Archive for 31 julio 2018

Italia prohíbe los anuncios de apuestas y obliga a España a mirarse al espejo

31 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Italia va a prohibir la publicidad de las casas de apuestas. Un decerto aprobado esta semana hará que los operadores de juego no puedan, grosso modo, anunciar su negocio con la idea de contener la ludopatía. En España, solo el juego online mueve más de 8.000 millones al año, según el Anuario de Estadísticas Deportivas 2017 del Ministerio de Educación.

“Me encantaría ver algo como lo de Italia en España”, contesta Victoriano Dolada,  presidente de la Asociación Prevención y Ayuda al Ludópata (Apal). Dolada se queja de que “estamos muy agobiados por la publicidad. No hay respiro”. El juego patológico tiene una prevalencia algo menor al 1% en España, según los cálculos de los investigadores, un porcentaje que se estimaba mayor, pero que, en todo caso, supondría “varios cientos de miles de personas (…) un importante número de afectados, con los problemas que acarrea para ellos, sus familias y otras personas, así como para el sistema sanitario, especialmente para la asistencia en salud mental”, escribía el investigador de la Universidad de Santiago Elisardo Becoña.

“No generamos nada de preocupación. Los ludópatas le salimos muy baratos al Estado en comparación con otras adicciones”, se queja Dolada. Según el Informe sobre Percepción Social del Juego-2017 del Instituto de Política y Gobernanza de la Universidad Carlos III, en España el 0,3% de la población está en “alto riesgo” de caer en la ludopatía “un paso antes” de “la fase clínica”. En Italia el porcentaje está en el 0,9%. Con todo, el director técnico de Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitación (Fejar), Juan Lamas, reitera que es urgente tomar “medidas de limitación de la publicidad”.

Lamas expone que “solo hay que observar todo el dinero que se gasta en esta publicidad para ver el caudal adictivo que tienen esos mensajes”. Las asociaciones de jugadores en rehabilitación ponen mucho el acento en la utilización de figuras relevantes como reclamo de la casas de juego. “Los anuncios echan mano de personajes o deportistas famosos, la gente pica. Y más si ofrecen bonos para seguir jugando”, afirma el presidente de Apal. “Usar la figura de Cristiano Ronaldo o Rafael Nadal hace ver el juego como algo positivo”, añade el técnico de Fejar.

No solo son esos dos nombres, hay muchos más: Ronaldo, Neymar, Piqué, Capdevila, Navarro, José Coronado, Vicente del Bosque…. la lista de figuras que dan imagen al juego es muy larga. Al fin y al cabo, prácticamente el 50% del dinero que va a juego online se dedica a apuestas deportivas, unos 4.000 millones de euros, según el Anuario de Educación. La Quiniela supera por poco los 200 millones.

Primar la limitación

Lamas analiza que el caso de Italia pone a las autoridades españolas frente al espejo: “Tienen un caudal de juego parecido y también mucho juego público, como en España. Porque no debe ponerse el foco solo en las casas privadas”. Lo que piden es una regulación “que prohíba o restrinja, eso sería cuestión de debatirlo”, pero que, sobre todo,”prime la limitación de acceso e incorpore un mensaje de prevención”.

Una medida así está dando vueltas desde, al menos, 2011 aunque sin llegar a ver la luz. De momento, el sector funciona con una autorregulación. El Ministerio de Hacienda, responsable del juego en España, se ha regido hasta el momento con el lema del “juego responsable”, como reza en la información de la Dirección General de Ordenacion del Juego.

Sin embargo, se han presentado varios borradores de decreto que acotaban la publicidad de los operadores de juego sin llegar a buen puerto todavía. El último pasó incluso el periodo de información pública a principios de 2017. “Parece que está condenado porque ya se quedó paralizado cuando el Gobierno estuvo en funciones y ahora otra vez”, cuenta Juan Lamas. Les gustaría que se materializara el real decreto pero “hasta que no salga no me lo creo”, remata Dolada.

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8 libros para entender el horror del 18 de julio

30 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“El pasado día 15, a las cuatro de la mañana, Elena dio a luz un hermoso niño”. No era un niño y mucho menos hermoso. Todo lo contrario. Acababa de nacer un monstruo en forma de sublevación militar contra la II República que originaría la Guerra Civil con un balance de cientos de miles de muertos, exiliados y encarcelados.

El entrecomillado anterior corresponde al telegrama que el general Emilio Mola envió a sus compañeros de armas a modo de pistoletazo de salida, en vísperas de lo que ellos llamaron glorioso alzamiento nacional, un calurosísimo sábado 18 de julio de 1936. La resistencia armada de millones de republicanos y de sus organizaciones políticas y sindicales logró frenar el golpe militar en buena parte de España, y convirtió el país en un terrible campo de batalla durante casi tres años.

Junto con la Segunda Guerra Mundial, la contienda española figura como uno de los episodios históricos que más novelas, ensayos o relatos han inspirado en todo el planeta. Desde gestas individuales hasta epopeyas colectivas. Desde infinidad de desgarradoras anécdotas particulares hasta profundos análisis de geopolítica. Desde lo más sublime de lo que es capaz un ser humano hasta lo más abominable. La Guerra Civil española representa una fuente constante, inagotable y apasionante de inspiración para los escritores.

Por ello una inmensa bibliografía, que resulta inabarcable para un lector no especializado, ha narrado aquel conflicto. En cualquier caso, algunos libros (unos ya clásicos, otros más recientes) han intentado analizar aquella tragedia y han aportado claves para comprender sus causas y su desarrollo.

Muchos de estos excelentes y divulgativos ejemplares fueron escritos por hispanistas anglosajones, quienes más y mejor han estudiado la Guerra Civil, salvo algunas honrosas excepciones de historiadores españoles, entre los que destacan nombres como Santos Juliá, Enrique Moradiellos o Julián Casanova. Aquí ofrecemos una selección citando algunas de las primeras ediciones, ya que de la mayoría de estos títulos se publican reediciones con frecuencia.

La velada en Benicarló. Manuel Azaña (Castalia, 1974)

Libro Manuel Hazaña

El que fuera jefe de Gobierno y, más tarde, presidente de la República, un intelectual que entró en política, reflejó en esta obra, entre la novela dialogada y la obra teatral, todo el drama del país a través de 11 personajes que coinciden casualmente una noche, en mitad del conflicto, en aquella localidad costera castellonense.

Los variados personajes que muestra Azaña en su obra, algunos alter egos del político republicano; la lucidez y profundidad de sus diálogos; la reflexión sobre la esencia de España y los españoles; o la encendida defensa de la democracia como única forma de convivencia; convierten a La velada en Benicarló, escrita en abril de 1937, en una pieza magistral que debería ser de obligada lectura en todos los colegios e institutos.

La Guerra Civil española. Hugh Thomas. (Grijalbo, 1976)

Libro La guerra civil española

Fascinado con nuestro país, este historiador británico ya fallecido de corte liberal-conservador, logró con este título escribir una obra amena, didáctica y muy ecuánime que pasa por ser un libro de referencia y un magnífico manual para cualquiera que intente un primer acercamiento al estudio del conflicto sin ser un especialista en la materia.

Años de investigación y de documentación, de trabajo con las fuentes, dieron como resultado un texto imprescindible, publicado por primera vez en español en la editorial parisina Ruedo Ibérico en 1962, que no ha envejecido con el paso del tiempo.

La República española y la Guerra Civil. Gabriel Jackson (Crítica, 1999)

Libro 3 Guerra Civil Española

Desde una perspectiva más comprometida con la izquierda, este historiador norteamericano, también fallecido, escribió otro de los libros clave para comprender el periodo que nace con la proclamación de la República en 1931 y acaba ahogado en sangre con el bando victorioso del general Francisco Franco el 1 de abril de 1939.

Con el ya habitual estilo periodístico de los historiadores anglosajones, Jackson se ocupó muy especialmente de los avatares, divisiones y debates de las fuerzas republicanas y de la izquierda. Otro título imprescindible.

La Guerra Civil española. Antony Beevor (Crítica, 2005)

Libro 4 Guerra Civil Española

Nuevo ejemplo de la apabullante bibliografía básica que los anglosajones han dejado del conflicto en este libro del historiador militar Beevor, uno de los ensayistas que mejor ha descrito y narrado la Segunda Guerra Mundial.

De nuevo, se unen el rigor documental, un estilo brillante y un acercamiento no sesgado ni sectario a una contienda tan ideologizada como la guerra española.

Leer al británico Beevor supone adentrarse en una serie de reportajes donde se entremezclan con maestría las microhistorias de mucha gente anónima con la macrohistoria de las batallas decisivas o la geopolítica de los dirigentes.

Franco, caudillo de España. Paul Preston. (Grijalbo, 1994)

Libro Aquí no Franco

Imposible entender la Guerra Civil sin la personalidad y la biografía del militar que encabezó la sublevación y, tras la victoria, gobernó el país como dictador durante casi cuatro décadas.

Paul Preston, un historiador que ha dedicado su vida entera al estudio de la España del siglo XX con multitud de obras ( Palomas de guerra, Idealistas bajo las balas) traza un retrato personal, político y militar de Franco en una biografía de incuestionable calidad. Se trata de una obra cumbre de la amplia bibliografía de Preston que, pese a su extensión, deja traslucir la brillante y ágil pluma de este historiador británico.

La República española en guerra (1936-1939). Helen Graham (Debate, 2006)

Libro La república española

Este ensayo de la historiadora británica, otra contribución anglosajona, representa una de las mejores y más certeras aproximaciones a la evolución de las fuerzas republicanas durante el conflicto.

El papel jugado por republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas y otros sectores aparece diseccionado en un tono muy riguroso, pero nada academicista, y desde una metodología marxista que se detiene con profundidad en el análisis de las distintas estrategias.

El estupendo libro nos hace recordar que de los ocho años de vida del régimen republicano, tres de ellos estuvieron marcados por la imperiosa necesidad de defender la democracia con las armas en la mano. Debates todavía hoy vigentes como la disyuntiva entre guerra y revolución son abordados con inteligencia y sutileza por Helen Graham.

Guerra y vicisitudes de los españoles. Julián Zugazagoitia (Tusquets, 2001)

Libro guerra civil 6

Periodista, escritor y político socialista, atrapado por la Gestapo en su exilio francés y fusilado por los franquistas en la posguerra, Zugazagoitia es un personaje destacadísimo de la República injustamente olvidado por la mayoría de sus compatriotas.

Fue ministro de la Gobernación en uno de los Ejecutivos de Juan Negrín y secretario de Defensa al final de la guerra pero sobre todo, un intelectual que batalló por la democracia y arrinconó una prometedora carrera como novelista por servir a sus ideales. El libro citado, entre el testimonio personal, la crónica política y el periodismo narrativo, se incluye entre los textos fundamentales escritos por españoles sobre la contienda.

Un pueblo español. Elliot Paul (Gadir, 2018)

último libro Guerra Civil

Por último, las memorias de un músico y escritor norteamericano que se afincó en la entonces idílica y plácida Ibiza en los años treinta y se vio sorprendido por la guerra que convirtió la isla en un infierno de represión y de crueldad.

El contraste entre la paz y la conflagración, el odio entre vecinos en el pueblo ibicenco de Santa Eulalia, la eliminación del adversario y el retrato de una España pobre y atrasada que la República trató de rescatar, elevan este libro poco conocido, comparable a El laberinto español de Gerald Brenan, a la categoría de un testimonio de primera fila. Un relato muy revelador de la vida cotidiana antes y después de una guerra que lo cambió todo.

La arena de la playa no es tu cenicero

29 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

El tipo está sentado sobre la toalla frente a la orilla del mar. Lleva un rato apurando el cigarrillo con esa mueca tan característica: los dedos en pinza, achinando los ojos. Lo miro porque me temo que lo va a hacer. Y finalmente lo hace: una última caladita y sin apenas desviar la mirada clava la colilla en la arena y la deja allí. Con toda la pachorra, como si fuera lo más natural del mundo, quedándose tan ancho.

Dan ganas de ir a llamarle la atención, a decirle lo del “oye, perdona: se te ha caído”, pero lo cierto es que no es el único que lo hace. De hecho estoy rodeado de ellas: la arena está salpicada de colillas.

¿Qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo podemos convencer a los fumadores de que la arena de la playa no es su cenicero? En Tailandia lo tienen muy claro. Desde el año pasado si te pillan tirando una colilla a la arena te cae una multa de 2.500 euros y una pena de un año de cárcel. Poca broma con los tailandeses. Y es que están hasta las narices de las colillas.

Con la entrada en vigor de la nueva ley anti-tabaco, las autoridades de este país asiático quieren acabar con el que, según su Ministro de Recursos Marinos, se ha convertido en uno de los mayores daños a la imagen turística de sus famosas playas. Un problema que está afectando gravemente a la pesca y provocando daños en la red de alcantarillado, lo que agrava los efectos de las inundaciones.

Y es que el inocente y en apariencia inocuo filtro de los cigarrillos es en realidad una bomba química altamente contaminante. El acetato de celulosa del que está compuesto retiene en su interior un cóctel de sustancias en el que, además de nicotina y alquitrán, podemos encontrar arsénico, cadmio, cobre, níquel y otros metales pesados.

Todo eso es lo que contiene una colilla, una pequeña dosis que, multiplicada por los billones de unidades esparcidas cada año por la arena de las playas, se convierte en uno de los mayores problemas medioambientales al que nos enfrentamos.

Sin conocer a fondo el problema, porque es imposible hacerse una idea aproximada de la cantidad de colillas que estamos echando al mar, la acumulación de colillas está resultando altamente tóxica para la vida marina. Pero no solo eso.

Los científicos llevan mucho tiempo alertándonos del alto riesgo que supone para nuestra propia salud que el veneno de las colillas acabe integrándose en la cadena trófica, contaminando el pescado del que nos alimentamos.

En España, y según cálculos del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), estaríamos hablando de más de treinta y dos millones de filtros de cigarrillo al año. Y la mayor parte de ellos acaban siendo desechados de la manera más irresponsable en el entorno. Un entorno que en realidad es un gigantesco embudo que los acaba llevando al mar.

Cada día son más las playas sin humo, lugares de la costa en los que se prohíbe fumar, no ya por los efectos tóxicos del humo, sino para evitar que las colillas y su cóctel tóxico acaben en la arena.

Aunque todo es más fácil. Basta con que, si vas a fumar en la playa, no claves la colilla en la arena y uses cualquiera de las numerosas alternativas que tienes a tu disposición: desde los famosos ceniceros tipo cono que regalan en los chiringuitos, hasta una lata vacía. Esa es la mejor medida para que este problema, en apariencia menor, no acabe envenenando el mar y a nosotros mismos.

La problemática vecindad de Escocia e Inglaterra

28 julio, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Por: F. Javier Herrero 20 de junio de 2014

William Wallace ejecucion

William Wallace en Londres antes de ser juzgado y ejecutado / Hulton Archive y Getty Images

Escocia, el territorio de lagos, montañas onduladas y cientos de islas, envuelto casi siempre en una atmósfera de luz tamizada y extraña que te impide saber en qué parte del día te encuentras, centra la atención informativa con su referéndum de independencia según nos vamos acercando al mes de septiembre. La geografía puede haber sido muchas cosas con los escoceses pero si algo está claro, es que aún siendo generosa en belleza, no se lo ha puesto fácil ya que, rodeados de mar a excepción de su estrecha frontera sur, les ha tocado compartir ésta con Inglaterra, el vecino difícil y complicado con el que ha mantenido una relación de mil años basada en el recelo y los resentimientos generados por tantas guerras, hasta que hace tres siglos se buscó una fórmula de relación más ‘amable’ con la unión de las dos monarquías que, con Gales, formaron la Gran Bretaña.

La primera intervención inglesa de envergadura en los asuntos escoceses se produjo cuando en 1286 el rey Alejandro III murió sin descendencia. La inestabilidad en la que se vieron inmersos los escoceses fue aprovechada por Eduardo I de Inglaterra que apoyó a Juan Balliol, representante de uno de los dos clanes que se disputaban el trono, con la condición de que se sometiese a su protección. Este rey, temeroso de que le ocurriese lo que les pasó a los galeses en 1284 cuando fueron conquistados por el ejército de Eduardo, firmó con Felipe IV de Francia en 1295 la Auld Alliance, una alianza que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XVI evocadora del proverbio “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Eduardo I, conocido como ‘Longshanks’ o ‘Mártillo de los Escoceses’, decidió invadir el país demostrando ser un enemigo muy duro y de eso pudieron dar fe los ocho mil habitantes de la ciudad costera de Berwick que sintieron en sus carnes las consecuencias del apodo real pues apenas un puñado de ellos sobrevivieron al asedio inglés para poder contarlo. Es aquí donde surge la figura del héroe nacional William Wallace, un noble de segunda fila cuyas correrías contra los ingleses le hicieron ganar un enorme prestigio entre su pueblo, y que en septiembre de 1297, aliado con otros nobles escoceses, vence al ejército de Eduardo I en la batalla de Stirling. Víctima de una traición, Wallace fue capturado y ejecutado en 1305 en Londres. Mientras tanto, las luchas entre clanes rivales se suceden en Escocia y Robert the Bruce se hace coronar rey en 1306. Varias victorias locales de Robert I preceden al fin de la presencia inglesa en Escocia y ese momento llega en 1314 con la batalla de Bannockburn. Esta victoria garantizará la independencia escocesa por largo tiempo mientras poco después, en 1371, queda instaurada la dinastía Estuardo, el linaje que reinará en Escocia durante tres siglos.

La política matrimonial hispana de los Reyes Católicos, cuya finalidad era el aislamiento de Francia en el panorama europeo, dio sus frutos cuando Enrique VIII de Inglaterra, casado con Catalina de Aragón, se sumó en 1513 a la Liga Santa, creada para apoyar al papa Julio II contra las ambiciones francesas en Italia, y desembarcó en Calais. Los escoceses, leales a los pactos de la ‘vieja alianza’ con Francia que mandó algunas tropas para apoyarles, invadieron Northumbria con 35.000 soldados dirigidos por su mismo rey Jacobo IV para distraer a las fuerzas inglesas de su cuñado Enrique. Ambos ejércitos se encontraron en Flodden Field en septiembre de ese año sufriendo los de Escocia tal derrota que incluso el rey Jacobo murió en la batalla. Al final de su reinado, Enrique VIII, harto de ver franceses al norte del Muro de Adriano, forzó en 1543 a la regente de Escocia, María de Guisa, a firmar los Tratados de Greenwich por los que la recién nacida María Estuardo debería casarse con su hijo Eduardo y así, facilitar la futura unión de los reinos. María de Guisa se retractó y Enrique trató de hacer cumplir lo acordado con la intimidatoria estrategia del cortejo a la inglesa (Rough Wooing), una serie de incursiones militares de desgaste que se prolongaron hasta 1551, cuando ya era rey de Inglaterra Eduardo VI, con momentos críticos como 1544 cuando un ejército inglés entró en Edimburgo e incendió gran parte de la ciudad, con la intención de secuestrar a la reina niña. El final de la Auld Alliance llegó en 1560, cuando Isabel I de Inglaterra mediante el apoyo al partido protestante escocés consiguió que los franceses se retirasen de Escocia tras la firma del Tratado de Edimburgo y dejasen de prestar apoyo a María Estuardo. El protestantismo escocés consiguió la renuncia de la obediencia al Papa y en adelante los europeos del continente no lograrían ser parte activa en los asuntos británicos.

Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra (atr. John de Critz, Museo del Prado)

Muchos reyes ingleses persiguieron con ahínco la unión de ambos reinos pero, paradójicamente, tuvo que ser el rey escocés Jacobo VI de Escocia el que se ciñó ambas coronas cuando Isabel I la ‘Reina Virgen’ murió en 1603 y él hizo valer los derechos al trono que le daba su bisabuela Margarita, hermana de Enrique VIII. Todo terminaba en la dinastía de los Estuardo, ambos estados continuaron teniendo sus parlamentos e instituciones particulares durante todo un siglo XVII que les trajo fortísimas tensiones internas, incluida la guerra civil, en la balanza de poder entre la realeza y el parlamento inglés y las luchas religiosas escocesas, entre presbiterianismo (los ‘Covenanters’) y catolicismo. A finales de 1705, cuando la relación entre ambos países parecía abocarles de nuevo a la guerra, comenzaron las negociaciones para que se gestase la Gran Bretaña. Los ingleses querían que la corona fuese a la alemana casa de Hannover y las clases dirigentes escocesas exigieron garantías para la iglesia presbiteriana y la conservación de su sistema jurídico y educativo. Por otro lado, los escoceses obtuvieron compensaciones económicas por el desastre colonial de Darién de 1698 –se trató de un intento de fundar colonias comerciales en Panamá al que se opuso la East India Company inglesa y que no duró más de ocho meses- y acceso sin restricciones a las oportunidades comerciales que ofrecía el imperio en ciernes. El Acta de Unión de 1707 –que casualmente coincide con otro proceso centralizador en España totalmente diferente, que fue la supresión de los fueros de Aragón y Valencia por los decretos de Nueva Planta de Felipe V tras la victoria de Almansa- fue firmado de manera voluntaria por los parlamentos de dos naciones en una atmósfera de oficial igualdad, aunque la posición escocesa fuese más débil. Este contexto explica que los políticos británicos siempre hayan aceptado con tranquilidad el derecho de los escoceses a pedir la secesión en referéndum.

Si el acta se firmó en Escocia fue por el empeño de sus élites. El pueblo escocés no fue partidario de la unión y durante la primera mitad del siglo XVIII las sublevaciones jacobitas, partidarias de los Estuardo, contarán con fuertes apoyos en el norte y entre protestantes disidentes. El esfuerzo final contra los Hannover lo encabezó Carlos Eduardo Estuardo ‘Bonnie Prince Charlie’ en 1745 pero fue vencido en Culloden por un ejército británico que contaba con muchos efectivos de la propia Escocia. Fueron numerosos los escoceses que participaron de los beneficios que el imperio británico proporcionó a los que se auparon a sus estructuras. Se repartieron empleos brillantes para su aristocracia y su incipiente burguesía se hizo con grandes fortunas del comercio colonial. No pudieron decir lo mismo los habitantes de las Highlands cuando en la segunda mitad del siglo XVIII se llevaron a cabo las Clearances, eufemismo para describir procesos de desplazamiento forzoso y masivo de población, que desarraigaron a comunidades enteras de sus territorios ancestrales y causaron un gran daño a la cultura y lengua gaélicas. Fue el precio que tuvieron que pagar por su apoyo a la causa jacobita.

Escocia estrena Parlamento autónomo, en Edimburgo, en un acto presidido por la reina Isabel II, en la foto durante el acto en el que el duque de Hamilton ofrece a la reina la Corona de Escocia. julio 1999

Ceremonia de apertura del Parlamento de Holyrood en Edimburgo en 1999/ AP

El movimiento nacional escocés se agrupó desde 1934 en torno al Scottish Nacional Party (SNP) que aglutinó en sus filas a las corrientes independentista y autonomista. En los años setenta consiguió poner la devolution, transferencia de competencias, en el debate político y el Partido Laborista de James Callaghan, que tradicionalmente fue el primero en Escocia, intentó un proceso autonomista en 1979 que no pasó el referéndum por poco margen. Los 18 años de gobierno conservador de Thatcher y Major apenas trajeron a Escocia, en cuanto a sus inquietudes nacionalistas, la mítica Piedra de Scone, objeto de veneración para los escoceses que Eduardo I se había llevado como botín de guerra. Hoy Escocia tiene un Gobierno autónomo presidido por Alex Salmond, político nacionalista inteligente y carismático que, amparado por su fuerte mayoría parlamentaria, ha pactado con Londres la celebración del referéndum vinculante de independencia. El mensaje independentista del SNP ha logrado seducir a un sector amplio de escoceses mientras que, sorprendentemente, muchos ingleses se muestran en los sondeos a favor de la separación. Tras la II Guerra Mundial, el imperio ha quedado reducido a una constelación de islas minúsculas que solo evoca nostalgia y su ‘pegamento’ identitario pierde propiedades. El escritor Andrew Marr, citado por Timothy Garton Ash en este periódico, afirma en The Day Britain Died (El día en que murió Gran Bretaña): “El imperio hizo a Gran Bretaña. Pero su desaparición puede significar el final de Gran Bretaña”. En septiembre Escocia tiene la palabra sobre su futuro.

María la Judía: la precursora de la química que inventó el ‘baño María’

27 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

María la Judía, la Hebrea o Miriam la Profetisa fue una de las fundadoras y figuras clave del nacimiento de la alquimia, precursora de la química. Creadora de procedimientos e instrumental de laboratorio, sus invenciones se usaron durante milenios, e incluso se siguen usando hoy en día como el famoso ‘baño María’.

La figura histórica de María la Judía está oculta en las sombras. Se cree que vivió en Alejandría entre los siglos I al III d.C., pero sus escritos no se han conservado en su forma original, aunque sí en citas y fragmentos incluidos en obras posteriores. Se sabe que creó,  además del ‘baño María’, instrumentos de destilación como el Tribikos, una forma primitiva de alambique, o el Kerotakis, un aparato de reflujo usado para analizar y purificar metales y para extraer aceites esenciales de plantas, como por ejemplo de rosas, para lo que fue utilizado durante toda la Edad Antigua y Media e incluso hasta el renacimiento.

Usando este tipo de instrumental de laboratorio, María fue capaz de crear sustancias como el ‘negro María’, una mezcla de sulfuro de plomo y cobre usada como pigmento en pintura durante siglos. Por todos estos avances fue considerada como una de los Grandes Maestros de la alquimia y también de la química, que es la versión moderna despojada de mística y religión.

Franco, fuera de Cuelgamuros

26 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Cuelgamuros es la prolongación de Franco por otros medios. Un parque temático del franquismo, un paquidermo simbólico y arquitectónico de muy difícil resignificación. Franco sigue ahí, entronizado, a veces con la lápida circunvalada por un cordón morado sobre soportes de madera, siempre con flores. José Antonio Primo de Rivera, sin la tilde en la e de su lápida, está a su lado. Los dos bajo una bóveda de casi cinco millones de teselas en la que aparecen, entre otros,  falangistas de pelo en pecho y requetés de marrón, con la estética característica de Carlos Sáenz de Tejada y de Lezama, uno de los autores de la narración figurinista del franquismo. Ahora diríamos relato. A veces da la sensación de que los curas que ofician la misa de once, con micrófono inalámbrico pegado a la boca y monaguillos que no pueden con los hachones bamboleantes, van a levitar nada más acabar la interminable ceremonia, daros la paz, y ascenderán a la bóveda para quedarse pegados allí, como un chicle debajo del pupitre, hasta otra misa preconciliar.

Cuelgamuros, hay que llamarlo así, como bien nos insiste Claudio Sánchez-Albornoz, el egregio superviviente de aquel campo, protagonista de la película Los años bárbaros,  de Fernando Colomo, que narra su fuga estrambótica de aquel horrible lugar.

Cuelgamuros fue construido como túmulo onanista de Franco en medio de un país que se moría de hambre, de frío y de miedo. Hubo un trasiego de camiones negros que hacían de volquete de los restos mortales de miles de fallecidos republicanos, a quienes sus familias jamás hubieran llevado allí, y a las que, por supuesto, no consultaron los franquistas de Franco para su traslado.

Al principio iba a ser un gigantesco enterramiento de los caídos fetén, los del bando nacional, pero ante la falta de quórum mortuorio, ante la negativa de muchas familias de los franquistas a que los restos de sus familiares fueran trasladados allí, ante la gigantesca dimensión del túmulo, imposible de colmatar, echaron mano de fallecidos republicanos, sin consulta previa, claro.

El discurso de Franco en el que explica la erección del templo decía que “en el desarrollo de nuestra Cruzada hay mucho de providencial y milagroso”, y también, “mucho fue lo que a España costó aquella gloriosa epopeya de nuestra liberación para que pueda ser olvidado, pero la lucha del bien contra el mal no termina por grande que sea su victoria”. Vaya idea. Sobre esos marcos cognitivos y arquitectónicos decidió Franco construir Cuelgamuros nada más acabar la guerra. Qué urgencia.

Para sacar a Franco de Cuelgamuros nunca ha habido tiempo. Nada más morir el dictador, con aquellas imágenes del entierro, recientes aún los partes del equipo médico habitual, “heces fecales en forma de melena”, parecía una temeridad sacar al recién inhumado, no sólo por el peso de la losa.

Con el primer gobierno socialista en 1982, era más urgente poner en condiciones la educación y la sanidad pública, el AVE a Sevilla, que levantar aquella lápida de toneladas. Aznar no tuvo entre sus mil primeras urgencias exhumar al dictador, al que elogió de soslayo en sus denuestos a la Constitución. Con Zapatero se hizo incluso un estudio para darle la vuelta al sitio, para que dejara de ser un elogio del franquismo y se convirtiera en un lugar de reconciliación entre españoles, con otro discurso, con otra forma de contar aquella aberración. Tarea complicada si se mide desde la estética, aunque éticamente necesaria.

Rajoy se ha vanagloriado de dar cero euros a la ley de Memoria Histórica. Si casi todo le parecía un lío, esto ha sido una algarabía de silencios. Tiene ahora Sánchez la oportunidad de sacar al “bicho” –Sánchez-Albornoz , otra vez- y llevárselo a un no lugar, parecido al que no ocupan Hitler y Mussolini; ya estaba tardando en decirlo.

Ya hay una sentencia judicial firme que establece la exhumación de los hermanos Lapeña, de Calatayud (Zaragoza), que establece que deben ser sacados de Cuelgamuros y que aún no se ha cumplido. El prior del establecimiento se negó a ir al Senado a explicar su negativa y tuvo que ser la propia jerarquía eclesiástica la que le afeó la conducta. La montaña del Senado fue a este mahoma de granito. Esa jerarquía de la Iglesia tiene ahora su momento estelar para facilitar la salida de Franco de aquel monumento tan nacionalcatólico y de las JONS. Ya ha dicho que el dictador tiene que estar fuera de allí y es de agradecer.

Se trata de voluntad política y de criterio de oportunidad. Los dos los reúne el gobierno de Sánchez. Se añade que no solo la Biblia establece que lo que tengas que hacer, hazlo pronto, es que como no lo hagas en los primeros minutos del partido, como los sometas al VAR, te van a dar fuera de juego. Tu sacas a Franco ahora, y los hipocondriacos en plantilla pasan un primer mal rato, pero luego no hay quién lo vuelva a meter en el nicho. La familia del interfecto que diga misa.

La “persistencia y el espíritu de la cruzada petrificados en la roca de una montaña”, deben ser desactivados con la salida de Franco. Existen grúas potentes que facilitan la tarea. (Grúas Usabiaga tiene unas excelentes, busquen el teléfono).

Una vez sacado Franco, hay que explicar Cuelgamuros de forma democrática. A pesar de la cruz de 150 metros de alto y cuarenta de brazos por los que caben dos coches en el mismo sentido.

No hay que volarlo, como dicen algunos, se trata de explicarlo desde una perspectiva civilizada; aquí es fundamental el contexto: cómo es posible que en un país que se moría de hambre, de miedo y frío, Franco se sintiera Tutankamon y le dijera al arquitecto vasco: “más alto, Muguruza, más alto”, para que aquel espacio tridentino fuera lo más alto entre el cielo y el suelo.

Aunque la estética terebrante de aquel lugar, inmenso de franquismo, sea irrecuperable para la democracia, pidamos que al menos los letreros y leyendas, los guías, sean capaces de explicar el autodenominado Valle como una consecuencia del destrozo que supuso en la historia de España el golpe de Estado contra la República, como un retrato de un enfrentamiento que se llevó muchas vidas por delante y con un aviso para que no volvamos a matarnos; sobre todo, que no vuelvan a matarnos. Menos aún, que el dictador que inauguró su régimen fusilando y lo acabó fusilando, no esté allí entronizado, como si tal cosa, con sus heces fecales en forma de melena.

Sánchez, lo que tengas que hacer, hazlo pronto. Saca a Franco ya, mañana es tarde.

“El postparto ha sido el peor momento físico de mi vida: es precioso crear una vida, pero dejé de ser yo”

25 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Zahara (Úbeda, 1983) ha vuelto a los escenarios después de su despedida temporal en noviembre de 2016 en La Riviera igual que se fue: botando, bailando, bromeando, feliz. Ella lo compara con ver de nuevo a una amiga con la que solo quedas una vez al año, pero con la que siempre la relación está en el mismo punto. En este tiempo han pasado muchas cosas. Ha nacido y crecido el Bichín, como ha presentado a su bebé en redes sociales. Y ahora su cabeza es “como un disco duro partido en dos”. A veces literalmente, como cuando hace poco tocaba en una azotea de Sevilla y le escuchaba “llorar como un marrano” en la habitación de abajo.

En este tiempo, Zahara ha decidido, con naturalidad, mostrar las partes buenas y las partes difíciles de la maternidad. Sobre todo lo ha compartido con sus seguidores en Instagram, un público no necesariamente interesado en crianza pero con quienes ha aprendido y se ha retroalimentado.

¿Cómo se ha planteado esta vuelta?

Empecé cuando tuvo cuatro meses con muy poquitas cosas, algún concierto y sin viajar con los músicos. Me organizaba para irme fuera menos de 24 horas. Ya no doy el pecho, lo he dado hasta los 6 meses y medio. Y quiero hablar de esto: yo quería destetarlo ahora, porque me voy a grabar el disco fuera de España. Van a venir algún día mi marido y él, pero no pueden todos, con lo que implicaría estar con las tetas a reventar, sacando leche… Fui a la matrona a planificarlo y dos semanas después se destetó unilateralmente.

He tenido esa necesidad de justificarme. Cuando me preguntaban si seguía dando el pecho respondía que no, pero enseguida explicaba que se había destetado él, que quedase claro. Y es verdad que por un lado me dio mucha pena, pero por otro es una liberación. ¿Qué pasaría si efectivamente hubiese sido yo? No dejaba de tener esa presión, esa culpa social.

¿Quería esas 16 semanas?

Sí y no, porque cuando todavía no eres madre te crees que va a ser de una manera y la realidad es otra. Siendo autónoma, la baja de maternidad que te da la Seguridad Social es muy justita. Sobre todo porque cuando menos facturé fueron los últimos cinco ó seis meses, que es con los que te hacen la valoración. Ahí no tocaba, era verano, tenía un panzón que parecía que tenía tres niños dentro. Los cuatro meses pasaron volando y no era consciente de la cantidad de trabajo previo que tiene un concierto: entrevistas, ensayar, organizar, estar en forma, concentrada. Pero como empecé poco a poco me lo tomé con calma.

¿Cómo se vive un parón así en una profesión tan personalista como la suya? ¿Sentía que no se podía alargar demasiado, que no podía desconectar del todo?

Aparte de la necesidad económica de cualquier autónomo –si no trabajas, no ganas–, hay una manera de vivir esta profesión por la cual siempre ronda tu cabeza ese mantra horrible de “se van a olvidar de mí”. Vale que siempre estoy activa de un modo u otro y tengo unos seguidores que están ahí más allá de mi exposición. Pero nunca lo sabes, piensas que igual es demasiado tiempo… yo paré antes de quedarme embarazada. Van a pasar dos años entre mi último concierto en La Riviera y el nuevo disco.

Por otro lado, a mí me encanta mi trabajo. Es mi elección, donde me siento plena. Y la maternidad tiene todo lo contrario: es sentirte de todo menos tú misma. Volver al escenario era equilibrar.

Durante todos estos meses, y sobre todo al principio, ha ido compartiendo su experiencia en Instagram, se ha visto cómo pasaba de no publicar nada a hablar del día a día con un bebé o a disfrutar con Operación Triunfo.

Sí, cómo se pasaba de cinco días sin noticias de Zahara a de repente varios stories sobre OT o hablando de las tomas de leche.  Me decían en un tuit: “Zahara ha hecho más por el sexo con protección que todos los anuncios de condones”. Me encantó. Se me dio muy buen feedback. Creo que en realidad he sido muy escueta sobre el hoyo en el que he estado. Físicamente, el primer mes no podía ni coger el teléfono a mi padre. Estaba sobreviviendo y mi única prioridad era el equilibrio familiar, todo lo demás era secundario.

Hay gente que te dice que si es que no sabías lo que iba a pasar. Y da igual que te lo hayan explicado con señas y detalles. Para empezar porque es como cuando alguien te cuenta una mala experiencia con un chico, crees que no te va a pasar, que lo vas a llevar mejor porque tú eres de otra manera. Siempre nos tenemos a nosotros mismos en una estima que no coincide exactamente con la realidad. Segundo, no sé en otras profesiones, pero la mía está muy ligada a mi identidad personal. De repente perderlo todo, ser una persona que lo único que hace es dormir, alimentar y cuidar… por muy bonito que sea, muy bien que huela y maravilloso que sea dormirte con tu hijo, es un golpe.

El postparto es mucho dolor en un momento en el que necesitas lo contrario. Te sangra todo el cuerpo, tienes todo inflamado, ya no es una barriga bonita, es blanda, te cuelga, te duele y es incómoda. Tus tetas son desorbitadamente grandes, no puedes dormir, no sabes cuándo fue la última vez que te quitaste un pelo de la ceja y además te da igual. Yo ahí pensaba: ¿por qué no se habla un poquito más de esto? Quiero a mi hijo más que a mí misma. Pero déjame que me queje.

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A partir del segundo mes empezó a levantar cabeza, entonces.

El segundo mes tuve que hacer un ejercicio mental muy fuerte. Porque mi marido se incorporó a trabajar y era como “¿me dejas sola? Si entre dos es imposible”. Ahí flipaba con las madres solteras: me levanto, aplaudo y os merecéis un monumento. Lo duro fue ver que él tenía su móvil, hablaba con gente de su trabajo y había recuperado su vida. Yo lo único que podía hacer era sentarme a su lado sin absolutamente nada que contar. Si el niño había hecho caca bien o si había dormido, nada más. Y aunque él estuviese cansado, me moría de envidia.

Todavía estaba físicamente mal –mi postparto fue muy duro–, y encima anímica, emocional y profesionalmente también. Hay que tener una fuerza grande. Sobre todo si tu trabajo te enamora.

En sus últimos años, el deporte era una parte importante. No solo de su vida, sino de su imagen e identidad personal y profesional. ¿Cómo ha llevado eso?

Tengo una frase muy dura, y es que para mí el embarazo, parto y postparto han sido el peor momento físico de mi vida. Es precioso crear una vida, tiene partes muy bestias, animales y emocionantes. Pero dejé de ser yo en todos los sentidos, y no reconocerte en el espejo es muy duro. Venía de hacer varios deportes cada día, nunca he estado mejor que a los 32 años, no me cansaba de saltar sobre el escenario. El día que me miré y mi cuerpo se volvía a parecer a lo que era respiré: “ya conozco a esa tía que me está hablando”.

Recuerdo que llegó a hacer un post explicando que su barriga era grande pero que solo llevaba un bebé, casi pidiendo por favor que le dejaran en paz con ese tema.

Me afectó muchísimo. Hago un llamamiento: dejad de decirle a las mujeres cómo son sus barrigas. Si ya parece que el cuerpo de una chica es de dominio público, que todo el mundo tiene derecho a opinar sin que preguntes, ya si estás embarazada… es horroroso. A mí me afectó, me creó mucho complejo. Cada vez que me preguntaban si llevaba dos no quería salir a la calle o hacerme fotos porque me sentía gorda. ¡Y era absurdo, tenía un niño dentro! No entendía por qué me estaban generando sentirme así de mal si yo estaba superfeliz con mi barriga.

Zahara, con su camiseta de @madremente.
Zahara, con su camiseta de @madremente y las cintas de la fisioterapia a la que tiene que ir por contracturas. PATRICIA J. GARCINUÑO

¿Tenía referentes? Pienso en la imagen de las políticas que han llevado a sus bebés a los parlamentos o que se muestran embarazadas, ¿es igual de potente sobre un escenario?

Yo pensaba en Leonor Watling. Es actriz, cantante, tiene dos hijos, un marido que se dedica a la música, una vida bastante parecida a la mía. La tenía como referente: hay vida después, resucitaré y me convertiré en Leonor Watling. El otro día un amigo me decía que le indignaba que para visibilizar un problema se necesite a un famoso. Y yo le respondía que sí, que normalmente no puedes coger un libro para cualquier duda. Yo sigo a una actriz, Jenny Molen. Tuvo a su hijo el mismo día que yo. Subió fotos de su cuerpo desnuda, de sus tetas después de dar a luz. Y pensé que no estaba solo yo así de deforme, me sentí menos sola. A mí me sirvió mucho ver a una tía con 400.000 seguidores que lo hacía. No es que te reconforte que otra persona esté igual o peor que tú sino formar parte de algo común.

¿Cómo fue volver a coger la guitarra? ¿Cómo ha cambiado el proceso creativo para usted, cómo lo ha compaginado todo?

La última canción la terminé dos semanas antes de dar a luz. Ahora he terminado una que me faltaba y me ha costado ocho meses. La guitarra la cogí a los cuatro, hacerlo antes era peor. A él le escribí una antes de nacer, inspirada en un texto de Moreno [Alberto, su marido, director de Vanity Fair]. Para escribir el libro [Trabajo, piso, pareja, Verso y Cuento] sí tuve un método más disciplinado, pero componer es muy difícil. A lo mejor estoy una hora tocando la guitarra, escribiendo, y tras mucha mierda veo algo que puede funcionar, le doy vueltas, lo aparco un rato… Ya no tengo esa capacidad de aburrirme, y sobre todo, de desconectar.

Y pasa algo. Mientras una mujer tenga que plantearse reconducir su vida, reorganizarla, elegir… no existe la conciliación, es imposible. E s mentira, es la gran estafa de la sociedad. La única manera en que se puede, y es horroroso lo que voy a decir, es teniendo dinero, consiguiendo ahorrar mucho. Yo tenía muy claro que si tenía un hijo iba a necesitar ayuda. Mis padres viven a 350 kilómetros de Madrid, son superjóvenes y tienen sus vidas. Mi suegra igual. No quiero depender del entorno familiar, porque además creo que la responsabilidad de los abuelos no es educar, sino ser abuelos. Si lo crían, o se pierden a parte de abuelo –cosa que creo que también es frustrante– o lo malcrían todo el día. No creía en esto.

Ahorramos mucho, desde que decidimos que a lo mejor teníamos hijos. En parte para poder estar tranquilos estos meses, pagando a alguien que nos ayudara. Yo tengo amigas para las que esto es un problema, no se lo han podido permitir, lo cuida la tía, el abuelo, la vecina… y también es bonito que te cuide la tribu si es tu elección o situación, pero no es mi caso. Y de eso se tendría que encargar el Estado de manera automática, como la subvención que te dan de 100 euros por ser madre trabajadora. Pregúntale a cualquiera qué hace con 100 euros al mes. No sé ni por dónde empezar.

Zahara, durante un momento de la entrevista.
Zahara, durante un momento de la entrevista. PATRICIA J. GARCINUÑO

También da la sensación de que conocemos a mil músicos hombres que se van de gira por medio mundo teniendo hijos y dejándolos aquí. No sé si siente que usted no podría hacer algo así.

No puedes hacerlo. Todavía recuerdo el día que Soraya, que es lejana a mí pero es música y mujer, se fue a tomar algo con su marido a la semana de tener al niño. La gente la puso a parir. Y pienso que quién eres tú para decirle lo que tiene que hacer. Pero, ¡es que encima decían que un niño tiene que estar con su madre! Si aun dijeran que con su padre y con su madre, pues bueno, es muy bebé. Claro que si le das el pecho hay una necesidad física, pero el niño debe ser de los dos.

Criminalizar a la mujer que intenta tener un tipo de vida como la que tendría su marido es un atraso e injusto. Parece que estamos a años luz de la Edad Media cuando quemaban por brujas a las mujeres independientes, y ahora no nos queman, pero nos siguen juzgando.

Zahara.
PATRICIA J. GARCINUÑO

¿Por qué ha decidido no mostrar ni la cara ni el nombre de tu hijo? ¿Es gestionable en el tiempo a su nivel de exposición pública?

Si alguien sube una foto sin consentimiento lo puedo denunciar, por ahí no me preocupa. Y lo que hagan otros padres me parece estupendo. Pero no quiero que mi hijo no tenga autoridad, teniendo en cuenta el alcance que tiene una foto mía, sobre su exposición pública. Igual con 8 ó 9 años me pregunta por qué no pongo fotos suyas, si es que me avergüenzo. Si se lo explico, y veo que entiende la trascendencia –y a la par, la irrelevancia, que tampoco es el fin del mundo–, y quiere…

Llevo siguiéndola mucho tiempo y le he leído decir en el pasado que no quería ser madre nunca o que no lo veía claro. ¿Lo veía incompatible con su profesión?

Era un no rotundo desde los 14 años. Y aquí estoy (risas). Nunca he querido tener hijos porque no me interesaba el mundo de la crianza. Me gustaban los niños, ser maestra. Igual que he conseguido ser el tipo de artista que quería ser, tenía claro que si era madre lo quería ser de una manera determinada para la que tendría que prepararme bien. Y creía que eso no era compatible con el tipo de vida que quería tener.

Y me daba mucha rabia cuando me decían que ya cambiaría de opinión. No es que haya cambiado de opinión. Me gusta mi bebé, pero sigue sin interesarme ese universo, ni de repente todos me parecen monos. Lo que cambió fue tener una persona a mi lado con la que me apetecía formar una familia. Para mí son conceptos distintos. Ahora me encanta haber hecho algo que no estaba en mis planes pero sigo de acuerdo con esa muchacha que hasta los 32 años no quería tener hijos.

¿Cómo lo va a introducir en su mundo, en la música? ¿Está haciéndolo ya, piensa en el futuro?

Ya me lo llevo cuando logísticamente puedo, por horarios, por cercanía y con ayuda y compañía. Ahora lo llevo a las pruebas de sonido ya y flipa con los cascos. Y me encanta imaginar tener 50 años y que mi niño venga a mis conciertos o escuchemos música juntos. Mi hijo me encanta desde que nació, pero la maternidad la disfruto desde que puedo ser madre y ser mujer, volver a ser Zahara. Puedo viajar, llevármelo a Nueva York, traerlo a un concierto o dejarlo en casa súper bien cuidado. Y ahora mi vida me encanta.

Pero hay un momento en el que es muy difícil que tus pensamientos negativos no se pongan por encima. La depresión postparto la sufre un porcentaje mucho mayor del que se cree, es muy normal y hormonal.

Eso que dice entronca directamente con la identidad personal de la que hablaba antes.

El primer día que me fui de bolo me sentía mal, y en el grupo de mamás en el que estoy me preguntaron “¿vas a volver feliz? Pues tu bebé va a estar feliz”. Es una máxima. Es muy importante estar bien cuando estás con él. Como nunca hablo de esto quiero transmitirlo a otras madres: no te sientas culpable por querer trabajar. Y si no quieres trabajar y te quieres quedar con tu hijo, es la mejor decisión. Igual que si quieres darle el pecho o no. Lo que decidas es lo mejor. No es lo que te diga tu tía, ni el vecino, ni la que te sigue por Instagram.

Zahara.
PATRICIA J. GARCINUÑO

Pedro Sánchez subirá impuestos, pero menos de lo que proponía hace tres meses en la oposición

24 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Está aún por ver cuánto de lo que se ha filtrado era globo sonda y cuánto decisión firme ya tomada, pero el anuncio de que el Gobierno de Pedro Sánchez prepara una subida de impuestos ha desatado una cierta polémica que puede convertirse en un vendaval en las próximas semanas.

No vamos a subir los impuestos “a la ciudadanía”, solo a la banca y a las empresas tecnológicas, ha dicho este lunes la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Cuando el Gobierno sube un impuesto a la banca, lo acaba pagando el cliente, replican en la oposición. La semana pasada, la ministra concretó algo más: a la banca, a las tecnológicas… y a todas las grandes corporaciones el Impuesto de Sociedades…

A primeros de abril, hace apenas tres meses, cuando el PSOE estaba en la oposición y nadie o casi nadie en el partido pensaba que llegaría al Gobierno en pocas semanas, Pedro Sánchez presentó en la sede central socialista sus Presupuestos Alternativos a los de Mariano Rajoy y el PP. Los socialistas abogaban en ellos por elevar la recaudación tributaria en unos 8.000 millones anuales para -decían- financiar un plan de inversiones y atender mejor el gasto social, y combatir así la desigualdad, que crecía en la sociedad española postcrisis como un mal irrefrenable.

Los mayores ingresos, según aquel plan elaborado por Manu Escudero, el secretario de Política Económica y Empleo del partido, saldrían de varias fuentes. De nuevos impuestos a la banca, entre ellos uno específico finalista destinado a mejorar las cuentas de la Seguridad Social que ya habían anunciado los socialistas en enero. De la llamada ‘fiscalidad verde’, aumentando los impuestos al gasóleo para acercarlos progresivamente a los de la gasolina. De eliminar deducciones, exenciones y bonificaciones a las grandes corporaciones, de modo que en el Impuesto de Sociedades pagaran un tipo efectivo del 15%, y no el 12% de media que actualmente pagan y que ha hecho que el conjunto de este impuesto recaude hoy unos 20.000 millones al año, cuando antes de la crisis aportaba 40.000 millones. Y, atención asalariados con altas retribuciones, de un incremento del IRPF a quienes ganen más de 120.000 euros al año.

Como en el Gobierno nadie hace exactamente lo mismo que prometió en la oposición, algunas de aquellas medidas parece que no están ahora en el plan del Gobierno Sánchez. Entre las que se han quedado en el camino, por lo que se deduce de las palabras de la ministra Montero, está lo del IRPF. Los asalariados muy bien pagados también son “ciudadanía”, luego de atenernos a la palabra de la titular de Hacienda no verán aumentada su carga fiscal. Y entre las medidas que no estaban entre las del PSOE de abril pasado y ahora sí estarán, la principal será el nuevo impuesto a las tecnológicas, un invento de última hora de Montoro del que Montero parece que se adueñará, quizás con algún matiz.

Ha dicho la ministra de Hacienda que pretende construir “una nueva fiscalidad del siglo XXI”. Salvo sorpresa y gorda de última hora, demasiada frase para tan escasos cambios. La reforma fiscal que necesita España –uno de los países europeos con menor presión fiscal respecto al PIB- debería ser mucho más ambiciosa, ahora que ya va bastante avanzado el siglo XXI. Aunque también es cierto que no se le puede pedir esa ambición a un Gobierno que acaba de llegar, que sólo tiene 84 escaños seguros en el Congreso y que afronta un mandato que durará, como mucho, dos años.

La que bien podríamos llamar “nueva fiscalidad para 2019 y como mucho 2020” es un parche de tamaño pequeño tirando a mediano que, si el PSOE logra pactarlo en el Congreso y sacarlo adelante, le dará al Gobierno entre 6.000 y 8.000 millones adicionales para, en 2019 –año electoral, no se olvide: con al menos urnas municipales, autonómicas y europeas-, atender necesidades productivas y sobre todo emergencias sociales. Un parche pequeño tirando a mediano que se resumiría en “no tocar a las clases medias” y en que paguen algo más los más ricos, pero con un importante matiz: los más ricos de entre los grandes consorcios corporativos; no las personas físicas más ricas o las grandes fortunas o los partícipes de las sicav. Es decir: aumentar la progresividad fiscal, pero sólo un poquito. Y si al siguiente mandato, y gracias entre otros factores a esos recursos adicionales con que contará el Gobierno, tiene el PSOE más fuerza en el Congreso, ya se verá si se afronta de verdad una nueva fiscalidad para el siglo XXI.

La progresividad fiscal, por cierto, es un principio que está en nuestro ordenamiento jurídico desde hace dos siglos largos. La Constitución de Cádiz de 1812, la Pepa, decía en su artículo 339: “Las contribuciones se repartirán entre todos los españoles con proporción a sus facultades, sin excepción ni privilegio alguno”, y “facultades” en aquellos tiempos remotos era sinónimo de dinero.  En el Diccionario de la Real Academia Española aún está recogida la palabra en ese sentido,  en la acepción 10. 

La Constitución vigente, en su artículo 31, dice: “Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad…”.

¿Insistiremos tanto en el asunto, en Cartas Magnas tan alejadas en el tiempo, porque eso de que los que más tienen más paguen sea solamente un sueño colectivo, apenas un aspiracional?

La izquierda se vuelve a mover… con realismo

23 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En México, Grecia, Portugal y España la izquierda avanza

Jean-Michel Bezat cree en Le Monde que Andrés Manuel López Obrador en México, Alexis Tsipras en Grecia, Antonio Costa en Portugal y también Pedro Sánchez y su entendimiento con Podemos en España están demostrando que la izquierda que ha optado por abandonar el esencialismo aún tiene recorrido. Para el columnista francés, la excepción más sangrante es justamente lo que ocurre en su país:

 Una izquierda en parte liberada de sus oropeles ideológicos se mueve todavía. Tras Lula en Brasil, Alexis Tsipras en Grecia y Antonio Costa en Portugal, Andrés Manuel López Obrador, elegido presidente de México con el 53 % de los votos, podría dar una nueva prueba de que vive. En un país con el 46 % de pobres su campaña se ha focalizado en la lucha contra las desigualdades, así como en la erradicación de las otras dos plagas mexicanas, la corrupción y la violencia. Pero tras la victoria ha echado agua en su tequila para tranquilizar a los ambientes empresariales de la decimoquinta potencia económica del mundo. “Los cambios serán profundos pero se harán respetando el orden jurídico establecido”, ha prometido. “No habrá confiscación ni expropiación de bienes”.

 En contextos distintos, algunos dirigentes europeos han sabido adecuarse a la dura realidad. Desde luego, el griego Tsipras. Elegido en 2015 para dirigir un país en quiebra con un programa radical, el líder de Syriza tuvo la lucidez -¿y la valentía?- de retirar sus promesas inviables para evitar la salida del euro. Comprendió que el Grexit sería ‘la ruina garantizada para los más modestos’. Atenas sigue bajo la vigilancia de Bruselas, pero ya no bajo su tutela financiera”

 Llegado al poder el mismo año en Lisboa, el socialista Antonio Costa ha levantado una economía devastada por la crisis de la deuda, tras tres años de austeridad humillante bajo la férula de los gestores de fondos. Ha pasado la página del rigor y ha rehecho las finanzas públicas, al tiempo que ha sostenido la actividad y el consumo. Lo ha hecho con sus difíciles aliados del Bloque de Izquierdas anti-austeridad y del Partido Comunista”.

 En Madrid, Pedro Sánchez, victorioso en junio, quiere construir ‘una nueva socialdemocracia contra el neoliberalismo’ lo que le proporciona una neutralidad todavía benevolente de los radicales de Podemos que querían una coalición con él”.

 El realismo económico y la valentía política tienen efectos en las urnas. Esas virtudes dan nueva legitimidad a la izquierda y deberían inspirar su refundación en Francia. Desde hace un año ese terreno está en barbecho. El Partido Socialista no tiene voz. Queda la Francia Insumisa, que se ha autoproclamado única fuerza de oposición de izquierdas a Macron. Pero hay una pregunta sobre ella: ¿ese maestro de la imprecación que es Jean-Luc Mélenchon aspira sinceramente al poder?”

 Esto respondió Tsipras en una entrevista a Le Point el 28 de junio: ‘Tengo la sensación de que no tenía verdaderamente deseos de gobernar. Me he dado cuenta de que no sabría bien qué hacer en caso de victoria. Cuando eres de izquierdas, tienes que prepararte para el poder con un programa a favor de los más débiles. Pero sabiendo que a veces tendrás que tomar decisiones difíciles. El resto es postureo revolucionario’ “.

Mélenchon le ha fulminado en Twitter: ‘Contrariamente a ti, Tsipras, nosotros queremos gobernar y no ser sometidos. No, no queremos gobernar como tú contra los jubilados, los funcionarios y la independencia del país’  “.

Francia empieza a dejar de creer en Macron

Le Monde también reseña el prestigioso sondeo que cada año elabora Sopra-Steria y que concluye que el pesimismo de los franceses que en buena medida cayó tras la victoria de Emmanuel Macron ha vuelto a recuperarse:

 La idea de que Francia es un país en declive, que antes compartían 4 de cada 5 franceses cayó el año pasado al 69%. Este año de estabiliza en el 70%. Asímismo, la idea de que ‘Francia es un país lleno de posibilidades’ (53%) ha vuelto a caer a su nivel de 2015 (44%)”.

“Por otra parte la confianza de los franceses en la mayor parte de sus instituciones políticas y económicas es débil. Se reforzó en 2017 y ha vuelto a caer a sus niveles anteriores. Sólo los alcaldes tienen un crédito sólido (68%). Por el contrario, la caída es clara en lo que respecta a la Unión Europea (36% de confianza, 5 puntos menos) y sobre las grandes empresas (40%, 4 puntos menos). La que se tiene en los diputados cae 7 puntos, hasta el 26% y es débil en lo que se refiere al presidente de la República: el 34%”

Por otra parte el 66 % de los encuestados (el 87% de los de derecha y el 97% de los de ultraderecha) opina que ‘hay demasiados extranjeros en Francia” y el 62 % considera que “los inmigrados no se esfuerzan por integrarse en Francia’, al tiempo que sólo el 42% opina que la religión musulmana es compatible con los valores de la sociedad francesa”.

Dinamarca es el país más xenófobo de Europa

Esto no puede terminar bien” titula el Guardian el artículo que dedica a las últimas medidas que el gobierno danés está a punto de adoptar para restringir aún más los derechos de los inmigrantes:

“Forzar a los inmigrantes a tener a sus hijos en guardería 25 horas a la semana desde la edad de un año; doblar automáticamente las condenas por delitos cometidos en los barrios de inmigrantes, ‘ghettos’; amenazar con graves multas o incluso sentencias de cárcel para quien no denuncie a los padres sospechosos de haber pegado a sus hijos; establecer cuotas en las escuelas infantiles para que no puedan tener más del 30% de alumnos procedentes de zonas de inmigrantes”.

Todas estas medidas serán introducidas por el gobierno danés en último espasmo de xenofobia que aflige a la política europea. Parece que el gobierno danés quisiera ir más allá que cualquier otro gobierno europeo en su intento de asimilar a los inmigrantes por la fuerza. El gobierno y buena parte de la prensa utilizan el término ‘ghetto’ sin ironía para referirse a las viviendas sociales en donde se agrupan los inmigrantes. Es una manera de hablar que refleja muy claramente cómo hoy los musulmanes en Europa son víctimas de actitudes que tiempo atrás habrían sido calificadas de antisemitas”.

La política danesa ha estado marcada por la xenofobia y a veces el racismo desde hace décadas. El Partido Popular Danés obtuvo el 20% de los votos en las últimas elecciones”.

Andalucía 1918: país de hambre y de incultura

22 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

En enero de 1918 se celebró la Asamblea de Ronda. En este año se conmemora su centenario y se resalta que en ella se aprobaron los símbolos políticos de Andalucía, su bandera y escudo. Su dimensión política  ha querido ser disminuida, como si otros cónclaves peninsulares contemporáneos  hubieran adquirido magnitud inasible. Un recuerdo institucional, por otra parte, tímido, que solo quiere quedarse en los símbolos, lo menos que se despacha. Pero creo que eso fue solo la guinda; es útil remarcarlo, claro, sobre todo para aquellos que piensan que los símbolos andaluces son la elucubración de un grupo de diseñadores modernos a sueldo, al socaire de las aspiraciones descentralizadoras de 1978. Y no.

Los asambleístas se reunieron en Ronda en unas condiciones internas y externas muy significativas. La Gran Guerra europea, la Revolución Rusa, con sus interpretaciones locales; por otra parte, la descomposición interna del régimen político español, la monarquía borbónica, y, cómo no, las hambrunas y las continuas guerras de Marruecos, una sangría para el pueblo al dictado de los intereses de las oligarquías norteñas españolas.

Los reunidos en Ronda sabían o creían que algo iba a pasar y, en todo caso, que algo debería de pasar. La situación de Andalucía era insostenible, la agitación se extendía, las condiciones económicas de la “a veces, decían, nación más civilizada” eran insoportables, “un país de hambre y de incultura”. Pretendían menear las conciencias, afirmar y dar visibilidad, como sujeto político, a una Andalucía que debía integrarse en igualdad en el concierto español. En una España que debía, no ya regenerarse, sino renovarse. Tiempos nuevos, ideas nuevas, hombres nuevos.

El centralismo denunciado se mostraba no sólo un sistema ineficaz sino, además, el vector separador de los pueblos de España, a los que enfrentaba, constantemente, como herramienta de perpetuación del propio centralismo. También entonces había conflicto catalán. La solución para los asambleístas, contra el vicio del centralismo separador, no era otra que acabar con el caciquismo y la oligarquía, soportes y consecuencias de la monarquía corrupta, en lo económico y en lo político. Para ello, los asambleístas, tributarios de los principios federales contenidos en el proyecto de Constitución federal de Antequera de 1883, proponían una federación ibérica, cimentada en los valores republicanos, progresistas, para construir una nueva España, solidaria, respetuosa con sus pueblos, igualitaria.

No es de extrañar que no haya mucho entusiasmo en resaltar lo defendido en Ronda. Por eso nos quedamos en los símbolos. Tras la terminación de aquel encuentro, tanto desde Sevilla como desde Granada, se pedía a los poderes centrales, con federación o sin ella, un estatuto integral de autonomía para Andalucía, por primera vez en su historia; a la Asamblea de Ronda siguió la de Córdoba. Construir desde los municipios, era la idea, otro orden territorial para España, otro reparto del poder, y permitir que Andalucía, por sí, pudiera salir de su atraso secular.

Ni más ni menos, esa es la actualidad del pensamiento de Ronda. Respeto, entendimiento entre los pueblos , federalismo, valores republicanos. Y sin perder de vista la justicia social, la educación, que a eso se referían los asambleístas cuando afirmaban la incultura de los andaluces.

En su programa, educación, siempre educación, para todos y por todas las comarcas andaluzas, reparto de la tierra, crédito públicos, aprovechamiento de los recursos naturales, repoblación forestal, agua, riqueza, trabajo, emprendimiento, comunicaciones, frenar la emigración forzosa. Y separación de poderes, y acabar con la corrupción judicial. ¡Cómo no os vamos a recordar!

Han pasado cien años, de ellos casi cuarenta con autogobierno. Hemos mejorado, pero los problemas y el diagnóstico siguen. Centralismo, dependencia, paro, hambre en los más desfavorecidos, educación insuficiente, caciques y oligarcas, los modernos corruptos de hoy, atentados constantes contra el medio ambiente, déficits en las comunicaciones, monocultivo productivo, nueva emigración. Las estadísticas de los problemas que ya señalaban los asambleístas de Ronda no son las mejores, ni en igualdad, ni en educación… Valgan de ejemplo Granada que lleva más de tres años sin tren; Algeciras, que sigue enclavada: siendo el mejor puerto del sur de Europa, solo unos tímidos 26 kilometros nos alumbran con el nuevo Gobierno central; Almería que sigue olvidada de su corredor, con una de las agriculturas más competitivas de la UE, y así podríamos seguir.

El recuerdo de Ronda no es solo el de banderas y escudos. Debería ser una llamada de atención a nuestras conciencias, de lo que nos queda por hacer, de que dependemos de nosotros mismos. Un llamamiento a los que entonces llamaban ya las clases neutras, para que confiemos en nosotros. No renunciar a la visibilidad y al protagonismo, no dejarse corroer por los vicios de siempre, que han pasado cien años.