Archive for the ‘medioambiente’ Category

El reciclaje que aporta fondos humanitarios en Alemania

15 septiembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Lukas Günther, un joven estudiante de la ciudad de Gelsenkirchen, en el oeste alemán, no salía de su asombro cuando leyó hace unas semanas que los productores de cerveza se estaban quedando sin cascos. Al parecer, el inusualmente caluroso verano que se está viviendo en Centroeuropa, ha disparado el consumo de la tradicional bebida de Alemania. Sin embargo, estaba ocurriendo en paralelo que los consumidores habían dejado de forma considerable de devolver los cascos de las botellas.

Así, la cervecería Fiege, que lleva el nombre de su propietario Moritz Fiege, en Bochum (oeste germano), llegó a pedir colaboración ciudadana en sus redes sociales. “Aunque compramos botellas regularmente, el proceso de embotellado se nos está quedado corto”, manifestaba la compañía, que invitaba a devolver las botellas utilizadas. “Erst Pfand, dann (P)ferien” o “Primero el dinero de los envases, luego las vacaciones”, se leía en un mensaje de la compañía cervecera publicado en sus redes.

En los supermercados alemanes, en el interior o a la entrada, suele haber unas máquinas en las que devolver cascos de botellas de vidrio, plástico y latas. Por ello se obtiene, en general, entre 0,8 céntimos y 0,25 céntimos. Este sistema de recuperación de envases con incentivo para el consumidor, en su forma actual, se instauró en 2003. No obstante, se calcula que, al año, en Alemania hay hasta 720 millones de botellas que no acaban entrando en este ciclo de reciclaje. Representan 180 millones de euros anuales, según una investigación de la Norddeutschen Rundfunk, la radio-televisión pública del norte alemán.

Para Günther y sus amigos de Spunk, un centro para niños, adolescentes y cultura de Gelsenkirchen, la noticia de que las cervecerías se estaban quedando sin cascos fue toda una llamada a la acción. De ahí que lanzaran la iniciativa Die PfandretterInnen o, dicho de otro modo,”los rescatadores del dinero de los cascos”. Se trata de una campaña que circula desde hace pocos día en Internet.

En ella se invita a que la gente dedique el dinero que consigue de la recuperación de envases a una buena causa. “Leímos que las cerveceras de Alemania se estaban quedando sin cajas ni cascos de cerveza porque la gente no los devolvía y quisimos hacer algo al respecto”, explica a eldiario.es Günther.

Su iniciativa consiste en hacer ver a través de las redes que las empresas necesitan los cascos pero, además, en llevar a cabo algo positivo con el dinero de la devolución de los envases. Muchos de los implicados hasta ahora lo han dedicado a fines sociales y humanitarios, especialmente ahora que vuelve a ganar peso el tema de la inmigración en el debate público alemán. Cada persona que participe ha de nombrar a otros tres participantes para que actúen a continuación. Son los “nominados”, según los términos de Günther. “Así se crea un efecto de bola de nieve”, comenta el joven de 26 años que ideó Die PfandretterInnen.

“El dinero de los cascos es un dinero con el que se puede hacer algo positivo. Sobre todo si acumulas entre 10 ó 15 euros. Si mucha gente decide dedicar ese dinero a una buena causa, entonces podemos estar alcanzando una cantidad importante”, según Günther.

En pocos días, la idea de este comprometido estudiante de Ciencias Política en la Universidad de Duisburgo sumó el apoyo y participación de importantes figuras de la política alemana, dando especial visibilidad al proyecto. Por ejemplo, Kevin Kühnert, líder de Jusos, la organización de los jóvenes socialdemócratas alemanes. Por su oposición a que el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) repitiera en esta legislatura una gran coalición con la Unión Cristiano Demócrata (CDU) de Angela Merkel, este joven se ha convertido en una influyente figura en la izquierda alemana.

“Es muy positivo que gente como Kevin Kühnert haya decidido hacer esto, como también lo es que lo haya hecho Manuela Schwesig, la primera ministra del Land de Mecklemburgo-Pomerania Occidental”, comenta Günther, aludiendo a otra destacada responsable política del SPD. “No queremos que nos siga gente importante en la sociedad alemana –aunque eso también es relevante– sino que haya más botellas devueltas y que participe, cuanta más gente, mejor”, abunda el iniciador de los rescatadores del dinero de los cascos.

Ayuda a los refugiados

A la iniciativa se han sumado también organizaciones humanitarias de ayuda a los refugiados como Pro-Asyl, una de las más importantes del país, Women Refugee Route, dedicada especialmente a las mujeres inmigrantes, o Sea Watch, concentrada en rescatar en alta mar embarcaciones de migrantes.

“Todo lo que sea ayuda a los inmigrantes, a la integración y a Europa, lo vemos como buenas causas a las que dedicar el dinero de los cascos. Si se dedica a eso, estaremos orgullosos. Pero, en realidad, lo importante es que ese dinero se transforme en ayuda, ya sea para una causa importante o algo menos relevante. También puede ser bueno dedicarlo al refugio para animales de la esquina de tu barrio”, plantea Günther.

No es raro que este joven esté al frente de una iniciativa así. Como miembro del equipo de Spunk, Günther se dedica, entre otras cosas, a plantear ofertas y actividades culturales y lingüísticas para que refugiados y alemanes tengan la posibilidad de entrar en contacto. Alemania, sólo entre 2015 y 2016, recibió a no menos de 1,5 millones de demandantes de asilo.

Günther percibe cierta fatiga en las instituciones y en el debate público germano. “La sociedad alemana no está ahora tan abierta como hace cuatro años”, dice. Es más, “en el debate público, los refugiados hacen de chivo expiatorio”, añade. En 2014 Günther estuvo en las playas de la isla griega de Lesbos y luego en el pueblo heleno de Idomeni asistiendo como voluntario a los recién llegados al viejo continente en busca de asilo.

Ahora ha lanzado la idea de “los rescatadores del dinero de los cascos”, con la que puede seguir contribuyendo a la integración de los solicitantes de asilo llegados a Alemania, aunque de forma indirecta. Él confía en el “efecto bola de nieve” de su iniciativa. “Lo importante es que haya dinero para acciones positivas. No es, en cualquier caso, algo que tenga por objetivo mover una determinada cantidad de dinero. Sino que haya dinero para ayudar”, concluye.

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Cuida la naturaleza como si fuera tuya

3 septiembre, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Siempre que observo un acto de incivismo en la naturaleza, como el muy ibérico gesto de tirar un residuo al suelo en mitad del monte y seguir caminando como si nada, me pregunto si esa persona hará lo mismo en casa.

Si descansará en el sofá del salón, dormirá en su cama o caminará por los pasillos de su vivienda rodeado de escombros, como los pobres enfermos que padecen el Síndrome de Diógenes. Seguramente no.

Entonces -me pregunto- si en verdad somos incapaces de arrojar un residuo al suelo ya sea en nuestra propia casa o la de otro, si a nadie se le pasaría por la cabeza quitarle el envoltorio al helado y dejarlo tirado en el suelo del comedor o acabar de servir el vino y arrojar la botella vacía a los sofás, ¿por qué no mantenemos ese mismo hábito cuando salimos al campo?

La única respuesta posible es el enorme desapego hacia la naturaleza que se ha instalado en nuestra sociedad. Solo desde ese desprecio hacia ella se puede explicar el lamentable espectáculo que ofrecen estos días nuestros espacios naturales, coincidiendo con la afluencia de veraneantes.

Para demasiados, la naturaleza es algo así como un parque de atracciones. Un lugar de ocio al aire libre en el que todo está permitido y al que la mayoría acude sin sentir el más mínimo sentimiento de responsabilidad ni ejercer ningún tipo de compromiso hacia su cuidado.

Los residuos que durante estos días se acumulan en nuestros espacios naturales, toda esa basuraleza arrojada a los caminos y las cunetas, son una muestra del desdén que sienten muchos ciudadanos por nuestro patrimonio natural.

Este otoño seguiremos siendo otros tantos los que salgamos a recoger toda esa basuraleza convocados por SEO/Birdlife y Ecoembes dentro del Programa Libera. Pero esa no es la solución.

No podemos seguir jugando al gato y al ratón con los residuos que siembran nuestro entorno. No se trata de que unos los tiren sin el menor cargo de conciencia y otros vayamos detrás recogiéndolos cargados de ella. Esto no puede seguir así.

Es necesario poner en marcha un plan nacional de educación ambiental que vaya más allá de las escuelas. Porque la realidad es que los que están ensuciando el monte no son los chavales.

Hay que promover el sentimiento de pertenencia a la naturaleza, y no solo convocar a la gente a que acuda a ella. Durante los últimos años, unos largos y oscuros años de ecofobia gubernamental y menosprecio institucional, la naturaleza ha acabado siendo arrinconada de la sociedad. Y debemos recuperar ese vínculo urgentemente.

Los espacios dedicados a la naturaleza y el medio ambiente deben tener una mayor presencia en los medios de comunicación. Y no para aleccionar, no para reñir, ni tan solo para ilustrar, sino para atraer la atención de la gente hacia nuestra fascinante naturaleza y seducir al personal para que disfrute de ella, la ame y la proteja.

Hay que cortar en seco el distanciamiento ciudadano de la naturaleza, porque en él residen buena parte de los problemas de conservación que la aquejan. Hay que promover el amor a la naturaleza en las escuelas, por supuesto: pero no solo. Porque si fiamos su suerte a las generaciones venideras, corremos el riesgo de dejarles un erial sembrado de basuraleza.

La arena de la playa no es tu cenicero

29 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El tipo está sentado sobre la toalla frente a la orilla del mar. Lleva un rato apurando el cigarrillo con esa mueca tan característica: los dedos en pinza, achinando los ojos. Lo miro porque me temo que lo va a hacer. Y finalmente lo hace: una última caladita y sin apenas desviar la mirada clava la colilla en la arena y la deja allí. Con toda la pachorra, como si fuera lo más natural del mundo, quedándose tan ancho.

Dan ganas de ir a llamarle la atención, a decirle lo del “oye, perdona: se te ha caído”, pero lo cierto es que no es el único que lo hace. De hecho estoy rodeado de ellas: la arena está salpicada de colillas.

¿Qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo podemos convencer a los fumadores de que la arena de la playa no es su cenicero? En Tailandia lo tienen muy claro. Desde el año pasado si te pillan tirando una colilla a la arena te cae una multa de 2.500 euros y una pena de un año de cárcel. Poca broma con los tailandeses. Y es que están hasta las narices de las colillas.

Con la entrada en vigor de la nueva ley anti-tabaco, las autoridades de este país asiático quieren acabar con el que, según su Ministro de Recursos Marinos, se ha convertido en uno de los mayores daños a la imagen turística de sus famosas playas. Un problema que está afectando gravemente a la pesca y provocando daños en la red de alcantarillado, lo que agrava los efectos de las inundaciones.

Y es que el inocente y en apariencia inocuo filtro de los cigarrillos es en realidad una bomba química altamente contaminante. El acetato de celulosa del que está compuesto retiene en su interior un cóctel de sustancias en el que, además de nicotina y alquitrán, podemos encontrar arsénico, cadmio, cobre, níquel y otros metales pesados.

Todo eso es lo que contiene una colilla, una pequeña dosis que, multiplicada por los billones de unidades esparcidas cada año por la arena de las playas, se convierte en uno de los mayores problemas medioambientales al que nos enfrentamos.

Sin conocer a fondo el problema, porque es imposible hacerse una idea aproximada de la cantidad de colillas que estamos echando al mar, la acumulación de colillas está resultando altamente tóxica para la vida marina. Pero no solo eso.

Los científicos llevan mucho tiempo alertándonos del alto riesgo que supone para nuestra propia salud que el veneno de las colillas acabe integrándose en la cadena trófica, contaminando el pescado del que nos alimentamos.

En España, y según cálculos del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), estaríamos hablando de más de treinta y dos millones de filtros de cigarrillo al año. Y la mayor parte de ellos acaban siendo desechados de la manera más irresponsable en el entorno. Un entorno que en realidad es un gigantesco embudo que los acaba llevando al mar.

Cada día son más las playas sin humo, lugares de la costa en los que se prohíbe fumar, no ya por los efectos tóxicos del humo, sino para evitar que las colillas y su cóctel tóxico acaben en la arena.

Aunque todo es más fácil. Basta con que, si vas a fumar en la playa, no claves la colilla en la arena y uses cualquiera de las numerosas alternativas que tienes a tu disposición: desde los famosos ceniceros tipo cono que regalan en los chiringuitos, hasta una lata vacía. Esa es la mejor medida para que este problema, en apariencia menor, no acabe envenenando el mar y a nosotros mismos.

Un mar de plástico: la historia tras la impactante portada de National Geographic

6 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“Ocho millones de toneladas de plástico acaban en el océano cada año. Y esto es solo la punta del iceberg…”, es el subtítulo de la portada de National Geographic centrada en denunciar los peligros de un material que, según afirman en su página, empieza a biodegradarse a partir de 450 años. Ropa, botellas, anillas para latas… Son muchos los productos que atentan directamente contra la preservación de un planeta que lucha por no convertirse en un vertedero. Y, como reflejo de ello, la imagen con la que la revista abre su edición de junio: una enorme masa flotante que no es de hielo, sino de plástico.

El diseñador mexicano Jorge Gamboa es el responsable de una portada viralizada a través de redes sociales, donde algunos usuarios la catalogan de “memorable” e “impresionante”. También Vaughn Wallace, editor de la revista, considera que es una de esas imágenes que hacen historia. Sin embargo, no es la primera vez que se reconoce el potente mensaje de esta ilustración.

“La idea surgió por una asociación directa de elementos con los que he convivido a diario desde que estoy en la ciudad de Puebla (México)”, explica a este periódico el autor del cartel. Posteriormente, transformó aquellos objetos cotidianos en una imagen cargada de significado con una metáfora sencilla pero directa: “la punta del iceberg”. En este caso, de la contaminación.

El resultado final supuso unas seis horas de trabajo dedicadas a hacer fotografías, editarlas y lograr que aquel trozo de plástico pareciera un gran bloque de hielo. “Era necesario que el resultado final de la bolsa tuviera una punta para así asociar las formas de manera más directa y comprensible”, sostiene Gamboa, quien añade que para conseguirlo solo necesitó dos cosas: “Una cámara fotográfica y edición digital”. Pero también una tercera, quizá la más importante: la idea.

Con esa misma idea, el diseñador decidió participar en la Bienal del Cartel de Bolivia (BICeBé) de 2017, edición en la que recibieron más de 6.300 obras de 71 países del mundo. “Las evaluaciones analizan cada pieza por la claridad del mensaje, un buen cartel debe comunicar inequívocamente su propósito”, explica la coordinadora general del evento, Susana Machicao, a eldiario.es. Todo ello, unido al uso de la fuerza visual y semántica del lenguaje, convirtieron a la obra de Gamboa en ganadora de su categoría, la de mejor cartel político o social.

Una vez publicada la obra, al buzón electrónico del BICeBé llegaron cientos de mensajes pidiendo permiso para utilizarla en eventos o para hacer camisetas. “En 10 años de bienal ningún póster obtuvo la misma reacción”, aclaran desde la organización. Ya imaginaban que podía tener cierta repercusión, pero la respuesta superó toda expectativa. Según detalla Machicao, “al ser Jorge una persona muy reservada y alejada de las redes sociales”, fueron ellos quienes gestionaron toda aquella avalancha de peticiones “hasta establecer una confianza”.

Portada National Geographic

Desde entonces, como el BiCeBé  publica en Facebook, una decena de espacios comerciales y privados compraron o requirieron el cartel. Por ejemplo, la ONU Medio Ambiente en Brasil o Greenpeace España, entre otros. “De ninguna manera este tema se ha manejado de manera comercial, y los espacios que han pedido el uso han sido en su mayoría publicaciones medioambientales”, apunta Machicao. Continúa diciendo que, en algunos casos, “Jorge ha cedido los derechos sin coste alguno”, y que las dos únicas participaciones comerciales destacables son de Hugo Boss Alemania “que usará la imagen para su colección de camisetas de verano” y National Geographic, que “además hicieron un breve contrato”.

A pesar de ello, Gamboa matiza que en alguna ocasión ha rechazado posibles compradores o colaboradores “por cuestiones que desviaban la causa y el propósito de la imagen”. Lo que el diseñador busca, según detalla, es que “la imagen pueda llegar a diversos espectadores” para que así “genere un poco de conciencia sobre lo que está pasando con la industria del plástico”. Porque, al final, como el experto añade, “su problemática y solución también depende de cada uno de nosotros”.

Sin lugar para las 330 millones de toneladas

Justin Hofman | National Geographic
Justin Hofman | National Geographic

La portada se ha convertido en símbolo de conciencia medioambiental y, entre otras cosas, ha animado al National Geographic a eliminar el plástico de las publicaciones que llegan a sus suscriptores. Es solo un pequeño cambio que, como señalan en su web, “ahorrará al medio ambiente miles de bolsas no reutilizables”. No es suficiente, pero como apunta la directora editorial de Estados Unidos, Susan Goldberg, “es un ejemplo de esas simples medidas que empresas, Gobiernos y los ciudadanos podemos adoptar para garantizar un mundo menos contaminado”.

Como decía John Vidal, exjefe de la sección de Medio Ambiente de The Guardian,  “el plástico está en lo que comemos, bebemos y en el aire que respiramos y representa una amenaza cada vez más importante para la salud humana”. Y, como dato, el especialista medioambiental apunta que “en los años 50 el mundo producía dos millones de toneladas de plástico al año. Ahora son 330 millones de toneladas”.

A través de diferentes reportajes, la revista aborda los problemas derivados de los 5.700 millones de toneladas de residuos plásticos que no pasan por una planta de reciclaje. Y aunque la portada de Gamboa refleja todo esto en forma de metáfora, las imágenes más crudas se encuentran en el interior. Un caballito de mar agarrado a un bastocillo, una tortuga atrapada por unas redes, un león marino que ha ingerido un señuelo de pesca… Parece fauna y flora de un mundo posapocalíptico, pero es el presente.

Después de la enorme repercusión, ¿ha cambiado esta imagen la vida de Gamboa? El autor cree que es una pregunta bastante complicada de responder, al menos por ahora. Aun así, reconoce haber tenido varias “propuestas para realizar proyectos” y peticiones de personas interesadas “en cómo se realizó la toma fotográfica”. Asimismo, como estancarse en un solo diseño podría ser un error, el artista visual considera que necesita ponerse “nuevos retos”.

Por su parte, la coordinadora general del BICeBé señala que “la maravillosa reacción de la gente” se alinea con el objetivo principal de la organización, que no es otro que poner a los artistas latinoamericanos en la mira del mundo. “Este mes de junio, un diseñador mexicano invadirá el mundo con una portada que desde hace un poco más un año ha dado que hablar en redes sociales. Alegría hay de sobra”, agrega. Pero, a pesar de todo ¿es posible soñar un planeta sin plástico? “Sí, creo que, con el apoyo de la industria, la información y la voluntad puede ser posible”, responde Gamboa.

Jordi Chias | National Geographic
Jordi Chias | National Geographic

¡Basta ya de usar y tirar!

29 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Una tortuga con un bastoncillo de oídos clavado en la nariz. Un pez atrapado en una goma elástica. Una gaviota estrangulada por un aro de las latas. Un cachalote con más de treinta kilos de plástico en el estómago.

Las imágenes de lo que le estamos haciendo al mar y quienes lo habitan inundan las redes: a cual más tremenda, a cual más lamentable. Estamos acabando con la vida marina porque estamos convirtiendo los océanos en gigantescos vertederos.

Allí va a parar buena parte de lo que tiramos después de usar. Objetos que a menudo utilizamos apenas unos segundos para permanecer como basuraleza (la basura que abandonamos en la naturaleza) durante años.

Esa cañita de plástico, esa toallita que nos han dicho que podemos echar al váter porque es biodegradable pero que sabemos que no, y aún así la tiramos. El vaso de usar y tirar, la cucharilla de usar y tirar, el plato de usar y tirar, la servilleta de usar y tirar. Usar y tirar: ése es el concepto que está matando al mar. Y a la tierra.

Le hemos perdido el respeto a la basura hasta tal punto que ni siquiera pensamos en ella cuando la generamos. Por eso usamos y tiramos tantas cosas sin ningún remordimiento.

No pensamos en el alto coste de nuestros actos de consumo, de lo contrario no cometeríamos algunos gestos tan chorras como envolver un plátano en papel de aluminio para que el chaval se lo lleve a la excursión. Démosle un par de vueltas a ese gesto porque es uno de los mejores patrones del absurdo.

Envolver un plátano en papel de aluminio es absolutamente innecesario ya que no aportamos nada a su eficiente envoltorio natural. Pero es que además es muy probable que el chaval le quite el envoltorio sin mirar, lo haga bola y lo eche entre las zarzas. Y allí permanecerá como basuraleza durante muchos, muchísimos años: afectando al ecosistema y generando un grave problema de contaminación.

Un problema tan serio que hasta la Unión Europea se ha decidido por fin a actuar. El recientemente aprobado paquete de medidas para el impulso de la economía circular es una respuesta audaz a la contaminación por plásticos. Incluye un ambicioso capítulo de objetivos para reducir los productos de un solo uso, evitar los envases superfluos y promover la reutilización y la recuperación de sus materiales mediante el aumento de la recogida selectiva.

Bruselas quiere que en 2035 todos los estados miembro alcancen una cifra de reciclado del 65%. Además, para entonces solo podremos destinar a vertedero un 10% de nuestras basuras. El objetivo parece ambicioso, pero a estas alturas del problema resulta insuficiente.

Si queremos atajar en serio el grave problema de la basuraleza debemos actuar de raíz, es decir en las estanterías del supermercado.

Lo primero que deberían hacer las autoridades comunitarias es arrancar de un zarpazo normativo todos los productos de usar y tirar que hay en los lineales de las grandes superficies y los supermercados. Prohibido comercializar productos de un solo uso que tengan una alternativa perdurable.

Estamos hablando de imponer un arancel al gran consumo que penalice la economía lineal (producir-usar-tirar) y aliente la economía circular (producir-usar-recuperar-producir). Y los recursos generados con esa recaudación, para innovación: para investigación, para ecodiseño, para nuevos materiales, para prevención y reducción, para fomento del consumo responsable.

La basuraleza nos asedia. Estamos a punto de superar la capacidad de carga de nuestro entorno. Islas, continentes, hemisferios: La Tierra en su conjunto podría convertirse en un planeta basura si no abandonamos la cultura del usar y tirar.

Los incendios forestales quemaron 178.000 hectáreas de monte en 2017, el segundo peor registro de la década

16 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El fuego arrasó el año pasado casi tres veces más de superficie forestal que en 2016. La ola de incendios que asolaron Galicia, Asturias y el norte de León en octubre ha colocado el 2017 como el segundo curso más devastador de la década con 178.200 hectáreas de monte quemadas, solo por detrás de 2012, cuando las llamas alcanzaron 218.900 hectáreas. Este último registro dobla a la media de los últimos diez años, que se sitúa en 91.846 hectáreas, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que ha publicado su informe  Los incendios forestales en España de 2017.

Las cifras sitúan al pasado como el año que más grandes incendios forestales –aquellos que superan las 500 hectáreas forestales afectadas– registró de la década, con 56 fuegos, 36 más que la media. Un balance producto de los cuatro días de fuego que quemaron el Noroeste de la península: solo en el mes de octubre se produjeron 31 grandes incendios, el 55% del total, remarca el estudio.

2017, el segundo peor año de la década en superficie quemada

Evolución del número de hectáreas de superficie quemada en España

https://public.tableau.com/views/incendios-2017-eldiarioes/Dashboard2?:showVizHome=no&:embed=true

Fuente: MAPAMA

Este tipo de incendios, altamente destructivos, se han catalogado ya como uno de los impactos evidentes del cambio climático, algo de lo que ya avisaba la propia cartera encargada de combatirlos en 2001 al afirmar en un estudio que al aumentar las temperaturas y la sequedad del suelo “inducirá una mayor desecación de los combustibles vivos y muertos y, por tanto, un aumento de su inflamabilidad”, preveía. Y es que las altas temperaturas y las grandes masas de vegetación a las que afectan los hacen muy difíciles de parar.

En total, en España se produjeron 13.793 siniestros, 1.430 más que la media del decenio –5.088 incendios, que queman más de una hectárea de monte y 8.705 conatos, que queman menos de una hectárea–, lo que sitúa a 2017 en el tercer año con mayor número de siniestros de los últimos diez años.

Ourense, Asturias y León

La región Noroeste es la que sufrió un mayor número de siniestros en 2017, con un 51,57% del total anual. Por territorios, los datos publicados por el Ministerio de Medio Ambiente dibujan un escenario en el que esta zona sale peor parada: encabeza la tabla Ourense, con 30.000 hectáreas quemadas, seguida de Asturias con 27.000, León con 22.000 y Pontevedra, donde el fuego arrasó 21.000 hectáreas. Los incendios quemaron también 12.000 hectáreas en Huelva, 11.000 en Cantabria y 8.000 en Zamora y Lugo.

El noroeste peninsular, la zona más afectada por los incendios en 2017

Hectáreas de superficie quemada por provincia en 2017

https://public.tableau.com/views/incendios-2017-eldiarioes/Dashboard1?:showVizHome=no&:embed=true

Fuente: MAPAMA

Los fatídicos días del pasado octubre, que llevaron a nuestro país a captar la atención también en los medios extranjeros, provocaron que la superficie forestal arrasada por las llamas solo ese mes fuera más que toda la temporada de verano con junio, julio, agosto y septiembre juntos,  según adelantó el Ministerio de Medio Ambiente a finales del año pasado. En esos treinta días se destruyó más superficie forestal que lo que ardió en prácticamente todo 2008, 2010, 2013, 2015 o 2016.

El pasado fue también el año del incendio forestal de Doñana en el mes de junio, por el cual tuvieron que ser evacuadas unas 2.000 personas y afectó a 40 especies de plantas, 75 de aves y 38 de mamíferos. Las llamas que avanzaron desde Moguer en dirección a las marismas acabaron consumiendo más de 8.000 hectáreas (muchas de ellas de terreno protegido).

En el mes de julio también hubo importantes incendios con fuegos en los últimos días en la sierra del Segura en Albacete y la Sierra Norte de Sevilla a las que se sumaron 3.000 hectáreas arrasadas en la parte zamorana de los Arribes del Duero. Zonas que  llevaban encadenadas hasta cuatro incendios forestales solo en lo que iba de año. En agosto y septiembre, el fuego volvió a cebarse con diferentes reservas naturales de Andalucía y el fuego llegó a amenazar el mayor pulmón verde la costa de Huelva.

Acabemos con la basuraleza

9 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El poder de las palabras es asombroso. Por eso los que recurrimos a ellas para tratar de transmitir emociones opinamos que, a menudo, vale más una palabra que mil imágenes. Como ocurre con el nombre abstracto del titular: basuraleza.

Basuraleza es un acertado neologismo que nos permite nombrar lo innombrable. Y lo innombrable son los billones de colillas que cubren la arena de las playas. Los neumáticos usados abandonados en un claro del bosque. Las bolsas de plástico ondeando como banderas de nuestra miseria en las ramas de los árboles. Las olas del mar mostrándonos al trasluz las toallitas húmedas que nunca debimos tirar por el váter porque, pues era verdad, no se deshacen.

Basuraleza nombra a toda esa basura y el resto de la que dejamos tirada por ahí y que se acumula en el entorno afeando el paisaje, contaminando los ecosistemas y amenazando a nuestra propia salud. El origen de la expresión surge de uno de los proyectos medioambientales más bellos que se están llevando a cabo en nuestro país: el Proyecto Libera, con el que SEO/Birdlife y Ecoembes nos convocan para liberar al campo de nuestras basuras.

Los que salimos al campo para disfrutar de sus inquilinos somos testigos de hasta qué punto la basuraleza no es un invento. Resulta imposible adentrarse en una arboleda, subir a una montaña, cruzar un rí o pasear por la playa sin dejar de ir agachándonos a recoger basura. Por eso llevamos siempre bolsas en la mochila: no para tirarlas, sino para llenarlas con lo que otros tiran.

Desde SEO/BirdLife nos acercan algunos datos elegidos a vuelapluma para que intentemos comprender la magnitud a la tragedia. El 90% de las aves marinas han ingerido plásticos y en 2050 el número de las que albergarán este residuo en su organismo alcanzará el 99%. Otro. De los cerca de seis billones de colillas que se producen cada año más de la mitad acaban abandonadas en el entorno convertidas en basuraleza. Cada año. Más de tres billones. Uno más, esta vez de Greenpeace: en 2050 habrá más plástico que peces en nuestros mares. Traguen saliva.

Podríamos llenar más de veinte páginas del diario con datos como éstos para demostrar que la basuraleza es uno de los mayores problemas medioambientales. Pero no solo eso. La basuraleza es también una amenaza para nuestra salud pues los residuos se están incorporando a la cadena trófica hasta contaminar a las especies que nos sirven de alimento.

Hace años que los médicos recomiendan la ingesta moderada de determinadas especies de pescado, como el salmón o el atún, por su tendencia a concentrar los contaminantes marinos en el tejido adiposo. Unas sustancias tóxicas que pueden transmitirnos al ingerir su grasa. De hecho un estudio llevado a cabo hace quince años por WWF con las muestras de sangre de un variado grupo de eurodiputados de todos los estados miembros determinó la presencia en su organismo de más de un centenar de sustancias tóxicas (disolventes, plastificantes, parabenos, PCBs, piroretardantes bromados, etc) que sus abuelos ni siquiera conocieron.

Tal vez esa sea la peor de las amenazas de la basuraleza: que al final acabe incorporándose a nuestro propio organismo como el alien se incorpora al del personaje de John Hurt en la película de Ridley Scott. Por eso es tan urgente identificarla, estudiarla, prevenirla, reducirla y eliminarla de nuestro entorno. Y en eso estamos todos los voluntarios que participamos en el  Proyecto LIBERA contra la basuraleza. Estamos preparando una gran jornada de limpieza para el próximo 16 de junio, y contamos con todos. Seguiremos informando.

Agua del grifo, por favor

1 mayo, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Menú del día. Con bebida -vino de la casa, agua embotellada o cerveza- incluida en el precio. También el postre. Pedimos un primero y un segundo. Para beber, agua. Del grifo, por favor.

El mundo se paraliza. Las miradas, que nos escrutan como bichos raros, exigen explicación. El agua mineral entra en el precio, nos dicen. Sí, sí, perfecto, pero queremos una jarra de agua del grifo.

Si lo que degustamos no es el menú diario, las miradas, las caras y las respuestas de quienes atienden son distintas: desde el “no hay problema”, al “solo puedo poner un vaso no una jarra”, pasando por el “solo servimos embotellada”. Entonces, pedimos una cerveza, porque no nos dejan pagar por nuestra jarra de agua.

Por estos lares informativos, evito enormemente hablar de mí, de mis problemáticas e inquietudes, aunque tengo claro que lo personal es político. No comparto, aunque respeto, la tendencia periodística de incluir a la persona narradora en los textos, aunque defiendo el periodismo situado. Evito también decir lo que pienso en espacios amplios o con gente desconocida. Pero, como mañana, 22 de marzo, es el Día Mundial del Agua, hago una excepción. Porque desde hace años, todo lo relacionado con la temática del llamado manidamente ‘oro azul’ me apasiona y mueve. Es decir, que escribo desde el yo situado, pero también desde la experiencia adquirida por muchos textos escritos, entrevistas realizadas, documentación leída y presencia en diferentes foros de debate.

En tiempos en los que todo tiene un precio, incluida la luz del sol, defender el agua, sin la que sería imposible vivir, como un bien común y un derecho humano me parece una pequeña revolución. Y, también, mi insignificante aporte para lograr un mundo más sano, justo y equitativo. Quien me conoce sabe que éste es mi empeño personal: siempre bebo agua del grifo. Y lo explico.

Desde el año 2010, el acceso al agua y al saneamiento son derechos humanos reconocidos por las Naciones Unidas; por lo que todas podemos y debemos exigir agua de calidad y retretes. Además, como bien común, no debería ser privatizable, aunque sabemos que se hace, obviamente.  Porque si no, ¿cómo es posible que nos cobren por un agua que es de todas? Pregunto: ¿de quién son los manantiales, los ríos, los acuíferos o el agua de la lluvia? Entiendo que debe haber derechos de uso y defiendo que se pague por el servicio de canalización, saneamiento, depuración, etc., pero no por beber agua. No. Tampoco pago (aún) por respirar. Sí, ya sé que aquí el debate es amplio y podríamos hablar de comida o vivienda, pero de esas sé menos.

Vender agua en una botellita (si es bonita mola más, es más guay, las hay hasta de diseño) es uno de los negocios más lucrativos que existen en esta sociedad en la que casi todo se mide en términos de ganancias: mueve más dinero que el petróleo y empresas como Coca-Cola ganan tanto o más por el agua que venden que por comercializar su proyecto estrella. Es fácil de entender: no hay apenas costes, son todo beneficios. Beber agua de botella cuesta un mil veces más que del grifo.

Por otro lado, ¿de verdad pensamos que es de mejor calidad la embotellada? Pues no siempre, o no debe de serlo. Son habituales noticias sobre agua mineral que es apenas tomada del grifo con algún mínimo añadido -un ejemplo: un estudio (datado en Florida) dice que el 25 por ciento del agua en botella es agua corriente-. Si la que sale de nuestro grifo no es del todo buena, debemos exigir que lo sea. Pero, no olvidemos, que es potable (con excepciones puntuales) en un 99,5 por ciento de los casos en el Estado español, según el Ministerio de Sanidad.

Derechos, costes, calidad… ¿y medio ambiente? En tiempos de la economía circular y verde, de la reutilización, o del reciclaje, no se puede obviar lo que implica una botellita de plástico. Bajo mi punto de vista, mejor que reciclar es no consumir. Pensemos en la cantidad de plástico que usamos para beber 50 centilitros de agua: un trago y a la basura… ¿y luego qué? Beber agua da vida, pero también puede matar.

Podría escribir mucho más  – sobre acaparamiento, sobre guerras,  sobre ríos, sobre depuración, sobre contaminación…-; podría citar a  Pedro Arrojo y su teoría de costes (no se puede pagar lo mismo por llenar una piscina privada que por una ducha); podría dar una vuelta al tema del lucro desmedido y los casos de corrupción ligados a la gestión del agua; podría enrollarme con las privatizaciones que empeoran el servicio y enriquecen al político de turno; me encantaría hablar de presas y desplazamientos; pero eso da para muchos reportajes y en ello andamos.

Por eso hoy me quedo con la simplicidad y la fuerza de beber agua del grifo. Bueno, si es verano y estoy en mi tierra, Extremadura, bebo del botijo.

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Cambio Climático S.A.

8 abril, 2018

Fuente: http://www.utopiacontagiosa.org

16 de febrero de 2018

Fuente: FUHEM.

Nos ha llamado mucho la atención el libro que publica Fuhem Ecosocial con el título “Cambio climático SA“.

Se trata de una traducción de un texto elaborado por varios autores y publicada inicialmente por el Transnational Institute,  una prestigiosa ONG reconocida como entidad consultiva por el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de la Organización de Naciones Unidas.

Nos dice la página de Fuhem:

Los autores del trabajo documentan meticulosamente cómo los ejércitos y las corporaciones, con el consenso de ciertos grupos políticos, buscan hacer del cambio climático un gran negocio del que lucrarse, mientras profundizan la exclusión de las y los desposeídos, expuestos a las peores consecuencias.

El vínculo de la cada vez más expansiva idea de securitizar todo, y la consiguiente militarización ideológica y práctica que supone, con el cambio climático, viene a suponer una (una mas) de las dimensiones del militarismo global y de la estrategia de dominación y violencia de sus promotores. Porque habría un abordaje del cambio climático alternativo, desde el enfoque de los derechos humanos, de los derechos de los perdedores, o de la seguridad humana, por ejemplo, que nos permitiría llevar a cabo políticas alternativas a las que ocupan la agenda mundial sobre cambio climático.

Advierte en el prólogo al respecto el Director de Fuhem Ecosocial, Santiago Álvarez

De ahí que la adaptación militarizada al cambio climático no signifique otra cosa que la respuesta a esas amenazas con ejércitos y fuerzas de seguridad privadas con la doble misión de fortificar archipiélagos de prosperidad en medio de océanos de miseria y expulsar de sus hábitats a una fracción de la humanidad calificada de sobrante o prescindible

Añade en su prólogo a la edición inglesa Susan George

… los pensadores cooptados actuales, tanto civiles como militares, todavía dicen a las clases dominantes lo que quieren escuchar. Quieren oír que hay cientos de millones, o quizá miles de millones, de personas innecesarias, superfluas, inútiles, non gratas y desechables con las que el planeta no puede permitirse cargar. Por tanto, para mantener el orden, la disciplina y la sociedad humana en un punto manejable, es moralmente permisible cualquier medio que se considere necesario.

El cambio climático es el telón de fondo y la próxima causa de esta ofensiva, al igual que su justificación. Requerirá una racionalización con una nueva retórica conducida por un lenguaje acorde, pero los neoliberales han estado ya adoctrinando a expertos en esos asuntos en innumerables think tanks.

y

Lo que trato de decir es que la gélida lógica de la clase dominante no va a cambiar de dirección. El mundo como lo conocemos se sumergirá a partir de ahora en una situación en la que el cambio climático se sitúa en el centro. Pero también tenemos la certeza de que el capitalismo no se rendirá, y no solo hablamos de las corporaciones de hidrocarburos. Al revés que la gente corriente, a los «amos del universo» no se les ordenará que «se adapten» o que se hagan «más resilientes». Nosotros, no ellos, somos la variable que obligarán a ajustar.

Precisamente esta nueva perspectiva es la que, en nuestro criterio, justifica la unión de luchas e ideologías ecologistas y antimilitaristas, dos caras de una misma moneda, para enfrentar de forma coherente este escenario de horror y dominación para el que la élite poderosa ya ha preparado sus ejércitos y políticas de seguridad.

El libro se estructura en tres grandes partes.

Una primera parte, “La agenda de seguridad”,  nos ofrece una visión de la convergencia entre neoliberalismo, cambio climático,  militarización y el enfoque militarista de la idea de “seguridad” que se maneja para abordar el cambio climático desde las élites.

Una segunda parte, “¿Seguridad para quién?”, en la que se aclara que esta nueva agenda de cambio climático tiene actores privilegiados (empresas transnacionales y estados), ganadores y perdedores, y analiza algunos nuevos escenarios de la conflictividad climática (entre otros el tema de las fronteras, el de las crisis de los refugiados o el del complejo militar industrial)

Y una tercera parte, “Acumulación por desposesión”, en el que se reflexiona críticamente en torno a los discursos de securitización y militaristas de las grandes corporaciones y de los Estados en torno a las problemáticas referidas a la crisis climática (alimentación, agua y seguridad energética entre otros).

El libro acaba con un capítulo de conclusiones donde se proponen resistencias y algunas alternativas de lucha.

Desde luego el texto merece una lectura reposada y un análisis más sereno, que intentaremos hacer próximamente, y plantea un gran desafío para nuestra perspectiva antimilitarista: el de participar de la construcción de esa alternativa global, también en este escenario de crisis climática.

Pero, ¿cómo que se ha acabado la sequía?

1 abril, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Hace un día buenísimo: está lloviendo. El taxista -los limpiaparabrisas en marcha-  me provoca tras escucharme hablando por teléfono: “Bueno, y ahora de qué va hablar usted, porque la sequía se ha acabado”. La verdad es que adoro ir en taxi porque es mucho más que ir.

Aprovechamos el atasco para profundizar en el tema. Comentamos la diferencia entre tiempo y clima: recurro a lo de que el tiempo es una escena mientras que el clima es la peli entera. Le anoto que los récords de alta temperatura se suceden un año tras otro. Que la desertización avanza. Que aunque llueve mucho de golpe en realidad lo hace menos de lo que lo hacía antes de forma más espaciada. Lo que no me da tiempo a explicarle (y le digo que lo haré aquí) es por qué la actual sequía no se ha acabado.

Infografías sobre la sequía

Echemos aquí un vistazo a las dos infografías que nos acompañan y que hemos capturado de la web de la  Plataforma Sos Sequía. En la imagen de la izquierda podemos comprobar cómo estaban los embalses la semana pasada: doce puntos por debajo del año pasado.

Según el resumen climático del 2017 de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el año pasado fue el más cálido y el segundo más seco en España desde 1965. Llovió un 30% menos que en las tres últimas décadas. Por eso resulta tan inquietante que los embalses estuvieran la semana pasada al 42% de su capacidad cuando el año anterior estaban a más del 54%.

Pero es verdad: gracias a las últimas lluvias los embalses han aumentado. Pero tan solo lo han hecho en un punto porcentual, pasando del 42% al 43%. Sin embargo el año pasado, en mitad de la gran sequía, subieron casi tres: del 54,2% al 57,1%. Es decir, estamos peor que en el peor año de lluvias de los últimos treinta.

Comparemos ahora los datos del estado actual con los de la media de la década: la semana pasada estábamos casi 20 puntos por debajo; ésta más de 22. La sequía no es que persista, es que arrecia.

En los próximos meses no solo tiene que llover sino que debería hacerlo mucho más de lo habitual para que nuestros embalses, aunque sigan por debajo de la media, se sitúen por lo menos por encima del 50% de su capacidad, de lo contrario nos veremos obligados a superar el estiaje con menos reservas que el año anterior.

La primavera de 2017 fue seca, con unas precipitaciones escasas y mal repartidas que se quedaron un 23% por debajo de la media. Si este año vuelve a ocurrir lo mismo, si volvemos a echar en falta las lluvias primaverales, las podemos pasar incluso peor que el año pasado.

Por eso haríamos bien en empezar a asumir desde ya que esto va muy en serio y darle a la sequía rango de cuestión de Estado, poniendo en marcha una política del agua valiente y ambiciosa, capaz de generar consensos en lugar de enfrentar a unos territorios con otros, basada en la gestión de la demanda en lugar de seguir enredando con planes para aumentar el recurso porque el recurso esta menguando.

En el último cuarto de siglo la disponibilidad de agua se ha reducido casi una cuarta parte como consecuencia del cambio climático, y todos los informes sobre los efectos del calentamiento global en España nos alertan de que la cosa va a ir a peor.

En España no podemos hablar de cuencas cedentes porque aquí no le sobra una gota de agua a ningún río. Cualquier pacto por el agua basado en trasvases está condenado al fracaso. El único pacto posible es el pacto por la eficiencia. Un gran pacto del agua que acabe con el saqueo para aliviar la sequía.