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14 de abril: la Segunda República vista desde la lengua de una mariposa

20 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Una vez recogidos los animales y cerrada la puerta de casa, el padre se sentaba a liarse un cigarrillo junto a la chimenea, la madre cosía con la tenue luz de las brasas dejándose la vista en no perder el hijo y el hijo pequeño sacaba de la cómoda el libro que les había correspondido, se sentaba junto al fuego y comenzaba a leerles una historia a sus padres. La imagen resulta inusual, pero fue muy real en miles de pueblos españoles en los que los cambios de la Segunda República, su esfuerzo en alfabetizar el país construyó ese momento histórico en el que los hijos de jornaleros analfabetos pudieron recibir instrucción pública y, una vez que sabían leer, acceder a alguno de los 600.000 libros que las misiones pedagógicas distribuyeron por más de 5.000 pueblos, donde apenas unos pocos señoritos eran propietarios de libros que no fueran la biblia.

La imagen de esos hijos contándoles cuentos a sus padres forma parte de la historia de uno de los proyectos pedagógicos más hermosos que se han desarrollado en la historia de la humanidad. Explica milimétricamente, además, lo que fueron los proyectos de transformación social de la Segunda República y todo el esfuerzo educativo que llevó a cabo para luego caer en ese agujero de la historia al que el fascismo arrastró a este país que estuvo durante casi veinte años de la dictadura sin construir un solo centro de enseñanza.

Cultura para escapar del hambre, para adquirir ciudadanía, para conocer los derechos, para igualarse con los que pontificaban desde los púlpitos y los cortijos de los latifundios. Había tardado en llegar el siglo de las luces, pero cuando el trabajo de la Institución Libre de Enseñanza se convirtió en guía de la política educativa, España inició un periodo de profunda transformación social, construida desde las urnas y el deseo de abandonar el atraso secular con el que los grandes estamentos españoles habían condenado a la ciudadanía.

De pronto el Estado, ese instrumento que regulaba de forma amañada los grandes intereses, extendió su radio de acción, se volvió inclusivo, señaló como ciudadanas a millones de personas que hasta entonces eran insignificantes para las autoridades.

La Segunda República nació de forma pacífica, desde las urnas, pasando por los ayuntamientos y por el convencimiento mayoritario de que la monarquía era el principal impedimento para modernizar la sociedad. Mujeres llamadas a votar, cientos de miles de personas analfabetas que dejaban de serlo, remodelación de un Estado que hasta entonces estaba al servicio de la iglesia católica y de los latifundistas; redacción de la primera Constitución en el mundo que admitió como propio el derecho humanitario elaborado por la sociedad internacional hasta la época.

Fue un momento hermoso sobre el que la dictadura echó toneladas y toneladas de difamaciones, de falsificaciones, de generalizaciones, repitiendo y repitiendo el relato de la violencia, los conflictos sociales, los brotes revolucionarios, para justificar la necesidad del fascismo, de filonazismo, de una mano dura que pusiera orden.

Escondieron y sepultaron a los hombres y mujeres que llegaban a los pueblos más recónditos con bibliotecas portátiles, con gramófonos, llevando la cultura a toda la ciudadanía como un derecho, sacando el poder de la enseñanza de las sacristías, de los casinos de los propietarios, de las instituciones constituidas por y para privilegiados.

Contaba un octogenario Agustín Aragón, en el año 2002, al pie de una fosa común en la localidad burgalesa de Caleruega que en los años de la república él era pastor y había sido alcalde de su pueblo, Espinosa de Cervera. Lo explicaba entre bocanada y bocanada del oxígeno de la bombona. “Eso fue la República, que un pastor como yo podía ser alcalde”.

Los años de la Segunda República concentraron el deseo de generaciones y generaciones de desposeídos, de iletrados, de descalzos, de olvidados, de personas cuya existencia estaba destinada a servir a señoritos, a trabajar para señoritos, a dejar su destino en manos de señoritos.

La metáfora más hermosa para explicar el significado de lo que fue la Segunda República está escondida en los pliegues de La lengua de las mariposas, la película de José Luis Cuerda basada en el relato del escritor gallego Manuel Rivas. En ella hay una escena en la que el maestro republicano, cumpliendo el rito de la Institución Libre de Enseñanza de mantener el contacto del alumnado con la naturaleza, sale a pasear con ellos a observar las plantas, las aves, los insectos.

Hay un momento en que una mariposa se posa sobre una flor y entonces uno de los alumnos pregunta cómo consigue mariposa introducir su lengua en la flor para libar el néctar. Y el maestro para que lo entiendan todos, les pone un ejemplo extraído de la propia vida de los niños. Le explica que cuando está en casa y quiere tomar azúcar a escondidas, una vez que se asegura de que no hay nadie en la cocina, acerca una silla a la pared de la estantería se sube a ella en busca del bote del azúcar, lo coge, le quita la tapa y cuando ya lo tiene al alcance de la mano se chupa la punta de un dedo y pone el dedo sobre el azúcar. En ese momento, le explica el maestro, cuando el dedo está en contacto con el azúcar el niño ya está sintiendo el dulzor que tardará unos segundos en estallarle en la boca.  La Segunda República fue para millones de personas, después de decenas y decenas de generaciones, su primera oportunidad para poner un dedo sobre el azúcar de la historia.

Los miles de libros que las personas que formaban parte de las Misiones Pedagógicas repartieron a lo largo y ancho del país, eran el manual de instrucciones de una sociedad que llevaba siglos siendo esperada. El valor ético de los hombres y mujeres que llevaron a cabo ese esfuerzo es un patrimonio sin el que será posible reconstruir el civismo ético y el compromiso necesario para volver a poner el bote de azúcar de la historia al alcance de las manos de quienes necesitan de la decencia democrática para dejar de sufrir.

 

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Viñetas para que hasta Rajoy entienda por qué la filosofía es importante

4 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“No se puede aprender filosofía, tan solo se puede aprender a filosofar”, observaba Immanuel Kant sobre cómo instruir la materia. El objetivo no es memorizar una lista de teorías, sino aprehender el porqué de las cosas. De esta manera, el amor a la sabiduría es el único motor necesario para cuestionarse por aspectos tan esenciales como la existencia, la moral o el lenguaje que, a pesar de su antigüedad, continúan siendo tan importantes como siempre.

Filosofía en viñetas, publicado en España por la editorial Penguin Random House, propone un recorrido de más de 2.500 años para conocer los mayores exponentes del pensamiento occidental. “Al principio teníamos todas las respuestas a las preguntas de la vida. O, más bien, teníamos una que servía para todo: es cosa de Dios. Lo malo es que en realidad no nos decía nada útil”, comienza planteando una obra que invita a la reflexión en cada una de sus 170 páginas.

Michael F. Patton, catedrático y director de filosofía en la Universidad de Montevallo (Alabama), es el guionista de esta excepcional clase de filosofía ilustrada a través de ejemplos y metáforas, muchas metáforas. “Cuando hablamos de ideas abstractas en ética y metafísica, por ejemplo, no hay nada tangible que señalar, por lo que terminamos usando metáforas para aclarar nuestras ideas”, explica el docente refiriéndose a los recursos empleados en su obra.

Filosofia

De hecho, el libro en sí es una metáfora. El encargado de guiarnos por todo este viaje es el presocrático Heráclito, que valiéndose de su canoa nos invita a una travesía por el río de la filosofía. El sabio griego es para el libro lo que un buen profesor para sus alumnos: se detiene a explicar teorías, presenta cada filósofo que se incorpora al relato, o incluso aclara conceptos tan necesarios como cogito ergo sum (pienso, luego existo).

Pero Filosofía en viñetas no solo es una experiencia narrativa, también visual. De esa parte del trabajo, no menos importante, se encarga Kevin Cannon. El ilustrador previamente colaboró con grandes editoriales como DC Comics o Hill and Wang, aunque esta vez la técnica ha sido diferente. “Uno de los principales desafíos visuales ha sido crear caricaturas que ayuden al lector a diferenciar cada filósofo”, aclara el dibujante.

Un desafío que, según confiesa el artista, conoce bien por su etapa como estudiante: “Me resultó muy difícil distinguir a los filósofos occidentales. En mi cabeza todos parecían viejos blancos con barba”. Al exagerar los rasgos de estos pretende justo lo contrario: que sean reconocibles a primera vista, desde los pelos desaliñados de Demócrito hasta el gran bigote de Nietzsche.

Diseñado para educar, también para entretener

Uno de los principales retos de Filosofía en viñetas era el de explicar complejas teorías en un pequeño espacio y que, al mismo tiempo, fueran divertidas. Michael Patton asegura que “a veces fue difícil”, pero que al final alcanzaron “el equilibrio correcto” gracias, en parte, a su experiencia como profesor. “Siempre trato de dar clases entretenidas para que los alumnos sigan viniendo”, aclara.

La obra no pretende ser un manual detallado de cada autor, sino un acercamiento para familiarizar al lector con algunos conceptos básicos. De hecho, el propio Heráclito que hace de guía advierte en las primeras páginas que no es una sinopsis exacta ni desde luego completa. Pero, como en cualquier campo, siempre hay que partir de una introducción. “Espero que ayude a estimular el interés para aprender más”, menciona Patton.

Heráclito

Filosofía en viñetas es un trampolín hacia la sabiduría, pero no uno demasiado convencional. El libro prefiere contar la historia de forma no lineal y opta por dividir a los autores según conceptos como la lógica, la percepción o la ética. Su autor revela que en sus clases probó a enseñar filosofía de dos maneras: fragmentada en periodos históricos o como un solo problema abordado filósofos de diferentes épocas. Para Patton, el último enfoque es el ganador: “Creo, quizás erróneamente, que funciona mejor para los estudiantes y su nivel de interés”.

Otro aspecto que el propio libro destaca es la ausencia de mujeres filósofas por estar infrarrepresentadas en el canon establecido. Patton considera que debería existir “una mayor representación” de estas autoras, pero que “hasta hace poco habían muy pocas históricamente influyentes”, algo que “afortunadamente está cambiado a medida que los analistas revelan sus contribuciones”.

El docente sostiene que este es “un libro breve”, y que por eso tuvieron que “tomar decisiones sobre cómo proceder con la narración”. Simone de Beauvoir, Hipatia, María Zambrano… son solo algunas de las que se quedan en el tintero. “Una obra similar dentro de diez años tendrá una mayor representación de pensadoras”, mantiene.

Lo que no aprendemos sin filosofía

Desde que entró en vigor la LOMCE (2013), el gobierno de Mariano Rajoy eliminó Historia de la Filosofía como asignatura troncal para 2º de Bachillerato e hizo desaparecer Ética y Educación para la Ciudadanía en la ESO. “Tenemos que entonar el ‘mea culpa'”, admitió en 2017 la portavoz de Educación en el Congreso, Sandra Moneo, sobre la ley educativa que su propio partido aprobó.

René Descartes en 'Filosofía en viñetas'
René Descartes en ‘Filosofía en viñetas’

“Nos encontramos con chicos y chicas que no tienen ni idea, que no se hacen preguntas porque no les hemos enseñado”, afirmó a este periódico la Red de Profesores de Filosofía. En la misma línea se sitúa Patton, al que le preocupa cómo “los campos que muchas personas creen mejor para conseguir trabajo son bastante malos para modelar y enseñar un pensamiento crítico”.

El profesor de la Universidad de Montevallo confiesa que “no tenía ni idea” de que filosofía era una asignatura troncal en España. Aun así, le parece “devastador que el requisito ya no esté vigente”. Continúa diciendo que en los Estados Unidos “nunca ha existido la enseñanza obligatoria de la filosofía en las escuelas públicas”, algo que considera “una pérdida terrible para nuestros estudiantes”. Una pérdida que libros como Filosofía en viñetas tratan recuperar, al menos en parte, para demostrar cómo de necesario es hacerse preguntas para encontrar respuestas.

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