Archive for the ‘política’ Category

Los primeros días en Barcelona de los rescatados por el Open Arms: “Vuelvo a ser yo”

16 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Acaban de cenar. Unas 40 personas rescatadas por el Open Arms se agrupan en la entrada de la residencia donde se alojan durante sus primeros días en Barcelona cuando una furgoneta de Cruz Roja aparca frente a ellos. De su interior aparecen tres caras conocidas. Son Ali, Hassan, Omar (nombres ficticios), tres de los cinco menores no acompañados que llegaron al puerto de Barcelona este miércoles. Todos aplauden y corren a abrazarse, se besan, preguntan con ternura si están aquí para quedarse. Los adolescentes se habían ido de su centro porque, dicen, ellos “no son niños”. Querían ver a sus amigos.

Los mismos amigos con los que compartieron siete horas de miedo e incertidumbre en una balsa neumática en plena noche. Aquellos con los que se escondieron e intentaron escapar de lo que creían que era una patrullera libia y acabó siendo un barco de rescate, su salvación. Los tres adolescentes dejaron atrás el centro de menores para reencontrarse con sus compañeros, en los que se apoyaron durante los cinco intensos días de viaje a España a bordo del Open Arms. Quieren estar juntos pero, de momento, no es posible.

El personal del centro les explica las razones por las que están obligados a trasladarlos de nuevo al centro especializado. La normativa española concede la competencia de la acogida de menores no acompañados a las comunidades autónomas por lo que la Generalitat es la encargada de su tutela y deben ser acogidas en recursos especializados para la infancia. Ali insiste, como lo hacía en el barco de rescate, con su característica rebeldía propia de sus 17 años de edad: “Yo soy un hombre, no soy un niño”.

Uno de los rescatados palestinos hace desde Barcelona una videollamada con su padre, que vive en Gaza
Uno de los rescatados en el Open Arms, ya en Barcelona

Los tres menores fueron trasladados de nuevo al centro que les corresponde. “Yo no voy a quedarme en ese centro sin mis amigos. Si me llevan, voy a regresar”, advertía el adolescente pocas horas antes de ser devuelto al alojamiento especializado en infancia. Sus compañeros mayores de edad trataron de convencer a los vigilantes del centro, pero pronto comprendieron sus explicaciones. Se despidieron de ellos.

Durante sus primeros tres días en Barcelona, los hombres mayores de edad que no viajaron junto a su familia han sido alojados de forma temporal en la residencia para deportistas Blume de Esplugues de Llobregat (Barcelona). Es el momento de recuperar fuerzas, asimilar la traumática experiencia vivida y asentar su llegada al Estado español. Su exaltación de la felicidad por sentirse a salvo, en un lugar tranquilo, junto a sus compañeros de viaje, se entremezcla con la ansiedad despertada ante el pasado y el futuro: las imágenes de las torturas sufridas en Libia, que permanecen ancladas en sus recuerdos, se suman a la incertidumbre del “ahora qué”. Tienen un mes, prorrogable a 45 días, para recibir asesoría jurídica, solicitar protección o decidir un nuevo camino.

Honoré desprende la misma felicidad que transmitía en el Open Arms. Ahora, nos cuenta, después de descansar dos días, hablar con su familia, ducharse y obtener ropa nueva, empieza a reconocerse tras los duros años de supervivencia en Libia. “Vuelvo a ser yo. Este soy yo”, dice el camerunés cerrando los ojos y suspirando frente a la puerta de su residencia, poco antes de pedir que le hagan una fotografía. “Quiero mandársela a mi madre. Cuando me vea así, va a llorar de alegría”, añade el hombre, con su nueva camiseta sin mangas. Hoy se siente como era antes de emprender su viaje Europa. Es uno de esos días en los que uno se siente más guapo, confiesa entre risas, y también más fuerte: “He vuelto”.

Esa alegría despertada en Barcelona se entrelaza con momentos de inquietud. “Tenemos solo 30 días y no quiero perder la oportunidad. Yo quiero quedarme en España”, confiesa Honore, ansioso por saber cuándo podrá hablar con los abogados para conocer cuál es el siguiente paso a seguir para intentar permanecer en Barcelona más allá del permiso temporal de un mes concedido por el Gobienro español.

Después del primer contacto con los letrados que participaron en el dispositivo de recibimiento de las 60 personas rescatadas por el Open Arms, los recién llegados a Barcelona no han podido reunirse con los abogados que les asistirán durante el proceso de regularizarización de su situación en España. Según ha podido saber este medio, la visita del personal jurídico está programada para principios de la semana que viene.

Mientras, aunque Cruz Roja trata de recordarles que tendrán el tiempo suficiente para asesorarse y solicitar asilo si así lo requieren, algunas de las personas rescatadas no pueden evitar la ansiedad. Ahmed (nombre ficticio), un joven egipcio, muestra con un visible nerviosismo un reportaje de Al Jazeera sobre su llegada a Barcelona.

“Dice que los árabes tendremos menos oportunidades para quedarnos”, señala mientras otros de sus compañeros observan el vídeo en su móvil. “¿Nos van a encerrar en el calabozo y deportarnos a Egipto cuando pasen los 30 días?”, preguntaban nerviosos este jueves. A medida que pasan los días y se les explica que todos tendrán la opción durante este periodo de pedir asilo y preguntar sus dudas, los recién llegados se muestran un poco más calmados acerca de su futuro en España.

El ruido de su paso por Libia también resuena en su nueva vida en Barcelona. Durante estos primeros días, las personas alojadas en la residencia deportiva cuya situación médica era más delicada han recibido la primera atención sanitaria. Este viernes, uno de ellos (cuyo nombre no desvelaremos para mantener su intimidad) ha sido trasladado al hospital para recibir asistencia psicosocial. Para recomponer los destrozos de años de abusos y cautiverios en el país de tránsito al que la Unión Europea defiende devolver a quienes intenten llegar a Italia a través del Mediterráneo.

Nervioso, ya en la ambulancia, el hombre preguntaba al personal de Cruz Roja si alguno de sus amigos podría acompañarle. Esperaba atento a su fiel compañero de viaje, aquel con el que solía pasar las horas de espera en el Open Arms, junto al que tantas veces había llorado mientras relataba su historia. Quería ir con él y buscaba la aprobación de la organización. “Sí, puedes”, le avisan. El joven corre junto a su amigo y se introduce en la ambulancia. Ahora tiene un poco menos de miedo.

Se iba más contento y tranquilo. Minutos antes de despedirse, pudo abrazar y charlar a sus rescatadores. Una parte de la tripulación del Open Arms visitó este jueves la residencia donde se aloja la mayoría de las 60 personas que encontraron en una barca en peligro frente a la costa libia. Al verles, los rescatados aplaudieron, se levantaron, corrieron a abrazarles. “¡Hermanos! Gracias, gracias”, repetían una y otra vez. “¡Bangla-team!”, gritó un joven de Bangladesh antes de abalanzarse sobre Luis, uno de los voluntarios, con el que pasaba horas de bromas en alta mar.

David, quien localizó con sus prismáticos la barca en la que viajaban, trataba de tranquilizar a quienes preguntaban si podrían quedarse en España. Marco, el capitán, bromeaba con algunos de los rescatados. Miquelle, el oficial, escuchaba a Honoré, uno de los rescatados con los que más tiempo ha compartido durante los cinco días de trayecto hasta Barcelona. Ahora, más relajados, contentos, duchados y en tierra firme.

Para despedirse, no podían entonar otra canción. Volvía a sonar la música con la que rescatados y tripulación festejaban en alta mar su proximidad a Barcelona. La rebeldía de desobedecer a quienes insisten en obstaculizar el rescate de vidas en peligro se transformaba en esta melodía durante sus días de frustración e impotencia. La órdenes y el contexto apuntaban a que estas sesenta personas deberían haber sido devueltas al “infierno” de Libia o ahogadas en el Mediterráneo.

Hoy, ya en Barcelona, celebran la vida al ritmo de ‘Bella Ciao’.

Anuncios

El Gobierno de Trump lleva ante el juez a niños migrantes que ni siquiera saben lo que es un abogado

13 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

“¿Sabes lo que es un abogado?”. “No sé”. “¿Tienes abogado?”. “No”. Estas son las dos preguntas con las que el juez de inmigración William Snouffer comienza las vistas cuando tiene delante a un niño migrante. Las negativas son las dos respuestas que dan un niño y una niña de menos de cinco años que miran al juez con incredulidad y miedo, como si esperasen que en cualquier momento apareciera el típico lobo de los espectáculos de marionetas.

Aunque no es una práctica nueva y todavía no hay datos oficiales, las ONG alertan de que con el Gobierno de Donald Trump se multiplicará el número de menores migrantes que se presenta solo ante un juez y que es incapaz de explicar qué hace allí o por qué tuvo que huir de su país junto a su familia. Al parecer, al comienzo de estos procesos de deportación, muchas veces los niños todavía no cuentan con un abogado para que les represente. La situación, en ocasiones, llega a ser ridícula dicen los defensores de derechos humanos.

NowThis

@nowthisnews

The Trump administration is forcing children as young as toddlers to represent themselves in immigration courts

Sentado ante el juez en pleno proceso legal para su deportación, el inmigrante que debería estar explicando por qué cruzó la frontera de forma ilegal y por qué merece quedarse, se levanta de su silla y se sube a la mesa. Algo propio de los niños de tres años como él. Absurdo, pero real.

Este pequeño es uno de los muchos menores no acompañados que se enfrentan solos al proceso de deportación. Muchos, además, sin representación legal de ningún tipo. “Esta situación resalta lo absurdo de lo que estamos haciendo con estos niños”, señala Lindsay Toczylowski, directora ejecutiva del Immigrant Defenders Law.

Barry O, de Guatemala, tenía 17 años cuando le tocó su turno. “Cuando llegué a Nueva York, me dijeron que tenía que acudir al juzgado de inmigración y ver a un juez. Alguien me dijo que tenía que ver a un abogado, pero no podía permitírmelo. Estaba muy nervioso, pero sabía que aquel día tenía que ir al tribunal”, recuerda. “Recuerdo lo nervioso que estaba en la primera sesión. Nunca había hecho nada malo y nunca había estado ante un juez”, añade.

Algunas ONGs como Safe Passage se encargan de asistir legalmente a niños como Barry O y, en su caso, le ayudaron a conseguir la tarjeta verde. “Además de ganar mi caso en el juzgado, Safe Passage ayudó a mi tío a convertirse en mi tutor legal y también me ayudaron a conseguir el permiso legal de residencia permanente”.

Según la organización  TRAC Immigration que estudia las migraciones en EEUU, en 2014, tan solo el 32% de los niños no acompañados contaron con representación legal de los 63.721 casos que pasaron por la justicia. Según las investigaciones anteriores realizadas por TRAC, que el menor tenga o no un abogado es esencial para lograr permanecer en EEUU.

Entre 2012 y 2014, cuando los menores contaron con un abogado, los jueces permitieron la permanencia en EEUU a tres de cada cuatro menores (casi el 75%). Cuando no hubo letrado, el porcentaje disminuyó hasta el 15%.

Con la política de “tolerancia cero” de Donald Trump, EEUU ha separado de sus padres a 2.575 menores de edad. Aunque la justicia ordenó a finales de junio reunificar en un plazo máximo de 30 días a estos niños con sus familias, la mano dura del presidente ha aumentado las posibilidades de que los menores se tengan que sentar solos ante un juez.

“Mientras estamos hablando, nuestro Gobierno está separando por la fuerza a los niños migrantes de sus familias”, denuncia desde su página oficial Safe Passage Project. “Estos niños ya han sufrido mucho, escapando de la violencia y las revueltas en sus países de origen, y haciendo el peligroso viaje a EEUU. Después de todo esto, estos niños están siendo reasentados por todo el país y ubicados en procesos de deportación, sin que se les proporciones un abogado por parte del Tribunal. Esto es una atrocidad y una violación de los derechos humanos, y debemos contraatacar”, concluyen.

Por qué la izquierda se cree moralmente superior

11 julio, 2018

Fuente: http://www.vice.com

Entrevistamos a Ignacio Sánchez- Cuenca, autor de “La superioridad moral de la izquierda”.

Ana Iris Simón

Iñigo Errejón, Alberto Garzón y Pablo Iglesias en el Congreso. Andrea Comas/Reuters

Andaba el filósofo y sociólogo Ignacio Sánchez-Cuenca leyendo el ABC cuando se topó con la oración: “la superioridad moral de la izquierda”. No era la primera vez, ni seguramente ha sido la última, que encontraba que esta asociación de términos (superioridad y moral) aparentemente positiva era usada como arma arrojadiza, como burla hacia la izquierda. Como instrumento para poner de relevancia su carencia de otros atributos, como la superioridad intelectual o la eficacia admnistrativa de las que hacen alarde las ideologías de derechas.

El caso es que decidió darle la vuelta desarrollando una teoría que llevaba tiempo rondándole la cabeza: las ideas de izquierdas son, en efecto, moralmente superiores a las de derechas. Pero eso no es algo de lo que avergonzarse.

El resultado de sus reflexiones es La superioridad moral de la izquierda, un ensayo publicado en la Colección Contextos de Lengua de Trapo y prologado por Íñigo Errejón. En él, el sociólogo y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III analiza por qué si la izquierda contempla las ideas más bellas sobre la justicia social y la igualdad acumula tantas derrotas.

Sostiene, además, que precisamente de esa superioridad moral emanaría una de las grandes lacras de las ideologías izquierdistas, su interminable división. A través de estas ideas analiza la crisis de la socialdemocracia y el papel de los partidos de izquierdas en ella y yo aproveché para preguntarle por algunos de sus planteamientos.

superioridad moral de la izquierda ignacio sanchez-cuenca
Portada de ‘La superioridad moral de la izquierda’

VICE: Aunque en tu ensayo aclaras que una cosa es la superioridad moral de las ideas y otra bien distinta las personas que las adoptan, ¿cómo nos posiciona esto ante el mundo? ¿Si uno es de derechas tiene más posibilidades de ser un cretino?
Ignacio Sánchez- Cuenca: No. Los cretinos están distribuidos de forma bastante igualitaria en todas las ideologías políticas. Sí creo, con todo, que, al menos en la teoría, las personas de izquierdas tienden a ser más abiertas intelectualmente y, sobre todo, más empáticas con los desfavorecidos.

Pero una cosa son las personas y otras las ideas. Las ideas se pueden valorar y ordenar en función de los principios morales que encarnan. El juicio sobre las personas es mucho más complejo, depende de muchos factores. Por ejemplo, desde un punto de vista moral, ¿qué comportamiento es más admirable, el de un obrero que defiende sus intereses votando a la izquierda y participando en el sindicato o el de un burgués que, en contra de sus intereses materiales, opta por un ideal de justicia social? Yo no me meto en este tipo de análisis en el libro.

¿Por qué si las ideas de izquierdas son moralmente superiores y no todo el mundo es de izquierdas, no todo el mundo las abraza como algo natural? 
Bueno, yo espero que lo acaben haciendo tras leer el libro… Bromas aparte, hay muchas formas de moralidad, a veces incluso se pueden considerar inconmensurables. Aun siendo consciente de mi perspectiva parcial, he intentado mostrar que el ideal de una sociedad igualitaria en el que todo el mundo tenga la posibilidad de autorrealizarse es imbatible desde un punto de vista filosófico. Otra cosa es que mucha gente en la derecha piense que ese ideal es inalcanzable, que no vale la pena luchar por él porque puede traer más desgracias que otra cosa.

“La izquierda tiene una noción de libertad más potente, pero más difícil de transmitir: la libertad como autorealización y autogobierno de la persona, como capacidad de actuar autónomamente”

El faro de la izquierda es la justicia social, la construcción de una sociedad igualitaria, un concepto imbatible, como dices, desde el punto de vista filosófico. Pero, ¿cuál es la razón de ser última de las ideas de derechas? 
La derecha es una ideología compleja y rica. En su versión más conservadora, el valor rector es el orden, la jerarquía y los valores tradicionales (familiares, sociales, etc.). En su versión más liberal, el valor supremo es la libertad entendida como reducto inalienable del individuo.

Sin embargo, en el ensayo sostienes que la libertad es igualmente valorada y tiene el mismo peso en la derecha que en la izquierda, aunque la derecha liberal la haya convertido en su patrimonio. ¿Viene la libertad a llenar ese vacío de sentido de la ideología de derechas, es más cómodo decir que uno está por la libertad que por el orden social establecido? 
El concepto liberal de la libertad es simple y convincente: una persona es libre si nadie le impide llevar a cabo sus planes. Cuando el Estado interfiere, mediante impuestos y regulaciones varias, la libertad se ve menoscabada. La libertad así entendida es, como dices, muy cómoda, pues nos exime de entrar en consideraciones sesudas sobre la justicia social en la medida en que la realización de dicha justicia pueda suponer una traba a dicha libertad.

La izquierda tiene una noción de libertad más potente, pero más difícil de transmitir: la libertad como autorrealización y autogobierno de la persona, como capacidad de actuar autónomamente. En tiempos recientes, ha tenido fortuna en la izquierda la concepción republicana de libertad, según la cual alguien es libre cuando está libre de cualquier forma de dominación (económica, ideológica, social…).

 

Hablas de la empatía como uno de los factores diferenciales entre la ideología de izquierdas y la de derechas. De ella emanaría la solidaridad. ¿Es la caridad la solidaridad de la derecha, sobre todo de la derecha católica, que es la tradicional en nuestro país? ¿Por qué crees que ocurre esto?
Esta pregunta es muy interesante. La derecha católica (lo que siempre se ha conocido como democracia cristiana) tiene una actitud compasiva hacia aquellos que sufren injusticia y privaciones. Por eso la democracia cristiana siempre ha estado a favor de la protección de las familias y de los esquemas de seguridad (seguro de desempleo, pensiones…). Sin embargo, la derecha católica, aun reconociendo injusticias, no se plantea eliminarlas radicalmente, sino que más bien piensa en paliar sus efectos, pues atribuye una gran importancia al orden y la estabilidad y eso la paraliza a la hora de pensar en reformas más profundas.

Siguiendo con la Iglesia católica, afirmas que “los valores de la izquierda son moralmente insuperables”. ¿Qué crees que diría alguien católico sobre ello? ¿Los católicos de verdad militan o deberían militar en la izquierda?
En el catolicismo, por supuesto, ha habido ramas o corrientes que han sentido una afinidad con ideas de izquierda y con la utopía de un comunismo primitivo, que no deja de ser una sociedad igualitaria. Piénsese, por ejemplo, en la teología de la liberación en Latinoamérica, o, en menor escala, a los católicos que militaban en el PCE en los años de la transición o en CC. OO. en los tiempos de Franco. Ahora bien, también hay un catolicismo que consagra el statu quo y no quiere oír hablar de justicia social más allá de actos de caridad y sacrificio personal. En este caso, aunque pueda haber motivaciones morales similares, lo que caracteriza al catolicismo es que no saca las consecuencias políticas de ello.

“El profesional de izquierdas, aun sabiendo que puede acabar pagando más impuestos por sus ingresos y riqueza, considera que la igualdad y la justicia son más importantes que sus propios intereses materiales”

Afirmas que la ideología que uno tiene tiene más que ver con su moral que con sus circunstancias materiales o con su genética. ¿Eso explicaría lo del obrero de derechas? 
Sí, explicaría tanto la figura del obrero de derechas como el profesional de izquierdas. El obrero de derechas considera que el intento de realizar la justicia social es ineficiente o incluso contraproducente (hace que los demás no se esfuercen tanto como él lo ha hecho durante su vida). El profesional de izquierdas, aun sabiendo que puede acabar pagando más impuestos por sus ingresos y riqueza, considera que la igualdad y la justicia son más importantes que sus propios intereses materiales.

¿La superioridad moral de la izquierda le resta eficacia? Es decir, ¿el idealismo de sus presupuestos hace que se centre en imaginar futuros en lugar de en tratar de mejorar el presente? 
La izquierda cree en una política de la trascendencia, de la superación del orden social existente, que considera injusto. Aspira a cambiar la sociedad, ya sea mediante la revolución, ya sea mediante una acumulación de reformas. Eso le confiere una fuerte carga idealista. Si, además, hay una conciencia de superioridad moral del proyecto defendido, las cosas se complican, pues es típico del izquierdista impaciente e impetuoso considerar que todos los obstáculos que se interponen en la realización de su esquema de justicia deben ser superados sin reparar en los medios para ello. Por tanto, yo no diría que le resta eficacia, sino que da pie a la adopción de posiciones sectarias o fanáticas.

Le dedicas el último capítulo del ensayo a la socialdemocracia. ¿Saldrá de esta o está en las últimas? 
La socialdemocracia está en el momento más bajo de la historia. A partir del cambio de siglo la bajada se acelera y desde la crisis económica puede decirse que está en caída libre. En momentos de zozobra y miedo para grandes capas de la población, la socialdemocracia ha de abandonar su discurso tecnocrático (justificando las políticas igualitarias porque mejoran la productividad, por ejemplo) y llenarlo con palabras que apelen de forma directa a valores y principios, denunciando las injusticias del presente. Con todo, es demasiado pronto para saber si la socialdemocracia se recuperará o entrará en una decadencia irreversible. Desde luego, es el eslabón más débil en la cadena de cambios que se están produciendo en los sistemas de partidos de los países desarrollados.

Tensión en Zarzuela: revelan la peor cara de Felipe VI con un artículo que destroza su imagen

10 julio, 2018

Fuente: http://www.ecorepublicano.es

Felipe VI
Carlos Hernández, columnista de eldiario.es ha escrito un demoledor retrato de Felipe VI a raíz de la vergonzante decisión de otorgar el título de duquesa de Franco a Carmen Martínez-Bordiú en pleno 2018. El cronista lamenta haber pecado de ingenuo y tenía la esperanza de que el monarca impidiera la renovación de un ducado de este tipo en un ataque de sentido común. Según el periodista, lo tenía muy fácil, “haber anulado el Ducado le habría valido el aplauso entusiasta de más de media España, la comprensión o al menos la indiferencia de la mayor parte del resto y el rechazo de una minoría muy minoritaria de ultraderechistas. Un coste despreciable para un acto lógico y justo que le habría reportado un importante rédito, a nivel de prestigio”.

Los acusa de estar obsesionados con la imagen y de tratar de súbdito al pueblo

El periodista prosigue admitiendo: “cuidan su imagen con los mismos patrones que lo hacían sus antepasados durante los siglos pasados. A Felipe y a Letizia lo que más les preocupa es salir elegantes en el ‘¡Hola!’ y que sus niñas parezcan adorables en el Sálvame de turno”. El sangrante retrato que hace el cronista circula en torno a la idea que tienen Felipe y Letizia de sus “súbditos”, “una España que sigue siendo la de aquel pueblo aborregado que enloquecía cuando los señoritos se dignaban en saludarles desde su coche de caballos; aquel país en el que la plebe no sabía cómo agradecer la mísera limosna que recibían de los mismos que les freían a impuestos para vivir a cuerpo de rey… y nunca mejor dicho”.
Según el artículo, el rey desprecia a medio país donde él reina. “Ya enseñó la patita después del 1 de octubre, ya hizo su apuesta con la mano ‘derecha’, ninguneó la palabra y sólo habló a los que cantaban ‘¡a por ellos!’ en concentraciones ultras y en furgones policiales”. Felipe como ídolo carpetero para groupies fascistas de extrema derecha. Felipe como garante de la tarea previa que hicieron su bisabuelo Alfonso XIII tolerando el golpe de estado de Primo de Rivera, de su abuelo Juan presentándose voluntario para combatir con falangistas y nazis alemanes o de su padre Juan Carlosal aceptar la designación a dedo del asesino dictador.
Califica al Jefe de Estado de “espermatozoide que hace enjuagues para conservar el trono”
Felipe VI ha tomado partido una vez más por una mitad de España. “La que ha tragado durante los últimos 40 años con el gasto tan absurdo que suponía sufragar los caros caprichos de una familia real, ha mirado para otro lado ante la dejación de funciones y los líos de faldas que protagonizaba el ahora rey emérito o no ha querido profundizar en las informaciones incompletas sobre comisiones y amistades poco edificantes…”. Y reduce la persona del Borbón al hecho de que “un óvulo permitió ser fecundado en tiempo y forma por un microscópico espermatozoide. Nos lo pueden envolver con todas las cintas reales que quieran, pero la realidad es así de mundana”. Un espermatozoide que cuando ha crecido, se limita a “hacer enjuagues y más enjuagues con militares y fascistas para conservar el trono”.
Fuente: elNacional.Cat

La venganza y la política de alejamiento de presos

2 julio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Mucho y -creo que- muy mal se ha hablado sobre la política de “dispersión de presos” en relación con las personas condenadas por la comisión de delitos de terrorismo, concretamente relacionadas con ETA.

Para ser rigurosos, esta denominación no solo no refleja la situación jurídica de los afectados por tal medida política, sino que simplifica las consecuencias de lo que ello significa desde el punto de vista humano. En efecto, no se trata tanto de “dispersión” cuanto de “alejamiento” de los presos con respecto a su lugar de residencia social o familiar.

Esta medida fue implantada hace 24 años por el entonces ministro de Justicia, Enrique Múgica, militante histórico del PSOE. Desde entonces, los dos partidos políticos que han gobernado en España han aplicado con rigor tal medida, con excepción del periodo entre 1996 y 1998 en que el Gobierno de José María Aznar decidió el acercamiento al País Vasco de 135 presos, como gesto en un marco de negociación nunca confesado. Recibió el apoyo unánime de todas las fuerzas representadas en el Parlamento.

Frente a quienes opinan que no hay ningún derecho reconocido a cumplir la pena de prisión cerca del domicilio familiar o de su provincia, pueden oponerse multitud de argumentos jurídicos; todos ellos reconocidísimos en nuestro ordenamiento jurídico.

Para empezar, el artículo 25.2 de la Constitución española establece la finalidad de las penas de prisión: la reeducación y la reinserción social. En el mismo sentido viene a redactarse el art. 1 de la Ley Orgánica 1/1979 General Penitenciaria (LOGP); una de las leyes más progresistas de nuestro ordenamiento jurídico. Por tanto, si bien el sentido retributivo de la pena (el castigo) es inherente a la condena penal, el criterio reinsertador rige como principio orientador y ha de presidir todo cumplimiento de la pena privativa de libertad. Ello significa que las condiciones de cumplimiento de la pena de prisión han de regirse por el respeto al principio de dignidad de la persona, sin que esta deba ser castigada más allá del contenido impuesto por el juez en sentencia.

A tal efecto, un pilar básico inicial de la reinserción de los presos lo constituye el derecho a las comunicaciones (art. 51 de la LOGP), que en sentido lato abarca las realizadas con los familiares, allegados, abogados y otros profesionales. En un régimen de privación de libertad es esencial que la persona presa no pierda un contacto mínimo con su entorno social, a fin de no ver frustradas sus expectativas de reinserción. De ahí que el derecho a las comunicaciones presida esencialmente la vida de las personas privadas de libertad y que, en consecuencia, el derecho a la reinserción social vaya íntimamente ligado a aquel derecho.

En segundo término, el artículo 12.1 de la LOGP establece, además, que “la ubicación de los establecimientos será fijada por la Administración penitenciaria dentro de las áreas territoriales que se designen. En todo caso, se procurará que cada una cuente con el número suficiente de aquéllos para satisfacer las necesidades penitenciarias y evitar el desarraigo social de los penados”. Este precepto estaba pensado para conjugar las “necesidades penitenciarias” con la evitación del desarraigo social de los reclusos. Es decir, suponía un intento de conjugar ambas necesidades; por un lado, el acercamiento de los penados a su lugar de residencia y, por otro, las exigencias de la Administración de variada índole (geográficas, aliviar la superpoblación de determinadas cárceles muy demandadas por los presos, adaptación del centro al grado penitenciario del recluso, etc.).

Llegados a este punto, ¿es jurídicamente admisible una determinada política de alejamiento -que no “dispersión”-  dirigida de forma generalizada a un grupo no pequeño de presos, como son los relacionados con la banda terrorista ETA? ¿Se satisface, con el alejamiento de los presos, el derecho a comunicarse con sus familiares, allegados y abogados? ¿Es compatible esta medida con la reinserción social constitucionalmente establecida?

Para empezar nótese que la ley establece un número mínimo de comunicaciones y visitas mensuales de familiares, lo cual implica la necesidad de prever un marco de contactos con el exterior, sin el cual la persona presa no sería tratada con la dignidad predicada en la Constitución y en la legislación penitenciaria. Sin embargo, cuando el derecho a las comunicaciones se ve seriamente limitado por el solo hecho de que los familiares y allegados no pueden visitar regularmente al penado, debido a la larga distancia que han de recorrer y el tiempo que les lleva en ello, ¿no quedaría afectado seriamente ese mandato constitucional básico que es la reinserción social?

El Estado no debería amparar ansias de venganza individual al margen del imperio de la ley

Bajo el prisma político ha habido muchos apoyos a la política de alejamiento de presos de ETA. Del mismo modo que también los hubo -y muy importantes- cuando en tiempos del primer Gobierno de Aznar y en el marco de una negociación nunca declarada se acercó a un número significativo de presos al País Vasco y se concedieron terceros grados. Sin embargo, con independencia de los muchos o pocos apoyos recibidos, la medida de alejamiento de presos es absolutamente ilegal por su inconstitucionalidad.

Sus creadores la han justificado en los resultados habidos. Suele decirse que “a más presión, mayor desvinculación de los presos con la banda terrorista ETA, mayor debilitación de esta y mejores resultados para que deje de matar”. Como política criminal podría no estar mal, pero resulta a todas luces inconstitucional e ilegal.

El caso es que, una vez ha llegado el momento del cese efectivo de la actividad criminal de ETA, no se entiende desde ningún ángulo -ni el político, ni mucho menos el jurídico- que se mantengan estas condiciones de cumplimiento de penas de prisión en el Estado español.

Hace tiempo que el ciudadano delegó en el Estado el ejercicio de la fuerza, a fin de renunciar al caos y a la venganza particular. Sin embargo, el monopolio estatal de la fuerza -legitimado por la soberanía popular- no debiera recoger ansias de venganzas individuales, por muy legítimas que estas pudieran llegar a ser en el estricto ámbito personal.

En conclusión, el sistema no debe amparar actuaciones “reparadoras” de las víctimas extramuros del imperio de la ley, por cuanto crear un espacio destinado a la venganza sólo demostraría su propia debilidad y el menosprecio hacia el ciudadano como miembro de una comunidad político-jurídica llamada Estado.

La pobreza infantil que al PP le hizo tanta gracia

30 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Si es cierto que la política está hecha de símbolos, el que se produjo el 21 de octubre de 2014 en el Congreso de los Diputados es inmejorable. El recién elegido Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, defendía ante el pleno su primera alternativa a los Presupuestos Generales del Estado. En un momento dado, el líder de la oposición se detiene en una propuesta relacionada con la crisis de la pobreza infantil y en la bancada de los populares se produce lo impensable: una sucesión de risas y abucheos que le interrumpen y le obligan a repetir varias veces sus palabras.

De algún modo, Pedro Sánchez se conjuró en aquel momento a cumplir una obligación que se materializó esta semana con el anuncio de un Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil, dependiente de la propia Presidencia del Gobierno. Con esta medida, su ejecutivo da el primer paso imprescindible en la resolución de una crisis, que es reconocer su existencia. Algo que el PP nunca llegó a hacer de manera abierta.

Por supuesto que debemos esperar a conocer el mandato y los recursos de esta oficina; también el nombre de quien la dirija, que debe ser un experto o experta de reconocido prestigio y con la única atadura ideológica o institucional de la causa de los niños. Pero el primer paso está dado y solo un miserable o un inconsciente puede ignorar su importancia.

Porque la realidad que describió Sánchez en 2014 no ha cambiado demasiado, desgraciadamente. De acuerdo con las estimaciones oficiales más recientes (pueden consultarlas en este pedagógico espacio de Save the Children), el 30% de los niños de nuestro país vive en situación de pobreza relativa (hogares con ingresos por debajo del 60% de la renta mediana). Esta cifra no solo está siete puntos por encima de la media del conjunto de la población, sino que no ha cambiado prácticamente desde 2011 y es la segunda más alta de la UE. Esconde una realidad triste y profundamente injusta en la que cerca de dos millones y medio de niños carecen de los recursos y oportunidades básicas para su desarrollo en dignidad, lo que supone una hipoteca cierta para su futuro. La pobreza de ingreso y los diferentes indicadores de vulnerabilidad social castigan de manera particular a las familias monoparentales, pero hay otros grupos especialmente vulnerables como las comunidades inmigrantes.

El de la pobreza infantil fue el primero de los grandes proyectos de investigación y periodismo que desarrollamos desde la Fundación porCausa. Y recuerdo el impacto que me produjo descubrir hasta qué punto este problema era una consecuencia del fracaso de las políticas públicas. Como explicamos en su momento, nuestro sistema es altamente incompetente cuando se trata de reducir la miseria de los niños (la eficacia de las prestaciones sociales contra la pobreza infantil es casi la mitad que en el caso de hogares sin hijos). Peor aún, la inequidad de las transferencias llegaba incluso a incrementar el riesgo de exclusión de los niños más pobres, lo cual convertía el fracaso en sarcasmo.

Pero lo contrario también puede ser cierto: el sistema (semi)universal y protector de las pensiones demuestra que las políticas públicas pueden actuar como colchón eficaz contra el riesgo de pobreza, que es lo que ocurrió en España durante los primeros años de la crisis (en concreto, hasta que los pensionistas tuvieron que hacerse cargo del resto de la familia).

Por eso resulta abracadabrante el dilema que se plantea en ocasiones entre la pobreza de los niños y la de los mayores, como si se tratase de elegir a quién se deja caer. Aunque el entramado de presupuestos y políticas que afectan a los niños sea considerablemente más complejo que el de los mayores (UNICEF ha hecho un espléndido trabajo para mostrarlo), de lo que se trata es de dotar a la causa de los primeros de la misma tracción política que tiene la de los segundos. Y si a eso puede ayudar el nuevo comisionado, aleluya.

Todo por la pasta

27 junio, 2018

Fuente: http://www.infolibre.es

El gran Wyoming

Publicada 30/05/2017 a las 06:00Actualizada 29/05/2017 a las 20:23  
La aprobación de los Presupuestos de este año es una metáfora de lo que nos deparan estos tiempos.

Del mismo modo que Aznar tuvo que ponerse de rodillas con los pantalones bajados delante de Jordi Pujol al día siguiente de que sus huestes gritaran bajo el balcón de Génova lo de “Pujol, enano, habla castellano”, para conseguir eso que los grandes estadistas llaman “gobernabilidad”, y que consiste en juntar una amalgama de intereses contrapuestos de manera que todos saquen tajada con el fin de que nada cambie y se conserven las esencias del amor a la patria que, básicamente, consiste en seguir gobernando para los señoritos mientras se empobrece a los currantes, que son los que deciden las cosas con su voto, ahora vivimos, de nuevo, tiempos de “gobernabilidad”.

También con Jordi Pujol tuvo un detalle de gobernabilidad Felipe González cuando paralizó las investigaciones que llevaban a cabo los fiscales Villarejo y Mena, evitando su procesamiento cuando el muy honorable y viejo zorro catalán se encontraba con el agua al cuello con motivo de la descapitalización de Banca Catalana. Le tenían pillado, pero era un maestro a la hora de dar el Gobierno, tanto al PP como al PSOE, a él le daba lo mismo, sólo deseaba lo mejor para Cataluña a la que hacía sinónima de sí mismo, como demostró al envolverse en la senyera dando vivas a la patria, asomado al balcón en la Plaza de San Jordi, cuando los tribunales osaron imputarle y llamarle a declarar. El pueblo catalán se echó a la calle en la mayor concentración que se conocía hasta entonces, movido por las palabras de su adorado Jordi, que se había recorrido de joven Cataluña con un seiscientos y un megáfono dando mítines por los pueblos, reivindicando la patria catalana, y les hizo creer que la justicia española venía a secuestrar su esencia nacional, la razón de su existir.

Con la ayuda de González, aquella estafa en la que el señor Pujol estaba implicado, quedó archivada, y sabiéndose respaldado por la gobernabilidad de los constitucionalistas de Madrid, y por el fervor nacional de su propio pueblo, se entregó junto a su señora al saqueo que hoy conocemos y entonces ya se sabía. Pero como daba el Gobierno de España a quien lo necesitara, esa virtud de ser un maestro de la gobernabilidad, le convertía en intocable. A él le daba lo mismo uno que otro, pero no ocho que ochenta. Siempre con un ojo puesto en sus recónditas cuentas, manejaba el cotarro con la simple fórmula de “ustedes hagan y dejen hacer”. A buen entendedor pocas palabras bastan y todos se aplicaron el cuento.

Finalmente, y por cosas del independentismo, todo esto de los ingresos de la familia Pujol ha salido a la luz. El latrocinio estaba amparado por la gobernabilidad, pero sin ella no se sostiene. Estos cachorros independentistas, hijos y nietos de aquellas doctrinas que diera Pujol con su megáfono, han venido a echar por tierra todo el tinglado que se tenían montado los adalides de la gobernabilidad a mayor gloria de su identidad catalana o española, que tanto les daba, y han puesto en práctica los principios de la identidad nacional de forma drástica, sin ofrecerlos antes al libre mercado, donde se compran y se venden estos sentimientos profundos e irrenunciables a cambio de un módico o un desorbitado precio, según sean las necesidades de aquel que pretende el Gobierno.

Como las lluvias en los trópicos, todo vuelve por la característica de los planetas de ser redondos y girar sobre sí mismos, al tiempo que lo hacen alrededor de las estrellas en las diferentes constelaciones. Todo regresa. También la gobernabilidad y las camisas de flores.

Ahora vivimos tiempos de “gobernabilidad” y se abren las carteras, al tiempo que se guardan los principios para que esa virtud de dejar las tareas de Gobierno al mejor postor se imponga sobre cualquier otra cuestión.

Se acabó la borrachera del gasto público, nos anuncia el señor Montoro al presentar los Presupuestos, el mismo que ejercía de dios Baco, en compañía de otros, cuando, en efecto, la fiesta de la dilapidación de los fondos públicos se celebraba en el gran templo del esplendor desarrollista de las burbujas que nos explotaron en la cara. Ellos dilapidaron nuestro dinero en lugar de construir un país, derivando fondos tanto al partido como a los bolsillos de los colegas, que se cuentan imputados por centenares en los diferentes procesos abiertos y que, también ahora, se intentan parar, encubrir y archivar, con todo tipo de triquiñuelas, incluyendo el descaro de poner la frente del gobierno de la Justicia tanto a personal personal afín sin escrúpulos, como a fiscales y magistrados que más parecen trabajar para la causa juzgada que para la juzgadora. Y en esas estamos. Ellos se emborrachan, y nosotros pagamos las copas. También sufrimos la resaca cuando llega la hora de aprobar las cuentas.

Aparecen los que tienen la posibilidad de hacer “gobernabilidad” con sus sacas abiertas corriendo a por el botín. El Gobierno, conocedor del juego, se reúne en despachos donde se trilea y se pergeña el trato hasta llegar al apretón de manos, porque si pierde el poder, cuya legitimidad ya dejó hace tiempo en el camino con sus diferentes acciones al margen de la ley, se le puede acabar el cuento. Ahora entenderán muchos por qué estos pequeños partidos aplaudían la pluralidad que se veía en el hemiciclo. Echaban cuentas contando escaños y calculando el precio que tendrían los suyos se les iba la cabeza como en su día se le fue a Sagaseta cuando entró Tejero pegando tiros. Son imprescindibles para la gobernabilidad y vienen a cosechar su valor de mercado a la hora de aprobar unas cuentas que según dicen expertos agudizan el deterioro del Estado de Bienestar y a incrementar la desigualdad y la pobreza.

“Si quieres grano, Aitor, te dejaré mi tractor”. Y así ha sido. Aitor se ha llevado una buena cosecha a costa de dejar vendido al resto del personal, cosa que a los representantes del PNV, que siempre presumen de honrados y de que entre sus filas no se dan casos de corrupción, les importa un carajo porque, nacionalistas en esencia, miran para lo suyo que es lo que les proporciona el voto. Un problema salía al paso. Una vez salvado el culo aquí, quedaba por salvar la cara allí. Cómo se presentaban con la saca en su pueblo pactando con un partido al que saben corrupto, facha y poco amigo de los vascos, a los que consideran terroristas en potencia y, al PNV, en concreto, tibio y necesario para que aquel horror sucediera. Han salido del paso ideológico apuntalando al Gobierno de Madrid con un posible acercamiento de presos.

Esa reivindicación siempre negada en la que el PP se mostraba intransigente y, en tanto tal, único valedor de la lucha contra el terrorismo, ha sido doblegada por la “gobernabilidad”. Ya no se es batasuno ni afín a los que matan por pretender eso del acercamiento de presos. El sufrimiento infringido a las familias era, por tanto, gratuito. Con tal de estar allí donde se recaudan los dineros de los ciudadanos, es posible que regresen los tiempos en los que Aznar se refería a esos que luego eran terroristas que se pudrirían en la cárcel, como Movimiento de Liberación Vasco.

Se impone la necesidad de aguantar en el poder para no perder el control de las instituciones, en unos tiempos tan delicados que hasta Acebes, en conversación telefónica con Ignacio González, afirma que podrían tener serias dificultades. En este estado de emergencia, se salta hasta esa gruesa y sagrada línea roja que marca el terrorismo y sus secuelas, y que tiene trazado un círculo sanitario alrededor de varios kilómetros.

No hay ideales, no hay moral, no hay religión ni norma, sólo un norte: La pasta y su incautación.

Los canarios, por su parte, sin concesiones políticas de gran alcance sólo quieren dinero. Rehecha la injusticia que según ellos desequilibraba la balanza, no tienen el menor problema en apuntalar a este Gobierno que además suele contar con ellos para presidir, en tanto neutrales, comisiones de investigación.

Mientras, en las tertulias y foros de politólogos se debate la estrategia a seguir, si la moción de censura continúa, pero con una conclusión común: plantearla a sabiendas de que se va a perder y sin pactos previos es ridículo. Hacen mención a las anteriores llevadas a cabo por Felipe González y Hernández Mancha. No coincido con ellos. En ninguno de los dos casos la situación era tan grave y descarada como la actual. Mientras, el PSOE tiene un grave dilema que le lleva a plantearse si votará no, o se abstendrá. Terrible tesitura que no sé a quién puede importarle.

Más de lo mismo. Sí, que son ladrones no se discute, pero la cosa es a ver qué saco yo de todo esto.

No habrá borrachera de gasto público. Son tiempos de “gobernabilidad” y las borracheras de despilfarro se hacen a puerta cerrada, se apañan en los despachos.

Quién sabe si para cuando se les pueda desbancar será tarde. Desde luego no dejan títere con cabeza, ni juzgado sin vigilante.

El Estado de Derecho será sinónimo de Estado de Derechas porque habrá que ser de lo segundo para poder administrar el primero.

Coincide este tiempo de gobernabilidad con el de la declaración de la renta, recuerden: Hacienda somos todos. Aunque aquella abogada del Estado, dando la cara por la infanta imputada, en lugar de por el Estado en cuestión, durante el juicio del caso Nóos, nos recordara que el que piensa eso es un gilorio.

Paz incivil

17 junio, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

La historia del siglo XX y la más actual enseña también que las guerras civiles son conflictos de largo alcance, muy difíciles de acabar.

Una calle de Raqqa destruida por los bombardeos.
Una calle de Raqqa destruida por los bombardeos. EUROPA PRESS

La historia de las guerras civiles está cargada de mitos y múltiples explicaciones. Más allá de eso, sin embargo, siempre aparece la misma realidad: las guerras civiles son operaciones quirúrgicas que se saldan con miles de asesinatos, violaciones, exilios masivos y, en los casos más extremos, genocidios.

Pero la historia del siglo XX y la más actual enseña también que las guerras civiles son conflictos de largo alcance, muy difíciles de acabar. Pocas han visto su final en medio de negociaciones y con una aparente conciliación. Lo más común es que terminen con la completa victoria militar de un bando sobre el otro, en una paz acompañada de violencia atroz e incesantes violaciones de derechos humanos.

La paz incivil que siguió a la guerra civil española resulta desde ese punto de vista paradigmática. A partir del 1 de abril de 1939, la destrucción del vencido se convirtió en prioridad absoluta. La cultura política de la violencia y de la división entre vencedores y vencidos, “patriotas y traidores”, se impuso al menos durante dos décadas después del final de la guerra. Los vencidos tuvieron que adaptarse a las formas de convivencia impuestas por los vencedores. La amenaza de ser perseguido, humillado, la necesidad de disponer de avales y buenos informes para sobrevivir, podía alcanzar a cualquiera que no acreditara una adhesión inquebrantable al Movimiento o un pasado limpio de pecado republicano.

Un paso esencial de esa violencia vengadora sobre la que se asentó el franquismo fue la Ley de Responsabilidades Políticas, de 9 de febrero de 1939. La puesta en marcha de ese engranaje represivo y confiscador causó estragos entre los vencidos, abriendo la veda a una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje. Los afectados, condenados por los tribunales y señalados por los vecinos, quedaban hundidos en la más absoluta miseria.

La posguerra fue en España larga, con la negación del perdón y la reconciliación, y con Franco, los militares y la Iglesia católica mostrando un compromiso firme y persistente con la venganza. Franco y los vencedores de la guerra tuvieron la gran fortuna de poder construir su paz en un momento en que casi toda Europa estaba bajo la bota nazi. La situación internacional, en verdad, fue muy propicia para el franquismo, desde sus orígenes hasta el final. Muertos Hitler y Mussolini, a las potencias democráticas vencedoras en la Segunda Guerra Mundial les importó muy poco que allá por el sur de Europa, en un país de segunda fila que nada contaba en la política exterior de aquellos años, se perpetuara un dictador sembrando el terror e incumpliendo las normas más elementales del llamado derecho internacional.

En Siria las cosas podrían ser diferentes y las democracias deberían evitar la paz incivil que pretende y que construirá, sin duda, si tiene la oportunidad, Bachar el Asad. Pero dado el fracaso rotundo de la vía diplomática y el apoyo de Rusia e Irán al dictador, lo predecible es que Siria sufra una victoria absoluta, incondicional, inclemente. Así fue la historia y así parece ser el presente.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

Cómo los ‘súper patriotas’ están ocultando la enorme crisis social que crearon

16 junio, 2018

Fuente: http://www.pubico.es

Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

El triunfo de los “súper patriotas” (nacionalistas de derechas) a los dos lados del Ebro

Las declaraciones de claro tono etnicista, xenófobo, supremacista y antiespañol del nuevo presidente de la Generalitat, el Sr. Quim Torra, han creado, como era lógico y predecible, un gran revuelo en Catalunya, contribuyendo a una polarización entre los catalanes que se sienten españoles y aquellos que no, polarización que ha alcanzado un nivel muy acentuado desde que gobierna en Catalunya una coalición a favor de la independencia liderada por el partido nacionalista de derechas, hoy llamado PDeCAT. También predecible ha sido la respuesta inmediata del presidente Torra frente al gran rechazo por parte de amplios sectores de la población de sus declaraciones y escritos. El ahora presidente ha intentado minimizar su importancia, alegando que ha sido malinterpretado, lo cual ha hecho con todo el apoyo mediático del establishment nacionalista conservador que ha dominado la vida política e institucional catalana desde casi el principio de la etapa democrática.

En realidad, tales declaraciones de un dirigente nacionalista de derechas no hubieran tenido que crear esta sorpresa pues lo que el presidente Torra dijo está ampliamente asumido en tal establishment nacionalista conservador, enraizado en la tradición política conocida como pujolismo y que (a pesar de las maniobras de marketing político, con cambio de nombre incluido) ha hegemonizado las instituciones gobernadas y/o influenciadas por la Generalitat de Catalunya durante la mayor parte del período democrático. La novedad de tales declaraciones no es tanto su contenido sino su forma, pues este etnicismo chovinista antiespañol ha sido una característica del pujolismo desde sus inicios, cuando se llamaba “charnego” al ciudadano español trabajador venido a Catalunya predominantemente de Murcia y Andalucía. Tal adjetivo peyorativo para definir a personas que vivían en Barcelona, pero que habían nacido fuera de Catalunya, procedentes del sur de España, era muy común en la cultura nacionalista de derechas liderada durante la mayoría del periodo democrático catalán por el Sr. Jordi Pujol.

El “charneguismo” es un concepto etnicista, xenófobo y supremacista, utilizado por el nacionalismo catalanista de derechas

Es sorprendente que se niegue por parte del establishment nacionalista catalanista de derechas que las expresiones utilizadas por el presidente Torra sean etnicistas, xenófobas y supremacistas. El hecho de que la Real Academia Española no utilice este término no significa que no exista el concepto. La lengua inglesa, que es más funcional que las lenguas derivadas del latín, claramente señala que es supremacista “aquel que cree que un grupo de personas debe liderar o tener el control sobre otro tipo de grupos de personas porque piensa que son mejores”. La línea divisoria que define al grupo de personas puede ser racial, étnica y/o cultural. Creerse que un grupo de personas (los charnegos) deben tener menos poder porque pertenecen a otra etnia o cultura es supremacismo puro y duro. Vi esta manera de pensar y actuar cuando a principios de los años sesenta fui médico del Somorrostro, el barrio de “charnegos”, donde tales trabajadores, recién llegados a Catalunya, vivían en condiciones miserables en uno de los barrios más pobres de la ciudad. La definición de aquellos ciudadanos como “charnegos” por parte de los nacionalistas catalanes de derechas me hacía a mí el “médico de los charnegos”, título que era supuestamente un insulto pero que siempre consideré un honor. El Sr. Pujol llegó incluso a afirmar explícitamente que los “charnegos” –mis pacientes- tenían un coeficiente intelectual menor que los catalanes, declaraciones que más tarde -como ha hecho el presidente Torra ahora- desmereció y por las que también (respondiendo a la cultura cristiana que caracteriza a la mayoría de sus dirigentes) pidió perdón-. En realidad, con la astucia política que lo definía, Jordi Pujol intentó más tarde cubrir este flanco y protegerse de la acusación de xenófobo incluyendo en su entorno a figuras conocidas de habla castellana, como fue Paco Candel, presentándolos como representativos de la “otra Catalunya”, supuestamente amigos de la familia nacionalista conservadora. La preocupación y cautela del Sr. Pujol por no caer en los insultos etnicistas quedaba frecuentemente al descubierto por las declaraciones de su esposa, la Sra. Ferrusola, que mostraba la cara más pura del etnicismo, chovinismo y supremacismo pujolista. Sus declaraciones cuestionando la catalanidad del candidato (charnego) Montilla, a raíz de su elección como Presidente de la Generalitat de Catalunya, eran casi idénticas a las declaraciones más recientes del ahora presidente Torra sobre la supuesta falta de catalanidad del presidente Montilla y su idoneidad para ocupar tal cargo.

El patrimonialismo del nacionalismo conservador pujolista

Otra característica del etnicismo del nacionalismo de derechas, relacionado con su supremacismo,  fue su sentido patrimonialista del Estado autonómico que controlaban, gobernando Catalunya con un caciquismo parecido al caciquismo de la democracia cristiana del sur de Italia: el clientelismo y la corrupción han sido siempre elementos claves de esta tradición política (en realidad es el partido catalán más parecido al PP en España). Y tal patrimonio del Estado era una fuente importante de mantenimiento y sostenibilidad para gran parte de los medios intelectuales catalanes, pues la gran mayoría de revistas, diarios o cadenas televisivas con sede en Catalunya estaban subvencionados e influenciados por el partido gobernante en la Generalitat. En realidad su propia existencia dependía de las subvenciones de la Generalitat. Su influencia era, en el caso de los medios públicos de la Generalitat (como TV3 y Catalunya Ràdio) de absoluto control (semejante al que el partido gobernante español, el Partido Popular, ejerce sobre TVE). Esta era (y continúa siendo) la Catalunya predominantemente de sectores de la burguesía (aunque no toda), de la pequeña burguesía y de los pequeños comerciantes (“els botiguers”) y de amplios sectores de las clases medias de renta superior, incluyendo sectores importantes de las clases medias ilustradas (la clase media de educación avanzada) que han jugado un papel clave en la reproducción de la hegemonía de tal ideología. Esta era la Catalunya presentada como la Catalunya real de composición social variada pero con dominio de las clases sociales de renta por encima del nivel de renta media del país. Ni que decir tiene que también tenía y tiene componentes populares –y muy en particular en las zonas rurales-, la mayoría de creencias religiosas católicas. Pero la mayoría de sus militantes y votantes no pertenecen a la clase trabajadora catalana. Es cierto que algunos dirigentes del PDeCAT proceden de la UGT, pero más del aparato de la UGT que de las bases de tal sindicato.

Los instrumentos políticos de este nacionalismo catalanista de derechas

Sus instrumentos políticos eran CDC (de tendencia liberal) y UDC (la democracia cristiana próxima a la Iglesia catalana centrada en Montserrat, el monasterio benedictino que ofreció el aval religioso a este nacionalismo étnico). Ni que decir tiene que hay otras versiones nacionalistas distintas a la pujolista, pero esta última ha tenido una influencia mayor en la vida política, cultural e intelectual de Catalunya, y muy en particular en el movimiento secesionista, el cual, aun cuando no fue creado por el pujolismo, sí que este se adaptó rápidamente a su expansión. Tal expansión fue la respuesta al creciente rechazo que se dio en Catalunya en relación con los vetos del Tribunal Constitucional a elementos claves del Estatuto propuesto por el gobierno tripartito catalán, así como hacia las políticas hostiles del partido gobernante en España (el Partido Popular) hacia Catalunya.

Su control del aparato de la Generalitat y de los medios de comunicación públicos de esta permitieron a este nacionalismo conservador convertirse en la fuerza hegemónica y dominante del bloque secesionista, que adoptó elementos característicos del pujolismo, como su actitud profundamente antiespañola basada en creencias un tanto chovinistas, tales como su percepción, ampliamente promovida para defender su secesionismo, de que España es incambiable, confundiendo Estado con población, y atribuyendo a la población española una incapacidad de cambio. Esta percepción es el obstáculo mayor hacia el necesario transversalismo que debería existir en Catalunya entre las fuerzas progresistas para sacar del gobierno a los partidos gobernantes (PP con ayuda de Ciudadanos en España, y PDeCAT en Catalunya).

El único polo opuesto al pujolismo y a sus aliados fueron, durante el periodo democrático, el socialismo y, en su día, el comunismo catalanes, que gobernaban en la mayoría de las grandes ciudades de Catalunya, siendo el ayuntamiento de Barcelona el centro de la oposición a tal nacionalismo durante la mayor parte de ese período.Hoy el sueño del nacionalismo conservador y sus aliados es llegar a gobernar Barcelona, convirtiéndola en la capital de la inexistente República Catalana.

El enorme coste del procesismo: la gran crisis social en Catalunya y en el resto de España

El enorme coste del “procesismo” liderado por las fuerzas secesionistas es la continuación de la enorme crisis social, resultado de la aplicación de políticas públicas neoliberales impuestas por los partidos nacionalistas de derechas gobernantes tanto en España como en Catalunya, cuya responsabilidad queda ocultada detrás del debate nacional. En realidad las políticas públicas impuestas por el PP, con el apoyo de Ciudadanos, por un lado, y del PDeCAT, por el otro, han jugado un papel clave en crear la enorme crisis social.Estos tres partidos son profundamente nacionalistas de derechas. El PDeCAT es hoy la versión esencialista del nacionalismo secesionista catalán de derechas, mientras que el PP y Ciudadanos son profundamente nacionalistas conservadores y herederos del nacionalismo españolista, presentándose a sí mismos como los defensores de una España uninacional, también excluyente de cualquier otra nación en España y profundamente supremacista (incluso racista, pues durante muchos periodos de su historia, su existencia se basaba en la superioridad de la raza -el día nacional, el 12 de octubre, que conmemoraba la conquista de América Latina, se conocía como el día de la Raza-), el cual alcanzó su máxima expresión durante la dictadura fascista. Esta visión de España, excluyente de otras visiones de España (a las cuales definen como anti España), es hoy hegemónica y aparece en su versión más esencialista en el PP (partido enraizado en la clase dirigente del régimen dictatorial) y en Ciudadanos (partido creado por el establishment empresarial español, incluyendo el catalán, para parar a Podemos, una nueva fuerza política enraizada en el movimiento 15-M que se caracterizó por tener una visión distinta de España: una España plurinacional, más justa y más democrática que la actual, cuyas raíces estaban en el progresismo republicano y en la lucha de la resistencia antifascista).

Luchan sobre banderas pero implementan las mismas políticas anti clases populares

Estos tres partidos son partidos nacionalistas de derechas (unos españolistas y el otro catalanista) que han estado imponiendo (y digo imponiendo porque no estaban en sus ofertas electorales) a la población las políticas de claro corte neoliberal, las cuales incluían políticas de recortes del gasto público y, muy en especial, del gasto público social (como parte de sus políticas de austeridad), así como reformas laborales que deterioraron marcadamente el mercado de trabajo, con una reducción de los salarios y un gran crecimiento de la precariedad. Como consecuencia, el nivel de vida y capacidad adquisitiva de las clases populares descendieron marcadamente, mientras que las rentas superiores (y las rentas de la propiedad del capital) aumentaron de forma muy destacable. Los datos hablan por sí mismos: en Catalunya, las rentas del trabajo (como porcentaje del PIB) pasaron de representar un 50% en 2008 a un 45,8% en 2017, mientras que las rentas del capital subieron un 42% a un 44,5% durante el mismo periodo 2008-2017 (esta evolución contrasta con la que se ha dado en el conjunto del Estado español, donde las rentas del trabajo “solo” descendieron del 50,1% al 47,3% del PIB, mientas que las del capital pasaron del 41,7% al 42,4%). Como consecuencia, en Catalunya el nivel de renta del 20% de renta superior (que vive en la parte “alta” de las ciudades) ha pasado de ser 5,6 veces el nivel de renta del 20% de renta inferior en 2009 a ser de 6 veces en 2016. Una situación semejante ha ocurrido en el resto de España.

En realidad, el número de “ricos” en Catalunya (gente que declara sobre una base imponible de más de 1 millón de euros) ha aumentado durante la crisis. Solo del 2014 al 2015 hubo 577 personas más ricas (con un total de 31.951 personas en 2015). Mientras tanto, en la “otra Catalunya”, el 46,7% de los parados catalanes llevaban más de un año buscando trabajo (un incremento de 29,9 puntos porcentuales en el peso de este colectivo desde el 2008, cuando era solo el 16,8% de todos los parados). Ello significa que ha habido un aumento de 178.200 personas más en esta situación en el año 2016 respecto al 2008. En realidad, Catalunya es una de las partes de la UE-15 que tiene más parados de larga duración.

Y lo que es incluso peor es que el 72,1% (es decir, 365.700 personas) de las personas en situación de desempleo no tienen ninguna prestación en concepto de paro. Y para terminar esta lista de indicadores negativos, el salario del 10% de trabajadores con los salarios más bajos se redujo del 2008 al 2015 un 12%. Esta es la condición en la que se encuentran grandes sectores de la otra Catalunya de habla castellana. Son los “charnegos” de hoy, que vienen de lugares diversos en España y en el extranjero.

La utilización vergonzosa de las banderas por los supuestos súper patriotas para ocultar sus vergüenzas

Esta realidad mostrada en estos datos es la ignorada en el debate sobre el tema nacional. Nunca antes las banderas han sido utilizadas con mayor desvergüenza para ocultar el enorme drama social. Las tres fuerzas políticas hoy en España que se presentan como las más “patriotas” (unas en “defensa de la unidad de España”, y la otra “en defensa de la nación catalana en contra de la España que le roba”) son las que están aplicando políticas que han hecho mayor daño a las clases populares tanto en Catalunya como en España. El miedo del PSOE a que se le acuse de “antipatriota” explica que se alíe con el PP y con Ciudadanos. Y un tanto igual ocurre en Catalunya con ERC y con la CUP. Ambos partidos, que se consideran de izquierdas, apoyan el liderazgo del pujolismo en el bloque secesionista (corresponsable con el PP y Ciudadanos de la gran crisis social que viven las clases populares de Catalunya, que son la mayoría del pueblo catalán). ERC y la CUP, al anteponer el tema nacional –aliados y bajo la dirección de la derecha– al tema social están perjudicando a tales clases populares. Es más, y como dije anteriormente, al afirmar la imposibilidad de cambiar España, están reproduciendo el argumento etnicista según el cual “hay algo en la manera de ser de los españoles que no los hace sensibles al cambio”.

Tales partidos súper patriotas de derechas a los dos lados del Ebro han causado la enorme crisis social

Las políticas neoliberales (las reformas laborales y las políticas de austeridad) han tenido un impacto muy negativo en la calidad de vida y bienestar de la población catalana. Además del descenso salarial y del aumento de la precariedad, los recortes en los servicios públicos (de los más acentuados en España) han tenido unas consecuencias muy negativas. En educación el gasto de la Generalitat ha bajado durante el periodo 2010-2017 en 626 millones de euros (un 10% menos), en sanidad en 1.026,97 millones (un 10,33% menos), en vivienda un 50% menos (-366,28 millones), en protección social un 7,1% menos (-149,9 millones), en promoción social un 30,9% (-31,16 millones) y así un largo etcétera. Y el PdeCAT, junto con el PP y Ciudadanos, ha apoyado la legislación que hizo posibles tales recortes. En realidad, el PDeCAT ha sido uno de los partidos en las Cortes Españolas que han ayudado más al PP para que este consiguiera sus grandes parcelas de poder. Sus votos han sido determinantes no solo para aprobar la legislación neoliberal, sino también para elegir a figuras clave como la Presidenta de las Cortes Españolas, la Sra. Ana Pastor.

Estas políticas de austeridad se han desarrollado como parte de una estrategia para favorecer la privatización de los servicios públicos, siendo la sanidad y la educación un claro ejemplo de ello. El ex consejero de Salud, Boi Ruiz (que había sido la cabeza de la patronal sanitaria privada), hizo declaraciones explícitas en este sentido. Y la ex consejera de Educación favoreció a las escuelas privadas a costa de las escuelas públicas.

Pero estas políticas, favorecedoras de los servicios privados, fueron acompañadas de un intervencionismo favorable con los propietarios de los servicios privados a costa de los usuarios, política que ha tenido un impacto devastador en la vivienda, siendo el elevado precio del alquiler una de sus consecuencias, habiendo alcanzado un drama social. Los desahucios de personas y familias que no pueden pagar el alquiler han llegado a niveles escandalosos (ver “Uno de los derechos constitucionales más ignorados en España: el derecho a la vivienda”, Público, 10.05.18). Y para acentuarlo todavía más, los “súper patriotas” como el PP, Ciudadanos o el PDeCAT han aprobado, junto con el PNV, el “desahucio exprés”, facilitando que el período de desahucio se reduzca a dos meses, medida que afectaría a millones de catalanes que incluso sin estar desahuciados estarían bajo el enorme temor de poder estarlo. ¿Cómo pueden presentarse estos partidos neoliberales como defensores de la patria cuando están dañando a la gente que son componentes claves de tal patria?

En realidad, los partidos secesionistas han atribuido la crisis social a la pertenencia de Catalunya a España, y a la falta de soberanía de la primera para poder realizar sus propias políticas públicas de desarrollo. Identificando España como el Estado español, tal argumento ha atraído a sectores de la población catalana que no son particularmente secesionistas pero sí creen que será imposible para Catalunya resolver su enorme crisis social sin separarse de España e independizándose del Estado español. Tal argumento podría ser coherente en caso de que los que lideraran el proceso de secesión fueran fuerzas políticas comprometidas con otras políticas distintas y opuestas a las que se están aplicando en Catalunya y en España. Y ahí está el punto flaco del argumento secesionista progresista, pues la fuerza política que lidera hoy el movimiento independentista representa una opción conservadora neoliberal responsable de la crisis actual. Es poco creíble que el PDeCAT hiciera una política distinta a la que ha realizado hasta ahora. En realidad, sus dirigentes y pensadores en temas económicos (promovidos por los medios públicos de la Generalitat) son conocidas figuras neoliberales. Y como se demostró en la transición española, el que controla la transición controla el producto final.

Qué debería hacerse: centrarse en el tema social

En realidad, la solución es fácil de ver: el eje social debería centrar el debate político y mediático, poniendo la resolución del enorme problema social de las clases populares en el centro del debate. Ello implicaría resolver el enorme problema social ahora, y sin esperar a una incierta independencia o cualquier otro proyecto, que de realizarse, no se haría ni hoy ni mañana ni en un futuro inmediato. Y este proyecto no puede realizarse hoy en Catalunya bajo el liderazgo del gobierno controlado por los de siempre. Es una condición esencial para poder cambiar Catalunya el cambiar España, en alianza con las fuerzas progresistas que han estado surgiendo a lo largo del territorio español que, junto con fuerzas renovadas de la izquierda tradicional, tienen una clara vocación democrática profunda, comprometidas con el bienestar de las clases populares y con la calidad de vida de la población y con una visión distinta y opuesta a la esencialista uninacional: una España plurinacional, solidaria y profundamente democrática. Ver que ello es imposible (como creen las fuerzas secesionistas) es caer en el etnicismo chovinista que está obstaculizando el desarrollo de la muy necesaria transversalidad. Es urgente que las fuerzas republicanas progresistas a los dos lados del Ebro colaboren y se alíen para cambiar Catalunya y España. Pero para que ello ocurra son necesarias movilizaciones que exijan una solución inmediata de la gran crisis social. Y aquí de nuevo la calle está y va muy por delante de las instituciones políticas. La solución al problema social exige cambios profundos en España (con el cambio del gobierno) y también en Catalunya (con el cambio de quien gobierna la Generalitat). Con los de siempre controlando los gobiernos español y catalán, el problema no se resolverá. Así de claro.

La patria de Albert Rivera

9 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Albert Rivera admira a Lincoln, Luther King o Kennedy y le gustaría convertirse en el Macron español. Sueña con que su plataforma ‘España Ciudadana’ le lleve a la Moncloa como ‘En Marche!’ convirtió al joven político en el presidente de la República francesa.

Macron, como Rivera, se presentó como el único candidato capaz de superar las diferencias entre derecha e izquierda. Un año después se ha demostrado que tenía razón la BBC cuando definió al mandatario francés como un “populista de centro”. Repasando sus primeras medidas podría añadirse que de un centro cada vez más a la derecha.

Más semejanzas: el líder de ‘En Marche!’ era el preferido de las élites francesas como Rivera lo es de las altas esferas españolas, incluso de aquellas a las que su discurso del pasado del domingo les pareció excesivo. El plumero populista se exhibió hasta el punto de incomodar a algunos asistentes y las lágrimas por España de Marta Sánchez más que emocionar provocaron sonrojos de vergüenza ajena.

Hace un tiempo el líder de Ciudadanos presumía de que su partido no tiene “medios de comunicación ni intereses económicos de cabecera”. Un rápido repaso a la hemeroteca y a las tertulias televisivas permite desmontar esa afirmación. Aunque su triunfo también se explica por una capacidad de oratoria envidiable, por la errática estrategia de Pedro Sánchez y por los autogoles del PP y de Podemos. Todo le ha ayudado a ser el político con más y mejores padrinos de España.

Ahora bien, la misma hemeroteca es la que empieza a situar a Ciudadanos frente al espejo, ese que acaba de colocar a Pablo Iglesias ante sus propias contradicciones.

Rivera es quien aseguró que si un partido tenía imputados ni se molestase en levantar el teléfono. Pero Ciudadanos no solo coge las llamadas sino que ha permitido que el PP de la Gürtel y la Púnica, por citar los dos principales casos, siga gobernando la Comunidad de Madrid.

Como buen orador, el líder de Ciudadanos es autor de frases lapidarias. “No vamos a criminalizar ni a hacer un cordón sanitario a ningún partido”, prometió Rivera. Claro que ha dicho eso y lo contrario: “Todo lo que sea dejar fuera a los partidos nacionalistas de los pactos de Estado nos parece bien”.

Otra de las virtudes de Rivera es la capacidad de adaptar su discurso y estrategia según convenga. Puede desdeñar la huelga del 8-M por ser “anticapitalista” y a la vez  apuntarse el éxito de la manifestación feminista. Es más, incluso es capaz de echarle en cara a Rajoy que haya “minimizado los problemas de las mujeres”.

Rivera promete una España en la que las naciones que conviven o malviven en ella renunciarán a serlo solo porque él lo diga. En una de sus reflexiones más aplaudidas, Macron afirmó que las democracias europeas deben escuchar la cólera del pueblo para evitar que caigan en brazos de los populismos autoritarios. Escuchar la cólera no es alimentarla. Y eso es lo que está haciendo Ciudadanos.