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“Lo fundamental de la renta básica es concebir que recibir un ingreso y vivir al margen del trabajo remunerado es justo”

5 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“¿Cuándo no tienes prisa?” Es una de las muchas preguntas que lanza Jorge Moruno al lector en su libro No tengo tiempo. Geografías de la precariedad (Akal) con el que trata de hacer reflexionar sobre el ritmo frenético instado en nuestras vidas, con las fronteras entre el trabajo y lo personal cada vez más difusas y en las que la precariedad va ganando terreno. Los “no me da la vida”, “no llego a nada” y “no tengo tiempo” no son “un efecto meteorológico, sino el resultado y a la vez productor de una serie de relaciones y de condiciones dadas”, advierte el sociólogo y responsable de discurso de Podemos desde su nacimiento hasta febrero de 2017. Las 124 páginas de su nuevo trabajo sirven también para advertir del camuflaje de la precariedad gracias al coaching empresarial: “Hace que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad”.

En el libro aborda la “descomposición de la sociedad del empleo”. 

Es consecuencia de la descomposición de todo un modo de convivencia, que vengo a definir como la sociedad del empleo. Empleo no es un sinónimo de trabajo remunerado. El empleo es la forma que adopta el trabajo en un periodo histórico muy concreto, especialmente en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la crisis de los años 70.  Ese modelo no se ha sustituido: se ha seguido pensando sobre el papel del empleo como vía de acceso a la condición de ciudadanía, a los derechos y a un consumo. Esto es lo que está puesto en duda, ya cada vez se garantiza menos encontrar un trabajo, y tener un trabajo ya no te garantiza tener una vida medianamente digna. Pero se sigue pensando que es la única vía de acceso para conseguirla.

Usted defiende que no lo es. 

Yo lo que trato de poner en cuestión es: ¿y si negamos la máxima? ¿Y si negamos que ser ciudadano solo se es si tenemos un empleo? Ahí está el debate y cómo eso trastoca los imaginarios forjados desde el siglo XIX, desde que se inaugura la sociedad de trabajadores. El trabajo tal y como lo entendemos es fruto de la modernidad industrial, antes no existía. Lo cual nos viene a decir que no tiene por qué funcionar una sociedad de la misma manera, que podría llegar a funcionar de otra.

En su opinión, no cambiar el discurso no conduce a una sociedad con un gran número de excluidos.

Lo fundamental es cómo imaginar el horizonte: la cuestión es que o vamos a una sociedad de pobres o tenemos la oportunidad de construir una sociedad del bienestar. Hay que pasar a la ofensiva de la sociedad de trabajadores a la sociedad del bienestar y apuntar todo lo alto que se pueda. En tanto que trabajadores solo podemos reproducirnos si encontramos un trabajo, pero ¿y si impugnamos nuestra condición de trabajador? ¿Y si podemos generar un modo de vida donde para poder vivir no tengas que ser necesariamente un trabajador?

¿Debemos cambiar la idea de que hay que acceder a un trabajo o hay que mejorar las condiciones del empleo que tenemos?

En mi opinión, el abismo que enfrenta el siglo XXI es la posibilidad de construir una sociedad que genera más riqueza con cada vez menos trabajo directamente empleado, menos trabajo humano. Eso abre las posibilidades de una sociedad más enfocada al bienestar, o a una sociedad que nos sigue obligando a regirnos por un baremo de la riqueza que se queda anacrónico, en el que el trabajo se convierte en un embudo por el que cada vez pasa menos gente y quien pasa tiene cada vez menos cosas garantizadas.

Esto que es fundamental tenerlo como horizonte debe ser combinable con el “mientras tanto”: mientras tanto qué hacemos. Es necesario crear empleo, mejorar los convenios colectivos, subir salarios, y enfocarse en sectores de mayor riqueza, pero esto no invalida la contradicción a la que creo que nos enfrentamos en el siglo XXI.

Uno de los retos del siglo que aborda es la robotización. 

El debate sobre la robotización no es entre una vida tipo Wallie, en la que nadie tiene que hacer nada porque las máquinas hacen todo o la opción en la que solo tenemos que reciclarnos laboralmente, hacernos un curso web y mejorar nuestras habilidades porque el empleo que se destruye en unos sectores se va a desplazar a otros. Yo creo que ninguna de estas dos opciones nos dicen mucho, lo importante es lo que pasa entre medias. Qué pasa con todas esas generaciones enteras que sufren entre medias ese desgarro, no les podemos decir que esto a lo mejor se soluciona en 50 o 70 años, pero que en el “mientras tanto” van a ser pobres.

¿Eso está comenzando a pasar?

¿Qué es lo que está sucediendo en Europa? Los equilibrios que sostenían un tipo de sociedad se están desmoronando, eso genera una incertidumbre, una pérdida de sentido. Y aquí hay que garantizar, si no es por la vía del trabajo remunerado, por otro tipo de vías, la libertad, la seguridad, las certezas.

En ausencia de una certeza, podemos acabar abrazando el orden del amo. Recuerdo mucho la película de La vida de Brian: cuando le meten en la cárcel a Brian y está el otro tipo colgado en la pared y dice “ay, yo daría todo lo que fuera por que el carcelero me escupiera en la cara, qué privilegiado eres”. En esta escalera del privilegiado, si asumimos la realidad como es y que no se puede cambiar, estar explotado va a ser un privilegio porque la otra opción es ser un excluido.

Jorge Moruno, durante la entrevista con eldiario.es
Jorge Moruno, durante la entrevista con eldiario.es DAVID CONDE

El tiempo y su relación con la precariedad son centrales en su libro. Habla de una cadena en la que en el eslabón más débil están los que tienen menos tiempo disponible.

El capitalismo nos lleva a una sociedad en la que aquel que tiene menos tiempo, menos decisión sobre su propio tiempo, es aquel que está en la escala más baja, más sometido. Y eso siempre recae sobre aquel que limpia. Aquellas que limpian, son las personas cuyo tiempo está totalmente subordinado al tiempo de otros. En nuestra sociedad aquel que utiliza Deliveroo, lo hace porque llega a casa y no sabe qué tiene en la cocina, a su vez tampoco tiene tiempo.

Para no moralizar: un precario es normal que utilice Ryanair si quiere moverse, aunque Ryanair genera a su vez precariedad. Es normal que, si quiere viajar, utilice Airbnb porque no puede costearse un hotel.

La precariedad sostiene que es un terreno para hacer negocio.

La precariedad y la falta de tiempo son un nicho de mercado donde aparecen innumerable oportunidades de negocio. De repente ahora aparecen los muebles de cartón, los potitos, salía el otro día una aplicación móvil que te revenden las sobras de las comidas de los restaurantes de otros, porque así te la venden un 70% más barata. Si eleváramos el nivel de vida de la sociedad, muchos de estos negocios no tendrían tanto sentido porque la gente no se vería abocada a tener que consumirlos.

En este punto aborda la llamada “economía colaborativa” o de plataformas. ¿Es siempre generadora de precariedad?

Las cosas nunca tienen sentido por sí mismas, sino que tienen un sentido dependiendo de la relación en la que se insertan. Wallapop uno podría pensar qué tiene de malo: se aprovechan más las cosas de segunda mano. En sí mismo no tiene un problema. El problema es dónde se inscriben todas estas oportunidades de negocio y lo hacen en una suerte de decrecimiento capitalista, donde como a raíz de la crisis la gente tiene menos poder adquisitivo, necesita –en una sociedad mediada por el dinero– ingresar más sea del modo que sea.

Yo creo que algunas de estas aplicaciones podrían tener un sentido municipal o un sentido público. ¿Por qué vamos a dejar en manos de Airbnb un sistema en el que gente que tenga una habitación pueda intercambiarla con otro? ¿Por qué tiene que estar todo sometido a unas empresas que no pagan impuestos, extraen una renta y se van fuera y no dejan nada en el país donde están?

Estas nuevas plataformas, defiende, tienen muchas veces un discurso con el que tratan de invisibilizar esta precariedad. 

Todos estos modelos, y coinciden los informes de la OCDE y de la OIT, abren una oportunidad para la gente que se queda fuera del ciclo laboral y que no tiene posibilidades de entrar. Se hace de la necesidad virtud, se trata de buscar soluciones a realidades infames, pero nunca se cuestiona lo infame que es la realidad.

El problema de esto es que la lucha de clases es también una lucha discursiva. Hablaba con uno en Twitter el otro día sobre Deliveroo y me decía que los riders no eran precarios, que eran microemprendedores que están tomando las riendas de su futuro. Claro, si tú sales a la calle y dices ‘voy a hacer un misión’, soy una especie de Indiana Jones que todas las mañanas tengo un reto, que es superarme a mí mismo.

Para llegar a estos planteamientos e imaginarios, destaca el papel del coaching empresarial.

La industria del coaching es tanto más fuerte cuanto peor se vive, cuanto más se degradan las condiciones de vida. Toda esta suerte de lenguaje, en el que no “trabajas para” sino que “colaboras con”, en el que no te “despiden” sino que te “desconectan”, donde no te “controlan” sino que te “valoran”, es una forma de reinterpretar cómo nos vemos en sociedad, qué es lo justo y lo injusto. Si nos hacen pensar que la situación que existe solo es fruto de nuestra actitud y de nuestro interés de conseguir el éxito, si no lo conseguimos es porque no hemos perseguido con suficiente tenacidad nuestros sueños.

Hacen que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad: tu libertad es precisamente no saber qué va a ser de ti mañana, eso lo tienes que vivir como una misión.

Una de las herramientas que aborda para llegar a la “sociedad del bienestar” es la renta básica universal.

No soy muy dado a fetichizar medidas. Creo que la renta básica en sí misma no nos dice nada, hay que explicarla. El sentido de la renta básica es en sí misma una batalla política. Porque alguien podría pensar que te dan una renta básica y te dan otro tipo de derechos y, por lo tanto, tú ya no te puedes quejar porque recibes un ingreso. Por eso, solo pensarla desde la perspectiva de acabar con la pobreza, que es fundamental, creo que es limitado y empodera poco.

¿Y cómo debe abordarse?

Lo que hay que hacer es incorporarla para incrementar el margen de libertad y el margen de acción. Es decir, contar con la renta básica y con muchos otros derechos –movilidad, alquiler social, etc–, contar con las garantías suficientes que te generan una seguridad para que puedas tener un mayor poder de negociación. Es decir, ahí donde alguien te ofrece un trabajo con unas condiciones miserables poder decirle ‘lo voy a rechazar’.

Dice que la renta básica es una batalla política y que requiere cambiar el imaginario.

Cuando dicen que la gente tiene una renta garantizada que se le da “a cambio de nada”, ¿qué entendemos por nada? Porque las mujeres realizan una media de 26 horas y media a la semana a trabajos no pagados, en trabajo doméstico, en ONG y demás. ¿Eso es nada? Según la visión del mundo en el que vivimos, solo es “algo” aquello por lo que alguien extrae un beneficio económico y el resto no es “nada”.

Además, si cada vez es más factible trabajar menos y se produce más riqueza, ¿por qué para poder comer hay que tener que trabajar?

¿Cómo se puede financiar la renta básica universal?

Ahí hay un problema de imaginario. No es que no sea importante hacer las cuentas, hay gente que las hace y llevan 20 años trabajando en ello, y es el profesor Raventós, la gente de Sin Permiso que buscan distintos métodos –sea por IRPF o por otro tipo de impuestos–, pero sinceramente yo creo que eso es secundario. Lo fundamental es concebir que eso es justo. Que recibir un ingreso y mantener una vida garantizada al margen del trabajo remunerado, o no solo dependiente de este, es justo. A no ser que pensemos que en el mundo no hay capacidad para que toda la sociedad tenga una vida digna.

Pero muchos critican la medida insistiendo en el “y esto cómo se paga”.  

Siempre todas las preguntas son “¿y eso cómo se paga?” cuando en realidad lo insostenible es otra cosa, el enfoque debe ser totalmente distinto. Debería ser “¿cómo se vive así, cómo se sobrevive en una sociedad en la que el 30% de la población en edad de trabajar están en riesgo de pobreza, que lo dice Adecco. Las preguntas deberían ser: ¿de qué sirve bajar los datos del paro si eso no garantiza la vida a la gente? ¿Es viable una sociedad en la que no para de aumentar la pobreza, la incertidumbre y la precariedad?

Si en 2004 había 84 personas que tenían un patrimonio de 30 millones de euros, ¿por qué en 2015 hay 549 personas? ¿Por qué en los últimos años los 200 más ricos del mundo han aumentado en más de 100.000 millones de euros su patrimonio?

En esa necesidad de cambiar el imaginario, usted destaca la labor del movimiento feminista. 

El feminismo es de los pocos movimientos si no el único que es capaz no solo de quejarse de cosas puntuales, sino que es capaz de modificar el orden de las razones. Es decir, que está yendo a las causas. Ese ahondar en las causas –por qué no se valoran una serie de trabajos y sí otros, por qué hay brecha salarial– tiene la posibilidad de alterar el modo en el que nos relacionamos.

Actualmente solo se le da valor a aquello por lo que alguien te paga. Si no te pagan, quiere decir que no tiene valor y por lo tanto es nada. Todo el trabajo reproductivo y de cuidados es nada. Y ahí es cuando las mujeres dicen que hay otro concepto de riqueza, que no se mide por esos baremos sino por otros criterios.

Considera, además, que mantener la deriva del empleo precario y la falta de tiempo hace perder talento a la sociedad. 

¿Qué es lo que permite a Virginia Wolf ser Virginia Wolf? Obviamente ella, pero necesita –como ella misma dice– unas condiciones para serlo, que es una herencia, es decir, un tiempo propio. Ese tiempo propio le permite poder desarrollar su obra. ¿Eso quiere decir que todo el mundo con un tiempo propio puede ser Virginia Wolf? No. Pero quiere decir que sin ese tiempo propio no podría haber sido Virginia Wolf. En un mundo en el que ese tiempo lo tiramos por el retrete en trabajos que nos aportan nada, que los hacemos simplemente porque necesitamos dinero, lo que hacemos es tirar la inteligencia de la sociedad en lugar de ponerla a trabajar para el beneficio común.

Jorge Moruno presenta su nuevo libro "No tengo tiempo"
Jorge Moruno presenta su nuevo libro ‘No tengo tiempo’ DAVID CONDE

¿Cómo podríamos empezar a caminar hacia la sociedad del bienestar que dibujas?

Para empezar, contar con un imaginario: que la gente desee otra cosa distinta. Una mentira nunca se combate con una verdad. Un imaginario instalado se combate con un imaginario más fuerte que atrae. Esto lo decía Baruch Spinoza, el filósofo, el ser humano no desea aquello que le parece bien, le parece bien aquello que desea. Por ejemplo, con el enfoque del pleno empleo: ahí nos va a ganar el Partido Popular, porque ellos van a bajar los datos de paro, aunque sea a costa de subir los datos de la miseria.

 Y una vez que construyes ese imaginario, que yo creo que todavía nos falta, que estamos en ese tránsito de tomar la crisis a la defensiva, no todavía a la ofensiva. Estamos en el “¿por qué nos hacéis esto?”, “¿por qué nos quitáis lo que se ha conseguido?”, “¿por qué desgarráis a la sociedad?”. Creo que poco eso va a ir transformándose, hay que convertirlo en otro imaginario que es “nos debéis cada vez más cosas” y “nos estáis robando todo y vamos a querer más.

¿Es posible en la actualidad esa transformación?

Todos los avances históricos del movimiento obrero han sido siempre porque han pensado que se podía vivir de otra manera. Los seres humanos nos movilizamos a través de imágenes. O construimos esas imágenes, o si no va a perdurar la del prohombre triunfador, el “búscate la vida”, el “si no puedes cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. O le damos la vuelta y decimos “la única forma de cambiarte a ti mismo es cambiar el mundo”, o nos vamos a seguir rigiendo por una fórmula que nos aboca a competitividad extrema, a mordernos como pirañas para conseguir la mejor evaluación del jefe.

Siempre se suele calificar de pesimistas a aquellos que criticamos el statu quo, pero en realidad somos profundamente optimistas, porque no nos resignamos a pensar que el mundo tiene que ser de esta manera. Los autollamados optimistas, que nunca ponen en cuestión el porqué de las cosas y solo se preguntan cómo me puedo adaptar a ellas, son conformistas que es algo muy distinto. Lo que tenemos que hacer, como decía Andre Gorz, de las miserias del presente construir la riqueza de lo posible.

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La renta básica ante el 8M y la lucha por las pensiones

24 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Si alguien totalmente ajeno a la realidad del país hubiera paseado por las calles españolas hace unos meses, no habría encontrado ningún indicio de que el 15-M tuvo lugar. Las banderas y sus nacionalismos han tomado los balcones y en los Parlamentos apenas se oye el eco de los Indignados. Estas semanas, en cambio, las manifestaciones de jubilados están devolviendo a las avenidas su condición de espacio ciudadano frente al de mera superficie de consumo; algo que también se observa en el paro de mujeres organizado para el 8 de marzo. ¿Es una mera coincidencia que sean las mujeres y los mayores los que salen a la calle? ¿Son demandas tan alejadas la una de la otra como a priori pudiera parecer?

Albert Rivera afirmaba el otro día que el problema de las pensiones no se reduce a subirlas o bajarlas, que su origen está en las bajas tasas de natalidad. Acierta en señalar que se trata de un problema más profundo, pero no llega al final de la cuestión (¿quién da a luz, cría a los hijos y cuida de los mayores principalmente?). Las manifestaciones que estamos viendo son en última instancia exteriorizaciones de un mismo problema: un sistema económico que separa en compartimentos estancos las esferas productiva y reproductiva de la vida. Así, el modelo se construye en torno a una dicotomía que no existe en realidad, pues todos nos movemos de una esfera a otra constantemente y ambas contribuyen al crecimiento de la riqueza colectiva, a pesar de no recibir el mismo (mal)trato. En principio, todos debemos cuidar y todos queremos realizarnos en nuestra vida profesional, pero este sistema nos obliga a elegir, y cuando las mujeres deciden entrar al espacio productivo pero los hombres no hacen lo propio en el reproductivo, la burbuja estalla. Estos desequilibrios de género entre las esferas reproductiva y productiva también se reflejan en el sistema de pensiones, que contabiliza años de trabajo productivo y deja en desventaja a las personas (casi siempre mujeres) que se han dedicado a cuidar.

Sin los cuidados, la vida en sociedad se vuelve insostenible. No queda otra, hay que cambiar de modelo: la economía no es reductible a los mercados; economía es mantener la vida, sea o no a través de las esferas monetizadas, y necesitamos dotarnos de normas e instrumentos que se ajusten a esta idea elemental. Como la renta básica universal.

La RBU lleva sobre la mesa más de medio siglo y cuenta con numerosas experiencias positivas (entre otros: EE.UU. en los 60, Canadá en los 70, Namibia en 2008 y Kenia y Finlandia en la actualidad). Sin ser ninguna panacea (no es una política económica sino una medida que se inserta en ella), contribuye notablemente a solventar algunos de los problemas más importantes de la actualidad, como la pobreza, una realidad cada vez menos lejana para muchos españoles. En un contexto en el que tener trabajo ya no es sinónimo – si es que alguna vez lo fue – de disfrutar de una calidad de vida digna; las pensiones cada vez son más quiméricas; y el 47% de los trabajos (cualificados y no cualificados) están amenazados por la automatización, de acuerdo con el estudio llevado a cabo por la Universidad de Oxford en 2013 ( aquí), la renta básica constituye una medida tan necesaria como urgente. El planteamiento es sencillo: todo ciudadano por el hecho de serlo, a partir de cierta edad e independientemente de su condición social o de sus otras posibles fuentes de renta, recibe un ingreso del Estado que, como mínimo, se sitúa en el umbral de la pobreza de una sociedad dada, de tal forma que nadie quede por debajo de él. Es decir, se trata de disociar parcialmente la renta del empleo remunerado, no para sustituirlo sino como una garantía mínima de seguridad. Antes de llevarse las manos a la cabeza, conviene pensar en otros servicios públicos cuya universalidad no solo no se pone en cuestión, sino que se considera un valor añadido, como la educación, la sanidad o la justicia. El carácter monetario de la RBU no modifica el fondo.

¿Qué puede ofrecer una renta básica que no se obtenga ya por otras vías? Para empezar, y no es poco, erradicar la dimensión monetaria de la pobreza. Como todos los fenómenos económico-político-sociales, la pobreza es multidimensional, y no solo afecta a la renta sino que se relaciona con las capacidades y el uso de los tiempos; sin embargo, es indudable el efecto positivo (o negativo) que tienen los ingresos (o su ausencia) sobre ella. Con la renta básica esta dimensión desaparece: nadie vive por debajo del umbral de la pobreza. Sin embargo, a pesar de estar concebida únicamente para erradicar la pobreza en términos generales, está lejos de implicar que no tenga efectos específicos. La situación de vulnerabilidad de ciertos colectivos o sectores hace que, en la práctica, la renta básica suponga una transferencia hacia abajo no solo de riqueza sino también de poder: de hombres a mujeres, de ricos a pobres y de unas mujeres a otras. En lo que respecta al primer caso, el hecho de que se asigne de manera individual hace que se democratice la sociedad al tiempo que se democratizan los hogares, algo que, en realidad, debería ser condición sine qua non para conseguir la primera. La dependencia económica del marido que padecen muchas mujeres, más habitual entre las mujeres que hoy son pensionistas o están a punto de serlo, elimina la posibilidad de separarse de él si libremente quisieran hacerlo (ya sea por cuestiones relacionadas con la violencia de género o por simple deseo). En esta línea, la renta básica también mejoraría la situación de vulnerabilidad de los hogares monoparentales, en su mayoría conformados por mujeres con hijos y ancianos a su cargo (datos del informe AROPE).

Además, dota al trabajador de poder de negociación frente al empleador, proporcionándole unos ingresos externos que hagan efectivo el derecho a huelga, por ejemplo. La libertad no se mide tanto por la posibilidad de decir  como por la de decir no, y es esta última la que garantiza la renta básica. Este aumento potencial del poder de negociación se hace especialmente presente en el caso de las mujeres, dada la precariedad laboral y la feminización del sector de los servicios (cuidados) remunerados. En ese sentido, la transferencia también se produce entre mujeres de diferentes clases sociales, ya que muchas de las empleadas en este sector son inmigrantes que cuidan de dependientes y personas mayores. Teniendo en cuenta que la excesiva concentración de riqueza genera poder político, la RBU tiene un efecto igualador y democratizador que fortalece los vínculos de ciudadanía y la cohesión dentro de la comunidad en diferentes direcciones.

Por último, la renta básica revaloriza todo el conjunto de trabajos no monetizados, realizados en su mayoría por mujeres, que contribuyen a la riqueza colectiva y al desarrollo de las sociedades pero que han estado infravalorados socialmente y penalizados económicamente porque no se adaptaban al esquema valor = precio, como refleja la escuálida pensión no contributiva (además de la dependencia que se genera durante todo el camino hasta llegar a las pensiones). De esta manera, esa parte de la sociedad considerada como inactiva pero que en realidad ha participado activamente, no solo contribuiría a esa acumulación de riqueza sino que recibiría la parte correspondiente de la misma, algo que todavía hoy no sucede. El reconocimiento social iría ligado a una retribución económica, y el concepto de trabajo abarcaría mucho más que el empleo remunerado. Así, la RBU reconcilia las dos esferas de la vida, que se reconocen al fin como interdependientes. En consonancia, no solo se dejaría de penalizar a aquellos o aquellas que no trabajan por dedicarse a los cuidados, sino que se posibilitaría que las personas – hombres o mujeres – que desean reducir su jornada laboral para poder conciliar, también puedan hacerlo sin sufrir las consecuencias que ahora padecen.

Desde nuestro punto de vista, no es casualidad que salgan a la calle las mujeres, principales proveedoras de cuidados; y los mayores, principales dependientes de ellos. Porque no estamos ante una simple crisis económica, es todo el modelo lo que ha quebrado. Creemos que la RBU puede contribuir a solucionar diferentes necesidades de todos los grupos sociales, así como a construir un modelo social y productivo más respetuoso con la vida familiar y personal de los individuos. Esta transversalidad hace que pueda actuar como una demanda unificadora de las grandes luchas colectivas, que ya comienzan a salir del letargo.

 ¿A qué esperamos para unirnos?

Finlandia demuestra que una renta básica para todos puede funcionar

25 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En un pequeño pueblo rural de Finlandia, un hombre recibe dinero gratis. Casi 560 euros entran en su cuenta corriente cada mes, sin ningún tipo de ataduras. Puede usar el dinero como quiera. ¿Quién es el benefactor? El Gobierno finlandés. Parece el preludio a una película de suspense, o a lo mejor a un reality de televisión. Aunque la historia de Juha Järvinen es más interesante. Es básicamente un ratón de laboratorio en un experimento que puede definir el futuro de Occidente.

Järvinen fue elegido la Navidad pasada por el Estado para formar parte junto a otros 2.000 desempleados en un ensayo de la renta básica universal. Puede que hayas oído hablar de la renta básica universal, o la política que se basa, literalmente, en dar dinero a la gente a cambio de nada. Es una idea que emociona tanto a gente abiertamente de izquierdas –John McDonell y Bernie Sanders– como a la élite económica de Silicon Valley –Mark Zuckerberg y Elon Musk–. Y en el largo período que ha transcurrido tras la crisis financiera, esta es una de las pocas alternativas que no dejan un sabor a refrito pasado de fecha.

Aun así, casi nadie sabe cómo sería. A raíz de todo el alboroto generado por esta propuesta, Finlandia será el primer país europeo en realizar un ensayo. No es la versión purista de la renta básica universal que daría un sueldo mensual a todos, incluyendo a los millonarios. Finlandia tampoco publicará resultados hasta que el periodo de prueba de dos años finalice en 2018. Mientras tanto, dependemos de los testimonios de los participantes como Järvinen. Así que vuelo a Helsinki y conduzco cinco horas para encontrarme con él.

Pregúntale a Järvinen que ha significado para él recibir dinero gratis cada mes y te conducirá a su taller. Ahí encontrarás equipos de producción cinematográfica, una pizarra con planes para una versión de Airbnb para artistas, y un pequeño cuarto en el que hace tambores Batá que vende por hasta 900 euros. Todo esto mientras que ayuda a criar seis niños. Todos esos euros gratis le han llevado a trabajar más duro que nunca.

Nada de esto habría sido posible sin la renta básica universal. Hasta este año, Järvinen vivía de su paga de desempleo. La oficina de empleo de Finlandia siempre estaba estudiando su caso, siempre entre solicitudes de empleo y talleres de formación. Las ideas brotan de Järvinen con la misma facilidad que el agua de un grifo, pero nunca podía desarrollar sus ideas por miedo a suscitar restricciones burocráticas.

Prestaciones sociales clásicas que imponen barreras

En un caso muy debatido el año pasado, un finés llamado Christian fue pillado tallando y vendiendo púas para guitarra. Era más un pasatiempo que un negocio, le sacaba poco más de 2.000 euros al año. Pero la suma no fue lo que enfureció a las autoridades, sino el tiempo que había dedicado a realizar cada púa, que podría haber empleado en la carrera de obstáculos oficial para encontrar trabajo.

Este era también el caso de Järvinen, hasta este año. Al igual que muchos británicos que sobreviven de las prestaciones sociales, él estaba atrapado en un sistema “humillante” que le daba poco menos que para alimentarse, al mismo tiempo que le negaba cualquier esperanza de satisfacción.

Entonces, ¿a qué se debe su cambio? Al dinero de la renta básica universal está claro que no. En Finlandia, 560 euros es menos de un  quinto del sueldo medio en el sector privado. “Tienes que ser un mago para sobrevivir con ese dinero”, dice Järvinen. Una y otra vez, se describe como “pobre”, sin rodeos.

Su liberación vino con la falta de condiciones ligadas al dinero. Si así desean, los finlandeses pueden meter el dinero en el banco y no hacer nada más. Pero al menos en el caso de Järvinen, la suma le ha quitado el miedo a la profunda miseria, dándole la libertad necesaria para hacer trabajos que para él son relevantes.

Suena simple. Es simple. Pero para los visitantes a la Gran Bretaña de la Austeridad, con su amplio abanico de escándalos relacionados con los subsidios sociales, desde el crédito universal a Concentrix o Atos, suena casi a fantasía.

Los parados no son vagos que no quieren trabajar

Este ensayo ha sido introducido por un gobierno de centroderecha que está llevando a cabo su propia versión de las políticas de austeridad, con grandes recortes a las prestaciones sociales y a las escuelas. Aún así, por mucho que intente imaginar a Theresa May o a Philip Hammond permitiendo el más mínimo cambio a los pobres sin cuestionarlo de manera alguna, no puedo imaginarlo.

Visito a la equivalente finlandesa del británico Ian Duncan Smith, la ministra de Asuntos Sociales, Pirkko Mattila. Recientemente alejada del partido populista Verdaderos Finlandeses, no tiene tendencias hippies a simple vista –ni siquiera unas varillas de incienso–. Aún así se muestra verdaderamente perpleja de que pueda haber resistencia política alguna a darle dinero a gente pobre para que se quede sentada en casa. “Personalmente, creo que los ciudadanos finlandeses quieren trabajar de verdad”, dice Mattila.

Esto demuestra cómo de moralmente corruptas se han vuelto las políticas de subsidios sociales en el Reino Unido en comparación con muchas otras partes de Europa. Se puede culpar a la austeridad del Partido Conservador, a los programas de trabajo a cambio de beneficios sociales del Nuevo Partido Laborista de Tony Blair, a los intentos thatcheristas de mandarnos a paseo, pero lo cierto es que hemos acabado con un sistema atravesado por dos creencias tóxicas.

Falsas creencias sobre la pobreza

En primer lugar, que la pobreza es el producto del fracaso moral personal. Para el ministro de Hacienda durante el mandato de David Cameron, George Osborne, era una cuestión de vagos contra luchadores. Para Iain Duncan Smith, la pobreza era la fruta podrida de las familias disfuncionales, la adicción o la deuda. Ninguno de ellos, ni los miembros de sus partidos, pueden admitir los que sus homólogos finlandeses sí hacen: que la pobreza no es más que la falta de dinero.

De ahí surge la segunda creencia falsa británica: la idea de que el sistema de ayudas sociales no es una red de seguridad para todos, sino un sistema de clasificación desmoralizado y falto de recursos para los vagos y los inútiles de los estratos más bajos de la sociedad.

Tratar a los pobres como a criminales en ciernes coloca al sistema de bienestar social como adjunto al sistema de justicia criminal. Significa declarar a gente moribunda como apta para el trabajo. Deja a las personas con minusvalía con temor a la próxima evaluación de su capacidad funcional; y a gente desempleada, castigada sin razón alguna.

Y todo esto es prácticamente inútil. La burocracia y los costes se trasladan a todas partes, desde la sanidad pública a la administración local y de ahí a las oficinas de atención al ciudadano. El gobierno no ha conseguido, basado en sus propias evaluaciones, en destinar una pequeña fracción de sus recortes a reformar las prestaciones por discapacidad. Piensa en todas las vidas que se han visto hechas pedazos, arruinadas. Y no se ha ahorrado casi ni un céntimo.

Si esta fuese la filosofía de los finlandeses, nunca habrían llevado a cabo este experimento, y Järvinen no estaría ahora soñando con decenas de proyectos.

Vete a Finlandia a buscar respuestas en relación a la renta básica universal, por supuesto. Pero ve preparado para volver con aún más preguntas de por qué Gran Bretaña maltrata a sus pobres.

Traducido por Marina Leiva

Finlandia empieza a emitir señales de éxito en su Renta Básica Universal

27 octubre, 2017

Fuente: http://www.publico.es

La OCDE dice que la Renta Básica Universal (RBU) no es una “bala mágica” contra la pobreza, pero admite sus efectos positivos, por ejemplo, en la sostenibilidad de las pensiones. Iniciativa que gusta a las grandes fortunas. Desde Bill Gates (Microsoft) a Mark Zuckerberg (Facebook), pasando por Elon Musk (PayPal o Tesla) o Jeff Bezos (Amazon) se declaran entusiastas de esta medida, cuyo nuevo estandarte lo porta, en la actualidad, el Gobierno de centro-derecha de Finlandia. Con visos de éxito.

Bandera de Finlandia./AFP

Bandera de Finlandia./AFP

Los grandes empresarios apoyan la RBU

Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, también respalda la idea, pide su universalización e incide, concretamente, en el ejemplo del Permanent Fund Dividend de Alaska, donde realiza labores de filantropía y para cuyo beneficio, vigente a lo largo de todo el año, sólo se requiere el permiso de residencia en el estado norteamericano y no planear dejar el territorio más septentrional de EEUU.

Pero no son los únicos casos de empresarios que dominan la lista de riqueza personal de Forbes que muestran sensibilidad hacia la renta básica y su propagación planetaria. Jeff Bezos, el jefe de Amazon y actual hombre más rico del planeta, también lo valora para amortiguar los efectos de la crisis en términos de desigualdad y afrontar la automatización del futuro inmediato. Eso sí, de forma menos entusiasta que Elon Musk (creador de PayPal, SpaceX o Tesla, entre otros éxitos empresariales de este gurú de la tecnología), para quien “acabaremos viendo la RBU más pronto que tarde”, ya que su implantación “es absolutamente necesaria” para afrontar los desafíos del mercado y las nuevas tendencias en la producción de bienes y servicios.

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, en una foto de archivo. / REUTERS

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, en una foto de archivo. / REUTERS

En apoyo de estos argumentos surgen predicciones científicas oficiales en EEUU que alertan, en comisiones del área económica-financiera del Congreso, de que la mitad de los puestos laborales del país serán reemplazados por robots en 2030.

Pero la batería de primeros espadas empresariales no se reduce a este póker de poderosos. La sombra de defensores de la renta básica universal es alargada.
Pierre Omidyar. El fundador de eBay ha donado cerca de medio billón de dólares a través de su fundación a desarrollar GiveDirectly, proyecto de renta básica para reducir la pobreza en Kenya.

Andrew Ng. Cofundador de Coursera y responsable de investigación en Baidu, escribió un tweet al presidente de EEUU en el que le escribió que, “ahora más que nunca, necesitamos una renta básica que limite las penurias de la gente y mejora la educación para dar oportunidades a todo el mundo”.

Sam Altman. Presidente de Y Combinator, la incubadora de start-up más importante de Sillicon Valley, vaticina que la robotización será casi plena a lo largo de este siglo y ha sido el impulsor de la renga básica en Oackland (California).
Bill Gross. Cofundador del fondo de inversión Pacific Investment Management, sugiere en su análisis de mercado de 2016, que EEUU debería emplear ya recursos a “la revolucionaria” idea de la RBU. Aunque -matiza- dado que emergió en la década de los sesenta del siglo pasado, “a lo mejor tampoco es una idea tan rebelde”. Su argumento incide en la consigna de defensa de la RBU: “si cada vez más trabajadores van a ser reemplazados por robots, se necesitarán nuevas fórmulas para distribuir la riqueza”. Pero su epitafio es de especial rotundidad: “Habrá alguien que siga pensando en ello como una vieja idea del socialismo, pero yo les digo, tendremos que usarla, porque se trata de una buena idea y una mejor solución”.

Tim O’Reilly. CEO de O’Reilly Media, también lo cataloga de “magnífica idea” para tratar de diluir la amenaza de la automatización productiva en ciernes, “aunque aún estemos en el comienzo de su discusión”.

Chris Hughes. El otro cofundador de Facebook, recuerda que la fe social en el actual patrón de crecimiento de EEUU “se romperá en múltiples formas” a medio plazo. Cualquier tratado de “reconversión de nuestra economía”, en consecuencia, “debería incluir propuestas honestas” como la RBU, tal y como ha sucedido desde el término de la Segunda Guerra Mundial.

Chris Hughes, ayer, en la Conferencia Europea de Comercio Electrónico.

Chris Hughes

Finlandia, en el observatorio mundial

La RBU finlandesa ha sido motivo de debate en la OCDE. No es para menos. Después de que los estamentos empresariales y políticos hayan azuzado el debate a escala global. En este asunto, el club de las potencias industrializadas considera que “no es la panacea” para corregir la brecha de desigualdad que se ha ensanchado, en mayor o menor medida, entre sus socios por efecto de la crisis de 2008. De hecho, enfatizan en su cuartel general en París, perjudica “la disparidad de poder adquisitivo entre ricos y pobres” y no contribuye, en absoluto, a la recuperación de la vilipendiada clase media. Incuso vaticina que ni siquiera corregirá las bolsas de pobreza. Aunque reconoce, eso sí, su aportación a la sostenibilidad de los sistemas de pensiones. En un momento en el que todo acopio de riqueza sirve para contener la bomba demográfica en las sociedades civiles de sus países miembros. Para justificar su sesudo diagnóstico, se ampara en la experiencia acumulada en latitudes como Alaska, donde lleva años de vigencia; Irán, desde 2011, mientras llama la atención sobre la negativa de Suecia, estandarte del estado de bienestar, a implantar el modelo finlandés. Aunque, en realidad, el Gobierno de Estocolmo, vigile de cerca los resultados de su vecino del Este.

Aun así, los expertos de esta institución multilateral realizan el siguiente diagnóstico, sustentado en estudios comparativos, sobre los costes de su instauración, en cuatro de sus socios. Francia, Italia, Reino Unido y, por supuesto, Finlandia.

Premisa número uno: La RBU supondrá desembolsos desde los estados de bienestar mucho más significativos que los actuales. Sin que pueda asegurarse -dice la OCDE- que sea una bala mágica para reducir la pobreza. Fuente: OCDE

Premisa número dos: La RBU obligará, en consecuencia, a masivos incrementos de impuestos, superiores al 10% del PIB en algunos países, además de reducir, simultáneamente, algunos otros beneficios sociales, para acometer el fondo de renta universal.

Premisa número tres: El modelo de renta universal -no exclusiva para desempleados, como el caso finlandés y otro muchos en vigor- de la OCDE recalca que beneficiará a las clases medias, pero que no repercutirá apenas entre las capas bajas y altas de la sociedad. Incluso asegura que perderán poder adquisitivo aquellos que adelanten su edad de jubilación. Y que perjudicaría a países con protecciones sociales equlibradas y saneadas.

Conclusión: La OCDE finaliza su deliberación con una radiografía contundente: Sin beneficios claros y bien calculados, los gastos de cualquier modalidad de RBU se dispararían y el riesgo de elevar las cotas de pobreza seguiría su estela alcista al tiempo que los ciudadanos de estos países verían reducidos sus ayudas sociales. Aunque también deja su respaldo abierto a alternativas de RBU, más restrictivas, que no eliminen las opciones de retiros anticipados o las que se entreguen durante periodos concretos de la vida laboral. Como el caso finlandés. Sólo para desempleados, mientras residan en el país.

Sobre las fórmulas de financiación, en el supuesto de que se pongan en marcha modalidades de renta universal, las instituciones multilaterales se dividen entre partidarias de inyectar liquidez mediante acciones, dentro de una Oferta Pública Inicial (IPO), cuyos beneficios irían a parar a un Depósito de Capital Común.

Mientras otras se decantan por sufragar los gastos vía impuestos, a través de tributos ecológicos, como nuevas figuras fiscales a empresas por exceso de polución, por transacciones financieras o a las grandes fortunas.

Debate multilateral y científico

También desde el World Economic Forum (WEF) se ponen trabas. Margareta Drzeniek, su jefa de Competitividad y Riesgos Globales, tampoco cree que sea la piedra filosofal. “Deberíamos de explorar otras opciones”, explica. “Necesitamos más política de innovación y proyectos pilotos que nos aseguren la sostenibilidad de los sistemas de bienestar y que nos garanticen una justa distribución de las rentas en la Cuarta Revolución Industrial”, la Era de la Robotización. Estrategia que exige, a su juicio, la transformación reformista en áreas como la Educación, el Conocimiento, las compensaciones laborales para elevar los niveles de vida, y el asentamiento del crecimiento económico.

Crece el número de las grandes fortunas mundiales que apuestan por implantar la renta básica, “más pronto que tarde”, para afrontar la robotización de la producción de bienes y servicios.

Alaska es, en la actualidad, el único ejemplo con renta universal mediante un único pago anual. Desde 1976, el Fondo Permanente de Alaska, que recibe un mínimo del 25% de los ingresos de tránsito de petróleo a través de su red de oleoductos, se distribuye entre cualquier residente habitual del estado más septentrional de EEUU. Su trayectoria, de más de cuatro décadas, revela que sus beneficiarios no trabajan menos. Ni tampoco se ha producido un movimiento migratorio hacia Alaska, como reclamo de su RBU. Tampoco en Irán, donde las familias reciben casi la tercera parte (el 29%) del gasto medio de adquisición de una vivienda, se ha registrado una pérdida de horas laborales. Al contrario, la economía iraní ha elevado su productividad. Motivo por el que varios millones de beneficiarios han renunciado a la ayuda.

Incluso, en ambos ejemplos, sus pensiones se han fortalecido. La OCDE, en este punto, no sólo reconoce, sino que ensalza, el efecto positivo de este tipo de iniciativas, que “alivian las tasas de cobertura” de los retiros laborales.

Un think-tank, Brookings Institution, con sede en Washington, considera que la RBU erradicaría la pobreza en 66 países, beneficiando a 185 millones de personas, y que apenas costaría el 1% del PIB de esas economías. Su economista jefe, John McArthur, precisa que “el resultado sería visible a corto plazo, y sin necesidad de aportar un solo dólar extra de cooperación al desarrollo”; es decir, de ayuda internacional. Como ya está sucediendo con proyectos como GiveDirectly, una ONG que, entre otras acciones en países en desarrollo, financia iniciativas de renta básica en Kenia. McArthur hace hincapié en que planes similares podrían lanzarse, de inmediato, para ayudar con coberturas anuales a los 650 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Ocho experimentos emblemáticos de RBU

Entre 2016 y 2017, han empezado a funcionar ocho nuevos experimentos de RBU en el mundo. Con sus particularidades, aciertos y errores, y sus diferentes asignaciones dinerarias.

Kenia. En octubre de 2016 se lanzó GiveDirectly. Desde entonces, los habitantes de 40 poblados reciben 22,5 dólares mensuales durante doce años. Esta ONG tiene en previsión añadir a otras 80 aldeas, con dotaciones de dos años de ayudas, otras 80 que recibirán una retribución única equivalente al montante de dos años de renta y analizar las tres fórmulas junto a otras 100 villas que no recibirán respaldo financiero alguno. Para cuyo estudio, utilizarán herramientas de Big Data.

Finlandia. El experimento, concedido a 2.000 empleados, tiene un objetivo esencial: medir cómo la renta básica podría transformar y modernizar la estructura del estado de bienestar finlandés y comprobar si los niveles productivos del país mejoran con estas garantías a parados.

Oakland, California. Y Combinator anunció a mediados de 2016 que pagaría salarios mensuales de entre 1.000 y 2.000 euros a 100 familias de esta ciudad californiano de distintos rangos socio-económicos y sin requerimiento de residir permanentemente en EEUU. Si frutifica en éxito, le sucederá un programa pentanual.

Think-tanks como Brookings Institution considera que la RBU erradicaría la pobreza en 66 países, beneficiando a 185 millones de personas, y que apenas costaría el 1% del PIB de esas economías.

Utrecht, Holanda. La iniciativa de renta básica se retomó a comienzos de 2017 y tendrá dos años de vigencia. Involucrará a 250 ciudadanos holandeses que recibirán una asistencia oficial de 1.100 dólares mensuales. Aunque esos son los números promedio. Porque existen seis grupos con distintas retribuciones y requerimientos. En uno de ellos, por ejemplo, pueden conseguir 161 dólares adicionales al mes, si realizan trabajos de voluntariado. En otro, sus integrantes pueden acceder a proyectos empresariales concretos y en funcionamiento de la ciudad, con los que pueden rentabilizar sus ingresos, pero deben devolver una parte de esos beneficios en caso de que decidan no cooperar con programas filantrópicos.
Ontario, Canada. Las autoridades de este estado canadiense han presupuestado 19 millones de dólares a replicar el experimento de Manitoba, en vigor desde la década de los setenta del siglo pasado. Los planes oficiales, todavía en fase de estudio, incluyen renta básica y provisiones de fondos, y baraja las exigencias que deben cumplir los beneficiarios de la misma.
India. El Gobierno indio ultima la puesta en marcha de experimentos, en otras ciudades, como el de su Estado de Madhya Pradesh, en el que, desde 2010, más de 6.000 personas reciben una pequeña aportación mensual durante 18 meses. En octubre de 2016, el equipo económico de Nueva Dehli anunció que la RBU empezaría a integrarse en la estructura económica de la mayor democracia del mundo y, desde comienzos de este año, una comisión parlamentaria específica tiene encomendada la tarea de encontrar la fórmula de expandirla por todo el país.
Livorno, Italia. Filippo Nogarin, alcalde de la localidad italiana, empezó a dar a cien ciudadanos de su municipio costero, de 150.000 habitantes, una renta mensual de 537 dólares, que amplió este año a otras cien familias. Para Nogarin, el resultado del primer año ha sido muy positivo. A su juicio, ha ayudado a sus conciudadanos a reconducir sus carreras profesionales y a mejorar sus perspectivas de futuro. Ragusa y Naples valoran incorporar esta iniciativa.
Uganda. También se inició este año. La ONG Eight suministrará ocho euros (8,6 dólares), como el nombre de su organización, de renta básica a 50 familias del poblado ugandés Fort Portal. La prueba durará, al menos, dos años y su experiencia será relatado en un documental, Village One.

Salto a la arena política

La RBU ha formado parte del ideario de Jeremy Corbyn, con el que el líder de la oposición en Reino Unido pretende inculcar “mayor progresismo” al laborismo británico y, según sus propias palabras, también a los partidos de izquierdas europeos. Su propuesta de renta básica sustituiría al abanico de programas, subsidios, deducciones fiscales y contribuciones sociales por trabajo del país e, incluso, los gastos administrativos asociados a estas tramitaciones. De forma que se convertiría en una retribución para personas con bajos o nulos niveles de ingresos, con la que se autofinanciaría su futura pensión. Aunque admite múltiples interpretaciones.

Su implantación también se incluyó en el programa electoral de Benoît Hamon, líder socialista francés, que apenas recibió el 6% de respaldo en la cita presidencial de la pasada primavera. En su opinión, la RBU “es un instrumento que libera trabajo y permite a cada persona poder eligir sus ocupaciones profesionales sin necesidad de tener que sufrir por ello”. El plan de Hamon se sintetizaba en cuatro ideas-fuerza: instaurar una renta básica para jóvenes entre 18 y 25 años; aumentar los beneficios por desempleo o subempleo hasta los 600 euros al mes; implantar un sistema automático para estos pagos y universalizar la retribución con un mínimo de 750 euros mensuales. Jean-Luc Mélenchon, político izquierdista francés, antecedió al Partido Socialista en este cometido. Igual que Podemos, en España, que la incorporó a su programa para los comicios de 2015 y 2016. En línea con la proclama de IU, antes y después de su coalición con la formación morada. A la espera de que el nuevo PSOE-2.0 de Pedro Sánchez concrete su posición al respecto -y su plan de financiación adicional de las pensiones-, a partir de su sugerencia de reformular la socialdemocracia y sufragar con mecanismos como la Tasa Tobin, que grava las transacciones financieras, determinadas medidas de política social.

El recurso a la RBU es, en realidad, una vieja receta. Incluso de siglos precedentes. Aunque ha sido la crisis y sus devastadores efectos sobre la población la que ha puesto de nuevo de moda esta propuesta. En ese contexto se enmarcan también las palabras del ex ministo de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, uno de sus más firmes defensores: “Es una urgencia inaplazable para civilizar el capitalismo y evitar los espasmos que generará por la nueva generación tecnológica”. Un mensaje que comulga con las concepciones cosmopolitas y favorables a la globalización de los partidos progresistas y con voces como la de premios Nobel Paul Krugman o Joseph Stiglitz, o de economistas también ilustres como Jefrey Sachs, James Galbraith o Thomas Pikkety. Pese a que países como Suiza hayan renunciado a ella (la aportación llegaba a 2.500 euros mensuales) en referéndum, en junio de 2016.

De momento, detractores y defensores observan el paso de la RBU finlandesa. Entre argumentos que critican su despilfarro, que alaban su capacidad de ahorro y solución a la precariedad laboral y los que, en un limbo intermedio, consideran que los meses de funcionamiento del proyecto en Finlandia abren la puerta a futuros experimentos mejor pertrechados, más sofisticados y que sean capaces de generar mayores cuotas de retorno en beneficios sociales

Ontario se lanza a experimentar con la renta básica universal

20 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Este verano, la provincia canadiense de Ontario lanzará una prueba piloto de renta básica universal en la que participarán unas 4.000 personas. El gobierno de Ontario se convierte así en el primero de América del Norte en décadas que prueba una legislación anunciada como el remedio para la pobreza, la excesiva burocracia y la creciente precariedad laboral.

Los participantes del programa piloto, que tiene una duración de tres años y un coste estimado de 150 millones de dólares canadienses, serán elegidos al azar en las ciudades de Hamilton, Thunder Bay y Lindsay. Durante los próximos meses, se enviará un correo masivo a las personas seleccionadas aleatoriamente para que se inscriban. También examinarán a los participantes para asegurarse de que tienen entre 18 y 64 años y de que viven con poco dinero.

El programa incluirá dos grupos de población: gente con trabajos poco remunerados o inestables y personas que sobreviven gracias al programa de asistencia social. Durante los tres años que dura el programa, los participantes podrán abandonarlo en cuanto lo deseen.

 Este es un mundo nuevo con nuevos desafíos”, dijo el lunes la primera ministra de Ontario, Kathleen Wynne, mientras anunciaba los detalles del programa piloto. “Entre la tecnología y Trump, es una época de gran incertidumbre y cambio”.

¿Funciona la herramienta de la renta básica?

El programa tiene como objetivo determinar si la renta básica, una idea promocionada desde hace tiempo por sectores de la izquierda y de la derecha, es una manera eficaz de solucionar esta imprevisibilidad. Los pagos mensuales, otorgados sin ninguna condición, comenzarán a circular este verano: para los solteros, hasta 16.989 dólares canadienses anuales (unos 11.400 euros), para las parejas, 24.027 dólares (16.100 euros). Los que ya recibían asignaciones familiares por hijos o subsidios por discapacidad seguirán cobrándolos.

La renta mensual representa un aumento pequeño para las personas que actualmente cuentan con la ayuda del programa de asistencia social o los subsidios por discapacidad pero no requiere tanto control ni gestión administrativa. El ingreso básico de las personas que trabajan se reducirá en 50 centavos por cada dólar ganado.

Como dijo Wynne, “no es una suma extravagante de ningún modo”. “Pero nuestro objetivo es claro. Queremos averiguar si el ingreso básico marca una diferencia positiva en la vida de la gente; si este nuevo enfoque les permite empezar a alcanzar su potencial”.

Los resultados del programa del salario mensual serán controlados regularmente para que los investigadores estudien su efecto sobre la salud, la educación, la vivienda y la participación en el mercado laboral. La provincia de Ontario también se encuentra en las primeras etapas de trabajo conjunto con aborígenes de la zona para lanzar un programa piloto paralelo similar entre las comunidades de pueblos originarios de Canadá.

El plan comenzó en junio, cuando el gobierno de la provincia pidió a un estratega político conservador y antiguo promotor de la idea que explorase las posibles formas que podría tomar el experimento.

Luchar contra la pobreza o contra la austeridad

La prueba piloto llega a Ontario en un momento en que resurge con fuerza la idea de la renta básica. Mientras los líderes del planeta luchan por encontrar un equilibrio entre la lucha contra la pobreza, las medidas de austeridad y la pérdida continua de los trabajos estables con pensiones y seguros médicos, los proyectos de renta básica centran los titulares en Finlandia, Kenia y Holanda.

Hace tiempo que las autoridades canadienses mostraron su interés por las posibilidades de la idea: Canadá ya fue sede de uno de los experimentos más grandes y ambiciosos de renta básica en Norteamérica. En 1974, unos 1.000 residentes de la pequeña ciudad agrícola de Dauphin (en la provincia de Manitoba, con unos 10.000 habitantes), empezaron a recibir pagos mensuales sin ninguna condición. El programa piloto era financiado por el gobierno federal y el provincial, y establecía la renta en un 60% del umbral de pobreza de ese momento, de acuerdo con la Dirección General de Estadísticas de Canadá. Hoy equivaldría a unos 16.000 dólares canadienses por año y persona.

Por cada dólar que ganasen por otro lado, se restaban 50 centavos del pago mensual. Los pagos circularon durante cuatro años y convirtieron a Dauphin en un poderoso campo de pruebas para la legislación. Durante las investigaciones, se encontraron pocos cambios en los hábitos laborales de los residentes, excepto la duración de las licencias de las madres primerizas (se alargaron) y la probabilidad de abandonar la secundaria por parte de los adolescentes (se redujo). La renta mensual se convirtió en una fuente de estabilidad y funcionó como una reserva para los residentes, protegiéndolos de la ruina financiera ante enfermedades repentinas, discapacidades o acontecimientos económicos impredecibles. Las internaciones, las lesiones y los problemas de salud mental se redujeron.

Pero el presupuesto de 17 millones de dólares (equivalente a unos 85 millones de dólares de hoy) se terminó a mitad del proyecto y dificultó la recolección de datos. La creciente presión ejercida desde el gobierno de la nación para que Manitoba tomara medidas de austeridad junto con el cambio de gobierno en la provincia en 1977 significaron la sentencia de muerte del proyecto.

El proyecto piloto de Ontario podría caer víctima de las mismas presiones: hay una elección provincial a mediados de 2018, un año después de que comiencen el programa. Las encuestas sugieren que los progresistas, en el gobierno de Manitoba desde hace 14 años, podría no obtener la mayoría esta vez. Entre otros factores, los elevados precios de la electricidad y las acusaciones de soborno en  una elección extraordinaria de 2015 han hecho caer la imagen positiva de Wynne hasta un 12%, el porcentaje más bajo entre los primeros ministros provinciales de Canadá.

Traducido por Francisco de Zárate