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“Cuanto más se conoce la Renta Básica, más convence y más difícil es ridiculizarla”. Entrevista

9 agosto, 2017

Fuente: http://www.sinpermiso.info

Daniel Raventós

18/06/2017

La entrevista la realizó para vozpopuli.com Bosco Martín Algarra.

En Barcelona ya hay 1.000 personas que reciben una asignación monetaria, trabajen o no. Uno de los ideólogos de esta iniciativa, el economista Daniel Raventós, explica por qué la Renta Básica es un factor de progreso y no un fomento de la vagancia, como muchos aseguran. 

“¿Dinero sin trabajar? ¿Pero estamos locos?”. Es una reacción habitual cuando se habla de Renta Básica.

Pero no. “No es eso, no es eso”, que diría Ortega.

Ni dinero para vagos ni aspiraciones de ilusos ni ensoñaciones de economistas “progres”. La Renta Básica va más allá, según sus partidarios; pero contra eso, contra las descalificaciones simplistas y contra las invectivas más cuñadescas tienen que luchar -día sí y otro también- los promotores de esta singular forma de redistribuir la riqueza.

Entre estos últimos se encuentra Daniel Raventós, economista y profesor titular del departamento de Teoría Sociológica de la Universidad. Junto a sus colegas Jordi Arcarons y Lluís Torrens han diseñado un plan para financiar la “asignación monetaria incondicional” a toda la población.

Hablamos de 7.968 euros anuales para cada español o residente legal, y de 1.593 al año para los menores de 18 años.

De momento, hay 1.000 familias de Barcelona que ya están testando sus efectos durante dos años, aunque con cantidades más reducidas.

Laia Ortiz, responsable de derechos sociales del Ayuntamiento de Barcelona, explicaba que una persona sola que participa de este experimento puede percibir entre 400 y 500 euros mensuales. Si convive con más personas, la cantidad aumenta. La cantidad de una familia de cuatro miembros puede oscilar entre los 1.000 y 1.500 euros.

¿Qué hará la gente cuando le dan dinero gratis? ¿Malgastarlo? ¿Invertirlo en negocios? ¿Ahorrar para tener ‘un colchón’ en época de vacas flacas?

Hay gente que de veras necesita un dinero extra. Pero, ¿por qué dárselo a quien no lo necesita?

Vamos a ver. Me haces esa pregunta porque estás pensando que la Renta Básica se añadiría a lo que cada uno de nosotros gana. No es así. La cantidad que cada ciudadano percibiría como Renta Básica no se añadiría sin más a su salario o a su pensión o prestación por desempleo.

Entonces empecemos por lo básico. ¿Qué entiende usted por Renta Básica?

Es una asignación monetaria incondicional a toda la población. Con la reforma que proponemos nosotros, la Renta Básica está exenta de IRPF. Este es un detalle fundamental. Nosotros proponemos que a partir del euro que se gana por encima de la Renta Básica, que estaría exenta, se empiece a pagar IRPF.

Es decir, que si uno gana el salario medio español, que está por debajo de los 2.000 euros, ¿pagaría más impuestos?

Por su Renta Básica no, porque está exenta, insisto. Esta iniciativa se puede concretar de diversas maneras, pero tal como Jordi Arcarons, Lluís Torrens y yo hemos propuesto, se basa en una reforma del IRPF que significa, a efectos prácticos, que el 20% más rico de la población perdería y el que está debajo de ese 20% ganaría.

Si me tuviera que citar los tres o cuatro impactos más positivos de la Renta Básica, ¿cuáles eligiría?

Primero: si tú das una Renta Básica al menos igual que el umbral de la pobreza, la pobreza desaparece.

Segundo: los trabajadores y los salarios más bajos tendrían un poder de negociación superior al que tenemos ahora.

Y tercero, por solo decir solo tres, nos evitamos una cantidad de burocracias y gastos administrativos y de gestión impresionantes.

¿Esto último lo dice porque suprimirían todas las subvenciones por debajo de la cantidad asignada como Renta Básica?

Efectivamente: Toda asignación monetaria -no nos estamos refiriendo a los servicios básicos como Educación o Sanidad- por debajo de la Renta Básica desaparecería. Es decir, si una persona tiene una pensión alta, de 2.000 euros, no gana ni pierde, porque recibiría la Renta Básica (700) más 1.300 euros para completar su pensión. Pero si una persona sólo cobra la prestación social de 400 euros, recibiría 300 más hasta llegar a los 700, que es la cantidad mensual aproximada que proponemos como Renta Básica.

Dinero gratis a menores

Ustedes proponen una Renta Básica a todo español mayor de edad de 7.968 euros anuales. ¿Por qué esa y no otra?

Porque en esa cifra exacta está ubicado el umbral de la pobreza del Estado español cuando realizamos el estudio, si descuentas a la comunidad autónoma vasca y navarra.

¿Por qué excluyen a Navarra y País Vasco?

Porque, según los datos que teníamos, era mejor desagregar esas dos comunidades porque tienen un régimen fiscal distinto. No queríamos mezclar determinados aspectos que hubieran complicado el cálculo.

En el caso de los menores, ¿no es al fin y al cabo un dinero que va a los bolsillos de los padres?

Efectivamente. Pero si se implantara una Renta Básica tendría que estar acompañada de una ley que regulase el uso y castigara el abuso, incluyendo la retirada de la patria potestad. Esto ya ocurre ahora. Cuando un padre o madre no se comporta con sus menores como la ley estima que debe hacerlo, también puede perder su custodia.

¿Y qué teme de poner en marcha esta propuesta?

Uno de los grandes problemas de la Renta Básica es que cuando no se conoce casi nada es muy fácil de ridiculizar. Esto ya ha pasado en parlamentos distintos, entre ellos tres o cuatro veces en el español, pero también en parlamentos autonómicos y de otros estados. Hay gente que dice que vamos a mantener a vagos, que nadie trabajaría, que los inmigrantes nos van a inundar… Es muy fácil de ridiculizar.

¿Y cómo evitarlo?

Dando a conocer esta iniciativa. Es muy interesante ver que a medida que la población conoce más esta propuesta, más a favor está. Porque ve fácilmente que basta profundizar un poco para darse cuenta de que algunas de las objeciones que se hacen a la Renta Básica son pura demagogia.

La reducción del índice de Gini

Ustedes proponen para reformar la Renta Básica quitar los subsidios que sean de una cuantía inferior y reformar el IRPF. ¿Podría resumir cuáles serían las líneas Básica de esa reforma del IRPF?

El IRPF actual es muy poco redistributivo. Analicemos el índice de Gini, el que más se usa internacionalmente para medir las desigualdades de Renta en un mismo país, que va de 0 a 1 (cuanto más se acerca al 1, hay más desigualdad; cuanto más se acerca al 0, menos). Si partimos de un índice de Gini que ronda el 0,41 antes del IRPF, tenemos que después pasa a a ser de 0,36.

O sea, que se reduce, pero poca cosa…

Exacto. Con nuestra propuesta, el índice de Gini quedaría alrededor del 0,25, en unos niveles muy similares a los que existen en los Estados más igualitarios (o menos desigualitarios) del mundo: Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia. Es decir, se trataría, como esta reducción de Gini muestra, de una gran redistribución de la riqueza de los más ricos al resto de la población. Los ricos seguirían siendo ricos, pero un poco menos a cambio de la erradicación de la pobreza.

¿Contempla que se pueda renunciar a la Renta Básica aquel a quien no le convenza o le perjudique fiscalmente?

Claro, no cabe duda de que quien quiera renunciar le hace un favor al resto y hay que respetar su decisión.

La Renta Básica ¿es solo para ciudadanos, para residentes, para inmigrantes…?

Para todos los ciudadanos de un país y los residentes legales. Estamos hablando de dinero público y debemos saber a dónde va. No lo vamos a dar a ciegas. Es una cuestión elemental.

¿Y no teme un efecto llamada a los emigrantes del mundo entero?

Quien se ha puesto a estudiar seriamente el efecto llamada sobre una Renta Básica ha llegado a la conclusión de que no será así. La inmigración está causada por la falta de condiciones materiales de existencia en el lugar de origen. Con Renta Básica o sin ella, la presión migratoria será tan grande como siempre si no cambian las cosas. Es más: si se implantara una Renta Básica en países pobres, las presiones para emigrar serían menores, como es fácil de entender.

El ‘NO’ de Suiza

Los suizos votaron sobre la Renta Básica y un 77% del electorado dijo que no. ¿Es un mal precedente?

Yo diría que hay que ser más cauto. Lo que me extraña es cómo tanta gente, un 23%, votó a favor tal y como sucedieron allá las cosas. Cuando se iba acercando la fecha de la votación, los apoyos a la Renta Básica iban creciendo y causando alarma entre los bancos, patronales, partidos y medios de comunicación, que estaban en contra en su gran mayoría. Insisto: cuanto más conoce la gente de qué va realmente la Renta Básica, más la apoyan.

¿Hay una Renta Básica de derechas y otra de izquierdas?

Hay gente de derechas y de izquierdas que propone la Renta Básica, lo cual confunde a mucha gente. La gente piensa: “¿dónde está el secreto?”. El problema está en las diferencias que hay entre una propuesta de derechas o de izquierdas: Básicamente la financiación de unos y de otros. La derecha quiere una Renta Básica a cambio de desmantelar una parte del Estado de Bienestar. La izquierda quiere una Renta Básica sin desmantelarlo, al revés, reforzándolo. Sólo retiraría las subvenciones inferiores a la Renta Básica, por razones explicadas.

Imagínese que yo soy Juan Pérez, el español medio, que no ve nada claro su idea. Estamos en un bar tomándonos una caña. Convénzame como lo haría a un amigo.

Juan, dedica 15 minutos, ¡solo 15 minutos! a leer nuestra propuestas de la Renta Básica. Juzga por ti mismo. Te apuesto la próxima caña a que cambiarás de opinión. Si después de leerlo sigues pensando que no va a funcionar, te explico más cosas en pocos minutos más. Y no te preocupes, que, si aún sigues siendo un contrario a la Renta Básica, la próxima cerveza la pago yo.

 

es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. En el próximo mes de julio aparecerá su nuevo libro “Renta Básica contra la incertidumbre” de la colección los retos de la economía (Ed. RBA).

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Estos son los perdedores y ganadores de una hipotética renta básica

5 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La propuesta de una renta básica es simple: un ingreso asegurado y universal para toda la población sean cuales sean sus circunstancias e ingresos. Cómo hacerlo y qué efectos tendría, no tanto. El último informe de la OCDE sobre renta básica alerta de que los sistemas de protección social y beneficios sociales actuales son tan complejos que su reemplazo por una renta básica crearía un complicado balance de ganadores y perdedores. De hecho, este ingreso podría no contribuir apenas a reducir la pobreza en algunos países.

Ese balance dependería de dos factores: quiénes son los beneficiarios de los sistemas actuales y cómo se plantearía la renta básica, es decir, cómo se financiaría y a qué beneficios sustituiría. Una foto del estado actual ayuda a mostrar qué población recibe más transferencias sociales. Estas transferencias sociales se hacen en forma de subsidios, prestaciones, pero también a través del sistema de pensiones, de la educación o del sistema fiscal.

En Finlandia, por ejemplo, el 20% más pobre recibe cuatro veces más transferencias que el 20% más rico. En Francia, los dos estratos de población acaban por recibir prácticamente lo mismo por diferentes vías. En otro grupo de países, entre los que se encuentran España, Grecia, Portugal e Italia, el 20% más rico se beneficia del triple de transferencias sociales que el 20% más pobre, una irregularidad que marca la ineficienca del sistema de protección social de los países del sur de Europa.

Este reparto es clave para saber quién gana y quién pierde. Si la renta básica sustituyera a los beneficios actuales, es decir, si el dinero que ahora se gasta en todas las prestaciones se sumara y se repartiera en cantidades iguales a cada ciudadano, los más pobres de algunos países con fuertes sistemas de protección (como los nórdicos) saldrían perdiendo. “Como en la mayoría de países estas transferencias están dirigidas a la población con niveles más bajos de ingresos estas personas ya están recibiendo unos beneficios mayores que lo que percibirían si se sustituyen por la renta básica”, explica el politólogo Pepe Fernández Albertos. En esos casos, la renta básica no solo no serviría para reducir la pobreza, sino que harían que gente que ahora está fuera de ese umbral cayera en él al reducir sus ingresos.

No es el caso de España. Al pertenecer al grupo de países donde las transferencias sociales benefician tan poco a los grupos más desfavorecidos, estas personas podrían salir ganando si se sustituyeran por una renta básica. “En España los programas de transferencia son muy poco redistributivos”, apunta Fernández Albertos. Las clases medias que ahora apenas se benefician de alguna ayuda también ganarían al empezar a recibir un cheque mensual con su renta básica.

El otro factor a tener cuenta es a qué sustituye y cómo se paga esa renta básica. Un argumento muy usado por sus defensores es que esta medida podría tener un coste cero: al sustituir a muchos programas de ayudas y prestaciones actuales se usaría ese dinero para financiarla. Pero, ¿cuál sería la cuantía de la renta básica que saldría? Los cálculos de la OCDE señalan que, en general, derivaría en una prestación de cuantía inferior a los sistemas de rentas mínimas que ya están funcionando en cada país. Es el caso de España: esos ingresos mínimos representan ahora  el 60% del umbral de la pobreza, mientras que una renta básica financiada de esta manera (a coste cero) estaría en el 35% de ese umbral.

La OCDE dice, por tanto, que sin impuestos adicionales una renta básica a coste cero “estaría muy lejos de erradicar la pobreza”, pero que conseguir una renta por encima del umbral de la pobreza sería “muy cara”. “La idea es que si quieres tener una renta básica que esté por encima del umbral de la pobreza o bien introduces algunos criterios de condicionalidad para percibirla, lo que lleva a perder algunas de sus características, o bien tienes que aumentar tu presupuesto, lo que acaba con la idea de presupuesto cero, de que implantarla no supondría un aumento del gasto”, señala el politólogo.

La OCDE concluye que la introducción de una renta básica debería ser, por tanto, paulatina e ir acompañada de un debate sobre cómo asumir una distribución más equitativa del crecimiento económico. Lo que parece claro, constata el organismo, es que las nuevas formas de empleo, el aumento de la desigualdad, la amenaza de miles de trabajos perdidos por la robotización y los desequilibrios entre vida laboral y personal están haciendo que el debate sobre la renta básica esté cada vez más presente.

El experimento de la renta básica en Finlandia da sus frutos: primeros signos positivos

15 junio, 2017

Fuente: http://www.eleconomista.es

ELECONOMISTA.ES

8:34 – 10/05/2017
  • Los desempleados ha logrado que su salud mental mejore con la ayuda
  • Los niveles de estrés han caído y se puede buscar un trabajo más adecuado
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Foto: Getty.

Más de cuatro meses después de que se pusiese en marcha el experimento con 2.000 desempleados de la renta básica en Finlandia, llegan los primeros resultados y parece que son positivos. Algunos parados que pasan por situaciones personales complejas ven como su estrés se reduce gracias a esta prestación. Además, como su cuantía es relativamente pequeña no desincentiva la búsqueda de trabajo, por el momento.

Este experimento comenzó el 1 de enero de 2017. Kela, la institución de la Seguridad Social que se encarga de llevar a cabo este programa, transfiere mensualmente 560 euros al mes a 2.000 desempleados con edades comprendidas entre los 25 y los 58 años. En principio se prevé que este plan se extienda durante dos años para poder analizar sus efectos a medio plazo. Este tipo de renta garantizada sustituye el resto de subvenciones o transferencias públicas, lo que mejora la eficacia del sistema público.

Marjukka Turunen, directora de gestión de cambios de Kela, explica que el plan está teniendo algunos efectos positivos: “La idea es darle a estas personas una seguridad financiera para que puedan liberar sus mentas y no preocuparte por el tiempo, por el dinero y por las necesidades básicas”.

Una red de seguridad básica

Las personas que reciben la renta básica pueden centrarse en reciclar sus habilidades y sus conocimientos para alcanzar un puesto de trabajo acorde con sus preferencias, mientras que sin esta red de seguridad muchos de ellos tendrían que aceptar cualquier trabajo, incluso a tiempo parcial, con el objetivo de no perder la prestación por desempleo convencional.

Según Turune, las personas que están recibiendo este ingreso básico garantizado han dado muestras de una mejora en la calidad de su vida, debido a una reducción del estrés que soportan.

“Hubo una mujer que aseguraba que temía que sonase su teléfono porque podían ser los servicios de desempleo ofreciendo un trabajo cualquiera… ella explicaba que no podría asumir cualquier trabajo porque está cuidando a sus padres de edad avanzada en su casa. Este experimento tiene un impacto real sobre la salud mental de las personas”, explica este funcionario finlandés.

Este experto señala que la cifra monetaria de la renta básica es fundamental para no distorsionar el mercado: “Si usted da a la gente 1.450 euros, no habría ningún incentivo para buscar trabajo porque muchas personas podrían subsistir fácilmente con esa cantidad en Finlandia”.

“Tratamos de averiguar la cantidad precisa para que las personas encuentren cierta seguridad, pero a la vez sigan buscando empleo en lugar de quedarse en casa sin hacer nada”, explica Turune.

Con 560 euros al mes se puede sobrevivir en algunos casos, pero si tienes un hijo o personas a cargo la situación cambia radicalmente. “La idea es que den por seguros esos 560 euros al mes”.

La renta universal no crea vagos

16 agosto, 2016

Fuente: blogs.publico.es

08Jun 2016
Suiza, cuya mayor contribución a la humanidad sea, posiblemente, haber perfeccionado el reloj de cuco y la navaja multiusos, se ha hecho aquí muy popular por sus cuentas numeradas, que son el orgullo de nuestra delincuencia de cuello blanco. Estos días, sin embargo, los suizos han vuelto a ocuparnos por su rechazo en referéndum a que el Estado proporcione una renta básica mensual de 2.250 euros a cada ciudadano por el mero hecho de serlo. Nuestro liberales de cabecera se han apresurado a alabar la sabiduría helvética y sus raíces calvinistas que, según entienden, han hecho que triunfe el trabajo frente a la molicie.
De la renta básica incondicionada hemos tenido pocos profetas. La propuso Podemos en algún momento y tardó poco en meterla en un cajón y sustituirla por una renta mínima de 600 euros para hogares sin ingresos cuando empezó a darse cuenta de que el partido terminaría haciéndose socialdemócrata, pero a la española. Se trata, sin embargo, de la culminación lógica del Estado del Bienestar, y así se ha entendido en el norte de Europa, donde ya se ha pasado la etapa del debate y se camina hacia su implantación.
Si aceptamos que el ser humano al nacer tiene derecho a tener cubiertas sus necesidades más básicas, la única pregunta que cabe hacerse es si el modelo es financiable y sostenible o, por el contrario, se trata de una idea peregrina que hay que rechazar de plano. Según se verá ahora, es perfectamente realizable tal y como demuestran los estudios económicos y las experiencias prácticas de las que ya se disponen.
Varios de los promotores de la Red Renta Básica (Daniel Raventós, Antoni Doménech, Jordi Arcarons y Lluís Torrens, llevaron a cabo hace unos años una simulación para el conjunto de España con una muestra de casi dos millones de liquidaciones del IRPF de 2010. Los criterios fueron los siguientes: asegurar una renta incondicionada de 7.500 euros anuales a los mayores de 18 años (que es donde se sitúa el umbral de la pobreza en España) y de hasta un 30% de esta cantidad a los menores. Dicho importe estaría libre de impuestos y sustituiría a toda prestación pública inferior o se subsumiría en las superiores (los pensionistas que cobren 1.000 euros en la actualidad recibirían la misma cantidad, de la que 625 euros serían renta básica y 375 euros de pensión, y los que no llegaran a 625 euros verían complementado lo que reciben). Y todo ello asegurando que no se generase déficit y que se pudiera seguir financiando el gasto público actual, especialmente sanidad y educación.
Pues bien, con una reforma fiscal que eliminase el tratamiento favorable a las rentas del capital, que se integrarían en la base general, hiciera desaparecer todas las reducciones y deducciones actuales y aplicase un tipo único del 49%, la reforma no generaría déficit, haría ganar renta a más del 50% de la población y tendría un impacto distributivo muy progresivo. En resumen, sería perfectamente aplicable.
La propia Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), que no es sospechosa de rojerío, entre otras razones porque está vinculada al Banco de España, revelaba ayer mismo que en la actualidad el 20% de los hogares más pobres soporta una carga fiscal casi similar al del 10% más rico. Lo que viene a significar que el actual sistema impositivo no redistribuye la riqueza sino que consolida la desigualdad, y que sólo las prestaciones públicas directas son las que logran acortar hasta en un 33% la distancia entre hogares pobres y ricos.
La primera aplicación práctica de la renta básica de la que se tiene conocimiento tuvo lugar en un pequeño pueblo canadiense, Dauphin (Manitoba), dentro de una experiencia piloto que se prolongó cinco años, de 1974 a 1979. Cada residente recibió una renta mensual incondicionada que oscilaba entre los 100 dólares al mes para quienes ya trabajaban y los 5.800 dólares anuales para quienes carecían de otros ingresos. Los resultados se arrumbaron hasta que una socióloga, Evelyn Gorget, publicó en 2011 sus conclusiones. ¿Qué se conseguía eliminando la pobreza? De entrada, reducir los accidentes, la violencia doméstica y las hospitalizaciones psiquiátricas. Los beneficiarios no se entregaban a la pereza sino que siguieron trabajando, con un pequeño descenso de la ocupación en adolescentes que completaron sus estudios y madres con niños pequeños, que cumplieron así una inestimable función social.

La renta básica universal está ahora sobre la mesa en Finlandia, donde un gobierno de centro derecha se dispone a ensayar su aplicación en una muestra piloto antes de generalizarla a toda la población. Una experiencia similar se llevará a cabo en la ciudad holandesa de Utrech con tres grupos de control. Y existe desde hace años en Alaska, donde desde hace años se reparte entre la población un cheque petrolífero de alrededor de 2.000 euros anuales, que ha hecho de este estado el segundo de EEUU con menor desigualdad. En Namibia, tras comprobar cómo en una región del país la entrega de 100 dólares a cada residente menor de 60 años disminuyó la pobreza del 76% al 16%, aumentaron los negocios, se eliminó prácticamente el absentismo escolar y la delincuencia se redujo casi a la mitad, el Gobierno estudia su introducción en todo el país. Son sólo algunos ejemplos.

Si puede establecerse que la distribución de un ingreso mínimo a cada ciudadano es viable, se daría un paso de gigante contra la pobreza, justamente lo contrario de lo que ocurre ahora con las ayudas del Estado, ligadas a que los receptores sigan siendo pobres. ¿Por qué va a aceptar un trabajo precario de 600 euros, con los gastos de transporte y comida aparejados, quien recibe un subsidio de 400 que perdería de inmediato? ¿Cuál es el incentivo?

Los estudiosos de la renta universal han enumerado sus ventajas, que son muchas. En primer lugar, no disuade de trabajar sino justamente lo contrario. Al no estar condicionada por ningún requisito la percepción del ingreso, facilitaría la aceptación no sólo de trabajos estables sino de ocupaciones temporales u ocasionales, lo que aumentaría la ocupación y la recaudación fiscal. Al mismo tiempo, impediría los abusos laborales, ya que nadie se vería obligado a aceptar trabajos penosos por necesidad, y paralelamente elevaría los sueldos y contribuiría a aflorar en parte esa economía sumergida de quienes se ven obligados a compatibilizar ayudas oficiales y trabajos puntuales.

En segundo lugar, serviría para eliminar de un plumazo los costes administrativos de un sistema de ayudas que exige control, verificación e inspección de cada una de ellas. Eliminar la pobreza haría disminuir drásticamente además sus consecuencias asociadas, ya sean sanitarias –drogodependencia o alcoholismo- o sociales –desestructuración familiar, violencia y delincuencia-, que también tienen un coste elevadísimo.

Ahora que tanto se habla del emprendimiento, facilitaría el autoempleo, un camino vedado para quien no tiene recursos ni para pagar la calefacción en invierno y ha de ocuparse de conseguir de cualquier manera el dinero necesario para sobrevivir. Habría, en consecuencia, más actividad económica y más recursos para el Estado. ¿Qué existiría gente que se conformara con la renta básica y se dedicara a la vida contemplativa? Quizás en un porcentaje mínimo, aunque es algo que también ocurre ahora. Lo que sin duda facilitaría es la autonomía necesaria para elegir un camino en la vida, que no sea forzosamente el que imponen las circunstancias.

Los suizos, gente tan previsora que ante un eventual conflicto nuclear tienen montado un sistema de refugios antiatómicos para más del 110% de su población, no han visto claro lo de la renta universal, posiblemente porque la pobreza y la desigualdad no les atenaza. Sólo les preocupa la radicación. Igual les ocurre a nuestros nacionales que tienen en Suiza o en distintos paraísos fiscales el fruto de sus robos, y que en caso de ataque nuclear también se salvarían porque seguro que les pillaba en alguna sucursal del Credit Suisse en Berna. Para el resto, que lo del átomo nos pilla lejos por ahora y que respiramos los neumáticos ardientes de Seseña, es una opción que merece la pena ser estudiada.

Campamento Dignidad, el corazón de la renta básica

20 marzo, 2016

Fuente: http://www.periodismohumano.com

Desde hace dos años, un colectivo social que nació en Mérida lucha por lograr la renta básica universal para toda la ciudadanía.

¿Es factible poner en marcha esta medida? Viajamos hasta el epicentro del movimiento

“Esta es nuestra oficina en la calle”. 12 del mediodía. Mes de agosto. Mérida. El sol se hace fuerte y pesa sobre las cabezas y los cuerpos invitando al refresco. Pero su ‘despacho’ –una mesa de camping con hojas informativas y de recogida de firmas, algún que otro bolígrafo y un pequeño cartel- no cierra. La lucha por la renta básica no tiene descanso ni sabe de horarios. En la puerta de una sede del Servicio Extremeño de Empleo (Sexpe), en Mérida, el Campamento Dignidad ha parapetado su resistencia, su presencia, su visibilidad.

“Llevamos en lucha constante desde hace dos años”, recuerda Manuel Cañada, uno de los miembros del Campamento. El nacimiento de este colectivo social convirtió esta esquina cualquiera en su sede, en su punto de encuentro y también el epicentro desde el que crecer. “Es nuestra casa, aquí comenzó todo el movimiento en Extremadura. Estuvimos 81 días acampados y es nuestra referencia”, confirma Ramón Carbonell, del colectivo.

Hacía frío aquellos primeros días de febrero de 2013, cuando sacaron las tiendas de campaña para confirmar que lo suyo iba en serio. Las cifras del paro, la falta de oportunidades, la desaparición de las ayudas… les llevó a exigir lo que consideran un derecho humano. Las inclemencias del tiempo no impidieron que cuajara una lucha social que se ha convertido en un referente en toda la región y también en el país, la de la renta básica.

Tres meses después del inicio de la acampada, concretamente el 23 de mayo de 2013, el Gobierno de Extremadura aprobó la “renta básica extremeña de inserción”. Alrededor de 22.000 personas la han solicitado desde entonces, se han tramitado unos 9.000 expedientes pero apenas 3.500 han sido aprobados. Casi dos de cada tres peticiones, uno de los proyectos estrellas del Gobierno de José Antonio Monago, están en el limbo burocrático. La aprobación de la ley no aflojó sus protestas. Más bien al contrario. “Nuestra reivindicación no es lo que se aprobó”, explica Petri Parejo, que cobra 399 euros tras casi un año de espera.

Con carácter universal

La propuesta inicial estaba escalonada en tres fases: primero que llegara a los parados sin cobertura, posteriormente a los que reciben distintos subsidios por debajo de 600 euros y finalmente que fuera universal. “En Extremadura han hecho una renta de inserción más. No hemos conseguido lo que queríamos, pero hemos logrado desbordar sus previsiones”, explica Cañada entre el entusiasmo y el malestar.

La renta básica tiene el matiz de universal por definición: “Es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva”, explican en la web de la Red Renta Básica de Cataluña, uno de los primeros colectivos surgidos en el país sobre este asunto.

Entonces, ¿se puede definir la ley aprobada en Extremadura como una renta básica real? “Toma un huevo en una mano y una castaña en la otra: ¿se parecen? Creo que en nada. Lo que en el estatuto de Extremadura y en el de Andalucía se llama renta básica es un subsidio condicionado a determinadas situaciones”, responde el doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona y experto en la materia Daniel Raventós.

De Iniciativa Legislativa Popular a Podemos

La constante presencia en la calle del colectivo extemeño, que en un primer momento se identificó como Plataforma por la Renta Básica, ha vuelto a instaurar el debate sobre esta medida a lo largo y ancho del Estado español. Por ahora y tras ser admitida a trámite, una Iniciativa Legislativa Popular (ILP), promovida por el Movimiento Contra el Paro y la Precariedad-Por una Renta Básica Ya, trata de recoger las 500.000 firmas necesarias para llevar el tema al Congreso de los Diputados. El plazo finaliza en diciembre. “La renta básica es un eficaz instrumento de erradicación de la pobreza. Es una buena herramienta para luchar contra la precariedad laboral y conseguir la igualdad entre personas”, recoge una nota de prensa de esta ILP.

La propuesta que está sobre la mesa determina la cuantía de acuerdo con el umbral de pobreza, fijado en 645,33 euros mensuales, por el último Eurostat. ¿Cuáles son entonces los cálculos? “Groso modo, y sin quitar a los menores de edad de la ecuación, 47 millones de habitantes por 645 euros al mes es igual a 364.000 millones de euros al año”, apuntan desde la ILP. Y matizan: “De los gastos del Estado habría que descontar todas las prestaciones existentes por debajo de los 645 euros y calcular el ahorro en sanidad (menos enfermedades por una dieta y estilo de vida más saludable), seguridad (menor delincuencia), y educación (lo que puedan desarrollar los estudiantes), entre otros”.

Daniel Raventós, que lleva años trabajando en el tema, tiene claro que la creación de una renta básica es totalmente factible con otra política económica y con un importante cambio fiscal; incluso ha presentado cálculos para Cataluña. Y aclara: “Que todo el mundo reciba la renta básica no quiere decir que todo el mundo gane. Los ricos pierden en las propuestas de financiación políticamente interesantes. En el proyecto de financiación que realizamos algunos miembros de la Red Renta Básica para Cataluña en el año 2010, el 60 por ciento de la población con menos renta se beneficiaba con la renta básica, un 15 por ciento quedaba aproximadamente igual, y el 15 por ciento más rico perdía”.

Podemos, la plataforma política que ha revolucionado el bipartidismo imperante de los últimos años, lleva el tema en su programa lo que ha generalizado el debate al respecto. Un asunto que aparece esporádicamente en la agenda política y mediática (ha sido abordado en los parlamentos autonómicos de Andalucía y Cataluña y también en el Congreso hace unos años) y ha tomado un nuevo impulso en los últimos meses. Que “La renta básica no reemplaza al Estado de bienestar, sino que trata de adaptarlo a la nueva realidad socio-económica”, recoge el ‘Documento final del programa colaborativo’ de Podemos. La medida podría costar, según los cálculos de la organización, unos 145.000 millones de euros al año.

El asunto no es exclusivo de España. En Suiza está previsto un referendo sobre una renta mínima mensual de unos 2.000 euros para toda la ciudadanía, tenga o no empleo. Y en Alaska, una de las zonas con menos desigualdad de Estados Unidos, también existe una medida similar para todas las familias.

Camino inverso

Subsidios similares al extremeño existen en todas las comunidades autónomas. Pero la trayectoria avanza en sentido inverso a la universalidad. “Al final es un mecanismo para controlar y dividir a los pobres de solemnidad y al resto de la gente. Pero desde 2007 hay muchos nuevos pobres y ese mecanismo de rentas mínimas de inserción que hasta ahora funcionaba está saltando por los aires, porque ha cambiado la relación entre los viejos y los nuevos pobres”, analiza Cañada, que fue secretario general de Izquierda Unida en Extremadura. Ese camino inverso parece que se ha acentuado en los últimos días. El Gobierno de José Antonio Monago está tramitando un nuevo decreto que, de momento, ha paralizado la tramitación de nuevos expedientes.

La oficina de Mérida está en plena vorágine. “Tenemos que buscar alianzas con los iguales. Queremos que se vea la renta básica como una cuestión de derechos humanos”, explican a la puerta del Sexpe. Las movilizaciones, las acciones, las protestas y las reclamaciones se suceden. La renta básica fue su reivindicación inicial, ampliada ahora al reparto de alimentos, los comedores escolares o la lucha contra los desahucios. Incluso fueron el germen, junto con el SAT de Andalucía y el Frente Cívico, de las Marchas por la Dignidad que llegaron a Madrid desde diferentes puntos del país el pasado 22 de marzo.

El proceso parece largo pero se vislumbran algunos resultados, empezando por el empoderamiento. “De parados a asesores”, resume Jesús, que llegó al Campamento Dignidad pidiendo ayuda para frenar su desahucio y ha negociado ya con varias entidades financieras para impedir los de otras personas. “Tienes que apropiarte de las leyes”, afirma con una sonrisa. Desde el Campamento aseguran, incluso, que los servicios sociales les envían a personas para que ellos les asesoren. Aunque la delegada de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Mérida, Ana Blanco, lo niega e incluso considera que lo que hacen es “malinformar”, pues “dijeron a la gente que podían solicitar la renta básica todos los miembros de la familia y el sistema se colapsó”, apunta en conversación telefónica.

Campamento Dignidad es uno de los mayores movimientos ciudadanos en Extremadura, una región relegada a los últimos lugares cuando se habla de estadísticas de riqueza o de ingresos. Y es que, la ciudadanía extremeña cuenta con una renta per cápita de 16.700 euros, lejos de los 22.700 euros de media estatal; y un 34 por ciento de la población residente está en riesgo de pobreza, el porcentaje más alto de todo el país.

Han surgido réplicas en otras localidades extremeñas y el movimiento se ha extendido. Por el camino, repleto de obstáculos, se suceden varios juicios pendientes por escraches, por interrumpir una emisión de la televisión regional, por ocupaciones,  dificultades para encontrar empleo por su exposición pública. Tampoco faltan las anécdotas, como la de quien llegó con el carné del Partido Popular en la mano y hoy es una de las personas más activas. Campamento Dignidad sigue a pie de calle, su oficina está abierta, hace ya casi dos años que no dejan su esquina.

Renta básica a la finlandesa

17 diciembre, 2015

Fuente: http://www.eldiario.es

El país nórdico proyecta dar 800 euros mensuales a todos sus ciudadanos

Una calle de Helsinki

Calle Aleksanterinkatu, en el centro de Helsinki MAHLUM / CREATIVE COMMONS

Si todo va como está previsto, cada ciudadano finlandés mayor de edad recibirá del Estado una renta básica de 800 euros al mes antes de que concluya la década. El país nórdico se convertirá así en el primer socio de la Unión Europea en poner en práctica una medida que hasta el momento sólo se ha ensayado a nivel local o regional. La experiencia finlandesa puede servir de referencia a aquellos países que buscan nuevas formas de combatir el paro, reducir las desigualdades y apuntalar el Estado de bienestar.

El Instituto de la Seguridad Social de Finlandia (KELA) llevan meses trabajando en el proyecto, que cuenta con un amplio apoyo entre las fuerzas políticas. Antes de marzo de 2016, los expertos deberán presentar varias opciones al Gobierno, que elegirá una de ellas para dar comienzo a la fase de prueba en 2017. Los ciudadanos participantes en el ensayo serán elegidos por sorteo.

El director de KELA, Olli Kangas, ya ha adelantado que la prestación que recibirá cada finlandés será de 800 euros al mes. Todos los ciudadanos mayores de edad tendrán derecho a recibir esa renta, cuya percepción sería incondicional y no estaría sujeta a impuestos.

¿Cuáles son los objetivos del Gobierno finlandés? Principalmente, reducir una tasa de paro inusualmente alta, que afecta al 10% de la población activa y al 22% de los jóvenes. Uno de los defensores de la renta básica es el primer ministro, Juha Sipilä, líder de la coalición de centroderecha que gobierna Finlandia desde la primavera pasada. Sipilä piensa que la iniciativa también ayudará a reducir la burocracia y simplificar el complejo sistema de Seguridad Social finlandés.

Aún quedan por despejar importantes interrogantes sobre la renta básica; uno de ellos, el modo de financiarla. Algunos expertos sostienen que la medida ahorrará a la Hacienda pública miles de millones de euros; otros piensan que costará más o menos lo mismo que las actuales prestaciones sociales, y hay quienes creen que acabará siendo inasumible para las arcas públicas. Teniendo en cuenta que la población adulta finlandesa es de 4,9 millones de personas, la renta básica le costaría al Estado 46.700 millones de euros al año, una cifra ligeramente inferior a la recaudación fiscal prevista para 2016. En principio, la renta básica reemplazaría a todas las demás ayudas sociales, incluyendo las prestaciones por desempleo, pero algunos expertos subrayan que será muy difícil eliminar por completo ayudas como las destinadas a los hijos o la vivienda.

¿Y por qué 800 euros? Los promotores del proyecto consideran que la renta básica no debe desincentivar a un ciudadano a buscar trabajo. Actualmente, con 800 euros al mes es muy difícil que una persona sola puede pagar vivienda, alimentación y vestido en la zona metropolitana de Helsinki. Una prestación de esa cantidad, dicen sus defensores, animaría a quienes están en paro a aceptar, al menos, trabajos temporales. En estos momentos, sostienen, hay finlandeses que prefieren quedarse en casa y no trabajar antes que perder el derecho a recibir determinadas prestaciones sociales. Los promotores de la medida esperan que sumando dos ingresos –la renta básica más un salario, por bajo que sea- una persona pueda vivir dignamente.

Según una encuesta encargada por los responsables de la Seguridad Social, el 69% de los finlandeses está a favor de la renta básica. Al contrario de lo que sucede en España, donde la medida es defendida principalmente por los partidos de izquierda -PSOE, Podemos e Izquierda Unida la llevan en sus programas electorales-, en Finlandia cuenta con más apoyos en sectores conservadores. Los sindicatos se oponen a la idea porque creen que traerá consigo una bajada de salarios y beneficiará a las grandes empresas.

Quienes defienden la renta básica creen que es necesaria para afrontar el hecho de que nunca más volverá a haber trabajo para todos, al menos en las condiciones conocidas hasta hace unos años. Argumentan que los avances técnicos eliminan puestos de trabajo a un ritmo mayor del que lo crean y que, por motivos medioambientales, ya no va a ser posible aumentar sin límite la producción. Una alternativa sería reducir el tiempo de trabajo (y con ello los salarios) para que más gente tenga empleo; otra, pagar a quienes se involucren en actividades no estrictamente productivas (arte, cultura, asistencia social…) a través de una renta básica. Finlandia parece decidida a abrir camino.

¿La renta básica?

30 junio, 2009

El pasado 28 de abril se creó una subcomisión en el Parlamento español para estudiar las posibilidades de implantación de la renta básica (RB) en el Reino de España. Una RB, es decir, una asignación monetaria incondicional para toda la población, sin otro requisito que la ciudadanía o residencia acreditada. Esta propuesta ha sido estudiada y discutida a lo largo de las últimas tres décadas en distintos ámbitos académicos, políticos y sociales. En una situación de crisis económica profunda como la que estamos inmersos en la actualidad, ¿qué papel podría desempeñar una RB? Me limitaré a tres aspectos.
Es posible financiar la implantación de una renta básica de ciudadanía para toda la población
Empecemos por las consecuencias del desempleo. Perder el puesto de trabajo provoca una situación de inseguridad económica y vital bien estudiada. Pocos podían imaginar que la tasa de desempleo llegaría al 17,3% en el primer trimestre de 2009, como ahora constatamos. Existen previsiones de algunos investigadores (Edward Hugh, entre otros) que llegan a estimar hasta el 30% de desempleo para finales de 2010. “Ya vendrá la recuperación”, repiten algunos como loros. Y es verdad, pero cuando se acabe produciendo, no podrá absorber en pocos años este monumental ejército de parados.

Si se pierde el puesto de trabajo, pero se dispone de una RB indefinida, el futuro se presenta de forma menos preocupante. En momentos de crisis, donde el desempleo crece aceleradamente, esta característica de la RB cobra mayor importancia social.

Consecuencia inmediata del gran incremento de desempleo, la pobreza aumentará profusamente. Han sido necesarias tasas de crecimiento económico sustancial a lo largo de los últimos lustros para mantener una proporción de pobres de alrededor del 20%. La RB representaría un buen dique de contención de esta oleada de pobreza.

La percepción de una RB supondría una reducción del riesgo en el momento de iniciar determinadas actividades de autoocupación.

A grandes trazos, hay dos tipos de emprendedores: aquellos que tienen un respaldo (familiar, muchas veces) que les permite plantear un pequeño proyecto empresarial de forma razonablemente segura, y aquellos para los cuales la autoocupación es la única salida laboral. En el segundo caso, el riesgo en el que se incurre no es sólo perder la inversión, sino perder los medios de subsistencia, lo que hace que cualquier decisión de inversión resulte mucho más azarosa. Pero el riesgo no termina aquí: en muchos casos, la falta de un capital inicial mínimo retrae a potenciales emprendedores. En una situación depresiva, la RB, además de representar un incentivo, en cualquier caso mayor que sin ella, para emprender tareas de autoocupación, supondría una mayor garantía para poder hacer frente, aunque fuera parcialmente, a las eventualidades de los que el pequeño negocio les ha ido mal. Así como la posibilidad de iniciar otro con más posibilidades que el anterior.

Mucha gente que conoce la propuesta de la RB objeta: “Todo esto es muy bonito, pero ¿cómo se financia una RB?”.

Una RB que tenga sentido debe significar una redistribución de la renta de los ricos a los pobres. Y esto significa hablar del papel de los impuestos. “Los impuestos, lejos de ser una obstrucción de la libertad, son una condición necesaria de su existencia”, es la forma de expresarlo del constitucionalista estadounidense Cass Sunstein. Los impuestos y el dinero público pueden emplearse para usos muy diferentes. Cabe recordar que los rescates y las ayudas a los bancos realizadas hasta el momento en Estados Unidos suman 12,8 billones de dólares (hasta abril). O lo que es lo mismo: 42.105 dólares por habitante. Además, esta cantidad es igual a 14 veces el efectivo en circulación (casi 900.000 millones). Y se trata de una cantidad muy próxima al conjunto del valor del PIB estadounidense.

Sorprende constatar lo rápido que aflora el dinero público en determinadas circunstancias y lo tiñoso que resulta cuando se trata de garantizar la existencia material de toda la población. En Estados Unidos se ha llegado a esta increíble situación: los tipos impositivos nominales a los más ricos se han reducido del 91% en el año 1961 al 35% de la actualidad, pero si se trata de beneficios empresariales la tasa marginal aún es inferior. Esta gran rebaja continuada de los impuestos a los más ricos es parte de la explicación de la tremenda redistribución de la renta de los pobres a los ricos en las tres últimas décadas. El que fue ministro del presidente Clinton, Robert B. Reich, escribía en el diario The Washington Post del pasado 1 de febrero que si en 1976 el 1% más rico de EE UU acaparaba el 9% de la renta nacional, en el 2006 ya acumulaba el 20%.

De los más interesantes estudios realizados para financiar una RB, se concluyen dos aspectos de suma trascendencia: es posible financiarla y los sectores de la población con rentas más bajas saldrían ganando claramente respecto a la situación actual.

Con la creación el 28 de abril de esta subcomisión parlamentaria para tratar de estudiar la necesidad y la viabilidad de una RB, se abre la posibilidad de que esta propuesta social sea conocida por el Parlamento y por buena parte de la población.