Posts Tagged ‘Palestina’

Cuatro niños muertos en una playa

27 diciembre, 2014

Fuente: http://www.elmundo.es

ENRIC GONZÁLEZ Actualizado: 20/07/2014 01:27 horas

Homenaje del artista israelí Amir Schiby a los cuatro niños muertos por el ejército israelí.

Lo que ven aquí es una imagen poética, un homenaje a cuatro niños muertos en una playa. Lo que no ven es la mierda. Ese mar dorado, para empezar, es una cloaca, porque en Gaza no hay depuradoras y los residuos de millón y medio de personas (la densidad de población más alta del mundo) van directamente al agua. Los niños, ya saben, eran palestinos. Según ciertas opiniones, a los niños palestinos no los matan los bombardeos israelíes, sino el partido islamista Hamas, que los utiliza como escudos humanos. Esos cuatro niños debían ejercer como escudos humanos en una playa que contenía un chamizo y unos botes, objetivos militares estratégicos. Sobre el valor de esos pequeños cadáveres se ha discutido estos días. Para algunos valen mucho, porque los destrozó una bomba israelí. Si la bomba hubiera sido siria y hubieran nacido en Alepo, se habrían devaluado al instante. Por supuesto, esos niños no valían ni de lejos lo que un niño israelí. Los muertos no son iguales, su valor depende de la nacionalidad, la religión y la mano que los mata. Eso también es mierda y tampoco se ve en la imagen.

Que paren la guerra, dirán las buenas almas. Bueno. Pero en Gaza no hay guerra. Lo que hay es la enésima operación de castigo contra una población desesperada, encerrada (parece que a perpetuidad) en un campo de concentración y gobernada por unos fanáticos ineptos cuyos dos argumentos políticos consisten en el odio a Israel (quien vive en una cárcel tiende a votar contra sus carceleros) y en un apetito por la corrupción mucho menor que el de Fatah, el partido palestino que gobierna en Cisjordania. No puede llamarse guerra a un conflicto en el que por cada muerto de un lado se cuentan 100 muertos del otro. Hablamos de guerra, sin embargo. Igual que Israel, cuyo ejército puede ventilarse a cualquier otro ejército de Oriente Próximo en dos bocados, habla de amenazas a su existencia. Hablamos aún de «territorios palestinos», cuando solo quedan ya Gaza y algunos enclaves, pequeños bantustanes, en el área ocupada y devorada por Israel. Las palabras, en este caso, sirven para disimular la mierda.

Es inútil cualquier cosa que se diga de los cuatro niños, del balón y de la muerte. Nada va a cambiar. Israel seguirá lanzando bombas, a veces más, a veces menos. Habrá nuevos cadáveres. Se mantendrá esa política presuntamente compasiva por la que Israel avisa con antelación a los gazatíes: evacúen su casa, vamos a destruirla y con ella todas sus pertenencias, vamos a destruir su vida, pero a ustedes les dejaremos vivos para que su futuro consista en humillación y resentimiento. En algo ha de notarse que Israel es la única democracia de Oriente Próximo, ¿no? Y Hamás seguirá comprando misiles para matar lo que pueda. Lo interesante del caso consiste en que cada episodio del conflicto, que no guerra, refuerza lo peor de ambos bandos. Ni todos los israelíes se sientan a merendar en la colina para aplaudir las explosiones en Gaza, ni todos los palestinos sueñan con baños de sangre. Por desgracia, cada vez hay más de los unos y de los otros.

Lejos de Gaza, lejos de Hebrón, lejos de esos pudrideros humanos, habrá que escuchar una y otra vez a quienes exigen una negociación de paz «sin condiciones» entre quienes lo tienen ya todo y quienes se han quedado sin nada. Una gran mierda, y disculpen la insistencia.

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La lucha por la tierra llega al desierto

16 abril, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

David Alandete El Sayed 24 FEB 2013 – 00:00

Abdel el Based, de 54 años, recoge unos escombros con sus manos. En una parcela, que él considera suya, hay tres montañas de cemento roto y hierros doblados. Eran las casas de sus tres hijos, regalos de boda pagados por el propio Abdel. “No hay más solución a este problema. Ellos destruyen, yo reconstruyo”, dice, con una sonrisa envuelta en resignación. Es el Gobierno de Israel quien ha demolido las casas. Considera que Abdel no tiene derecho a edificar en un terreno del que no hay constancia de que le pertenezca. Es el drama de muchos beduinos que viven en el desierto del Néguev: sus tribus habitan allí desde tiempos inmemoriales, pero el Estado de Israel no reconoce el peso de esa tradición para considerar sus derechos de propiedad.

La familia de Abdel ha visto pasar a muchos Gobiernos por esta tierra. Su abuelo sirvió en el Ejército otomano. Su tío, en el británico durante el protectorado. Ha visto nacer y expandirse al Estado de Israel. Vive en los márgenes de la localidad de El Sayed, reconocida por el Gobierno. Pero no tiene título de propiedad de la parcela donde ha construido, a la que se llega por unos caminos sin asfaltar entre eriales y campos de olivos.

Aunque históricamente los árabes beduinos fueron un pueblo nómada, a finales del siglo XIX muchos se asentaron en pequeñas villas organizadas en torno a lazos tribales. Hoy muchos aún viven en esos emplazamientos, dedicándose mayoritariamente a la ganadería y a la agricultura de secano, especializándose en aceitunas, trigo y lentejas. Cuando la Organización de las Naciones Unidas partió Palestina, en 1947, vivían en el Néguev 60.000 beduinos. El Estado de Israel sometió a sus ciudadanos árabes a un régimen militar hasta 1966. A los beduinos se les instaló en un área del Néguev situada entre las localidades de Arad, Dimona y Beersheba. Vivían ya entonces en condiciones similares a las que se ven hoy en algunas de estas villas: en tiendas de tela o casas de piedra de una sola habitación, sin agua corriente o desagües. Con la aprobación de diversas leyes, Israel declaró públicas muchas tierras que los beduinos consideraban suyas. El Gobierno ha permitido la construcción en ellas de asentamientos, reservas naturales, bases militares, generadoras eléctricas e incluso el complejo industrial de Ramat Hovav, con 14 plantas petroquímicas y un incinerador de residuos tóxicos.

Ese complejo se halla a algo más de un kilómetro de Wadi el Nam, que es una villa no reconocida por el Gobierno de Israel, un complejo de infraviviendas esparcidas por un erial. Viven en ella unas 10.000 personas, según un recuento no oficial de las agrupaciones humanitarias. A lo largo de las pasadas décadas, el Estado de Israel ha tratado reiteradamente de urbanizar a los beduinos, creando 18 localidades para ellos en diversas zonas del desierto. Siete de ellas son ciudades por derecho. La mayor, Rahat, tiene 53.000 habitantes. En ella se han olvidado las antiguas costumbres de los beduinos, el cuidado de su agricultura y el cuidado de su ganado. Es una ciudad árabe como muchas, con los minaretes desde los que se llama a la oración y las banderas verdes que representan al movimiento islámico.

En Wadi el Nam destruyó este mes el Gobierno una casa de cemento de la familia de Wissam Abu Sherif, de 26 años. Él y su hermano sirvieron en el Ejército, de forma voluntaria. “Así nos paga nuestro servicio el Estado”, asegura. “¿Y luego no quieren crear odio en este país? Lo único que esto crea es resentimiento”. A la familia de Wissam, como a muchos beduinos, el Gobierno les añadió el trauma de tener que destruir su propia casa. Deben hacerlo, si quieren evitar penalizaciones. En Israel, la demolición de una propiedad declarada ilegal se considera un servicio público. Los Abu Sherif ya tuvieron que desmontar una casa hace meses. Recientemente recibieron de nuevo una orden. Cuando se disponían a demoler, llegaron las excavadoras. Ahora se han quedado sin casa y con una deuda al erario público de 20.000 shekels (unos 4.000 euros).

Como los Abu Sherif, casi un 40% de los 200.000 beduinos que habitan hoy en el Néguev vive en 38 asentamientos no reconocidos por el Estado. No figuran en ningún mapa oficial. Son localidades sin infraestructuras y sin servicios. Entre los rangos del Gobierno se cree que son vestigios del tercer mundo en un país que se considera moderno y avanzado. En enero, el Gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu aprobó un plan por el que reconocerá a una gran parte de las villas ilegales y desplazará a centros urbanos a los que habiten en el resto, con el pago de una indemnización aún no estipulada.

Según Mark Regev, portavoz de Netanyahu, “el nivel actual de pobreza entre los beduinos del Néguev es simplemente inaceptable. El Gobierno de Israel ha iniciado un ambicioso programa para invertir cuantiosos fondos en la comunidad beduina en el Néguev. Les ofrecemos infraestructuras, educación, sanidad. La idea es reducir la brecha que separa a los beduinos de la mayoría de la sociedad. Y la clave del éxito es que los beduinos se asienten en tierra que legalmente les pertenezca”. Añade que “la inmensa mayoría de los beduinos se quedarán donde están, o en un lugar cercano, pero hay emplazamientos donde es imposible que permanezcan, como el complejo de Ramat Hovav, donde es peligroso vivir por la contaminación”.

En Dchiya, otra villa no reconocida, este año se han demolido ya ocho casas. Los vecinos dicen que el lugar ha sido arrasado 40 veces desde 2010. Aaref el Husail, de 48 años, nació en este lugar y tiene seis hijos. Uno de ellos sufre de epilepsia, una condición que se ha agravado después de las demoliciones. “Destruyen las casas y no nos dan alternativas de recolocación. No nos ofrecen otra tierra, otras casas. Dicen que esperemos. Así que nos vemos obligados a vivir en casas como esta”, dice, mientras señala una cabaña precariamente construida con placas de metal.

“Estas demoliciones obedecen en parte a la voluntad del Gobierno de demostrar que tiene el control de la tierra”, explica Haia Noach, directora ejecutiva del Foro de Igualdad Civil para la Coexistencia Civil, una organización independiente que opera en el Néguev. “La idea de un Estado demoliendo hogares, sin dar alternativas a los ciudadanos, indica que no hay igualdad de derechos. A esta gente se le dice que puede acudir a un centro urbano y se le da una indemnización bastante pobre, con la que no es posible comprar o construir una casa”, añade. Para Taleb Abu Arar, un beduino que sirve en el Congreso como legislador por la Lista Árabe Unida, “la intención del Gobierno es borrar todas estas villas en el sur de Israel para instaurar asentamientos judíos y bases militares. El propósito último es concentrar al mayor número posible de beduinos en la menor tierra posible, para judaizar el Néguev”.

Los beduinos se han propuesto resistir con todo lo que tengan a su alcance. La desobediencia civil es el arma más efectiva. Abdel, el padre al que le destruyeron las casas de sus tres hijos en El Sayed, ya está planeando retirar los escombros y volver a construir de nuevo. “No nos dan más alternativas”, dice. “Se niegan a dar terrenos para toda mi familia, así que nos vamos a quedar aquí, en la tierra en la que vivían nuestros abuelos. Es nuestra tierra”.

¡Fuera del fútbol el conflicto Israel – Palestina!

27 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | John Carlin

“No hay nada en el mundo que me cause malestar o sobre lo que tenga una opinión.” Michael Owen, futbolista inglés, en 1999.

Ya tenemos más que suficiente con la politización de la rivalidad Barça-Madrid, pero estamos acostumbrados. Es parte del folclore nacional y no hay nada que hacer a estas alturas. Pero que entre en juego el conflicto palestino-israelí… ¡Qué agobio! Terrible sería que esto actuase como precedente y, de repente, los oportunistas que participan en este y otros de los conflictos absurdos que humillan a la especie cojan la costumbre de utilizar el fútbol como terreno para librar sus batallas propagandísticas.

Si nos descuidásemos, esto podría ir a más. A algún imán yemení se le ocurrirá declarar una fatua contra el Tottenham por ser un equipo asociado con los judíos o Irán declarará una guerra religiosa contra el Manchester United debido a que sus dueños son ciudadanos del Gran Satanás, Estados Unidos. Israel, entonces, podría entrar a la carga con una campaña contra el Manchester City o el París Saint-Germain por tener dueños árabes, cuyo prejuicio antisemita se manifiesta en la ausencia de jugadores judíos en sus plantillas. Y después, ¿qué? China-Japón y su pleito por unas islas —¿mandarán emisarios de Shanghái a Old Trafford a lanzar cánticos obscenos contra el nuevo jugador japonés del United? O quizá algún energúmeno de la derecha nacionalista inglesa exija la expulsión de los jugadores argentinos de la Premier, por lo de las Malvinas, o la de los españoles, por Gibraltar?

Sí, fue un mal precedente el del delegado palestino en España, cuando se inventó un lío por la anunciada presencia de un exsoldado israelí en el Camp Nou para el partido entre el Barça y el Madrid. El tema ya estaba zanjado. Gilad Shalit fue liberado en octubre de 2011 tras pasar cinco años en manos del movimiento palestino Hamás. A cambio, los israelíes liberaron a más de 1.000 presos palestinos. Shalit nació donde nació, le tocó lo que le tocó y sufrió por ello. Uno de los consuelos que le ofrece la vida, como a tantos de nosotros, es el fútbol. Resulta que es aficionado del Barça. Sus años de cautiverio le impidieron disfrutar de la mejor época que ha vivido su club en toda la historia. Dejen en paz al pobre tipo. Que se dé el gusto de ver a Messi y compañía.

Pero no. El delegado palestino tuvo que asomar la cabeza; tuvo que demostrar que ahí estaba, firme, al pie del cañón; tuvo que denunciar el “trato de favor” no a Benjamín Netanyahu o su grotesco canciller Avigdor Lieberman, que sí chorrean sangre palestina por los poros, sino a un soldado con cara de mosquita muerta que tuvo la desgracia de haber sido incorporado un día al ejército, como corresponde por ley en Israel a un muchacho de su edad. Olvidándose convenientemente de que el año pasado el Barcelona había invitado al Camp Nou a Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, el delegado palestino fue incapaz de dejar pasar la oportunidad de demostrar a sus jefes que permanecía atento a lo que decidió presentar como otra ofensa más contra el pueblo palestino.

Con lo cual al Barcelona no le quedó otra que participar en el innoble juego y responder que sí, que vale, que mandaremos invitaciones también a un par de expresos palestinos. ¿Está bien? ¿Contentos? Sí, parece que sí. Pero que no se repita esto, por favor. Porque hoy le tocó al Barça, mañana le tocará al Madrid y pasado al United.

Que no se repita nunca. Que se vayan los mezquinos que lo quieren arruinar todo para los demás. Porque, salvo la peculiaridad, repetimos, de lo del Madrid-Barça (bastante inofensiva, a fin de cuentas), buena parte de la grandeza del fútbol es que rebasa fronteras y está por encima de los conflictos raciales, religiosos, políticos que asuelan al mundo. Es territorio neutral. Hay terroristas suicidas de la Brigada de los Mártires Al Aqsa palestina y hay judíos ortodoxos israelíes (me consta) que comparten afición por el United que en el fútbol podrían descubrir la posibilidad brevemente de suspender hostilidades y debatir un tema de interés mutuo. Durante la guerra de las Malvinas, los aficionados del Tottenham coreaban con especial fervor los nombres de sus dos jugadores argentinos, Osvaldo Ardiles y Ricardo Villa. Cuando Estados Unidos e Irán se enfrentaron en el Mundial de 1998, ambos equipos se comportaron con ejemplar deportividad. Nadie ha condenado al Arsenal porque en su día Osama bin Laden iba a ver partidos en el estadio de Highbury.

Que el fútbol siga así: un refugio, con todo el ruido e indignación que genera, contra los comportamientos más vergonzosos del ser humano. Por favor.

Miles de palestinas se resignan a vivir con polígamos

20 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS
Ana Carbajosa | Hebrón

Una mujer tiene un marido. Un marido tiene hasta cuatro mujeres. Esta es la realidad en algunos hogares del mundo árabe, donde la poligamia es simplemente una opción legal más. En los territorios palestinos, la mayoría de los hombres optan por convivir con una sola mujer, pero la sharia, la ley islámica que rige para el derecho de familia permite casarse hasta con cuatro mujeres. En Hebrón, la mayor ciudad de Cisjordania, los matrimonios polígamos son el 10%.

Para los hombres, la poligamia es una opción que les permite satisfacer sus apetencias a medida que surgen durante su vida. Para muchas de ellas, casarse con un hombre que tiene otras esposas o aceptar que su marido se case de nuevo es solo fruto de la resignación y de la falta de alternativas, en una sociedad que ofrece escasas salidas a las solteras y divorciadas. Las menos, están convencidas de que la poligamia es un sistema que funciona y que tiene la ventaja añadida de que respeta los preceptos islámicos.

En Cisjordania, el debate es intenso y las bromas constantes. Amenazar con casarse con una segunda mujer es un chascarrillo recurrente entre algunos hombres palestinos. Para las mujeres, la broma deja de tener gracia el día que sucede de verdad.

Um Mohamed Abu Zeinab tiene 39 años y todavía no se ha recuperado del disgusto. Un buen día, después de 13 años de matrimonio, la familia de su marido le lanzó la noticia bomba. Su esposo, abogado de profesión, se había vuelto a casar. Cuando el recién casado llegó a casa, dio pocas explicaciones; aquello fueron más bien instrucciones. A partir de ahora, en lugar de vivir en la parte de arriba de la casa familiar, Um Mohamed debía trasladarse al sótano con sus cuatro hijos. El piso de arriba lo ocuparía la nueva esposa. Allí, enterrada en vida, sin luz natural ni ventilación, Um Mohamed se planteó qué podía hacer. Qué alternativas tenía. No podía volver a casa de sus padres, porque viven en Jordania, y allí los niños no tendrían pasaporte ni derecho a escuela pública. ¿Divorciarse? “No. Aquí el divorcio es un estigma para la mujer. Nadie te ayuda. Por eso, por la presión social y por mis hijos, decidí seguir casada”, relata esta mujer, que ahora se gana la vida vendiendo maquillaje y lencería que trae de Jordania.

Luego todo se complicó bastante más y el caso acabó en los tribunales. Um Mohamed, con semblante entristecido y vestida con abaya, la bata islámica tradicional, todavía no entiende por qué su marido decidió casarse con una segunda esposa. “Económicamente y moralmente era incapaz de mantener a las dos familias”. Su relación con la segunda esposa era correcta, pero dice que en realidad, no se fiaba de ella. “No son relaciones sanas”, piensa esta hebronita.

El caso de Um Mohamed es muy extremo por las condiciones a las que su marido la sometió. Pero sus razonamientos e interrogantes son bastante representativos de los dilemas a los que se ven sometidas las mujeres que de repente se ven atrapadas en esta situación. ¿Qué hacer? Es lo primero que se preguntan. Las respuestas dependen en gran medida de las circunstancias económicas y familiares de cada mujer, pero la presión social, como dice Um Mohamed, también juega un importante papel.

Las mujeres que se divorcian, lo tendrán más complicado para volver a casarse, pero además, es muy probable que pierdan la custodia de sus hijos si lo hacen. Divorciarse además, equivale a volver a casa de los padres. Vivir sola es inaceptable en casi toda Cisjordania. Para colmo, es muy frecuente que los padres tiendan a culpar a las hijas en caso de divorcio. “Algo habrás hecho”, “no te has cuidado lo suficiente”… son algunos de los latiguillos obligadas a soportar.

Saida Bader, directora de un orfanato de Hebrón, representa la otra cara de la moneda. Para ella lo de que su marido tenga más de una mujer son todo ventajas. Es la segunda mujer del doctor Maher Bader, un parlamentario del movimiento islamista Hamás, que tiene seis hijos del primer matrimonio. Con Saida, quien además es su prima, ha tenido de momento dos. “Mi marido está feliz con su primera esposa”, arranca. ¿Y por qué se casó con usted? “Porque le gusta cambiar de ambiente, de casa, de amigos, caras nuevas… su primera mujer al principio se enfadó un poco, pero ahora lo ha aceptado porque se ha dado cuenta de que nos puede tratar igual de bien a las dos familias”. El programa es el clásico en estos casos. El parlamentario pasa una noche en casa de Saida y la siguiente en la de la otra mujer. “Mi hijo Ibrahim sabe qué día le toca venir a su padre y amenaza con no dormir si no viene”, dice Saida en su despacho del orfanato.

La directora enumera las que a su juicio son las ventajas del modelo polígamo: “si por ejemplo una de las mujeres cae enferma, la otra puede cubrir las necesidades sexuales del hombre. O si no puede tener hijos. O si sólo puede tener hijas y no varones… Además, algunos hombres tienen un poder sexual increíble y para ellos, una mujer no es suficiente. Por eso, el islam lo soluciona con una segunda mujer, en lugar de que el hombre se vaya a buscar novias por ahí”. Y detalla cuáles son las instrucciones de dios a cumplir en el caso de los matrimonios múltiples. “El marido tiene que ser justo, es decir cubrir las necesidades de las dos familias y la segunda mujer nunca tiene que pedir al marido que se divorcie de la primera. Si el marido desatiende sus obligaciones, quedará paralizado de medio lado”.

Saida presume de mantener una relación “excelente” con la primera esposa de su marido. ¿No tiene celos? Yo de ella no; ella de mí me temo que sí”. Su respuesta delata que incluso en los arreglos familiares mejor avenidos, el margen para la discordia es inevitablemente mayor cuanto más contratos matrimoniales haya por medio.

Todos esos argumentos no acaban de convencer a Inshirah Zeitun, una de las coordinadoras del orfanato, que escucha con atención mientras la jefa habla. “Yo no quiero ofender a dios, pero la realidad es que soy la tercera mujer de mi marido y soy muy infeliz”, confiesa esta mujer de 30 años, vestida con hiyab negro. “A mí lo que me hubiera gustado es tener un marido sólo para mí. Un marido que sólo tenga una casa”. Ella al principio se negó a casarse, cuando supo que el pretendiente en cuestión ya estaba casado dos veces. “Me costó años aceptar, pero insistió tanto…”. Terminó por aceptarlo, pero a su manera. “No me llevo bien con las otras. No quiero si quiera reconocer su existencia”. Su marido, herrero, se casó con Zeitun porque sus otras mujeres no podían tener hijos. Ahora Zeitun, con tres abortos espontáneos anda al borde de la desesperación.

Desde el punto de vista legal, ha habido grandes avances en los últimos tiempos para las palestinas. Hace aproximadamente un año, una nueva interpretación de la ley existente estableció que un palestino no puede casarse por segunda vez hasta que la primera mujer no haya sido informada. El presidente del tribunal de sharia de Hebrón, el jeque Abdelkadrer Idris ofrece detalles y razonamientos de toda índole en su despacho, situado en pleno casco histórico de Hebrón, ocupado por cientos de colonos y patrullado día y noche por el Ejército israelí. “Ahora el marido no puede actuar espontáneamente. Si la primera mujer no lo sabe, el juez enviará a un funcionario a comunicárselo antes de autorizar el segundo matrimonio”.

Con barba recortada, chaleco, corbata y el tradicional gorro blanco y granate, el juez de sharia informa de que el máximo legal es cuatro esposas, aunque la mayoría de los polígamos en Cisjordania optan por dos o tres, excepto aquellos que tengan mucho dinero. Y termina explicando por qué la sharia permite el segundo, tercer y cuarto matrimonio: “Se trata de resolver los problemas de nuestra sociedad. En Hebrón tenemos 37.000 solteras de más de 27 años. Y dios les dice a los hombres: casaos con esas mujeres para que no tengan que pecar y hacer cosas en contra del matrimonio. Es una ley preventiva, que evita el pecado”.

Maysun Qawasmi, una periodista metida a política de Hebrón, que acaba de formar una lista electoral compuesta exclusivamente por mujeres, las palabras del juez le parecen casi una broma mala. Al margen de cuestiones legales, morales o religiosas, Qawasmi considera que en la práctica es “imposible, que en las condiciones económicas en las que viven al mayoría de los palestinos y bajo ocupación militar los hombres sean justos y sean capaces de mantener a dos familias como dice la sharia”. Lo de la poligamia lo considera propio de hombres sin cultura que quieren alardear de poderío. “¿Y lo del apetito sexual?, pues el que no tenga suficiente con su mujer, que haga deporte, que falta les hace”, se burla.

A Um Mohamed, la mujer confinada al sótano, la amargura que arrastra no le permite tomárselo con humor. Sabe que es tarde para deshacer lo sucedido y ahora trata de centrarse en el futuro, sobre todo en el de sus hijos. “El hombre que venga a pedir la mano de mi hija tendrá que jurarme antes que nunca se casará de nuevo. No quiero que mi hija pase lo que yo he pasado”.

Niños ven, niños hacen…

2 septiembre, 2012

FUENTE: diario EL PAÍS

Ana Garralda | Jerusalén

El linchamiento de un joven palestino por una veintena de adolescentes judíos en Jerusalén Oeste hace unos días ha alarmado a sociólogos e intelectuales en Israel. El revulsivo y controvertido oxímoron de “judeo-nazis”, acuñado hace décadas por el polémico filósofo Yeshayahu Leibowitz (1903-1994), ha sido recuperado estos días en algunos editoriales de la prensa liberal israelí. Los medios conservadores, en cambio, abordaron el incidente como un suceso aislado perturbador, pero sin mayores consecuencias.

Leibowitz comenzó a denunciar una tendencia a la “nazificación” como consecuencia de la ocupación de Cisjordania y la Gaza tras la guerra de los Seis Días. Posteriormente escribió sobre la mentalidad “judeo-nazi” desarrollada por algunos soldados tras la invasión del Líbano en 1982. Entonces sus palabras levantaron ampollas en un entramado social en el que abundaban los supervivientes del Holocausto, a quienes horrorizó el término empleado por el polémico profesor.

Sus citas reaparecen cuando se suceden los incidentes de carácter racista no sólo en Cisjordania, con los habituales ataques de los colonos hacia civiles y propiedades palestinas, sino también en el seno de Israel. La celebración de ciertas efemérides simbólicas, como el Día de Jerusalén —en que Israel permite la entrada a la Ciudad Vieja de miles de jóvenes, la mayoría llegados de asentamientos, que enarbolan banderas israelíes y gritan consignas como “muerte a los árabes”— contribuye a fomentar la xenofobia y la violencia hacia los palestinos.

Acciones impunes

Al linchamiento siguieron nuevos ataques, esta vez en Cisjordania. El más grave sucedió junto al asentamiento de Gush Etzion, con el lanzamiento de un cóctel molotov contra un taxi en el que viajaban seis ocupantes, que tuvieron que ser hospitalizados con quemaduras de diversa consideración. Aunque el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró al presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, que llevaría a los culpables ante la justicia, la mayoría de estas acciones queda impune.

Para algunos expertos los dos incidentes, eclipsados por la rutina en la que se ha convertido la destrucción semanal de olivos en tierras palestinas; la quema de pastos, o las pintadas xenófobas contra los árabes, constituyen la punta del iceberg de una violencia soterrada, alimentada por los mensajes incendiarios de algunos rabinos o incluso por las leyes discriminatorias hacia los palestinos, a menudo auspiciadas por los colonos.

Según un estudio de la ONG Jerusalem Fund, con sede en Washington, el promedio de ataques de colonos en 2011 fue de 2,6 al día, lo que supone un incremento del 39% respecto del año anterior. Algunos intelectuales consideran que estos brotes xenófobos simbolizan el fracaso de un sistema educativo dual que exacerba las diferencias entre judíos y árabes y son fruto de los mensajes de las instituciones sobre la “supremacía de los judíos frente a los palestinos”.

Jamal, el joven palestino atacado por un grupo de judíos, en el hospital junto a su madre OREN NAHSHON (FLASH90)

Gueto

24 mayo, 2010

Éste es un documental que refleja la situación de los palestinos en Cisjordania y Gaza, confinados en lugares que recuerdan mucho a los guetos donde se recluía a los judíos.
 
http://www.gueto2009.com/sp/
 
Sus autores están teniendo dificultades para promocionarlo debido a la cruda realidad que podemos ver en él.