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Todo por la pasta

27 junio, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

El gran Wyoming

Publicada 30/05/2017 a las 06:00Actualizada 29/05/2017 a las 20:23  
La aprobación de los Presupuestos de este año es una metáfora de lo que nos deparan estos tiempos.

Del mismo modo que Aznar tuvo que ponerse de rodillas con los pantalones bajados delante de Jordi Pujol al día siguiente de que sus huestes gritaran bajo el balcón de Génova lo de “Pujol, enano, habla castellano”, para conseguir eso que los grandes estadistas llaman “gobernabilidad”, y que consiste en juntar una amalgama de intereses contrapuestos de manera que todos saquen tajada con el fin de que nada cambie y se conserven las esencias del amor a la patria que, básicamente, consiste en seguir gobernando para los señoritos mientras se empobrece a los currantes, que son los que deciden las cosas con su voto, ahora vivimos, de nuevo, tiempos de “gobernabilidad”.

También con Jordi Pujol tuvo un detalle de gobernabilidad Felipe González cuando paralizó las investigaciones que llevaban a cabo los fiscales Villarejo y Mena, evitando su procesamiento cuando el muy honorable y viejo zorro catalán se encontraba con el agua al cuello con motivo de la descapitalización de Banca Catalana. Le tenían pillado, pero era un maestro a la hora de dar el Gobierno, tanto al PP como al PSOE, a él le daba lo mismo, sólo deseaba lo mejor para Cataluña a la que hacía sinónima de sí mismo, como demostró al envolverse en la senyera dando vivas a la patria, asomado al balcón en la Plaza de San Jordi, cuando los tribunales osaron imputarle y llamarle a declarar. El pueblo catalán se echó a la calle en la mayor concentración que se conocía hasta entonces, movido por las palabras de su adorado Jordi, que se había recorrido de joven Cataluña con un seiscientos y un megáfono dando mítines por los pueblos, reivindicando la patria catalana, y les hizo creer que la justicia española venía a secuestrar su esencia nacional, la razón de su existir.

Con la ayuda de González, aquella estafa en la que el señor Pujol estaba implicado, quedó archivada, y sabiéndose respaldado por la gobernabilidad de los constitucionalistas de Madrid, y por el fervor nacional de su propio pueblo, se entregó junto a su señora al saqueo que hoy conocemos y entonces ya se sabía. Pero como daba el Gobierno de España a quien lo necesitara, esa virtud de ser un maestro de la gobernabilidad, le convertía en intocable. A él le daba lo mismo uno que otro, pero no ocho que ochenta. Siempre con un ojo puesto en sus recónditas cuentas, manejaba el cotarro con la simple fórmula de “ustedes hagan y dejen hacer”. A buen entendedor pocas palabras bastan y todos se aplicaron el cuento.

Finalmente, y por cosas del independentismo, todo esto de los ingresos de la familia Pujol ha salido a la luz. El latrocinio estaba amparado por la gobernabilidad, pero sin ella no se sostiene. Estos cachorros independentistas, hijos y nietos de aquellas doctrinas que diera Pujol con su megáfono, han venido a echar por tierra todo el tinglado que se tenían montado los adalides de la gobernabilidad a mayor gloria de su identidad catalana o española, que tanto les daba, y han puesto en práctica los principios de la identidad nacional de forma drástica, sin ofrecerlos antes al libre mercado, donde se compran y se venden estos sentimientos profundos e irrenunciables a cambio de un módico o un desorbitado precio, según sean las necesidades de aquel que pretende el Gobierno.

Como las lluvias en los trópicos, todo vuelve por la característica de los planetas de ser redondos y girar sobre sí mismos, al tiempo que lo hacen alrededor de las estrellas en las diferentes constelaciones. Todo regresa. También la gobernabilidad y las camisas de flores.

Ahora vivimos tiempos de “gobernabilidad” y se abren las carteras, al tiempo que se guardan los principios para que esa virtud de dejar las tareas de Gobierno al mejor postor se imponga sobre cualquier otra cuestión.

Se acabó la borrachera del gasto público, nos anuncia el señor Montoro al presentar los Presupuestos, el mismo que ejercía de dios Baco, en compañía de otros, cuando, en efecto, la fiesta de la dilapidación de los fondos públicos se celebraba en el gran templo del esplendor desarrollista de las burbujas que nos explotaron en la cara. Ellos dilapidaron nuestro dinero en lugar de construir un país, derivando fondos tanto al partido como a los bolsillos de los colegas, que se cuentan imputados por centenares en los diferentes procesos abiertos y que, también ahora, se intentan parar, encubrir y archivar, con todo tipo de triquiñuelas, incluyendo el descaro de poner la frente del gobierno de la Justicia tanto a personal personal afín sin escrúpulos, como a fiscales y magistrados que más parecen trabajar para la causa juzgada que para la juzgadora. Y en esas estamos. Ellos se emborrachan, y nosotros pagamos las copas. También sufrimos la resaca cuando llega la hora de aprobar las cuentas.

Aparecen los que tienen la posibilidad de hacer “gobernabilidad” con sus sacas abiertas corriendo a por el botín. El Gobierno, conocedor del juego, se reúne en despachos donde se trilea y se pergeña el trato hasta llegar al apretón de manos, porque si pierde el poder, cuya legitimidad ya dejó hace tiempo en el camino con sus diferentes acciones al margen de la ley, se le puede acabar el cuento. Ahora entenderán muchos por qué estos pequeños partidos aplaudían la pluralidad que se veía en el hemiciclo. Echaban cuentas contando escaños y calculando el precio que tendrían los suyos se les iba la cabeza como en su día se le fue a Sagaseta cuando entró Tejero pegando tiros. Son imprescindibles para la gobernabilidad y vienen a cosechar su valor de mercado a la hora de aprobar unas cuentas que según dicen expertos agudizan el deterioro del Estado de Bienestar y a incrementar la desigualdad y la pobreza.

“Si quieres grano, Aitor, te dejaré mi tractor”. Y así ha sido. Aitor se ha llevado una buena cosecha a costa de dejar vendido al resto del personal, cosa que a los representantes del PNV, que siempre presumen de honrados y de que entre sus filas no se dan casos de corrupción, les importa un carajo porque, nacionalistas en esencia, miran para lo suyo que es lo que les proporciona el voto. Un problema salía al paso. Una vez salvado el culo aquí, quedaba por salvar la cara allí. Cómo se presentaban con la saca en su pueblo pactando con un partido al que saben corrupto, facha y poco amigo de los vascos, a los que consideran terroristas en potencia y, al PNV, en concreto, tibio y necesario para que aquel horror sucediera. Han salido del paso ideológico apuntalando al Gobierno de Madrid con un posible acercamiento de presos.

Esa reivindicación siempre negada en la que el PP se mostraba intransigente y, en tanto tal, único valedor de la lucha contra el terrorismo, ha sido doblegada por la “gobernabilidad”. Ya no se es batasuno ni afín a los que matan por pretender eso del acercamiento de presos. El sufrimiento infringido a las familias era, por tanto, gratuito. Con tal de estar allí donde se recaudan los dineros de los ciudadanos, es posible que regresen los tiempos en los que Aznar se refería a esos que luego eran terroristas que se pudrirían en la cárcel, como Movimiento de Liberación Vasco.

Se impone la necesidad de aguantar en el poder para no perder el control de las instituciones, en unos tiempos tan delicados que hasta Acebes, en conversación telefónica con Ignacio González, afirma que podrían tener serias dificultades. En este estado de emergencia, se salta hasta esa gruesa y sagrada línea roja que marca el terrorismo y sus secuelas, y que tiene trazado un círculo sanitario alrededor de varios kilómetros.

No hay ideales, no hay moral, no hay religión ni norma, sólo un norte: La pasta y su incautación.

Los canarios, por su parte, sin concesiones políticas de gran alcance sólo quieren dinero. Rehecha la injusticia que según ellos desequilibraba la balanza, no tienen el menor problema en apuntalar a este Gobierno que además suele contar con ellos para presidir, en tanto neutrales, comisiones de investigación.

Mientras, en las tertulias y foros de politólogos se debate la estrategia a seguir, si la moción de censura continúa, pero con una conclusión común: plantearla a sabiendas de que se va a perder y sin pactos previos es ridículo. Hacen mención a las anteriores llevadas a cabo por Felipe González y Hernández Mancha. No coincido con ellos. En ninguno de los dos casos la situación era tan grave y descarada como la actual. Mientras, el PSOE tiene un grave dilema que le lleva a plantearse si votará no, o se abstendrá. Terrible tesitura que no sé a quién puede importarle.

Más de lo mismo. Sí, que son ladrones no se discute, pero la cosa es a ver qué saco yo de todo esto.

No habrá borrachera de gasto público. Son tiempos de “gobernabilidad” y las borracheras de despilfarro se hacen a puerta cerrada, se apañan en los despachos.

Quién sabe si para cuando se les pueda desbancar será tarde. Desde luego no dejan títere con cabeza, ni juzgado sin vigilante.

El Estado de Derecho será sinónimo de Estado de Derechas porque habrá que ser de lo segundo para poder administrar el primero.

Coincide este tiempo de gobernabilidad con el de la declaración de la renta, recuerden: Hacienda somos todos. Aunque aquella abogada del Estado, dando la cara por la infanta imputada, en lugar de por el Estado en cuestión, durante el juicio del caso Nóos, nos recordara que el que piensa eso es un gilorio.

Un poco de mística no viene mal

10 junio, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 17/05/2017 a las 06:00Actualizada 16/05/2017 a las 20:29  

El arzobispo Cañizares se suma a los discursos de aquellos que hacen política desde afirmaciones que no se corresponden con la verdad. Ya no se habla de mentir en el lenguaje político, del mismo modo que ya no hay imputados. A este paso van a dejar el diccionario reducido a un folleto.

Tiene suerte de que su grey sea definida como rebaño, como ovejas a apacentar, por el mismo Cristo, aquel al que envió su padre para que arreglara los defectos de su obra, haciendo responsable de los mismos a los clientes que nada tuvieron que ver en el diseño, ni en la ejecución, y a los que ni siquiera se les dejó hacer una inspección ocular para firmar la recepción del “paraíso terrenal” en condiciones aceptables. Recordemos que el ser humano fue expulsado del mismo por acceder al árbol de la ciencia, del conocimiento. Le estaba prohibido, el creador le quería ignorante. Querer saber les costó una condena a Adán y Eva que pagamos todos, fue un pecado colectivo con el que cargamos, algunos, con mucha honra. Es el llamado “pecado original”, desde luego más original no puede ser.

Nacemos con una naturaleza pecadora que hay que enmendar: ¿Por qué al nacer no nos dan una garantía como a los electrodomésticos? Este defecto de origen también es ajeno, por lo visto, al fabricante, y lo pagamos el resto de nuestros días al tener que someternos a los únicos técnicos reconocidos por la casa matriz. Pero vamos, que queda claro que el conocimiento y el amor al saber no vienen de serie, sino todo lo contrario. Diversas hogueras han intentado a lo largo de la historia que científicos, tachados de herejes, que pretendían continuar con la rebeldía que ya estrenaron nuestros primeros padres allá en el paraíso, por encontrar soluciones a preguntas complejas, no metieran las narices donde nadie les llama, es decir, todo comienza y termina en el mismo punto, dios. Es la respuesta para todo: ¿Cómo estás? Como dios. ¿Qué va a pasar? Lo que dios quiera. ¿Quién ha puesto esas estrellas ahí? ¿Quién va a ser?, ¿Estás tonto o qué?

Todo ha sido él, el mismo que nos hizo a su imagen y semejanza.

No manifiesta la jerarquía eclesiástica una inteligencia especial al renegar del evolucionismo. Podría agarrarse en su defensa, para justificar lo dañino del ser humano, al hecho de que la naturaleza cogió un rumbo inesperado que deterioró la idea original con un resultado extravagante. Pero no. Con tal de no dar baza a nadie en este maravilloso panorama que contemplamos, intentan que cuele que todo esto lo hizo dios en seis días, utilizando el séptimo para descansar. ¿Se cansa dios? ¿Es posible que se cabree también? Con respecto a esto último, a los que hablan con él en exclusiva, no les cabe la menor duda y, de hecho, citan “la ira de dios”, cosa en la que no creo mucho porque castiga por igual a los buenos y a los malos y, desde luego, a los tiranos les rinde todos los honores de la mano de los que viven de predicar su palabra.

Como por el humo se sabe dónde está el fuego, yo tuve, como Newton, una revelación un día que me encontraba sentado a la sombra de un árbol. Un suceso inesperado me alejó de la fe. Vi pasar a una mariquita volando, y su errática trayectoria me llevó a conclusiones tajantes: ¿Qué sentido tiene esa mierda? ¿Acaso no eran suficientes los millones de especies que estudian los entomólogos para dar cabida a variaciones sin sentido? ¿Y los bichos palo? ¿Por qué animar a una brizna de paja dotándola de vida, para abandonarla a su suerte en un medio plagado de pájaros insaciables? ¿Y los niños que ejercen de monaguillos en la oscuridad de las sacristías? Son reflexiones teológicas de alto nivel que todo ser debería tener en algún momento de su existencia.

Afirman las escrituras, como decía, que dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Sin duda, y dado que, como hemos visto, el creador tiene sentimientos, he llegado a la conclusión de que el día que le dio por moldear la arcilla de la que salió Adán, estaba teniendo una crisis de autoestima. Hizo tonto al ser que heredaría su obra. Le dotó de encefalograma casi plano, detalle, como digo, de infravaloración, pues ¿a qué semejanza con dios remite semejante diseño? De esa tara, consecuencia de la circunstancia de que fuera a crear al hombre cuando tenía un mal día, vienen todas estas cosas que nos pasan.

Uno, en el fondo, acostumbrado a renunciar a sueños por culpa de la ignominia, la mentira, la crueldad y la desvergüenza absolutas en las que nos sumen nuestros próceres, acaba reconociendo que le gustaría que todo ese cuento en el que está basado el omnipotente negocio de la religión, fuera cierto. Pero cierto tal y como lo pinta la religión verdadera, o sea, la católica, la nuestra, la española, la que nos ha acompañado desde chicos y cuya jerarquía siempre ha estado y está al servicio de quien merecía la pena, los ganadores, el poder, el dinero: los más fachas. Me gustaría que hubiera un dios como ellos lo pintan: chungo, rencoroso, vengativo, que se puliera del tirón a tantos y tantos hijos de p… que en el mundo son, muchos de ellos, en su nombre. Un dios que juega a estas perversiones de dejar morir de hambre a los niños del tercer mundo, y nos condena si morimos en pecado al fuego eterno, a toda clase de torturas, por los siglos de los siglos, que nos quebrantará los huesos, nos hundirá en el lodo, nos azotará, y no se escucharán nuestras súplicas, nos arrojará a la niebla donde será el llanto y crujir de dientes, pero “nos ama”.

Ni siquiera se cumple lo de que la ira de dios pondría las cosas en su sitio. A mí me gustaría haberlo visto en sus buenos tiempos, cuando hacía milagros en público y sometía a los pecadores a las sofisticadas plagas que leemos en la Biblia. En una edición antigua, retocada para la posteridad, se describe cómo condenó a los filisteos a una epidemia de almorranas: Ése es mi dios.

Ahora los milagros se hacen en secreto, como los del papa Wojtyla, o Escrivá de Balaguer, y la Iglesia los reconoce sin dar testimonio público alguno, con lo útiles que serían estas demostraciones de superpoderes para captar agnósticos o dudosos. Pero ya digo que no, incluso la venganza en la que los malvados serán juzgados tendrá lugar, en todo caso, después de muertos: otra frustración por prescripción de los tiempos legales, como los casos de pederastia. De aquí se van de rositas.

Mientras, desde los púlpitos, nos advierten, como hacía este fin de semana el arzobispo Cañizares, sobre los peligros a los que se enfrenta la juventud, entristecido ante el panorama de esos jóvenes “sujetos a adicciones como drogas, alcohol o sexo”, que son “instrumentalizados por intereses inconfesables, rebajándoles a objetos”. Así es, y sabe de qué habla. Jóvenes, y menos jóvenes, usados como objetos sexuales, de los que el obispo de Tenerife decía: “Desean el abuso e incluso te provocan”. En su perversión, esos niños hacen pecar a los adultos que caen en la tentación de sus estrategias demoníacas.

También, aunque tarde, el arzobispo dedica un tiempo a la justicia social para “defender los derechos humanos inviolables y fundamentales” como el derecho “a la enseñanza y libertad de educación, claramente amenazados en nuestra tierra”.

Aunque algo tarde, es bueno que la Iglesia desde la cúpula se una a reivindicaciones que también hacen otros curas marginados por sus propios compañeros por defender a los pobres. Sin duda, con ese peligro amenazado que el arzobispo ve en el derecho a la educación, irrenunciable donde los haya, y dado que pronunciaba esas palabras en Valencia, se referiría a esos miles de niños que por culpa de las inversiones que han hecho sus correligionarios políticos, que han despistado la pasta de las arcas públicas a bolsillos de colegas, se han visto obligados a recibir las clases en barracones de obra donde el agua cae a turbión cuando llueve, y el frío dificulta su atención ante la perplejidad de sus maestros, que asisten atónitos a este expolio de nuestros dineros, en detrimento de una enseñanza impartida en unas condiciones vergonzosas. Esta situación provisional se ha prolongado durante años mientras el presupuesto se derivaba hacia otros centros concertados. Tiene razón el arzobispo cuando se refiere a la imposibilidad de elegir. A miles de niños de esa Comunidad se les ha obligado a estudiar en esas condiciones sin posibilidad de elección. La libertad de elección, tal y como afirma el arzobispo Cañizares, está amenazada en esa tierra.

También es de alabar que apueste por la aconfesionalidad de ese derecho, aunque sea de forma inconsciente, y la no imposición de dogmas de ningún tipo cuando denuncia que los niños “son manejados por ideologías tan engañosas y llenas de mentira por legislaciones ideológicas en el campo de la enseñanza”. Aunque no se trate de un ejercicio de honestidad, está bien que proclame que no pueden imponer dogma alguno a un niño desde las instituciones públicas o subvencionadas con fondos públicos.

Me van a permitir que repita de nuevo su enunciado porque creo que es difícil sintetizar mejor en una sola frase lo que se hace con la enseñanza de la religión que ellos pretenden obligatoria: “son manejados por ideologías tan engañosas y llenas de mentira por legislaciones ideológicas en el campo de la enseñanza.”

Estoy con él. Aunque parece una soflama radical, estoy de acuerdo en que no debe derivarse dinero público hacia otros centros mientras la educación pública no tenga sus necesidades cubiertas. Lo de enseñar mentiras bajo ideologías engañosas llenas de mentira a través de la legislación, me parece meridianamente claro aunque también un poco radical.

¿Se ha hecho la Iglesia de Podemos? ¿Son bolivarianos?

Tal vez he leído el artículo del señor Cañizares sacando interpretaciones erróneas, pero así, en una lectura somera, no puedo negar que tiene más razón que un santo. Y puede que esté en el camino. Es sabido que, como Tamariz, este personal se saca milagros de la manga.

Ese sol que también es de ellos

28 mayo, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming, 22 de marzo de 2017.

Ya asoma por el este el sol de la primavera que viene a cobrarse el impuesto de esa radiación que nos da la vida, y que los neoliberales recaudan a aquellos que pretenden escapar de este sistema de voracidad casi tan infinita como su crueldad. “Nada es gratis y tampoco la vida”, decía Pablo Guerrero. Se lo cobran a los ingenuos que intentan cierta autonomía en su provisión de energía, por cierto, respetuosa, no destructora del planeta que parasitamos. “Estáis atrapados en la red. Sois súbditos de las grandes corporaciones”, pregonan los servidores del gran capital al que eligen sus correligionarios una y otra vez para que nos pongan en nuestro sitio.

Crecido está el presidente de la nación, que representa a una minoría indómita e irreconciliable y restrictiva con la libertad y los derechos de los demás, tras ese letargo en el que vivieron unos años, aparentemente apartados del poder.

Primero en el ostracismo de la marginalidad cuando eran llamados “nostálgicos” para, más tarde, resurgir entre las cenizas de aquel centro que dinamitaron desde dentro, y formar sin la competencia de los reformistas el partido heredero de los entusiastas del imperio y la dictadura, de los supervivientes, de los hijos y nietos de los que acabaron con el régimen de libertades que impidió, una vez más, la posibilidad de que España entrara en la normalidad, en la modernidad, en la honradez, que acariciara aunque fuera por un instante la libertad. Esa breve República demonizada, criminalizada, que nos puso en el centro del mundo del arte, de la cultura, en la vanguardia de la emancipación de la mujer. Esa República a la que hoy se hace corresponsable del genocidio del Ejército golpista pretendiendo confundir los crímenes de los soldados de uno u otro bando, con las órdenes de exterminio, violación y saqueo dadas desde el mando por los generales de Franco.

Volviendo a esta tierra que nace hoy a la primavera, decía que el presidente y su Gobierno están crecidos porque no ven competencia ya que siempre encuentran quien apuntale sus proyectos, como hacen ahora estos cachorros de la nueva derecha que saldrán a su rescate cuando sea necesario a la voz de “conoce, conoce”, mientras pregonan soflamas a favor de la lucha contra la corrupción en los periodos de transición, para tranquilizar a aquellos votantes que exigen algún gesto que justifique su elección en las urnas.

Esta derecha que se llama a sí misma nueva, tacha de corruptos a aquellos con los que se asocia, pensando que su presencia, no contaminada en lo personal, blanquea la fechorías de sus compañeros en esta aventura hacia la regresión. Dicen luchar contra la corrupción mientras la perpetúan en el poder. A veces, incluso votan contra sus propias propuestas, como en la retirada del impuesto por el uso del sol, que también parecen haberlo privatizado: todo es tramoya.

Eso de la lucha contra la corrupción se convierte en la única razón de existir de esta nueva formación liberal sin entender, y aquí es donde entra la ideología, que es desde la legalidad donde el partido del Gobierno hace más daño a su pueblo. En la destrucción de la sanidad y la educación públicas, en el rescate de las entidades financieras, que se han hundido mientras hacían multimillonarios a sus gestores con la colaboración y el silencio cómplice de los órganos de vigilancia que debían controlar este desmadre, y utilizando el dinero público del rescate para realizar inversiones que enriquecen, exclusivamente, a los miembros de la cúpula de esas instituciones, en lugar de ayudar a reflotar la maltrecha economía doméstica que se hunde en la miseria debido a los salarios de hambre que se están pagando, sin justificación alguna, en los planes llamados de productividad, que no dejan de ser de explotación en la impunidad. Gracias a este recorte en un gasto fundamental como es el de personal, el de los salarios, las empresas incrementan espectacularmente los beneficios y dan lustre a las cifras optimistas que adornan la recuperación de nuestra economía. Los beneficios empresariales se incrementan año tras año, mientras la pobreza crece entre los trabajadores, a los que se les niega la más mínima posibilidad de tener una vida que pueda ser calificada de tal. Y no es una crisis, sino el producto de una “reforma estructural profunda” que el Gobierno dice ahora que se niega a revertir a pesar de que prevé tiempos de bonanza y recuperación. Lo que se quitó en la “coyuntura” del hundimiento pasa, y pasará, a la cuenta de beneficios en el crecimiento.

Los que se apretaron el cinturón estarán también cómodos con la recuperación económica porque con la inanición dejará de oprimirles.

La lucha contra la corrupción no es un fin, es algo elemental y que no puede ser reivindicado como bandera porque en un sistema democrático dicha cuestión está resuelta, no existen categorías de ladrones. No tienen cabida los delincuentes de “casa”, y tampoco “los otros”. Claro que, en un país donde la democracia haya calado entre la ciudadanía, tampoco existe la opinión, que dicen que hay que respetar, que afirma que “todos roban” como argumento para volver a poner al frente de las instituciones al delincuente que, en algunos casos, sólo es presunto, aunque todos sepan que su patrimonio no concuerda con sus ingresos.

En Murcia eligen a Pedro Antonio Sánchez, que está siendo investigado por corrupción, con más del 93% de los votos, descontando los nulos, el 96%. El resto en blanco, ni uno solo en contra.

Mientras, en Madrid, se despedía la labor de Esperanza Aguirre, artífice de la destrucción de los servicios de sanidad y educación que los madrileños nos habíamos dado con nuestro dinero, y que convirtió a la capital del reino en uno de los centros de la corrupción generalizada donde se expoliaba desde las instituciones, al tiempo que sus colaboradores se enriquecían de manera legal, compatibilizando, como en el caso del señor Lamela, negocios inmobiliarios con sus consejerías de Sanidad o Transportes para retirarse, tras diferentes imputaciones, trabajando en el lucrativo mundo de la sanidad privada a la que tanto dio desde su cargo. Lo llaman puertas giratorias, son pagos por servicios.

Dice la expresidenta que pecó “in vigilando”. Hubiera bastado con que desecara la charca para que las ranas cambiaran de ecosistema, pero vivían todos muy felices bajo la tutela de la batracia madre, que siempre encontraba una contestación más o menos educada, más o menos chulesca, más o menos castiza, con la que defender a sus renacuajos, que croaban con fruición hasta que caían en desgracia y daban con sus ancas en la trena. La rana no se transformaba en príncipe sino en sapo hediondo.

La despiden como un ejemplo a seguir. ¡Y lo es! Su ejemplo aniquilará la otra Esperanza, la de los madrileños en un mundo mejor.

Así está el patio. Esa es la regeneración de un partido que no encontró nada que revisar en su último congreso, que fue un baño de felicitaciones y reconocimientos a pesar de los ochocientos “investigados”. No les gusta que les llamemos por su nombre, ni siquiera el de imputados, que es técnico. Recuerdan con sus imposiciones en el léxico a los eufemismos que se usan en las casas de los señoritos cuando reprenden a las empleadas de la casa por responder a una llamada diciendo que el señor está durmiendo. “El señor no duerme, descansa”, reconvienen a la chacha. Estos empleados del hogar a veces olvidan que sus amos no son humanos.

Pues no, no salió un joven, o viejo, para el caso tanto da, que dijera en ese congreso: “¿Qué está pasando aquí?”. “¿Es que no hay nadie honrado en nuestras filas que plante cara a este estado de cosas?”. “Aunque pierda”. No. Parece que no lo hay. Nadie quiere regenerar desde la decencia a costa de aminorar sus posibilidades de ascenso en ese paraíso liberal que garantiza el futuro de los políticos en activo durante generaciones. Esa es la característica distintiva de nuestra derecha. Por eso a los procesados y condenados se les queda esa cara de resentimiento. Parecen sentirse víctimas de un agravio comparativo, se deben decir a sí mismos: “No hacía nada que no estuvieran haciendo los demás”. A sus jefes sólo parece dolerles que aparezcan cuentas corrientes imprevistas. Por lo demás, los investigados disfrutan de la protección del partido –“Hacemos lo que podemos”– y de defensas colegiadas para que nadie realice declaraciones extravagantes que se salgan del guión y comprometan al colectivo.

Ahora se enfadan al tener un contratiempo en la votación de una reforma porque no comprenden las normas elementales de la democracia, según las cuales para gobernar por decreto, como a ellos les gusta, sin contar con nadie, yendo contra los demás, hace falta mayoría absoluta. Al carecer de ella, les repugna la posibilidad de que les lleven la contraria aunque sea de forma testimonial, por estrategia, como hace Ciudadanos, y exigen a sus rivales, a los que consideran y sienten como enemigos, que se sumen a sus despropósitos porque aquí, desde siempre, han mandado ellos, sus padres y sus abuelos.

Apelan a la responsabilidad para gobernar España y seguir, como siguen, con el expolio de lo público. Trabajando para las corporaciones a las que pertenecen sus predecesores y a las que pertenecerán ellos cuando terminen con esta misión histórica de portar la antorcha del privilegio que nunca debió salir de sus manos y hoy, en demasiadas ocasiones, se ven obligados a compartir con advenedizos de centro izquierda en las mesas de los consejos de administración.

Llega la estación de la vida y se sienten seguros en sus horizontes de progreso en lo personal, con la colaboración de unos y la abstención de otros, mientras los ciudadanos testigos de este aquelarre aniquilador, paganos de la fiesta, tienen que volver, como hace nuestra admirada Raquel Martos, a Antonio Machado para esperar, como el Olmo hendido por el rayo, otro milagro de la primavera.

En un país multicolor

29 marzo, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming

Publicada 14/03/2017 a las 06:00Actualizada 13/03/2017 a las 21:41  
La lista de la España que sufre no para de crecer. A la Iglesia perseguida víctima desde las catacumbas a nuestros días, hay que sumar a Hazte Oír, perseguida como los judíos por los nazis disfrazados de demócratas, y también a Esperanza Aguirre, que se declara “la principal víctima de la corrupción”.

España está siendo despiadada con la mayor víctima de la corrupción, que no es la educación, tampoco la sanidad pública, apaleadas en cada nuevo presupuesto por los receptores y distribuidores de comisiones que luego se sitúan en los altos puestos de la administración de las empresas. Tampoco los ciudadanos que padecen los recortes derivados de estos chanchullos son los principales perjudicados. La principal víctima de este latrocinio orquestado en comandita, hacemos lo que podemos.com, es la que durante años tuvo el cetro de la derecha madrileña en sus manos: Caperucita Heidi Madrastra de Blancanieves Sacamantecas Antoñita la Fantástica Aguirre. Todos esos nombres, correspondientes a sus diferentes personalidades, adornan a esta mujer poliédrica. Aunque a lo mejor es sólo que tiene mucho morro y también personal que le ríe las gracias porque, desde luego, gracia hace la señora. Aunque sea puta gracia.

Aquellos que ella había colocado a su derecha e izquierda para que la salvaguardaran de todo mal, e hicieran por España lo que ella no podía abarcar, aprovechaban que despertaba con la salida del sol para arremangarse y subirse a los andamios de la construcción de los hospitales que garantizaban la salud de sus conciudadanos para, desde las cloacas de las diferentes administraciones, cavar un túnel por el que saquear las arcas de la Comunidad madrileña sin que ella pudiera sospechar, ni remotamente, que tal cosa pudiera estar sucediendo. La mano dura que tenía para con los más necesitados se convertía en guante de seda con los chorizos que minaban su credibilidad y restaban valor espiritual a su piadosa obra social.

Atrás quedan los tiempos en los que junto a su consejero Lamela, que ahora trabaja en uno de los emporios beneficiarios de aquellas maniobras sanitarias, dieron por buena una denuncia anónima que acusaba a un equipo de médicos de haber asesinado a doscientas personas en el hospital de referencia de su Comunidad, el Severo Ochoa. No les cupo la duda, no les extrañó la figura de la denuncia anónima, tampoco al juez que mantuvo durante años el secreto de la investigación de tamaña superchería, que sólo tenía como misión demostrar la necesidad de que los nuevos hospitales estuvieran en manos privadas, para que los medios afines a la causa, que cobran un pastón de nuestros impuestos a través de la propaganda institucional, y también a tocateja con venta de acciones, se despacharan por esa boquita y anunciaran que aquello era un centro de exterminio como los de los nazis. Sí, así lo decían. De esa forma tan extravagante y excesiva se gestó lo que llamaban colaboración público-privada, que incluyó una no menos perversa colaboración político-judicial, y fructificó en la aparición de hospitales por doquier que se venden como propios cuando no lo son.

Salieron a la luz innumerables chanchullos que señalaban a sus principales colaboradores. Tuvo en sus manos Esperanza, “la víctima”, toda la información necesaria, no sólo para detectar el cachondeo delincuente que escandalizaba a la sociedad madrileña, sino también para haber puesto orden en aquel sindiós choricero en el que estaba sumergida, pero entró en una de esas ausencias puntuales en las que rechazaba las pruebas que le aportaban los llamados cuerpos de seguridad del Estado. Según ella, cuando llegaban aquellos informes en los que se denunciaba que se robaba a manos llenas, ella sometía al denunciado a un careo, y como éste negaba los hechos, pues ella se lo creía todo. Ella es mucho de aplicar la máxima jurídica de in dubio pro reo, aunque más bien es de la escuela de Uno de los nuestros. Ya saben. Ni siquiera se mosqueó cuando la prensa publicó que el señor Granados se estaba haciendo un casoplón y este negó tal cosa afirmando que su mujer era decoradora y que estaba asesorando a la auténtica propietaria del inmueble. El señor Granados y su esposa terminaron viviendo en aquella casa que “no era suya”. Cuando los periodistas llamaban al telefonillo preguntando por él, desde dentro respondían que allí no vivía. Como en las películas de risa.

Tampoco se enteró de que los terrenos donde se hizo la estación del AVE de Guadalajara, la estación más ruinosa de todas, eran de la tía de su marido. Fueron recalificados y allí se construyeron un montón de casas. Cuestión que niega siempre. Tampoco sabe nada de las cuantiosas subvenciones que le llueven desde la UE en forma de millones de euros, y que recibe su negocio familiar, negocio del que desaparece su firma cuando la cosa sale a la luz.

No sabe nada de aquella historia que la llevó a la Presidencia por primera vez, cuando desaparecieron a la hora de votar dos diputados del PSOE, Tamayo y Sáez, en una maniobra en la que estuvo involucrado el secretario general del PP madrileño, Ricardo Romero de Tejada, que terminó de consejero en Caja Madrid con el colega Blesa. Los echan, salen en la prensa cesados y luego les dan un cargazo. Porque sabemos que estos señores del PP son gente honrada a los que ampara la presunción de inocencia, pero cualquiera diría que actúan como una organización mafiosa pagando servicios que compran el silencio. Total que se hizo presidenta, en la segunda vuelta, por la cara, cuando había perdido las elecciones. Y sin sospechar nada de nada, sin enterarse de nada. ¿Para qué preguntar? Además cuando lo hace se limita a escuchar la versión de los suyos, que le decían, ingenua ella, que eran inocentes. Si es que estas cosas le pasan por buena.

Tampoco se enteró de las reiteradas denuncias de las actuaciones del señor Correa, en lo que más tarde se convertiría en el caso Gürtel, por parte de un colaborador íntimo de este, José Luis Peñas, concejal de Majadahonda y militante del Partido Popular, que aburrido de que la señora no le recibiera denunció los hechos a la Policía. Mucho más tarde, doña Esperanza sacó a la luz la cuestión que según Rajoy no existía, él lo enmarcaba en un contubernio formado por jueces, policías y guardias civiles, para hundir la reputación intachable del Partido Popular. Despistada como siempre y sin miedo al ridículo, proclama de manera sorprendente durante una intervención en la Asamblea madrileña, causando la hilaridad del personal, que ella era la descubridora de la Gürtel, cuando ya se habían escrito toneladas de folios sobre la cuestión. Es posible que se acercara a la SGAE para que quedara constancia de su descubrimiento y, desconocemos si, de paso, aprovechando el viaje, intentó patentar también la penicilina y la vacuna de la polio.

Dentro de ese despiste que raya en la incapacidad absoluta y le impide aceptar responsabilidad política alguna, afirma constantemente, como si fuera una monomanía, que ha dimitido de sus cargos políticos por su responsabilidad in vigilando. Quienquiera que le enseñara el término se ha ganado el cielo, lo suelta cada vez que ve un micrófono. Mientras, sigue siendo líder de la oposición en el Ayuntamiento de Madrid. Pero ella cree que ha dimitido de sus cargos políticos. A lo que se debe referir, cosa que a los que no somos de su partido nos importa un pimiento, es a que dejó su cargo de presidenta del PP madrileño tres meses antes de que prescribiera, cuando había anunciado que no se iba a presentar de nuevo.

A los ciudadanos lo que les preocupa es lo que atañe a lo público, lo que les afecta a ellos. Las decisiones que tome dentro del partido nos traen sin cuidado, como si se borra del Círculo de Lectores o del club de golf. Es más, es allí, en el PP, donde debería afianzarse porque sin duda estará entre iguales. Génova debe ser el único lugar del planeta donde la gente no ha oído hablar de corrupción ni de financiación ilegal.

En fin, todo puede esperarse de alguien que tira una moto de la policía al arrancar el coche y no para a mirar que ha pasado: ¡qué poderío!, que recorre la Gran Vía de Madrid perseguida por la policía con las luces a toda castaña, que llega a la puerta de su casa y maniobrando para entrar al garaje le da al coche de la policía que tiene detrás, y se mete en casa tan pancha, como si nada.

Ella es la que también pregona que nadie debería estar más de ocho años en la política.

Eso, que como no se entera, pues un día podría verse en los juzgados sin saber por qué. Del mismo modo que no entiende la responsabilidad que asume alguien cuando nombra a una persona para que administre lo público y trinca para su bolsillo. Le defiende una y otra vez de acusaciones que luego se muestran ciertas para, más tarde, lavarse las manos cuando llueven los marrones. A ella le valía, por ejemplo, que Ignacio González presentara una escritura de propiedad de la famosa vivienda de Estepona firmada un par de días antes de presentarse ante el juez, cuando había amenazado con llevar ante los tribunales a aquel que osara afirmar que la casa era suya. Le vale todo y luego se queja.

¡Qué cabecita loca!

Lo dicho, una víctima de la corrupción.

¿Y los demás? Los que pagamos la fiesta, ¿qué somos?

Venezuela está aquí

24 febrero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 07/03/2017 a las 06:00Actualizada 06/03/2017 a las 20:48  

La Asociación de la Prensa de Madrid emite un comunicado para dar la cara por periodistas acosados y sometidos a presiones que les impiden llevar adelante su trabajo con el margen de libertad imprescindible para que la información que, recordemos, es un derecho, no un servicio, llegue a los ciudadanos sin correcciones, sin censura, sin las amenazas que les impiden ser y realizarse en su profesión y sin sentir la humillación de verse obligados a mentir a sabiendas a cambio de un salario.

Hasta aquí todo bien, pero en la redacción se aprecia una tendenciosidad que produce sonrojo o hilaridad, según la hora del día.

Esas presiones y amenazas “tienen como fin el de persuadirles de que les conviene escribir al dictado de Podemos, además de tratar de conducirlos hacia la autocensura”, dice el comunicado leyendo el pensamiento de los represores.

Sin duda, Podemos, si hacemos caso al comunicado del que no tenemos por qué dudar, pretendería tener medios de comunicación propios sin gastarse un duro, sólo amenazando y acojonando a periodistas que acabarían ejerciendo la función de propaganda de ese partido, sin que tal cosa fuera advertida por la dirección de los diferentes diarios intoxicados por estos quintacolumnistas, que estarían cobrando un salario del grupo correspondiente mientras trabajan en la clandestinidad a las órdenes del ejército podemita.

Así podríamos ver en Abc una portada con una foto de Pablo Iglesias y el titular: Este es el hombre que conviene a España. Tampoco los lectores y suscriptores de dicho diario, que conocen a la perfección mi patrimonio porque lo dan como noticia, se percatarían de nada, y acabarían votando a Podemos en contra de sus intenciones, de su ideología. La maniobra es sin duda inteligente.

“Sólo una prensa independiente y sin miedo puede cumplir su misión fundamental de control del poder. Solo unos medios firmes en la defensa de la libertad de expresión pueden frenar la tentación de los poderosos de eludir la rendición de cuentas a la que están obligados en una democracia como la nuestra” (la negrita es mía no de infoLibre).

Al parecer la APM quiere hacer la competencia a Mongolia y a El Jueves porque debe haber deducido que se encontraban muy solos en ese mercado y quedaba sitio para nuevas ofertas de risa.

No conozco en detalle, porque no se especifica en el comunicado, en qué consisten los actos de acoso por parte de Podemos que han llevado a los periodistas denunciantes a ese “estado de miedo” en el que afirman ejercer su profesión, pero han perdido una gran ocasión de emitir un comunicado con atisbos de credibilidad, porque los redactores del texto se han venido arriba y cargan las tintas como si estuvieran trabajando al frente de un diario sensacionalista y no en representación de los periodistas de Madrid. Cómo se habrán sentido los cientos de periodistas que se han visto en la calle en los últimos años, en muchos casos por defender su independencia, al leer ese comunicado dedicado, por fin, a un partido político que ataca la independencia de los profesionales de la información. Cuánto se han echado de menos acciones contundentes por parte de esa asociación, citando nombres y apellidos, en defensa de periodistas que llevan años con un zapato pisándoles el pescuezo.

Es difícil deducir que cuando el comunicado de la asociación hace referencia al “control del poder” y a “la rendición de cuentas de los poderosos” se refiere también a la formación política Podemos. No sé en qué medios trabajan los periodistas denunciantes, pero los representantes de la asociación que han redactado el comunicado no deben leer otra prensa que la de Azerbaiyán y están un poco desconectados de la realidad social de aquí, si sus vivencias cotidianas les llevan a pensar que Podemos también representa al poder real, las esferas del poder, o a los poderosos. Habrá que advertirles que el apocalipsis zombi caníbal todavía no ha llegado a estas latitudes y que, de momento, sus compañeros siguen disfrutando, como hasta ahora, de esos infinitos espacios de independencia y libertad que las diferentes empresas que poseen los medios de comunicación crean para el normal ejercicio de la profesión, así como del paraíso de tranquilidad en el que trabajan los periodistas de las diferentes televisiones y radios públicas.

Los comunicados de los diversos comités de empresa de estas televisiones quejándose de la manipulación sistemática de las noticias, de la tergiversación de los contenidos por parte de la dirección, de las cribas e intento de traslado de profesionales que consideran poco afines a la causa, así como nombramientos de responsables de los diferentes informativos de profesionales que actúan en la práctica como comisarios políticos supervisando los contenidos a favor del político o partido que les nombra, son continuos. En su día se publicó una conversación del responsable de los informativos de Telemadrid reportando una noticia para recibir la aprobación de los círculos próximos a Esperanza Aguirre antes de su emisión. Presidenta que, como saben, puso al frente de su televisión a Manuel Soriano, que había sido su jefe de prensa, un hombre neutral, y digo “su televisión”, porque ni siquiera trabajaban para el partido, sino para ella en exclusiva.

Daban caña, no sólo a la oposición, sino también a los rivales políticos de su propia formación. Cuando comenzó su carrera hacia la secretaría general de su partido, Sánchez Dragó se postulaba en el informativo de la noche del lado de la lideresa y ponía a parir a Rajoy.

Salvemos Telemadrid fue una asociación de trabajadores de la cadena que se creó para protestar por las condiciones humillantes en las que tenían que hacer su trabajo, sí, bajo amenazas y presiones que, por cierto, se ejecutaron: todos fueron despedidos.

Yo también tuve el honor de encabezar un comunicado de la Asociación de Prensa de Madrid en el que deploraban la emisión de un vídeo en el que humillaba a una becaria en broma. La cuestión es que los que estrenaron el famoso vídeo fueron los de Intereconomía de una forma ilegal. Se había grabado en nuestro plató, por lo que era un contenido que nos pertenecía. Se lo hicieron llegar por correo electrónico para demostrar cómo trabajaban allí, con la orden de que si pedían la confirmación se les informara de que no era real. Lo emitieron como cosa cierta sin comprobar si era un sketch o un acoso laboral verdadero. Se lo enviaron desde nuestra redacción en respuesta a un comentario que hacía el entonces director de Intereconomía, que acusaba a mi compañera Beatriz Montañez de ejercer la prostitución.

Esa emisión que llevó a cabo Intereconomía sirvió para que la Asociación de la Prensa de Madrid emitiera un contundente comunicado contra nuestro programa en el que se decía, entre otras cosas, que tal acción suponía un desprestigio de la profesión periodística. Es evidente que aquel vídeo no tenía nada que ver con el periodismo, y que, como digo, fueron otros los que lo emitieron. Les dio lo mismo. “Revela una ignorancia de las reglas de este oficio”, decían a continuación. Continuaba el comunicado del entonces presidente González Urbaneja que “en las redacciones no hay mecanismos de alerta, porque alguien puede imaginar algún desatino, pero debe haber siempre quien lo pare”. Así es, así debe ser: no lo pararon. En cuanto lo recibieron suspendieron la programación e hicieron un programa especial con el vídeo. Ese era, precisamente, acertáramos o no, el sentido de la broma: denunciar que hay redacciones donde cualquier cosa es posible, y que esa cualquier cosa puede salir al aire sin control ni filtro. Lo chungo del tema es que el palo nos lo dieron a nosotros y también a mí, que no soy periodista. Daba la impresión de que tal escrito se había hecho para defender a unos colegas, pero no de profesión, sino de barra, porque no tenía el menor sentido.

Ese mismo año, la Asociación de la Prensa de Valencia nos dio un premio como el mejor programa de televisión. En la cena posterior, miembros de la dirección me manifestaron su vergüenza, como profesionales de la prensa, por el silencio de sus compañeros en torno a lo que en su día se llamó La teoría de la conspiración que, como recordarán, pretendía atribuir el atentado del 11M a ETA, para lo cual desde el diario El Mundo estuvieron dando portadas diarias durante años mintiendo a sabiendas, y fabricando noticias, con el objetivo de deslegitimar la victoria de Zapatero en las urnas, y que quedará, como ha quedado para la posteridad en las redes, su versión por encima de la oficial, por reiteración. La Asociación de Madrid, que yo sepa, no se manifestó al respecto ante esta acción tan lesiva para la profesión del periodismo. En un CIS de aquella época aparecía la profesión de periodista, mítica en otros tiempos, como la peor valorada, por debajo de los banqueros, que les precedían.

Por eso hay que celebrar esta campaña en contra de las presiones a los periodistas aunque sea comenzando con Podemos y aceptándoles como representantes de los poderosos.

Si quieren seguir en esa línea de defensa de la independencia de los periodistas tienen tajo de sobra. Sin ir más lejos, esa airada aproximación de Girauta a una periodista de laSexta tras una rueda de prensa, porque ésta le había hecho una pregunta en torno a una contestación del portavoz de la formación a una crítica de Víctor J. Sanz, que les había llamado populistas, recomendándole con un gráfico que se metiera la crítica por el culo. Claro que esto podría interpretarse, no como una salida de tono, sino como un método de reciclaje. O los desprecios sistemáticos de representantes del partido del Gobierno a los que los profesionales de la información parecen estar acostumbrados. Recordemos el gesto de Aznar metiéndole un bolígrafo a Marta Nebot por el escote. En un segundo encuentro la acarició como si fuera una perrilla. Claro que a él hay que consentirle todo porque es un cachondo. O la humillante imagen de los cámaras de las diferentes televisiones hincando el lomo para sacar un trocito de plasma y cubrir las declaraciones del presidente Rajoy que estaba en la sala de al lado. Nostalgia de Guillermo Tell.

En fin, con la era Trump parece que todo se va a quedar chico, pero bienvenida sea esta medida profiláctica de la Asociación de Prensa de Madrid para evitar que Iglesias y su contubernio, ya que el comunicado hace referencia al “equipo directivo de Pablo Iglesias y a personas próximas a ese círculo”, conviertan este país de libertades en una infernal Venezuela que la prensa se empeña en promover como paradigma de la tiranía, mientras en países cercanos al bolivariano se asesinan periodistas, abogados, líderes sindicales, representantes de movimientos ecologistas y LGTB, sin que a nadie le importe su suerte.

Empecemos con los bolivarianos, pero no cejemos en el empeño y continuemos con el control a nuestros fachas, los nacionales, los de toda la vida, los pata negra, que se pasan siete pueblos con las reglas del juego elementales en toda democracia que se precie, no vaya a ser que alguno pueda pensar que la asociación de periodistas en cuestión es condescendiente con otros poderosos diferentes de los de Podemos, que son propietarios de las empresas donde trabajan sus compañeros periodistas y que, en muchas ocasiones, se ven en la calle por negarse a firmar que lo negro es blanco y lo sucio limpio.

Habría bastado con denunciar y condenar los hechos en el comunicado sin dejar translucir de forma expresa la ideología de los que redactan el texto al comentar, de paso, las intenciones que persiguen los del círculo próximo a Iglesias con estas acciones. De eso ya se encargarán los diferentes artículos editoriales, no les adelanten el trabajo.

Una idea para el próximo: condenar la publicación de los diferentes dosieres falsos que se han elaborado con el dinero de todos y encargados a la Policía Patriótica de Fernández Díaz, tanto aquí como en Venezuela, y en los que colaboran periodistas que los dan una y otra vez, a sabiendas de que son pura basura. Una pista para los periodistas de investigación: se engloban en el llamado informe PISA. Si de defender el prestigio de dicha profesión hablamos.

Que no hable ni Dios

11 febrero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 06/12/2016 a las 06:00Actualizada 06/12/2016 a las 11:08  

Bueno, Dios sí. De las subvenciones que recibe la Palabra Revelada nunca hablan los que tanto gritan.

La polémica creada por el rescate de unas palabras que pronunció Fernando Trueba con motivo del estreno de su película La Reina de España significan el triunfo moral de la extrema derecha de este país. Un triunfo que viene avalado con la toma de sus consignas, de sus proclamas, por parte de la llamada “centro derecha”, que asume sus postulados suavizando las formas, con lo que se permiten decir las barbaridades a las que nos tienen acostumbrados desde “el respeto y la tolerancia”, ocupando un espacio que correspondería por sus reivindicaciones y su esencia a fuerzas extraparlamentarias. Lo mismo ha ocurrido en Francia con Fillon, el nuevo candidato a las elecciones presidenciales de 2017. Se ha celebrado mucho su victoria cuando sus planes en poco o nada difieren de los del Frente Nacional, salvo que estos los plantean con una retórica visceral cuya puesta en escena implica una militancia que sonroja a los republicanos franceses que ven en Fillon el justo término de lo que sería el signo de los tiempos.

Vengo de un mundo donde no existía, excepto para los fascistas, el “orgullo de ser español”. Era simple y llanamente una soberana estupidez. Algo totalmente ridículo, como la celebración cada 12 de octubre de “El Día de la Raza”. Nosotros, precisamente nosotros, los españoles, que llevamos cien sangres encima, si es que de pedigrí hablamos, incluidas las que más joden al español “de verdad”, la judía y la mora. Entonces, algunos, no adictos al régimen, ya proclamaban que sólo existía una raza: la raza humana. La raza española no vendía fuera del mercado de los patriotas que sostenían que los extranjeros del norte, esos decadentes demócratas, nos tenían envidia porque estaba demostrado que, sexualmente, éramos más potentes. Se reivindicaba como marca el latin lover.

Tampoco se paseaban los ciudadanos con la gloriosa enseña nacional por la calle con tanta alegría como ahora, salvo grupos de uniforme que pegaban a los que no les siguieran el juego o balbucearan al cantar los himnos que les reclamaran. Eso pasó hace tiempo, pero como todas las desgracias tuvo, curiosamente, un lado positivo: creó una ingente cantidad de ciudadanos, yo entre ellos, que repudiaban el nacionalismo español. Bueno, repudiaban y se acojonaban con él porque aquellos portadores de valores eternos que actuaban en manada pegaban palizas con total impunidad, al abrigo y protección de la Policía Nacional, que sólo aparecía si la cosa se ponía fea y el personal acorralaba a los matones para, paradójicamente, cascar a los agredidos y proteger a los fascistas. Esto no me lo han contado, lo ha visto mi menda varias veces. Durante una época todos los domingos en el Rastro de Madrid.

La consecuencia buena, como decía, fue que la usurpación de los símbolos “nacionales” por parte de la dictadura trajo consigo un antinacionalismo a celebrar. Yo, al menos, estoy muy orgulloso de ser un hijo de aquello.

Nunca me ha gustado cuando viajo a otros países ver a los jóvenes portando la bandera como un elemento ornamental fashion. Me parece un triste signo de alienación. Ocurría, especialmente, en los Países Nórdicos, sobre todo en Suecia, y en los EEUU. A mí, esta exhibición de la bandera, que cada vez se extiende más, siempre me ha parecido que lleva implícita el gen de la xenofobia. Tengo que reconocer que la única bandera que he lucido ha sido la Unión Jack por una cuestión estética: me gustan los mods.

Ahora que nos habían vendido que la bandera constitucionalista era de todos y que había que perder el pudor a pasearse con ella, esta polémica surgida en torno a aquellas palabras de Fernando Trueba, que no es tal sino una reivindicación del “espíritu nacional” digno de otros tiempos, demuestra por su sinrazón y sus formas que el “sentimiento nacional” y “el orgullo español” son chungos. Se le ha dicho de todo en los medios de comunicación afines al Gobierno, y en las redes sociales se le ha insultado de manera desproporcionada y deseado la muerte de diferentes maneras, la más curiosa ahogándose en el Mediterráneo, como los refugiados. Estos españoles “de verdad” le consideran una basura del calibre de los que vienen huyendo de la guerra con sus hijos y mueren por la indiferencia de los países ricos.

Si lo que pretenden es que Trueba recupere el sacrosanto orgullo de ser español, así no creo que lo consigan.

En fin, las opiniones menos viscerales se limitan a esgrimir los argumentos que ya sacó la derecha rancia española cuando el “No a la guerra” en torno a las subvenciones, así como llamando al boicot a la película y, para que luego digan que ese espíritu no lleva implícito el gen de la contradicción, por no decir de la estupidez: un ataque al cine español en su conjunto, con lo que demuestran poco amor por lo patrio.

Por supuesto, para rematar la faena, se despachan con consignas también características de los fachas de todo el mundo: se le invita a marcharse de España. Antes te mandaban a Moscú, ahora, como ya no hay telón de Acero, a las aguas del Mediterráneo.

Con tanto ruido se pierde la perspectiva de lo que ha ocurrido. Fernando Trueba es un artista y como tal tiene todo el derecho del mundo a pensar como le dé la gana, y a decir lo que quiera sin que pase nada. No es un cargo público que representa a todos los españoles, a los que le votan y a los que no, y está obligado a una normas, a mantener unas formas que, por cierto, estos señores del PP se saltan constantemente actuando desde sus cargos como hooligans de partido.

También los ciudadanos tienen derecho a expresar su rechazo ante sus declaraciones, pero creo que es desproporcionado que ante la manifestación de alguien que afirma no “sentirse español”, no tener “sentimiento nacional”, no tener “identidad cultural” y estar en contra de la creación de nuevas fronteras, que es lo que dice, entre otras cosas, en su discurso, tantos se hayan dado por aludidos y de una forma tan violenta y visceral que no hace sino ratificar que esto es sólo un síntoma de que algo grave está pasando. Es evidente que estos señores tan susceptibles no escuchan la radio por las mañanas, ni determinadas tertulias políticas donde en algunas emisoras y cadenas dicen a diario cosas gravísimas de personas con responsabilidades de gobierno, que van a afectar a sus vidas, a las de sus hijos, y que parecen no molestarles o, al menos, no se manifiestan con la vehemencia que lo hacen ante las declaraciones de un cineasta, hace un año, con motivo de la entrega de un premio.

Con respecto al dinero, tema que me atañe, porque a mí me llaman por la calle “millonario”, como si fuera un insulto, personas de apariencia pija, reclaman esos ofendidos patriotas que devuelva lo que ha ganado de los españoles que han pasado por taquilla. Creo que ignoran lo complicado que sería tal cuestión desde el punto de vista administrativo. ¿Debería devolver también lo que ha ganado con sus películas en Tailandia por no sentirse tailandés?

Indignado por esta jauría que no es más que un síntoma del retroceso en un derecho tan fundamental como es el de expresión, el domingo por la noche me fui a ver la película y no sólo entendí parte del origen de la campaña sino que no estoy de acuerdo con esa mayoría de críticas que la ponen a caldo. La película está muy bien. Me gustó mucho y reconozco que es difícil de compaginar lo que cuenta con el espíritu de sus detractores. Es una comedia que encierra un alegato a favor de la libertad, una condena de la dictadura y, sobre todo, una llamada contra la sumisión. ¿Hay una causa más noble?

Recomiendo que vayan a verla, queridos amigos. Entenderán el mundo del que venimos y también aquel al que nos quieren llevar. Y sobre todo la gran injusticia que se ha cometido con la película y su director.

Recuerdo que un profesor de la Universidad del País Vasco comentaba que lo peor de estar amenazado por ETA era que te quedabas solo. Debe ser el instinto de supervivencia el que llevaba a los otros a apartarse de él, o tal vez que no los relacionaran con el amenazado para no correr la misma suerte.

Desde luego es muy difícil que alguien que pretenda sacar adelante un proyecto pueda dar la cara en estas circunstancias por un compañero y eso, precisamente, es lo que se pretende: ¡Qué nadie hable!

Como digo, este estúpido circo que se ha montado en torno a Fernando Trueba no es otra cosa que la victoria moral de la extrema derecha en estos tiempos que corren.

Lo que ha pasado da más sentido todavía a esa película y demuestra que el daño que hicieron aquellos tiempos esta lejos de subsanarse.

Yo estoy con los de la película. Mi único orgullo es que nunca estuve en esa España de los vociferantes abanderados. Ni entonces ni ahora me echaron el lazo.

Al margen de la justicia

31 enero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

 justicia

Publicada 30/11/2016 a las 06:00. Actualizada 29/11/2016 a las 20:06  

Existe un palo flamenco que se llama mirabrás y una de sus letras más conocidas reza: “Y a mí qué me importa que un rey me culpe si el pueblo es grande y me abona. Voz del pueblo voz del cielo”.
Don Antonio Chacón se convirtió en el gran recopilador de letras y cantes y la hizo popular en los tablaos de Madrid en tiempos de Alfonso XIII. Muchos encontraban en esos versos un desafío a las leyes vigentes reivindicando el poder del pueblo como moralmente superior al que ejercían los reyes.

En el afán irredento de alcanzar la impunidad que llevan adelante los que han esquilmado lo público, en una especie de venganza contra esa democracia que les arrebató el poder absoluto del que han disfrutado a lo largo de la historia, el actual ministro de Justicia quiere aportar su granito de arena para que los poderosos vivan al margen de esa entelequia que, como aquella que afirma que “Hacienda somos todos”, reza que “la justicia es igual para todos”. Je, je je.

Con cara de buen chico, de no haber roto un plato, dice barbaridades que sobrepasan la cautela y la prudencia exigibles a alguien que ejerce ese cargo tan delicado y del que depende la credibilidad y calidad del sistema en el que nos ha tocado vivir.

Como en la letra del mirabrás, el ministro de Justicia opina que la responsabilidad política “en nuestro sistema se salda con ocasión de las elecciones… ha habido ocasión para que los ciudadanos emitan su veredicto”. Ese código moral deriva en la impunidad, precisamente la carcoma de la institución que preside el ministro. Esa interpretación del voto como una absolución, hecha por un ministro de Justicia adquiere especial gravedad. La regeneración de esta organización política, el PP, como vemos, no está prevista. Nos quieren hacer creer que las cosas no ocurren, al tiempo que prohíben el consumo de drogas. Nos lo ponen muy difícil. Según su peculiar manera de entender la democracia, alguien puede cometer tropelías, que si los ciudadanos le votan, como en el cante, lo sitúan por encima de la ley y moralmente está legitimado para seguir actuando a su manera. El voto les eleva a un plano superior a cualquier otro código moral, por encima de lo que pueda dictar el sentido común, que tanto gusta a Rajoy; el más elemental sentido de la honradez, que tanto gusta a los ciudadanos que padecen las consecuencias del latrocinio de esta agrupación, o el sentido de la vergüenza del que carecen de una forma tan característica y generalizada que debería ser estudiado por algún aula de psiquiatría. Esta jeta no es común, habría que visitar la sala griega del Museo Británico para encontrar una colección de rostros de tamaña consistencia.

A título personal se expresa en una admiración sorprendente por la figura política de Rita Barberá sentenciando que “cada uno tendrá sobre su conciencia lo que ha hecho y ha dicho de ella, las barbaridades que se le han atribuido sin ninguna prueba y justificación”. Sin duda se trata de una amnesia puntual debida a algún fallo en el riego cerebral lo que le lleva a pronunciar esas palabras, porque de otro modo, si de verdad piensa lo que dice, es decir, que es inocente, debería haber hecho algo para que pudiera demostrar esa inocencia ante los tribunales. Creíamos que lo de nombrarla miembro de la Comisión Permanente del Senado para que no perdiera su aforamiento en el periodo entre dos legislaturas era sólo parte del juego sucio al que con tanta frecuencia recurre este Gobierno y al que no nos queremos acostumbrar, precisamente, para que la Justicia no pudiera actuar en su caso. En aquel momento fue una medida excesivamente profiláctica ya que todavía no estaba siendo investigada, ni imputada, ni se la relacionaba con la operación Taula, por lo que ellos sabían algo que nosotros ignorábamos. Deben de tener a su servicio una pitonisa de gran efectividad o, simplemente, creían lo mismo que el resto de los mortales, que el cerco se estrechaba y que era imposible que todos los que la rodeaban, personas de su máxima confianza, estuvieran haciendo el mal sin que ella, cabeza visible del PP desde siempre, “la mejor” según Rajoy, se enterara de nada. Los que venden la buena gestión nombran a mangantes que ejercen con descaro el choriceo sin que salten las alarmas del que los nombra. En Madrid pasa lo mismo con Esperanza Aguirre y su colección de batracios que saltan del cieno a palacio para que la marquesa que afirma que nadie debe estar más de ocho años viviendo de lo público (¿es o no es una cachonda?) les dé la bendición y los convierta en príncipes, cosa que, dicho sea de paso, sólo pasa en este nauseabundo cuento con el que nos obligan a comulgar. Nadie sabe nada del dinero que desaparece delante de las narices de los responsables de la administración de los fondos públicos. Como tienen fe en el más allá, tienen fe en los cargos que nombran y no sospechan nada. No se les puede criticar por tener fe. La fe mueve montañas y también transfiere fondos allende nuestras fronteras.

El cerco, en efecto, se estrechaba en torno a Rita, y este blindaje molestó a algunos de su camarilla.  Varios miembros de su partido, antaño colaboradores suyos, la señalaron como responsable del tema de blanqueo de dinero, cuando se enteraron de que se iban a comer el marrón en solitario.

Todo tenía un sentido, en tanto actúan como banda, no olvidemos la segunda parte del glorioso SMS de nuestro presidente, la que dice: “Hacemos lo que podemos”. Es decir, ellos, en comandita, en grupo, no es el mensaje del amiguete Mariano para dar ánimo a un colega que lo está pasando mal, sino el de alguien que representa a un grupo que trabaja en algo para intentar solucionar un problema. La cuestión es que Bárcenas ya estaba en manos de los jueces y sólo se podía trabajar presionando a los magistrados, o de otra manera que a mí se me escapa, a no ser que Rajoy hubiera mandado una legión de zapadores para hacer un túnel que procurara la fuga de Luis, al que algunos de los suyos dicen que le llamaban “el Cabrón”, y otros que no, y dicen que hay más, por lo visto, que merecen ese apodo.

La cuestión es que si creemos al ministro cuando una vez fallecida Rita Barberá carga contra los que la critican “sin motivo” porque, a su parecer, es inocente, y a la vez trabaja en comandita con el grupo a través de maniobras torticeras para evitar que pueda demostrarlo ante un tribunal, sólo nos queda pensar que Catalá no confía en la justicia, y eso es peor, porque siendo el ministro del ramo debe saber de qué habla, y si la fallecida exalcaldesa de Valencia, con el ministro de Justicia de su lado, no puede tener un juicio con todas las garantías que exige nuestra Constitución, ¿quién podría tenerlo?

Para rematar la faena, el ministro, preguntado por la financiación ilegal y los pagos en negro, dice: “la corrupción es de personas, no de organizaciones”. ¡Qué más quisiéramos! ¡Ojalá los mensajes y las consignas internas fueran en singular y no en plural!

Adelanta más sustos en su carrera por el blindaje de los suyos. Quiere limitar la acción popular en los juicios y que sea el ministerio fiscal el que lleve a cabo la investigación y que la policía judicial esté a su servicio. La acusación particular es la que ha permitido que se lleven adelante juicios como el de los fondos reservados, NoosBankia, en los que la fiscalía en algunos casos no sólo no veía nada sino que se pronunciaba a favor del acusado con mayor vehemencia que los abogados. Recordemos que es una institución jerárquica que depende del Fiscal General que es nombrado por el gobierno y que en más de una ocasión ha dado la orden de retirar la acusación de casos sorprendentes y, casualmente, siempre a favor de obra. Los fiscales deben acatar la orden de su superior. Eso salvó a Pujol en su día de lo que ahora se le juzga.

Estamos ante un ministro que trabaja por la impunidad de los suyos, y como el resto de sus compañeros, a la hora del fallecimiento de Rita Barberá salió a gritar las consignas que evitaran que su muerte se volviera contra ellos. Uno: era una de los nuestros. Dos: nunca la hemos abandonado. Tres: la expulsamos para protegerla. Cuatro: era inocente porque nunca hizo nada punible. Cinco: dentro de una hora queremos un minuto de silencio, aunque sea saltándose las normas del Congreso. Era una orden de Rajoy y la señora Pastor se limitó a obedecer la voz de su amo.

Todo un paradigma de actuación cuando sólo había pasado una hora del fallecimiento. Gente que sabe sacar tamaño rédito de la muerte de una compañera vilipendiada por los suyos que murió marginada, es difícil de concebir, pero esa frialdad y claridad de pensamiento ante el olor de la sangre, como también vimos tras el 11–M, es de caballo ganador. El mundo es de los crueles y los intransigentes, juegan con ventaja.

Ahora, después del aluvión de propaganda para restituir el honor de la exalcaldesa de Valencia toca fabricar desde las instituciones un sistema en el que ese tipo de política, la de Rita Barberá, sea legítima. Así ahorrarán problemas.

Toca levantar el muro de la impunidad que el ministro Catalá, trabajando para el partido, no para los ciudadanos ni la justicia, está levantando sin licencia y en un terreno en el que no se puede construir pero que, siguiendo su tradición, intentarán privatizar del todo.

Como llamar terroristas a estos seres amorales que condenan a muerte a los servidores públicos sin pruebas ni motivo es muy fuerte, también está acuñado el término que dentro de poco será coloquial para definir a los que denuncian el latrocinio generalizado: Hienas.

Ante la ausencia de ETA ya se han sacado de la manga el nuevo terrorismo: el mediático.

La información mata. Por eso escribo en opinión.

La balanza

17 enero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 08/11/2016 a las 06:00 Actualizada 08/11/2016 a las 10:47  

Una de las cuestiones que más me plantean en las entrevistas, pero también por la calle, es por qué en el programa en el que trabajo se le da tanta caña al PP. La impresión que percibe un sector de la audiencia es que la balanza está muy descompensada.

Cuando te detienes y les comentas que sólo se debe “dar caña” al que comete fechorías, la respuesta es siempre la misma: “Todos las hacen”. Entiende el personal que vive en un estercolero y que aquellos que no son denunciados es porque gozan de la bendición de los medios de comunicación que ocultan sus felonías. Es en ese contexto en el que se entiende que un partido político procesado como tal y que ha tenido, como en el caso de la corporación municipal valenciana, a nueve de sus diez concejales imputados, a los que decidieron no aplicar sus propias normas de control para no desaparecer del Ayuntamiento, no se haya convertido en un partido marginal.

Los votantes extrapolan la corrupción porque les resulta inadmisible creer que “los suyos” son peores que “los otros”, ya que esto les situaría en una posición moral comprometida, y más en el que caso de España, donde la derecha estaba toda unida en un solo partido, situación que ha rendido unos réditos extraordinarios gracias al sistema electoral. La renuncia a votar su opción por una cuestión ética les dejaría sin alternativa ya que, como hemos visto, el crecimiento de Ciudadanos se ha desinflado cuando hicieron la puesta en escena de aquella alianza ficticia con el PSOE. Alianza, aunque no se entendió bien, pero que cumplía una doble función. Por un lado permitía al PSOE excluir a Podemos de cualquier posibilidad de pacto. Por otro, situaba a Ciudadanos más en el centro de lo que lo hacía la ciudadanía, empeñada en que se trataba de la marca blanca del PP, al posicionarse como una fuerza que apostaba por la gobernabilidad sin tener en cuenta la ideología, ese espacio de los que se llaman apolíticos que se empeñan en que no hay derechas ni izquierdas, pero votan a la derecha.

Sin embargo, esa actitud de compadreo con el PSOE, que le ha funcionado a Susana Díaz en Andalucía para quitarse de encima el muerto de tener que pactar con la izquierda, a ellos no les va bien. No fue bien vista cuando se planteó a nivel nacional y llevó a muchos de los votantes de Ciudadanos a volver a la casa matriz, a la nave nodriza en las siguientes elecciones en las que el PP recuperó parte de lo perdido. Aquellos que apostaban por Ciudadanos para que este partido entregara su voto al PP, con lo que salvaban los escrúpulos de votar a políticos corruptos a sabiendas, al tiempo que se escogía la opción deseada, se sintieron engañados ante la posibilidad de que gobernara Pedro Sánchez. Se trataba de un voto en diferido que, al plantear la posibilidad de dar el gobierno al enemigo, se revirtió, como no podía ser de otra manera.

Así llegamos a esta disposición en la que el PP quiere recuperar su integridad, lavar su imagen, sin renunciar a sus privilegios, sin dejar de hacer de las suyas, porque esta gente no se dedica a la política por vocación de servicio, no está en su naturaleza servir, para eso tienen a los subalternos, a los empleados, a las chachas. Ven en la administración de lo público “una oportunidad de negocio”, que es el eslogan que utilizaron en la Comunidad de Madrid en los cursos de captación de inversores cuando organizaban la privatización de la sanidad pública. El mismo eslogan de Jeb Bush en su recorrido europeo para reclutar aliados de cara a la guerra de Irak. Decía que había mucha pasta para los vencedores de aquella guerra. Motivo suficiente para masacrar a una población de millones de habitantes, por lo visto.

Estos transeúntes que me abordan para decirme que dé caña a los demás, lo que me están pidiendo es que compense el deterioro que las acciones delictivas de sus líderes provoca en sus formaciones, me piden que hunda también la reputación de los rivales. Con o sin razón para ello, y esta forma de sentir se refleja en los medios de comunicación, que son el mejor termómetro de la calidad del sistema.

Recuerdo que al día siguiente de la crisis del PSOE, con la consecuente defenestración de Pedro Sánchez y la constitución de la gestora, todos los diarios de papel en los kioscos festejaban en sus portadas los hechos y bendecían la nueva situación, así como la decisión de los nuevos dirigentes del partido de abstenerse en la votación de investidura. Ni una sola opinión editorial adversa a pesar de que, por lo visto, tanto la militancia del partido como la mayoría de los votantes estaban en contra de esa decisión. Algo huele a podrido en Dinamarca. Fue cuando nos contaron que el PSOE no estaba por la democracia directa sino por la participativa, razón por la que habían decidido tomar una decisión tan importante sin consultar a nadie. Algo se había quebrado en nuestra democracia. Se volvía a la aristocracia y por primera vez existía una opinión única de todos los diarios en torno a un tema controvertido como pocos.

En este nuevo orden informativo en el que andamos inmersos, esta semana hemos vivido un tsunami informativo en torno a la venta del piso de Espinar. El hecho no parecía tener mucho recorrido. Había comprado un piso de protección oficial y luego lo había vendido sin llegar a ocuparlo al precio que marcaba la ley obteniendo un beneficio. Todos coincidían en que la operación era legal, pero remarcaban la cuestión de la responsabilidad política recuperando declaraciones de propio Espinar en el sentido de que estas viviendas no se hacían para especular, así como fotos de su asistencia a manifestaciones a favor del derecho a la vivienda. Se obviaba una pequeña cuestión que ha asolado a los miembros de esta formación, cuando los hechos sucedieron no pertenecía a un partido que ni siquiera existía. También Zapata está siendo juzgado esta misma mañana de lunes, a pesar de que el caso ha sido archivado en cuatro ocasiones parece no terminar nunca, por unos hechos que carecen de relevancia y también ocurrieron cuando no se dedicaba a la actividad pública. El pasado también ha perseguido a Rita Maestre y a otros miembros de la formación. “Ya que han decidido no delinquir saquemos la mierda del pasado”. Esa parece ser la consigna.

A pesar de la escasa relevancia que para los ciudadanos tiene la venta del piso que llevó a cabo Espinar, durante la semana pasada llenó la prensa de artículos, en algún diario ocupó la portada y la contraportada, monopolizó las tertulias televisivas, las de radio, fue motivo de artículos editoriales y abrió informativos televisivos. Se podría estudiar en las universidades como ejemplo de algo que se convierte en importante por el tratamiento masivo que le dan los medios informativos que impiden que alguien se pare a considerar de qué se está hablando.

La onda que se emite se suma a la que viene de vuelta y entra en resonancia creándose la tormenta perfecta que convierte en indefendible una fechoría inexistente.

En el colmo de los disparates, cuando se hace crítica a esta eclosión informativa desde miembros de Podemos se les acusa de intentar matar al mensajero y concretamente a Pablo Iglesias: “De arremeter contra los medios que no controla”. La pregunta que cabe hacerse es: “¿Cuáles son los medios que controla?”. Es evidente que esta ha sido la prueba de afinidad de que tal y como vaticinaba Manuela Carmena, declaración por la que fue vapuleada, “tienen a todos los medios en contra”. Tal vez fuera una expresión exagerada, hay algunos medios que parecen no estar en contra, pero desde luego no conozco ninguno que esté a favor y, mucho menos, que controle dicha formación. LaSexta, cadena en la que trabajo y que es la que dicen que, a su vez, trabaja para ellos, desde luego que no. Eso sí, hay muchas opiniones a favor de que se les vete en esa cadena, como la de Alfonso Guerra que se echa las manos a la cabeza porque en algunos programas: “les dan un micrófono”. Ya le digo yo que no, que luego lo tienen que devolver, pero ignoran al afirmar tales cosas que estos perroflautas forman la tercera fuerza política del Parlamento.

Destaca infoLibre, diario digital que muchos de ustedes conocen, que, durante el mandato de Ana Botellase regalaron trece propiedades de tapadillo, sin pasar por caja y por un valor de 300.000 euros al fondo buitre Blackstone, que se hizo no con un piso, sino con 1.860 a precio de saldo. Esa vez no hubo especulación sino desalojos, que es mucho menos grave para esos medios de comunicación prosistema. Es una pena que en su día, cuando los afectados que vivían en esos pisos a los que se les hurtó su derecho preferente a la compra, y se encontraron con que sus nuevos arrendatarios eran esos fondos buitres que les subieron, contra lo prometido por el Ayuntamiento, la renta mensual, estos medios tan preocupados por el destino de la vivienda social hicieran oídos sordos a sus desesperadas denuncias. Sus demandas no fueron tratadas como la venta de Espinar. Esas acciones delictivas que causan quebranto a la población y a las arcas públicas en beneficio de las empresas de los amigos entran dentro de la lógica. Han venido a por la pasta y obran en consecuencia. Tampoco tuvo excesivo eco en esos medios cuando se descubrió que nuestra flamante ministra de Defensa gastó nada más y nada menos que cien millones de euros de un crédito concedido para la construcción de un hospital en Toledo en otros menesteres más urgentes como, por ejemplo, publicidad, cuando faltaba un mes para las elecciones. Cien millones, nada menos, que se volatilizaron y ni un céntimo fue destinado al fin para el que se concedió el crédito que ahora hay que pagar. Estas cosas, entienden estos informadores, no interesan a los españoles. Una pena.

Para que nos entendamos, lo que destacan los medios de forma masiva es la falta de moralidad en la acción de Espinar, eso es lo que les preocupa, la salvación de su alma.

Después del crimen de Espinar los votantes del PP pueden seguir apoyando a su partido sin taparse la nariz al introducir su voto en la urna porque “la balanza está compensada”. Todos, los nuevos y los viejos, son iguales: corruptos. Ahora sí, los votantes del partido del Gobierno festejarán sin complejos su victoria.

Mientras, los que se lucran del expolio de lo público podrán brindar con sus compinches, porque tienen quien les lava la cara y les peina todas las mañanitas, y mirarán a la patria con la vista puesta en un futuro mejor, con la satisfacción del trabajo bien hecho que, citando a Pablo Guerrero, “como un licor suavísimo les llena de contento”.

Tiempo de fariseos

29 diciembre, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 25/10/2016 a las 06:00Actualizada 24/10/2016 a las 18:22  

Mientras que el PSOE copa las portadas por aquello que ha hecho, a Podemos se las dan por aquello que no ha hecho.

Es un pequeño matiz que define la baja calidad informativa que disfrutamos, consecuencia del pequeño resquicio de democracia que nos otorgan los poderes fácticos a los que servimos. No los partidos a los que votamos. Como muy bien se encargan de recordarnos los líderes del PSOE cuando tienen que deshacer sus propias decisiones tomadas democráticamente, sirviendo a los intereses de terceros, no estamos en una democracia directa sino representativa. Lo que se vote es intrascendente, ya será interpretado por quien corresponda. Uno puede votar al PSOE para que gobierne el PP. A esta estafa también la llaman democracia y dicen que se arregla con pedagogía: es ahí donde entran los medios de comunicación.

Hablan de división interna, de críticos, de comités, de renovaciones internas, de la militancia, de la disidencia, de la disciplina, pero nadie habla de su único capital, sus votos. Sin los votos no serían nada. Y han demostrado ser tramposos, no tener palabra. Sólo dicen la verdad cuando afirman que unas terceras elecciones serían nefastas para ellos. Claro que sí. Sería muy difícil que a estas alturas alguien se creyera que concurren a las elecciones generales para arrebatar el Gobierno al PP ya que la mayoría absoluta les queda lejos y no están dispuestos a aliarse con otros, porque no quieren o, lo que es más triste, no les dejan. Alguien se imagina el resultado si dijeran la verdad: que se abstendrían en una sesión de investidura y que no pactarían con Podemos ni admitirían la abstención de los nacionalistas. Tal vez quedarían convertidos en un grupo residual porque el votante lo que desea es que su elección sea efectiva, o sea, ganar o, en su defecto, que el voto represente su manera de sentir, su ideología. Algo que sigue siendo importante para muchos ciudadanos porque, aunque estos señores sacerdotes de la democracia representativa no lo crean, en este país todavía queda gente honrada.

Resulta que no era Ciudadanos sino el PSOE la opción del ÍBEX 35 para que el cambio que ansiaba la mayoría de la población –que sacó muchos más votos que la opción que nos va a gobernar, digan lo que digan los medios de comunicación todavía sabemos sumar– no sucediera. Ciudadanos era el señuelo, la maniobra de despiste. Ahora se entiende la incomprensible exclusividad que el PSOE otorgó a Ciudadanos a la hora de negociar. Nadie entendió aquel flechazo. Para justificar esa intransigencia previamente había que demonizar, criminalizar al socio con el que sus propios votantes les empujaban a pactar: Podemos.

Ahí entraron los medios de comunicación en tromba. Recuerdo cuando Manuela Carmena dijo que era muy difícil gobernar cuando no se tiene a ningún medio de comunicación de tu lado y salieron indignados calificando esas palabras como dignas de un líder de dictadura bolivariana –que, por cierto, no hay ninguna–, defendiendo su independencia y proclamando que los medios de comunicación no están del lado de nadie. ¡Manda huevos!

Y sí, pudo haber desaciertos en las formas, pero eso no es lo importante, a no ser que se anden buscando excusas. También el PP ha dicho una y otra vez que el PSOE está del lado de ETA y pisotea la memoria de las víctimas sin que esto sea un inconveniente para ponerles al frente del Gobierno. Con un pequeño matiz: esto es falso, lo del terrorismo de Estado, por desgracia, no, y varios cargos, incluidos el ministro de Interior y el secretario de Estado para la Seguridad, fueron condenados por ello. Barrionuevo, Vera y Sancristóbal, a diez años de cárcel; Francisco Álvarez, Miguel Planchuelo y José Amedo, a nueve años y seis meses; Ricardo García Damborenea a siete años. También fueron condenados cinco policías más. Claro que sacar esto no viene a cuento a la hora de hacer amigos, pero no debe servir de excusa para evitar sentarse a hablar. Los excesos verbales de los dirigentes pueden ser un inconveniente, pero nunca una imposibilidad. Los votantes trabajan todos los días y esperan soluciones y que dejen de hurtarles derechos y servicios que les pertenecen.

Para justificar la continuidad del Gobierno del PP había que criminalizar a través de los medios de comunicación al que todos creíamos que sería el socio de Gobierno del PSOE, la formación Unidos Podemos y sus confluencias, que ya gobernaban juntos en ayuntamientos y comunidades autónomas.

La constatación del ejercicio de manipulación en el que se ha convertido la información es una muestra más de la abolición progresiva de derechos fundamentales sin los que el sistema democrático carece de sentido.

La maniobra es sencilla y burda.

Se pide a los movimientos que nacen de la indignación de los ciudadanos ante la inoperancia de los que ostentan el monopolio de la acción política que se alternan en el poder, y que dicen representarles, que se integren en la democracia formal y dejen de convocar algaradas y concentraciones en calles y plazas, que expongan sus posturas en el marco de la política parlamentaria para que sus demandas sean efectivas y se demuestre cuál es su fuerza real. Se les pide que luchen con las mismas herramientas que el resto de los partidos políticos y que dejen de atribuirse la exclusiva representación de la voz del pueblo. Aceptado el reto, contra viento y marea, sin financiación ilegal, sin soporte económico de las grandes corporaciones y la banca –que tanto ha apoyado a los partidos tradicionales para tenerles cercados, domesticados, a su servicio, convirtiéndoles en rehenes gracias a unas deudas descomunales que siempre quedan pendientes de cobro–, esas fuerzas emergentes que brotan del descontento, la humillación, la rabia y la explotación logran un éxito espectacular, impensable en nuestra depauperada democracia aunque lo cuenten de otra manera y por reiteración les coloquen el sambenito de “vieja política” sin llegar a estrenarse. Mala opinión tienen de sí mismas estas fuerzas tradicionales si a lo que de malo ven en las nuevas formaciones lo tachan de “vieja política”, de reflejo de lo que ellos ya son.

Una vez aceptado el reto y conseguido el objetivo de formar parte del llamado arco parlamentario se procede a su exterminio por la vía de la criminalización. Convertidos en malhechores, en elementos antisistema prototerroristas, su aportación a la gobernanza del país queda automáticamente descartadaen tanto constituyen el principal enemigo de la democracia y la libertad: “Son autoritarios”. Por activa y por pasiva los diferentes portavoces de la “gestora” lo afirman de forma categórica: es imposible una alianza con ellos. Sólo queda la abstención.

La reciente protesta de un grupo de estudiantes en la Universidad Autónoma de Madrid que impidió dar una charla a Felipe González y a Juan Luis Cebrián, actos que se han producido en numerosas ocasiones a lo largo de estos años, se ha convertido en un número circense mediático que no debió ocupar más que un espacio razonable, proporcional a la trascendencia de los hechos. Sin embargo, ha copado durante varios días portadas, informativos televisivos y de radio, editoriales, debates y artículos de opinión, y todo ello con un solo fin: criminalizar a Podemos.

La opinión mediática ha sido unánime: los estudiantes que boicotearon la charla de Cebrián y González en la Universidad Autónoma de Madrid son “fascistas”. Ya no son energúmenos, ni exaltados, ni radicales, como en las anteriores ocasiones, ahora son fascistas. A las portadas de la prensa de la derecha tradicional que van por libre se suma con una vehemencia inusitada su nueva incorporación, el diario El País, ya que su presidente era uno de los dos ponentes. Todos coinciden en mayor o menor grado en que detrás de las protestas está Podemos así que ya saben, dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Ya tenemos la consigna a seguir: Podemos representa al nuevo fascismo.

A estas acusaciones se suman destacados líderes del PSOE señalando sin recato a Podemos como instigador y responsable de los hechos, olvidando cuando se indignaban porque el PP insinuaba, sin llegar a pronunciarse de manera tan directa e indigna a como hacen ellos ahora, que los socialistas pudieran estar tras las protestas que sufrió en su día Aznar. Ahora PP y PSOE forman parte de un mismo coro. Tienen un enemigo común.

Nunca se ha dado tanta importancia a este tipo de acciones. Es más, como consecuencia de la represión policial a los actos de protesta que se montaron con motivo de la presencia de Aznar en la Universidad Autónoma de Barcelona, el mismo presidente del Gobierno fue declarado persona non grata por esa universidad. También su delegada el Gobierno Julia García Valdecasas y la propia policía nacional. Era el año 1999. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Criminalizar al rival. Con eso queda justificada la supuesta gobernabilidad de España y la abstención. Esta debe ser la “mucha pedagogía” a la que hacían referencia los miembros de la gestora cuando decían que los españoles entenderían su abstención para facilitar el gobierno de Rajoy.

Antes, estas acciones llevadas a cabo por un grupo de jóvenes universitarios no tenían mayor recorrido. Ahora sí. Son de una trascendencia capital. A los carteles del acercamiento de presos se les llama pancartas pro-ETA. A las alusiones al terrorismo de Estado, difamaciones. A los tumultos, violentas agresiones de las que, por cierto, nadie salió herido.

El PSOE se ha encargado de inhibir los millones de votos que pedían el cambio.

El lunes el PP celebraba alborozado una victoria que no le dieron las urnas, que se manifestaron en sentido contrario. Dicen que la abstención no es apoyo, pero no dicen lo que es: una estafa. Ni quito ni pongo rey…

Toca la hora de la pedagogía con la que los que se llaman socialistas deben explicar al personal las cosas de la “alta política”, es decir, convencer a la gente de que no son recaudadores de votos de la derecha aunque el efecto sea el mismo.

Toca pedagogía y a los líderes de Podemos buscarse un abogado, como a los 300 sindicalistas pendientes de juicio para los que piden cárcel: Fernández Díaz, con la abstención del PSOE, sigue de ministro al frente de su policía política.

¡Y la gente votó mayoritariamente cambio!