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Ser árbitra a los 16: “Uno de los primeros comentarios que sufrí fue de una madre que me dijo: ‘Mujer tenías que ser”

13 diciembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Ángela Herranz tiene 16 años recién cumplidos y lleva arbitrando partidos de fútbol 8 entre niños (hasta once años) desde hace unos meses. Es la única mujer en un colectivo que forman unas 70 personas en la delegación valenciana del Camp de Morvedre. “Mis compañeros me acogieron con total normalidad y me tratan muy bien, como a uno más, desde el primer día”, reconoce la joven valenciana.

Aunque quiere estudiar algo relacionado con las ciencias de la salud, como enfermería o ingeniería biomédica (actualmente cursa primero de Bachiller), no renuncia a llegar lo más alto posible en el mundo del arbitraje: “Evidentemente, si estoy en este mundo es porque me gusta y porque quisiera seguir dedicándome a ello”. Por lo que se refiere a cómo una chica de 15 años decide meterse a árbitra -tuvo que hacer un cursillo y aprobar dos exámenes teóricos y unas pruebas físicas-, apunta que es algo que le viene de familia: “Mi padre fue árbitro y mi hermano también lo es”. “Además, es una forma de practicar un deporte que me gusta. Aunque nunca he jugado al fútbol siempre he estado muy metida en este mundo, que ya conocía”, reconoce.

Ángela dirigiendo un partido de fútbol 8
Ángela dirigiendo un partido de fútbol 8

En cuanto al ambiente en los campos, asegura que no le tratan de forma diferente por ser mujer: “En general, tanto padres como entrenadores, la mayoría, te trata mal, como a cualquier árbitro, a quien culpan de la derrota de su equipo -si ganan, es por los niños, si pierden es culpa tuya-“. No obstante, apunta, “evidentemente que he escuchado algún insulto machista. Recuerdo a una madre que me gritó: ‘mujer tenías que ser’ o algún padre que me ha enviado ‘a fregar’ en alguna ocasión, pero reconozco que esos son los menos, la mayoría son genéricos que valen para cualquier árbitro, sea hombre o mujer (qué mala eres, burra…), cuestionando cualquier decisión que tomas”.

Sin embargo, lamenta que ese tipo de trato sea el habitual: “No es normal que te increpen o te insulten por pitar una falta en contra del equipo de sus hijos o por no ver un fuera de juego”. “Al final, aprendes a desconectar de esas presiones cuando acaba el partido, porque si no, no te puedes dedicar al arbitraje”, sostiene Ángela, a quien lo que sí que le inquietan sus equivocaciones: “Cuando soy consciente de que he cometido un error, entonces sí que le doy vueltas”.

Por eso, echa en falta, tanto entre los padres como entre los propios entrenadores, “con los niños no hay problema, por lo general respetan tus decisiones”, que fueran capaces de empatizar: “Les pediría que se imaginaran a ellos o a sus hijos en mi lugar. Seguro que entonces verían nuestra labor de otra forma”, apunta la joven, que indica que padres y entrenadores, cuando protestan reiteradamente, “trasladan esa crispación a los niños en el campo y, por tanto, al juego”.

Ángela Herranz señaliza una infracción durante el encuentro
Ángela Herranz señaliza una infracción durante el encuentro

A juicio de Ángela, los niños son los que más fácil se lo ponen, y recuerda una anécdota: “Era un día lluvioso, aunque no mucho, y les consulté a los dos entrenadores si querían jugar o la suspensión del partido. Me dijeron que adelante, que se jugaba, a lo que siguió una situación pintoresca. La madre de un niño [uno de los porteros] se metió en medio del campo diciéndome que tenía que suspender el partido y, como no accedí, el abuelo decidió ponerse en la portería detrás del niño con un paraguas, por lo que tuve que llamarle reiteradamente la atención para que saliera del campo. Al final, la madre y el abuelo se llevaron al niño en el descanso”.

De todos modos, la situación ahora es mejor que hace un año por la experiencia adquirida. “Recuerdo los primeros partidos, estaba muy nerviosa y dudaba de todas las decisiones que tomaba. Ahora no, estoy más segura e incluso soy capaz de adelantarme a la jugada y ver lo que va a suceder, aunque el arbitraje es difícil, mucho más de lo que la gente se imagina”.

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La guerra continúa

8 diciembre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

José Álvarez Junco y los dioses útiles, o Gerhard L. Weinberg y la Segunda Guerra Mundial en menos de 200 páginas.

La guerra continúa

Johan Huizinga escribió que ninguna disciplina tenía sus portales tan abiertos al público en general como la historia. Y algunos de los libros publicados en los últimos meses constituyen un excelente ejemplo de eso.

La historia está cargada de mitos, aunque muchas veces no se encuentren pruebas para sustentarlos, y así lo recuerda José Álvarez Junco en Dioses útiles(Galaxia Gutenberg), su repaso a las teorías y construcción histórica en torno a las naciones y los nacionalismos, donde intenta explicar el caso español en términos comparados. Historia narrada con buen pulso, sin olvidar el análisis, que es lo que hace siempre tan bien este autor.

Resumir la guerra de 1939-1945 en menos de 200 páginas no es tarea sencilla, pero Gerhard L. Weinberg la borda en La Segunda Guerra Mundial (Crítica), partiendo de todos los conocimientos en investigaciones que había anticipado en su monumental Un mundo en armas.

Durante esos años de violencia y genocidio, cerca de 48.000 españoles combatieron en la División Azul. Xosé M. Núñez Seixas realiza en Camarada invierno (Crítica) una disección de quiénes eran, cuáles eran sus motivos y sus percepciones sobre la Alemania nazi y la Rusia soviética. Una historia basada en cartas, diarios y memorias, la mirada cotidiana de quienes vivieron aquella segunda cruzada contra el comunismo.

Fuera de Europa hubo también grandes masacres, aunque nuestra mirada occidental no les preste demasiada atención, e Iris Chang narra en La Violación de Nanking. El holocausto olvidado de la Segunda Guerra Mundial (Capitán Swing) la que tuvo lugar en diciembre de 1937, cuando el Ejército japonés entró en la entonces capital de China, Nanking, y asesinó a más de 300.000 civiles.Julio Prada Rodríguez,Jordi Ama

Tampoco cesa la literatura sobre la España más reciente. Hay para elegir, según los intereses de los lectores, que puede ser el Frente Popular, en la interpretación y relato detallado que 80 años después ofrece José Luis Martín Ramos en El Frente Popular. Victoria y derrota de la democracia en España (Pasado & Presente); la represión económica y el castigo que el franquismo aplicó a una buena parte de la sociedad gallega, objeto minucioso de estudio de Julio Prada Rodríguez en Marcharon con todo (Biblioteca Nueva); La primavera de Múnich (Tusquets), como denomina Jordi Amat en su excelente narración a lo que la dictadura de Franco bautizó en 1962 como el contubernio; el uso que los vencidos en la Guerra Civil hicieron de las coplas de Conchita Piquer, una original investigación de Stephanie Sieburth —Coplas para sobrevivir (Cátedra)—, muestra del vigor de los estudios culturales en los hispanistas más jóvenes; o el pormenorizado análisis de la izquierda radical durante la Transición por parte de Gonzalo Wilhelmi en Romper el consenso (Siglo XXI).

Y aunque tiene ya casi tres décadas, aparece una nueva edición de Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española (Crítica), la magistral obra de Ronald Fraser, la mejor guía para descubrir las historias escondidas de la guerra, más allá de mitos y disputas sobre las causas y responsables del acontecimiento central de la historia de España en el siglo XX.

Historias de gente común, de grandes acontecimientos políticos, de guerras y violencia. En grandes pinceladas y en miniatura. Para que los lectores decidan.

La guerra continúa

 

Clarkston, el pueblo estadounidense que recibe a 1.500 refugiados por año

9 noviembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En los últimos 25 años, Clarkston, un pequeño pueblo del sureño Estado de Georgia, recibió a más de 40.000 refugiados. Llegan de todas partes del mundo. Este año, vienen más congoleños que sirios. En las anteriores olas de reasentamiento, ya habían llegado de Bután, Eritrea, Etiopía, Somalia, Sudán, Liberia y Vietnam.

Todos tienen en común Clarkston, un pueblo común y corriente del Sur Profundo estadounidense, con una población de unos 13.000 habitantes.

El que mira más allá de los centros comerciales construidos a mediados de los 70, de los complejos de apartamentos y de los aparcamientos, encontrará cosas poco vistas en otras partes de Estados Unidos. Las fachadas marrones están cubiertas por signos que parecen letras del amhárico o del nepalés, seguidos de traducciones que remiten al inglés: Abasto Balageru, Almacén Cultural Africano de Injera (una variedad de pan típica de Etiopía), Almacén de Alimentos Orientales Numsok. Algunas mujeres reunidas en las cercanías se cubren la cabeza con coloridos pañuelos africanos. Otras llevan el largo cabello negro en una trenza hasta la espalda y ropas tradicionales de seda asiática.

Pero los extranjeros no son los únicos que se mudan a Clarkson. A la autoproclamada  “isla Ellis del sur” no solo llegan inmigrantes pobres y refugiados. Su reputación también ha atraído a profesionales estadounidenses de clase media. Según el alcalde del pueblo, Ted Terry (34), vienen “buscando la riqueza de la diversidad”.

El día en que el periódico the Guardian habló con él, Terry recibía a una delegación de Oriente Medio que quería entender cómo se las arreglaba Clarkson con una comunidad de refugiados tan diversa. Con barba hípster, camisa a cuadros y calcetines de dos juegos diferentes, Terry explica que su objetivo era “poner a Clarkson en el escaparate”. “Yo no hice de esta una comunidad compasiva… Sí la consagramos oficialmente pero era una comunidad compasiva y hospitalaria mucho antes de que yo llegara”.

¿Cómo sucede esto? ¿Cómo hace un polvoriento pueblo sureño y de clase trabajadora para albergar a 1.500 refugiados por año y hacerlos parte integral de la identidad del lugar?

Resulta que la historia de Clarkson no es sólo la de los recibidos: también es la de las personas que dan la bienvenida.

En la esquina de los aparcamientos del centro de Clarkson, un camión rojo brillante de comida ambulante vende café artesanal. Es el tipo de vehículo elegante y minimalista que encajaría perfectamente en San Francisco o en Nueva York.

Ted Terry, alcalde de Clarkston, Georgia, un publo que ha acogido a más de 40.000 refugiados en 25 años.
Ted Terry, alcalde de Clarkston, Georgia, un publo que ha acogido a más de 40.000 refugiados en 25 años.

 Café de refugiados”, dice un letrero en el camión, que es iniciativa de Kitti Murray, una de esos estadounidenses llegados hace poco al pueblo. Escritora freelance y abuela de ocho nietos, Murray lo compró hace dos años por 3.000 dólares en el sitio de anuncios de Internet Craigslist. Por un dólar al mes, alquiló el espacio en la entrada de un antiguo garaje. Allí puso sus mesas y sillas con el objetivo de crear un punto de encuentro para la comunidad, un lugar donde ofrecer formación laboral y donde “generar una historia más hermosa y auténtica sobre los refugiados”. “Nuestros empleados refugiados hacen eso por nosotros, solo por ser ellos mismos y por cómo hacen su trabajo”, dice Murray. Mientras ella habla, Ahmad, un sirio que antes de camarero era farmacéutico, sirve un café expreso bien negro.

Su clientela es notablemente blanca. “Al principio, cuando empezamos, me entristecía si pasaba el día sin un solo refugiado entre los clientes”, cuenta. “Pero si no hubiéramos atraído a la comunidad estadounidense, que es la que tiene el dinero, tendríamos que haber cerrado en esos primeros seis meses”.

Murray no es un caso raro, sino una más entre los muchos estadounidenses que se mudaron a Clarkston precisamente para trabajar con los refugiados y vivir junto a ellos. Recibir refugiados tal vez signifique largas horas en la casa de los recién llegados tomando té y tropezando torpemente con la barrera del idioma, pero los lazos que se generan suelen ser muy sólidos.

Arez, una refugiada siria que tras cuatro largos años en Turquía llegó con su esposo y dos hijos en 2015, desborda de entusiasmo cuando habla sobre Rebecca, la “hermana” estadounidense que la ayudó a establecerse en Clarkston: “¡Amo Estados Unidos! ¡Soy muy feliz aquí! Tengo amigos estadounidenses, me están enseñando a aprender inglés, mis hijos van a la escuela. Me encanta este lugar”.

Según Brian Bollinger, director de Friends of Refugees (una ONG local que ofrece servicios para refugiados), “recuperar el sentido de pertenencia a un lugar es en gran parte la esencia de este emprendimiento”, tanto para los refugiados como para los estadounidenses que vienen a Clarkston. Bollinger es cualquier cosa menos romántico para explicar el recibimiento que dio el pueblo a los refugiados. “Sería un tanto utópico insinuar que abrir los brazos para recibirlos fue el impulso original”, dice mientras come naan con curry en el Café Katmandú. “A fin de cuentas, fue un motivo económico”.

Gente joven y viviendas baratas

Según Bollinger, lo que hizo que Clarkston funcionara tan bien para los refugiados fueron las oportunidades que ofrecen sus masificados complejos de apartamentos y el buen tramado del transporte. Es fácil tomar una camioneta compartida para viajar una hora hacia al norte hasta la fábrica de pollos donde muchos encuentran su primer trabajo de bajo salario. Por eso Clarkston fue señalada a principios de los años 90 como un buen lugar de reasentamiento. Viviendas baratas y rápido acceso a la carretera interestatal son también los atractivos por los que hoy llegan jóvenes profesionales estadounidenses, desplazados de Atlanta por los altos precios.

Como recuerdan muchos habitantes de Clarkston, el pueblo no siempre fue tan hospitalario. Al principio, la llegada de los inmigrantes molestaba a los lugareños. Pero los viejos detractores ya se mudaron o se murieron, y fueron reemplazados por progresistas más jóvenes. Terry, el alcalde elegido en 2013, cuando solo tenía 31 años, es según Bollinger “la encarnación de ese cambio de perspectiva”.

Los pobladores más antiguos que se quedaron en el pueblo parecen conformes con llevar vidas paralelas a la de los vecinos refugiados. Betty Cardell (93) vive en Clarkston desde que en 1950 llegó de California como una “novia de guerra” y se lo toma con filosofía: “Bueno, están aquí. Así que, ¿qué se puede hacer? Son gente como uno. Jamás tuve ningún problema”. También dice que no tiene ningún interés en irse. “Me gusta Clarkston: sigue siendo un pequeño pueblo”.

Esa sensación de pequeño pueblo es parte del éxito de Clarkston como lugar de acogida, y también su limitación. Para los refugiados, es el pueblo donde empezar: tener éxito significa seguir adelante y dejar atrás sus complejos de apartamentos.

Heval Mohamed Kelli, un refugiado sirio que vivió seis años en Alemania y llegó a Clarkston tres semanas después del 11 de septiembre, es un ejemplo de esa transición. Hoy trabaja como cardiólogo y vive en el acaudalado pueblo de Lilburn (a unos 16 kilómetros de Clarkston). Comenzó lavando platos en Clarkston en su camino hacia el sueño americano (actualmente vive en una elegante casa a orillas de un lago y con un jardín perfectamente cuidado). En la calurosa tarde de sábado en que recibe a the Guardian, Kelli organiza una barbacoa en su casa “para celebrar la vida” con viejos y nuevos amigos: sirios, iraquíes, kurdos, sudaneses y estadounidenses.

El alcalde en la cafetería 'Café de refugiados', fundado por la escritora freelance Kitti Murray
El alcalde en la cafetería ‘Café de refugiados’, fundado por la escritora freelance Kitti Murray

Kelli es categórico cuando describe la bienvenida que le dieron en el pueblo, sobre todo al compararla con la falta de calidez que encontró en Alemania. “Dos días después de llegar a Clarkston, estábamos aterrados, y un montón de gente se presentó en nuestra puerta con comida y queriendo ayudarnos a aprender inglés”. Kelli se ríe cuando lo recuerda: “Pensábamos que todos esos estadounidenses blancos golpeando a nuestra puerta eran de la CIA o algo así”. Eran miembros de la Iglesia Episcopal de Todos los Santos de Clarkston. “No se parecían en nada a nosotros, pero cambiaron nuestras vidas”.

Kelli siente una gran deuda de gratitud hacia los que lo ayudaron y cada tanto vuelve a Clarkston para trabajar como voluntario en el centro de salud y ayudar como tutor de algunos estudiantes. Su barbacoa es un recordatorio de que si Clarkston funciona como comunidad también es por la propia hospitalidad de los refugiados.

Hay un montón de relatos acerca de los refugiados que gastan sus cupones de comida en regalos para agradecer a sus vecinos estadounidenses los pequeños actos de amabilidad. A Heidi Miller, nativa de Tennessee y representante en Clarkston de Embrace (un programa que asiste a mujeres refugiadas durante el embarazo y el parto) le hace reír la pregunta sobre la generosidad de los refugiados. “¡Claro que sí! Siempre le digo a la gente que uno piensa que sabe todo sobre la hospitalidad cuando viene al sur… ¡Hasta que va a la casa de un refugiado!”

Pero por supuesto Clarkston tampoco es el paraíso. Los bloques de apartamentos incendiados y en ruinas de las afueras del pueblo son prácticamente inhabitables, pero el alcalde no tiene autoridad para clausurarlos. En un pueblo con un índice de pobreza superior al 40%, la perspectiva de un alquiler más barato puede ser más importante que el miedo a una plaga de ratas y a la delincuencia.

También hay hostilidad fuera de los límites del pueblo: unos quince meses antes de que Trump lo intentara como presidente, el gobernador de Georgia, Nathan Deal, trató en 2015 de prohibir con un decreto la llegada de refugiados sirios.

¿Es una moda defender a los refugiados?

Pero Clarkston también se beneficia de redes de solidaridad más amplias. Desde que Trump proclamó en enero su decreto prohibiendo la entrada a refugiados sirios, las solicitudes para trabajar como voluntario en Amigos de los Refugiados aumentaron un 400%. La ONG tiene hoy a varios cientos de personas, el doble que otros años, haciendo trabajo voluntario cada una o cada dos semanas.

Hay varios que se muestran escépticos sobre lo que llaman la moda de defender a los refugiados. Se preguntan si Clarkston simplemente se ha convertido en un medio para que los progresistas activos de Atlanta canalicen su actual descontento y reivindiquen un fugaz compromiso con la justicia social mientras disfrutan de un café artesanal. Otros tienen la esperanza de que no sea algo efímero sino el comienzo de un movimiento.

Dentro de Georgia, Clarkston es conocido como la burbuja progresista, pero la realidad en el pueblo es más compleja y sorprendente. Los refugiados y sus vecinos estadounidenses parecen haber encontrado un sentido de pertenencia en el lugar. En un mundo cada vez más polarizado, fragmentado y enfadado, eso es también lo que buscan muchos estadounidenses.

Como dice Heidi Miller, “en Clarkston, hay muchos grupos étnicos que antes se llevaban mal y ahora son vecinos. Los vemos aprender a quererse; creo que los refugiados tienen mucho que enseñarles a los estadounidenses acerca del perdón”.

Traducido por Francisco de Zárate

¡A por ellas oé, a por ellas oé!

7 noviembre, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

La violencia siempre se ceba más con las mujeres. Especialmente con aquellas que han conquistado espacios que pertenecían a los hombres.
ANITA BOTWIN

<p>La portavoz de las CUP, Anna Gabriel, durante su intervención en el pleno del Parlament el pasado 10 de octubre.</p>

La portavoz de las CUP, Anna Gabriel, durante su intervención en el pleno del Parlament el pasado 10 de octubre.

PARLAMENT DE CATALUNYA (JOB VERMEULEN)

12 DE OCTUBRE DE 2017

La violencia siempre se ceba más con las mujeres. Especialmente con aquellas que han conquistado espacios que pertenecían a los hombres por el simple hecho de serlo.

Sin ir más lejos, el 10 de octubre  la portavoz de las CUP, Anna Gabriel, fue objeto de mofa. Las redes se incendiaron tras declararse “independentista sin fronteras” y la mayor parte de los comentarios al respecto fueron misóginos y machistas, aludiendo también a su forma de vestir o a su peinado. Cuando una mujer de la esfera pública se expone con algún comentario que a alguien pueda parecerle desafortunado, las respuestas que reciben son agresivas, lo que incluye apelaciones explícitas a violencias sexuales y machistas, que pasan por los cuerpos. Algo parecido le ocurrió a Inés Arrimadas cuando una mujer que se autodenominó machista le deseó que la violaran en grupo. El pasado 17 de abril, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, también anunció que denunciaría a un usuario que la insultó y la amenazó con violarla, vía Twitter. El tuit iba acompañado de la fotografía de una pistola semiautomática. Curiosamente, ese usuario también me amenazó a mí y a otras compañeras. Debe tener mucho odio dentro y mucho tiempo libre, también.

NO SÉ CÓMO NOS LAS APAÑAMOS, PERO NOSOTRAS SIEMPRE MENTIMOS, SIEMPRE PONEMOS DENUNCIAS FALSAS Y SIEMPRE, TAMBIÉN, SOMOS UNAS PERRAS, PUTAS Y TRAIDORAS MALFOLLADAS

Volviendo a Anna Gabriel, ya en su momento, el presentador de El Gato al Agua ,Eduardo García Serrano habló así de la diputada de la CUP: “De Anna Gabriel lo sabemos todo, porque ella misma nos lo ha contado, que es una puta, traidora, amargada y mal follada, tal cual se ve a sí misma. Y lo cierto es que por su forma de taparse, Anna Gabriel no se viste, se limita a tapar con harapos propagandísticos el cuerpo con el que la madre naturaleza la ha castigado. Es evidente que alguno de los adjetivos con los que Anna Gabriel se autodefine le quedan como anillo al dedo”.

La manera de mostrar el desacuerdo político por parte de medios de comunicación y de la ciudadanía se muestra en múltiples ocasiones con descalificativos relacionados con el cuerpo o la vestimenta, las relaciones sentimentales de cada una de nosotras, y nuestra tendencia sexual.

Como ya señalé en esta columna, el 1 de octubre también existió violencia sexual por parte de la policía y guardia civil hacia mujeres que fueron a votar, según ha denunciado la misma Ada Colau. Tras ilustrar el texto con la imagen de una de las agresiones a una mujer en un colegio electoral, también recibí comentarios agresivos en los que se ponía en duda mi profesionalidad porque la chica de la foto había mentido, según ellos juzgaban. No sé cómo nos las apañamos, pero nosotras siempre mentimos, siempre ponemos denuncias falsas y siempre, también, somos unas perras, putas y traidoras malfolladas. Y por supuesto, unas víctimas. En el momento en el que no hacemos lo que se pide y espera de nosotras, lo que se nos sugiere socialmente por nacer mujer, se nos descalifica y margina, silencia o agrede.
El 8 de octubre en las manifestaciones españolistas también se sucedieron violencias. En concreto, en uno de los vídeos del día puede verse a varios individuos con banderas de España gritando “chupapollas” a una mujer que está en su balcón. Ella responde y uno de ellos amenaza: “puta, baja aquí”.
Todas estas violencias son las que sufrimos a diario, de una manera u otra cada una de nosotras. En las redes sociales, como ya he denunciado varias veces, recibimos amenazas de muerte adornadas con fotos de cuerpos mutilados. Algunas somos las periodistas feministas que hemos sido amenazadas para que dejemos de hablar de feminismo. O dejemos de hablar a secas. La violencia machista sigue estando normalizada en nuestro país y no se toman las medidas oportunas para erradicarla.
Manuela Carmena tampoco se ha librado de la opinión sobre su aspecto. El juez Yusty Bastarreche, encargado de suspender el acto a favor del derecho a decidir en Madrid, hablaba así de la alcaldesa: “¡Pensar que semejante tropa está al mando de nuestras ciudades y villas, y puede estar en el Gobierno de España. Si por lo menos tuviesen un aspecto presentable”.. Sí, amigos, en pleno siglo XXI.
Como explica Nuria Varela en Feminismo para principiantes, “desde hace siglos hay feministas guapas y feas, ricas y pobres, gordas y delgadas, altas y bajas… Lo que no ha habido nunca, a lo largo de la historia, ha sido un movimiento político cuestionado por la belleza física de sus miembros”. Ahora que por fin hemos conquistado ciertos espacios de la esfera pública, aquellos que no solo no lo lo respetan, sino que lo detestan, no tienen otra arma que descalificarnos por la forma y no por el fondo y la complejidad de nuestros actos.

AUTORA: Anita Botwin

  • Gracias a miles de años de machismo, sé hacer pucheros de Estrella Michelin. No me dan la Estrella porque los premios son cosa de hombres. Y yo soy mujer, de izquierdas y del Atleti. Abierta a nuevas minorías. Teclear como forma de vida.

Paul E. Steiger: “Los poderes esconden lo malo cada vez mejor”

6 noviembre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

El periodista, que dirigió 15 años ‘The Wall Street Journal’, es el fundador de ProPública, una web de investigación revolucionaria.

Paul E. Steiger: “Los poderes esconden lo malo cada vez mejor”
BERNARDO PÉREZ

En el comienzo de su carrera, los conocimientos de economía y su talento le abrieron camino en el mundo de los reporteros políticos, enamorados de los pasillos de la Casa Blanca, pero a los que les daban miedo los números. Paul Steiger acabó dirigiendo la redacción de The Wall Street Journal (WSJ), un templo del periodismo financiero, durante tres lustros.

Así estaban las cosas cuando Steiger cumplió 65 años. Le hicieron saber que las reglas del Journal no perdonan, tampoco a las grandes estrellas, y le invitaron a jubilarse. Steiger no se resistió. Cogió sus bártulos y se marchó con sus obsesiones a otra parte. Le preocupaba la deriva del periodismo, la crisis del modelo de negocio que ha obligado a una legión de medios a cerrar y a muchos a prescindir de la investigación por su elevado coste. Para remediarlo, fundó en 2007 ProPublica, una empresa de investigación periodística sin ánimo de lucro empeñada en defender el interés público y destapar los abusos de poder. Es un modelo novedoso, que nada a contracorriente de la velocidad y los 140 caracteres de un tuit. Dos Pulitzer – uno de ellos, el primero de la historia para un medio digital– son un reflejo del profundo impacto del invento.

Steiger habla sin prisa, como si tuviera toda una vida por delante. Sus reflexiones son un combinado de conocimiento de primera mano, procesado con grandes dosis de sentido común y potenciado con la libertad que conceden la veteranía y el no tener jefes.

Durante hora y media, habla de su trayectoria, de los poderes y las maniobras para perpetuarse, y hasta de la muerte. Ha venido a España a enseñar periodismo de la mano de la Universidad de Navarra y la Fundación Rafael del Pino. Todos le pedimos recetas mágicas que resuelvan los dilemas existenciales de la prensa. No las tiene, porque probablemente no las hay.

“Habrá un ‘revival’ del periodismo basado en los hechos”

Ha coronado la élite del periodismo financiero. Ha sido testigo privilegiado de los tejemanejes del poder. ¿Qué vio allí que le animó a fundar un medio decidido a destapar los abusos de poder?

Lo que vi es que la industria [informativa] estaba bajo inmensa presión. Al principio creí que iba a ser cíclico, pero enseguida quedó claro que iba a ser una transformación total y sentí que había dos áreas especialmente vulnerables: el periodismo internacional y el de investigación, porque ambos son muy caros. Yo hacía tiempo que había recibido una llamada de los Sandler, una pareja de amigos millonarios a los que conocía desde hacía años. En los cincuenta compraron una pequeña empresa de ahorros y créditos que luego vendieron a un banco y se hicieron millonarios. La primera vez que me llamaron ofreciéndome invertir parte de su dinero en un proyecto periodístico, recuerdo que apunté un par de ideas en un sobre. Cuando me jubilaron en el Journal recuperé aquel sobre y fundé ProPublica.

¿No cree que los medios tradicionales sean capaces de investigar?

Ni de lejos en la medida que eran capaces de hacerlo antes. Hace falta más investigación porque la gente poderosa y las instituciones se han vuelto más sofisticadas vendiendo lo que hacen bien y escondiendo lo que hacen mal.

¿Qué medios utilizan para intoxicar a los periodistas?

El nivel de sofisticación de las relaciones públicas, el marketing o la propaganda es infinitamente mayor de lo que era. Cuando a las empresas se les exige hacer públicos sus datos y sus cuentas, responden publicando una cantidad ingente de información para obligarte a encontrar la aguja en el pajar.

Hay menos transparencia.

Exacto. Por un lado hay más leyes que garantizan la transparencia y más declaraciones y compromisos, pero a la vez hay más esfuerzos por evitar la transparencia.

¿De quién ha recibido más presiones durante su carrera?

De los políticos, porque tienen muchas más herramientas. Recuerdo que hace unos años, Los Angeles Times y The New York Times preparaban una historia sobre cómo el espionaje de EE UU trabajaba en una base de datos internacional para tratar de retrasar el lavado de dinero de grupos terroristas. Primero, el Gobierno trató de impedir que la escribieran, pero no lo logró. Después, alguien del Tesoro nos filtró la historia al Journal y al final la publicamos los tres. Se desató la tormenta. Hubo congresistas que quisieron juzgarnos por traición. Imagínese, ¡por publicar una historia que nos había filtrado el propio Gobierno!

ProPublica es el primer medio informativo que se pasa a la dark web, al Internet subterráneo. ¿Por qué lo han hecho?

Porque la vigilancia de los Gobiernos puede poner en peligro a nuestras fuentes, o pueden hackearnos. Eso nos obliga a utilizar nuevos medios. Nosotros recibimos información de fuentes oficiales. En el pasado, sus jefes solo podían tratar de averiguar quién había sido el soplón, pero ahora los jefes tienen medios técnicos para saber quién ha llamado a quién o quién ha enviado un correo electrónico a otra persona o quién ha buscado en la web cierta información. Si queremos que la gente nos mande información de forma confidencial, si queremos hacer fuentes, tenemos que crear los mecanismos que permitan que esas conversaciones sean secretas.

Usted ha sido muy duro con la Administración de Obama y su persecución a filtradores.

Es irresistible para un presidente querer impedir que se publiquen ciertas cosas. En el WSJ, cuando había problemas dentro de la redacción, a veces nuestros periodistas hablaban con la competencia y se publicaban artículos que eran embarazosos para nosotros. Los grandes jefes se enfadaban y gritaban: “¿Quién ha sido?, ¿cómo puede estar pasando esto?”. Pero yo les decía: “Mirad, no voy a poner en marcha una caza de brujas. Nosotros vivimos de que la gente nos cuente cosas y no voy a marcar a nadie en mi empresa porque hable con gente de fuera”. Cuando un subordinado hace cosas que te ponen en ridículo, es una reacción natural querer pararlo, pero es que ahora además puedes. Las técnicas que desarrolló la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) para controlar a terroristas puedes usarlas para vigilar a tus funcionarios en el Gobierno. Siempre ha habido documentos secretos, otros muy secretos y otros supersecretos, pero los Gobiernos eran conscientes de que, de vez en cuando, habría alguien que pensaba que lo que se estaba haciendo no estaba bien y lo filtraba. Durante la mayor parte de mi carrera, los Gobiernos no hicieron esfuerzos serios por saber quién filtraba.

Donald Trump ha ascendido al margen de los medios tradicionales. ¿Importan cada vez menos?

Conozco a Donald desde hace muchos años. Es una máquina de generar audiencia. Él lo sabe y los medios lo saben. Él no necesita que The New York Times o The Wall Street Journal escriban sobre él. Ahora ya no hay una barrera para entrar. Yo suelo decir que las mejores decisiones que tomé como director fueron sobre historias que decidí que no se publicaran, no sobre las que sí se publicaron. Pero ahora, si los políticos no acceden a un medio, se van a cualquier otro. Antes necesitaban decenas de miles de dólares en periódicos y televisiones si querían hacer oír su voz. Ahora, lo que precisas es un ordenador y puedes convertirte en un medio tú mismo. Los Donalds se graban, se tuitean y llegan a muchos sitios, y creo que eso es bueno. En América creemos en que la gente diga lo que quiera. Él puede expresarse con tan mal gusto que sería capaz de destrozar a cualquier otro candidato, pero como se espera esas cosas de él, no le pasan factura, al revés. ¿Significa esto que el poder de los medios ha disminuido? Sí.

Paul E. Steiger: “Los poderes esconden lo malo cada vez mejor”

Paul E. Steiger nació en el Bronx y creció en Connecticut, donde también estudió Economía, en la Universidad de Yale. En ese triángulo geográfico ha transcurrido la mayor parte de su vida y desde allí ascendió hasta la cumbre del periodismo financiero mundial. Ha dedicado casi medio siglo a informar. Fue director de información de The Wall Street Journal (1991-2007) y fundó ProPublica después. A sus 73 años, este fanático de los deportes aspira a defender el interés público y destapar los abusos de poder. Los que han trabajado con él dicen que le gusta más escuchar que mandar.

Ustedes pagan 2.800 dólares a sus becarios porque creen que el periodismo de calidad cuesta dinero, pero ¿cómo hacer que el lector entienda que la calidad hay que pagarla? ProPublica vive de la filantropía, pero ese es un modelo difícilmente extrapolable a otros países.

Hay alternativas, y las fundaciones sin ánimo de lucro tienen que ser una de ellas. Es posible que los ingresos de la publicidad en Internet se recuperen en algún momento y que los medios sean finalmente capaces de sobrevivir. Unos con suscripciones digitales y otros no. Pero claro, habrá una sacudida. A principios del siglo XX había unos 1.000 fabricantes de coches en EE UU y se quedaron en tres. No fue de un día para otro, pero sucedió. La burbuja del puntocom en 2001 obligó a cerrar muchas compañías de Internet, pero las que sobrevivieron son más exitosas. Aunque hay muchas variables, encontraremos el camino gracias a una combinación de fórmulas que hagan posible financiar el periodismo de investigación. Mire BuzzFeed, empezaron haciendo listas de gatitos y ahora hacen cosas muy serias.

¿Qué pasará con los grandes medios tradicionales en esta carrera por la fragmentación?

Son ciclos. En algún momento habrá un revival del periodismo basado en los hechos, pero no va a suceder de un día para otro. Los medios que publiquen información coexistirán con los muy partidistas y los consumidores tendrán que tener mucho cuidado con lo que leen y con lo que se creen.

Pese a todo, usted piensa que hoy se hace muy buen periodismo.

Sí, lo que ha cambiado es el panorama. Antes, el acceso a los medios era muy restringido, estaba dominado por un número relativamente pequeño. Ahora tienes nuevos medios con distintas estructuras y formas de hacer llegar el mensaje. Piense por ejemplo en la cantidad de información que recibe de un teléfono. Hace decenas de años la recibías de los periódicos, luego fueron los ordenadores y ahora los teléfonos.

¿Cómo cambia el uso de los teléfonos inteligentes la manera de escribir noticias?

No sé qué es mejor, pero sé que hay cosas que yo quiero saber de forma inmediata. Esta semana, volando de Nueva York a Madrid, había un gran partido de fútbol americano que iba muy igualado y yo no quería esperar hasta llegar a Madrid para saber el resultado. La azafata me regaló una tarjeta para navegar con mi teléfono durante media hora.

Nos hemos vuelto más impacientes.

Sí, claro. Y a veces eso es bueno porque puedes actuar para que tus necesidades se satisfagan pronto.

Ahora se vuelve a hablar del desplome financiero de 2007. El sistema colapsó y los periodistas no lo vimos venir. ¿No se investigó ni publicó lo suficiente o se publicó pero nadie hizo caso?

Se escribieron muchas historias sobre los excesos en el mercado hipotecario, pero no entendimos la magnitud de la historia. Tampoco supimos explicar las complejas técnicas que permitían crear los sofisticados productos financieros, que a la vez eran muy tóxicos. Sabíamos que había gente que contrataba hipotecas basura y que no eran capaces de pagarlas. Y que los que les vendían las hipotecas les hablaban de comprar casas que no se podían permitir. Imagínese, firmaban un viernes y el lunes colocaban las hipotecas en Wall Street, salían de su contabilidad y las empaquetaban como productos financieros que se revendían a jubilados en Alemania o en Japón, o a bancos en Escocia. Los empaquetadores ganaban cientos de millones de dólares.

En la película La gran apuesta apuntan a relaciones tóxicas entre reporteros y empresarios, también en el Journal.

No hay forma de que el periodismo más perfecto –y este desde luego no lo fue– pueda prevenir recesiones y crisis. Me he pasado 41 años cubriendo estos asuntos, he visto muchas subidas y bajadas. Recuerdo una vez en el WSJ, cuando la Bolsa empezó a subir. El Dow Jones se disparó y en la redacción algunos dijimos que aquello era una barbaridad. Corrían los noventa, enseguida llegó la caída y el mercado perdió el 20% de su valor, más de lo que había perdido el lunes negro de la Gran Depresión. Pero luego se recuperó y los precios se estabilizaron. Recuerdo también una vez que una amiga que trabajaba en Citibank me dijo que creía que las acciones estaban infladas de forma grotesca. Y lo estaban, pero sus colegas no dejaban de comprar y les iba bien. Si no comprabas, parecías estúpido. A lo que me refiero es que cunde la sensación de que siempre habrá alguien que se haga cargo, de que la Reserva Federal [Fed] acabará tomando las decisiones adecuadas, de que habrá rescates y de que la Fed inundará el mercado con dinero. Y eso es exactamente lo que pasó en una variedad de episodios en los noventa. Cuando llegamos a 2006-2007, todavía había gente que pensaba que el Gobierno lo haría bien y que apostaba a que las acciones de los bancos subirían. Y luego estaban los tipos listos que aparecen en La gran apuesta, los que sabían que no era así. Aunque puedes lanzar avisos, la gente dirá: “Sí, sí, pero luego vendrá la Fed y todo irá bien”.

Inventemos nuevos productos financieros. Si sale mal nos rescatarán. No iremos a la cárcel. ¿No hemos aprendido nada? ¿Podría volver a pasar?

Exactamente. Solo que la próxima vez será aún peor. No habrá las mismas burbujas, pero habrá otras.

Por un lado hay una cierta demanda de periodismo de investigación. Pero, por otro, no está claro que desvelar un abuso vaya a tener consecuencias ni entre la opinión pública ni entre los políticos. Ha habido grandes revelaciones de torturas, escuchas ilegales… Y a la mañana siguiente, el mundo siguió igual, no cambió nada.

Una de nuestras primeras historias en ProPublica, la de las enfermeras [descubrieron que enfermeras con sanciones disciplinarias e inhabilitadas en un Estado burlaban los registros y trabajaban en otros Estados], provocó dimisiones e hizo que el gobernador de California reaccionara. Es verdad que el periodismo de investigación no va a solucionar todos los problemas, pero sin él, la gente intentará cometer abusos que no se atreverían si pensaran que hay alguien observándolos.

Las redacciones menguan y hay menos investigación, pero a la vez hay una intensa actividad en las redes sociales. Cada vez se producen más contenidos, esa palabra que tanto gusta ahora.

Contenido e inventario [publicitario] son las dos palabras de moda. La Red proporciona una inmensa variedad de opiniones, algunas de ellas muy valiosas, pero eso es distinto a la publicación de datos, es decir, cuando alguien descubre algo. Si quieres hacer algo como lo de las enfermeras, o como lo del dopaje que hicimos con la BBC, o como lo que ha hecho ahora BuzzFeed sobre los partidos de tenis amañados –también con la BBC–, necesitas un buen equipo de periodistas y abogados. El riesgo para un individuo que tratara de hacer algo parecido sería excesivo. Las redes sociales no bastan, investigar cuesta dinero. Es verdad, sin embargo, que para ProPublica las redes han sido fundamentales para expandirnos, sobre todo Twitter.

Usted cuenta que The Wall Street Journal le mandó a casa cuando cumplió los 65. Acto seguido puso en pie ProPublica, tal vez el proyecto más ambicioso de su carrera. ¿Qué tiene de malo la jubilación?

Cuando se acercaba la edad de jubilación en el WSJ, mi esposa me dijo que el primer día que me viera en chándal en casa después de las 10.30 no iba a suponer el divorcio sino directamente el asesinato. Además, a mí me gusta hacer cosas. Tengo 73 años, quién sabe lo que va a pasar. Hay leyes complejas que acaban por salir adelante, pero me temo que hay una que nunca se aprobará: la abolición de la muerte. Solo sé que ahora me lo paso muy bien.

elpaissemanal@elpais.es

Dos holandesas volcadas en la lucha por la memoria histórica se convierten en las nuevas brigadistas internacionales

26 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Su presencia en manifestaciones o actos en los que se reivindica la memoria histórica no pasa desapercibida. Ambas lucen rubias cabelleras, llamativos ojos verdiazules y poseen un color de piel que no es nada habitual en estas latitudes.

Para aquel que aún albergara dudas, su acento las delata definitivamente como extranjeras. Tras encontrárselas en Madrid, Zaragoza, Guadalajara o París, participando en cualquier evento que homenajee a las víctimas del franquismo, cualquiera pensaría que son dos hijas más del exilio español; dos descendientes de alguno de los cientos de miles de republicanos que tuvieron que huir de España tras la victoria de Franco. Sin embargo, la realidad es muy diferente.

Jehanne van Woerkom y su hija Sarah son holandesas y su incondicional apoyo a quienes luchan en España para recuperar la memoria histórica obedece exclusivamente a dos razones: convicción y solidaridad. “Todo comenzó hacia el año 2011. Vi una fotografía en un periódico que llamó mi atención. Era la imagen de un grupo de gente mayor que llevaba retratos de familiares de desaparecidos —nos cuenta Jehanne—. Pensé que debía tratarse de Argentina o de Chile y cuando vi que era la Puerta del Sol de Madrid me quedé noqueada. ¡A solo dos horas de vuelo de mi casa…! Miles de desaparecidos y ¿cómo era posible que yo no supiera nada de ello?”.

Desde ese momento, se volcó en conocer esta historia que le resultaba tan desconocida y encontró la complicidad de su hija Sarah: “Al igual que le pasó a mi madre, mi imagen de España cambió radicalmente al saber que era el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos. Hice numerosos viajes en bicicleta por España, hablando con familiares de las víctimas, visitando algunos de los lugares que simbolizan la represión, horrorizándome con los cementerios en los que hay fosas comunes”.

El compromiso de ambas fue cada vez a más. Asistieron a manifestaciones en Madrid en solidaridad con el juez Baltasar Garzón; a homenajes a las víctimas de la dictadura en Guadalajara, Ronda, Valdenoceda, El Escorial… “Quizás la experiencia más tremenda –confiesa Sarah– fue asistir a la excavación de la fosa de Velilla de Jiloca en Aragón. Eso te marca y no se puede olvidar”.

Jehanne quiso, además, conocer a “la otra parte”, siendo testigo de la misa que se celebró en 2015, en memoria de Franco, en la iglesia de San Fermín de los Navarros: “Fue ver de cerca el rostro del fascismo español. Sentí espanto y escalofríos”.

Arte y militancia

Aunque ella prefiere que la definan como “activista”, no cabe duda de que Jehanne es también una artista. Fue en 1982 cuando comenzó a exponer sus obras para denunciar las situaciones de injusticia que se viven en nuestro mundo: “Ese año asesinaron a cuatro periodistas holandeses en El Salvador”, recuerda.

“El crimen fue orquestado por un alto militar. Era parte de la atroz represión ejercida por el Gobierno de aquel país. Uno de los asesinados era de mi pueblo, Bussum, por lo que decidí no quedarme cruzada de brazos: tenía que contar la verdad, como habían hecho esos periodistas hasta que les mataron”.

Una de las obras artísticas de Jehanne.
Una de las obras artísticas de Jehanne.

Jehanne empezó a tomar fotos de las noticias sobre El Salvador que daban en la televisión y en los periódicos… luego añadía pintura, textos y terminaba haciendo unas impactantes obras que acabó exhibiendo por todo el país. En las siguientes décadas, abordó otros temas sobre los que quería arrojar un poco de luz, como el expolio y los crímenes que los colonizadores europeos perpetraron en América o la matanza de Srebrenica en Bosnia: “Desde entonces, casi todos los años asisto en el cementerio de Potočari, a los actos en recuerdo de las víctimas de la masacre. Sus familiares me emocionan cuando me dicen “tú eres nuestro testigo'”.

En 2014 tuvo madura su primera obra sobre España y la estrenó en el Museo de la Resistencia de Ámsterdam: Memoria histórica, las secuelas amargas del franquismo. Sus impactantes fotomontajes saltaron al año siguiente al Instituto Neerlandés de Estudios de Guerra, Genocidio y Holocausto y en 2016 al Museo de la Paz de Gernika y al Museo de Zaragoza

“Me siento indignada por la forma en que el franquismo sigue presente en España y por la tragedia de sus víctimas. Intento también combatir la ignorancia en Europa, combatir su indiferencia sobre este escándalo que se produce en uno de sus países miembros”.

Sarah, además de apoyar a su madre, aprovecha sus estudios en la Facultad de Estudios Europeos de la Universidad de Ámsterdam para dar a conocer el caso español: “En Holanda el tema apenas se conoce y no se refleja en los cursos o trabajos académicos. Así, sigue oculta la cara más negra de nuestro vecino europeo”.

Estas nuevas brigadistas internacionales están decididas a seguir adelante con su lucha utilizando sus armas: la fotografía, la pintura y la palabra. De hecho, Jehanne tiene ya casi a punto una nueva exposición sobre el franquismo y sus víctimas: “Hoy por hoy la situación que se vive en España es el motor de mi creatividad. ¡Mostrarlo! Destruir el muro de silencio que construyeron a su alrededor. ¡Ese es mi objetivo!”.

“España es el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”

18 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

María Rozalén está en un tren. Viaja a Albacete, su ciudad natal, cuando descuelga el teléfono por la llamada de eldiario.es. Es temprano y tiene poco tiempo: su tercer disco se puso a la venta este viernes y la promoción le obliga a hacer como que cuenta con el don de la ubicuidad, aunque no lo tenga. “Me están haciendo 50.000 entrevistas, afortunadamente. Me he dejado el alma”, dice orgullosa sobre su tercer disco, Cuando el río suena… (Sony Music).

Rozalén creció en Letur (Albacete) escuchando las historias sobre su tío abuelo, que dependiendo de la familia que lo llamase era Ramón o era Justo. Ella estudió Psicología, aunque tocaba la bandurria desde los siete años, componía desde los 14  y había ganado su primer premio musical a los 19.

Durante la Guerra Civil Justo estaba en Transmisiones, en la quinta del Biberón. La compañía fue una de las últimas llamadas a filas por Manuel Azaña entre 1938 y 1939. El presidente de la Segunda República movilizó a jóvenes que por aquel entonces tendrían 17 o 18 años para ir al frente a luchar, por eso el apodo. Justo fue el único de su pelotón que no volvió.

“Mi abuela siempre me relacionaba con él porque también cantaba”, dice Rozalén. Justo era 8 años mayor que ella, que le vio irse con 10 años para no volver nunca más. Hay heridas que nunca terminar de cerrarse.

Hace dos años, mientras la cantautora preparaba el disco, conoció a Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Me pidió que le diese los datos: solo teníamos el nombre, los apellidos, el día que lo mataron y que era de Letur”, dice Rozalén. Hace un año recibe un WhatsApp de Silva, que le dice que su tío abuelo está registrado en una fosa común de Arganda del Rey (Madrid). “Mi familia ni se había planteado buscarlo. Después de 80 años, imagínate”.

Denuncia social, poesía y compromiso

Las cifras bailan cuando se habla de desaparecidos durante el franquismo. Hace apenas dos días, la ONU exigió a España que acelerase la búsqueda de muertos en cunetas. “Somos el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”, denuncia Rozalén. Se estima que aún quedan unas 140.000 personas por encontrar dentro de las fronteras del estado español. “Falta información y falta humanidad”, continúa la artista.

Cuando el río suena… es un disco familiar y comprometido: Rozalén y las historias de sus antepasados, la poeta ante la denuncia social, la xenofobia, el racismo y la desmemoria que tienen los que dicen eso de “ya pasó”. También canta al amor, al despecho, a sus padres e incluso al feminismo.

“En La puerta violeta hablo con mi abuela, con la mujer de su tiempo y el mío”, continúa la cantautora, que confiesa que este tema es “una metáfora de apertura al feminismo que habla sobre un maltrato no físico”. Dice que solo lo podía explicar hablando sobre la diferencia generacional entre mujeres.

María Rozalén
María Rozalén

Para explicar esta brecha, Rozalén habla de cómo su abuela le abronca por no tener hijos aún a los 31 años -“ella dice que ya tenía cuatro hijos”- y de cómo el pensamiento ese de “si no tienes una familia no eres mujer” todavía permanece muy presente en los viejos. “También la filosofía esa de que debemos aguantar. Eso es algo que nuestras abuelas siempre dicen. Yo le contesto: ‘es que no tengo que aguantar esto'”, continúa.

Rozalén, que se congratula de no haber sufrido nunca el machismo en sus carnes, reconoce que “se nos exige mucho más por ser mujeres. Hay mucho que mejorar porque nos siguen asesinando en nuestras casas”. También lanza una crítica contra la corriente del “amor romántico” que últimamente embauca a los jóvenes: “el ‘es que si no tiene celos no me quiere’ está maltratando a muchas niñas jóvenes”. Por eso propone “reformar la Ley de Violencia de Género hasta que baje el número de muertes”.

Rozalén llega a Albacete justo al terminar esta conversación. Se va directa a otra entrevista. Empieza la gira de presentación del disco el día 2 de noviembre en Murcia. Su abuela estará con ella, porque sin su memoria ni la de Rozalén, Cuando el río suena… dejaría de llevar agua. Porque, como dice casi al final de la entrevista, “hay mucho hecho y mucho por hacer”.

Pero, ¿qué unidad?

15 octubre, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

De las tres mentiras del franquismo la de la Unidad es la única que ha sobrevivido al paso del tiempo. Tanto que sigue marcando el día a día político en 2017

MALAGÓN
13 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Estamos produciendo una serie de entrevistas en vídeo sobre la era Trump en EE.UU. Si quieres ayudarnos a financiarla, puedes ver el tráiler en este enlace y donar aquí.

“Una, Grande y Libre”,  la santa trinidad franquista que marcaba el día a día cultural del momento se basaba, como toda propaganda, en una mentira. En este caso en tres. Aquella España, madre de esta, no era Grande, no era ya un imperio como un tiempo atrás, sino un país pobre y aislado en una Europa que vivía una época a la que llegamos cuarenta años tarde. Y llegamos tarde porque España no era Libre, sino un Estado en manos de curas y militares que lo llenaron de uniformidad, nunca de Unidad. La unidad, como el respeto o el cariño, es algo que hay que ganarse, no se puede imponer, es imposible. De las tres mentiras del franquismo la de la Unidad es la única que ha sobrevivido al paso del tiempo. Tanto que sigue marcando el día a día político en 2017. Al partido mayoritario, rebosado por la corrupción, le vale con sacar la bandera de la unidad de España para seguir siendo la opción más apoyada en las urnas, aunque esta unidad ni exista ni haya existido nunca, por mucho que le hagamos la ola a los padres de la Constitución. “Mientras Rajoy defienda la unidad de España y mantenga a raya a los catalanes, yo voy a seguir votándolo”, respondía en televisión, durante la campaña electoral de las elecciones de 2016, un chaval de Madrid tras ser preguntado por si la corrupción le influía a la hora de decidir su voto. El chaval que quería mantener a raya a los catalanes se refería, claro, a la unidad territorial, que es lo único que queda junto al intento de uniformidad si lees la letra pequeña de las mentiras heredadas.

El mejor ejemplo para entender que lo que se ha trabajado no es la unidad, sino la uniformidad, es el idioma. En la parte de la hegemonía cultural española nunca dejó de contarse aquella anécdota repetida mil veces del que viajaba a Catalunya y se encontraba de frente a alguien hablándole en catalán. El colmo de los colmos. O la nueva corriente, más moderna, que consiste en denunciar por televisión escándalos del día a día. Como el de los Mossos explicando en catalán los atentados en Las Ramblas y Cambrils. O como Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno de Aznar, denunciando años atrás en una tertulia que a los niños catalanes se les prohibía hablar castellano en el colegio durante los recreos. En una entrevista en Salvados, Jordi Évole le tendió una trampa. Caminando por la calle en algún lugar de Catalunya, lo acercó a la valla de un colegio durante la hora de recreo. “Vamos a escuchar un momento, Miguel Ángel”. Los micrófonos del programa captaban lo que todo el que haya estado allí un par de veces sabe que viene siendo Cataluña: niños hablando en castellano, otros en catalán e intercambios continuos de una lengua a otra en la misma conversación. Tras hacerle pasar el mal trago de ponerle las imágenes de su denuncia en la tertulia, Miguel Ángel Rodríguez sonreía. “Ya sabes que en las tertulias a veces hay que darle un poco de picante al asunto, Jordi”, seguía sonriendo el que fuera portavoz del Gobierno de España. Portavoz del Gobierno de España. Lo fue tras aquella victoria de Aznar que se celebró al grito de “Pujol, enano, aprende castellano”. Un mes después, Pujol era socio de gobierno de Aznar. Las tensiones territoriales, ya se sabe, se buscan y se encuentran.

No, en España no hay unidad, ojalá la hubiera, pero ni está ni se la espera. Entre otras cosas no se la espera porque, con unidad, el partido que heredó los referentes de la época anterior sería residual. Unidad es riqueza y España, en décadas, no se ha movido demasiado del pobre concepto heredado. Cuando alguna vez entendamos y aceptemos como normal que nada tiene que ver un señor de Guadalajara con una chica de Barcelona o un marroquí con nacionalidad española que trabaja la fresa en Huelva, podemos empezar a hablar de unidad.

AUTOR

  • Soy Gerardo Tecé. Modelo y actriz. Escribo cosas en sitios desde que tengo uso de Internet. Ahora en CTXT, observando eso que llaman actualidad e intentando dibujarle un contexto.

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¿Es política la generación millennial?

20 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Dos artículos dedicados a los millennials salieron el mismo día en el New York Times y en El País. El artículo de  Sarah Leonard y el de  Antonio Navalón hablaban del mismo tema, pero de formas completamente distintas, incluso opuestas. Navalón tenía un tono arrogante y vagamente reaccionario: según él, los millennials no han producido ninguna idea que no sea relativa a una nueva aplicación para el smartphone y no tienen ninguna opinión política.

Sarah Leonard observa, por el contrario, que los más jóvenes han votado mayoritariamente por Sanders, Corbyn y Mélenchon, es decir, tres viejos políticos con un nivel cultural incomparablemente superior a sus oponentes, que reivindican los valores políticos del socialismo y encarnan la coherencia ética de quien no se ha plegado al conformismo de la izquierda neoliberal.

¿Existe la generación millennial?

Antes de preguntarme quién de los dos tiene razón, me pregunto si es legítimo el uso de la noción de generación. ¿Se trata de un concepto sociológicamente fundado o políticamente homogéneo? Diría que no. No existe ninguna homogeneidad generacional sobre el plano de las expresiones culturales o políticas. Existe sin embargo una homogeneidad generacional que depende del contexto tecno-antropológico. Y esto cuenta muchísimo, naturalmente, sobre todo cuando estamos hablando del salto técnico gigantesco que representa hoy la transición digital.

Por tanto, es legítimo indagar en la especificidad de la generación conectiva que los periodistas han llamado “generación millennial”. Pero no me parece igualmente legítimo identificarla como si expresase comportamientos homogéneos sobre el plano electoral o el plano de la acción consciente.

El artículo de Sarah Leonard subraya el hecho de que esta generación está debiendo pagar las consecuencias de la agresividad neoliberal y busca ahora volver a vincularse a la generación de sus abuelos, experimentando un cierto disgusto por la miseria psíquica y moral de la de sus padres, que han aceptado el chantaje neoliberal. El artículo de Navalón me parece superficial e irritante, pero tampoco la aproximación de Leonard me convence del todo. Refiriéndose al comportamiento político, Navalón destaca el rechazo a comprometerse políticamente y la tendencia abstencionista de los más jóvenes, mientras que Leonard dice lo contrario. ¿Tienen razón ambos? ¿O ninguno de los dos?

La generación precaria, a pesar de estar capturada en el universo técnico conectivo, ha comenzado a rechazar la hipocresía de la izquierda neoliberal que la ha condenado a la precariedad y a los salarios de miseria en nombre del interés exclusivo del capital financiero. Pero me pregunto si en muchos casos los más jóvenes no manifiestan un desinterés total por la política por considerarlo un arte del pasado que no parece tener ya ninguna eficacia sobre el presente, reducido como está a ser un ritual de legitimación de los poderes financieros.

En los últimos días, todo el mundo se apresta a saludar al triunfador de las elecciones francesas, pero el acontecimiento significativo no ha sido la falsa victoria del polo de poder que promete desplegar una nueva ofensiva contra los trabajadores. El evento extraordinario ha sido que el 57% de los franceses no ha votado. Macron representa una minoría del electorado francés. Lo ha votado la burguesía de izquierda y la burguesía de derecha que pretenden hacer pagar a los trabajadores cada vez más precarios las cuentas de la sumisión al dominio financiero europeo.

Sufrimiento, malestar, precariedad

En el último decenio, he estudiado la primera generación conectiva (mis libros están dedicados sobre todo a este objeto misterioso). Pero no me he propuesto en absoluto definir a los millennials en términos políticos. Si queremos encontrar un elemento de especificidad es mejor no centrarse en las preferencias electorales, porque es un dato completamente superficial. Hay que enfocar más bien el sufrimiento, la soledad y el suicidio. Son el sufrimiento, el malestar y la precariedad como impotencia y como fragilidad las características que nos permiten, no tanto tener una definición, como aferrar un rasgo de subjetivación posible de la generación conectiva.

Tras la victoria de Trump muchas universidades americanas organizaron distintas iniciativas de apoyo psicológico para los estudiantes traumatizados por el giro que ha dado su país. Algo impensable para mi generación: habríamos arrasado la ciudad a hierro y fuego para detener el avance del fascismo. Pero sería un idiota si en esta oposición generacional me quedase con un aprecio reaccionario por la mitología agresiva de mi generación. La trayectoria de formación de la conciencia es indisociable de contextos técnicos y culturales que son totalmente diferentes.

En Estados Unidos se habla de snow flake generation (generación copo de nieve) para proponer una nueva definición de los súper-observados millennials. La fragilidad de un copo de nieve es una característica psicológica, tal vez estética, sólo de manera muy indirecta política.

Los blairistas-macronistas deberán responder ante el tribunal de la historia (que no existe) por la destrucción psíquica y la instrumentalización de una generación que contiene potencialidades inmensas, pero no ha sabido transformarlas en un proceso consciente y organizado. La izquierda neoliberal ha engañado a las generaciones emergentes, que ahora parecen empezar a comprender el truco y ya no se dejan capturar tan fácilmente en el mito idiota de la competición a muerte con fines de crecimiento y la auto-explotación.

Cuando los millennials se vuelvan capaces de transformar su fragilidad en autonomía comenzará quizá un proceso verdadero de liberación, que no pasa por las elecciones (o no sólo por ahí), sino que deberá involucrar la auto-organización del saber y la tecnología, la distribución de la riqueza, la libertad del trabajo y la emancipación del hacer.

Cuando los millennials se liberen de las mentiras en las cuales el blairismo-macronismo los ha enjaulado, cuando encuentren el camino hacia la amistad que hoy tanto les asusta, entonces tal vez la salida del infierno capitalista aparecerá como algo más simple de lo previsto: esta vía de salida coincide con la solidaridad y conduce a liberar la única potencia de la que disponemos (los millennials más que todas las generaciones precedentes): la inteligencia colectiva, la amistad en el conocimiento.

Una entrevista a Franco Berardi (Bifo) en ‘Interferencias’, por Amador Fernández-Savater:  “Una sublevación colectiva es antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico”.

Esta es la lista completa de los escándalos de Uber

10 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Uber se ha visto sacudido últimamente por una constante oleada de escándalos y publicidad negativa, incluyendo revelaciones de programas de espionaje, una demanda por tecnología de alto riesgo, reclamaciones de acoso sexual y discriminación, y vergonzosas filtraciones sobre la conducta de sus ejecutivos.

Los desastres de relaciones públicas culminaron con su director ejecutivo Travis Kalanick cogiendo una baja indefinida la semana pasada, y con las promesas de una reforma audaz que ignoraba en gran medida la relación tensa de la compañía con los conductores. Finalmente,  Kalanick ha dimitido por las presiones de los accionistas.

Por si te habías perdido algún capítulo del culebrón Uber, aquí va una lista cronológica con algunos de los escándalos más importantes.

Sexismo”boob-er” (febrero de 2014)

El ya ex director general de Uber, Travis Kalanick, habló en una entrevista sobre su creciente atractivo desde que es dueño de la empresa, y le dijo a un reportero de Esquire que debió llamarla “Boob-er” [‘boob’ se llama coloquialmente a los pechos de la mujer y ‘boober’ se puede significar pene]. 

Selección de competidores (agosto de 2014)

Uber se enfrentó a acusaciones porque reservó miles de paseos falsos de su competidor Lyft, en un intento de reducir sus beneficios y servicios. Los reclutadores de Uber también enviaron supuestamente spam a los pilotos de Lyft.

El escándalo “Vista de Dios” (noviembre de 2014)

El ejecutivo de Uber, Emil Michael, sugirió ensuciar la reputación de periodistas y difundir información personal de una periodista que criticaba a la compañía. Luego se disculpó. También reveló que Uber tiene una tecnología llamada “Vista de Dios” que permite a la compañía rastrear las ubicaciones de los usuarios, aumentando los problemas de privacidad. Además, un gerente accedió al perfil de una periodista sin su permiso.

Espiando a Beyoncé (diciembre de 2016)

Un exinvestigador de Uber reconoció que los empleados regularmente espiaban a políticos, ex y actuales personalidades, incluyendo a la cantante Beyoncé.

El fracaso del piloto automático

Los reguladores en California ordenaron a Uber que retirara vehículos automáticos de la carretera después de que la compañía hiciera pruebas sin permiso con coches sin conductor. El primer día del programa, los vehículos fueron pillados saltándose semáforos en rojo, y usuarios de  bicicletas de San Francisco plantearon dudas sobre los peligros que pueden suponer esos vehículos para los carriles bici. La compañía definió como “error humano” a los problemas de los semáforos en rojo, pero el New York Times afirmó más tarde que las declaraciones de la empresa eran falsas y que la tecnología automática fallaba.

Publicidad engañosa (enero de 2017)

Uber se vio obligado a pagar 20 millones de dólares (18 millones de euros aproximadamente) para resolver las acusaciones de haber engañado a los conductores prometiéndoles falsas ganancias. La Comisión Federal de Comercio alegó que la mayoría de los conductores de Uber ganaban mucho menos que las tarifas publicadas por Uber en Internet en 18 ciudades importantes de los Estados Unidos.

DeleteUber se hace viral (enero de 2017)

La campaña #DeleteUber se hizo viral después de que la compañía aumentara los precios durante la protesta de taxistas de Nueva York contra el veto migratorio de Donald Trump. Aproximadamente 500.000 usuarios borraron supuestamente sus cuentas tras el escándalo.

Lazos con Trump (febrero de 2017)

El director ejecutivo Travis Kalanick dimitió del consejo asesor de Trump después de que los usuarios amenazaran con un boicot. Kalanick dijo: “Unirse al grupo de asesores no significaba respaldar al presidente o sus políticas, pero desafortunadamente se ha interpretado mal”.

Escándalo de acoso sexual (febrero de 2017)

La exingeniera de Uber, Susan Fowler, se hizo pública con denuncias de acoso sexual y discriminación, lo que llevó a la compañía a contratar al exfiscal general Eric Holder para investigar sus acusaciones. Esta historia generó un amplio debate sobre el sexismo y la mala conducta en las empresas de Silicon Valley.

La demanda de Google (febrero de 2017)

Waymo, la compañía de coches automáticos de la sociedad matriz de Google Alphabet, presentó una demanda contra Uber, acusando a la empresa de robar su tecnología. La demanda, que podría ser un revés fatal para las ambiciones de coches autónomos de Uber, sostiene que un exempleado de Waymo, Anthony Levandowski, robó secretos comerciales para Uber. El ingenirero  Levandowski fue despedido más tarde por Uber.

Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años
Google dice que sus coches sin conductor han tenido 11 accidentes en 6 años EFE

Aplicación para esquivar la ley (marzo de 2017)

El New York Times informó que Uber durante años utilizó una herramienta llamada Greyball para engañar sistemáticamente la aplicación de la ley en ciudades donde la compañía violaba las leyes locales. La compañía utilizó Greyball para identificar a las personas que se cree que están trabajando para agencias de la ciudad, llevando a cabo operaciones muy importantes, según informó el Times. Las revelaciones llevaron al lanzamiento de una  investigación federal.

El director grita a un conductor (marzo de 2017)

Kalanick fue grabado por una cámara discutiendo con un conductor de su propia empresa, que se quejaba sobre la dificultades de conseguir unos ingresos razonables con las malas tarifas de la compañía. El director ejecutivo gritó al conductor: “A algunas personas no les gusta asumir la responsabilidad de su propia mierda. … Culpan a alguien de todo lo que les ocurre en su vida. ¡Buena suerte!”. Más tarde emitió una disculpa y dijo que tenía la intención de obtener ayuda para “mejorar su liderazgo”.

Prostitutas en Seúl (marzo de 2017)

Según el periódico de información tecnológica the Information, un grupo de empleados de alto nivel, incluyendo a Kalanick, visitaron un bar “escort” y de karaoke en Seúl en 2014. Esto provocó una queja a Recursos Humanos de una gerente de marketing de Uber. Los clientes en este tipo de bares suelen seleccionar mujeres para cantar karaoke antes de llevárselas a casa.

Espiando a la competencia (abril de 2017)

Un programa secreto que Uber denominaba Hell (infierno) permitía a la compañía espiar a su rival Lyft para descubrir a los conductores que trabajaban para la competencia.

Conductores mal pagados (mayo de 2017)

Uber  aceptó pagar decenas de millones de dólares a los conductores de  Nueva York después de admitir que les pagó menos durante dos años, al hacer un descuento en las tarifas más alto del que tenía derecho a realizar. El promedio de desembolso por conductor se espera que sea alrededor de 900 dólares (807 euros, aproximadamente).

20 empleados despedidos (junio de 2017)

Uber confirmó que ha despedido a más de 20 empleados después de una investigación sobre las demandas de acoso sexual y una cultura sexista y agresiva en el lugar de trabajo.

Culpar a una víctima de violación

Los informes revelaron que un alto ejecutivo de Uber había obtenido el historial médico de una mujer que fue violada por un conductor de Uber en India, supuestamente para poner en duda el testimonio de la víctima. Según la web de tecnología Recode y el New York Times, el ejecutivo, Eric Alexander, fue despedido después de que los periodistas se enteraran del incidente. La mujer más tarde demandó a la compañía por violar sus derechos de privacidad y difamarla.

Kalanick de coge una baja indefinida (junio de 2017)

Kalanick anunció que se cogía una baja indefinida tras el informe sobre la cultura empresarial y el clima de trabajo, cuyas conclusiones recomendaban a Uber “revisar y reasignar” las responsabilidades del director ejecutivo.

Comentario machista en el consejo de administración (junio de 2017)

David Bonderman dimitía de la junta de Uber después de hacer un comentario machista a su compañera de la junta directiva, Ariana Huffington, durante una reunión pensada para mejorar la situación de acoso y sexismo en la empresa. El inversor bromeó con un comentario en el que insinuaba que las mujeres no hacen más que hablar. Se disculpó y dimitió horas después.

Traducido por Alicia Stein