Archive for 31 diciembre 2012

Tunecinas, más iguales

31 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS

Si lo natural es ser iguales, lo habitual es, sin embargo, que unos sean más iguales que otros, como diría George Orwell. Esto lo saben bien las mujeres; especialmente si son árabes en un país musulmán, donde ser iguales es una anomalía en peligro permanente de extinción. Así lo ha demostrado la victoria de las activistas feministas de Túnez. Tras un verano de protestas y movilizaciones, las feministas de este país han logrado mantener el estatus que ya lograron hace nada menos que 56 años. La victoria electoral del partido islamista Ennahda —una vez derrocado el dictador Ben Ali— ha permitido a los vencedores el intento de introducir en la Constitución el principio de que la mujer es “complementaria” del hombre. Las protestas han puesto las cosas en su sitio, pero, dicen los expertos, solo en el papel. Porque lo cierto es que, tras las primaveras árabes y las victorias electorales de los islamistas, hay un colectivo que lejos de avanzar ha empezado a retroceder, y ese es el de las mujeres. Es importante que las tunecinas hayan logrado un triunfo, pero lo importante —e inquietante— es el hecho de que el nuevo Gobierno se haya atrevido a proponer tal retroceso.

El caso de Fatma Nabil, la periodista que sorprendió al mundo presentando un telediario en la televisión pública egipcia con un hiyab blanco —antes prohibido— que le ocultaba el pelo y el cuello no fue un hecho anecdótico. La presión social sobre las mujeres en las sociedades árabes posrevolucionarias se ha acrecentado. Los Hermanos Musulmanes, el partido vencedor de las elecciones egipcias, no parece muy activo en la lucha contra esa presión que está obligando a muchas a echar mano de una prenda que desechaban. Pero si se quiere ver la botella medio llena se puede valorar que aún no se han atrevido a imponer el velo.

Y siguiendo con la botella medio llena, también es de valorar que las tunecinas hayan frenado este intento de golpe. Túnez siempre fue tachado por sus vecinos árabes de país occidentalizado. Ser el primero que se levantó contra el dictador cambió su imagen. Los tunecinos son tan musulmanes y árabes como el que más, a pesar de lo cual ellas son más iguales que otras.

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En defensa del federalismo

30 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Javier Tejada

La multitudinaria manifestación en Barcelona bajo el lema “Cataluña, un nuevo Estado en Europa”, y la convocatoria de elecciones en clave soberanista por parte de Artur Mas, han generado un nuevo escenario político donde se plantea abiertamente la posibilidad de que Cataluña deje de formar parte de España. Los que creemos que tal opción supondría una catástrofe en términos políticos, económicos y de cohesión social, tanto para Cataluña como para España —que no puede concebirse como tal sin aquélla— debemos hacer un gran esfuerzo por evitar un choque de trenes. Esto exige huir de las grandes declaraciones, y proponer fórmulas de entendimiento que permitan evitar la ruptura. Y reconocer, igualmente, que el encaje de Cataluña en España es un problema estructural, de naturaleza constitucional, y como tal debe ser afrontado de manera racional, con voluntad política de alcanzar acuerdos por ambas partes, susceptibles de ser traducidos jurídicamente en una cada vez más imprescindible reforma de la Constitución de 1978.

Para afrontar este enorme desafío, la teoría y la práctica del federalismo como técnica de distribución del poder y de integración política resulta fundamental. España, como Europa, será federal o no será. El principal problema que plantea la apertura de un debate sobre el federalismo es que no siempre se entiende de la misma manera. Baste recordar que si en el contexto revolucionario francés, federalismo era un término que se vinculaba a la disgregación y a la destrucción de la unidad nacional, en Estados Unidos, el federalismo se concebía como una técnica de integración y centralización frente a las tesis confederales. Lamentablemente, en nuestro último proceso constituyente prevaleció una visión negativa, similar a la francesa, y por ello se rechazó expresamente. Como alternativa se sentaron las bases de un Estado Autonómico, sin que en el texto constitucional se adoptaran las decisiones básicas relativas a qué entes conformarían ese Estado, y más importante, cuál sería el reparto de competencias entre ellos y los poderes centrales, ni tampoco, obviamente, cuál sería su sistema de financiación. Desde una perspectiva jurídica el modelo adolece, por su apertura indefinida, de falta de rigor y de estabilidad. Desde una perspectiva política, el panorama actual demuestra que no ha servido para satisfacer las demandas de un significativo número de ciudadanos de Cataluña.

En este contexto, ha llegado la hora de reemplazar el modelo autonómico por uno auténticamente federal. Y aunque es cierto que existen diversas modalidades de federalismo, no lo es menos que todas tienen unos elementos comunes. Todo Estado Federal se sustenta en una determinada cultura política, la del pacto y el entendimiento que da lugar a la lealtad federal y en una Constitución federal. La Constitución federal establece quiénes son los Estados miembros y que competencias tienen; atribuye a un órgano independiente la facultad de resolver, conforme a criterios jurídicos y no de oportunidad, las controversias entre los Estados miembros y la Federación; y define también con claridad el sistema de financiación de los Estados miembros y de la Federación.

La apertura de un debate político sobre la reforma de la Constitución en clave federal debiera dejar de lado sentimientos y agravios, y centrarse en buscar las mejores respuestas a los interrogantes mencionados. Y ello, teniendo presente los dos objetivos básicos del federalismo: lograr un funcionamiento más eficaz del Estado y una mejor prestación de los servicios al ciudadano; y fortalecer la integración política al garantizar la diversidad y el autogobierno de los Estados miembros. Esto requiere, en primer lugar, determinar cuántos Estados deberían componer el Estado Federal español partiendo de que 17, seguramente, son demasiados. Exigiría, a continuación, analizar qué competencias debe ejercer el poder central y cuáles los Estados miembros, con objeto de atribuir la competencia a quien pueda ejercerla de forma más eficaz y a menor coste. Y ello sin olvidar que muchas competencias han sido cedidas, y otras deberán serlo en el futuro, a las instituciones europeas. Y por último, implicaría alcanzar un acuerdo sobre el mecanismo de financiación que, basado en el inexcusable principio de solidaridad, podría incluir el principio de ordinalidad tal y como lo entiende el Tribunal Constitucional alemán para evitar que tras las transferencias de nivelación, los Estados de mayores ingresos pierdan posiciones en lo que se refiere a capacidad de gasto.

El reto de quienes defendemos el mantenimiento de la unidad del Estado es ofrecer a los ciudadanos de Cataluña, un proyecto ilusionante de encaje en nuestro Estado Constitucional. Con una Constitución federal, Cataluña podría contar con estructuras de Estado, las propias de un Estado miembro, y podría mejorar su financiación. Ahora bien, el pacto federal supondría el abandono de objetivos independentistas y veleidades secesionistas. El pacto federal, que tendría que ser refrendado por el pueblo español en el referéndum preceptivo que el artículo 168 exige para la reforma constitucional, contribuiría además a insuflar savia viva en la Constitución. La reforma de la Constitución en clave federal debería aprovecharse también para adaptarla al estadio actual de la integración europea cuyo horizonte último es igualmente federal.

Javier Tajadura Tejada es profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad del País Vasco.

Ejecutivos de un dólar

28 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Javier Martín

Si su sueldo es bajo, no desespere: pídale a su jefe que no se corte, que se lo rebaje a un euro al año. Es lo que ha hecho gente como Steve Jobs (Apple), Larry Ellison (Oracle), Larry Page y Sergey Brin (Google). Y les fue bien: todos han figurado o figuran entre los más ricos del mundo. Steve Jobs, por ejemplo, tras ganar durante años y años un dólar al año de sueldo, se fue a la tumba con una fortuna de 4.700 millones de euros. Debe de ser el milagro americano. O no.

Larry Ellison, la tercera fortuna del planeta, es el último en apuntarse a rebajarse su sueldo de un millón de dólares (sueldo tipo de cualquier consejero delgado de una gran compañía) al escuálido dólar. Detrás de tan drástica medida, como habrán sospechado ustedes, no hay un corazoncito ejemplar, sino una decisión cerebral: pagar menos impuestos. A la empresa y sus accionistas les parece bien, pues se ahorran ellos dinero, y a la presunta víctima se le compensa con bonus y opciones para la compra de acciones, que gravan menos. De este modo, Larry Ellison consiguió embolsarse el pasado año un dólar de salario y 96 millones de dólares por otros conceptos. Algo así como 75 millones de euros.

La moda del salario mínimo, este sí que lo es, no es nueva. La estableció en 1978 Lee Iacocca, un mago de la industria automovilística, que fue fichado por Chrysler para revitalizarla, y lo logró. Sus posteriores libros sobre consejos empresariales se convirtieron en best sellers mundiales.

El caso de Jobs es más peliagudo. Lo fueron a buscar en Apple, desesperado, tras haberlo despedido. Regresó en 1997, pero con la condición de cobrar solo un dólar. En agradecimiento, la empresa le regaló un jet privado (de verdad), valorado en 70 millones de euros. Hasta ahí todo bien. Pero si Jobs se iba con el avión de viaje de negocios, le endosaba a la empresa unos 650.000 euros por el taxi. El genio de Jobs daba para esto y mucho más: aparcaba cada día en la plaza para minusválidos y su coche no tenía matrícula. Le parecía un feo accesorio. Para evitar la multa, cambiaba de coche (siempre exactamente el mismo) cada mes.

Meg Whitman, la nueva jefa de HP, también tiene salario de un dólar. Es una de las escasas mujeres. Y también gente de la industria del cine como Jeff Katzenberg, fundador de los estudios Dreamworks junto a Steven Spielberg. En el caso de los políticos, el alcalde de Nueva York, el inmensamente rico Michael Bloomberg o el actor Arnold Schwarzenegger mientras fue gobernador de California son undolaristas.

Sus cálculos impositivos o su racanería no implica que, por otro lado, sean generosos. Es el caso de Mark Zuckerberg que ha prometido donar la mitad de su fortuna, a la vez que gana un dólar de salario con Facebook y a la vez que se va al banco a renegociar la hipoteca de su casa hasta rebajarla al 1%.

Pero, para su empresa, sin duda el más consecuente fue el consejero delegado de Citigroup, Vikram Pandit, quien se autoimpuso un dólar de ingresos en total, sin la trampa de los bonus, mientras su banco estuviera en pérdidas. En un año volvió a los beneficios, lo que redunda en el argumento fundamental de los accionistas: un ejecutivo sin salario y con recompensas trabaja por subir el valor de la acción, por la cuenta que le tiene. El problema entonces lo tienen los trabajadores de su empresa.

¡Fuera del fútbol el conflicto Israel – Palestina!

27 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | John Carlin

“No hay nada en el mundo que me cause malestar o sobre lo que tenga una opinión.” Michael Owen, futbolista inglés, en 1999.

Ya tenemos más que suficiente con la politización de la rivalidad Barça-Madrid, pero estamos acostumbrados. Es parte del folclore nacional y no hay nada que hacer a estas alturas. Pero que entre en juego el conflicto palestino-israelí… ¡Qué agobio! Terrible sería que esto actuase como precedente y, de repente, los oportunistas que participan en este y otros de los conflictos absurdos que humillan a la especie cojan la costumbre de utilizar el fútbol como terreno para librar sus batallas propagandísticas.

Si nos descuidásemos, esto podría ir a más. A algún imán yemení se le ocurrirá declarar una fatua contra el Tottenham por ser un equipo asociado con los judíos o Irán declarará una guerra religiosa contra el Manchester United debido a que sus dueños son ciudadanos del Gran Satanás, Estados Unidos. Israel, entonces, podría entrar a la carga con una campaña contra el Manchester City o el París Saint-Germain por tener dueños árabes, cuyo prejuicio antisemita se manifiesta en la ausencia de jugadores judíos en sus plantillas. Y después, ¿qué? China-Japón y su pleito por unas islas —¿mandarán emisarios de Shanghái a Old Trafford a lanzar cánticos obscenos contra el nuevo jugador japonés del United? O quizá algún energúmeno de la derecha nacionalista inglesa exija la expulsión de los jugadores argentinos de la Premier, por lo de las Malvinas, o la de los españoles, por Gibraltar?

Sí, fue un mal precedente el del delegado palestino en España, cuando se inventó un lío por la anunciada presencia de un exsoldado israelí en el Camp Nou para el partido entre el Barça y el Madrid. El tema ya estaba zanjado. Gilad Shalit fue liberado en octubre de 2011 tras pasar cinco años en manos del movimiento palestino Hamás. A cambio, los israelíes liberaron a más de 1.000 presos palestinos. Shalit nació donde nació, le tocó lo que le tocó y sufrió por ello. Uno de los consuelos que le ofrece la vida, como a tantos de nosotros, es el fútbol. Resulta que es aficionado del Barça. Sus años de cautiverio le impidieron disfrutar de la mejor época que ha vivido su club en toda la historia. Dejen en paz al pobre tipo. Que se dé el gusto de ver a Messi y compañía.

Pero no. El delegado palestino tuvo que asomar la cabeza; tuvo que demostrar que ahí estaba, firme, al pie del cañón; tuvo que denunciar el “trato de favor” no a Benjamín Netanyahu o su grotesco canciller Avigdor Lieberman, que sí chorrean sangre palestina por los poros, sino a un soldado con cara de mosquita muerta que tuvo la desgracia de haber sido incorporado un día al ejército, como corresponde por ley en Israel a un muchacho de su edad. Olvidándose convenientemente de que el año pasado el Barcelona había invitado al Camp Nou a Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, el delegado palestino fue incapaz de dejar pasar la oportunidad de demostrar a sus jefes que permanecía atento a lo que decidió presentar como otra ofensa más contra el pueblo palestino.

Con lo cual al Barcelona no le quedó otra que participar en el innoble juego y responder que sí, que vale, que mandaremos invitaciones también a un par de expresos palestinos. ¿Está bien? ¿Contentos? Sí, parece que sí. Pero que no se repita esto, por favor. Porque hoy le tocó al Barça, mañana le tocará al Madrid y pasado al United.

Que no se repita nunca. Que se vayan los mezquinos que lo quieren arruinar todo para los demás. Porque, salvo la peculiaridad, repetimos, de lo del Madrid-Barça (bastante inofensiva, a fin de cuentas), buena parte de la grandeza del fútbol es que rebasa fronteras y está por encima de los conflictos raciales, religiosos, políticos que asuelan al mundo. Es territorio neutral. Hay terroristas suicidas de la Brigada de los Mártires Al Aqsa palestina y hay judíos ortodoxos israelíes (me consta) que comparten afición por el United que en el fútbol podrían descubrir la posibilidad brevemente de suspender hostilidades y debatir un tema de interés mutuo. Durante la guerra de las Malvinas, los aficionados del Tottenham coreaban con especial fervor los nombres de sus dos jugadores argentinos, Osvaldo Ardiles y Ricardo Villa. Cuando Estados Unidos e Irán se enfrentaron en el Mundial de 1998, ambos equipos se comportaron con ejemplar deportividad. Nadie ha condenado al Arsenal porque en su día Osama bin Laden iba a ver partidos en el estadio de Highbury.

Que el fútbol siga así: un refugio, con todo el ruido e indignación que genera, contra los comportamientos más vergonzosos del ser humano. Por favor.

Toro

26 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Ricardo de Querol

El camarero de un sofisticado restaurante explica a los clientes en qué consisten sus platos.

—Un tierno corderito de pocos meses es arrancado de los pechos de su madre y llevado a una jaula hacinada con otros muchos que lloran asustados. Después lo colgamos de un pie, lo degollamos y dejamos que se desangre cabeza abajo a la vista de los demás corderos, aterrorizados. Luego se trocea y se cuece al horno en su jugo. Se sirve con patatas.

—¡Uhm! Se me hace la boca agua. Tomaré cordero, sí.

Una surrealista escena de este tipo aparecía en el programa de humor australiano Comedy Inc., tristemente desaparecido, ilustra la hipocresía de una sociedad que se cree pacífica, siendo abrumadoramente carnívora. Matamos cientos de bestias para alimentarnos a lo largo de nuestra vida, porque venimos de monos que salieron a la pradera para hacerse cazadores. En los pueblos hasta los niños conocen la matanza, pero los urbanitas ya no tenemos contacto alguno con la sangre animal. Nos protegemos de lo atroz solo quitándolo de nuestra vista.

TVE programó toros por primera vez en seis años, un festejo en Valladolid cuyos derechos casi se los regalaron con tal de romper el bloqueo. Fue, sí, una decisión política, un gesto del nuevo Gobierno al mundo taurino, que se siente acosado por el creciente movimiento prohibicionista, no solo en Cataluña y Euskadi.

Hay dudas de que los toros arraiguen en TVE dada la ruina económica del ente y los altos precios de un espectáculo en declive. Una sola emisión ha reabierto viejas polémicas, como que las tardes taurinas se celebren al sol, en pleno horario infantil, y no de noche cerrada, como el fútbol. TVE resolvió el dilema burlando su libro de estilo y advirtiendo a los padres para que actúen en consecuencia (lo que podría aplicarse a cualquier contenido).

Comprendo que muchos repudien el espectáculo por sangriento, también que se quiera mantener una tradición de muy viejas raíces mediterráneas. Los toros son la España de tricornio y pandereta; también son Goya, Picasso y Hemingway. He pisado una plaza sin entusiasmo; entendí mucho más visitando la dehesa con el crítico y ganadero Alfonso Navalón. Por supuesto que puede existir arte en la muerte, que es algo tan natural como la vida. Los aficionados, entre los que no me cuento, no son sádicos. Buscan, también ahí, la belleza.

La tauromaquia es cruel, sí. Y la gastronomía. No es peor el destino de un toro de lidia que el de un cordero lechal.

Actualización: la réplica de Joaquina Prades

Tras leer este artículo, mi compañera Joaquina Prades me envió esta inteligente respuesta, que no me resisto a publicar para compartir el debate.

“Ricardo, avísame cuando haya una parte de la población (aunque sean octogenarios, con Esperanza Aguirre, Álvarez del Manzano y Sánchez Dragó de abanderados) que aplaude y retrasmite por la televisión pública dos horas de matanza del cordero lechal a ritmo de pasodobles y con el público entregado y feliz, para no verlo y desaconsejarle a mi hijo que lo haga. No sé yo esas esencias patrias, ese carácter tan nuestro, ese garrote vil que nada tiene que envidiar a la guillotina… Y los que buscan la belleza en la lenta y cruel tortura al animal, no sé. Apollinaire, el Marqués de Sade, Jack el Destripador o Calígula también encontraban gozo estético en el sufrimiento ajeno, literario o real (contra las mujeres, en el caso de los tres primeros; con todos los sexos, en el caso del emperador romano) y no me generan simpatía ninguna por esa cualidad.

Lo de las dehesas ecológicas. A ver. ¿Para qué han reintroducido el búfalo en las praderas norteamericanas, por ejemplo? ¿Para qué sirve el búfalo? ¿Son tontos los americanos? ¿Acaso si no matamos en público al búfalo deberíamos haberlo exterminado? Y los pastos, en el momento en que se acabe por inanición la fiesta torera ¿se levantarán obligatoriamente varios Eurovegas en la campiña salmantina? ¿desaparecerán los espacios protegidos? ¿Serán expulsados los alcornoques y las encinas del paisaje nacional? Tampoco me convence el argumento.

¿Armas o cooperación?

25 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS

Muchas personas no se habrán dado cuenta de que la cooperación española corre hoy igual o peor suerte que las demás políticas sociales, porque son tantas las noticias de recortes que cuesta llevar la cuenta. Pero la realidad es que el Gobierno de Rajoy está desmantelando 32 años de solidaridad de los españoles con las personas más pobres y vulnerables del mundo, y para justificarlo presenta el argumento, aparentemente irrefutable, de que no hay dinero. España ya cooperaba cuando nuestra renta era la mitad de la actual, desde ese espíritu de solidaridad nacido de un país que era considerado “país en desarrollo” hasta 1981.

La realidad es que la semana pasada el Gobierno aprobó una ampliación de 1.800 millones del presupuesto para el Ministerio de Defensa con el objetivo de adquirir un avión, un par de helicópteros, un carro de combate y armamento vario como obuses y misiles. Según el ministro Morenés, esta compra favorece “la creación de riqueza y seguridad”. Riqueza y seguridad ¿para quién?

1.800 millones de euros es más de lo que se ha recortado en cooperación y ayuda humanitaria en España en estos dos últimos años. Que no nos llamen a engaño. Dinero hay, pero sólo para lo que se quiere. La cooperación internacional está en peligro de extinción, y con ello millones de personas se verán abocadas al hambre y la pobreza, pero por lo visto, hay cosas más importantes o necesarias o justas como favorecer a la industria de la producción de armas. O quizá es que las personas en el Sur también han estado viviendo por encima de sus posibilidades.— Jaime Atienza Azcona. Director de Campañas y Estudios de Intermón Oxfam.

La iglesia católica admite 620 casos de pederastia en Australia

24 diciembre, 2012

El arzobispo de Melbourne, Denis Hart. Kristian Dowling (Getty)
Fuente: diario EL PAÍS | EFE

La Iglesia católica de Australia ha confirmado 620 casos de abusos sexuales contra menores cometidos por sacerdotes desde la década de 1930. Es una revelación inédita en ese país y el arzobispo de Melbourne, Denis Hart, calificó de “horribles y vergonzosas” las cifras. Todo figura en un informe entregado a la comisión que investiga los casos de pederastia cometidos en las distintas órdenes religiosas en el Parlamento del Estado de Victoria (al sureste del país). Según las asociaciones de víctimas, el número de los que sufrieron abusos puede superar los 6.000 solo en Victoria.

El arzobispo Hart precisó en un comunicado de su archidiócesis que la mayoría de los casos que ahora se reconocen ocurrieron entre la década de 1960 y la de 1980, aunque se remontan hasta 80 años atrás, mientras que solo 13 de los abusos tuvieron lugar después de 1990. Tambien prometió que la Iglesia colaborará plenamente con la comisión parlamentaria. Agregó que está investigando otros 45 supuestos abusos sexuales.

“En la comisión, estamos abiertos a mirar a los abusos horrorosos que ocurrieron en Victoria y en otras partes. Este informe demuestra que la Iglesia está hoy comprometida a afrontar la verdad y no esquivar, disminuir o evitar estas acciones de aquellos que violaron sus votos sagrados”, añadió Hart.

Fue el Parlamento de Vitoria quien creó el pasado abril la comisión especial para estudiar los casos de pederastia cometidos por las distintas órdenes religiosas. Tiene previsto ofrecer sus conclusiones el año que viene.

Otros perdones

-En 2007, el arzobispo de Los Ángeles (EE UU) pidió perdón a los afectados por los abusos sexuales infantiles por parte de sacerdotes. La archidiócesis acordó pagar 508 millones de euros a los afectados. El pasado junio, William Lynn, prelado de la archidiócesis de Filadelfia, se convirtió en el primer alto cargo de la Iglesia católica de EE UU condenado por abusos a menores.

-El papa Benedicto XVI declaró en 2010 que estaba “verdaderamente arrepentido” por los abusos sufridos por las víctimas a manos de curas católicos en Irlanda.

-En 2010, el líder de la Iglesia católica alemana, el arzobispo Robert Zollitsch, reconoció que los casos de abusos han llenado la Iglesia de “pesar, horror y vergüenza”. El perdón llegó tras una investigación que implicaba a 46 jesuitas en 205 casos.

-En diciembre pasado, la Conferencia Episcopal holandesa pidió perdón por “la lacra de los abusos sexuales cometidos en el seno de la Iglesia católica”.

En su visita a Australia, en 2008, el papa Benedicto XVI se reunió con algunas de las víctimas, a las que pidió perdón en nombre de la Santa Sede.

La corrupción sexual entre eclesiásticos amenaza el pontificado de Benedicto XVI, que llegó al cargo hace siete años prometiendo acabar con la “suciedad” en su Iglesia. El calificativo fue textual: “Cuánta suciedad”, clamó en un discurso ante los cardenales. Se refería, sobre todo, a la suciedad de los comportamientos sexuales del clero y de algunos jerarcas, estos últimos por acción pero sobre todo por omisión de su deber de vigilar y cortar los abusos sexuales a menores en su diócesis.

Pese a que el Papa, en su empeño de promover la “tolerancia cero”, adoptó medidas profilácticas, como la inmediata expulsión de Roma del notorio pederasta Marcial Maciel, el poderoso fundador de los Legionarios de Cristo, e incluso se decidió a pedir perdón él mismo a las víctimas de algunas Iglesias locales (Irlanda, en primer lugar), los escándalos siguen salpicando al Vaticano por la pasividad de algunos episcopados. La Iglesia ha pedido perdón en Holanda, Alemania y Estados Unidos por casos similares.

También en Argentina menudean los casos de abusos sexuales a menores en parroquias y seminarios, sin que acabe de cerrarse el problema. Esta vez ha sido el Arzobispado de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, quien se ha visto obligado a salir ante la opinión pública para expresar su “profunda vergüenza e inmenso dolor por faltas gravísimas cometidas” por un sacerdote al que acusaron de abusar de menores. Los hechos sucedieron entre los años 1984 y 1992 y ha sido una investigación periodística la que lo ha desvelado ahora. El asunto está ya en manos de la Justicia de la provincia de Entre Ríos.

“Las últimas noticias periodísticas reavivan nuestra profunda vergenza e inmenso dolor por faltas gravísimas cometidas por uno de quienes deben servir a la vida moral del pueblo, con su ejemplo y enseñanza”, dijo el jueves pasado Arzobispado de Paraná en un comunicado. También afirma que cuando por primera vez se conocieron los hechos, “se realizaron todas las medidas” para el “esclarecimiento de la verdad, siempre preservando el derecho a la intimidad y el debido proceso”, informa Efe.

El sacerdote implicado, José Ilaraz, se encuentra apartado del ministerio sacerdotal “hasta que la Santa Sede resuelva su situación”. Según medios de prensa locales, se le acusa por medio centenar de casos de abuso a chicos de 12 a 14 años, entre 1984 y 1992, cuando Ilarraz era prefecto del Seminario Menor de Paraná.

La educación vista desde abajo

23 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS

Actualmente tengo 17 años y estoy cursando 2º de Bachillerato en este alocado torbellino de recortes y huelgas en que se ha transformado la educación pública. Esperanza Aguirre, que ha dimitido recientemente, ha provocado con sus recortes que muchos de mis amigos estén en clases de 39-40 alumnos, que los profesores dispongan cada vez de menos tiempo para dedicarnos, que no haya becas de comedor ni de libros… Por eso, horas que antes los profesores dedicaban a corregir exámenes, limpiar laboratorios, preparar clases teóricas y prácticas han desaparecido al aumentar su horario lectivo. Y con la disminución del número de profesores han desaparecido también desdobles y atenciones especiales para aquellos compañeros que lo necesitaban.

En general la calidad de nuestra educación ha disminuido notoriamente. Pero ese no es el mayor logro de la ya expresidenta, su mayor logro ha sido hacer que la culpa parezca de los profesores. Con declaraciones plagadas de ambigüedades intencionadas e imprecisiones, ha creado la imagen de un profesor que trabaja poco y disfruta de excesivos privilegios. A mí y a muchos en el instituto nos quema ver como se marcha de la presidencia de la Comunidad en calidad de suprema defensora de la educación y promotora del bilingüismo cuando entre ella, Lucía Figar y José Ignacio Wert están reduciendo a despojos la que fue una de las educaciones públicas mejores y más igualitarias del mundo.— Ignacio del Amo.

Barack Obama puede estar orgulloso de su balance

21 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS | Bernard-Henri Levy

A solo unos días del election day,y mientras en el mundo resuena toda esa palabrería inútil sobre el “sueño roto” de Obama, sobre su “magia evaporada” o incluso, ya que estamos, sobre la “esperanza asesinada”, no parece ocioso recordar lo que realmente salta a la vista: en cuatro años, el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos ha llevado a cabo al menos tres revoluciones.

En primer lugar, su gran reforma de la sanidad. Incompleta, sin duda. Y edulcorada, pues en el ardor de la batalla que le libraron los republicanos —reforzados por un puñado de demócratas— tuvo que revisar numerosos aspectos de su proyecto. Pero, al fin y al cabo, la hizo. Tuvo que pelearla, pero ganó. Y, digan lo que digan los quisquillosos, los amargados, los derrotistas, ahí está el resultado concreto: gracias a un presidente que vio luchar a su joven madre contra el cáncer, al mismo tiempo que contra un sistema sanitario que, de hecho, le negaba el acceso a los tratamientos que necesitaba, los 50 millones de excluidos del sueño americano han conquistado el derecho a enfermar, a envejecer, a afrontar honorablemente esa última y oscura cita que es, para cada uno de nosotros, el día de la propia muerte. Clinton no se atrevió a abordar esta revolución elemental y magnífica, esta extensión del dominio de la lucha por los derechos humanos entendidos también como derecho a sufrir, envejecer o morir con dignidad. Ni Kennedy. Ni Truman. Ni ningún otro. Y, desde un punto de vista histórico, es un éxito considerable.

A continuación, revolucionó un paisaje económico al que, en el momento en que él tomaba las riendas, el viento de una crisis sin precedentes amenazaba con transformar en un campo de ruinas. También en este caso, lo hizo de forma incompleta. Lo hizo a su manera, que es la de un pragmático, la de un hombre de términos medios, la de un centrista. Y, sobre todo, lo hizo en mitad de una tempestad que, por mucho que tendamos a olvidarlo, entonces aterraba a todos los responsables del planeta y los obligaba a navegar a ojo, sin instrumentos ni certezas, de forma que cada decisión podía conducir al desastre. Pero, al fin y al cabo, la hizo. Empezó por llamar al orden a Wall Street. Prudente pero firmemente, puso a prueba los primeros mecanismos de regulación financiera. Y, al inyectar los 800.000 millones de la American Recovery and Reinvestment Act y, luego, en septiembre de 2011, los 447.000 millones de la Jobs Act, puso en marcha el plan de reactivación más colosal de todos los tiempos. Como todos sabemos, no existe una historia de las catástrofes evitadas. Pero ¿tan difícil es imaginar cuáles serían los niveles de desempleo en el país sin tales decisiones? Y, sin la nacionalización de facto de tal complejo automovilístico, sin esos créditos masivos a favor de las energías sostenibles, sin esa reinversión keynesiana en unas infraestructuras olvidadas desde los años treinta, en resumen, sin ese nuevo New Deal, ¿quién sabe en qué estado se encontraría el país y, en consecuencia, el mundo? A uno le viene a la memoria, en efecto, el nombre de Franklin D. Roosevelt, inventor del primer New Deal. Y el de Lyndon Johnson, ese otro gran presidente, promotor de la Great Society. Para un hombre al que todos tachan de decepcionante e indeciso, cuando no de pusilánime, me parece que tampoco está tan mal.

Y, para terminar, modificó profundamente, y no es menos importante, el curso de la diplomacia norteamericana —y, por consiguiente, la imagen que el país proyecta sobre el planeta—. Tampoco esta vez lo hizo completamente. No dispuso de los medios políticos necesarios, por ejemplo, para cumplir su promesa de cerrar Guantánamo. Ningún hombre podía ni podrá nunca vencer solo a los ídolos de esa nueva religión mundial en la que se ha convertido el antiamericanismo. Pero consideremos la secuencia que se abre con el discurso de El Cairo, en el que tendió la mano a los musulmanes moderados. Consideremos la retirada de Irak. Y, en esa misma línea, la intensificación de la guerra contra los talibanes. Y, antes de conjurar la amenaza que representaba Bin Laden, el cuestionamiento de la alianza absurda, por no decir contra natura, que habían alcanzado sus predecesores con el Estado fallido de Pakistán. Barack Obama rompió con una estrategia jacksoniana según la cual, para combatir el terrorismo, valía disparar a ciegas, the West against the rest, Estados Unidos versus islam, y viva la guerra de civilizaciones. A cambio, pasó a una estrategia reflexiva, “selectiva”, en el marco de la cual el concepto de “guerra justa” venía a reforzar una defensa decidida del islam ilustrado: islam contra islam, guerra dentro del islam, una América que solo apunta y solo combate a los neofascistas, enemigos de los pueblos del mundo y, antes que nada, de los pueblos arábigo-musulmanes y de sus aspiraciones de libertad.

En una palabra, Obama ha cumplido la mayor parte de sus promesas. Y, para que cumpla las demás, bastará con que le concedan ese segundo mandato que, desde el primer día, decía que necesitaría para completar su empresa con éxito. Por mi parte, no lamento haber augurado, ya en 2004, es decir, cuatro años antes de su primera elección, el prodigioso destino de aquel a quien entonces bauticé como el “Kennedy negro”. No tengo motivos para sentirme decepcionado. La esperanza sigue intacta. Más que nunca. Y el combate continúa.

Bernard-Henri Lévy es filósofo francés.

Traducción de José Luis Sánchez-Silva

Miles de palestinas se resignan a vivir con polígamos

20 diciembre, 2012

Fuente: diario EL PAÍS
Ana Carbajosa | Hebrón

Una mujer tiene un marido. Un marido tiene hasta cuatro mujeres. Esta es la realidad en algunos hogares del mundo árabe, donde la poligamia es simplemente una opción legal más. En los territorios palestinos, la mayoría de los hombres optan por convivir con una sola mujer, pero la sharia, la ley islámica que rige para el derecho de familia permite casarse hasta con cuatro mujeres. En Hebrón, la mayor ciudad de Cisjordania, los matrimonios polígamos son el 10%.

Para los hombres, la poligamia es una opción que les permite satisfacer sus apetencias a medida que surgen durante su vida. Para muchas de ellas, casarse con un hombre que tiene otras esposas o aceptar que su marido se case de nuevo es solo fruto de la resignación y de la falta de alternativas, en una sociedad que ofrece escasas salidas a las solteras y divorciadas. Las menos, están convencidas de que la poligamia es un sistema que funciona y que tiene la ventaja añadida de que respeta los preceptos islámicos.

En Cisjordania, el debate es intenso y las bromas constantes. Amenazar con casarse con una segunda mujer es un chascarrillo recurrente entre algunos hombres palestinos. Para las mujeres, la broma deja de tener gracia el día que sucede de verdad.

Um Mohamed Abu Zeinab tiene 39 años y todavía no se ha recuperado del disgusto. Un buen día, después de 13 años de matrimonio, la familia de su marido le lanzó la noticia bomba. Su esposo, abogado de profesión, se había vuelto a casar. Cuando el recién casado llegó a casa, dio pocas explicaciones; aquello fueron más bien instrucciones. A partir de ahora, en lugar de vivir en la parte de arriba de la casa familiar, Um Mohamed debía trasladarse al sótano con sus cuatro hijos. El piso de arriba lo ocuparía la nueva esposa. Allí, enterrada en vida, sin luz natural ni ventilación, Um Mohamed se planteó qué podía hacer. Qué alternativas tenía. No podía volver a casa de sus padres, porque viven en Jordania, y allí los niños no tendrían pasaporte ni derecho a escuela pública. ¿Divorciarse? “No. Aquí el divorcio es un estigma para la mujer. Nadie te ayuda. Por eso, por la presión social y por mis hijos, decidí seguir casada”, relata esta mujer, que ahora se gana la vida vendiendo maquillaje y lencería que trae de Jordania.

Luego todo se complicó bastante más y el caso acabó en los tribunales. Um Mohamed, con semblante entristecido y vestida con abaya, la bata islámica tradicional, todavía no entiende por qué su marido decidió casarse con una segunda esposa. “Económicamente y moralmente era incapaz de mantener a las dos familias”. Su relación con la segunda esposa era correcta, pero dice que en realidad, no se fiaba de ella. “No son relaciones sanas”, piensa esta hebronita.

El caso de Um Mohamed es muy extremo por las condiciones a las que su marido la sometió. Pero sus razonamientos e interrogantes son bastante representativos de los dilemas a los que se ven sometidas las mujeres que de repente se ven atrapadas en esta situación. ¿Qué hacer? Es lo primero que se preguntan. Las respuestas dependen en gran medida de las circunstancias económicas y familiares de cada mujer, pero la presión social, como dice Um Mohamed, también juega un importante papel.

Las mujeres que se divorcian, lo tendrán más complicado para volver a casarse, pero además, es muy probable que pierdan la custodia de sus hijos si lo hacen. Divorciarse además, equivale a volver a casa de los padres. Vivir sola es inaceptable en casi toda Cisjordania. Para colmo, es muy frecuente que los padres tiendan a culpar a las hijas en caso de divorcio. “Algo habrás hecho”, “no te has cuidado lo suficiente”… son algunos de los latiguillos obligadas a soportar.

Saida Bader, directora de un orfanato de Hebrón, representa la otra cara de la moneda. Para ella lo de que su marido tenga más de una mujer son todo ventajas. Es la segunda mujer del doctor Maher Bader, un parlamentario del movimiento islamista Hamás, que tiene seis hijos del primer matrimonio. Con Saida, quien además es su prima, ha tenido de momento dos. “Mi marido está feliz con su primera esposa”, arranca. ¿Y por qué se casó con usted? “Porque le gusta cambiar de ambiente, de casa, de amigos, caras nuevas… su primera mujer al principio se enfadó un poco, pero ahora lo ha aceptado porque se ha dado cuenta de que nos puede tratar igual de bien a las dos familias”. El programa es el clásico en estos casos. El parlamentario pasa una noche en casa de Saida y la siguiente en la de la otra mujer. “Mi hijo Ibrahim sabe qué día le toca venir a su padre y amenaza con no dormir si no viene”, dice Saida en su despacho del orfanato.

La directora enumera las que a su juicio son las ventajas del modelo polígamo: “si por ejemplo una de las mujeres cae enferma, la otra puede cubrir las necesidades sexuales del hombre. O si no puede tener hijos. O si sólo puede tener hijas y no varones… Además, algunos hombres tienen un poder sexual increíble y para ellos, una mujer no es suficiente. Por eso, el islam lo soluciona con una segunda mujer, en lugar de que el hombre se vaya a buscar novias por ahí”. Y detalla cuáles son las instrucciones de dios a cumplir en el caso de los matrimonios múltiples. “El marido tiene que ser justo, es decir cubrir las necesidades de las dos familias y la segunda mujer nunca tiene que pedir al marido que se divorcie de la primera. Si el marido desatiende sus obligaciones, quedará paralizado de medio lado”.

Saida presume de mantener una relación “excelente” con la primera esposa de su marido. ¿No tiene celos? Yo de ella no; ella de mí me temo que sí”. Su respuesta delata que incluso en los arreglos familiares mejor avenidos, el margen para la discordia es inevitablemente mayor cuanto más contratos matrimoniales haya por medio.

Todos esos argumentos no acaban de convencer a Inshirah Zeitun, una de las coordinadoras del orfanato, que escucha con atención mientras la jefa habla. “Yo no quiero ofender a dios, pero la realidad es que soy la tercera mujer de mi marido y soy muy infeliz”, confiesa esta mujer de 30 años, vestida con hiyab negro. “A mí lo que me hubiera gustado es tener un marido sólo para mí. Un marido que sólo tenga una casa”. Ella al principio se negó a casarse, cuando supo que el pretendiente en cuestión ya estaba casado dos veces. “Me costó años aceptar, pero insistió tanto…”. Terminó por aceptarlo, pero a su manera. “No me llevo bien con las otras. No quiero si quiera reconocer su existencia”. Su marido, herrero, se casó con Zeitun porque sus otras mujeres no podían tener hijos. Ahora Zeitun, con tres abortos espontáneos anda al borde de la desesperación.

Desde el punto de vista legal, ha habido grandes avances en los últimos tiempos para las palestinas. Hace aproximadamente un año, una nueva interpretación de la ley existente estableció que un palestino no puede casarse por segunda vez hasta que la primera mujer no haya sido informada. El presidente del tribunal de sharia de Hebrón, el jeque Abdelkadrer Idris ofrece detalles y razonamientos de toda índole en su despacho, situado en pleno casco histórico de Hebrón, ocupado por cientos de colonos y patrullado día y noche por el Ejército israelí. “Ahora el marido no puede actuar espontáneamente. Si la primera mujer no lo sabe, el juez enviará a un funcionario a comunicárselo antes de autorizar el segundo matrimonio”.

Con barba recortada, chaleco, corbata y el tradicional gorro blanco y granate, el juez de sharia informa de que el máximo legal es cuatro esposas, aunque la mayoría de los polígamos en Cisjordania optan por dos o tres, excepto aquellos que tengan mucho dinero. Y termina explicando por qué la sharia permite el segundo, tercer y cuarto matrimonio: “Se trata de resolver los problemas de nuestra sociedad. En Hebrón tenemos 37.000 solteras de más de 27 años. Y dios les dice a los hombres: casaos con esas mujeres para que no tengan que pecar y hacer cosas en contra del matrimonio. Es una ley preventiva, que evita el pecado”.

Maysun Qawasmi, una periodista metida a política de Hebrón, que acaba de formar una lista electoral compuesta exclusivamente por mujeres, las palabras del juez le parecen casi una broma mala. Al margen de cuestiones legales, morales o religiosas, Qawasmi considera que en la práctica es “imposible, que en las condiciones económicas en las que viven al mayoría de los palestinos y bajo ocupación militar los hombres sean justos y sean capaces de mantener a dos familias como dice la sharia”. Lo de la poligamia lo considera propio de hombres sin cultura que quieren alardear de poderío. “¿Y lo del apetito sexual?, pues el que no tenga suficiente con su mujer, que haga deporte, que falta les hace”, se burla.

A Um Mohamed, la mujer confinada al sótano, la amargura que arrastra no le permite tomárselo con humor. Sabe que es tarde para deshacer lo sucedido y ahora trata de centrarse en el futuro, sobre todo en el de sus hijos. “El hombre que venga a pedir la mano de mi hija tendrá que jurarme antes que nunca se casará de nuevo. No quiero que mi hija pase lo que yo he pasado”.