Posts Tagged ‘Memoria Histórica’

La justicia de Franco

11 septiembre, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Los consejos de guerra, por los que pasaron decenas de miles de personas entre 1939 y 1945, fueron farsas jurídicas

Vista de la explanada del Valle de los Caídos.
Vista de la explanada del Valle de los Caídos. MARISCAL EFE

La principal característica del terror que se impuso en la posguerra es que estaba organizado desde arriba, basado en la jurisdicción militar, en juicios y consejos de guerra. Tras la típica explosión de venganza en las ciudades recién conquistadas por los vencedores, los paseos y las actuaciones de poderes autónomos, como los escuadrones de falangistas, dejaron paso al monopolio de la violencia del nuevo Estado, que puso en marcha mecanismos extraordinarios de terror sancionados y legitimados por leyes.

Con la jurisdicción militar a pleno rendimiento, se impuso un terror frío, administrativo, rutinario. Los consejos de guerra, por los que pasaron decenas de miles de personas entre 1939 y 1945, eran meras farsas jurídicas, que nada tenían que probar, porque ya estaba demostrado de entrada que los acusados eran rojos y, por lo tanto, culpables.

El sistema represivo procesal levantado tras la guerra, consistente en la multiplicación de órganos jurisdiccionales especiales, mantuvo su continuidad durante toda la dictadura. Cuando una ley era derogada, la nueva normativa reiteraba el carácter represor de la anterior. Es lo que pasó, por ejemplo, con la Ley de Seguridad del Estado de 29 de marzo de 1941. Fue derogada seis años después, sustituida por el decreto ley de 13 de abril de 1947 de represión del bandidaje y terrorismo, que mantenía la pena de muerte para diversos y variados delitos. Otro instrumento básico de persecución, la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo de 1 de marzo de 1940, tuvo todavía mayor continuidad, obsesionados como estaban Franco y los vencedores de la guerra por considerar máximos responsables de todos los males de España a quienes caían bajo ese amplio paraguas de la masonería y el comunismo. El Tribunal Especial que estableció esa ley fue suprimido el 8 de marzo de 1964, aunque, en realidad, una buena parte de sus atribuciones habían sido asumidas desde 1963 por el Tribunal de Orden Público.

Murió Franco y allí estaba todavía el TOP, disuelto finalmente por un decreto ley de 4 de enero de 1977. Los datos de los procedimientos incoados por el Tribunal de Orden Público (TOP) prueban claramente la escalada de la represión en el crepúsculo de la dictadura y comienzos de la transición: en los tres años finales de esa jurisdicción (1974, 1975 y 1976), con Arias Navarro en el Gobierno, se tramitaron 13.010 procedimientos, casi el 60 por ciento del total de los doce años de funcionamiento.

Con el paso del tiempo, la violencia y la represión cambiaron de cara, la dictadura evolucionó, dulcificó sus métodos y pudo ofrecer un rostro más amable, con un dictador que inauguraba pantanos y repartía aguinaldos a los trabajadores.

Pero por mucho que evolucionara y mitigara sus métodos, la dictadura nunca quiso quitarse de encima sus orígenes sangrientos. El terror ajustó cuentas, generó la cohesión en torno a esa dictadura forjada en un pacto de sangre. Hasta el final.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

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El día en que 27 republicanos asaltaron un barco y huyeron de la España franquista disfrazados de guardias civiles

9 agosto, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“Nos juntamos en el castillo de Ares. Los de aquí salimos como si fuésemos de la Guardia Civil. Rebón vestido de teniente, tres de guardias, yo de falangista y a los demás los hicimos pasar por presos. El único miedo era encontrarnos a la verdadera Guardia Civil”. Así relataba Juan Leal uno de los momentos álgidos de la huida que protagonizó en julio de 1939 de la España franquista, con otros 26 compañeros con los que compartía los valores democráticos y republicanos. Su testimonio se recoge en A fuxida do bou Ramón, un libro en el que se plasma la investigación desarrollada durante años por los investigadores Enrique Barrera y Eliseo Fernández.

La obra, ilustrada con dibujos de Fernando Ocampo, ha sido presentada este viernes en Ares, la localidad gallega en que se desarrollaron los hechos, coincidiendo con el 79 aniversario de la fuga.

Esta épica historia comienza, en realidad, tres años antes. El 18 de julio de 1936 se produce la sublevación franquista que triunfa en apenas diez días en toda Galicia. Lo ocurrido en este rincón de España es la mejor prueba de que la brutal represión ejercida por los militares rebeldes no fue una reacción ni una respuesta, sino una estrategia para imponer el terror que había sido diseñada mucho antes de producirse el golpe de Estado. En Galicia ni hubo guerra ni hubo víctimas de derechas. Sin embargo, en los tres años siguientes serían asesinados al menos 4.700 gallegos de ideología republicana.

Entre ellos se encontraban varios generales, almirantes, oficiales y soldados que no secundaron el golpe, los gobernadores civiles de las cuatro provincias, así como los alcaldes de Santiago, A Coruña, Ourense, Vigo y de otra treintena de localidades.

En ese contexto fueron muchos los hombres y mujeres que trataron de huir a territorio republicano a bordo de precarias embarcaciones de pesca. Quienes no pudieron hacerlo se escondieron durante años en bosques, montañas o zulos construidos para tal fin en el interior de la vivienda de algún familiar. Tras finalizar la guerra, el triunfo franquista empujó a 27 de estos “topos” a salir de sus madrigueras y planear una temeraria fuga. Uno de los conjurados era Antonio Santamaría, el último alcalde republicano de Ferrol. Santamaría fue detenido y condenado a muerte por los sublevados en julio de 1936, pero el día antes de su ejecución logró escaparse con otro compañero del cuartel de artillería en el que aguardaba la muerte.

Fueron muchos los vecinos anónimos que se jugaron la vida para mantenerle escondido durante tres largos años. Gracias al testimonio que dejó en su día alguno de los protagonistas y al de sus familiares, el libro reconstruye aquellos momentos.

El primer reto fue formar el grupo y consensuar el plan. Sus familiares más cercanos hicieron de correo entre los diferentes escondites. Entre todos, poco a poco, se fue organizando la fuga. El riesgo era enorme, pero todos sabían que las alternativas eran aún peores: la cárcel o el paredón.

Disfraces de guardias civiles para asaltar un barco

La decisión final fue la de asaltar un barco, el bou Ramón, en el que contaban con la complicidad de uno de sus diez tripulantes, y poner rumbo hacia el sur de Inglaterra. El vapor de 15 metros de eslora se encontraba fondeado en el puerto de Ares, en la ría de Betanzos, muy cerca de Ferrol. El problema radicaba en que 27 hombres buscados por las autoridades llegaran hasta él sin ser antes detenidos. El plan, un tanto suicida, fue hacerse pasar por un grupo de prisioneros custodiados por agentes de la Guardia Civil. Sus mujeres y sus madres se pusieron manos a la obra para tener a punto los disfraces para la fecha señalada.

La noche del 20 al 21 de julio de 1939 el grupo se reunió y puso en marcha la farsa. En aquellos tiempos a nadie sorprendió ver a un oficial del Ejército, tres guardias civiles y un falangista escoltando a un nutrido grupo de prisioneros. Así lograron llegar sin problemas hasta el puerto de Ares. Aún quedaba lo más difícil. Los republicanos que iban disfrazados subieron a un bote y abordaron el bou Ramón.

Metidos en su papel de guardias civiles, encañonaron con sus fusiles de madera a los miembros de la tripulación y los encerraron en la bodega. La excusa que les dieron para el asalto tuvo su punto de ironía: alegaron tener que inspeccionar el barco “porque en su interior podía haber rojos escondidos que trataban de escapar a Francia”.

En las primeras horas de aquel viernes el resto del grupo embarcó en el Ramón que inmediatamente partió hacia aguas internacionales. Los 27, según relataron años después, se fundieron en un gran abrazo. Atrás quedaba el infierno, aunque por delante les esperaba una complicada travesía. El barco llevaba carbón para navegar unas pocas millas, por lo que los republicanos tuvieron que quemar en las calderas toda la madera que encontraron a bordo. 24 horas después, cuando ya estaban casi a la deriva, se toparon con un barco francés que supuso su tabla de salvación.

Una amarga libertad con terribles consecuencias

La alegría que supuso para los fugados el éxito de su plan les duró muy poco tiempo. Tras ser desembarcados en el puerto francés de La Rochelle, las autoridades francesas les encerraron en el campo de concentración de Barcarès, donde ya se encontraban miles de exiliados republicanos. Mientras tanto, en Galicia sus esposas, hermanas y demás familiares sufrieron las represalias. El libro recoge, entre otros, el testimonio de una de ellas, Dolores Mayobre: “Nos llevaron al cuartel de la Guardia Civil, nos colgaron de los pulgares y nos daban latigazos en las piernas, mientras nos insultaban y nos preguntaban por nuestros hombres una y otra vez. Nos tuvieron encerradas tres días en un retrete apestoso y luego nos soltaron”. Otras detenidas pasaron varios meses en la cárcel.

Los fugados tampoco disfrutaron de un destino mucho mejor. Barrera y Fernández han investigado lo que fue de sus vidas tras pasar por el campo de Barcarès. Al menos siete combatieron contra Hitler en el Ejército francés o en las filas de la Resistencia; dos de ellos, Manuel Fernández y Jesús Morgade serían capturados por los nazis y deportados al campo de concentración de Mauthausen, de donde solo Morgade consiguió salir con vida. Otros tres miembros del grupo del bou Ramón serían detenidos por la Gestapo y entregados a las autoridades franquistas. Quienes lograron sobrevivir a todos estos avatares, salvo contadas excepciones, terminaron sus vidas en el más duro de los exilios.

Enrique Barrera, uno de los autores, confiesa a eldiario.es que con este libro se salda una parte de la deuda pendiente que tiene España con estos luchadores: “Si un grupo de noruegos, daneses, belgas, holandeses o franceses, hubieran secuestrado un barco delante de las narices de sus enemigos, para alcanzar Gran Bretaña, ya se habría hecho una película. Sin embargo, aquí el relato continúa siendo desconocido para la mayoría de la opinión pública”.

Documento que forma parte de la causa judicial abierta por las autoridades franquistas tras la fuga
Documento que forma parte de la causa judicial abierta por las autoridades franquistas tras la fuga

Los grandes costes para las izquierdas gobernantes del olvido histórico al que han contribuido

3 agosto, 2018

Fuente: http://www.vnavarro.org

Vicenç Navarro

Vicenç Navarro ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona. Actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra (Barcelona, España).

Ha sido también profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore, EEUU) donde ha impartido docencia durante 48 años. Dirige el Programa en Políticas Públicas y Sociales patrocinado conjuntamente por la Universidad Pompeu Fabra y The Johns Hopkins University. Dirige también el Observatorio Social de España.

Es uno de los investigadores españoles más citados en la literatura científica internacional en ciencias sociales.

Vicenç Navarro
Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

Estamos viviendo en este periodo convulso de la vida política del país los costes que ha significado para la democracia española el olvido de la memoria histórica por parte de los distintos gobiernos de izquierdas que ha habido en España. La recuperación de tal memoria por parte de estos gobiernos se ha limitado predominantemente al cambio del nombre de las calles que homenajeaban a personas identificadas con el régimen dictatorial anterior (1939-1978), medida necesaria pero muy insuficiente para corregir la enorme tergiversación de la historia de España que se enseña en las escuelas españolas y que se reproduce en la gran mayoría de medios de información orales, escritos y televisivos del país. Esta tergiversación alimenta una visión de España heredada del régimen político anterior, que consiste en una España monárquica, uninacional y radial en la que el Estado central ve con malos ojos y reprime otras visiones de España, como la republicana, plurinacional y poliédrica, que frecuentemente es presentada como la “anti España”. La primera visión, la uninacional, monárquica y radial, persiste hoy en España, y ello a pesar de que, por fin, la sepultura de uno de los dictadores más represivos que haya habido en Europa parece que va a sacarse del Valle de los Caídos, al mismo tiempo que el partido heredero de la cultura franquista (el Partido Popular) está experimentando una crisis profunda.

¿Por qué la visión uninacional de España continúa? El enorme dominio de las fuerzas conservadoras sobre el Estado español

Que esta visión de España haya continuado se debe al dominio que las fuerzas conservadoras que controlaron el Estado dictatorial tuvieron sobre el proceso de transición de la dictadura a la democracia, definido por el establishment político-mediático español como “modélico”. Tal definición asume que el producto de tal Transición modélica fue una democracia también modélica, homologable a la existente en cualquier otro país de la Europa Occidental. Sin embargo, lejos de ser modélica, la democracia española es muy limitada, como consecuencia de la enorme influencia que aquellas fuerzas conservadoras han continuado teniendo sobre el Estado central durante todo el periodo democrático. Y una característica de las enormes limitaciones de dicha democracia es que se haya seguido promoviendo una historia tergiversada y una visión de España como un país monárquico, uniancional y radial, promovida en los medios de reproducción de valores (desde el sistema educativo hasta los mayores medios de información y persuasión).

Las consecuencias del olvido histórico: no se percibe que las causas de los dos mayores problemas que existen en España (el problema social y el nacional) deriven del punto anterior

Este olvido histórico ha debilitado enormemente a las fuerzas republicanas, forzándolas incluso a redefinir el lenguaje, la narrativa y el relato de su proyecto. Como consecuencia de ello las izquierdas han abandonado, en general, las categorías analíticas, normativas y los relatos que le eran propios, lo que ha dificultado mucho la comprensión de las causas políticas de los mayores problemas que existen en España: el problema social y el problema nacional (también llamado problema territorial).

El primer problema se evidencia por el gran retraso social de España. España tiene uno de los gastos públicos sociales (en sanidad, educación, vivienda social, servicios sociales, escuelas de infancia y guarderías, servicios domiciliarios y pensiones, entre otros servicios y transferencias públicos) per cápita más bajos de la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países de la UE con un desarrollo económico similar al español. Y las condiciones del mercado de trabajo están entre las peores en esta comunidad política. El informe reciente del European Trade Union Institute “Bad Jobs’ recovery? European Job Quality Index 2005-2015” pone a España como uno de los países que trata peor a sus trabajadores (ver mi artículo “España es el país de la Unión Europea con peores condiciones de trabajo”, Público, 25.02.18). Los datos del informe así lo muestran. Y la situación se ha deteriorado incluso más durante los últimos diez años, un periodo conocido como la Gran Recesión. Estos datos, por cierto, deberían estar en las portadas de los mayores medios de información, y no lo están.

Hay múltiples causas de esta realidad, pero en un lugar prominente está la enorme influencia que el establishment económico y financiero (los propietarios y gestores del gran capital) ha continuado teniendo sobre el Estado español. España es uno de los países de la UE-15 en el que las rentas derivadas del capital representan un porcentaje mayor del total de las rentas, y las rentas del trabajo un porcentaje menor. Es, por lo tanto, uno de los países de la UE-15 con mayores desigualdades de renta y de propiedad. Todo es resultado del hecho de que el Estado español actual no supuso una ruptura con el anterior, sino una apertura dentro de un marco heredado del régimen previo. El enorme conservadurismo de los aparatos del Estado es una consecuencia de ello.

Otra consecuencia: la demonización y/o olvido de la República

El olvido de la historia real del país explica que se perpetúe la tergiversada visión de la República y de lo que fue la llamada Guerra Civil. Se oculta, así, que la República significó un intento de cambiar la correlación de fuerzas políticas dentro del Estado español, produciendo toda una serie de reformas (las reformas agrarias, la introducción de la escuela pública, el establecimiento de la Seguridad Social, el empoderamiento de los sindicatos, el aborto, el divorcio, el voto de las mujeres, entre muchas otras reformas progresistas) que afectaron a los intereses de los principales grupos de poder –desde la banca hasta la Iglesia y al Ejército, pasando también por los terratenientes y grandes empresarios-, los cuales dieron un golpe militar (apoyados por el régimen nazi alemán y el fascista italiano, sin cuyo apoyo no hubiera sido exitoso) que estableció una de las dictaduras más sangrientas que hayan existido en este continente (por cada asesinato que cometió el régimen de Mussolini, el régimen de Franco perpetró 10.000). Nada de esto es conocido por la gran mayoría de la juventud de este país, como resultado del olvido de la memoria histórica. En realidad, la tergiversada historia es la que continúa enseñándose. De ahí que las causas del enorme subdesarrollo social del país –que se encuentran en el enorme dominio que los principales intereses económicos y financieros, así como los sectores sociales más pudientes, continúan teniendo sobre el Estado central español, heredero del anterior- no sean conocidas por la juventud del país, que no relacionan el presente con el pasado de su país. Esta ignorancia y desconocimiento debilitan enormemente su capacidad transformadora.

Las causas de la no resolución del problema nacional

La misma correlación de fuerzas dentro del Estado inmodélico, causa del enorme retraso social de España, es la responsable también de las tensiones interterritoriales que han alcanzado un nivel no visto antes durante el periodo democrático. El Estado borbónico no admite la plurinacionalidad de España. Habiendo impuesto la visión monárquica-borbónica, uninacional y radical de España, no tolera el reconocimiento y redefinición del Estado, y considera la visión plurinacional –que caracterizó la visión republicana- como la anti-España. “La unidad de España” es el eslogan de tal visión. Hoy, las voces a favor de la plurinacionalidad son marginadas en el debate nacional. Y esta intolerancia está estimulando el crecimiento de los movimientos favorables en Catalunya a la secesión.

La definición del régimen dictatorial como “franquista”

La continuación de la enorme influencia de las fuerzas herederas del régimen dictatorial español sobre el Estado español y sobre las instituciones reproductoras de valores en España (incluyendo la Iglesia y la Academia) explica también que tal régimen sea conocido como “franquista”, siendo presentado así como un régimen autoritario caudillista, semejante a muchas de las dictaduras latinoamericanas que periódicamente interrumpieron los sistemas democráticos de aquellos países. Una figura académica (procedente de una familia fascista) que tuvo un papel fundamental en la promoción de esta visión fue el profesor Juan Linz, que reconoció el carácter autoritario del régimen español, negándole, sin embargo, cualquier carácter totalitario, es decir, portador de una ideología totalizante que afectara todas las dimensiones de la sociedad e invadiera todas las estructuras de valores del ser humano, como lo era, por ejemplo, el comunismo. De ahí que sea definido en el relato dominante como franquismo, que quiere decir caudillismo autoritario sin deseo de imponer una ideología totalizante.

Pero todo el que haya vivido aquella dictadura puede dar testimonio del carácter profundamente totalitario de aquel régimen, el cual promovía e imponía una ideología que abarcaba todas las dimensiones del ser humano (desde el lenguaje hasta cómo practicar el sexo). El nacionalismo extremo de carácter imperialista (con el uso del águila del imperio como uno de sus símbolos) basado en una supuesta superioridad étnica, racial y cultural (el día nacional se llamaba el Día de la Raza), que negaba la existencia de clases sociales y el conflicto entre ellas (mediante los sindicatos verticales) a la vez que exigía la supeditación de los intereses de la clase trabajadora a los intereses del Estado, controlado por los intereses financieros y económicos que el régimen defendía, eran, todos ellos, características del fascismo. No es casualidad que en el Valle de los Caídos esté la sepultura del dictador, acompañada de la sepultura del fundador de la Falange, el partido fascista (que así fue definido por su fundador). De ahí que aquel régimen sea conocido internacionalmente como un régimen fascista (ver mi artículo “Franquismo o fascismo”, Público, 09.07.13), y que sea España el único país en el que el régimen dictatorial es definido como franquista. De la misma manera que no se llama régimen mussoliniano al régimen fascista italiano, o régimen hitleriano al régimen nazi, tampoco se debería llamar régimen franquista al régimen fascista español.

Naturalmente que tal ideología fascista también tenía un componente religioso importante, lo que explica, pero no justifica, que fuera llamada también nacionalcatolicismo, resaltando el maridaje entre el fascismo y el profundamente reaccionario y conservador catolicismo español, promovido por la Iglesia católica, que era parte de aquel Estado. Y lo era porque los sacerdotes estaban pagados por el Estado y los obispos eran nombrados por el dictador. Decir, como se dice con frecuencia, que la Iglesia “apoyó al régimen” es atribuirle una independencia y autonomía que no tenía. La Iglesia era parte del aparato del Estado fascista. Sin ir más lejos, la Iglesia utilizaba el saludo fascista en sus ceremonias y el dictador entraba en las iglesias bajo palio. Pero tal maridaje no debe ocultar el carácter fascista del régimen, al que hay que definir como tal, tal como se hace a nivel internacional. Cuando el diario New York Times (durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996) escribió la nota biográfica del Sr. Samaranch, Presidente del Comité Olímpico Internacional, lo describió como “delegado de Deportes del régimen fascista español liderado por el general Franco”. Repito, fuera de España casi nadie define aquel régimen como franquista.

La complicidad entre la Monarquía y el fascismo

El Estado monárquico es un Estado producto de un golpe militar en el que desde el principio estuvieron entrelazados los dirigentes golpistas con la Monarquía, de tal manera que José Antonio Primo de Rivera fue nombrado duque (a título póstumo), Queipo de Llano marqués y Carrero Blanco duque (también a título póstumo), y así un largo etcétera. También la familia del dictador pasó a ser parte de la aristocracia, siendo el caso más conocido el de la esposa del dictador, Carmen Polo y Martínez-Valdés, que fue nombrada señora de Meirás. Y este entrelazamiento continuó en la época llamada democrática, de manera que el ministro de Justicia del Partido Popular, el partido heredero de las fuerzas que dominaron los aparatos del Estado dictatorial, guardianas de la cultura franquista a través de este ministro, Rafael Catalá, nombró a Carmen Martínez-Bordiú, la nieta del dictador, heredera del ducado de Franco. Tal complicidad entre la monarquía, la aristocracia y el Estado caracterizó al régimen dictatorial y al actual.

La batalla de los símbolos y la falta de ellos para las izquierdas: la bandera de la España progresista es la republicana, no la borbónica

El resultado del olvido histórico es que, al abandonar la memoria histórica y la necesaria corrección de la tergiversación histórica de España (y de Catalunya), las izquierdas gobernantes han aceptado los símbolos del Estado borbónico como los símbolos de España, de manera que hoy están desnudos de símbolos que muestren posibles alternativas a este Estado. Esta situación es muy clara en Catalunya, donde hubo una cultura republicana amplia y extendida, y en donde las izquierdas fueron, durante la II República, las dirigentes en el desarrollo de esta otra España plurinacional, alternativa a la uninacional borbónica. De ahí que sea dificilísimo para las izquierdas catalanas identificarse con la bandera borbónica. Las fuerzas represivas fascistas llevaron a cabo una brutal represión contra las clases populares (como ocurrió en el resto de España) y contra la cultura catalana bajo los símbolos borbónicos (la bandera borbónica y el himno de la Marcha Real). Así, las tropas fascistas que ocuparon Catalunya lo hicieron bajo dicha bandera borbónica y con los tonos del dicho himno. Y la oposición a estos golpistas y a sus símbolos provino en Catalunya del gobierno republicano de la Generalitat de Catalunya, que enarbolaba en sus actos la senyera –la bandera catalana- y también la bandera republicana. Este era el símbolo de las fuerzas democráticas. El presidente Companys, uno de los presidentes de la Generalitat de Catalunya más populares (no solo en Catalunya sino también en España, habiendo sido director de una revista conocida como Nueva España), presidió frecuentemente sus actos con la bandera catalana y la republicana española.

Al haber abandonado tales símbolos hoy las izquierdas españolas (y catalanas no secesionistas) están faltadas de símbolos. Y ahí está el grave problema, que el sentimiento de ser español, además de catalán, tiene hoy como símbolo la bandera borbónica, lo cual es enormemente difícil de aceptar emocionalmente. Y ahí están los costes del olvido histórico. En su día Gramsci ya indicó que el que controla las banderas controla todo lo demás. Una fuerza política que abandone su pasado y el reconocimiento de sus antecesores y de sus raíces es débil por definición. En realidad, es un símbolo de tal debilidad que las izquierdas no enarbolen la bandera republicana. Hoy, dicha bandera es perseguida y temida por la estructura de poder del Estado español. Otro síntoma de debilidad es que las izquierdas apenas canten cuando se reúnen, pues incluso se han olvidado de las luchas y de los cánticos que sus antecesores vivieron y crearon en la larga lucha para conseguir la fraternidad, la libertad y la solidaridad de los pueblos y naciones de España.

Ni que decir tiene que el cerrarse en sus respectivas memorias puede ser también contraproducente, aislándolas del resto de la sociedad. Esto ocurrió en parte con el Partido Comunista de España (PCE), que habiendo sido la fuerza que lideró la resistencia antifascista, continuó con una cultura cerrada en sí misma que desgraciadamente lo aisló del conjunto social. Pero en España las izquierdas han llegado al otro extremo, y ese olvido de su memoria está teniendo un enorme coste. De ahí que en un momento de profunda crisis del Estado español y pérdida de apoyo popular de la Monarquía sea importante y urgente que se corrija la historia de este país, mostrando que las fuerzas progresistas siempre diseñaron alternativas al Estado borbónico –causa del retraso social y de la no resolución del llamado problema territorial–, estableciendo el Estado republicano que siempre mostró mayor vocación democrática, mayor sensibilidad social, y mayor ansia de justicia y solidaridad que el Estado al cual sustituyó.

De ahí el gran temor de la estructura del Estado borbónico a que los partidos políticos que lucharon contra el Estado dictatorial borbónico se aliaran recientemente en su estrategia para terminar con el gobierno del PP, los herederos del “franquismo”. Esta alianza debería ser esencial para permitir los cambios en el Estado que faciliten el establecimiento de la democracia (todavía hoy muy limitada) y del bienestar de la población (todavía hoy muy insuficiente) que el Estado monárquico ha obstaculizado para evitar su realización. Se inicia con ello un periodo en la historia de este país, que ha sido causado por las grandes movilizaciones que han tenido lugar a lo largo del territorio español (que se habían iniciado ya con el 15-M), para estimular ese cambio profundo que permita una transición mayor de la que ocurrió en el 78. Hoy las encuestas muestran un crecimiento del deseo popular de cambio del régimen del 78, en el que el Estado borbónico es cada día más cuestionado.

Justa Freire, la maestra republicana que ha dejado a Millán Astray sin calle en Madrid

1 agosto, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Del “muera la inteligencia” a una maestra de la República. De Millán Astray a Justa Freire. Como consecuencia de la ley de Memoria Histórica –que los anteriores Ayuntamientos de Madrid se negaron a cumplir–, hace tres meses la calle en homenaje al fundador de la Legión, uno de los generales golpistas que acompañaron a Franco en 1936, cambió de nombre. En su lugar, llegó una maestra cuya historia merece una calle. Hoy se cumplen 53 años desde su muerte.

Nacida en Moraleja del Vino, Zamora, el 4 de abril de 1896 y desaparecida en Madrid el 15 de julio de 1965, esta maestra forjada en la II República tiene una calle que la recuerda en el distrito de Latina desde el pasado mes de abril. Madrid fue el lugar que la vio crecer como una de las pedagogas más innovadoras de las primeras décadas del siglo XX.

Cuando el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid la propuso para sustituir al general fascista recordaba que fue condenada a seis años y un día de prisión por el Tribunal de Responsabilidades Políticas por su labor como directora en la escuela.

Pero antes de ese fatídico destino, Freire había labrado una carrera como docente y pedagoga que destaca por su interés en innovar la enseñanza pública de la época. Así lo recuerda su biógrafa María del Mar del Pozo Andrés, autora de Justa Freire o la pasión de educar. Biografía de una maestra atrapada en la Historia de España (1896-1965). “Ella fue una de esas maestras, de las pocas y las primeras, que viajó al extranjero para conocer otras metodologías de enseñanza que luego implantó y que aparecen en los libros de pedagogía”, señala.

A la pregunta de cómo describiría a Freire, la profesora y escritora destaca dos rasgos de su personalidad: su “pasión” por la enseñanza y la infancia, y su “esperanza” en el ser humano. “Creía mucho en el ser humano, en el futuro. Esa esperanza de ver siempre el lado bueno de las personas es lo que le salvó la vida”, elogia Del Pozo Andrés.

José Luis Gordo, de la Fundación Ángel Llorca, destaca su papel como “renovadora” de la enseñanza. A su juicio, Freire era una “avanzada para su época” por su empeño en modernizar una escuela pública obsoleta y arcaica.

Freire llegó a Madrid en 1921. Ya en la capital, la maestra consiguió una plaza en el Grupo Escolar ‘Cervantes’, centro vinculado a la Institución Libre de Enseñanza donde se educaban los hijos de los obreros del barrio madrileño de Cuatro Caminos. Freire fue una de las primeras mujeres que ocuparon el puesto de directoras de un centro docente, tras aprobar sus terceras oposiciones.

Tanto para Gordo, maestro de profesión, como para Del Pozo Andrés, la calle Maestra Justa Freire es un reconocimiento a toda la profesión de maestro, hasta ahora olvidada en el callejero madrileño. “Creo que el Ayuntamiento de alguna manera devuelve una deuda que tiene con los maestros; es fundamental decir que Justa Freire desarrolló una pedagogía con la que nos identificamos muchos maestros y maestras actuales”, defiende José Luis Gordo.

Su vida en el Levante: las colonias escolares

Durante la Guerra Civil se mudó al Levante con niños que habían quedado huérfanos y montó junto otro maestro, Ángel Llorca, las colonias escolares, una manera de proteger a los menores de las bombas y “referencia internacional en otros conflictos bélicos”, señala Gordo.

Al alzarse Franco con la victoria, los funcionarios de la época quedaron suspendidos. Mientras intentaba arreglar los papeles para volver a ejercer en la nueva situación, fue detenida y juzgada por “prácticas laicistas”. También porque en una ocasión un grupo de alumnos cantó un letra rusa, como recuerda su biógrafa. Estos dos “delitos” le valieron una condena de seis años y un día. Tampoco volvería a ejercer como maestra en la escuela pública, su pasión.

En el Perelló (Valencia), en las Comunidades Familiares de Educación que fundó junto con Ángel Llorca para proteger a los niños de la guerra.
En el Perelló (Valencia), en las Comunidades Familiares de Educación que fundó junto con Ángel Llorca para proteger a los niños de la guerra. LEGADO JUSTA FREIRE, FUNDACIÓN ÁNGEL LLORCA.

Ingresó en la cárcel de las Ventas donde permaneció dos años hasta su puesta en libertad. Las reclusas recuerdan su afán por enseñarles a leer y escribir, pero también su empeño por que estas no se dejaran. “Les decía que tenían que seguir cuidándose, introducir la belleza en su día a día”. De esta manera, decían, Freire consiguió darles un rayo de esperanza. Así se lo contaron las propias presas a María del Mar del Pozo Andrés.

Del Pozo Andrés, durante su conversación con eldiario.es, deja claro que Justa Freire nunca dio clase a las 13 rosas que también pasaron por la cárcel de Ventas, una “confusión que siempre se ha dicho pero que no es cierta porque no coincidieron en el tiempo”.

A su salida, Freire tiene que reinventarse por tercera vez. En esta nueva vida, la casa de los hijos de los embajadores. Así es como Walter Starkie la conoció y la contrató como maestra en el colegio británico, recuerda su biógrafa. Freire volvía a tener un trabajo y un sueldo fijo a final de mes.

La vida de Freire fue de “drama” y “lucha”, pero “feliz”. “En sus escritos, incluso en los más íntimos que solo he leído yo, nunca encuentras amargura; no se instaló nunca en el odio pese a lo que la guerra y la posterior dictadura le quitaron”, asegura María del Mar del Pozo Andrés. “Siempre miraba al futuro con esperanza”.

Información a los vecinos de Latina

Que Justa Freire sustituya en el callejero a Millán Astray tiene algo de justicia poética. Aunque ahora hay historiadores que lo desmienten, el militar sigue siendo conocido por la frase “muera la intelectualidad”. “Es bonito que haya dejado paso precisamente a una maestra que se esforzó toda su vida por transmitir saberes, por llevar la cultura y el conocimiento allá donde estuvo”, asegura a eldiario.es Carlos Sánchez Mato, concejal presidente de Latina.

El edil prepara para septiembre un acto homenaje a esta maestra en el distrito y desde este viernes ha comenzado el envío de cartas a los vecinos recordándoles quién fue Freire. “En las cartas les tranquilizamos también explicando que no tienen que ir a cambiar el DNI ni hacer otras gestiones”, señala Sánchez Mato.

“El nombre de Justa es importante en sí mismo y también por el hecho de que fuera una mujer, el callejero de Madrid como el de la mayoría de las ciudades está dominado por nombres de hombres, las mujeres no llegan al 18%. Es urgente buscar también allí la paridad con más cambios como éste. Es importante crear referentes para las nuevas generaciones, también en el callejero”, concluye el edil de Ahora Madrid.

Millán Astray puede volver

El General Millán Astray podría volver al callejero de Madrid después de que la Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios, la fundación que tiene su nombre y la Franco recurrieran el cambio de nombre ante la Justicia. En estos momentos hay dos sentencias judiciales contradictoras:  una que da la razón al Ayuntamiento de Madrid y otra que se lo quita.

“Existen datos suficientemente documentados en el procedimiento que involucran a los generales rotulados en la calles con la contienda y en la sustentación del régimen político surgido de la guerra civil”, asegura el magistrado de lo contencioso administrativo número 14 de Madrid.

A su vez, otra sentencia del contencioso número 7, dos semanas antes,  anulaba el cambio al considerar que la actuación adolecía de “la suficiente motivación”, “sin que del contenido del expediente administrativo puede desprenderse, de manera inequívoca, que Millán Astray participara en la sublevación militar, ni tuviera participación alguna en las acciones bélicas durante la Guerra Civil, ni en la represión de la Dictadura”, aseguraba este otro magistrado.

Ante esta contradicción, será el Tribunal Superior de Justicia de Madrid quien desempate. A estas dos sentencias hay que sumarle el recurso de la Fundación Francisco Franco, en vías de ser ilegalizada como ha anunciado esta semana la ministra de Justicia, Dolores Delgado, que tiene recurridas el cambio de las 52 calles a la espera de resolución judicial.

8 libros para entender el horror del 18 de julio

30 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“El pasado día 15, a las cuatro de la mañana, Elena dio a luz un hermoso niño”. No era un niño y mucho menos hermoso. Todo lo contrario. Acababa de nacer un monstruo en forma de sublevación militar contra la II República que originaría la Guerra Civil con un balance de cientos de miles de muertos, exiliados y encarcelados.

El entrecomillado anterior corresponde al telegrama que el general Emilio Mola envió a sus compañeros de armas a modo de pistoletazo de salida, en vísperas de lo que ellos llamaron glorioso alzamiento nacional, un calurosísimo sábado 18 de julio de 1936. La resistencia armada de millones de republicanos y de sus organizaciones políticas y sindicales logró frenar el golpe militar en buena parte de España, y convirtió el país en un terrible campo de batalla durante casi tres años.

Junto con la Segunda Guerra Mundial, la contienda española figura como uno de los episodios históricos que más novelas, ensayos o relatos han inspirado en todo el planeta. Desde gestas individuales hasta epopeyas colectivas. Desde infinidad de desgarradoras anécdotas particulares hasta profundos análisis de geopolítica. Desde lo más sublime de lo que es capaz un ser humano hasta lo más abominable. La Guerra Civil española representa una fuente constante, inagotable y apasionante de inspiración para los escritores.

Por ello una inmensa bibliografía, que resulta inabarcable para un lector no especializado, ha narrado aquel conflicto. En cualquier caso, algunos libros (unos ya clásicos, otros más recientes) han intentado analizar aquella tragedia y han aportado claves para comprender sus causas y su desarrollo.

Muchos de estos excelentes y divulgativos ejemplares fueron escritos por hispanistas anglosajones, quienes más y mejor han estudiado la Guerra Civil, salvo algunas honrosas excepciones de historiadores españoles, entre los que destacan nombres como Santos Juliá, Enrique Moradiellos o Julián Casanova. Aquí ofrecemos una selección citando algunas de las primeras ediciones, ya que de la mayoría de estos títulos se publican reediciones con frecuencia.

La velada en Benicarló. Manuel Azaña (Castalia, 1974)

Libro Manuel Hazaña

El que fuera jefe de Gobierno y, más tarde, presidente de la República, un intelectual que entró en política, reflejó en esta obra, entre la novela dialogada y la obra teatral, todo el drama del país a través de 11 personajes que coinciden casualmente una noche, en mitad del conflicto, en aquella localidad costera castellonense.

Los variados personajes que muestra Azaña en su obra, algunos alter egos del político republicano; la lucidez y profundidad de sus diálogos; la reflexión sobre la esencia de España y los españoles; o la encendida defensa de la democracia como única forma de convivencia; convierten a La velada en Benicarló, escrita en abril de 1937, en una pieza magistral que debería ser de obligada lectura en todos los colegios e institutos.

La Guerra Civil española. Hugh Thomas. (Grijalbo, 1976)

Libro La guerra civil española

Fascinado con nuestro país, este historiador británico ya fallecido de corte liberal-conservador, logró con este título escribir una obra amena, didáctica y muy ecuánime que pasa por ser un libro de referencia y un magnífico manual para cualquiera que intente un primer acercamiento al estudio del conflicto sin ser un especialista en la materia.

Años de investigación y de documentación, de trabajo con las fuentes, dieron como resultado un texto imprescindible, publicado por primera vez en español en la editorial parisina Ruedo Ibérico en 1962, que no ha envejecido con el paso del tiempo.

La República española y la Guerra Civil. Gabriel Jackson (Crítica, 1999)

Libro 3 Guerra Civil Española

Desde una perspectiva más comprometida con la izquierda, este historiador norteamericano, también fallecido, escribió otro de los libros clave para comprender el periodo que nace con la proclamación de la República en 1931 y acaba ahogado en sangre con el bando victorioso del general Francisco Franco el 1 de abril de 1939.

Con el ya habitual estilo periodístico de los historiadores anglosajones, Jackson se ocupó muy especialmente de los avatares, divisiones y debates de las fuerzas republicanas y de la izquierda. Otro título imprescindible.

La Guerra Civil española. Antony Beevor (Crítica, 2005)

Libro 4 Guerra Civil Española

Nuevo ejemplo de la apabullante bibliografía básica que los anglosajones han dejado del conflicto en este libro del historiador militar Beevor, uno de los ensayistas que mejor ha descrito y narrado la Segunda Guerra Mundial.

De nuevo, se unen el rigor documental, un estilo brillante y un acercamiento no sesgado ni sectario a una contienda tan ideologizada como la guerra española.

Leer al británico Beevor supone adentrarse en una serie de reportajes donde se entremezclan con maestría las microhistorias de mucha gente anónima con la macrohistoria de las batallas decisivas o la geopolítica de los dirigentes.

Franco, caudillo de España. Paul Preston. (Grijalbo, 1994)

Libro Aquí no Franco

Imposible entender la Guerra Civil sin la personalidad y la biografía del militar que encabezó la sublevación y, tras la victoria, gobernó el país como dictador durante casi cuatro décadas.

Paul Preston, un historiador que ha dedicado su vida entera al estudio de la España del siglo XX con multitud de obras ( Palomas de guerra, Idealistas bajo las balas) traza un retrato personal, político y militar de Franco en una biografía de incuestionable calidad. Se trata de una obra cumbre de la amplia bibliografía de Preston que, pese a su extensión, deja traslucir la brillante y ágil pluma de este historiador británico.

La República española en guerra (1936-1939). Helen Graham (Debate, 2006)

Libro La república española

Este ensayo de la historiadora británica, otra contribución anglosajona, representa una de las mejores y más certeras aproximaciones a la evolución de las fuerzas republicanas durante el conflicto.

El papel jugado por republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y otros sectores aparece diseccionado en un tono muy riguroso, pero nada academicista, y desde una metodología marxista que se detiene con profundidad en el análisis de las distintas estrategias.

El estupendo libro nos hace recordar que de los ocho años de vida del régimen republicano, tres de ellos estuvieron marcados por la imperiosa necesidad de defender la democracia con las armas en la mano. Debates todavía hoy vigentes como la disyuntiva entre guerra y revolución son abordados con inteligencia y sutileza por Helen Graham.

Guerra y vicisitudes de los españoles. Julián Zugazagoitia (Tusquets, 2001)

Libro guerra civil 6

Periodista, escritor y político socialista, atrapado por la Gestapo en su exilio francés y fusilado por los franquistas en la posguerra, Zugazagoitia es un personaje destacadísimo de la República injustamente olvidado por la mayoría de sus compatriotas.

Fue ministro de la Gobernación en uno de los Ejecutivos de Juan Negrín y secretario de Defensa al final de la guerra pero sobre todo, un intelectual que batalló por la democracia y arrinconó una prometedora carrera como novelista por servir a sus ideales. El libro citado, entre el testimonio personal, la crónica política y el periodismo narrativo, se incluye entre los textos fundamentales escritos por españoles sobre la contienda.

Un pueblo español. Elliot Paul (Gadir, 2018)

último libro Guerra Civil

Por último, las memorias de un músico y escritor norteamericano que se afincó en la entonces idílica y plácida Ibiza en los años treinta y se vio sorprendido por la guerra que convirtió la isla en un infierno de represión y de crueldad.

El contraste entre la paz y la conflagración, el odio entre vecinos en el pueblo ibicenco de Santa Eulalia, la eliminación del adversario y el retrato de una España pobre y atrasada que la República trató de rescatar, elevan este libro poco conocido, comparable a El laberinto español de Gerald Brenan, a la categoría de un testimonio de primera fila. Un relato muy revelador de la vida cotidiana antes y después de una guerra que lo cambió todo.

Franco, fuera de Cuelgamuros

26 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Cuelgamuros es la prolongación de Franco por otros medios. Un parque temático del franquismo, un paquidermo simbólico y arquitectónico de muy difícil resignificación. Franco sigue ahí, entronizado, a veces con la lápida circunvalada por un cordón morado sobre soportes de madera, siempre con flores. José Antonio Primo de Rivera, sin la tilde en la e de su lápida, está a su lado. Los dos bajo una bóveda de casi cinco millones de teselas en la que aparecen, entre otros,  falangistas de pelo en pecho y requetés de marrón, con la estética característica de Carlos Sáenz de Tejada y de Lezama, uno de los autores de la narración figurinista del franquismo. Ahora diríamos relato. A veces da la sensación de que los curas que ofician la misa de once, con micrófono inalámbrico pegado a la boca y monaguillos que no pueden con los hachones bamboleantes, van a levitar nada más acabar la interminable ceremonia, daros la paz, y ascenderán a la bóveda para quedarse pegados allí, como un chicle debajo del pupitre, hasta otra misa preconciliar.

Cuelgamuros, hay que llamarlo así, como bien nos insiste Claudio Sánchez-Albornoz, el egregio superviviente de aquel campo, protagonista de la película Los años bárbaros,  de Fernando Colomo, que narra su fuga estrambótica de aquel horrible lugar.

Cuelgamuros fue construido como túmulo onanista de Franco en medio de un país que se moría de hambre, de frío y de miedo. Hubo un trasiego de camiones negros que hacían de volquete de los restos mortales de miles de fallecidos republicanos, a quienes sus familias jamás hubieran llevado allí, y a las que, por supuesto, no consultaron los franquistas de Franco para su traslado.

Al principio iba a ser un gigantesco enterramiento de los caídos fetén, los del bando nacional, pero ante la falta de quórum mortuorio, ante la negativa de muchas familias de los franquistas a que los restos de sus familiares fueran trasladados allí, ante la gigantesca dimensión del túmulo, imposible de colmatar, echaron mano de fallecidos republicanos, sin consulta previa, claro.

El discurso de Franco en el que explica la erección del templo decía que “en el desarrollo de nuestra Cruzada hay mucho de providencial y milagroso”, y también, “mucho fue lo que a España costó aquella gloriosa epopeya de nuestra liberación para que pueda ser olvidado, pero la lucha del bien contra el mal no termina por grande que sea su victoria”. Vaya idea. Sobre esos marcos cognitivos y arquitectónicos decidió Franco construir Cuelgamuros nada más acabar la guerra. Qué urgencia.

Para sacar a Franco de Cuelgamuros nunca ha habido tiempo. Nada más morir el dictador, con aquellas imágenes del entierro, recientes aún los partes del equipo médico habitual, “heces fecales en forma de melena”, parecía una temeridad sacar al recién inhumado, no sólo por el peso de la losa.

Con el primer gobierno socialista en 1982, era más urgente poner en condiciones la educación y la sanidad pública, el AVE a Sevilla, que levantar aquella lápida de toneladas. Aznar no tuvo entre sus mil primeras urgencias exhumar al dictador, al que elogió de soslayo en sus denuestos a la Constitución. Con Zapatero se hizo incluso un estudio para darle la vuelta al sitio, para que dejara de ser un elogio del franquismo y se convirtiera en un lugar de reconciliación entre españoles, con otro discurso, con otra forma de contar aquella aberración. Tarea complicada si se mide desde la estética, aunque éticamente necesaria.

Rajoy se ha vanagloriado de dar cero euros a la ley de Memoria Histórica. Si casi todo le parecía un lío, esto ha sido una algarabía de silencios. Tiene ahora Sánchez la oportunidad de sacar al “bicho” –Sánchez-Albornoz , otra vez- y llevárselo a un no lugar, parecido al que no ocupan Hitler y Mussolini; ya estaba tardando en decirlo.

Ya hay una sentencia judicial firme que establece la exhumación de los hermanos Lapeña, de Calatayud (Zaragoza), que establece que deben ser sacados de Cuelgamuros y que aún no se ha cumplido. El prior del establecimiento se negó a ir al Senado a explicar su negativa y tuvo que ser la propia jerarquía eclesiástica la que le afeó la conducta. La montaña del Senado fue a este mahoma de granito. Esa jerarquía de la Iglesia tiene ahora su momento estelar para facilitar la salida de Franco de aquel monumento tan nacionalcatólico y de las JONS. Ya ha dicho que el dictador tiene que estar fuera de allí y es de agradecer.

Se trata de voluntad política y de criterio de oportunidad. Los dos los reúne el gobierno de Sánchez. Se añade que no solo la Biblia establece que lo que tengas que hacer, hazlo pronto, es que como no lo hagas en los primeros minutos del partido, como los sometas al VAR, te van a dar fuera de juego. Tu sacas a Franco ahora, y los hipocondriacos en plantilla pasan un primer mal rato, pero luego no hay quién lo vuelva a meter en el nicho. La familia del interfecto que diga misa.

La “persistencia y el espíritu de la cruzada petrificados en la roca de una montaña”, deben ser desactivados con la salida de Franco. Existen grúas potentes que facilitan la tarea. (Grúas Usabiaga tiene unas excelentes, busquen el teléfono).

Una vez sacado Franco, hay que explicar Cuelgamuros de forma democrática. A pesar de la cruz de 150 metros de alto y cuarenta de brazos por los que caben dos coches en el mismo sentido.

No hay que volarlo, como dicen algunos, se trata de explicarlo desde una perspectiva civilizada; aquí es fundamental el contexto: cómo es posible que en un país que se moría de hambre, de miedo y frío, Franco se sintiera Tutankamon y le dijera al arquitecto vasco: “más alto, Muguruza, más alto”, para que aquel espacio tridentino fuera lo más alto entre el cielo y el suelo.

Aunque la estética terebrante de aquel lugar, inmenso de franquismo, sea irrecuperable para la democracia, pidamos que al menos los letreros y leyendas, los guías, sean capaces de explicar el autodenominado Valle como una consecuencia del destrozo que supuso en la historia de España el golpe de Estado contra la República, como un retrato de un enfrentamiento que se llevó muchas vidas por delante y con un aviso para que no volvamos a matarnos; sobre todo, que no vuelvan a matarnos. Menos aún, que el dictador que inauguró su régimen fusilando y lo acabó fusilando, no esté allí entronizado, como si tal cosa, con sus heces fecales en forma de melena.

Sánchez, lo que tengas que hacer, hazlo pronto. Saca a Franco ya, mañana es tarde.

La continua tergiversación de la República española y de la Generalitat republicana en Catalunya

7 julio, 2018

Fuente: http://www.publico.es

Vicenç Navarro
Catedrático emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

El olvido de la memoria histórica ha permitido la continuación de una versión tergiversada de la historia de este país promovida por los partidos conservadores (que, a nivel de calle, se conocen como las derechas) que presenta la República como un periodo oscuro, liderado por unos políticos y partidos incompetentes e instrumentalizados por la Unión Soviética –tales como Juan Negrín- y por los comunistas –como el PSUC en Catalunya-, todos ellos responsables de un enorme dolor que se impuso a la población y muy en especial a los combatientes de la Guerra Civil. La última versión de tal tergiversación se ha reproducido en amplios sectores conservadores del nacionalismo catalán, conocidos por su profundo anti-izquierdismo. Sus máximos enemigos fueron los llamados nacionales –los golpistas fascistas- y, al mismo nivel de responsabilidad, los gobiernos republicanos progresistas españoles –como el presidido por Juan Negrín-, así como el gobierno de izquierdas de la Generalitat de Catalunya presidido por Lluís Companys. Esta visión se presenta en varias versiones. Pero lo que considero también preocupante es que algunos sectores del socialismo español –pertenecientes a la sensibilidad largocaballerista- también consideraron que el fin de la República fue determinado o acelerado por las políticas del gobierno republicano de Juan Negrín, el cual es presentado como un mero títere en manos de la Unión Soviética liderada por Stalin.

Cómo estas tesis aparecen en una de las obras de teatro más exitosas en Catalunya: “In Memoriam. La Quinta del Biberón”

Un ejemplo del primer tipo de tergiversación, consecuencia de su profundo anticomunismo, es la obra que lleva tal nombre, que ha sido un gran éxito esta primavera en el Teatre Lliure de Barcelona, que termina cada noche con una ovación a cuerpo levantado de la audiencia (de clase media de renta media-superior), que llena a rebosar el teatro. La obra parece a primera instancia un merecido homenaje a los soldados de la Quinta del Biberón (llamada así por estar compuesta por soldados muy jóvenes) que lucharon duramente en el frente del Ebro, defendiendo un territorio que, según el narrador de la obra de teatro, “todos sabían que perderían”. En definitiva, se les asignó un objetivo inalcanzable: batallar en una guerra en la que no podían vencer.

El escenario de tal obra de teatro es la presentación por parte de un grupo de soldados pertenecientes a la Quinta del Biberón del sufrimiento que padecieron y de la inutilidad de su sacrificio. La tesis del autor de la obra teatral, Lluís Pasqual i Sánchez (director también del Teatre Lliure), es que los causantes de tanto sacrificio (que incluye también el sacrificio que sufrieron los combatientes en los dos bandos de la Guerra Civil) fueron los gobiernos de estos dos bandos, tanto el del bando fascista –definido también en la obra teatral como el bando nacional- como el del bando republicano. Esta equidistancia de responsabilidades es un elemento clave en la obra. A cada personaje, a cada frase retórica, a cada canción de un bando que aparece en la pantalla que hay en el escenario, hay otra del otro bando. Así, en la lista de culpables aparece no solo Franco, sino también Negrín, el presidente del Gobierno español, y Lluís Companys, el presidente de la Generalitat; no solo Queipo de Llano, sino también el general Líster, y no solo los nazis y fascistas italianos, sino también los comisarios soviéticos y sus aliados comunistas. En realidad, cada vez que aparece un dirigente fascista, en la pantalla grande (que sirve para describir el contexto histórico) aparece inmediatamente después un dirigente republicano: cada vez que aparece una frase del lado golpista aparece también críticamente una frase del lado republicano. Esta equidistancia requiere poner a los republicanos del gobierno Negrín y a los comunistas al mismo nivel que los fascistas. Su anticomunismo -que satisface a las derechas conservadoras y a los socialistas largocaballeristas por igual- aparece constantemente en la obra, al atribuirles gran responsabilidad por el enorme sufrimiento.

La equivalencia del comunismo con el fascismo

Esta tesis de equidistancia y equivalencia entre fascismo y comunismo es una característica del pensamiento dominante hoy en España y en gran parte de Europa. Esta equidistancia es esencial para sostener la tesis central de esta obra teatral, que es la tesis de un humanismo pacifista muy atrayente, que denuncia la insensibilidad del poder –los gobiernos tanto fascistas como comunistas y/o republicanos- hacia la vida de los jóvenes a los que envía al frente y a la muerte. Es un mensaje poderoso, muy bien presentado, que moviliza al público que llena el teatro noche tras noche, aplaudiendo al final de pie.

La única vez que la obra se adentra en el contexto político de lo que está presentando, analizando la naturaleza del conflicto, es cuando aparece descrita la causa de dicho conflicto militar como el conflicto del Estado fascista en contra de Catalunya. Y aun cuando ello corresponde a una realidad, no existe ningún intento de explicar tal conflicto más allá del eje nacional, ya que nunca se hace referencia a que este conflicto era predominantemente (y a nivel de toda España) una clara lucha de clases entre la estructura de poder económica y política que había dominado siempre la vida del país por un lado, y las fuerzas representantes de las clases populares por el otro, las cuales, con sus reformas, afectaron los intereses de las clases pudientes, que apoyaron el golpe militar y el conflicto que se llama Guerra Civil. La República Española, ante el golpe militar, tenía el derecho de tomar las armas, y los errores que hubieran ocurrido en el campo militar no pueden borrar tal realidad y con ello hacernos ahora pacifistas. El Réquiem y el coro casi religioso del final, con el que la obra termina, presentan un acento humanista que, en voz de uno de los soldados, define todas las guerras –la Guerra Civil incluida- como inútiles, crueles y carentes de sentido, lo que parece negar tal derecho.

Los silencios y falsedades de las tesis centrales que se reproducen en la tergiversada historia de España y Catalunya, y en “In Memoriam”

Ni que decir tiene que la obra hace una buena labor en presentar los horrores de cualquier guerra en general y de la Guerra Civil en particular. Y presenta también información de la brutal represión que siguió a la victoria fascista, estableciendo una de las dictaduras más sangrientas que haya habido en el siglo XX, aunque podría haber añadido más datos, como por ejemplo (tal como ha documentado uno de los mayores conocedores del fascismo europeo, el profesor Malefakis de la Universidad de Columbia de Nueva York) que por cada asesinato político que hizo Mussolini, Franco hizo 10.000 (¡!). En la descripción de la represión, como hijo de maestros represaliados por el fascismo, me sorprendió agradablemente el reconocimiento que hace la obra de la represión contra los maestros republicanos (apenas conocida) que ocurrió durante la dictadura.

Ahora bien, el problema que tiene la obra es que en ninguna parte hay una explicación del porqué la Guerra Civil ocurrió. En su intento de responsabilizar a los dos bandos por la violencia en el frente, jamás cita qué significaban y representaban cada uno de los bandos. En tal mensaje se demoniza a la República y a su gobierno, el cual había sido responsable de algunos de los cambios más significativos que tuvieron lugar en España y en Catalunya en la primera mitad del siglo XX. La República, a pesar del poco tiempo que tuvo, instauró la escuela pública, la seguridad social, dos reformas agrarias, el divorcio, el voto femenino, reforzó a los sindicatos, y una larga lista de reformas, todas ellas medidas que estaban cambiando la correlación de fuerzas en España, incluyendo en Catalunya, y que causaron el golpe militar fascista. Es más, se estaba configurando una nueva visión de España, rompiendo con el Estado monárquico jacobino uninacional que había sido el mayor responsable del enrome retraso económico, político, social y cultural de España y de Catalunya.

Ni que decir tiene que hubo muchos errores, pero estos no pueden ocultar los grandes logros que se habían alcanzado para las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España. Poner a los gobernantes republicanos en la misma categoría que los golpistas fascistas (que habían interrumpido aquel período democrático en defensa de sus intereses) es profundamente ofensivo para todos los participantes en aquellos eventos, incluyendo a los que dieron su vida en defensa de la República, entre ellos los miembros de la Quinta del Biberón. El hecho de que la Quinta del Biberón fuera derrotada no convierte su muerte en inútil. Y es criticable que los autores de la obra utilicen el enorme dolor y sacrificio de los combatientes para promover su mensaje pacifista humanitario, sin nunca explicar las consecuencias que habría tenido para la República abandonar las armas.

La supuesta atribución de alargar la guerra a la Unión Soviética y a su supuesto títere, el presidente Negrín

Este argumento, reproducido ad nauseam por las derechas en España, incluyendo en Catalunya, y también por algunas izquierdas anticomunistas, que atribuye el desastroso final de la República al supuesto dominio del Gobierno de Negrín por parte de la Unión Soviética, ha sido cuestionado extensamente en la historiografía actual, señalando su falta de veracidad. Durante la dictadura (1939-1978) y durante la democracia que se estableció como consecuencia de una transición inmodélica (debido al enorme dominio que las derechas herederas del fascismo tuvieron en el proceso de transición y en la democracia que le siguió) tal versión del fin de la República fue la dominante en amplios círculos del establishment político-mediático del país. Repito que la evidencia que se ha ido acumulando y que alcanza dimensiones considerables muestra, sin embargo, la enorme falsedad de este argumento.

La obra de teatro culpabiliza a Negrín de la política de continuar la resistencia (“resistir y resistir”), el mismo Negrín que la historiografía dominante hoy en España considera un mero instrumento de la Unión Soviética. Esta tesis se ha basado en una serie de supuestos cada uno de los cuales han sido mostrado como una falsedad por la evidencia que se ha ido produciendo (ver, entre otros, los libros del historiador –que no puede presentarse como filocomunista y/o filosoviético- Ángel Viñas El escudo de la República. El oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937, publicado en 2010, y La República en guerra. Contra Franco, Hitler, Mussolini y la hostilidad borbónica, publicado en 2012, del mismo autor).

A la luz de esta evidencia, acusar a la Unión Soviética y a los comunistas de ser responsable de gran número de los males descritos en In Memoriam es injusto. Quisiera aquí aclarar, para protegerme de la mala leche y manipulación muy común en las tertulias y en la vida política española (incluyendo la catalana), que mis libros (y muy en particular mi libro crítico con la Unión Soviética y su evolución bajo Stalin –que escribí durante mi largo exilio-) estuvieron prohibidos en la Unión Soviética, siendo yo una persona declarada non grata por la URSS de Breznev. Tengo, pues, credenciales suficientes para no ser puesto en la categoría de prosoviético. Pero negar que la Unión Soviética jugó un papel determinante en la derrota del nazismo durante la II Guerra Mundial –como tuvo que reconocer Winston Churchill-, o que la Unión Soviética fue el único poder que ayudó a la República en su lucha contra el fascismo por motivos de solidaridad es, repito, injusto. Y esto último es lo que no reconoce In Memoriam. Pero lo peor no es la falsedad que comunica, sino los silencios que mantiene. En realidad, los silencios ensordecedores son también culpables. En ninguna parte aparece la enorme pasividad de las llamadas democracias en apoyo de la República Española. Aparecen Hitler y Mussolini en la obra, pero nunca aparecen los dirigentes de las democracias occidentales que negaron su apoyo a la República. Franco ganó debido a la ayuda que recibió de Hitler y Mussolini, y la República perdió por la falta de defensa recibida de las supuestas democracias. En realidad, la esperanza de Negrín era que la predecible II Guerra Mundial, provocada por la expansión del nazismo, forzaría a tales gobiernos, por fin, a defender a la República. Tal esperanza, compartida por la Unión Soviética, fue un error, como bien se mostró cuando la II Guerra Mundial se inició. Ahora bien, presentar este error como una inmoralidad me parece injusto. Es más, parte del deseo de resistir era retrasar la enorme matanza que se sabía que ocurriría, dando tiempo para que se salvaran tanto los bienes como las personas que garantizarían la continuidad de la República, una vez terminado el conflicto militar. Los intentos fallidos de rendición pactada que ya habían ocurrido habían mostrado el error de la alternativa, ahora promovida en In Memoriam.

Negrín no fue un títere de la URSS

En realidad, hubo desacuerdos entre Negrín y Stalin. Y como documenta, entre otros, Ángel Viñas, Negrín era plenamente consciente que el gobierno soviético también respondía a sus intereses geopolíticos en el diseño de su agenda. Pero no es justo minimizar que un componente importante de tal agenda fuera expresión de una muy necesaria solidaridad que la URSS dio y que las supuestas democracias occidentales, sin embargo, no dieron.

Ni que decir tiene que la Unión Soviética y el partido comunista cometieron actos sectarios (como el asesinato de Nin por el que Negrín protestó y que desaprobó, protegiendo a la dirección del POUM) y otras intervenciones denunciables. Pero ello, aunque diluye, no invalida el gran papel –más positivo que negativo- que tuvieron durante la Guerra Civil tanto la URSS como el Partido Comunista –PSUC en Catalunya-, partido este último que destacó claramente más tarde durante la dictadura fascista en la resistencia antifascista. Nada de ello aparece en la obra. Lo único que aparece críticamente es la actitud de los comisarios rusos y de los comunistas disciplinando a las tropas, haciendo la vida imposible a los soldados de la Quinta del Biberón.

El humanismo pacifista es también una posición política muy rentable de sostener en la España de hoy, en la que se vende el mensaje de que todos eran culpables

Que hubo errores militares, entre muchos otros, no hay duda. Pero utilizar estos errores para culpabilizar al gobierno de la República y al gobierno de la Generalitat (diciendo que enviaban soldados a la muerte sabiendo que no servía para nada) es profundamente erróneo, además de ser injusto y ofensivo para todos los que sufrieron y murieron defendiendo la República, incluyendo a los que lucharon en el frente del Ebro que incluyó, además de la Quinta del Biberón, otras fuerzas del Ejército Republicano y de las Brigadas Internacionales. Decir que la pérdida de sus vidas fue inútil, por no haber conseguido lo que deseaban (la libertad, la justicia y la democracia), al haber perdido la guerra, es absurdo. Bajo este criterio solo los vencedores pueden justificar su sacrificio.

El folleto de promoción de la obra termina con la frase “de que muchos de los combatientes de la quinta del biberón creyeron que luchaban por la libertad”, frase que casi aparece con un tono irónico a la vista del contenido de la obra de teatro, que transmite el mensaje de que, en realidad, su sacrificio no sirvió para nada. Perder una batalla o incluso una guerra, sin embargo, no es el fin de una causa. Y la lucha por la libertad, por la democracia y por la justicia social se ha ido construyendo a lo largo del siglo XX a base de la continuidad en las luchas para conseguirlas. El sacrificio de muchas personas ha inspirado a otras, que han continuado su lucha. Incluso hoy la bandera republicana aparece frecuentemente en las movilizaciones frente al Estado borbónico español. De ahí que las fuerzas que se oponen al cambio hayan hecho todo lo posible para que no se conozca el enorme sacrificio que hicieron nuestros antepasados. La desmemoria histórica que existe en España, incluyendo Catalunya, no es casual o inocente. Ha tenido un propósito: olvidar lo que fue la República.

Aunque esta no es su intención, In Memoriam niega a las víctimas el significado de su sacrificio. Me parece legítimo que se haga una crítica de una estrategia militar (la de resistencia) y de los errores que hubo en ella. Pero que se haga una crítica de esta estrategia, supuestamente errónea, utilizándola no solo para ignorar y ocultar lo que fue y representaba el gobierno republicano que estableció dicha estrategia (homologándolo al gobierno fascista) sino también para promover una postura “humanitaria pacifista”, me parece una manipulación que, por mucho que se esté haciendo hoy en los fórums intelectuales dominantes, debe ser denunciada por lo que fue: la aceptación y resignación sin más del terror fascista.

 

La ciudad que soñó el dictador Videla

3 julio, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Por: EL PAÍS 21 de mayo de 2014

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Andreu Merino Vives

Jorge Rafael Videla [en la foto, de EFE, en una imagen sin fechar] murió hace un año, el 17 de mayo de 2013, a los 87 años en una celda de la cárcel Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires. El dictador falleció por causas naturales mientras cumplía cadena perpetua por el asesinato de 31 presos en una cárcel de Córdoba en 1976, en plena dictadura.  Delante del Tribunal que acabaría condenándole, Videla reivindicó la Junta Militar que gobernó el país desde 1976 hasta 1983, así como cada uno de los crímenes cometidos por el estado en ese periodo. Más allá de los familiares de muertos y desaparecidos, Videla murió sin ofrecer disculpa alguna a los argentinos que sufrieron un cambio social radical que pretendía borrar el pasado y construir un futuro ligado al de la Junta Militar. Buen ejemplo de eso fue la nueva vida que empezó en el año 1979 para la ciudad de Federación, en la provincia de Entre Ríos.

“Mi hogar ya no existe”. “Mi pueblo está bajo el agua”. Son afirmaciones recurrentes de los habitantes de Federación. La mayoría de los federaenses no tienen la posibilidad de volver a la casa de su infancia, o al colegio donde estudiaron. En 1979, la construcción de la presa hidroeléctrica de Salto Grande sumergió su pueblo y les obligó a trasladarse a una nueva ciudad, construida desde cero. Actualmente esta historia queda escondida tras la gente ataviada con batas y chanclas que pasean por sus calles. El Parque Termal  municipal, inaugurado en 1994, es el principal pilar económico de la ciudad, y uno de los reclamos turísticos más destacados de la provincia. El agua siempre ha sido un elemento inseparable de la naturaleza de Federación.

La presa de Salto Grande aparece a unos 70 kilómetros de la ciudad. Está ubicada en el río Uruguay, compartido entre el país homónimo y Argentina. En 1938 ambos estados estudiaron de qué manera podrían aprovechar sus aguas y en 1946 crearon la Comisión Técnica de Salto Grande a través de un convenio binacional. En un principio la obra tenía que edificarse bajo el mandato de Juan Domingo Perón, pero la falta de ratificación del gobierno uruguayo, que no llegó hasta 1958, no lo hizo posible. Fue en 1962 cuándo se finalizó el proyecto. En 1974 se autorizó el inicio de la obra, y en 1979 se empezó la construcción del lago artificial que dejaría la mayor parte del territorio de Federación bajo el agua. Por esta razón, en 1973 la Comisión Técnica había acordado erigir una nueva ciudad para los federaenses.

La huella de la dictadura

El ayuntamiento de Federación quiso que el traslado desde el viejo emplazamiento a la nueva Federación fuese participativo e involucrara a los ciudadanos. En esta línea, se organizó un plebiscito popular en enero de 1974. Los federaenses eligieron entre tres posibles nuevas destinaciones, y se impuso por mayoría de votos la conocida como La Virgen-Federación, actual terreno dónde se ubica el municipio.

El trabajo para construir la nueva ciudad comenzó entonces, pero quedó interrumpido a partir del 24 de marzo de 1976. Ese día, un grupo de militares liderados por el teniente general Jorge Rafael Videla detuvo a la presidenta Isabel de Perón y estableció la Junta Militar, presidida por el mismo Videla, comunicando a los argentinos a través de la televisión y la radio que desde entonces el país quedaba bajo control del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Empezaba lo que el ejército denominó Proceso de Reorganización Nacional. La dictadura que duraría hasta 1983.

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Capilla del viejo emplazamiento.

En lo que afecta a la ciudad de Federación, en primer lugar la Junta Militar no garantizó la construcción de la ciudad, lo cual provocó una reacción inmediata de los federaenses. Silvana Miller era sólo una niña de seis años en 1979, pero recuerda perfectamente la incertidumbre que provocó la falta de implicación de la dictadura: “La gente se reunía en la plaza o delante de la Iglesia para debatir sobre cómo conseguir la edificación de la nueva ciudad”. Por su parte, Dina Burna, actual responsable del grupo de trabajo de la Biblioteca Popular Rivadavia, considera clave la lucha de los ciudadanos para conseguir que el nuevo emplazamiento fuese una realidad: “La comisión que representó nuestros intereses en Buenos Aires fue vital”. Se trata de una comisión de federaenses que en septiembre de 1976 emprendió un viaje a la capital para hacer recapacitar a la dictadura en su intención de no construir un nuevo emplazamiento para la ciudad. Finalmente, el 25 día de ese mismo mes, los militares cedieron: la nueva Federación se iba a construir.

Pero no es oro todo lo que reluce. A partir de entonces el proyecto de la ciudad quedó inmerso en la falta de transparencia. Argumentando la falta de trabajo del anterior gobierno, y aprovechando que este no había comunicado prácticamente nada a la población, la Junta Militar hizo el proyecto a su medida. Carlos Mazurier, ahora trabajador de la Comisión Administradora para el Fondo Especial de Salto Grande (CAFESG), entidad gestora de los excedentes económicos que genera la represa, considera que la dictadura estafó a los federaenses: “La junta militar solo respetó la ubicación, pero no el modelo de ciudad”, cuenta Mazurier.

En la misma línea se manifiesta Carlos Pinselli, uno de los arquitectos que trabajó en el proyecto del nuevo emplazamiento. Según Pinselli la ciudad se urbanizó según criterios militares y sin respetar el proyecto original. “Se eliminaron todos los sitios dónde la gente pudiera reunirse, como las plazas o un centro cultural que había proyectado”, afirma el arquitecto. “Hasta se eliminaron unos puentes que comunicaban las veredas porque según los milicos podían provocar libertinaje”, añade.

Pese a todo, no es raro encontrarse con federaenses que a día de hoy aún consideran que Jorge Rafael Videla fue el gran artífice de la edificación de la nueva ciudad. La justicia que suponía construir una nueva ciudad para los vecinos fue visto para muchos como un gesto de gracia del dictador hacia el pueblo. A día de hoy, Federación aún continúa dividida entre los que otorgan todo el mérito de la construcción del nuevo emplazamiento a la lucha ciudadana y aquellos que afirman que “gracias a Videla tenemos ciudad”.

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Jorge Rafael Videla saluda a Augusto Pinochet en Puerto Montt (Chile) en 1978. / Getty

La dictadura sabía perfectamente que la construcción de la ciudad era una oportunidad única para colgarse medallas. De hecho, en un primer momento estaba previsto que el inicio del traslado al nuevo emplazamiento se celebrara el 24 de marzo de 1979, coincidiendo con el aniversario del golpe militar. Pero las condiciones meteorológicas lo impidieron, dejando la celebración del evento para el día 25. El mismo Videla presidió el acto, acompañado de las autoridades municipales.

La inauguración de la ciudad ponía fin a un traslado compulsivo, del que aún hoy los federaenses guardan un vivo recuerdo. Instantes después de abandonar sus casas para siempre, muchos vieron como las topadoras empezaban a destruirlas. Otros, como Gustavo Combis, prefirieron no verlo. Combis, que en 1979 tenía 17 años se fue de la ciudad antes de que empezara la demolición y volvió al cabo de 45 días, cuándo ya había nacido la nueva Federación. “No quise ver cómo acababan con todo”, sentencia. En Federación se distingue la forma que tuvieron de tomarse el traslado los vecinos en función de su edad. Graciela Racedo, actual responsable de la Secretaría de Turismo, era una joven de 14 años entonces: “Tenía muchas sensaciones nuevas, muchas expectativas”, aunque reconoce que mucha gente mayor “murió de tristeza”.

Alguien puede pensar que la expresión corresponde más bien a un recurso poético que a una realidad palpable, pero nada más lejos de la realidad. Pocas cuestiones suscitan tanto consenso entre los federaenses como el sufrimiento que el traslado de 1979 supuso a sus mayores. Rubén Darío Tallarico, vecino de Federación, hace una comparación muy ilustrativa: “Del mismo modo que un árbol viejo muere cuándo lo intentas trasplantar, los federaenses de más edad no soportaron el cambio de entorno”. “Es un precio muy alto tener que sacrificar personas en nombre del progreso”, concluye Ofelia Bordón, actual encargada del Hogar de Ancianos de la ciudad.

Los primeros días

La junta militar inauguró una ciudad dónde no había nada. Cuándo los federaenses recuerdan la primera imagen que conservan de la nueva Federación, la inmensa mayoría coincide en señalar que “no había un solo árbol, ni siquiera un poco de hierba”. De hecho, en Federación no se vio un árbol hasta medio año después de la inauguración de la ciudad, concretamente el 16 de setiembre de 1979.

Más allá del entorno natural, la distribución de los vecinos en sus nuevas casas también marcó la nueva idiosincrasia de Federación. Se les asignaron diferentes tipos de viviendas en relación al dinero que cada uno pudiera pagar por ella, y aunque años más tarde las casas pasarían a ser únicamente suyas, en un principio los federaenses se tuvieron que hipotecar. Todas tenían, o tendrían al cabo de poco, lo necesario para habitarlas (por ejemplo, cocinas eléctricas). Los gobernantes prometieron que la ciudad pagaría la electricidad más barata del país como recompensa al sacrificio que había supuesto el traslado. Una promesa que a día de hoy sigue sin haberse cumplido. Además, había un problema añadido: todas las casas eran iguales.

Dina Burna cuenta que al principio los vecinos no identificaban las viviendas y se equivocaban sistemáticamente. Eran iguales por fuera y también por dentro: “Tratabas de buscar que cada rincón de la casa tuviera algo de vos”, comenta Burna. Cecilia Moretti, entonces una niña de 6 años, recuerda que “la gente ponía algún elemento delante, como una silla o una maceta, para identificarlas y los niños los cambiábamos de sitio para gastarles bromas”.

Sin embargo, para Favio Castro, 44 años, esa igualdad urbanística trasciende el nivel de anécdota para convertirse en una herramienta que borró la identidad: “Destruyeron todo lo que nos identificaba, obligándonos a aceptar algo nuevo como si fuese la única solución”.

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Antigua iglesia de Federación, último edificio que se mantuvo en pie de la zona derrumbada.

Treinta y cinco años después, una de las divisiones de opinión presentes entre los federaenses es señalar cuál es su hogar. Para algunos ya no existe y para otros la Federación actual ya no es la “nueva”, sino su casa.  Muchos federaenses consideran que el Parque Termal significó el resurgir del pueblo y que todo el sufrimiento vivido hasta entonces quedó compensado por el nuevo referente económico de la ciudad.

Pero también los hay que creen que el progreso económico presente y la evolución de la ciudad no pueden sustituir el pasado que quedó inundado en 1979. “Aquí continuamos nuestras vidas, pero mi pueblo murió” considera Gustavo Combis. Por otra parte, Favio Castro también considera insuficiente el proceso de memoria histórica de Federación: “A los que han olvidado su pasado a cambio de una casa bonita, yo les diría que es un error ser únicamente lo que posees”.

A día de hoy, Federación no dispone de ninguna infraestructura pública que almacene todos los documentos históricos del traslado, ni de los primeros años en la nueva ciudad, o de los últimos en la vieja. La Biblioteca Popular Rivadavia está luchando para construir un archivo histórico, pero de momento chocan con la negativa de la municipalidad: “La negativa se debe a las prioridades de los gobernantes”, afirma Gustavo Combis, uno de los responsables del proyecto de la biblioteca.

Sin duda, la edificación del archivo sería un primer paso hacia la recuperación de la memoria en Federación. Pero aún quedan muchos más pasos por avanzar. Si hoy mismo alguien se pasea por la parte del viejo emplazamiento que no quedó inundada solo podrá ver ruinas del antiguo hospital, del antiguo hogar de ancianos y de otras edificaciones que han quedado en manos del tiempo y el olvido.

Andreu Merino Vives (Barcelona, 1989) es periodista.

El Censo Rojo franquista: tres millones de sospechosos

26 junio, 2018

Fuente: blogs.elpais.com

Por: María José Turrión 08 de mayo de 2014

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Faupel y Franco en la Plaza Mayor de Salamanca /MECD, CANAL CULTURA

El general alemán Wilhelm von Faupel, héroe de la I Guerra Mundial, (1914-1918) y difusor de la ideología nazi en los países latinoamericanos desde su puesto de director en el Instituto Iberoamericano (1934), fue embajador del III Reich ante la España llamada Nacional, entre marzo de 1937 y septiembre de 1937.

En realidad, su representación diplomática comenzó el 18 de noviembre de 1936, cuando el gobierno de Franco fue reconocido por Alemania. Son conocidas las injerencias que tuvo el alemán en los asuntos internos relacionados con la Falange, los denominados sucesos de Salamanca y el apoyo a Manuel Hedilla. Lo que le valió que el propio Franco, molesto por ello, solicitara su marcha de España. Pero con anterioridad a su destitución como embajador, y aún después de esta, ¿qué influencia pudo ejercer este personaje en el devenir político, social y represivo llevado a cabo por las instituciones franquistas en el país?

El Instituto Iberoamericano, al que Faupel regresa tras su cese como embajador en España, suponía el medio para lograr no solo el adoctrinamiento nazi en países como Chile o Argentina, arrasados con posterioridad por sangrientas dictaduras, sino también el medio para introducir la instrucción militar alemana, frente al modelo francés que entonces predominaba en estos países. Prueba de ello, fue la política de publicaciones llevada a cabo por el Instituto: Diccionario militar alemán-español, español-alemán o el libro Ibero-América y Alemania: obra colectiva sobre las relaciones amistosas, desarme e igualdad de derechos, publicada por el propio Faupel junto a otros filonazis como el chileno Miguel Cruchaga Ossa, creador del Centro Germano Chileno, institución impulsora de los programas ideológicos antisemitas en Chile a través de intercambios entre estudiantes y profesores alemanes y chilenos.

El 1 de marzo de 1937 Wilhelm Faupel presentaba ante Franco sus cartas credenciales como embajador ante una Plaza Mayor de Salamanca abarrotada de gente y engalanada para la ocasión. Dada su especialidad como difusor del programa nazi, no es de extrañar que solicite la colaboración de especialistas alemanes en prensa y propaganda, con los que creará el Departamento de Prensa de la embajada y desde donde establecerá, como señala Javier Domínguez, una importante red  propagandística de la que saldrían títulos como La eterna cuestión judía, síntesis antisemita adaptada a la realidad española.

Poco después, el 20 de abril de 1937, Franco  dictará una Orden por la que se crea en Salamanca y bajo dependencia de su Secretaría, la Oficina de Investigación y Propaganda Anticomunista (OIPA), con la finalidad de:

“…recoger, analizar y catalogar todo el material de propaganda de todas clases que el Comunismo y sus organizaciones adláteres hayan utilizado para sus campañas en nuestra Patria, con el fin de organizar la correspondiente contrapropaganda en España y en el extranjero en colaboración con las instituciones anticomunistas existentes, tales como el Antikomintern de Berlín, el Instituto de Investigación Científica del Comunismo en Varsovia, la institución antimarxista Maitre Aubert en Ginebra, la National Herstle en Holanda…”

Parece que Faupel, el especialista en propaganda y en la lucha contra el comunismo, había tendido bien sus redes asesoras. Este primer organismo de la OIPA, junto con el creado inmediatamente después también en Salamanca, la Delegación de Asuntos Especiales, tratarían en palabras de González Quintana de “mostrar al mundo las maldades del comunismo, de la masonería y del judaísmo”.

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Cartel presentado en la exposición antimasónica de 1941: Alegoría del judaísmo controlando al comunismo (Stalin) y a la masonería (Churchill).

Estas dos oficinas y la creada en 1938, la Delegación del Estado para la Recuperación de Documentos, fueron los embriones de la Delegación Nacional de Servicios Documentales (1944), organismo paradigmático de la represión franquista que, partiendo de la incautación documental a personas físicas y jurídicas desafectas al régimen franquista, elaboraría el mayor archivo para la represión creado nunca en España, un Censo Rojo, al que Diego Navarro Bonilla alude en Morir matando y del que dice que posibilitó que existiera una “nación fichada”.

Toda la masa documental incautada, tanto de archivo como de biblioteca y hemeroteca, serviría para la elaboración de un gran fichero, en torno a las tres millones de fichas, en el que se fueron reflejando una serie de datos sobre personas desafectas al régimen franquista, esto es: personas relacionadas con partidos republicanos, organizaciones sindicales, ateneos libertarios, hijos de republicanos refugiados en otros países, intelectuales antifascistas, escritores, libertarios, enfermeras republicanas, personas que han dado un donativo al Socorro Rojo Internacional, personal integrante de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado de la República, sindicalistas, miembros de la masonería, rosacruces, maestros, miembros de las Brigadas Internacionales… Un espectacular mapa de rojos, limitado por los males de la masonería y el comunismo internacional.

El personal que trabajaba en estas oficinas, a medida que iba procesando la información de la documentación incautada, elaboraba una ficha con el nombre y apellidos de la persona, pudiendo una misma tener varias en el fichero. De Lucía Sánchez Saornil por ejemplo, mujer libertaria y fundadora de la revista Mujeres Libres (junto a Mercedes Comaposada Guillén y Amparo Poch i Gascón), existen 32 fichas, en las que figura como escritora de artículos, miembro de la CNT, oradora en mítines antifascistas, poeta, miembro del Consejo Nacional de Solidaridad Internacional Antifascista, secretaria de Solidaridad Internacional Antifascista…

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Lucía Sánchez Saornil / ENLACRESTA2.WORDPRESS

Sin hacer distinción de sexo o edad, los datos de hombres, mujeres y niños van a dar forma al siniestro fichero. La creación del nuevo régimen y el modelo político social que implantó pasaba por la eliminación del contrario, y para ello nada mejor que su identificación en un censo de rojos, para realizar la consecuente represión. Prisión, juicios sumarísimos, ejecuciones… y a los que sobrevivieron físicamente, se les aplicó el estigma de rojo, extensivo a padres, hijos y cónyuges, a modo de estrella invisible cosida a la solapa.

¿Qué interés había en realizar unas fichas sobre niños evacuados que partieron de Santander rumbo a Francia? ¿Perseguían realizar un censo similar al realizado en la Alemania nazi sobre los judíos? Identificación, filiación y finalmente localización para la represión. La finalidad visible administrativamente de este fichero era la de informar a otros organismos represivos de la dictadura franquista, facilitando los antecedentes político-sociales que, solicitados por los gobiernos civiles, militares, Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, Auditoría de Guerra, tribunales de depuración de trabajadores, Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas, etc. serviría para extirpar tamaño cáncer de la nueva España y aniquilar al contrario.

Las diferentes informaciones que en la actualidad proporcionan los datos de los organismos represores del franquismo nos llevan a pensar en el complicado y elaborado sistema represivo. La Dirección General de Seguridad, gobiernos civiles y militares, capitanías, comandancias militares, Causa General, tribunales de depuración, Dirección General de Prisiones, servicios de información de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado… proporcionan un sistema de identificación, obtención y registro de datos sobre personas a modo de ficha perforada, donde cada organismo u oficina de represión en coordinación transversal, puesto en contacto con los otros, obtendría una información esencial para sus competencias represivas. Un ejemplo de ello lo vemos en la Orden Circular de 1 de julio de 1941 “por la que se dispone se informe al Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, de los cargos relacionados con actividades masónicas o comunistas que aparezcan en expedientes de depuración político-social”.

Al igual que a los judíos, a los rojos se les negó cualquier derecho civil. De la misma manera que a los judíos que huían del nazismo les incautaban sus bienes (recordemos la oficina de emigración que Eichmann creó en Austria en 1938), a los rojos se les incautaban los suyos, así lo manda el artículo 3º de la Ley de Responsabilidades Políticas (9 de febrero de 1939), o el temprano Decreto nº 108 de la Junta de Defensa Nacional, sobre la ilegalización de los partidos del Frente Popular y la incautación de bienes (13 de septiembre de 1936). Los juicios que se llevaban a cabo se basaban en delitos acorde a las leyes de la dictadura, por lo que la burocratización de la represión en los poderes del Estado se hizo general en todo el territorio español, siendo muy posiblemente esta, la causa de la ausencia de un sentimiento de culpa en la sociedad española afecta al régimen y más aún, entre todo ese cuerpo de burócratas, cuerpos policiales, judiciales y administrativos que llevaron a cabo la  represión.

La intervención alemana en la Guerra Civil Española tiene numerosos estudios en cantidad y calidad. Es posible que tengamos que ampliar las líneas de investigación sobre la influencia y posible asesoramiento alemán en la represión que llevó a cabo la dictadura de Franco desde el primer momento de la guerra.

Tanto Franco como Hitler emplearon idénticas técnicas para conseguir sus fines: arrasar con el estado de derecho, con las instituciones de los Estados para, instaurar el horror y la vergüenza. Timothy Snyder, en el ensayo Hitler y la lógica del Holocausto, afirma que “fue menos exhaustivo [el Holocausto] cuando las intenciones de Hitler se encontraron con el estado de derecho, aunque este estuviera debilitado o pervertido”. No cabe duda que, destruidas de raíz las instituciones político-sociales y el orden preexistente legalmente establecido, la instauración del nuevo régimen se implementaría de una manera mucho más sencilla.

En el libro IBM y el HolocaustoEdwin Black afirma que la tecnología IBM de las fichas perforadas con que se realizaron los censos en Alemania “permitió a los nazis trabajar en otra escala, con más velocidad y eficiencia”. La represión que se ejerció en España durante el franquismo se habría realizado seguramente sin la existencia del Censo Rojo, pero posiblemente no hubiera tenido la misma velocidad y eficiencia.

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“Ojalá encontrar los restos de Lorca sea el símbolo de la reconciliación en España”

14 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los restos de Lorca en un saco enterrado bajo una fuente. “Es el desaparecido más llorado del mundo”. La posible ubicación de la fosa común donde yacen Federico García Lorca junto a los cadáveres del maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí ha sido durante décadas motivo de controversia. Y de varias búsquedas infructuosas. “Eso de ‘abrir heridas’ es una infamia, una calumnia repelente”. Ahora habrá una nueva oportunidad de encontrarlos. “Ojalá sea el símbolo de la reconciliación” en España, dice el hispanista Ian Gibson en una entrevista exclusiva para eldiario.es Andalucía.

El que será el quinto intento para localizar los restos del poeta español más universal parte de una pista que no es nueva pero que renace tras varias intentonas fallidas. En la obra de construcción del Parque Federico García Lorca en Alfacar (Granada) aparecen los huesos de cuatro personas. Corre el año 1986. Los restos quedan introducidos en un saco y sepultados bajo una fuente para que la Diputación de Granada pueda inaugurar a tiempo el espacio de memoria. Eso dicen algunos testimonios. Como el de quien fuera entonces número dos de la institución.

La Junta de Andalucía ha asumido el encargo. La Administración regional actuará “con rigor técnico” y “ pilotará” la futura intervención arqueológica desde la Dirección General de Memoria Democrática, en palabras del vicepresidente andaluz y consejero de la Presidencia, Administración Local y Memoria Democrática de la Junta, Manuel Jiménez Barrios.

¿Qué siente ante la posible nueva búsqueda de Lorca?

Siento una emoción fuerte. Pero claro, no puede ser como la primera vez. Tenía todas mis esperanzas puestas en la primera búsqueda y no hicieron bien el informe previo y tampoco buscaron entre el olivo y la cancela. Y eso es lo que vamos a ver ahora. Sufrí mucho, por eso hice un diario para poder contener mi tensión, apunté todo. Pero como no me llamaron no participé. Acudieron a mis libros pero no me consultaron sobre otras posibles ideas mías y fue una frustración terrible cuando no se encontró nada. Ahora van a empezar otra vez… tengo mis esperanzas, creo que hay algo ahí, estoy convencido. Y si resulta que fue así es una cosa vergonzosa, encontrar restos al lado del olivo donde a mí me dijo el enterrador y llevar estos restos a otro lado del parque porque estorbaban en el proceso de vallar el recinto porque había prisa para inaugurarlo. Entonces, si esto resulta ser cierto, es terrible para el PSOE, la Diputación de Granada de entonces.

El hispanista Ian Gibson con su libro 'El asesinato de García Lorca'. | JUAN MIGUEL BAQUERO
El hispanista Ian Gibson con su libro ‘El asesinato de García Lorca’. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Si se confirma que los restos de Arcollas, Galindo, Galadí y Lorca están metidos en un saco bajo el cemento de una obra realizada en democracia, en el 86… ¿desidia con los derrotados?

¿Desidia? Es que es inconcebible. Ernesto Antonio Molina Linares está allí, era vicepresidente segundo de la Diputación y lo dijo 22 años después, cuando había prescrito porque eso fue ilegal. Son tremendas esas declaraciones. Lo dice en Ideal, el periódico más leído de Granada, que lee todo dios, y el equipo de la primera búsqueda no tiene en cuenta esa entrevista. Como si no la conociesen.

La pista no es nueva, sobrevuela la fosa de Lorca desde hace mucho. ¿Por qué queda relegada frente a otras teorías?

No entiendo nada. Se publicó en prensa, yo lo publiqué en mi libro, pero nadie ha hecho una investigación. ¿Cómo se explica eso? Claro, él (Molina Linares) era del PSOE, había mucho interés tal vez en no investigar porque lo que se cometió era absolutamente ilegal. Hay otra cosa muy llamativa, y es que Manuel Fernández-Montesinos (sobrino de Lorca) fue padrino de la hija de Molina Linares. Se supone que hay una relación de amistad profunda entre el padrino y el padre de la criatura. Con lo cual si aparecieron restos al lado del olivo, Montesinos se habría enterado enseguida.

Y si aparecieron restos en esa ubicación, saltaría la alarma de Lorca.

Claro. Y si salieron unos restos de muleta, lo cual es difícil pero es lo que se dice, enseguida piensas en Dióscoro Galindo González, ¿no? Pero lo más grave del asunto es que seguramente Montesinos se enteraría y luego no dijo ni pío. Lo cual es muy sospechoso. La familia no quiere saber nada del tema y nadie entiende por qué. Esta podría ser una de las razones. Yo no lo sé. Que se lo pregunten a Laura (García Lorca, presidenta de la Fundación Federico García Lorca).

¿Qué le parece que la familia de Lorca esté al margen?

Eso de la familia… ¿quién es la familia hoy? Ha muerto Isabel García Lorca, Francisco, Concha… ¿qué es la familia? Laura García Lorca sigue la línea de Manuel, de los tíos.

¿Y por qué nunca se han puesto al frente?

¿Por qué no han liderado este movimiento a favor de los fusilados del franquismo? ¿Por qué no han hecho alguna contribución a la lucha de nuestro movimiento? Ninguno, no han querido saber nada, no han estado jamás en ninguna manifestación a favor de Garzón… nada, nada, nada. Ninguna persona de la familia. ¿Por qué? Es la gran pregunta. Ella (Laura) dice siempre “no queremos que mi tío Federico sea diferente a los demás, sabemos que está por ahí en algún sitio y esto basta, es uno entre mil”. Pero no tiene en cuenta a los que amamos la obra de Lorca alrededor del mundo. Tenemos derecho a saber por lo menos dónde está.

Formalizan una denuncia ante la justicia argentina por la desaparición de García Lorca
Federico García Lorca. | EFE

¿Da alguna credibilidad a quienes apuntan que la familia sacó sus restos y los enterró en otro lugar?

No. Creo que forma parte de la leyenda. Y si lo hubieran hecho habrían mentido. Fíjate lo que sería para mí si de repente se revelara algo así. He dedicado décadas de mi vida a buscar la verdad sobre el caso. No creo que sacasen los restos. Habría sido muy difícil sin que la gente se enterara. ¿El padre tiene dinero, se entera que han matado a su hijo y va y ofrece millones y sacan el cadáver? Es un pequeño pueblo, alguien habría cantado. Y (Lorca) está (enterrado) con más personas. ¿Cuándo lo hacen? Si es al día siguiente no es tan difícil localizar los restos pero si han pasado años… Además, nadie ha dicho esto, pero me consta que los padres creían que estaba vivo y le iban a hacer una especie de canje. Mantuvieron la esperanza a lo largo de meses pensando que Federico estaba en algún sito para cambiarlo por… quién sabe.

Una reacción humana, y habitual, entre progenitores en casos de desaparición.

Claro, y con un poeta famoso en vez de matarlo, lo tienen por si acaso uno de los tuyos está en manos de los rojos y se puede hacer un cambio, ¿no? Y esto me lo han dicho gente de la familia, cercana.

¿El mandato del  genocida Queipo desde Sevilla era tan directo?

Estoy convencido de la intervención de Queipo. Algún testimonio más aparece en mi libro. Porque la línea telefónica estaba cortada, ahí se equivoca Miguel Caballero (investigador). Porque el Ideal del lunes siguiente (al golpe de Estado) dice que las líneas se han restablecido, es decir que ya por la noche José Valdés (gobernador civil) pudo hablar con Queipo. Y si no la Guardia Civil tenía emisoras para poder estar en contacto con Queipo. Estoy convencido. Y eso que dijo de ‘dadle café, mucho café’ tampoco exonera a Valdés y todos los otros.

“Eso de ‘abrir heridas’ es una infamia, es vil, es una calumnia repelente”, dice Gibson, que cree que la derecha española debe romper con el franquismo: “además dicen que son cristianos y católicos. Pues, por dios, es un pecado dejar a gente tirados como perros en cunetas”.

¿Cree que la nueva versión, y otra búsqueda, alimenta a los escépticos del ‘abrir heridas’?

No sé si hay gente así… Estamos hablando del poeta nacional de este país, el poeta español más amado y leído alrededor del mundo. No hay nadie comparable, es enorme, internacional. Y simboliza a todos los desaparecidos de la guerra española y todos los desaparecidos del mundo. Yo diría que es el desaparecido más amado del mundo, el más llorado del mundo. Y además la temática de su obra gira en torno a la gente que no puede vivir su vida, esas mujeres que no pueden salir… La casa de Bernarda Alba. La gente le ama. Y como representa a  más de 100.000 fusilados por el franquismo pues queremos saber dónde está. Es imprescindible. Eso de ‘abrir heridas’ es una infamia, es vil, es una calumnia repelente.

La Junta de Andalucía dice que va a “pilotar” la búsqueda. ¿Le gustaría que contaran con su asesoramiento?

¿Conmigo? Claro que me pondría a disposición. Claro que sí. Si ellos quieren, todo lo que yo sé del tema está a su disposición. Por supuesto. Y claro, yo soy tal vez la única persona que fue a Alfacar con Manuel Castilla Blanco (uno de los enterradores de Lorca) y no me consta que nadie más, que esté vivo, fuera con él al lugar. Me dijo el lugar. No me mentía. Soy a lo mejor el único superviviente. Y estoy hablando contigo. Tenía menos años cuando empecé con todo esto (resopla)… esto fue en el año 66, pero menos mal que lo hice porque si no, no tendríamos el testimonio grabado.

¿Aquel enterrador podía ser un último testigo?

Sí, claro, porque todos los demás habían muerto. Era el último superviviente porque tenía 17 años cuando ocurrieron los hechos. Fíjate, eso se te queda grabado, ¿no? Él estaba convencido. Yo estuve allí con él. Con el miedo de la Guardia Civil que podía aparecer en cualquier momento. Es el año 66, fíjate que a Franco le quedan diez años todavía. La gente tenía mucho miedo, no tenía por qué llevar al guiri allí, ¿sabes? Pero lo hizo. Y ahora parece ser que allí exactamente donde él me dijo hay indicios.

¿Qué falta para que España viva una reconciliación completa?

La gente quiere buscar al abuelo. Cualquier ser humano normal quiere buscar los restos de su abuelo y darle un entierro. Lo hicieron los franquistas con los suyos y nosotros tenemos que hacerlo. Este país no será nada, a mi juicio, si no resuelve este problema. Veo que hay un pequeño cambio en el PP, sería muy bueno que hubiera un gran cambio. Juanma Moreno (líder andaluz del PP) ha dicho “tenemos que buscar a Federico”. Habiendo dicho antes que vive y no hace falta remover, ahora ven la necesidad, ante los ojos del mundo, de saber dónde está el poeta.

¿Diría que la derecha española necesita ser absolutamente democrática y romper de forma radical con el franquismo?

Sí, sí (enfatiza). Exacto, lo estás diciendo todo. Si fuesen inteligentes lo harían. Si ahora ha dicho que es hora de buscar a Federico porque nos pertenece a todos, es un cambio. Y que no sería difícil. Lo han hecho en Málaga. No hago más que repetir que Francisco de la Torre (alcalde malagueño del PP) ha dado un ejemplo maravilloso cuando han exhumado a varios miles de rojos fusilados. Algo insólito en este país donde el PP dice que es reabrir heridas. Pues no.

Y es  la fosa más grande abierta en España.

Creo que sí. Además ellos dicen que son cristianos y católicos. Pues, por dios, es un pecado dejar a gente tirados como perros en cunetas. Lo saben perfectamente. Que lo digan y actúen en consecuencia. Así el país iría camino a una reconciliación.

¿Ojalá Lorca fuera un símbolo de reconciliación en España?

Lorca, habiendo simbolizado la tragedia de lo que pasó aquí, pasaría a simbolizar este rumbo. Porque su obra tiene que ver con el amor al prójimo. Lorca tiene una raíz profundamente cristiana, él está siempre con los que sufren. Lo dijo: “Yo creo que ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos”. Y da la lista: el negro, el gitano, el judío, el morisco que todos llevamos dentro… los perseguidos, por el hecho de ser granadino, joder, hay que buscarlo. Es el gran símbolo. Ojalá sea el símbolo de la reconciliación. La derecha tiene que participar, no sólo en la búsqueda sino en resolver el problema de todos los fusilados de la guerra. Me parece obvio, tanto que no haría falta ni decirlo. Además si son cristianos, ¿qué es eso de amar al prójimo? Nadie está reabriendo heridas, nadie.

Las víctimas, sobre las fosas comunes, solo piden algo tan legítimo y atávico como dar un entierro digno. No piden venganza.

Exactamente, atávico. Enterrar al abuelo. Eso lo sabemos desde los griegos, que no hay que dejar a la gente tirada como perros para que se los coman los buitres (rescata el mito de Antígona y la muerte de Polinices). Esto es un asco y una vergüenza en un país que se dice católico.

“Ojalá Lorca sea el símbolo de la reconciliación”, dice Gibson. | JUAN MIGUEL BAQUERO
“Ojalá Lorca sea el símbolo de la reconciliación”, dice Gibson. | JUAN MIGUEL BAQUERO

¿Lorca es una metáfora de España?

Sí, es una metáfora. Parece mentira. A veces te preguntas si España no es un país sin vergüenza, porque tener 100.000 o más víctimas en fosas… esto parece imposible.

¿Y la recurrente comparación con otros países?

Parece monstruoso estar en Europa, al lado de los alemanes, y tener a Franco todavía enterrado en el Valle de los Caídos debajo de una cruz cristiana, creo que la más alta del mundo, al lado del fundador del partido fascista de este país. Franco es un asesino, ¿no? El mayor asesino español de todos los tiempos. Firmando penas de muerte, garrote vil, fusilamientos, con su café matutino. Tener esto allí para que todo el mundo lo vea es una vergüenza. Es para producir rubor y arrepentimiento. Y ahí están todavía. Por eso me parece terrible. O los símbolos y muchas calles con rótulos fascistas. Es inconcebible estar en Europa y que esto siga así. Es como poner en Alemania una calle con el nombre de Himmler o ‘Hitler Straße’. Plaza del Caudillo, plaza del José Antonio… es impensable.

¿Qué le sugiere que el presidente Rajoy enarbole ante las víctimas del franquismo la bandera del “cero euros” a la Memoria Histórica?

Ni uno, ha dicho. Lo sé, lo oí cuando lo dijo. El presidente… es terrible, en boca de un presidente, ese desprecio a las víctimas. ¿Cómo te lo explicas? Parece imposible que haya gente capaz de seguir a  un partido tan corrupto pero es lo que tenemos y es consecuencia de la larga dictadura que creó hábitos de pensamiento, de actuación, en la sangre, la gente que procede de los ganadores tiene esto en los genes, son pavlovianos… ‘no hay que reabrir’, dicen. ¿Por qué? Porque la derecha ha sido incapaz de afrontar la realidad del holocausto que ocurrió aquí. No han tenido esa grandeza.

¿Ojalá la figura de Lorca sirva de pegamento, como en su obra, del amor y la tragedia?

Es mi creencia y mi convicción. Si son capaces, y tienen que ser capaces, de entender que este hombre es un genio que además no pudo vivir su vida. Es un símbolo del horror, de la represión, y es un hombre que predica con su obra, porque es un revolucionario en su obra, quería cambiar la sociedad. Tenía las ideas muy claras. Era un hombre de izquierdas. Y lo matan entre otras cosas porque es el autor de Yerma. Odian su obra, odian el mensaje de su obra. Yermaescandalizó a toda la derecha, las reseñas eran tremendas: pornográfica, antiespañola, peligrosa, asquerosa… Y todo lo que él dijo de la burguesía granadina, que le odiaban a muerte. Lo mataron y él puede ser el símbolo de la reconciliación. Falta que la derecha rectifique. Ver esto con tranquilidad y reconocer los errores del franquismo. Ahora, ya era hora. Franco murió en el 75. Y el tema de las fosas no puede ser. No puede ser un país decente dejando a los fusilados en cunetas. No podemos dejarlos allí. Hay que resolver este problema, reconocer lo ocurrido y seguir hacia la reconciliación. España es un gran país en potencia, no me canso de decirlo, pero esta asignatura pendiente está imposibilitando, moralmente, el progreso del país.