Posts Tagged ‘Renta básica’

Renta básica y renta máxima

19 junio, 2018

Fuente: http://www.attac.com

1 junio 2018 |

Daniel Raventós – Consejo Científico de ATTAC España

Hay ricos y pobres. Una constatación trivial. Las causas aducidas para explicar o justificar la existencia de ricos y pobres son tan abundantes como las setas en otoño (o a finales de verano cuando la meteorología es propicia). Hay quien encuentra esta realidad tan natural como la atracción sexual o la ley de la gravedad. Y la justifica normativamente: por méritos, por capacidad de iniciativa e innovación, por motivación competitiva. Cristianos y religiosos en general, liberales doctrinarios, seguidores de la escuela austríaca, neoliberales, darwinistas sociales… han aportado distintas justificaciones filosóficas o pseudofilosóficas ante esta constante histórica de la existencia de ricos y pobres. Otros la critican a partir de criterios que pueden ir desde la “inmoralidad” de las grandes fortunas hasta la ineficiencia económica.

Para la concepción de la libertad republicana o “republicanismo” como se acostumbra a abreviar, los factores o elementos explicativos interesantes son, aunque puedan diferir en la formulación según los autores y las épocas, muy sencillos de explicar. Para la variante democrática del republicanismo, la libertad política y el ejercicio de la ciudadanía no son compatibles bajo relaciones de dominación. Y ¿qué es la dominación para el republicanismo? La dominación ­–el dominium en la literatura republicana histórica- es por supuesto proteica, pero la forma de regular la propiedad [1] ha sido la cuestión más relevante que ha prevalecido y ha conformado los distintos diseños institucionales que hemos conocido. La “distinción principal” dirá Aristóteles ya hace más de 2300 años, para entender cualquier sociedad, es la que se establece entre ricos y pobres. Y lo que separa  a unos y otros en esta distinción fundamental es la propiedad, la cuestión relevante. Entiéndase bien: relevante no quiere dar a entender que me refiero a única. La dominación la ejercen los ricos propietarios sobre todas aquellas personas que no tienen la existencia material garantizada porque no disponen de propiedad. Lo que equivale a decir que en una relación de dominación como la que viven la mayor parte de las personas no ricas, estas no pueden ser libres.

Los grandes ricos, debido a una configuración política de los mercados pro domo sua que este dominio les posibilita, inciden directamente en el imperium, es decir, en la degeneración despótica de las instituciones que podían ser una contención del dominium. No es escasa precisamente la literatura proveniente de los más diversos campos académicos sobre la capacidad de los grandes ricos propietarios para poner a su servicio las instituciones públicas. Lo de las puertas giratorias sería solamente una manifestación de las más visibles, pero tan solo una más.

Informe tras informe constata las inmensas riquezas que de forma constante y creciente está acumulando una ultraminoría de nuestra especie. Por ejemplo el The Wealth Report 2018 que vale la pena consultar. También son conocidos los de Capgemini y los de Oxfam. La tendencia implacable: los ricos incrementan en los últimos años su riqueza, los demás la ven decrecer. Que la crisis ha ido mal a todo el mundo es una broma malintencionada. Solamente un dato entre muchos referido al Reino de España: en los años 2012 y 2013, calificados como los más duros de la crisis económica, la diferencia entre los que ganaban más y los que ganaban menos aumentó. Las grandes diferencias entre las fortunas y la total carencia de las mismas crea algo bien reconocido hasta por las mentes más proclives a justificarlo todo: desigualdad. Pero para el republicanismo democrático  hay si cabe algo políticamente más importante: el peligro para la libertad de la mayoría no rica que estas grandes desigualdades suponen.

La propuesta de la renta básica, una asignación monetaria incondicional a toda la población, podría significar una gran medida para la mayor parte de la población no rica. Cierto. Porque esta gran mayoría dispondría de las bases mínimas para la existencia material, condición para ejercer la libertad. Y eso es mucho. Pero, quizás a diferencia de otras interpretaciones, lo que podría esperarse de la renta básica en un mundo como el actual tampoco sea demasiado. Hace unos trece años, antes por tanto de la gran crisis económica y las políticas económicas que atacaron aún más las condiciones de vida de la mayoría no rica, escribía con una amiga y un amigo que ya no está con nosotros:

“¿Qué puede esperarse, en un mundo así, de una propuesta modesta como es la de una renta básica? No mucho, si la renta básica es concebida solamente como un conjunto de medidas contra la pobreza. Menos aún, si es entendida como una dádiva para los desposeídos del primer mundo; o como un amortiguador de la crisis de los Estados de Bienestar europeos.”

Y poco después:

“Ahora bien; una buena renta básica aumentaría la libertad de la ciudadanía; haría a los pobres y a los desposeídos más independientes. Más independientes, y por lo mismo, más prontos también a organizarse. Más capaces de resistir a los procesos de desposesión y de forjar autónomamente las bases materiales de su existencia social: (…) y más capaces, también materialmente, de fomentar el asociacionismo y el cooperativismo, de llevar a cabo iniciativas como las de la recuperación de fábricas y empresas abandonadas o echadas a perder por la incuria especulativa de sus propietarios[2]. Más capaces de luchar contra las políticas neoliberales, promotoras de la polarizada desigualdad entre los países ricos y los países pobres, y dentro de cada país, entre los ricos y los pobres.”

Que la renta básica es una propuesta que formaría parte de un conjunto de otras medidas de política económica y social, incluso de la política sin calificativos, se ha repetido muchas veces. Es algo elemental puesto que nadie en su sano juicio pretende que la renta básica puede hacer frente a todas las realidades que, al menos para las personas de izquierda, son muy importantes y decisivas en la configuración de nuestras vidas y existencia. Como ejemplos: el enorme poder de las grandes fortunas y de las transnacionales que atentan a las condiciones de existencia material de toda la población no rica, la acelerada degradación ambiental de nuestro planeta, la política monetaria para embridar al sistema financiero, las condiciones de trabajo asalariado cada vez más literalmente semejantes al “esclavismo a tiempo parcial” de Aristóteles y recuperado por Marx, las condiciones de muchas mujeres en el ámbito público y privado (es decir, no solamente en la vida familiar sino en la empresa privada que, según la perspectiva republicana, nunca ha sido un lugar público) y, para terminar en algún sitio, una realidad política en muchos lugares completamente apartada del laicismo y la existencia de monarquías aún legales.

Detengámonos solamente en una medida para hacer frente a una realidad que configura nuestras vidas. Así, algunos defensores republicanos de la renta básica, la propuesta debe ir acompañada de una renta máxima. Entiéndase bien: no se está diciendo que la renta básica o “va junto a” o no vale la pena, sino que si “va junto a” más interesantes beneficios según la concepción de la libertad histórica republicana democrática puede tener. Renta máxima: a partir de determinada cantidad no se puede ganar más, es decir, 100% de tasa impositiva. Liberales, simpatizantes de izquierda respetuosos del orden existente, técnicos de lo viejo conocido, peritos en legitimación… reaccionan contrariamente ante esta propuesta porque aducen problemas del tipo: la ingeniería fiscal permitirá eludir la medida, se producirá fuga de capitales, no incentivará la iniciativa… Republicanamente las grandes fortunas que por la lógica de las cosas a su dominium agregan el imperium  a su conveniencia, son incompatibles con la libertad de la gran mayoría. De ahí precisamente que la neutralidad republicana, a diferencia de la liberal que se conforma con que el estado no tome partido por una concepción determinada de la buena vida en detrimento de las otras que puedan existir, exige acabar con los grandes poderes privados que tienen la capacidad (y la ejercen) de imponer su concepción privada de la buena vida y de disputarle al estado esta prerrogativa.  Cierto que lo más frecuente no es que disputen al estado esta imposición del bien privado como público, sino que le dicten lo que debe hacer[3], una muestra de imperium que cualquiera con ojos de ver puede constatar.

Garantizar la existencia material de toda la población, condición para ejercer la libertad,  impedir que los grandes poderes privados sean capaces de imponer a su arbitrio los destinos públicos, condición también para ejercer la libertad, y dos medidas para ello: la renta básica incondicional y la renta máxima. No son las únicas medidas para combatir el dominium  y el imperium, pues algunas más deberían acompañarlas como, por ejemplo, determinadas propuestas realizadas con acierto provenientes del feminismo, la teoría económica y el ecologismo. Se convendrá, empero, que una renta básica y una renta máxima conformarían una sociedad que, para la inmensa mayoría de la población, sería más libre. Esta es la razón por la que muchas personas creen que vale la pena el esfuerzo de luchar por ello.


[1] La concepción de la propiedad que el liberalismo hizo posteriormente suya (hasta hoy) fue la de William Blackstone: “el dominio exclusivo y despótico que un hombre exige y ejerce sobre las cosas externas del mundo, con exclusión total de cualquier otro individuo en el universo”. Por supuesto muy diferente a otras concepciones de la propiedad que ya contemplaba el derecho civil romano, por no decir la que tenían republicanos contemporáneos de Blackstone como Maximilien Robespierre.

[2] Este artículo fue escrito para Le Monde Diplomatique del cono sur en unos momentos en que algunas fábricas y empresas argentinas habían sido abandonadas por sus dueños y seguían funcionando por la actividad autogestionaria de sus trabajadores y trabajadoras.

[3] Rutherford Birchard Hayes, 19 presidente de EEUU, dejó dicho al respecto algo difícil de igualar en claridad: “este gobierno es de las empresas, por las empresas y para las empresas”. Actualmente podría decirse lo mismo de muchos gobiernos sin necesidad de forzar un ápice la realidad.

 

Daniel Raventós es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del Comité Científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, “Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa” (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, “Against Charity” (Counterpunch, 2018).

ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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La renta básica saca un 9,1 entre los expertos

25 mayo, 2018

Fuente: ctxt.es

Según un informe, la medida se sitúa por encima de la educación terciaria gratuita y es la más valorada entre profesionales a la hora de analizar las políticas sociales más beneficiosas para el futuro.
ARTURO TENA

LA BOCA DEL LOGO
24 DE ABRIL DE 2018
Espacio realizado con la colaboración del
Observatorio Social de “la Caixa”.

Las políticas de garantía de renta se asientan como una solución de consenso general para el bienestar social del futuro. Según el informe 50 estrategias para 2050. El trabajo y la revolución digital en España, elaborado por la Fundación Telefónica, la renta básica es la iniciativa más valorada (con una media del 9,1 en una escala de 0 a 10) por los expertos encuestados por su impacto positivo a la hora de mejorar la cohesión social.

Esta encuesta, que no especifica la fórmula o formato concreto de renta de inserción, va en la misma línea de lo que ya señalaban otros estudios de opinión como los de GESOP en CataluñaGizaker en Euskadi sobre la Renta de Garantía de Ingreso (RGI) o, sobre todo, el de Dalia Research a nivel estatal y europeo. Este último sostiene que el 69% de los españoles (una bajada de 2 puntos con respecto a la misma encuesta de 2016 (71%) ) está a favor de la introducción de una renta básica. Estos datos sitúan a los españoles únicamente por detrás de los italianos (75%) en Europa, al mismo nivel que los británicos (69%), y por encima de países como Alemania (68%) o Francia (60%).

El informe de la Fundación Telefónica se basa en la publicación Futuro del Trabajo y la Tecnología en 2050, desarrollada en 50 países, en la que han participado más de 300 expertos. Para el caso español, la Fundación ha utilizado el método de encuesta Delphi, con 25 profesionales consultados de distintos ámbitos y sectores de la sociedad española. La puntuación media de la renta básica es 1,6 más alta que la segunda estrategia con más valoración: la educación universitaria y terciaria gratuita para todos (7,5). Además de estas dos medidas, los expertos sitúan, entre las tácticas sociales mejor valoradas para el futuro, soluciones como la inclusión de las disciplinas científicas y tecnológicas en todos los niveles de educación (7,1), la duplicación de los presupuestos en I+D+i para 2020 (7,1) y el aprovechamiento de la riqueza generada por las nuevas tecnologías para financiar políticas públicas (7,1).

El trabajo de esta fundación ya menciona “el establecimiento de una renta básica como derecho fundamental” dentro de su resumen ejecutivo. Más adelante, el informe coloca a la renta básica como uno de los ejes de un buen sistema de protección social. Si bien se recoge que los expertos consideran un reto el hecho de que estas políticas no se vuelvan “desincentivadoras para el desarrollo personal y profesional”, destaca que existe un “gran consenso en torno a la idea de garantizar rentas mínimas”. En su segundo punto, el informe pone de manifiesto también la importancia de disponer de un empleo de buena calidad y de redistribuir la riqueza a través de una política fiscal “ambiciosa y progresiva”. El informe sostiene que, si no hay una renta mínima y una política impositiva de este tipo, la estabilidad social “se vería seriamente comprometida”.

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Espacio de información realizado con la colaboración del Observatorio Social de “la Caixa”.

Autor: Arturo Tena @ARTENA_

“Lo fundamental de la renta básica es concebir que recibir un ingreso y vivir al margen del trabajo remunerado es justo”

5 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“¿Cuándo no tienes prisa?” Es una de las muchas preguntas que lanza Jorge Moruno al lector en su libro No tengo tiempo. Geografías de la precariedad (Akal) con el que trata de hacer reflexionar sobre el ritmo frenético instado en nuestras vidas, con las fronteras entre el trabajo y lo personal cada vez más difusas y en las que la precariedad va ganando terreno. Los “no me da la vida”, “no llego a nada” y “no tengo tiempo” no son “un efecto meteorológico, sino el resultado y a la vez productor de una serie de relaciones y de condiciones dadas”, advierte el sociólogo y responsable de discurso de Podemos desde su nacimiento hasta febrero de 2017. Las 124 páginas de su nuevo trabajo sirven también para advertir del camuflaje de la precariedad gracias al coaching empresarial: “Hace que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad”.

En el libro aborda la “descomposición de la sociedad del empleo”. 

Es consecuencia de la descomposición de todo un modo de convivencia, que vengo a definir como la sociedad del empleo. Empleo no es un sinónimo de trabajo remunerado. El empleo es la forma que adopta el trabajo en un periodo histórico muy concreto, especialmente en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la crisis de los años 70.  Ese modelo no se ha sustituido: se ha seguido pensando sobre el papel del empleo como vía de acceso a la condición de ciudadanía, a los derechos y a un consumo. Esto es lo que está puesto en duda, ya cada vez se garantiza menos encontrar un trabajo, y tener un trabajo ya no te garantiza tener una vida medianamente digna. Pero se sigue pensando que es la única vía de acceso para conseguirla.

Usted defiende que no lo es. 

Yo lo que trato de poner en cuestión es: ¿y si negamos la máxima? ¿Y si negamos que ser ciudadano solo se es si tenemos un empleo? Ahí está el debate y cómo eso trastoca los imaginarios forjados desde el siglo XIX, desde que se inaugura la sociedad de trabajadores. El trabajo tal y como lo entendemos es fruto de la modernidad industrial, antes no existía. Lo cual nos viene a decir que no tiene por qué funcionar una sociedad de la misma manera, que podría llegar a funcionar de otra.

En su opinión, no cambiar el discurso no conduce a una sociedad con un gran número de excluidos.

Lo fundamental es cómo imaginar el horizonte: la cuestión es que o vamos a una sociedad de pobres o tenemos la oportunidad de construir una sociedad del bienestar. Hay que pasar a la ofensiva de la sociedad de trabajadores a la sociedad del bienestar y apuntar todo lo alto que se pueda. En tanto que trabajadores solo podemos reproducirnos si encontramos un trabajo, pero ¿y si impugnamos nuestra condición de trabajador? ¿Y si podemos generar un modo de vida donde para poder vivir no tengas que ser necesariamente un trabajador?

¿Debemos cambiar la idea de que hay que acceder a un trabajo o hay que mejorar las condiciones del empleo que tenemos?

En mi opinión, el abismo que enfrenta el siglo XXI es la posibilidad de construir una sociedad que genera más riqueza con cada vez menos trabajo directamente empleado, menos trabajo humano. Eso abre las posibilidades de una sociedad más enfocada al bienestar, o a una sociedad que nos sigue obligando a regirnos por un baremo de la riqueza que se queda anacrónico, en el que el trabajo se convierte en un embudo por el que cada vez pasa menos gente y quien pasa tiene cada vez menos cosas garantizadas.

Esto que es fundamental tenerlo como horizonte debe ser combinable con el “mientras tanto”: mientras tanto qué hacemos. Es necesario crear empleo, mejorar los convenios colectivos, subir salarios, y enfocarse en sectores de mayor riqueza, pero esto no invalida la contradicción a la que creo que nos enfrentamos en el siglo XXI.

Uno de los retos del siglo que aborda es la robotización. 

El debate sobre la robotización no es entre una vida tipo Wallie, en la que nadie tiene que hacer nada porque las máquinas hacen todo o la opción en la que solo tenemos que reciclarnos laboralmente, hacernos un curso web y mejorar nuestras habilidades porque el empleo que se destruye en unos sectores se va a desplazar a otros. Yo creo que ninguna de estas dos opciones nos dicen mucho, lo importante es lo que pasa entre medias. Qué pasa con todas esas generaciones enteras que sufren entre medias ese desgarro, no les podemos decir que esto a lo mejor se soluciona en 50 o 70 años, pero que en el “mientras tanto” van a ser pobres.

¿Eso está comenzando a pasar?

¿Qué es lo que está sucediendo en Europa? Los equilibrios que sostenían un tipo de sociedad se están desmoronando, eso genera una incertidumbre, una pérdida de sentido. Y aquí hay que garantizar, si no es por la vía del trabajo remunerado, por otro tipo de vías, la libertad, la seguridad, las certezas.

En ausencia de una certeza, podemos acabar abrazando el orden del amo. Recuerdo mucho la película de La vida de Brian: cuando le meten en la cárcel a Brian y está el otro tipo colgado en la pared y dice “ay, yo daría todo lo que fuera por que el carcelero me escupiera en la cara, qué privilegiado eres”. En esta escalera del privilegiado, si asumimos la realidad como es y que no se puede cambiar, estar explotado va a ser un privilegio porque la otra opción es ser un excluido.

Jorge Moruno, durante la entrevista con eldiario.es
Jorge Moruno, durante la entrevista con eldiario.es DAVID CONDE

El tiempo y su relación con la precariedad son centrales en su libro. Habla de una cadena en la que en el eslabón más débil están los que tienen menos tiempo disponible.

El capitalismo nos lleva a una sociedad en la que aquel que tiene menos tiempo, menos decisión sobre su propio tiempo, es aquel que está en la escala más baja, más sometido. Y eso siempre recae sobre aquel que limpia. Aquellas que limpian, son las personas cuyo tiempo está totalmente subordinado al tiempo de otros. En nuestra sociedad aquel que utiliza Deliveroo, lo hace porque llega a casa y no sabe qué tiene en la cocina, a su vez tampoco tiene tiempo.

Para no moralizar: un precario es normal que utilice Ryanair si quiere moverse, aunque Ryanair genera a su vez precariedad. Es normal que, si quiere viajar, utilice Airbnb porque no puede costearse un hotel.

La precariedad sostiene que es un terreno para hacer negocio.

La precariedad y la falta de tiempo son un nicho de mercado donde aparecen innumerable oportunidades de negocio. De repente ahora aparecen los muebles de cartón, los potitos, salía el otro día una aplicación móvil que te revenden las sobras de las comidas de los restaurantes de otros, porque así te la venden un 70% más barata. Si eleváramos el nivel de vida de la sociedad, muchos de estos negocios no tendrían tanto sentido porque la gente no se vería abocada a tener que consumirlos.

En este punto aborda la llamada “economía colaborativa” o de plataformas. ¿Es siempre generadora de precariedad?

Las cosas nunca tienen sentido por sí mismas, sino que tienen un sentido dependiendo de la relación en la que se insertan. Wallapop uno podría pensar qué tiene de malo: se aprovechan más las cosas de segunda mano. En sí mismo no tiene un problema. El problema es dónde se inscriben todas estas oportunidades de negocio y lo hacen en una suerte de decrecimiento capitalista, donde como a raíz de la crisis la gente tiene menos poder adquisitivo, necesita –en una sociedad mediada por el dinero– ingresar más sea del modo que sea.

Yo creo que algunas de estas aplicaciones podrían tener un sentido municipal o un sentido público. ¿Por qué vamos a dejar en manos de Airbnb un sistema en el que gente que tenga una habitación pueda intercambiarla con otro? ¿Por qué tiene que estar todo sometido a unas empresas que no pagan impuestos, extraen una renta y se van fuera y no dejan nada en el país donde están?

Estas nuevas plataformas, defiende, tienen muchas veces un discurso con el que tratan de invisibilizar esta precariedad. 

Todos estos modelos, y coinciden los informes de la OCDE y de la OIT, abren una oportunidad para la gente que se queda fuera del ciclo laboral y que no tiene posibilidades de entrar. Se hace de la necesidad virtud, se trata de buscar soluciones a realidades infames, pero nunca se cuestiona lo infame que es la realidad.

El problema de esto es que la lucha de clases es también una lucha discursiva. Hablaba con uno en Twitter el otro día sobre Deliveroo y me decía que los riders no eran precarios, que eran microemprendedores que están tomando las riendas de su futuro. Claro, si tú sales a la calle y dices ‘voy a hacer un misión’, soy una especie de Indiana Jones que todas las mañanas tengo un reto, que es superarme a mí mismo.

Para llegar a estos planteamientos e imaginarios, destaca el papel del coaching empresarial.

La industria del coaching es tanto más fuerte cuanto peor se vive, cuanto más se degradan las condiciones de vida. Toda esta suerte de lenguaje, en el que no “trabajas para” sino que “colaboras con”, en el que no te “despiden” sino que te “desconectan”, donde no te “controlan” sino que te “valoran”, es una forma de reinterpretar cómo nos vemos en sociedad, qué es lo justo y lo injusto. Si nos hacen pensar que la situación que existe solo es fruto de nuestra actitud y de nuestro interés de conseguir el éxito, si no lo conseguimos es porque no hemos perseguido con suficiente tenacidad nuestros sueños.

Hacen que vivamos nuestra servidumbre como si fuera una libertad: tu libertad es precisamente no saber qué va a ser de ti mañana, eso lo tienes que vivir como una misión.

Una de las herramientas que aborda para llegar a la “sociedad del bienestar” es la renta básica universal.

No soy muy dado a fetichizar medidas. Creo que la renta básica en sí misma no nos dice nada, hay que explicarla. El sentido de la renta básica es en sí misma una batalla política. Porque alguien podría pensar que te dan una renta básica y te dan otro tipo de derechos y, por lo tanto, tú ya no te puedes quejar porque recibes un ingreso. Por eso, solo pensarla desde la perspectiva de acabar con la pobreza, que es fundamental, creo que es limitado y empodera poco.

¿Y cómo debe abordarse?

Lo que hay que hacer es incorporarla para incrementar el margen de libertad y el margen de acción. Es decir, contar con la renta básica y con muchos otros derechos –movilidad, alquiler social, etc–, contar con las garantías suficientes que te generan una seguridad para que puedas tener un mayor poder de negociación. Es decir, ahí donde alguien te ofrece un trabajo con unas condiciones miserables poder decirle ‘lo voy a rechazar’.

Dice que la renta básica es una batalla política y que requiere cambiar el imaginario.

Cuando dicen que la gente tiene una renta garantizada que se le da “a cambio de nada”, ¿qué entendemos por nada? Porque las mujeres realizan una media de 26 horas y media a la semana a trabajos no pagados, en trabajo doméstico, en ONG y demás. ¿Eso es nada? Según la visión del mundo en el que vivimos, solo es “algo” aquello por lo que alguien extrae un beneficio económico y el resto no es “nada”.

Además, si cada vez es más factible trabajar menos y se produce más riqueza, ¿por qué para poder comer hay que tener que trabajar?

¿Cómo se puede financiar la renta básica universal?

Ahí hay un problema de imaginario. No es que no sea importante hacer las cuentas, hay gente que las hace y llevan 20 años trabajando en ello, y es el profesor Raventós, la gente de Sin Permiso que buscan distintos métodos –sea por IRPF o por otro tipo de impuestos–, pero sinceramente yo creo que eso es secundario. Lo fundamental es concebir que eso es justo. Que recibir un ingreso y mantener una vida garantizada al margen del trabajo remunerado, o no solo dependiente de este, es justo. A no ser que pensemos que en el mundo no hay capacidad para que toda la sociedad tenga una vida digna.

Pero muchos critican la medida insistiendo en el “y esto cómo se paga”.  

Siempre todas las preguntas son “¿y eso cómo se paga?” cuando en realidad lo insostenible es otra cosa, el enfoque debe ser totalmente distinto. Debería ser “¿cómo se vive así, cómo se sobrevive en una sociedad en la que el 30% de la población en edad de trabajar están en riesgo de pobreza, que lo dice Adecco. Las preguntas deberían ser: ¿de qué sirve bajar los datos del paro si eso no garantiza la vida a la gente? ¿Es viable una sociedad en la que no para de aumentar la pobreza, la incertidumbre y la precariedad?

Si en 2004 había 84 personas que tenían un patrimonio de 30 millones de euros, ¿por qué en 2015 hay 549 personas? ¿Por qué en los últimos años los 200 más ricos del mundo han aumentado en más de 100.000 millones de euros su patrimonio?

En esa necesidad de cambiar el imaginario, usted destaca la labor del movimiento feminista. 

El feminismo es de los pocos movimientos si no el único que es capaz no solo de quejarse de cosas puntuales, sino que es capaz de modificar el orden de las razones. Es decir, que está yendo a las causas. Ese ahondar en las causas –por qué no se valoran una serie de trabajos y sí otros, por qué hay brecha salarial– tiene la posibilidad de alterar el modo en el que nos relacionamos.

Actualmente solo se le da valor a aquello por lo que alguien te paga. Si no te pagan, quiere decir que no tiene valor y por lo tanto es nada. Todo el trabajo reproductivo y de cuidados es nada. Y ahí es cuando las mujeres dicen que hay otro concepto de riqueza, que no se mide por esos baremos sino por otros criterios.

Considera, además, que mantener la deriva del empleo precario y la falta de tiempo hace perder talento a la sociedad. 

¿Qué es lo que permite a Virginia Wolf ser Virginia Wolf? Obviamente ella, pero necesita –como ella misma dice– unas condiciones para serlo, que es una herencia, es decir, un tiempo propio. Ese tiempo propio le permite poder desarrollar su obra. ¿Eso quiere decir que todo el mundo con un tiempo propio puede ser Virginia Wolf? No. Pero quiere decir que sin ese tiempo propio no podría haber sido Virginia Wolf. En un mundo en el que ese tiempo lo tiramos por el retrete en trabajos que nos aportan nada, que los hacemos simplemente porque necesitamos dinero, lo que hacemos es tirar la inteligencia de la sociedad en lugar de ponerla a trabajar para el beneficio común.

Jorge Moruno presenta su nuevo libro "No tengo tiempo"
Jorge Moruno presenta su nuevo libro ‘No tengo tiempo’ DAVID CONDE

¿Cómo podríamos empezar a caminar hacia la sociedad del bienestar que dibujas?

Para empezar, contar con un imaginario: que la gente desee otra cosa distinta. Una mentira nunca se combate con una verdad. Un imaginario instalado se combate con un imaginario más fuerte que atrae. Esto lo decía Baruch Spinoza, el filósofo, el ser humano no desea aquello que le parece bien, le parece bien aquello que desea. Por ejemplo, con el enfoque del pleno empleo: ahí nos va a ganar el Partido Popular, porque ellos van a bajar los datos de paro, aunque sea a costa de subir los datos de la miseria.

 Y una vez que construyes ese imaginario, que yo creo que todavía nos falta, que estamos en ese tránsito de tomar la crisis a la defensiva, no todavía a la ofensiva. Estamos en el “¿por qué nos hacéis esto?”, “¿por qué nos quitáis lo que se ha conseguido?”, “¿por qué desgarráis a la sociedad?”. Creo que poco eso va a ir transformándose, hay que convertirlo en otro imaginario que es “nos debéis cada vez más cosas” y “nos estáis robando todo y vamos a querer más.

¿Es posible en la actualidad esa transformación?

Todos los avances históricos del movimiento obrero han sido siempre porque han pensado que se podía vivir de otra manera. Los seres humanos nos movilizamos a través de imágenes. O construimos esas imágenes, o si no va a perdurar la del prohombre triunfador, el “búscate la vida”, el “si no puedes cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”. O le damos la vuelta y decimos “la única forma de cambiarte a ti mismo es cambiar el mundo”, o nos vamos a seguir rigiendo por una fórmula que nos aboca a competitividad extrema, a mordernos como pirañas para conseguir la mejor evaluación del jefe.

Siempre se suele calificar de pesimistas a aquellos que criticamos el statu quo, pero en realidad somos profundamente optimistas, porque no nos resignamos a pensar que el mundo tiene que ser de esta manera. Los autollamados optimistas, que nunca ponen en cuestión el porqué de las cosas y solo se preguntan cómo me puedo adaptar a ellas, son conformistas que es algo muy distinto. Lo que tenemos que hacer, como decía Andre Gorz, de las miserias del presente construir la riqueza de lo posible.

“El cuidado consume un tiempo que es incompatible con la generación de rentas”

2 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

María Ángeles Durán es una de las expertas que más tiempo y más a fondo ha investigado los cuidados y su relación con el mercado de trabajo, la demografía, la familia y la desigualdad. Premio Nacional de Investigación Pascual Madoz, doctora honoris causa por tres universidades, ha colaborado con organismos como la OIT o el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y ha escrito más de doscientos trabajos sobre empleo no remunerado, usos del tiempo y desigualdad. Publica ahora su último libro –’La riqueza invisible del cuidado’– mientras sigue recibiendo premios y trabajando como doctora ad honorem en el CSIC.

Hablamos de cuidados cada vez más, pero ¿qué son los cuidados?

El problema está en que el interés por el cuidado es relativamente reciente y deriva sobre todo de la escasez. Me gusta distinguir entre una definición mínima de cuidados y una máxima. En la máxima el cuidado equivale a todo el tiempo dedicado en el hogar a la familia, incluso a uno mismo, el autocuidado. Si no se cocina, no se limpia, no se compra, las personas no van a tener bienestar. La definición mínima es la que ofrece servicios necesarios para la supervivienca de personas que no pueden proporcionárselos por si mismas ni pagarlos, es decir, niños, enfermos y ancianos. Puede ser remunerado y no remunerado.

Y tomando como referencia ese concepto más amplio y que, al final, es el que sostiene nuestro día a día, ¿cómo cuidamos, cómo se afrontan los cuidados hoy en día?

La diferencia mayor respecto a hace 50 años es que ahora es una relación mucho más individual, más de persona a persona y que cada vez tienen más importancia los servicios extra hogareños. Antes eran más las familias numerosas y una madre cuidaba a varios hijos, a abuelos, pero también había tíos, hermanos mayores que contribuían a ese cuidado, era más colectivo. En estos momentos las familias son pequeñas y tenemos una cifra muy alta de hogares unipersonales en los que el cuidador tiene que venir de fuera. El cambio fundamental es que pasamos de un modelo colectivo del cuidado a un modelo muy individualista.

La palabra conciliación sale con frecuencia en debates y conversaciones, pero la realidad es que la gente cuida como puede. ¿Vivimos de espaldas a esas necesidades?

Es la crisis del cuidado. Vivimos en una sociedad en la que el mercado es una entidad muy poderosa y hemos pasado de ser sociedades patrimoniales a una de rentas: en las primeras el patrimonio era de todo el grupo; en las segundas, las rentas son de cada uno y si uno se emancipa, se divorcia o enferma se las lleva. Y el cuidado consume un tiempo que es incompatible con la generación de rentas. Las mujeres primero hemos accedido masivamente a la educación, después al empleo, pero el hueco que hemos dejado en los cuidados no lo han ocupado los varones, hay un vacío muy fuerte.

¿Qué consecuencias tiene eso?

Por una parte, se ha reducido la natalidad, que es un ajuste, perdemos constantemente población. Perdemos niños porque el trabajo de cuidar es carísimo en términos reales, es una pérdida de oportunidad de cara al mercado tan costosa que las parejas jóvenes no las pueden asumir, y menos aún las mujeres jóvenes, que necesitan periodos largos de educación, después tienen un empleo precario e inseguro, y cuando quieren darse cuenta se les ha pasado la edad de máxima fertilidad. Sin ser conscientes se ha reducido el número de personas que necesitan cuidados, que son los niños, y en segundo lugar los hemos externalizados.

¿Y hasta qué punto hemos dejado las mujeres ese vacío?, ¿no lo seguimos llenando nosotras a costa de nuestro tiempo, empleos y oportunidades?

Absolutamente, y por eso las mujeres han reducido a menos de 1,3 el número de hijos que tienen o que pueden tener, porque en muchos casos no es que lo hagan voluntariamente sino que estructuralmente no tienen otra salida. Casi todas las personas que me hacen entrevistas son jóvenes y eso hace que la visibilidad se la dan al cuidado de los niños, pero eso hoy es un error en España: ahora tenemos pocos niños y muchos viejos y de ahí viene la mayor demanda de cuidados. Los niños, además, suelen estar bastante bien cubiertos, porque hay planificación familiar y prácticamente todos los que nacen han sido porque sus padres han querido que nazcan, son niños por encargo. Mientras, cada vez hay más personas mayores, crece la esperanza de vida y así como un niño a los 5 años es obligatorio su escolarización, en personas mayores, cuando empiezan con enfermedades que no se sabe lo que durarán no hay estructuras para atenderles.

¿Podemos hacer una correlación entre la igualdad y la natalidad? Es decir, si hubiera medidas que permitieran gestionar esos cuidados y generar más igualdad, ¿influiría en un aumento de la natalidad?

Sí, está claro, lo que no sabemos muy bien es la elasticidad de recuperación de la natalidad. Francia lo ha conseguido, tuvo índices de natalidad más bajos que los de España y conscientemente promovió una serie de ayudas y servicios públicos y consiguió revertir la tendencia. Sin embargo, España o Portugal, países católicos de tradición de muchos niños, tienen ahora las natalidades más bajas del mundo. Por una parte, no hay interés real porque no se prioriza. Por otro, si se aprobaran medidas reales no sabemos cuánto tiempo tardaría la sociedad en aumentar esa natalidad.

Hablamos mucho de las elecciones o modelos individuales, pero ¿no deberíamos entender los cuidados como algo colectivo, más allá de esas opciones personales?

No hay más remedio que hacerlo, pero para convertir algo individual en colectivo, ¿quiénes son los agentes intermedios? Puede ser de pasar de un cuidado solo de la mujer a ser de la pareja, después puede ser un asunto de las generaciones más jóvenes, de las intermedias o de los mayores. Por ejemplo, en estos momentos el cuidado de las mayores, que es el más demandante, lo resuelven casi exclusivamente los propios mayores y los jóvenes están muy poco implicados. Ahí hay otra línea de ampliación hacia lo colectivo, pero luego hay que meter al mercado y las entidades públicas, e incluso el voluntariado. Así que avanzar hacia “la madre colectiva” tiene muchas vetas posibles.

¿Qué papel juega el mercado en este sistema en el que vivimos?

El mercado ofrece fórmulas que no son asequibles para la mayor parte de la población. Hay que elegir entre fórmulas caras y baratas, como la mayoría solo podrá comprar cuidado muy barato ya de entrada el llamado cuidado de calidad es irrelevante desde el punto del mercado. Si el Estado nos dice que el cuidado solo puede prestarse a través del mercado pagando un mínimo a la hora, Seguridad Social, y no puede hacerse con jornadas superiores a 40 horas, nos encontramos con que un dependiente que necesite 24 horas de cuidado, con la legislación en la mano, necesita entre cuatro y cinco cuidadores. Es un conflicto interesante: cuidado de calidad y trabajadores con derechos que el 95% de la población no puede comprar.

En su último libro habla de una nueva clase social: el cuidatoriado, ¿por qué?, ¿quién esa nueva clase?

Es una nueva teoría de las clases sociales. Ahora en los países desarrollados el proletariado en cierto modo se ha convertido en clase media respecto a esta nueva clase social, que es el cuidatoriado. El proletariado, aunque pocos, tiene unos derechos porque ha pasado por el mercado de trabajo, que es lo que el estado regula. El mercado no da solución a los cuidados, lo que se ha hecho es pasarlos a los hogares.

Si yo necesito un coche o un reloj me lo compro cuando puedo, mientras que el cliente básico de cuidado (el niño, el enfermo, y el viejo) no lo puede pagar. O se les abandona a su suerte o alguien se ocupa de ellos. La presión estructural hace que quienes están peor situados dentro del sistema, que son las mujeres, sobre todo de estratos más bajos, se haga cargo de esos trabajos. Cada vez necesitamos producir y consumir más cuidados. A precio legal costarían cuatro pero los que necesitan comprarlos solo puede pagar uno. Lo que hacemos es entonces forzar a un sector de la población a que haga todo aquello que el mercado no compra, el estado no protege y esas personas son el cuidatoriado: el 90% son mujeres, no tienen Seguridad Social, la pobreza a futuro está garantizada, la dependencia y la marginalidad, también.

Y, sin embargo, es la clase social que sostiene el sistema.

Para que al que produce el reloj le salga rentable (que lo produzca por 4 y lo venda por 5) el tiempo que le compra a los trabajadores tiene que ser neto. Si les tuviera que pagar el tiempo bruto, entonces el reloj ya le costaría 5 y medio y no le saldría rentable. Ese tiempo bruto incluye la parte de trabajo de cuidados. Para que haya trabajadores baratos hay que desplazar el esfuerzo colectivo del cuidado a las cuidadoras.

¿Hay indicadores para conocer la realidad del cuidado?

Faltan muchísimos, no tenemos ni los conceptos. No hay interés en generar conocimiento sobre estos temas porque es conocimiento que inmediatamente se vuelve vindicativo.

¿Podemos decir que hay un cambio real en los hombres respecto al empleo y los cuidados?

La primera encuesta de usos del tiempo es del año 2002, no tenemos más de 15 años de recorrido. Lo que no hay duda es que ha cambiado lo políticamente correcto, pero no sé en qué medida los cambios que reflejan algunas encuestas son cambios reales o debidos a acomodarse a eso políticamente correcto dando una buena imagen al entrevistador. Con todo, diría que en 30 años ha habido cambios, sobre todo porque en las generaciones jóvenes los hombres son más participativos y las mujeres más batalladoras. Por otro lado, la necesidad es una gran maestra, y no hay manera de hacerlo más que compartiendo. Dicho todo esto, ha cambiado poco.

Actualmente un hombre de 30 y pico asume, de media, más de lo que su padre hizo cuando tenía esa edad, pero las mujeres que conviven con ellos siguen quejándose de que algo sucede, de que no es suficiente.

Es que si el grado de compartir lo medimos de 0 a 100, pues hace unos años estaba en el 15 y ahora se ha duplicado el esfuerzo, pero aún está en el nivel 30. Antes, una mujer definía a un buen marido porque no le pegaba o no se emborrachaba, hoy las mujeres requieren otro tipo de hombre muy distinto, no solo no se conforman sino que piden que tenga grandes cualidades. Las grandes revoluciones no las hacen normalmente quienes están más bajos, sino quienes están medianamente bien y ya ven posibilidad de mejorar y tienen suficiente confianza para hacerlo.

¿Qué papel podría jugar la renta básica en la provisión de los cuidados?, ¿ayudaría a ponerlos más en el centro de nuestras vidas y asumirlos, ¿reforzaría el papel de las mujeres como cuidadoras?

Las cosas son grises, en sociología casi nada es sí o no. La renta básica tendría los dos efectos, pero aún así creo que sería mejor que la hubiera. Pero hay que tener en cuenta que eso significaría unos costes altísimos, subir los impuestos, una reestructuración de las prioridades.

La renta básica y la prueba de la felicidad

4 enero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace unos días el mundo del ajedrez se conmocionó ante la aplastante victoria de AlphaZero, la nueva inteligencia artificial creada por la empresa DeepMind de Google, sobre el hasta entonces mejor programa, Stockfish. Lo asombroso era el hecho de que a AlphaZero tan solo se le habían dado las reglas del juego y ella misma se había enseñado a jugar en tan solo unas pocas horas. Ni teoría de aperturas, ni finales de partidas, nada de bases de datos; la máquina, programada con la habilidad de aprender, aprendió jugando contra sí misma. Más allá del terreno ajedrecístico, se abren un sinfín de posibilidades para muchos otros campos. En el futuro no solo se automatizarán los trabajos más rutinarios y básicos sino también algunos de los más cualificados. Y esto ocurrirá en un mundo donde ya de entrada no hay empleo para todos.

Todos los lunes, pero este especialmente tras los días festivos del puente, las redes sociales se llenan de lágrimas y angustias, poniendo una vez más en evidencia la cantidad de gente que, aunque afortunada por tener un trabajo pagado, sufre este como un castigo necesario. En un libro apasionante, El diario de un hombre decepcionado, su autor, W. N. P. Barbellion, hace gala de una fuerte vocación como naturalista y capacidad para la investigación que se ven frustradas al tener que aceptar un empleo rutinario. En una entrada del año 1915 el joven amargado habla de “la prueba de la felicidad”, que consistiría en no saber en qué día de la semana se vive: “El hombre desgraciado lo tiene en cuenta incluso cuando duerme. Ser tan alegre y sonrosado en lunes como en sábado, en el desayuno y en la cena, es lo que hace de un hombre un marido ideal”. Un siglo después, sustituyendo “marido” por “persona”, podríamos decir lo mismo sin mover una coma.

En un contexto así la renta básica es un asunto que tiene que estar, que está, sobre la mesa. Se ha estrenado estos días el documental Free Lunch Society, del austriaco Christian Tod, que se pregunta qué pasaría si cada uno de los ciudadanos de un país dispusieran, por el mero hecho de serlo, de un dinero que les permitiera vivir con las necesidades básicas cubiertas. Varios estudios e investigaciones que se han hecho al respecto concluyen que, a diferencia de lo que pudiera pensarse, la gran mayoría seguiría manteniendo su puesto de trabajo, quizás algunos reduciendo la jornada. Lo que es seguro es que los empresarios acostumbrados hasta ahora a hacer caja gracias a la explotación o al trabajo semiesclavo se quedarían sin su poderosa arma de chantaje. También se destaca el efecto dinamizador sobre el consumo y la inversión productiva.

El multimillonario Götz Werner, que aparece en la película, hace una reflexión muy interesante sobre lo que supondría desligar la idea de trabajo de la de salario. ¿Trabajaría con más empeño Angela Merkel en sus relaciones diplomáticas con otros países si cobrara más?, se pregunta. Y es que pensamos en el dinero o el éxito como únicas categorías asociadas al trabajo cuando no siempre son, a la hora de la verdad, las determinantes. Al ajedrecista indio Vishy Anand últimamente le preguntan con insistencia cuándo se va a retirar, dados sus no muy halagüeños últimos resultados. Su respuesta: “No sé qué tiene que ver… Si me gusta jugar, pues juego… Qué tienen que ver mis resultados con mi deseo de jugar”.

Comentando la proeza de Alphazero, el excampeón mundial Gari Kasparov destacaba las maravillosas implicaciones que se derivan del hecho de que una máquina sea capaz de establecer reglas que los humanos no han sido capaces de detectar. En efecto, es en ese salto de máquina como mera receptora de datos a máquina con capacidad para crearlos donde está lo más interesante. En el mundo no es que falten recursos o que no haya riqueza para todos, lo que falta es dilucidar nuevas reglas que establezcan nuevas relaciones. La capacidad de aprender es después de todo lo que hasta ahora ha distinguido al ser humano.

Los políticos no están para prometer la felicidad pero sí para establecer las mejores condiciones posibles para que cada uno de los ciudadanos la encuentre. La felicidad no reside en la ausencia de dolor -estar tumbado mano sobre mano día tras día- sino en la actividad productiva satisfactoria, y cada persona tendrá una manera distinta de realizarse a través de una ocupación u otra. El documental Free Lunch Society termina con una breve escena de Star Treck en la que unos humanos le preguntan al capitán Jean-Luc Picard qué hacer en un mundo con todas las necesidades materiales cubiertas. Dónde está el reto, preguntan, desorientados. -El reto, Sr. Hoffmanhaus, es mejorarse a uno mismo, crecer -responde Picard-. Disfrútelo.

Finlandia demuestra que una renta básica para todos puede funcionar

25 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En un pequeño pueblo rural de Finlandia, un hombre recibe dinero gratis. Casi 560 euros entran en su cuenta corriente cada mes, sin ningún tipo de ataduras. Puede usar el dinero como quiera. ¿Quién es el benefactor? El Gobierno finlandés. Parece el preludio a una película de suspense, o a lo mejor a un reality de televisión. Aunque la historia de Juha Järvinen es más interesante. Es básicamente un ratón de laboratorio en un experimento que puede definir el futuro de Occidente.

Järvinen fue elegido la Navidad pasada por el Estado para formar parte junto a otros 2.000 desempleados en un ensayo de la renta básica universal. Puede que hayas oído hablar de la renta básica universal, o la política que se basa, literalmente, en dar dinero a la gente a cambio de nada. Es una idea que emociona tanto a gente abiertamente de izquierdas –John McDonell y Bernie Sanders– como a la élite económica de Silicon Valley –Mark Zuckerberg y Elon Musk–. Y en el largo período que ha transcurrido tras la crisis financiera, esta es una de las pocas alternativas que no dejan un sabor a refrito pasado de fecha.

Aun así, casi nadie sabe cómo sería. A raíz de todo el alboroto generado por esta propuesta, Finlandia será el primer país europeo en realizar un ensayo. No es la versión purista de la renta básica universal que daría un sueldo mensual a todos, incluyendo a los millonarios. Finlandia tampoco publicará resultados hasta que el periodo de prueba de dos años finalice en 2018. Mientras tanto, dependemos de los testimonios de los participantes como Järvinen. Así que vuelo a Helsinki y conduzco cinco horas para encontrarme con él.

Pregúntale a Järvinen que ha significado para él recibir dinero gratis cada mes y te conducirá a su taller. Ahí encontrarás equipos de producción cinematográfica, una pizarra con planes para una versión de Airbnb para artistas, y un pequeño cuarto en el que hace tambores Batá que vende por hasta 900 euros. Todo esto mientras que ayuda a criar seis niños. Todos esos euros gratis le han llevado a trabajar más duro que nunca.

Nada de esto habría sido posible sin la renta básica universal. Hasta este año, Järvinen vivía de su paga de desempleo. La oficina de empleo de Finlandia siempre estaba estudiando su caso, siempre entre solicitudes de empleo y talleres de formación. Las ideas brotan de Järvinen con la misma facilidad que el agua de un grifo, pero nunca podía desarrollar sus ideas por miedo a suscitar restricciones burocráticas.

Prestaciones sociales clásicas que imponen barreras

En un caso muy debatido el año pasado, un finés llamado Christian fue pillado tallando y vendiendo púas para guitarra. Era más un pasatiempo que un negocio, le sacaba poco más de 2.000 euros al año. Pero la suma no fue lo que enfureció a las autoridades, sino el tiempo que había dedicado a realizar cada púa, que podría haber empleado en la carrera de obstáculos oficial para encontrar trabajo.

Este era también el caso de Järvinen, hasta este año. Al igual que muchos británicos que sobreviven de las prestaciones sociales, él estaba atrapado en un sistema “humillante” que le daba poco menos que para alimentarse, al mismo tiempo que le negaba cualquier esperanza de satisfacción.

Entonces, ¿a qué se debe su cambio? Al dinero de la renta básica universal está claro que no. En Finlandia, 560 euros es menos de un  quinto del sueldo medio en el sector privado. “Tienes que ser un mago para sobrevivir con ese dinero”, dice Järvinen. Una y otra vez, se describe como “pobre”, sin rodeos.

Su liberación vino con la falta de condiciones ligadas al dinero. Si así desean, los finlandeses pueden meter el dinero en el banco y no hacer nada más. Pero al menos en el caso de Järvinen, la suma le ha quitado el miedo a la profunda miseria, dándole la libertad necesaria para hacer trabajos que para él son relevantes.

Suena simple. Es simple. Pero para los visitantes a la Gran Bretaña de la Austeridad, con su amplio abanico de escándalos relacionados con los subsidios sociales, desde el crédito universal a Concentrix o Atos, suena casi a fantasía.

Los parados no son vagos que no quieren trabajar

Este ensayo ha sido introducido por un gobierno de centroderecha que está llevando a cabo su propia versión de las políticas de austeridad, con grandes recortes a las prestaciones sociales y a las escuelas. Aún así, por mucho que intente imaginar a Theresa May o a Philip Hammond permitiendo el más mínimo cambio a los pobres sin cuestionarlo de manera alguna, no puedo imaginarlo.

Visito a la equivalente finlandesa del británico Ian Duncan Smith, la ministra de Asuntos Sociales, Pirkko Mattila. Recientemente alejada del partido populista Verdaderos Finlandeses, no tiene tendencias hippies a simple vista –ni siquiera unas varillas de incienso–. Aún así se muestra verdaderamente perpleja de que pueda haber resistencia política alguna a darle dinero a gente pobre para que se quede sentada en casa. “Personalmente, creo que los ciudadanos finlandeses quieren trabajar de verdad”, dice Mattila.

Esto demuestra cómo de moralmente corruptas se han vuelto las políticas de subsidios sociales en el Reino Unido en comparación con muchas otras partes de Europa. Se puede culpar a la austeridad del Partido Conservador, a los programas de trabajo a cambio de beneficios sociales del Nuevo Partido Laborista de Tony Blair, a los intentos thatcheristas de mandarnos a paseo, pero lo cierto es que hemos acabado con un sistema atravesado por dos creencias tóxicas.

Falsas creencias sobre la pobreza

En primer lugar, que la pobreza es el producto del fracaso moral personal. Para el ministro de Hacienda durante el mandato de David Cameron, George Osborne, era una cuestión de vagos contra luchadores. Para Iain Duncan Smith, la pobreza era la fruta podrida de las familias disfuncionales, la adicción o la deuda. Ninguno de ellos, ni los miembros de sus partidos, pueden admitir los que sus homólogos finlandeses sí hacen: que la pobreza no es más que la falta de dinero.

De ahí surge la segunda creencia falsa británica: la idea de que el sistema de ayudas sociales no es una red de seguridad para todos, sino un sistema de clasificación desmoralizado y falto de recursos para los vagos y los inútiles de los estratos más bajos de la sociedad.

Tratar a los pobres como a criminales en ciernes coloca al sistema de bienestar social como adjunto al sistema de justicia criminal. Significa declarar a gente moribunda como apta para el trabajo. Deja a las personas con minusvalía con temor a la próxima evaluación de su capacidad funcional; y a gente desempleada, castigada sin razón alguna.

Y todo esto es prácticamente inútil. La burocracia y los costes se trasladan a todas partes, desde la sanidad pública a la administración local y de ahí a las oficinas de atención al ciudadano. El gobierno no ha conseguido, basado en sus propias evaluaciones, en destinar una pequeña fracción de sus recortes a reformar las prestaciones por discapacidad. Piensa en todas las vidas que se han visto hechas pedazos, arruinadas. Y no se ha ahorrado casi ni un céntimo.

Si esta fuese la filosofía de los finlandeses, nunca habrían llevado a cabo este experimento, y Järvinen no estaría ahora soñando con decenas de proyectos.

Vete a Finlandia a buscar respuestas en relación a la renta básica universal, por supuesto. Pero ve preparado para volver con aún más preguntas de por qué Gran Bretaña maltrata a sus pobres.

Traducido por Marina Leiva

Vía libre para la renta mínima: ¿quién podrá optar a ella y cuál será su cuantía?

29 octubre, 2017

Fuente: http://www.publico.es

El Congreso ha aprobado tomar en consideración la ILP que propone dotar de un ingreso garantizado e indefinido a las personas por debajo del umbral de la pobreza.

Una persona sin hogar dormita en la calle, en una imagen de archivo. AFP

Una persona sin hogar dormita en la calle, en una imagen de archivo. AFP

Es la primera vez que la Cámara baja tramitará un proyecto legislativo de estas características, que implicará un fuerte impacto presupuestario. Esta es la razón por la que el Gobierno se ha opuesto frontalmente, posición a la que se ha sumado Ciudadanos. A favor de esta nueva ayuda social destinada a las personas sin recursos se han pronunciado el PSOE, Podemos, ERC, PDCAT y otras formaciones minoritarias.

Ahora se abre un período de negociación que definirá los detalles de la renta mínima. Fuentes parlamentarias consideran que su aprobación definitiva no será posible antes de finales de año, pero el proyecto presentado por los sindicatosdeja claras algunas líneas fundamentales.

¿Quién podrá optar a ella?

Podrán ser beneficiarios de la renta mínima todas aquellas personas mayores de
edad y menores de 65 años, que estén buscando trabajo y hayan agotado las prestaciones por desempleo. La ILP también pone como condición que hayan residido en España “de forma ininterrumpida en los seis meses anteriores a la fecha de solicitud de la prestación”.

Los beneficiarios no podrán superar ingresos o ayudas que superen el 75% del salario mínimo

Además, los beneficiarios no podrán superar, en cómputo anual, ingresos o ayudas que supongan una suma superior al 75% del salario mínimo establecido en cada momento. En caso de que el núcleo familiar del solicitante haya personas con ingresos, le será concedida la renta mínima “cuando la suma de las rentas o ingresos de todos los integrantes de la unidad familiar, incluido el solicitante, dividida por el número de miembros que la componen, no supere el 75 por 100 del salario mínimo”.

¿Cuál será su cuantía?

La renta mínima será del 80% del salario mínimo. En este momento, la ayuda ascendería a 426 euros no contributivos.

Durante el debate en el pleno del Congreso, Podemos ha pedido ampliarla al entorno de los 660 euros, la cuantía que recomienda la Unión Europea. El PSOE ha propuesto que cada familiar a cargo del solicitante suponga también un plus en la remuneración, aunque esto es algo ya previsto en el texto presentado por los sindicatos.

¿Cuánto le costará al Estado?

12.000 millones de euros anuales, según los cálculos de UGT y CCOO, que se incluirán en los Presupuestos Generales del Estado.

El coste total deberá proyectarse en los Presupuestos Generales del Estado

Para poner en contexto esta cifra se puede tomar como referencia el recorte que ha presentado el Gobierno de Mariano Rajoy para 2017 en Bruselas, y que se eleva a 5.000 millones de euros.

¿Con qué otras ayudas es compatible?

Se considera una prestación de la Seguridad Social, y será compatible con todas aquellas ayudas derivadas de la atención a personas en situación de dependencia o a favor de la infancia, entre otras de modalidad no contributiva.

¿Cuánto falta para su aprobación final?

A partir de este momento la ILP pasará a la comisión de Trabajo y de Seguridad Social para iniciar el trámite legislativo habitual, esto es la apertura de un periodo para que los diversos grupos parlamentarios presenten las enmiendas que consideren oportunas. Este periodo de tiempo puede alargarse en función de las negociaciones entre los diversos grupos políticos. Finalmente, una ponencia se encargará de “casar” aquellas enmiendas coincidentes.

El PP intentará vetarla en el Senado pero la última palabra será del Congreso, donde no tiene mayoría

Las enmiendas que sigan “vivas” tras el dictamen de la comisión serán debatidas y votadas en un pleno de la Cámara baja y el texto resultante pasará al Senado. En él, previsiblemente, el Gobierno presentará un veto –una enmienda a la totalidad– además de alargar los plazos de tramitación, ya que cuenta con mayoría absoluta en esta cámara. El veto solo podrá ser “levantado” por el Congreso de los Diputados que, finalmente, es el que que deberá pronunciarse sobre la iniciativa.

¿Cuándo podrá solicitarse?

El día siguiente de su publicación en el BOE, que según los cálculos de fuentes parlamentarias analizando el proceso legislativo citado, será a principios de 2018.

¿Pueden frenarla el PP y Ciudadanos?

En teoría, no. Una vez que el Congreso ha aprobado tomar en consideración la ILP ya no hay marcha atrás y debe comenzar la negociación.

La renta mínima se considerará un derecho y el Estado estará obligado a concederla

El Gobierno intentará bloquear su tramitación alegando que supone una alteración sustancial de los presupuestos en vigor –los de 2016 actualmente prorrogados–, lo que generará un conflicto de atribuciones entre el ejecutivo y el legislativo, uno más de los que ya están planteados.

¿Podría cancelarse en el futuro?

Estará blindada, ya que optar a ella se considerará un derecho de cada ciudadano. “Es exigible sin que pueda condicionarse a las disponibilidades presupuestarias. Es decir, las personas que reúnan los requisitos que se establezcan tendrán derecho a percibirla y la Administración General del Estado está obligada a concedérsela”, recoge el texto propuesto por los sindicatos.

Tampoco se podrá embargar. Al ser considerada un derecho personal; se convierte en una prestación intransferible e inembargable.

“Cuanto más se conoce la Renta Básica, más convence y más difícil es ridiculizarla”. Entrevista

9 agosto, 2017

Fuente: http://www.sinpermiso.info

Daniel Raventós

18/06/2017

La entrevista la realizó para vozpopuli.com Bosco Martín Algarra.

En Barcelona ya hay 1.000 personas que reciben una asignación monetaria, trabajen o no. Uno de los ideólogos de esta iniciativa, el economista Daniel Raventós, explica por qué la Renta Básica es un factor de progreso y no un fomento de la vagancia, como muchos aseguran. 

“¿Dinero sin trabajar? ¿Pero estamos locos?”. Es una reacción habitual cuando se habla de Renta Básica.

Pero no. “No es eso, no es eso”, que diría Ortega.

Ni dinero para vagos ni aspiraciones de ilusos ni ensoñaciones de economistas “progres”. La Renta Básica va más allá, según sus partidarios; pero contra eso, contra las descalificaciones simplistas y contra las invectivas más cuñadescas tienen que luchar -día sí y otro también- los promotores de esta singular forma de redistribuir la riqueza.

Entre estos últimos se encuentra Daniel Raventós, economista y profesor titular del departamento de Teoría Sociológica de la Universidad. Junto a sus colegas Jordi Arcarons y Lluís Torrens han diseñado un plan para financiar la “asignación monetaria incondicional” a toda la población.

Hablamos de 7.968 euros anuales para cada español o residente legal, y de 1.593 al año para los menores de 18 años.

De momento, hay 1.000 familias de Barcelona que ya están testando sus efectos durante dos años, aunque con cantidades más reducidas.

Laia Ortiz, responsable de derechos sociales del Ayuntamiento de Barcelona, explicaba que una persona sola que participa de este experimento puede percibir entre 400 y 500 euros mensuales. Si convive con más personas, la cantidad aumenta. La cantidad de una familia de cuatro miembros puede oscilar entre los 1.000 y 1.500 euros.

¿Qué hará la gente cuando le dan dinero gratis? ¿Malgastarlo? ¿Invertirlo en negocios? ¿Ahorrar para tener ‘un colchón’ en época de vacas flacas?

Hay gente que de veras necesita un dinero extra. Pero, ¿por qué dárselo a quien no lo necesita?

Vamos a ver. Me haces esa pregunta porque estás pensando que la Renta Básica se añadiría a lo que cada uno de nosotros gana. No es así. La cantidad que cada ciudadano percibiría como Renta Básica no se añadiría sin más a su salario o a su pensión o prestación por desempleo.

Entonces empecemos por lo básico. ¿Qué entiende usted por Renta Básica?

Es una asignación monetaria incondicional a toda la población. Con la reforma que proponemos nosotros, la Renta Básica está exenta de IRPF. Este es un detalle fundamental. Nosotros proponemos que a partir del euro que se gana por encima de la Renta Básica, que estaría exenta, se empiece a pagar IRPF.

Es decir, que si uno gana el salario medio español, que está por debajo de los 2.000 euros, ¿pagaría más impuestos?

Por su Renta Básica no, porque está exenta, insisto. Esta iniciativa se puede concretar de diversas maneras, pero tal como Jordi Arcarons, Lluís Torrens y yo hemos propuesto, se basa en una reforma del IRPF que significa, a efectos prácticos, que el 20% más rico de la población perdería y el que está debajo de ese 20% ganaría.

Si me tuviera que citar los tres o cuatro impactos más positivos de la Renta Básica, ¿cuáles eligiría?

Primero: si tú das una Renta Básica al menos igual que el umbral de la pobreza, la pobreza desaparece.

Segundo: los trabajadores y los salarios más bajos tendrían un poder de negociación superior al que tenemos ahora.

Y tercero, por solo decir solo tres, nos evitamos una cantidad de burocracias y gastos administrativos y de gestión impresionantes.

¿Esto último lo dice porque suprimirían todas las subvenciones por debajo de la cantidad asignada como Renta Básica?

Efectivamente: Toda asignación monetaria -no nos estamos refiriendo a los servicios básicos como Educación o Sanidad- por debajo de la Renta Básica desaparecería. Es decir, si una persona tiene una pensión alta, de 2.000 euros, no gana ni pierde, porque recibiría la Renta Básica (700) más 1.300 euros para completar su pensión. Pero si una persona sólo cobra la prestación social de 400 euros, recibiría 300 más hasta llegar a los 700, que es la cantidad mensual aproximada que proponemos como Renta Básica.

Dinero gratis a menores

Ustedes proponen una Renta Básica a todo español mayor de edad de 7.968 euros anuales. ¿Por qué esa y no otra?

Porque en esa cifra exacta está ubicado el umbral de la pobreza del Estado español cuando realizamos el estudio, si descuentas a la comunidad autónoma vasca y navarra.

¿Por qué excluyen a Navarra y País Vasco?

Porque, según los datos que teníamos, era mejor desagregar esas dos comunidades porque tienen un régimen fiscal distinto. No queríamos mezclar determinados aspectos que hubieran complicado el cálculo.

En el caso de los menores, ¿no es al fin y al cabo un dinero que va a los bolsillos de los padres?

Efectivamente. Pero si se implantara una Renta Básica tendría que estar acompañada de una ley que regulase el uso y castigara el abuso, incluyendo la retirada de la patria potestad. Esto ya ocurre ahora. Cuando un padre o madre no se comporta con sus menores como la ley estima que debe hacerlo, también puede perder su custodia.

¿Y qué teme de poner en marcha esta propuesta?

Uno de los grandes problemas de la Renta Básica es que cuando no se conoce casi nada es muy fácil de ridiculizar. Esto ya ha pasado en parlamentos distintos, entre ellos tres o cuatro veces en el español, pero también en parlamentos autonómicos y de otros estados. Hay gente que dice que vamos a mantener a vagos, que nadie trabajaría, que los inmigrantes nos van a inundar… Es muy fácil de ridiculizar.

¿Y cómo evitarlo?

Dando a conocer esta iniciativa. Es muy interesante ver que a medida que la población conoce más esta propuesta, más a favor está. Porque ve fácilmente que basta profundizar un poco para darse cuenta de que algunas de las objeciones que se hacen a la Renta Básica son pura demagogia.

La reducción del índice de Gini

Ustedes proponen para reformar la Renta Básica quitar los subsidios que sean de una cuantía inferior y reformar el IRPF. ¿Podría resumir cuáles serían las líneas Básica de esa reforma del IRPF?

El IRPF actual es muy poco redistributivo. Analicemos el índice de Gini, el que más se usa internacionalmente para medir las desigualdades de Renta en un mismo país, que va de 0 a 1 (cuanto más se acerca al 1, hay más desigualdad; cuanto más se acerca al 0, menos). Si partimos de un índice de Gini que ronda el 0,41 antes del IRPF, tenemos que después pasa a a ser de 0,36.

O sea, que se reduce, pero poca cosa…

Exacto. Con nuestra propuesta, el índice de Gini quedaría alrededor del 0,25, en unos niveles muy similares a los que existen en los Estados más igualitarios (o menos desigualitarios) del mundo: Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia. Es decir, se trataría, como esta reducción de Gini muestra, de una gran redistribución de la riqueza de los más ricos al resto de la población. Los ricos seguirían siendo ricos, pero un poco menos a cambio de la erradicación de la pobreza.

¿Contempla que se pueda renunciar a la Renta Básica aquel a quien no le convenza o le perjudique fiscalmente?

Claro, no cabe duda de que quien quiera renunciar le hace un favor al resto y hay que respetar su decisión.

La Renta Básica ¿es solo para ciudadanos, para residentes, para inmigrantes…?

Para todos los ciudadanos de un país y los residentes legales. Estamos hablando de dinero público y debemos saber a dónde va. No lo vamos a dar a ciegas. Es una cuestión elemental.

¿Y no teme un efecto llamada a los emigrantes del mundo entero?

Quien se ha puesto a estudiar seriamente el efecto llamada sobre una Renta Básica ha llegado a la conclusión de que no será así. La inmigración está causada por la falta de condiciones materiales de existencia en el lugar de origen. Con Renta Básica o sin ella, la presión migratoria será tan grande como siempre si no cambian las cosas. Es más: si se implantara una Renta Básica en países pobres, las presiones para emigrar serían menores, como es fácil de entender.

El ‘NO’ de Suiza

Los suizos votaron sobre la Renta Básica y un 77% del electorado dijo que no. ¿Es un mal precedente?

Yo diría que hay que ser más cauto. Lo que me extraña es cómo tanta gente, un 23%, votó a favor tal y como sucedieron allá las cosas. Cuando se iba acercando la fecha de la votación, los apoyos a la Renta Básica iban creciendo y causando alarma entre los bancos, patronales, partidos y medios de comunicación, que estaban en contra en su gran mayoría. Insisto: cuanto más conoce la gente de qué va realmente la Renta Básica, más la apoyan.

¿Hay una Renta Básica de derechas y otra de izquierdas?

Hay gente de derechas y de izquierdas que propone la Renta Básica, lo cual confunde a mucha gente. La gente piensa: “¿dónde está el secreto?”. El problema está en las diferencias que hay entre una propuesta de derechas o de izquierdas: Básicamente la financiación de unos y de otros. La derecha quiere una Renta Básica a cambio de desmantelar una parte del Estado de Bienestar. La izquierda quiere una Renta Básica sin desmantelarlo, al revés, reforzándolo. Sólo retiraría las subvenciones inferiores a la Renta Básica, por razones explicadas.

Imagínese que yo soy Juan Pérez, el español medio, que no ve nada claro su idea. Estamos en un bar tomándonos una caña. Convénzame como lo haría a un amigo.

Juan, dedica 15 minutos, ¡solo 15 minutos! a leer nuestra propuestas de la Renta Básica. Juzga por ti mismo. Te apuesto la próxima caña a que cambiarás de opinión. Si después de leerlo sigues pensando que no va a funcionar, te explico más cosas en pocos minutos más. Y no te preocupes, que, si aún sigues siendo un contrario a la Renta Básica, la próxima cerveza la pago yo.

 

es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. En el próximo mes de julio aparecerá su nuevo libro “Renta Básica contra la incertidumbre” de la colección los retos de la economía (Ed. RBA).

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Estos son los perdedores y ganadores de una hipotética renta básica

5 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La propuesta de una renta básica es simple: un ingreso asegurado y universal para toda la población sean cuales sean sus circunstancias e ingresos. Cómo hacerlo y qué efectos tendría, no tanto. El último informe de la OCDE sobre renta básica alerta de que los sistemas de protección social y beneficios sociales actuales son tan complejos que su reemplazo por una renta básica crearía un complicado balance de ganadores y perdedores. De hecho, este ingreso podría no contribuir apenas a reducir la pobreza en algunos países.

Ese balance dependería de dos factores: quiénes son los beneficiarios de los sistemas actuales y cómo se plantearía la renta básica, es decir, cómo se financiaría y a qué beneficios sustituiría. Una foto del estado actual ayuda a mostrar qué población recibe más transferencias sociales. Estas transferencias sociales se hacen en forma de subsidios, prestaciones, pero también a través del sistema de pensiones, de la educación o del sistema fiscal.

En Finlandia, por ejemplo, el 20% más pobre recibe cuatro veces más transferencias que el 20% más rico. En Francia, los dos estratos de población acaban por recibir prácticamente lo mismo por diferentes vías. En otro grupo de países, entre los que se encuentran España, Grecia, Portugal e Italia, el 20% más rico se beneficia del triple de transferencias sociales que el 20% más pobre, una irregularidad que marca la ineficienca del sistema de protección social de los países del sur de Europa.

Este reparto es clave para saber quién gana y quién pierde. Si la renta básica sustituyera a los beneficios actuales, es decir, si el dinero que ahora se gasta en todas las prestaciones se sumara y se repartiera en cantidades iguales a cada ciudadano, los más pobres de algunos países con fuertes sistemas de protección (como los nórdicos) saldrían perdiendo. “Como en la mayoría de países estas transferencias están dirigidas a la población con niveles más bajos de ingresos estas personas ya están recibiendo unos beneficios mayores que lo que percibirían si se sustituyen por la renta básica”, explica el politólogo Pepe Fernández Albertos. En esos casos, la renta básica no solo no serviría para reducir la pobreza, sino que harían que gente que ahora está fuera de ese umbral cayera en él al reducir sus ingresos.

No es el caso de España. Al pertenecer al grupo de países donde las transferencias sociales benefician tan poco a los grupos más desfavorecidos, estas personas podrían salir ganando si se sustituyeran por una renta básica. “En España los programas de transferencia son muy poco redistributivos”, apunta Fernández Albertos. Las clases medias que ahora apenas se benefician de alguna ayuda también ganarían al empezar a recibir un cheque mensual con su renta básica.

El otro factor a tener cuenta es a qué sustituye y cómo se paga esa renta básica. Un argumento muy usado por sus defensores es que esta medida podría tener un coste cero: al sustituir a muchos programas de ayudas y prestaciones actuales se usaría ese dinero para financiarla. Pero, ¿cuál sería la cuantía de la renta básica que saldría? Los cálculos de la OCDE señalan que, en general, derivaría en una prestación de cuantía inferior a los sistemas de rentas mínimas que ya están funcionando en cada país. Es el caso de España: esos ingresos mínimos representan ahora  el 60% del umbral de la pobreza, mientras que una renta básica financiada de esta manera (a coste cero) estaría en el 35% de ese umbral.

La OCDE dice, por tanto, que sin impuestos adicionales una renta básica a coste cero “estaría muy lejos de erradicar la pobreza”, pero que conseguir una renta por encima del umbral de la pobreza sería “muy cara”. “La idea es que si quieres tener una renta básica que esté por encima del umbral de la pobreza o bien introduces algunos criterios de condicionalidad para percibirla, lo que lleva a perder algunas de sus características, o bien tienes que aumentar tu presupuesto, lo que acaba con la idea de presupuesto cero, de que implantarla no supondría un aumento del gasto”, señala el politólogo.

La OCDE concluye que la introducción de una renta básica debería ser, por tanto, paulatina e ir acompañada de un debate sobre cómo asumir una distribución más equitativa del crecimiento económico. Lo que parece claro, constata el organismo, es que las nuevas formas de empleo, el aumento de la desigualdad, la amenaza de miles de trabajos perdidos por la robotización y los desequilibrios entre vida laboral y personal están haciendo que el debate sobre la renta básica esté cada vez más presente.

El experimento de la renta básica en Finlandia da sus frutos: primeros signos positivos

15 junio, 2017

Fuente: http://www.eleconomista.es

ELECONOMISTA.ES

8:34 – 10/05/2017
  • Los desempleados ha logrado que su salud mental mejore con la ayuda
  • Los niveles de estrés han caído y se puede buscar un trabajo más adecuado
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Foto: Getty.

Más de cuatro meses después de que se pusiese en marcha el experimento con 2.000 desempleados de la renta básica en Finlandia, llegan los primeros resultados y parece que son positivos. Algunos parados que pasan por situaciones personales complejas ven como su estrés se reduce gracias a esta prestación. Además, como su cuantía es relativamente pequeña no desincentiva la búsqueda de trabajo, por el momento.

Este experimento comenzó el 1 de enero de 2017. Kela, la institución de la Seguridad Social que se encarga de llevar a cabo este programa, transfiere mensualmente 560 euros al mes a 2.000 desempleados con edades comprendidas entre los 25 y los 58 años. En principio se prevé que este plan se extienda durante dos años para poder analizar sus efectos a medio plazo. Este tipo de renta garantizada sustituye el resto de subvenciones o transferencias públicas, lo que mejora la eficacia del sistema público.

Marjukka Turunen, directora de gestión de cambios de Kela, explica que el plan está teniendo algunos efectos positivos: “La idea es darle a estas personas una seguridad financiera para que puedan liberar sus mentas y no preocuparte por el tiempo, por el dinero y por las necesidades básicas”.

Una red de seguridad básica

Las personas que reciben la renta básica pueden centrarse en reciclar sus habilidades y sus conocimientos para alcanzar un puesto de trabajo acorde con sus preferencias, mientras que sin esta red de seguridad muchos de ellos tendrían que aceptar cualquier trabajo, incluso a tiempo parcial, con el objetivo de no perder la prestación por desempleo convencional.

Según Turune, las personas que están recibiendo este ingreso básico garantizado han dado muestras de una mejora en la calidad de su vida, debido a una reducción del estrés que soportan.

“Hubo una mujer que aseguraba que temía que sonase su teléfono porque podían ser los servicios de desempleo ofreciendo un trabajo cualquiera… ella explicaba que no podría asumir cualquier trabajo porque está cuidando a sus padres de edad avanzada en su casa. Este experimento tiene un impacto real sobre la salud mental de las personas”, explica este funcionario finlandés.

Este experto señala que la cifra monetaria de la renta básica es fundamental para no distorsionar el mercado: “Si usted da a la gente 1.450 euros, no habría ningún incentivo para buscar trabajo porque muchas personas podrían subsistir fácilmente con esa cantidad en Finlandia”.

“Tratamos de averiguar la cantidad precisa para que las personas encuentren cierta seguridad, pero a la vez sigan buscando empleo en lugar de quedarse en casa sin hacer nada”, explica Turune.

Con 560 euros al mes se puede sobrevivir en algunos casos, pero si tienes un hijo o personas a cargo la situación cambia radicalmente. “La idea es que den por seguros esos 560 euros al mes”.