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Esta es la lista completa de los escándalos de Uber

10 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Uber se ha visto sacudido últimamente por una constante oleada de escándalos y publicidad negativa, incluyendo revelaciones de programas de espionaje, una demanda por tecnología de alto riesgo, reclamaciones de acoso sexual y discriminación, y vergonzosas filtraciones sobre la conducta de sus ejecutivos.

Los desastres de relaciones públicas culminaron con su director ejecutivo Travis Kalanick cogiendo una baja indefinida la semana pasada, y con las promesas de una reforma audaz que ignoraba en gran medida la relación tensa de la compañía con los conductores. Finalmente,  Kalanick ha dimitido por las presiones de los accionistas.

Por si te habías perdido algún capítulo del culebrón Uber, aquí va una lista cronológica con algunos de los escándalos más importantes.

Sexismo”boob-er” (febrero de 2014)

El ya ex director general de Uber, Travis Kalanick, habló en una entrevista sobre su creciente atractivo desde que es dueño de la empresa, y le dijo a un reportero de Esquire que debió llamarla “Boob-er” [‘boob’ se llama coloquialmente a los pechos de la mujer y ‘boober’ se puede significar pene]. 

Selección de competidores (agosto de 2014)

Uber se enfrentó a acusaciones porque reservó miles de paseos falsos de su competidor Lyft, en un intento de reducir sus beneficios y servicios. Los reclutadores de Uber también enviaron supuestamente spam a los pilotos de Lyft.

El escándalo “Vista de Dios” (noviembre de 2014)

El ejecutivo de Uber, Emil Michael, sugirió ensuciar la reputación de periodistas y difundir información personal de una periodista que criticaba a la compañía. Luego se disculpó. También reveló que Uber tiene una tecnología llamada “Vista de Dios” que permite a la compañía rastrear las ubicaciones de los usuarios, aumentando los problemas de privacidad. Además, un gerente accedió al perfil de una periodista sin su permiso.

Espiando a Beyoncé (diciembre de 2016)

Un exinvestigador de Uber reconoció que los empleados regularmente espiaban a políticos, ex y actuales personalidades, incluyendo a la cantante Beyoncé.

El fracaso del piloto automático

Los reguladores en California ordenaron a Uber que retirara vehículos automáticos de la carretera después de que la compañía hiciera pruebas sin permiso con coches sin conductor. El primer día del programa, los vehículos fueron pillados saltándose semáforos en rojo, y usuarios de  bicicletas de San Francisco plantearon dudas sobre los peligros que pueden suponer esos vehículos para los carriles bici. La compañía definió como “error humano” a los problemas de los semáforos en rojo, pero el New York Times afirmó más tarde que las declaraciones de la empresa eran falsas y que la tecnología automática fallaba.

Publicidad engañosa (enero de 2017)

Uber se vio obligado a pagar 20 millones de dólares (18 millones de euros aproximadamente) para resolver las acusaciones de haber engañado a los conductores prometiéndoles falsas ganancias. La Comisión Federal de Comercio alegó que la mayoría de los conductores de Uber ganaban mucho menos que las tarifas publicadas por Uber en Internet en 18 ciudades importantes de los Estados Unidos.

DeleteUber se hace viral (enero de 2017)

La campaña #DeleteUber se hizo viral después de que la compañía aumentara los precios durante la protesta de taxistas de Nueva York contra el veto migratorio de Donald Trump. Aproximadamente 500.000 usuarios borraron supuestamente sus cuentas tras el escándalo.

Lazos con Trump (febrero de 2017)

El director ejecutivo Travis Kalanick dimitió del consejo asesor de Trump después de que los usuarios amenazaran con un boicot. Kalanick dijo: “Unirse al grupo de asesores no significaba respaldar al presidente o sus políticas, pero desafortunadamente se ha interpretado mal”.

Escándalo de acoso sexual (febrero de 2017)

La exingeniera de Uber, Susan Fowler, se hizo pública con denuncias de acoso sexual y discriminación, lo que llevó a la compañía a contratar al exfiscal general Eric Holder para investigar sus acusaciones. Esta historia generó un amplio debate sobre el sexismo y la mala conducta en las empresas de Silicon Valley.

La demanda de Google (febrero de 2017)

Waymo, la compañía de coches automáticos de la sociedad matriz de Google Alphabet, presentó una demanda contra Uber, acusando a la empresa de robar su tecnología. La demanda, que podría ser un revés fatal para las ambiciones de coches autónomos de Uber, sostiene que un exempleado de Waymo, Anthony Levandowski, robó secretos comerciales para Uber. El ingenirero  Levandowski fue despedido más tarde por Uber.

Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años
Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años EFE

Aplicación para esquivar la ley (marzo de 2017)

El New York Times informó que Uber durante años utilizó una herramienta llamada Greyball para engañar sistemáticamente la aplicación de la ley en ciudades donde la compañía violaba las leyes locales. La compañía utilizó Greyball para identificar a las personas que se cree que están trabajando para agencias de la ciudad, llevando a cabo operaciones muy importantes, según informó el Times. Las revelaciones llevaron al lanzamiento de una  investigación federal.

El director grita a un conductor (marzo de 2017)

Kalanick fue grabado por una cámara discutiendo con un conductor de su propia empresa, que se quejaba sobre la dificultades de conseguir unos ingresos razonables con las malas tarifas de la compañía. El director ejecutivo gritó al conductor: “A algunas personas no les gusta asumir la responsabilidad de su propia mierda. … Culpan a alguien de todo lo que les ocurre en su vida. ¡Buena suerte!”. Más tarde emitió una disculpa y dijo que tenía la intención de obtener ayuda para “mejorar su liderazgo”.

Prostitutas en Seúl (marzo de 2017)

Según el periódico de información tecnológica the Information, un grupo de empleados de alto nivel, incluyendo a Kalanick, visitaron un bar “escort” y de karaoke en Seúl en 2014. Esto provocó una queja a Recursos Humanos de una gerente de marketing de Uber. Los clientes en este tipo de bares suelen seleccionar mujeres para cantar karaoke antes de llevárselas a casa.

Espiando a la competencia (abril de 2017)

Un programa secreto que Uber denominaba Hell (infierno) permitía a la compañía espiar a su rival Lyft para descubrir a los conductores que trabajaban para la competencia.

Conductores mal pagados (mayo de 2017)

Uber  aceptó pagar decenas de millones de dólares a los conductores de  Nueva York después de admitir que les pagó menos durante dos años, al hacer un descuento en las tarifas más alto del que tenía derecho a realizar. El promedio de desembolso por conductor se espera que sea alrededor de 900 dólares (807 euros, aproximadamente).

20 empleados despedidos (junio de 2017)

Uber confirmó que ha despedido a más de 20 empleados después de una investigación sobre las demandas de acoso sexual y una cultura sexista y agresiva en el lugar de trabajo.

Culpar a una víctima de violación

Los informes revelaron que un alto ejecutivo de Uber había obtenido el historial médico de una mujer que fue violada por un conductor de Uber en India, supuestamente para poner en duda el testimonio de la víctima. Según la web de tecnología Recode y el New York Times, el ejecutivo, Eric Alexander, fue despedido después de que los periodistas se enteraran del incidente. La mujer más tarde demandó a la compañía por violar sus derechos de privacidad y difamarla.

Kalanick de coge una baja indefinida (junio de 2017)

Kalanick anunció que se cogía una baja indefinida tras el informe sobre la cultura empresarial y el clima de trabajo, cuyas conclusiones recomendaban a Uber “revisar y reasignar” las responsabilidades del director ejecutivo.

Comentario machista en el consejo de administración (junio de 2017)

David Bonderman dimitía de la junta de Uber después de hacer un comentario machista a su compañera de la junta directiva, Ariana Huffington, durante una reunión pensada para mejorar la situación de acoso y sexismo en la empresa. El inversor bromeó con un comentario en el que insinuaba que las mujeres no hacen más que hablar. Se disculpó y dimitió horas después.

Traducido por Alicia Stein

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Violencia de género entre menores

13 julio, 2017

Fuente: http://www.jessicafillol.es

Jessica Fillol, 5 de junio de 2017.

Ella acababa de comenzar la Secundaria, él iba un curso por delante. Salieron durante unos meses, pero cuando ella quiso romper la relación, él comenzó a ser más agresivo. En realidad, ya había ejercido violencia sobre ella antes, solo que Laura, a sus 13 años, no había sabido identificarla porque no tenía las herramientas necesarias para hacerlo.

En marzo de este año, en Benidorm, la Policía detuvo a un chico de 26 años por agredir a su novia de 17. A través de una cámara de seguridad vieron cómo el agresor le propinaba una paliza a la menor con patadas y puñetazos. La chica caía al suelo y él aprovechaba para seguir golpeándola. El maltratador llegó a declarar que “la agresión había sido consentida por ella” y que por eso no le había denunciado.

Ese mismo mes, un joven de 19 años era detenido por agredir a su novia de 17 y acuchillar a su madre cuando esta fue a buscar a su hija tras la agresión. Fue en Torrelavega (Cantabria). También en abril de este año, en Pamplona, un joven de 16 años abusó sexualmente de otra joven menor de edad. La Policía la encontró a las tres de la madrugada sola, tras el ataque.

La socióloga Carmen Ruiz Repullo hizo un estudio en 2016 sobre la violencia machista en adolescentes. Aseguraba que este maltrato que sufren las menores es tan severo como el que puede sufrir una mujer adulta y que, además, surge desde el primer momento debido al control tecnológico extendido entre los jóvenes.

Según datos del Ministerio de Sanidad e Igualdad, más del 28% de las chicas sufrieron “control abusivo a través del móvil” en 2016 y hasta un 5% fue objeto de las mal llamadas ‘pruebas de amor’: intercambiar fotos de contenido sexual a petición de la pareja.

Según la Macroencuesta española de Violencia contra la Mujer de 2015, el 21% de las mujeres menores de 25 años que han tenido pareja han sido víctimas de violencia de género, frente al 9% de las mujeres en general.

En Andalucía tuvo mucha relevancia un estudio realizado por Fundación Mujeres y la UNED. Se tomó una muestra en los Centros de Educación Secundaria de 2.289 chicas y chicos de tercero y cuarto de ESO. El 10% de los adolescentes consideraba que el hombre es el que debe tomar las decisiones importantes en la pareja, junto a un 24% que se mostraba de acuerdo con que el lugar de la mujer está en la casa con su familia. Más del 20% pensaba que la mujer es más débil que el hombre. En relación a la violencia machista, el 50% cree que las mujeres aguantan mientras que el 25% piensa que las causas de esta violencia están en el alcohol y las drogas. Además, las creencias sobre el amor romántico están muy presentes en la adolescencia, que confunde entre otras cosas celos y sufrimiento con amor.

Fuente: El Español

Podéis seguir insistiendo en que no hace falta el feminismo, que ya existe igualdad, que el machismo ya está superado y que la violencia de género es solo cosa de inmigrantes, de gente con bajo nivel sociocultural y económico, o de borrachos y drogadictos, pero eso solo pondrá de manifiesto una vez más que solo queréis cerrar los ojos ante un problema que está tan arraigado en la sociedad como es el machismo, la creencia de que las relaciones son posesivas y plagadas de celos o no es amor, los mitos sobre el amor romántico y la pertenencia a la pareja.

Por alusiones

22 abril, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 05/04/2016 a las 06:00. Actualizada 04/04/2016 a las 22:32. 

A mí me gusta Ada Colau.

Es más, sin que ella lo sepa, presumo de ser amigo suyo a pesar de que hemos coincidido cuatro veces, las he contado. Tres antes de ser alcaldesa.

El primer encuentro se produjo en una comida en la que yo pretendía que tres mujeres de Barcelona, Itziar González Virós, Marina Garcés y Ada Colau escribieran sobre lo que hacían para editar un libro de gente que “hace cosas”, con el que financiar una película que llevaría el mismo nombre que el libro: No Estamos Solos.

En realidad el responsable de la cita fue Pere Joan Ventura, que dirigiría la película y me habló de ellas como de tres referentes interesantes para lo que queríamos contar. Se trataba de retratar la historia de personas que, al margen de la realidad que relatan los medios de comunicación, estaban ayudando de diferentes maneras a crear un espacio de convivencia nuevo, más justo, más equitativo. No eran noticia, pero conformaban una extensa red en todo el Estado que Itziar estaba ubicando en un mapa que llamaba “Cartografía de la Revuelta”. Al observar el mapa y descubrir la cantidad de colectivos que se encontraban “haciendo cosas” por los demás, diferentes movimientos que eran vecinos, con un mismo fin, ignorando los unos que existían los otros, se reproducía la imagen de las películas del oeste cuando los colonos al despertar se encontraban rodeados de indios. ¿De dónde salían? Ya estaban allí, pero no nos lo habían contado.

A pesar de mi edad provecta me caí del guindo. Yo que llevaba años trabajando en la televisión y en programas relacionados con la actualidad, con la información, creía que estaba en contacto con la realidad y descubrí que vivía en “la realidad de los medios de comunicación”. El tópico de que hay más mundos en éste se confirmaba. Había cientos de colectivos paliando la dramática situación en la que se encontraban miles de ciudadanos de los que no sabía nada de nada.

Comiendo con Pere Portabella, coproductor de la película, gran cineasta, muy buen testigo y que toda su vida ha estado pendiente de la política, fue senador independiente por el PSUC en los años ochenta, me dijo algo que me dejó perplejo: “Es la primera vez en mi vida que creo que las cosas van a cambiar”. Dicho por un señor que había vivido y participado en la Transición, que fue un cambio importante, aquellas palabras me dejaron noqueado. Yo no sospechaba que hubiera un cambio en marcha que marcara una diferencia sustancial con lo que había.

Todavía no se habían celebrado las elecciones europeas en las que Podemos concurrió con todos los sondeos vaticinando que no obtendría ningún diputado, salvo los más optimistas que planteaban la posibilidad de que obtuviera uno. Sacaron cinco e IU triplicó su resultado anterior obteniendo seis diputados. El voto útil estaba dejando de ser la opción de muchos votantes para evitar males mayores en beneficio de nuevas fuerzas. Recordé las palabras de Portabella. Por cierto, recomiendo la visión o revisión de su película Informe General sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública (1977), un desfile de personajes políticos que tuvieron una trascendencia capital en el desarrollo de la política de España, donde se verán actitudes de personajes como Felipe González que en su día causaban desconcierto y ahora, cuarenta años después, se entienden perfectamente.

Aquella comida con las tres mujeres me impresionó. Era consciente de que estaba con tres personas muy especiales, de un bagaje personal, intelectual y humano difícil de encontrar. Reconozco que salí del restaurante convertido en admirador, salvo por un pequeño detalle que no entraba en mis previsiones.

Dada mi natural desidia, mi idea era que ellas, junto a otras diez personas, hicieran el trabajo y yo me proponía de coordinador, pero no me di cuenta de que estaba ante personal solvente que supo darle al vuelta a aquel propósito mío de capitalizar el esfuerzo ajeno, y Ada planteó la posibilidad el que el libro lo escribiera yo ya que era mi proyecto. Se salió con la suya. Fue una gran idea, porque implicó la obligación de realizar entrevistas extensas con cada una de las personas que aparecían en el libro y creo que ha sido la experiencia didáctica más importante de mi vida. Al tiempo que me reconcilió con el ser humano al darme una sobredosis de contacto con la buena gente, esa que no sólo se preocupa por sus semejantes sin pretender sacar beneficio de ello, sino que también dedica su tiempo, parte de su vida, a sacar adelante sus proyectos en lugar de, como yo, limitarse a describir los problemas en la barra de un bar o frente a la pantalla del ordenador. Además, lo hacen enfrentándose a la demonización de la mayoría de los medios de comunicación, de intelectuales clasistas premiados con puestos en las instituciones, y de la autoridad competente que viendo venir el peligro se inventa normas para, a través de castigos ejemplares, quitárselos de en medio. Con la ley en la mano, nadie lo niega.

Gracias a la idea de Ada Colau tuve que entrevistar a estas mujeres y mi opinión sobre ellas mejoró. Me dejaron pasmado, se convirtieron en protagonistas del libro.

Yo continuaba escéptico, encantado con la posibilidad de un cambio real, pero no creía que la población estuviera dispuesta a apoyar alternativas encabezadas por alguien tan demonizado como Ada Colau, cuando decidió presentarse a las elecciones municipales y autonómicas. Acepté encantado participar con ella en un debate al aire libre en Barcelona, consciente de la injusticia que se estaba cometiendo con su candidatura. Contra todo pronóstico iba la primera en la mayoría de los sondeos y ninguna televisión le concedió espacio alguno, a pesar de que sus intervenciones antes de convertirse en un peligro real, en una apestada, hacían subir la audiencia, en clara muestra de la pluralidad en la que vivimos. Aun así ganó.

Ahora tiene que sufrir los improperios de esa clase dominante que embutida en su esmoquin corona nuestras instituciones y se queja de la falta de cultura de la masa, mientras utiliza exabruptos de una educación dudosa, pero delatan el desprecio de la elite clasista hacia los ciudadanos, esos a los que venden que vivimos en una democracia con igualdad de oportunidades y a los que, paradójicamente, exigen un comportamiento exquisito y respetuoso con las instituciones.

No, no nos representan.

El fundador de Ciudadanos, colaborador de El País, recientemente elegido miembro de la RAE, Félix de Azúa, se indigna por la baja clase de la alcaldesa de Barcelona. Cree que debería estar vendiendo pescado. No se ha manifestado con tanta contundencia durante estos años ante personas que han ostentado cargos parecidos, también elegidos como ella, y que se han dedicado a saquear las arcas públicas de manera sistemática a lo largo y ancho de la geografía, pero probablemente le parecería que, al menos, tenían estilo. Yo los veo todos los días y no se lo encuentro. Me da la impresión de que esa salida de tono elitista es debido a lo que ella representa, no a lo que es, les puedo asegurar que sabe lo que dice y que tiene una verdad, y se le nota, por eso la silencian. Lo que no le gusta no es que sea un cateta, sino lo que dice, y lo dice bien, a pesar de ser bilingüe. Ha tenido un arrebato antiguo, manido, con el estilo que utilizan los señoritos cuando se ríen de las chachas y de los “tontos del pueblo”. De siempre la clase dominante apela a los estudios para distinguirse. Por eso le da risa, según afirma, cada vez que habla Pablo Iglesias, precisamente a él, qué casualidad, le hace gracia la incultura de estos personajes.

A mis sesenta años es difícil recordar la cantidad de veces que he escuchado ese comentario y siempre en la misma gente, no renuevan el repertorio. Es una mirada de arriba abajo. Sí, todavía hay clases, lo sabemos y no pasa nada, estamos acostumbrados, pero no es de buena cuna manifestar la superioridad que depara la abismal diferencia social, que en la mayoría de los casos no es mérito propio, fuera de la más estricta intimidad. No es de buen gusto.

Yo siempre he tenido un profundo respeto por los que trabajan para los demás, los que bajan y meten sus pies en esa basura en la que vive la gente baja, la hez social. Ada Colau lo hizo durante años. Yo no lo hago y se lo agradezco, los admiro, tratan de evitar que la mierda les supere el umbral del cuello y los incultos desfavorecidos se ahoguen en ella. No es mucho pedir que les traten con un respeto que se han ganado, del mismo modo que a los que dan comer todos los días a Félix de Azúa, a Ada Colau, a mí y a los que leen esto.

Bueno, dice que no pretendía insultarla al mandarla a vender pescado sino ponerla en el nivel cultural que le corresponde, y que es ella la que ofende a las pescaderas si tal cosa le parece horrible. Es lo malo de poseer tamaño poderío intelectual, que a uno no le entienden. También hay verduleras en el mercado, señor Azúa, lo digo por si un día quiere echar otro piropo a alguien, esta vez cercano, tal vez una candidata de su partido. El que extraiga un sentido peyorativo de esas palabras tiene un problema, ahora sabemos que lo dice como un elogio, como una simple tasación. A mí, que no tengo ese nivel, no se me ocurriría. Bueno, se me ocurre muchas veces, pero me reprimo, ahí reside mi concepto de respeto y educación, claro que yo no pertenezco a esa clase que habla de los de “bajo nivel cultural” como si fueran cosas, como los cazadores de safaris de las películas cuando se refieren a los negros porteadores y los califican delante de sus narices.

Lo malo, como decía, de estar tan por encima en los estudios es que uno corre el riesgo de ser interpretado erróneamente, y también de acabar pensando que los demás son gilipollas.

Cuide un poquito las formas porque va a terminar siendo un maestro de aquello que tanto le repatea, me refiero a eso que afirma de que en Cataluña se enseña a odiar al enemigo. Como cuando dice que “la ideología es para los tontos”. La verdad es que podría ser un poco menos lenguaraz y un poco más discreto porque se delata, y perdone que le diga que no es usted el único tasador del planeta, todos podemos ejercer en algún momento ese oficio y lamento confirmarle que usted tiene ideología, y ya puestos, más que yo, dicho desde el respeto.

No hay por qué ponerse así, no va tan mal la cosa; su líder político, Albert Rivera, ha llegado bastante lejos, y a la primera, creo yo.

Por cierto, por simple curiosidad, en ese mundo donde sólo la élite debería gobernar llamado aristocracia, ¿en qué oficio situaría usted a Albert?

Y sí, me he sentido aludido.

Hablemos claro de una vez sobre ‘El Hormiguero’

11 marzo, 2017

Fuente: http://www.huffingtonpost.es

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Yolanda Domínguez, artista visual. Experta en comunicación y género.

Ni el propio Bertín, por mucho que se esfuerce, conseguiría hacer un programa más rancio y cuñadil que el de su amigo Pablo Motos. Chicas que bailan desnudas y cocinan para los invitados, mamás que huelen cacas, actrices enterradas vivas en ataúdes, mujeres obligadas a sufrir y llorar para subir la audiencia y entrevistas cargadas de preguntas sexistas y comentarios soeces a todas las invitadas. Así es El Hormiguero, un museo de los horrores de carne y hueso con emisión diaria.

Hace mucho tiempo que me recomendaron llevar una dieta sana de imágenes. Desde entonces procuro no acompañar mis cenas con escenas de competiciones absurdas entre machos, exhibición de cuerpos femeninos y humor casposo. Pero por más que intento evitarlas, las redes sociales se encargan rápidamente de hacerse eco de las perlitas del programa. Esta semana, la alarma ha saltado por la entrevista que le ha hecho a Mónica Carrillo, presentadora de los informativos de Antena 3, que no escarmentada con sus pasadas visitas al programa, volvió a ser humillada por Pablo Motos con motivo de la presentación de su último libro.

No suelo tomarme las cosas de modo personal, pero tras ver la entrevista en cuestión, he sentido demasiada vergüenza como mujer y como profesional como para dejarlo pasar. Le entrevista, como era de esperar, fue una retahíla de referencias babosas al aspecto físico de la invitada sin posibilidad de escapatoria: “Guapa, bonita”, “Tú eres un mito erótico y lo sabes”, “Yo incluso veo las noticias sin volumen”. Motos deja claro desde el principio que el único valor que tiene su invitada para él es el de ornamento. El premio a la pregunta más machista del año viene pocos segundos después: ¿Crees que los hombres te leen por lo que escribes o porque les atraes tú? Bravo Pablo, bravo. ¿Esto lo ensayas en casa delante del espejo o te sale así, de forma natural? Dinos cuál es el secreto, porque cuesta creer que, con un equipo de guionistas detrás, las únicas frases que logres pronunciar delante de una mujer sean nivel neandertal en el pleistoceno medio. Acto seguido hablan de un fan que le pide a la presentadora un autógrafo en la playa, y antes de que ella pueda explicar nada, Pablo le pregunta: ¿tú llevas bikini o bañador?… Mónica intenta desviar la atención hacia su sobrino, pero Pablo ya ha entrado en bucle porque sus dos únicas neuronas (la de competir y la de babear) se están imaginando a la invitada en topless “¿de qué color es el bikini?”, “¿rojo?”, “¿negro?”, “¿rojo?”, “¿negro?”, “¿rojo?”, “¿negro?”… Mónica le espeta “Pablo. Conoce”, en un intento fallido de que recupere el conocimiento.

No nos explicamos cómo El Hormiguero se llevó en 2009 El Rose d’Or al mejor programa de entretenimiento de la tele. Hoy por hoy se lo podría llevar al programa más machista y que peor trata a las mujeres de la parrilla mediática.

Por si las tres únicas preguntas que Pablo hace a su invitada no fuesen suficientes para dejar claro quién es quién, pasan a leer varios fragmentos del libro, por supuesto escogidos por él. “Desnúdame despacio, desnuda me despierto”, silbidos en el público y comentario de Motos: “Ahora está media España imaginándote despertándote”. El nivel de baba ya llega por la rodilla, pero el presentador insiste y sigue recitando en la misma dirección. “Imítame en sueño, méteme en tus asuntos (riéndose y diciéndolo muy despacio), mútame sin dueño (más despacio todavía), mátame de gusto”. “Tengo que tomar el aire”, dice Pablo. Sí, hijo, sí, mejor respira un poco y ponte a achicar baba, que vas a hundir el barco con todos dentro. “Siempre me pones nerviosa”, concluye Mónica, que no es la única que ha sentido vergüenza ajena visitando el programa. Las actrices Kristen Stewart y Charlize Theron declararon que no se habían sentido nada cómodas en El Hormiguero, la tenista Ana Ivanovic también soportó lo suyo escuchando a Motos decir que buscaba fotos sexys suyas en internet a la vez que mostraba varias de ellas en pantalla. Alessandra Ambrosio tuvo que sufrir el dichoso juego de las pelotitas que suele hacer con muchas de las invitadas para darse un beso en los morros.

Para que el nivel de machismo no decayera, después de esta inmejorable entrevista, aparece Ernesto Sevilla haciendo de psicópata que mata a gente y una novia tonta que no se entera de nada pero le pide que ponga plásticos en el suelo y use posavasos. Muy en la línea del programa: los hombres son violentos y las mujeres tontas y maniáticas. No sabemos si el director del programa también hace pruebas de machismo a la hora de elegir a sus colaboradores. Si no recuerdo mal, fue otro humorista, Luis Piedrahita, quien llamó “carrefurcias” a las cajeras de los supermercados, levantando las críticas de la Sección Sindical Estatal de CC.OO. de Hipermercados Carrefour.

Pero las entrevistas y los humoristas no son lo único sexista del programa. El Hormiguero deja claro día tras día que la ciencia es un territorio exclusivo de los hombres. Primero fue Flipi, ahora Marron y El Hombre de Negro, quienes hacen los experimentos y los trucos impresionantes. Mientras ellos se dedican a lo importante, ellas son las encargadas de hacer pruebas chorra en las que hay un requisito imprescindible: que les boten mucho las tetas. En el programa de las hormigas, está claro que las mujeres no hacen experimentos, sino que son “el experimento”. Algunas de las pruebas que les ponen a los invitados (hombres) consisten en exhibir a mujeres objeto para que Motos no babee solo. A Sardá, por ejemplo, le llevaron a 4 mujeres sexys con escote y tacones que no podían “hablar en ningún momento” y tenían que bailar y cocinar para que él averiguase cuál de ellas era catalana. Pablo las llamaba “la número uno”, “la número dos”… Muy ejemplar todo.

Tampoco se nos olvida esta otra prueba donde Imanol Arias y él miden sus pulsaciones delante de los cuerpos semidesnudos de dos mujeres a las que no se les ve la cabeza, sólo el cuerpo (antes de ellas también pusieron a un tigre y tiraron unos petardos).

No nos explicamos cómo El Hormiguero se llevó en 2009 El Rose d’Or al mejor programa de entretenimiento de la tele. Hoy por hoy se lo podría llevar al programa más machista y que peor trata a las mujeres de la parrilla mediática. Son muchas las personas que se quejan diariamente de este programa. Son muchas las personas que están hartas de una televisión sin valores, de contenidos que sólo busca hacer caja. Pónganse las pilas en cuanto a entretenimiento de calidad y ético. Mientras tanto, mantendremos la pantalla bien apagada.

¿Mujer, 8 de Marzo? Esta historia ya me la conozco

8 marzo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Yo misma me siento harta de repetir que nos han silenciado e insultado, borrado de la lista de constructores de la historia, y que lo siguen haciendo. Que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos. Que ni veinte policías pegados a una mujer acosada lograrán evitar la muerte que decreta la sociedad machista que imbuye educación machista.

"Somos el grito de las que ya no tienen voz" Manifestación del 8M \ Foto: Alejandro Navarro Bustamante

Imagen de archivo: “Somos el grito de las que ya no tienen voz”, manifestación del 8M 2016. ALEJANDRO NAVARRO BUSTAMANTE

Llegados a este 2017 los retrocesos son tan evidentes que se ha levantado una nueva ola reivindicativa, un “Basta ya” inapelable: este 8 de Marzo aúna el mayor grito de indignación y fuerza de cambio en décadas.

Rosa María Artal07/03/2017 – 20:32h

Se diría que cada 8 de Marzo sirve, desde hace algún tiempo, para constatar los retrocesos de la mujer en la sociedad. Llegados a este 2017 son tan evidentes que se ha levantado una nueva ola reivindicativa, un “Basta ya” inapelable. No ha faltado más que situar al frente del país más poderoso de la tierra, Estados Unidos, a un misógino de manual, líder idóneo de esa mayoría masculina, blanca e inculta que lo ha encumbrado, junto a un nutrido sector de mujeres de los mismos parámetros mentales. La protesta de las mujeres, otras mujeres, contra Trump fue, desde el primer día, una de las más numerosas de los últimos tiempos. Cuando el mamut está en la puerta no hay otra que reaccionar.

Vamos para atrás, a la carrera. Los hombres siguen copando las Consejos de Administración y todo centro para la toma de decisiones. Nada ha cambiado para el 60% de licenciadas –tanto en Europa como en España– que no ven reflejado ese porcentaje en los puestos de decisión. Seguimos sin dirigir periódicos. De aquel 70% de mujeres periodistas del que hablábamos hace un año, vimos acceder a tres a ese cargo de mayor responsabilidad y ya ha quedado una en el camino. La presencia de las periodistas en las tertulias espectáculo de la televisión permanece en mínimos.

Las mujeres siguen cobrando menos salario, de forma oficial o por medio de incentivos y pluses que la discrimina. Siguen estando a la cabeza de los trabajos temporales y precarios. La mayoría de las administraciones no han arbitrado medidas para la conciliación de la vida personal y laboral, cuyo mayor peso sigue recayendo en ellas. Permanecen como las grandes paganas de la crisis y las primeras en quitarse la comida si falta dinero en casa. Ese extremo que ignoran deliberadamente las cifras oficiales del Gobierno y de sus medios de apoyo.

Las mujeres continúan siendo asesinadas por sus parejas o exparejas y suscitando una alarma contenida. Una media de 60 anuales, aunque este 2017 ya ha enterrado a 21 en dos meses. El informe elaborado por el Ministerio de Interior durante el mandato de Fernández Díaz, del PP, de Rajoy en definitiva, ha sido clarificador. Resulta que han descubierto que “la mayoría de los crímenes machistas responden al deseo de las mujeres de separarse y hacerlo deprisa“. Las víctimas son el sujeto de la culpabilidad, ellas se lo han buscado. Un día, el hombre “explota por una tontería que es la gota de agua de todo lo que ha ido pasando antes”, dice el informe de Interior. Ya ven, adquirieron el producto, en propiedad y a disposición permanente, y el producto, la mujer, osó no aguantar más.

Se comenta solo. Lo mismo que la serie de exabruptos alucinantes soltados por obispos de la Iglesia católica contra la mujer. Y sus sermones con su peculiar criterio de cuál es nuestro papel en la sociedad.

Para todos ellos el tiempo no ha pasado. Todavía viven en aquel añejo país en el que, por imposición franquista y machista, la mujer era un apéndice del padre o marido y precisaba de permiso hasta para trabajar o tener pasaporte, entre otras muchas restricciones. Y pasan los años y las décadas y siguen impermeables a cualquier idea que altere su irracional posición.

Al votar estos integrismos se concede la licencia de conducir nuestros destinos, los de todos, a quien no ha sido capaz de ver ni de interiorizar los cambios que se producían a su alrededor. Mal puede gestionar políticas de progreso cuando se vive anclado en el pasado más reaccionario. Pero parece que millones de personas no logran establecer esa relación.

La involución es general y se ceba en los más vulnerables. La mujer lo sigue siendo por el aplastante peso del machismo que nunca se fue. Ha salido del armario, si alguno se apartó, con nuevos bríos.

La Transición la hicieron hombres en su mayoría. La Constitución, las leyes, mientras las mentes más torpes afianzaban costumbres retrógradas en rincones resguardados de toda luz del conocimiento. En las pocilgas del integrismo que hoy se expone a plena luz sin el mínimo complejo.

Todos los partidos adolecen de machismo, todo irradia machismo en esta España nuestra empecinada en caminar hacia atrás. Nos plantan dirigentes jóvenes y “modernos” en el PP y se van, como Andrea Levy, a apoyar para la reelección –con éxito– a un encausado por ofrecer trabajo a cambio de sexo. Y casi pasa por normal si se mira a los oscuros recovecos del fanatismo religioso que impregna a muchos de sus colegas.

Verán, las mismas décadas han pasado para quienes vimos de forma efectiva que nosotras, las mujeres, tomábamos el timón de nuestra independencia. Y otra vez estamos en lo mismo. Yo misma me siento harta de repetir que nos han silenciado e insultado, borrado de la lista de constructores de la historia, y que lo siguen haciendo. Y que los hijos son del padre y de la madre, lo mismo que los familiares dependientes. Que no se trata de que los hombres “ayuden” en casa, sino que es su responsabilidad. Que la maternidad y la familia son opciones, a elegir. Que el Estado al que pagamos impuestos ha de facilitar la tarea. Que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos. Que ni veinte policías pegados a una mujer acosada lograrán evitar la muerte que decreta la sociedad machista que imbuye educación machista.

Y, aun así, hay que insistir cada vez en lo que cuesta conseguir las libertades y lo deprisa que las derrumban de nuevo. En el horizonte al que conducen los pasos erráticos. En que cada derecho recortado es un eslabón de una cadena que se los lleva todos. No toda la sociedad es consciente de lo que estamos perdiendo, de lo difícil que es recuperar lo arrasado. De si esta furibunda oleada del fascismo –no le llamen “populismo” a lo que es fascismo– no se impondrá esta vez.

Muchas mujeres ya lo saben. Por eso salieron contra Trump. Por eso este 8 de Marzo aúna el mayor grito de indignación y fuerza de cambio en décadas. Los hombres que todavía lo ignoran deben saber que no precisamos tutelaje, que esta lucha es de todos: de ellos, de nosotras, de nuestros hijos, de la sociedad, de todos.

Ustedes verán, de seguir la marcha atrás en un año más no quedan ni las raspas de los derechos del hoy.

‘Cazafantasmas’: feminismo de ‘blockbuster’

31 agosto, 2016

Fuente: http://www.lamarea.com

El capitalismo ha encontrado un nuevo nicho en la versión más divertida y menos subversiva del feminismo.

21 agosto 2016 | 12:59
‘Cazafantasmas’: feminismo de ‘blockbuster’
Las protagonistas del remake Cazafantasmas.

“Me han destrozado la infancia” repetían este verano en las redes sociales miles de hombres en torno a los 40 años. Su supuesta desgracia no es otra que el remake de Cazafantasmas (Ghostbusters), la célebre comedia de 1984 sobre unos parapsicólogos que se dedican a atrapar fantasmas en Nueva York. Lo traumático del asunto, parece ser, es que en esta ocasión las protagonistas son cuatro mujeres interpretadas por las cómicas Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones.

La polémica se inició hace dos años, cuando el director Paul Feig anunció que iba a rodar una nueva versión del clásico infantil con un elenco femenino en los papeles principales. En las redes sociales, se acumulaban las críticas, los comentarios sexistas y las amenazas de no ir a verla. El tráiler publicado en la cuenta oficial de Sony en Youtube se ha convertido en el peor valorado de todos los avances cinematográficos disponibles en la plataforma. Un mes después de su estreno en Estados Unidos, acumula más de un millón de reacciones negativas, mientras que los “me gusta” no se acercan ni a la mitad.

Poca broma. Leslie Jones, la única actriz negra del reparto principal, decidió abandonar temporalmente Twitter ante la intensidad del acoso racista y sexista al que se vió sometida. Y “todo porque hice una película. Podéis odiar la película pero la mierda que tengo hoy encima… está mal”, reflexionaba en su cuenta. Según había denunciado horas antes a través de la misma red social, “me han llamado simio, enviado fotos de sus culos, incluso una imagen con semen en mi cara. Estoy intentando entender a los humanos. Estoy fuera.”

Cuatro señoras normales

Cazafantasmas no es una película eminentemente feminista. Tiene aspectos empoderantes, como mostrar una relación de fuerte amistad y compañerismo entre mujeres. Relaciones, por otro lado, ubicuas en la vida real pero muy poco representadas en la ficción. Pero que nadie se lleve a engaño: hemos venido a ver ectoplasma mucoso, chistes aptos para todos los públicos y sustos de grandiosos efectos especiales. Entonces, ¿por qué genera tanto odio que cuatro señoras protagonicen una película de entretenimiento veraniego?

El cine comercial está plagado de protagonistas masculinos en los más variados papeles y de todos los rangos de edad. Para ellas, el espectro se reduce a sus primeras tres primeras décadas de vida y a roles estereotipados que basculan entre la madre y la puta. En este caso, la historia es, por fin, distinta: las protagonistas tienen físicos normales (comparando con el mundo real) y sus obsesiones no giran en torno al amor y la maternidad, sino a cazar fantasmas. El ejercicio de parodia por inversión es especialmente efectivo en el papel del recepcionista joven, guapo y deliciosamente idiota que interpreta Chris Hemsworth, el Thor de las últimas películas del universo Marvel.

Guerras culturales y feminismo

Las leyes de Newton también se aplican a la cultura popular. En el momento en que las mujeres y las temáticas feministas empiezan a encontrar su hueco en la industria del entretenimiento, la reacción en contra no se hace esperar. El caso de Cazafantasmas no ha sido el primero pero sí el que ha llegado a un público mayoritario. Antes, la campaña de acoso organizado conocida como Gamergate ha obligado a mujeres vinculadas al mundo de los videojuegos, como Zoë Quinn o Anita Sarkeesian, a cancelar conferencias o abandonar su casa debido a las amenazas.

Los premios de ciencia ficción están siendo un campo de batalla destacado en estas guerras culturales feministas. En Estados Unidos, los longevos Hugo son objeto, desde 2013, de la acción coordinada de un lobby de extrema derecha llamado Sad Puppies (“cachorros tristes”). Su objetivo es que las obras premiadas mantengan los valores machistas, racistas y belicistas que, según sus miembros, son propios del género. Se trata de una reacción ante su percepción de que las mujeres y otros grupos oprimidos estaban ocupando últimamente “demasiado” espacio en las nominaciones.

El miedo por ver peligrar los privilegios patriarcales de representación es tal que se ha llegado a afirmar que la polémica por la versión femenina de Cazafantasmas ha sido creada y alimentada desde el propio film como estrategia de marketing. La hipótesis se apoya en que, en una escena de la película, el personaje de Leslie Jones cae al suelo cuando el público al que se lanza desde el escenario se aparta. Desde ahí, la cazafantasmas exclama: “No sé si ha sido por negra o por mujer, pero estoy muy cabreada.”

La película también ha sido tildada de racista ya que, mientras que las tres protagonistas blancas son científicas con doctorado (ingeniera nuclear, física cuántica y parapsicóloga a tiempo completo, respectivamente), la única afroamericana del elenco trabaja como taquillera en el metro. Su aportación al grupo proviene de la universidad de la vida: conoce a la perfección las calles de Nueva York.

Estamos en un momento de impás. El capitalismo ha encontrado un nuevo nicho en la versión más divertida y menos subversiva del feminismo que, poco a poco, se empieza a reflejar en las ficciones cinematográficas comerciales. Sin embargo, como ya ocurrió con la última entrega de la saga de La guerra de las galaxias, parece que existe una pantalla de cristal que impide que los mundo imaginarios donde el patriarcado no existe se reflejen en la realidad. Ojalá las niñas que crecen queriendo ser como las nuevas cazafantasmas puedan el día de mañana cobrar el mismo salario que sus compañeros, no asuman en exclusiva el trabajo de cuidados y no sean juzgadas por su apariencia.

El “insolente marimacho”

9 agosto, 2016

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Todos los problemas políticos son, en el fondo, problemas culturales y morales. Y en eso estamos respecto a los crímenes contra las mujeres

 

Las intervenciones más emotivas durante la pasada campaña fueron las sucesivas declaraciones de los líderes para atajar la violencia de género. Es decir, feminicidio, terrorismo doméstico. Todos los problemas políticos son, en el fondo, problemas culturales y morales. Esto lo repetía con mucha intención desde el exilio el gran Max Aub. Y en eso estamos respecto a los crímenes contra las mujeres. En un problema cultural. Y en una forma de “exilio”: la de las mujeres en esta sociedad del riesgo.

Si cuando Ana Pastor planteó en el debate con más audiencia, ante más de nueve millones de personas, el más grave de los problemas, porque afecta al menos a la mitad de la población, mujeres en peligro por el hecho de ser mujeres, la reacción de todos, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría, como sustituta de Rajoy, fue de una esperanzadora y a la vez desesperante vehemencia. Se acabó. Ni una mujer menos. Acabar con este estado de barbarie, con este reloj que cada día marca cientos de agresiones y, cada cuatro días, un asesinato de mujer por ser mujer, un feminicidio.

Podíamos estar medianamente satisfechos con tan emotivas reacciones. Pues no. Yo me quedé asombrado, en estado de estupor, ante algunas de las “sentidas” respuestas.

Como repetía Max Aub desde el exilio, todos los problemas políticos son, en el fondo, problemas culturales y morales

Una de ellas consistió en un llamamiento a las adolescentes para que no se dejasen controlar por sus compañeros o novios. Que no permitiesen que les vigilasen los móviles. Esos mismos labios, oídme, decían, habían justificado la eliminación en la enseñanza de la única asignatura en la que se trataba el problema de la violencia de género y se educaba para afrontarla: la Educación para la Ciudadanía. En vez de educar a niños y jóvenes en la igualdad, y liberarlos de las típicas taras, se les entregó como una concesión particular al sector reaccionario del nacionalcatolicismo.

Todos los candidatos, futuros gobernantes, coincidían en el remedio para una solución real a esa criminalidad endémica: educación, educación, educación. Sí, educación.

Adelante, pues. No esperen ni un segundo para restablecer en toda la enseñanza, pública y privada, lo ahora substraído: el conocimiento de los derechos y deberes de la ciudadanía. También la memoria, es decir, yendo a la raíz y estableciendo las causas de este mal de aire, el maltrato endémico hacia la mujer. Saber de dónde viene esta peste, esta misoginia, esta discriminación y violencia que se pega al presente como una garrapata histórica.

Pero da la impresión de que ante este siniestro total se responde con rituales de duelo y poco más. La desolación no es una consolación.

Recuerdo de niño, en la escuela, que nos llevaron a un acto para celebrar el Día del Árbol. Éramos cientos de estudiantes obligados a permanecer inmóviles durante horas, en la disciplina de las filas. Escuchamos varios discursos sobre la importancia de los árboles. Pero allí no había ningún árbol. No se plantó ni uno. Tal vez los árboles éramos nosotros. Con el sol calentando la cabeza, sentí que me salía una rama de cerezo por la oreja. Aquel día quedé vacunado contra la retórica.

Algo así está ocurriendo con el drama de la violencia machista en España. Mientras se suceden los crímenes, muchos lamentos a las puertas de las instituciones. Pero no se plantan árboles.

Y algo muy importante: el feminismo sigue siendo despreciado o ridiculizado por columnistas émulos de aquel Pascual Santacruz que publicó en La España Moderna (¡madre mía!) un artefacto titulado ‘El siglo de los marimachos’. Advertía del peligro de las mujeres emancipadas, que convertirán a “nuestras bellas compañeras” en unos “seres incatalogables en los casilleros de la zoología”.

A las mujeres díscolas las vilipendiaban como histéricas. Pero lo que late en el trasfondo de esta tragedia española es un histerismo masculino, que no soporta otro destino para la mujer que el del “ángel del hogar”. La mujer libre, como dice el narrador de Memorias de un solterón, de Emilia Pardo Bazán, es el “insolente marimacho”. A la propia Emilia la caracterizaron así muchos de los intelectuales contemporáneos. Unamuno le reconocía su gran talento, en cuanto “masculinismo” y no “feminismo”. Él, como tantos otros, aceptaba el activismo feminista, siempre que no fuera español: “El tipo de la mujer fuerte y libre norteamericana no ha llegado aún a nuestros países”.

–Pero, hombre, ¡vivimos otros tiempos!

Menos de lo que se aparenta. El histerismo masculino sigue campante en muchos gallos de la intelectualidad española.

No son solo las mujeres las que tienen que ser feministas. También los hombres. Y los valores de la sociedad. Será la única forma de acabar con esta tara.

elpaissemanal@elpais.es

Los académicos que huelen a pescado podrido

4 abril, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

El Rey insiste en que Europa debe reaccionar "unida" y "firme" ante el terror

Félix de Azúa, con los reyes, cuando recibió el Premio de Periodismo Francisco Cerecedo. EFE

Todo este proceso interminable de negociaciones del país sin Gobierno puede ser interpretado como una pelea entre la vieja y la nueva política. Sería un gran error. Todo se reduce a tener los escaños para ganar la votación de investidura, un juego de apariencias, confianza e infidelidades que conocen muy bien los países que tienen gobiernos de coalición desde hace años o décadas.

Sí hay una brecha muy pronunciada –en parte, generacional, en parte, de mentalidad– entre los que no se enteran de lo que está pasando y los que creen que merece la pena buscar algo nuevo. Esa división se produce a muchos niveles y a veces en lugares bastante sorprendentes, incluso dentro del Partido Popular, como se ha visto esta semana cuando Rajoy o Sáenz de Santamaría, o ambos, han empezado a rajar contra los jóvenes vicesecretarios generales del partido por ser muy duros al denunciar la corrupción.

La Familia protege a los suyos, también cuando son descubiertos con las manos en el cadáver, al menos mientras se pueda alegar que ellos sólo pasaban por allí. Cuando las pruebas ya son ineludibles, toca salir con “yo no sabía nada” o “yo no estoy en los detalles”, y a los dos días sostener que eso ya es historia. Los dirigentes más jóvenes del PP intuyen que esa actitud les seguirá enterrando. A los de arriba les da igual, porque saben que esta es su última oportunidad.

Esa brecha va más allá de la política y alcanza otros ámbitos, como los mundos de la empresa, los medios de comunicación y la cultura. Esta semana, hemos sido testigos de otro ejemplo, este en un lugar mas previsible, con las declaraciones del escritor y académico, Félix de Azúa, contra Ada Colau. Las frases clasistas y machistas que le dedican entran en el terreno de los insultos que se vuelven rápidamente contra el que los lanza. Azúa podría haber elegido algún detalle que le pareciera rechazable de la gestión de la alcaldesa de Barcelona para sus críticas más duras, pero prefirió apostar por el aspecto de la víctima –el que él cree que tiene– y el hecho de que no pertenece a la élite política y cultural que se merece gobernar la ciudad.

Clasista y machista, también lo segundo. Cuando algún eximio representante reaccionario quiere cargar contra Iglesias, Errejón o Garzón, destaca que son peligrosos y no tardan en poner sobre la mesa los nombres de Stalin o Mao. Ya es casualidad que al haber una mujer de por medio, alguien como Azúa crea que ella solo sirve para limpiar las truchas o, como dijo un concejal del PP, para limpiar los suelos. Hasta en la escala de peligrosidad social, las mujeres lo tienen difícil para dar miedo.

Azúa forma parte de esa élite cultural que soportó en su juventud el franquismo y que luego pasó a disfrutar de los placeres de la democracia, lo que en su caso significaba estar a menos de dos grados de separación del poder en los 80, y gozar de las cátedras, premios literarios y posiciones de privilegio en las páginas de El País. La etapa de Aznar les permitió recuperar cierto espíritu crítico, pero pronto volvieron al redil. Algunos como Azúa, perturbados por el triunfo del nacionalismo catalán, desarrollaron un desprecio evidente por la voluntad popular. La gente empezaba a decidir cosas sin que nadie con poder pudiera frenarla. Sólo quedaba lamentar tanta vulgaridad procedente de todos aquellos que se negaban a aceptar a ser gobernados como siempre se había hecho.

Muy poca gente mejora con la edad, y los que están en posiciones de poder tienden a empeorar a gran velocidad. Los intelectuales de los 80 apenas resisten la comparación con los textos que ellos mismos escribían entonces. Esas defensas apasionadas de la libertad se han convertido en denuncias acaloradas de toda esa banda de jovenzuelos en vaqueros que quieren cambiar el sistema político, de todas esas mujeres que no se limitan a estar agradecidas por todo lo que ellos, y sus amigos en el poder, hicieron por ellas desde esa época. Los que continúan luchando por sus derechos son despreciados por negarse a admitir dónde está el sitio que les corresponde. Abajo.

Ellos tragaron lo suyo. Unos esperaban que España fuera diferente. Menos franquista o más culta. Otros tuvieron que firmar manifiestos en favor de la OTAN (era eso o dejar de escribir en el periódico). Algunos quizá confiaban en que los presidentes socialistas no acabaran abrazados sonrientes a banqueros y obispos (pero por otro lado esos banqueros financiaban premios y conferencias con los que complementar los escasos ingresos que daban la universidad y la venta de libros). La verdad es que tragaron un montón y desarrollaron un estómago blindado a cualquier idea fuera de lo permitido por el establishment.

Ahora no toleran que se les recuerde su fracaso, cada uno al nivel que le corresponde. Los resultados de las elecciones son otro más de los tragos insalubres que tienen que ingerir, cuando su aparato digestivo ya no está para muchos excesos. Están escandalizados por que se les pidan cuentas, que haya en el poder gente vulgar a la que nadie le daría una cátedra ni una plaza vitalicia de académico.

Los que están en el mundo de la empresa tienen la suerte de que en España todo está preparado para que las personas de 70 años sigan en sus puestos, algo que el funcionamiento tradicional de la economía de mercado hace mucho más difícil en países como EEUU o el Reino Unido. Incluso en los medios de comunicación ni siquiera importa que tu acción caiga de 25 euros a 0,28 (precio luego maquillado) para continuar siendo reelegido en el cargo. Pero no todos tienen esa suerte.

En el mundo de la cultura, es más difícil gozar de esos blindajes eternos. Al final, sólo te queda la bilis y los fracasados la generan en cantidades industriales.

Entre usted y yo hay algo personal

13 marzo, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

Ah, qué desnudo quedó el Caballero Morenés. Qué falta de empatía, la propia de los suyos, qué identificación con la burricie antimujeres del Gobierno y el partido en los que el señorito cumple. Qué indiferencia de clase y de género.

Maruja Torres, 11/03/2015 – 21:29h .

Morenés dice que hay tolerancia cero con el acoso sexual y UPyD pide su dimisión.
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La capitán del Ejército Zaida Cantera. / Efe

Así (no) ha respondido Morenés sobre el caso Zaida en el Congreso.

Qué pulido, elegante y fino -me lo confirman todas mis fuentes- es el ministro de Armas y Fango. Con su rizado cabello cano, sus ojos de cristal de Murano y el volumen de su cabeza a lo Niño Jesús de Praga. Qué enjuto y bien llevado su maduro cuerpo. Qué trajes, que entonación de voz. Qué hiperrealismo mágico.

No es que eso me moleste. Estoy segura de que podría hablar con él cinco minutos sin que llegáramos a las palabras fuertes, en cualquier cóctel de embajada extranjera al que el caballero Morenés asistiera y en el que accediera, como suelen hacer las personas de su fuste y de su fusta en estos casos, a amablemente departir con los españoles de a pie que se han acercado para ver si dan jamón o, por lo menos, tortilla. Luego me iría a casa a vomitar, como he hecho tantas veces después de ejecutar un de esos divertidos y necesarios tanteos profesionales del cara a cara. O no. Puede que, como una solista pirada, me hubiera decidido por utilizar con el ministro el Rioja y la ironía, y hasta el sarcasmo, en la seguridad de que su envoltura no se rajaría en momento alguno, de que no se crisparía su cara de póker, bien instalada en esa pose atenta que, cuando dura un poco más de la cuenta, muestra la mirada del hielo.

Pero toda esa carcasa defensiva que, en realidad, es de ataque -de pisarte con su desdén- no le ha valido este miércoles en el Parlamento, cuando realizó su terrorífica lectura de la respuesta que, en el orden de cosas de su pensamiento, le merecía la indignada, apasionada pregunta que la diputada Irene Lozano le lanzó sobre el comportamiento de su Ministerio en relación con el acoso a la capitana Zaida Cantera. Ah, qué desnudo quedó el Caballero Morenés. Qué falta de empatía, la propia de los suyos, qué identificación con la burricie anti mujeres del Gobierno y el partido en los que el señorito cumple. Qué indiferencia de clase y de género.

Mirándole, te dabas cuenta de que el tema ni siquiera le importa, de lo jodidas que están las mujeres -y hombres- que sufren acoso en el Ejército, de lo atrozmente de derechas que es la derechona en este país, y de las muchas cosas que deben cambiar con nuestro esfuerzo para que esa igualdad que le llenó la boca al caballero durante su lectura no consista simplemente en que él sea tan malvado como cualquier damisela de las de su cuadrilla.

Qué pedazo de bucle imperial, entre los rizos ministeriales.

Una eternidad de infierno que atravesar

11 enero, 2015

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

El 76% de los homosexuales dijeron haber sido discriminados en el centro educativo.

ROSA MONTERO 30 MAR 2014 – 00:00

De todos es sabido que, cuando un grupo social discriminado intenta reclamar sus derechos, el sistema establecido se defiende siguiendo unas pautas que siempre se repiten. Al principio, cuando las voces rebeldes aún son pocas, el arma preferida es la irrisión. Sucedió durante mucho tiempo con las mujeres: las damas sabias eran ridículas; las sufragistas eran feas, machorras, unas histéricas; de hecho, la palabra feminista sigue aún cargada con el plomo de la mofa. Luego viene una segunda etapa, que es la del enfrentamiento directo; llegados a ese punto, se discute, se pelea y hay forcejeos políticos, porque las reivindicaciones son ya tan mayoritarias y tan serias que el poder no puede despacharlas con el simple recurso de burlarse de ellas. Este periodo es crucial: es entonces cuando se acometen los cambios legales esenciales y cuando la sociedad bascula hacia un nuevo consenso.

Pero luego queda aún una tercera etapa de resistencia del sistema ante el cambio, una fase agazapada y subrepticia que consiste en difundir la especie de que ya no hay discriminación, que el problema se ha acabado y ya no es necesario seguir luchando. En el caso de las mujeres nos encontramos ahí y, aunque es evidente que el avance ha sido monumental, lo cierto es que la supuesta igualdad es una falacia. Déjenme que ponga ejemplos del mundo literario, que es el que me cae más cerca; es verdad que las mujeres escribimos, publicamos y podemos ser superventas; pero, como dice Laura Freixas, los críticos de los principales suplementos literarios españoles son hombres en un 85%, y sus reseñas son también en un 85% de autores varones. Por no hablar de las antologías, de las enciclopedias… Cuanto más ascendemos por la escala de poder, menos mujeres. De los 36 premios Nacionales de Narrativa que ha habido desde la Transición, sólo dos han ido a parar a escritoras. Y entre los 66 premios de la Crítica, sólo hay tres mujeres. Son porcentajes ridículos, y esto no sucede sólo en España; en el Nobel sólo hay un 12% de mujeres (en todas las categorías); en el Goncourt, un 6%. No se trata, por supuesto, de una conspiración consciente, sino de la pervivencia de un prejuicio, de la inercia ciega del sexismo (en el que también caemos las mujeres). Por cierto, y hablando de cifras grotescas, se acaba de publicar que las ministras británicas ocupan despachos más pequeños: miden de media 21 metros cuadrados menos que los de los hombres. No es un dato baladí: en la carrera del poder, la gente suele matar por un buen despacho.

Sucede exactamente lo mismo con la homosexualidad. También hubo una primera etapa de burla al mariquita, un segundo periodo de lucha y de conquista y ahora empiezo a escuchar la consabida cantinela del “ya no hay ninguna discriminación, de qué se quejan”. En los tres últimos meses, el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) ha presentado dos sólidos estudios sobre la discriminación homofóbica en nuestra sociedad. El primero está hecho con una muestra de 762 personas que se autodefinen lesbianas, gays, transexuales o bisexuales. Pues bien, un 44% dijeron haberse sentido discriminados en alguna ocasión al ir a alquilar un piso (“fui con mi pareja y cuando le dijimos al dueño que éramos dos mujeres casadas nos contestó que no alquilaba a maricones ni lesbianas”), o en un restaurante, en un bar, en una oficina bancaria, en una tienda o cualquier otro lugar público. Aún peor, por lo que supone de angustia prolongada, es el siguiente dato: un 31% dijeron haberse sentido discriminados en el puesto de trabajo, muchos de ellos por verse obligados a soportar bromas constantes y pullas ofensivas. Pero lo más inquietante es lo que sucede en los centros de estudio: un 76% dijeron haber sido discriminados en el centro educativo, mayoritariamente por sus compañeros (92%), pero también por los profesores (26%) e incluso por los padres o las madres de otros alumnos (11%). Esta discriminación puede convertirse en acoso y en un auténtico martirio y llevar a las víctimas hasta el suicidio.

Precisamente el otro trabajo que COGAM acaba de publicar estudia la homofobia en los centros de Secundaria. Tras entrevistar a 5.272 estudiantes de institutos públicos de la Comunidad de Madrid, descubrieron que nueve de cada diez alumnos consideran que hay rechazo hacia las lesbianas, los gays, los bisexuales y los transexuales; además, un abultado 42% piensan que los profesores muestran una clara pasividad ante comportamientos homófobos. En semejante caldo de cultivo, es comprensible que el 80% de los que se autodefinen como homosexuales oculten su tendencia y finjan ser quienes no son. Estamos hablando de chavales entre los 12 y los 17 años. Una eternidad de infierno que atravesar.

@BrunaHusky, http://www.facebook.com/escritorarosamontero, http://www.rosa-montero.com