.

Que no quiere repartir ese poder centralizado con las élites de la periferia.

No solamente se trata de las élites de la periferia, porque las de la periferia están metidas en el tinglado contra todos. Si hay alguien aquí al que no le interesa esto del secesionismo son las grandes instituciones financieras como La Caixa y el Banco Sabadell. Al fin y al cabo, se dice que Ciudadanos fue una invención, por lo menos que la idea la tuvo el presidente del Banco Sabadell. Y en todo caso, el señor [Albert] Rivera no deja de ser un funcionario en excedencia de La Caixa. Por lo que se refiere a las élites, ya les va bien lo que hay. Serían otros sectores, tal vez el empresariado, pero es una cuestión que habría que analizar con cuidado.

El único que se ha ganado dinero fuera de la élite dominante, cuya riqueza en muchos casos procede del franquismo, es Amancio Ortega.

Sí, el caso de Amancio Ortega es especial. Supongo que se debe a que gran parte del dinero lo ha hecho fuera. Pero también hay otros que se han ido al garete. Buena parte de lo que era la gran industria vasca se fue a pique, casos como el de Abengoa en Andalucía. Es este sistema nuestro el que sacrificó los recursos que debían haberse destinado a los servicios sociales. Los sacrificó para el rescate de la banca, que consideró más importante. Hay una cosa escandalosa, que se puede observar con facilidad: hasta qué punto se han ido reduciendo los impuestos de las grandes empresas y las grandes fortunas, de qué forma los grandes negocios escapan a las obligaciones que son las que permiten que el Estado pueda proporcionar servicios. Es una cuestión que implicaría examinar la responsabilidad del aparato político, la de los viejos dirigentes de la izquierda como Felipe González que están perfectamente integrados en este negocio.

Las últimas veces que las élites mundiales perdieron el control, en 1910 y en 1930, tuvimos una guerra mundial. Hace unos días el jefe de la OTAN dijo que vivíamos en el momento más peligroso de los últimos 20 años. ¿Estamos tan mal?

Es una situación difícil porque depende de muchos factores. Depende de quién manda en Washington. Hubo un momento en el que Trump y su equipo, incluyendo a ese loco peligroso llamado Steve Bannon, parecían fijar las reglas, pero muy pronto aparecieron los militares y empezaron a tomar el control. Entre las cosas importantes está saber quién va a tomar las decisiones básicas de la relación con Rusia, de la relación con China y, sobre todo, lo que se debe hacer o no hacer en el Oriente Próximo.

Hay un enigma del que no sabemos lo suficiente: cuál es el peso de lo que pudiéramos llamar el poder político de Trump y su gente, que parece más bien débil, y cuál es el poder efectivo de los militares, que parece que sigue siendo mucho. Espero que se lo piensen mucho antes de llegar a una situación catastrófica, porque esta vez sería terrible. Por otra parte, las élites no tienen nada de qué quejarse en EEUU. Tampoco las élites económicas en Europa.

Lo que le interesa a la Alemania de la señora [Angela] Merkel es que los bancos alemanes sigan cobrando los intereses de los préstamos concedidos al sur de Europa, aunque sea desangrando a Grecia. No veo un motivo para crear inestabilidad. Digamos que el negocio de momento no les va mal. Hay amenazas, existe el problema de que vivimos en una economía sobrecargada de deudas, pero eso, en todo caso, puede provocar otro 2008. Es otra cuestión que nos lleva lejos de donde empezamos.

¿Se puede comparar lo que se está viviendo en Cataluña con el Brexit, donde hubo muchas emociones en juego además de muchas mentiras por ambos lados?

Hay cosas que son verdad. Hay que recordar que el dirigente que convocó el Brexit esperaba que no saliera. La prueba es que [David] Cameron dimitió después. El Brexit fue un voto contra las élites gobernantes, un voto basado en la falta de confianza en el Gobierno de Londres. Votaron campesinos, gentes de todos los rincones rurales, del mismo modo que en EEUU votaron por Trump. Personas que se sentían abandonadas, que habían dejado de creer en sus gobernantes y por eso votaron contra ellos. El caso de aquí es más complicado. ¿Hay mentiras en todos los lados? Evidentemente que las hay, faltaría más.

El historiador Josep Fontana. / Enric Català
Josep Fontana. ENRIC CATALÀ

Entre los elementos que mencionó por los que no puede haber independencia a corto plazo, hay otro fundamental: falta apoyo internacional. ¿Sería más fácil si tuviera detrás a EEUU, Francia, el Reino Unido, Alemania?

Es lo que decía, en el caso de Yugoslavia primero fueron los intereses de Alemania, y después, los aviones de la OTAN los que, bombardeando Belgrado, acabaron forzando que aceptasen las reglas del juego que había fijado Bill Clinton. En el caso de aquí, no lo hay aquí, más bien al contrario. No hay más que ver una cuestión importante que abona el sentido que lo que digo. Las grandes empresas no se han sentido afectadas por lo que está sucediendo, no creen que vaya a haber un cambio radical. A [Luis] de Guindos se le escapó el otro día que la inversión se mantenía sin ningún problema. No existe esta presión, no existe esa esperanza que tenían o tienen unos cuantos de que si hubiera un voto favorable espectacular, Europa intervendría.

Miquel Buch, presidente de los municipios catalanes, reaccionó ante la afirmación de que en caso de independencia Cataluña saldría de la UE, con esta frase: “Ellos se lo pierden”.

Eso lo puede decir la CUP. Para ellos, es coherente porque su programa dice: independencia y socialismo. Les importa un cuerno la UE, pero eso es otra cuestión. Para que se vea hasta qué punto las cosas son…, uno de los últimos planteamientos de [Carles] Puigdemont es que después del referéndum habría que negociar con España, pero no con Rajoy. ¿Qué hay detrás de esto, la idea de que el referéndum va a producir un cataclismo y va a cambiar el Gobierno español? Bueno, es seguir esperando esta especie de milagro que va a resolver lo que no tiene resolución.

¿Cómo se lo tomará la gente que cree que el día 2 va a haber una independencia automática cuando se dé cuenta de que no es así?

Hace mucho tiempo que sostengo, en los medios en los que he podido sostenerlo, que si me preocupaba esto era porque podría producir una decepción cuando lo que había que haber hecho era seguir luchando pero luchando por objetivos que fueran alcanzables.

No sé lo que va a pasar. Lo peor puede ser que el daño más grande no lo haga la decepción de la gente, sino hay que saber qué es lo que va a acabar haciendo el señor Rajoy, que parece empeñado en hacer todo lo posible para seguir irritando al personal. Puede pasar cualquier cosa.

Lo peor que puede pasar es que haya un muerto. Eso deja una herida que no se cura. La incompetencia o no sé si la voluntad deliberada de llevar las cosas a una situación tensa es tan grande que lo que me temo no es lo que pueda hacer la gente del procés, vamos a ver, aquí la gente que parece más empeñada, como la gente de la CUP, no tienen armas escondidas ni van a tirar bombas; lo que tengo miedo es lo que puede hacer el señor Rajoy.

¿Cuáles serían los objetivos factibles a corto y medio plazo en los que habría que centrarse?

Creo que hay que luchar por recuperar elementos de autogobierno, más que de autogobierno le diría que de autoadministración. Muchas de las inversiones previstas que salen de los presupuestos no se han acabado de hacer, o son gestionadas por entes como Adif o Aena, que son nefastos en la forma en que actúan. Hay que empezar ganando espacios de autoadministración, en espacios de autogobierno, y en eso sí que hay una batalla en la que se puede ir paso a paso tratando de conseguir cosas.

¿Es optimista a partir del día 2?

Es difícil ser optimista; y sobre el día 2, nada optimista. Mi esperanza es que después de cada garrotazo la gente acaba recobrando el sentido común. Tengo una gran esperanza en eso que si quiere podemos llamar de manera retórica “el pueblo catalán”, pero que voy a llamar la gente. Los que han ido a una manifestación contra la guerra de Irak o contra el Tribunal Constitucional son la gente de mi barrio. Tengo una gran esperanza en la capacidad de la gente para recuperarse y volver a ponerse en pie.

Esta entrevista forma parte una serie de conversaciones con diferentes expertos, historiadores y académicos. El objetivo es ofrecer un panorama de las diferentes sensibilidades que existen en torno a la cuestión catalana.

– Julián Casanova: “No sé si lo voy a ver, pero el proceso de independencia de Catalunya es imparable

– María Elvira Roca Barea: “De Cataluña no nos independizamos ni aunque se declare independiente”

El escritor que quería hacer historia

17 octubre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com/cultura

La crónica de la Guerra Civil de Ludwig Renn, editada en alemán en 1955, ve la luz en España. Es literatura de combate comunista, sin lugar para la retórica o los sentimientos.

Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.
Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.REP

La guerra civil española fue en su origen un conflicto interno entre espa­ñoles, pero en su curso y desarrollo constituyó un episodio de una guerra civil ­europea que acabó en 1945.

Tras las subida de Hitler al poder, el sentimiento popular antibélico de los años veinte dio paso gradualmente a políticas de rearme y a una crisis de la seguridad internacional. En ese ambiente tan caldeado, para muchos ciudadanos eu­ropeos y norteamericanos, España se convirtió en el campo de batalla de un conflicto inevitable en el que al menos había tres contendientes: el fascismo, el comunismo —o la revolución— y la democracia.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones. Con las Brigadas Internacionales llegaron a España obreros manuales, aventureros en busca de emociones, intelectuales y profesionales de clases medias, corresponsales de guerra y escritores. La mayoría tenía claro que el fascismo era una amenaza internacional y España era el lugar apropiado para combatirlo. Se habían sentido atraídos por el Partido Comunista, que les daba amparo y una doctrina fuerte a la que agarrarse, en un momento en el que en París confluyeron un montón de exiliados de la Europa oriental, central y balcánica, huidos de la represión fascista y dictatorial.

El escritor que quería hacer historia

Ludwig Renn, aunque representaba todo eso, era un tipo singular. Nacido en una familia aristocrática de Dresde en 1889, Arnold Vieth von Golssenau combatió como oficial en un regimiento de Sajonia durante la I Guerra Mundial, una experiencia militar que relató con éxito en Krieg (guerra), en 1929, y continuó en Nachkrieg (posguerra), en 1930, cuando ya había abandonado el Ejército y su clase, incluido su nombre, para abrazar el comunismo y la ortodoxia estalinista.

Con el ascenso nazi al poder, estuvo en la cárcel año y medio y, tras ser liberado, huyó a Suiza, donde se enteró de la sublevación militar contra el Gobierno republicano en España. A principios de octubre de 1936 se subió a un tren con destino a Cerbère y después a Barcelona. Así comienza su crónica de la guerra civil española, editada en alemán en 1955 y que ve ahora la luz por primera vez en España, más de 600 páginas de literatura de combate comunista, sin apenas lugar para la retórica o los sentimientos, porque “el amor en el campo de batalla es una invención de los escritores. En el frente, la vida real no deja hueco a esos lujos”.

Alejado, por tanto, de las fantasías de los “tibios” burgueses de izquierda que nunca se jugaron el cuello, Ludwig Renn describe lo que él considera la auténtica realidad, dando fe, desde el principio hasta el final, del relato oficial comunista, frente a “anarcofascistas” (amigos del desorden y de la “palabrería”, inservible en la guerra); “socialtraidores”, representados por Largo Caballero y el “redomado golfo” Indalecio Prieto, y espías trotskistas y del POUM.

Renn arriesgó su vida en primera línea de fuego, como había hecho ya en la Guerra Mundial, primero como dirigente del batallón Thälmann y después como jefe del Estado Mayor de la XI Brigada Internacional. Estuvo en todas las grandes batallas, desde Madrid hasta Brunete, pasando por el Jarama y Guadalajara, hasta que a comienzos de septiembre de 1937 emprendió, con pasaporte español —Hitler le había despojado de la nacionalidad alemana—, una “misión oficial” de propaganda a favor de la República por Estados Unidos, Canadá y la Cuba de Batista.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones

El 21 de septiembre de 1938, Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, anunció en Ginebra, ante la Asamblea General de la Sociedad de Naciones, la retirada inmediata y sin condiciones de todos los combatientes no españoles en el Ejército republicano, con la esperanza de que el bando franquista hiciera lo mismo. Quedaban entonces en España aproximadamente un tercio de todos los que habían llegado para luchar contra el fascismo, y el 28 de octubre, un mes después de su retirada del frente, las Brigadas Internacionales desfilaron en Barcelona ante más de 250.000 personas. Allí estaba Renn, quien permaneció en España hasta la caída de Cataluña. De allí pasó a Francia, después a México y regresó a Alemania 10 años después.

El problema de la República, concluyó Renn, no fue “la falta de experiencia militar”, que tampoco la tenían, según él, las tropas de Franco, sino “el guirigay entre partidos”, donde sólo el comunista mantuvo el tipo: sin él, y sus “abnegados camaradas y amigos”, la República española “hubiera sido borrada del mapa en un santiamén”.

Renn no era sólo un escritor comprometido, que luchaba con la pluma y la palabra contra el fascismo. Como les dijo a algunos de sus colegas famosos en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en julio de 1937, él peleaba en el frente y había dejado la pluma porque no quería “escribir historias, sino hacer historia”.

La guerra civil española. Crónica de un escritor en las Brigadas Internacionales. Ludwig Renn. Traducción de Natalia Pérez Galdós. Fórcola Ediciones. Madrid, 2016. 721 páginas. 39,50 euros.

Las exploradoras del Nuevo Mundo

12 octubre, 2017

Fuente: http://blogs.elpais.com/historias/

Por: Tereixa Constenla 06 de febrero de 2014

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Fotograma de la expedición de Mencía Calderón, en la serie ‘El corazón del océano’.

En el segundo viaje de Colón figuraban mujeres, un hecho casi desconocido fuera del ámbito académico. Fue el inicio de un flujo creciente e incesante de españolas hacia América. Algunas protagonizaron aventuras asombrosas y otras actuaron con crueldad.  Sin embargo, ni figuran en la Historia ni conocemos sus nombres. Solo algunos empeños pugnan por arrancar a estas mujeres, con sus luces y sombras, de las tinieblas. El más reciente es el de Eloísa Gómez-Lucena, que ha publicado Españolas del Nuevo Mundo(Cátedra), donde recompone 38 biografías femeninas. Contra el runrún popular, ni todas fueron monjas o prostitutas. Los investigadores han constatado que se trató de un fenómeno significativo y transversal. Su perfil fue tan diverso como la sociedad de la que partían: desde humildes costureras hasta hidalgas con vocación pedagógica. Al llegar allí, un mundo fascinante y peligroso que solapaba la destrucción de lo existente con la construcción de lo nuevo, se convirtieron en capitanas, guerreras, maestras, exploradoras… “Engrosaron las filas de los expedicionarios y, como ellos, desbrozaron selvas, atravesaron cordilleras y desiertos y navegaron por los grandes ríos. Hazañas y penalidades femeninas en raras ocasiones reconocidas por la Corona española o comentadas por los historiadores de la época”, escribe Gómez-Lucena en el ensayo introductorio. A cada una de las vidas reseñada le sobran argumentos para un guion cinematográfico. Hollywood no las habría desaprovechado. Acaso alguien se anime si lee la obra. De momento, ahora que la ficción histórica está de moda en televisión, se ha estrenado El corazón del océano, la serie que narra la odisea de Mencía Calderón, la extremeña que sobrevivió junto a una veintena de mujeres a una expedición de 17.000 kilómetros y seis años hasta llegar a Asunción (Paraguay). Estas son cuatro historias recogidas por Eloísa Gómez-Lucena.

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Escena del Lienzo de Tlaxcala donde figura una mujer que podría ser María de Estrada.

María de Estrada. Combatiente a las órdenes de Cortés. Cofundadora de Puebla de los Ángeles y Tetela del Volcán. (¿Sevilla, 1480?-Puebla de los Ángeles (México), 1535). La biógrafa avisa de que “nada se sabe de los años españoles y poco de los americanos” de esta mujer que participó en la expedición de Hernán Cortés a Nueva España (México). Aparece citada con tacañería por el cronista Bernal Díaz del Castillo, que reparó más en los caballos. “Describe hasta los 16 équidos que los acompañaban, pero se olvidó de anotar el nombre de las mujeres embarcadas o, al menos, mencionar el número”, se queja la autora del libro. De las hazañas de María dan fe otros cronistas, como el historiador mestizo Diego Muñoz Camargo que, en 1591, concluyó una obra donde se recogían los sucesos tras la Noche Triste, cuando los españoles huían de Tenochtitlan el 1 de julio de 1520: “Se mostró valerosamente una señora llamada María de Estrada, haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y una rodela en las manos, peleando valerosamente con tanta furia y ánimo que excedía al esfuerzo de cualquier varón”. Gómez-Lucena también da por cierto que la conquistadora es la figura femenina que cabalga junto a un capitán saliendo de Tenochtitlan, en un grupo comandado por Pedro de Alvarado, que figura en el Lienzo de Tlaxcala, un códice realizado en 1552 por encargo del Cabildo para narrar la conquista del imperio mexica. María de Estrada volvería a guerrear contra los indios tetelecas cerca de Puebla de los Ángeles, en cuya fundación participó junto a su primer marido, Pedro Sánchez Farfán.

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Dibujo de Kim para el libro ‘De lo vi en las Yndias’.
Catalina Bustamante. Primera maestra de América. (Llerena, c.1490-Texcoco (México), ¿1546?). De probable origen hidalgo y con formación humanista, partió el 5 de mayo de 1514 de Sanlúcar de Barrameda junto a su marido, sus hijas y sus cuñadas hacia Santo Domingo, la primera ciudad europea del Nuevo Mundo. Durante 15 años se pierde su rastro “hasta que resurge en México a través de una protesta que la dignifica”. Escribe una carta a Carlos I en 1529 “exigiendo justicia por el atropello del que habían sido víctimas dos alumnas indígenas y, por extensión, el colegio de Texcoco que ella dirigía”. Para entonces Catalina Bustamente había enviudado y se ocupaba de la educación de las hijas de los capitanes de Hernán Cortés. Era terciaria, lo que la obligaba a una existencia decorosa y pía, una condición que la favoreció para ser nombrada directora del colegio de niñas indígenas de Texcoco. Aprendían a leer y escribir, cantaban oraciones, aprendían cuestiones domésticas y, las mayores, se iniciaban en algún oficio. “Catalina Bustamente fue inculcando en las adolescentes indígenas el derecho a formar una familia monógama e indisoluble, lejos del arbitrio paterno donde, hasta ese momento, las hijas eran mercancía para sellar alianzas con caciques o capitanes españoles. Animó a estas jóvenes a formarse una nueva conciencia regida por el derecho a elegir esposo y a vivir en sintonía con la moral cristiana”. Una noche de 1529 un grupo de indios asaltó el colegio para raptar a Inesica, hija de un cacique, y su criada por orden de un alcalde español encaprichado con la joven. La directora del colegio denunció al secuestro ante el obispo, que exigió la devolución de Inesica y su criada. “No conforme con eso, Catalina Bustamante denunció al alcalde por el atropello a la honra de las doncellas y el allanamiento del colegio para que sirviera de escarmiento ante los desmanes de otros altos cargos del virreinato”. No prosperó la vía judicial porque el presidente de la Audiencia de México era el hermano del regidor que había ordenado el secuestro. Fue entonces cuando Bustamente escribió a Carlos I, enredado por entonces en los detalles de su coronación como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La misiva acabaría en manos de su esposa, Isabel de Portugal, que se indignó ante la ofensa y ordenó reclutar “mujeres letradas de conducta ejemplar” para instruir a las niñas de Nueva España. A las elegidas les pagó el pasaje, la manutención y un ajuar. Catalina Bustamente regresó una vez a España, con 45 años, para denunciar ante la Corona la falta de apoyos a su labor pedagógica. Isabel de Portugal volvió a respaldarla con fondos y con el reclutamiento de tres terciarias maestras. La instrucción de niñas indígenas se expandió –también a las hijas de familias pobres- por México hasta que la peste de 1545 la truncó abruptamente. Entre los 800.000 fallecidos se incluyeron las alumnas y sus maestras, incluida Catalina Bustamante. Un monumento en Texcoco la honra como la “primera educadora de América”.

Ana de Ayala. Exploradora del Amazonas. (Trujillo, 1525-Panamá, finales XVI). Contra esa versión que la identifica como una prostituta, Gómez-Lucena afirma que Ana de Ayala, de origen humilde, se casó a los 19 años en Sevilla con Francisco de Orellana, mientras él preparaba la expedición para remontar el Amazonas desde el delta. La Corona le autorizó a llevar 100 hombres a caballo, 200 a pie, algunas esposas e hijos y solteras, ocho esclavos y otros tantos religiosos. En la práctica, cuando zarpó de Sanlúcar el 11 de mayo de 1545, “tuvo que incluir en la tripulación algunos individuos de malos antecedentes, prófugos de diversa condición: ladrones, bellacos, quizá algún homicida, pero también maridos que huían de sus mujeres, a quienes las Leyes de Indias prohibían pasar a América sin ellas”. Partieron entre 300 y 500 personas en cuatro naves. Cuando llegaron a Brasil para iniciar propiamente la aventura solo habían sobrevivido 150 y dos naves. Los infortunios siguieron acumulándose: faltaban alimentos, un nuevo naufragio, enfrentamientos con los indios… Finalmente, Orellana decidió continuar solo con el bergantín junto a Ana de Ayala, Juan de Peñalosa, el piloto Juan Griego y apenas medio centenar de tripulantes. “Vagaron en el bergantín durante 27 días, perdidos por afluentes o brazos muertos del Amazonas”. Regresaron a buscar a la isla donde habían dejado otros compañeros. No estaban. “Durante unos meses los buscaron río abajo. Ya todos iban enfermos o heridos y, con tan solo un puñado de maíz para cada pasajero, echaron el ancla en un recodo del río al distinguir un poblado en un claro del bosque. Revolvían las chozas y las empalizadas en busca de alimentos y animales cuando los emboscados indígenas, avisados de su llegada, flecharon a 17 hombres y a Orellana le atravesaron el corazón. Desconocemos el lugar y la fecha de su muerte. Sin embargo, por las declaraciones de su mujer Ana de Ayala y de los otros supervivientes, sucedió en los primeros días de noviembre de 1546, tal vez en Macapá, a unos 200 kilómetros del mar abierto. Lo enterraron al pie de un soberbio castaño de Brasil, tan pródigo en la Amazonía”. Dos semanas después, solo 26 personas de entre los centenares que zarparon de Sanlúcar arribaron a la isla Margarita. Ana era la única mujer superviviente. Tras la recuperación se fue a Panamá con el capitán Juan de Peñalosa aunque no volvió a casarse. Según Gómez-Lucena, lo desaconsejó una razón práctica: “Ana de Ayala habría interpuesto querella al Consejo de Indias con el propósito de reclamar los derechos de explotación de los territorios descubiertos por su marido, o bien, habría solicitado a la Corona española que le asignara encomiendas de indios con las que mantenerse, en consideración a los servicios de su marido y a los suyos propios”. El único rastro documental que dejó Ana de Ayala ocurrió en marzo de 1572 ante un tribunal de Panamá que debía valorar los servicios prestados por Peñalosa en la expedición de Orellana. Ella declaró como testigo. En el libro se recoge un extracto de sus respuestas que certifican las calamidades que afrontaron todos los expedicionarios: “Llegó a tanto la dicha hambre que se comieron los caballos que llevaban y los perros en 11 meses que anduvieron perdidos en el dicho río; en el cual dicho tiempo murió la mayor parte de la gente y, juntamente con ella, el dicho su marido; y sabe este testigo que solamente escaparon 44 hombres, uno de los cuales fue el dicho capitán Juan de Peñalosa”.

Isabel Barreto (Pontevedra, 1565-Castrovirreyna, Perú, 1612). Adelantada de los Mares del Sur (Melanesia). La familia Barreto Castro, acomodada y erasmista (lo que propició una esmerada instrucción a sus hijas), se instaló en 1585 en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) en el séquito del virrey. Un año después Isabel se casó con el almirante Álvaro de Mendaña, descubridor de la islas Salomón, y contribuyó a buscar financiación para una nueva travesía a los mares del Sur. Zarparon en 1595 con una dotación formada en buena parte por soldados conflictivos. La expedición al completo estaba integrada por cuatro naves, con 280 hombres y 98 mujeres y niños. Durante los 35 días de navegación hasta las islas Marquesas, cuenta la biógrafa que se celebraron 15 bodas. Pero la travesía fue más pródiga en dificultades: enfrentamientos con indígenas, escasez de víveres y agua, desesperanza para encontrar las islas ansiadas. El retrato de Isabel Barreto que legó a la posteridad el cronista Pedro Fernández de Quirós (el piloto portugués) es el de una mujer manipuladora y dura. Este relató que, para resolver el enfrentamiento entre su marido, el adelantado Mendaña, y su maestre, ordenó su ejecución: “Señor, matadlo, o hacedlo matar: ¿qué más queréis, pues os ha venido a las manos?, y si no, yo le mataré con este machete”. Poco después se sucedería una sangría entre partidarios de uno y otro. El propio Mendaña fallecería poco después dejando como heredera a su esposa, que se convertiría en la gobernadora de los Mares del Sur. La almiranta decidió entonces enfilar hacia Manila en condiciones precarias y ambiente tenso. “Isabel Barreto prohibió desembarcar bajo pena de muerte. En la noche, un soldado casado y con un bebé fue en una barca hasta el poblado en busca de leche para su hijo. Al regresar, Isabel Barreto mandó ahorcarlo por no ser obedecida”.  El 11 de febrero de 1596 arribaron a Manila. La adelantada rehízo su fortuna con el comercio de telas de China y se casó de nuevo con Fernando de Castro, que defendió sin éxito ante el rey Felipe III los derechos de su esposa como gobernadora de las islas Salomón. La Corona otorgó, por el contrario, el beneplácito a Fernández de Quirós para organizar una nueva expedición a los mares del Sur.