“España es el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”

18 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

María Rozalén está en un tren. Viaja a Albacete, su ciudad natal, cuando descuelga el teléfono por la llamada de eldiario.es. Es temprano y tiene poco tiempo: su tercer disco se puso a la venta este viernes y la promoción le obliga a hacer como que cuenta con el don de la ubicuidad, aunque no lo tenga. “Me están haciendo 50.000 entrevistas, afortunadamente. Me he dejado el alma”, dice orgullosa sobre su tercer disco, Cuando el río suena… (Sony Music).

Rozalén creció en Letur (Albacete) escuchando las historias sobre su tío abuelo, que dependiendo de la familia que lo llamase era Ramón o era Justo. Ella estudió Psicología, aunque tocaba la bandurria desde los siete años, componía desde los 14  y había ganado su primer premio musical a los 19.

Durante la Guerra Civil Justo estaba en Transmisiones, en la quinta del Biberón. La compañía fue una de las últimas llamadas a filas por Manuel Azaña entre 1938 y 1939. El presidente de la Segunda República movilizó a jóvenes que por aquel entonces tendrían 17 o 18 años para ir al frente a luchar, por eso el apodo. Justo fue el único de su pelotón que no volvió.

“Mi abuela siempre me relacionaba con él porque también cantaba”, dice Rozalén. Justo era 8 años mayor que ella, que le vio irse con 10 años para no volver nunca más. Hay heridas que nunca terminar de cerrarse.

Hace dos años, mientras la cantautora preparaba el disco, conoció a Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Me pidió que le diese los datos: solo teníamos el nombre, los apellidos, el día que lo mataron y que era de Letur”, dice Rozalén. Hace un año recibe un WhatsApp de Silva, que le dice que su tío abuelo está registrado en una fosa común de Arganda del Rey (Madrid). “Mi familia ni se había planteado buscarlo. Después de 80 años, imagínate”.

Denuncia social, poesía y compromiso

Las cifras bailan cuando se habla de desaparecidos durante el franquismo. Hace apenas dos días, la ONU exigió a España que acelerase la búsqueda de muertos en cunetas. “Somos el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”, denuncia Rozalén. Se estima que aún quedan unas 140.000 personas por encontrar dentro de las fronteras del estado español. “Falta información y falta humanidad”, continúa la artista.

Cuando el río suena… es un disco familiar y comprometido: Rozalén y las historias de sus antepasados, la poeta ante la denuncia social, la xenofobia, el racismo y la desmemoria que tienen los que dicen eso de “ya pasó”. También canta al amor, al despecho, a sus padres e incluso al feminismo.

“En La puerta violeta hablo con mi abuela, con la mujer de su tiempo y el mío”, continúa la cantautora, que confiesa que este tema es “una metáfora de apertura al feminismo que habla sobre un maltrato no físico”. Dice que solo lo podía explicar hablando sobre la diferencia generacional entre mujeres.

María Rozalén
María Rozalén

Para explicar esta brecha, Rozalén habla de cómo su abuela le abronca por no tener hijos aún a los 31 años -“ella dice que ya tenía cuatro hijos”- y de cómo el pensamiento ese de “si no tienes una familia no eres mujer” todavía permanece muy presente en los viejos. “También la filosofía esa de que debemos aguantar. Eso es algo que nuestras abuelas siempre dicen. Yo le contesto: ‘es que no tengo que aguantar esto'”, continúa.

Rozalén, que se congratula de no haber sufrido nunca el machismo en sus carnes, reconoce que “se nos exige mucho más por ser mujeres. Hay mucho que mejorar porque nos siguen asesinando en nuestras casas”. También lanza una crítica contra la corriente del “amor romántico” que últimamente embauca a los jóvenes: “el ‘es que si no tiene celos no me quiere’ está maltratando a muchas niñas jóvenes”. Por eso propone “reformar la Ley de Violencia de Género hasta que baje el número de muertes”.

Rozalén llega a Albacete justo al terminar esta conversación. Se va directa a otra entrevista. Empieza la gira de presentación del disco el día 2 de noviembre en Murcia. Su abuela estará con ella, porque sin su memoria ni la de Rozalén, Cuando el río suena… dejaría de llevar agua. Porque, como dice casi al final de la entrevista, “hay mucho hecho y mucho por hacer”.

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El escritor que quería hacer historia

17 octubre, 2017

Fuente: http://www.elpais.com/cultura

La crónica de la Guerra Civil de Ludwig Renn, editada en alemán en 1955, ve la luz en España. Es literatura de combate comunista, sin lugar para la retórica o los sentimientos.

Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.
Voluntarios de las Brigadas Internacionales en el Cuartel de la Guardia Republicana en Albacete en 1936.REP

La guerra civil española fue en su origen un conflicto interno entre espa­ñoles, pero en su curso y desarrollo constituyó un episodio de una guerra civil ­europea que acabó en 1945.

Tras las subida de Hitler al poder, el sentimiento popular antibélico de los años veinte dio paso gradualmente a políticas de rearme y a una crisis de la seguridad internacional. En ese ambiente tan caldeado, para muchos ciudadanos eu­ropeos y norteamericanos, España se convirtió en el campo de batalla de un conflicto inevitable en el que al menos había tres contendientes: el fascismo, el comunismo —o la revolución— y la democracia.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones. Con las Brigadas Internacionales llegaron a España obreros manuales, aventureros en busca de emociones, intelectuales y profesionales de clases medias, corresponsales de guerra y escritores. La mayoría tenía claro que el fascismo era una amenaza internacional y España era el lugar apropiado para combatirlo. Se habían sentido atraídos por el Partido Comunista, que les daba amparo y una doctrina fuerte a la que agarrarse, en un momento en el que en París confluyeron un montón de exiliados de la Europa oriental, central y balcánica, huidos de la represión fascista y dictatorial.

El escritor que quería hacer historia

Ludwig Renn, aunque representaba todo eso, era un tipo singular. Nacido en una familia aristocrática de Dresde en 1889, Arnold Vieth von Golssenau combatió como oficial en un regimiento de Sajonia durante la I Guerra Mundial, una experiencia militar que relató con éxito en Krieg (guerra), en 1929, y continuó en Nachkrieg (posguerra), en 1930, cuando ya había abandonado el Ejército y su clase, incluido su nombre, para abrazar el comunismo y la ortodoxia estalinista.

Con el ascenso nazi al poder, estuvo en la cárcel año y medio y, tras ser liberado, huyó a Suiza, donde se enteró de la sublevación militar contra el Gobierno republicano en España. A principios de octubre de 1936 se subió a un tren con destino a Cerbère y después a Barcelona. Así comienza su crónica de la guerra civil española, editada en alemán en 1955 y que ve ahora la luz por primera vez en España, más de 600 páginas de literatura de combate comunista, sin apenas lugar para la retórica o los sentimientos, porque “el amor en el campo de batalla es una invención de los escritores. En el frente, la vida real no deja hueco a esos lujos”.

Alejado, por tanto, de las fantasías de los “tibios” burgueses de izquierda que nunca se jugaron el cuello, Ludwig Renn describe lo que él considera la auténtica realidad, dando fe, desde el principio hasta el final, del relato oficial comunista, frente a “anarcofascistas” (amigos del desorden y de la “palabrería”, inservible en la guerra); “socialtraidores”, representados por Largo Caballero y el “redomado golfo” Indalecio Prieto, y espías trotskistas y del POUM.

Renn arriesgó su vida en primera línea de fuego, como había hecho ya en la Guerra Mundial, primero como dirigente del batallón Thälmann y después como jefe del Estado Mayor de la XI Brigada Internacional. Estuvo en todas las grandes batallas, desde Madrid hasta Brunete, pasando por el Jarama y Guadalajara, hasta que a comienzos de septiembre de 1937 emprendió, con pasaporte español —Hitler le había despojado de la nacionalidad alemana—, una “misión oficial” de propaganda a favor de la República por Estados Unidos, Canadá y la Cuba de Batista.

Muchos narraron los hechos de primera mano, en el frente o en la retaguardia, transmitiendo al mundo historias de horror, heroicidad, compromiso y traiciones

El 21 de septiembre de 1938, Juan Negrín, presidente del Gobierno de la República, anunció en Ginebra, ante la Asamblea General de la Sociedad de Naciones, la retirada inmediata y sin condiciones de todos los combatientes no españoles en el Ejército republicano, con la esperanza de que el bando franquista hiciera lo mismo. Quedaban entonces en España aproximadamente un tercio de todos los que habían llegado para luchar contra el fascismo, y el 28 de octubre, un mes después de su retirada del frente, las Brigadas Internacionales desfilaron en Barcelona ante más de 250.000 personas. Allí estaba Renn, quien permaneció en España hasta la caída de Cataluña. De allí pasó a Francia, después a México y regresó a Alemania 10 años después.

El problema de la República, concluyó Renn, no fue “la falta de experiencia militar”, que tampoco la tenían, según él, las tropas de Franco, sino “el guirigay entre partidos”, donde sólo el comunista mantuvo el tipo: sin él, y sus “abnegados camaradas y amigos”, la República española “hubiera sido borrada del mapa en un santiamén”.

Renn no era sólo un escritor comprometido, que luchaba con la pluma y la palabra contra el fascismo. Como les dijo a algunos de sus colegas famosos en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en julio de 1937, él peleaba en el frente y había dejado la pluma porque no quería “escribir historias, sino hacer historia”.

La guerra civil española. Crónica de un escritor en las Brigadas Internacionales. Ludwig Renn. Traducción de Natalia Pérez Galdós. Fórcola Ediciones. Madrid, 2016. 721 páginas. 39,50 euros.

Hagámonos jázaros

16 octubre, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

15 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Estamos produciendo una serie de entrevistas en vídeo sobre la era Trump en EE.UU. Si quieres ayudarnos a financiarla, puedes ver el tráiler en este enlace y donar aquí.

 

No se lo tomen a mal. No es nada personal. Ni siquiera es fruto de un calentón provocado por los recientes acontecimientos, o más bien por las reacciones a esos acontecimientos. Ni por las reacciones a los acontecimientos de hace ya bastante. De hecho, lo venía pensando tiempo atrás, pero lo de estos días, y lo que vendrá, me han determinado a dar testimonio, como dicen en los realities, o echar mis versos del alma, que reza la letra más conocida de Guantanamera. No se ofendan, pero el caso es que estoy sopesando si quitarme de español. Ser español es muy cansado y muy exigido, y hoy en día es una actividad que exige dedicación full time.

Reconozco que posiblemente tenga un déficit de espíritu patriótico, en el sentido que le daba Bernard Shaw de que era la convicción de que tu país era superior a todos los demás porque naciste en él. Pero es que creo que no es lógico sentirse orgulloso de algo que no has elegido ni conseguido, sino que te ha tocado. Puedes estar contento de ser rubio, o de ser alto, de haber nacido en una parte del mundo en la que la esperanza de vida supera los 55 años, pero, ¿orgulloso? Tampoco confundan mi falta de patrioterina en sangre con la misantropía. Estoy muy a gusto en donde estoy, y con la gente con la que estoy, todo ello con las naturales excepciones. Me supondría una auténtica tragedia tener que ausentarme para siempre (aunque a un par de años no diría que no). Es decir, no quiero hacer un Cristina de Borbón: no quiero “que acabe todo esto para no volver a pisar este país”. Y claro que estoy orgulloso de que en España existan una educación y una sanidad públicas y universales, todo lo mejorables que se quiera, pero más que buenas; como lo estoy del espíritu solidario de la gente ante las tragedias, del índice de donaciones… Eso sí son cosas que hemos conseguido entre todos.

Pero no me agrada ser el responsable alícuota de unas instituciones trufadas de trincones, escogidos y ratificados por mis conciudadanos en su libre albedrío. Ni tener unas muy altas instancias capitaneadas, todas y cada una, por señores que no superarían ninguna ITV ética o legal en un país del entorno al que creemos pertenecer. Y sufrir, en general, una de las clases dirigentes más torpes, mentirosas, maniobreras y rapaces al norte del ecuador. No me gusta que los empleos que promueven esas preclaras clases sean los de camareros para atender turistas, como antes fueron los de peones de albañil para levantar casas para que los bancos diesen créditos, mientras los jóvenes preparados con el sudor de sus frentes, los ahorros de sus familias y nuestros impuestos emigran como emigran las cigüeñas en pleno cambio climático: para no volver. Ni que las fiestas tradicionales se hayan convertido en aquelarres de alcohol mal destilado y peor bebido, con dosis de ruido ídem. Es decir, ni me seduce el presente ni el probable futuro.

LO QUE AGOTA LA BARRITA DE LA PACIENCIA ES VIVIR EN UN ESTADO DE ALARMA GENERALIZADO EN LA QUE CUALQUIER NIMIEDAD ES UN PROBLEMA Y LOS PROBLEMAS DE VERDAD SE TRATAN COMO SI FUESEN NIMIEDADES

Sé que todo eso es soportable con una cierta práctica de encogimiento moral de hombros y una dosis mañanera de actitud asocial (y una buena racha de resultados electorales, dirán los optimistas). Lo que agota la barrita de la paciencia es vivir en un estado de alarma generalizado en la que cualquier nimiedad es un problema y los problemas de verdad se tratan como si fuesen nimiedades. Aguantar una sempiterna situación de cable azul o cable rojo en la que estamos al borde del colapso de la civilización tal y como la entendíamos (en el supuesto de que hayamos entendido alguna vez que es eso). Una situación que te impide abrir los periódicos y encender las televisiones por temor a que se produzca la invasión de los ladrones de mentes. Habrán deducido que a mí lo que realmente me mata es más bien “lo español”, pero como una cosa y otra las ha unido el DNI ―algo que, por cierto, no has elegido, salvo que hayas nacido fuera― hasta que la muerte los separe, según un argumento muy usado estos días, pues eso es lo que hay. No pretendo dejar de pagar impuestos ni renunciar a los deberes ni a los ―cada vez menos― derechos derivados de ser nacido y residente en territorio DNI. Lo que reclamo es no sentirme concernido y esbozar una interesada y curiosa sonrisa de foráneo cuando, por ejemplo, escucho a Soraya Sáenz de Santamaría decir que no ha visto nunca nada tan antidemocrático como lo que sea, teniendo en casa lo que tiene.

Me hubiese gustado ser irlandés, porque lo que tienen lo han conseguido a pulso, sin desgraciar a prójimo alguno con la excusa de civilizarlos o enseñarles a explotar sus riquezas naturales. O de algún país nórdico, o incluso de esas pequeñas naciones de Europa central de historia un tanto acelerada, aunque ahí ya empezamos a tener esqueletos en los armarios, y no siempre de la familia. Pero eso supondría algo tan poco reconfortante como intentar sobreponerse a una relación conyugal fallida arrojándose por despecho a un enlace matrimonial con alguien vagamente conocido. Descarto el Reino de Redonda ese que rige Javier Marías, porque no veo en el horizonte un posible ofrecimiento (aunque lo atrabiliario de este texto quizá me haya hecho merecedor de los papeles de residente temporal) y, sinceramente, porque también me pasa como a Mark Twain, que prefería el cielo por el clima y el infierno por la compañía. Así que mejor echar mano de uno de esos pueblos a los que la historia sepultó.

Yo barrería para casa y propondría Galitzia, la Galicia de los Cárpatos, esa tierra de nadie y de todos, entre Polonia, Ucrania, Eslovaquia, Hungría y Rumanía, la patria de origen de Billy Wilder, que fue principado y reino antes de acabar aplastada por la II Guerra Mundial y luego repartida entre los vencedores. Pero tengo la íntima presunción de que quizá a alguien le pase lo mismo que a mí y se apunte, o sea, que mejor una opción menos personalista. Por ejemplo los khazar o jázaros. Los jázaros, que estaban asentados en la ribera norte del mar Caspio y eran aliados de Bizancio, fueron el único imperio que tuvo la originalidad de escoger como religión la judía, en el siglo IX, para desaparecer de forma misteriosa en las nieblas de la Historia en el X. Un hipotético pasaporte jázaro no molestaría a nadie, porque nada tendrían que reclamar sus poseedores ni sus descendientes. Anímense. Yo, parafraseando a Manquiña en Airbag, lo dejo, esto de ser español es muy estresante.

Pero, ¿qué unidad?

15 octubre, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

De las tres mentiras del franquismo la de la Unidad es la única que ha sobrevivido al paso del tiempo. Tanto que sigue marcando el día a día político en 2017

MALAGÓN
13 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Estamos produciendo una serie de entrevistas en vídeo sobre la era Trump en EE.UU. Si quieres ayudarnos a financiarla, puedes ver el tráiler en este enlace y donar aquí.

“Una, Grande y Libre”,  la santa trinidad franquista que marcaba el día a día cultural del momento se basaba, como toda propaganda, en una mentira. En este caso en tres. Aquella España, madre de esta, no era Grande, no era ya un imperio como un tiempo atrás, sino un país pobre y aislado en una Europa que vivía una época a la que llegamos cuarenta años tarde. Y llegamos tarde porque España no era Libre, sino un Estado en manos de curas y militares que lo llenaron de uniformidad, nunca de Unidad. La unidad, como el respeto o el cariño, es algo que hay que ganarse, no se puede imponer, es imposible. De las tres mentiras del franquismo la de la Unidad es la única que ha sobrevivido al paso del tiempo. Tanto que sigue marcando el día a día político en 2017. Al partido mayoritario, rebosado por la corrupción, le vale con sacar la bandera de la unidad de España para seguir siendo la opción más apoyada en las urnas, aunque esta unidad ni exista ni haya existido nunca, por mucho que le hagamos la ola a los padres de la Constitución. “Mientras Rajoy defienda la unidad de España y mantenga a raya a los catalanes, yo voy a seguir votándolo”, respondía en televisión, durante la campaña electoral de las elecciones de 2016, un chaval de Madrid tras ser preguntado por si la corrupción le influía a la hora de decidir su voto. El chaval que quería mantener a raya a los catalanes se refería, claro, a la unidad territorial, que es lo único que queda junto al intento de uniformidad si lees la letra pequeña de las mentiras heredadas.

El mejor ejemplo para entender que lo que se ha trabajado no es la unidad, sino la uniformidad, es el idioma. En la parte de la hegemonía cultural española nunca dejó de contarse aquella anécdota repetida mil veces del que viajaba a Catalunya y se encontraba de frente a alguien hablándole en catalán. El colmo de los colmos. O la nueva corriente, más moderna, que consiste en denunciar por televisión escándalos del día a día. Como el de los Mossos explicando en catalán los atentados en Las Ramblas y Cambrils. O como Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno de Aznar, denunciando años atrás en una tertulia que a los niños catalanes se les prohibía hablar castellano en el colegio durante los recreos. En una entrevista en Salvados, Jordi Évole le tendió una trampa. Caminando por la calle en algún lugar de Catalunya, lo acercó a la valla de un colegio durante la hora de recreo. “Vamos a escuchar un momento, Miguel Ángel”. Los micrófonos del programa captaban lo que todo el que haya estado allí un par de veces sabe que viene siendo Cataluña: niños hablando en castellano, otros en catalán e intercambios continuos de una lengua a otra en la misma conversación. Tras hacerle pasar el mal trago de ponerle las imágenes de su denuncia en la tertulia, Miguel Ángel Rodríguez sonreía. “Ya sabes que en las tertulias a veces hay que darle un poco de picante al asunto, Jordi”, seguía sonriendo el que fuera portavoz del Gobierno de España. Portavoz del Gobierno de España. Lo fue tras aquella victoria de Aznar que se celebró al grito de “Pujol, enano, aprende castellano”. Un mes después, Pujol era socio de gobierno de Aznar. Las tensiones territoriales, ya se sabe, se buscan y se encuentran.

No, en España no hay unidad, ojalá la hubiera, pero ni está ni se la espera. Entre otras cosas no se la espera porque, con unidad, el partido que heredó los referentes de la época anterior sería residual. Unidad es riqueza y España, en décadas, no se ha movido demasiado del pobre concepto heredado. Cuando alguna vez entendamos y aceptemos como normal que nada tiene que ver un señor de Guadalajara con una chica de Barcelona o un marroquí con nacionalidad española que trabaja la fresa en Huelva, podemos empezar a hablar de unidad.

AUTOR

  • Soy Gerardo Tecé. Modelo y actriz. Escribo cosas en sitios desde que tengo uso de Internet. Ahora en CTXT, observando eso que llaman actualidad e intentando dibujarle un contexto.

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Tenemos que conseguir proteger los espacios públicos sin aterrorizar al ciudadano

14 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Europa ha sufrido  siete atentados terroristas perpetrados con un vehículo en el último año, y el asesino de Barcelona al parecer ha sido capaz de huir. ¿Qué podemos hacer?

Lo ocurrido este jueves en Cataluña sugiere que, tal y como sucedió en los ataques en el  Puente de Londres la última primavera, la policía está mejorando a la hora de responder a estas carnicerías. La colocación rápida de barreras y el tiroteo con el que se redujo a  los sospechosos de Cambrils harán que se vuelvan a pedir más bloques de cemento en las calles y más policías armados. A corto plazo, será difícil oponerse a esto, de la misma forma que hay gente que pide un control más invasivo de las comunicaciones electrónicas.

Con todo, hay que mantener el equilibrio entre la libertad personal y lo que es, en realidad, una amenaza muy poco común. El hecho de que sus perpetradores sean por definición inmunes a la disuasión hace que la amenaza sea más terrible, pero también casi imposible de eliminar. Quizá deberíamos recordar que los actos de “conmoción y terror” también han sido empleados como arma por parte de los gobiernos occidentales, desde la Segunda Guerra Mundial hasta Irak. Existe la idea de que la furgoneta blanca es como el misil guiado de los pobres.

Lo que va a haber es un gran debate sobre lo lejos que queremos llegar para proteger los espacios públicos sin aterrorizar al ciudadano. Partes del centro de Londres ya parecen acobardadas, al tiempo que se levantan horribles barreras alrededor de las zonas turísticas. Durante décadas, no se ha separado a los peatones de los conductores borrachos o que violan los límites de velocidad, a pesar de que el resultado también sean víctimas mortales. No deberíamos destrozar las calles y destruir las ciudades para evitar el minúsculo riesgo de muerte por una acción deliberada mientras no se hace lo mismo con las accidentales.

La respuesta obvia es repetir que un terrible acto cuya ejecución no puede evitarse es mejor verlo como algo inevitable. En los años 80 y 90, Londres llegó a aceptar las bombas del IRA casi como parte de la vida en la capital. Sería de gran ayuda que no se diera una publicidad grotesca de este tipo de actos de terror. Esto distorsiona el nivel de riesgo, alimenta la intimidación y mina nuestra libertad porque tenemos miedo. Cómo informar pero no promover, cómo transmitir compasión sin propagar el miedo, esta es una habilidad en la que los medios están bastante perdidos.

Desde otro plano, este tipo de actos deberían recordarnos el frágil pacto en el que se basa nuestra pacífica sociedad. Como hemos visto esta semana en Charlottesville, la violencia nunca está muy por debajo de la superficie del miedo y el odio colectivo, el rostro maligno de las “políticas de identidad”. Es un lugar común pedir que la comunidad deba estar más alerta, deba informar a las autoridades cuando ve a un bicho raro, deba estar en guardia. La única prevención efectiva de los crímenes se tiene que dar en el punto de origen, por lo que la ridiculizada  estrategia Prevent del Gobierno británico debería acertar.

El asunto que más nos puede molestar es que casi todo acto terrorista tiene un componente político. La vertiente política de los conflictos no se se puede ocultar bajo la realidad de esos crímenes. Todavía estamos metidos en intervenciones militares en estados musulmanes, algo que muchos ven como una guerra contra el islam, y parecemos incapaces de rectificar. Trágicamente, todas las guerras tienen víctimas.

Traducido por Cristina Armunia Berges

¿Qué profesiones son más de derechas y cuáles más de izquierdas?

13 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En nuestro día a día resulta corriente escuchar comentarios más o menos explícitos en los que se asocia a los directivos y empresarios con orientaciones de derecha y a ocupaciones manuales como obreros industriales con orientaciones de izquierda. Si bien la creencia de que la profesión de la persona influye de algún modo en sus preferencias políticas y nos ofrece un mapa interpretativo que nos ayuda a dar sentido a un mundo cambiante y extremadamente complejo, cabe plantearse hasta qué punto es válida. En este artículo examino este asunto y ofrezco desde la sociología una respuesta tentativa a dos preguntas: ¿Hasta qué punto sigue existiendo una asociación entre la profesión de la persona y su orientación ideológica? Si existen diferencias apreciables en la posición ideológica de distintas profesiones, ¿qué profesiones se autodefinen como más de derechas y cuáles como más de izquierdas?

Resulta informativo empezar considerando las profesiones de quienes se consideran más de derechas. En el gráfico presentado a continuación encontramos el listado con su valor de auto-ubicación medio. Algunos casos son sorprendentes y otros más predecibles. Entre los casos más predecibles encontramos a los profesionales de derecho (abogados, jueces, notarios o magistrados), varios tipos de directivos (de servicios de negocios, operaciones, industria y servicios profesionales), así como a los médicos y agentes de ventas. Entre los casos sorprendentes destaca la profesión más de derechas de entre las 79 consideradas: los asistentes de vuelo, conductores y guías. Dicho grupo incluye a los asistentes de vuelo y guías en aeropuertos y cuentan con una media de auto-ubicación ideológica 0,8 puntos mayor que la media en España. Dicho esto, el valor de la auto-ubicación ideológica no difiere significativamente entre estas 15 profesiones, por lo que que no conviene sobre-interpretar las diferencias entre ellas. Otros casos también sorprendentes en este grupo son los trabajadores de la confección y los profesores de educación primaria y preescolar. Por tanto, entre las profesiones más de derechas encontramos un grupo de ocupaciones muy bien remuneradas y con condiciones laborales ventajosas, junto a otro grupo más diverso de profesiones de estatus intermedio o intermedio bajo.

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Esta relativa diversidad en las profesiones más de derecha responde en parte al hecho de que en las sociedades post-industriales contemporáneas los ciudadanos cuentan con motivaciones diversas para fijar su auto-ubicación ideológica. Históricamente la identificación con la derecha o la izquierda derivaba de la posición de la persona en la jerarquía socio-económica y los intereses económicos que ello conllevaba. Las personas con mayores ingresos o riqueza tienen incentivos a apoyar políticas públicas que mantengan el orden social y la distancia entre grupos económicos, las cuales suelen promoverse por partidos de derechas. No obstante, desde los años setenta ha surgido una nueva dimensión de diferenciación ideológica entorno al apoyo a la tradición cultural, organizaciones religiosas y visiones clásicas de la familia versus el apoyo a la autonomía individual, la auto-expresión y la lucha contra la discriminación. El primer grupo de principios ha venido asociado con partidos de derechas y el segundo grupo de principios con partidos de izquierdas. Un ejemplo claro es la actitud hacia el matrimonio homosexual, que es ampliamente apoyado por las personas de izquierdas y menos aceptado por las personas de derechas. La existencia de estas dos motivaciones – una económica y otra cultural – supone que podamos tener personas muy de derechas debido a su clase social, otras por su conservadurismo cultural o normativo y otras por una combinación de estos dos factores.

Respecto a las 15 profesiones con una auto-ubicación ideológica más a la izquierda cabe identificar dos grandes grupos. En uno se encuentran ocupaciones creativas o de alto componente intelectual. Entre ellas destaca el grupo de artistas, músicos y actores. Con un valor muy alto también encontramos a autores, periodistas y lingüistas, profesionales del ámbito social y religioso y técnicos profesionales de las áreas legal, social y religiosa. Otra profesión de orientación intelectual que puede sorprender como una de las más de izquierdas es la de profesores de universidad y de educación superior. Si bien muchos de estos profesionales cuentan con remuneración superior a la media del país y relativa seguridad en el empleo, destacan por su compromiso con posiciones de izquierda. Muy probablemente esto se debe a que los profesores de universidad suelen estar especialmente comprometidos con la auto-expresión y la lucha contra toda forma de discriminación, tradicionalmente asociados con la izquierda. El segundo grupo de profesiones con mayor orientación a la izquierda son fundamentalmente del sector industrial o profesiones tradicionales con baja especialización. Ahí encontramos a los supervisores de la minería y la industria, los técnicos de control de procesos, trabajadores agrícolas y de la pesca y artesanos.  Resulta interesante comprobar que los médicos son particularmente de derechas y los enfermeros particularmente de izquierdas.

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En definitiva, este breve artículo demuestra la existencia de importantes diferencias en la auto-ubicación ideológica de 79 profesiones presentes en el mercado laboral español contemporáneo. De hecho, entre las profesiones más de derechas y más de izquierdas encontramos más de 2 puntos de diferencia en una escala 0-10. La profesión sigue influyendo en la orientación ideológica de las personas. Dicho esto, los resultados de este breve análisis sugieren una creciente complejidad en las motivaciones personales que inducen posiciones de derecha y de izquierda. Para muchas profesiones su posición viene fijada sustancialmente por sus oportunidades vitales derivadas de su posición en el mercado laboral y, por tanto, de las ventajas personales que pueden obtener de políticas redistributivas asociadas con la izquierda. Otras profesiones, en cambio, fijan su orientación sobre la base de su posición en un conflicto cultural emergente entre visiones tradicionalistas y aquellas más progresistas. Cabe esperar que en las próximas décadas la posición personal en el conflicto cultural sea cada vez más relevante en la ideología de las personas. No obstante, los datos presentados en este artículo indica que en la España contemporánea tanto los valores de las personas como sus intereses económicos influyen en la posición ideológica de distintos grupos profesionales, aunque también es posible que los jóvenes con cierta orientación ideológica sean más proclives a escoger ciertas profesiones.

Nota metodológica: Como indicador de posición ideológica, tomo el índice de auto-ubicación izquierda-derecha en el que 0 es extrema izquierda y 10 extrema derecha. Respecto a las profesiones, utilizo la clasificación ISCO a tres dígitos. Dicho nivel de desagregación ofrece el mejor equilibro entre suficiente concreción en el tipo de ocupación y un tamaño muestral suficiente de cada grupo. La fuente utilizada para el análisis es la Encuesta Social Europea (ESS). Para maximizar el número de profesiones consideradas en el análisis y que cada grupo incluya al menos 30 encuestados, fusiono las siete oleadas de la ESS realizadas hasta la fecha entre 2002 y 2014. El análisis finalmente incluye 79 profesiones distintas. La posición ideológica presentada a continuación ha sido estimada controlando por la edad y el género de la persona entrevistada. Limito la evidencia presentada a las 15 profesiones con valores más altos (más de derechas) y más bajos (más de izquierdas) para reducir la complejidad de la discusión.

Las exploradoras del Nuevo Mundo

12 octubre, 2017

Fuente: http://blogs.elpais.com/historias/

Por: Tereixa Constenla 06 de febrero de 2014

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Fotograma de la expedición de Mencía Calderón, en la serie ‘El corazón del océano’.

En el segundo viaje de Colón figuraban mujeres, un hecho casi desconocido fuera del ámbito académico. Fue el inicio de un flujo creciente e incesante de españolas hacia América. Algunas protagonizaron aventuras asombrosas y otras actuaron con crueldad.  Sin embargo, ni figuran en la Historia ni conocemos sus nombres. Solo algunos empeños pugnan por arrancar a estas mujeres, con sus luces y sombras, de las tinieblas. El más reciente es el de Eloísa Gómez-Lucena, que ha publicado Españolas del Nuevo Mundo(Cátedra), donde recompone 38 biografías femeninas. Contra el runrún popular, ni todas fueron monjas o prostitutas. Los investigadores han constatado que se trató de un fenómeno significativo y transversal. Su perfil fue tan diverso como la sociedad de la que partían: desde humildes costureras hasta hidalgas con vocación pedagógica. Al llegar allí, un mundo fascinante y peligroso que solapaba la destrucción de lo existente con la construcción de lo nuevo, se convirtieron en capitanas, guerreras, maestras, exploradoras… “Engrosaron las filas de los expedicionarios y, como ellos, desbrozaron selvas, atravesaron cordilleras y desiertos y navegaron por los grandes ríos. Hazañas y penalidades femeninas en raras ocasiones reconocidas por la Corona española o comentadas por los historiadores de la época”, escribe Gómez-Lucena en el ensayo introductorio. A cada una de las vidas reseñada le sobran argumentos para un guion cinematográfico. Hollywood no las habría desaprovechado. Acaso alguien se anime si lee la obra. De momento, ahora que la ficción histórica está de moda en televisión, se ha estrenado El corazón del océano, la serie que narra la odisea de Mencía Calderón, la extremeña que sobrevivió junto a una veintena de mujeres a una expedición de 17.000 kilómetros y seis años hasta llegar a Asunción (Paraguay). Estas son cuatro historias recogidas por Eloísa Gómez-Lucena.

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Escena del Lienzo de Tlaxcala donde figura una mujer que podría ser María de Estrada.

María de Estrada. Combatiente a las órdenes de Cortés. Cofundadora de Puebla de los Ángeles y Tetela del Volcán. (¿Sevilla, 1480?-Puebla de los Ángeles (México), 1535). La biógrafa avisa de que “nada se sabe de los años españoles y poco de los americanos” de esta mujer que participó en la expedición de Hernán Cortés a Nueva España (México). Aparece citada con tacañería por el cronista Bernal Díaz del Castillo, que reparó más en los caballos. “Describe hasta los 16 équidos que los acompañaban, pero se olvidó de anotar el nombre de las mujeres embarcadas o, al menos, mencionar el número”, se queja la autora del libro. De las hazañas de María dan fe otros cronistas, como el historiador mestizo Diego Muñoz Camargo que, en 1591, concluyó una obra donde se recogían los sucesos tras la Noche Triste, cuando los españoles huían de Tenochtitlan el 1 de julio de 1520: “Se mostró valerosamente una señora llamada María de Estrada, haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y una rodela en las manos, peleando valerosamente con tanta furia y ánimo que excedía al esfuerzo de cualquier varón”. Gómez-Lucena también da por cierto que la conquistadora es la figura femenina que cabalga junto a un capitán saliendo de Tenochtitlan, en un grupo comandado por Pedro de Alvarado, que figura en el Lienzo de Tlaxcala, un códice realizado en 1552 por encargo del Cabildo para narrar la conquista del imperio mexica. María de Estrada volvería a guerrear contra los indios tetelecas cerca de Puebla de los Ángeles, en cuya fundación participó junto a su primer marido, Pedro Sánchez Farfán.

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Dibujo de Kim para el libro ‘De lo vi en las Yndias’.
Catalina Bustamante. Primera maestra de América. (Llerena, c.1490-Texcoco (México), ¿1546?). De probable origen hidalgo y con formación humanista, partió el 5 de mayo de 1514 de Sanlúcar de Barrameda junto a su marido, sus hijas y sus cuñadas hacia Santo Domingo, la primera ciudad europea del Nuevo Mundo. Durante 15 años se pierde su rastro “hasta que resurge en México a través de una protesta que la dignifica”. Escribe una carta a Carlos I en 1529 “exigiendo justicia por el atropello del que habían sido víctimas dos alumnas indígenas y, por extensión, el colegio de Texcoco que ella dirigía”. Para entonces Catalina Bustamente había enviudado y se ocupaba de la educación de las hijas de los capitanes de Hernán Cortés. Era terciaria, lo que la obligaba a una existencia decorosa y pía, una condición que la favoreció para ser nombrada directora del colegio de niñas indígenas de Texcoco. Aprendían a leer y escribir, cantaban oraciones, aprendían cuestiones domésticas y, las mayores, se iniciaban en algún oficio. “Catalina Bustamente fue inculcando en las adolescentes indígenas el derecho a formar una familia monógama e indisoluble, lejos del arbitrio paterno donde, hasta ese momento, las hijas eran mercancía para sellar alianzas con caciques o capitanes españoles. Animó a estas jóvenes a formarse una nueva conciencia regida por el derecho a elegir esposo y a vivir en sintonía con la moral cristiana”. Una noche de 1529 un grupo de indios asaltó el colegio para raptar a Inesica, hija de un cacique, y su criada por orden de un alcalde español encaprichado con la joven. La directora del colegio denunció al secuestro ante el obispo, que exigió la devolución de Inesica y su criada. “No conforme con eso, Catalina Bustamante denunció al alcalde por el atropello a la honra de las doncellas y el allanamiento del colegio para que sirviera de escarmiento ante los desmanes de otros altos cargos del virreinato”. No prosperó la vía judicial porque el presidente de la Audiencia de México era el hermano del regidor que había ordenado el secuestro. Fue entonces cuando Bustamente escribió a Carlos I, enredado por entonces en los detalles de su coronación como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La misiva acabaría en manos de su esposa, Isabel de Portugal, que se indignó ante la ofensa y ordenó reclutar “mujeres letradas de conducta ejemplar” para instruir a las niñas de Nueva España. A las elegidas les pagó el pasaje, la manutención y un ajuar. Catalina Bustamente regresó una vez a España, con 45 años, para denunciar ante la Corona la falta de apoyos a su labor pedagógica. Isabel de Portugal volvió a respaldarla con fondos y con el reclutamiento de tres terciarias maestras. La instrucción de niñas indígenas se expandió –también a las hijas de familias pobres- por México hasta que la peste de 1545 la truncó abruptamente. Entre los 800.000 fallecidos se incluyeron las alumnas y sus maestras, incluida Catalina Bustamante. Un monumento en Texcoco la honra como la “primera educadora de América”.

Ana de Ayala. Exploradora del Amazonas. (Trujillo, 1525-Panamá, finales XVI). Contra esa versión que la identifica como una prostituta, Gómez-Lucena afirma que Ana de Ayala, de origen humilde, se casó a los 19 años en Sevilla con Francisco de Orellana, mientras él preparaba la expedición para remontar el Amazonas desde el delta. La Corona le autorizó a llevar 100 hombres a caballo, 200 a pie, algunas esposas e hijos y solteras, ocho esclavos y otros tantos religiosos. En la práctica, cuando zarpó de Sanlúcar el 11 de mayo de 1545, “tuvo que incluir en la tripulación algunos individuos de malos antecedentes, prófugos de diversa condición: ladrones, bellacos, quizá algún homicida, pero también maridos que huían de sus mujeres, a quienes las Leyes de Indias prohibían pasar a América sin ellas”. Partieron entre 300 y 500 personas en cuatro naves. Cuando llegaron a Brasil para iniciar propiamente la aventura solo habían sobrevivido 150 y dos naves. Los infortunios siguieron acumulándose: faltaban alimentos, un nuevo naufragio, enfrentamientos con los indios… Finalmente, Orellana decidió continuar solo con el bergantín junto a Ana de Ayala, Juan de Peñalosa, el piloto Juan Griego y apenas medio centenar de tripulantes. “Vagaron en el bergantín durante 27 días, perdidos por afluentes o brazos muertos del Amazonas”. Regresaron a buscar a la isla donde habían dejado otros compañeros. No estaban. “Durante unos meses los buscaron río abajo. Ya todos iban enfermos o heridos y, con tan solo un puñado de maíz para cada pasajero, echaron el ancla en un recodo del río al distinguir un poblado en un claro del bosque. Revolvían las chozas y las empalizadas en busca de alimentos y animales cuando los emboscados indígenas, avisados de su llegada, flecharon a 17 hombres y a Orellana le atravesaron el corazón. Desconocemos el lugar y la fecha de su muerte. Sin embargo, por las declaraciones de su mujer Ana de Ayala y de los otros supervivientes, sucedió en los primeros días de noviembre de 1546, tal vez en Macapá, a unos 200 kilómetros del mar abierto. Lo enterraron al pie de un soberbio castaño de Brasil, tan pródigo en la Amazonía”. Dos semanas después, solo 26 personas de entre los centenares que zarparon de Sanlúcar arribaron a la isla Margarita. Ana era la única mujer superviviente. Tras la recuperación se fue a Panamá con el capitán Juan de Peñalosa aunque no volvió a casarse. Según Gómez-Lucena, lo desaconsejó una razón práctica: “Ana de Ayala habría interpuesto querella al Consejo de Indias con el propósito de reclamar los derechos de explotación de los territorios descubiertos por su marido, o bien, habría solicitado a la Corona española que le asignara encomiendas de indios con las que mantenerse, en consideración a los servicios de su marido y a los suyos propios”. El único rastro documental que dejó Ana de Ayala ocurrió en marzo de 1572 ante un tribunal de Panamá que debía valorar los servicios prestados por Peñalosa en la expedición de Orellana. Ella declaró como testigo. En el libro se recoge un extracto de sus respuestas que certifican las calamidades que afrontaron todos los expedicionarios: “Llegó a tanto la dicha hambre que se comieron los caballos que llevaban y los perros en 11 meses que anduvieron perdidos en el dicho río; en el cual dicho tiempo murió la mayor parte de la gente y, juntamente con ella, el dicho su marido; y sabe este testigo que solamente escaparon 44 hombres, uno de los cuales fue el dicho capitán Juan de Peñalosa”.

Isabel Barreto (Pontevedra, 1565-Castrovirreyna, Perú, 1612). Adelantada de los Mares del Sur (Melanesia). La familia Barreto Castro, acomodada y erasmista (lo que propició una esmerada instrucción a sus hijas), se instaló en 1585 en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) en el séquito del virrey. Un año después Isabel se casó con el almirante Álvaro de Mendaña, descubridor de la islas Salomón, y contribuyó a buscar financiación para una nueva travesía a los mares del Sur. Zarparon en 1595 con una dotación formada en buena parte por soldados conflictivos. La expedición al completo estaba integrada por cuatro naves, con 280 hombres y 98 mujeres y niños. Durante los 35 días de navegación hasta las islas Marquesas, cuenta la biógrafa que se celebraron 15 bodas. Pero la travesía fue más pródiga en dificultades: enfrentamientos con indígenas, escasez de víveres y agua, desesperanza para encontrar las islas ansiadas. El retrato de Isabel Barreto que legó a la posteridad el cronista Pedro Fernández de Quirós (el piloto portugués) es el de una mujer manipuladora y dura. Este relató que, para resolver el enfrentamiento entre su marido, el adelantado Mendaña, y su maestre, ordenó su ejecución: “Señor, matadlo, o hacedlo matar: ¿qué más queréis, pues os ha venido a las manos?, y si no, yo le mataré con este machete”. Poco después se sucedería una sangría entre partidarios de uno y otro. El propio Mendaña fallecería poco después dejando como heredera a su esposa, que se convertiría en la gobernadora de los Mares del Sur. La almiranta decidió entonces enfilar hacia Manila en condiciones precarias y ambiente tenso. “Isabel Barreto prohibió desembarcar bajo pena de muerte. En la noche, un soldado casado y con un bebé fue en una barca hasta el poblado en busca de leche para su hijo. Al regresar, Isabel Barreto mandó ahorcarlo por no ser obedecida”.  El 11 de febrero de 1596 arribaron a Manila. La adelantada rehízo su fortuna con el comercio de telas de China y se casó de nuevo con Fernando de Castro, que defendió sin éxito ante el rey Felipe III los derechos de su esposa como gobernadora de las islas Salomón. La Corona otorgó, por el contrario, el beneplácito a Fernández de Quirós para organizar una nueva expedición a los mares del Sur.

 

“Adiós, España”

11 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El referéndum que no existió lo ha perdido el Gobierno de Mariano Rajoy. La violencia policial quedará retratada en los medios de comunicación españoles y extranjeros y, a través de ellos, en la retina de millones de personas en todo el mundo. La derrota informativa y política es total, sin paliativos.

El Gobierno que se dejó arrebatar el relato y la ilusión por parte de los independentistas se ha dejado quitar la imagen de modernidad y eficacia de la que tanto le gusta presumir. Es un gobierno desnudo, sin auctóritas, casi preconstitucional.

Parecía un duelo entre la España posfranquista y otra que se despierta de una pesadilla. La reacción del PP parece sacada de los manuales de Rofolfo Martín Villa, cuando no existían las cámaras de los móviles y las redes sociales. Soraya Sáenz de Santamaría sigue lanzando sus frases de consumo interno como si solo existiera su televisión, la secuestrada TVE. Recuerda al texto de Gabriel García Márquez sobre la dictadura uruguaya, “los militares que se creyeron su propio cuento”.

Jaume tiene 75 años y a las cinco de la mañana ya estaba de guardia en la puerta del colegio de primaria Congres Indians, donde le toca votar. “Esto es un movimiento ciudadano que se mueve de abajo arriba y al que se han sumado los políticos”. Da la clave que explica la orientación del PP. Estamos ante una sublevación popular, no en un asunto entre políticos acostumbrados a solventar sus duelos con una componenda in extremis. Ese movimiento desde abajo explica su profundidad y extensión.

Jaume está con tres amigos: Joan, de 58 años; Francesc, de 86, y su esposa Teresa, de 77. Todos quieren votar a favor de una independencia que saben que no llegará mañana, ni el mes próximo. Francesc aún cree que hay un espacio mínimo para el diálogo, y que la mejor solución sería un referéndum pactado.

Afirmar esto parece hoy fuera de la realidad, tal es la velocidad de los acontecimientos. El debate es independencia o independencia. Se discute el cuándo, no el fondo.

Cataluña ya se ha ido”; “la ruptura emocional es irreparable”. Estas son las frases que se repiten de un colegio a otro

Las imágenes de la violencia policial han causado sorpresa e indignación. Resulta extraño que en un proceso que se ha movido según lo previsto, cuando llega el hecho, como la ley de desconexión o la Guardia Civil y la Policía Nacional repartiendo golpes y empujones, la diga, no lo esperaba.

“Cataluña ya se ha ido”; “la ruptura emocional es irreparable”. Estas son las frases que se repiten de un colegio a otro. En la calle se respira tristeza y rabia, una rabia tranquila.

La fila para votar en la escuela Josep María Jujol da la vuelta a toda la manzana. Cae una lluvia lenta que no ahuyenta a nadie. Es un barrio de clase media próximo al paseo de Gracia. Un Mosso d’Esquadra observa la escena. Los policías autonómicos llegaron temprano a los colegios para informar a los votantes de que era un acto ilegal y levantar acta. Cuando preguntaban quién estaba al frente, los congregados decían: “todos”, como Fuenteovejuna.

En los colegios no visitados por los antidisturbios, votaron primero la gente mayor, los que tenían niños a su cargo o algún problema físico. Pese a que la organización parece engrasada tiene espontaneidad. El Gobierno, la policía o los dos, lograron cortar o debilitar varias veces la señal de acceso a Internet con el objetivo de dificultar el acceso al censo electrónico. Cuando esto sucedía, la gente gritaba, “en modo avión, todos los teléfonos en modo avión”, y así poder seguir votando. Hay una inocencia naíf, de los que creen que las utopías son posibles.

No está en juego solo la legalidad, sino la legitimidad, y esta última se la está dejando el Gobierno a jirones en una exhibición de torpeza. Carente de discurso, de empatía y de actores creíbles capaces de interpretar un papel diferente al del enfadado Martín Villa de 1977. Ni Zoido ni Albiol parecen los más adecuados para enamorar a nadie.

Marisol vive en el barrio de Maragall. El día anterior al referéndum defendía que España no era una democracia. Le dije que su frase era una exageración, traté de razonar. La gente está deseosa de escuchar algo diferente. ¿Qué le digo ahora cuando me la encuentre en el bar de Rosa? ¿Qué le digo a Ferran que nunca ha pisado Madrid por decisión personal? “Es que no puedo con el Gobierno”. Una vez que regresó de Nueva York prefirió volar a París antes de hacer escala en Barajas.

El “a por ellos, oe oe” ha hecho daño en una población hiper sensibilizada. El Govern ha trabajado las emociones. Cuando desaparecen las razones y saltan las leyes, queda la emoción como argumento.

“Sé que si nos independizamos será duro, pero será mi decisión”, dice Jaume, el hombre de 75 años. “Sé que tenemos corrupción, pero al menos no estaré pagando la del País Valenciano o la de Madrid”.

Los turistas desaparecieron. Barcelona parecía por unas horas una ciudad habitable. El viernes, antes de que se levantara el telón de la realidad, Abubabakar vendía camisetas del Barça sobre su top manta. Es de Senegal. Entre ocho camisetas falsificadas de Messi había una de Cristiano Ronaldo. “¿Vendes alguna de Ronaldo?”, pregunté. Abubabakar abrió muchos los ojos: “¡Noooooo! No vendo ninguna ¡Esto es Cataluña!”.

La politización del dolor de las víctimas del terrorismo

10 octubre, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.orgHafida Oukabir

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 30 de agosto de 2017.

Este artículo incorpora una serie de observaciones sobre temas la politización del dolor de las víctimas generados a raíz del ataque terrorista.

A raíz del ataque terrorista en Barcelona y en otros centros urbanos y pueblos de Catalunya, hemos visto durante estos últimos días varios hechos que merecen destacarse. Uno es el espíritu de solidaridad, auténticamente ejemplar, entre las distintas culturas existentes en Catalunya, que alcanzó su máxima expresión cuando en Ripoll se pidió que fuera Hafida Oukabir, la persona musulmana hermana de dos de los terroristas (uno muerto y el otro en prisión), la que resumiera el sentir del dolor y del rechazo hacia el terrorismo que la población de Ripoll sentía. Y en Barcelona, otra persona, también musulmana, Miriam Hatibi, fue una de las dos personas escogidas para leer el manifiesto de protesta y solidaridad, ampliamente aplaudido por el medio millón de personas presentes. El grito espontáneo surgido de la ciudadanía, No Tenim Por! (¡No tenemos miedo!) representaba el sentimiento generalizado de la población barcelonesa de no permitir que el miedo configurara el futuro de la ciudad. La Alcaldesa Colau definió de una manera muy clara y emotiva lo que este grito significaba: era la llamada “a que Barcelona continuara siendo lo que siempre fue y continúa deseando ser, es decir, una ciudad abierta, plural, diversa y solidaria”.

Pero también hubo aspectos no tan positivos durante estos días de gran dolor, que aparecieron tanto en Catalunya como en el resto de España, que merecen señalarse también y que, en cambio (y de un manera predecible) no aparecieron en los mayores medios de comunicación del país, altamente controlados, bien por intereses financieros (los medios privados) o por los partidos gobernantes (los medios públicos). En este aspecto, es importantes señalar que el excelente discurso hecho por Hafida Oukabir en Ripoll incluía un ruego (diría yo exigencia) de que las instituciones catalanas hicieran una autocrítica sobre el comportamiento que habían tenido todos estos años que antecedieron al ataque terrorista, ruego que ha pasado desapercibido y desatendido por completo. Por desgracia, la autocrítica no es una virtud ampliamente practicada en los medios del establishment político-mediático del país, ni de Catalunya ni de España. Resultado de cuarenta años de una dictadura enormemente represiva (convirtiéndose en el régimen gobernante de España que ha atemorizado y asesinado al mayor número de españoles que haya existido en su reciente historia) y de una transición inmodélica, existe hoy en tales medios una cultura democrática poco desarrollada. Y la respuesta a la crisis creada por el terrorismo por parte de tales establishments fue una clara prueba de ello. Veamos algunos ejemplos.

La clara politización por los partidos y movimientos políticos de los hechos acaecidos

Un mensaje hecho con gran contundencia en la manifestación del sábado 26 de agosto (que se centró en una denuncia del terrorismo y una demanda para que exista la paz) fue un rechazo por parte de amplios sectores de la manifestación a la Monarquía Borbónica por su relación privilegiada con la familia real de Arabia Saudí (una de las cinco monarquías absolutas todavía existentes en el mundo), y al partido gobernante en España (el Partido Popular), por su activa y masiva venta de armas españolas a aquel Estado. Aplaudo esta crítica, y solo lamento que no se hubiera hecho mucho antes. Pero me apena que muchos de los protagonistas de estas protestas hayan tenido escasa credibilidad, pues era obvio que su máximo interés era desacreditar a los receptores del mensaje –el Monarca y el gobierno Rajoy- pero, en cambio, parecía importarles poco el argumento que utilizaban para denunciarlos, es decir, la ayuda a los Estados (en este caso, Arabia Saudí) que financiaban el terrorismo. Como indiqué en otro artículo reciente (Ver “Lo que no se está diciendo a raíz del ataque terrorista en Barcelona”, Público, 24.08.17) tales voces, supuestamente escandalizadas con el comportamiento del Rey y del gobierno Rajoy, han mantenido un silencio ensordecedor sobre el apoyo que una institución enormemente importante en Catalunya ha dado a otra dictadura tan absolutista y medieval (y esclavista) como la de Arabia Saudí, que es Qatar, y que es también una de las mayores financiadoras de movimientos yihadistas. Esta institución, protegida por el silencio, es nada menos que el Club de Fútbol de Barcelona que, a través de las camisetas de los jugadores ha estado promocionando al Estado de Qatar, una de las monarquías más absolutas y una de las dictaduras más crueles existentes en el mundo, que también ha estado financiando al terrorismo yihadista. Me parece bien que un conocido militante independentista apareciera casi al lado del rey Felipe VI con una pancarta en que se leía “Felipe, quien quiere la paz no trafica en armas” (en catalán). Pero tal protesta hubiera tenido más credibilidad si aquel y otros miles de independentistas, así como otros que denunciaban al Rey y al gobierno Rajoy hubieran denunciado al Barça en cada partido de fútbol que se jugaba en su campo, por promocionar Qatar. Nunca vimos tal denuncia o abucheo en el campo del Barça, y ello a pesar de que estuviera lleno de banderas independentistas. ¿Por qué callaron tanto tiempo?

La doble moral de los mayores medios de comunicación

Y esta incoherencia se mostró también, como era predecible, en los mayores medios de comunicación catalanes. Prácticamente ninguno de ellos denunció la transformación del Barça (al que, con razón, se le presentó durante la dictadura como de “ser más que un club” por facilitar que la gente canalizara su rechazo a la dictadura a través del fútbol, siendo la única expresión colectiva permitida), en un mero instrumento propagandista del Estado de Qatar, una de las dictaduras más crueles, opresivas, esclavistas y apoyadores del terrorismo existentes hoy en el mundo. Este silencio se convirtió en veto cuando envié a los tres rotativos más importantes de Catalunya un artículo denunciando al Barça por ello, sin que nunca lo publicaran (ver el artículo “El Barça, ¿más que un club?”. ARA, 06.06.16). La censura fue su respuesta. Y tampoco apareció tal denuncia en los mayores canales televisivos de Catalunya, que también han silenciado aquella transformación que, mírese como se mire, es una ofensa a todos los que lucharon por la democracia y justicia social durante la dictadura, que ven ahora cómo los propietarios del Barça transformaron tal club defensor de la libertad y de la democracia en el promotor de una dictadura cruel y terrorista. Aconsejo a los lectores que vean el excelente documental sobre la transformación política del Barça, presentado a nivel internacional por un canal público de la televisión sueca, mostrando lo que fue y lo que representó el Barça durante la dictadura franquista, y lo que ha llegado a ser estos últimos años. (Verlo colgado en mi blog http://www.vnavarro.org). Me alegra ver que Jordi Évole en su artículo semanal en El Periódico, días después de que yo denunciara el silencio sobre el Barça, publicara la primera denuncia del Barça en los medios que he visto en la prensa escrita en papel en este país.

La instrumentalización política del dolor de las víctimas por parte de los mayores medios de información

La falta de cultura democrática que caracterizó la cultura mediática española, que incluye la catalana, apareció una vez más en la manera cómo se cubrieron los hechos dramáticos ocurridos en Barcelona. Tal sesgo alcanzó niveles vergonzosos en la presentación de las figuras protagonistas del evento: las autoridades políticas de carácter institucional. A nivel del Estado central la noticia preferente de los mayores medios próximos al partido gobernante en el Estado español era mostrar el deseo de unidad y prevención de la secesión, dando gran hincapié a la necesidad de mantener una coordinación dentro de la unidad, mostrando, de nuevo, gran incoherencia (hipocresía), pues había sido el Estado central el que había mostrado menos cooperación, consecuencia de su jacobismo, ocultando información a las autoridades catalanas que hubiera sido de gran ayuda, tal como ha documentado la prensa internacional. Pero los medios públicos de la Generalitat de Catalunya también mostraron claros signos del sesgo informativo -al cual nos tienen acostumbrados- intentando negar la importancia de un aviso recibido de Bruselas sobre el Imán, bajo la pobre excusa de que era una mera nota “informal”.

Pero esta utilización de los mayores medios públicos de la Generalitat de Catalunya, y sobre todo de TV3, para promover la secesión de Catalunya fue la visibilidad preferencial que tal canal dio a la figura del President Puigdemont y al Vicepresident Oriol Junqueras, dejando muy en segundo plano a la alcaldesa Ada Colau. La única diferencia con la televisión pública española es que en aquel canal el Monarca y Rajoy absorbieron la mayoría de visibilidad mediática. En ella la alcaldesa Colau tampoco apareció de una manera muy visible. En cualquier otro país demócrata la alcaldesa de la ciudad hubiera liderado la manifestación ciudadana. No así en España. Y la utilización de TV3 para promover el secesionismo alcanzó niveles extremos, como las entrevistas hechas durante la marcha del 26 de agosto en homenaje a las víctimas, a los dos dirigentes del movimiento proindependencia, el Presidente de la ANC y el de Omnium, dándoles un protagonismo que no se le dio a ninguna otra asociación, a pesar de que tenían mucha más centralidad en la crisis terrorista que estos personajes políticos. Creo que a la audiencia le hubiera gustado más que se entrevistara a personal del sistema sanitario de urgencias, por ejemplo (que probablemente se habrían quejado, con razón, de la falta de recursos, resultado de los recortes sanitarios del gobierno Junts Pel Sí), que no a tales dirigentes de movimientos secesionistas que aparecen continuamente en tales medios promoviendo la secesión.

Y también debería hacerse una crítica a las Iglesias, incluyendo las musulmanas, que no se hizo

Pero las críticas deberían también extenderse, como bien pedía Hafida Oukabir, a las comunidades religiosas, que actuaron con gran solidaridad durante la crisis, lo cual aplaudo, pero olvidaron en el periodo pre-crisis la responsabilidad que todas ellas tuvieron en contribuir a crear las condiciones para que tal ataque ocurriera. Y es ahí donde debería criticarse a las religiones, o mejor dicho, a las Iglesias (las instituciones humanas que gestionan las religiones) por su actitud moralizante, arrogante y escasamente democrática. El lector me permitirá hacer una reflexión muy local y que espero aclare lo que digo. Si usted va al bello pueblo de Cadaqués en el Alt Empordà, verá que en un lugar muy prominente de la fachada de la Iglesia hay un reloj de sol. Y bajo tal reloj hay una frase que lo resume todo. Dice “Yo (el reloj de sol) sin sol no soy nada. Tú sin fe no eres nada”. Esta frase es enormemente insultante para los que no somos creyentes, al definirnos como parte de la nada. Bajo este lema de superioridad moral, que se presenta en todas las religiones, las Iglesias se han atribuido la potestad de dominar, explotar y violar todos los derechos humanos imaginables. Y la historia de nuestro país es un ejemplo de ello. Hubo épocas en Catalunya, en España y en Europa, en que el terrorismo de la Iglesia Católica –como en la época de la Inquisición- o durante su apoyo a la dictadura, estaba generalizado. Esto no se ha enseñado en nuestras escuelas y debería haberse hecho.

El Estado debería respetar las religiones, pero regular a sus Iglesias

Y el otro punto que debería también criticarse es la excesiva permisividad del Estado español (sea central, autonómico o local) hacia las Iglesias. Y estoy hablando de todas las Iglesias, que a través de la enseñanza y normativa moral que promueven alcanzar una enorme influencia sobre la población. En realidad, uno de los instrumentos más importantes que utilizó la dictadura franquista para mantenerse en el poder fue la Iglesia Católica, que era una rama del Estado (los sacerdotes eran pagados por el Estado y los obispos eran nombrados por el dictador), y que adoctrinó durante cuarenta años a toda la población. Incluso hoy la Iglesia Católica continúa ejerciendo una enorme influencia en la cultura general del Estado, siendo una de las máximas promotoras, por ejemplo, de la uninacionalidad del Estado y del machismo en el país.

En la España actual, las Iglesias (todas) están en situación privilegiada, la católica mucho más que cualquier otra, siendo ello una consecuencia directa, en el caso de la Iglesia Católica, de la continuación de la cultura franquista en las instituciones del Estado. Y este privilegio incluye una tolerancia excesiva que tiene componentes antidemocráticos, lo cual repercute negativamente sobre la formación y educación de la ciudadanía. Y ello aplica también a la Iglesia musulmana existente en España. Los Imanes -como educadores de sus feligreses- deberían estar regulados, aprobados y registrados por el Estado (sea este central, autonómico o local), asegurándose de que comparten los valores democráticos del país. No puede ser que algunas Iglesias Musulmanas sean “islas de otros países” dentro del país, financiadas desde fuera, transmitiendo una cultura distinta a la del lugar donde residen y viven sus feligreses. Es más, los Imanes deberían hablar el lenguaje de sus feligreses y tener los valores democráticos de la sociedad donde se ubican. Esta normativa, existente ya en otros países, debería aplicarse a todas las Iglesias, y también a la musulmana en España. Y las comunidades musulmanas necesitan presionar para que ello ocurra.

La integración de los jóvenes musulmanes a la sociedad

Pero tales comunidades deberían presionar (junto con toda la sociedad) para que se integre a los jóvenes en la sociedad. Lo que es más importante conocer, de todo lo que ha ocurrido, es saber por qué unos jóvenes que parecían integrados en la sociedad catalana se convirtieron en terroristas. Este es el gran tema del que apenas se ha hablado. Cargar todas las culpas en el Imán es insuficiente. Tan importante es el mensaje como el mensajero. ¿Qué es lo que se estuvo transmitiendo a los jóvenes? ¿Era la transmisión de las brutalidades que se están cometiendo en los países de mayoría musulmana en los que los gobiernos occidentales, como España, están bombardeando o ayudando a bombardear a sus poblaciones? ¿O fue su motivación religiosa la de matar a los infieles? ¿O puede el deseo de recuperar Andalucía remontarnos entonces a la época medieval? Estas son preguntas que deben responderse, pues ello puede llevarnos a una reflexión general, muy necesaria, sobre cuál es el papel de las Iglesias en una sociedad democrática, dentro de otro debate, incluso más urgente y necesario, de cuál es la función de los medios de comunicación en nuestro país, que más que ser de información son de persuasión. La libertad y la democracia dependen, en parte, de ello.

Un blindado llamado ‘Santander’: Los españoles que entraron en París

9 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El 24 de agosto de 1944 fue el último día en el que la ciudad de París estuvo ocupada por los nazis. Las tropas alemanas habían invadido oficialmente la mitad de Francia, incluyendo la capital, el 22 de junio de 1940, fecha en la que Adolf Hitler exigió que la firma del armisticio se realizara en el mismo vagón ferroviario en el que, 22 años atrás, Alemania había rendido armas a las tropas aliadas, concluyendo de ese modo la llamada Primera Guerra Mundial. El general Pétain, héroe francés en esa contienda, fue el artífice por parte gala de esa claudicación, formando a partir de entonces un gobierno, el de Vichy, que durante los años que siguieron colaboró abiertamente no solo con el Tercer Reich, sino también con la España fascista de Franco.

En la tarde del mencionado 24 de agosto, la población de París contempló alborozada cómo varios blindados ( half-tracks) conducidos por soldados con uniforme estadounidense, acompañados por integrantes de la Resistencia, avanzaban desde las afueras de la ciudad, siguiendo el curso del Sena, hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento.

Sin embargo, aquellos soldados, en su gran mayoría, hablaban castellano en lugar de francés o inglés y en su uniforme americano lucían una pequeña bandera con los colores de la República Española. La misma bandera que adornaba los propios vehículos que conducían, que además llevaban escritos en la carrocería nombres tan netamente españoles como ‘Guadalajara’, ‘Madrid’, ‘Ebro’, ‘Teruel’, ‘Don Quichotte’, ‘Jarama’, ‘Guernica’, ‘Brunete’, ‘Belchite’ y ‘Santander’, entre otros. Se trataba de la avanzadilla de la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre del General De Gaulle, conocida popularmente como la División Leclerc y formada casi íntegramente por republicanos españoles bajo mando francés.

El primer blindado en llegar a la plaza fue el ‘Guadalajara’ y después los restantes, situándose estratégicamente alrededor. A continuación, el capitán Amado Granell, antiguo oficial de la República en la guerra de España, accedió al edificio del Ayuntamiento para reunirse con los jefes de la Resistencia del Interior, que estaban esperando y los cuales se mostraron bastante sorprendidos ante aquel militar al que inicialmente habían supuesto francés. Eran las 9 horas y 22 minutos de la noche.

A partir de entonces los hechos se sucedieron vertiginosamente. Las tropas de La Nueve durante esa noche fueron tomando diversos edificios en los que se atrincheraban los últimos defensores alemanes hasta llegar, en la mañana del día siguiente, al hotel Meurice, en el cual se encontraba el puesto de mando del gobernador militar de París, general Von Choltitz, que al verse encañonado por los soldados españoles pidió la presencia de un oficial para proceder a su rendición según las leyes de la guerra.

El día 26 de agosto, por fin, una vez tomado el control de la ciudad, el grueso de las tropas aliadas entró triunfante en París. Ese mismo día los blindados de La Nueve, como homenaje a los primeros soldados que habían entrado a la capital, escoltaron al general De Gaulle en el Desfile de la Victoria por los Campos Elíseos.

Sin embargo, para los aproximadamente 150 españoles que formaban La Nueve en sus inicios, la entrada en París fue solamente un paso más en su intento de derrotar al fascismo y ganar, posteriormente, la libertad de su país. Antes quedaba el durísimo avance y los sangrientos combates junto con el resto de tropas aliadas hasta el corazón del imperio de Hitler cruzando el Rin y el Danubio. Cuando llegaron a Berschtesgaden, al sur de Salzburgo, y pisaron la residencia de montaña del Führer en el célebre Nido de las Águilas, a 1.800 metros de altura, apenas quedaban 16 de ellos.

Pero, ¿quiénes eran ellos? ¿Qué les había impulsado para llegar hasta allí? En 1939, con la derrota, miles de combatientes republicanos tomaron el camino del exilio. Muchos de ellos cruzaron la frontera hacia Francia. Otros, los que tuvieron suerte, embarcaron en el puerto de Alicante en el navío Stanbrook, el último en realizar la travesía hacia el norte de África. En la mayoría de los casos acabaron siendo víctimas de la injusta brutalidad del gobierno francés, que los confinó en campos de concentración como Argelés Sur Mer a lo largo del sur de Francia o en el desierto argelino. Muchos de ellos murieron víctimas de las durísimas condiciones y de los trabajos forzados.

Un blindado llamado 'Santander': Los españoles que entraron en París. | HÉCTOR HERRERÍA
Un blindado llamado ‘Santander’: Los españoles que entraron en París. | HÉCTOR HERRERÍA

A los supervivientes, ante la ocupación de Francia por parte de los nazis, el gobierno de Vichy les puso en la disyuntiva de enrolarse en la legión extranjera o ser devueltos a España. La mayoría, por motivos obvios, ingresó en el cuerpo militar. Con posterioridad, a partir de que el general De Gaulle, desde su exilio en Londres, se declarara insumiso al gobierno colaboracionista de Pétain y formara lo que se dio en llamar la Francia Libre, los refugiados españoles se vieron en la tesitura de tomar otra importante decisión. Paulatinamente fueron desertando de la Legión Extranjera o abandonando subrepticiamente los campos de trabajo para incorporarse al cuerpo de ejército que De Gaulle estaba formando en las colonias africanas, por mediación del general Leclerc, para sumarse a la lucha que los ejércitos de Inglaterra y Estados Unidos iban a enfrentar contra el dominio alemán.  Muchos de ellos se integraron en La Nueve, pero también engrosaron otras Compañías del ejército de Leclerc.

De este modo, una cantidad innumerable de republicanos, en su mayoría anarquistas, contemplaron la oportunidad de combatir contra aquellos que los habían derrotado en tierras españolas. El primer paso, en sus anhelos, sería liberar Europa de fascistas y posteriormente regresar a su país para acabar con el franquismo. De algún modo, interesadamente, los mandos franceses alentaban esas esperanzas. No en vano se encontraron con una fuerza combatiente experimentada a la que movía la certidumbre de liberar España.

Las acciones iniciales, en las que La Nueve es una importante fuerza de choque, se producen en las batallas que deciden el curso de la guerra en el frente del norte de África, donde se derrota a las tropas de Rommel y sus aliados italianos en lugares como Kufra y El Alamein, acabando de este manera con el dominio del Eje en las colonias africanas. Posteriormente las divisiones de De Gaulle son acantonadas en espera de su traslado hacia Inglaterra, donde sigilosamente se está tramando el desembarco de Normandía y a donde los soldados de la Nueve y sus blindados con nombre español llegarán en una segunda oleada para, tras no pocos combates, tomar rumbo hacia París.

En el blindado llamado ‘Santander’ se encontraba un joven que tenía por nombre Faustino Solana al que, según indica Evelyn Mesquida en su libro sobre La Nueve, apodaban ‘Canica’ y también ‘El Montañés’. Nació en Santander en 1914 y durante la guerra de España luchó en el Frente Norte, aunque al caer Asturias salió en un barco hacia Burdeos. Posteriormente regresó a Barcelona y combatió en un batallón alpino. Al finalizar la contienda volvió a Francia y fue recluido en un campo de concentración. Más adelante se enroló en la Legión Extranjera y fue enviado al norte de África. Dos años después desertó llevándose una cantimplora y un fusil para integrarse en las tropas de la Francia Libre de Leclerc. Tras la toma de París fue herido en los alrededores de Berschtesgaden. Al finalizar la guerra, con la desmovilización y el convencimiento de que los aliados van a desistir de liberar España, decidió quedarse en Francia.

Sobre Lucas Camons Portilla, también integrante de La Nueve y tripulante del blindado ‘Guernica’ con el grado de sargento-jefe, ha existido mayor controversia, dado que Evelyn Mesquida indica en su libro que es andaluz. Sin embargo, Jesús Gutiérrez Flores y Enrique Gudín de la Lama en el trabajo denominado ‘Cuatro derroteros militares en la Guerra Civil en Cantabria’ mencionan a su hermano, Eduardo Camons Portilla, como originario de Arnuero (Cantabria) y comandante del batallón 117 de la División 54 de Navamuel, que combatió en el Frente Norte. De Lucas señalan que tras la guerra de España se alistó en la Legión francesa, combatió contra el Afrika Korps de Rommel y entró en París en un tanque como miembro de la División Leclerc.

Posteriormente Mesquida, tal como aparece en un artículo de El Diario Montañés del 22 de octubre de 2014, manifiesta que tras la publicación del libro llegaron nuevos documentos a sus manos que sitúan a Lucas Camons como nacido en Santander.

Hoy en día, las penalidades y la gloria de Faustino Solana, de Lucas Camons y del resto de sus compañeros de La Nueve son apenas conocidas en España (y por ende en Cantabria), empeñado en ocultar o solapar una gran parte de la historia reciente. En Francia, tras el homenaje a sus acciones que supuso el Desfile de la Victoria del 26 de agosto de 1944 se fue olvidando deliberadamente la generosa contribución de aquellos españoles a la libertad del país vecino, con el objeto de ofrecer un rostro netamente francés a la victoria. Y, aunque recientemente se están dando algunos pasos en uno y otro país para recordarlos con diversos homenajes, el olvido prevalece. El silencio es un agravio más en la lista de los agravios.