El terrorista Évole

20 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

La noche del domingo 4 de febrero de 2018 quedará como un hito de la televisión generalista porque el programa Salvados de Jordi Évole ha mostrado en prime time el horror de las granjas de explotación animal. El reputado periodista pidió permiso a varias empresas porcinas para conocer por dentro las instalaciones donde se encuentran los cerdos y todas, sin excepción, le negaron la entrada. Un oscurantismo tan sospechoso que le impulsó a infiltrarse en una de ellas, acompañado por activistas de la organización animalista Igualdad Animal. Lo que encontró tras esos muros tan férreamente protegidos por los explotadores fue un infierno dantesco: animales cautivos, hacinados, enfermos, enloquecidos, deformes. Évole se refirió a ellos como “monstruos”, impactado por las malformaciones, heridas, mutilaciones y enormes tumores que padecen, espantado por el abismo de sufrimiento al que son sistemáticamente sometidos en aquella oscuridad.

De la carne de los monstruos que vio Évole proceden las salchichas, los embutidos, las lonchitas de york, la cinta de lomo adobada, el jamón que se vende en los supermercados y que consume alegremente nuestra sociedad. La industria que quiso ocultar a Salvados cómo viven y mueren esos animales vende esos productos maquillando esa infernal realidad, iluminándola de sonrisas, haciendo una publicidad más que engañosa donde solo se ven verdes praderas e impolutos empaquetados. Mintiendo. Entre las empresas de esa industria está la famosa marca El Pozo, a la que provee de esa basura, material y moral, la granja donde se infiltró Évole. Los verdaderos monstruos son los directivos de El Pozo, los accionistas, los comerciales, los veterinarios mercenarios que certifican con sus sellos de calidad una enorme, cruel y peligrosa mentira. Los verdaderos monstruos son los médicos y pediatras que, comprados por el lobby de la carne, recomiendan alimentar a los niños con esos productos. Los verdaderos monstruos son los medios de comunicación que, salvo excepciones, han silenciado durante demasiado tiempo la terrible injusticia, contra humanos y no humanos, que comete la industria de la carne, cómplices de su engaño (eldiario.es publica El caballo de Nietzsche, primer espacio antiespecista en un periódico, desde el que informamos y denunciamos sistemáticamente las prácticas de esta industria).

Que Salvados se haya atrevido a hacer un programa así demuestra que las cosas están cambiando, que el tiempo de la impunidad de la industria de explotación animal se encamina a su fin, que la liberación de los otros animales está más cerca. Y si un programa así ha sido posible es gracias a los muchos activistas y organizaciones de defensa animal que llevan años denunciando lo que esa industria quiere ocultar. Organizaciones que han sido despreciadas, ninguneadas, silenciadas. Activistas que incluso han sido encarcelados y tachados de terroristas por hacer lo que ahora ha hecho Évole: infiltrarse en las granjas y mataderos para grabar y mostrar al mundo lo que sucede en ese pozo de los horrores. El terrorista Évole.

Ha sido gracias a las innumerables investigaciones clandestinas de Igualdad Animal, que con empeño y rigor ha logrado llevar a los telediarios de máxima audiencia las imágenes de su arduo trabajo; gracias a los numerosos reportajes fotográficos y a un documental como ‘Matadero. Lo que la industria cárnica esconde’, que el fotoperiodista Tras los Muros ha realizado grabando de forma encubierta en 58 mataderos de México; gracias al activismo audiovisual de Filming for Liberation; gracias a las personas comprometidas con las víctimas no humanas que día tras día difunden estos trabajos, interceptan camiones a las puertas de un matadero, contribuyen al sostenimiento de los santuarios que han refugiado a los supervivientes. Gracias al movimiento animalista es posible que una cadena como LaSexta vea llegado el momento de hacerse eco de lo que ya es un clamor: la industria cárnica miente.

La industria cárnica miente sobre las condiciones de vida de los animales. La industria cárnica miente acerca de los probados daños para la salud humana que provoca el consumo de carne, como ya ha admitido la propia Organización Mundial de la Salud a pesar de la presión recibida durante décadas por parte del lobby carnista. La industria cárnica miente sobre los devastadores efectos medioambientales de sus explotaciones. La industria cárnica miente acerca de la relación entre su actividad y el hambre en el mundo. La industria cárnica miente sobre el régimen, de esclavitud, en el que se encuentran sus trabajadores, la mayoría migrantes sin opciones. La industria cárnica miente aunque produzca, como Campofrío,  flamantes anuncios en los que la cineasta Isabel Coixet dirige a un elenco de caras famosas no solo dispuestas a dejarse engañar sino cómplices de una explotación y un maltrato reiteradamente denunciados (esperemos que a través de Salvados se enteren de una vez).

Tras el programa Salvados, la industria volverá a mentir, aduciendo que las imágenes televisadas son un hecho aislado. Mentirán de nuevo: en todas las granjas industriales de cerdos (y de otros animales destinados al consumo humano) a las que han accedido, entre otras, las organizaciones y activistas mencionadas, se ha encontrado siempre el mismo dantesco panorama: cerdas inmovilizadas durante semanas en jaulas de gestación, cerdos permanentemente encerrados, cerdos con grandes heridas abiertas y abcesos de pus, cerdos con las patas rotas y malformadas, cerdos agonizantes, cerdos a reventar de antibióticos, lechones estampados contra la pared o mutilados sin anestesia. La industria cárnica querrá lavar la sangre, el pus, los medicamentos y el estiércol acumulados en su imagen, y lanzará una campaña con asépticas instalaciones y animales presuntamente sanos y felices. Mentirán: esa sangre, ese pus, esos medicamentos y esa mierda es lo que hacen llegar a los platos.

Pero la industria de la carne sabe también que no podrá seguir mintiendo mucho tiempo más. Por eso InterPorc, el mayor lobby español de explotadores de cerdos, puso en marcha su perversa campaña  ‘Pork Lovers Tour’ y ha comprado anuncios en Google donde aparecen posicionados en primer lugar si se hace una búsqueda con los términos ‘maltrato animal cerdos’. Por eso Campofrío ya no ridiculiza en sus anuncios a los vegetarianos sino que anda haciendo publicidad de hamburguesas vegetales. Por eso Tyson Foods, el mayor productor de carne en Estados Unidos, está  invirtiendo en desarrollar tecnologías para producir ‘carne limpia’ (células alimentadas). Por eso China, el mayor productor de carne en el mundo, donde se mata a 700 millones de cerdos al año, está sumándose también a esta alternativa incruenta, más barata y sin emisiones que suponen una de las principales causas del calentamiento global. Por eso en España  importantes editoriales han publicado en los últimos meses varios libros centrados en los derechos animales y planteándolos como un asunto político al que ha llegado la hora de atender.

Por eso Jordi Évole se ha infiltrado con los activistas en las granjas de los explotadores de animales y ha denunciado sin (apenas) mordazas a una gran empresa como El Pozo. El terrorista Évole.

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Mi Toisón de oro

19 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Yo vine a un mundo en el que ya no estaba Franco. Nací el 24 de noviembre de 1975. Fue mi padre quien me dio la noticia: “Gabriela, tú naciste el mismo año en que murió Francisco Franco”. ¿De qué demonios hablaba mi papá? ¿Qué importancia podía tener eso para una niña nacida en Lima, Perú, que no sabía ni dónde estaba la península ibérica? Ni siquiera tenía unos abuelos españoles que hubieran huido de la guerra, pero mis padres sí eran unos tremendos comunistas de los 70 que cantaban himnos republicanos de un país que no habían pisado en su vida. Había una estantería en mi casa llena de libros sobre La República y los antifascistas, todos forrados para guardar las apariencias, porque en esa época te podían encerrar por un libro, como ahora. Yo estaba en la panza de mi madre cuando a mi padre lo metió preso la dictadura de Velasco, que oh paradojas, era llamado gobierno revolucionario de las fuerzas armadas, el de la reforma agraria, pero reformista al fin, demasiado poco para esos jóvenes comunistas que al general le gustaba meter a la cárcel.

El fanatismo por “España” lo había heredado mi padre de mi abuelo Carlos –un empleado de la Compañía Peruana de teléfonos, cuando esa compañía todavía era peruana y no existía la transnacional Telefónica ni Movistar–, que no era ni de izquierdas, pero sí un antifraquista visceral, amante de la historia y los crucigramas. Las guerras mundiales eran un temazo en las comidas familiares, y mi padre y mi tío Hugo –que luego se harían trotskistas– pensaban como mi abuelo que la Guerra Mundial se había decidido gracias a la vergonzosa política de los países europeos con la guerra española. Antes de que yo naciera, mi papá, mi mamá y mis tíos iban al cineclub a ver Morir en Madrid y salían cantando: “que caiga Franco, que caiga Franco”. Y eso que allí teníamos nuestros propios problemas, nuestros propios francos. Pero en esa época había algo llamado internacionalismo y algo llamado miedo. Yo un par de veces le presté mi cama de niña a un chileno exiliado. Por eso no puedo ver a un militar sin que me duela algo.

Así también llegaron a mí algunas canciones clásicas de la Guerra Civil, que íbamos recreando porque los discos de vinilo se rayaban. Por esos días ni me imaginaba que iba a pasarme 15 años ya en este país. También cantábamos “La hierba de los caminos”, la versión que Víctor Jara cantaba antes de que Pinochet le cortara las manos para que no tocara nunca más su guitarra y le disparara 40 balazos: “qué culpa tiene el tomate que está tranquilo en la mata, y llega un hijo de puta y lo mete en una lata…Cuándo querrá Dios del cielo que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda”. Creíamos que era una canción de la Guerra Civil española, supongo que porque el tomate y la tortilla son cosas de españoles, como la guerra.

Por eso mis padres me regalaron, apenas pudieron, como si me dieran un aparatoso y pesado Toisón, España aparta de mi este cáliz, el poemario que el poeta peruano César Vallejo le dedicó a la Guerra Civil española, pero la edición en gran formato, ilustrada y en tapa dura. Tenía fotos tamaño A3 en blanco y negro de los niños llenos de agujeros, sin nombres, solo eran números en los carteles que colgaban de sus cuellos. No podía creer que las balas pudieran hacer eso, que la gente pudiera hacer eso, que mis padres quisieran que yo viera fotos de niños españoles muertos, niños fusilados, niños bombardeados, amontonados en piras. Me aprendí de memoria ese poema que empieza: “Niños del mundo, si cae España, digo, es un decir…” No entendía todo lo que escribía Vallejo pero sí entendía: “¡Qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano, qué viejo vuestro dos en el cuaderno!”. Entendí que podían envejecer los números, la matemática, porque ya no habría niños para estudiarlas. Esos niños agujereados de las fotos iban a “bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena”. ¿Cuál era la letra en que nació la pena? Si la madre España cae, decía el sudaca Vallejo, salid niños del mundo, id a buscarla.

Pero no salieron. Yo, que nací el año que murió Franco, recuerdo que lo que más me alucinaba de niña es que una dictadura pudiera durar tantos años, una dictadura que no era una dictadura del proletariado, la única buena según mi rojimio padre, sino una de las malas, de las peores. Y a los 11 años no podía asimilar que toda esa gente tuviera que esperar a que muriera el tirano para liberarse de sus cadenas. Solo mucho después supe de los alcances del exterminio, del exilio, de la represión, de los nazis, de la monarquía, de la Transición, de la traición.

Yo nací en un país de mierda, con dictadores de todo pelaje, pero al menos allí no hay un rey, ni una reina. Ver la ceremonia de la entrega de aquella joya medieval a la heredera es para los que venimos de repúblicas como ver una rata duchándose con jabón, algo difícil de creer hasta que lo ves. Felipe no le va a contar a su hija Leonor esa otra parte de la historia que sus propios ancestros han ayudado a forjar, menos en una de esas comidas diarias familiares en las que, como sospechábamos, se dicen naderías, como en el discurso del rey en Navidad. Me temo que no vamos a ver cómo se abrasa la lengua Leonor de pura impresión de saber lo de Cataluña o que todavía hay 143.353 desaparecidos del franquismo, que España es el segundo país con más fosas comunes después de Camboya, que podrían ser 2500 o 5000, y solo se han abierto 300. Y, claro, que los niños perdidos no están en el País de Nunca jamás, sino en el País de Nunca habrá Justicia. ¿Entonces mi papá se equivocó y yo no nací en un mundo sin Franco? ¿Leonor nació en una España sin Franco? ¿O Leonor es Franco?

Cuando salimos de fiesta con mis amigos españoles, con mi amiga Cristina, que siempre habla de las fosas comunes y las cunetas, y otros a los que el franquismo les mató a sus abuelos y abuelas, a esa hora en que todo se vuelve melancólico, y ellos se ponen a cantar canciones de la Guerra Civil, yo todavía me sorprendo de poder acompañar algunas estrofas, y me acuerdo del miedo y de mi padre y de mi libro-toisón, y cuando ya no puedo seguir me pongo a recitarles a Vallejo: “milicianos de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón, cuando marcha a matar con su agonía mundial, no sé verdaderamente qué hacer, dónde ponerme, corro, escribo, aplaudo, lloro, atisbo, destrozo…”. Yo tampoco sé dónde ponerme, amigos.

Aires de Mayo del 68 en Vallcarca

18 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Cuando uno queda con dos miembros de los CDR —Comités de Defensa de la República— del barrio de Vallcarca, en Barcelona, espera a dos antisistema que según el estereotipo deberían llevar capucha, tener rastas y usar un lenguaje radical. Los CDR están en la izquierda del universo de la CUP, que engloba, entre otros, a Arran, Endavant, Poble Lliure y Constituents per la Ruptura. Para algunos son un apéndice más, para otros funcionan de manera autónoma. Toman su nombre de los Comités de la Defensa de la Revolución cubanos.

Son tan asamblearios que decidieron en una si debían hablar con el periodista. El pacto es nada de fotos y de apellidos, solo Aran y Albert, de 38 y 42 años respectivamente. “Vamos a hablar a título personal porque no podemos hacerlo en el nombre de todos”, aclara Albert. Ambos se alejan del cliché y tienen un discurso articulado y realista.

Los CDR cambiaron su R después del 1-O. Pasaron de defensa del Referéndum a defensa de la República. Son, según Albert, entre 200 y 250 en toda Catalunya. Y están en alza.

El 8 de noviembre llevaron el peso en la huelga al margen de los sindicatos tradicionales. No tuvo un seguimiento masivo, pero fue un éxito mediático: supuso una demostración de fuerza. Los CDR cortaron las vías del AVE en Barcelona y Girona, varias autopistas y carreteras, además de los pasos fronterizos con Francia en la Jonquera, Seu d’Urgell y Puigcerdà. Fue un cambio respecto a la huelga general del 3 de octubre, llamada de país. Carles Puigdemont les felicitó desde el exilio pese a que los CDR no tienen nada que ver con el universo burgués del PDeCAT.

Esa huelga del 8 de noviembre les puso aún más en un mapa en el que ya estaban. Fueron los encargados de la ocupación de los colegios electorales en la víspera del 1-O y de esconder parte de las urnas. También fueron los protagonistas el 20 de septiembre en la protesta ante la Conselleria de Economía por la entrada de la Guardia Civil.

Aran asegura que en el 27 de octubre, el día de la declaración de la DUI, faltó valentía. “Si los consellers y el president se hubieran encerrado en sus despachos estábamos preparados para rodear los edificios y defender las instituciones desde la calle. Fue un error no ir hacia delante. Fue una gran decepción”.

Los CDR esperaban repetir su éxito del referéndum cuando los antidisturbios de la Policía Nacional y de la Guardia Civil apalearon a personas dentro de los colegios. Algunos reconocen, no es el caso de Albert ni Aran, que supieron situar a las mujeres y a los niños en primera fila. Su objetivo es forzar al Gobierno central a una negociación.

Los de CDR se han organizado para vigilar el desarrollo y escrutinio de las elecciones. Muchos estarán en los colegios electorales como interventores de los partidos independentistas, igual que algunos miembros de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), cuyo líder, Jordi Sànchez, está en la cárcel. Hay temor a un pucherazo.

En los Whatsapp independentistas corren los rumores: “censo inflado, gente pagada para ir a votar, voto por correo manipulado, prohibición de observadores internacionales”. En el caso de los CDR lo que fluye es información. Se comunican por Telegram con mensajes encriptados. La ANC es capaz de movilizar a cientos de miles de personas, los CDR mueven miles de personas con gran rapidez. Resultan más ágiles. Son la fuerza de choque del independentismo.

“Cada CDR es diferente y autónomo”, dice Albert, “unos están más a la izquierda que otros. En el nuestro somos 35 personas. Todo se decide en asamblea”. Tras lo ocurrido el 1-O se han incorporado más personas a las reuniones. Aran asegura que en su CDR hay personas mayores. “Lo ocurrido en estos meses ha permitido que muchos se sientan parte de algo, ha creado en la sociedad nuevas lealtades. Es un movimiento intergeneracional. Ha calado en la sociedad catalana. En la huelga general del 8 de noviembre las personas mayores eran las más decididas a cortar las carreteras, a veces mucho más que los jóvenes”.

Ambos sostienen que los partidos que defendían la Declaración Unilateral de Independencia han sido demasiados naíf al pensar que el Estado no iba a reaccionar. A Aran tampoco le ha sorprendido la actitud de la UE. Ella, como la CUP, defiende que es mejor estar fuera de esta “Europa austericida” que olvida a las personas.

Muestran las urnas desde dentro del colegio electoral Escola Industrial
Urnas en el interior del colegio electoral Escola Industrial © SANDRA LÁZARO

Creen que una de las enseñanzas de lo ocurrido tras la declaración de independencia es que no se puede ir a una secesión con el apoyo actual, por debajo del 50%, pero también piensan que existe una base social creciente para arrancar un referéndum pactado que “ponga al Estado contra las cuerdas”, en palabras de Aran.

Los CDR como la CUP están tan interesados en el cambio de modelo económico, social y político como en la independencia. Creen que ese cambio solo será posible fuera de España; en este caso, la independencia sería el instrumento para lograrlo.

A diferencia de Junts per Catalunya y ERC, los CDR no forman parte de la “revolución de las sonrisas”; creen que ya no hay motivos para sonreír.

El bar en el que hablamos se va llenando de gente, todos jóvenes. Muchos están más cerca del estereotipo del antisistema diseñado por algunos medios. La mayoría bebe botellines. Abunda la Estrella Galicia. Muchos les ubican cerca del espíritu revolucionario de Mayo de 1968. El bar parece arrancado de aquel París.

“No es que haya que pausar el proceso porque ya está pausado”, asegura Albert. A Aran le preocupa que pueda ganar Inés Arrimadas. Cree que podría ser el síntoma del pucherazo, pero añade que si gana limpio lo aceptarían. No saben cuál será el rumbo en las próximas semanas, pero están convencidos de que se ha creado una base ciudadana muy sólida que les permite ser optimistas a medio y largo plazo.

Albert asegura que los CDR también trabajan por su barrios como un movimiento vecinal. En Vallcarca tienen un problema con la especulación. Aran está de acuerdo con el periodista en que “las asambleas son un coñazo”, pero sirven para que la gente conozca la realidad y se empodere. La información que se mueve en ellas y a través de Telegram es, a su entender, una alternativa a la información manipulada de los grandes medios.

El ruido del bar no permite escucharse. Sucede como en la política: demasiadas voces que hablan al mismo tiempo. Aran dice: “siento que no podamos invitarte, pero estamos justos”. En la calle sopla el viento. En esa zona del barrio de Vallcarca aún no ha llegado la Navidad.

El CNI descifra las cartas que se enviaban Fernando el Católico y el Gran Capitán durante la batalla de Nápoles

17 febrero, 2018

Fuente: http://www.publico.es

Las misivas habían estado ocultas durante más de 500 años. Aunque suene extraño, el CNI ha dedicado cinco meses de trabajo a descifrar las cuatro cartas que entre 1502 y 1506 que se enviaron estos dos personajes.

Fernando el Católico.

Fernando el Católico.

Puede sonar extraño, pero el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha conseguido descifrar después de más de cinco meses de trabajo “muy difícil” las cuatro cartas que entre 1502 y 1506 que se enviaron el rey Fernando el Católico y Gonzalo Fernández de Córdoba el Gran Capitán durante la batalla de Nápoles (Italia), un texto que había estado oculto durante más de 500 años, y en el que sorprende “lo minucioso y detallado” de las instrucciones.

El coronel Jesús Anson ha presentado estos hallazgos en la Sala de la Monarquía Hispánica del Museo del Ejército de Toledo, donde ha destacado que cuando se organizó la exposición sobre el Gran Capitán por el 500 aniversario de su muerte, “se tuvo la oportunidad de estudiar esta colección de documentos históricos”, que pertenecen a la colección privada de los Duques de Maqueda y que muestran “una gran importancia histórica por la situación política y militar del reino de Nápoles y del reino de España”, ya que se ponen de manifiesto “todas las maniobras de Fernando para mantener el equilibrio estratégico en Europa”.

Esta relación epistolar era, según el coronel, donde se repartían instrucciones y consignas como “el anuncio de envío de tropas del Gran Capitán con misiones específicas que debían cumplir”, también se hablaba de cómo gestionar la administración de justicia de los nuevos territorios enviándole “una serie de cargos que debían ocupar los puestos”, así como “recaudar y gestionar las rentas asignando los puestos a oficiales destacados”, como era el afecto de los súbditos en este nuevo reino o “impulsar el matrimonio entre viudas y soldados españoles”, así como de que el Gran Capitán “únicamente tenía que prestar obediencia por Fernado”, por lo que se llegaba “a un detalle muy minucioso”.

Ansón ha destacado, a preguntas de los medios, que alguna de las cartas son de Fernando el Católico al Gran Capitán, otras son contestaciones del Gran Capitán, otras son autorizaciones de negociaciones de Fernando a Felipe el Hermoso y hay otra que es una misiva manuscrita por el propio Fernando al Gran Capitán.

El coronel ha dicho que el método de descifrado ha sido “técnico”, ya que las cartas están en papel y “no se corresponden a letras actuales, sino a caracteres”, detectándose “unos 200 símbolos”. Lo primero que se ha hecho ha sido “asemejar o poner en relación los símbolos con lo que correspondían”, que en ocasiones eran una letra, en ocasiones otra, otras veces una palabra o no significaban nada; además, los signos “están colocados sin separar las palabras, lo que hace más complejo el trabajo”.

Ansón ha afirmado que los trabajos se comenzaron por una de las cartas que tenía en la parte superior el mensaje cifrado y en la inferior la transcripción, por lo que “partiendo de esta que tenía los dos textos, se ha facilitado el descifrado”, al tiempo que ha dicho que “es sorprendente” la preocupación por la seguridad en las comunicaciones en la época por parte de los Reyes Católicos, aunque las cartas “no desvelan hechos históricos de relevancia”, pero si es cierto que los mensajes “están claros en el contexto histórico en que hablan”.

El coronel ha asegurado que el Gran Capitán tenía autonomía operativa pero estaba “muy limitado” a lo que le mandaba el rey, además ha dicho que la relación entre ambos siempre “fue complicada”, en las cartas hay veces que las instrucciones de Fernando pueden entenderse excesivamente detalladas y la respuesta del Gran Capitán “nunca fue incorrecta, fue medida”, demostrando “lealtad al rey”.

“El referéndum debilita la democracia”

16 febrero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

El autor conversa con el historiador Michael Ignatieff sobre el descrédito de la democracia. El canadiense, que durante un tiempo cambió la universidad por la política, sentencia: “El Estado es la solución, no el problema”.

Michael Ignatieff.
Michael Ignatieff. DANIEL VEGEL

Michael Ignatieff (Toronto, 1947), historiador, profesor universitario, intelectual comprometido, cosmopolita, que cambió durante un tiempo la universidad por la política, y volvió a la academia, es el nuevo Rector de la Central European University (CEU) de Budapest. La CEU es una institución académica de posgrado en inglés, de investigación y enseñanza avanzadas, cuyos rasgos distintivos, basados en las mejores tradiciones intelectuales de Norteamérica y Centroeuropa, son la diversidad internacional de sus estudiantes y profesores y el pensamiento crítico. Sus casi 1.500 estudiantes de máster y doctorado proceden de 110 países diferentes y hay profesores visitantes de 39 nacionalidades, entre los que me encuentro. Fundada por George Soros en 1991, es un modelo de educación internacional, de conocimiento en humanidades y ciencias sociales, y de compromiso con la construcción de sociedades libres y democráticas.

“Tras mi experiencia, hacer política y no solo pensar en ella, he acabado respetando a los políticos mucho más de lo que creía.”

Del enfoque interdisciplinario de la institución y su perspectiva global, sin olvidar las raíces nacionales, de la democracia, de la pasión por el conocimiento, de la crisis política y del compromiso de los intelectuales conversé con Ignatieff en su despacho en la mañana del pasado 24 de octubre.

PREGUNTA. Como historiadores, echamos la vista atrás y comprobamos que el consenso social democrático que funcionó en Europa durante las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial —y después de la caída del comunismo, del fin del apartheid, de las dictaduras en Latinoamérica…— se ha roto. Todas las certezas que teníamos a finales del siglo XX en torno al Estado benefactor, el empleo, el futuro sólido y estable para los jóvenes, han sido sustituidas por el miedo, el descontento y la indignación frente a los políticos, la crisis de valores democráticos básicos, el surgimiento de nuevos populismos. En Europa hay abundantes ejemplos de eso y parecen revivir algunos de los fragmentos más negros de su historia en el siglo XX.

Michael Ignatieff (izquierda) y Julián Casanova, durante la charla.
Michael Ignatieff (izquierda) y Julián Casanova, durante la charla. DANIEL VEGEL

RESPUESTA. Estamos confundidos y alarmados porque la narración o exposición de los hechos que funcionó hasta 1989 se ha ido quebrando en diferentes fases. Era la narración de Francis Fukuyama y el fin de la historia, de las transiciones a las democracias modélicas, de la cultura de un bienestar irreversible. Funcionó en Europa. España era el mejor ejemplo, pero también Portugal, Grecia y los países del centro y este de Europa que salían del comunismo. Había algo de ingenuo y simple en esa narración, que comenzó a romperse en Yugoslavia, cuando la democracia llegó en forma de guerra étnica. Además, la prosperidad de los noventa fue acompañada de profundas desigualdades. El 11 de septiembre de 2001 marcó un punto de inflexión y forzó otra narración, frente al islam. A partir de 2007, el miedo ya no se debía sólo al terrorismo, sino a la quiebra del sistema financiero, a la desconfianza frente a políticos corruptos que robaban y se burlaban de la gente. Y en los últimos años, después de los atentados terroristas en Europa Occidental, organizados y perpetrados desde dentro de las sociedades democráticas, el miedo al otro, al extraño, se ha hecho más profundo. Porque el fundamento del Estado democrático liberal era: “No os preo­cupéis; os protegemos”. Pero ya no protege, ni de los ataques desde fuera, ni de la quiebra del sistema desde dentro. Es una crisis del Estado, de las élites y de la narración que los sostenía.

P. La crítica a la política y a los políticos está clara, pero la desconfianza se extiende también hacia los intelectuales, o a los encargados de generar explicaciones o nuevas narraciones para los políticos y la sociedad. Max Weber pensaba que ciertas profesiones no eran aptas para dar el salto desde ellas a la política, aprender de la política haciéndola y no pensándola, y una de ellas era la de profesor de universidad. La historia, desde Maquiavelo hasta el presente, aporta excelentes ejemplos de pensadores y profesores universitarios que intentaron hacer carrera política y fracasaron. Tú eras profesor universitario, intelectual, y decidiste lanzarte a la política, pasar desde Harvard primero al liderazgo en el Partido Liberal de Canadá y competir después por la presidencia del país. Saliste derrotado y escribiste una sincera y admirable narración sobre esa experiencia traumática: Fire and Ashes: Success and Failure in Politics (2013), que fue editado al año siguiente en español (en Taurus) y muchos lectores conocen. ¿Cómo ves ahora, tras volver a la universidad, más allá de esa reflexión sobre el fracaso ya escrita, la relación entre el intelectual y la política?

“La desconfianza se extiende también hacia los intelectuales, o a los encargados de generar nuevas narraciones para la sociedad.”

R. Es un lugar común entre los intelectuales despreciar a los políticos: no tienen ideas, no piensan, son corruptos… El problema es que los intelectuales nos interesamos mucho por las ideas, seguimos ideas, y un buen político se preocupa del poder (el “fuego” del poder). Es verdad que la función de los intelectuales es producir narraciones que expliquen los hechos, guiar a la sociedad para escoger las opciones y alternativas apropiadas. Pero algunos políticos tienen un increíble talento para hacer eso, son brillantes narradores. Barack Obama es un buen ejemplo. Tras mi experiencia, hacer política y no sólo pensar sobre ella, he acabado respetando a los políticos mucho más de lo que creía. Uno puede, como pensador, tener una idea maravillosa, pero el político de una pequeña comunidad o provincia le recuerda que eso no va a funcionar allí. Algunos políticos poseen una destreza para el oficio que yo nunca tuve. Tienen oído, olfato, la capacidad para decirte: tú te crees un gran intelectual, pero en Cádiz, en Sevilla, en el País Vasco eso no va a resultar bien. La democracia no puede funcionar sin esa clase de conocimiento, de juicio político, y los intelectuales no suelen respetarlo. Puede ser que Angela Merkel no sea una gran pensadora, pero acumula más conocimiento de Alemania en uno de sus dedos pequeños que todos lo intelectuales en sus dos manos. Tenemos que respetar eso. Es verdad que muchos son corruptos, ladrones, no tienen ninguna sensibilidad hacia la gente que sufre. Pero a los buenos hay que decirles: gracias.

P. Pero en un momento en el que una parte de la sociedad ha perdido la fe en la vieja política y en sus representantes, el discurso de fortalecer las instituciones democráticas, apelar al sentido de responsabilidad, a nuevas formas de hacer política, con nuevas virtudes, es muy difícil de transmitir. El sistema, dicen, está podrido, la democracia burguesa no es la auténtica democracia. Donald Trump ha basado una buena parte de su campaña en hacer creer a la gente que el sistema político estadounidense está amañado, es fraudulento, algo que siembre un montón de dudas e incertidumbres y que puede tener consecuencias notables, tanto si gana las elecciones como si las pierde. Siguiendo con tu argumento, ¿cómo explicas todo eso a los jóvenes, muchos de ellos representados por quienes acuden a estudiar, desde muy diferentes lugares del mundo, a la Central European University?

“La gente volvería a confiar en el Estado si este cuidara de ellos y no fuera patrimonio de las élites. No hay solución fuera de ese marco legal.”

R. Tenemos que ser críticos con los políticos, pero no proyectar toda la sombra de la duda sobre la democracia representativa. Existe una clara polarización en la política, en polos, izquierda y derecha, que parecen irreconciliables, pero esa polarización es parlamentaria, democrática, no se manifiesta en una violencia armada, paramilitar, fuera del Parlamento, como en los años veinte y treinta del siglo pasado. Yo soy un liberal socialdemócrata que cree que el Estado es la solución y no el problema, que puede y debe proteger a los ciudadanos. La gente volvería a confiar si el Estado cuidara de ellos y no fuera el patrimonio de las élites. No hay solución fuera de ese marco legal democrático, y los populismos, de derecha o izquierda, no lo son. Soy un enérgico defensor de la democracia representativa y me opongo a los referendos. Se elige a los políticos y se les da la oportunidad de que tomen las decisiones en el Parlamento. No se puede dejar el futuro de un país en manos de un referéndum. El referéndum debilita la democracia. La gente no está harta de elegir a políticos/élites, sino a políticos irresponsables, que roban. El horizonte de la democracia está ahí, ahora, no en un supuesto futuro radiante al que hay que llegar. No hay un mañana radiante, sin democracia, y sin una constante lucha por ser más justos, generosos, solidarios. No vamos a alcanzar nunca Jerusalén, la ciudad celestial.

La conversación acaba con una idea que compartimos sobre la función de la universidad: llevar la razón, los argumentos, la ciencia y el conocimiento a los asuntos cotidianos de la vida democrática. Eso es lo que nos mueve a enseñar, investigar, viajar, comprometernos frente a las mentiras, la propaganda y la manipulación, el constante desprecio del conocimiento. En palabras de Ignatieff en el discurso de toma de posesión como rector, “si nos preocupamos del conocimiento, si de verdad estamos interesados en separar el grano del conocimiento de la paja de la ideología, del partidismo (…) estaremos cumpliendo con la parte que le corresponde a la universidad de llevar el orden de la razón a nuestras vidas”.

Julián Casanova es historiador.

Ocho jóvenes nos cuentan por qué no beben ni una gota de alcohol

15 febrero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

“No me compensa pasar un día entero hecha polvo por unas horas de diversión”

BRENDA VALVERDE 

Con 16 años, en España te puedes casar y conducir una moto que no sobrepase los 125 centímetros cúbicos. Sobre esa edad ya eliges en el instituto si te interesan más las ciencias o las letras y es probable que empieces a salir de fiesta con tus amigos. 16 es la edad media en la que se consume alcohol por primera vez en nuestro país, según el Observatorio Español de las Drogas y Adicciones, aunque la ley no te permite comprarlo; también es el momento en el que algunos chavales dicen por primera vez “no” a consumir alcohol.

Los últimos datos del Observatorio (2015) indican que el consumo de alcohol en la franja 15-34 años se mantiene más o menos estable en la última década, con un ligero descenso. Tanto para ellos como para ellas: el 37,5% de los varones y el 22,6% de las mujeres de esa edad reconoce haberse emborrachado en el último mes.

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Fuente: OEDA. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES 1997-2015)

El informe advierte del aumento de los “atracones de alcohol” (binge drinking), una práctica en aumento entre los jóvenes que consiste en beber en abundancia en muy pocas horas (entre una y tres). En 2005, el 5% de los españoles consumía alcohol de este modo, mientras que en 2015 los adeptos habían ascendido hasta casi el 18%. Además, la última Encuesta Europea de Salud en España (2014) evidencia que el 7,1% de los hombres entre 25 y 34 años y un 3,8% de las mujeres confiesan ser bebedores intensivos entre 1 y 4 días a la semana. ¿Qué se considera intensivo? Consumir más de 50-60 gramos de alcohol puro en unas cinco horas, lo que equivale a algo más de cinco copas de vino.

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Fuente: OEDA. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES 2003-2015)

Los hábitos de consumo a lo largo de los años muestran la tolerancia social que existe en nuestro país hacia el alcohol desde la adolescencia. Ante esta realidad, hemos hablado con ocho jóvenes abstemios, de entre 18 y 28 años, para que nos cuenten cómo viven sus primeros botellones, qué les ha llevado a tomar la decisión de no beber, qué sienten cuando ven a sus amigos borrachos o cómo se relacionan al conocer gente nueva. Todos aseguran que no buscan amigos que sigan su tendencia antialcohol y respetan la decisión de los demás, aunque están cansados de contestar la misma ronda de preguntas cada vez que conocen a alguien: “¿nunca lo has probado?, ¿ni una cerveza?, ¿cómo puedes saber si te gusta si no has bebido jamás?, ¿y cómo aguantas de fiesta?”.

Laura Moro, 20 años: “No he sido capaz de acabarme una copa”

A esta aficionada al atletismo no le atrae el alcohol, ha visto “muy mal a algunos amigos por sus efectos” y prefiere quedarse al margen de las borracheras. Hasta el punto de que asegura que intentó beberse una copa en 2017 y fue incapaz de terminársela. Sus amigos suelen presentarla como “la sana del grupo”. “Cada vez cuesta más encontrar a jóvenes que no beben porque empiezan muy pronto a ingerir alcohol. Yo me apunto a cualquier plan festivo, pido otra cosa y listo”, asegura.

David Rodríguez, médico, investigador, profesor de Bioquímica de la Universidad de Salamanca y autor del libro Alcohol y Cerebro, afirma a Verneque para los jóvenes es esencial sentirse aceptado por el grupo, de ahí que intenten seguir las conductas que este establece. Esta especie de “rito de iniciación” tiene mayor riesgo entre los adolescentes, ya que un adulto cuenta con mejores herramientas para enfrentarse a un entorno en el que no se siente del todo cómodo.

Imagen cedida por Laura Moro

Shifa Rostom Ajlani, 27 años: “Al ser musulmana y llevar el hijab la mayoría de gente no me pregunta si bebo alcohol, es obvio”

Esta madrileña residente en Liverpool nunca ha probado el alcohol. El motivo principal es que su religión, el Islam, lo prohíbe: “Según el Corán, el alcohol tiene beneficios, pero sus prejuicios son mayores que sus bondades”. Como dentista, también tiene muy en cuenta lo perjudicial que es esta sustancia para la salud. “Recomiendo a mis pacientes reducir el consumo de alcohol y tabaco, algunos aceptan mi reto y en menos de un año han disminuído mucho la dosis o lo han dejado definitivamente”, cuenta orgullosa.

Rostom asegura que nadie suele preguntarle si bebe alcohol porque al llevar el hijab la mayoría entiende que no: “Mis amigos me invitan a sitios donde no hay alcohol, algunos incluso evitan beber delante de mí, aunque siempre me he relacionado tanto con bebedores, como con abstemios. Nunca me he sentido discriminada por no consumir, al contrario, me respetan más”.

Álvaro Varela, 23 años: “Mi pasión por el deporte y la natación es uno de los motivos para no beber”

Este estudiante de Medicina cree que tuvo suerte con su grupo de amigos de la adolescencia. “Crecí en un ambiente en el que éramos todos deportistas y nunca bebimos para relacionarnos. Me gusta mucho el deporte y siempre he practicado natación, lo que sin duda ha contribuido a que no beba”, reconoce. Años después, la formación médica le ha dado otra perspectiva del alcohol, que considera “terriblemente perjudicial”. Y añade: “He percibido situaciones límite por culpa de esta sustancia”.

Varela reconoce tener una mentalidad diferente a la mayoría de sus amigos. Cree que muchos jóvenes empiezan a beber para relacionarse con el sexo opuesto o para conseguir bailar en una discoteca, por ejemplo. “Cuando empecé a salir me generaban ansiedad esas cosas, sentía vergüenza, entonces pensé que o hacía frente a ese sentimiento o me iba a quedar solo. Pero jamás decidí beber para combatirlo, podía ser sociable y vencer esos miedos sin necesidad del alcohol”, afirma.

Imagen cedida por Álvaro Varela

Lucas Sánchez, 26 años: “Cuando descubrí el daño que me hacía beber, lo dejé”

No bebo alcohol, ni fumo, ni consumo drogas. ¿Por qué no bebo? Por lo mismo por lo que no ingiero veneno. ¿Hay más abstemios por aquí? ¿Cómo lo vivís?”. Estas son las palabras de Lucas Sánchez en un foro de escritores en el que el barcelonés buscaba compartir cómo es su vida desde que a los 25 años decidió dejar de consumir alcohol. “Bebía para desinhibirme y para olvidar mis problemas durante unas horas, pero no solucionas nada en estado de embriaguez, pierdes todas tus capacidades cognitivas y contribuyes inútilmente a matarte un poco más”, afirma.

El doctor Rodríguez está de acuerdo con esta afirmación. Insiste en recalcar que el alcohol es una droga tóxica: “Tiene un efecto depresor, es ansiolítico, cuando la dosis aumenta influye en la transmisión cerebral. El alcohol se aprovecha de los circuitos de recompensa y hace que volvamos a él porque nos produce placer, el cerebro se maladapta y se hace dependiente de esta sustancia”.

Lucas es muy crítico con el ocio nocturno orientado a los jóvenes y asegura que, una vez dejas de beber te das cuenta de lo sobrevalorado que está socialmente estar borracho. “El alcohol te vuelve estúpido, y gran parte del ocio nocturno está pensado para eso mismo. Hay quien dice que si no bebes es imposible pasárselo bien en las fiestas. Eso puede llegar a ser comprensible porque uno no puede socializar en la mayoría de discotecas debido al volumen de la música, porque, en realidad no es un ocio pensado para socializar, sino para tener una excusa para beber”, afirma.

Claudia Sánchez, 27 años: “No sé cómo puedes, yo no podría, ¿nunca lo has probado?”

Ser abstemia no es ningún inconveniente para esta sevillana, que disfruta de su Feria de Abril y demás festejos como la que más. “Desde siempre me ha generado rechazo el alcohol, mis padres me concienciaron mucho y, después, al ver a mis amigos borrachos sentía vergüenza”, cuenta a Verne.

Sánchez nunca se ha sentido discriminada, aunque le da rabia que la gente piense que es aburrida y que no se sabe divertir por no beber: “Hay personas que cuando se emborrachan no quieren que yo esté cerca, porque a la mañana siguiente me voy a acordar de todo y eso les supone algún problema”. Rodríguez afirma que muchas veces el miedo de sentirse raros fomenta la invisibilidad de la realidad abstemia. “Debería ser como a los que no les gusta el fútbol, tienen una vida social como cualquier otra persona”, dice.

Imagen cedida por Claudia Sánchez

Jaime Llorente, 28 años: “La gente defiende el alcohol para autojustificarse”

“El típico sorbo de champán en Año Nuevo”, sí. Pero a Llorente el alcohol le sabe a colonia. El publicista ha crecido en los alrededores de la Casa de Campo madrileña, donde se celebran botellones a los ha acudido, aunque sin consumir alcohol. “He ido como el que más, al principio me aburría un poco, pero luego cerraba discotecas”, dice.

Reconoce que cuando conoce gente nueva le bombardean a preguntas sobre su decisión. Aunque también que su entorno intenta protegerlo para que no tenga la tentación de beber un trago o coger un cigarrillo. Llorente asegura que ha bebido alguna vez para demostrar al resto que no habla con desconocimiento. Además, cree que muchas personas intentan justificar de algún modo el consumo de alcohol porque necesitan respaldar su hábito.

El doctor Rodríguez explica que la resaca, una situación físicamente desagradable, no es considerada por la sociedad como algo malo, sino como “una medalla, una cicatriz de guerra que hace que seamos más fuertes, que saquemos pecho de la noche anterior”.

Imagen cedida por Jaime Llorente

Patricia Peribáñez, 28 años: “No me compensa pasar un día entero hecha polvo por unas horas de diversión”

“No me gusta el sabor”, “me suele aparecer una reacción alérgica en la cara”, “me duele la tripa y la cabeza”… Motivos no le faltan a esta madrileña para rechazar el alcohol. La licenciada en Ciencias Ambientales tiene claro que, con la cantidad de veces que se pone mala a lo largo del año, no le compensa pasar un día entero hecha polvo por la resaca a cambio de unas horas de fiesta.

El doctor y autor del libro alcohol y cerebro, que participa en talleres de concienciación sobre los efectos del alcohol en colegios, cree que se está dando un mensaje demasiado bondadoso sobre una sustancia tóxica, y que es necesario explicar los beneficios que tiene prescindir de ella: “Si has consumido alcohol durante años y dejas de hacerlo, tu hígado puede recuperarse casi al 100%, tendrás un sueño más reponedor, lo notarás en las células de la piel, incluso tendrás mejor humor…”.

Imagen cedida por Patricia Peribáñez

Sandra Moro, 18 años: “Me parece un robo que por un refresco te cobren 3 euros y por una cerveza, la mitad”

Con la mayoría de edad recién cumplida, Moro estudia Terapia Ocupacional y alguna vez la han acusado de amargada por no tomarse una copa. A Sandra le indigna pagar 3 euros por un refresco o un zumo cuando las cervezas cuestan la mitad y ver a la gente borracha le reafirma en su decisión de ser abstemia. No beber no le impide pasárselo bien, es capaz de irse a las fiestas de un pueblo de Cáceres con amigas y no dejar de bailar en toda la noche. “Y terminar a las 11 de la mañana jugando al voleibol, sin una gota de alcohol en el cuerpo”.

Imagen cedida por Sandra Moro

Una ley en fase de estudio

En España no existe una ley nacional que intente frenar el consumo de alcohol entre los menores y prevenga los futuros hábitos de los jóvenes. Después de que la polémica “ley antibotellón” de 2002 no se aprobase, algunas Comunidades Autónomas tomaron el relevo en esta materia. En noviembre de 2016 la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, anunció un proyecto legislativo ambicioso que aún se encuentra en fase de estudio. Las entidades e instituciones que forman la Movilización Alcohol y Menores, impulsada por la Federación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), han pedido estos días que la futura ley no sea solo represiva y contemple medidas educativas y de prevención.

50 años de Felipe VI: el rey que apuntaló el statu quo

14 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

A su padre le llamaban “campechano”. Y a él, “preparado”. Felipe VI, que ha cumplido 50 años, es el primer rey de España con carrera universitaria, incluso estudió COU en Canadá y un máster en Georgetown tras licenciarse en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid.

Pero también, como sus predecesores, se formó en las artes militares, marineras, deportivas y cinegéticas.

EL PRINCIPE FELIPE DE BORBON DURANTE UNA CACERIA
Felipe de Borbón, durante una cacería. KORPA

Si su padre llegó al trono tras ser ungido por el dictador y jurar los principios fundamentales del régimen franquista; Felipe lo hizo en junio de 2014 tras la abdicación de un Juan Carlos asfixiado por los escándalos. Si Juan Carlos, que acaba de celebrar su 80 cumpleaños con bombo y platillo mediático, se convirtió en rey durante la agonía del franquismo –ya sin Franco–; Felipe fue coronado en plena crisis del régimen del 78: tres años después del 15M y un año antes de un 20D que dibujó una España que, de momento, enterraba el bipartidismo.

Juan Carlos no dejó el paso a su hijo por gusto. La abdicación, pactada entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, llegó tras las imputaciones a Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón, los papeles de Bárcenas, el caso de los ERE, la cacería en Botsuana, el fin de ETA, el reparto desigual de la crisis y las aspiraciones independentistas catalanas: todo ello, elementos de erosión de la arquitectura de 1978.

 60 CUMPLEA¿OS DE LOS REYES DE NORUEGA EN TRONDHEIM EN LA IMAGEN EL PRINCIPE FELIPE DE BORBON CON SU HERMANA CRISTINA DE BORBON Y SU MARIDO I¿AKI URDANGARIN MONTADOS EN UN COCHE DE CABALLOS
Felipe, Cristina e Iñaki Urdangarin, en un coche de caballos durante el 60 cumpleaños de los reyes de Noruega. PB / © KORPA

La abdicación amasada por el bipartidismo supuso un apuntalamiento del edificio agrietado del 78: el recambio de un jefe del Estado desgastado por otro que llegaba limpio de sospechas. La monarquía, en tanto que clave de la bóveda del régimen de la Transición por su papel ante los partidos, los empresarios y la política internacional –incluidos los “primos” saudíes y los “hermanos” alauís–, se debe a su razón de ser: la supervivencia de la dinastía.

Madrid, 8-2-1984.- El Rey Fahd de Arabia Saudí, acompañado por su hijo, el príncipe Abdulaziz (2i), antes del almuerzo que el Rey don Juan Carlos y el príncipe Felipe (i), le ofrecerá en el Palacio de la Zarzuela durante su visita privada.
El rey Fahd de Arabia Saudí, acompañado por su hijo, el príncipe Abdulaziz (2i), antes de almorzar con Juan Carlos y el príncipe Felipe, en el Palacio de la Zarzuela durante su visita privada en febrero de 1984.EFE

Y esa supervivencia va ligada al sistema constitucional del 78. Por eso, el rey se empleó a fondo tras el 1-O: interpretó que la supervivencia del sistema al que debe su existencia como monarca pasaba por el 155; que si el régimen del 78 estallaba por Catalunya, también podría estallar su trono.

El 1-O era, debieron de decirle, su 23-F; el hito que alimentó durante décadas la imagen de su padre como salvapatrias. Y el primero en golpear fue el rey, cuyo papel constitucional es el de árbitro. Antes de que Mariano Rajoy anunciara la aprobación del 155, pactado con PSOE y Ciudadanos, Felipe VI abonó el camino. Fue el 3 de octubre por la noche, 48 horas después de la consulta del 1 de octubre. Aquel día,  el monarca se empleó con una dureza inusual, como si, efectivamente, estuviera mirando de reojo la intervención de su padre en la noche del 23 de febrero de 1981. Si colocó contrafuertes que sujetaran al régimen del 78; también se dejó jirones en el empeño.

Tanto aquella noche del golpe de Estado como la del 3 de octubre, han sido las dos únicas veces en las que Juan Carlos y Felipe se han dirigido a los españoles al margen del tradicional mensaje de Nochebuena. A partir de ahí, PP, PSOE y Ciudadanos acordaron el 155 que desembocó en las elecciones del 21D. Podemos y las confluencias señalaron el discurso como un punto de inflexión en su relación con el rey -IU, por su parte, siempre fue inequívocamente republicana y antimonárquica-. Y numerosos medios se han apresurado a contribuir a la construcción de Felipe como el salvador de la España amenazada por el independentismo.

El rey hizo un repaso parcial de los últimos 200 años de la historia de esa España durante el 40 aniversario de las primeras elecciones tras la reinstauración democrática. Aquel día, el 28 de junio pasado, Felipe reivindicó 1977 como el comienzo de la democracia, obviando la Segunda República; y calificó de “tragedia” la Guerra Civil y la dictadura, sin mencionar la lucha antifranquista ni la sublevación franquista contra el orden republicano constitucional.

PRÍNCIPES DE ESPAÑA EN PAZO DE MEIRÁS: La Coruña, 30-7-1975.- Los Príncipes de España pasan unos días de vacaciones en el Pazo de Meirás, invitados por el Jefe del Estado. En la foto, el infante Felipe da la mano a Franco, en presencia de su padre, el príncipe Juan Carlos, el marqués de Villaverde (2º plano derecha), y el marqués de Mondejar, (2º plano, centro).
Felipe saluda al dictador en el palacio de Meirás, aún propiedad de la Fundación Francisco Franco, en julio de 1975, dos meses antes de que Franco firmara las últimas sentencias de muerte antes de fallecer.EFE

El rey insistió en el valor de la convivencia, pero olvidó conquistas pendientes, así como la lista de “errores” de estos 40 años. Incluso retorció un poema de Antonio Machado señalando que “dos Españas helaban el corazón” del poeta, cuando Machado, precisamente, afirmaba lo contrario: que “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Pero Felipe no sólo ha alentado la intervención de la autonomía catalana y ha desdibujado la historia reciente de España durante sus escasos tres años y medio de mandato. En pleno escándalo de las tarjetas ‘black’ de Caja Madrid y Bankia, el empresario  Javier López Madrid recibió el cariño y apoyo de varios amigos, entre ellos los reyes de España. Así constaba en la información que López Madrid intentó borrar de su teléfono móvil y que la Guardia Civil logró en parte recuperar por orden de la jueza que investiga una denuncia del empresario contra la mujer que previamente le había denunciado por acoso sexual.

Entre los mensajes destaca por su efusividad uno recibido en el teléfono móvil del empresario y que envía la persona a la que él identifica como “Ltzia” el 15 de octubre de 2014, a las 17.08: “Te escribí cuando salió el artículo de lo de las tarjetas en la mierda de LOC y ya sabes lo que pienso Javier. Sabemos quién eres, sabes quiénes somos. Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. Un beso compi yogui (miss you!!!)”.

Los mensajes recuperados de Javier López Madrid con los reyes de España.
Los mensajes recuperados de Javier López Madrid con los reyes de España.

En el momento del mensaje habían pasado cinco días desde que trascendiera   el detalle de los gastos realizados por cada uno de los consejeros y directivos de Caja Madrid y Bankia. López Madrid había gastado 34.807 euros con el plástico que la entidad que acabó siendo rescatada con 23.000 millones de dinero público.

Pero de nada le sirvió a López Madrid el apoyo de los reyes.  El empresario fue condenado a seis meses de prisión por un delito continuado de apropiación indebida. Lo que el tribunal consideró delito, para la reina Letizia carecía de importancia.

Otra amistad que ha cultivado el rey desde que es rey es la de Arabia Saudí. Felipe viajó en enero de 2017 sellando cuatro décadas de relación económica y personal entre ambas monarquías. En 1977, hace 40 años, el príncipe Fahd hizo un préstamo de 100 millones de dólares a interés cero a su “hermano” Juan Carlos cuya devolución no está acreditada. El entonces rey de España pidió dinero a las monarquías árabes para “el fortalecimiento de la monarquía española”. Fahd, quien pasó varios veranos en Marbella, regaló a Juan Carlos en 1979 el yate Fortuna, que empleó el monarca durante más de una década.

Palma de Mallorca (Baleares), 16-8-1979.- Los Reyes de España y sus hijos, Felipe (2iz) y Cristina (4dc) acompañados de Constantino (detrás) y Ana Mº de Grecia (3 dc) con sus hijos Alexia (2dc), Nicolás y Pablo (3 y 4iz) y de los Grandes Duques de Luxembrugo, Juan y Josefina y su hijo Henri (iz); a bordo del nuevo yate 'Fortuna' regalo del príncipe heredeo Fahed de Arabia Saudi.
Los reyes y sus hijos, Felipe (2iz) y Cristina (4dc) acompañados de Constantino (detrás) y Ana Mº de Grecia (3 dc) con sus hijos Alexia (2dc), Nicolás y Pablo (3 y 4iz) y de los Grandes Duques de Luxembrugo, Juan y Josefina y su hijo Henri (iz); a bordo del nuevo yate ‘Fortuna’ regalo del príncipe heredeo Fahed de Arabia Saudi, en agosto de 1979. EFE/AA

El comercio de armamento entre España y Arabia Saudí presidió el viaje del rey Felipe: cuatro grupos para la defensa de los derechos humanos  solicitaron al rey y al Gobierno de Mariano Rajoy que frenaran la venta de cinco buques de guerra de la empresa pública Navantia a Arabia Saudí. Argumentan que, en caso de realizarse esta operación, España podría convertirse en “cómplice de las atrocidades cometidas en el conflicto de Yemen”, puesto que las corbetas podrían utilizarse para cometer crímenes de guerra.

Felipe se hizo acompañar en ese viaje,   según publicó El Economista, de los presidentes de Acciona, José Manuel Entrecanales; OHL, Juan Villar-Mir de Fuentes; Técnicas Reunidas, José Lladó; Talgo, Carlos de Palacio Oriol; Navantia, José Manuel Revuelta; Renfe, Juan Alfaro; Ineco, Jesús Silva; Typsa, Pablo Bueno; CAF, Andrés Arizkorreta; CESCE, Jaime García Legaz; X-Elio, Jorge Barredo; Mondragón Wintec, Dorleta Urrutia; ARPA, Clara Arpa; Cobra, Eugenio Llorente, y GRupo MCI, Carlos Hoffmann. También de los presidentes del Consorcio Alta Velocidad Meca Medina, Jorge Segrelles, y del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Fernando Marti; y otros directivos de Sacyr, FCC, Adif, Idom y Herbert Smith.

Felipe, después de llegar en medio de una tormenta que se llevó por delante el trono de su padre, intentó mantener un perfil público bajo durante sus dos primeros años de monarquía. Hasta 2017, que empezó con su viaje a Arabia Saudí y acabó con su actuación restauradora en una crisis territorial que supone una nueva amenaza para el régimen del 78. ¿Cuánto se ha desgastado en su esfuerzo por apuntalar el statu quo? La campaña de los grandes medios en apoyo a su figura durante su 50 cumpleaños, sufragada por las principales empresas y anunciantes, es un reflejo de quiénes son los compañeros de viaje del rey: su corte.

30/01/2018 – 

“Los jóvenes no piensan mucho en la Guerra Civil porque no se la han explicado”

13 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

¿Qué fue de los tuyos en la Guerra Civil? Para muchos, esta pregunta resulta muy familiar. Mi abuelo estuvo en la cárcel, a mi madre le raparon la cabeza o le enterraron en una cuneta pueden ser algunas de las respuestas. Así de crudo y de feroz es el recuerdo de millones de personas, aunque ahora dé la sensación de que con cada generación aumente un poco más el olvido.

“Yo creo que los jóvenes no piensan mucho en la Guerra Civil porque no se la han explicado. Es una pena que la gente joven no sepa, pero también hay que querer saber”, lamenta la escritora y documentalista donostiarra Susana Koska, que acaba de publicar Mujeres en pie de guerra, un libro en el que hablan mujeres poco conocidas sobre sus vivencias durante el conflicto armado en España.

“Solamente hay que ver los libros de texto, en los libros de texto la Guerra Civil se pasa en un tema. A los jóvenes se les tendría que explicar mucho más, no solo con datos cronológicos, sino con datos sociales sobre lo que supuso”, dice la autora. Por mostrar un ejemplo numérico (y quizá un poco injusto), en Instagram hay un total de 9.000 publicaciones con la etiqueta #guerracivilespañola y más de 29.000 con la de #operacióntriunfo.

No es un ensayo. No es una novela. No es un diálogo de más de doscientas páginas. Se trata de un puzzle compuesto por testimonios, transcripciones de periódicos y revistas, manifiestos y algunos párrafos de libros. “Es un rompecabezas coral. Se puede leer por cualquier sitio. Tiene un lenguaje rico, hablan mujeres, periódicos, novelas… Creo que es una buena manera de aprender historia”, explica. También mantiene el tono en todas las voces narrativas, el lenguaje y los registros.

Quizá lo más complicado sea seguir el hilo de cada uno de sus personajes porque la lectura va de un sitio a otro casi en cada página. El libro se divide en nueve capítulos, desde el estallido de la revolución a la llegada de las bombas y de la resistencia.

Pero, ¿por qué hablar de la Guerra Civil? ¿No está muy trillado? ¿No se ha contado ya todo? No, faltan las anónimas. “Empezó siendo una historia familiar, porque como tantísimas otras familias en este país, la mía estaba marcada profundamente por la guerra”, dice sin titubeos. “Mi abuelo estuvo en prisión, mis primos fueron evacuados a Francia. Primero fue esa necesidad, la de hacer el propio relato familiar y no fue fácil”, recuerda. Dice que a veces lo que le contaban no coincidía necesariamente con lo que había leído en los libros de historia.

Mucho más que madres y esposas

“Empecé a indagar y a buscar bibliografía y me encontré con los libros de Antonina Rodrigo, que fue la primera mujer que empezó a escribir monografías sobre las anónimas, no sobre las grandes mujeres represaliadas, sino sobre mujeres que no tienen un nombre en una orla y no lo van a tener nunca”. Sus protagonistas son: Sara Berenguer, Rosa Laviña, Neus Catalá, Rosa Díaz, Montserrant Fernández Garrido, Carmen Alcalde, Antonina Rodrigo, Cecilia G. de Guilarte, Ana Mary Ruiz, Luz Miranda y Maixux Rekalde. “Las mujeres no solamente fueron madres y esposas de presos, sino que fueron agentes importantes en la lucha social de su momento” y aquí está la prueba (podríamos añadir).

“Cuando me encontré con estas mujeres me quedé fascinada y me puse en contacto con Antonina, que es una mujer no generosa. Me dice que me ponga en contacto con ellas y que me lo cuenten a viva voz, porque siguen vivas y para eso están, para que las escuchemos”, dice emocionada.

“Yo creo que en España, todos o casi todos los periodistas padecen del hígado. O de cualquier otra cosa. Y es natural. Ser en España periodista tiene la misma importancia que vender garbanzos. Yo confieso que he sentido deseos de llorar, allá en mi juventud, al ver reflejadas en la pantalla las emocionantes aventuras de los periodistas americanos”, se puede leer casi al principio del libro. Este párrafo lo firma Cecilia G. de Guilarte, que como recuerda Koska en la entrevista fue una de las periodistas españolas más importantes de la época.

Con todos estos testimonios ya apareció un documental en 2004, que se completa con este libro. Pero estas voces no se apagan. Koska tiene material guardado que “pronto pedirá ver la luz”.

No te movilices, solo firma en internet

12 febrero, 2018

Fuente: http://www.publico.es

30 de enero de 2018

Pascual Serrano
Periodista

El pasado 15 de enero una adolescente de 17 años murió atropellada en la carretera M-117 en la localidad de Fuente el Saz de Jarama, al norte de Madrid. Parece que los vecinos eran conscientes de que algo podía pasar y estaban muy preocupados por las condiciones de peligrosidad de ese tramo de carretera, sin arcén y con apenas luminosidad. Según difundieron algunos medios miles de vecinos habían apoyado una campaña de recogida de firmas en change.org exigiendo a la Comunidad de Madrid que mejorara las condiciones de esa vía. Por su parte, la Comunidad de Madrid afirma no haber recibido ninguna petición al respecto.

Estamos ante una de esas campañas de firmas en internet mediante las cuales muchas personas bienintencionadas creen participar en un activismo con el que puede resolver problemas sin demasiado esfuerzo. Todos firmaron en un portal de internet pero quizás nadie dirigió un escrito a la Comunidad de Madrid, ni a los responsables de Tráfico, ni a los grupos de la oposición para que les apoyaran si consideraban que el gobierno de turno no atendía sus demandas. Quizás tampoco se dirigieron a la prensa para presionar a los cargos oportunos. Por supuesto no habría manifestaciones ni concentraciones de protesta, ya se habían “movilizado” firmando en internet.

He mirado en change.org y hay al menos dos campañas de recogidas de firmas, cada una con miles de adhesiones. Son escritos que dicen que se entregarán a la presidenta de la Comunidad de Madrid, no se sabe cuánto tiempo llevan colgados recogiendo firmas, no hay información que aclare si se ha enviado al gobierno madrileño o a alguna autoridad. Simplemente la petición está ahí colgada, la gente entra, la lee, firma y ahí queda.

Uno de los efectos estúpidos de internet y las redes sociales es hacernos creer que estamos participando en la toma de decisiones (empoderando llaman algunos) cuando solo estamos entrando en un portal que está ingresando dinero por publicidad con nuestros clicks y de poco sirve lo que “votemos”. Por no hablar de asuntos sobre los que, en mi opinión, no correspondería la participación ciudadana, y que también son objeto de campañas en internet. Se recogen firmas para pedir financiación para determinados proyectos de investigación médica, como si los firmantes supieran si es mejor destinar recursos a una investigación de la Universidad de Sevilla sobre el cáncer de páncreas o a otra sobre el glaucoma en el Hospital Clínico de Madrid. Y los ciudadanos haciendo su propia campaña entre su entorno en las redes sociales.

Cuando la jueza de la Audiencia Nacional Carmen Lamela envió a prisión preventiva a Jordi Cuixat y Jordi Sánchez se abrió una campaña en change.org para pedir su inhabilitación como jueza, como si los jueces se nominaran o expulsaran en una votación popular como las de Operación Triunfo o Gran Hermano.

Desde las plataformas de firmas se ponen en marcha, con gran apoyo y difusión ciudadana, campañas para que metan en la cárcel determinado acusado o dimita el presidente de cualquier país.

Hace unas semanas, en uno de mis grupos de WhatsApp, bajo la bandera de la defensa de la escuela pública, se pedía que votáramos en internet a un determinado colegio público para la concesión de un premio de “markenting educativo” que concedía un banco. La votación, organizada por el propio banco, ni siquiera era vinculante, pero servía para publicitarse tanto la entidad como su fundación y su supuesto desvelo por la educación. Por supuesto, nadie se planteaba qué significa el “marketing educativo” para una escuela pública.

El sistema de participación ciudadana por internet permite entretener a la gente en causas absurdas en detrimento de movilizaciones por motivos más necesarios. Así se consigue que 145.000 personas voten para que se incluya un pueblo de 77 habitantes en un nuevo Monopoly. ¿Se imaginan esas 145.000 personas movilizándose para que mejoren la carretera de ese pueblo, el colegio o la asistencia médica?

Los mecanismos del poder para entretener o desmovilizar son muchos, pero el más exitoso de todos es cuando consiguen desmovilizarnos mientras creemos que estamos luchando.

Que no hable ni Dios

11 febrero, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 06/12/2016 a las 06:00Actualizada 06/12/2016 a las 11:08  

Bueno, Dios sí. De las subvenciones que recibe la Palabra Revelada nunca hablan los que tanto gritan.

La polémica creada por el rescate de unas palabras que pronunció Fernando Trueba con motivo del estreno de su película La Reina de España significan el triunfo moral de la extrema derecha de este país. Un triunfo que viene avalado con la toma de sus consignas, de sus proclamas, por parte de la llamada “centro derecha”, que asume sus postulados suavizando las formas, con lo que se permiten decir las barbaridades a las que nos tienen acostumbrados desde “el respeto y la tolerancia”, ocupando un espacio que correspondería por sus reivindicaciones y su esencia a fuerzas extraparlamentarias. Lo mismo ha ocurrido en Francia con Fillon, el nuevo candidato a las elecciones presidenciales de 2017. Se ha celebrado mucho su victoria cuando sus planes en poco o nada difieren de los del Frente Nacional, salvo que estos los plantean con una retórica visceral cuya puesta en escena implica una militancia que sonroja a los republicanos franceses que ven en Fillon el justo término de lo que sería el signo de los tiempos.

Vengo de un mundo donde no existía, excepto para los fascistas, el “orgullo de ser español”. Era simple y llanamente una soberana estupidez. Algo totalmente ridículo, como la celebración cada 12 de octubre de “El Día de la Raza”. Nosotros, precisamente nosotros, los españoles, que llevamos cien sangres encima, si es que de pedigrí hablamos, incluidas las que más joden al español “de verdad”, la judía y la mora. Entonces, algunos, no adictos al régimen, ya proclamaban que sólo existía una raza: la raza humana. La raza española no vendía fuera del mercado de los patriotas que sostenían que los extranjeros del norte, esos decadentes demócratas, nos tenían envidia porque estaba demostrado que, sexualmente, éramos más potentes. Se reivindicaba como marca el latin lover.

Tampoco se paseaban los ciudadanos con la gloriosa enseña nacional por la calle con tanta alegría como ahora, salvo grupos de uniforme que pegaban a los que no les siguieran el juego o balbucearan al cantar los himnos que les reclamaran. Eso pasó hace tiempo, pero como todas las desgracias tuvo, curiosamente, un lado positivo: creó una ingente cantidad de ciudadanos, yo entre ellos, que repudiaban el nacionalismo español. Bueno, repudiaban y se acojonaban con él porque aquellos portadores de valores eternos que actuaban en manada pegaban palizas con total impunidad, al abrigo y protección de la Policía Nacional, que sólo aparecía si la cosa se ponía fea y el personal acorralaba a los matones para, paradójicamente, cascar a los agredidos y proteger a los fascistas. Esto no me lo han contado, lo ha visto mi menda varias veces. Durante una época todos los domingos en el Rastro de Madrid.

La consecuencia buena, como decía, fue que la usurpación de los símbolos “nacionales” por parte de la dictadura trajo consigo un antinacionalismo a celebrar. Yo, al menos, estoy muy orgulloso de ser un hijo de aquello.

Nunca me ha gustado cuando viajo a otros países ver a los jóvenes portando la bandera como un elemento ornamental fashion. Me parece un triste signo de alienación. Ocurría, especialmente, en los Países Nórdicos, sobre todo en Suecia, y en los EEUU. A mí, esta exhibición de la bandera, que cada vez se extiende más, siempre me ha parecido que lleva implícita el gen de la xenofobia. Tengo que reconocer que la única bandera que he lucido ha sido la Unión Jack por una cuestión estética: me gustan los mods.

Ahora que nos habían vendido que la bandera constitucionalista era de todos y que había que perder el pudor a pasearse con ella, esta polémica surgida en torno a aquellas palabras de Fernando Trueba, que no es tal sino una reivindicación del “espíritu nacional” digno de otros tiempos, demuestra por su sinrazón y sus formas que el “sentimiento nacional” y “el orgullo español” son chungos. Se le ha dicho de todo en los medios de comunicación afines al Gobierno, y en las redes sociales se le ha insultado de manera desproporcionada y deseado la muerte de diferentes maneras, la más curiosa ahogándose en el Mediterráneo, como los refugiados. Estos españoles “de verdad” le consideran una basura del calibre de los que vienen huyendo de la guerra con sus hijos y mueren por la indiferencia de los países ricos.

Si lo que pretenden es que Trueba recupere el sacrosanto orgullo de ser español, así no creo que lo consigan.

En fin, las opiniones menos viscerales se limitan a esgrimir los argumentos que ya sacó la derecha rancia española cuando el “No a la guerra” en torno a las subvenciones, así como llamando al boicot a la película y, para que luego digan que ese espíritu no lleva implícito el gen de la contradicción, por no decir de la estupidez: un ataque al cine español en su conjunto, con lo que demuestran poco amor por lo patrio.

Por supuesto, para rematar la faena, se despachan con consignas también características de los fachas de todo el mundo: se le invita a marcharse de España. Antes te mandaban a Moscú, ahora, como ya no hay telón de Acero, a las aguas del Mediterráneo.

Con tanto ruido se pierde la perspectiva de lo que ha ocurrido. Fernando Trueba es un artista y como tal tiene todo el derecho del mundo a pensar como le dé la gana, y a decir lo que quiera sin que pase nada. No es un cargo público que representa a todos los españoles, a los que le votan y a los que no, y está obligado a una normas, a mantener unas formas que, por cierto, estos señores del PP se saltan constantemente actuando desde sus cargos como hooligans de partido.

También los ciudadanos tienen derecho a expresar su rechazo ante sus declaraciones, pero creo que es desproporcionado que ante la manifestación de alguien que afirma no “sentirse español”, no tener “sentimiento nacional”, no tener “identidad cultural” y estar en contra de la creación de nuevas fronteras, que es lo que dice, entre otras cosas, en su discurso, tantos se hayan dado por aludidos y de una forma tan violenta y visceral que no hace sino ratificar que esto es sólo un síntoma de que algo grave está pasando. Es evidente que estos señores tan susceptibles no escuchan la radio por las mañanas, ni determinadas tertulias políticas donde en algunas emisoras y cadenas dicen a diario cosas gravísimas de personas con responsabilidades de gobierno, que van a afectar a sus vidas, a las de sus hijos, y que parecen no molestarles o, al menos, no se manifiestan con la vehemencia que lo hacen ante las declaraciones de un cineasta, hace un año, con motivo de la entrega de un premio.

Con respecto al dinero, tema que me atañe, porque a mí me llaman por la calle “millonario”, como si fuera un insulto, personas de apariencia pija, reclaman esos ofendidos patriotas que devuelva lo que ha ganado de los españoles que han pasado por taquilla. Creo que ignoran lo complicado que sería tal cuestión desde el punto de vista administrativo. ¿Debería devolver también lo que ha ganado con sus películas en Tailandia por no sentirse tailandés?

Indignado por esta jauría que no es más que un síntoma del retroceso en un derecho tan fundamental como es el de expresión, el domingo por la noche me fui a ver la película y no sólo entendí parte del origen de la campaña sino que no estoy de acuerdo con esa mayoría de críticas que la ponen a caldo. La película está muy bien. Me gustó mucho y reconozco que es difícil de compaginar lo que cuenta con el espíritu de sus detractores. Es una comedia que encierra un alegato a favor de la libertad, una condena de la dictadura y, sobre todo, una llamada contra la sumisión. ¿Hay una causa más noble?

Recomiendo que vayan a verla, queridos amigos. Entenderán el mundo del que venimos y también aquel al que nos quieren llevar. Y sobre todo la gran injusticia que se ha cometido con la película y su director.

Recuerdo que un profesor de la Universidad del País Vasco comentaba que lo peor de estar amenazado por ETA era que te quedabas solo. Debe ser el instinto de supervivencia el que llevaba a los otros a apartarse de él, o tal vez que no los relacionaran con el amenazado para no correr la misma suerte.

Desde luego es muy difícil que alguien que pretenda sacar adelante un proyecto pueda dar la cara en estas circunstancias por un compañero y eso, precisamente, es lo que se pretende: ¡Qué nadie hable!

Como digo, este estúpido circo que se ha montado en torno a Fernando Trueba no es otra cosa que la victoria moral de la extrema derecha en estos tiempos que corren.

Lo que ha pasado da más sentido todavía a esa película y demuestra que el daño que hicieron aquellos tiempos esta lejos de subsanarse.

Yo estoy con los de la película. Mi único orgullo es que nunca estuve en esa España de los vociferantes abanderados. Ni entonces ni ahora me echaron el lazo.