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Nuestra lucha a muerte contra la inteligencia animal

9 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Materialistas y metafísicos luchan por definir la esencia de lo que es humano. Pero, mientras buscamos inteligencia en el espacio para “no estar solos en el universo”, negamos violentamente la de los millones de criaturas que nos rodean.

Marta Peirano, 3 de abril de 2017. 

"Todos me parecen animales maravillosos" | MARINA CANO
“Todos me parecen animales maravillosos” | MARINA CANO

La ciencia cognitiva es el laboratorio que comparten la neurología y la filosofía. También paran allí disciplinas aparentemente distantes como la psicología, la programación, la lingüística y la inteligencia artificial. Hay dos grandes escuelas enfrentadas: una materialista que considera que la mente es el resultado de la suma de sus partes, y otra metafísica que sigue buscando “algo más”. Gilbert Ryle acuñó la expresión “el fantasma en la máquina” en los años 80 para definir ese “algo más” que lleva siglos esquivando salir en la foto. Y para chotearse un poco de Descartes, cuya teoría de que somos un fantasma atrapado en una máquina de carne sería bastante graciosa, si no fuera por la la cantidad de animales que torturó en directo para demostrarla.

Los materialistas creen que si la evolución ha conseguido crear esa conciencia de la nada, es porque se trata de un proceso que, en algún momento de los próximos años, podremos re-ingeniar. Los metafísicos argumentan que pensar en la mente como un conjunto de procesos bioquímicos nos reduce a “cosas” y le quita sentido a nuestra existencia. Argumentan que la individualidad de la experiencia y la originalidad del pensamiento son prueba suficiente de la existencia de un yo. Para saber si eres de los primeros o los segundos, hay una fórmula sencilla. Si crees que un robot puede ser inteligente, eres materialista. Si piensas que sólo puede parecerlo, entonces eres metafísico.

Materialistas vs Metafísicos: sólo puede quedar uno

El problema más grave al que se enfrentan los materialistas -donde destacan Richard Dawkins, Steven Pinker, Christopher Hitchens y Daniel Dennett- es que la primera consecuencia lógica de sus presupuestos es la Singularidad. “Una vez la tecnología nos permita re-ingeniar la mente humana –escribe Yoval Noah Harari en su último bestseller Homo Deus– el Homo Sapiens desaparecerá, la historia humana habrá terminado y será el un proceso completamente distinto que escapa a nuestra comprensión”. En otras palabras: si no somos protagonistas de la creación, nos perderemos en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Estaríamos nominados para salir de la casa. Naturalmente, esta narrativa goza de poca popularidad fuera de la comunidad científica.

Por otra parte, el gran problema de los metafísicos se llama Charles Darwin, y llevan intentando resolverlo desde 1859. Si el hombre viene del mono, y entre el mono y la nada están todas las especies hasta llegar a la medusa, entonces la diferencia entre nuestra inteligencia y la suya es una cuestión de grado, no de clase. Si todos los seres vivos somos los frutos del árbol de la vida, nuestra inteligencia no es fundamentalmente distinta de la de todos los demás.

Es por una mezcla de colonialismo, narcisismo y ansiedad de la influencia que buscamos inteligencia en el espacio para “no estar solos en el universo” mientras negamos violentamente la de los millones de criaturas que nos rodean. Nuestro sentido de la vida depende de que seamos los protagonistas en la gran novela de la creación. Si somos actores secundarios con el resto de la plantilla, ya nada tiene sentido. El precio de quedarnos en la casa es nominar a todos los demás.

Quién lo tiene más grande, esa es la cuestión

El primatólogo Frans de Waal se nos lo preguntaba en un polémico libro: ¿Somos lo suficientemente inteligentes para entender lo inteligentes que son los animales? La respuesta de Carl Safina es que si lo somos, da lo mismo. En su ponencia del reciente Kosmopolis, el festival de literatura avanzada de Barcelona, el divulgador ecologista newyorquino se preguntaba: ¿cómo podemos identificar la inteligencia animal de manera científica? No podemos entrar en sus cerebros pero podemos mirarlos. Podemos mirar su comportamiento y sacar conclusiones. Y lo hacemos: vemos que los pulpos, los elefantes, los delfines y los pájaros presentan todos los síntomas de una inteligencia y una sensibilidad singular.

Nos sorprendemos constantemente con noticias sobre colaboración entre especies, sobre su coraje, su nobleza, su lealtad y su compasión. Nuestra manera de honrar ese conocimiento es cazarlos, arrojarlos en agua hirviendo, arrancar sus cuernos, encerrarlos para alimentarnos, entretenernos o vestirnos y exterminarlos en general.

Otros científicos que prefieren ignorar su comportamiento y medir sus cerebros. Medir la cantidad de neuronas que tienen para evaluar su complejidad. Haciendo esto vemos rápidamente que el cerebro de todos los mamíferos se parecen, pero que el de un ratón es menos complejo que el de un perro y que el del perro es menos complejo que el de un niño de siete años. En neurobiología, el tamaño importa mucho, pero en términos relativos. Los pájaros, como los humanos, tienen un cerebro muy grande en relación con el resto del cuerpo.

Cerebro humano y cerebro de delfín
Agudeza visual: cuál es el humano y cuál es el delfín


El problema de esta premisa es el delfín. ¡Su cerebro es más grande y más complejo que el nuestro! Los delfines tienen una excelente memoria, distinguen a los animales de otra especie y se comunican por medio de ultrasonidos. Su comportamiento es sociable y a veces compasivo, son capaces de resolver problemas complejos y de entender que hay consecuencias para cada acción. En general, parecen extremadamente listos. El único argumento sólido que tenemos para defender que no son más listos que nosotros es que nosotros los dominamos a ellos, y no al revés.

El problema de la violencia como síntoma de inteligencia

Cuando uno se adentra en las variadas ramas de investigación sobre la inteligencia humana, se encuentra con este argumento una y otra vez. Si son tan listos, ¿por qué se dejan exterminar? O, como dice Safina en su ponencia: ¿Por qué no nos hacen más daño? ¿No se saben defender? Este argumento requiere que aceptemos dos premisas dudosas. La primera es que el instinto de dominación es síntoma inequívoco de una inteligencia superior. La naturaleza ofrece ejemplos notables de lo contrario, y la cola de la panadería los domingos, también. La segunda, que nuestra manera de interactuar con el resto del planeta es una virtud de la inteligencia. Si aplicamos la teoría de la estupidez del matemático italiano Carlo Cipolla, enseguida vemos que la premisa es falsa.

Es una realidad científicamente demostrada que nuestro dominio sobre el planeta es lo que ha puesto en peligro la supervivencia de todas las especies que lo habitan, incluyendo la nuestra. Si, según Cipolla, el estúpido es aquel que hace cosas que perjudican a su prójimo pero también a sí mismo, nuestra especie es la más estúpida de la creación, y sin duda la más peligrosa. Por eso, aunque fuéramos lo suficientemente inteligentes para entender la inteligencia de los animales, nos daría igual porque nuestra alucinación colectiva requiere que no la tengan. Como el Quijote de Borges que, en su aventura imaginaria acaba matando de verdad, no podemos “admitir que el acto tremendo es obra de un delirio. La realidad del efecto le hace presuponer una pareja realidad de la causa y don Quijote no saldrá nunca de su locura”.

Carlo Cipolla: Teoróa de la estupidez humana


Dice Carl Safina que las cosas que nos hacen humanos no son las cosas que creemos que nos hacen humanos. Porque vemos versiones distintas de esas cosas en todos los animales a los que observamos. No somos los únicos que sienten amor, empatía, comprensión y bondad. Muy al contrario. “Lo que nos hace humanos -explica el pensador- “Somos los animales más crueles, y también los más compasivos, los más creativos y los más destructivos del reino animal. Somos los animales más extremistas de todos, esto es lo que nos define y nos separa de todos los demás”. Ahora necesitamos ser mucho más inteligentes si queremos sobrevivir a nuestra extrema estupidez. Todas las especies dependen de ello, incluida la nuestra.

Siete propuestas para reducir la toxicidad de tu móvil

2 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Siete vías por las que podemos reducir tanto los peligros para la salud como el impacto medioambiental y social que provoca la fabricación masiva de teléfonos móviles

Jordi Sabaté02/04/2017 – 18:58h

Foto: Adrianna Calvo
Foto: Adrianna Calvo

En el artículo del pasado viernes titulado ‘ 14 elementos presentes en tu móvil que deberían preocuparte seriamente‘, un socio de eldiario.es nos pedía en los comentarios que propusiéramos soluciones y no nos limitásemos a enumerar el listado de elementos preocupantes que contienen los smartphones.

Creemos que su petición es acertada y por tanto queremos aportar una serie de propuestas que pueden, al menos en parte, atenuar el daño que provoca tanto la fabricación como la acumulación en vertederos de los móviles, una vez han alcanzado la obsolescencia. Aquí tienes siete actitudes que en nuestra opinión van en la dirección correcta.

1. Nunca tires tu móvil a la basura

Cada vez que tiras tu móvil al contenedor de basura contribuyes a acumular todos sus elementos tóxicos y no biodegradables en un vertedero, desde donde pueden ser lavados por las lluvias al subsuelo y de ahí pasar a los acuíferos y llegar al mar o contaminar lagos y ríos. Quien sabe si pueden llegar al consumo humano por vía directa o por bioacumulación en animales herbívoros o de los estratos superiores de la cadena trófica.

Recuerda que los vegetales son potentes bioacumuladores de elementos minerales del subsuelo, ya que los absorben por las raíces y los tienen a concentrar en las hojas, que es precisamente la parte de la que se alimentan los herbívoros. Lo normal es que en tu zona haya algún punto limpio donde puedas dejar el móvil para que sea reciclado adecuadamente por la Administración. La OCU te ofrece un buscador de puntos limpios. No es que tengamos demasiadas garantías de que sea debidamente reciclado, pero al menos no irá directo al vertedero.

2. Contacta con una ONG de reciclaje de smartphones

Hay varias organizaciones no gubernamentales que recibirán tu móvil encantadas para desmontarlo, extraer las partes tóxicas, y también valiosas, y volverlas a entrar en el ciclo de fabricación, de modo que se reduzcan los brutales niveles de extracción actuales. TeloReciclo, Móvil Recicla o Amnistía Internacional a través de su plan recicla tu móvil son algunas de ellas. Nos permiten enviar el dispositivo a una dirección postal y nos garantizan que será reciclado al máximo de sus posibilidades.

3. Véndelo a empresas de segunda mano

Existen empresas que compran tu móvil, ya sea bien para reacondicionarlo y darle otra vida útil y comercial extra, o para desmontarlo y vender a los fabricantes los componentes valiosos. En todo caso consiguen dilatar el momento en que los componentes tóxicos vayan a parar a un desguace, reduciendo así el ritmo de acumulación. Algunas de estas tiendas online son Zonzoo, Compramos tu Móvil (de Orange), Movilbak o The Phone House.

4. Compra móviles que garanticen un proceso honesto y sostenible de fabricación

En este caso la única posibilidad solidaria que desgraciadamente tenemos por el momento es el Fairphone, creado por una empresa holandesa con materiales en los que se garantiza una extracción que respeta el medio ambiente y los derechos humanos, así como evita el trato con poderes locales corruptos. Además, los creadores del teléfono se encargan de su posterior reciclaje cuando termine su vida útil, de modo que los componentes vuelven a entrar en el ciclo de fabricación sin forzar la extracción.

5. No cambies de móvil a golpe de novedad tecnológica

No te dejes llevar por la última Keynote de Apple, o la previa de Samsung al Mobile World Congress, y procura alargar al máximo la vida útil de tu smartphone. A pesar de los planes de provocar la obsolescencia forzada a golpe de actualizaciones de iOS o Android, tu móvil puede vivir aunque vaya un poco más lento que el del vecino.

No es normal que nos cambiemos un aparato que nos cuesta más de 300 euros, y puede alcanzar los 1.000 euros, cada cuatro años porque nos parece que se ha quedado anticuado; no es un complemento de moda, es un utilitario. Adicionalmente, si se le rompe la pantalla o deja de funcionar la cámara, etc., podemos llevarlo a una de las muchas tiendas donde nos lo arreglan por un precio asequible.

Imagen: ConsumoClaro
Imagen: ConsumoClaro

6. Usa móviles reacondicionados

Del mismo modo que vendes tu móvil, puedes comprar otro de segunda mano que haya sido debidamente puesto apunto. Es lo que llamamos un móvil reacondicionado. Su fiabilidad es alta y alargarás la vida útil de los móviles actualmente en circulación. Además te ahorrarás un buen dinero aunque no optes a la última novedad. Backmarket es una de las tiendas de móviles reacondicionados más conocidas de la red.

7. Presiona a la Unión Europea para que exija garantías en la fabricación de los móviles

Puedes hacerlo a través de asociaciones como Alboan, que hace de esta lucha una de sus principales motivaciones, aunque no es la única. GreenPeace, AI y muchas otras también están implicadas y en sus páginas web puedes enterarte de cómo puedes actuar. Debemos lograr que Bruselas se comprometa más en la exigencia en procesos de fabricación honesta y que garanticen la no procedencia de estos minerales de países en conflicto como el Congo u otros.

Estados Unidos tiene gracias al ex presidente Obama la ‘ Wall Street Act‘ que impone esta garantía a los electrodomésticos que se venden en el país. Ahora bien, el presidente Trump se ha propuesto hacerla saltar por los aires y permitir que las tecnológicas puedan volver a comerciar con milicias locales de países en conflicto, no solo de África, que financian sus guerras con el tráfico de minerales.