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El español que engañó a la Gestapo

1 julio, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Carolina tenía 15 años cuando vio en televisión La lista de Schindler. A su lado se encontraba su abuela Carmen, que no tardó mucho tiempo en apartar los ojos de la pantalla: “No puedo con estas películas. Se me hace muy duro verlas porque mi padre… tu bisabuelo estuvo en uno de esos campos de concentración”. Aquella frase se quedó grabada en la mente de aquella adolescente junto a las dantescas escenas en blanco y negro que contempló en el televisor. Carolina empezó a hacer preguntas, a leer libros y ver documentales. Años después decidió investigar a fondo la historia de su bisabuelo. Cuando empezó a dirigirse a diversos archivos nacionales e internacionales para recabar datos y documentos, jamás imaginó que lo que descubriría también le habría permitido a Steven Spielberg rodar un terrible y a la vez emocionante largometraje.

Antonio Sierra Cid creció en el seno de una humilde familia de Pinos Puente (Granada). Durante su juventud se trasladó a la vecina localidad de Peligros. Allí y en las plazas de las localidades cercanas hizo sus primeros pinitos como torero, siendo conocido con el sobrenombre de ‘El Pintaíto’. Militante de la UGT, el golpe de Estado de julio de 1936 le sorprendió con 46 años, esposa y cinco hijos. Aún así, se alistó como voluntario en las filas del Ejército republicano con el que participó en diversas batallas, ascendió a sargento y resultó herido en una mano. En febrero de 1939 cruzó la frontera hacia Francia escapando de las tropas franquistas.

Tras pasar, junto a medio millón de exiliados españoles, por los campos de concentración franceses habilitados en las playas próximas a Perpiñán, Antonio se alistó en la Legión Extranjera para librar una segunda guerra contra el fascismo. Su unidad fue el 12º Regimiento Extranjero de Infantería (R.E.I.), con el que intentó detener el avance de los soldados alemanes en los alrededores de la localidad de Soissons. En junio de 1940 fue capturado por los nazis. Inicialmente fue tratado como un prisionero de guerra más: cautivo, pero con los derechos establecidos en el Convenio de Ginebra. Así permaneció nueve meses en los campos de prisioneros de guerra de Drancy y Hammelburg, antes de ser enviado a un grupo de trabajo en la localidad alemana de Haßfurt.

Engañando a la Gestapo

Todo cambió durante la primavera de 1941. El 1 de abril, la Gestapo se presentó en Haßfurt y lo trasladó a una prisión. Durante los meses anteriores, cerca de 7.000 compatriotas ya habían vivido una situación similar en diferentes puntos de la Europa ocupada. Las conversaciones entre el régimen franquista y la Alemania de Hitler provocaron que los españoles dejaran de ser considerados por los nazis prisioneros de guerra y fueran enviados a Mauthausen para ser exterminados.

El 4 de abril los agentes de la Gestapo de Würzburg interrogaron a Antonio. El ya veterano luchador granadino tuvo la sangre fría suficiente para mentir, una y otra vez. Su objetivo no era solo protegerse a sí mismo, sino mantener a salvo a su familia que continuaba en España a merced de Franco. Sin duda fue esa la razón por la que afirmó que era soltero, se quitó diez años de edad y facilitó una dirección de la ciudad de Granada en la que dijo vivir con sus padres. “Tengo dos hermanos y dos hermanas. Mis padres y hermanos estaban vivos cuando yo residía en España. Si entretanto se mudaron de domicilio o bien si algo les pasó, eso no lo puedo decir. Desde febrero de 1939 hasta hoy no he recibido más noticias suyas”, puede leerse en la declaración que la Gestapo tradujo al alemán.

Ficha de prisionero de Antonio Sierra en el campo de concentración de Mauthausen
Ficha de prisionero de Antonio Sierra en el campo de concentración de Mauthausen

A partir de ahí, Antonio se dedicó a minimizar su compromiso con la República y ocultó tanto su participación voluntaria en la defensa de la democracia como su ascenso a sargento: “Durante mi residencia en España, no participé como militante de ningún partido político. Únicamente formé parte de la UGT. Esta organización ofrece asistencia social a la clase obrera pero no propugna ningún objetivo político. No tengo antecedentes penales (…) En julio de 1936 fui llamado al batallón 24º de infantería, en Deifontes. Fui herido en combate en la mano derecha. Tras sufrir la herida fui replegado y el resto del tiempo ya no participé en más combates. No tenía ninguna oportunidad de pasarme a las tropas de Franco; además, antes habría sido fusilado por mi propio destacamento…”.

En la misma línea, Antonio también mintió al relatar su paso por el Ejército francés: “No me entregaron arma alguna. En los alrededores de Perpiñán colaboré junto a una gran compañía en la ampliación de un refugio antiaéreo y otras instalaciones para la defensa. Yo no participé en ninguna batalla contra los alemanes”. A pesar de sus intentos de ocultar su lucha contra Franco y contra Hitler, la Gestapo le sentenció catalogándolo como Rotspanier, rojo español. En la ficha que sobre él elaboró la policía política de Hitler se incluyeron tres retratos suyos (uno de frente y dos de perfil), una hoja con sus huellas dactilares, copia de su declaración y una descripción física en la que se mencionaba su altura, el color de sus ojos, su piel “bronceada”, su aspecto físico “regordete” y la presencia de una cicatriz en su mano derecha. Antonio aún pasó mes y medio encarcelado en Würzburg. En ese tiempo la Gestapo interrogó a otros cinco españoles que acabarían compartiendo el transporte que les conduciría hasta Mauthausen. Los seis atravesaron las puertas del campo de concentración el 24 de mayo de 1941. Solo Antonio lograría sobrevivir. Cuatro de sus compañeros de convoy fueron asesinados en Gusen y el quinto pereció en la cámara de gas del Castillo de Hartheim.

Mauthausen, una amarga liberación

El granadino recibió el traje rayado y el número de prisionero 5.874. Tenía 51 años en un lugar en el que los deportados llamaban “viejos” a todos aquellos compañeros que superaban la treintena. Nunca pudo olvidar el sufrimiento extremo que pasó trabajando en la tristemente célebre cantera de granito. En diciembre de 1942 los SS le enviaron al subcampo de Gusen, conocido como El Matadero. Contra todo pronóstico, Antonio logró sobrevivir y se convirtió en uno de los pocos españoles con más de 50 años que asistieron a la liberación de Mauthausen, el 5 de mayo de 1945, por parte de las tropas estadounidenses.

Viajó hacia París con lo puesto. Sus intentos de contactar con su familia en Granada fueron infructuosos. La información que le llegó en aquellos confusos momentos le llevaron al convencimiento de que tanto su mujer como sus hijos habían muerto durante la guerra. Sumido en la tristeza, Antonio arrastraba unas terribles secuelas físicas y sobre todo psíquicas de su cautiverio. Durante 15 años vivió en una pequeña y húmeda habitación adosada a un bar. Trabajó como tintador de ropa en el negocio de un comerciante judío que había conocido en Mauthausen. Así, solo y deprimido, se lo encontró casualmente un granadino que se había perdido por las calles de París. Antonio le contó su historia, le habló de que su familia era precisamente de Granada, más concretamente de la localidad de Peligros. El despistado visitante se comprometió, cuando regresara a España, a averiguar si le quedaba algún familiar con vida. El hombre pasó un año trabajando en Alemania, pero pasado ese tiempo, cumplió su promesa.

Antonio “resucita” en Peligros

“Yo era solo un niño. Estaba con un amigo a las afueras de Peligros cuando se presentó un hombre a caballo que me preguntó si conocía a Carmen ‘la de Agustina’. ¡Cómo no la iba a conocer si era mi abuela! Le indiqué dónde vivía. Luego fui tras él. Cuando llegué le vi hablando con mi abuela, con mi madre y con una vecina. Enseguida empezaron todos a llorar y a abrazarse. Les estaba contando que mi abuelo estaba vivo”. Ese niño era Manuel, uno de los nietos de Antonio. Esa abuela que lloraba era Carmen, la esposa del luchador granadino que desde 1939 vestía de luto riguroso por un marido que creía difunto. Era una mañana de 1961 o 1962… nadie recuerda con exactitud la fecha… nadie recuerda el nombre de aquel inesperado visitante, solo que era de la vecina localidad de Güevéjar… pero nadie ha podido olvidar ese día en el que aquel desconocido llevó la buena nueva a Peligros: Antonio Sierra estaba vivo.

En 1962 uno de los hijos de Antonio viajó a París desde la ciudad alemana en la que vivía y trabajaba. “Se presentó en el bar, se lo encontró y se lo dijo: ‘Tú eres mi padre’. No podía creérselo porque creía que todos habíamos muerto”, relataba Carmen, otra de sus hijas. Antonio estaba tan delicado de salud y vivía en unas condiciones tan precarias que su hijo se lo llevó a Alemania. Allí pasó cerca de un año, mientras en España su esposa realizaba el papeleo ante las autoridades franquistas para intentar garantizar que si regresaba no sería encarcelado ni asesinado. “Él no quería volver porque pensaba que, si lo hacía, le iban a cortar el cuello”, recordaba su hija Carmen. Antonio, finalmente, venció sus temores y el primer día de 1963 pisó nuevamente las calles de Peligros.

Antonio tras su "resurrección" en París junto a su hijo y su nuera
Antonio tras su “resurrección” en París junto a su hijo y su nuera

“¡Cómo iba a olvidar ese día! ¡Ojú, por Dios! Era el uno de enero y habíamos matado un choto para celebrarlo”, recordaba Carmen. “No quería contar ná. No quería ni hablar de lo de Mauthausen, de todo lo que había pasado allí”. Su nieto Manuel tampoco pudo olvidar aquellos días: “En Peligros fue un acontecimiento no solo para la familia sino para todo el pueblo. Por allí desfiló medio Peligros… gente de izquierdas y también de derechas que habían sido amigos suyos”.

Antonio nunca se recuperó ni física ni psíquicamente de su paso por el infierno nazi. “Tenía días buenos, pero otros… Se colgaba sus medallas y ese día no se le podía hablar. Y salía a la calle con las medallas puestas y con un gorro cordobés. ¡Menos mal que vivíamos en un cortijo y no le veía nadie!”, recuerda con una sonrisa Manuel. Cinco años después de su regreso a Peligros, Antonio falleció. Era un gélido 13 de enero de 1968. Tenía 77 años y una historia que no conoceríamos de no ser por el empeño de aquella niña que una noche tembló al saber que su bisabuelo podía haber sido uno de los protagonistas de La lista de Schindler: “La peor derrota después de tanto sufrimiento habría sido el olvido —asegura a eldiario.es—Yo lo que he querido es aportar mi granito de arena para que no fuera así”.

Cómo el franquismo acabó con una partida de guerrilleros anarquistas en los años 50

18 junio, 2019

Fuente: http://www.publico.es

Hubo un tiempo, antes de la llegada de miles de migrantes a nuestras costas en pleno siglo XXI, en el que los propios españoles huían sin rumbo hacia la otra orilla de África. Desde el Sur de Europa. El investigador José Antonio Jiménez Cubero ha sacado a la luz una historia inédita. La de un grupo de anarquistas andaluces que desesperados por el cerco policial, esperaron en mayo de 1950 a que el Comité Regional de la CNT en Andalucía organizara su huida hasta la ciudad Casablanca.

Imagen de la La Fermín Galán y los restos de la 3ª Agrupación

Imagen de la La Fermín Galán y los restos de la 3ª Agrupación

La operación estaba prevista para el 29 de mayo, pero resultó un auténtico fracaso. Cuatro de aquellos maquis fueron abatidos huyendo de las fuerzas policiales. Dos de ellos fueron fusilados, casi los últimos de los que se tiene constancia en el cementerio de Sevilla en el año 1952. La guerrilla se extinguía de un soplo. El 75 por ciento de sus miembros fueron eliminados. Huían desesperadamente en busca de una salida.

El investigador sevillano, Jiménez Cubero, narra en su investigación “La aciaga noche del 29 de mayo: Algeciras 1950”, cómo “desde finales de 1949, los miembros del Comité Regional de la CNT de Andalucía establecido en Sevilla, tenían claro que la situación comenzaba a ser sumamente peligrosa y corrían un alto riesgo sino lograban abandonar el país”.

Antonio González Tagua, Secretario del Comité Regional de Andalucía recibió una notificación del Comité Nacional del Exilio. “En aquel documento se indicada que la organización no podía enviarle dinero ni documentación por carecer de medios”. Tenían que actuar con sus propios recursos, sin ayudas de ningún tipo, aunque el riesgo los llevara a una muerte casi segura.

La eliminación de la guerrilla en 1951

Antonio González Tagua

Antonio González Tagua

A finales de 1949 las guerrillas que operaban en Andalucía, La Fermín Galán, la Agrupación Roberto y los restos de la 3ª Agrupación, estaban en su recta final. “Prácticamente todos los Comités Comarcales de la CNT (única organización que aún apoyaba a las guerrillas) de Jerez, Ubique y Cazalla de la Sierra, así como el Regional de Sevilla habían sido desmantelados por las fuerzas policiales de Franco y la mayoría de sus miembros asesinados o encarcelados”.

Cubero señala a Público como los informes de la Guardia Civil a comienzos de 1951 indicaban como “la situación empeoraba de mes en mes con la practica eliminación de sus redes de enlace y suministro en la mayor parte de los territorios donde operaba”.

Los Comités Comarcales iban cayendo lentamente en cada uno de los pueblos donde la guerrilla había cobrado una importante fuerza. En Cazalla de la Sierra (Sevilla) “desparecía” Manuel Soto Martín. Y pronto, el resto de guerrilleros no tardó en movilizarse. Jiménez Cubero recuerda a Púbico como varios de ellos, González Tagua, Juan Caballo y Francisco Garabitas comenzaron a planear la descabellada “forma de abandonar el país mediante la compra de un barco que los sacara al extranjero” La desesperación de aquellos días era más que evidente. Y es que tal y como afirma el investigador Cubero, “las sucesivas detenciones de varios de sus miembros terminaron con más del 75 por ciento del movimiento guerrillero borrado del mapa”.

El historiador José Luis Gutiérrez Molina, destaca a Público que el clima de terror que se estableció en aquellos años para calmar la esperanza de la guerrilla era escalofriante. “Cuando terminaban con algunos guerrilleros de la partidas en los montes, dejaban los cadáveres algunas horas en la plaza” de algunos pueblos. El objetivo, era dar una lección a aquellos enlaces que les habían podido ayudar en su devenir en la sierra”. Eran los momentos finales, murieron prácticamente todos. Muy pocos lograron salvar su vida. “Todos ellos iban cayendo en enfrentamientos o son detenidos y ejecutados en Consejo de Guerra. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial ven como los aliados no van a acabar con la dictadura” Intentan salir a través de Gibraltar. Gutiérrez Molina afirma que esta expedición no fue asilada. “Hubo una red de pago y de cartillas de embarque con barcos que operaban en el Estrecho. Incluso algunos por desesperación decidieron salir a nado”.

González Tagua y el resto de guerrilleros utilizaron ese sistema, sin miedo a lo que podían perder. La figura de González Tagua fue muy destacada. Era un luchador anarquista infatigable, no era un guerrillero más que solo se había echado al monte al final de la guerra. Ocupó la Secretaría del Comité Regional de la CNT de Andalucía en un tiempo muy difícil. Y fue condenado en Consejo de Guerra en abril de 1939 y mandado posteriormente a un Destacamento Penal de trabajos forzados en Miraflores de la Sierra (Madrid). “Sabía a lo que se enfrentaba pero no cejó en su empeño de intentar dar una salida a él y todos sus compañeros”.

Ante la falta de medios por parte del Comité Central, los anarquistas González Tagua, Caballo y Garabitas empezaron a trazar el plan. “Se reunían con los compañeros escondidas en tabernas del centro de Sevilla como fue el bar El Punto, del barrio de San Julián o en la Flor de Toranzo, situado en la plaza de Santa Marina”. Aquellos enlaces también serían duramente represaliados por la policía que quería establecer el clima de terror de 1936. Muchos de ellos pasaron años en la Prisión Provincial de Sevilla conocida como ‘Ranilla’.

En el mes de febrero de 1950, González Tagua, comunica a varios de los compañeros la necesidad de partir hasta la Línea para terminar de hacer los contactos y planear finalmente la operación. Manuel Padilla, miembro destacado del Comité en Jerez, señala la importancia de un traslado inminente de los miembros que se encuentran escondidos en Jerez hasta un escondite seguro en Sevilla.

¿Un fallo de última hora o un chivatazo?

El destino a Casablanca era recurrente en aquellos años. “En Marruecos, tanto en Tánger como en Casablanca, había una nutrida colonia de republicanos exiliados así como de varias decenas de guerrilleros que habían logrado salir del país, a través de las distintas redes de evasión organizadas por la CNT, desde los puertos de Sevilla y Cádiz”.

El día de antes de la salida, el 28 de mayo de 1950, “dos taxistas parten de Sevilla como enlaces para el traslado de los guerrilleros”. En el coche ‘Pato’ (nombre en clave) de siete plazas, que conducía Miguel El Gordo, condenado por esta maniobra a dos años de prisión, llevaría a su ayudante Antonio El Grifo y a los guerrilleros Juan Caballo, Juan Palacios, Dionisio Carreras y los hermanos Juan y Francisco Muñoz Bermúdez. El segundo coche, Crysler, era conducido por los enlaces Agustín Luna López y Antonio Núñez Domínguez. También fueron condenados duramente como enlaces. En él viajarían, Antonio González Tagua, José Barea Reguera, Bienvenido, Juan Virgil de Quiñones, Juanito, Cristóbal Ordoñez López, Aniceto, Antonio Morillas, Francisco Páez y Francisco Garabitos Sánchez.

Los dos coches iban por separado para no levantar sospechas. Y un chivatazo terminó de dar la pista del paradero de las embarcaciones clandestinas. La operación fue asaltada antes de que algunos de sus miembros pudiera embarcar rumbo a Marruecos. “Un grupo de fuerzas de la Guardia Civil los aguardaba apuntando con las armas”. Nada más llegar, fueron tiroteados Antonio González Tagua, Juan Virgil de Quiñones (Juanito), Cristóbal Ordóñez López (Aniceto) y Francisco Ruiz Borrego (El Peque). El resto resultaron heridos y posteriormente condenados en la causa 308/50, que se encuentra, a día de hoy, en el Archivo del Tribunal Territorial Militar Segundo de Sevilla.

Manuel Liáñez fue el único enlace que logró pasar a Gibraltar, y los dos barqueros contratados, de los que no se conoce su identidad. “El resto serían detenidos en los días, semanas y meses siguientes”. Junto a ellos también fueron detenidos y procesados el dueño del bar ‘El Punto’, así como varios compañeros, vecinos y familiares que les ayudaron a ocultarse después del fallido embarque.

Los últimos fusilados en Sevilla de los que se tenga constancia

José Barea Reguera, alias Bienvenido, fue uno de los dos guerrilleros fusilados en 1952, que formó parte de la Agrupación Guerrillera Fermín Galán. Antonio Núñez Pérez, Bartolo, de la misma Agrupación Guerrillera fue uno de los últimos fusilados de la ciudad de Sevilla. Cubero cuenta que “sería fusilado en las tapias del costado derecho del cementerio de San Fernando de Sevilla el jueves 28 de febrero de 1952”.

La terrorífica maquinaria franquista juzgaría también en la misma causa a la hija y mujer del guerrillero Juan Caballo. Carmen Caballo Granados hacia de estafeta del Comité́ Regional de la CNT de Andalucía. Detenida junto a su madre el 23 de agosto de 1950. Fue Procesada y condenada a cuatro años de prisión de Sevilla. La esposa de Caballo, Isabel Granados Sánchez, corrió la misma suerte, siendo condenada a dos años.

Socorro López Trillo, conocida como Socorrito, era la compañera de Antonio González Tagua. Es otro de los nombres que llama la atención en la Causa 308/50. Fue detenida en su domicilio el 23 de agosto de 1950, pasó varios meses en la cárcel sin llegar a ser procesada. “A mediados de enero de 1951 huyó de su domicilio antes de ser detenida de nuevo por su relación con Tagua”, destaca Cubero en su investigación.

 

 

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Kasserine, el cementerio africano en el que yacen olvidados veinte republicanos españoles

16 junio, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

El patio trasero de una casa en Kasserine huele a desmemoria. Ahí está escondido el único cementerio de exiliados republicanos españoles en Túnez. Hay veinte tumbas alineadas. Seis profanadas. Un viejo somier metálico y oxidado luce como toda portezuela. Y unas cuantas gallinas picotean entre las lápidas.

Un documental, Morir en el exilio, morir en el olvido, rescata esta porción perdida de la memoria colectiva. “Un fragmento extraviado de la guerra civil española”, dice el autor del reportaje publicado por la Agencia EFE, Javier Martín.

La obra cuenta la travesía de la flota republicana que arribó a la costa africana en marzo de 1939. Pero no solo. El trabajo saca a la luz imágenes archivadas de aquellos barcos. Y revela el periplo de 4.000 exiliados que pusieron rumbo a Túnez o cómo la mitad regresa ante el reclamo de la “amnistía” de Franco. Todo, con la pátina argumental de uno de los refugiados: Marcelino Llano Cotrofe, anarquista de la CNT.

Las autoridades tunecinas ya tienen un acuerdo con Salah Saadly, dueño del patio. Y la embajada española en Túnez “está implicada”, adelanta Javier Martín, delegado de EFE en el norte de África. Falta –continúa– que el nuevo Gobierno de España, una vez constituido, remate el plan a través del Ministerio de Justicia. Que “vuelva a funcionar la Memoria Histórica” y acabe rehabilitado el cementerio donde yacen 20 soldados españoles abandonados por la historia. “Apenas se necesitan unos 5.000 euros”, dice.

Españoles en camposanto africano

La suciedad, el descuido, reinan en el pequeño camposanto africano. La veintena de exiliados españoles falleció entre los años 41 y 45. El documental ha rescatado una historia presa de la desmemoria y, además, ha propiciado el proyecto de recomponer el exilio olvidado en la tierra de Kassarine.

El exilio olvidado
Las veinte tumbas, seis de ellas profanadas. | EFE

“La prioridad ahora es recuperar la memoria y la dignidad de los allí enterrados”, entiende Javier Martín. “Adecentar el cementerio, sacar las gallinas, recuperar de alguna manera las tumbas, colocar una puerta y una placa conmemorativa”, enumera. Sacar esta memoria, de una vez, “del patio de atrás de la historia”, subraya.

La mayoría de tumbas conserva los nombres de quienes están allí enterrados. Hay 12: Eligio, Fernando, José, Marcelino… Y otros dos que aparecen el día de la visita de los reporteros al remover el barro que cubría la piedra.

Los nombres en las tumbas tunecinas

14 lápidas tienen nombres y fechas reconocibles: Francois Ficher, Fernando Fuilla, Antonio Sánchez Serna, Fernando Sánchez Idez, Eligio Casal, Antonio Rodríguez Fernández, Ambrosio Martínez, Francisco Puig Suárez, José Bravo Collazo, Marcelino Llano Cotrofe, Antonio Bouza Martínez y Antonio Álvarez San Pedro.

En Kasserine existen otros cementerios con extranjeros. Asociados a la Segunda Guerra Mundial, “a la Commonwealth e incluso nazis”, y están “en perfecto estado de conservación”. Porque, como sentencia Javier Martín, “un país que no deja hablar a sus muertos tampoco es capaz de dar voz a los vivos”.

El custodio del exilio tunecino

Descuidado, colmado de excrementos, suciedad y aves de corral. Así describe al cementerio español de Kasserine el trabajo de la Agencia EFE. Las veinte sepulturas están repartidas entre la grava. Bajo la sombra acaso de un exiguo ciprés. Un lugar abandonado con un único custodio, Salah Saadly.

El exilio olvidado
El exilio olvidado. | EFE

“Vivo aquí desde hace 32 años, cuando llegué ellos ya estaban”, explica en el documental. “Hay veinte tumbas. Las hemos contado. El terreno que ves es el original del cementerio”, continúa. La nieta de Saadly corretea entre las lápidas. Algunas abiertas. Rotas. “Se dice que están enterrados en este lugar desde la Segunda Guerra Mundial”, advierte.

El guardián del exilio olvidado en Túnez vive en la casa anexa. Es conductor de tanques jubilado. Tiene cuatro hijas. Y cuenta con pesar el deterioro del camposanto: “Antes la gente venía aquí para beber alcohol y correrse juergas, pero desde que estoy aquí nadie lo ha profanado”.

La huida de 4.000 republicanos

5 de marzo del 39. La flota republicana huye. Zarpan del puerto de Cartagena. Tres cruceros, ocho destructores y un submarino ponen rumbo a Bizerta, vía Orán, con 4.000 marineros y soldados y 201 civiles a bordo. Hay siete mujeres y cuatro niños.

Dos días más tarde entran en el fondeadero de Sidi Abdalah, exhaustos pero “esperanzados por haber dejado la guerra atrás”, recuerda EFE, según crónicas de la prensa tunecina de la época. “Los barcos de guerra de la República partieron apresuradamente buscando refugio en alta mar con el joven almirante Miguel Buiza al mando”, recuerda el reportaje.

Infografía | El exilio olvidado
Infografía del ‘exilio olvidado’. | EFE

“La Administración francesa, la Policía, el Ejército… todos estaban preparados para acoger a los buques y a los marinos españoles”, narra en el documental el historiador tunecino Bechir Yazidi, autor de El exilio republicano en Túnez, la única obra dedicada a este episodio excluido de la memoria de España durante décadas.

Apenas un mes después, la batalla habrá terminado. “Cautivo y desarmado el Ejército Rojo”, escribió Francisco Franco en el último parte de guerra. El propio militar golpista ya tiene un pacto secreto con Francia. Envía a Túnez al comandante Salvador Moreno para recuperar los barcos y anunciar una “amnistía” a quienes quieran regresar a España. Más de la mitad vuelve a bordo de la misma flota.

Un campo de refugiados en mitad del desierto

Muchos de los exiliados acabaron en el campo de refugiados de Mehri-Jebbes. Era una antigua mina de fosfato abandonada en medio del desierto, donde llegaron en tren, “en condiciones inhumanas”, recuerdan. Hasta 909 españoles, la mayoría gallegos, murcianos y andaluces, trabajaron en un proyecto que buscó desarrollar Kasserine, entonces una aldea de casas de adobe.

El exilio olvidado
El club de fútbol: AS Kasserine. | EFE

Los refugiados dejaron huella. Una memoria que seguía viva en Brahim, un anciano de 92 años que conoció a los republicanos y trabajó con ellos en la fábrica de papel, una de las más grandes del norte de África. “Los españoles trabajaban muy bien. Hay muchos que murieron aquí pero también que regresaron a España”, explica en el documental, con voz agotada y un castellano correcto.

O Ahmed Rahmouni, nacido en el año 43, que también recuerda a los refugiados. “Jairo era albañil y Laporta era chatarrero y al mismo tiempo enfermero”, rememora. Y Ramón Vázquez, que fue director de la central eléctrica y bastión del equipo de fútbol: el AS Kasserine, cuyos colores recuerdan el origen gallego de la entidad, que comparte el verde y blanco del Racing Club de Ferrol.

Uno de los exiliados que se quedó en Túnez fue Marcelino Llano Cotrofe. Anarquista de la CNT y tercer maquinista del crucero ‘Libertad’. Había sido uno de los cabecillas de la rebelión marinera que en los primeros días de la guerra impidió que los oficiales entregaran la flota a los sublevados en el norte de África”, apunta EFE.

Su familia le perdió la pista. La última noticia era una foto que Marcelino envió a su madre en junio del 39. Marcelino posa en bañador, con los brazos en jarra. Cuenta que está bien. Hasta que la historia del cementerio africano olvidado en Kasserine llega hasta su hermana Teresa, que tiene 88 años de edad.

El exilio olvidado
Entre otras infraestructuras, los exiliados republicanos españoles en Kasserine (Túnez) colaboraron en la construcción de las vías del ferrocarril y la estación de tren de la ciudad. | EFE

“De mi hermano muy poquitos recuerdos”, dice en la cinta Teresa. Era la más pequeña de los Llano Cotrofe. La única viva. Localizar la tumba de su hermano “la desconcierta y alivia”. Siempre pensó que Marcelino estaría tirado en alguna fosa común del norte de África. “No es que me sorprenda, es que no sabía nada”, reconoce.

“El pobriño desapareció y nada más”. Otro de los hermanos trabajó en la fábrica de armas en A Coruña “y mi madre lloraba y decía que los hermanos estaban haciendo bombas para matar a su hermano”, recuerda entre lágrimas. Marcelino “era maravilloso”. Y ella, su hermana, “siempre oía a mi madre rabiar y llorar”.

El relato perdido del camposanto africano de Kasserine apareció “por sorpresa”, cuenta el autor del documental. De ahí, gracias “a la suerte y la intuición” periodística, debe funcionar “como un punto de arranque” para completar la historia. Porque “vinieron 4.000 personas, que se repartieron por Túnez, muchos se fueron a Argelia… y es probable que en otras zonas haya más españoles enterrados”.

La represión franquista se heredaba: “Se ensañó con quienes quedaban, las mujeres y los niños”

30 mayo, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

“Nadie está preparado para vivir algo así de niño”

Son historias que Eugenia lleva oyendo desde la adolescencia: “Mi padre estuvo muchos años sin querer hablar. Tuvo unas secuelas tremendas y muchos años después tuvo que recibir tratamiento. Nadie está preparado para vivir algo así de niño. Ellos simplemente eran madre, hermanas y hermano de guerrillero, no estaban implicados en nada. Cuando yo ya me hice mayor empecé a oír en casa eso de que mejor no me significase ni llamase mucho la atención. Seguía habiendo miedo, sobre todo cuando vivía Franco pero también luego. Así me fui enterando de todo lo que había pasado”.

Sobre el papel, los campos de concentración estaban destinados solo a hombres. “En la mentalidad machista y falsamente paternalista de los dirigentes franquistas, las mujeres no encajaban en los campos de concentración”, explicaba Carlos Hernández. Las mujeres durante la guerra y el franquismo solían ser sometidas a idénticas torturas en cárceles, pero hubo excepciones como los grupos de Cabra (Córdoba), y también en Arnao. “A mis tías las pusieron a recoger grijo. Los hombres, con ese material, construyeron una ferretera”. Luego, tal y como cuenta José Castiello, las reubicaron en la enfermería para oficiales y la cocina.

En el libro de José Castiello, escrito 75 años después de entrar al campo, hay una detallada descripción de Arnao: a la derecha, un barracón de madera estancia de los soldados; a la izquierda, un edificio destinado a los oficiales. Ya dentro, en línea recta, el primer barracón para hombres. Le separaba del de mujeres por unas alambradas. Los primeros meses, también le separaban a él, niño de 10 años, de su madre y hermanas mayores.

También relata un preciso recuerdo de la rutina de entonces, un crío rodeado de presos comunes: cada mañana recogían la colchoneta, barrían su espacio y se aseaban superficialmente, “ya que en el barracón se carecía de agua corriente”. A continuación, formaban filas hasta el lugar donde se izaba la bandera y, mano en alto, cantaban el Cara al Sol y vivas a Franco. Después, por desayuno se les daba “una especie de café y un bollo de pan, todo de la peor calidad”. Para comida y cena, “masa caldosa de garbanzos, lentejas alubias, arroz o patatas. Aparecía enseguida el hambre”.

Tenía un único plato y cuchara que tenía que servir para todo, incluso para su propia limpieza personal. Los prisioneros capturaban ranas de un riachuelo que corría desde un pozo y las comían asadas. De lejos, observaban a los campesinos: “Cualquier persona que veíamos faenar nos producía cierta nostalgia de libertad”. El oficial jefe, no recuerda si de nombre Félix o Víctor, “con rudeza me dijo que debería cumplir las normas disciplinarias como cualquier adulto”. Era además “implacable a la hora de reclutar a los detenidos para el trabajo”. Recordaba con especial dolor a un compañero anciano y enfermo que falleció por la falta de atención.

La familia Castiello al completo, en su casa de Peón en 1927.
La familia Castiello al completo, en su casa de Peón en 1927. ARCHIVO CASTIELLO

Vigilados hasta los 50

Tiempo después, a José María le juntaron con su madre y hermanas, “y aquella ya fue la época menos mala”. En 1942 les dieron la libertad definitiva, pero “no les dejaron en paz”, continúa narrando Eugenia. Podían irse con la condición del destierro, es decir, no podían volver a Peón. Eligieron Valladolid porque otra hija ya estaba desterrada ahí. Años después volvieron a Asturias para instalarse en Oviedo.

Sus dos tíos ya nunca volvieron a casa y fueron asesinados junto a otro compañero en 1948 en la playa de La Franca después de que les delataran, “aguantaron tanto gracias a que la gente les ayudaban. Queda el consuelo de que serían buenas personas, si tantos les protegieron”.

Mientras, las mujeres y los niños siguieron haciendo un papel clave: de enlaces. “Si una mujer iba a lavar, dejaba en una piedra escondido un papelín que les decía dónde ir a buscar armas, comida, avisar de que les estaban persiguiendo o si alguien se iba a unir… un niño, si estaba jugando con la pelota, igual. A los hombres les tenían más controlados y ellas se arriesgaban así”.

Hasta que asesinaron a sus tíos, mientras vivían en Valladolid el régimen les había seguido acosando para descubrir dónde estaban. Después, como pasó con otros entornos de represaliados a los que incluso vetaron de empleos, siguió la vigilancia durante unos años, “cuando vieron que, por la cuenta que les traía, nadie se metía ya en temas políticos, les dejan por fin en paz. Eran los 50”. “La familia sufrió todo esto pero es que la gente se vuelve triste, recuerda… mi padre soñó con su tiempo en el campo y con la guerra y posguerra toda la vida”.

Franco creó 300 campos de concentración en España, un 50% más de lo calculado hasta ahora

1 mayo, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Franco creó en España un centenar más de campos de concentración de los que se creía hasta ahora. Una investigación del periodista Carlos Hernández plasmada en su libro Los campos de concentración de Franco documenta 296 en total, a partir sobre todo de la apertura de nuevos archivos municipales y militares. Por los campos pasaron entre 700.000 y un millón de españoles que sufrieron “el hambre, las torturas, las enfermedades y la muerte”, la mayoría de ellos además fueron trabajadores forzosos en batallones de esclavos. Estuvieron abiertos desde horas después de la sublevación militar hasta bien entrada la dictadura.

El estudio anterior más completo, de Javier Rodrigo, había documentado hasta 188 campos de concentración en todo el país. También en torno a 10.000 víctimas mortales entre los asesinados y los fallecidos a consecuencia de las condiciones vividas ahí, pero Hernández cree que “esa cifra se queda corta con estos nuevos datos. Es imposible documentar todos los asesinatos y muertes porque no dejaban registro, pero en solo 15 campos que han podido ser investigados en esto ya calculamos entre 6.000 y 7.000. No es una proporción exacta porque entre esos 15 estaban algunos de los más letales, pero nos hacemos una idea de que hay muchas más víctimas”.

Mapa elaborado por Ana Ordaz

La comunidad autónoma que más campos albergó fue Andalucía, pero hubo por todo el territorio: el primero fue el de la ciudad de Zeluán, en el antiguo Protectorado de Marruecos, abierto el 19 de julio de 1936, y el último fue cerrado en Fuerteventura a finales de los años 60. El 30% eran “lo que imaginamos estéticamente como campos de concentración, es decir, terrenos al aire libre con barracones rodeados de alambradas. El 70% se habilitaron en plazas de toros, conventos, fábricas o campos deportivos, hoy muchos reutilizados”, explica Hernández. Ninguno de los presos había sido juzgado ni acusado formalmente ni siquiera por tribunales franquistas, y pasaron ahí una media de 5 años. Sobre todo eran combatientes republicanos, aunque también había “alcaldes o militantes de izquierdas” capturados tras el golpe de estado en localidades que cayeron en manos del ejército franquista.

Prisioneros de las Brigadas Internacionales en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos).
Prisioneros de las Brigadas Internacionales en el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos). BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Trabajos forzosos, hambre y torturas

En los campos de concentración de Franco se hacía una labor de “selección”. Se investigaba a cada uno de los prisioneros, principalmente mediante informes de alcaldes, curas, y de los jefes de la Guardia Civil y la Falange de las localidades natales. A partir de ahí, clasificaban a los prisioneros en tres grupos, en términos franquistas: los “forajidos”, considerados “irrecuperables”, iban directamente a juicio, en el que se les decretaba cárcel o paredón. Los “hermanos forzados”, es decir, los que creían en las ideas fascistas pero obligados a combatir en el bando republicano; y los “desafectos” o “bellacos engañados”, los que estaban del lado republicano pero los represores valoraban que no tenían una ideología firme y que eran “recuperables”.

Los “desafectos” poblaron de manera estable los campos de concentración y fueron condenados a trabajos forzosos. Durante la guerra estuvieron obligados a cavar trincheras, y al término del conflicto, principalmente a labores de reconstrucción de pueblos o vías. Sufrieron torturas físicas, psicológicas y lavados de cerebro: tenían que comulgar, ir a misa, o cantar diariamente el Cara al Sol, como ha documentado Hernández. También hay testimonios explícitos de hambrunas extremas, “la peor pesadilla de los prisioneros”, enfermedades como el tifus o tuberculosis y plagas de piojos. Muchos de ellos fueron asesinados en el propio campo o por tropas falangistas que iban a buscarles, y otros muchos no sobrevivieron a la falta de alimento, higiene y atención sanitaria.

En noviembre de 1939, meses después del fin de la guerra, se cerraron muchos campos, “pero lo que sucede realmente es una transformación”, relata el periodista. “La represión franquista era tan bestia y tenía tantas patas que evolucionó en función de las circunstancias. Franco, aunque aliado con Italia y Alemania, quería dar una buena imagen ante Europa, quería emitir una propaganda de respeto de los derechos humanos. Por eso oficialmente los campos terminan, pero algunos perduran durante mucho tiempo”. El último oficial, también el más longevo, fue el de Miranda de Ebro (Burgos), que duró de 1937 a 1947.

Después hubo lo que Hernández denomina “campos de concentración tardíos”, creados durante los años 40 y 50 y con denominaciones ya distintas. Fueron el de Nanclares de Oca (Álava), La Algaba (Sevilla), Gran Canaria y Fuerteventura, estos dos últimos para prisioneros marroquíes de la guerra del Ifni y cerrados en el 59. Durante el resto de la dictadura siguieron quedando vestigios: por ejemplo, en 1966 se clausuró la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía (Fuerteventura), en la que se encarcelaba y “reeducaba” a homosexuales.

Prisioneros haciendo el saludo fascista en el campo de concentración de Irún en Guipúzcoa
Prisioneros haciendo el saludo fascista en el campo de concentración de Irún en Guipúzcoa BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

“Ha habido miedo a hablar”

Según Hernández, hay que “rehuir” la comparación que parece inevitable con los campos nazis. En primer lugar porque “al lado de Auschwitz, de millones de víctimas en la cámara de gas, cualquier crimen brutal parece menos crimen”. Y en segundo porque el sistema franquista era muy diferente: así como en la Alemania nazi todo estaba más o menos estructurado y los dividían entre los de exterminio directo y los de exterminio por trabajo, los españoles eran mucho más heterogéneos y todo más “caótico”. Los campos de Franco variaban mucho en tamaño, y la suerte y destino de los prisioneros dependía en muchos casos de las decisiones del propio oficial, que los había más y menos sanguinarios.

Sobre el papel, estos centros estaban destinados solo a hombres: “En la mentalidad machista y falsamente paternalista de los dirigentes franquistas, las mujeres no encajaban en los campos de concentración”. Aunque sí hubo grupos de cautivas en algunos como en el de Cabra (Córdoba), ellas fueron sometidas a idénticas torturas sobre todo en las cárceles. Las prisiones, al igual que las unidades del Patronato de Redención de Penas que construyeron el Valle de los Caídos, no están incluidas en esta investigación. Hernández la ha limitado a lo que la propia documentación del régimen categoriza como ‘campos de concentración’ –además de los cuatro tardíos– porque “la represión fue de tal magnitud y tuvo tantas estructuras que para poder explicarla tienes que parcelarla”.

La segunda parte del libro de Hernández, que se publica el próximo 14 de marzo, consta de testimonios de víctimas. Quedaban pocos supervivientes que pudieran contarlo pero el autor conversó directamente con media docena de los que fueran presos en uno o varios de los casi 300 campos de concentración. Todos ellos han fallecido en los últimos tres años, el último el pasado jueves, Luis Ortiz, quien pasó por el de Irún, por el de Miranda de Ebro y por el de Deusto.

Durante muchas décadas “ha habido vergüenza y miedo” a hablar. Además de esas conversaciones con los antiguos presos, mucho de lo recuperado por Hernández parte de publicaciones elaboradas durante la Transición y de documentos familiares: “Hubo mucha gente que dejó escritos a sus hijos y nietos de lo que ocurrió”. Él anima a eso, “a preguntar a la abuela, al abuelo, por lo que pasó: en todas las familias españolas hay alguien cercano con historias sobre esto. No quiero que esto sea un punto y final a la investigación sobre los campos de concentración, sino un estímulo para reabrir el tema”.

Prisioneros del campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos) trabajando en la construcción de una carretera cercana.
Prisioneros del campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos) trabajando en la construcción de una carretera cercana. BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Viaje con Ian Gibson a la tumba de Machado: “Está bien en Collioure. ¿Para qué traerlo? Y menos ahora”

1 abril, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

España, enero de 1939. Poco queda del cartel que, en plena plaza Mayor, aseguraba que Madrid sería “la tumba del fascismo”. A cientos de kilómetros de la capital, una riada de exiliados intenta cruzar la frontera hacia Francia para escapar del bando rebelde. Luchan contra el frío, la lluvia y las balas. Entre ellos se encuentra el poeta Antonio Machado: delgado, desaliñado y con la mirada perdida. Consigue llegar junto a su madre Ana, su hermano José y la mujer de este a un pequeño pueblo llamado Collioure. La suerte no dura demasiado. El autor de Campos de Castilla fallece los 63 años, tres semanas después de pisar suelo francés.

España, febrero de 2019. Faltan pocos días para que se cumpla el 80 aniversario de la muerte de Machado y, en el cementerio de Collioure, donde está enterrado junto a su madre, se acumulan las banderas republicanas y flores rojas, amarillas y violetas. En su lápida se lee lo siguiente: “Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos a la mar”, unos versos que vuelven a ser recitados en forma de homenaje por decenas de periodistas allí presentes. Entre ellos se encuentra el hispanista Ian Gibson (Dublín, 1939), que posa en silencio sosteniendo un clavel. Lo lanza sobre el mármol. El resto le imita, y se acaba formando una montaña color carmesí que llega incluso a tapar la placa con el nombre del poeta.

Los claveles lanzados sobra la tumba de Antonio Machado
Los claveles lanzados sobra la tumba de Antonio Machado © ASÍS AYERBE

El recuerdo del literato, un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno”, sigue presente en la España por la que luchó blandiendo su pluma. “Jamás me había imaginado la presentación de un libro mío de esta forma”, dice Gibson en la misma playa que el sevillano contempló por última vez. Mientras, el viento azota su pelo canoso y le apuntan con decenas de cámaras. En la mano sujeta su última biografía, Los últimos caminos de Machado: de Collioure a Sevilla (editorial Espasa), que se suma a la de otros ilustres personajes como Salvador Dalí o Lorca, al que pasó media vida investigando. Con la otra mano, la que le queda libre, señala al centro de la ciudad. Subiendo la mirada por la calle se atisba el refugio de la Casa T.H. Quintana, donde Machado se alojó cuando apenas tenía fuerza para sacudirse la ceniza que le caía de su tabaco. Sí las tenía, al menos, para abrir la ventana y sentir la brisa del mar. “Los cuidaron muy bien. Para mí es un sitio sagrado”, asegura el biógrafo.

Los grandes responsables de estos cuidados fueron la mercera Juliette Figuères, que les proporcionó ropa limpia y periódicos; Pauline Quintana, dueña del hotel y simpatizante de la República; y el ferroviario Jacques Baills. Este último ayudó a los Machado en su llegada Collioure, cuando la madre del poeta, al borde del delirio, empezó a preguntar si habían llegado a Sevilla. La capital andaluza quedaba bastante lejos, pero al menos allí encontraron cobijo cuando tener cama y comida era un lujo. La localización del albergue parecía una cruda ironía: enfrente, el Mediterráneo. Detrás, el cementerio donde Machado descansaría semanas más tarde.

La Casa T.H. Quintana, el albergue donde se alojó Machado las últimas semanas de su vida
La Casa T.H. Quintana, el albergue donde se alojó Machado las últimas semanas de su vida JOSÉ ANTONIO LUNA

El poeta que nació triste

“He visto unas fotografías inéditas que tiene la familia antes del traslado. En ellas aparece su hermano Manuel [que acabaría al servicio del fascismo], de pie, que encarna la idea que tenemos del típico señorito sevillano. Sentado a su lado, Antonio aparece alicaído, como si hubiera nacido deprimido”, explica Ian Gibson a eldiario.es. La profunda tristeza de Machado le acompañará a lo largo de su vida. De hecho, que su primer libro se llame Soledades no es casual.

Como demuestra el trozo de papel encontrado por José Machado en el viejo gabán de su hermano fallecido, hasta el final de sus días tuvo presente tres tipos de dolores: el del derrumbamiento de la República, el de la añoranza por la Sevilla de sus años infantiles y el de la mujer que nunca pudo ser suya. “Y te daré mi canción: se canta lo que se pierde, con un papagayo verde, que la diga en tu balcón”, escribió para Pilar de Valderrama, alias Guiomar. Era católica, simpatizante del régimen franquista y, aun así, como ocurre en las tragicomedias, Machado sitió por ella un amor platónico que apenas fue correspondido. Ni siquiera con una caricia.

El hispanista Ian Gibson en el puerto de Collioure
El hispanista Ian Gibson en el puerto de Collioure © ASÍS AYERBE

De hecho, cuando estalló la guerra, Pilar escapó de España con su familia y quemó gran parte de la correspondencia recibida por el poeta alegando que “no podía llevar un bulto tan grande”. “Lo de Valderrama fue terrible. Solo se conservan 40 de las más de 200 cartas. Destrozó un material único en el mundo en el que Machado expresaba realmente quién era”, lamenta Gibson. Tampoco se sabe nada de la correspondencia enviada por Guiomar al sevillano, ya que, como se explica en la biografía del hispanista, probablemente estuvieran en una maleta que llevaba consigo al pasar la frontera. Su paradero es una incógnita.

Aquella España de Machado

“Lo hemos enterrado ayer en este sencillo pueblecito de pescadores en un sencillo cementerio cerca del mar. Allí esperará hasta que una humanidad menos bárbara y cruel le permita volver a sus tierras castellanas que tanto amó”, escribió José Machado como respuesta a la oferta de un puesto como catedrático en Cambridge que llegó el mismo día de su muerte. Pero esa humanidad no parece haber cambiado tanto. 80 años después, su tumba continúa en Francia.

Gibson, sin embargo, recalca precisamente la importancia didáctica de que su lecho esté en suelo extranjero: “Sirve para recordar cómo fue de terrible el exilio: cruzaron la frontera mientras aviones ametrallaban a gente inocente que huía, como la ambulancia en la que iba el poeta. Yo creo que está bien que Machado esté en Collioure. ¿Para qué traerlo? Y menos ahora”.

La calle dedicada a Antonio Machado en Collioure que sube por un lateral de la Casa T.H. Quintana
La calle dedicada a Antonio Machado en Collioure que sube por un lateral de la Casa T.H. Quintana JOSÉ ANTONIO LUNA

El actual auge de la ultraderecha nacionalista contrasta con los deseos del propio poeta. Este señaló cómo el cainismo español persistía gracias a “ese sentimiento tan fuerte y tan vil que es el patriotismo”. Criticó la monarquía, los caciques y los curas, a los que señalaba como enemigos del civismo, y le sobró tinta para amonestar a las fuerzas progresistas por su desunión. Hoy día, sus versos parecen contemporáneos.

“Machado tendría palabras adecuadas para describir a Abascal y su gente, porque ver este tipo de machos a caballo es como volver a la prehistoria cavernaria”, considera el hispanista, que tacha al líder de Vox como “el Charlton Heston de la España actual”.

Machado era, como apostilla Gibson, “un revolucionario tranquilo”, alguien a favor del consenso y en contra de la “sagrada unidad de España”. “Si crees esto no estás muy lejos del manicomio. Es ridículo creer en esta esencia como si fuera dios mismo el que ordenara que España tiene que estar unida. Si lo piensas es que eres un asesino en potencia”, reprocha el biógrafo.

En una España que todavía lucha por la reconciliación, las palabras del sevillano pasan de ser anecdóticas para convertirse en imprescindibles. “Tiene muchísimo que decir a los españoles de hoy, es más necesario que nunca por su énfasis sobre la necesidad del diálogo”, recalca Gibson frente a la Casa T.H. Quintana. La misma en la que el poeta vio desvanecerse sus huellas como estelas en la mar.

La tumba de Antonio Machado decorada con banderas republicanas que ondean al viento en el pueblo de Collioure, al sur de Francia. 18 de febrero de 2019.

La baja calidad de la democracia española: la pervivencia de la cultura franquista

20 marzo, 2019

Fuente: http://www.vnavarro.org

La versión dominante de lo que fue la transición de la dictadura a la democracia, promovida por el establishment político-mediático español, es que esta fue resultado de un consenso democrático entre los herederos de los vencedores y de los vencidos en la Guerra Civil, dando como resultado el establecimiento de una democracia –guiada por la Constitución– homologable a cualquier otro régimen democrático existente en la Europa Occidental.

He criticado extensamente esta versión señalando que tal transición, lejos de ser modélica, fue resultado no de un consenso entre iguales sino fruto de una correlación de fuerzas enormemente desigual entre, por un lado, las fuerzas ultraconservadoras que dominaban el aparato del Estado y la gran mayoría de los medios de información y, por el otro, las fuerzas democráticas (lideradas por las izquierdas) que acababan de volver del exilio, salir de la prisión o dejar la clandestinidad. Ni que decir tiene que las movilizaciones sociales (y muy en particular las obreras) fueron determinantes para forzar el fin de la dictadura. Pero a nivel institucional, las izquierdas eran muy débiles: el resultado de aquella transición así lo ha mostrado.

Cuarenta años después de la transición, España continúa teniendo, entre otros muchos problemas, (1) uno de los Estados del bienestar de la UE-15 (el grupo de países de semejante nivel de desarrollo dentro de la UE) menos financiados, es decir, con menos recursos para los servicios públicos del Estado del bienestar (como sanidad, educación, vivienda social, servicios sociales, escuelas de infancia -mal llamadas guarderías en España-, servicios domiciliarios y otros) y para transferencias públicas (como pensiones y ayudas familiares, entre otras); (2) un sistema electoral poco proporcional y escasamente representativo que ha discriminado y marginado a las fuerzas políticas que lideraron la resistencia durante la dictadura, y que ha favorecido a las zonas conservadoras a costa de las progresistas; (3) un profundo conservadurismo en muchos aparatos del Estado, como la judicatura; (4) una escasísima diversidad ideológica de los medios de comunicación (entre los cuales no hay ni un gran rotativo de izquierdas); y (5) un sistema educativo claramente sesgado que favorece la versión conservadora de la historia de España; (6) una permanencia del franquismo y sus símbolos: el dictador que dirigió uno de los regímenes más represivos y sanguinarios que hayan existido en Europa en el siglo XX (por cada asesinato político que cometió el régimen fascista de Mussolini, el régimen de Franco cometió 10.000, siendo España, después de Camboya, el país que tiene un mayor porcentaje de personas desaparecidas por causas políticas en el mundo) ha continuado gozando de un gran monumento de homenaje durante cuarenta años de democracia y (7) la Iglesia Católica continúa gozando de enormes privilegios, reproduciendo una cultura franquista muy extendida en muchos y grandes sectores de la población.

La cultura franquista continúa muy extendida entre las derechas españolas

Y (8) el debate político raramente se plantea en términos democráticos: el insulto, la grosería y la mala educación son características del debate político español, características mucho más acentuadas en los personajes de derechas que en los personajes de izquierdas. Vean ustedes La Sexta Noche, programa en el que los tertulianos de derecha sistemáticamente interrumpen e insultan a los tertulianos de izquierdas. Ni que decir tiene que en muchas ocasiones, las izquierdas, contaminadas de tal comportamiento, también interrumpen. Pero la práctica es mucho más común entre las derechas. Me sorprende que tal canal televisivo promueva este tipo de intercambios, pues da una imagen muy negativa del escaso nivel democrático de la política española. He vivido y trabajado a lo largo de mi dilatado exilio en varios países (Suecia, Reino Unido y EEUU) y en ninguno he visto un programa televisivo con tanta agresividad y mala leche iniciada en su mayoría por los tertulianos de derechas. ¡Ni en la Fox de EEUU! ¿No se dan cuenta, los productores de este programa, del enorme daño que hacen a la democracia española, presentando el llamado debate político como un espectáculo mediático tan poco edificante? Invito a los lectores de este artículo a que vean programas de esta naturaleza en países a los dos lados del Atlántico Norte y verán que no existe nada semejante. La falta de cultura democrática es abrumadora en España. Es casi imposible exponer un argumento frente a una persona de derechas sin ser interrumpido.

Las derechas reproducen la cultura franquista

No solo en su comportamiento sino también en su ideología, las derechas españolas, tanto las tradicionales como el PP y su escindida rama VOX, como las nuevas, Ciudadanos, reproducen elementos esenciales de tal cultura. En realidad, el drama de la democracia española es que nunca ha tenido una derecha democrática. El mejor ejemplo de esta realidad es que tanto el PP como C’s no tienen inconvenientes en aliarse con Vox, para parar a los que ellos llaman “los rojos y separatistas” (tal como decía el franquismo), situación que es impensable que ocurriera en Francia o Alemania (países que tuvieron regímenes nazis o cómplices del nazismo). Su ideología y visión de España no es distinta a la del franquismo. En realidad, VOX es una escisión del PP y muchos de los dirigentes de Ciudadanos fueron en su día militantes o simpatizantes del PP. Estos son los graves problemas raramente discutidos y denunciados en los medios. El dictador murió pero la cultura franquista continúa viva en España.

Comerciando con el diablo: cuando el INI franquista negoció con el PCE

18 marzo, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

La financiación del Partido Comunista de España (PCE) por parte de la Unión Soviética mediante el mítico “oro de Moscú” fue uno de los lugares comunes de la propaganda franquista. Que los partidos comunistas recibieron ayuda económica del campo socialista es un auténtico secreto de Polichinela. Lo que es menos conocido es que hubo un momento en que el establecimiento de relaciones comerciales entre el régimen y el “Telón de Acero” proporcionó al PCE la posibilidad de obtener recursos a través de actividades de importación y exportación y que en su desempeño se establecieron contactos subterráneos con funcionarios franquistas. Si los comunistas españoles estaban dispuestos, en frase de Lenin, a proporcionar a sus enemigos la cuerda con la que ahorcarse, los tecnócratas demostraron haber asimilado perfectamente que business is business, incluso aun cuando eso supusiera mercadear con el diablo.

En los años 50, los costes del aparato clandestino del PCE se elevaban a 28.670.210 de francos anuales, de los que menos del 10% se sufragaba con cuotas y donaciones. Hasta la muerte de Stalin (1953) la URSS proveyó una ayuda anual de 33.800.000 francos. Con el progresivo establecimiento de relaciones comerciales entre España y los países socialistas, el sistema de asignación directa dejó paso a otro en el que los sindicatos celebraban colectas solidarias con los trabajadores españoles y los ministerios de Comercio se encargaban de proporcionar lotes de mercancías para la exportación por un valor equivalente a lo recaudado. Aquí entraba en juego una empresa tapadera fundada por un abogado canario, militante del PCE, José González Estarriol (JGE S.A.), que operaba desde Venezuela e intermediaba entre firmas españolas y empresas estatales socialistas a cambio de unas comisiones del 2 por ciento. En una sola operación, la efectuada entre Fundiciones Lombide de Bilbao y la checa Metalinex., JGE obtuvo 2.000 dólares (120.000 pesetas de entonces, casi 18.000 € en la actualidad). Los beneficios obtenidos eran ingresados en el Banque Commerciale de l´Europe du Nord con sede en París para ser inyectados en el aparato del PCE.

La documentación proporcionada por la OCDE y el FMI señala un proceso general e ininterrumpido de aproximación comercial entre los países del Este y España que comenzó con el suministro de mercurio y wolframio a la URSS a través de Suecia. A comienzos de los 60, JGE sondeó a los distintos departamentos del área del Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECOM) con vistas a la realización de negocios. Polonia abría prometedoras expectativas a las exportaciones españolas de agrios. Bulgaria ofrecía minerales estratégicos, acero y carbón. A la empresa checa Chemapol se le ofertó corcho, naranjas y piritas a cambio de plástico. Con Rumanía se había firmado en 1958 un acuerdo comercial para la importación de carne, maíz, huevos, derivados del petróleo, tractores y material ferroviario a cambio de corcho y agrios. En Hungría, JGE obtuvo el suministro de 5.000 toneladas de manganeso a cargo del consorcio de Altos Hornos de Vizcaya y de Sagunto. En la República Democrática Alemana, la óptica Zeiss otorgó a JGE la representación exclusiva de sus productos.

Comerciando con el diablo: cuando el INI franquista negoció con el PCE
José González Estarriol

Para organizar el flujo comercial entre países cuyas divisas no eran mutuamente convertibles se arbitró el sistema de “cuentas por compensación”, una autorización para adquirir mercancías extranjeras con la condición de que la empresa española se comprometiese a exportar productos por el mismo valor. En este contexto adquirieron protagonismo los intermediarios que poseían información privilegiada y contactos en los organismos que tenían que resolver licitaciones. JGE, en representación del PCE, jugó sus cartas. Entre octubre y diciembre de 1962, Estarriol visitó Polonia y Bulgaria intermediando para una firma española, Espaco S.A. En Polonia, el interlocutor era el director general de Polimex, un exbrigadista. El gobierno español quería reparar la red de carreteras y precisaba importar maquinaria de obras públicas por valor de 60.000 millones de pesetas. Espaco S.A. llegó a un acuerdo con JGE para otorgarle la exclusividad en el trato con los países socialistas y repartirse los beneficios. El director de Polimex prometió facilidades de compra, precios y plazos de entrega a Espaco S.A, “con lo cual también nos beneficia a nosotros”, según confesó el responsable del PCE.

Bulgaria deseaba adquirir tres petroleros y seis barcos carboneros. Era un negocio de varios millones de dólares con un beneficio considerable para los intermediarios. De nuevo, la empresa española interesada fue Espaco S.A. Uno de sus directivos, Antonio González-Adalid Rodríguez, había entablado contacto con JGE  por mediación de amigos comunes –”uno de ellos, camarada”, informó Estarriol-. González-Adalid era consejero de Astilleros Elcano, del INI, miembro del Opus Dei y condiscípulo del ministro Ullastres. Nacido en Cádiz, era ingeniero naval y profesor de Geografía y Catastro. Compartía un apellido muy relacionado con el mar, en sus ramas civil y militar: otro González-Adalid Rodríguez, Isidoro, alférez de navío, había sido uno de los oficiales de la Armada española embarcados secretamente en la flota alemana – la Kriegsmarine– durante la campaña del Báltico en 1943. Ello no obstaculizó, sino todo lo contrario, su posterior carrera. Durante el tardofraquismo, alcanzó el grado de Vicealmirante, fue Jefe del Estado Mayor de la Zona Marítima del Mediterráneo y estuvo al mando del arsenal de Ferrol y de la dirección de la Escuela de Guerra Naval.

Antonio González-Adalid Rodríguez, por su parte, era Ingeniero jefe en los astilleros de Sevilla, consejero de Astilleros de Cádiz y ostentaba la Gran Orden del Mérito Civil. En definitiva, un prohombre del régimen, encabezando un looby empresarial de un sector estratégico, estaba buscando el contacto con los comunistas para concurrir con ventaja en un concurso millonario al otro lado del Telón de Acero aceptando que las pingües comisiones obtenidas por su intermediación (según cálculos de Estarriol, unos 200.000 dólares) fueran a alimentar la maquinaria de la organización que más tenazmente trabajaba por el derrocamiento del franquismo. La operación era de tal envergadura que González Estarriol debió examinarla con la dirección del partido.

Comerciando con el diablo: cuando el INI franquista negoció con el PCE
Antonio García-Adalid HEMEROTECA ABC

Por parte de Bulgaria, el director general de Technoexport, otro exbrigadista, se comprometió a favorecer a sus camaradas españoles. A medida que iba recibiendo ofertas de otros países, las filtraba a JGE. Los búlgaros sabían “de qué se trata y quieren hacer patente su solidaridad y ayuda”.  El ministro de Comercio Exterior y un jefe del departamento ministerial manifestaron que “están completamente de acuerdo con darnos toda su ayuda por lo que esta operación representa como ayuda a nuestro partido. Incluso aunque las condiciones españolas fueran ligeramente desventajosas para ellos con relación a las de otros países”.

Sin embargo, las expectativas se desinflaron poco después. El bien dispuesto camarada director general cesó. Los búlgaros indicaron a Madrid ciertas modificaciones insinuando que, si los precios no se rebajaban, la operación se la llevarían Grecia y Japón. Estarriol concluía sombríamente: “No es muy fácil que los astilleros españoles puedan llegar a un acuerdo en tan corto tiempo”. Es probable que en el jugoso negocio se interpusiera el escándalo internacional provocado por la detención, tortura, proceso y fusilamiento de Julián Grimau. La naturaleza vengativa del Régimen de los XXV Años de Paz se impuso a la venalidad y el pragmatismo de sus jóvenes linces. Al Generalísimo le seguía excitando más el acre olor de la pólvora que el dulce aroma de las divisas.

Desconocemos el final de las operaciones pero cabe pensar, indiciariamente, que los contactos se retomaron en algún momento posterior, con las aguas ya calmadas. El 28 de septiembre de 1963, Estarriol escribió una carta al responsable económico del PCE, Tomás García: “Otra noticia que quizás no conozcas es que tu amigo Antonio González-Adalid ha sido nombrado Director General de Industrias Navales en el Ministerio de Industria [encabezado por López Bravo]”. ¿Recompensa o toma de posiciones con vistas a un mercado de futuros? El 24 de enero de 1967 se firmó, al fin, un protocolo entre el Instituto Español de Moneda Extranjera y la Banca Búlgara de Comercio Exterior por 1.140 millones de pesetas (19 millones de dólares de la época). Mientras tanto, el número de buques y el tonelaje exportado por los astilleros españoles se dobló entre 1962 y 1966.

Antonio González-Adalid fue colocándose en el grupo de jóvenes valores que estaban destinados a liderar la metamorfosis del franquismo. En julio de 1966, el mismo BOE que publicó su nombramiento como Director General de Industrias Siderometalúrgicas recogía el de Industrias Textiles, Alimentarias y Diversas para un tal Rodolfo Martin Villa. Su prometedora carrera, sin embargo, se truncó un 6 de julio de 1968, a los 43 años de edad, a causa de una trombosis cerebral. Dejaba viuda y cuatro hijos, el mayor de ellos futuro ejecutivo y consejero de Enagas, Abantia, Tubacex, Banco Popular y otras firmas del Ibex-35 bajo el turnismo en democracia de conservadores y socialistas. Demostración empírica de que, contradiciendo al proverbio, para comer con el diablo no hay por qué emplear siempre una cuchara larga.

Franquismo o fascismo

12 marzo, 2019

Fuente: http://www.blogs.publico.es

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

Hace ya años hubo un debate muy vivo e intenso en círculos politológicos en nuestro país sobre el tipo de régimen político que existía en España durante el periodo 1939-1978. Algunos politólogos, como el Sr. Juan Linz, de la Universidad de Yale (muy influyente en España, maestro de muchos de los profesores de Ciencias Políticas más conocidos en este país), sostenían que aquel régimen había sido un régimen autoritario, o lo que podría llamarse una dictadura a secas, sin más. Su misión era mantener el orden y la autoridad, siendo su dimensión represiva la más acentuada. Dirigida por un caudillo al que el régimen consideraba que tenía dotes casi sobrehumanas (“Caudillo por la gracia de Dios”, se decía en España para definir al Caudillo), tal tipo de Estado recibía el nombre de caudillista, siendo la forma de dictadura más común en América Latina, y que, según tales autores, incluía también la dictadura en España llamada franquista.

Esta visión de la dictadura fue la más común en el establishment político-mediático (es decir, la estructura de poder político y mediático) español, que la promovió extensamente no solo en sus medios de comunicación, sino también en las instituciones educativas del país. Parte del atractivo que esta visión tenía para dicho establishment era que estas dictaduras autoritarias iban debilitando su autoritarismo a medida que se desarrollaba la sociedad y aparecían unas clases sociales -como las clases medias- que, al añadir estabilidad al sistema político, hacían menos necesaria la represión, convirtiéndose más tarde en democracias, tal como el establishment político-mediático creyó que había ocurrido en España. Esta visión fue la preferida por los vencedores de la Guerra Civil, pues justificaba veladamente el golpe militar del 1936 y la dictadura que generó, ya que su autoritarismo era necesario para permitir el desarrollo del país, autoritarismo que fue diluyéndose con el paso del tiempo. De ahí la definición de aquel régimen como franquista, el término más utilizado en España para definir dicho régimen.

El régimen, sin embargo, fue mucho más que autoritario; fue también totalitario

La otra visión de aquel régimen creía que este fue mucho más que autoritario. Consideraba que fue totalitario, es decir, que intentó cambiar toda la sociedad creando un “nuevo hombre” (en aquel entonces la mujer no contaba mucho). Según el Sr. Juan Linz, los regímenes totalitarios eran aquellos que intentaban cambiar la sociedad a través de la imposición de una ideología totalizante (es decir, que afectaba todas las dimensiones del ser humano), como por ejemplo el comunismo, que utilizaba todos los instrumentos a su alcance (desde los educativos hasta los represores) para imponer sus valores. Este tipo de sociedades, decía Linz, eran incambiables, pues no tenían la capacidad de transformarse en democracias. Esta visión de las sociedades comunistas -como regímenes incambiables- fue utilizada durante muchos años por el gobierno federal de EEUU para justificar su gran tolerancia y apoyo a las dictaduras caudillistas latinoamericanas, y su hostilidad hacia las dictaduras comunistas.

Ni que decir tiene que el establishment político-mediático español nunca ha aceptado que el régimen que llamaba franquista fuera totalitario. Pero aquellos que vivimos y sufrimos aquel régimen, sin embargo, podemos dar testimonio de que el régimen dictatorial español fue enormemente represivo no solo físicamente y emocionalmente, sino también ideológicamente. El Estado controlaba todos los sistemas productores de valores, desde la educación hasta todos los medios de comunicación, con el objetivo no solo de mantener el orden y la autoridad, sino también y sobre todo de promover su ideología. Y tal ideología era totalizante en extremo, pues intervenía en todas las dimensiones del ser humano, desde el idioma que uno debía utilizar para comunicarse hasta la manera de realizar y conseguir el orgasmo. Es difícil encontrar una ideología más totalizante que la que existía durante la dictadura del general Franco.

¿Cuál era la ideología totalizante?

Y ahí es donde está el quid de la cuestión. ¿Cuál era la ideología de tal régimen? Naturalmente que aquellos que sostienen la teoría de que el régimen era meramente autoritario, sostienen también que no tenía ideología, lo cual contrasta con la experiencia de cualquier persona que haya sufrido aquel régimen. A mí, cuando era niño, en Barcelona, un policía franquista (se llamaban los grises) me pegó una bofetada por hablar catalán, mi lengua materna, gritándome “no hables como un perro, habla en cristiano”. Y la masturbación estaba prohibida. Si no se lo creen, pregúntenselo a sus abuelos (ver mi biografía personal “Una breve historia personal de nuestro país: biografía de Vicenç Navarro”, en vnavarro.org, 26.09.17)

Varias eran las características de su ideología. Una era la sumisión del mundo del trabajo al mundo empresarial (que se benefició extensamente del tal régimen) a través de los sindicatos verticales. No se ha enfatizado suficientemente el clasismo elevado (dominio y reproducción de clase) como característica de aquel régimen dictatorial, lo cual es sorprendente pues un objetivo mayor del golpe militar que lo creó y enalteció en 1936 fue precisamente la defensa de los intereses y principios de la clase dominante (incluyendo las élites económicas y financieras del país) frente a los avances sociales que la II República había estado consiguiendo como resultado de las presiones realizadas por las clases populares.

Otra característica era la sumisión (en realidad, eliminación) de los nacionalismos periféricos (catalán, vasco y gallego) al nacionalismo españolista uninacional enraizado en la monarquía y su pasado imperial. Esta característica definió también aquel régimen cuyo enaltecimiento fue creado bajo el lema de defender la “unidad de España”, unidad que, por cierto, no había estado amenazada, difundiéndose bajo este lema, no la unidad de España sino la continuidad de un estado monárquico borbónico, jerárquico, radial (centrado en la capital del Reino, que tuvo poco que ver con el Madrid popular) y uninacional, que consideraba como “antiEspaña” a la visión plurinacional de España, poliédrica, no radial, con una convivencia consensuada y no forzada por el Ejército.

Estas características, clasismo y nacionalismo extremo, eran características de las ideologías totalizantes conocidas en el siglo XX como nazismo y fascismo, y que se presentaron claramente en el golpe militar del 1936 que no hubiera sido posible sin la ayuda del nazismo alemán y del fascismo italiano. Y así fue percibido por la mayoría de las instituciones internacionales, incluyendo las Naciones Unidas, lo cual explica que fuera de España no se utilice el término franquista para definir el régimen dictatorial español, sino el término fascista. Cuando el Sr. Samaranch fue en el año 1996 a EEUU a inaugurar los Juegos Olímpicos de Atlanta, el New York Times, en su nota biográfica, lo definió como “el delegado de deportes del régimen fascista español liderado por el general Franco”. No era su intento insultarle, pues el término con el que se definió aquel régimen en la mayoría de los medios de comunicación occidentales fue el de fascismo. En realidad, el único país en el que no se utiliza el término fascismo es España, y ello no es por casualidad, pues le conviene al establishment político-mediático presentarlo como un caudillismo, ya que una vez desaparecido el caudillo, la dictadura desapareció.

La falacia que el término “dictadura franquista” oculta

Pero la realidad actual muestra el error de tal definición, pues muchos de los elementos de aquella ideología dominante durante la dictadura aparecen también hoy en la cultura dominante de este país, incluyendo el clasismo y el nacionalismo extremo uninacional.

Referente al clasismo, hay que recordar que muchas de las grandes empresas del Ibex 35 proceden del franquismo, como bien ha documentado Rubén Juste. Y su gran poder –junto con el de la Gran Patronal- explica este poder no sólo en lo económico sino también en lo político y mediático, ejerciendo una influencia sobre el estado que implica que los salarios continúan siendo de los más bajos de la Unión Europea de los Quince (UE-15), que el porcentaje de las rentas del trabajo sobre la totalidad de las rentas nacionales sea de los más bajas de la UE-15 (mientras que el porcentaje de las rentas del capital sean de las más elevadas); que los ingresos públicos del estado sean de los más bajos de la UE-15 y que el gasto público social en los servicios públicos como sanidad, educación, escuelas de infancia, vivienda social, servicios asistenciales, en las transferencias sea de los más bajos en tal comunidad europea (ver mi libro El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias, editorial Anagrama, 2006).

Elementos de continuidad dentro del Estado

Es sorprendente también ver la continuidad en las élites dirigentes del estado (desde el jefe de Estado a ministros y dirigentes estatales). Gran cantidad de funcionarios del Estado dictatorial y sus descendientes han ocupado y continúan ocupando puestos de gran responsabilidad. En realidad, los herederos de los vencedores de la Guerra Civil son muchos más en las cúspides del poder estatal, que no los herederos de los vencidos. La gran resistencia a corregir la tergiversación de la historia de España que continúa enseñándose en las escuelas tanto públicas como privadas es las comunidades históricamente dominadas por los primeros, la oposición a legislar la impunidad de los crímenes del franquismo, la intolerancia cuando no apoyó a monumentos al fascismo (como el Valle de los Caídos), la relación privilegiada del estado con la Iglesia, el enorme conservadurismo de la administración pública, la gran corrupción, la utilización de los aparatos del estado para fines partidistas, y muchos otros hechos, son indicadores de la continuación de la ideología mal llamada franquista.

El enorme énfasis en el “respeto a la ley y al orden” (en España, que es uno de los países de la UE-15 que tiene más policías por 100.000 habitantes y menos adultos trabajando en sanidad y educación) que existe en España, y el excesivo poder de la clase empresarial, (síntomas del clasismo heredado de la dictadura anterior), conseguido a costa del escaso poder del mundo sindical (que se traduce también en el escaso desarrollo de la cogestión en las empresas), y su movilización centrada en la bandera y el himno borbónico del lado vencedor, consideradas como los símbolos nacionales, son claro ejemplo de la legitimación de la ideología de aquel régimen. Ni que decir tiene que la forma y el contexto de tales características han ido variando sustancialmente. Pero estos cambios no ha significado su eliminación como indiqué en un artículo reciente, señalando que no ha habido una desnazificación o desfasticización de España como ocurrió en otros países que tuvieron regímenes parecidos como Alemania, Italia y la Francia de Vichy (ver en Público 21 de noviembre de 2017, “Franco no ha muerto”).

Ni que decir tiene que el Estado español y la sociedad española en la que tal estado ha estado ubicado ha cambiado muchísimo durante los casi cuarenta años que han pasado desde el fin de la dictadura. Y mucho bueno ha ocurrido en el reconocimiento de los derechos laborales y sociales, en el mejoramiento de las instituciones políticas y en la sensibilidad de la administración pública. Ahora bien, estos cambios, por muy significativos que hayan sido, no han alterado elementos clave y definitorios del estado anterior, que han continuado reproduciéndose en los aparatos del estado y en muchas de las políticas públicas aprobadas y desarrolladas por tal estado que son resultado de la continuidad de lo que se llama “cultura franquista” que tiene claros componentes de las características que definieron la ideología dominante del régimen dictatorial. Sin ello, no se explica que, por ejemplo, como consecuencia del clasismo extremo (cuyas formas de expresión han variado, pero que mantienen un gran dominio de los propietarios y gestores del mundo empresarial en la vida política del país), España continúe teniendo, cuarenta años después del fin de la dictadura, unos de los salarios y uno de los gastos públicos sociales más bajos de la UE-15. Lo que se llama continuación de la cultura franquista se refleja también con clara represión hacia ideologías distintas a la promovida por el Estado y su constitución en los grandes sectores de los aparatos del Estado como los aparatos policiales y judiciales del Estado central.

El continuismo de esta ideología uninacional y autoritaria en el comportamiento judicial en el caso de los presos políticos actuales

Prueba de lo dicho anteriormente es comparar el enjuiciamiento del exPresidente Puigdemont en las cortes belgas con las cortes españolas. Independientemente de la valoración y opinión que uno tenga del comportamiento del gobierno Junts pel Sí y su estrategia para alcanzar la independencia, conocida en Catalunya como el “procés”, (y que yo he sido muy crítico en este artículo “Los independentistas son también responsables de la enorme crisis en Catalunya”, Público, 8 de diciembre de 2017). Cualquier lector objetivo puede comparar la dureza y extremismo del sistema judicial español hacia el exPresidente Puigdemont con el sistema judicial belga. La petición del sistema judicial español de que se detuviera al Presidente Puigdemont y a sus consejeros por los supuestos delitos de rebelión y sedición que la juez de la Audiencia Nacional, la Sra. Carmen Lamela, había dictado fueron prácticamente desautorizados al considerar tales acusaciones exageradas e infundadas, entendiendo solo que los acusados habrían desobedecido, cuya pena no implicaba prisión. El temor a que el tribunal belga reafirmara esta conclusión, asustó al juez del Tribunal Supremo, el Sr. Pablo Llarena, y determinó que eliminara y borrara la petición de extradición pues sabía que el tribunal belga mostraría el carácter claramente político y represivo de la justicia española, clara herencia de la cultura que en España se continúa llamando franquista. No podía haberse mostrado de una manera más clara.

Ante una Iglesia franquista

10 febrero, 2019

Fuente: http://www.eldiario.es

Soy ateo, pero nunca he sido anticlerical. Respeto profundamente el derecho que cada cual tiene a profesar la religión en la que cree. Tanto es así que en esta misma tribuna defendí la necesidad democrática de que la misa de los domingos, al igual que los ritos de otras confesiones religiosas, siguiera emitiéndose en la televisión pública. Sí soy partidario de acabar con los privilegios y las subvenciones millonarias que recibe la Iglesia católica. No es que haya asumido la idea lanzada por un peligroso rojo bolivariano; me he limitado a leer esa Constitución, que está tan de moda, y que define a España como un estado aconfesional.

Más allá de eso, pienso que el único límite que debe imponerse a las distintas religiones es el del respeto a la legalidad, a los derechos humanos y a los valores democráticos. Si un imán llama a la yihad o anima a maltratar mujeres, debe ser detenido, procesado y encarcelado. Si un testigo de Jehová pone en riesgo la vida de su hijo al negarle una transfusión de sangre, las autoridades tienen que retirarle la custodia. Si el líder de una secta promueve suicidios colectivos… pues eso, al trullo con él.

El problema es que esa unanimidad a la hora de frenar los excesos cometidos en nombre del Islam o de otras confesiones religiosas se convierten en tolerancia cuando hablamos de la Iglesia católica. Aquí se sigue permitiendo, por mucho que digan, el encubrimiento de la pederastia. A los violadores de niños se les trasladaba de parroquia o se les “juzgaba” en unos tribunales eclesiásticos que funcionaban en la más absoluta alegalidad e ilegalidad. Tribunales que castigaban y castigan con durísimas penas consistentes en retirar temporalmente a los culpables del servicio, rezar unos cuantos padrenuestros y varias avemarías. ¿Digo alguna barbaridad si afirmo que el pederasta debe ir a la cárcel, tenga o no sotana? ¿Soy un “quemaiglesias” si me indigno porque sus encubridores queden impunes… ya sean cardenales, obispos o el mismísimo Papa de Roma?

A ese cáncer global, llamado pederastia, que afecta a toda la Iglesia, hay que sumar otro mal que gangrena a su rama española. Desde la muerte del dictador, los demócratas de este país no hemos hecho más que poner la otra mejilla ante las numerosas bofetadas totalitarias que nos propinaba la cúpula católica. Toleramos que custodiaran ese valle de la infamia que sigue en pie en Cuelgamuros. Permitimos que albergaran en sus templos las tumbas de asesinos como Queipo de Llano. Soportamos que se resistieran a retirar símbolos franquistas de las paredes de sus iglesias. Miramos para otro lado cuando celebraban misas en las que se cantaba el Cara el Sol y se humillaba a las víctimas de la dictadura.

No sé a ustedes, pero a mí se me ha acabado la paciencia y la tolerancia después de recibir las últimas hostias, que no eran, precisamente, consagradas. La Conferencia Episcopal, 82 años después del golpe de Estado que acabó con la democracia republicana, ha vuelto a elegir bando y ha vuelto a apostar por los fascistas. Después de reír durante años las bravuconadas del franquista despreciable que tienen como abad en el Valle de los Caídos, ahora confabulan con la familia Franco para que el tirano acabe enterrado en la Catedral de la Almudena, en pleno centro de Madrid. Después de negarse a pedir perdón por haber legitimado 40 años de dictadura, ahora sus vírgenes aparecen vestidas con mantones falangistas y sus curas piden a Dios que cuide de las almas de Franco y de José Antonio o se dedican a hacen peinetas a los familiares de las víctimas.

Tengo claro que no todos los sacerdotes católicos comulgan con estas prácticas. Es muy probable que ni siquiera representen una mayoría. Sin embargo, las voces discordantes entre los religiosos se cuentan con los dedos de una mano. Una mayoría encabezada por sus jefes, calla y, por lo tanto, otorga. Después de la visita de la vicepresidenta del Gobierno a El Vaticano, el Papa tampoco tiene ya excusas. Él es el principal culpable de lo que está ocurriendo y de lo que pueda ocurrir.

Hoy la Iglesia española está fuera de la ley. Desde la Conferencia Episcopal hasta no pocos de sus sacerdotes incumplen sistemáticamente la Ley de Memoria Histórica. ¿Por qué la Fiscalía no ha actuado de oficio en ninguno de los casos en que se ha vulnerado esta norma? ¿Por qué es tan firme con los titiriteros y tan permisiva con las sotanas?

Nunca generalizaré porque respeto a los creyentes y admiro a muchos religiosos y religiosas que dedican su vida a mejorar la de la gente en barrios humildes de Madrid, Sevilla, Río de Janeiro o Adís Abeba. Nunca seré anticlerical, pero ya soy anti este Papa y anti esta Conferencia Episcopal. Me he cansado de que defiendan el fascismo. Estoy harto de que humillen a las víctimas.

Jorge Mario Bergoglio y Ricardo Blázquez deberían reflexionar sobre las palabras que escribió en pleno periodo republicano uno de sus colegas. Eloy Montero Gutiérrez, que años después sería uno de los religiosos de cabecera del dictador, era plenamente consciente de que el anticlericalismo existente no había surgido de la nada: «¿Qué hemos hecho sobre todo con el pueblo? Nos quejamos de que se nos ha ido de las manos; pero ¿es que no tenemos culpa de su alejamiento de la Iglesia? ¿Es que nos hemos acercado como debíamos a las clases populares? ¿Es que hemos ido a buscar al pueblo donde quiera que se hallase? ¿Es que nos hemos sacrificado por los humildes, por los desgraciados, por los pobres? ¿Es que hemos defendido los derechos legítimos de esas clases populares con la valentía necesaria, aun exponiéndonos a la enemistad de los grandes y de los poderosos y de los ricos?». Señores Bergoglio y Blázquez, ¿es que no tienen ustedes la culpa de que haya tenido que escribir este artículo?