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A vueltas con el Holocausto y los usos interesados de la Historia

24 mayo, 2017

Fuente: http://www.internacional.elpais.com

No hay ningún tema tan debatido como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

JULIÁN CASANOVA

22 ABR 2015 – 10:08 CEST

El campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia.
El campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia. KACPER PEMPEL REUTERS

Los historiadores lo han advertido y demostrado en diferentes ocasiones: en la amplia literatura sobre el Holocausto no hay ningún tema tan debatido –y tan sometido a falsedades y prejuicios raciales- como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde la disolución de las dinastías de los Habsburgo y Hohenzollern en 1918, las viejas élites y nuevas fuerzas sociales de Europa del este demostraron, con ideas y acciones, un enérgico antibolchevismo pero, sobre todo, instigadas por los partidos fascistas, un profundo y radical antisemitismo, puesto que asociaban a los judíos con todo lo que odiaban: el bolchevismo, el viejo orden y el dominio extranjero.

La crisis económica de los años 30 aumentó todos esos sentimientos, pero lo que causó un cataclismo en esos países fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Los hechos son bien conocidos. Hasta el inicio de la guerra en 1939, sólo unos cuantos centenares de judíos habían sido asesinados en Alemania, pese a que los nazis habían comenzado a acosar y perseguir con leyes y actos violentos a la población judía desde su llegada al poder en 1933. La matanza masiva empezó con los judíos que los alemanes capturaban en las zonas conquistadas de la Unión Soviética en el verano de 1941, y en menos de cuatro años la “solución final” segó las vidas de más de cinco millones de hombres, mujeres y niños, casi la mitad de ellos en Polonia. Los nazis causaron esa destrucción y la Segunda Guerra Mundial fue el escenario apropiado en el que se expandió esa brutalidad. Para que todo eso fuera posible, no obstante, tenía que haber mucha gente dispuesta a identificar a otros como sus enemigos o a considerar aceptable el exterminio.

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Si se dejan de lado las opiniones de esos que defienden que el Holocausto nunca tuvo lugar, o de quienes tratan de minimizarlo con comparaciones con otras manifestaciones de genocidio provocadas por los aliados, lo que los historiadores debatieron y sacaron a la luz en primer lugar fue quién decidió proceder con esa “solución final”, cuándo y por qué se hizo así, y qué es lo que se perseguía con ella.

Lo más significativo de las dos últimas décadas, sin embargo, es que comenzaron a aparecer investigaciones, poco conocidas hasta entonces, sobre la colaboración de la policía, de las administraciones locales y de las poblaciones de otros países invadidos por el Ejército y las fuerzas de seguridad alemanes. Aunque el número de personas implicadas y la complejidad de sus motivos impedía cualquier explicación simple, lo que quedó al descubierto fue no sólo el círculo de responsables y altos cargos nazis que organizaban las deportaciones, desde Himmler a Eichmann, pasando por Heydrich, sino también la amplia red de informantes y delatores que vieron necesario ese castigo mortal, por no mencionar a los británicos y norteamericanos que, desde el otro lado de la historia, abandonaron a los judíos. Los judíos fueron asesinados por los nazis alemanes y los fascistas de Europa del este, no por toda la población, pero ya nadie podía negar la complicidad “popular” en muchos de esos países.

El problema se complica cuando a esa historia ya compleja y muy debatida entre auténticos especialistas, se suman las declaraciones de políticos o de gente como James Comey, el director del FBI, con sentencias fáciles y acusatorias, muy alejadas de los análisis y narraciones que interpretan aquellos acontecimientos, el “incomprensible” Holocausto, como lo definió Arno Mayer, a la luz de las fuentes disponibles.

Una buena parte de la clase política en Polonia y Hungría deforman aquella historia traumática para adaptarla a sus propios fines y justificar el presente. En el caso de Polonia, ya en 1990, un libro editado por Antony Polonsky, My Brother’s Keeper?: Recent Polish Debates on the Holocaust, levantó polvareda y protestas porque incluía polémicas entre intelectuales polacos y judíos polacos sobre el antisemitismo y sobre lo que muchos polacos hicieron o dejaron de hacer durante el período de eliminación sistemática de judíos.

En el caso de Hungría, el largo período de gobierno autoritario y ultranacionalista del almirante Miklós Horthy, mantenido sin demasiados problemas durante sus primeros veinte años, dio un cambio radical con su decisión de meter a Hungría en la Segunda Guerra Mundial al lado de la Alemania nazi en abril de 1941. Horthy, mediante sucesivas “Leyes Judias”, en 1938, 1939 y 1941, había ido recortando los derechos de los súbditos húngaros de religión judía y hubo matanzas de judíos en el frente ruso protagonizadas por las SS, asistidas por tropas húngaras. Pero con la invasión nazi, en marzo de 1944, de las restricciones se pasó a la persecución abierta y se metió a Hungría de lleno en la solución final.

Viktor Orbán y la derecha húngara hace tiempo que están empeñados en demostrar que había una tradición conservadora, rota por dos ocupaciones extranjeras de Hungría, la nazi y la soviética, protagonizadas por dos ideologías totalitarias ajenas la verdadera historia del país. Solo así se explica el fracaso del liberalismo y de la democracia, la radicalización de la política, el patriotismo de Horthy, atrapada como quedó la nación, luchando por su independencia y soberanía, entre dos terribles y violentos superpoderes totalitarios. Y fue, por supuesto, un factor externo, la ocupación nazi, el que justifica la parte de la historia más complicada de explicar para los conservadores: la persecución de los judíos, iniciada ya con Horthy, y el desarrollo fatídico de los hechos que llevó a la conquista del poder de los fascistas húngaros de la Cruz Flechada en octubre de 1944.

Las declaraciones interesadas sobre la historia, ampliamente difundidas y manipuladas por medios de comunicación de diferente signo, contribuyen a articular una memoria popular sobre determinados hechos del pasado, hitos de la historia, que tiene poco que ver con el estudio cuidadoso de las pruebas disponibles.

El Holocausto es la cara más cruel de un siglo que conoció guerras, genocidios, violencias de Estado y revolucionaria sin precedentes. Pero ese siglo presenció también, gracias entre otras cosas al impacto del Holocausto, la creación de tribunales internacionales, la persecución de criminales de guerra, la formación de comisiones de la verdad. Y muchos hombres y mujeres, especialmente en los últimos años, protegidos por el paso del tiempo, necesitados de liberar sus terribles pesadillas, se han atrevido a contarlo, a documentar sus vidas, a la vez que contribuían a documentar la de todos, a denunciar la traición y cobardía de algunas de sus patrias y ciudadanías. Esa es la cara de la esperanza, la que invita a vigilar y cuidar la frágil democracia, a recordárselo a los responsables políticos, a perseguir la intolerancia, a extraer lecciones de la historia, a educar en la libertad.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

La república como objetivo

22 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El pragmatismo de ‘la monarquía va bien y es barata’ no deja de ser un brindis al sol, puesto que no sabemos cuánto de bien iría o lo barata que resultaría una presidencia de la República Española.

Lo de “no soy monárquico, sino juancarlista”, cojea.

Elisa Beni

15/04/2017 – 19:56h

Bandera republicana

El debate sobre la forma que debe adoptar el Estado en España no está cerrado. Nunca lo ha estado. En esta semana de pasión y de pasiones se han dado cita el aniversario de la proclamación de la II República Española y las órdenes cautelares de jueces para hacer retirar la tricolor de plazas y espacios públicos. ¡España, mañana, será republicana!  era el clamor. Y hoy, el mañana se convierte en un horizonte inalcanzable porque nunca se admite el debate abierto, porque se intenta estigmatizar de forma increíble una realidad común en las democracias occidentales y porque una espiral de silencio recorre la opinión pública cuando de este tema se trata.

En primer lugar conviene analizar la represión ideológica que se ejerce sobre aquellos que defienden políticamente el republicanismo. Lo han hecho varios ayuntamientos. Un juez de lo contencioso-administrativo en Cádiz ha obligado al alcalde a quitar la tricolor que se había izado en una plaza con motivo de una exposición sobre la Memoria Histórica. Alegan los del PP -siempre ellos- que colocar esa bandera “vulnera el principio de objetividad y neutralidad de las Administraciones”. ¡Escuchen, esto lo vulnera y no poner las banderas rojas y gualdas de los cuarteles a media asta o presidir las procesiones como ha hecho Cospedal! Eso no. Es la tricolor la que les molesta. Olvida este juez de primera instancia que ya el Tribunal Superior de Justicia de Madrid resolvió sobre esta cuestión (STSJM 16.861/2003) afirmando claramente que “la bandera republicana como manifestación de ideología respeta el orden jurídico existente” y que ordenar retirarla de un lugar donde ha sido puesta por quien defiende ese sistema de organización política vulnera los derechos fundamentales reconocidos en los artículos 16 y 20 de la Constitución Española.

Es, pues, un derecho fundamental reconocido por la Constitución expresar el deseo de que la forma del estado sea una república. Yo voy más allá e incido en que no existen argumentos racionales ni es intelectualmente sostenible que la monarquía sea una forma adecuada de atribuir la jefatura de un estado democrático. Me perdonarán pero no conozco ni a un solo español que crea que un coito productivo de una persona apellidada de una manera determinada sea un método racional para nombrar jefe del Estado. Antaño les contaban aquello del dedo divino, pero hoy no cuela. Todas las defensas que conozco de la monarquía española son pragmáticas: va bien y es barata. Lo cual no deja de ser un brindis al sol, puesto que no sabemos cuánto de bien iría o lo barata que resultaría una presidencia de la República Española similar a la italiana, francesa, portuguesa, griega.. ¡ah, vaya, que todos los países latinos viven bajo la forma de república y tan campantes!

Supongo que los que así se comportan creen que tal defensa es un poco endeble -incluso hoy lo de “no soy monárquico, sino juancarlista”, cojea-  porque hay fuerzas muy poderosas que se concitan para convertir un debate perfectamente lícito y políticamente relevante y conveniente en un tabú. Tengo que confesar que en todos mis años como periodista de opinión sólo en dos ocasiones he sido advertida sobre la necesidad de “ser cuidadosa” y en ambas el tema sujeto a debate era la monarquía, si bien en la figura de su anterior representante.

Lo mío, si quieren, ni siquiera es algo personal. Felipe de Borbón me parece una persona íntegra. Ni siquiera discuto que tenga cualidades con las que podría ser un excelente candidato a revalidarse como presidente de la República tras unas elecciones. Es esa la clave: tras unas elecciones. Ya lo hizo Simeón de Bulgaria, rey exiliado con seis años y posteriormente primer ministro electo de su país. Lo mío es una cuestión de racionalidad y de comunión con los ideales republicanos de Libertad (de expresión, de culto, de sindicación y de todo aquello que no perjudique a los otros), de Igualdad (ante la ley, de voto, por sexo, de oportunidades…) y de Fraternidad (solidaridad, ayuda mutua, familiar…) a los que muchos franceses añaden también el de Laicidad que también comparto.

Y no crean que no entiendo la batalla de los conservadores y de muchos poderes fácticos para evitar que este debate se produzca de forma efectiva. El dinero y el poder quieren pocos movimientos una vez visto que lo que hay les conviene.

No obstante, hay que recordar que en una república algunos de los escándalos que hemos vivido se gestionarían de otra manera. Eso a pesar de que hay que reconocerle a Felipe VI la perspicacia y la habilidad suficientes para comprender que hay actitudes y comportamientos que ya no van a ser fácilmente digeribles por la sociedad española. Su llegada al trono supuso incluso el atemperamiento de las tensiones y presiones que se ejercieron sobre el sistema judicial desde un Palacio de la Zarzuela que no dudó, en una decisión incomprensible, en criticar oficialmente el comportamiento de los jueces.

Que cada 14 de abril se desplieguen banderas tricolores es el menor de los males que puede esperarse en el seno de una sociedad que no es monárquica militante ni mucho menos. Y es que, si lo piensan, no encontrarán muchas posibles defensas de un sistema arcaico, anacrónico y que tanto dolor ha causado en este país. Excepto aquello de que nos es útil como si no fuéramos ya un pueblo capaz de dotarnos de una república útil y, evidentemente, federal.

Compañeros: ¡Salud y República!

El resurgimiento del fascismo en España

19 mayo, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Vicenç Navarro, 3 de diciembre de 2013. 

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas.

Universidad Pompeu Fabra

Uno de los mitos que ha promovido la estructura de poder centrado en el estado español es que la dictadura que existió en España desde 1939 a 1978 fue un régimen autoritario pero no totalitario, distinción desarrollada por el politólogo Juan Linz, que ha tenido una gran influencia en la cultura politológica del mundo académico español, desde el que se ha extendido a los establishments políticos y mediáticos del país. Este autor dividió los regímenes dictatoriales en regímenes totalitarios, que promovían una ideología totalizante que intentaba cambiar la sociedad y a los individuos que vivían en ella, tal como -según Linz- lo hacían los regímenes comunistas, y en regímenes autoritarios, que eran regímenes que utilizaban el poder del estado para defender una estructura de poder mediante medios autoritarios, no democráticos, pero sin intentar cambiar la sociedad, careciendo de una ideología que la cohesionara y que intentara cambiarla. Según Linz, un ejemplo de ello fue el régimen liderado por el General Franco. Ni que decir tiene que los defensores y apologistas del régimen dictatorial español promovieron esta versión de lo que fue aquella dictadura, negando su carácter totalitario, portador y promotor de ideologías totalizantes.

Encuentro esta versión de lo que fue la dictadura profundamente apologética y propagandística, carente de credibilidad científica. Es importante señalar que España es uno de los pocos países en el que se conoce a aquella dictadura con el nombre de dictadura franquista. En la mayoría de países democráticos a esa dictadura, sin embargo, se la conocía y definía como fascista. Cuando, por ejemplo, el Sr. Samaranch fue a Atlanta, EEUU, para preparar los Juegos Olímpicos en aquella ciudad, el The New York Times se refirió a él como “el delegado de deportes del régimen fascista liderado por el General Franco”.

El término franquista, utilizado en España, conlleva la asunción de que aquella dictadura fue un régimen caudillista, es decir un régimen liderado por un caudillo cuyo objetivo era mantener el orden social del país, lo cual hacía utilizando medios autoritarios. En este esquema, desaparecido el dictador, desaparece la dictadura. Ahora bien, el régimen era mucho más que caudillista. La ideología que sostenía aquella dictadura era una ideología totalizante, que se reproducía predominantemente a través del estado y que sobrevivió al dictador y a la dictadura. Esta ideología fue el nacional-catolicismo, promovido por los aparatos ideológicos del estado, que afectaba a la totalidad de la sociedad y a los individuos que vivían en ella, invadiendo incluso las esferas más íntimas de la personalidad de los españoles, que incluían desde el comportamiento sexual, al idioma y cultura mediante los que el individuo debía expresarse. El régimen imponía toda una serie de normas de comportamiento y de pensamiento. En realidad, fue uno de los regímenes con una ideología más totalizante que hayan existido en Europa.

El nacionalismo españolista era un nacionalismo extremo, de carácter racista (el día nacional se llamaba el día de la raza), sumamente excluyente, que estaba basado en una visión imperial del Reino de España y con una concepción radial del estado, centrado en Madrid, la capital del Reino. España era la única nación del país y la más antigua de Europa y tenía una misión civilizadora. Otras concepciones de España eran reprimidas y eliminadas, definiéndoselas como anti España. Este nacionalismo españolista estaba intrínsecamente ligado al catolicismo clerical jerárquico español, que era parte del Estado español. No es que la Iglesia apoyara la dictadura; la Iglesia fue un componente claro de la dictadura, hecho que la jerarquía católica todavía hoy niega a pesar de la enorme evidencia de lo contrario. Los sacerdotes estaban pagados por el Estado y el dictador nombraba a sus obispos. La hipocresía de la Iglesia, negando esta realidad, alcanzaba niveles hiperbólicos.

Los aparatos apologéticos del Estado –incluso ahora, los existentes en la llamada época democrática- negaron las características de aquel estado, siendo la máxima expresión de este aparato el Diccionario Biográfico Español  promovido por nada menos que la Real Academia de la Historia, que une a su ausencia de rigor científico una desvergüenza antidemocrática. Un gran número de sus capítulos solo pueden definirse como meros panfletos ultraderechistas que en muchos países democráticos estarían prohibidos o serían ampliamente rechazados.

Aunque estos volúmenes alcanzan niveles extremos de reproducción de esa visión nacional-católica españolista, el hecho es que esa ideología impregna a grandes sectores de la sociedad española. Cuarenta años de dictadura, seguidos de treinta y cinco años de una democracia enormemente limitada y supervisada por la Monarquía y por el Ejército, han imposibilitado el cambio profundo de esta ideología, que la derecha española (que, en el abanico de opciones políticas europeo, encaja en la ultraderecha) y personalidades de la socialdemocracia española como José Bono y compañía (entre otros) sostienen.

Declaraciones recientes de dirigentes españolistas reproducen esta ideología. Ejemplos: El Sr. Aznar sostiene que “España es la nación más antigua de Europa”, el cardenal Rouco que “cuestionar la unidad de España es inmoral”, el Sr. Bono que “la grandeza de España se basa en su unidad” y un largo etcétera. En estas declaraciones, la unidad implica una visión excluyente de España que no admite otro tipo de Estado plurinacional que no sea el actual mononacional.

Esta visión está alcanzando un nivel asfixiante con las medidas represivas que el actual gobierno del PP está imponiendo como la de multar con 30.000 euros a lo que un policía –la mayoría de mentalidad de derechas- defina como un insulto a España, medida altamente represiva que recuerda a la dictadura. Es el reavivamiento del fascismo que nunca nos dejó.

Una última observación. Este sistema totalizante se reproduce también a través de los medios. Existe hoy una dictadura mediática –sí, una dictadura mediática- que no permite la diversidad ideológica que debería estar presente en una democracia. Un ejemplo de ello es que este artículo no sería aceptado para su publicación en ninguno de los cinco rotativos más importantes de España. De ahí que tenga que pedirle al lector que, independientemente de su acuerdo o desacuerdo con su contenido, lo distribuya ampliamente, por mera coherencia con su sensibilidad democrática.

Carme Chacón y la hipocresía española

18 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

No trataron bien a Carme Chacón. La prensa tampoco, en particular la conservadora, como es habitual siendo mujer y de izquierdas. Pero España reedita con ella esa pasión por llorar y ensalzar a los muertos, en particular cuando peor se ha portado con ellos.

Constatemos un hecho: Chacón no estaba en las primeras filas de la política ahora, la habían apartado.

Rosa María Artal

11/04/2017 – 20:56h

Carme Chacón y Susana Díaz, favoritas para liderar el PSOE, según un sondeo
La exministra de Defensa Carme Chacón. EFE

A Carme Chacón le hubiera gustado saber cuánto la querían. Sobre todo mucha gente anónima que supo apreciarla. Su valentía y su empeño merecían conocer que su entrega obtuvo resultados. Fueron tantas las zancadillas que sufrió que, al menos, debió quedarle ese reconocimiento. Porque han vuelto a hacerlo. Hay una querencia en España por la parafernalia de la muerte que unida a la hipocresía, o viceversa, resulta escandalosa. Constatemos un hecho: Chacón no estaba en las primeras filas de la política ahora, la habían apartado.

Comparto la valoración que sitúa a Carme Chacón como una política capaz, honesta, luchadora, feminista, de convicciones socialistas reales, y con un deseo sincero de renovar y reconstruir el PSOE. Desde la moderación. “ Chacón fue una política coherente y comprometida con sus ideales, pero no una revolucionaria“, escribe Ignacio Escolar en un artículo que aporta muchas claves. De los cambios que impulsó, de su pensamiento y de su enorme discreción. Laica ejerciente, contraria a dar el indulto al banquero Alfredo Sáenz, partidaria de investigar el fiasco de Bankia. Tropezó con el “desahucio exprés” que le salió por la culata al terminar siendo aplicado a los impagos de hipotecas que no formaba parte del diseño. Esto demuestra, por cierto, que no hay ley inocente en manos culpables.

Pues bien, no la dejaron seguir. 25 de Mayo de 2011. Las plazas de España llenas de 15M, dejando claro el “No nos representan” del hartazgo máximo. Chacón prepara incluso su equipo renovador. Y la echan atrás. Aparece, llorosa, para retirar su candidatura a las primarias por el bien del partido y de Zapatero. La intrahistoria la cuenta también el director de eldiario.es: “Una serie de barones, con Patxi López a la cabeza, amenazaron con tumbar a Zapatero si no apoyaba la designación de Alfredro Pérez Rubalcaba como candidato sin primarias”. Chacón era consciente de lo que ocurría en España, el aparato no.

Y la historia se repite en el Congreso de Sevilla de 2012 cuando Carme Chacón lo vuelve a intentar. Hasta Madrid llegaban los ecos de las presiones y zancadillas. Perdió por 22 votos en jornada maratoniana de intercambio de apoyos y favores. “La vencieron los dueños del partido, una alianza de la vieja guardia: Felipe, Guerra, Bono, Chaves… Tras perder, guardó silencio y dejó liderar a Rubalcaba”, sigue escribiendo Ignacio Escolar. Alguno más hubo, los de siempre en realidad. Tenían el PSOE, perdían apoyo electoral. “ Venció el cambio tranquilo y la experiencia“, explicaron en prensa. Poco después renunció a su acta de diputada y pasó a la actividad privada. Su carrera política declinó.

Una amiga que me sirve de barómetro popular sentencia que los compañeros que lloran a Chacón lamentan su muerte aunque la hubieran apartado de su vocación. Faltaría más. Pero lo que cuentan son los hechos. Y producen bastante impacto algunos rostros compungidos. Otros han demostrado que realmente la valoraban y querían, mucho más de lo que probablemente ella pensaba.

Sin duda el PSOE hubiera sido distinto dirigido por Carme Chacón, que pudo ser también la primera presidenta de España. Pero es lo más rancio del aparato quien lleva las riendas en defensa de “valores tradicionales”. Del PSOE, dicen. Jesús Cintora cuenta en su nuevo libro cómo Rubalcaba intentó impedir que Pedro Sánchez formara gobierno: “Si Rajoy no da el paso, no des el paso tú”. Basado en lo que, a su entender suponía, “la peligrosa compañía de Podemos y de los nacionalistas”. No hay problema en darle el gobierno a Rajoy, no constituye ningún peligro. Para ellos.

La senda emprendida por el PSOE es un puro dislate, con el golpe interno para echar al secretario general elegido en primarias, y cuanto ha sucedido después actuando como si nada hubiera ocurrido. Susana Díaz encarna esta tosca etapa de aparato y conservadurismo, por más que Chacón la apoyara frente a sus dos competidores.

No trataron bien a Carme Chacón. La prensa tampoco, en particular la conservadora, como es habitual siendo mujer y de izquierdas. Pero España reedita con ella esa pasión por llorar y ensalzar a los muertos, en particular cuando peor se ha portado con ellos.

El domingo de Ramos –como lo llamaba la portavocía mediática del PP en RTVE en estos tiempos de santerío redivivo–,  El País publicaba otra de sus encuestas de Metrocospia. Esta vez para concluir que los españoles optan por Adolfo Suárez como el presidente que querrían tener. Paradójico. Desde dentro, la derecha hoy recogida en el PP le dinamitó el partido. El PSOE de Felipe González le presentó una moción de censura y una cuestión de confianza. Le hicieron la vida imposible y sufrió por ello. Mucho.

Hemos sabido recientemente, por casualidad, que Suárez no quiso convocar un referéndum sobre la monarquía porque iba a perderlo. Se lo dijo a la periodista Victoria Prego que calló durante décadas. No se puede decir que, justa o injustamente, nadie le agradeciera el favor a Suárez. Ahora lo tenemos en los altares. Si existe alguna parte de lógica en el hecho será que les parece peor lo que vino después.

Esa exacerbación española de la muerte huele a procesión, incienso y rito, a humo. A hipocresía suma. Es ese sentimentalismo con dolor placentero, de escenario, butaca y kleenex. Y de igual modo enmascara la verdad. En la política que posterga a los ciudadanos y ejerce, con cara de póker, el todo vale para el fin último. En los medios y sectores que juegan la misma partida. Carme Chacón era del sector limpio de la política que también existe y su camino no fue de rosas.

Un consejo: la próxima vez que quieran a alguien como la querían a ella, demuéstrenselo en vida. Y déjenle volar libre.

Sobre la revolución en Venezuela

16 mayo, 2017

Fuente: http://www.blogs.publico.es

América Latina ha vivido importantes revoluciones sociales y políticas en las últimas décadas, y entre ellas se ha encontrado la más sonada: la de Venezuela. Aunque los procesos en Ecuador y Bolivia han sido interesantes, a mi juicio el proceso venezolano ha tenido mucha más importancia cuantitativa y cualitativa. En pocos años, el Gobierno de Chávez consiguió aprovechar la crisis política que atravesaba el país para darle la vuelta a la grave situación de desigualdad y pobreza que asolaba a la mayor parte de la población. La Revolución Bolivariana consiguió sacar de la pobreza a millones de personas que, por primera vez en la historia, podían alimentarse tres veces al día precisamente en un país donde el 1% más rico había dispuesto hasta entonces de la mayor parte de la riqueza y de la tierra así como de la totalidad del poder político, económico y social. El proceso venezolano, con Chávez a la cabeza, fue siempre muy singular tanto en sus aspectos culturales como en las innovaciones acometidas, y por ello resultó siempre extraño de entender para la izquierda occidental; víctima, claro está, del eurocentrismo y sus patrones culturales.

Sin embargo, la realidad es que Chávez logró convertirse en una referencia para millones de pobres que empezaban a vivir de nuevo gracias a la revolución bolivariana. Todo esto fue facilitado por la ayuda cubana en forma de misiones, por la construcción de tejido social autoorganizado en los barrios más populares y, claro está, por la propiedad pública del sector petrolero que proporcionaba los ingresos necesarios para acometer las reformas sociales.

Naturalmente tocar la propiedad privada de los grandes medios de producción, hasta entonces en escasas manos y con altos niveles de corrupción, supuso la inmediata reacción de la derecha oligárquica. Una derecha que no opera tampoco al estilo democrático-europeo sino que está acostumbrada a dominar militarmente. Una derecha educada, por decirlo así, al calor de los innumerables golpes de Estado que durante décadas frenaron o neutralizaron las revoluciones sociales en América Latina. Golpes siempre auspiciados o financiados por los servicios de inteligencia estadounidenses, como es el caso paradigmático de Chile en 1973. Una derecha, en suma, que no iba a dejar que le arrebataran el poder y los privilegios fácilmente.

En la mejor tradición, Marx ya había anticipado que las democracias burguesas son meras ilusiones y que cuando los socialistas –o cualquier movimiento enfrentado al poder económico- ganan las mayorías parlamentarias entonces es de esperar una reacción militar. De eso en España sabemos suficiente tras el episodio de 1936. La diferencia notable en el caso de Venezuela con esa advertencia del gran clásico fue que Chávez tenía a su lado el ejército, leal por ello a la nueva constitución venezolana. Aun así, en el año 2002 hubo un intento de golpe de estado que llegó a secuestrar al presidente y a recibir importantes apoyos internacionales, entre ellos el de José María Aznar (entonces presidente de España). Afortunadamente, la gente salió a la calle en multitudes y pudo revertir el Golpe. Y Chávez siguió ganando elecciones hasta su muerte, incluyendo un revocatorio en 2004 (un mecanismo para expulsar al Presidente; un mecanismo de la tradición republicana radical que no existe ni por asomo en las democracias occidentales, entre ellas la nuestra).

La derecha, torpe en su fragmentación pero dolida por los éxitos incuestionables del proceso bolivariano, ha intentado boicotear continuamente la revolución. Y lo ha hecho cada vez de forma más inteligente, asesorada por los conglomerados empresariales europeos y americanos, entre ellos una gran red empresarial española de la que el ciudadano Juan Carlos de Borbón fue representante máximo. Baste decir que los grandes empresarios de distribución se han coordinado en no pocas ocasiones para provocar episodios de escasez que enfurecieran a las masas. Al mismo tiempo, en una paradoja bastante común en la historia el proceso bolivariano iba constituyendo nuevas clases sociales que venían de la desposesión más absoluta pero que ahora se acostumbraban a cierto tipo de consumo; y estas clases fueron alejándose progresivamente del proceso bolivariano. El Gobierno, tras más de trece años, enfrentaba importantes problemas para seguir gobernando. A eso habría que unir la crisis financiera internacional y, particularmente, la caída en los precios del petróleo (principal fuente de ingresos que sostiene las políticas sociales). Finalmente, por añadir algunos elementos más, la corrupción y la ineficiencia del sector público ahondaban las grietas de la Revolución.

Al proceso revolucionario se le pueden, y se le deben, hacer muchas críticas. Pero yo sólo admito las críticas desde la izquierda, es decir, desde la lealtad a la revolución y con objeto de consolidarla y no derrumbarla. Me parece necesario plantear que el mayor error de la revolución ha sido no aprovechar los ingresos petroleros para industrializar y diversificar la estructura productiva, habiendo sido más ambiciosos frente a los grandes capitales y la oligarquía venezolana. Así lo han planteado muchos partidos aliados del PSUV, partido de Gobierno, y personalidades referenciadas claramente al chavismo.Es cierto que el clima de agresión permanente a los procesos latinoamericanos se ha acentuado. El Golpe de Estado en Honduras en 2009 fue el precursor de una nueva etapa de maniobras imperialistas en América Latina. Le siguieron los ataques sistemáticos a los gobiernos del ALBA y también del MERCOSUR, que concluyeron con la derrota del kirchsnerismo en Argentina y el golpe de Estado silencioso de 2016 en Brasil. Ecuador se juega este domingo la continuidad del proceso encabezado por Rafael Correa y Bolivia se mantiene a duras penas en un escenario de cada vez mayor abandono. Sin lugar a dudas, Venezuela es la pieza más importante a cobrarse por la oligarquía latinoamericana (que, insistimos, se apoya en la red empresarial y de comunicación también de Occidente; partidarios de una América Latina oligárquica y facilitadora de la extracción de rentas hacia Europa y América del Norte). De ahí la sobreactuación de los poderes políticos europeos, entre ellos de PP, PSOE y CS, en relación a la justa y razonable detención y encarcelamiento del golpista Leopoldo López.

En este contexto, complejo pero nítido, es en el que debemos valorar los recientes acontecimientos. El Gobierno de Venezuela está tomando decisiones, a mi juicio, demasiado precipitadas y poco meditadas frente a esta creciente agresión. En diciembre llegó a suprimir la validez de los billetes de 100 bolívares en una medida improvisada que provocó colas, desabastecimiento y mucha frustración entre la población. 72 horas más tarde tuvo que rectificar. Pero es un ejemplo, reciente, del grado de falta de estrategia que está manteniendo el Gobierno. El último acontecimiento, en relación a la suspensión de las atribuciones de la Asamblea, puede leerse en la misma clave. Ha sido una acción legal y constitucional y desde luego en ningún caso un Golpe de Estado como repiten los voceros de la derecha oligárquica, pero al mismo tiempo ha sido un error que ha dado facilidades a esa misma oligarquía. De ahí que yo dijera, ayer mismo, que me parecía una mala noticia y que lo que había que hacer era llamar al diálogo y a la calma (especialmente porque, por primera vez en décadas, la derecha ganó las elecciones parlamentarias y puso en aprietos a la revolución bolivariana). La fiscal general, de trayectoria chavista, así como cuatro exministros de Chávez han dicho exactamente lo mismo que yo había planteado; naturalmente de forma independiente. Y su opinión parece haber influido en el Gobierno de Venezuela, pues el presidente Maduro ya ha pedido al tribunal que rectifique esa decisión y ha llamado de nuevo al diálogo. Ojalá la situación se reconduzca y podamos salvaguardar la revolución de la oligarquía latinoamericana, europea y americana.

Quisiera añadir una cosa más, dirigido especialmente a la militancia de izquierdas en Europa. Ante cualquier proceso de estas características conviene estar absolutamente informado, combatiendo la desinformación que los principales medios de comunicación lanzan de forma interesada acerca de lo que sucede en Venezuela. Pero nuestra crítica ha de darse, y a mi juicio siempre fundamentada, rigurosa y leal. Muchos de los que llevamos años defendiendo a Venezuela públicamente, mientras la izquierda progresista calla o se suma al “sentido común” de la oligarquía, tenemos también la necesidad moral y política de subrayar los errores del proceso bolivariano. No se puede corregir lo que no se ve. Además, puede que uno quede regular cuando defiende incondicionalmente algunas medidas que los propios artífices acaban rectificando.

Al fin y al cabo, el socialismo no se construye desde la fe, sino desde el pensamiento y la acción crítica. Incluso aunque Venezuela fuera la nueva URSS, cosa que no hace falta ni discutir, la fe ciega en cualquier proceso es el mejor arma para la oligarquía que pretende destruirlos, y al mismo tiempo también la peor ayuda para construir aquí una izquierda socialista seria. Los que quieran rezar al mesías están en su derecho, pero algunos no creemos ni en dioses, ni en reyes ni en tribunos, y mucho menos en supremos salvadores.

El bombero que se enfrenta a una suspensión por no custodiar armas para Arabia Saudí: “No podía participar en eso”

15 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Un bombero se enfrenta a una suspensión de empleo por negarse a custodiar una carga de bombas por una cuestión de objeción de conciencia.

Eduardo Azumendi

06/04/2017 – 18:59h

Un hombre muere en el incendio de una vivienda en Bilbao
Bomberos de Bilbao, en una imagen de archivo EFE

13 de febrero de 2017. Josu, cabo de bomberos del Servicio de Extinción de Incendios de la Diputación de Bizkaia, se acerca junto con otros dos compañeros al Puerto de Bilbao para custodiar y supervisar un cargamento de material peligroso. El protocolo exige que al menos un equipo formado por tres bomberos (uno de ellos un cabo) supervise este tipo de procedimientos. Hasta ahí todo normal. Lo que viene a continuación es lo que se sale de lo habitual. El cabo (con nombre ficticio Josu a partir de ahora) pregunta por el tipo de material peligroso que transportan los contenedores que se van a cargar. La respuesta: bombas con destino a Arabia Saudí. Inmediatamente le asaltaron las imágenes de lo que está ocurriendo en las inmediaciones de este país, con bombardeos y ataques a países en su radio de influencia, como Siria o Yemen. “Cuando escuche que había bombas en el contenedor y me las imaginé dentro de él, se me encogió el corazón. Me vinieron a la cabeza los continuos bombardeos a escuelas y hospitales”, explica Josu a eldiarionorte.es.

Entonces, llamó a sus superiores, comentó que por una cuestión de objeción de conciencia no podía realizar el trabajo de supervisión y pidió ser relevado. Alrededor de diez minutos después llegó otro cabo. “No podía participar en ese trabajo. Ya sé que es legal y no está prohibido, pero mi conciencia me lo impedía”.

Ahora, Josu se enfrenta a una suspensión de empleo y sueldo. “Pasaron los días y yo creía que todo estaba olvidado, pero me han abierto un expediente del que aún no tengo conocimiento oficial. Según la Ley de Función Público me podrían sancionar con entre dos y cuatro años de suspensión de empleo y sueldo porque en el expediente han calificado la falta de muy grave”.

¿Lo volvería a hacer si se diese de nuevo la circunstancia? “En ningún momento pensé que podía tener una repercusión como la que ha tenido. El caso es que tengo familia, con dos hijos pequeños. Mi situación económica no me permite quedarme sin sueldo. Si se trata de una cuestión de conciencia y me pilla sin familia desde luego volvería a actuar igual, pero tengo dos hijos y…..”

La sección sindical de CNT en la Diputación Foral de Bizkaia ha denunciado la apertura de expediente al bombero ya que, “ha hecho lo que corresponde tanto ética como profesionalmente”. Por su parte, EH Bildu y Podemos en la Diputación han exigido que no le sancionen, que la objeción de conciencia no es punible. El asunto, así como el envío propiamente dicho de las armas, se debatirá en Bizkaia, pero llegará al Congreso y al Senado.

Según CNT, “la Diputación Foral de Bizkaia, como parte integrante del Consejo de Administración del Puerto de Bilbao, debe velar por el cumplimiento de la resolución del Parlamento Europeo, 2016/2515(RSP)”, resolución que trata la situación humanitaria en Yemen. “Esta resolución insta a la UE al embargo de armas a Arabia Saudí”.

La desmemoria histórica del Partido Popular: ni un euro para las víctimas del franquismo

14 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El PP le dedica a la Ley de Memoria Histórica la ingente cantidad de 0 euros, un dinero que debía utilizarse para financiar exhumaciones en las 2.000 fosas que se calcula que existen en España

María Eugenia R. Palop

06/04/2017 – 21:05h

El director del CIEMEDH considera que un centro académico podrá conseguir la financiación para abrir fosas que se le niega a las asociaciones memorialistas por sus implicaciones políticas. Foto: Óscar Rodríguez (ARMH).
Imagen de archivo de represaliados por el franquismo. Foto: Óscar Rodríguez (ARMH).

Decía Adorno que “dejar hablar al sufrimiento es la condición de toda verdad”, pero hay verdades que al Partido Popular, simplemente, no le suscitan ni el más mínimo interés. En los Presupuestos Generales del Estado, el Gobierno ha vuelto a invisibilizar a las víctimas silenciadas de la guerra civil y el franquismo, a imponer la acostumbrada amnesia social, y a evitar que se desmonte la mentira institucionalizada en la que llevamos décadas instalados, gracias, entre otras cosas, a políticas como las suyas.

El PP le dedica a la Ley de Memoria Histórica la ingente cantidad de 0 euros, un dinero que debía utilizarse para financiar exhumaciones en las 2.000 fosas que se calcula que existen en España. Ya en 2012, Rajoy eliminó la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, y redujo la dotación presupuestaria para Memoria Histórica de 6,2 millones, a dos millones y medio. Y en el año 2013, el Gobierno eliminó esta dotación sin más, dejando en las cunetas, por enésima vez, a las víctimas del franquismo, que siguen costeando las exhumaciones con sus propios medios, porque, mal que le pese a Rafael Hernando, se acuerdan de sus padres y familiares haya o no haya subvención.

Ahí siguen, impenitentes, andando “con los muertos para arriba y para abajo” para contrarrestar el ostracismo y las vejaciones del Gobierno del Partido Popular y de personas que, como él, no creen ofender ni humillar a nadie, porque no son nadie las 100.000 o 150.000 que aún esperan verdad, memoria, justicia y reparación. “¿Por qué voy a pedir perdón?”, se preguntaba perplejo Hernando, en un ejercicio retórico de cinismo.

No hay duda de que hay quienes han descontado ya el costo humano y social de sus privilegios, en la idea tan atroz, como poco contrastada, de que no existe “progreso” sin olvido. Y aunque también hay quienes prefieren avanzar retrocediendo, como diría Paul Valéry; avanzar sin aplastar “flores inocentes en el camino”, sin generar víctimas y sin olvidarlas, hoy, lamentablemente, está claro que los que gobiernan son los primeros. Por eso el desarrollo de la Ley de Memoria Histórica ha sido esquelético, y por eso ha acabado instaurando una discriminación en el trato, los derechos y las prestaciones que reciben unas víctimas frente a las otras, sin que exista ninguna razón que lo justifique, más allá de la desmemoria selectiva que en este país se ha practicado sin descanso.

Poco importan aquí los acuerdos internacionales sobre estas materias ratificados por España, entre los que cabe destacar la convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, o la convención internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas. Poco importa la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y, en particular, la jurisprudencia destinada a la protección del derecho a la vida y a la integridad de las personas. Tampoco importa mucho, según parece, la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2012, que, desarrollada por la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la Víctima del Delito, favorece un catálogo de prestaciones y derechos a toda víctima, sin perjuicio de que quepan regulaciones particulares en atención a unos u otros colectivos. Poco importa, por supuesto, el informe del relator de Naciones Unidas en el que se señalaba que es la ignominia y el olvido lo que se ha incorporado a la normalidad democrática de España.

En fin, esta negativa a investigar la suerte de miles de personas desaparecidas a raíz de la estrategia implementada por el Estado franquista, contraviene, entre otras cosas, el derecho internacional que es jurídicamente vinculante y de obligado cumplimiento en nuestro país. Porque no solo es que el Gobierno se niega a cumplir su obligación de actuar de oficio, sino que tampoco pone todos los medios necesarios para que otros agentes puedan llevar a cabo las investigaciones que las autoridades se niegan a hacer, y ello, sin que haya ninguna norma o principio jurídico que impida a un Estado investigar su pasado.

El PP contradice aquí, incluso, a la normativa que se ha desarrollado en el plano autonómico, y que se ha promulgado, o está por promulgarse, en el País Vasco, Andalucía, Navarra, Aragón, Valencia y Baleares, territorios que han conocido directamente los horrores de la guerra civil, la represión de la dictadura y la violencia política posterior, y en los que están domiciliadas un importante número de sus víctimas. Y lo más sorprendente es que algunas de estas normas han salido adelante con la abstención del mismísimo y esquizofrénico Partido Popular.

Reivindicar el derecho y el deber de memoria no es solo poner en el centro un hecho del pasado, sino resignificarlo y asumir las responsabilidades que se derivan del mismo, articular un consenso sobre lo intolerable, y delimitar claramente lo que, de ningún modo, puede volver a suceder. Y en la medida en que esto no se hace, no puede garantizarse nada. La responsabilidad tiene una dimensión temporal que no se agota en el presente; mira hacia al pasado, como ha de mirar hacia el futuro, y trata a todas las víctimas de la misma manera, aunque distinga las diferentes violencias de las que cada una ha sido objeto.

Quienes defendemos una política de la memoria para todas las víctimas, sin exclusión, estamos convencidos de que el examen detenido del pasado es un arma que permite combatir el “revisionismo” y el “negacionismo” con los que se justifican y se niegan todos los días las atrocidades que hemos vivido, y de las que muchas personas tienen todavía recuerdos terriblemente vivos. Y sabemos, además, que lo que las sociedades eligen recordar y olvidar, y el modo en que lo hacen, condiciona totalmente sus opciones de futuro, de manera que sin memoria no puede haber una auténtica cultura democrática, ni puede hablarse, en puridad, de un sistema político legítimo.

Dice la Comisión de Derechos Humanos de UN en sus Principios para la protección de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad, que “el conocimiento por un pueblo de la historia de su opresión pertenece a su patrimonio y, como tal, debe ser preservado con medidas apropiadas en el nombre del deber a la memoria que incumbe al Estado”. Pues bien, es este el deber que el Gobierno no cumple y este es el rico patrimonio que nos usurpa descaradamente cada vez que privatiza el uso de nuestra memoria y nos impide recordar.

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“Esto van Carrero, el rey, la Virgen y un etarra por el Valle de los Caídos…”

12 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

La derecha ultramontana ha recogido el guante de la “guerra cultural”, y se ha lanzado al contraataque. No van a dejar pasar ni una.

Isaac Rosa

06/04/2017 – 21:27h

El PSOE considera "urgente" sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos
EFE

El chiste bomba. El chiste definitivo, el combo que te garantiza cárcel, multa y linchamiento mediático. Un chiste donde mezcles monarquía, Iglesia católica y ETA, con un par de toques de franquismo disfrazados de humillación a las víctimas (Carrero) y ofensa a los creyentes (el Valle de los Caídos). Lo salteas con gracia y consigues un chiste que reúne en una sola frase lo más top del Código Penal: el artículo 510 (odio), el 525 (ofensa a sentimientos religiosos), el 578 (enaltecimiento del terrorismo) y el 491 (injurias a la corona). “Esto van Carrero, el rey, la Virgen y un etarra por el Valle de los Caídos, cuando de pronto…”. A ver quién se atreve a terminar el chiste.

Se acumulan las denuncias o condenas por bromear con esos mismos ingredientes: Cassandra y Carrero, El Intermedio con el Valle de los Caídos, el cartel del carnaval gallego, el “santísimo coño insumiso“, el rapero y sus rimas sobre el rey, y hasta la bandera republicana denunciada en Cádiz… Si ampliamos a los últimos años, la hemeroteca está llena de actuaciones judiciales y/o linchamientos mediáticos por bromear con los cuatro pilares de la derecha hispánica: monarquía, iglesia, franquismo y ETA.

Casi siempre bromas, porque hemos asumido que el humor es la única coartada para decir ciertas cosas. “Sólo era una broma”, repetimos. ¿Y si hubiera sido en serio? ¿Sólo en broma puedo decir que el Valle de los Caídos, cruz incluida, me parece “una mierda”?

Hay quien piensa que no deberíamos gastar tinta y saliva, que son casos aislados, anecdóticos; que detrás solo hay cuatro zumbados ultras; y siempre quedan en nada. Pero no es cierto. A menudo la denuncia viene de la Guardia Civil ( apatrullando  las redes), la Fiscalía o el propio Gobierno. Y las consecuencias: multas, cárcel, linchamiento, y cada vez más miedo y autocensura.

De anecdótico, nada: lo que vemos es un contraataque en toda regla, la ofensiva de la derecha más ultramontana, que se lanza a por raperos, humoristas, títeres o protestas festivas, para que quede claro que no van a pasar ni una. Que están en pie de guerra y no les importa ni el “efecto Streisand” (rebautizado como “efecto Carrero”). Que no cederán un milímetro de terreno. Que pretenden ampliar sus dominios.

¿Queríais “guerras culturales”? Pues ahí las tenéis: la derecha cavernícola lanzada en tromba. En los tribunales, con jueces afines y leyes a medida. En los medios, ganando espacio (con un conquistador-evangelizador en la tele pública). Y una y otra vez marcando agenda, consiguiendo que aceptemos su marco de discusión y caigamos en sus trampas.

Estaba la izquierda tan ufana cambiando el traje de los reyes magos, rebautizando calles y pidiendo sacar la misa de TVE, y ¿qué esperaba? ¿Que la derecha se iba a quedar mirando? No. Se han lanzado al ataque. Al contraataque. Saben bien (lo saben mejor que la izquierda) que la batalla de los símbolos puede ser la primera escaramuza para posteriores batallas más materiales. Que uno empieza quitando la misa de la tele, y acaba derogando el concordato; y el que llama mierda al hiperprotegido Valle de los Caídos puede luego sacar la piqueta.

Por eso la primera trinchera está ahí, en lo cultural, en lo simbólico. Y para que Iglesia, monarquía, herencia franquista y nacionalismo españolista estén a salvo, no se puede consentir ni una broma.

Cospedal, Trump y el mundo normal de Buenafuente

8 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En las filas de la patológica obsesión de Trump por aumentar las dotaciones y el presupuesto militar ya se han cuadrado sin rechistar –siniestros, esperpénticos- Cospedal y Morenés

Ruth Toledano, 26 de marzo de 2017.

María Dolores Cospedal y James Mattis, secretario de Defensa de Donald Trump. Foto: EFE
María Dolores Cospedal y James Mattis, secretario de Defensa de Donald Trump. Foto: EFE

Dice el humorista y presentador Andreu Buenafuente: “Si el mundo fuera normal, la mayoría sería de izquierdas, sin acritud. Buscarían la justicia social, oportunidades para todos, salud, educación”. Pues sí, eso es ser de izquierdas, ni más ni menos. “Pero el mundo”, añade, “nunca fue normal”. Tan poco normal es este mundo que, por el contrario, ataca a quienes tienen esas justas aspiraciones. De hecho, una mayoría de derechas ha inventado para esas personas un término de intención ofensiva: buenista. Como deja claro la escritora Elvira Lindo en un reciente artículo, lo que esa derecha gusta de ridiculizar es a quienes quieren un mundo que combata la xenofobia, la guerra, la destrucción del medio ambiente, la codicia, el exterminio de especies y de sus individuos, la desigualdad económica, la exclusión social…

“Ay, estos buenistas que no comprenden que la única vía es el ataque militar”, dice Lindo, y pareciera que transcribe a esa Cospedal que ha ido a hacer un mal negocio a Washington. Malo porque es el negocio de la guerra: la ministra de los ejércitos se ha comprometido a doblar en siete años el gasto español en Defensa, hasta alcanzar el 2% del PIB, el mayor presupuesto militar desde que el jefe era el Caudillo. Y malo también porque es el negocio de Trump: James Mattis, su secretario de Defensa, amenazó con “rebajar el apoyo” de Estados Unidos si “no se respalda el sistema de defensa común”, y ella le dijo sí, bwana. Sin más; sin arte ni para la guerra. Nombrándole embajador, el PP había enviado de avanzadilla a Morenés, ex ministro de Defensa, que seguro que también llama buenistas a quienes repudian el que siempre ha sido su negocio: el de las armas, incluidas las bombas de racimo que arrasan poblaciones y matan a civiles, incluidas las minas antipersona que arrancan brazos y piernas a los niños más pobres. Estos buenistas…

En las filas de la patológica obsesión de Trump por aumentar las dotaciones y el presupuesto militar ya se han cuadrado sin rechistar –siniestros, esperpénticos- Cospedal y Morenés (a quien Unidos Podemos  ha solicitado que comparezca en el Congreso para dar cuenta de sus trabajitos). Para algo que debiera honrarnos, que es el hecho de ser el tercer Estado europeo, tras Luxemburgo y Bélgica, que menos recursos destina a la paranoia defensiva, nos sumamos a la carrera armamentística del matón Trump: este Gobierno es un chiste de un humor tan negro que ya lo quisieran  Cassandra o Zapata para sí. A Trump no le tiembla el pulso del botón rojo para  recortar en programas que alimentan en escuelas a 40 millones de niños de países pobres (consiguiendo, por ejemplo, escolarizar al 100% de los niños de algunas zonas de Etiopía) y desviar esos fondos a Defensa. A Trump no le tiembla el pulso del botón rojo para  recortar las partidas presupuestarias destinadas al arte, la cultura y los medios públicos como radio y televisión, y desviar esos fondos a Defensa. Ese es el perfil del monstruo.

Y los nuestros no solo se arriman al monstruo sino que ratifican su monstruosidad. A quienes hayan llegado leyendo hasta aquí me veo en la obligación de advertirles de que las palabras con las que la ministra defendió al salir del Pentágono el aumento del presupuesto bélico español pueden herir la sensibilidad, a poquita que se tenga: “Si no tenemos garantizada nuestra defensa y nuestra seguridad da igual tener garantizado el subsidio de desempleo o la sanidad pública o la mejor educación porque lo primero que necesita un país es seguridad”. No, no han leído mal: es Mariadolores a saco, Mariadolores a lo loco, Mariadolores a la diferida y a la simulada, Mariadolores trabajando para seguir saqueando el país, Mariadolores la filósofa castrense, la política comprometida con esos Estados Unidos que bombardean civiles en Mosul.

Por supuesto, si el mundo fuera normal se escandalizaría con las palabras de Cospedal. Considerar que una discutible, si no falaz, seguridad -que además conlleva un elevadísimo gasto público y no se caracteriza precisamente por la transparencia en sus ya de por sí repugnantes transacciones- es prioritaria frente a la educación, la sanidad o el desempleo, da cuenta de la catadura política y moral de esta ministra y del modelo de sociedad que defienden ella y los suyos: el PP, Morenés, el amigo americano Trump y Mattis, brazo armado del amigo americano. Si el mundo fuera normal consideraría que una sociedad que cubre derechos básicos como la educación, la sanidad y el empleo necesita menos armas porque sabe también defenderse con la fuerza del conocimiento, la energía de la salud y el vigor del trabajo. Estos buenistas…

España necesita esos 14.000 millones en gasto militar que Cospedal, encomendándose al diablo, ha comprometido con Trump. Pero a Mariadolores la españolista las necesidades de España le dan igual. Como le da igual alistar a nuestro país en las peores, más chusqueras y más peligrosas filas del mundo. La derecha es así. La derecha, que saquea las arcas públicas desde la más escandalosa corrupción, no quiere, sin embargo, ser gorrona en la OTAN. Qué honesta es la derecha. Qué mundo propone tan distinto a ese otro de paz y justicia social, de oportunidades para todos, de salud y educación, que Buenfuente llama, simplemente, “normal”. Estos izquierdistas… Estos buenistas…

Lenin: “Sin ellas no habríamos ganado”

7 mayo, 2017

Fuente: http://www.publico.es

El papel de las mujeres, que ocupaban un alto porcentaje de la clase trabajadora, fue imprescindible para el triunfo de la Revolución rusa y la caída del zarismo. Los líderes bolcheviques se enorgullecían de ser pioneros en políticas de genero.

Manifestación contra la guerra. Obreras de la fábrica de Putilov, Petrogrado, 2 de febrero de 1917.

Manifestación contra la guerra. Obreras de la fábrica de Putilov, Petrogrado, 2 de febrero de 1917.

Marzo da el pistoletazo de salida a los actos del centenario de la Revolución rusa. En la revolución de marzo (febrero, según el calendario juliano), el hastío por la guerra y la carestía condujo a una revuelta social marcada por manifestaciones, motines y tumultos que finalmente forzaron la abdicación del zar Nicolás II y el establecimiento de un gobierno provisional, cuyo poder, sin embargo, compartía de facto con el Consejo de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado, más conocido como Soviet de Petrogrado.

“En febrero de 1917, el 47% de la clase obrera de Petrogrado eran mujeres”

En un reciente artículo para Sin Permiso, el sindicalista Miguel Salas ha destacado el papel de las mujeres en estos hechos. Entre las exposiciones que se celebrarán este año con motivo del centenario, el diario Kommersant listaba el pasado 13 de febrero la de “Las mujeres y la revolución”. Su comisaria, Aleksandra Smirnova, se ha propuesto mostrar el papel de las mujeres “más destacadas” en aquellos sucesos. “La historia de la revolución ha sido escrita sobre todo por hombres, pero en 1917 las mujeres recibieron la igualdad de derechos y el derecho a voto”, recordaba.

La revolución de febero y las mujeres

La Revolución de febrero arrancó como un eco de la Comuna de París. Rusia se encontraba en un estado de caos. Como ha afirmado el historiador británico A.J.P. Taylor, “un sistema anticuado sucumbió bajo el esfuerzo bélico de librar una guerra moderna”. La necesidad de abastecer a un ejército mal pertrechado en el frente, el funcionamiento irregular de las vías ferroviarias y la corrupción y las estructuras ineficaces del viejo régimen dieron el peor resultado posible: los alimentos no llegaban ni a los soldados ni a los civiles. Como sucedió en París décadas atrás, a las protestas contra la carestía del pan y el sistema de racionamiento en marzo de 1917, al frente de las cuales se encontraban las mujeres de Petrogado, se sumaron los reservistas y los soldados y marinos destacados en la ciudad.

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918)

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918)

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, las mujeres de Petrogrado salieron a las calles a demandar igualdad de derechos, el sufragio universal y el fin de la autocracia. “En febrero de 1917, el 47% de la clase obrera de Petrogrado eran mujeres. Muchos hombres estaban en el frente”, recuerda Miguel Salas. “Las obreras eran mayoría en la industria textil, del cuero y del caucho, y numerosas en oficios que antes habían tenido vedados: los tranvías, las imprentas o la industria metalúrgica, donde había unas 20.000. Las obreras eran también madres: debían garantizar el pan de sus hijos. Y, antes de ir a la fábrica, hacían interminables colas (unas 40 horas semanales) para conseguir algo de comida, acampando durante la noche, en pleno invierno ruso”.

Unos 50.000 trabajadores respondieron a sus llamadas a manifestarse y declarar la huelga. Las protestas se sucedieron durante semanas, sin que la represión lograse aplacarlas. Antes que disparar a los manifestantes, algunos de los soldados prefirieron fusilar a sus oficiales y unirse a los motines. “A la exigencia de ‘Pan’ se le unen las consignas de ‘Abajo el zar’ y ‘Abajo la guerra’. Grandes manifestaciones se dirigen hacia el centro de la ciudad”, explica Salas al indicar que “la policía ha levantado los puentes que separan los barrios obreros del centro, pero el río Neva todavía está helado y miles de huelguistas se atreven a cruzarlo”.

Según el testimonio de un obrero llamado Iliá Mitrofánovich Gordienko, al aparecer los temidos cosacos “las obreras tomaron la iniciativa, rodearon a los cosacos con una compacta cadena humana. Gritaban: “Nuestros esposos, padres y hermanos están en el frente”. “Y aquí soportamos el hambre, la carga de trabajo, los insultos, las humillaciones y los abusos. Ustedes también tienen madres, esposas, hermanas e hijos, ¡exigimos pan y el fin de la guerra!”.

“Las obreras tomaron la iniciativa, rodearon a los cosacos con una compacta cadena humana. Gritaban: “Nuestros esposos, padres y hermanos están en el frente”

Los oficiales, temiendo la influencia de la agitación sobre los cosacos, dieron una orden. Los cosacos se prepararon. Todos corrieron a cubrirse, agarrando piedras o piezas de metal, listos para lanzarlos. Sin embargo, los cosacos cabalgaron, pasaron sin atacarnos; luego dieron media vuelta y regresaron. Las masas los saludaron con gritos de “¡Viva!”, pese a que el corazón no podía creerlo y la mente dictaba precaución”.

El 12 de marzo, los manifestantes, sin una aparente dirección política, habían logrado incendiar varios edificios administrativos y arrancar los símbolos del zarismo, controlar los depósitos de municiones y liberar a los prisioneros capturados. Ante la gravedad de la situación, el Consejo de Ministros, reunido en pleno, presentó su dimisión. Mientras diputados progresistas de la Duma organizaban un comité provisional, los partidos socialistas, siguiendo la tradición revolucionaria de 1905, creaban un consejo de diputados obreros y soldados. El poder, sea como fuere, ya no estaba en el trono, y el 15 de marzo, el zar Nicolás II, por consejo del jefe del ejército y dos diputados de la Duma, abdicó. En una frágil alianza con el Soviet de Petrogrado, el comité provisional creó un gobierno provisional cuyo fin era convocar una asamblea constituyente y decidir el futuro sistema de Rusia. Nunca llegó a cumplir su cometido.

Clara Zetkin, primera por la izquierda. III Congreso del Komintern, Moscú, 1921.

Clara Zetkin, primera por la izquierda. III Congreso del Komintern, Moscú, 1921.

Los bolcheviques y las mujeres

Según el testimonio de Clara Zetkin, los bolcheviques concedían mucha importancia a lo que entonces se denominaba “la cuestión de la mujer”, aunque en los años anteriores a la revolución se negaron a crear organizaciones específicas dentro de su partido por temor a alentar divisiones en la unidad de la clase trabajadora. Los hechos de 1917 corrigieron definitivamente ese error. “En Petrogrado, aquí en Moscú, en otras ciudades y centros industriales las mujeres actuaron espléndidamente durante la revolución. Sin ellas no habríamos salido victoriosos. Apenas. Ésa es mi opinión. ¡Qué valientes fueron y qué valientes son!”, comentaba Lenin durante una conversación con Zetkin.

Trotsky: “La mujer obrera representa un gran papel en el acercamiento entre los obreros y los soldados”
“La mujer obrera representa un gran papel en el acercamiento entre los obreros y los soldados”, señalaba por su parte Trotsky, para quien la mujer, “más audazmente que el hombre, penetra en las filas de los soldados, coge con sus manos los fusiles, implora, casi ordena: ‘Desviad las bayonetas y venid con nosotros’.” Ante esto, seguía, “los soldados se conmueven, se avergüenzan, se miran inquietos, vacilan; uno de ellos se decide: las bayonetas desaparecen, las filas se abren, estremece el aire un hurra entusiasta y agradecido; los soldados se ven rodeados de gente que discute, increpa e incita: la revolución ha dado otro paso hacia adelante.”
En su entrevista con Zetkin, Lenin destacaba la importancia de crear organizaciones propias dentro del movimiento obrero así como de facilitar la incorporación de la mujer al mundo del trabajo y la política. “Es importante para las mujeres y el mundo: demuestra la capacidad de las mujeres, el enorme valor que su trabajo tiene en la sociedad”, aseguraba. “Muy pocos hombres, incluso en el proletariado, se dan cuenta de cuántos esfuerzos y problemas podrían ahorrar a las mujeres, e incluso eliminar, si prestasen ayuda en el ‘trabajo femenino’ [doméstico]”.

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918).

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918).

Estas organizaciones, a juicio de Lenin, no habían de ser “un intento de apaciguar a las mujeres con reformas y desviarlas del camino de la lucha revolucionaria […] Nuestras demandas son conclusiones prácticas que hemos deducido de las necesidades urgentes, de la vergonzosa humillación de las mujeres en la sociedad burguesa, indefensas y sin derechos.”

Lenin creía, eso sí, que la movilización había de incardinarse en la cuestión social y bajo el liderazgo de los comunistas, y en su intercambio con Zetkin criticaba las tendencias intelectuales de la época en este debate en Europa central y occidental. “La extensión de las hipótesis freudianas parece ‘educada’, e incluso científica, pero es ignorante, torpe”, afirmaba el autor de ¿Qué hacer?. “La teoría freudiana es una moda moderna. Desconfío de las teorías sexuales de artículos, disertaciones, panfletos, etcétera […] Por salvaje y revolucionario que su comportamiento pueda ser, en el fondo es bastante burgués. Es principalmente un hobby de intelectuales y de los sectores próximos a ellos. […] Las grandes cuestiones sociales aparecen como adjuntas, una parte, de los problemas sexuales. Lo principal se convierte en subsidiario. No sólo se arriesga la claridad de la propia cuestión, sino que confunde los pensamientos, la conciencia de clase de las mujeres de clase trabajadora.”

El patriarcado también era considerado un problema por parte de los bolcheviques: “Debemos erradicar la vieja idea del viejo ‘dueño y señor’ hasta su última raíz, por pequeña que sea, en el partido y entre las masas. Ésa es una nuestras tareas políticas, así como la urgentemente necesaria tarea de formar una plantilla de camaradas, hombres y mujeres, entrenados en la teoría y en la práctica, para desarrollar la actividad del partido entre las mujeres trabajadoras”.

“Las leyes más avanzadas del mundo”

El programa bolchevique, en palabras de Lenin, consistía en abolir “todo lo que tortura y oprime a la mujer trabajadora, al ama de casa, a la campesina, a la esposa del tendero, sí, y en muchos casos a la mujer de las clases propietarias”.

El programa bolchevique, en palabras de Lenin, consistía en abolir “todo lo que tortura y oprime a la mujer”

El poder soviético, aseguraba el dirigente bolchevique en su entrevista a Zetkin, era pionero en políticas de género. “Estamos llevando a las mujeres a la economía social, la legislación y el gobierno”, afirmaba. “Todas las instituciones educativas les están abiertas para que puedan incrementar sus capacidades profesionales y sociales. Estamos estableciendo cocinas comunales y comedores públicos, lavanderías y tiendas de reparaciones, guarderías, hogares para niños, instituciones educativas de todo tipo. En suma, estamos haciendo seriamente efectiva la demanda de nuestro programa de la transferencia de las funciones económicas y educativas del hogar a la sociedad”.

Lenin se enorgullecía de tener las leyes “para mujeres trabajadoras más avanzadas del mundo”. En octubre de 1918 la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) legalizó el divorcio y el aborto, despenalizó el adulterio y la homosexualidad con la abolición del cógido penal zarista y reconoció a las mujeres igualdad de derechos en la esfera política y laboral, así como en el matrimonio, y también el permiso de maternidad, la gratuidad del cuidado de los niños y medidas para la protección en el trabajo para las mujeres embarazadas. Según la legislación zarista, como recuerda Miguel Salas, “la mujer debía ‘obedecer a su marido como cabeza de familia, ser amante y respetuosa…‘; no podía tener pasaporte o trabajar sin el consentimiento del marido; el divorcio estaba en manos de la Iglesia, o sea, prácticamente no existía; el marido se convertía incluso en dueño de cualquier herencia que recibiera la mujer; en las fábricas, las mujeres debían soportar jornadas agotadoras cobrando menos que los hombres y sin ninguna protección por la maternidad. En el campo, la situación aún era peor, la mujer campesina era casi una esclava, del trabajo y del hogar”.

Cartel para la liberación de la mujer en Asia Central, RSFSR, años 20.

Cartel para la liberación de la mujer en Asia Central, RSFSR, años 20.

En la región de Asia Central, de mayoría musulmana, se llevó a cabo una campaña llamada ‘judzhum’ (“ofensiva”, en árabe) para la escolarización y alfabetización de las mujeres y en contra del velo islámico, de la que se conservan algunas fotografías de quemas públicas. En 1921 las autoridades soviéticas de Turkmenistán, por ejemplo, elevaron la edad de matrimonio a 16 y 18 años para mujeres y hombres respectivamente, y prohibieron los matrimonios infantiles, los matrimonios forzados y la poligamia. La campaña encontró una fuerte oposición local: según cifras oficiales, unas 300 delegadas de Zhenotdel ─el departamento de mujeres del Secretariado del Comité Central del partido─ fueron asesinadas en la región de Asia Central sólo en el año 1929.

“Es imposible tener éxito en la lucha entre grupos sociales y clases sin la cooperación de las mujeres”

Según Aleksandra Kolontái, los cambios experimentados en la Rusia soviética iban más allá de sus fronteras. “Ahora podemos encontrar a la nueva mujer en todas partes, en cualquier rincón del mundo”, escribía en un artículo titulado ¿Qué ha hecho la Revolución de Octubre por las mujeres en Occidente?‘. “La nueva mujer es un fenómeno de masas, con la excepción, quizá, de las mujeres en los países semicoloniales y coloniales, donde el desarrollo de las fuerzas productivas está impedido por el dominio depredador de los imperialistas”, escribía. Sin embargo, añadía Kolontái, “incluso allí, dada la lucha por la autodeterminación nacional y contra el imperialismo, la nueva mujer está siendo moldeada en el proceso mismo de lucha”. Y apostillaba: “Es imposible tener éxito en la lucha entre grupos sociales y clases sin la cooperación de las mujeres.”

“En todas partes, en todo país la actividad política de las mujeres ha mostrado un crecimiento sin precedentes en la última década”, proseguía. “Las mujeres están convirtiéndose en miembros del gobierno (Bang en Dinamarca, ministra de Educación; Margaret Bondfield, en el gabinete de Ramsay McDonald en el Reino Unido), están entrando en el cuerpo diplomático y convirtiéndose en la fuerza que inspira grandes movimientos revolucionarios (como, por ejemplo, Sun Tsin-lin, la esposa de Sun Yat-sen). Las mujeres están aprendiendo a dirigir departamentos, a estar al cargo de organizaciones económicas, a guiar la política”. “¿Hubiera sido esto posible sin la Gran Revolución de Octubre?”, se preguntaba Kolontái. Retóricamente, claro.