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Mariano Rajoy vuelve a ignorar la ley de memoria histórica en su legislatura de “consenso”

11 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Los presupuestos de 2017 consolidan el ninguneo del Gobierno del PP a la exhumación de represaliados y la atención a víctimas del franquismo: la partida presupuestaria es cero.

Su socio principal, Ciudadanos, era partidario de las exhumaciones y el cambio de calles “sin campañas exageradas”.

Al llegar a Moncloa Rajoy quitó la Oficina de Víctimas, luego bajó a la mitad el presupuesto para exhumaciones, y un año después lo eliminó.

Raquel Ejerique

04/04/2017 – 21:17h

Trabajos en una fosa común
Trabajos en una fosa común

Rajoy ha dejado clara su postura ante la ley de memoria histórica desde que llegó a la Moncloa: desactivarla reduciendo primero su presupuesto y luego eliminándolo. En las cuentas de este 2017 incide en la misma línea, de modo que su anunciada legislatura de “consenso” ante la necesidad de acuerdos parlamentarios se estrena con cambios de posición en temas como educación o violencia de género, pero no van a alcanzar a las víctimas del franquismo, tal y como se puede comprobar en la decisión de negar la dotación presupuestaria en el primer año de su nueva legislatura. Es el cuarto año consecutivo que lo hace.

Su socio principal en las cuentas para este año, Ciudadanos, tampoco tenía como prioridad a los represaliados, aunque en su programa sí hablaba de facilitar exhumaciones (sin especificar si las debía financiar el Estado) y modificar los callejeros aunque advirtiendo de que “sin campañas exageradas”. Todo ello, sin dañar la “reconciliación entre españoles”, tomando parte por la hipótesis del PP de que la reparación de las víctimas puede ser peligrosa. Según el resultado final en los presupuestos 2017, la Memoria Histórica seguirá aparcada y no se ha tratado en las negociaciones entre ambos partidos.

Tras llegar a Moncloa en 2011, Rajoy tomó varias medidas que dejaban sin efecto la ley de Zapatero de 2007 y cualquier iniciativa de reparación. Primero, en marzo de 2012, suprimió la Oficina  de Víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura, un organismo creado por el gobierno socialista que se encargaba de atender a los familiares y facilitaba información y procedimientos para las exhumaciones: se calcula que en España quedan 2.000 fosas sin abrir donde yacen sin nombre ni sepultura unos 100.000 españoles.

El Gobierno del PP la integró en una subsecretaría de Justicia que se encarga de indultos, condecoraciones y títulos nobiliarios. Su cuarto cometido es poner “medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. De momento no las hay.

Evolución del presupuesto a Memoria Histórica

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Su segunda medida fue recortar a menos de la mitad el presupuesto para la ley de Memoria Histórica, de 6,2 millones (en 2011) a 2,5 millones (en 2012). Con ese dinero se subvencionaban básicamente exhumaciones, a través de una Comisión Interministerial que dependía del Ministerio de Presidencia y que Rajoy borró de los presupuestos.

El año siguiente, en 2013, Rajoy inició la senda del cero. Cero euros para las víctimas, una decisión que le han afeado organismos internacionales como la ONU, que criticó en un duro informe que fueran los familiares quienes costean la recuperación de los cuerpos o los forenses y voluntarios en sus ratos libres sin remuneración. Pese a la reprimenda y a que España está en la senda opuesta de países como Chile, Italia, Alemania o Argentina, el Gobierno ha mantenido su postura hasta hoy.

Es más, el presidente se ha jactado en público de haber desactivado la ley quitándole el presupuesto [vídeo abajo]. Preguntado en un acto por qué no la había derogado, aclaraba que había hecho otra cosa que significaba en términos pragmáticos lo mismo: “Bueno, la dotación presupuestaria ha sido cero. La media es cero y fue cero todos los años”. Es decir, hay una ley pero no se puede cumplir porque el Gobierno la ha vaciado presupuestariamente.

En cuestión de dinero lo ha dejado claro, pero también con otras actuaciones que no requieren un desembolso. Por ejemplo, dilatar más de un año el cumplimiento de la sentencia que obliga al Gobierno a exhumar dos cuerpos del Valle de los Caídos o boicotear la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo.

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La Monarquía como freno al cambio político y social en España

5 abril, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 5 de enero de 2017, y en catalán en la columna “Pensament Crític” en el diario PÚBLIC, 9 de enero de 2017.

Este artículo analiza el papel determinante que juega la Monarquía en la defensa del orden conservador que domina las instituciones del Estado español, dominio que es responsable del gran retraso social y político de este país.

Una de las percepciones que me sorprendió y preocupó más al integrarme de nuevo en la vida académica y política de España fue la que existía entre amplios sectores de las izquierdas gobernantes de que la Monarquía había sido un elemento determinante en el establecimiento de una democracia considerada como homologable al resto de las democracias en la Europa occidental, atribuyéndosele así una vocación democrática a tal institución y al que la dirigía, el Rey Juan Carlos, aun cuando su perpetuación en la gobernanza del país había sido impuesta por uno de los dictadores más crueles y represivos que hayan existido en la Europa occidental del siglo XX (según el profesor Malefakis, Catedrático de la Columbia University, en Nueva York, y experto en fascismo europeo, por cada asesinato que hizo Mussolini, el régimen dictador del General Franco asesinó a 10.000). Tal vocación democrática de la Monarquía parece –según aquellas izquierdas- haberse acentuado todavía más durante el mandato de su sucesor, el Rey Felipe VI, al cual se le considera ya aclimatado completamente a un régimen democrático, jugando un papel estabilizador del sistema.

¿Qué es lo que el Monarca estabiliza?

En esta percepción que acabo de describir se olvida, sin embargo, que la Monarquía ha jugado durante todo el periodo democrático un papel esencial en garantizar la perpetuación de las coordenadas de poder solidificadas durante la Transición, que han obstaculizado el progreso social, político e incluso económico del país. Aquellos que perpetúan la percepción de la Monarquía que describo en el párrafo anterior están ignorando que el hecho de que España, casi cuarenta años después de que se estableciera la democracia, continúe teniendo uno de los Estados del Bienestar menos desarrollados de la Unión Europea de los Quince (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo al español), con uno de los gastos públicos sociales (que incluye sanidad, educación, vivienda social, servicios de ayuda a las familias y pensiones, entre otros) per cápita más bajos de tal Unión (y una de las democracias más limitadas en la misma UE-15), se debe precisamente a una continuidad y perpetuación de la excesiva influencia que las fuerzas conservadoras han tenido sobre el Estado español, lo cual ha dificultado su desarrollo político y social. Y el estandarte de estas fuerzas conservadoras ha sido la Monarquía. Este orden monárquico ha estado basado en un régimen bipartidista en el que los cambios han sido siempre limitados, como consecuencia de una enorme estabilidad en las relaciones de poder dentro de las instituciones políticas. Resultado de esta enorme influencia, todas las instituciones del Estado, con notabilísimas excepciones, están controladas o están bajo el dominio de las fuerzas conservadoras. La evidencia de ello es abrumadora. Lo ocurrido en estas últimas elecciones al Congreso de los Diputados es un ejemplo de ello.

La perpetuación del subdesarrollo social de España

Ni que decir tiene que España ha vivido cambios muy importantes, muy en especial durante el periodo de gobiernos de izquierdas. El desarrollo (aunque subfinanciado) del Estado del Bienestar es uno de ellos. Ahora bien, las coordenadas de poder dentro del aparato del Estado han cambiado poco, con una enorme influencia de las fuerzas conservadoras (las mismas que dominaban el Estado dictatorial) sobre tal aparato. Cómo explicar, si no, que España, casi cuarenta años después de la llamada erróneamente “transición modélica” de una dictadura a una democracia (presentada con excesiva complacencia como homologable con cualquier otra en la UE-15), todavía sea el país de tal UE-15 con mayor número de policías por cada 100.000 habitantes (recordando su pasado histórico dictatorial) y, en cambio, con uno de los menores porcentajes de la población adulta trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar (tales como sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia y servicios domiciliarios a personas con dependencia, entre otros). Los datos están ahí disponibles y son fácilmente accesibles. Según la oficina de estadística de la UE, Eurostat, España tiene 527 policías por cada 100.000 habitantes, el número más elevado de los países de la UE-15. En realidad, España tiene el mismo número de policías que Alemania, país que es mucho más grande que España (que tiene casi 36 millones menos de habitantes que Alemania).

A la vez que los aparatos de policía y seguridad del Estado están sobredimensionados, destaca el número muy bajo de personas adultas trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar. En realidad, el porcentaje de población adulta que trabaja en estos servicios (tales como sanidad y educación, entre otros) es solo del 10%, cuando en Suecia es el 21%; el promedio de la UE-15 es el 12%. Estos indicadores son una muestra del enorme poder que las fuerzas conservadoras tienen sobre el aparato del Estado.

Este enorme poder se reproduce, en parte, mediante la intervención llevada a cabo por los aparatos de policía y seguridad (sean del Estado central o autonómicos), cuya primera función es garantizar el “Respeto a la Ley”, principio central en un sistema en el que tal ley ha sido fruto, precisamente, de aquellas desiguales coordenadas de poder. Esta intervención tiene como función no tanto la eliminación de la delincuencia y la criminalidad común (que es de las más bajas de la UE-15), sino la defensa del orden político y jurídico que los favorece. La defensa de la ley es el punto central del sistema de poder institucional, caracterizado por favorecer sistemáticamente a grupos minoritarios que gozan de gran poder económico, financiero, político y mediático, a costa del poder de las clases populares que constituyen la mayoría de la población. La evidencia de ello es abrumadora (ver mi libro El subdesarrollo social de España. Causas y consecuencias. Anagrama, 2006).

Pero tal intervención policial no es suficiente. Está reforzada por un poder jurídico que garantiza la aplicación de tal ley, así como (y muy en particular) por los medios de información (que son predominantemente medios de persuasión), que constantemente se movilizan para garantizar lo que llaman la “estabilidad política”, que es, ni más ni menos, que la continuidad del orden establecido con las coordenadas de poder continuadas en la Transición definida como “modélica”.

La amenaza que supuso para el orden establecido el movimiento 15-M

Uno de los hechos más importantes ocurridos en los últimos años en España es la aparición y crecimiento de un movimiento democrático –el 15-M- que tuvo como característica denunciar la escasa representatividad y limitadísima democracia existente en las llamadas instituciones representativas del país. Su famoso eslogan “no nos representan” se hizo popular rápidamente hasta tal punto que las encuestas mostraban que la mayoría de la población estaba de acuerdo con el contenido de aquel eslogan. Otros eslóganes como “no hay pan para tanto chorizo” gozaron de igual popularidad. Tal movimiento alcanzó las dimensiones de un tsunami político, alarmando enormemente al establishment político-mediático del país. Y dicha alarma se acentuó cuando tal movimiento generó no solo una protesta, sino también un deseo de cambio profundo de las instituciones, apareciendo a lo largo del territorio español –tanto en el centro como en la periferia- fuerzas progresistas y movimientos político-sociales que consiguieron un apoyo electoral, a todas luces sorprendente y súper preocupante para tal establishment, representado en la figura del Monarca.

La respuesta represiva del establishment político-mediático frente a las nuevas fuerzas políticas surgidas del 15-M

De ahí que haya habido una enorme hostilidad hacia tales nuevas fuerzas políticas, encauzada por la práctica totalidad de los mayores medios de comunicación, claramente influenciados por las fuerzas financieras y económicas que constituyen el eje del establishment conservador que se opone por todos los medios al profundo cambio democrático que se requiere en este país para alcanzar niveles de calidad democrática homologables a los existentes en los países de la UE-15. Este establishment quiere eliminar a estos nuevos movimientos políticos, intentando recuperar el bipartidismo que les sirvió favorablemente durante la mayoría del periodo democrático. Es a esta movilización de los medios de información y persuasión en contra del cambio a la que el Monarca Felipe VI se refirió positivamente al destacar (y alabar) “el papel de la prensa en la estabilidad de un escenario político inédito” (declaración que aplaudió con orgullo El País, el rotativo que ha liderado dicha hostilidad hacia aquellas fuerzas democráticas). El Monarca, por cierto, mostró claramente su concepción de la prensa cuando, a raíz de un acto patrocinado por el diario ABC (que en el abanico mediático europeo correspondería a la extrema derecha), definió a este periódico como un diario dirigido por una “redacción dinámica, diversa y plural”, (el subrayado es mío), mostrando lo que entiende por pluralidad. El entendimiento con pluralidad incluye solo variaciones de la ultraderecha y derecha.

Es frente a esta realidad que no entiendo cómo algunas voces de izquierdas, todavía hoy, consideran que no es un tema importante o prioritario para las izquierdas pedir un cambio en el régimen político español, pasando de una Monarquía a una República. Por lo visto no se han dado cuenta todavía de que hay una relación directa entre el enorme retraso social y político de España y la perpetuación del régimen conservador basado en la perpetuación de la Monarquía. La evidencia muestra que la Monarquía es el eje central del establishment político-mediático conservador español. Y de ahí que su defensa sea el elemento central del régimen bipartidista español, habiendo hecho de su permanencia uno de los objetivos más importantes ante una eventual reforma de la constitución por parte del PP y del PSOE.

¿Qué es lo que deberían proponer las fuerzas democráticas?

Se deriva de esta realidad (que se intenta ocultar en los medios) que debería ser un objetivo de las fuerzas auténticamente democráticas recuperar la memoria y la cultura republicanas, puesto que la cultura monárquica nos ha llevado a esta situación que configura un futuro donde España continuará con su enorme retraso social y democrático durante muchas décadas. Lo cual me lleva a comentar otro indicador del carácter profundamente conservador que la Monarquía transmite a la población en general –reproduciendo y promoviendo las ideas y narrativa de las derechas victoriosas del golpe militar–. En su discurso de fin de año el Monarca repitió, una vez más, la desaprobación de la recuperación de la memoria histórica, refiriéndose al tema de “la importancia de no abrir de nuevo las heridas”, que es el eslogan utilizado precisamente por las fuerzas conservadoras frente a recuperar la memoria histórica ocultada a la población asumiendo que el silencio –fruto de la represión- se traducirá en olvido. Detrás de la enorme resistencia a recuperar la memoria histórica existe el intento de no recuperar la historia real del país, tergiversada por las fuerzas conservadoras, pues tal recuperación es esencial para establecer una auténtica democracia, cuyas raíces deben basarse en la cultura republicana que significó un gran avance en el desarrollo de la democracia en España. En realidad las heridas nunca se cerraron, y el rechazo a la memoria histórica es precisamente el miedo a que se conozca la historia del país, todavía desconocida y, lo que es peor, ignorada en las escuelas de este país. Hoy todavía 130.000 personas están desaparecidas, siendo tal número la mayor cifra (en términos proporcionales) de desaparecidos en el mundo, después de Camboya. Sus restos están repartidos indignamente en fosas y cunetas a lo largo del territorio del país, gozando los perpetradores de tanta brutalidad de plena inmunidad por todos los daños y crueldades, silenciados, cuando no homenajeados, en el país. La petición del Rey de no abrir heridas se basa en su esperanza de que el silencio lleve al olvido, tal como siempre han querido las fuerzas conservadoras del país. Definir al Rey como representando a todos los españoles se está presentando cada día más difícil, pues en los momentos de redefinición de las realidades del poder dentro del Estado, su discurso y su práctica son –como siempre ha sido la Monarquía en este país- claramente opuestos al cambio democrático que el país necesita como el aire que respira.

Nelson Mandela, poder ubuntu

10 febrero, 2017

Fuente: http://www.blogs.elpais.com/historias

Nelson_mandela

Por: María José Turrión | 05 de diciembre de 2013

En el listado del Registro Memoria del Mundo que elabora la UNESCO, donde se van incluyendo aquellos archivos que representan un claro interés para la memoria de la humanidad y constituyen conjuntos documentales a preservar, restaurar y difundir, encontramos cuatro referidos a Sudáfrica: la colección Bleek; los Archivos de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (compartido con India, Indonesia y Sri Lanka); el Sumario del caso nº 253/1963 del Estado contra Nelson Mandela, incluido en la lista en el año 2007 y por último, la Colección de archivos vivos de la liberación.

Sobre el primero hemos de agradecer a Wilhelm Bleek la recopilación que realizó de la literatura oral sudafricana, en especial la del pueblo San y que nos haya llegado en soporte estable. En la actualidad existe un interesante programa  auspiciado por la Unión Europea, que bajo el título “Historias de cueva en cueva” pretende realizar una difusión en Europa y la propia Sudáfrica, de las historias sudafricanas recopiladas por Bleek y las narraciones más antiguas europeas. Todo ello en una interpretación vívida de voces y silencios en los entornos humanos más antiguos utilizados por el hombre, las cuevas prehistóricas: Atapuerca, Cueva de los Casares y, en Sudáfrica en los conjuntos de las Montañas del Cederberg.

La Compañía de la Indias Orientales, sin duda la más importante europea en lo relativo al comercio, fue propuesta por los Países Bajos en 2003. Más de veinticinco millones de documentos se conservan relativos en diversas ciudades de Asia y África que testimonian lo que fue y significó este gigante que se creado en 1602 y que duró hasta 1795.

La Colección de archivos vivos de la liberación en 2007 y el Sumario del caso Número 253/1963 del Estado contra Nelson Mandela y también otros componentes del Congreso Nacional Africano, que reúne las actas del proceso seguido contra los dirigentes de este movimiento terminan esta lista de Memoria del Mundo. Nelson Mandela fue condenado y enviado a la prisión de Robben Island. Desde el banquillo de los acusados realizó una defensa del movimiento del ANC  que quedaría grabada en las actas del sumario y escuchada en el mundo entero. En boca suya se estaba cometiendo un genocidio moral sobre el pueblo sudafricano y un cruel exterminio del respeto de un pueblo por sí mismo.

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Mandela, después de su liberación en 1990 tras 27 años en presidio y, elegido ya presidente en las primeras elecciones democráticas en 1994, iniciaría las políticas de reparación y convivencia en su país. Un país en el que se habían producido crímenes contra la humanidad, según la Resolución 556 del Consejo de Seguridad de 13 de septiembre de 1984 y que tuvo como Estado una reconciliación democrática nunca vista, al diseñar un organismo el de la Comisión Verdad y Reconciliación que instauraría un sistema de reparación de las víctimas a través del relato testimonio y una amnistía para el perpetrador con la condición de reconocer que los actos de violación contra los derechos humanos fueran ejecutados en base al seguimiento normativo de un sistema político, el del apartheid.

Los informes producidos por la Comisión Verdad y Reconciliación, creada en 1995 con el fin de establecer reparación a las víctimas una vez acabado el régimen del apartheid, que para muchos ha sido ejemplo en su actuación, reunió testimonios de personas víctimas de violación de derechos humanos, pero también de los verdugos, quienes declarando sus actos y crímenes y solicitando el perdón de las víctimas, se acogían a una ley de impunidad. Es en este punto precisamente donde se centrarán las mayores críticas hacia la Comisión, por permitir que actos que violentan los derechos humanos queden impunes. En este sentido Philippe Joseph Salazar, experto en la transición sudafricana, se preguntaba en el año 2009 sobre las razones para que “el primer régimen criminal, declarado crimen contra la humanidad, después del régimen nazi” no fuera sometido a un juicio internacional cuando reunía todos los requisitos para ello.

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No podemos hablar de la transición sudafricana del apartheid a la democracia, sin tener en cuenta a esta Comisión, clave a la hora de la reparación y de la amnistía, cuyo significado y consecuencias trasciende con mucho el derecho a la verdad, derecho fundamental en cualquier sociedad, por el que se informaba sobre los actos desarrollados durante el apartheid, tanto para los afines al régimen como para los que lucharon en su contra. Los miembros, diecisiete en total, fueron elegidos por Mandela de una lista corta de veinticinco candidatos seleccionados sobre doscientos noventa y nueve. La Comisión creada bajo el paraguas de la Ley Promotion of National Unity and Reconciliation Act del gobierno de Nelson Mandela tenía la potestad de amnistiar, si bien sus actuaciones no constituyeron en ningún momento un proceso judicial pues lo que buscaba era la reconciliación basada en la narración por parte de los verdugos de sus actos y en su arrepentimiento y petición de perdón a las víctimas. En este sentido Desmond Tutú, presidente de la Comisión diría que sin perdón no hay reconciliación, y que no puede haber perdón si con anterioridad no ha existido confesión.

Es posible que la actuación y repercusión que tuvo la Comisión en la sociedad sudafricana no hubiera sido posible sin la actuación de Mandela y sin el concepto filosófico que impregna ese continente y que se conoce con la palabra ubuntu, palabra que viene de las lenguas zulú y xhosa: “yo soy porque nosotros somos”, así lo resumiría Nelson Mandela. Pero para Madiba, Ubuntu era algo más, era respeto, ayuda, compartir, comunidad, cuidado, confianza, desinterés. El sistema filosófico conocido como ubuntu, trata de explicar una realidad social en la que el yo no existe si no es en función del otro. El yo no se puede construir sin el vosotros, sin el tú. En un momento clave para Sudáfrica como fue el post-apartheid, en el que había que crear una nueva realidad social y política, Mandela y sus colaboradores, acudieron a sus raíces filosóficas, al ubuntu. La víctima necesitando escuchar del perpetrador sus actos, conocerlos y saberlos, para poder vivir con lo que no se puede entender. Escuchando, pero también narrando sus experiencias, en una especie de catarsis colectiva donde el verdugo habla pero también escucha, a sí mismo y a  los demás. Narraciones y reparaciones donde se pone de manifiesto la filosofía ubuntu, “mi humanidad se hace posible a través de tu humanidad”, soy humano porque tú me haces humano.

La filosofía ubuntu aboga por recordar el sufrimiento sin sentir el rencor y la amargura en pos de conseguir una vida en paz, sin venganzas. “Yo soy lo que soy por lo que somos todos”. Un enlace intercomunitario, donde la fuerza de uno reside en la de los demás y donde los vínculos con otras sociedades funcionan de manera transversal y no en organizaciones centrales y jerárquicas. Cohesión e integración social basada en un todo regido por una ética universal de fuerza del todo frente a la debilidad de la individualidad.

Si pensamos en la realidad social una vez suprimido el país, ciertamente nos preguntamos cómo fue posible la etapa transicional sin el derramamiento de sangre. John Boorman, en la película “Country of my skull” protagonizada por Juliette Binoche y Samuel L. Jackson, nos muestra los trabajos de la Comisión al mismo tiempo que nos permite observar el clima social existente en la etapa post-apartheid. Un crisol de víctimas y de perpetradores, de culturas y de lenguas unidos por ubuntu. Una aceptación del pasado con una única mira, la de una nueva realidad social y política donde todos son y significan. La solidaridad y la filosofía ubuntu fue clave en el proceso de reconstrucción nacional de Sudáfrica, como lo había sido desde joven en la de Nelson Mandela.

En la actualidad difundido el sistema filosófico y visto el éxito obtenido en la reconstrucción sudafricana, muchas empresas en occidente y también muchos clubs deportivos la están poniendo en valor y utilizando en la gestión de recursos humanos.

Las cintas sonoras de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, ¿próximo registro en Memoria del Mundo de la Unesco?

Ubuntu, ¿Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad?

In Memoriam.

La desconocida historia del problema español

15 enero, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 16 de enero de 2014, y en catalán en el diario digital L’HORA, 23 de enero de 2014

Este artículo critica las consecuencias de una transición inmodélica que creó una democracia sumamente limitada, y que ha reproducido una visión de España que dificulta y obstaculiza el reconocimiento de su carácter plurinacional, impidiendo la expresión democrática, lo que está creando enormes tensiones que se hubieran podido prevenir en otro tipo de transición y en otro tipo de Estado. Las fuerzas progresistas de España debieran apoyar y reconocer el derecho a decidir de Catalunya, no solo por mera coherencia democrática, sino también por el impacto que la realización de tal derecho podría tener en la redefinición de España.

Existe un problema grave en España, que los establishments políticos y mediáticos españoles, radicados en su mayoría en Madrid, definen como el “problema catalán”, que es, en realidad, el “problema español”, problema que se agudizó como consecuencia de la enorme influencia que la derecha española (en realidad, ultraderecha en el espectro político europeo) tuvo durante el mal llamado “proceso modélico” de la Transición de la dictadura a la democracia. Como he escrito en varias ocasiones, aquel proceso tuvo muy poco de modélico, pues se hizo en condiciones sumamente favorables para las derechas (que controlaban el aparato del Estado y la mayoría de los medios de información y persuasión), y muy desfavorables para las izquierdas, que habían liderado las fuerzas democráticas durante la resistencia frente a la Dictadura (que fue una de las más represivas existentes en Europa) y que acababan de salir de la clandestinidad. La Transición fue un proceso enormemente desequilibrado, que determinó un producto –la Constitución- que reflejaba, en muchos de sus componentes, esta falta de equilibrio de fuerzas, con dominio de las ultraderechas. Fue este desequilibrio lo que explica la visión de España que se desprende de este documento. España –según la Constitución- es una nación (sin reconocer que haya varias naciones), y el Ejército tiene que garantizar que ello sea así, recordando que el Ejército golpista (del cual el Ejército en aquel momento era su continuador) realizó un golpe de Estado precisamente para evitar una redefinición de España que se expresara a través de un Estado plurinacional. La famosa llamada a la unidad de España era una llamada al mantenimiento de un Estado uninacional.

No debería olvidarse que aquel golpe militar se realizó para defender la permanencia de un orden social y territorial injusto. Sus dirigentes llamaron “separatistas” a aquellos que deseaban no separarse de España, sino redefinirla. El Estado catalán, tanto el propuesto por Lluís Companys como el propuesto por Francesc Macià, era un Estado que se consideraba parte de una federación española, o incluso ibérica, que debía reconocer su plurinacionalidad. En contra de la versión oficial de la Historia de España, el objetivo de las fuerzas progresistas en Catalunya durante la República no fue el separatismo, sino el establecimiento de un federalismo que permitiera la convivencia entre iguales, compartiendo voluntariamente su existencia dentro de un amplio colectivo, con un Estado federal plurinacional. Por cierto, el que sintetizó mejor este sentimiento no fueron las figuras tradicionales del establishment mediático y político nacionalista catalán, sino el dirigente del movimiento obrero catalán El Noi del Sucre, autor prácticamente desconocido en los medios de información de ese establishment.

Parece ahora haberse olvidado que fueron todas las izquierdas, tanto las españolas como las catalanas, las que siempre habían compartido esta visión, que mantuvieron también durante la clandestinidad. Esta visión federalista implicaba la autodeterminación de sus componentes. Tan recientemente como en el Congreso de Octubre de 1974 de Suresnes, el PSOE subrayaba que  “la definitiva solución del problema de las nacionalidades y regiones que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas, que comporta la facultad de que cada nacionalidad y región pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español” (Resolución sobre nacionalidades y regiones). Y más tarde, en el 27 Congreso del PSOE en diciembre de 1976, se aprobó que “el Partido Socialista propugnará el ejercicio libre del derecho a la autodeterminación por la totalidad de las nacionalidades y regionalidades que compondrán en pie de igualdad el Estado federal que preconizamos… La Constitución garantizará el derecho de autodeterminación”, manteniendo que “el análisis histórico nos dice que en la actual coyuntura la lucha por la liberación de las nacionalidades… no es opuesta, sino complementaria con el internacionalismo de la clase trabajadora”. “Autodeterminación” era la versión de entonces del “derecho a decidir” de ahora. Este derecho a decidir –que permitía, si así se deseaba, la separación- aseguraba que la permanencia –deseada por la mayoría- era en condiciones de igualdad y voluntaria, no forzada o impuesta.

El cambio de las izquierdas españolas gobernantes

Este compromiso desapareció en la mal llamada “modélica” Transición. El cambio se debió a las presiones (en realidad, imposiciones) del Ejército y del Monarca, que impusieron estas cláusulas de España como la única nación, indivisible y salvaguardada por el Ejército, que garantizaría la permanencia de este Estado uninacional. Esta fue la condición de la Monarquía y del Ejército para permitir el establecimiento de una democracia muy limitada. Varios protagonistas de aquella Transición así lo han reconocido. Esta fue la causa de que las izquierdas españolas cambiaran tan radicalmente. Y ahí se encuentran las raíces de la falta de resolución del problema español. Su oposición a la redefinición de España, todo ello bajo la argumentación de defender su unidad (la misma justificación que habían utilizado las derechas para realizar el golpe militar del 1936), impidió que se resolviera este problema. Las fuerzas conservadoras ganaron la batalla otra vez. Y presentaron la aprobación de la Constitución por parte de la población española en un referéndum como signo de una aprobación a un supuesto consenso entre iguales que distó mucho de ser entre iguales y de que fuera consenso. Las izquierdas, muy débiles y recién salidas de la cárcel o del exilio, estaban ansiosas por tener democracia, por muy limitada que fuera. Ahora bien, como me dijo en una ocasión Santiago Carrillo, lo que las izquierdas consideraron como su gran éxito fue la admisión del principio de que la soberanía procedía y derivaba de la ciudadanía, sin ser plenamente conscientes, sin embargo, de que la misma Constitución dificultaba que dicha soberanía se ejerciera en las distintas naciones que ocupan el territorio del Estado español. El derecho a decidir (formas de democracia directa como referéndums) apenas se permitió, desarrollando unas instituciones democráticas muy poco representativas (el 72% de la población española está de acuerdo con el eslogan del 15-M “no nos representan”) y muy poco participativas. Este fue el resultado de aquella Transición claramente inmodélica, que no permite ni siquiera referéndums de carácter consultivo, como es el que ahora se propone en Catalunya.

Ahora bien, el abandono por parte de las izquierdas españolas, tanto socialistas como comunistas, de sus raíces y compromisos federalistas, dejó el problema español sin resolver, agudizándose todavía más las tensiones cuando el Tribunal Constitucional, controlado por los dos partidos mayoritarios, eliminó elementos claves del Estatuto (el intento de recuperar la plurinacionalidad del Estado español) después de ser refrendado por la población catalana, argumentando que la Constitución no lo permitía. Por lo demás, la dirección del PSOE se convirtió en la gran defensora, junto con las derechas, de esta versión uninacional de España. Y cuando el intento de golpe militar de 1981 ocurrió, la Monarquía acentuó la importancia de la unidad de España. En consecuencia, el PSOE decidió que el Partido de los Socialistas de Catalunya dejara de tener su propio grupo parlamentario, convirtiéndose en una rama del PSOE.

La situación actual

Y ahora, el comportamiento insultante del gobierno del PP (con la ayuda de los sectores jacobinos dentro del PSOE), con su arrogancia y falta de sensibilidad hacia las reivindicaciones de la mayoría de la población en Catalunya, que favorece el derecho a decidir, está llevando a una situación de hartazgo que explica el enorme crecimiento del sentimiento de separación respecto al Estado español, creyendo imposible que esta España pueda cambiar. Y ahí está el problema español, acentuado por las fuerzas conservadoras de ambas partes del Ebro, que utilizan las banderas, una vez más, para ocultar su alianza de clases.

Pero se está cometiendo un gran error por parte de sectores de las izquierdas españolas, al creerse que este movimiento pro “derecho a decidir” es un movimiento de derechas, liderado por el gobierno catalán. Y también es un gran error (que se repite maliciosamente y desvergonzadamente por parte de las derechas, tanto el PP como UPyD) creerse que este movimiento es un movimiento anti España. Es un movimiento anti Estado español (ver mi artículo “La Sagrera: la Catalunya real”, Público, 26.11.13), lo cual es diferente a ser un movimiento anti español. Naturalmente que hay de todo, pero la mayoría no se siente anti española. En realidad, la mayoría o la minoría mayor, son catalanes que se sienten españoles pero que quieren que se reconozca a Catalunya como nación, con su derecho a decidir su articulación o separación con el Estado español. Los insultos que se están promoviendo (acusando a este movimiento de victimista, insolidario, y una larga retahíla de insultos predecibles), incluso por personalidades de izquierda, están haciendo un gran daño, estimulado el separatismo. En realidad, el fenómeno mas novedoso que está ocurriendo en Catalunya es el sentir mayoritario de la población (el 81%) de que la población en Catalunya tiene el derecho a decidir (es decir, a ser soberana) y que un número cada vez mayor de personas que se sienten españolas, además de catalanas, votaría, dentro del proceso de decisión, por la independencia, como rechazo a un Estado cuya máxima expresión es el establishment político y mediático radicado en Madrid, caracterizado por una extraordinaria arrogancia, que cree que la única España posible es la que ellos están imponiendo cada día al resto del país, incluyendo Catalunya.

Esto, el establishment españolista, político y mediático, radicado en la capital del Reino, nunca lo reconocerá. Pero el Estado español (del cual son portavoces) ha alcanzado tal nivel de descrédito entre la población de las distintas naciones y regiones de España que existe hoy una agitación constante a lo largo del territorio español, también de rechazo hacia este Estado. Las encuestas muestran como la población española es de las que está más distanciada de las instituciones del Estado en la Unión Europea. Y están surgiendo elementos y movimientos contestatarios (que se iniciaron con el movimiento 15-M) que son radicales, en el sentido de que van a las raíces de los problemas, pidiendo y exigiendo una segunda Transición, que permita el desarrollo de la España republicana, alternativa a la que hoy existe, y que hermanada con los movimientos soberanistas en Catalunya, consiga una España soberana, democrática y justa. La alianza de los soberanistas catalanes y de los soberanistas españoles que rechazan este Estado tan escasamente democrático es la condición para conseguir, no solo lo que las izquierdas históricamente desearon, sino lo que cualquier persona democrática debería desear.

La importancia del derecho a decidir

Este sentimiento por parte de la mayoría de la población que vive en Catalunya de que el pueblo catalán tiene que tener el derecho a decidir no variará. Es un sentimiento de una enorme importancia, pues equivale al reconocimiento de Catalunya como una nación soberana.

Ahora bien, en contra de lo que constantemente se presenta en círculos nacionalistas, tanto españoles como catalanes, la demanda de este derecho no es lo mismo que el deseo de que Catalunya sea independiente. Naturalmente que el derecho a decidir implica la posibilidad de independizarse. Pero el derecho a decidir debe tener, por mera coherencia democrática, otras alternativas para que sea el pueblo catalán el que decida. Ofrecerle solo una alternativa limita este derecho. De ahí el error de creerse que el derecho a decidir es lo mismo que pedir la independencia. La famosa fiesta en el campo del Barça, erróneamente definida como la fiesta del “derecho a decidir”, era en realidad una fiesta independentista. Detrás de las declaraciones de la persona anfitriona que leyó el manifiesto de la fiesta (que lo podría haber firmado la mayoría del 81% que está a favor del derecho a decidir), había una bandera independentista (mostrando un intento de instrumentalización de aquel sentimiento).

Pero mientras que el 81% quiere que la población vote sobre su futuro, el porcentaje de votantes a favor de la independencia, según las encuestas, sería menor (52%), porcentaje que probablemente aumente más y rápidamente si el establishment españolista radicado en Madrid continúa su oposición al derecho a decidir, de lo cual los independentistas son conscientes, pues se están beneficiando de este comportamiento.

Ahora bien, aunque comprensible en su comportamiento, esta captación del derecho a decidir por los independentistas puede dañar este derecho, pues, en caso de que hubiera tal voto y la mayoría no votara a favor de la independencia, el establishment españolista concluiría que el pueblo catalán no desea ser soberano. Y será un flaco favor para aquellos que sostienen que Catalunya tiene que ser una nación soberana.

Y es esta misma visión del derecho a decidir que lleva a presentar por partidos nacionalistas (tanto catalanes como españoles) los hechos heroicos de la población catalana del 1714 como un movimiento del pueblo catalán contra España, cuando en realidad fue contra el Estado borbónico español, que anuló las instituciones catalanas. Su derrota fue también la derrota de las fuerzas progresistas españolas (lo cual nunca se dice) que defendieron la visión de otra España, como bien indicaron los propios dirigentes de la revuelta catalana. Aquella guerra la perdieron, además de Catalunya, todas las fuerzas progresistas de toda España. La clarividencia de los dirigentes catalanes de aquel momento fue extraordinaria, pues ya entonces indicaron que la derrota de Catalunya significaría también “la derrota de aquellos españoles engañados por el Estado borbónico”. Ni que decir tiene que los paralelismos entre dos momentos históricos tan distantes son muy limitados, pues incluso las categorías Catalunya y España tienen diferentes significados. Pero debe, sin embargo, señalarse que ya entonces hubo dos visiones distintas de España, y que la victoria de una –de la cual la España actual es heredera- se hizo a costa de Catalunya y de la España progresista. Y de ello nunca se habla. Si se conociera, habría un movimiento generalizado de las fuerzas progresistas en España a favor del derecho a decidir en Catalunya y en el resto de España.

En la muerte de Marcos Ana

20 diciembre, 2016

Fuente: http://www.infolibre.es

Luis García Montero, 26 de noviembre de 2016.
La memoria es una casa sin distancias precisas situada entre la vida y la muerte. Si consideramos el vértigo de la realidad, quizá se trata más bien de un refugio con ventanas abiertas para mirar el mundo y ver cómo sucede el tiempo entre las manos quebradizas del presente. En los sótanos de la memoria habitan los entusiasmos, las heridas, las obsesiones y las causas últimas del miedo. En el salón de estar se conforma eso que llamamos nuestra identidad.

El vértigo de esta semana de finales de noviembre se llama muerte. Yo pensé dedicar este artículo al espectáculo desolador desatado por fallecimiento de Rita Barberá. El sentimiento de silencio trágico y respeto que provoca cualquier muerte quedó pronto superado por la falta de escrúpulos de una derecha española sin límites. No sólo fue capaz de culpabilizar de la muerte de la exmilitante del PP a los ciudadanos que han intentado luchar contra la corrupción en la vida pública española, sino que impuso en el parlamento un minuto de silencio consagrado a un personaje turbio. Nada hay más desmoralizador que las perversiones de la política aseguradas en su propia impunidad.

Pero después llegó la noticia de que Marcos Ana se moría y me quedé sin ganas de escribir sobre Rita Barberá. Cuando se vive el paso del tiempo más como una sensación de despedida que como una ilusión de espera, la muerte de un amigo llena de tristeza íntima la palabra otoño. Pero el vértigo no se detiene en la intimidad y de pronto nos enteramos también de la muerte de Fidel Castro. El otoño ya no es intimidad sino acontecimiento histórico, suceso planetario. Con tanta hoja caída, necesito irme por las ramas de mi melancolía.

La identidad que se ha forjado en el salón de estar de mi memoria tiene los muebles del respeto por la democracia y del desprecio por el capitalismo. Soy un rojo español que heredó la lucha contra la dictadura de Franco y la militancia contra la economía inhumana de la desigualdad y la ley del más fuerte. De la mano de Rafael Alberti y Marcos Ana tuve la oportunidad de viajar por los países del Este al principio de los años 80. El compromiso político y la poesía me han dado en la vida mis mejores amistades. Rafael, además de autor de alguno de los poemas más importantes de la literatura española contemporánea, era un símbolo de la lucha contra el fascismo en la guerra civil española. Marcos Ana, con sus Poemas desde la cárcel y sus 23 años de cautiverio, era la leyenda viva de la resistencia. En distintas ciudades del mundo, he visto muchas veces a brigadistas internacionales acercarse a Rafael y Marcos para decirles “no pasarán”, “ay Carmela”, “puente de los franceses”…

También recuerdo la cara que pusieron Rafael y Marcos cuando les comenté que la Rumanía de Ceausescu me resultaba muy parecida a la España de Franco y que ser de izquierdas era más difícil en Bucarest que en Madrid, porque el terror de Franco se ejercía en nombre de un poder injusto y el de Ceausescu se escondía en la coartada del pueblo. Aunque el PCE estaba separado hacía tiempo de la obediencia soviética, para unos comunistas nacidos a principios del siglo XX resultaba difícil distanciarse de algunos sentimientos. El poema contra Stalin lo tienes que escribir tú, me dijo una noche Rafael. Ten en cuenta que yo hice la guerra ayudado por la Unión Soviética y abandonado por las democracias europeas. A ti te corresponde escribir ese poema.

Y lo escribí porque me correspondía, pero sintiéndome heredero de una tradición llena de matices. Vuelvo con frecuencia al recuerdo de un día de verano en casa de Teodulfo Lagunero, con Almudena, Marcos, Santiago y Carmen. Teodulfo es el millonario de izquierdas que ayudó a Pasionaria en Francia, a Rafael y María Teresa León en Roma y a Marcos Ana en Madrid. Fue también quien buscó la peluca y el coche que disfrazaron el regreso de Santiago Carrillo a España. Salieron los temas de siempre: la actualidad, lo que fue y lo que es, el Partido, el eurocomunismo, Cuba, la Transición, la personalidad de Jorge Semprún, los matices de cada uno… Yo me declaré un heredero de todos ellos, mi edad permitía admirar a la vez a Jorge, Santiago, Teodulfo, Marcos, sentirlos a cada uno en su camino como una parte de mi historia.

Mi historia sigue siendo, aunque todo me suena hoy a música de despedida, la de un rojo español que escribe poemas sobre la difícil dignidad de la conciencia, el amor a la democracia de los cuerpos y las opiniones y el desprecio ante la explotación capitalista. Y cada vez que escribo mi poema contra el estalinismo lo hago porque me corresponde y porque sigo comprometido con el porvenir de una ilusión que es incompatible con la desigualdad y con las formas blandas o duras de la represión.

Mientras el tiempo nos diluye a todos de forma inevitable, es frecuente ver cómo muchas personas se mantienen de pie gracias a sus rencores. Marcos Ana ha sido una lección, un ejemplo raro: se ha mantenido firme hasta el final gracias a la bondad. Seguía convencido de que la libertad personal resulta incompatible con la esclavitud de los otros. Su victoria más importante fue conseguir que no le contagiaran el odio las personas que le habían robado su vida durante 23 años de cárcel y su país durante 40 de dictadura. Esa victoria íntima le permitió mantener la fe en el triunfo del socialismo. Confieso que yo no estoy tan seguro. Corazones como el de Marcos Ana me ayudan a vivir como si fuese posible el triunfo. Hay amores que no necesitan de la esperanza para justificarse. 

Las mujeres quieren desbancar a Franco en las calles

28 noviembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Algunos ayuntamientos como Valencia, Oviedo o Cádiz fomentan los nombres de mujeres aprovechando la sustitución de los callejeros franquistas

Las 27 constituyentes, la periodista Carmen de Burgos o la ministra Federica Montseny reemplazarán a cargos de la dictadura en las calles alicantinas

“No se trata de cambiar todas las calles por nombres femeninos, sino de potenciar una política municipal que apueste por ello”, asegura la profesora de Historia Antigua de la Universidad de Vigo Susana Reboreda

20/11/2016 – 19:15h

Son muchas las científicas,matemáticas, artístas, filósofas o políticas que con sus obras e ideas contribuyeron al progreso de la Humanidad

Algunos ayuntamientos impulsan los nombres de mujeres al sustituir el callejero franquista

El callejero en España tiene nombre de varón. Las mujeres se pueden contar casi con los dedos de las manos en los mapas de las ciudades. Las cifras no alcanzan el 5% en algunas como León y en otras como Cádiz son ocho el número de vías dedicadas a nombres propios de mujeres de un total de 736.

Pero las calles sí se convirtieron en espejo del golpe de Estado de 1936, la victoria del ejército franquista tres años después y la dictadura. Por eso muchas ciudades cuentan con avenidas y plazas con nombres de cargos del régimen y personalidades franquistas que, nueve años después de la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, continúan marcando los callejeros.

Las elecciones municipales de mayo de 2015 supusieron la entrada a los consistorios de plataformas políticas y confluencias que reavivaron el debate. Así, muchos ayuntamientos comenzaron a poner en marcha la medida a la que les obliga el artículo 15 de la ley: eliminar las calles franquistas.

Los cambios –o la declaración de intenciones– revolucionaron el panorama, pero mientras la polémica crecía, en varios puntos de España comenzaban a recopilar nombres de mujeres. Las dos circunstancias –la invisibilización femenina y las exaltaciones franquistas– han llevado a muchos grupos políticos a entrecruzarlas.

La ministra sustituye a un coronel

Pintoras, historiadoras, periodistas, científicas, republicanas, feministas, mujeres vinculadas de alguna manera a las ciudades… Algunos ayuntamientos han aprovechado la Ley de Memoria Histórica para hacerles un hueco en los callejeros. “La representación femenina actual está liderada con diferencia por monjas, reinas o vírgenes“, dice Victoria Rodríguez, de León en Común.

El grupo acaba de cerrar la votación que proponía 100 nombres de mujeres para sustituir las 35 con denominación franquista que deberá cambiar el consistorio, gobernado por el PP, a raíz de la denuncia que ha presentado el abogado Eduardo Ranz. La más votada ha sido la maestra, escritora e inventora Ángela Ruiz Robles, que en 1949 desarrolló la primera propuesta de enciclopedia mecánica.

Hipatia de Alejandría, que logró numerosos avances en el mundo de la ciencia, la astronomía y las matemáticas, Dolores Ibárruri ‘La Pasionaria’, la pedagoga María de Maeztu o Rosa Parks son algunos de los nombres recopilados. Algunos compartidos por otras ciudades como Alicante, que el pasado martes aprobó modificar el nombre de casi 50 calles franquistas.

Las 27 constituyentes –diputadas del parlamento democrático tras la dictadura– reemplazarán a Adolfo Muñoz Alonso, falangista y procurador en Cortes durante el franquismo; la periodista Carmen de Burgos sustituirá al ministro del Ejército franquista, el general Varela, y la primera mujer en ocupar un cargo ministerial en España, Federica Montseny, hará lo mismo con Teniente Coronel Chápuli.

Nombres femeninos como política municipal

“Lo primero es tomar conciencia de que las mujeres no estamos en las calles porque nos hemos acostumbrado a esta invisibilidad y lo segundo es tener voluntad política”, afirma la profesora de Historia Antigua de la Universidad de Vigo, Susana Reboreda. “No se trata de cambiar todas las calles por nombres femeninos, sino de potenciar una política municipal que apueste por ello”, prosigue.

Es el caso de Valencia, cuya Comisión de Igualdad ha dado luz verde a la medida de que cuatro de cada cinco calles que se denominen a partir de ahora tengan nombre de mujer. “Esto afectará a las calles franquistas que se van a renombrar y a las nuevas”, afirman fuentes de Cultura.

La decisión ya ha sido tomada en el municipio valenciano de Quart de Poblet, que tiene en marcha una consulta ciudadana para suplir ocho vías que aluden a nombres de la dictadura por mujeres de una lista de 24 ilustres. Entre ellas, Rosa Luxemburgo, Las 13 Rosas, Marie Curie o Carmen Martín Gaite.

Un criterio, el de incluir a mujeres, que también tendrán en cuenta en Oviedo, gobernado por Somos Oviedo, PSOE e Izquierda Unida. “Se está cerrando la lista final de vías que se deben modificar, que serán 22”, aseguran fuentes del consistorio. Bilbao y Cádiz también seguirán esta tendencia, que en Santander está de momento paralizada.

Ganemos Santander Sí Se Puede presentó una moción en el pleno que fue rechazada con los votos en contra de PP y Ciudadanos. Quería romper con el callejero marcado por el franquismo, pero también por el machismo. “Nuestra apuesta era renombrar las calles con mujeres represaliadas por la dictadura, muchas abanderadas del feminismo en España”, apunta Susana Ruiz, coordinadora general de la formación.

La ciudad gaditana, sin embargo, sí se sacudirá el franquismo de sus calles. Los datos que ha recopilado hasta ahora el consistorio reflejan la oscuridad a la que han sido sometidos los nombres femeninos. Solo ocho nombres propios de mujeres tienen alguna calle. El resto se refieren a santas –Santa Bárbara, Santa Inés…–, vírgenes o denominaciones impersonales –La amante, Rosa, Concepción…–.

20/11/2016 – 19:15h

Ángel Viñas: “Gran Bretaña pagó millones para que Franco no entrara en la Segunda Guerra Mundial”

14 noviembre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

El historiador desvela que Churchill sobornó a gente cercana al dictador para que le disuadieran de aliarse con Hitler para luchar

“Para Gran Bretaña era vital, absolutamente, que España no entrara en guerra. El Peñón de Gibraltar era una pieza estratégica y necesitaban tiempo”

El historiador Ángel Viñas.

El historiador Ángel Viñas sigue rompiendo leyendas sobre Franco. Lo hizo con La otra cara del Caudillo, un libro que alumbró mitos y realidades biográficas del militar rebelde. Y vuelve a la carga con Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco (editorial Crítica), una obra que describe el mundo de conspiradores y espías apostados en el incipiente franquismo. Viñas desmitifica tópicos, como la entrevista en Hendaya de Franco con Hitler, y relata la clave que frenó la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial: una operación británica que enlaza a personajes como Churchill y el corrupto empresario Juan March.

Viene, en sus últimas obras, rompiendo mitos sobre Franco.

En los últimos años me he concentrado en iluminar algunas vetas oscuras del comportamiento de Franco. No quiero hacer una biografía del dictador, pero sí hay capítulos de su historia que me interesan sobremanera, y que son los que están más mitificados. El año pasado dediqué un libro a la influencia del pensamiento nazi sobre Franco, a la copia de un sistema que tiene más parecidos con el nazi que lo que suponíamos.

Y con Sobornos ataca otra veta mitificada que enlaza a Franco con Hitler y el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

El mito por excelencia del Caudillo, que sacó a España de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Mi propósito ha sido desmitificar el mito de la ‘hábil prudencia’, porque no hubo una estrategia de genio y sí una adaptación a las influencias del entorno más inmediato a Franco.

¿Franco quería meter a España en guerra junto a Hitler?

Hay toda una serie de circunstancias que impulsaron a Franco, muy a su pesar, hacia una neutralidad que denominó elástica, más volcada hacia el eje que hacia los aliados occidentales. Y en ese mito analizo en particular la política británica para mantener a España fuera de la guerra.

¿Cómo consigue la Gran Bretaña de Winston Churchill mantener a Franco lejos del conflicto bélico?

Con una operación que he denominado ‘Sobornos’ y consistía en comprar a la gente de Franco para que lo disuadieran de aliarse con Hitler y de entrar en guerra al lado de los nazis. Es una historia que se conocía pero que he estudiado en profundidad gracias a que los ingleses desclasificaron hace tres años unos papeles muy importantes que alumbran y dan las claves, aunque con algunas lagunas.

Franco y Hitler, en Hendaya, el 23 de octubre de 1940. / picture-alliance/Judaica-Samml/Newscom/Efe

Franco y Hitler, en Hendaya, el 23 de octubre de 1940. PICTURE-ALLIANCE/JUDAICA-SAMML/NEWSCOM/EFE

¿La participación española tenía una importancia similar para británicos y alemanes?

Para Gran Bretaña era vital, absolutamente, que España no entrara en guerra. El Peñón de Gibraltar era una pieza estratégica que los ingleses querían convertir en una fortaleza inexpugnable. Y para eso necesitaban tiempo. ‘Sobornos’, como funciona, dura hasta el año 43 pero llega en un primer momento para comprar seis meses de neutralidad española. Para la Alemania nazi no era tan importante la participación de España. Les hubiera gustado, pero no era vital, mientras que para Gran Bretaña era un ejercicio de realpolitik.

¿Derriba también el mito de la reunión de Hitler y Franco en Hendaya?

Eso es parte del mito, que Franco en Hendaya se erige como defensor de la neutralidad española, que dice que no al amo de Europa, que virilmente se opone a los deseos de Hitler… todo eso son camelos y pamplinas. Franco no dijo nada de eso a Hitler. No llegó a un acuerdo porque no se comprometió formalmente a darle a Franco los territorios que pedía en el norte de África. Trato de desmitificar la importancia de la conferencia de Hendaya, celebrada como el epítome de la sagacidad galaica del jefe del Estado. Pues no.

Petain choca esos cinco con Hitler (24 de Octubre de 1940)

Petain con Hitler, el 24 de Octubre de 1940.

¿Recelaba Hitler de Franco?

Esencialmente Hitler no creía que los españoles fueran capaces de mantener en secreto una promesa así por escrito. Creía que se irían de la lengua y eso podría estropear sus relaciones con la Francia de Pétain y sobre todo poner en aviso al ejército francés en Marruecos y Argelia y estropear sus propios planes. Hitler probablemente no lo supo nunca, pero tenía razón, porque a las 24 horas de la conferencia de Hendaya los ingleses ya sabían lo que había pasado. Habían metido a un espía, por lo menos, en el séquito de Serrano Suñer y otro en el de Franco. Sabían que lo que pasó en Hendaya no era definitivo.

¿Y a quienes compran los ingleses?

A dos ministros del Gobierno, el ministro del Ejército, José Enrique Varela, al de Gobernación, el coronel Valentín Galarza, al hermano de Franco… y luego a un montón de generales monárquicos, entre los cuales destacan (Luis) Orgaz, (Antonio) Aranda y (Alfredo) Kindelán muy en particular. Churchill sobornó al entorno de Franco para que no entrara en guerra junto a Hitler.

¿Cómo consiguen esa conspiración en las más altas esferas del incipiente régimen franquista?

Lo logran de una manera muy sencilla: comprando a estas personas con dinero que percibieron después y cuyo contravalor en pesetas, porque se les pagaba en libras, les habría hecho multimillonarios de la época por cantidades inimaginables. El empresario Juan March adelantó pagos a algunos de ellos de sus propios fondos y luego los ingleses se lo reembolsaron.

El banquero Juan March en el centro / EFE

El banquero Juan March (en el centro). EFE

¿Qué papel desempeña March?

La ‘operación Sobornos’ no hubiera sido posible sin entusiasta cooperación de Juan March. Genera la idea, probablemente, es quien la pone en práctica, da sugerencias, arregla los detalles de pagos y cuentas en el extranjero, las administra y, al final, ayuda a los militares vía Nicolás Franco a blanquear su mal ganado dinero. Era la piedra fundamental y sugirió a los ingleses que pagasen una vez estuviera demostrado conclusivamente que España no entraba en guerra. Eso para March se demostró a finales de 1943 por lo que supongo, lógicamente, que se les pagó en el 44.

¿Franco no olió lo que tramaba su gente de confianza?

Franco nunca tuvo la menor idea. No hay absolutamente la menor referencia en los papeles a que Franco sospechara de esto, ninguna. Desde luego los ingleses hicieron todo lo posible para que Franco no se enterase. No se tenía que enterar. Esa era la idea, que Franco estuviera expuesto a una serie de consejos, sugerencias e informaciones que les suministraba el ministro del Ejército, entonces…

¿Lo consideraría una traición?

No me atrevo a definirlo como traición. Imagino que pensaban que rendían servicio a España al mantenerla fuera de la Segunda Guerra Mundial y encima se forraban. La combinación patriotismo y pela, la ‘pp’… pues eso iba a misa. Les tuvo que encandilar.

Mencionó que había encontrado lagunas en la documentación desclasificada, ¿cuáles?

No se conoce por ejemplo la lista total de beneficiarios ni las cantidades exactas. Hay indicios que están descritos en el libro. Lo que mejor se conoce son los pagos a Kindelán, el equivalente hoy a unos 70 u 80 millones de euros. No puedo asegurar que eso fuera todo lo que percibió, es probable que percibiera más. Y March rendía cuentas en Madrid a la Embajada, en una casa de lenocinio o en una finca, donde fuera, pero no se conocen los métodos de control que los ingleses aplicaron para controlar a March. Aunque todo esto no se había explorado en su concepción, manifestaciones y efectos como ahora, no he podido descubrir todo lo que hay. Los ingleses… una de dos, o han quemado papeles o no los han desclasificado.

El Schindler portugués que salvó a un millar de republicanos españoles

27 octubre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

Cientos de españoles huían en el 36 del terror franquista y encontraron la salvación en el arrojo humanitario de un militar luso: Antonio Augusto Seixas

El teniente Seixas creó un campo de refugiados donde acumuló a 1.020 personas “sin el conocimiento oficial del Gobierno portugués”

Antonio Augusto Seixas. ARQUIVO E BIBLIOTECA MUNICIPAIS DE SINES

Un reguero de refugiados españoles escapa del terror golpista. Atienden la frontera con Portugal como única salida. Y como ratonera enrejada al empuje de las tropas rebeldes de Franco y el cerco tangible de la dictadura de Salazar. Condiciones extremas que hacen improbable la peripecia desesperada del exilio. La historia, en cambio, deja una cláusula atada a un nombre: el teniente Seixas. Desobedeció a su Gobierno y salvó la vida a 1.020 republicanos.

Conocido como el Schindler portugués, la hazaña humanitaria de Antonio Augusto Seixas antecede sin embargo a la realizada por el empresario y espía alemán. Cuando el ‘ángel’ luso se jugaba el pellejo en el 36, Oskar Schindler siquiera pertenecía al partido nazi encabezado por Adolf Hitler. Pero ambos acabaron salvando la vida a más de un millar de personas. Cada uno.

Fracasado el golpe de Estado de julio de 1936, las fuerzas rebeldes optan por un camino sin retorno: aniquilación del adversario social y político. Genocidio. El ejército de África siembra en los pueblos un luto interminable. Miles de asesinatos en Sevilla, Cádiz y Huelva, la masacre de Badajoz…

El avance inexorable de la guerra produce “un estado de pánico generalizado que llevó al abandono masivo de las poblaciones”, cuenta el historiador Francisco Espinosa Maestre. “En cuestión de semanas miles de personas se encontraron en la terrible situación de no saber qué hacer ni a dónde ir”.

Traspasar a raia para seguir vivo

Traspasar a raia supone entonces agarrar alguna opción de seguir vivo. Pero en el horizonte está la trampa de Oliveira Salazar. Mirar atrás supone caer cosido a balazos en una tierra que Francisco Franco agujerea con fosas comunes. La diáspora reúne a “unas ocho mil personas” que buscan refugio. Y en plena encrucijada humanitaria emerge el arrojo de Seixas.

El Schindler portugués salvó a más de un millar de republicanos. / ARQUIVO E BIBLIOTECA MUNICIPAIS DE SINES

El Schindler portugués salvó a un millar de republicanos. ARQUIVO E BIBLIOTECA MUNICIPAIS DE SINES

El goteo de emigrados llega al campo de concentración de Coitadinha y a Russianas. Hasta que el Gobierno portugués da la orden: “evitar que passem mais espanhois”. El teniente Seixas enfrenta las órdenes de Salazar y con las tropas a su mando llega a rechazar falangistas y proteger “a dos mujeres y tres niñas” que pasaban la Raya perseguidas por “civis espanhois armados”.

Cuando llega el 9 de octubre del 36, en Coitadinha hay 616 personas que deben embarcar en Lisboa rumbo a Tarragona. Es la cifra oficial, que desbarata el propio Seixas. Por sorpresa, comunica, aparecen centenares de refugiados “escondidos serra longo frontera portuguesa”. El total son 1.020 republicanos, dice el Schindler luso. Con la ayuda de gentes de los pueblos cercanos había creado otro campo de refugiados paralelo en Choça do Sardinheiro.

Todo, “con el consentimiento” de Seixas

“En el informe del teniente Seixas la presencia de estos refugiados no fue comunicada oficialmente” con anterioridad, explica la antropóloga Dulce Simöes. La concentración “más significativa” tuvo lugar en Russianas, además de “la finca la Coitadinha”. Todo “con el consentimiento” de Antonio Augusto Seixas. Y “sin el conocimiento oficial del Gobierno portugués”.

Luego, asegura que su intención “era expulsar a los refugiados de Choça do Sardinheiro” cuando recibiera de las autoridades españolas “la palabra de honor de que no se les haría nada malo”. Seixas había encarado al Gobierno de Salazar, el mismo que desde el golpe militar elabora listas con quienes “manifiestem concordancia com os excessos cometidos em Espanha pelas forças esquerdistas”.

La figura de la leyenda lusa de la guerra civil española fue rescatada por el historiador Francisco Espinosa Maestre en su libro La columna de la muerte. Allí relató aquella aventura olvidada. Dulce Simöes toma el relevo de los sucesos fronterizos en A guerra de Espanha na raia luso-espanhola. Resistencias, solidariedades e usos da memoria.

Y ahora, en el 80 aniversario de la partida de los 1.020 refugiados republicanos que tuvieron en Seixas a un precedente del Schindler de la Alemania nazi, las Jornadas Transfronteiriças ‘Memórias da guerra de Espanha na frontera do Baixo Alentejo – 80 anos depois (1936-2016)’ certifican su memoria. Una cita que vuelve a unir el triángulo humanitario que Barrancos (Baixo Alentejo), Oliva de la Frontera (Badajoz) y Encinasola (Huelva) formaban en el 36.

La acción del teniente “al proteger a los refugiados de Russianas sin el reconocimiento del Ministerio de Guerra”, apunta Simöes, provoca una investigación militar. Los informes del teniente exponen el caso “de la manera más convincente posible”, recuerda Espinosa Maestre. Pero el 4 de noviembre es castigado “con dos meses de inactividad y pasado a situación de retiro”.

Un estudio internacional muestra cómo Franco modificó monumentos para propagar su ideología

5 octubre, 2016

Fuente: http://www.eldiario.es

El proyecto, dirigido por investigadores españoles, ha servido para crear una base de datos con más de 3.000 fichas de monumentos y espacios restaurados durante la dictadura

En la catedral de Santiago se eliminó el coro de los canónigos “porque se necesitaba espacio para celebrar la ofrenda de España al apóstol”, explica a eldiario.es la líder de la investigación

“La gente aprendía historia en el colegio, que obviamente fue manipulada, pero también veía la historia todos los días en los monumentos”

El valle de los caídos: un ejemplo de exaltación de la dictadura EFE

Un proyecto europeo liderado por una investigadora española pone de manifiesto cómo la dictadura franquista utilizó la restauración de monumentos y edificios singulares para deformar la historia y propagar su ideología. Los investigadores han creado una base de datos de obras en todo el territorio y que puede consultarse de forma gratuita.

La utilización de símbolos y monumentos por parte de la dictadura para exaltar la imagen del régimen y del propio Franco no es ninguna novedad. Sin embargo, hasta ahora no se había realizado un análisis sistemático de la conservación y restauración de monumentos durante el periodo franquista, que ofreciera una visión clara de cómo estas reformas trataban de reforzar las bases ideológicas de la España de Franco.

En la pancarta: "sobre las ruinas del marxismo edificaremos la nueva España. ¡Arriba España!"

En la pancarta: “sobre las ruinas del marxismo edificaremos la nueva España. ¡Arriba España!”

El estudio ha sido liderado por María Pilar García Cuetos, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, quien ha asegurado a eldiario.es que “el franquismo necesitaba elaborar una teoría de Estado y, para eso, tenía que manipular la historia”. Según esta investigadora, la importancia de estudiar cómo y por qué han sido modificados los monumentos radica en que estos son los “testimonios fundamentales de la historia” y “son los que percibe el ciudadano en el día a día”.

El proyecto cuenta con una una base de datos de más de 3.000 fichas de restauraciones, de las que 1.000 se pueden consultar a través de Google Maps.

Entender el significado de las obras

Una de las bases del proyecto es tratar de determinar el significado de cada una de las obras y sus valores culturales, ya que, según esta historiadora, “los monumentos, tal y cómo han sido transformados, transmiten una serie de valores que asumimos inconscientemente”.

Conjunto escultórico del jardín de los Reyes Caudillos, ubicado en Oviedo

Conjunto escultórico del jardín de los Reyes Caudillos, ubicado en Oviedo

La investigadora pone el ejemplo de la catedral de Santiago, que se modificó durante la década de los 50 para eliminar el coro de los canónigos. “Esta modificación se hizo porque es un santuario de la cruzada y se necesitaba un espacio donde cupieran muchas personas para celebrar la ofrenda de España al apóstol Santiago, una ceremonia que recuperó el franquismo y que ponía de manifiesto la clara inclinación religiosa del estado español”, explica la investigadora.

También destaca la restauración del jardín de los Reyes Caudillos, creado junto a la Catedral de Oviedo para exaltar la figura de los reyes de la monarquía asturiana, con los que se asimilaba a Franco. “Hoy pocas personas perciben ese significado ideológico y, al contrario, algunas lo identifican con la identidad asturiana”, afirma la historiadora.

Franco utilizó la restauración para propagar su ideología

Franco utilizó la restauración para propagar su ideología

Para García Cuetos, es importante descubrir qué monumentos han sido alterados y transformados, pero sobre todo “qué valores se les ha querido introducir”, ya que “más que transformaciones físicas, lo que hubo fue manipulación” y se realizaron “ceremonias de apropiación ideológica”.

Entre estas ceremonias destaca la de deposición de los restos de los reyes de Aragón en el restaurado panteón del monasterio de Poblet. “Fue un intento de apropiarse de un lugar de memoria reivindicado por el nacionalismo catalán”, explica García Cuetos, quien asegura que “esa ceremonia tuvo mucho impacto en la memoria y por una parte de la sociedad catalana se interpretó como una afrenta”.

“Hay monumentos que habrá que mantener”

Respecto a la gestión de las obras, García Cuetos asegura que “una cosa es eliminar una placa o un símbolo de exaltación y otra desmontar una obra”. Según la investigadora, “nadie entendería que en el centro de Berlín hubiera una estatua ecuestre de Hitler”, pero asegura que “hay monumentos que habrá que mantener y entender con su nuevo significado”.

“Lo importante”, concluye la historiadora, “es integrar esta memoria de manera que contribuya a la cohesión de nuestra sociedad y reconocer que la única manera de pasar página es admitir que ha existido ese periodo oscuro y que no debemos exaltar a los personajes que lo hicieron posible”.

Un proyecto internacional

En el proyecto participan varias universidades nacionales, así como instituciones de Portugal, Italia e Irlanda. “Tanto Portugal como Italia han tenido dictaduras que han manipulado el patrimonio nacional y nos hemos unido con la intención de estudiar esta manipulación desde un punto de vista científico”, explica García Cuetos.

Esta investigadora destaca que dentro del programa Horizonte 2020 hay una línea de trabajo destinada a estudiar cómo integrar en la memoria de Europa todo ese pasado que ha marcado el siglo XX en el continente. “El objetivo es integrar lo que se llama la memoria incómoda, que no es más que esa parte de la memoria colectiva que queremos borrar”, afirma.

El abandono del socialismo por la socialdemocracia española

3 octubre, 2016

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 23 de junio de 2016.

Este artículo analiza la evolución de la socialdemocracia, con una descripción de las causas de que esta deje de ser socialdemócrata.

Cuarenta años de dictadura hicieron mucho daño a España y continúan haciéndolo. Y uno de estos daños es que continúa habiendo hoy en este país una visión de la historia de España y de Europa muy conservadora, que no se corresponde ni con la historia real de España ni con la europea. El hecho de que no haya habido una “desnazificación” de España explica que predomine, a nivel popular, un franquismo sociológico que aparece incluso de vez en cuando en voces que se consideran o autodefinen de izquierdas. En lenguaje común, se continúa hablando en España de franquismo en lugar de fascismo, se confunde estalinismo con comunismo, se desconoce qué es el socialismo y se ignora el protagonismo del Partido Comunista en la lucha contra la dictadura en España. La enorme oposición de las derechas a recuperar la memoria histórica tiene como objetivo precisamente propagar la visión conservadora (reprimiendo la lectura progresista) de lo que ha ocurrido en España y en Europa.

Este desconocimiento generalizado explica que, nada menos que una dirigente del PSOE, que aspira a ser su Secretaria General, la Sra. Susana Díaz, llegue a decir que Marx y Engels no tienen nada que ver con la socialdemocracia (cuando ambos fueron los fundadores del socialismo que la socialdemocracia hizo suyo por muchísimos años), o que el PSOE nunca apoyó el derecho de autodeterminación de los pueblos y naciones existentes en España (cuando, durante la clandestinidad, el PSOE hizo explícito tal apoyo, como consta en los documentos de tal partido durante la lucha contra la dictadura). Dicho desconocimiento también explica que no solo las derechas, sino incluso voces del PSOE, demonicen al comunismo español, ignorando que la labor de tal partido fue muy importante para conseguir los escasos derechos laborales, sociales y políticos existentes hoy en día en España. Escuchando a la Sra. Susana Díaz, uno no puede dejar de preguntarse: ¿si esta señora, dirigente del PSOE, desconoce estos hechos históricos, qué es lo que conocerá un ciudadano normal y corriente en este país?

Una ignorancia semejante de la historia real del socialismo aquí y en Europa aparece cuando un gran número de los medios de información y dirigentes políticos de las derechas (PP y Ciudadanos) presentan al 15-M, antes, y ahora a Unidos Podemos y las otras fuerzas progresistas (En Marea, En Comú Podem, Compromís o Units Podem Més) como partidos “antisistema”, situación que alcanza unos niveles más sorprendentes y paradójicos cuando dirigentes del PSOE añaden su voz a esta descripción. Puesto que el movimiento 15-M pedía democracia, criticando las instituciones representativas por no ser democráticas (“no nos representan”) y por carecer de transparencia y honestidad en su gobierno (“no hay pan para tanto chorizo”), llamarlos “antisistema” parece asumir que, por definición, el sistema democrático no es representativo ni honrado. Una situación semejante ocurre en cuanto a los partidos emergentes de izquierdas, también definidos como “antisistema”, los cuales están todos ellos pidiendo más democracia y más representatividad de las instituciones democráticas y más justicia social. Llamarlos antisistema quiere decir que los que así los definen asumen y dan por hecho que lo que el establishment político-mediático describe como instituciones democráticas no son ni representativas, ni decentes y honradas.

Correcciones históricas necesarias

Marx y Engels fueron los fundadores del proyecto socialista, del cual un componente fue la socialdemocracia. Decir que ni Marx ni Engels no tienen nada que ver con la socialdemocracia es semejante a decir que Jescristo no tiene nada que ver con el cristianismo. Este es el nivel de absurdidad al que se ha llegado en algunas esferas de la dirección del PSOE. En realidad, el marxismo fue la ideología imperante en la mayoría de partidos socialdemócratas hasta épocas muy recientes. Como he indicado en otro artículo (“Contestación a Susana Díaz: ¿qué es la socialdemocracia?”, Público, 08.06.2016), ha habido dos grandes tradiciones políticas establecidas por el mundo obrero basadas en el marxismo que, coincidiendo en su objetivo (alcanzar la sociedad regida por el principio de “a cada uno según su necesidad, de cada uno según su habilidad y capacidad”), diferían en cómo alcanzarlo. Una de tales vías, la socialdemocracia, consideró que la vía para alcanzar el socialismo era la democrática, mientras que para el comunismo la vía era la sublevación militar (la toma militar del Palacio de Invierno) que consistía en la toma por la fuerza del poder y los aparatos del Estado. Es importante subrayar que la tradición comunista ha sido más exitosa en el mundo en vías de desarrollo, mientras que la socialdemócrata lo ha sido en los países capitalistas desarrollados.

El anticomunismo cavernario de las derechas y algunas izquierdas españolas

En cuanto al comunismo, hay que tener en cuenta que las derechas españolas (homologables a la ultraderecha según el espectro político europeo) se caracterizan por un anticomunismo enormemente cavernario y agresivo, agresividad que contagia en ocasiones a sectores y autores que se declaran de izquierdas. En general, las voces más extremistas en su anticomunismo en España suelen haber sido comunistas en su juventud que, para recuperar su aceptabilidad en los centros mediáticos del establishment y hacer que se olvide su pasado -considerado como un “sarampión”-, muestran odio hacia tal tradición política, como es el caso de Antonio Elorza, de El País, que en un artículo reciente escribió que el comunismo ha sido responsable de los mayores desastres en el siglo XX.

Cualquier académico, estudioso del tema, capaz de alcanzar mayor equilibrio en su evaluación de tal tradición política reconocerá que junto con páginas oscuras, el comunismo también ha tenido páginas positivas, mejorando la calidad de vida de las clases populares de sus países. Los datos así lo muestran. La esperanza de vida aumentó más rápidamente en la China comunista que en la India capitalista, siendo los indicadores vitales mejores en China que en India a pesar de tener China peores indicadores que India antes de que ocurriera la revolución comunista en aquel país. Y nunca hay que olvidar que la Unión Soviética, cuya revolución triunfó en un país casi feudal, fue la que derrotó al nazismo alemán en Europa, como reconoció incluso Winston Churchill, uno de los dirigentes más conservadores que ha tenido Europa. El problema que tuvo el comunismo fue que la identificación del Partido con el Estado, una vez conquistado el poder, estableció una nueva clase dominante que, al reproducirse, tergiversó negativamente aquel proyecto. Pero definir la experiencia global del comunismo como un desastre me parece una enorme frivolidad impropia de un Catedrático de Ciencias Políticas, como es tal personaje. Incluso hoy, hay que reconocer objetivamente el atractivo que representa Cuba en el mundo en vías de desarrollo. Incluso sus adversarios, como el Presidente Obama, han felicitado a Cuba por lo conseguido en muchas áreas del Estado del Bienestar, tales como sanidad y educación, así como en su ayuda internacional. Sería impensable que una personalidad política de este país, tanto de derechas como de centroizquierda, reconociese tal realidad, y todavía menos que lo dijera en público.

Los éxitos de la socialdemocracia

En los países capitalistas, sin embargo, fue la socialdemocracia la versión del socialismo que alcanzó mayor desarrollo. Su máxima expresión fue la universalización de los derechos civiles, sociales y laborales a través de políticas progresistas, lo cual incluyó el desarrollo del Estado del Bienestar, medidas que empoderaron enormemente a la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares. Estas reformas, en contra de la visión presente en algunos grupos minoritarios y supuestamente muy radicales dentro de las izquierdas, “no coaptaron a las clases trabajadoras” en el orden capitalista, diluyendo su deseo transformador. De acuerdo con esta visión, profundamente errónea, tales avances en derechos laborales y sociales se veían e interpretaban como “la humanización del capitalismo”, contribuyendo con ello a la salvación de este sistema. Según este entendimiento, “como peor sea la situación, mejor y más alta la probabilidad de que ocurra la revolución”. Tal suposición ha demostrado ser profundamente errónea, y ha contribuido al aislamiento de estos sectores radicales, que por lo general son sectores marginales.

En realidad, donde la socialdemocracia ha estado más próxima al socialismo ha sido en Suecia, cuando se aplicaron las reformas Meidner a finales de los años setenta, propuestas por los sindicatos (que en Suecia gozan de gran influencia en el Partido Socialdemócrata) y apoyadas también por el Partido Comunista sueco. Estas reformas establecían que un porcentaje de los beneficios adquiridos por las empresas pasaba a ser controlado por sus trabajadores, los cuales podrían comprar acciones de la propia empresa, con lo cual, a la larga, controlarían la empresa, pasando a ser los propietarios. Esta medida, aplicada en todo el territorio del país, hubiera significado la democratización de la propiedad, trascendiendo la concentración de la misma, que al ser privada y gozar de gran influencia en las instituciones mediáticas y representativas, reduce enormemente el ejercicio de la democracia.

Se culminaba así la vía reformista, confirmándose el fenómeno conocido de que si los trabajadores no tienen trabajo, quieren tener trabajo; cuando lo tienen, quieren tener un buen trabajo; cuando tienen un buen trabajo, quieren tener control de las condiciones del trabajo; y, cuando tienen esto, entonces quieren controlar la fábrica o la institución donde trabajan. Durante el Mayo francés y el Otoño caliente italiano, los trabajadores que lideraron la toma de las fábricas fueron los trabajadores de la manufactura que, según las teorías radicales, tendrían que haber sido los más coaptados e integrados en el sistema, al haber conseguido mejores salarios y mejores condiciones de trabajo.

Y ahí está la historia de la socialdemocracia, la cual considera el socialismo como su objetivo. Según esta vía, el socialismo se construye o destruye día a día. Cuando el mundo del trabajo se empodera y cuando se aplican políticas públicas que responden a la necesidad de la población y de los individuos que la componen (financiadas con recursos obtenidos de los que más tienen), se está construyendo el socialismo, aun cuando el gobierno o la fuerza política que lo aplique no sea o no se considere socialista. Y cuando los partidos comunistas han gobernado en los países capitalistas, han aplicado políticas socialistas semejantes a las realizadas por la socialdemocracia.

¿Cuándo los partidos de la socialdemocracia dejan de ser socialdemócratas?

La respuesta es fácil: cuando abandonan el objetivo de establecer el socialismo. Y esto lo hacen cuando dejan de ser parte de las clases populares, desarrollando sus propios intereses corporativos, que los distancian de las clases populares, y estableciendo, en su lugar, alianzas con los grupos financieros y económicos dominantes, que siempre ejercen un gran dominio e influencia sobre las instituciones políticas representativas y las instituciones mediáticas. El libro Parliamentary socialism, de Ralph Miliband, es el mejor libro sobre cómo suele ocurrir este abandono del socialismo por parte de los partidos socialdemócratas, abandono que es facilitado por la forma de desarrollo de la democracia representativa, que puede facilitar el surgimiento de este corporativismo, alcanzando su máxima expresión con la profesionalización de la política, es decir, la conversión de la política en el politiqueo que hacen los aparatos de los partidos. Esta situación facilita el establecimiento de la casta, peligro constante en el régimen representativo, lo que requiere cambios en el sistema de representatividad y el desarrollo de otras formas de democracia, incluyendo la democracia directa, tales como referéndums. Y es aquí donde las demandas de las nuevas izquierdas, basadas en el 15-M, permiten albergar una esperanza entre los partidos emergentes, basados en movimientos que exigen democracia y reviven el proyecto socialista. El vacío creado por la socialdemocracia española y su adaptación al neoliberalismo justificó la protesta popular y la demanda de recuperación de dicho proyecto, claramente abandonado por los aparatos del PSOE. De ahí la urgencia de una rebelión de los votantes de tal opción política (la gran mayoría personas claramente de izquierdas) frente al aparato de su partido, para forzar un movimiento del PSOE a la izquierda, impidiendo que obstaculice el establecimiento de un gobierno de izquierdas en España que probablemente será posible en un futuro próximo.