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“El mayor éxito del PP y de Rajoy en los últimos años: conseguir hacer normal lo que es insostenible”

20 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Jesús Maraña (Sahagún, León; 1961) acaba de publicar Al fondo a la izquierda (Planeta), una crónica periodística de la reorganización de la izquierda, es decir, de la sucesión de crisis que han sacudido al PSOE, el nacimiento y división de Podemos y las mudanzas de IU. Siempre se dijo que en España dos tipos de izquierda forman dos corrientes y un tercero, una escisión. Esa incapacidad congénita para compartir utopías, programas o apuestas concretas en la modernización de España no es nueva, es anterior a la proclamación de la II República. Maraña nos recibe en su despacho de Infolibre. La redacción aún echa humo tras su éxito en el caso Moix.

Ha ganado Pedro Sánchez por goleada, pero no parece que Susana Díaz esté dispuesta a ponerlo fácil. ¿Qué va a pasar en el PSOE?

Si el resultado hubiera sido muy ajustado, que era lo que preveíamos casi todos, hubiese ganado ella o él, la batalla sería tan encarnizada como ha sido hasta ahora. La holgura de la victoria de Pedro Sánchez, que es la verdadera sorpresa, debe ayudar a suavizar tensiones, que van a seguir porque la fractura ha sido tan enorme y el enconamiento de tal magnitud que no son fáciles de cerrar. Va a depender de la generosidad del ganador y de la humildad de los derrotados.

No sabemos si Pedro Sánchez ha aprendido de los errores de su primera etapa. Las señales que emite el ‘susanismo’ no permiten ser optimistas.

Da la impresión de que la mayoría de los barones que han estado arropando a Susana Díaz están en la idea de intentar limar asperezas y pactar. Los pasos que ha dado Susana Díaz, y lo que trasladó gestualmente en las primeras horas, indican que quiere blindar su territorio de poder, que es Andalucía. El adelanto del congreso regional indica que quiere resistir.

Narra en su libro los relevos al frente de la secretaría general de José Luis Rodríguez Zapatero y de Alfredo Pérez Rubalcaba. Susana Díaz siempre ha estado detrás manejando los hilos. Cuenta que tras las elecciones europeas, en las que Rubalcaba pierde cuatro millones y medio de votos, Susana Díaz le llama por teléfono: “Si no dimites hoy, mañana voy a pedir públicamente tu dimisión”.

La mayor pérdida de votos que se ha producido en el PSOE entre 2008 y la actualidad fue en la etapa de Rubalcaba. De los diez millones y medio largos que tuvo Zapatero se han dividido prácticamente por la mitad entre el PSOE y Podemos. El papel de Susana Díaz en todo desarrollo, fuera por aspiraciones propias o por negarse a dar el salto que otros pretendían que diera, ha estado presente en todo el proceso. Una de las cosas que me han sorprendido, en el relato que he reconstruido del Congreso de Sevilla, es que dirigentes socialistas que apoyaron a Rubalcaba en la sucesión de Zapatero, reconocen hoy que fue un error. Admiten Chacón hubiese supuesto una renovación, mientras que la de Rubalcaba fue un bloqueo o incluso, como lo define alguno de los dirigentes en el libro, un salto hacia atrás. No hubo renovación generacional sino un blindaje de la vieja guardia, de los modos institucionales y pactistas eternizados desde la Transición. Eso ha causado un daño evidente, ha afectado a la credibilidad del partido ante su electorado. Tras la dimisión de Rubalcaba, tras las europeas, se produce el nuevo error: la manera en la que se hizo la sucesión en favor de Pedro Sánchez.

Eduardo Madina tarda en decidir si se postula para reemplazar a Rubalcaba. El mismo reconoce que le falta instinto asesino en política. Poco después de anunciar que se presenta a las primarias, los mismos que le habían alentado se pasan al bando de Susana Díaz. Ella también duda, pero ve en Madina un rival que le impediría dar el salto a Madrid. Hay una operación casi de Estado para que se retire Madina y dejar abierta la vía de la proclamación. Como se niega, Susana apuesta por Pedro Sánchez como líder provisional: ‘ocupa el puesto, no toques nada, que ya te diremos cuándo tienes que irte’. Nada más derrotar a Madina, Sánchez empieza a pensar por su cuenta.

Sí, así es: los mismos que aúpan a Madina, tienen miedo. Creen que no es tutelable. Consideran que el relevo tiene que recaer en alguien que simbolice la experiencia, la oficialidad, la estabilidad; también que Susana Díaz cumple esos requisitos, o que con ella se corren menos riesgos. Pero Susana Díaz y su entorno andaluz creen que no es el momento de dar el paso, que es demasiado arriesgado. Ella aún no ha pasado por unas elecciones. Es presidenta de la Junta de Andalucía por decisión de José Antonio Griñán. Pedro Sánchez está en el lugar oportuno en el momento oportuno. Se produce una concatenación de casualidades, que se repiten en distintas fases de la carrera de Pedro Sánchez: entra en el Congreso por carambola, porque no sale elegido. Sustituye a Pedro Solbes cuando dimite y a Cristina Narbona cuando deja el escaño para ir al Consejo de Seguridad Nuclear. El azar es importante en la carrera de Pedro Sánchez, que está marcada por una ambición política muy clara, algo legítimo por otro lado. Hay dirigentes que le ponen peros porque no se fían. Uno de los que mejor le conoce es Tomás Gómez. Está convencido de que Sánchez lo va a matar políticamente en cuanto tenga una oportunidad. Por eso exige una reunión de referentes del partido con Susana Díaz, Ximo Puig, él mismo y Zapatero, que hace de garante de lo pactado. Hay una frase que resume ese carácter de provisionalidad que todos quieren dar a Sánchez. Es de Susana Díaz y la pronuncia a la salida: “Este chico no vale, pero nos vale”. Un mes después del Congreso, Sánchez anuncia en el primer comité federal que se celebra que va a ser candidato a la presidencia del Gobierno. Ahí nace la ruptura y la desconfianza absoluta entre Susana Díaz y Pedro Sánchez.

Un alto dirigente del PSOE me dijo antes de las primarias: “Si gana Pedro no hay día después; si gana Susana habrá día después, aunque quizás no mucho más”. Por ahora ha habido día después.

A veces los políticos son muy taxativos en la definición de posibles abismos. Los periodistas, también. Una de las conclusiones que uno saca cuando intenta establecer un relato con testimonios, datos y  documentos sobre lo que ha ocurrido en el espacio de la izquierda, es que la política es una evolución permanente en la que abunda el tacticismo. Por eso hay tanta improvisación en las decisiones. Las  grandes estrategias que se han elaborado a posteriori no son tantas. Es algo que me asombra. En el PSOE ha habido múltiples errores, sobre todo la obsesión por los liderazgos personales. Han querido solucionar cada etapa con un cambio de liderazgo personal y se han equivocado constantemente, tal como han demostrado las urnas. Se equivocaron dando el paso a Rubalcaba y dejando claro además que no creían en las primarias. Es decir, en el voto de los militantes. Se equivocaron en el momento en que dieron paso a Pedro Sánchez. Pase lo que pase a partir de ahora, lo ocurrido es la mayor fractura que ha tenido el PSOE desde los tiempos de Suresnes. Nunca nadie había conseguido congregar en contra a tantos dirigentes que no tienen mayores puntos de acuerdo entre sí. Susana Díaz y Eduardo Madina no tienen, por ejemplo, la misma visión de España.

Da la sensación de que el aparato solo piensa en sí mismo. Cuando dicen ‘si gana Pedro Sánchez, se acaba el PSOE’, igual solo se acaba su PSOE, su presencia en la dirección o su peso en los medios de comunicación. Que ellos desaparezcan no significa que se acabe el partido.

Es así. La principal incógnita ahora mismo es averiguar quién es definitivamente Pedro Sánchez, cuál es el verdadero: el del abrazo a Ciudadanos, el del viaje a Lisboa para escuchar los consejos de António Costa sobre el gobierno a la portuguesa, el que viaja a Berlín antes del 26-J y escucha a Sigmar Gabriel los consejos sobre la gran coalición, el que cree que hay que abstenerse en la segunda votación o el que vuelve de Mojácar a mediados de agosto y dice: ‘lo que quieren es que yo me coma el marrón de la abstención y luego liquidarme, y no estoy dispuesto’. Desde ese momento crea un relato, actúa desde el “no es no” que ha construido el Pedro Sánchez que conecta con las bases y con los votantes del PSOE. Las bases dicen: ‘admitimos muchas cosas, pero no dar el gobierno al adversario’. Es tan sencillo que sorprende que los referentes del partido y quienes han arropado a Susana Díaz no hayan sido conscientes de que, una vez más, el problema es de credibilidad.

¿Y por qué las élites de los partidos, y las élites en general, tienen tantos problemas para leer la realidad y entender lo que piensa la gente? Afecta incluso a periodistas.

Sí, sorprende mucho. En el caso del PSOE, y esto está reflejado en el libro, no se puede entender lo que ha pasado, no ya en la última fase, sino en los últimos veinte o treinta años, sin tener en cuenta la interdependencia del PSOE con el grupo Prisa, con ‘El País’ en particular, y con Juan Luis Cebrián en lo personal. Lo reconoce el propio Cebrián en sus memorias. Primero dice: “El País nunca ha sido un periódico de izquierdas”; luego añade: “Tengo una relación y una amistad íntima con Felipe González y con Alfredo Pérez Rubalcaba”. Esa relación, como expresan en el libro varios dirigentes socialistas, ha supuesto la externalización del músculo intelectual del PSOE. Han estado condicionados en gran parte de las decisiones importantes por lo que pensaba o creían personalidades ajenas al partido con unos intereses concretos. Eso tiene que ver con la evolución que ha tenido el PSOE y con la evolución que han tenido el Grupo Prisa y ‘El País’. Y con los condicionamientos de los poderes económicos y financieros que tienen un papel permanente en lo que ha pasado, y un objetivo que no se han preocupado en disimular. Consideraban que cualquier opción a la izquierda que contara con Podemos era perjudicial para el país, España, y para ‘El País’ periódico. Lo han expresado editorialmente. Consideran que sería una catástrofe para los intereses económicos de este país. No hay más que comprobar los mensajes que han lanzado a través de editoriales, artículos y entrevistas con Felipe González en los momentos más sensibles en la evolución del PSOE.

Pero luego la gente no hace caso.

Esa es la gran sorpresa para ellos, y la gran reflexión que deberían hacer. Cuesta entender la ceguera. Llevamos años, por lo menos desde el 15-M, en los que el electorado progresista, en un sentido transversal, ha expresado de forma clara que quiere cambio. Cuando la gente visualiza distintas opciones que representan lo que se ha hecho siempre en los últimos treinta años y entre ellas hay un botón, el que sea, que representa el cambio, la gente pulsa cambio. En este caso, el botón es Pedro Sánchez. Probablemente en otra fase, en Sevilla, hubiese sido Carmen Chacón.

Pedro Sánchez llega ungido por la militancia contra del aparato. Llega libre. La primera vez se lo debía al aparato que quería bloquear a Madina; ahora llega investido de una gran auctóritas. Posiblemente es la peor noticia para Pablo Iglesias, porque puede competir en el mismo lenguaje, presumir que ha derrotado a su propio sistema. Además, puede competir desde la responsabilidad, está en un partido que ha presidido gobiernos. A ver cómo lo maneja.

Pedro Sánchez tiene la oportunidad de recuperar la credibilidad del PSOE ante su electorado. La tiene, y en ese sentido puede sentirse liberado de todo tipo de ataduras. Ha tenido enfrente a todos los referentes de poder en el partido, y a los referentes mediáticos y económicos. Ha ganado a pecho descubierto, arropado por las bases. Este es el relato que ha construido, y es un éxito. Tiene la oportunidad de ejecutarlo. ¿Dudas? Las tengo. Es lógico que las tenga por la evolución errática de Pedro Sánchez. Es verdad que la ha tenido en un periodo en el que estaba muy condicionado, pero en  algún momento pudo dar pasos que no dio. Si leía la realidad durante el año de ciclo electoral como la ha leído ahora, por qué no convocó un comité federal para decir:’ señores, no debemos mantener las líneas rojas del 28 de diciembre; quiero plantear esto otro’. Después de fracasar en la investidura con Ciudadanos, ¿por qué no dio ese paso para explorar un gobierno progresista? El riesgo era perder la secretaría general. Durante esta fase, y lo demuestran los hechos que se relatan en el libro, la prioridad de Pedro Sánchez era mantenerse en la secretaría general. Pedro Sánchez transmite que ha cambiado, que ha madurado y aprendido, que es consciente de los errores cometidos. Si lee bien lo ocurrido tendrá una oportunidad para recuperar la credibilidad del partido.

En la noche de las primarias escribí en un tuit: lo ocurrido es un 15-M para el aparato del PSOE.

Es indudable que es un golpe para quienes siempre han sido contemplados como los guardianes de las esencias y de la sabiduría política dentro del partido.

La incapacidad del PSOE de captar los cambios en el humor de la sociedad permitió el nacimiento y el crecimiento de Podemos, que se especializó, sobre todo en la primera fase, en leer muy bien la realidad y de marcar, como dice en su libro, el lenguaje político, de colocar ideas que van a ser el centro del debate. Esto es evidente desde las elecciones europeas y las municipales y autonómicas. Quizás el error de Podemos fue pensar que el 20-D era una oportunidad única, un ahora o nunca, cuando en verdad empezaba todo.

Sí, si se analiza toda la cadencia de cómo fueron los hechos, desde el 20-D hasta el 26-J, es evidente que fue la desconfianza total entre el PSOE y Podemos y la equivocación en la estrategia de los dos lo que impidió el acercamiento. El PSOE cree que Podemos quiere liquidarle y Podemos que el único interés del PSOE es evitar el ‘sorpasso’, que es la prioridad de Podemos, sobre todo del equipo de Pablo Iglesias. Las urnas demostraron el 26-J que esa lectura fue errónea por ambas partes. En esa fase hubo una oportunidad clarísima. El análisis más técnico dentro de Podemos lo hizo Carolina Bescansa. Decía que la causa de la pérdida de un millón de votos el 26-J no fue tanto la alianza con Izquierda Unida, sino que una parte importante del electorado les reprochó no haber intentado sacar al PP de Gobierno.

Una solución tipo la serie Borgen era el pacto entre Podemos, Ciudadanos y el PSOE. Si se quiere, un Gobierno del PSOE con independientes apoyado desde fuera por los otros dos y una agenda de regeneración radical, como que el Parlamento elija al Fiscal General del Estado por una mayoría de dos tercios, y que no se pueda cambiar con una mayoría absoluta, tener una RTVE de todos. En una entrevista con Jordi Évole antes de diciembre, Pablo Iglesias y Albert Rivera parecían llevarse bien.

Porque ambos representaban el cambio.

Esto se acaba después del 20-D. Es como si alguien le dijera a Rivera, ‘de buen rollito, nada’, y empieza a atacar. Iglesias, que no necesita mucho para saltar, salta. A Pedro Sánchez, además de sus errores, le pusieron tantas rayas rojas que no supo qué hacer. Los tres perdieron la gran oportunidad de sacar al PP del Gobierno.

Esto es lo que piensa mucha gente, por lo ocurrido el 26-J con la recuperación de una parte del voto del PP. En la fase en la que había ese buen rollito, como dices, Pablo Iglesias y Albert Rivera estaban convencidos de que no competían entre sí y que representaban el cambio. Después del 20-D, se ve claramente que hay presión para que Ciudadanos establezca su incompatibilidad con Podemos. Y Podemos decide ser incompatible con Ciudadanos en su estrategia de superar al PSOE. No todo el mundo dentro Podemos pensaba lo mismo ni lo analizaba igual, como se ha visualizado después. En aquellas fechas algunos analistas reflexionábamos sobre la solución de un gobierno del PSOE con apoyo desde fuera o desde dentro de Ciudadanos y la abstención de Podemos. Eso situaba a Podemos en la labor de principal referente de la oposición. Todas las medidas obligadas, debido a la presión desde Bruselas y del BCE, se las hubiera comido el PSOE. Todo lo que fuera regeneración hubiera sido gracias a Podemos. No se entiende bien, desde el punto de vista de quienes no estamos en ninguna militancia, que no se valorara lo suficiente ese escenario y se arriesgara tanto en el otro, que ha resultado fallido. Esta oportunidad estaba condicionada porque Ciudadanos es una cuña de los poderes económico-financieros, que no ocultan que quieren que haga el papel de frenar a Podemos, que evite cualquier posibilidad de que Podemos participe o apoye un gobierno por la izquierda.

¿Por qué ese miedo cerval a Podemos?

No es tanto el miedo que trasladan, la cosa bolivariana y todo esto, es porque supondrían un muro frente al neoliberalismo, para la aplicación de las medidas que se han aplicado estos años.

Y que se acabaría el chiringuito en el que todo se lo reparten sin concurso público. Miedo a que se levanten las alfombras, como se han empezado a levantar.

Es otro error en la lectura de la realidad por parte de las élites, también las del Partido Popular, porque estamos viendo casos que no dependen tanto de que haya un gobierno progresista o no, sino de que funcionen las instituciones, los mecanismos democráticos. Cuando hay un juez, unos fiscales o unos investigadores que hacen su oficio y cumplen su función, el gobierno de turno no lo tiene fácil, como se está demostrando. A pesar de la escandalosa contaminación de los órganos judiciales desde el poder político, estamos viendo que cosas que se han ocultado durante una década están saltando, y eso que no está gobernando Podemos.

¿Qué le puede estropear la legislatura a Rajoy? 

La legislatura depende más de lo judicial que de lo político. La aprobación de los presupuestos le garantiza el Gobierno hasta 2019. Esto ha servido para dar solidez al relato de Pedro Sánchez, porque se ha demostrado que no hacía falta el harakiri de la abstención para que hubiera gobernabilidad. Rajoy decidirá en qué momento le interesa convocar elecciones. Sin descartar que quiera que coincidan en 2019 las autonómicas, las municipales, las europeas y las generales. Está en sus manos. ¿Qué puede distorsionar que Rajoy mueva el calendario electoral como más le interese? Que los estallidos de los casos de corrupción y los avances judiciales sobre ese asunto hagan irresistible esa situación.

El editor de Infolibre, Jesús Maraña.
El editor de Infolibre, Jesús Maraña. MARTA JARA

Es increíble que el futuro del PP o el de Cristina Cifuentes pueda depender de quién es el titular del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional [al que volverá casi después de 17 años su titular Manuel García Castellón].

No olvidemos que el PP está gobernando gracias a Ciudadanos. Las promesas de regeneración de Ciudadanos incluían una batería de propuestas que se firmaron con el PP, entre ellas las que garantizaban avances en la independencia judicial. Pero no se han producido esos avances, no se han ejecutado hasta el punto que podamos fiarnos en que no hay esa contaminación que decíamos antes. Si el gobierno tiene la posibilidad de controlar la Fiscalía General del Estado y el Consejo General del Poder Judicial, existe la posibilidad de control de  los nombramientos que, aunque tienen su mecánica normativa, están condicionados por las decisiones de las mayorías en los órganos correspondientes. Vemos nombramientos de jueces en destinos internacionales muy bien pagados que crean huecos en el escalafón que después corresponden a algún juez que puede convenirles más. Federico Trillo era un especialista en esto. Durante años condicionó la persecución de la corrupción.

Con lo que han desvelado las exclusivas de InfoLibre sobre el fiscal anticorrupción, y con el fiscal general y el ministro de Justicia reprobados en el Parlamento, Rajoy se dedica a hacer bromas sobre la Coca-Cola de Ramón Espinar.

Es una técnica. El mayor éxito del PP y de Mariano Rajoy en los últimos años: conseguir hacer normal lo que es insostenible. Han conseguido que entren en la normalidad todo tipo de actuaciones que, en cualquier democracia mínimamente solvente, no serían aceptables.

¿De quién es la culpa que esta normalidad se haya instalado como forma de gobierno?

Tiene mucho que ver con el hecho de que el PP ha conseguido manejar los mensajes y los marcos de discusión mediática, aprovechando incluso las nuevas herramientas para que un escándalo que se produce a las diez de la mañana, quede fagocitado a la una por el siguiente. Es una técnica que está muy estudiada. No es algo improvisado. En eso han demostrado una gran habilidad. También se han aprovechado de la división que ha habido enfrente. Cuando Felipe González define a Rajoy como el único animal que avanza sin moverse hay que complementarlo con el hecho de que los demás se han movido en direcciones equivocadas; si no, no hubieran podido sostenerse.

A la guerra interna del PSOE se suma la división en Podemos, donde parece evidente que hay una purga de ‘errejonistas’. ¿Qué futuro tiene Podemos?

En Vistalegre II ganó una hoja de ruta y una estrategia, la de Pablo Iglesias, que consiste en mantener e incentivar la movilización social, priorizar la calle sobre un trabajo institucional que creen que no es eficaz en estas circunstancias políticas y parlamentarias. Tiene su explicación. Es verdad que, como está demostrando el gobierno de Rajoy, la arquitectura que tenemos desde la transición hace que, aunque el gobierno esté en minoría en el Parlamento, la mayoría de las iniciativas no resultan eficaces porque el gobierno tiene capacidad de bloqueo. Esta situación no le obliga a desmontar las principales medidas y las leyes aprobadas cuando tenía mayoría absoluta. Está consiguiendo dilatar la reforma laboral, la ley de RTVE, etc. En este sentido, la teoría de Podemos tiene una base. Otra cuestión es lo que se abre a partir de ahora. Habrá que comprobar si se ha aprendido algo en el recorrido. Lo esencial es que es muy difícil que cambie el gobierno del PP si no hay algún tipo de entendimiento colaborativo entre el PSOE y Podemos. Luego se puede entrar en las fórmulas y en los matices. La única vez que hubo en este país un acuerdo pre-electoral de las fuerzas que en aquel momento podían ser paralelas a las de hoy, fue un fracaso absoluto, el de Almunia y Paco Frutos en su día. Pero no tenemos ni las mismas circunstancias ni tiene por qué ser una fórmula pre-electoral. La cuestión es que la mayoría del electorado quiere un cambio en las políticas que se han venido practicando y en la gestión de la crisis. Si eso no lo asumen Pablo Iglesias y Pedro Sánchez, y sus respectivos equipos, seguirán desgastándose mutuamente y seguirá gobernando el PP.

Da la sensación de que Podemos ha elegido ser oposición, no aspirante a gobernar o a influir en un gobierno. La victoria de Pedro Sánchez, como se ha producido, obligará a modificar la estrategia. Sorprende de Podemos que teniendo una enorme capacidad de lectura de la política no hayan tenido desde diciembre la misma capacidad para hacer política.

Podemos ha cometido errores desde el 20-D. Afectan a lo que era su mayor potencial: la capacidad de estrategia política, muy conectada con el 15-M y a la movilización social. ¿Va a haber rectificación? Da la impresión que incluso los partidos nuevos no tienen tantos reflejos. En el último mes y medio, dos meses, Podemos ha lanzado el Tramabús, que conecta con Vistalegre y la movilización en la calle. Pero a la vez, han presentado una moción de censura, que está en la vía de la pelea parlamentaria. No sé si se podrán manejar todas las bolas a la vez. Es verdad que el triunfo de Sánchez les complica las cosas.

Podemos es consciente de que Pablo Iglesias tiene mala imagen, lo dicen las encuestas. Es cierto que muchos medios de comunicación le han hecho un traje, pero algo de culpa tendrá él.

Esa es la sensación, que los medios de comunicación le han hecho el traje y que ellos han cometido errores graves. Un 70% puede ser el traje, y un 30% lo han puesto ellos. Para Podemos el mayor riesgo es un exceso de tacticismo. Si la gente, tu propia gente, percibe que algunos de pasos son más ficción que realidad, volvemos al problema de fondo que ha tenido el PSOE estos años, que es el de la credibilidad. El origen de la crisis política y de la crisis en la izquierda, especialmente del PSOE, es un déficit de credibilidad. Es paralelo a la crisis de la prensa y del periodismo. Las genialidades del marketing político tienen el altísimo riesgo de redundar en la falta de credibilidad y eso puede desgastar el importantísimo apoyo que tienen. Sin embargo hay cosas que no tienen marcha atrás. Estamos viviendo un cambio, un corte demográfico y generacional. Las generaciones más jóvenes, más dinámicas, más urbanas, más profesionales han establecido un mensaje claro. Ya no vale todo.

¿Puede recuperar el PSOE parte del discurso que le ha robado Podemos, ir a por la transversalidad al que parece ha renunciado Iglesias? Pero hay algo en la escenografía que no ayuda, aunque sea emotivo: cantar La Internacional puño en alto. Podían buscar algo más neutro.

No ayuda sobre todo en términos de credibilidad. Hay una distorsión entre la imagen que has creado de ti mismo durante años y la solidez con la que se le ve cantar o gestualizar un himno que ha sido de las bases socialistas, aunque no siempre se ha correspondido con las políticas que han ejecutado. De ahí la decepción de su electorado.

Es evidente que con cuatro partidos en el escenario nacional nadie va a tener mayorías absolutas. Si el PSOE quiere volver al gobierno solo tiene dos vías: una gran coalición con el PP o un pacto con Podemos. Aunque Podemos superara al PSOE y el PSOE quedara reducido a cuarenta diputados, tampoco podría gobernar sin ellos. Están condenados a entenderse.

A entenderse de la manera que sea. Es una de las conclusiones que deberían haber percibido mucho antes. Es verdad que ha habido muchos obstáculos para que eso fraguara, pero hay que empezar admitiendo que los obstáculos venían desde sí mismos. Ni Podemos ni el PSOE dirigido entonces por Pedro Sánchez mostraron que esta fuera la prioridad. Se intentaron otras cosas creyendo que eso fortalecía o debilitaba menos, Ha sido un error. Se abre un tiempo completamente distinto, y eso va a condicionar, no tanto la longitud de la legislatura, como el futuro de la izquierda y la posibilidad de cambio o no en este país.

En la cuestión catalana, Podemos defiende un referéndum con pregunta clara y unas condiciones pactadas. El PSOE no quiere pronunciar la palabra consulta. Pero la única forma de finalizar con el pulso permanente es con un referéndum.

La posición de Podemos le ha dado una solidez en Cataluña. La defensa del derecho a decidir es clara, le ha diferenciado del PSOE y aportado un apoyo clarísimo desde el primer momento. En el libro relato la influencia que ha tenido el asunto de Cataluña en la crisis de los socialistas. El PSOE nunca ha podido gobernar en España sin haber obtenido un buen resultado en Cataluña. El PSOE necesitaría revisar su relación con el llamado ‘problema catalán’ si quiere volver a recuperar el gobierno de la nación. O confiarlo todo a una alianza con Podemos, al margen de las diferencias que hay en este asunto. Siempre ponemos el foco en que no ha sido posible el cambio de gobierno por la batalla entre Podemos y el PSOE, pero la realidad parlamentaria es que no ha habido forma de sumar, mientras se consideren apestados los escaños de las formaciones independentistas.

El editor de Infolibre, Jesús Maraña.
El editor de Infolibre, Jesús Maraña. MARTA JARA

La campaña contra Manuela Carmena por ceder un espacio a Puigdemont en Madrid ha sido poco democrática. En una democracia también se puede defender la independencia.

Lo que me asombra es que parezca más democrático no escuchar. Se intenta poner en solfa que Carmena decidiera ceder un local del Ayuntamiento, o alquilarlo, para que dieran su conferencia. Aunque discrepes de lo que va a decir Puigdemont, en una democracia que funciona lo normal es que los dirigentes de otras formaciones vayan a escuchar. Eso sería lo normal y lo inteligente. No se trata de poner de acuerdo a quien ha decidido que Cataluña tiene que ser independiente, y quienes dicen que se va a aplicar la ley y que vía tribunales se va a pararlo. Son posiciones que no parecen tener puntos de confluencia. ¿De qué se trata? De convencer al mayor número posible de ciudadanos en Cataluña, y del resto de España, de que no vayan a la independencia, que se queden para construir otra realidad. En el libro he llegado a una conclusión, que no tenía tan clara antes de empezar: muchos dirigentes del PSOE que están anclados en la Declaración de Granada, son conscientes en privado de que hay de que dar algún paso más. Que sin empezar por el referéndum cabe hablar de la posibilidad de un estado plurinacional que garantice la igualdad de derechos y la singularidad de quienes quieran ser nación, expresarse como nación y funcionar como nación. Dicen que habrá que planteárselo en el fututo. El problema es saber dónde está el futuro: si se te está escapando, o si sirve como cree Rajoy para debilitar el apoyo independentista.

Parece que estamos metidos en el juego de la gallina, el de llevar los coches hasta el precipicio. Da la sensación de que ese es el juego entre los partidos y entidades soberanistas. Su esperanza es que Rajoy cometa un error y puedan echar la culpa a Madrid. ¿Qué le van a decir a todos los catalanes que quieren la independencia? ¿Volverán a convocar elecciones plebiscitarias?

Es muy arriesgado. Los análisis que escucho, sobre todo en Cataluña, y cuando hablas con las fuentes, señalan que en esa disputa entre dos polos, el PP y Junts pel Sí, entre lo que representa Rajoy y lo que representa Artur Mas, los ganadores serán Oriol Junqueras y ERC. Se considera que este proceso puede fortalecer a quien tiene toda la credibilidad en el mundo del independentismo. Es posible que en el Gobierno estén considerando que al final el interlocutor válido será Junqueras.

Me dijeron en Barcelona que Junqueras es como José Bono, tiene talento para cambiar de opinión.

Y para acordar.

También me dijeron que en el entorno de Soraya Sáenz de Santamaría le quieren ver como un nuevo Santiago Carrillo. El tipo que va a reconducir sus huestes y meterlas en el corral.

Está todo por ver. Es una situación distinta al 9-N. Después de lo ocurrido por la vía judicial, las dos partes tienen unas herramientas más claras. Será muy difícil que se celebre el referendo. Lo que es inevitable es que se convoquen elecciones o que hagan una declaración unilateral.

¿Qué efecto tendría una declaración de independencia unilateral en el reconocimiento exterior?

Tiene un efecto político y un mensaje hacia el exterior, que es en el que más se están volcando desde Cataluña las fuerzas independentistas. Intentan relacionar todo con el respaldo o la legitimidad que les den internacionalmente. Creen que esa es la vía para fortalecerse. No tengo claro que ellos mismos estén convencidos de que esto no tiene otra salida que la independencia, que es lo que trasmiten. Recuerdo un almuerzo con Artur Mas en Madrid hace unos meses en el que claramente reconoció: “bueno, no tuve más remedio que subirme a una ola que era imparable”. Y eso es lo que ha ocurrido al menos por parte de uno de los dos actores principales que es la antigua CiU. Lo que no se ha terminado de asumir desde aquí es que lo que está ocurriendo no está en manos de unos partidos independentistas, sino en manos de una parte importante de la sociedad catalana que ha dado la espalda a España desde la sentencia del Estatut. Y mientras no se asuma esa realidad y no se contemple políticamente como algo que hay que manejar, que hay que avanzar, que hay que discutir, que no se puede empezar una discusión por el final. Ni por quien dice ‘solo puede ser independencia’ ni por quien dice ‘para esto están los tribunales’. Sigo confiando en que la realidad nos llevará a alguna situación que modificará la Constitución del 78 y establecerá una convivencia del tipo que sea.

Muchos sostienen que más que un problema catalán hay un problema español. Seguimos anclados mentalmente en los mismos cinco reinos de la Edad Media. Parece que a diferencia de los años treinta Cataluña ha renunciado a la modernización de España.

Sí. Y además hay una tesis, históricamente muy asentada y argumentada: los brotes más fuertes de independentismo surgen en etapas en las que falla el Estado o en las que hay una debilidad clara por parte del Estado español. Creo que la situación política de aquí, la caída del bipartidismo y la crisis económica, han contribuido a que el mensaje independista tenga mucha más fuerza.

Las encuestas indican que la mayoría de los catalanes está por el referéndum, pero pactado.

Sí. Esa es una realidad. Se equivocan quienes niegan un referéndum. Ya no estamos hablando de la contraposición independentismo y federalismo, estado autonómico o lo que usted quiera. Estamos hablando de que un 70% o un 75% de la población de un territorio quiere expresarse. ¿Por qué no se intenta negociar el orden de esa expresión?

Y las condiciones. Artur Mas dijo a Jordi Évole en una entrevista que estaba a favor de una mayoría cualificada. Junqueras hablaba de un consenso amplio. Javier Solana, que fue el responsable como ministro de Exteriores de la UE, de organizar el referéndum de Montenegro, impuso la condición de superar el 55% de síes. Parece razonable. No puede independizarte con un 45%.

En eso las fuerzas independentistas hicieron una trampa, han bloqueado la posibilidad de desarrollar esta parte del debate. Cuando celebraron las últimas elecciones que calificaron de plebiscitarias, para decidir sobre la independencia, obtuvieron un 48%. Pese a este resultado continuaron con la hoja de ruta independentista. Es una mala base para fomentar la confianza en una negociación. No tienen mayoría para seguir con la hoja de ruta independentista. Así dan armas a la posición contraria, la del PP, para mantenerse en ese choque. Un referéndum, en la hipótesis que sea, es contemplable dentro de una reforma constitucional que llevará también a un referéndum en Cataluña. Soy partidario de un referéndum en el que la gente exprese lo que quiere ser. Y habrá que hacer una oferta cautivadora, atractiva, seductora para que se queden, pero eso no se contempla.

No sé qué porcentaje del 48% independentista es emocional, es decir, que se le pueda atraer desde un lenguaje distinto y con una oferta interesante.

Pedro Sánchez defendió de nuevo la idea de ‘nación de naciones’, pero habló más bien de una nación cultural. El sector más independentista no ve un cambio en sus palabras, dicen que no se termina de entender lo que está pasando. Es evidente que Cataluña es un tema complejo. Si no, no llevaríamos siglos con esta historia. Me parece que hay una oportunidad, como la hubo con la reforma del Estatut en el 2006. Tenemos abierta una oportunidad que conecta con lo que estamos viviendo: los cambios generacionales y la globalización, que podrían permitir la construcción de un Estado más plural.

Es posible que la negociación del Brexit, el precio que tendrá que pagar el Reino Unido por dejar de  pertenecer a la UE, sea un aviso para los partidos independentistas en Cataluña.

Cuando hablo con representantes del independentismo, utilizan referentes que puedan servir para armar su discurso y, sobre este tema se refieren más a Escocia, y al hecho de que el Reino Unido decidiera dar la voz y que Escocia decidiera. A pesar de que decidieron en contra de lo que ellos plantean, ¿no? Lo más interesante del Brexit es que vuelve  a abrir el melón de Escocia

No hay melón si el Reino Unido no acepta un nuevo referéndum.

Puede convertirse en un referente derrotado. Las armaduras de ese discurso se van a ceñir cada vez más a la reivindicación de la libertad de un pueblo para decidir su futuro. Otras cuestiones son las condiciones, las mayorías, porque partir un pueblo por la mitad tampoco es democrático. La solución a la cuestión catalana depende más de la inteligencia de aquí que de la fortaleza de allá.

Muchas gracias, Jesús Maraña.

El editor de Infolibre, Jesús Maraña.
El editor de Infolibre, Jesús Maraña. MARTA JARA

Que el mundo se pare, que hay que esperar al PSOE

24 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La perversión del lenguaje se refina hasta límites demasiados similares a algunas páginas de  1984. Las esferas del poder multiplican sus escenificaciones. Cada vez más lo que dicen es lo opuesto a lo que hacen. Llaman responsabilidad a mantener silencio ante la corrupción y acusan de desorden a quienes exigen cambios.

Dicho en palabras de Rajoy, es “con el Gobierno del PP cuando se actúa contra la corrupción”. La “estabilidad” es que el PSOE siga manteniendo al PP en el Gobierno, y que de una forma u otra, le facilite sacar adelante sus presupuestos. Así lo han expresado diversos integrantes del PP y plumas periodísticas afines. La paz es la guerra y el odio es el amor. Incluso la tabacalera más grande del mundo, Philip Morris, afirma que quiere “un mundo libre de humos”.

Las elites intentan comprar tiempo, con la esperanza de que mientras tanto, las fuerzas políticas y sociales que buscan un cambio decaigan, pierdan fuelle, se cansen, sean derrotadas. En su empeño por mantener la continuidad de sus planes está dispuesta a teatros, mentiras, manipulación del lenguaje, autoritarismos, recortes de libertades e incluso a guerras mayores, en función de cómo se desarrollen los acontecimientos.

En España buscan ganar tiempo de muchas formas. La última de ellas consiste en estigmatizar la moción de censura presentada por Unidos Podemos. Las voces del establishment piden que se retire; dicen que hay que esperar a que el PSOE -que lleva año y medio largo decidiendo qué quiere ser- esté preparado. Que ahora no es el momento. Que hay que darle tiempo.

Dentro de esa estrategia se está difundiendo la idea de que Unidos Podemos y las confluencias no ofrecieron presentar la moción de censura conjuntamente con el PSOE. Se está tapando la oferta que dichas formaciones presentaron tanto antes de las primarias como después. Solo horas después de que Pedro Sánchez ganara la interna tanto Pablo Echenique como Alberto Garzón dijeron que si Sánchez tiene intención de presentar una moción de censura, ellos retirarán la suya. Lo han vuelto a reiterar a lo largo de la semana diversos representantes de Unidos Podemos y las confluencias.

Pero las espadas están afiladas: en este mundo del revés esperar es responsabilidad, intentar poner fin cuanto antes a la corrupción institucionalizada es desorden. No hacer nada es sentido común. Hay incluso quienes dicen que esperar a que se pueda ganar es lo serio. Como si los avances, al igual que el arte o el aprendizaje, no precisaran de movimiento. Si nada se intenta, nada se logra.

Mientras se debate de estas cuestiones, Bárcenas y el PP mantienen su pacto de silencio para protegerse y no destruirse. Una jueza apartada de los juicios de Gürtel por su proximidad al Partido Popular ha alcanzado la presidencia de la Sala de lo Penal la Audiencia Nacional. El sistema judicial está profundamente intervenido. Un diputado socio del PSOE en Canarias se muestra firme para apoyar los presupuestos generales del PP. Es el voto que le falta a Rajoy para que sus presupuestos prosperen.

Pero una moción de censura puede esperar. La lucha contra la precariedad y el combate a la corrupción no son algo urgente. La protesta contra las políticas injustas es una irresponsabilidad. Quienes no se definen y se aferran a la ambigüedad sí son “ presidenciables“. Adoptar posiciones éticas no sirve para nada, no marca agenda, no subraya la gravedad del momento. Al fin y al cabo, ¿qué es la ética?

Que el mundo se pare, que el PSOE sigue sin saber qué quiere ser, y mientras lo decide que nadie más actúe. Algo magnífico para seguir ganando tiempo y que el guión pueda completarse.

El espíritu de la Transición

19 junio, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

Quienes más alaban sus virtudes son herederos de AP, partido que colaboró en dinamitar la UCD.

Julián Casanova, 10 de febrero de 2016.

La Transición española atrajo la atención de historiadores, científicos sociales y dirigentes políticos de otros países porque fue tomada como un modelo exitoso del que podían extraerse claras lecciones.

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Han pasado ya cuatro décadas desde que comenzó, forma parte de la historia, pero en los últimos años se ha convertido también en objeto de controversia política para examinar y enjuiciar los defectos de nuestra democracia. Hay lecturas para todos los gustos, desde las que plantean la necesidad de una “segunda Transición” a quienes, ante la crisis actual y las dificultades para formar gobierno, reivindican su supuesto “espíritu” de convivencia y reconciliación. Suelen ser lecturas sesgadas, alejadas del conocimiento histórico y puestas al servicio de los proyectos políticos del presente.

Vistas las cosas desde su fruto final, todo parece, efectivamente, feliz. Porque aunque hubo que superar numerosos conflictos y obstáculos como montañas, desde una larguísima dictadura se pasó en tan sólo unos años a una democracia plena. Nada que ver con la traumática historia de España hasta entonces. Pero, ¿fue ese milagro consecuencia del llamado “espíritu de la Transición”?.

Poco espíritu de convivencia y reconciliación tenía el presidente del primer Gobierno de la Monarquía, Carlos Arias Navarro, nombrado por Franco, ratificado por el nuevo Rey, enemigo de cualquier cambio que amenazara la perpetuación en el poder de la élite política de la dictadura. Y es verdad que otros ministros de ese Gobierno, viejos servidores de Franco, presentaban un perfil más reformista, pero prescindieron de la oposición para su proyecto de reforma política y basaron su autoridad en el control del aparato represivo y de la Administración del Estado franquistas. Ante el aluvión de protestas, conflictos y demandas de todo tipo, la política de orden público de Manuel Fraga Iribarne seguía basada en la represión, la cárcel, las sanciones administrativas, las multas y la censura.

Será difícil encontrar las virtudes de su supuesto espíritu de pacto, y de superación de los intereses partidistas, en los Gobiernos de Suárez.

Con esos protagonistas, la reforma no podía ir más lejos. El Rey exigió a Arias su dimisión el 1 de julio de 1976 y nombró a Adolfo Suárez, un joven falangista católico que había pasado por la secretaría general del Movimiento.

Suárez tomó la iniciativa y en menos de un año puso en marcha un proyecto de Ley para la Reforma Política, que sirvió de guía hasta las elecciones generales de junio de 1977, en un escenario sembrado de miedo, terrorismo, recuerdos constantes al pasado traumático y llamadas a la paz, al orden y a la estabilidad. La Unión de Centro Democrático (UCD) de Suárez, constituida cinco semanas antes por grupos de origen muy distinto, ganó las elecciones con el 34,4% de votos y 165 escaños, pero para gobernar no tuvo que pactar con la oposición, el PSOE, 29,3% de los votos y 119 diputados, sino que le bastó el apoyo de los 16 diputados de AP, 13 de los cuales habían sido ministros de Franco.

Y aunque Suárez volvió a ganar en las elecciones de marzo de 1979, las que siguieron a la aprobación de la Constitución, de nuevo sin mayoría absoluta, su figura se deterioró con la misma rapidez con la que había brillado y tuvo que dimitir menos de dos años después, el 29 de enero de 1981, en medio de una profunda división en su partido, de enfrentamientos personales y de presiones de sus principales dirigentes. Cuando se celebraron las siguientes elecciones, en octubre de 1982, UCD, ese conglomerado de facciones y dirigentes procedentes la mayoría del franquismo, apenas sobrevivió con un 7% de los votos y Suárez había creado un nuevo partido, de escasa y corta vida política.

Resulta curioso que quienes más apelan ahora a ese “espíritu de la Transición” sean los herederos directos de AP, el partido que ni siquiera votó unánimemente la Constitución —cinco de sus 16 diputados los hicieron en contra—, y que con la “mayoría natural” que reclamaba Fraga contribuyó a dinamitar a la UCD para recoger después los restos de su naufragio.

La Transición, conducida desde arriba por las élites políticas procedentes de la dictadura, empujada desde abajo por la oposición democrática y una amplia movilización social, puede ser modelo de muchas o pocas cosas, dependiendo del relato, pero será difícil encontrar las virtudes de su supuesto espíritu de pacto, y de superación de los intereses partidistas, en aquellos Gobiernos. A no ser que se defienda la leyenda rosa del pasado ejemplar.

Julián Casanova es, junto con Carlos Gil Andrés, autor de Historia de España en el siglo XX (Ariel).

Nueve preguntas y respuestas sobre el futuro de Franco en el Valle de los Caídos

17 junio, 2017

Fuente: http://www.publico.es

El Congreso ha aprobado este jueves una Proposición No de Ley que insta al Gobierno de Mariano Rajoy a exhumar los restos del dictador del Valle de Cuelgamuros.

El Valle de los Caídos, en el interior de cuya basílica descansan los restos de más de 33.400 víctimas de la Guerra Civil. EFE

El Valle de los Caídos, en el interior de cuya basílica descansan los restos de más de 33.400 víctimas de la Guerra Civil. EFE

En este artículo intentamos resolverte todas las dudas que puedes tener sobre qué hay que hacer para sacar al dictador del Valle de los Caídos y qué es lo que se ha hecho hasta ahora.

1. ¿Cuándo se sacará a Franco del Valle de los Caídos?

No se sabe. La Proposición No de Ley (PNL) aprobada por el Congreso no tiene carácter vinculante y, por tanto, tampoco establece una fecha concreta para su ejecución. El Gobierno no tiene por qué  atender al contenido de la misma. Además, es descatable que cada año el Congreso suele aprobar más de 1.000 PNL al año.

2. ¿Puede sacar el Gobierno a Franco del Valle?

No. El Estado no puede exhumar unilateralmente a Franco del Valle de los Caídos. El lugar donde está enterrada Franco no es un lugar público, sino que se rige por la normativa de la Iglesia Católica. Así lo recoge el artículo 16 de la Ley de Memoria Histórica. Por tanto, la competencia en este tema es de la Iglesia católica y de la familia del difunto dictador.

3. ¿Qué puede hacer el Gobierno para sacar a Franco?

El Gobierno puede resignificar el espacio del Valle de los Caídos, que se asemeje a un Centro de Interpretación de la Guerra Civil y honrar a la memoria de las víctimas por igual. Es decir, el Gobierno puede hacer lo que quiera con el espacio, pero no con lo que hay dentro de la basílica.

No obstante, el Gobierno sí que puede emplazar a la Comunidad Benedictina que gestiona la Iglesia del Valle de los Caídos a abrir una negociación e incluso tomar medidas de presión para que se permita la exhumación de los restos del dictador ya que esta comunidad recibe dinero público. Por poder, el Estado puede hasta tratar de convencer a los Franco para que soliciten el traslado el panteón familiar.

4. ¿Por qué está Franco en el Valle de los Caídos?

La lista de motivos puede ser interminable. Nos limitamos a señalar que fue decisión del rey Juan Carlos I y del Gobierno de la época entregar los restos de Francisco Franco a la protección de la Comunidad Benedictina en el Valle de los Caídos. En multitud de ocasiones se ha señalado que ni Franco ni su familia querían que sus restos terminaran allí.

También es destacable que en 40 años de democracia ninguno de los diferentes gobiernos democráticos ha tenido a bien buscar la fórmula de sacar a un dictador genocida de un lugar público que le rinde homenaje.

5. ¿Implica un cambio en el resto del Valle de los Caídos?

La PNL aprobada hoy en el Congreso incluye un total de 16 medidas entre las que se encuentra “redefinir” el Valle de los Caídos “para que deje de ser un lugar de memoria franquista y nacional católica y reconvertirlo en un espacio para la reconciliación de la memoria colectiva democrática y de dignificación de las víctimas de la Guerra civil y de la dictadura”. Sin embargo, el Gobierno no tiene por qué aplicar estos cambios.

6. ¿Qué pasa con Primo de Rivera?

La PNL pide al Ejecutivo que saque a Primo de Rivera del lugar preeminente donde está enterrado, pero añade que sus restos pueden permanecer junto al resto de víctimas que están en el Valle de los Caídos ya que fue “una víctima más de la Guerra Civil”, según el PSOE. El problema en este punto es el mismo que con Franco. La potestad es de la Comunidad Benedictina.

7. ¿Por qué el PSOE dice digo donde dijo Diego?

Llama la atención mucho que el PSOE incluya entre las propuestas de su PNL que se someta a estudio si se debe declarar la nulidad de las condenas y que a la vez rechace la enmienda de Unidos Podemos de anular los juicios del franquismo.

Asimismo, esta petición del PSOE contrasta con la actitud de los socialistas cuando estaban en el Gobierno. En el año 2010, con los votos de PP y PSOE, el Pleno del Congreso rechazó una moción de ERC en la que reclamaba al Gobierno de Zapatero que impulsase las reformas legales necesarias para se pudiera solicitar la revisión de las sentencias políticas dictadas durante el franquismo, ya que fueron declaradas ilegítimas por la conocida como Ley de Memoria Histórica de 2007. La iniciativa sólo recibió el apoyo de los nacionalistas y las minorías de izquierda.

8. ¿Cambiará la Ley de Memoria Histórica? 

Salvo sorpresa mayúscula, la Ley de Memoria Histórica continuará igual que la aprobó el Congreso en el año 2007 ya que, como se ha señalado, el Gobierno no tiene obligación ninguna de acatar la petición del Congreso de los Diputados.

Asimismo, cabe destacar que Mariano Rajoy lleva cinco años consecutivos sin dotar de un euro la Ley de Memoria por lo que en la práctica ha sido derogada en muchos aspectos.

9. ¿Hay algo de oportunismo en la petición del PSOE?

En opinión del que firma este artículo, sí. No deja de ser curioso que el PSOE vuelva a retomar la batalla por la Memoria Histórica cuando las encuestas parecían darle la espalda y, sobre todo, cuando más necesitaba distanciarse del Partido Popular y postularse como un partido de izquierdas. Tampoco es casual que esta medida coincida en el tiempo con la aprobación en Andalucía de una Ley de Memoria Histórica en un momento en el que Susana Díaz también necesita proyectar al exterior una imagen más izquierdista para paliar esas críticas que la acerca ideológicamente al PP.

Lecciones francesas para España

14 junio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Mientras Albert Rivera y Mariano Rajoy corren a ponerse en el viento de cola que empuja a Enmanuel Macron e intentan apuntarse su victoria como otro logro del centro liberal y reformista que ambos proclaman representar y su franquicia como signo de los triunfos electorales que les aguardan, el PSOE y Podemos se imputan mutuamente el desastre del Partido Socialista francés o la polémica ambigüedad de Jean-Luc Mélenchon con su decisión de no apoyar expresamente al candidato ganador frente a la derecha extrema de Marine Le Pen. Unos se disputan la victoria y el gobierno mientras los otros compiten por explicar la derrota y el liderazgo de la oposición. Nada nuevo bajo el sol desde hace ya más de dos legislaturas en España.

Los datos que acaba de publicar el CIS resumen la causa y el efecto de semejante dinámica. El PP saca 11 puntos de ventaja a los segundos. La suma de las derechas obtiene cinco puntos de ventaja sobre la suma de las izquierdas. Si hacemos caso a quienes sitúan al PSOE fuera de la izquierda, la ventaja se dispara a 25 puntos. La revisión de los porcentajes de intención directa de voto para evitar la cocina reduce levemente esas diferencias pero no altera las posiciones y confirma que el nivel de indecisión no parece especialmente elevado. La gran mayoría de los españoles parece tener muy decidido su voto y la lectura de sus intenciones indica que, a día de hoy, sólo parece viable un gobierno de derechas en España.

En Francia Macron ha ganado sumando dos millones de votos más que François Hollande en su día, papeletas que recogió provenientes de electores que en la primera vuelta optaron por el republicano François Fillon. El nuevo presidente de la República mantuvo intacto el voto de izquierda que había derrotado a Nicolas Sarkozy en 2012 y logró ampliar sus apoyos pescando en el centro derecha.

El éxito logrado por Mélenchon y su llamada a no elegir entre Macron y Le Pen, elevando el voto en blanco o nulo hasta un 12%, se queda en una victoria pírrica que no oculta cómo la mayoría de sus votantes eligieron parar al Frente Nacional. Puede sucederle otra vez en las legislativas de junio si buena parte de sus electores vuelven a concluir que la no definición conduce irremediablemente a la irrelevancia.

En Portugal el partido conservador fue es el más votado pero gobierna el innovador entendimiento entre tres fuerzas de izquierda tan alejadas y distintas como, por ejemplo, sucede en España. El Bloque de Izquierda y el Partido Comunista apoyan un Gobierno minoritario de los socialistas lusos con António Costa a la cabeza. Los tres actores de la izquierda lusa han sabido decidir y elegir cuándo tenían que competir y cuándo debían cooperar y llegar a acuerdos y compromisos para lograr el gobierno y ejercerlo de manera efectiva.

Han aprendido a negociar y renunciar a posiciones y elementos de sus respecticos programas para construir un programa de gobierno y un espacio común de colaboración que va poniendo fin a las políticas de recortes y ha empezado a recuperar derechos y programas sociales. Las lecciones no pueden estar más claras.

Siempre demoniza quien menos debe

29 mayo, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming, 10 de mayo de 2016.

Para empezar no entiendo el gran drama que, al parecer, supone la repetición de las elecciones.

Otros países tienen segundas vueltas y no se echan las manos a la cabeza, pero desde luego, para lo que se ofrecía con tono lastimero como mal menor tratando de evitar que gobernara el PP: un pacto surrealista en el que la otra parte insistía que el PP debería estar en el Gobierno, casi mejor que se repitan. Me refiero a la alianza entre PSOE y Ciudadanos, donde el PSOE exigía pasar por el filtro de Rivera para poder sentarse a hablar con Sánchez. Le colocaron de portero de discoteca. También tenía su gracia que para poder revisar el acuerdo que habían firmado previamente dichos partidos, en su generoso afán por incluir a otros en la coalición, antes de sentarse a la mesa de negociación, había que suscribir las doscientas páginas acordadas, lo que daba derecho a estar en una mesa que no admitía “líneas rojas”. Sí, suena a camelo y lo es, lo llaman coherencia, gobernabilidad y sentido de Estado.

Bueno, pues como el acuerdo no ha servido de nada porque se han quedado solos los dos firmantes, así de generosa era la oferta, los partidarios del mismo consideran que es un insulto para la ciudadanía que se la convoque de nuevo porque es tanto como decir que el votante se ha equivocado. Pues sí, es posible que, visto lo visto, muchos se hayan equivocado. Han comprado sardinas en aceite creyendo que compraban alcachofas.

Humildemente creo que hay mucha gente que se equivoca. Yo me he dado cuenta de que me he equivocado al votar, más de una vez, cuando he comprobado el resultado posterior. El único que no se equivoca es el votante del PP. Ese lo clava. Sabe de qué van sus candidatos, a lo que se dedican, y cuenta con ello. Algunos dicen estar sorprendidos cuando ven a sus mitos entrar en la cárcel: mienten.

Sí, creo que me he equivocado al votar alguna vez porque me he sentido engañado o, mejor dicho, me han engañado. Puede que algunos no se enteren, pero si Felipe González fue sincero cuando dijo que la dictadura de Pinochet “era más respetuosa con los derechos humanos que el paraíso de Maduro”, ha engañado, y durante mucho tiempo, a los que algún día creyeron en él. Esa declaración no sólo es falsa, sino que es característica de un líder de extrema derecha. Habría que recordarle que de ser cierto lo que afirma, toda esta labor humanitaria que está llevando a cabo por la liberación de los presos políticos en Venezuela sería inútil porque estarían ya bajo tierra como se hacía en aquella dictadura que cortó las manos al cantante Víctor Jara antes de asesinarlo, junto a otras 3.200 personas, según reconocen los datos oficiales, a los que hay que sumar los desaparecidos y los más de 38.000 torturados que también reconocen esos datos. Creo que el señor González ya es mayorcito para ir a Barrio Sésamo a aprender la diferencia entre más y menos, si es que de comparar grados de respeto a los derechos humanos se trata.

La afirmación es un agravio de tal calibre para las víctimas de las dictaduras y los defensores de la justicia y la libertad, que sólo puede entenderse desde un calentón para ganarse el aplauso del público presente en el acto donde soltó el exabrupto, o un homenaje a la señora que tenía al lado cuyo marido se encuentra en prisión en Venezuela.

Estos líderes políticos que dicen representar al socialismo, y más en su caso, que ha sido el presidente que más años ha estado al frente de esta nación en democracia, deberían ser discretos, ya que pedir honestidad parece exigir mucho, porque hacen reconsiderar a mucha gente si ha sido estafada cuando votó a candidatos de semejante catadura moral que, desde luego, en nada se corresponden con la forma de entender el mundo de lo que se ha dado en llamar “la izquierda”, espacio que ocupan de cara a los comicios electorales. No creo que esas afirmaciones le hubieran dado muchos votos entonces, cuando los contemporáneos de aquel régimen dictatorial, como yo, estábamos al día de lo que allí ocurría. Los socialistas chilenos, señor González, su gente, eran secuestrados, encerrados en campos de internamiento militar y brutalmente torturados. Muchos eran asesinados después.

Por abundar en el tema, el paraíso de Maduro, como él lo llama, no lo creó, como el “Terrenal”, en plan capricho, dios nuestro señor. Es la consecuencia de la victoria de Chávez en unas elecciones democráticas, cuando todavía los plebiscitos venezolanos no estaban manipulados, tal y como ocurre ahora según afirma todo el mundo, con un 56,2% de los votos, la segunda mayor victoria de la historia de Venezuela en cuarenta años. Una barbaridad para alguien que se presentaba por primera vez a unas elecciones. Por cierto, estos señores bolivarianos se han debido cansar de ejercer el mal y han decidido ceder el testigo porque con el grado de manipulación electoral con el que aseguraban que se iban a celebrar las elecciones en Venezuela, resulta que ha ganado la oposición a Maduro.

¿Por qué ocurrió algo así?. ¿Cómo pudo sacar Chávez tantos votos?

El país se había sumergido en una profunda crisis a raíz de diferentes políticas de dudosa honestidad cuando llegó al poder por segunda vez, en 1989, Carlos Andrés Pérez, amigo íntimo de Felipe González, con un discurso de los que ahora llamarían populista. La primera presidencia la abandonó dejando un escándalo por corrupción en su currículum. En esta segunda, diez años después, decidió emprender medidas “neoliberales” que no estaban en su programa siguiendo el dictado del FMI y, así, desregularizó la economía, liberalizándola por completo, llevando a cabo las clásicas privatizaciones de turno que tan ricos hacen a terceros, y generando gran quebranto entre las clases más desfavorecidas. El petróleo subió de golpe un 30%, el transporte un 100%. Se crearon inmensas bolsas de pobreza y se produjeron movilizaciones masivas. Estas movilizaciones culminaron en lo que se llamó El Caracazo, con el resultado de miles de ciudadanos muertos a manos de la policía y el ejército en las calles de Caracas por orden de Carlos Andrés Pérez, que además de presidente era Comandante en Jefe del Ejército.

La cifra de muertos no está clara. El gobierno reconoció en su día 276 víctimas de la represión. Tras la exhumación de una fosa común conocida como La Peste, por orden judicial, donde aparecieron 68 nuevos cuerpos sin identificar, todo quedó pendiente de esclarecer. Hasta hoy. Esa fue la forma de actuar de la autoridad democrática competente: asesinar, recoger cuerpos de las calles y enterrarlos en fosas comunes. Lo llaman desparecidos. Ese número oscila entre 2.000 y 4.000 según las fuentes. El Caracazo fue considerado el genocidio más brutal de la historia de Venezuela. Corría el año 1989. Felipe González, en 2010, cifró el número de muertos en unas decenas, menos que los propios autores.

Es la ventaja de contar desaparecidos en lugar de muertos, los desaparecidos no son un atentado a los Derechos Humanos, pertenecen al campo del misterio, salen de la jurisdicción oficial para entrar en la de Iker Jiménez.

El país, tras esta matanza, se sumió en el caos. El deterioro de la situación social y una corrupción creciente que se instaló en el poder provocaron dos intentos de golpe de Estado abortados. En uno de ellos participó Chávez. Aprovechando la tesitura, Carlos Andrés Pérez derechizó mucho más sus políticas. Los artículos de primera necesidad alcanzaron precios desorbitados para los pobres. No fue la matanza del Caracazo lo que le apartó del poder, fue expulsado de la presidencia por la Corte Suprema de Venezuela: había hecho desaparecer 17 millones de dólares de una partida secreta. Ya estando fuera del país, también descubrieron cuentas secretas a su nombre en EEUU. CAP está considerado el gobernante más corrupto de la historia de Venezuela. De hecho, murió en Miami como un fugitivo, ya que el gobierno venezolano, con Chávez en el poder, pidió su extradición para ser juzgado cuando aparecieron las cuentas secretas y nunca regresó.

En fin, este hombre tan peculiar, tan alejado de la honradez como de los derechos humanos, fue considerado en su tiempo, junto a Willy Brandt, el padrino de Felipe González. De hecho, al morir Franco, González regresó a España en el avión privado de Carlos Andrés Pérez. Los socialistas todavía vivían en España en la clandestinidad.

Quiero decir que, si quisiera, Felipe González podría hablar largo y tendido sobre corrupción y derechos humanos en Venezuela y sobre el origen del Paraíso de Maduro. También de financiación desde Venezuela del PSOE en un tiempo en que esas cosas no estaban mal vistas. CAP no sufrió una campaña de demonización de años y años durante su presidencia, ni siquiera cuando masacró a su pueblo o tuvo que dejar el país por robar.

¿Alguien se imagina qué ocurriría si Maduro matara a 2.000 personas en una sola noche? ¿O Fidel Castro?

A estas horas ya le hubieran invadido fuerzas defensoras de la democracia.

Hablar de esto ahora es como, en su día, denunciar que las “armas de destrucción masiva” eran una coartada para aniquilar al pueblo iraquí y robarle el petróleo te convertía en un defensor de Sadam Husein. Denunciar que la historia de Venezuela no empieza en Chávez te convierte en un defensor de Maduro y en un radical propagandista, pero cada palo tiene que aguantar su vela y fue el padrino de Felipe González, CAP, que llegó a presidir nada menos que la Internacional Socialista, el que sumió Venezuela en el caos y la corrupción poniendo su país en manos de un capitalismo salvaje que arrasó a sus ciudadanos condenando a las clases populares a la extrema pobreza.

Ahora que se repiten las elecciones en España se demoniza a los que han tenido contacto o trabajado para el gobierno de Venezuela. Tiene gracia que en esta campaña participen los que tienen como líder al que viajaba en el avión privado del presidente de aquel país, considerado el más corrupto de su historia, y al que Felipe González dedicó una emocionada carta de despedida cuando murió en Miami, carta publicada en su día en el diario El País, que todavía puede leerse en Internet.

Deberían preocuparse menos los analistas políticos por el hecho de que tener que repetir unas elecciones sea una gran frustración, y denunciar con contundencia a los que hacen equivocarse a los votantes por traicionar sus programas electorales y, entonces sí, transmitir la sensación más que real de estafa a los electores y al propio sistema.

No pasa nada por repetir unas elecciones. Esta segunda vuelta también tiene algo positivo, ha puesto más claras cosas, define un poco más dónde está cada uno y con quién.

¿Quién teme a las urnas?

Bueno, la verdad, visto lo visto, todos un poco.

Carme Chacón y la hipocresía española

18 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

No trataron bien a Carme Chacón. La prensa tampoco, en particular la conservadora, como es habitual siendo mujer y de izquierdas. Pero España reedita con ella esa pasión por llorar y ensalzar a los muertos, en particular cuando peor se ha portado con ellos.

Constatemos un hecho: Chacón no estaba en las primeras filas de la política ahora, la habían apartado.

Rosa María Artal

11/04/2017 – 20:56h

Carme Chacón y Susana Díaz, favoritas para liderar el PSOE, según un sondeo
La exministra de Defensa Carme Chacón. EFE

A Carme Chacón le hubiera gustado saber cuánto la querían. Sobre todo mucha gente anónima que supo apreciarla. Su valentía y su empeño merecían conocer que su entrega obtuvo resultados. Fueron tantas las zancadillas que sufrió que, al menos, debió quedarle ese reconocimiento. Porque han vuelto a hacerlo. Hay una querencia en España por la parafernalia de la muerte que unida a la hipocresía, o viceversa, resulta escandalosa. Constatemos un hecho: Chacón no estaba en las primeras filas de la política ahora, la habían apartado.

Comparto la valoración que sitúa a Carme Chacón como una política capaz, honesta, luchadora, feminista, de convicciones socialistas reales, y con un deseo sincero de renovar y reconstruir el PSOE. Desde la moderación. “ Chacón fue una política coherente y comprometida con sus ideales, pero no una revolucionaria“, escribe Ignacio Escolar en un artículo que aporta muchas claves. De los cambios que impulsó, de su pensamiento y de su enorme discreción. Laica ejerciente, contraria a dar el indulto al banquero Alfredo Sáenz, partidaria de investigar el fiasco de Bankia. Tropezó con el “desahucio exprés” que le salió por la culata al terminar siendo aplicado a los impagos de hipotecas que no formaba parte del diseño. Esto demuestra, por cierto, que no hay ley inocente en manos culpables.

Pues bien, no la dejaron seguir. 25 de Mayo de 2011. Las plazas de España llenas de 15M, dejando claro el “No nos representan” del hartazgo máximo. Chacón prepara incluso su equipo renovador. Y la echan atrás. Aparece, llorosa, para retirar su candidatura a las primarias por el bien del partido y de Zapatero. La intrahistoria la cuenta también el director de eldiario.es: “Una serie de barones, con Patxi López a la cabeza, amenazaron con tumbar a Zapatero si no apoyaba la designación de Alfredro Pérez Rubalcaba como candidato sin primarias”. Chacón era consciente de lo que ocurría en España, el aparato no.

Y la historia se repite en el Congreso de Sevilla de 2012 cuando Carme Chacón lo vuelve a intentar. Hasta Madrid llegaban los ecos de las presiones y zancadillas. Perdió por 22 votos en jornada maratoniana de intercambio de apoyos y favores. “La vencieron los dueños del partido, una alianza de la vieja guardia: Felipe, Guerra, Bono, Chaves… Tras perder, guardó silencio y dejó liderar a Rubalcaba”, sigue escribiendo Ignacio Escolar. Alguno más hubo, los de siempre en realidad. Tenían el PSOE, perdían apoyo electoral. “ Venció el cambio tranquilo y la experiencia“, explicaron en prensa. Poco después renunció a su acta de diputada y pasó a la actividad privada. Su carrera política declinó.

Una amiga que me sirve de barómetro popular sentencia que los compañeros que lloran a Chacón lamentan su muerte aunque la hubieran apartado de su vocación. Faltaría más. Pero lo que cuentan son los hechos. Y producen bastante impacto algunos rostros compungidos. Otros han demostrado que realmente la valoraban y querían, mucho más de lo que probablemente ella pensaba.

Sin duda el PSOE hubiera sido distinto dirigido por Carme Chacón, que pudo ser también la primera presidenta de España. Pero es lo más rancio del aparato quien lleva las riendas en defensa de “valores tradicionales”. Del PSOE, dicen. Jesús Cintora cuenta en su nuevo libro cómo Rubalcaba intentó impedir que Pedro Sánchez formara gobierno: “Si Rajoy no da el paso, no des el paso tú”. Basado en lo que, a su entender suponía, “la peligrosa compañía de Podemos y de los nacionalistas”. No hay problema en darle el gobierno a Rajoy, no constituye ningún peligro. Para ellos.

La senda emprendida por el PSOE es un puro dislate, con el golpe interno para echar al secretario general elegido en primarias, y cuanto ha sucedido después actuando como si nada hubiera ocurrido. Susana Díaz encarna esta tosca etapa de aparato y conservadurismo, por más que Chacón la apoyara frente a sus dos competidores.

No trataron bien a Carme Chacón. La prensa tampoco, en particular la conservadora, como es habitual siendo mujer y de izquierdas. Pero España reedita con ella esa pasión por llorar y ensalzar a los muertos, en particular cuando peor se ha portado con ellos.

El domingo de Ramos –como lo llamaba la portavocía mediática del PP en RTVE en estos tiempos de santerío redivivo–,  El País publicaba otra de sus encuestas de Metrocospia. Esta vez para concluir que los españoles optan por Adolfo Suárez como el presidente que querrían tener. Paradójico. Desde dentro, la derecha hoy recogida en el PP le dinamitó el partido. El PSOE de Felipe González le presentó una moción de censura y una cuestión de confianza. Le hicieron la vida imposible y sufrió por ello. Mucho.

Hemos sabido recientemente, por casualidad, que Suárez no quiso convocar un referéndum sobre la monarquía porque iba a perderlo. Se lo dijo a la periodista Victoria Prego que calló durante décadas. No se puede decir que, justa o injustamente, nadie le agradeciera el favor a Suárez. Ahora lo tenemos en los altares. Si existe alguna parte de lógica en el hecho será que les parece peor lo que vino después.

Esa exacerbación española de la muerte huele a procesión, incienso y rito, a humo. A hipocresía suma. Es ese sentimentalismo con dolor placentero, de escenario, butaca y kleenex. Y de igual modo enmascara la verdad. En la política que posterga a los ciudadanos y ejerce, con cara de póker, el todo vale para el fin último. En los medios y sectores que juegan la misma partida. Carme Chacón era del sector limpio de la política que también existe y su camino no fue de rosas.

Un consejo: la próxima vez que quieran a alguien como la querían a ella, demuéstrenselo en vida. Y déjenle volar libre.

Los hermanitos siameses

19 enero, 2017

Aunque no sea noticia de actualidad, me gusta la visión previsora de El Gran Wyoming con lo que pasó hace ahora casi un año.

Fuente: http://www.infolibre.es

El Gran Wyoming, 19 de abril de 2016.
Hace un poco pasaron a la firma de escritores, políticos, agentes sociales y artistas, un manifiesto titulado: “Es posible y necesario un gobierno del cambio”, donde se pide a diversas formaciones que concurrieron a las elecciones que lleguen a un acuerdo para la formación de un gobierno y así evitar que se repitan las elecciones. Considera el manifiesto, que viene firmado por muchos amigos míos, que repetir las elecciones frustraría los intereses y anhelos de la mayoría. La mayoría ya se ha frustrado cuando ha visto cómo está el patio. El que tenía la llave del cambio, Pedro Sánchez, ha optado por el modelo andaluz de Susana Díaz, a la que le resulta más cómodo gobernar con la derecha que con la izquierda. Sus razones tendrá.
Afirma el manifiesto que las opciones no son muchas, y es verdad. Tampoco las que resultaran de una hipotética repetición de las elecciones, aunque casi nadie duda que una mayoría suficiente conseguida entre PP y Ciudadanos tendría muchas posibilidades de conformar un gobierno que perpetuara las políticas neoliberales sin contar con el resto de las fuerzas políticas, tal y como actúan siempre que pueden. Dejarían al PSOE de miranda, por si no se han enterado.
Ciudadanos es una fuerza emergente que se propone del cambio aunque, en realidad, su razón de existir es evitarlo. Me refiero al cambio real, no al cosmético, como cuando hablan de un pacto con el PP, pero sin Rajoy. Hay que ver qué manía le tienen al pobre Mariano. Sólo desde la aversión personal se entiende que si Mariano se retira estén encantados de pactar con Cospedal, Esperanza Aguirre, Rafael Hernando, Fernández Díaz, Morenés, Cañete, ahora Soria ya no, antes sí, y el largo etcétera de personal que milita en esas filas y cuyo paso por ayuntamientos y comunidades autónomas ha dejado el terreno calcinado y las arcas relucientes por dentro. ¿Estamos tontos o qué?
La formación de Rivera, en su pragmatismo neutral, apoya y se alía con la fuerza más votada donde quiera que concurra. Ésa es su norma. Esta cuestión crucial se obvia en los medios de comunicación, creo yo, de forma interesada. No se le da la importancia que tiene. Es decir, Ciudadanos a veces es fuerza del cambio y a veces no. A sus votantes parece que este hecho no les importa. Entienden que su líder establezca alianzas con el PP o con el PSOE con tal de llegar al poder, sin sentirse traicionados. ¿Se equivocan Rivera y su gente o son de los que opinan que PP y PSOE son la misma cosa?

No creo que sea el momento de explicar de qué va el PP, pero por resumir, digamos que es una formación política compuesta por casos individuales de personajes que operan con total autonomía para delinquir hasta que son sorprendidos y puestos ante la Justicia, siempre por elementos ajenos al partido, a pesar de que las fechorías, en muchos casos, se cometen delante de las narices de los jefes, en la propia sede del partido. Ni uno solo de los cientos de delitos aislados que se han perpetrado, incluidos los casos de los sucesivos tesoreros que han venido mangoneando desde la fundación del partido, ha levantado la menor sospecha de estos ingenuos dirigentes que, a veces, se encuentran empresas a su nombre en paraísos fiscales cuya existencia desconocían. Qué suerte. Vamos, como cuando a las amantes de los señoritos se les ponía una mercería. Sumidos en semejante estado de idiocia se proponen como los mejores administradores de lo público. ¿Son tontos? No: mienten.

En unos casos, una vez denunciado el delito y el delincuente, el partido se desentiende del presunto corrupto y en otros, según su ascendencia, le siguen pagando un salario o la defensa. La confluencia de casos aislados ha alcanzado tal magnitud que hasta miembros de la judicatura se han referido a esa formación afirmando que actúa como una banda organizada para delinquir. Una vergüenza que destacan también los diarios extranjeros.

Ciudadanos no tiene el menor problema moral para darles el poder en lugares tan importantes como la Comunidad de Madrid, con la que tienen liada. Los trabajadores de Telemadrid siguen en lucha, ahí no ha habido cambio.

¿Por qué el señor Rivera no ensaya esta fórmula del tripartito o cuatripartito en estos lugares si está por el cambio al que tanto se refiere y se quita de encima al PP? Esa me la sé: porque no necesita a Pedro Sánchez para sacar adelante sus políticas que, allá donde gobiernan en comandita, coinciden plenamente con las del PP. Sin problemas. De hecho, Rivera repite por activa y por pasiva que hay que intentar incorporar al PP al futuro gobierno porque una fuerza con tantos votos no puede quedar al margen. Esta empatía altruista de que vengan todos a la fiesta, así como su ecuanimidad a la hora de pactar con el más votado, se revela falsa cuando entra en juego Podemos. Ahí sí ven incompatibilidad ideológica. En ese caso, como cuando el PP es la fuerza más votada, tampoco quieren cambio. Están en su derecho, pero el argumento del más votado resulta cuando menos cuestionable, a mí me parece ridículo. Tengo moral e ideología, las dos cosas.

El manifiesto en cuestión parte como toda la escenificación que hemos vivido desde que Rajoy decidió no plantear su investidura, de un hecho incuestionable, y es que existe un pacto que bajó Sánchez de la mano de Rivera, como en su día hiciera Moisés en el Sinaí, que hay que aceptar como documento de partida, sí o sí según Sánchez, y como documento final según Rivera. En el manifiesto se habla de: “mediante las oportunas negociaciones, complementar, mejorar o ampliar un acuerdo…”, en ningún caso, de “crear un acuerdo”, que es lo que yo firmaría.

Contaminado por mi colega Krahe he terminado por darle valor a las palabras y no me gusta esa inconcreción de “un acuerdo”, así, como abstracto, cuando se hace referencia a un documento concreto. Tampoco acierta el manifiesto y se adorna de cierto cinismo o de tendencia al tocomocho cuando dice: “Si no fuese posible formar un Gobierno compuesto por miembros de partidos dispares se puede, si hay voluntad política, acordar un gobierno, encabezado por el líder del partido mayoritario del acuerdo, con algunos integrantes consensuados…” ¿Qué es eso del líder mayoritario del acuerdo? Se llama Pedro Sánchez. ¿O hablamos de alguien tapado? Es decir que, o gobierna Pedro Sánchez por decisión unánime de los concurrentes o gobierna Pedro Sánchez con la venia de los mismos. Cada uno es muy libre de hacer su oferta, pero no hay como hablar claro. Dígase: ¡Queremos que gobierne Pedro Sánchez con quien sea!

Parece que a mucha gente todavía no le ha quedado claro que ese pacto de las fuerzas del cambio no se ha llevado a cabo porque Pedro Sánchez no quiere. Algunos dicen que no puede, me da igual. Uno de los que se opone con vehemencia es el expresidente González, que ahora es propuesto por Esperanza Aguirre como candidato de consenso. Fue el que dijo que Anguita y Aznar eran la misma mierda. Ahora es el candidato de Esperanza. ¡Qué cruel es la hemeroteca!

Yo firmaría un pacto en el que las diferentes fuerzas políticas que llaman del cambio, que son muchas más que las que se sentaron el otro día, partieran de cero, como se hace en toda negociación cuando se quiere llegar a buen puerto y, por cierto, se piensa también en los votantes. Sin imposiciones previas. En todo este tiempo sólo ha habido una línea roja real que los medios de comunicación de masas se han encargado de evitar llamarla así, y es el pacto que hicieron con urgencia PSOE y Ciudadanos, que se convirtió de hecho en una coalición indisoluble que no existía antes de las elecciones. No es tiempo de reproches, pero tampoco de ruedas de molino.

En otra parte del documento se afirma: “Bloquear esta posibilidad frustra los intereses y anhelos de las grandes mayorías…” Parece que se hace responsable de ese bloqueo al que no suscriba el pacto con sus mejoras, ampliaciones y complementos. Para mí es evidente que quien está bloqueando el pacto, y con él el cambio, es quien impone las tesis de Ciudadanos como un dogma de fe a partir del cual se traza el camino a seguir con las reformas pertinentes. El malo, como en las películas, ya estaba señalado desde el principio: “El que se levante de la mesa de negociación”.

El mismo día 7 de abril en que se llevó a cabo el encuentro entre PSOE, Ciudadanos y Podemos, tanto el portavoz de Ciudadanos, José Manuel Villegas, como el propio Rivera, dieron por concluida la posible negociación y alegaron que leerían el documento que presentó la formación morada por cortesía. Es decir, fueron los primeros en levantarse de la mesa. Eso podría convertirles en los malos, razón por la cual los medios de comunicación omitieron valorar esas declaraciones. Podemos ese día no convocó a la prensa.

Es al día siguiente cuando Podemos dice algo parecido, señalando la incompatibilidad de ambas fuerzas cuando se convierten en saboteadores del proceso. Ahí va mi manifiesto: “Señor Sánchez, ¿sería usted tan amable de sentarse con las diferentes fuerzas del cambio, de progreso o como le guste llamarlas, para elaborar un documento que siente las bases de un posible gobierno de coalición?” No creo que sea complicado si hay voluntad de hacerlo. La cuestión es compleja porque, simple y llanamente, no se quiere hacer. Pedro Sánchez se reunió de forma unilateral con Rivera y a partir de ahí imponía su presencia en cualquier otra solicitud de encuentro. Se convirtieron en hermanitos siameses.

No me extraña que el PSOE tenga pánico a la repetición de las elecciones: ¿Qué campaña podrían hacer? ¿Presentarían a Rivera como el hombre del cambio y el progreso? ¿Concurrirían coaligados PSOE y Ciudadanos? Dada esa condición de indisolubles sería lo más coherente.

Por ir terminando, en ningún caso firmaría un manifiesto para la creación de un gobierno de consenso en el que Rivera sea el filtro, el árbitro que impone las condiciones, como ocurre ahora con el actual documento. Como decía una amiga actriz cuando llegaba cruzada: “No tengo el coño pa ruidos”. Firmaría uno sin condiciones, donde las diferentes fuerzas puedan aportar sus puntos de vista de cara a un objetivo común y cada uno diga lo que tenga que decir.

Esperemos que estos niños siameses se sometan a terapia reparadora, separadora, y que en el quirófano el cirujano descubra que están unidos por el pubis, porque como lo estén por el cerebro, estamos listos.

Unidos Podemos: estado de excepción

10 noviembre, 2016

Fuente: http://www.cuartopoder.es

MANOLO MONEREO | Publicado: 7/11/2016 08:37 – Actualizado: 8/11/2016 07:23

Ramón Espinar en una imagen de archivo. / Efe

Para Olga Rodríguez, periodista

Asombra la candidez y hasta la inocencia de algunos dirigentes de Unidos Podemos. Ingenuidad que lleva, con mucha frecuencia, a la incoherencia: no se puede estar diciendo a los cuatro vientos que vivimos una crisis de régimen y que hay que derrotar a la casta reinante sin prever que los poderes que realmente mandan en el país no reaccionen y no lo hagan virulentamente. Y así ha sido desde el principio. Después de unos primeros meses de expectación, de conocimiento del fenómeno Podemos, los que mandan y no se presentan a las elecciones adoptaron dos resoluciones estratégicas de fondo, tomarse en serio el fenómeno e iniciar un conjunto de medidas políticas, mediáticas y económicas con el objetivo de dividirla, romperla y limitarla electoralmente. El surgimiento de Ciudadanos, la denuncia sistemática contra el populismo y sus secuelas fue en paralelo a la creación de “psicosociales”, de “casos” y de “escándalos” contra los dirigentes más conocidos de Unidos Podemos. A título de ejemplo, los de Monedero, Iñigo Errejón, Tania Sánchez, Echenique y, ahora, Ramón Espinar.

Lo característico de estos “psicosociales” es la existencia de tramas que enlazan medios periodísticos, parte de la clase política y lo que podríamos llamar las “cloacas” del Estado. Estas tramas siempre han existido de una u otra manera. Lo nuevo es que con la crisis se han hecho más visibles, más centralizadas y su fuerza es mucho mayor. Se podría decir que hay una trama general (la casta, el núcleo duro del poder) que se transforma en tramas y tramillas, todas ellas engarzadas en una lógica de los que mandan. Esto, que podrían parecer exageraciones más o menos fundamentadas en los hechos, ha dado un paso hacia delante de cualidad: por segunda vez en nuestra ya veterana democracia, hemos podido asistir en directo y hasta televisado a la caída planificada, organizada y ordenada del secretario general de un partido, el del PSOE. La primera vez —era otro contexto sin duda más dramático— fue el linchamiento de Adolfo Suárez, convertido hoy, paradoja sobre paradoja, por sus más encarnizados enemigos, en el padre de la democracia española. No tendrá esta suerte Pedro Sánchez, creo.

Ahora viene la operación olvido, es decir, que desaparezca de nuestro imaginario social cómo unos medios de comunicación dirigidos por el Grupo PRISA, en estrecha alianza con los grupos de poder económicos y la complicidad visible de barones y baronesa del PSOE, derrotaron a Pedro Sánchez y convirtieron —ante millones de personas— al PSOE en una fuerza intervenida por los poderes fácticos. Insisto, lo nuevo es esto: lo que hoy se quiere escamotear es el control que los poderes fácticos ejercen sobre las fuerzas políticas fundamentales. El error de Pedro Sánchez (uno de ellos) fue autonomizarse tanto de los poderes internos como de los poderes externos, y lo pagó; me temo que lo seguirá pagando. Todo lo que muchos dijimos que pasaba lo ha repetido el antiguo secretario del PSOE de la A a la Z. En todas las tramas, en todos los conciliábulos y conspiraciones, los mismos actores: PRISA, González y Rubalcaba y, a lo lejos, por lo que hoy llaman Despeñapedros, Susana Díaz.

Lo diré con toda claridad: los poderes de este país han decretado el estado de excepción para Unidos Podemos. No es nada personal, es político. La cuestión es diáfana: PRISA, los poderes han jugado muy fuerte y han domesticado a un PSOE que para ellos andaba sin brújula. Van ganando, pero están pagando un altísimo coste. En primer lugar, porque el ataque ha sido tan brutal que se ha notado demasiado, ha sido excesivamente visible y algunos medios han perdido credibilidad, mucha credibilidad. En segundo lugar, porque el debilitamiento relativo del PSOE puede ser aprovechado por Unidos Podemos para ganar fuerza social, presencia electoral y solvencia política. La conclusión es bastante evidente, hay que usar todos los medios y métodos para que Unidos Podemos no salga favorecido de la crisis inducida del PSOE.

Con el tema de Ramón Espinar tenemos la primera advertencia de la guerra que acaba de comenzar. Lo que viene ahora está ya escrito en los astros: sucesión más o menos relevante de casos, de “psicosociales” contra dirigentes de Unidos Podemos, siempre, siempre próximos a Pablo Iglesias. El “juego” será también el de siempre: “escándalos” mediáticos sin conexión penal y derivados a supuestas “razones éticas” violadas. Pronto llegarán amenazas de dossieres, de informes reservados sobre dirigentes; se incentivará el surgimiento y el desarrollo de “sectores críticos” contra el “autoritarismo” del secretario general de Podemos y del coordinador de IU. La nota diferencial es advertir a todas y a todos los dirigentes de UP que nadie estará ya libre de dossieres, que las críticas a la dirección siempre serán bienvenidas y que es el tiempo de decidirse. Y más allá, “vender” la idea que hay que escoger entre un sector bueno, razonable y hasta sutil, en definitiva, dialogante; y un sector duro, intransigente y autoritario que coincidiría con Pablo Iglesias y Alberto Garzón.

Nada nuevo bajo el sol. Esto se ha practicado muchas veces con razonable éxito, por lo demás. Unidos Podemos debe, en primer lugar, tomar nota con mucha claridad de lo que viene y prepararse para ello. En segundo lugar, estas cosas se combaten con política; hay que hacer política a lo grande en pos de un proyecto nuevo de país, protagonizando el conflicto social y ganando en solvencia política y parlamentaria. En tercer lugar, no matar el debate; se trata de combinar inteligentemente la unidad frente a unos enemigos que decididamente van a liquidar el proyecto con la autonomía necesaria para pensar juntos, discutir colectivamente y aprobar políticas mayoritarias en la organización. En cuarto lugar, unidad, unidad y unidad. Unidos Podemos debe ser algo más que un grupo parlamentario, debe construir una unidad desde abajo, desde lo local, garantizar una acción común y dedicar muchas horas a construir vida colectiva y práctica común. Ahora, como siempre, hacen falta principios claros, conocimiento de lo que hay y coraje moral. No está escrito en parte alguna que esta partida no la podamos ganar.

Peor que un ‘sorpasso’ un’sorpasok’

27 abril, 2016

Y también un sorPP si las cosas se hacen bien con el entendimiento de las fuerzas de progreso (Podemos e IU, a la cual felicito hoy por su 30º cumpleaños) y las confluencias territoriales (País Valencià, Cataluña y Galicia).

Fuente: http://www.eldiario.es

El PSOE es quien más se juega yendo otra vez a las urnas: la coexistencia de una alternativa con opciones y un PSOE en sus horas más bajas, pueden ser la tormenta perfecta

Pedro Sánchez trasladará al Rey que las elecciones pueden “fortalecer al país y las instituciones”

Si queda alguna posibilidad remota de evitar elecciones, está en que a Pedro Sánchez le tiemblen las piernas al entrar este martes en Zarzuela. Que cuando el rey le dé las buenas tardes, el líder del PSOE se eche a llorar en su hombro y acabe por aceptar alguno de los escenarios que ha rechazado durante cuatro meses: gobierno con Podemos, o gran coalición.

Si alguien se la juega yendo otra vez a urnas es el PSOE. El que más tiene que perder, al que más se le pueden torcer las cosas. Hasta el 26 de junio queda una inmensidad, nueve semanas que al ritmo que vive la política española equivalen a una década. La volatilidad esa de la que tanto hablábamos antes del 20D, y que ahora volverá a escena.

La historia reciente del PSOE es pura ley de Murphy: si algo puede salirle mal, saldrá peor. Y aún así, el 20D salvó los muebles, aunque fuesen unos muebles desvencijados. Mantener el segundo puesto equivalía a salvar una bola de partido, una victoria pírrica tras la que necesitaba ganar tiempo, un par de años al menos, para recomponerse. Y eso es lo que va a perder al dejar que muera la legislatura. Se le acaba el tiempo.

Puede pasar de todo, claro, pero pintan nubarrones. Tras la campaña tan gris que hizo Sánchez para el 20D, va a tener que esforzarse mucho para que una parte de sus votantes no se quede en casa el 26J. Y en cuanto al relato de “nosotros lo hemos intentado todo”, está bien, sí, pero no llega para nueve semanas, habrá que inventar otros argumentos. A cambio, el precio a pagar por haberse hecho tantas fotos con Albert Rivera puede ser una fuga de su flanco izquierdo hacia Podemos.

Pablo Iglesias y los suyos tienen el viento de cara y lo saben: no se han desgastado tanto en estos meses como dicen los analistas interesados, y a cambio son los reyes de la campaña electoral, como demostraron en diciembre. De aquí al 26J solo pueden ir a más, en cuanto resuelvan las confluencias y empiecen a llenar pabellones, viralizar vídeos emocionantes y triunfar en los platós. Mantendrán movilizados a muchos más votantes que el resto de partidos, y encima son los que tienen más donde pescar: echarán una caña hacia los socialistas desencantados, y otra hacia IU, con la que sospecho que están intentando el mismo juego de antes del 20D: que parezca que hay muchas ganas de una coalición, para en el último momento levantarse de la mesa llevándose lo único que a Podemos le interesa de IU: sus votos.

Se habla mucho del ‘sorpasso’ estos días, el viejo fantasma de los años noventa, cuando la Izquierda Unida de Anguita se iba a comer al PSOE, amenaza que luego quedó en nada. Pero eran otros tiempos, y ahora existe un miedo mucho mayor: el ‘sorpasok’, la mezcla de sorpasso y pasokización. Es decir, la coexistencia de una alternativa con opciones reales de superar a los socialistas (Podemos) y un PSOE en sus horas más bajas (como el PASOK griego hace unos años). La tormenta perfecta, en la que tendrá que navegar Pedro Sánchez desde mañana.

25/04/2016 – 19:58h