Archive for 31 enero 2017

¡Unidad, solidaridad y organización!

31 enero, 2017

Aquí os dejo una canción de rap llamada ‘Presión’ cuyo autor es Pipe Díez y va dirigida a la represión del Estado español contra los más débiles. Tú o yo podríamos ser los siguientes, es lo que tiene denunciar las desigualdades sociales y “ofender” a una monarquía ilegítima establecida por una dictadura.

Y también la canción ‘Juan Carlos el bobón’ por la que ha declarado su autor Pablo Hasél en la Audiencia Nacional. #AbsoluciónPabloHasél

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El abuelo de la agricultura natural

30 enero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Masanobu Fukuoka creía que una menor intervención en la tierra conducía a mejores cosechas

ALBERTO FRAILE29 MAR 2016 – 00:00 CEST

Masanobu Fukuoka.

Masanobu Fukuoka.

Masanobu Fukuoka (1913-2008) se expresaba enérgicamente. “No me gusta la palabra trabajo”, respondió cuando le preguntaron por la filosofía del no hacer (wu wei) que inspiró su método de agricultura natural. “Los seres humanos son los únicos animales que tienen que trabajar y esa es la cosa más ridícula del mundo. Otros subsisten simplemente viviendo, pero la gente trabaja como loca pensando que debe hacerlo para poder estar viva”.

No es que Fukuoka fuera un perezoso: fue un incansable investigador de los procesos naturales. Simplemente estaba convencido de que una menor intervención del agricultor conducía a mejores resultados. Lo demostró en su granja de Kochi, en la isla de Shikoku. Con sus prácticas de retorno a la naturaleza y mínimo impacto (sin empleo de maquinaria, combustible fósil, químicos, compost o poda) consiguió algo insólito: un rendimiento igual o mayor que el de cualquiera de la granjas productivas de Japón sin contaminar y mejorando la fertilidad de la tierra.

Las investigaciones de Fukuoka arrancaron en la década de los treinta. Tenía 25 años y una neumonía le provocó una crisis existencial que le llevaría a tomar una decisión trascendental: abandonaría su trabajo de fitopatólogo del Departamento de Aduanas de Yokohama, dejaría atrás un futuro prometedor en la Administración nipona y se instalaría en una cabaña en la granja familiar para experimentar sobre el terreno.

Allí, en lugar de preguntarse qué más podía hacer para incrementar la producción, Fukuoka se preguntó qué podía dejar de hacer. Y llegó a la conclusión de que pocas prácticas agrícolas eran necesarias. “Si se le da una oportunidad a la naturaleza, ella lo hace todo por su cuenta. ¡Nosotros no cultivamos la comida, la naturaleza cultiva la comida!”.

En los setenta, la vida del japonés tomó, de nuevo, un giro inesperado. La publicación de su obra más famosa, La revolución de una brizna de paja, coincidió con la primera crisis del petróleo en Japón. De la noche a la mañana, había que buscar métodos alternativos y Fukuoka tenía uno. Tras cuarenta años de trabajo anónimo, empezó a viajar por los cinco continentes compartiendo sus teorías naturales y ecológicas.

Fukuoka fue un autor radical y visionario: su filosofía y sus métodos de agricultura natural sacudieron el paradigma aún hoy dominante de la agricultura industrial e impulsaron el auge de la agricultura ecológica y la permacultura, disciplinas que lo consideran su abuelo. Ahora, gracias a un exitoso crowdfunding, acaba de publicarse en castellano la octava y última obra de Fukuoka, Sembrando en el desierto (Cauac Editorial Nativa), en la que se recogen las investigaciones de sus numerosos viajes para la regeneración vegetal de los desiertos.

En uno de ellos, en 1998, recaló en Mallorca. “No entiendo cómo a los turistas les puede gustar un sitio que muy pronto será un desierto”, dijo provocador. En la isla dejó huella y algunos discípulos. Desarrolló varios proyectos de regeneración y reforestación junto al diseñador Guillem Ferrer y el permacultor Julio Cantos. Ambos se grabaron a fuego los consejos del sabio agricultor y todavía hoy tratan de aplicarlos a sus iniciativas: “Observar a la naturaleza, imitarla humildemente y actuar sólo cuando es estrictamente necesario”.

Buenas intenciones, tibio resultado

29 enero, 2017

Fuente: http://www.elpais.com

En la pantalla y en la vida real la mirada de Icíar Bollaín posee misterio, curiosidad, inteligencia y también puede ser burlona.

CARLOS BOYERO5 MAY 2016 – 23:16 CEST

Fotograma de ‘El Olivo’.

En la pantalla y en la vida real la mirada de Icíar Bollaín posee misterio, curiosidad, inteligencia y también puede ser burlona. Al igual que nos ocurrió con la niña Ana Torrent en El espíritu de la colmena, casi todos los espectadores nos quedamos colgados con la adolescente Icíar Bollaín en El Sur, interpretando a esa cría que amorosamente era cómplice de su atormentado padre, pero que no puede evitar que este sea trágicamente derrotado por sus fantasmas, sus recuerdos, la sensación de lo que pudo haber sido y no fue.

Y estaba claro que además de interpretar los personajes creados por otros, esta persona inquieta acabaría contando en imágenes, detrás de la cámara, las historias que le interesaran. ¿Y qué le preocupa a Icíar Bollaín? Pues el mundo que le rodea y particularmente las injusticias, los abusos, los entuertos, utilizando la realidad nacional o lo que ocurre en países lejanos. Digamos que su máxima preocupación son los seres humanos en situación de acorralamiento, explotados, sufrientes. Bueno, es una opción humanista e inconformista. Lo que sería deseable es que los resultados fueran artísticos, estéticos, veraces, apasionantes.

EL OLIVO

Dirección: Icíar Bollaín.

Intérpretes: Anna Castillo, Javier Gutiérrez, Manuel Cucala.

Género: drama. España, 2016.

Duración: 98 minutos.

La actitud del cine de Ken Loach imagino que siempre ha sido un modelo para Icíar Bollaín. Por mi parte, es un director que a veces me interesa mucho, sobre todo cuando centra sus lacerantes y subversivas historias en universos que conoce y los hace verosímiles, y en otras ocasiones me resulta tan previsible como aburrido. No solo de buenas intenciones vive el cine.

Y con el cine de Bollaín me ocurre algo parecido, cine que cada vez se emparenta más con el de Loach, al estar firmados los guiones de las tres últimas películas de ficción de esta directora por Paul Laverty, colaborador habitual de Loach en el proceso de escritura desde hace veinte años.

Siempre acudo con expectativas e ilusión a las películas de esta mujer. No compartí el generalizado entusiasmo ante su ópera prima, Hola, ¿estás sola? ( solo me perturbó aquella actriz tan extraña y sensual llamada Silke, de la cual, por cierto, hace demasiado tiempo de la que no sabemos nada, parece haber desaparecido del mapa del cine), pero me conmovió la historia de aquellas inmigrantes sudamericanas intentando sobrevivir en un pueblo de la España profunda que desarrollaba Flores de otro mundo. Había algo estremecedor en la tortuosa relación entre un maltratador al que se le va la mano, los celos, la psicopatía, el sadismo con su inocente y acojonada esposa, a la que después chantajea sentimentalmente con inútiles declaraciones de amor en Te doy mis ojos, y también estaba bien descrita la guerra del agua en Bolivia y en medio del rodaje de una película presuntamente concienciada También la lluvia. De la fracasada Mataharis me gustaba el problema de conciliar la profesión de detective con la de ama de casa.

La inmigración, el maltrato, el feminismo, la explotación de los débiles en cualquier parte, la vocación de hacer cine social forma una temática que merece ser desarrollada, pero también corre el peligro de que amenace el panfleto, o de quedarse en la exposición bienintencionada de los males del mundo. Para mi gusto, los eludía. Con talento. Algo fundamental. No basta con la honestidad.

No había huellas de ese talento en Katmandú. Un espejo en el cielo. Hablaba de lo jodido que puede ser nacer niña en Nepal. De acuerdo. He pasado por allí y por otros lugares azotados por la miseria y con tradiciones tan machistas como feroces. Pero al describirlo, Bollaín no lograba transmitirme nada perdurable. Sí irritación en algún momento con pretensiones líricas.

Y lamentablemente vuelve a ocurrirme lo mismo con El olivo. Narra la lucha de una cría muy gritona, llena de incertidumbres pero con sentido moral como para lograr que el olivo milenario que ha vendido su agobiada familia para que decore el vestíbulo de una multinacional retorne a su sitio natural, a sus raíces. El simbolismo es tan evidente como cansino. Y vale. Todo lo que de verdad importa está en venta. Pero quedan rebeldes. Pues vale.

El obrero de derechas. Motivación y sentido del voto

28 enero, 2017

Fuente: http://www.lareplica.es

13 enero 2015 14 Réplicas

Una de las figuras más cuestionadas dentro del campo electoral es, sin duda, la del obrero de derechas. “Tonto seguro”, “analfabeto funcional” o “fascista acreditado”, el obrero de derechas ha cargado siempre en su espalda con adjetivaciones muy negativas. Y aun cuando es cierto, como explica Gramsci, que a través del concepto de “nación” las clases dominantes generan en el pueblo un sentimiento de identidad en contra de un enemigo exterior, utilizando la metáfora del “destino nacional” para afianzar un proyecto “burgués”, y que, de esta forma, el obrero se derechiza exaltando “la patria”, en la actualidad, este componente no explicaría en toda su dimensión la dirección de su voto, sobre todo en un país como Estados Unidos, y en un mundo tan globalizado como el actual.

George Lakoff, lingüista cognitivo y asesor habitual de las campañas electorales del partido demócrata, trata de explicar el comportamiento electoral en su conocido ensayo “No pienses en un elefante”. Para entender a Lakoff resulta preciso simplificar el pluralismo político y reducirlo a la eterna rivalidad entre republicanos y demócratas, más allá de la cual parecen agotarse todas las ideologías del Imperio.

Lakoff parte de dos modelos de familia contrapuestos: la del padre estricto y la del padre protector. El modelo del padre estricto parte de la base de que el mundo es un lugar peligroso y siempre lo será, el mal está presente en él. Además, el mundo es competitivo. Siempre habrá ganadores y perdedores. Los niños nacen malos, siempre quieren hacer lo que les gusta, lo que no es bueno. Por tanto, hay que conseguir que sean buenos. Para ello necesitan un padre estricto que proteja a la familia, un padre que los eduque y les enseñe la diferencia entre el bien y el mal. Al padre se le debe obediencia, es una autoridad moral. Si el niño no obedece debe ser castigado, solo así logrará una disciplina interna, disciplina que necesita para prosperar en un mundo competitivo. Cuando los niños buenos se hacen mayores, o han aprendido disciplina y pueden prosperar, o no la han aprendido. A partir de ese momento, el padre ya no se entremeterá más en sus vidas.

Este modelo tiene importantes consecuencias políticas, entre las cuales voy a destacar las siguientes, siguiendo e inspirándome en Lakoff:

1) Las personas son adultas y no necesitan que el Estado se entrometa en sus asuntos.

2) Los que prosperan son aquellos que han sido disciplinados y, “sensu contrario”, los que fracasan han sido indisciplinados y merecen, por tanto, su castigo. No es bueno premiar a los malos con costosos programas sociales. Si se les premia, nunca aprenderán a ser buenos.

3) Los que son buenos y prósperos han de ser premiados por su esfuerzo con una bajada de impuestos, pues no es justo castigarles con más impuestos.

4) No es bueno que el Estado financie la educación pública, sería necesario establecer un sistema de asignaciones (el famoso cheque escolar), porque los niños inmorales e indisciplinados pueden llevar a los niños morales y disciplinados por el mal camino. Los padres, así, podrán elegir la escuela (esta idea potenciaría la marginación y la exclusión social, es obvio).

5) El matrimonio homosexual no debe aceptarse porque rompe el modelo del “padre estricto” (el discurso moral es, en realidad, un discurso político, la norma en sí no afecta al matrimonio de aquellos que se casaron por la Iglesia pero las ideas conservadoras se ven amenazadas).

En el modelo del “padre comprensivo” padre y madre actúan conjuntamente. Se parte de que los niños nacen buenos y pueden hacerse mejores. El mundo puede ser un lugar mejor y nuestra tarea es trabajar para conseguirlo. La tarea de los padres (hombre y mujer en este modelo) consiste en educar a los hijos y en educarlos para que ellos, a su vez, puedan educar y criar a otros. La crianza supone empatía y responsabilidad. Si tienes un hijo tienes que saber qué significa cada grito, tienes que saber cuándo tiene hambre, cuándo cambiarle el pañal… Y tú responsabilidad es cuidar a ese hijo, cuestión que no es fácil y que exige trabajo. Educar a tu hijo supone darle instrumentos para que pueda realizarse en la vida y ser feliz, pero difícilmente conseguirás este objetivo si tú no te realizas y eres feliz. La realización presupone libertad, pero la libertad no existe sin oportunidades y sin prosperidad.

Este modelo, asimismo, tiene importantes consecuencias políticas:

1) El Estado debe dar oportunidades a los ciudadanos para que puedan realizarse.

2) Quienes sufren pobreza y exclusión deben ser protegidos por el Estado para que puedan alcanzar unos mínimos a partir de los cuales labrarse una prosperidad.

3) Es justo que en beneficio de todos, para hacer una comunidad mejor, que paguen más impuestos quienes más tienen, pues así podremos integrar a quienes no tienen oportunidades.

4) Si le prohibiéramos a una persona casarse con otra por el simple hecho de que pertenecen al mismo sexo estaríamos negándole la posibilidad de realizarse, y eso no es bueno y es contrario a lo que queremos.

Definidos ambos modelos y siguiendo las tesis del cognitivismo podemos afirmar, con Lakoff que:

La gente no vota necesariamente por sus intereses. Vota por sus valores. Vota por aquellos con quienes se identifica. Es posible que se identifiquen con sus intereses. Pero vota por su identidad. Y si su identidad encaja con sus intereses votará por eso; pero es un grave error dar por supuesto que la gente vota siempre por sus intereses.

Para el obrero de derechas es básico que sus hijos sean disciplinados, que no se junten con la mala gente del barrio, esos “perroflautas” indisciplinados cuyos padres son unos irresponsables. Con los inmigrantes, que siempre hacen lo que les da la gana y no tienen disciplina. Hay que poner orden, sin orden la sociedad irá a peor y habrá menos prosperidad, menos trabajo. Solo el PP puede arreglar esto, aunque ojo, se necesita mano dura y, quizá, después de todo, Rajoy es un blando. Debería dejar de ayudar a toda esa gente con el paro y los comedores sociales y toda esa parafernalia, así espabilarían. “Ya te lo digo yo, que llevo 30 años en el taxi y no hacen más que jodernos a impuestos por culpa de esta gentuza, y encima algunos son maricones y se quieren casar, menuda barbaridad, ya te digo, todo es vicio. Que una cosa es que uno se pegue una canita al aire con una putilla de vez en cuando, y otra son las mariconadas. Esto lo arreglaba yo rápido, ya te digo”.

David Condis

Escritor y Letrado de la Seguridad Social. La defensa de lo público, de lo que es verdaderamente nuestro, es más necesaria que nunca. Leo, reflexiono, me disgusta la vanidad y la prepotencia. Soy de izquierdas. La mayoría de mis amigos y compañeros de trabajo son de derechas. Mi referente político hoy es Rafael Correa, Presidente de la República del Ecuador.

Anatomía patológica

27 enero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

El huevo, que debía albergar el Instituto de Medicina Legal de un Campus de la Justicia, ha devenido objeto de análisis forense

JUAN JOSÉ MILLÁS27 MAR 2016 – 00:00 CETAnatomía patológica

SAMUEL SÁNCHEZ

La corrupción legal, en tiempos de Esperanza Aguirre e Ignacio González, puso un huevo ahí, en medio del campo, y ahí sigue, como una protuberancia extraterrestre. Cualquier día se abre y aparecen unos hombrecillos dispuestos a invadirnos, como si no estuviéramos suficientemente colonizados por nosotros mismos. El huevo, que pretendía albergar el Instituto de Medicina Legal de un supuesto Campus de la Justicia, ha devenido, paradojas de la vida, objeto de análisis forense. Si se le hiciera una biopsia, como el tumor que es, quedaríamos espantados ante la malignidad de las células que lo componen. Observen el raquitismo de la vegetación que lo rodea, incapaz de crecer a su sombra porque come de todo. Él solo se tragó en su día 22 millones de euros, a los que sería preciso añadir los 105 que se invirtieron en el resto del complejo. Un dineral con el que usted y yo habríamos cubierto cientos de necesidades, habríamos tapado miles de agujeros.

Los pasajeros que van o vienen del Aero­puerto de Barajas lo ven inevitablemente desde la ventanilla del taxi, con sol o lluvia, frío o calor. Los días de niebla, parece un coágulo en medio de un paisaje enfermo o difunto, cubierto por el sudario de la bruma. Miles de ojos se posan cada día en su cáscara. Sería un buen sitio para colocar publicidad, pero quién se atreve a acercarse a él. ¡Vaya usted a saber lo que contagia! Quienes lo perpetraron, abandonándolo, tras pagar las facturas, a su suerte, circulan con libertad, sin que hasta la fecha hayan sido citados por el juez. Pero no se le ocurra a usted robar una bicicleta.

elpaissemanal@elpais.es

La juerga

26 enero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

De un tiempo para acá, en las oficinas de Silicon Valley y en los despachos de Hollywood, los jefes trabajan en un escritorio alto con una caminadora debajo

JORDI SOLER2 FEB 2016 – 00:00 CET

El escritor uruguayo Juan Carlos ­Onetti practicaba una famosa indolencia vital. Escribía sus impagables libros acostado en su cama. Ahí también concedía entrevistas, leía novelas policíacas, fumaba un cigarrillo tras otro y a ratos bebía whisky. Si el mundo no va a ninguna parte, ¿adónde voy a ir yo?, supongo que pensaría. Otro gran sedentario era el escritor cubano José Lezama Lima, autor de la monumental novela Paradiso. Escribía, leía y recibía la visita de sus amigos sin moverse de su sillón. La inmovilidad lo puso en tal estado de gordura que, según contaba Lichi, otro escritor cubano, el día que murió no pudieron sacar su cuerpo por la puerta de la casa.

Sirvan estos dos campeones del sedentarismo como contraste frente a este invento del siglo XXI: la caminadora con escritorio integrado, o viceversa. De un tiempo para acá, en las oficinas de Silicon Valley y en los despachos de los productores de Hollywood, los jefes trabajan en un escritorio alto con una caminadora debajo. Escriben, consultan su correo electrónico, hablan por teléfono, vacilan con la secretaria y beben café sin dejar de caminar.

Hace unos días, un diario inglés publicó una nota titulada: “Cuando estás sentado estás más cerca de la muerte”. Al parecer, estar sentado durante largos periodos del día recorta el tiempo de vida. La edad a la que murió Lezama Lima, 65 años, confirma esta información, pero la de Onetti, a los 84, la contradice. ¿O será que es mejor vivir acostado que sentado? Para paliar las calamidades del sedentarismo en la oficina, el artículo proponía el escritorio con caminadora. Cuesta 2.500 dólares y desde el año 2012 se han vendido 50.000 unidades en Estados Unidos.

Veamos esta colección de piezas estelares del siglo XXI: cerveza sin alcohol, café sin cafeína, cigarrillo sin tabaco, carne que no tiene carne pero sabe a carne y ahora el escritorio sin silla. Menuda juerga.

Sofistas de museo

25 enero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

Pronto no habrá nombre que no esté prohibido. Hay gordos que prefieren ser llamados “personas de tamaño distinto”.

JAVIER MARÍAS31 ENE 2016 – 00:00 CET

La noticia mereció portada en este diario: “La corrección política asalta el museo”, rezaba el titular, y el reportaje de Isabel Ferrer se iniciaba con una cita falseadora y sofista de la responsable del Departamento de Historia del célebre Rijksmuseum de Ámsterdam. “Imagínese un cuadro titulado Franchute vestido de gala. O, si no, Gabacho montado a caballo. Sonaría ofensivo, ¿no?”, decía Martine Gosselink, y añadía: “Pues lo que intentamos es evitar términos de este tipo, que ya no encajan en nuestra sociedad”. Gosselink y su equipo han decidido, por tanto, desterrar de los rótulos de los cuadros nada menos que veintitrés vocablos, entre ellos “negro”, “cafre”, “indio”, “enano”, “esquimal”, “moro” o “mahometano”, “considerados despectivos”. (¿Cuáles serán los otros dieciséis?)

La pregunta no se me hace esperar: ¿considerados por quiénes? Si he tachado de sofistas las declaraciones de esta señora es porque empieza por equiparar términos que sí tienen voluntad ofensiva por parte de quien los emplea con otros que son meramente descriptivos y que, si acaso, sirven a la economía del lenguaje y a la comprensión entre las personas. En todos los idiomas, supongo, existen acuñaciones hechas con ánimo denigratorio, como –en español– las mencionadas “franchute” y “gabacho”, o en francés “boche” para menospreciar a un alemán.

“¿Quiénes han pasado a considerarlos despectivos? Tal vez los propios interesados.”

En el inglés de los Estados Unidos lo son “Polack” para referirse a un polaco (en vez de la neutra “Pole”) o “Spic” para denominar a un hispano, “Wop” y “Dago” para un italiano o “Limey” para un británico. “Nigger” para un negro tenía la misma intención, no así “Negro” en su origen, que no era sino la trasposición del vocablo español, por tanto un extranjerismo con función más bien eufemística. Quien utiliza esas expresiones lo suele hacer a mala idea, para provocar o humillar. Pero este no es el caso de las que Gosselink se dispone a suprimir. Se han usado siempre, como digo, para entenderse, porque no se puede pretender que el conjunto de la población sepa distinguir con precisión entre las distintas tribus nativas de América o entre los miembros de los diferentes países árabes, entre las etnias del África o entre los nacionales de lo que solía conocerse por “Lejano Oriente”.

Por eso, durante mucho tiempo, a estos últimos se los llamó “orientales” en Occidente y todo el mundo se entendía, hasta que en los Estados Unidos (pioneros de todas las quisquillosidades y bobadas) se dictaminó que eso era “ofensivo” y se sustituyó por “asiáticos”. Nunca he comprendido por qué esta denominación les parece mejor y aceptable, cuando tan asiáticos son, además, los indios de la India y los pakistaníes como los japoneses y los chinos, y me temo que los dos primeros grupos quedan excluidos del término, al menos en el habla normal y común a todos.

Uno de los ejemplos que aparecen en el reportaje da idea de la ­ridiculez del asunto. “Esquimal”, señala Isabel Ferrer, “es el nombre ­genérico para los distintos pueblos indígenas de zonas árticas y de Siberia. En cuanto se identifique el grupo étnico al que pertenecen” (los esquimales pintados en cuadros, deduzco), “se puede cambiar por inuit, yupik, kalaallit, inuvialuit, inupiat, aluutiq, chaplinos, naucanos o sireniki, sus diversas comunidades”. Y explica Gosselink muy ufana: “Primero hay que encontrar la rama concreta del poblador. No nos podemos equivocar …” Si mi entendimiento no me engaña, me imagino la surrealista y conmovedora escena: un grupo de expertos y fisonomistas escrutando el cuadro en el que aparece un esquimal y tratando de discernirlo (eso en el supuesto de que el pintor fuera bueno, y realista, y fidedigno, y no inventara ni adornada nada). “Yo me inclino por un aluutiq”, diría uno. “No sé yo”, respondería otro, “le veo rasgos de inuvialuit, aunque la zamarra es más propia de chaplino”. Jamás he oído como negativo el término “esquimal”, ni “moro” tiene nada malo en sí (otra cosa sería “moraco”), ni “enano”.

“Hay sordos que detestan ser conocidos por ese nombre y ciegos que por el suyo.”

¿Quiénes han pasado a considerarlos despectivos? Tal vez los propios interesados, no sé. Es sabido que desde hace decenios hay gordos que exigen ser llamados cosas tan antieconómicas e incomprensibles como “personas de tamaño distinto”, entre las que cabrían también los gigantes, los niños, por supuesto los enanos y acaso los anoréxicos. Hay sordos que detestan ser conocidos por ese nombre y ciegos que por el suyo, y hace siglos que fueron condenados vocablos como “tullido”, “lisiado”, “paralítico” o “minusválido”. Supongo que “discapacitado” correrá la misma suerte, y que pronto serán desterrados “cojo”, “manco”, “miope” y “bizco”. Creo que quienes demonizan estas palabras son los verdaderos racistas, xenófobos y discriminadores, porque lo que en verdad demonizan es lo que significan (el significado y no el significante, dicho con pedantería). Si yo digo “ese negro” para referirme a alguien no tiene peor intención que si digo “ese rubio” o “ese con pecas”, es una manera de identificar, nada más. Y si se me habla del cuadro Cabeza de hombre, me será más difícil reconocer la pintura en cuestión que si se siguiera titulando Cabeza de negro, como hasta hace poco. Si nos atenemos y plegamos a la subjetividad y el capricho de cada uno, y a la extrema susceptibilidad de nuestros días, pronto no habrá nombre que no esté estigmatizado y prohibido, y entonces no nos entenderemos. “Te veo con tamaño distinto”, me esforzaré en decirle al próximo amigo al que vea muy engordado.

elpaissemanal@elpais.es

Aquellos héroes

24 enero, 2017

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

La matanza de Atocha marcó a una generación que vivió con ilusión pero también con miedo los años de la Transición

ROSA MONTERO31 ENE 2016 – 00:00 CET

En el ámbito periodístico se dice “usar una percha” al hecho de hacer coincidir una noticia con una efemérides o con cualquier motivo contextual que le dé actualidad al tema y, por tanto, subraye su importancia. El estupendo libro-reportaje de Jorge M. Reverte e Isabel Martínez Reverte La matanza de Atocha (editorial La Esfera de los Libros) se acaba de publicar sin el amparo de esa excusa. De hecho, ahora se cumplen 39 años de aquel funesto 24 de enero de 1977, cuando unos pistoleros de extrema derecha irrumpieron a las diez y media de la noche en el despacho laboralista de CC.OO. de la calle de Atocha de Madrid y vaciaron los cargadores de sus Browning y Star sobre los allí reunidos, siete abogados, un estudiante y un administrativo, asesinando a cinco e hiriendo de extrema gravedad a los cuatro restantes. Y publicar algo a los 39 años de haber sucedido es como llegar el cuarto en los Juegos Olímpicos: una cifra fastidiosa y nada memorable, porque roza lo redondo pero se queda en nada. El libro de los Reverte, pues, se presenta a pecho descubierto, basando su importancia en el hecho en sí, en la relevancia imborrable de lo sucedido, en la necesidad de recordar aquel suceso crucial de nuestra Transición.

“Lo primero que recuerdo es el terror. La noticia se extendió como una llamarada.”

La matanza de Atocha fue uno de esos acontecimientos que marcan a una generación; creo que todos los que teníamos edad para vivirlo guardamos una viva memoria de aquello. Y lo primero que recuerdo es el terror. La noticia se extendió como una llamarada en la noche de enero y cundió el temor de que se hubiera desatado una purga, de que la extrema derecha hubiera comenzado su “noche de los cuchillos largos” y se dedicara a asesinar a la gente más o menos progresista, a todos aquellos que aparecían en las dudosas y arbitrarias listas de amenazados que circulaban por ahí. Una cosa que pocas veces se dice de la Transición es el miedo tremendo que se pasaba. Aquella noche fue de mucha angustia para todos.

En mi caso, por añadidura, se dio una implicación especial con la matanza. Ese despacho de Atocha era el de mis abogados laboralistas; uno de los letrados, mi querido Nacho Montejo, fallecido en 2013, que se salvó por un pelo de la masacre (salió cinco minutos antes para ir al cine), nos llevaba a unos colegas y a mí un caso por lock out: un día llegamos a la fugaz e inestable revista en la que trabajábamos y nos encontramos con la puerta cerrada. Este tipo de cosas sucedían a menudo en aquella España transitoria: todo era efímero y escurridizo. De modo que en esos días yo frecuentaba bastante aquel despacho.

Y luego hubo algo más: al año siguiente, con motivo (con la percha) del aniversario de la matanza, escribí tres reportajes en El PAÍS sobre el tema. El primero, la reconstrucción narrativa del crimen; el segundo, la historia de los asesinos; el tercero, la historia de las víctimas. Fue uno de los trabajos de los que más orgullosa estoy en toda mi carrera, pero también fue el que más me hizo sufrir. Por el tema en sí y por tener que hablar con los asesinos en la cárcel; pero, sobre todo, porque fui apaleada implacablemente por casi todos los lectores, que consideraban que en el segundo capítulo no condenaba a los criminales como ellos querían que se les condenara. Tenían razón: no condenaba aunque tampoco disculpaba; simplemente intentaba comprender qué conduce a una persona a cometer un acto tan horrible, porque creo que sólo podemos evitar las atrocidades si sabemos por qué se originan. Pero hice ese esfuerzo de entendimiento al año de la masacre, demasiado pronto, con las heridas aún sangrando, y la gente lo único que quería oír por entonces era una repulsa furiosa, un rugido de rabia. Me equivoqué y lo pagué.

“En aquella España transitoria todo era efímero y escurridizo.”

Este libro, en cambio, está escrito con la suficiente perspectiva temporal, y a la vez con pasión y con rigor. Al leerlo tienes la sensación de que lo entiendes todo o casi todo, de que completas la visión de aquellos tiempos. Y además es un merecido, necesario homenaje a aquellos abnegados y estoicos abogados veinteañeros. Y cuidado, con esto no estoy glorificando a CC.OO. ni desde luego al partido comunista, que en otros momentos fue cómplice de barbaridades estalinistas, como en el caso cubano. Tan sólo estoy rescatando a los héroes anónimos de unos tiempos confusos, gente generosa que era capaz de trabajar hasta la extenuación por sueldos miserables, que carecían de tiempo para su vida privada (si Nacho Montejo se fue al cine aquel día fue porque su mujer le puso un ultimátum), que se sabían amenazados y aun así siguieron adelante. Hombres y mujeres con ideales que dieron literalmente su vida por una sociedad mejor. Es decir, por nosotros. Siempre me conmueve recordar que los mataron a las diez y media de la noche y que los pobres seguían allí metidos, trabajando.

@BrunaHusky

www.facebook.com/escritorarosamontero

www.rosamontero.es

Lo que no se dice sobre las causas de la Gran Recesión

23 enero, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 24 de enero de 2014, y en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 28 de enero de 2014

Este artículo señala que la causa más importante de la Gran Recesión ha sido la enorme concentración de las rentas que ha ocurrido como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales desde los años 80. A pesar de la enorme evidencia que existe sobre este hecho, los mayores medios de información han silenciado o ignorado esta realidad.

El título de este artículo podrá sorprender al lector, pues se ha escrito tanto sobre las causas de las crisis que parecería que ya todo se ha dicho o escrito. Pues no, no todo se ha dicho o publicado. En realidad, muy poco se ha dicho o publicado en los mayores fórums de información y persuasión sobre las causas reales de lo que se ha llamado la Gran Recesión. Espero que al final del artículo entienda por qué se ha hablado muy poco de ello.

Tres son las causas de la Gran Recesión. Una, sobre la que sí se ha escrito bastante, es el crecimiento del capital financiero, es decir, de las instituciones como la banca, las compañías de seguros y otras cuyo negocio se basa en manejar dinero. La otra causa, relacionada con la anterior, es la desregulación de este capital financiero, y muy en especial del sector bancario, que ha creado lo que correctamente se ha definido como “capitalismo de casino” (es decir, basado en la especulación). Esta desregulación se ha dado como parte de una cultura desreguladora que ha afectado a otras actividades económicas, como la desregulación del comercio. De ello también se ha hablado extensamente.

Ahora bien, de lo que no se ha hablado es precisamente de lo que hay detrás del aumento del crecimiento del capital financiero (o lo que se llama financiarización de la economía) y de su deriva especulativa. Esta ignorada o desconocida (o incluso ocultada) causa es ni más ni menos que el enorme crecimiento de las desigualdades de renta en la mayoría de países a los que se define como países avanzados económicamente (básicamente los de la OCDE, el club de países más ricos del mundo).

Y aquí el lector me va a permitir que elabore qué quiere decir “el incremento de las desigualdades en la distribución de las rentas en un país”. Comencemos primero con el concepto de “distribución de las rentas”. Las rentas (el dinero que la gente recibe) pueden proceder del trabajo (predominantemente a través de los salarios) o de la propiedad de capital (es decir, propiedad, como por ejemplo, acciones, que generan rentas). Pues bien, la distribución de las rentas es el factor determinante para entender la evolución económica (y también política) de un país.

La mayoría de la población obtiene sus rentas del trabajo. De ahí que cuando estas rentas bajan (y pueden bajar debido a varias circunstancias, como la bajada de salarios, y/o el descenso del número de gente que trabaja, y/o el aumento del desempleo), la demanda de productos y servicios, y con ello la producción de estos productos y servicios, también baja, con lo cual la economía sufre un descenso, que es lo que se llama recesión.

El “descubrimiento” de esta relación entre bajada de la demanda y crisis económica se atribuye generalmente al famoso economista Keynes, lo cual no es del todo cierto. En realidad, le sorprenderá al lector que fue Karl Marx -que tiene muy mala prensa en España- el que ya lo señaló cuando indicó en su libro más conocido, El Capital, que la acumulación de capital, a costa del trabajo, llevaría a las crisis del capitalismo. Pero más que Karl Marx, el que elaboró más esta teoría fue uno de sus seguidores, M. Kalecki, el cual a su vez influenció a dos de los mejores economistas de nuestro tiempo, Joan Robinson y mi amigo Paul Sweezy, ninguno de los cuales, por cierto, recibió ningún Premio Nobel de Economía. En su lugar, los Premios Nobel de Economía (financiados por la banca escandinava) eran entregados a ultraliberales como Robert Lucas, que había escrito que analizar temas de distribución de la renta era dañino y peligroso (“una de las tendencias perniciosas y dañinas en el conocimiento económico… en realidad, venenosa para tal conocimiento, es el estudio de temas de distribución”. The Industrial Revolution: Past and Future). Ni que decir tiene que Lucas era un economista súper próximo al capital, que no quiere oír nada sobre redistribución de las rentas. Autores como Lucas y otros economistas neoliberales continúan teniendo muy buena prensa, no solo en círculos académicos españoles sino incluso en la prensa en general.

¿Por qué la financiarización de la economía?

Ahora bien, cuando la gente no tiene dinero, lo pide prestado. Y de ahí se explica el gran crecimiento de la banca. El endeudamiento tan tremendo de las familias españolas, así como de las medianas y pequeñas empresas (que son las que crean más empleo en España), se debe precisamente a la disminución de las rentas del trabajo. Hay una relación inversa desde los años ochenta entre la disminución de las rentas del trabajo en un país y el crecimiento de la banca. A mayor disminución de las primeras, mayor crecimiento de la segunda (ni que decir tiene que otros factores intervienen también, como la mayor o menor disponibilidad de crédito. Pero esto último no explica por sí solo el enorme crecimiento del endeudamiento).

Y los datos hablan por sí mismos. Las rentas del trabajo como porcentaje del PIB bajaron en España desde el 68% en la década de los ochenta a un 62% en la primera década del siglo XXI. En EEUU, durante el mismo periodo bajaron de un 68% a un 65%. Un tanto parecido ocurrió en la mayoría de países de la OCDE, aunque el grado de descenso y el porcentaje variaron considerablemente. Pero, incluso en los países nórdicos, como Suecia, el descenso, aun cuando mucho menor, fue del 71% al 69%. España, junto con Grecia (que pasó del 67% al 60%), Italia (del 68% al 65%) e Irlanda (del 70% al 55%), fueron de los países en los que el porcentaje de las rentas del trabajo sobre el PIB era más bajo y en los que más bajó (Eckhard Hein, “Finance-dominated Capitalism and Income Distribution. Implications for an ‘Agenda of Shared Prosperity’”). En todos ellos, las rentas del trabajo bajaron rápidamente a costa del incremento de las rentas del capital. Esta es la realidad, ignorada, desconocida u ocultada. Y no es casualidad, por cierto, que Grecia, Irlanda, Italia y España sean los países donde la Gran Recesión ha sido más acentuada (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio de 2013). Es en estos países donde el problema de la demanda es mayor y, por lo tanto, la recesión es también mayor.

¿Por qué aumentó la especulación financiera?

Este descenso del peso de las rentas del trabajo puede no traducirse en descenso de la demanda si la capacidad adquisitiva de la población no desciende como consecuencia de conseguir prestado dinero para continuar comprando los productos y servicios que necesita. Es decir, el crédito (que le proporciona la banca) puede mantener la demanda. Pero hasta cierto punto. Y ahí está la raíz del problema. La demanda persiste pero va cayendo, y con ello la actividad económica. Y ello puede representar un problema, incluso para el mundo del capital, pues si no hay suficiente demanda, las fábricas producen menos y los propietarios pueden conseguir menos beneficios. Lo que se llama la “rentabilidad del capital” queda afectada cuando la demanda baja. De ahí que la gente que tiene mucho dinero no vaya a invertir en lo que se llama economía productiva (es decir, en producir productos y servicios), sino en áreas donde la rentabilidad sea mayor, tales como las actividades especulativas en, por ejemplo, el sector inmobiliario. Y es así como se produce la enorme explosión de burbujas especulativas, facilitada por la desregulación de la banca. Ahora bien, toda burbuja, por definición, explota. Y cuando explota, la banca colapsa o se paraliza, el crédito desaparece y la economía se colapsa, pues sin crédito, la demanda también colapsa, ya que los salarios, cada vez más bajos, sin crédito, no pueden mantenerla. Y ahí surge la Gran Recesión. La enorme concentración de la riqueza ha creado la Gran Recesión, de la misma manera que antes, a principios del siglo XX, creó la Gran Depresión.

¿Y por qué ha habido esta concentración de riquezas?

Una vez se entienden las causas de la crisis, las soluciones son bastante fáciles. A riesgo de pecar de inmodestia, les aseguro que la gran mayoría de mis estudiantes en el programa de Políticas Públicas y Sociales de la UPF-Hopkins, al terminar sus estudios, saben cómo resolver la crisis. Las soluciones no son difíciles de ver desde el punto de vista científico: revertir las políticas públicas que se han ido desarrollando, la mayoría desde el periodo 1980 hasta ahora, cambiando el signo de estas intervenciones, favoreciendo a las rentas del trabajo en lugar de a las rentas del capital. Ello implica una redistribución muy notable de las rentas del país, disminuyendo las rentas del capital –incluso con la sustitución del capital por otras formas de propiedad en muchas áreas de la economía- y aumentando las rentas del trabajo. La solución para salir de la crisis es un aumento muy notable de las rentas del trabajo (a base de aumentar salarios, ocupación y empleo) y un descenso de las del capital. Y como acabo de decir, con una notable reducción no solo del espacio del capital financiero, sino también de su propiedad y comportamiento, eliminando, por ejemplo, el carácter especulativo del capital privado, sustituyéndolo, en el caso de la banca, por capital público. No tiene sentido, por ejemplo, que la banca privada consiga préstamos baratísimos del Banco Central Europeo (BCE), que es una entidad pública, para que luego los bancos privados presten este dinero a unos intereses altísimos a las autoridades públicas (como al Estado) o a las empresas. Es mucho más eficiente y justo eliminar el intermediario –la banca privada- y que el BCE preste a los Estados directamente, y que estos presten a la población y a las empresas directamente (ver mi artículo “Una de las mil razones para estar indignados”. El Plural, 13.01.14). Y, como parte de esta solución, disminuir la excesiva dispersión salarial (que ha ido aumentando entre la población asalariada), impidiendo que los salarios más altos sean, como ahora, obscenamente altos, sin guardar ninguna relación con la productividad. Y, muy importante, terminar con la “beneficencia” hacia la banca, que ha sido la que más se ha beneficiado de la generosidad estatal.

Ahora bien, que ello ocurra o no, depende de causas políticas. Para que ocurra, se necesita un cambio profundo de las relaciones de poder, incluyendo las relaciones de poder de clase, en las que una minoría controla la mayoría de instituciones mediáticas y políticas de los países de la OCDE, imponiendo las políticas ultraliberales que están dañando enormemente a la población.

Vivir con 20 dólares al mes (y poder hacer el cuento)

22 enero, 2017

Fuente: http://www.bbc.com

Compras en Cuba

Derechos de autor de la imagenAFP

Cuando los medios internacionales dicen que en Cuba un profesional puede ganar el equivalente a 20 dólares al mes, dicen la verdad. Pero es una verdad relativa. Está claro que es difícil arreglárselas con esa cantidad, casi en los límites de una vida en la pobreza extrema.

Cuba —y eso lo afirman instituciones internacionales para nada simpatizantes con el sistema imperante en la isla— es uno de los países en América Latina con menos incidencia de la extrema pobreza. De hecho, el índice de desarrollo humano es uno de los más altos de la región.

Pero el salario promedio es, a todas luces, uno de los más bajos del continente. Probablemente el más bajo.

¿Cómo explicar la aparente contradicción? Sencillamente: la mayoría de la población depende (o al menos se sirve) de los subsidios. Nadie ha afirmado (sería una tontería hacerlo) que es la situación ideal.

Pero lo cierto es que gracias a esas exenciones se han podido matizar los graves costes sociales de la crisis económica que ha sufrido el país.

Digan lo que digan los adversarios del sistema, en Cuba nadie se muere de hambre. Ni siquiera los que menos ganan. Otra cosa es que la gente satisfaga sus aspiraciones económicas, de bienestar. Pero ese es otro tema.

Pesos cubanosDerechos de autor de la imagenAFP

Las reglas del juego están claras: no se puede medir la capacidad adquisitiva del cubano que vive en Cuba con los medidores aplicables a otras realidades.

Vamos por pasos. Uno de las conquistas de la Revolución, uno de sus estandartes, es contar con sistemas de sanidad y educación absolutamente gratis.

Las cifras no mienten: las estadísticas en esos sectores ponen a Cuba en la cabeza de América Latina.

Afirmar que la educación y la salud en la isla viven sus mejores tiempos resultaría por lo menos inocente, o pura demagogia. Está claro que la crisis ha impactado a estos sectores.

Pero lo cierto es que en Cuba puede que sea difícil encontrar suplementos vitamínicos en una farmacia, puede que algunos hospitales estén sucios… pero si un paciente necesita un trasplante de corazón lo recibe sin tener que pagar un peso.

Igual, el nivel de los maestros no es el de hace 30 años… pero un joven se gradúa de la universidad (y con probadas suficiencias) sin tener que desembolsar grandes cantidades de dinero.

Mas contar con sistemas públicos de sanidad y educación, gratuitos y universales, obviamente no es solo privilegio de los cubanos.

Y la comida hay que pagarla. Y el transporte, la electricidad, el gas…

Libreta de abastecimientoDerechos de autor de la imagenAFP

Todos esos sectores están en buena medida subsidiados por el estado, de manera que una parte de los precios es relativamente muy baja.

O sea, por la cartilla de racionamiento (libreta de abastecimiento) cada ciudadano recibe una determinada cantidad de mercancías por un precio casi simbólico. Esa cuota no resuelve el problema del mes, pero ayuda considerablemente.

El transporte público en las ciudades es muy barato: un pasaje en los ómnibus cuesta 40 centavos de CUP (peso cubano no convertible)… O sea, apenas dos centavos de dólar. Aunque el servicio, sobre todo en las horas de más tráfico, no es suficiente.

Muchos (los que pueden) prefieren tomar un auto de alquiler (taxis colectivos, llamado “almendrones”) que cuestan entre 10 y 20 CUP (menos de un dólar).

Los precios de la electricidad y el gas son también módicos. Yo, por ejemplo, vivo en un apartamento con televisor, refrigerador, varios ventiladores, calentador de agua, olla arrocera, computadora, radio y otros artículos eléctricos… Nunca pago más de 12 pesos de electricidad al mes: medio dólar.

A eso se suma que la mayoría de los cubanos no tiene que pagar alquiler por su casa. (Ojo, no significa que la situación inmobiliaria sea buena. Varias generaciones de una familia tienen que vivir a veces en una casa pequeña. Y los alquileres suelen estar por encima de las entradas por un empleo estatal).

Un poco más difícil para los que deben subsistir con los salarios “oficiales” es adquirir ropa y calzado, sobre todo teniendo en cuenta los altos precios de la red de tiendas de recaudación de divisas.

Autobús en Cuba

Derechos de autor de la imagenAFP

Algunos aprovechan las esporádicas entregas de prendas en centros de trabajo (uniformes y calzado); otros acuden a tiendas de ropa reciclada.

Hay un sector de la población muy vulnerable: ancianos y discapacitados sin familia o recursos suficientes. Para ellos se han habilitado restaurantes de bajísimos precios y se supone que reciban atención social personalizada.

Lo cierto es que ellos han sido los más afectados por la crisis. En los últimos años, particularmente en las ciudades más grandes, es notable un fenómeno que hace 30 años era casi inconcebible: algunos ancianos piden limosna en las calles.

Otros han decidido probar suerte vendiendo golosinas: forman parte de la legión creciente de trabajadores por cuenta propia.

Vivir con 20 dólares al mes es posible en Cuba. Pero nadie ha dicho que sea fácil, o que sea una vida plena. Buena parte de los cubanos se las arreglan para incrementar sus ingresos (algunos de manera legal, otros bordeando el delito, no pocos delinquiendo).

Pero aumentar la capacidad adquisitiva, el nivel de vida, es una de las aspiraciones (y demandas) de una ciudadanía trabajadora, aunque no del todo motivada a trabajar.

Los próximos años deben ser cruciales. La gente necesita certezas.

Factura de servicio eléctricoDerechos de autor de la imagen BBC MUNDO

Image caption. Esta foto, tomada por Yuris Nórido, fue añadida a esta entrada del blog “Voces desde Cuba” para aquellos que ponen en duda que nunca paga más de 12 pesos de electricidad al mes.

Yuris Nórido es periodista de medios oficiales como el diario Trabajadores y el sitio digital CubaSí. Es miembro del Partido Comunista de Cuba (PCC), “porque confío en que puede ser motor de cambios necesarios para este país”.