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Bolcheviques en el poder

25 abril, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

La revolución rusa de 1917, que este año cumple un siglo, culminó con la llegada de Lenin y su partido al liderazgo de un imperio en transformación.

Revolución de octubre
Lenin, en el centro, en un desfile en la plaza roja de Moscú el 25 de mayo de 1919. HERITAGE/GETTY

Durante el verano de 1917, la confianza en que “la Gran Revolución Rusa” uniría a los ciudadanos había dado paso a la división. Bajo ataques desde la derecha y la izquierda, los Gobiernos de Lvov y Kerensky se enfrentaron al desplome de las ilusiones sobre la capacidad del pueblo para fortalecer su concepto de democracia y ciudadanía Cuando se comprobó que las masas no lo apoyaban, esos Gobiernos recurrieron cada vez más a la fuerza del Estado como única forma de persuasión.

Las diferencias se hicieron irreconciliables. El lenguaje de clases, de revolución social y no sólo de reforma política se impuso a los otros lenguajes (liberal, democrático, constitucionalista) que compitieron en ese escenario de crisis de autoridad. Lo que había comenzado en febrero con un motín en la guarnición militar de Petrogrado, se había convertido tan solo ocho meses después en una violenta y radical revolución social, extendida al campo, a las fábricas, al frente y a los pueblos no rusos del imperio. A esa rebelión le faltaba que alguien supiera llenar el vacío de poder que estaban dejando el fracaso y la soledad del Gobierno de Kerensky tras el golpe frustrado del general Kornilov. El camino estaba despejado para un partido revolucionario y contrario a la guerra. Y ahí aparecieron los bolcheviques. Y Lenin.

La Revolución de Octubre de 1917 fue uno de los principales acontecimientos del siglo XX y los historiadores han mostrado en torno a él diferentes interpretaciones. Las investigaciones más recientes de Christopher Read, S. A. Smith, Peter Holquist o Rex A. Wade superan las clásicas disputas entre la propaganda soviética y la antimarxista y subrayan la importancia del eslogan “Todo el poder para los sóviets” y de cómo el apoyo popular a esas instituciones surgidas desde abajo allanó el camino a la conquista del poder por los bolcheviques.

Bolcheviques en el poder

El Gobierno provisional careció de legitimidad desde el principio. Desde el verano, estuvo atrapado por una serie de crisis en cadena: en el frente, en el campo, en las industrias y en la periferia no rusa. Pocos Gobiernos podrían haber hecho frente a todo eso, y menos sin un ejército en el que confiar. El apoyo de trabajadores, soldados y campesinos a los sóviets, la institución dedicada a promover la revolución social, se combinó con la decisión fatal de los Gobiernos provisionales de continuar la guerra. Y el fiasco del golpe de Kornilov en agosto de 1917 ya había mostrado que la derecha estaba todavía desorganizada y la contrarrevolución no tenía en ese momento posibilidades de vencer.

Con visional y los dirigentes del sóviet mostraban su incapacidad para solucionar los problemas, los bolcheviques se convirtieron en la alternativa política para los desi­lusionados y para quienes buscaban un nuevo liderazgo. Como no tenían responsabilidad política, recogieron los frutos de la división y declive de los otros dos partidos socialistas, los mencheviques y los socialrevolucionarios. Su rechazo al Gobierno provisional les dio, a los bolcheviques en general y a Lenin en particular, lo que el menchevique Nikolai N. Sukhanov (1882-1949) llamó en sus memorias una posición “comodín”, por la que podían representar y adaptarse a cualquier cosa.

Los vientos de cambio que soplaban desde el verano, impulsados por las críticas a las autoridades y las alabanzas a los sóviets, comenzaron a plasmarse desde finales de agosto en poder institucional. Bolcheviques, socialrevolucionarios de izquierda y mencheviques internacionalistas tomaron el control de los diferentes sóviets de distrito de Petrogrado, de los sindicatos y comités de fábricas, y de comités de soldados y campesinos en algunas provincias. El 25 de septiembre, el sóviet de Petrogrado, el principal bastión de poder desde la revolución de febrero, eligió una nueva dirección de izquierda radical, y León Trotski, que había salido de la cárcel el 4 de septiembre y que acababa de ingresar en el partido bolchevique, se convirtió en su presidente, sustituyendo al menchevique Chjeidze. Al mismo tiempo, los bolcheviques asumieron el control del sóviet de Delegados Obreros de Moscú.

Con tantos poderes en sus manos, podían reivindicar que hablaban y actuaban en nombre de la “democracia del sóviet”. Ese control del sóviet de Petrogrado y de otros en las provincias es lo que permitió la Revolución de Octubre, y sin ese proceso de conquista del poder en las semanas anteriores, sería difícil imaginarla. La Revolución de Octubre comenzó como una defensa de la idea del poder de los sóviets, posibilitada por una crisis profunda del Gobierno de Kerensky.

Puede ser que “octubre” fuera un “golpe” en la capital, señala Allan K. Wildman, “pero en el frente fue una revolución”. Los soldados no sólo no quisieron echar abajo a ese incipiente poder bolchevique, sino que frustraron los esfuerzos desesperados de Kerensky y del anterior “defensista” comité ejecutivo del sóviet de Petrogrado “para trastocar la victoria bolchevique, trasladando tropas desde el frente”. La participación de marinos de la flota del Báltico, que ya habían tenido una influencia notable en 1905 y en febrero y julio de 1917, fue también muy visible en octubre. El golpe de Kornilov había destruido allí la escasa autoridad que les quedaba a los oficiales.

La apuesta bolchevique había logrado su objetivo primordial, sin apenas resistencia. Petrogrado parecía seguro, pero, pese a su importancia como centro de poder político y de comunicaciones, era sólo una ciudad. Había que comprobar qué pasaría más allá de la capital, en el frente, en las otras ciudades y provincias y en la periferia del vasto imperio ruso. Y ver cómo responderían los trabajadores y los campesinos al nuevo poder; y todos los otros socialistas de izquierda que habían quedado fuera del Gobierno bolchevique.

A comienzos de noviembre, los bolcheviques tenían el control de las principales ciudades de la región industrial del centro, norte y este de Moscú, en los Urales, en las partes más cercanas del frente y entre los marinos de la flota del Báltico. Derrotados sus adversarios militares por el momento, asegurados los principales centros de poder, Lenin y los bolcheviques pudieron dedicarse a temas apremiantes: conseguir la paz, atender a las reformas radicales que había reclamado desde abajo el movimiento de los sóviets y reorganizar el poder, presionados por los socialrevolucionarios, para que ampliaran su Gobierno y convocaran la Asamblea Constituyente, algo que los anteriores Gobiernos provisionales habían aplazado una y otra vez hasta que finalizara la guerra.

Fragmento de ‘La venganza de los siervos’ (Crítica), de Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, que se publica esta semana.

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España figura a la cabeza de la UE en privatización de la escuela

19 mayo, 2015

Fuente: http://www.elpais.com

ELSA GARCÍA DE BLAS Madrid 2 JUN 2014 – 00:02
privado
Aula de un colegio privado de Irún, en una imagen de archivo. / JESÚS URIARTE

Hay un debate que no ha centrado la campaña de las elecciones del 25-M y que influye, sin embargo, en el tipo de educación que reciben los jóvenes europeos: ¿en manos de quién está la enseñanza? En la respuesta a esa pregunta, España se aparta de sus colegas de la UE. Es el segundo país con más alumnos en aulas concertadas (privadas subvencionadas) o completamente privadas, solo tras Bélgica, y se sitúa hasta 22 puntos por encima de la media —en el caso de primaria— en el porcentaje de estudiantes que se educan en centros bajo una gestión o capital privados. La privatización, aunque minoritaria en Europa salvo excepciones, como España, ha avanzado en la última década, y un temor inquieta a los sindicatos europeos: la educación, alertan, puede no quedar excluida del futuro Tratado de Libre Comercio entre la UE y Estados Unidos, que se negocia con poca publicidad. La Confederación Europea de Sindicatos (ETUC, por sus siglas en inglés) reclama la “salvaguarda” de la educación de esos “intentos liberalizadores”. Les preocupa que se abra (más) la mano al negocio con el servicio público. A otros no les parece una mala idea.

Fuente: OCDE. / EL PAÍS
Un 32% de los alumnos españoles de primaria aprenden en la escuela concertada o privada (un 68% en la pública), un porcentaje que baja ligeramente en secundaria, bachillerato y FP (ver gráfico), según los últimos datos de la OCDE, de 2011. La controversia sobre el modelo educativo ha vuelto a ponerse encima de la mesa en España, después de que el Gobierno de la Comunidad de Madrid, del PP, impusiera en abril en dos municipios (Parla y Rivas) los primeros colegios concertados religiosos, pese a la oposición de sus Ayuntamientos, en manos del PSOE e IU, respectivamente.

Lo cierto es que, en la media de los países europeos, los escolares cursan primaria muy mayoritariamente en la enseñanza pública (un 90%, frente a un 10% en las otras opciones) al igual que en secundaria. Bélgica y España se desmarcan de esa tendencia, junto con Holanda, que también ha tenido una fuerte tradición histórica de educación privada concertada.La OCDE precisa que sus datos sobre este país están en desarrollo y hay que remontarse a 2004 para encontrar una estadística de Eurostat que sitúa el peso de la concertada en algo más del 70%. En la no obligatoria, a partir de bachillerato, la proporción de privada en la media de la UE resulta algo mayor (17%), pero, en todo caso, los estudiantes en aulas públicas no bajan del 80%. ¿Por qué España es diferente?

Los resultados de Suecia en PISA han caído tras el cambio de modelo
“En los años ochenta, el régimen de conciertos se entiende como una apuesta por la universalización de la educación, porque no había oferta suficiente. Muchos pensaron que era algo coyuntural, pero con el paso de los años tanto los Gobiernos del PP como del PSOE han seguido apostando por este modelo”, apunta Antonio Olmedo, profesor de Política Educativa de la Universidad de Roehampton (Londres) y del Instituto de Educación londinense.

El Ejecutivo socialista reguló entonces los conciertos para ordenar las subvenciones que desde los sesenta venía recibiendo la Iglesia para crear colegios. La libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos, recogida en la Constitución, ha sido, por otro lado, esgrimida siempre por los conservadores para defender a las escuelas católicas.

La Iglesia ha estado históricamente detrás de la educación concertada y privada de España —también en el caso de Bélgica, donde la fuerte influencia eclesial y el apoyo de las fuerzas políticas liberales a la educación privada explican su tradicional apuesta por este modelo—, pero hace algunos años grandes fondos de inversión han entrado a aprovechar parte del pastel. “Como Dinamia, con más de 5.000 alumnos en sus colegios Laude”, señala Olmedo, quien también cita a Cognita, “el mayor grupo británico de educación privada, que tiene el respaldo de la familia propietaria de la cadena de ropa C&A”.

“Los sistemas segregadores sacan peores resultados”, opina un experto
La sociedad de capital riesgo Dinamia, la primera española cotizada en Bolsa, explica en su web las oportunidades de negocio que ofrece la educación española: “Existe una creciente demanda de centros privados debido a la preocupación por la educación, que está llevando a las familias con rentas medias-altas a buscar una mayor calidad para sus hijos”. Entre sus negocios está también el grupo de perfumería Bodybell o la empresa de aparcamientos Eysa.

“Nosotros no estamos en contra de la concertada o la privada, pero sí de que se privatice lo público para beneficiar a algunos”, arguye Sergio Gutiérrez, eurodiputado socialista. El PP no ha atendido a este periódico por problemas de agenda de sus europarlamentarios, pero los Cuadernos de Pensamiento Político de la fundación FAES, su laboratorio de ideas, defienden las alternativas a la pública. “Los centros de iniciativa privada han demostrado tener más demanda que los centros públicos, son más baratos para el contribuyente y en promedio ofrecen una mejor calidad de la enseñanza”, dice uno de sus artículos.

La educación ofrece oportunidades de negocio y la privatización avanza, aunque de forma moderada, tanto en España como en el resto de Europa. “En el año 2000, el 7,9% de los recursos de la educación procedía de la financiación privada en la media de la UE. En 2011, el porcentaje se eleva al 10,7%. En España, en el mismo periodo se ha pasado de 12,6% de financiación privada a un 14,6%”, explica Jorge Calero, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona. “No podemos decir que haya una ola general privatizadora en Europa, pero en algunos países sí hay una ofensiva en ese sentido, como en Reino Unido y Suecia”, apostilla este experto.

Grandes fondos de inversión entran en el negocio de la enseñanza
De los dos casos citados por este catedrático, el de Suecia resulta especialmente llamativo. La privatización de la escuela monopoliza el debate político de cara a las elecciones generales del próximo septiembre. “Es la conversación favorita de los profesores a la hora del café, sobre todo por cómo ha bajado el nivel de los estudiantes que llegan a la universidad, especialmente en matemáticas”, confiesa el profesor de Pedagogía de la Universidad sueca de Boras Ramón Garrote.

Un Gobierno liberal conservador introdujo en los noventa las escuelas privadas financiadas con dinero público. En la última década, el país nórdico ha pasado de tener solo un 2,6% de alumnos en educación concertada en bachillerato a un 17%. Y la evolución de los resultados de Suecia en PISA resulta significativa: el batacazo ha sido considerable. En 2000, Suecia obtenía resultados en matemáticas, lectura y ciencias por encima de la media de la OCDE (y de España). En el último examen internacional, el de 2012, ha perdido 34 puntos en matemáticas, 27 puntos en ciencias y 23 en lectura, de forma que el país nórdico ha pasado a quedar por debajo de la media en todas las disciplinas, e incluso de España, que le ha sacado ocho puntos en matemáticas, 11 en ciencias y cinco en lectura.

El 10,7% de los recursos en el sector en Europa son privados
“No creo que la privatización esté relacionada con los resultados de Suecia en PISA”, asegura Ulf P. Lundgren, exdirector de la Agencia Nacional de Educación sueca. A la hora de evaluar la reforma que permitió la gestión privada de los colegios, Lundgren no obvia, sin embargo, que “han aumentado las diferencias entre las escuelas”, que “los centros independientes tienen profesores peor formados que los del sistema público” , y que hay “casos en los que el propietario ha hecho fortuna con los impuestos de los ciudadanos y otros en los que los colegios han tenido problemas financieros y han cerrado, provocando una pérdida de un año de estudio a los alumnos”, según explica por escrito a EL PAÍS. La quiebra de los colegios John Bauer, de gestión privada, que dejó en la calle a casi 3.000 alumnos (fueron recolocados), ha impactado a la sociedad sueca.

La profesora emérita de la Universidad de Uppsala Ulla Riis sí relaciona ambos fenómenos. “Los alumnos con mejor nivel sociocultural han ido a las escuelas concertadas, y los de peor estatus a las públicas”, explica. “Eso ha provocado la pérdida del llamado efecto del compañero de pupitre, según el cual se ha estudiado que los alumnos de mejor rendimiento académico ayudan a mejorar los resultados de todo el grupo, y las expectativas de padres y tutores sobre el grupo también motivan que todos eleven su rendimiento”, abunda. Si los buenos se concentran en unas escuelas determinadas, donde no están nadie tira de los de peores resultados.

“La segregación educativa y cultural es un efecto clásico de estos sistemas”, destaca Olmedo. “En general, los sistemas segregadores obtienen peores resultados que los generales. Suele aumentar el rendimiento de una parte de la sociedad, pero no del conjunto”, explica. “Y ahí entra la apuesta política. ¿Quién nos interesa que obtenga buenos resultados?”, se pregunta.

El 10% más rico de España se libra de los efectos de la crisis, según la OCDE

18 junio, 2014

Fuente: diario EL PAÍS

La población más pudiente apenas sufre la caída de ingresos entre 2007 y 2010

Uno de cada 10 sufre un recorte de casi el 15% anual, la mayor brecha entre los desarrollados

El organismo advierte de que mejorar las prestaciones debe ser “la prioridad absoluta”

Dos personas con bolsas de marcas de lujo, en Madrid. / LUIS SEVILLANO

Los organismos internacionales prestan cada vez más atención a la creciente brecha entre los ricos y los pobres y en cada uno de los indicadores España queda retratada para mal. La OCDE, que une a las economías más desarrolladas, señaló hoy que es el país donde mayor es la diferencia entre cómo le afectó la primera parte de la crisis al 10% más rico de la población y cómo la ha sufrido el 10% más vulnerable. En resumen, la economía en la que más se ha abierto la brecha. Ese 10% en la cima apenas vio bajar sus ingresos un 1% anual entre 2007 y 2010, mientras que el 10% más pobre los vio caer un 14%, lo que supone haber perdido prácticamente un tercio de sus rentas.

Fuente: OCDE. / EL PAÍS

Si la semana pasada un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) revelaba que España era el país de la UE en la que más se había agrandado la brecha social como consecuencia de la crisis, hoy fue la OCDE la que ha vuelto a poner a la cuarta economía de la zona euro ante su desequilibrado espejo. El informe Panorama de la Sociedad 2014 que la OCDE publicó apunta que de los 33 países de los que hay información disponible, en 21 de ellos al 10% más rico las cosas le han ido mejor que al 10% más pobre, un patrón “particularmente fuerte en donde los ingresos familiares bajaron más”, según el estudio, que destaca a España e Italia.

Pero la brecha de los españoles es muy superior a la de los italianos, segundos en esta lista de disparidad, pues en su caso el decil más pudiente experimenta la misma leve contracción, pero el recorte anual del decil más pobre es del 4%, frente al 14% de los españoles.

El informe de la OCDE es demoledor. Para el organismo, “las ayudas públicas no están orientadas hacia los más afectados por la crisis”, ya que “la parte del gasto social destinada a familias relativamente acomodadas es superior a la de la mayoría de los otros países de la UE”.

En España en 2010 los ingresos medios del decil más rico fueron 13 veces más altos que los ingresos medios del decil más pobre, mientras que la media de la OCDE de 9,4 veces. Llama la atención del comportamiento completamente opuesto de países como Islandia, donde el decil más rico perdió alrededor de un 12% anual y el decil más pobre un 8%. Entre 2008 y 2012, los ingresos de los hogares españoles se contrajeron en 2.600 euros por persona, lo que supone unos de los descensos “más fuertes de los países de la eurozona”. Además, llama la atención sobre el hecho de que teniendo una tasa de desempleo dos veces y media más elevada de la media de la UE, el gasto en prestaciones de personas activas apenas está sobre esa misma media.

“Los ancianos y los beneficiarios de pensiones han estado mejor protegidos. La tasa de pobreza relativa entre las personas mayores bajó en 8 puntos porcentuales, a un 12%. En cambio, la tasa de pobreza infantil subió en 3 puntos porcentuales a 21% (la media de la OCDE es de 13%) y la tasa de pobreza entre los jóvenes registró un salto de cinco puntos”, agrega.

El organismo que dirige Ángel Gurría es muy contundente al advertir al Gobierno: “La prioridad absoluta es dar ayuda a los grupos más desfavorecidos. Las prestaciones asistenciales para los desempleados de larga duración y para las familias de trabajadores pobres deben ser fortalecidas urgentemente. Esto no sólo requiere modificaciones legislativas, sino también los recursos presupuestarios adecuados y la capacidad administrativa que garantice que todos los demandantes elegibles recibirán ayuda en el momento oportuno”.

La OCDE se suma a otras voces en Bruselas y el FMI que piden que se amplíe la base recaudatoria del IVA y plantea como posibilidad una “reducción en el número de productos (o servicios) que se benefician” de un IVA de tipo reducido o que estén incluso exentos de este impuesto. La organización pone como ejemplo que comida, transporte o energía “gozan de tasas de IVA especiales debido a consideraciones sociales”, pero apunta que “las prestaciones asistenciales pueden ser orientadas de manera más precisa y eficiente, de tal manera que el gasto social vaya en ayuda de las personas más necesitadas”.

Según su visión, como los grupos de bajos ingresos consumen menos que los grupos de altos ingresos, “las exenciones y rebajas del IVA los benefician menos”. Además, “estas reglas especiales, sumadas a la evasión (en el pago del IVA) cuestan a España un 65% del ingreso por impuesto al valor agregado, una de las tasas más altas de la OCDE, cuya media es de 45%”, advierte.

Fuente: OCDE. / EL PAÍS

Sin asilo en la tierra prometida

6 mayo, 2014

Fuente: diario EL PAÍS

Decenas de miles de subsaharianos reclaman que se les reconozca como refugiados en Israel

Protesta de subsaharianos que solicitan asilo en Israel. / OLIVER WEIKEN (EFE)

Se lo recuerdan a diario. Hussein Zakaria es, a sus 56 años, un infiltrado. Llegó a Israel hace seis años, en un largo y tormentoso periplo que le llevó de su Sudán natal a Egipto y de allí, cruzando la península del Sinaí, a este país donde reside ahora. Ha trabajado en lo que ha podido, sobre todo limpiando suelos, recibiendo sueldos miserables que ni un israelí ni un árabe aceptarían. Ha logrado establecerse lejos de un país en el que, dice, le aguarda una purga gubernamental o algo peor si regresa. Como él, hay 53.600 sin papeles africanos, de fe musulmana y cristiana, en Israel, un país erigido con oleadas de inmigrantes judíos. El Gobierno de Benjamín Netanyahu no quiere expulsarles, pues sabe que muchos huyeron de persecuciones y muertes seguras, pero tampoco está dispuesto a que se asimilen sin más en un pequeño país de sólo ocho millones de habitantes, que ya libra su propio conflicto con el pueblo árabe.

Fue el Ejecutivo de Netanyahu el que acuñó el término infiltrados para referirse a estos sin papeles que proceden sobre todo de Sudán y Eritrea. Ya en 2012 el primer ministro advirtió de que su entrada “podría amenazar la existencia de Israel como Estado judío y democrático”. Desde 2006 llegaron 64.000. Una vez tocaban suelo israelí, las autoridades les daban la bienvenida, atendiendo a enfermos o heridos, llevándoles a un centro de acogida para luego dejarles en libertad. Algunos consiguieron, antes de recibir órdenes de deportación, permisos de estancia, pero no de trabajo, por lo que su empleo es ilegal.

En su mayoría acabaron en los grandes centros urbanos del sector servicios, como Eilat o Tel Aviv, haciendo suyas barriadas enteras en las que la convivencia con los israelíes se ha convertido en insostenible. Hace un año, el Ejército israelí completó una sofisticada valla de separación con Egipto, con sensores y cámaras. El resultado: en 2013 sólo la sortearon 43 africanos, mientras 2.600 abandonaron el país voluntariamente.

“Me gustaría poder regresar a mi país, pero allí la situación es muy mala. Estoy, como se suele decir, entre dos fuegos”, dice Zakaria en un impecable español, pues entre 1980 y 1985 estudió económicas en la Universidad Complutense de Madrid y vivió también en Valencia. Hubo un golpe de Estado, el Gobierno cambió y las becas se acabaron. Tuvo que volver a Jartum, a trabajar como contable. En una visita a Darfur, la provincia donde nació, contestada por grupos rebeldes y escenario de una crisis humanitaria, la policía le arrestó y allí comenzaron sus problemas. “Me dijeron que no volviera a mi pueblo y que cada jueves me presentara en la comisaría para un control de rutina”, recuerda. El miedo le llevó a marcharse, primero en barco por el Nilo, hasta llegar a El Cairo. En Egipto no se sintió bien tratado, y huyó a Israel, pagando 300 dólares a un grupo de beduinos con los que cruzó el canal de Suez y el desierto del Sinaí.

Como él, decenas de miles de africanos en Israel hicieron el mes pasado una huelga. Durante unos días dejaron de acudir a trabajar a restaurantes y hoteles, con la esperanza de que el sector servicios se resintiera. Marcharon en Tel Aviv y Jerusalén y llegaron a las puertas mismas del parlamento, a pedir al gobierno que les reconociera como refugiados. No les dejaron entrar. Miles de ellos se quedaron a las puertas, mientras algunos políticos e intelectuales se dirigían a ellos, brindándoles su apoyo. “Os veo y me siento avergonzado”, dijo el escritor David Grossman. “Israel no ha creado este problema, pero lo cierto es que ahora hay un problema al que debemos enfrentarnos y debemos resolverlo de forma humanitaria”.

Estos africanos en el limbo israelí recuerdan con cierta envidia a aquellos 35.000 etíopes de religión judía para quienes las puertas de la nación se abrieron de par en par en los años 80 y 90. “Vinimos precisamente porque Israel es una democracia, porque no podíamos permanecer en nuestros países”, asegura Musa Abdulay, de la Asociación para la Defensa de la Dignidad de los Refugiados en Israel. “Este país es signatario del convenio de Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados, y tiene unas obligaciones internacionales que cumplir, como la de darnos asilo”.

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El Ejecutivo de Netanyahu no ha definido claramente una política de cara a estos inmigrantes. En principio aprobó una ley por la que se atribuía la capacidad de encerrarles hasta tres años. En septiembre, la Corte Suprema la invalidó. En respuesta, el Parlamento ha autorizado que se les aloje hasta un año en un centro de reciente construcción en el desierto del Negev. Sus puertas están abiertas pero los inmigrantes deben pernoctar y presentarse a recuento tres veces al día. Su efecto será mínimo, pues sólo alberga a 3.300 personas. Las autoridades, además, ofrecen 3.500 dólares a quienes abandonen el país voluntariamente.

Naciones Unidas advierte contra la repatriación de eritreos por el conflicto en su país. El Gobierno de Sudán prohíbe a sus ciudadanos visitar Israel, y aquellos que regresan se enfrentan a persecución.

“El estatuto de refugiado es algo que se concede de forma individual, a una persona, tras examinar con detención su petición junto con el Alto Comisionado para Refugiados de la ONU. No es algo que se conceda de forma colectiva”, explica Yigal Palmor, portavoz del ministerio de Exteriores de Israel. “Israel ha cumplido sus obligaciones y ha aceptado proteger a 64.000 inmigrantes a los que no les ha exigido que prueben primero por qué reclaman su derecho a estar en este país. Tampoco se ha expulsado a nadie forzosamente. Simplemente se están buscando soluciones a un problema migratorio como el que tienen muchos países”. Hace un año que el gobierno considera peticiones de asilo. Ha recibido 1.800 solicitudes. De momento ha respondido positivamente solo a dos eritreos.

La afición de Zakaria es escuchar música. Tiene el lujo de vivir solo en un estudio en Tel Aviv por el que paga unos 1.700 shékels [350 euros]. Hace dos meses que no tiene empleo, tras ser despedido de un hotel. A su edad cada vez le es más difícil encontrar trabajo. Se lamenta de que en Israel no ha hecho ningún amigo. “Los árabes tampoco nos quieren. Nos preguntan por qué queremos venir a trabajar para los israelíes”, dice. Tampoco le gusta que le llamen infiltrado. “No somos infiltrados, ni ilegales. Ni venimos a buscar trabajo. Trabajamos porque de algo tenemos que vivir para no ser vagabundos. Lo que somos es refugiados, y lo único que le pedimos a Israel es que nos proteja”.

Rumanía: un país en construcción

12 noviembre, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Desde su ingreso en 2007, Bruselas vigila estrechamente su sistema judicial y la corrupción de los políticos. Es la china en el zapato de la UE.

Viaje por el paisaje humano de un Estado que lucha por modernizarse al calor de Europa.

 13 AGO 2013 – 00:00 

Es muy difícil aburrirse al recorrer una carretera nacional rumana. Dos sentidos, un arcén intermitente. Aquí lo excepcional son las predecibles gasolineras y áreas de servicio de los poco más de 500 kilómetros de autopista que hay en el país, y es extenso. El resto es territorio donde cruzarse con un carro de madera tirado por un caballo en el que viajan niños sentados junto a montones de paja, señoras con pañuelo anudado a la cabeza que venden sandías, vecinos sentados en la puerta de casa charlando de sus cosas. Con una familia que ha decidido desplegar una mesita en una cuneta cualquiera y comerse un bocadillo antes de seguir. Con una especie de iglús de heno plantados aquí y allá en los campos. También se ven autoestopistas, perros dando una vuelta, tiendas de gigantescos gnomos de jardín y carteles de un supermercado con fotos de las dos ofertas estelares, la una junto a la otra: compre chuletas, compre jabón de manos.

A Rumanía le queda mucha autovía por construir, mucho recorrido en la UE por hacer. Desde la terraza de un restaurante de madera con camareros vestidos con trajes regionales se ve el castillo de Bran, clavado sobre una roca entre montañas. Una leve bruma difumina las torres del que al mundo le gusta pensar que es el castillo de Drácula. Anamaria Nicoara canta al piano Someone like you, de Adele, y cuando termina y se sienta a tomar un café, sonríe al hablar del conde: “Es un invento de alguien de otro país, pero trae turistas”.

Transilvania es una de esas regiones disputadas en el pasado y con identidades diferenciadas que han ido tejiendo la historia de Europa. Como dice Nicoara, de 29 años y estudiante de música, “es muy diferente del resto del país. Es más civilizado, más tranquilo”. Ella es de Brasov, con sus casas bajas de tejados rojos a dos aguas al pie de los Cárpatos, el hábitat natural de unos 6.000 osos, la mitad de los que quedan en Europa. Un desconcertante letrero, B-R-A-S-O-V, en plan Hollywood, recuerda desde la montaña el nombre de la ciudad, que tiene otros dos: Brassó, en húngaro, y Kronstadt, en alemán. Alguna panadería alemana permanece en sus calles adoquinadas, aunque la mayoría de la población de origen sajón abandonó el país en los noventa, tras la caída del Muro, a cambio de otro futuro en Alemania. “Mi madre es rumana húngara, y hablo con ella en húngaro”, cuenta Nicoara. “En algunos pueblos transilvanos hay gente que apenas es capaz de hablar en rumano, pero no hay tensiones importantes, excepto quizá entre los muy nacionalistas”. No siempre ha sido así. En 1990 hubo una serie de violentos enfrentamientos étnicos en la región, y en Hungría todavía se recuerda, aunque solo sea en la retórica nacionalista y en el apoyo a la importante minoría húngara que vive allí, la pérdida de Transilvania tras la Primera Guerra Mundial.

Un poco más al noroeste, Sighisoara también vende su porción de Drácula. Abundan las tazas con la cara sangrienta del vampiro en la ciudadela medieval de casas de fachadas verdes, turquesas, rosas y amarillas. En el siglo XV nació aquí Vlad Dracula (hijo de Dracul, que significa dragón o diablo) o Vlad el Empalador, el hombre con el apodo más perfecto posible para inspirar un personaje como el de Bram Stoker. Un cronista bizantino de la época, Laonikos Chalcocondiles, da una idea de la inclinación por el sadismo de este príncipe que luchó contra los turcos: “Llamó uno a uno a los boyardos [nobles] que creía capaces de traicionarle, y los mutiló y empaló junto con sus familias y siervos. Parece que, para consolidar su poder, mató a unos 20.000 hombres, mujeres y niños en poco tiempo y dio todo el dinero [de las víctimas] a sus soldados fieles”. El propio autor parece tomar distancia de los hechos que relata, o quizá de las cifras. Pero empalar, Vlad empalaba.

En la preciosa y bien conservada Sibiu también se ven tejados rojos, pero aquí muchos tienen aberturas –a veces hasta cinco– que parecen ojos que observan, no aptos para paranoicos. Los palacios barrocos, la iglesia evangélica con tejas de colores y los edificios con corralas conviven en la misma ciudad con los bloques comunistas de la parte baja, apiñados en un desorden específico que se repite en otras poblaciones.

Nicoara aún se acuerda, dice, de cuando era muy pequeña, no más de tres o cuatro años, y acompañaba a su madre a “las cinco o las seis de la mañana a hacer cola para conseguir algo de leche o comida”. Eran los últimos años del régimen de Nicolae Ceausescu, con la población literalmente pasando hambre. “Y también sé que había cortes de luz y que nadie podía viajar al extranjero”. Ahora, 25 años después, va a ir Málaga en un par de meses con una beca Erasmus, uno de los programas que más han hecho por la integración europea. Antes estudió Sociología y vive de cantar en bares y trata de promocionar sus propias canciones. “Lo normal es cobrar entre 200 y 300 euros [el salario medio son 350 euros], mientras que los precios son bastante europeos”, ironiza. El alquiler del pequeño apartamento que comparte con su novio le cuesta 200 euros al mes, sin contar gastos. “Aquí ganamos el dinero justo para vivir”. Planea volver a su país cuando acabe el curso en España y no se plantea emigrar, a diferencia de lo que ya han hecho unos tres millones de rumanos de una población de 21,5 millones. Pero sí quiere enfatizar algo: “Tenemos mala fama fuera porque algunos rumanos hicieron las cosas mal, pero saben muy poco de nosotros o de nuestro país. De los muchos que se han ido, algunos son buenos trabajadores, otros tienen una alta formación –por ejemplo, exportamos muchos médicos– y por desgracia algunos son delincuentes. ¿Es que no pasa esto con otros países?”, se pregunta Nicoara.

Rumanía se incorporó a la Unión Europea en 2007 junto a Bulgaria. Son los dos países más pobres de los Veintiocho y su adhesión fue problemática. Los recelos de entonces sobre si estaban preparados continúan hoy. El socialdemócrata Victor Ponta, el primer ministro, dedicó a la UE una de sus primeras frases nada más ganar las elecciones en diciembre: “El futuro de Rumanía está al lado de la familia europea”. Fue un guiño a Bruselas, que aún vigila el respeto al Estado de derecho, el sistema judicial rumano y la lucha contra la corrupción de los políticos, de quienes los ciudadanos se sienten muy desconectados. El último de una larga lista de escándalos lo protagonizó el ministro de Transporte, que tuvo que dimitir a mediados de julio al ser condenado a cinco años de cárcel por comprar transformadores viejos y venderlos como nuevos a una empresa estatal hace una década. Hay además otro tipo de corrupción que forma parte de la vida cotidiana y toma cuerpo enpequeños sobornos en la Administración –para pedir un título, por ejemplo– o en los hospitales –con médicos que tras 20 años de experiencia cobran 800 euros–, donde muchos enfermos admiten que dan algo de dinero al personal convencidos de que así los atenderán mejor.

A unos 500 kilómetros de Brasov y del mundo transilvano se extiende otro micro­­cosmos al borde del mar Negro: el delta del Danubio. Por esta reserva de la biosfera, donde se pueden ver pelícanos y esbeltas garzas blancas, donde 284 especies de aves migratorias descansan de camino a África, hay cientos de lagos, zonas a las que solo se accede en barquitas y dos grandes canales para los cruceros. Bogdan Bascoveanu, de 24 años, es camarero en uno de ellos. Cuenta que en esta zona, y en la capital de la provincia, Tulcea –una ciudad portuaria un tanto gris, punto de partida para ir al delta–, “no hay muchas oportunidades. Aparte del turismo, lo único que se puede hacer es dedicarse a la pesca, y a muchos no les da más que para sobrevivir”. Él gana unos 250 euros al mes más propinas. Estudió Publicidad en la Universidad y dice que no se plantea irse: “Algunos de mis amigos emigraron y pensaron que todo iba a ser perfecto, pero no ha sido así. Algunos han vuelto. Además, tenemos mala imagen fuera. Estamos en Europa, pero no nos tratan igual”, dice mientras pone un café.

El Danubio tiene un color marrón en este día algo nublado. En esta área solo viven unas 12.600 personas, pero es pura mezcla, con comunidades turcas, ucranias, griegas, y así hasta 14 grupos étnicos. En las verdes orillas se ve de vez en cuando alguna población destartalada con casas de cemento gris, papeleras atadas a los árboles. Esta zona intenta desarrollar un turismo sostenible, basado en pequeños alojamientos familiares, en excursiones de un puñado de personas guiadas por un pescador tradicional –de los que ya quedan muy pocos– o en la observación de las aves. Al bajar del barco, en un estrecho camino de tierra, un grupo de hombres ha decidido encender una hoguera para cocinar un guiso de pescado. Celebran algo. Está bueno.

Hoy es un día especial. La ministra encargada de pymes, entorno empresarial y turismo está de visita en la zona. Con ella viaja un séquito de asesores, otras autoridades y una legión de periodistas. En total, tres autobuses. Rumanía quiere ser turística. Tienen un logo con el eslogan“Rumanía. Explora el jardín de los Cárpatos”. Tienen miles de folletos. Y tienen 75 millones de fondos europeos que invertir en promoción de aquí a final de año. En 2012 visitaron el país 1,6 millones de extranjeros. Está en ese punto en el que el turismo se despereza, se está construyendo. Ahora representa el 1,7% del PIB. La naturaleza y las formas de vida tradicionales son el gancho en Transilvania y en el delta. Las palabras verde, sostenible y ecológico pueblan los discursos. Para mostrar la belleza del delta se han alquilado dos barcos. La ministra saluda desde la barandilla del suyo, que adelanta al de los periodistas, donde varias personas intentan hacer que funcione un powerpoint. Un grupo folclórico ha acudido a la comida con la ministra para cantar y bailar con sus coloridos trajes. Fuera del recinto, a unos 30 metros por un camino polvoriento, hay una caseta donde dormita Cornel Tertiscu. Su abuelo era pescador, su padre era pescador y él pesca de septiembre a abril. “Es una lotería”, dice sonriente, “unos días saco cinco euros; otros, 20”. También organiza tours con su barca. Todo esto lo dice medio en rumano, medio en inglés, medio en español: “Estuve dos meses trabajando en Punta Umbría, en un chiringuito”.

Al entrar en el coche iluminado con una luz azul como de neón, un taxista de Bucarest pregunta: “¿Española?”. A continuación toquetea una pantalla colocada sobre el cambio de marchas y selecciona en Youtube el tema Dos corazones, dos historias, de Alejandro Fernández a dúo con Julio Iglesias. La conexión española se percibe en muchas ciudades: hay 922.286 rumanos que viven en la Península, casi un tercio de todos los emigrados. La crisis ha hecho que algunos tengan que ir y venir en función del empleo que encuentran, aunque la mayoría se queda. Otros, como Bogdan Gheorghe, de 24 años, han regresado.

Los bares de la pequeña parte antigua de la capital están llenos, se puede fumar y muchos tienen wifi gratis. Bogdan regresó de Castellón hace un año, después de cinco allí. Cuando era adolescente, su familia se transformó en un goteo de ausencias: primero se fue a España su madre; al año, su padre; después, su hermano. Él se quedó en casa de su tía en Rumanía para acabar el bachillerato. A los 18 se reunió con ellos en España. “Era recepcionista en un centro de negocios. Me compré un ordenador, un móvil… Salía más, tenía muchos amigos”. Con la crisis se esfumó su empleo y el de su padre. “Mi familia me dijo: hay que hacer algo. Si alguno de los dos hubiéramos tenido trabajo, seguiría en España”. Gheorghe ya se ha vuelto a acostumbrar a su país de nuevo y quiere retomar la Universidad. En Castellón cobraba cuatro veces más, pero está contento. “Ahora trabajo en un centro de llamadas de una aerolínea y cobro 250 euros. Pago 110 por la mitad de un piso compartido”. ¿Y el resto de la familia? “Mi padre y mi hermano acaban de regresar definitivamente, y mi madre, el año que viene”.

Bucarest es de todo menos una ciudad previsible. Los bloques de viviendas-enjambre del comunismo plantados en enormes bulevares se suceden con barrios de casas bajas cada una a su manera, con patio o sin patio, con fachada de cemento o en forma de mansión perfectamente restaurada, con coches aparcados en la acera, si hay acera, y, como uniendo todos los puntos, los negros cables de la luz colgando.

Carola Frey, de 24 años, está sentada junto a una ventana de la planta baja de la descomunal mole que es el edificio del Parlamento, tan desmesurado como el poder que acaparó Ceausescu. Está montando con sus compañeros de Bellas Artes una exposición de fin de curso. Ella nació cuando cayó el Muro. “Los rumanos somos parte de Europa, lo único distinto es el pasado comunista”, afirma en su impecable inglés. Dice que habla alemán, francés, italiano y japonés y que ha terminado Políticas. Su padre vive en Reino Unido, donde se pretende dificultar el acceso a ayudas sociales a futuros inmigrantes comunitarios, como rumanos y búlgaros. Ella se plantea ir allí dentro de unos años, porque “un profesor de universidad cobra 3.500 libras, y aquí, 500 euros”. Pero insiste en aclarar que “esa sería la única razón” por la que dejaría su país una temporada. Tal y como ella lo ve, “la única diferencia entre vivir en Bucarest o en otras ciudades europeas es el dinero”.

De regreso al ábaco

27 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

La pedagogía de las matemáticas en España sigue ofreciendo resultados mediocres

No hace falta acudir al informe PISA. Basta con hacer rudimentarias encuestas entre parientes y colegas para constatar el escalofrío que la palabra “matemáticas” provoca en los españoles. Cualquiera pensaría que una buena parte de la población hispana tiene una tara genética que la inhabilita para las ciencias exactas. Es cierto que hay una despreocupación innata por la aritmética. Aquí se paga por rondas y se llenan con garbo las copas, mientras que en Alemania dividen la cuenta por cabeza sin perdonar un céntimo y miden al milímetro la dosis de alcohol en el gin-tonic. Lo mismo vale para el endeudamiento.

Pero no: no estamos incapacitados para las matemáticas. Lo que pasa es que nos las han enseñado mal.

Generaciones enteras crecieron marcadas por la teoría de conjuntos, explicada con frecuencia por esforzados profesores que tampoco terminaban de comprenderla. Y con la cabeza llena de óvalos superpuestos rellenos de triangulitos se avanzaba a trompicones hacia el número e y el logaritmo neperiano, navegando entre la abstracción y los suspensos, sin entender para qué servía todo aquello. Y luego, claro, a Letras. ¿Se acuerdan?

Y ahora sí, acudamos al informe PISA de 2012: a tenor de esta prueba que evalúa el rendimiento estudiantil en más de 60 países, no parece que la pedagogía de las matemáticas haya alcanzado un horizonte de éxito en nuestro país: los alumnos españoles sacaron 483 puntos, por debajo de la media de los 34 miembros de la OCDE (496 puntos).

Las matemáticas son hoy, más que nunca, una herramienta básica para desenvolverse en un mundo revolucionado por las nuevas tecnologías, donde un algoritmo es capaz de ubicar el origen de un rumor en Internet. Se aplican a la cirugía, o al diseño de bañadores olímpicos, o al control de la contaminación urbana. En algunos países, sobre todo en emergentes asiáticos como Corea del Sur, Singapur o China, las matemáticas se consideran un factor de desarrollo y son un pilar básico en la educación.

Se comprende que arrasen en la prueba del PISA. Y se comprende el creciente interés que los métodos didácticos orientales están despertando en España. Sus sistemas de cálculo (ábaco incluido) agilizan la mente y desarrollan los dos lados del cerebro.

A ver si al final va a ser eso… Que por andar medio atrofiados, nos va como nos va.

Nazarbáyev, el faraón del frío

19 octubre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Georgina Higueras

Todos los embajadores acreditados en Astaná, representantes de las grandes compañías internacionales que operan en Kazajistán y un grupo de periodistas europeos invitados por el Gobierno kazajo, incluido EL PAÍS, asistían el pasado 25 de noviembre al discurso de Nursultán Nazarbáyev ante las huestes de su partido, Nur Otan (Luz de la Patria). “Hemos llegado donde nunca habríamos soñado”, arengaba el presidente a sus entregados seguidores. “Somos un partido de acciones concretas”. “Necesitamos ganar”, bramaba Nazarbáyev entre los aplausos y la agitación de centenares de banderitas de los congregados, como si a todos se les hubiera olvidado que su partido era el único presente en el Parlamento.

El corazón de Astaná había sido cerrado al tráfico para facilitar la llegada de los invitados y permitía contemplar en todo su esplendor el vecino Palacio de la Paz y la Reconciliación, la pirámide diseñada por Norman Foster, contra cuyos cristales se estrellaban los copos de nieve que desparramaba la fuerte ventisca, en la segunda capital más fría del mundo después de la mongola Ulan Bator.

Acabado el evento, nada mejor para escapar de los 12 grados bajo cero reinantes que adentrarse en otro de los símbolos de Astaná, la gigantesca yurta, una tienda de campaña donde los nómadas se refugian en las estepas de Asia Central, también obra del arquitecto británico, que cubre un lujoso centro comercial, cuya parte superior alberga una playa artificial con arena traída de las islas Maldivas y que, a una temperatura de 30 grados, permite, por 8.000 tengues por persona (42 euros), disfrutar del baño a grandes y chicos. Pero, aunque artificial, ese paraíso tropical es inalcanzable para la inmensa mayoría de los habitantes de Kazajistán, cuyo sueldo medio no alcanza los 80.000 tengues (420 euros) al mes.

Astaná es el espejo más nítido de la megalomanía del dictador, cuya fortuna estimada fuera de Kazajistán supera los 1.000 millones de dólares (750 millones de euros), además de las muchas empresas y bienes que posee su familia en el interior del país. En 1994, Nazarbáyev decidió trasladar la capital desde Alma Ata, en el sur del país, al norte, a un lugar en mitad de la estepa. El arquitecto japonés Kisho Kurokawa diseñó los planos de la que se convertiría en 1998 en la nueva capital, con una proyección de 800.000 habitantes para 2030. Pero en 2011 ya se habían alcanzado los 750.000 habitantes y, sin una red de transporte público, Astaná es un caos de tráfico y faraónicos edificios y monumentos.

Por aquellos días se acercaban las elecciones legislativas bajo la nueva ley electoral aprobada en 2009 y Nur Otan sabía que iba a dejar de ser “el único” partido. Para mostrar su voluntad democratizadora antes de ejercer en 2010 la presidencia de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) —lo que Nazarbáyev, obsesionado con hospedar cumbres y eventos internacionales, obtuvo porque es “nuestro dictador más querido”, según un diplomático europeo—, se modificó la ley electoral de manera que si ningún partido pasaba la barrera del 7% de la totalidad de los votos, el segundo más votado entraría de todas formas en el Parlamento. No hizo falta aplicar la enmienda.

Los comicios del pasado 15 de enero arrojaron unos resultados muy alentadores para la democracia kazaja: Nur Otan obtuvo el 81% de los votos y superaron la barrera del 7% dos partidos afines. La oposición se quedó fuera. El segundo grupo con escaños en el Parlamento es Ak Zhol (Camino Claro), que representa los intereses de los empresarios y está dirigido por Timur Kulikáyev, casado con una de las tres hijas de Nazarbáyev y ya colocado al frente de Samruk-Kazyna, el fondo soberano de riqueza de Kazajistán. Y el tercero es el Partido Comunista del Pueblo, formación salida del aparato del Partido Comunista que encabezó Nazarbáyev en 1989, al frente del cual se convertiría en el último presidente del Sóviet Supremo de la República Socialista Soviética de Kazajistán, hasta que el 24 de abril de 1990 asumió la presidencia del nuevo país independiente de Asia Central.

Nazarbáyev se presentó en 1991 a las elecciones presidenciales y las ganó con el 91,5% de los votos. Era el único candidato. En los sucesivos comicios dejó de competir contra sí mismo y permitió que algunos figurantes —políticos sin la menor relevancia— se presentaran como rivales, de manera que su listón de popularidad se mantuviera inalterable gracias a las artes fraudulentas de sus incondicionales. En las últimas elecciones, en 2011, se presentaron cuatro candidatos, y el presidente fue reelegido por el 95,54% de los votos. Hacía ya mucho tiempo que, por distintos motivos, habían desaparecido los contendientes que pudieron representar un desafío a su mandato.

Con una prensa amordazada, Internet controlado y una ley que facilita la liquidación de los periódicos y prohíbe a los periodistas que hayan colaborado con alguna publicación suspendida trabajar durante tres años, Nazarbáyev, de 71 años, decidió gozar hasta su muerte del culto a la personalidad que ha llenado Kazajistán de sus retratos y bustos. Para ello, ha establecido penas de prisión por todo insulto a su “honor” y a su “dignidad”, al tiempo que una ley le ha concedido inmunidad de por vida.

Magnífico y discreto anfitrión, Nazarbáyev gusta de invitar a los amantes de la caza, desde el rey Juan Carlos hasta el príncipe Andrés, pasando por Vladímir Putin, además de emires y sultanes. Todos parecen rendidos a los encantos de este hombre que controla con mano de hierro a su pueblo, y al que George Bush recibió con grandes honores en la Casa Blanca por su contribución a la lucha contra el terrorismo y su apoyo a la guerra de Afganistán.

Con una extensión de 2,5 millones de kilómetros cuadrados (cinco veces España) y sexto país del mundo en recursos naturales, Kazajistán guarda en su subsuelo enormes reservas de petróleo, gas, uranio, volframio, zinc, plata y otros muchos minerales. Con las puertas abiertas a la inversión extranjera, una situación estratégica —tiene fronteras con Rusia, una China sedienta de recursos para su veloz desarrollo, Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguizistán— y sin querer casarse con nadie, Kazajistán es la novia de todos y la más cotizada.

Nazarbáyev, con sueños imperiales, casó a la menor de sus hijas, Aliya, con Aidar Akáyev, hijo del entonces presidente de Kirguizistán, Askar Akáyev, expulsado del poder en 2005 por la llamada Revolución de los Tulipanes. El matrimonio no funcionó, y la más emprendedora de las tres hijas del dictador se divorció para casarse después con un importante empresario kazajo, mientras su exmarido se explayaba en un libro sobre el nepotismo, la corrupción y la dictadura de Nazarbáyev. Aliya también ha escalado las cumbres del mundo empresarial y —al igual que Gulnara Karímova, la hija del dictador uzbeco— ha creado con los joyeros italianos Damiani una colección exclusiva de joyas denominada Alsara.

Nazarbáyev, que se trata en secreto en Alemania de cáncer de próstata, tampoco tuvo suerte con el marido de Dariga, su hija mayor: Rajat Aliyev, exiliado en Austria, donde fue embajador, y sentenciado en ausencia a 20 años de cárcel por el secuestro de dos banqueros hasta ahora desaparecidos. Aliyev adujo que fue un juicio político por criticar el intento de Nazarbáyev de 2007 de nombrarse presidente eterno. En 2008 fue condenado en ausencia por un tribunal militar a otros 20 años por intento de golpe de Estado. Austria siempre rechazó la extradición. Sin haberlo pedido y sin que su esposa le dijera nada, Aliyev recibió en junio de 2007 por fax la comunicación de su divorcio.