Archive for the ‘guerra de España’ Category

El Día D que no llegó a España

6 julio, 2019

Fuente: http://www.elpais.com

Tras el desembarco en Normandía y la retirada alemana de Francia, una parte de la oposición española en el exilio creyó que el derrocamiento de Franco y de los fascismos estaba cerca.

Aniversario Dia D
Un caza británico utilizado durante la Segunda Guerra Mundial, en una estación de metro en Londres por el 75º aniversario del Desembarco de Normandía. ANDY RAIN EFE

El éxito del desembarco en Normandía, el 6 de junio de 1944, el Día D, abrió la fase final de la guerra en Europa, que culminó, tras los 11 meses más sangrientos de la contienda, de bombardeos y millones de muertos civiles, en la rendición del Ejército alemán.

Muchos de los antiguos luchadores del bando republicano se enrolaron en la resistencia francesa contra el nazismo, pensando que aquella era todavía su guerra, la que acabaría con todos los tiranos, y Franco era el mayor de ellos, elevado al poder con la ayuda de las armas italianas y alemanas, permitiéndoles volver a sus casas, a sus trabajos y a sus tierras.

Más información: 

Tras el desembarco en Normandía y la retirada alemana de Francia, una parte de la oposición española en el exilio creyó que el derrocamiento de Franco y de los fascismos estaba cerca. La Unión Nacional Española, organización promovida por el Partido Comunista, planteó una invasión abierta y masiva por los Pirineos, la operación Reconquista de España.

Entre el 14 y el 28 de octubre de 1944, cerca de 4.000 hombres ocuparon varias poblaciones del Valle de Arán, hasta que Vicente López Tovar, jefe militar de las operaciones, tuvo que ordenar la retirada, dejando un balance de más de 100 muertos entre los guerrilleros (30 en las fuerzas armadas franquistas) y cientos de heridos y prisioneros.

El sueño de derribar a la dictadura por la fuerza y de que los aliados, tras vencer a Hitler, intervinieran contra ella no se cumplió. Más allá de los guerrilleros y de los combatientes españoles que participaron en la batalla de Normandía en unidades norteamericanas, francesas y británicas, la repercusión de aquellos acontecimientos en España —la de vencedores y vencidos, penuria, hambre, miedo, cartillas de racionamiento y estraperlo— fue escasa.

A partir de ese momento, cuando la suerte de la Segunda Guerra Mundial comenzó a cambiar claramente a favor de las potencias aliadas, la propaganda franquista, para sobrevivir al fascismo en Europa, comenzó a presentar a su Generalísimo como un estadista neutral e imparcial que había sabido librar a España de ese desastre global de seis años de destrucción y muerte. Había que desprenderse de las apariencias fascistas y resaltar la base católica, la identificación esencial entre el catolicismo y la tradición española.

El régimen que había salido de la guerra civil nada tenía que ver con el fascismo, declaró Franco en una entrevista a United Press el 7 de noviembre de 1944. Lo que había en España era una “democracia orgánica” y católica. Enrique Pla y Deniel, el primado del episcopado español, apoyó el argumento: “Que la hora de la paz mundial sea también la hora de la consolidación de la paz interna de España”. No había nada que revisar. Normandía no fue un momento crucial en la historia de España.

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    “Los republicanos fueron los primeros que lucharon contra el fascismo en Europa. Estamos en deuda con ellos”

    5 julio, 2019

    Fuente: http://www.publico.es

    ENTREVISTA A HENNING SOLHAUG

    El sindicalista noruego es integrante de Elogit, la mayor confederación sindical noruega de electricistas, que ha ayudado a financiar a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) varias exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil. Se encuentra en España junto a una delegación de jóvenes sindicalistas, para asistir a la exhumación de la maestra Genara Fernández, financiada por el organismo y llevada a cabo este fin de semana en el cementerio de León.

    Henning Solhaug, representante del sindicato de electricistas noruego Elogit, colabora desde 2013 con la ARMH en las exhumaciones de la Guerra Civil Española. / IGNACIO IZQUIERDO PATIÑO

    Henning Solhaug, representante del sindicato de electricistas noruego Elogit, colabora desde 2013 con la ARMH en las exhumaciones de la Guerra Civil Española. / IGNACIO IZQUIERDO PATIÑO

    Es de mirada esquiva y a veces se siente incómodo cuando le preguntan por datos personales. Fuma moderado, “lo normal -dice riendo- en un país donde un paquete de tabaco roza los 12 euros”. Se conoce todos los rincones del centro de Oslo y le seguimos a paso apurado hasta la planta 34 de un edificio que ahora es una conocida cadena hotelera norteamericana. Allí trabajó como ascensorista hasta 1990, año en el que asumió tareas del sindicato central de Elogit en Noruega. Nació en un pequeño pueblo al norte, cerca del círculo polar ártico, pero vive desde hace 30 años en Oslo. Lleva desde 1975 afiliado a una agrupación que reúne hoy a más de 38.000 afiliados.

    Pero cuando Henning Solhaug habla de las consecuencias del neoliberalismo y de su amenaza creciente en Europa en desmedro de los derechos de los trabajadores, se apasiona. “El fascismo y el neoliberalismo han matado y siguen matando a mucha gente en el mundo. Nuestro deber es mostrarle a los jóvenes las consecuencias del fascismo, saber de cerca qué hizo el fascismo y cómo hubo gente en el pasado que luchó contra su expansión en toda Europa. Esta es una forma de aprender lo que es el fascismo, porque el fascismo no es gente rara con ideas exóticas. Es la violencia de grandes compañías del capital financiero, de los terratenientes para conservar sus poderes, está en muchos lugares y debemos aprender a detectarlo”.

    A Solhaug le impactó tanto la lucha de los republicanos en la Guerra Civil Española y los testimonios de noruegos que vinieron a luchar en las Brigadas Internacionales (700 noruegos en las Brigadas Internacionales defendiendo la Segunda República), que pensó junto a sus compañeros en cómo lograr que las consecuencias del fascismo en España fueran conocidas por los jóvenes actuales de una manera viva. De esto y del impacto emocional que le causó el saber que más de 114.000 personas siguen enterradas en las cunetas y siendo buscadas por sus familiares, nació la colaboración de la Confederación Sindical Noruega de electricistas y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), una labor que se traduce en una aportación económica y que comenzó hace seis años.

    Henning Solhaug en Oslo, en el hotel en el que trabajó hasta 1990 como ascensorista. / IGNACIO IZQUIERDO PATIÑO

    Henning Solhaug en Oslo, en el hotel en el que trabajó hasta 1990 como ascensorista. / IGNACIO IZQUIERDO PATIÑO

    “Contacté con la gente de la ARMH en 2013, cuando viajamos con el Comité Ejecutivo de mi sindicato a España a conocer cómo la crisis económica había afectado a los sindicatos. Y nos encontramos con esto, con el drama de las exhumaciones y dijimos, tenemos que hacer algo al respecto, queremos ayudar a la gente a buscar a sus seres queridos”. La respuesta no se hizo esperar y tras una conversación del Comité de Ayuda Popular, un órgano dentro del sindicato fundado en 1930 y desde el que se promueven proyectos con Palestina y Latinoamérica, se aprobó en 2014 la colaboración de 100.000 coronas noruegas (unos 11.000 euros) para ayudar a financiar la primera exhumación: la de Perfecto de Dios, hermano del último guerrillero antifranquista gallego Camilo de Dios, cuya historia fue narrada posteriormente en un documental.

    Una vergüenza para todos

    Camilo de Dios estaba en la cárcel cuando su hermano Perfecto fue enterrado cerca del cementerio en Chacherrero (Ávila) y su madre encarcelada y condenada a 13 años. Tuvieron que pasar 74 años para que en julio de 2014, los restos de Perfecto fueran exhumados y se hiciera justicia a todos los integrantes de una familia que había conocido el horror de la guerra. 74 años y el aporte económico extranjero. Algo que para el sindicalista noruego sigue siendo inexplicable.

    El estado español debe cumplir con sus deberes. Es verdad que las asociaciones de memoria y nosotros no podemos depender de ellos para hacer el trabajo de defensa de los derechos humanos, pero este trabajo es urgente porque hay familiares a quienes les queda poco tiempo de vida y que siguen buscando a sus seres queridos. Para mí esto es una verdadera vergüenza. No sólo para por el gobierno español, también para nosotros, porque los republicanos españoles lucharon por la democracia de toda Europa, defendían la democracia, estamos en deuda con ellos”, sostiene Solhaug.

    “Nos encontramos con esto, con el drama de las exhumaciones y dijimos, tenemos que hacer algo al respecto”
    Pese a su impresión, el sindicalista noruego se confiesa optimista, porque reconoce ciertos avances en memoria histórica desde su primera visita a España, aunque invita a no bajar la guardia. “Creo que hay un pequeño cambio. Ahora se ven más libros, más películas, más asociaciones preocupadas del tema, hasta el gobierno socialista ha hecho un guiño con el tema de quitar a Franco del Valle de los Caídos. Vamos a ver qué va a ocurrir en los próximos años. Creo que hay más posibilidades con el gobierno socialista. Soy más optimista ahora, pero no se cómo lo ven los españoles”.

    Es optimista y no se desalienta. Por eso ha viajado este fin de semana con veinte jóvenes sindicalistas noruegos hasta el cementerio de León, para presenciar los trabajos de exhumación de los restos de Genara Fernández García, la maestra de Cirujales fusilada en Puente Castro en 1941 por tirar unos pasquines antifranquistas en San Marcelo. Su familia, que se puso en contacto con la ARMH para iniciar el proceso, quiere recuperar los restos de la llamada “Pasionaria de Omaña”, para trasladarlos al pueblo de Cirujales (León) después de practicar las pruebas de ADN.

    Sindicatos en Noruega

    A la par con su interés por el caso español, a Solhaug le preocupa la pérdida de derechos de los sindicatos en su país, con el actual gobierno de la primera ministra Erna Solberg del Partido Conservador. El trabajo temporal que ha entrado a la escena noruega después de liberalizarse en 2014, y la pérdida de los derechos de los jubilados, son dos amenazas que han quitado fuerza a las agrupaciones sindicales actuales.

    En toda Europa los sindicatos se han debilitado. En Noruega no tanto como en otros países de Europa, porque en los países nórdicos los sindicatos han sido fuertes si los comparas con el resto de Europa, pero igualmente en los últimos años hemos perdido una filiación de un 5%. Con la marginalización de los trabajadores, el trabajo temporal debilita mucho a los sindicatos. La derecha ha abierto la puerta para el trabajo temporal, ataca al estado de bienestar”, señala Solhaug.

     

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    Kasserine, el cementerio africano en el que yacen olvidados veinte republicanos españoles

    16 junio, 2019

    Fuente: http://www.eldiario.es

    El patio trasero de una casa en Kasserine huele a desmemoria. Ahí está escondido el único cementerio de exiliados republicanos españoles en Túnez. Hay veinte tumbas alineadas. Seis profanadas. Un viejo somier metálico y oxidado luce como toda portezuela. Y unas cuantas gallinas picotean entre las lápidas.

    Un documental, Morir en el exilio, morir en el olvido, rescata esta porción perdida de la memoria colectiva. “Un fragmento extraviado de la guerra civil española”, dice el autor del reportaje publicado por la Agencia EFE, Javier Martín.

    La obra cuenta la travesía de la flota republicana que arribó a la costa africana en marzo de 1939. Pero no solo. El trabajo saca a la luz imágenes archivadas de aquellos barcos. Y revela el periplo de 4.000 exiliados que pusieron rumbo a Túnez o cómo la mitad regresa ante el reclamo de la “amnistía” de Franco. Todo, con la pátina argumental de uno de los refugiados: Marcelino Llano Cotrofe, anarquista de la CNT.

    Las autoridades tunecinas ya tienen un acuerdo con Salah Saadly, dueño del patio. Y la embajada española en Túnez “está implicada”, adelanta Javier Martín, delegado de EFE en el norte de África. Falta –continúa– que el nuevo Gobierno de España, una vez constituido, remate el plan a través del Ministerio de Justicia. Que “vuelva a funcionar la Memoria Histórica” y acabe rehabilitado el cementerio donde yacen 20 soldados españoles abandonados por la historia. “Apenas se necesitan unos 5.000 euros”, dice.

    Españoles en camposanto africano

    La suciedad, el descuido, reinan en el pequeño camposanto africano. La veintena de exiliados españoles falleció entre los años 41 y 45. El documental ha rescatado una historia presa de la desmemoria y, además, ha propiciado el proyecto de recomponer el exilio olvidado en la tierra de Kassarine.

    El exilio olvidado
    Las veinte tumbas, seis de ellas profanadas. | EFE

    “La prioridad ahora es recuperar la memoria y la dignidad de los allí enterrados”, entiende Javier Martín. “Adecentar el cementerio, sacar las gallinas, recuperar de alguna manera las tumbas, colocar una puerta y una placa conmemorativa”, enumera. Sacar esta memoria, de una vez, “del patio de atrás de la historia”, subraya.

    La mayoría de tumbas conserva los nombres de quienes están allí enterrados. Hay 12: Eligio, Fernando, José, Marcelino… Y otros dos que aparecen el día de la visita de los reporteros al remover el barro que cubría la piedra.

    Los nombres en las tumbas tunecinas

    14 lápidas tienen nombres y fechas reconocibles: Francois Ficher, Fernando Fuilla, Antonio Sánchez Serna, Fernando Sánchez Idez, Eligio Casal, Antonio Rodríguez Fernández, Ambrosio Martínez, Francisco Puig Suárez, José Bravo Collazo, Marcelino Llano Cotrofe, Antonio Bouza Martínez y Antonio Álvarez San Pedro.

    En Kasserine existen otros cementerios con extranjeros. Asociados a la Segunda Guerra Mundial, “a la Commonwealth e incluso nazis”, y están “en perfecto estado de conservación”. Porque, como sentencia Javier Martín, “un país que no deja hablar a sus muertos tampoco es capaz de dar voz a los vivos”.

    El custodio del exilio tunecino

    Descuidado, colmado de excrementos, suciedad y aves de corral. Así describe al cementerio español de Kasserine el trabajo de la Agencia EFE. Las veinte sepulturas están repartidas entre la grava. Bajo la sombra acaso de un exiguo ciprés. Un lugar abandonado con un único custodio, Salah Saadly.

    El exilio olvidado
    El exilio olvidado. | EFE

    “Vivo aquí desde hace 32 años, cuando llegué ellos ya estaban”, explica en el documental. “Hay veinte tumbas. Las hemos contado. El terreno que ves es el original del cementerio”, continúa. La nieta de Saadly corretea entre las lápidas. Algunas abiertas. Rotas. “Se dice que están enterrados en este lugar desde la Segunda Guerra Mundial”, advierte.

    El guardián del exilio olvidado en Túnez vive en la casa anexa. Es conductor de tanques jubilado. Tiene cuatro hijas. Y cuenta con pesar el deterioro del camposanto: “Antes la gente venía aquí para beber alcohol y correrse juergas, pero desde que estoy aquí nadie lo ha profanado”.

    La huida de 4.000 republicanos

    5 de marzo del 39. La flota republicana huye. Zarpan del puerto de Cartagena. Tres cruceros, ocho destructores y un submarino ponen rumbo a Bizerta, vía Orán, con 4.000 marineros y soldados y 201 civiles a bordo. Hay siete mujeres y cuatro niños.

    Dos días más tarde entran en el fondeadero de Sidi Abdalah, exhaustos pero “esperanzados por haber dejado la guerra atrás”, recuerda EFE, según crónicas de la prensa tunecina de la época. “Los barcos de guerra de la República partieron apresuradamente buscando refugio en alta mar con el joven almirante Miguel Buiza al mando”, recuerda el reportaje.

    Infografía | El exilio olvidado
    Infografía del ‘exilio olvidado’. | EFE

    “La Administración francesa, la Policía, el Ejército… todos estaban preparados para acoger a los buques y a los marinos españoles”, narra en el documental el historiador tunecino Bechir Yazidi, autor de El exilio republicano en Túnez, la única obra dedicada a este episodio excluido de la memoria de España durante décadas.

    Apenas un mes después, la batalla habrá terminado. “Cautivo y desarmado el Ejército Rojo”, escribió Francisco Franco en el último parte de guerra. El propio militar golpista ya tiene un pacto secreto con Francia. Envía a Túnez al comandante Salvador Moreno para recuperar los barcos y anunciar una “amnistía” a quienes quieran regresar a España. Más de la mitad vuelve a bordo de la misma flota.

    Un campo de refugiados en mitad del desierto

    Muchos de los exiliados acabaron en el campo de refugiados de Mehri-Jebbes. Era una antigua mina de fosfato abandonada en medio del desierto, donde llegaron en tren, “en condiciones inhumanas”, recuerdan. Hasta 909 españoles, la mayoría gallegos, murcianos y andaluces, trabajaron en un proyecto que buscó desarrollar Kasserine, entonces una aldea de casas de adobe.

    El exilio olvidado
    El club de fútbol: AS Kasserine. | EFE

    Los refugiados dejaron huella. Una memoria que seguía viva en Brahim, un anciano de 92 años que conoció a los republicanos y trabajó con ellos en la fábrica de papel, una de las más grandes del norte de África. “Los españoles trabajaban muy bien. Hay muchos que murieron aquí pero también que regresaron a España”, explica en el documental, con voz agotada y un castellano correcto.

    O Ahmed Rahmouni, nacido en el año 43, que también recuerda a los refugiados. “Jairo era albañil y Laporta era chatarrero y al mismo tiempo enfermero”, rememora. Y Ramón Vázquez, que fue director de la central eléctrica y bastión del equipo de fútbol: el AS Kasserine, cuyos colores recuerdan el origen gallego de la entidad, que comparte el verde y blanco del Racing Club de Ferrol.

    Uno de los exiliados que se quedó en Túnez fue Marcelino Llano Cotrofe. Anarquista de la CNT y tercer maquinista del crucero ‘Libertad’. Había sido uno de los cabecillas de la rebelión marinera que en los primeros días de la guerra impidió que los oficiales entregaran la flota a los sublevados en el norte de África”, apunta EFE.

    Su familia le perdió la pista. La última noticia era una foto que Marcelino envió a su madre en junio del 39. Marcelino posa en bañador, con los brazos en jarra. Cuenta que está bien. Hasta que la historia del cementerio africano olvidado en Kasserine llega hasta su hermana Teresa, que tiene 88 años de edad.

    El exilio olvidado
    Entre otras infraestructuras, los exiliados republicanos españoles en Kasserine (Túnez) colaboraron en la construcción de las vías del ferrocarril y la estación de tren de la ciudad. | EFE

    “De mi hermano muy poquitos recuerdos”, dice en la cinta Teresa. Era la más pequeña de los Llano Cotrofe. La única viva. Localizar la tumba de su hermano “la desconcierta y alivia”. Siempre pensó que Marcelino estaría tirado en alguna fosa común del norte de África. “No es que me sorprenda, es que no sabía nada”, reconoce.

    “El pobriño desapareció y nada más”. Otro de los hermanos trabajó en la fábrica de armas en A Coruña “y mi madre lloraba y decía que los hermanos estaban haciendo bombas para matar a su hermano”, recuerda entre lágrimas. Marcelino “era maravilloso”. Y ella, su hermana, “siempre oía a mi madre rabiar y llorar”.

    El relato perdido del camposanto africano de Kasserine apareció “por sorpresa”, cuenta el autor del documental. De ahí, gracias “a la suerte y la intuición” periodística, debe funcionar “como un punto de arranque” para completar la historia. Porque “vinieron 4.000 personas, que se repartieron por Túnez, muchos se fueron a Argelia… y es probable que en otras zonas haya más españoles enterrados”.

    “Fusilaron a mi padre, nos quitaron tierras y ahora, con 90 años, quieren que me calle”

    14 junio, 2019

    Fuente: http://www.publico.es

    Carmen García Pellón tuvo que acudir al juzgado de guardia de Yesa (Navarra) a un acto de conciliación con el alcalde de la ciudad, Roberto Martínez, que le insta a retractarse de su testimonio en una investigación histórica por haber acusado al abuelo del edil, alcalde franquista de la ciudad, de apropiarse de unas tierras y propiedades.

    Carmen García, de 90 años, hija de un fusilado de la Guerra civil. Fotografía facilitada por la familia.

    Carmen García, de 90 años, hija de un fusilado de la Guerra civil. Fotografía facilitada por la familia.

    Carmen García Pellón, de 90 años, lo tiene grabado a fuego. Tenía apenas 8 cuando dos guardias y un alguacil tocaron la puerta de su casa. Venían a buscar a su padre, Mariano García Illazorza, en aquel momento concejal de Yesa (Navarra), labrador y miembro de la UGT. Se lo llevaron al cuartel. Esa misma noche, Carmen y su madre fueron a visitarle. Le llevaban cena y una boina. Lo vieron allí, junto a otras siete personas, encadenados por los pies a una mesa. “Dicen que nos llevan a declarar a Pamplona”, les informó el padre. “Dale un beso a tu padre. No creo que lo vuelvas a ver”, le dijo la madre a la pequeña Carmen.

    Y así fue. La niña salió del cuartel con el llanto desconsolado. Esa misma noche una furgoneta recogió a los presos y se los llevó. A mitad de camino, en Monreal, los hicieron bajarse. Todos fueron fusilados. Sus restos aún yacen en la fosa común donde sus verdugos, en nombre de dios y de España, les dieron el tiro de gracia. Este otoño, sin embargo, la familia de Carmen tiene esperanzas en que, por fin, 83 años después, puedan sacarlos de allí y darles el enterramiento digno que merecen.

    “Mi padre pudo haber escapado el día de antes. Un familiar vino a vernos con un taxi para llevárselo. Pero él dijo que se quedaba, que no había hecho nada mala. Dio igual. Lo mataron”, cuenta Carmen a Público. Según el relato de esta mujer, después, los vencedores de la guerra se apropiarían de parte de sus tierras y también de otras comunales. Se quedarían, por ejemplo, con su pequeña corral y otras pequeñas propiedades. Uno de ellos es el abuelo del actual alcalde de la ciudad.

    Este miércoles Carmen tuvo que comparecer en un juzgado de paz. No lo hacía para denunciar el asesinato de su padre ni la represión de la dictadura. Tampoco por las tierras que dice que eran de su propiedad y que ya no lo son. Lo hizo tras recibir una citación judicial. El alcalde de la localidad, Roberto Martínez, la llevó ante el juez para que se retractara de sus palabras, que señalaban al abuelo del regidor, Isidoro Martínez, alcalde franquista de la localidad, como uno de los que se apropiaron sus tierras. También pedía la retirada de un vídeo de Youtube en el que Carmen contaba este episodio de su vida en una investigación de la profesora de instituto e investigadora Nekane Ruano. Pero Carmen rechazó retirar sus afirmaciones. Ella lo ha vivido. Sabe de qué habla.

    La probable consecuencia de la decisión de Carmen es que el actual alcalde Roberto Martínez emprenda acciones judiciales contra ella, que pueden ser encaminadas por la vía civil, pero también por la penal. De momento, la familia desconoce la decisión del denunciante. Según estipula la ley, tiene hasta un año de plazo, desde la celebración del acto de conciliación, para formalizar la denuncia o la querella. Este periódico ha contactado con el Ayuntamiento de Yesa para recabar la versión del actual alcalde, pero no ha recibido respuesta.

    El diario de Noticias de Navarra recoge en su versión de este jueves que el alcalde de Yesa hizo constar ante el juez que Carmen había acusado a su abuelo Isidoro Martínez de “haber robado todo lo que pudo, haber sido un ladrón, apropiarse de todos los terrenos del pueblo y haberse quedado con las tierras de los fusilados”. La vecina, por contra, respondió con una relación de propiedades que le habrían quitado y pidió su restitución. El alcalde, por su parte, instó a la vecina de 90 años a demostrar sus palabras.

    “Fusilaron a mi padre, nos quitaron tierras y ahora, con 90 años, quieren que me calle. Pero eso no va a pasar. Quieren que tenga la boca tapada y ya te digo que no. ¿Qué conciliación quiere? ¿Cómo me puede pedir que me calle? Se quedaron con tierras que no son suyas”, insiste Carmen al otro lado del teléfono. También cuenta que a mediados de los 70 la familia hizo trámites para recuperar algunas de las propiedades y que algunas de las escrituras originales habían desaparecido durante esos trámites en el mismo Ayuntamiento. Carlos, el hijo de Carmen, detalla a este periódico que han ganado en la Justicia varios pleitos, pero que, de momento, nada ha cambiado en el municipio.

    Ahora Carmen y Carlos esperan la decisión del alcalde. Si deja el asunto tal y como está o formaliza una demanda o querella. La mujer de 90 años dice contar con la seguridad de quien ha vivido todo el proceso y puede contarlo en primera persona. “No sabemos qué pasará a partir de ahora. Han querido callar y amedrentar a mi madre. Creían que con amenazas judiciales podrían coartarla. Pero se ratificó”, zanja Carlos.

    De momento, la contradicción es que ninguno de los implicados en el exterminio franquista en Navarra, con cerca de 3.400 asesinatos en la comunidad foral, ha tenido que acudir a los tribunales de justicia para dar explicaciones. Tampoco nadie ha tenido que explicar ni detallar la usurpación de bienes de las personas asesinadas, ni sus roles en, por ejemplo, el Tribunal de Incautación de Bienes, activo en Navarra desde noviembre de 1936. Sin embargo, Carmen sí que ha tenido que acudir ante la Justicia. Lo hace por dar cuenta con su testimonio de la magnitud de la represión y por señalar, con nombre y apellidos, a los que considera responsables de lo que ha sufrido.

    La historiadora, investigadora y profesora de Instituto Nekane Ruano, que fue quien recabó el testimonio de Carmen en vídeo, destaca la importancia de este tipo de declaraciones para la necesaria labor de investigación histórica. La entrevista a esta mujer, de hecho, formaba parte de un proyecto de investigación que recopilaba testimonios de mujeres entre 1939 y 1945. “Esta clase de testimonios son claves. Es una fuente primaria. Nos aporta fechas y datos que nos permiten acudir a los archivos, consultar con otras fuentes y documentar este período de nuestra historia. Si se denuncian este tipo de testimonios también se impide hacer una labor investigadora”, explica la profesora.

    Ruano también señala que hay “muchos datos que permiten pensar” que en la zona hubo, además de una represión sangrienta, otra “económica”. Pone como ejemplo otro caso, con diferentes protagonistas, que aparece, como en el caso de Carmen, en la obra Navarra 1936. De la esperanza al terror. Este es el fragmento de la obra que narra el episodio:

    “El 5 de septiembre una nueva familia iba a quedar destrozada, posiblemente por móviles económicos. El matrimonio Francisca Alonso y Filemón Losantes, con tres hijos, habían arrendado unas tierras que según testimonios, codiciaban otros. A Gregorio Alonso, hermano de Francisca y ganadero bien situado, le quitaron el rebaño y la carnicería. Se los llevaron a los tres, (Francisca en camisón), al otro lado del Ebro y en el término de Recuenco de Calahorra, los fusilaron. Francisca quedó malherida y arrastrándose dos kilómetros llegó hasta el corral de Ontano donde pidió ayuda. En vez de hacerlo fueron a dar parte y volvieron a rematarla. A Amancio Alonso, hermano menor de los anteriores, lo fusilaron en Zaragoza al día siguiente. Había estudiado para fraile y ejercía de maestro”.

    La mencionada contradicción se asemeja también a la reciente sentencia judicial que condena a Teresa Rodríguez, líder de Adelante Andalucía, a pagar 5.000 euros a los descendientes del exministro franquista José Utrera Molina por escribir en redes sociales el exministro era uno de los “responsables” del asesinato a garrote vil de Salvador Puig Antich. Nadie ha tenido que rendir cuentas ante la Justicia por los crímenes del franquismo pero sí se piden explicaciones judiciales a aquellos que señalan la represión franquista con nombres y apellidos.

    Laura Pérez Ruano@laperua

    Ella es Carmen García Pellón. A sus 90 años, hoy ha tenido que comparecer ante el Juzgado porque el alcalde de Yesa, , nieto del entonces alcalde franquista, le insta a retractarse de su testimonio para un trabajo de investigación sobre la represión en Navarra 1936-1945.

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    La represión franquista se heredaba: “Se ensañó con quienes quedaban, las mujeres y los niños”

    30 mayo, 2019

    Fuente: http://www.eldiario.es

    “Nadie está preparado para vivir algo así de niño”

    Son historias que Eugenia lleva oyendo desde la adolescencia: “Mi padre estuvo muchos años sin querer hablar. Tuvo unas secuelas tremendas y muchos años después tuvo que recibir tratamiento. Nadie está preparado para vivir algo así de niño. Ellos simplemente eran madre, hermanas y hermano de guerrillero, no estaban implicados en nada. Cuando yo ya me hice mayor empecé a oír en casa eso de que mejor no me significase ni llamase mucho la atención. Seguía habiendo miedo, sobre todo cuando vivía Franco pero también luego. Así me fui enterando de todo lo que había pasado”.

    Sobre el papel, los campos de concentración estaban destinados solo a hombres. “En la mentalidad machista y falsamente paternalista de los dirigentes franquistas, las mujeres no encajaban en los campos de concentración”, explicaba Carlos Hernández. Las mujeres durante la guerra y el franquismo solían ser sometidas a idénticas torturas en cárceles, pero hubo excepciones como los grupos de Cabra (Córdoba), y también en Arnao. “A mis tías las pusieron a recoger grijo. Los hombres, con ese material, construyeron una ferretera”. Luego, tal y como cuenta José Castiello, las reubicaron en la enfermería para oficiales y la cocina.

    En el libro de José Castiello, escrito 75 años después de entrar al campo, hay una detallada descripción de Arnao: a la derecha, un barracón de madera estancia de los soldados; a la izquierda, un edificio destinado a los oficiales. Ya dentro, en línea recta, el primer barracón para hombres. Le separaba del de mujeres por unas alambradas. Los primeros meses, también le separaban a él, niño de 10 años, de su madre y hermanas mayores.

    También relata un preciso recuerdo de la rutina de entonces, un crío rodeado de presos comunes: cada mañana recogían la colchoneta, barrían su espacio y se aseaban superficialmente, “ya que en el barracón se carecía de agua corriente”. A continuación, formaban filas hasta el lugar donde se izaba la bandera y, mano en alto, cantaban el Cara al Sol y vivas a Franco. Después, por desayuno se les daba “una especie de café y un bollo de pan, todo de la peor calidad”. Para comida y cena, “masa caldosa de garbanzos, lentejas alubias, arroz o patatas. Aparecía enseguida el hambre”.

    Tenía un único plato y cuchara que tenía que servir para todo, incluso para su propia limpieza personal. Los prisioneros capturaban ranas de un riachuelo que corría desde un pozo y las comían asadas. De lejos, observaban a los campesinos: “Cualquier persona que veíamos faenar nos producía cierta nostalgia de libertad”. El oficial jefe, no recuerda si de nombre Félix o Víctor, “con rudeza me dijo que debería cumplir las normas disciplinarias como cualquier adulto”. Era además “implacable a la hora de reclutar a los detenidos para el trabajo”. Recordaba con especial dolor a un compañero anciano y enfermo que falleció por la falta de atención.

    La familia Castiello al completo, en su casa de Peón en 1927.
    La familia Castiello al completo, en su casa de Peón en 1927. ARCHIVO CASTIELLO

    Vigilados hasta los 50

    Tiempo después, a José María le juntaron con su madre y hermanas, “y aquella ya fue la época menos mala”. En 1942 les dieron la libertad definitiva, pero “no les dejaron en paz”, continúa narrando Eugenia. Podían irse con la condición del destierro, es decir, no podían volver a Peón. Eligieron Valladolid porque otra hija ya estaba desterrada ahí. Años después volvieron a Asturias para instalarse en Oviedo.

    Sus dos tíos ya nunca volvieron a casa y fueron asesinados junto a otro compañero en 1948 en la playa de La Franca después de que les delataran, “aguantaron tanto gracias a que la gente les ayudaban. Queda el consuelo de que serían buenas personas, si tantos les protegieron”.

    Mientras, las mujeres y los niños siguieron haciendo un papel clave: de enlaces. “Si una mujer iba a lavar, dejaba en una piedra escondido un papelín que les decía dónde ir a buscar armas, comida, avisar de que les estaban persiguiendo o si alguien se iba a unir… un niño, si estaba jugando con la pelota, igual. A los hombres les tenían más controlados y ellas se arriesgaban así”.

    Hasta que asesinaron a sus tíos, mientras vivían en Valladolid el régimen les había seguido acosando para descubrir dónde estaban. Después, como pasó con otros entornos de represaliados a los que incluso vetaron de empleos, siguió la vigilancia durante unos años, “cuando vieron que, por la cuenta que les traía, nadie se metía ya en temas políticos, les dejan por fin en paz. Eran los 50”. “La familia sufrió todo esto pero es que la gente se vuelve triste, recuerda… mi padre soñó con su tiempo en el campo y con la guerra y posguerra toda la vida”.

    Ángel Viñas: “El golpe del 18 de julio fue instigado por los monárquicos en connivencia con la Italia fascista”

    29 mayo, 2019

    Fuente: http://www.publico.es

    El prestigioso diplomático e historiador publica la obra ‘¿Quién quiso la Guerra Civil?’ en la que explica, documento en mano, la estrategia de los conspiradores monárquicos, en connivencia con la Italia fascista, para derrocar a la República, restaurar la monarquía y establecer un régimen similar al de Mussolini.

    El economista, diplomático e historiador Ángel Viñas.-

    El economista, diplomático e historiador Ángel Viñas.-

    El economista, diplomático e historiador Ángel Viñas (Madrid, 1941) vuelve a las librerías. Este martes sale a la venta ¿Quién quiso la Guerra Civil? Historia de una conspiración (Crítica), una obra en la que explica cómo se fraguó el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, las conspiraciones de los monárquicos para acabar con la República desde el mismo 14 de abril de 1931 y los contactos casi continuos que los partidarios de la Monarquía mantuvieron con la Italia de Benito Mussolini para derrocar al régimen republicano. El objetivo era instaurar en España un régimen similar a la dictadura de Primo de Rivera con retoques de corte fascista.

    Pero el plan saltó por los aires. El general Sanjurjo, que debía ser el primer jefe de Estado, murió en un accidente aéreo en los primeros días de la sublevación y Calvo Sotelo, llamado a ser el jefe político, fue asesinado días antes de la sublevación. En estas circunstancias, Franco se hizo cargo de la situación, más por azar que por predestinación, y traicionó a los monárquicos, que habían conseguido lo más difícil: asegurar el apoyo de la Italia fascista a través de aviones modernos de guerra que permitían, a ojos de los partidarios alfonsinos, una victoria rápida en una guerra que preveían corta.

    “El golpe lo predicaron los monárquicos sobre la base de una sustancial connivencia con la potencia más próxima a las derechas radicalizadas de la época (Italia). No se trató de lanzarse a un movimiento nacional, sino a un movimiento apoyado operativamente por el fascismo italiano”, escribe Viñas, que ya demostró, documentos en mano, cómo los monárquicos habían decidido ya en 1935 sublevarse si las izquierdas regresaban al poder y, además, lo harían con el apoyo del régimen fascista.

    Usted pone mucho énfasis en destacar que el golpe de Estado del 18 de julio no fue solo militar, que tuvo una trama civil muy importante. En la obra que acaba de publicar se pregunta en el mismo título que quién quiso la Guerra Civil. ¿Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que quienes más hicieron por el golpe y la posterior guerra fueron los monárquicos?

    ¡Sin lugar a dudas! Fueron los monárquicos. Pero esto no es nuevo. Los monárquicos alfonsinos no quisieron la República y lucharon contra ella desde su primer día. Sin embargo, muchos historiadores han reducido el papel de los monárquicos a meros agitadores poniendo como ejemplos los discursos de Calvo Sotelo o de Acción Española. Se les ha descrito como los creadores de un estado de opinión contrario a la II República. Y esta era la idea que yo tenía en un inicio. Pero no es así.

    En 2013 ya descubrí, y así lo publiqué, los contratos por lo que los monárquicos compraban aviones de guerra a la Italia fascista, por lo que eran más que simples agitadores. En esta obra doy muchos más detalles de cómo los monárquicos estuvieron en contacto con los fascistas y ya es evidente que el golpe de Estado del 18 de julio fue debido a una conspiración militar, pero también a una conspiración civil. Desde el año 1933 y 1934 los monárquicos empiezan a agitar al Ejército y a contactar con los italianos. Hasta ahora se mantenían dudas sobre hasta qué punto Calvo Sotelo había estado implicado en el golpe o no. Pero ahora ya no hay dudas del papel tan importante que jugaron. El golpe fue instigado por los monárquicos en connivencia con la Italia fascista.

    Usted afirma que en 1935 los monárquicos ya tenían claro que si las izquierdas regresaban al poder [tal y como se produjo en las elecciones de febrero de 1936] protagonizarían una sublevación.

    Lo tenían claro desde antes. Pero en esa fecha, Goicoechea, jefe nominal de Renovación Española [partido monárquico de la época liderado por Calvo Sotelo], se lo transmitió a Mussolini, dictador fascista de Italia. Eso es un salto cualitativo muy importante. Ya se habían visto en marzo del 34 y en febrero del 35, pero yo no he podido encontrar rastro de lo que hablaron en esas entrevistas. Es evidente que en los archivos de Roma han desaparecido papeles. Por ejemplo, el 31 de marzo de 1934 hubo un acuerdo entre monárquicos y la Italia fascista. ¿Sabes dónde estaba el documento italiano que lo prueba? No estaba ni en los archivos romanos ni en la secretaría del Duce. Estaba en la caja fuerte de un banco italiano. Es decir, supongo que Mussolini no estaba dispuesto a que mucha gente conociera lo que estaba haciendo ya que era una agresión a estado soberano, como España. Ni siquiera sus propios funcionarios.

    Lo que sí se conserva es la documentación que hicieron los funcionarios italianos para preparar la entrevista entre Goicoechea y Mussolini. En esa documentación aparecen los antecedentes. Ese dossier se conserva y es fundamental.

    Entonces se acaba el mito de que la Guerra Civil se explica únicamente por factores o vericuetos de la política interna de España. El apoyo de Italia es decisivo para el inicio de la misma.

    Esa posición está completamente desacreditado y, además, lo hemos desacreditado con documentos de la época. Mussolini se comprometió con los monárquicos a entregar aviones a los conspiradores. Aviones de guerra. Esto es importante para la historia de España, pero también para la de Italia. Se ha escrito mucho sobre si Mussolini tenía interés o no en participar de un golpe en España. Pues bien, Mussolini está dispuesto a intervenir en España desde, al menos, 1934. Este descubrimiento sitúa a España dentro de la línea de agresiones de la Italia de Mussolini. Empezó por Abisinia (Etiopía) y continuó por España, Albania y Grecia. El objetivo de Mussolini era dominar el Mediterráneo occidental y su gran pieza en su política internacional, por tanto, no es Abisinia. Es España.

    ¿Y el motivo? ¿Eran las reformas de la República o como dice usted para los monárquicos la proclamación de la República ya era en sí mismo un motivo para el golpe?

    La proclamación de la República era suficiente. Los monárquicos equipararon República a Revolución. Desde el principio, declaran la guerra a la República. Aunque una cosa es declarar la guerra retóricamente y otra cosa es hacer la guerra. Eso necesita preparación y esta es la conspiración que ponen en marcha. En 1934 ya hay un acuerdo con Italia para actuar en contra de la República. Ese acuerdo ha sido despreciado. Stanley G. Payne ni lo cita. El hagiógrafo de Calvo Sotelo solo le dedica un párrafo. Para mí, es el elemento clave.

    “Mussolini se comprometió con los monárquicos a entregar aviones a los conspiradores. Aviones de guerra”

     

    Honestamente, yo creo que, y advierto de que lo que voy a decir es una machada, los monárquicos hubiesen estado en contra de la República incluso aunque esta no hubiese emprendido las reformas que emprendió, como la reforma agraria, la militar o las reformas sociales. No obstante, eso solo lo pueden aclarar los papeles de la Corona.

    ¿Qué planes tienen para España estos monárquicos?

    Tenían un plan muy claro y nadie lo había conseguido demostrar con documentación de la época. Yo sí. Los conspiradores querían volver a una dictadura militar como la de Primo de Rivera, pero con toques fascistas. El plan pasaba, en caso de triunfar, por poner a Sanjurjo como jefe del Estado de manera temporal y a Calvo Sotelo como jefe de un directorio cívico-militar que dirigiría el gobierno. ¿Para qué? Para una restauración monárquica en el momento dado. ¿Qué significa esto en las condiciones de los años 30? Que los monárquicos buscaban la ayuda fascista porque aspiraban a un tipo de sistema parecido al italiano, donde estaba el rey, Victor Manuel II, y el Duce, que era un civil, aunque hubiese luchado en la I Guerra Mundial. Recuerda que el Duce era un periodista. Esto explica por qué los monárquicos se volcaron con Italia y no con Alemania.

    Tras esta supuesta restauración monárquica, ¿quién hubiese sido el rey?

    No se llegó a decidir. Había gente que pensaba que Alfonso XIII, otros en su hijo Juan, pero no se había llegado a decir abiertamente. Sí se sabe que se llegó a plantear a Alfonso XIII que depositara sus derechos a la Corona en manos de su hijo Juan, y que esta propuesta fue rechazada.

    ¿Qué papel jugó Alfonso XIII en esta conspiración?

    ¡Ah! Esa es una de las grandes cuestiones. Yo no he encontrado un papel de evidencia directa primaria que demuestre que Alfonso XIII estaba al corriente de los planes de sublevación. En 1932 sí que da el visto bueno a recaudar fondos para este propósito. Pero, después, ¿estaba al corriente de los avatares de la sublevación? Yo, personalmente, creo que es imposible que no supiera nada. Hay un informe de la Policía política italiana que se hace eco de una reunión que Alfonso XIII mantiene con Sanjurjo en Montecarlo en la primavera de 1936. ¿Para qué diablos se reúnen los monárquicos con su majestad en Montecarlo? Este informe es de la Policía política del Duce, que puede estar equivocado, pero es lo que tenemos.

    “Los conspiradores  monárquicos querían volver a una dictadura militar como la de Primo de Rivera, pero con toques fascistas” 

    Sí que sabemos que poco después del golpe de Estado, creo que el mismo 19 de julio, Alfonso XIII escribió a Mussolini. Durante un tiempo creí que los monárquicos le habrían mantenido alejado de los detalles, pero no hay razón o evidencia para pensar que eso fuera así. Por eso digo al final que solo los archivos de la Corona, si es que existen, pueden explicar esto. Hay lagunas.

    Sin embargo, el plan de los monárquicos se viene abajo a las primeras de cambio…

    Sí. A Calvo Sotelo le pegan dos tiros y a Sanjurjo lo estrellan en un avión. El plan podría haber sobrevivido si hubiese triunfado. A Calvo Sotelo se le podía sustituir. Pero Sanjurjo era insustituible. Era la pieza fundamental.

    En estos planes no aparece por ningún lado la figura del general Franco.

    Exacto. El general Franco tenía una misión específica. Que era sublevar a la guarnición de Canarias, ponerse al frente del ejército de África y seguir las pautas que había escrito Mola en sus instrucciones en el mes de junio.

    “Franco no desempeña un papel activo en la conspiración”

     

    De hecho, Franco no desempeña un papel activo en la conspiración. El monárquico Pedro Sainz Rodríguez dijo en sus memorias que Sanjurjo hizo una  especie de encuesta entre los generales del Ejército para ver qué querían después del golpe. Y decía que Franco quería ser nombrado Alto Comisario de España en Marruecos. ¿Es verosímil? Sí. ¿Es verdad? No lo sabemos.

    Sí sabemos, por contra, que Franco reescribió la historia completamente una vez llegó al poder. La dictadura franquista tuvo desde sus primeros momentos la idea de mantener una determinada versión de lo ocurrido. Esa versión, prácticamente, se mantiene hasta hoy con los cambios que han sido necesarios para su permanencia. Pero es todo falso. Los mitos del franquismo son falsos. Están montados sobre una base falsa. 

    ¿Traicionó Franco a los monárquicos?

    Por supuesto. Y Pedro Sainz Rodríguez es consciente de la traición. Hay papeles carlistas y monárquicos que demuestran que había sectores de ambos lados que se sentían profundamente decepcionados y traicionados. No se habían sublevado para poner a Franco en el poder. Pero todo ese malestar no lleva a nada. Ya en el 40, los monárquicos hacen un balance de la situación a los ingleses y ponen a parir a Franco. Incluían errores de bulto para destruir la imagen de Franco. Ese documento permite ver el cabreo que tienen. Se sienten traicionados.

    También escribe que Falange, que después sería el partido único, en los planes iniciales de los monárquicos solo tenía un papel reservado: el de pistoleros. No había lugar para ellos.

    Pistoleros. Eso es. Ese era su papel para los monárquicos. Nada más. Nadie pensaba, en los círculos monárquicos, que Falange tendría la influencia que poco después tuvo. Eso sí, en ausencia de Sanjurjo.

    Hay una frase que me llama la atención. Usted dice, al final de su obra, que la primera causa del golpe de Estado es que los monárquicos consideraban que España era suya, que aquí mandaban ellos, y que no iban a compartir el poder con nadie más.

    Por supuesto. Así es. Algunos historiadores califican a los monárquicos como contrarrevolucionarios. Pero no es cierto. Eran reaccionarios. Gente que quería volver a la situación anterior. Volver a la dictadura primorriverista con los retoques fascistas necesarios. El informe que los monárquicos elevan a los ingleses, del que hemos hablado antes, se nota que son reaccionarios en estado puro. Que España era suya y lo había sido siempre. La República era como una arruga en la historia de España.

     

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    “Los anarquistas fueron los más ignorados de los republicanos, los derrotados entre los derrotados”

    29 abril, 2019

    Fuente: http://www.eldiario.es

    Después de una larga e intensa carrera periodística, la mayoría de ella en el diario El País, y de haber publicado unos cuantos ensayos y libros de reportajes, Javier Valenzuela (Granada, 1954) se lanzó hace unos pocos años a cumplir su sueño juvenil de escribir novelas policíacas. Así surgieron Tangerina y Limones negros para llegar ahora a Pólvora, tabaco y cuero (Huso, 2019), una original novela entre la crónica negra y la historia política que transcurre en un Madrid cercado por las tropas franquistas.

    Pero la peculiaridad de este relato no se limita a un tiempo y un lugar muy especiales, sino que su protagonista es un comisario de policía anarquista encargado tanto de investigar delitos comunes como de descubrir a quintacolumnistas infiltrados. A través de esta novela negra desfilan personajes históricos como el general José Miaja, el líder anarquista Cipriano Mera o la pedagoga María Sánchez Arbós junto a gentes anónimas y de ficción en el escenario de un Madrid convertido en símbolo.

    ¿Por qué ambientó una novela policíaca en el Madrid de la guerra y en los círculos anarquistas?

    En primer lugar quería rendir un homenaje a Madrid, una ciudad que siempre fue muy generosa con la gente que vinimos de fuera. Por otra parte, a la hora de elegir el momento más negro de su historia estaba claro que fue el asedio de las tropas franquistas durante la guerra, en especial en el otoño-invierno de 1936-1937, cuando los madrileños no solo sufrieron los bombardeos, sino también el hambre, el frío y las penalidades.

    Además, convertir a un libertario, exguardia de asalto, en comisario policial me permitía reflejar la situación de los más ignorados entre los republicanos, los derrotados entre los derrotados, que fueron los anarquistas. La novela transcurre en buena parte en Tetuán, un barrio semirural en aquella época y donde vivían muchos albañiles anarquistas.

    El relato mezcla personajes históricos con otros imaginarios. ¿Cuál fue su intención?

    Esta combinación da mucha credibilidad a la novela, al tiempo que supone un desafío literario porque conocemos la proyección pública del general Miaja o del líder anarquista Mera o del escritor Arturo Barea, por ejemplo, pero no sus facetas personales, su condición de gente de carne y hueso. Me he documentado a fondo sobre ellos y al final del libro incluyo unas breves biografías de los personajes históricos que aparecen,

    A propósito de documentación, ¿le ha resultado difícil reunir material sobre aquel momento histórico de Madrid?

    La historiografía española se ha ocupado mucho de los grandes personajes y de los acontecimientos importantes, pero muy poco de la vida cotidiana de la gente. En ese punto tenemos mucho que aprender de la literatura anglosajona. Así, la vida cotidiana en el Madrid de la guerra está muy poco contada en la literatura. De hecho, existe poca documentación sobre cómo vivió la población madrileña aquella batalla y aquel asedio.

    En cualquier caso, Madrid mantuvo su vitalismo durante la contienda y, dentro por supuesto de las limitaciones de la guerra, la capital siguió con una vida bastante normal. Es decir, que los transportes públicos más o menos funcionaban, los colegios seguían con sus clases como podían y los espectáculos como el cine o el teatro abrían sus puertas. En uno de los pasajes de la novela repaso la cartelera de cine de Madrid en aquellos meses.

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    El periodista y escritor Javier Valenzuela ante la tumba de Machado en Collioure

    No debió ser habitual que un anarquista se convirtiera en comisario de policía, en delegado de seguridad de un barrio, como su personaje principal, Ramón Toral.   

    Bueno, el protagonista de Pólvora, tabaco y cuero procede de una familia humilde, ha combatido como soldado en la guerra de África y más tarde se ha integrado en la Guardia de Asalto, los antidisturbios de la República. Su conciencia de clase le impide reprimir una manifestación y es expulsado del cuerpo. Al final acaba siendo, durante la guerra, delegado de Seguridad del barrio de Tetuán elegido por los vecinos.

    Es un tipo que se ocupa tanto de un delito común, como investigar el asesinato de una mujer a manos de su pareja, como de descubrir una trama política de robo de salvoconductos por parte de quintacolumnistas al servicio de Franco.

    El arco de evolución del protagonista, Ramón Toral, daba mucho juego en la narración. De otro lado, no conviene olvidar que todos los grandes detectives de novela negra, desde los creados por Dashiell Hammett o Raymond Chandler al Carvalho de Vázquez Montalbán, tienen un talante libertario.

    A partir de la investigación del crimen de una mujer aparecen en la novela las contradicciones de muchos hombres progresistas de aquella época y los inicios de la lucha feminista. ¿Qué papel desempeñaron organizaciones como Mujeres Libres?

    El relato muestra, por un lado, que en tiempos de guerra también hay que ocuparse de los delitos llamados comunes y de ahí la tarea que cumplían los delegados de seguridad, en este caso el protagonista de la novela. Pero conviene recordar, sobre todo, que muchos hombres republicanos y de izquierdas no compartían que fuera delito que un varón engañado por su mujer se tomara la justicia por su mano y la matara a ella.

    En esa tarea de toma de conciencia resultó fundamental la labor de Mujeres Libres, una organización anarquista que luchaba por una sociedad igualitaria que reconociera los mismos derechos para hombres y mujeres. Esa lucha por la igualdad llegó hasta  las milicianas que lucharon con las armas en sus manos en los primeros meses de la guerra. Más tarde, como sabemos, fueron obligadas por los propios militares republicanos a volver a la retaguardia.

    Aquellas milicianas despertaron el pasmo admirativo en todo el mundo y algunas películas, como Tierra y libertad, de Ken Loach, han reflejado muy bien aquella situación.

    La novela pasea a sus personajes por todo Madrid, desde zonas obreras como Lavapiés y Tetuán hasta distritos burgueses como el barrio de Salamanca. ¿Tuvo un interés especial en narrar esa vida cotidiana?

    Por supuesto. El Madrid cotidiano de la guerra está poco contado, aunque algunos autores como Jorge Martínez Reverte o Fernando Cohnen han sido excepciones. Tan grande es el desconocimiento que la mayoría de madrileños ignora que el acomodado barrio de Salamanca, poblado por gente de derechas, nunca fue bombardeado por los franquistas. Todo un símbolo de lo que representaba cada bando en aquella guerra.

    Es cierto que he tenido especial cuidado en recrear el ambiente e incluso el lenguaje de la época para evitar anacronismos. Así pues, en los años treinta no se hablaba de crímenes machistas, una terminología reciente. A diferencia de hoy, por ejemplo, la gente empleaba muchas expresiones taurinas o utilizaba con frecuencia palabras como caramba o cáspita, que en la actualidad se hallan en desuso.

    De todas maneras, creo que en este sentido hemos de aprender mucho de los historiadores anglosajones, como Paul Preston o Antony Beevor, que escriben sus libros de historia como si fueran novelas. De este modo consiguen un público amplio.

    El último brigadista americano (esta vez sí)

    12 abril, 2019

    Fuente: http://www.ctxt.es

    Raphael Buch Brage fue el último soldado superviviente en morir de los miles de voluntarios que salieron de Estados Unidos para luchar por la República
    SEBASTIAAN FABER

    <p>Buch Brage como capitán en la XV Brigada (1938).</p>

    Buch Brage como capitán en la XV Brigada (1938).

    20 DE FEBRERO DE 2019
    En marzo de 2016, John McCain —ex aviador naval, ex preso político de la Guerra de Vietnam y senador republicano por Arizona— rindió homenaje a un comunista. Y, para colmo, lo hizo en el New York Times. 
    El protagonista de su artículo, “Salute to a Communist,” era Delmer Berg, un sindicalista que acababa de morir, en California, a los 100 años. Ocho décadas antes, Berg había sido uno de los casi 2.800 voluntarios que salieron de Estados Unidos para luchar en la Guerra Civil Española. “No todos los americanos que luchaban en la Brigada Lincoln eran comunistas”, escribió McCain, cuya fascinación con la guerra española se remontaba a su lectura, a los 12 años, de Por quién doblan las campanas; la novela de Hemingway siempre sería su preferida. “Pero muchos sí lo eran, Delmer Berg incluido. […] Incluso los comunistas como el Sr. Berg creían que [en España] luchaban, en primer lugar, por la libertad, sacrificando sus vidas en un país del que sabían poco, por un pueblo que no conocían. […] Siempre he sentido admiración por su valentía”.
    La muerte de Delmer Berg en febrero de 2016 fue una noticia global. (En esta revista, Diego Barrios le había dedicado un retrato un año antes.) Al fin y al cabo, era el último brigadista americano en fallecer. Marcaba el fin de una era.
    O al menos, así lo creímos hasta hace un par de meses. Fue entonces cuando Dean Burrier, un joven maestro de Español en Illinois, hizo un descubrimiento inesperado: cuando Berg falleció, seguía vivo otro brigadista de trayectoria alucinante, con una vida novelesca que al senador McCain —y al mismo Hemingway— les habría encantado. 

    El 13 de octubre del año pasado, expiraba en Biarritz, Francia, a los 103 años, un ciudadano estadounidense que, como Berg, había luchado en las Brigadas Internacionales.

    Raphael Buch Brage nació el 26 de julio de 1915 en Nueva York. Sus padres, Manuel Buch Sáinz (o Sáez, 1884-1969) y Fe Brage Vázquez, eran inmigrantes gallegos de La Coruña; habían llegado a Estados Unidos en 1911 y 1912, respectivamente, y se habían casado el 2 de noviembre de 1914 en Nueva York. En la primavera de 1916, la familia volvió a Galicia porque Manolo, que trabajaba como fotógrafo, había enfermado y pensaba que se iba a morir. El pequeño Raphael tenía diez meses.

    Una vez en Galicia, Manuel se repone y prosigue su exitosa carrera profesional como fotógrafo. Se especializa en retratos “artísticos”, retocados en óleo, como los aquí incluidos de Fe y de Raphael, en una imagen de 1920, como pequeño querubino rubio. En 1923, Manuel es nombrado fotógrafo de la Casa Real. La familia se muda a Madrid, donde Manuel establece su negocio en Gran Vía. Raphael, mientras tanto, cursa el bachillerato en el famoso Instituto Cardenal Cisneros en Madrid, donde coincide con Julián Marías (el futuro filósofo y padre de Javier).

    Imágenes de Manuel Buch: retrato de Fe y Raphael; retrato de Raphael (1920); retrato de Ramón Menéndez Pidal, en Estampa.

     

    En los años 20, Manuel Buch se convierte en fotógrafo de moda. Sus imágenes salen en medios madrileños como Blanco y Negro Estampa, donde retrata, entre muchos otros, a Ramón Menéndez Pidal, también coruñés, sacando lo que aún hoy es la foto más conocida del filólogo.  En 1931, el año que se proclama la República, sin embargo, Manuel emigra a Bolivia; será el inicio de un periplo latinoamericano de casi 20 años. (Se cuenta que llega a colaborar como cámara en el rodaje de La vorágine de Rómulo Gallegos, pero no hay constancia de que se rodara una versión por aquellos años; eso sí, en 1929 La Voz de Galicia ya informa que Buch se dedica al cine.) Abandona en Madrid a su mujer, Fe, quien tres años después consigue por los tribunales la anulación del matrimonio. No hay forma de ubicar a Manuel ni para transmitirle el juicio; al cabo de un tiempo, se le da por muerto. En abril de 1936, Fe se casa con Luis Cornide Quiroga, Secretario de Gobierno del Tribunal Supremo, quien en febrero había sido elegido por segunda vez como Diputado de las Cortes por La Coruña. Después de la guerra, Cornide será juzgado por rebelión, condenado a doce años de prisión y depurado; su casona recién construida en la Avenida de la Habana número 3, en La Coruña, con vista a la playa de Riazor, será expropiada por la Falange.

    A pesar de los lazos familiares con la monarquía, Raphael, un activista precoz, se involucra en las luchas políticas contra la dictadura de Primo de Rivera. En 1928 (tiene 13 años), se afilia a la Federación Universitaria Escolar (FUE), fundada dos años antes. Su participación en manifestaciones, huelgas y protestas estudiantiles le vale seis detenciones y una estancia en la Cárcel Modelo de la capital.

    Mientras tanto, el 5 de septiembre de 1931, pocos meses después de terminar el bachillerato y de cumplir 16 años, Raphael había sacado su pasaporte estadounidense. Diez días más tarde, se embarca en Vigo, junto con su primo José Seijo, rumbo a su ciudad natal. En Nueva York, se hospeda primero en East Harlem, barrio hispanohablante por excelencia, y después en la Calle East 22. Gravita hacia círculos radicales. Se afilia al Club Julio A. Mella, un espacio social nombrado por el fundador del Partido Comunista de Cuba que frecuentaban, entre otros, exiliados políticos cubanos. También se da de alta en la Sociedad Mutualista Obrera Mexicana que, como el Club Mella, se encuentra en East Harlem, e inicia una carrera de Derecho. En su tiempo libre, se dedica al deporte, al fútbol en particular.

    En 1934, regresa a España, donde ingresa a trabajar al Banco Hispano Americano de Alzira (Valencia) y se afilia al Sindicato del Crédito y las Finanzas (UGT). En el verano de 1936 —pocos meses después del matrimonio de su madre con el Diputado coruñés Luis Cornide— Raphael es seleccionado para representar Estados Unidos, en Atletismo y Rugby, en la Olimpiada popular en Barcelona. Allí le sorprende la rebelión militar de julio de 1936. Participa en las luchas callejeras contra los rebeldes; una semana después, en el día de su 21 cumpleaños, parte hacia el Frente de Aragón como miembro de la columna de la UGT. En octubre, se afilia al PSUC; en diciembre, al Socorro Rojo.

    A pesar de su juventud, no tarda se distinguirse en su actuación militar. Una ficha mecanografiada que se preserva en el archivo de la Internacional Comunista en Moscú dice, bajo “servicios prestados”: “El 25 Agosto 1936 pasó de bombardero de Aviación al Prat de Llobregat y más tarde a Sariñena, a fines de Septiembre del 1936 marchó de guerrillero y dinamitero en lo Alto Pirineo”. En noviembre del 36, ya en el frente de Madrid, es ascendido a teniente en la 31 Brigada Mixta, como confirma una ficha en el Centro Documental de Memoria Histórica en Salamanca. En noviembre de 1937 pasa a la XV Brigada Internacional como instructor del 59 Batallón; en abril de 1938 entra en el Estado Mayor de la misma, con el grado de capitán y nombrado jefe del Servicio de Información Militar (SIM). Cuando termine la guerra, habrá pasado por los frentes de Madrid, Jarama, Las Rozas, Guadalajara, La Granja, Brunete, Teruel, Segovia y la Batalla del Ebro. Es herido seis veces, tres veces grave.

    Buch Brage como capitán en la XV Brigada, 1938.

    En julio de 1938, llena, como todos los voluntarios de la Brigada Internacional, una “biografía de militantes”, un formulario de 4 caras y 65 preguntas, diseñado por la Comisión Central de Cuadros (Sección Extranjeros) del Partido Comunista. El original manuscrito de este formulario también se preserva en Moscú. Es allí donde cuenta Raphael que le empezó a interesar el movimiento proletario “en 1933 en Nueva York, influenciado por algunos familiares anarquistas”; y que ha leído El Capital, El Manifiesto Comunista El Estado y la revolución. 

    En el otoño de 1938, Buch Brage, que para entonces tiene 23 años, es desmovilizado junto con los demás voluntarios extranjeros. Desde Le Havre, en Francia, regresa a Estados Unidos en diciembre de 1938, en el buque Ausonia. Viaja con él un grupo de más de 300 compañeros norteamericanos de la Brigada Lincoln. Para entonces, unos 800 voluntarios estadounidenses han pagado su compromiso con la República Española con su vida. Raphael vuelve a su casa en la Calle 22 de Nueva York, donde le pilla el censo de 1940, en el cual se identifica como Ralph Brage.

    Sobre las peripecias de Raphael Buch después de la Guerra Civil hay pocos datos sólidos, más allá de las anécdotas que él mismo compartió con sus amigos. De éstas, se deduce que los 80 años que le quedarían de vida se llenaron con deportes, periodismo, cine, palomas y espionaje.

    En una nota a un amigo en los noventa, Buch Brage escribe que, en los años inmediatamente después de su regreso a Estados Unidos, trabajó de “profesor de español y periodista deportivo en LA PRENSA de Nueva York”. En 1940, agrega, fue “voluntario una vez más en la guerra contra Hitler, en el British Intelligence Service hasta finales de 1941”, trasladándose en 1942 —ya después del ataque de Pearl Harbor— “al Ejército Americano, en el cual sirvo en diversas actividades hasta finales de 1948 en diversos países de América, especialmente en el Caribe”. De 1948 a 1954, afirma, vive en Cuba, “representando a la revista América LA HACIENDA y A FAZENDA, especializada en temas agrícolas de gran envergadura”. (La revista, fundada en 1905, se editaba en Buffalo, Nueva York.)

    Cuando Buch escribe “British Intelligence Service” sin duda se refiere al Secret Intelligence Service, es decir la legendaria MI6. ¿Qué labores realizó para los ingleses? ¿Cuál fue la naturaleza de su trabajo posterior para las fuerzas armadas estadounidenses, que se extendieron hasta tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial? No queda claro, pero caben hipótesis. Así, la trayectoria que describe Buch resuena con una iniciativa de William Donovan, director de la Office of Strategic Services (OSS, la predecesora directa de la CIA). Antes de la entrada de EE.UU. a la guerra, Donovan fue un enlace importante entre los gobiernos de Franklin Roosevelt y Winston Churchill. El contacto sirvió no solo para montar en Estados Unidos un servicio de espionaje y contraespionaje inspirado en la MI6, sino también para que Estados Unidos diera apoyo a Reino Unido en su lucha contra el fascismo.

    Entre otras cosas, Donovan reclutó a un grupo de veteranos estadounidenses de la Guerra Civil Española —comunistas, sí, pero antifascistas y con experiencia bélica— para echar una mano al servicio secreto británico después de que Reino Unido declarara la guerra a Alemania. Una vez que Estados Unidos entró a la guerra, en diciembre de 1941, este proyecto se convirtió en una operación netamente norteamericana, con acciones de espionaje y guerrilla en Europa. Entre los reclutas sabemos que se encontraban ex miembros de la Brigada Lincoln como Milton Wolff, Al Tanz, Bill Aalto y Irving Goff. No parece descabellado suponer que Buch Brage —al que sus compañeros reconocían como un militar extraordinario y que hablaba seis idiomas— fuera reclutado para este programa o un proyecto parecido. También es posible que su trabajo hasta 1948 fuera para no tanto para el Ejército, como mantiene Buch en la nota a su amigo, sino la OSS (que en 1947 se convirtió en CIA).

    En el ínterin, Buch se había casado (en octubre de 1940, con Soledad “Sally” Artíguez, que había nacido en España en 1912 y emigrado a EE.UU. en 1919) y tenido tres hijos (Fernando, Luisa y Avelina). Durante sus seis años en Cuba continuó criando palomas, una afición que, como explicaba al mismo amigo, era ancestral: habían tenido palomas su bisabuelo, abuelo y padre. A un amigo le contó que había construido un palomar en Estados Unidos, a mediados de los cuarenta, y que, en Cuba, ganó premios con sus críos. (Al parecer, su excelencia en este campo no se limitaba a la avicultura: el Diario de la Marina reporta que, en noviembre de 1950, un “señor Rafael B. Brage volvió a ganar por cuarta vez consecutiva el premio de mejor raza de bulldog”.)

    En Cuba también se volvió a encontrar con Hemingway, a quien había conocido durante la guerra en el Hotel Florida de Madrid. (Curiosamente, en la isla se reunía con el novelista en un bar llamado El Floridita.) En un artículo posterior sobre palomas cubanas se ufana de que sus historias “le sirvieron para sus grandes obras sobre la Guerra Civil Española”. Según Dean Burrier, no es imposible que el personaje de Robert Jordan, protagonista de Por quién doblan, estuviera basado en parte en Buch Brage, que, como Jordan, realizó labores de guerrilla.

    A mediados de los 50 Raphael y su familia vuelven a España; lo más probable es que su regreso se produjera en 1954. De todos modos, hay constancia de que su mujer e hijos vuelan de Nueva York a París en marzo de 1953; Raphael toma el avión de Nueva York a Escocia en julio de 1954. Su padre, el fotógrafo, dado por muerto, había vuelto a aparecer después de la Segunda Guerra Mundial. Raphael se había reencontrado con él en Cuba; y Manuel Buch había regresado en barco a España, embarcándose en Nueva York, en marzo de 1953 (tenía 68 años).

    Junto con su mujer, hijos y padre, Raphael se establece en Madrid, concretamente en un chalet de Chamartín (Fernández Cancela, 1, Colonia Los Pinares) donde, según sus propios apuntes, se gana la vida trabajando “en cinematografía americana o inglesa”. Colabora en los rodajes de películas como La Caída del Imperio Romano, El Cid, Lawrence de Arabia Dr. Zhivago, y traba amistad con actores y directores de HollywoodEn el rodaje de El Cid, vuelve a cruzarse con Menéndez Pidal, a quien su padre le había sacado un retrato más de treinta años antes: el filólogo sirve como asesor histórico de los guionistas. (La película se rueda en Peñíscola, Castellón, donde Buch después comprará casa.) En España sigue practicando la cría de palomas. Su fama de experto llega a ser mundial; acumula una biblioteca de más de 3.000 volúmenes sobre el tema y “un fichero de unos 12.000 títulos de libros sobre colombofilia que existen, pero que no poseo”. En los años 80 y 90, Rafael Buch dona fotografías de su padre a instituciones gallegas; el archivo fotográfico se encuentra actualmente en el Museo de Pontevedra. También recupera y vende la casona incautada a su padrastro, el diputado Cornide, en La Coruña.

    Raphael Buch Brage, y no Delmer Berg, fue el último brigadista norteamericano en morir. Que este hecho escapara a la atención de los medios en su momento —y de las y los historiadores de la Brigada Lincoln— es menos sorprendente de lo que parece. La leyenda de la Brigada ha sido contada muchas veces; incluso ha inspirado a David Simon a realizar una serie televisiva. Pero casi todas sus versiones se suelen olvidar de los muchos voluntarios norteamericanos cuya ida a España era, en cierto sentido, una vuelta, porque se trataba de inmigrantes españoles y sus descendientes.

    Los gaditanos hermanos Pliego procedían. Tabaqueros y dueños de una tienda de puros en Brooklyn, Nueva York.

    Gracias a la labor del Profesor James D. Fernández de la New York University y el periodista Luis Argeo, autores del libro Inmigrantes invisibles y varios documentales sobre el tema, hoy sabemos mucho más de la masiva inmigración española a Norteamérica entre finales del siglo XIX y los años 1920. De hecho, fue en parte gracias a la labor de Fernández y Argeo que Dean Burrier, el maestro de Español que nos ha llevado a Buch Brage, pudo reconectar con su propia ascendencia española: fue en la universidad, en 2009, que descubrió que su abuelo, el valenciano Vicente Sanchis Amades, no solo había emigrado a Estados Unidos en 1923, sino que, 15 años más tarde, había regresado a su país natal para luchar contra el fascismo en la XV Brigada.

    Esta participación hispana en la Brigada Lincoln sigue siendo menos conocida de lo que merece. Como afirma el Profesor Fernández, de New York University, un diez por ciento de los voluntarios que partieron desde Estados Unidos tenían apellidos hispanos; había entre ellos cubanos, puertorriqueños, dominicanos… y españoles. En el enorme archivo de la Brigada Lincoln en Nueva York, sin embargo, apenas están representados: son una laguna.

    Lagunas, desde luego, también las hay, y grandes, en el relato de Buch Brage. ¿Qué tipo de trabajo realizó durante casi una década para los servicios secretos británicos y estadounidenses? ¿Cómo pudo regresar sin más a la España de Franco un ciudadano estadounidense que había luchado con las fuerzas republicanas, llegando a ser jefe del SIM en la XV Brigada, y cuyo padrastro había sido depurado por el régimen? ¿Le valió su pasaporte americano o, en cambio, las buenas relaciones familiares con la monarquía? (En una carta a una revista colombófila de mediados de los 90, Buch menciona de pasada que ya hizo un viaje a España ¡en 1947! para conseguir ciertas palomas y traérselas a América.) Eso sí, según el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, tuvo repetidos problemas con Hacienda por morosidad fiscal. En 1960 le fue embargado, para sacar a subasta pública, una lámpara de porcelana; en 1964, un televisor y una nevera. En 1968, se publicó que debía 5.050 pesetas en impuestos.

    En 1970, Buch Brage se mudó a Biarritz, aunque no dejó de pasar largas estancias en una urbanización de Peñíscola, donde tenía un chalet. Sally, su mujer, falleció en 1989; su hijo Fernando, en 2003; su hija María Luisa, en 2012. Según relata Dean Burrier, se volvió a casar. Después de la muerte de su segunda esposa, en 2013, ingresó a una residencia en Biarritz. Para entonces —curiosamente, dadas sus posesiones inmobiliarias— parece haberse quedado sin fondos hasta tal punto que el Estado francés se hizo cargo de él. En los cinco años que vivió en la residencia, no recibió ni una visita.

    ———————-

    Créditos

    Esta investigación parte del descubrimiento de Dean Burrier Sanchis, cuyo artículo sobre Buch Brage sale en el número de marzo de 2019 de The Volunteerrevista trimestral publicada por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA). Además, se han consultado los archivos siguientes: ALBA Collection, The Tamiment Library & Robert F. Wagner Labor Archives, New York University; el archivo de la Internacional Comunista en Moscú (RGASPI); Ancestry.com; la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España; la hemeroteca de La Voz de Galicia.

    Imágenes: Harry Randall: Fifteenth International Brigade Photographs ALBA.PHOTO.011, no. 11-0957, marzo de 1938; y no. 11-0189, mayo de 1938. Las imágenes de Manuel Buch provienen de “Fotógrafos coruñeses de principios de siglo XX”, por Julio Franco del Amo. El retrato de Menéndez Pidal sale publicado con crédito de “Foto Buch” en Estampa, 13 de marzo de 1928, p. 16. La foto de los Hermanos Pliego es de Inmigrantes invisibles

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    “Mientras Franco esté en el Valle de los Caídos, Machado debe seguir en Collioure”

    9 abril, 2019

    Fuente: http://www.publico.es

    El hispanista publica ‘Los últimos caminos de Antonio Machado. De Collioure a Sevilla’ (Espasa), testimonio de ese periplo vital del poeta andaluz y del desgarro interior que le supuso la Guerra Civil.

    El hispanista Ian Gibson en el pueblo de Collioure.- ASIS AYERBE

    El hispanista Ian Gibson en el pueblo de Collioure.- ASIS AYERBE

    Ian Gibson (Dublin, 1939) no puede evitar conmoverse cuando evoca los últimos días de Machado en Collioure. Su último libro Los últimos caminos de Antonio Machado (Espasa) indaga en ese desgarro interior del poeta, ese que le provocó la guerra y el desmoronamiento de su anhelada República. Hablamos con el hispanista de camino a ese pueblo pesquero en el que los Machado se refugiaron huyendo de las bombas, un sol y un mar que apenas pudieron redimir a un poeta enfermo y transido de dolor, pero que –tal y como nos recuerda el hispanista– no dejó de contemplar buscando, quizá, regresar a esos días eternos de la infancia.

    Este nuevo libro evidencia el peso que tuvo la infancia en Machado, ¿hasta qué punto marca su obra?

    No es algo habitual el hecho de nacer en un auténtico paraíso bíblico. El Palacio de las Dueñas, donde Machado vivió los primeros cuatro años de su vida, es un sitio único. Está rodeado de una tapia altísima que le aísla del bullicio de la ciudad, en el centro –y este es uno de los descubrimientos que hice durante la escritura del libro– encontramos una fuente no muy elevada, de tal forma que un niño de cuatro años puede asomarse y ver el reflejo de los limoneros. Ese jardín y los pasillos que llevan a las galerías están muy presentes en la poesía de Machado, no es descabellado afirmar que sin el Palacio de las Dueñas no tendríamos el Machado que tenemos.

    Se percibe también un esfuerzo divulgativo…

    Seamos honestos; es poco probable que un joven se lea mi biografía de 700 páginas. Por ello pensé en este libro como la posibilidad de narrar de forma casi novelística su periplo vital y hacer más accesible la figura y la poesía de Machado. La idea de empezar por su entierro responde precisamente a ese aspecto circular que tiene su obra, siempre volviendo a la infancia y siempre con algo premonitorio.

    ¿Qué opina del manoseo político del legado de Machado?

    Lo que pienso es que hay que ser leal. No puedes permitirte ser hipócrita, si amas a Machado, si de verdad lo haces, no lo mencionarías para dividir a la sociedad. Su obra y su trayectoria fueron un intento de ayudar a España a que fuera un país floreciente culturalmente. Me parece patético lo que están haciendo en su nombre, ni siquiera aciertan cuando hablan de las dos Españas; su división no era entre la España roja y la España golpista, sino entre la España liberal y la del bostezo, el casino provincial y la Iglesia.

    Le acusó en su día la derecha de ingenuo, de haber comprado ciegamente lo preceptos marxistas…

    Sí, así fue. Machado no ocultó que el marxismo le parecía una gran contribución a la humanidad, pero al final siempre matizaba que lo materialista no era lo más importante para él. Yo creo que, por encima de todo, Machado fue un viejo republicano. No olvidemos que él venía de una familia medularmente republicana.

    Ian Gibson.- ASIS AYERBE

    Ian Gibson.- ASIS AYERBE

    La pérdida de la correspondencia con Pilar de Valderrama aparece en el libro como un hecho desgarrador, difícilmente mesurable.

    Como biógrafo, la pérdida de esas 200 cartas me destroza cuando lo pienso. Se conservan 40 y dicen tanto de él que no quiero ni imaginar la magnitud del material de investigación que se perdió con ese maletín. Nos habría dado tantas pistas sobre él. El hecho de que fuera una relación oculta, le obliga a trabajar en un terreno resbaladizo en el que tiene que sugerir hasta lo sexual. Según se mire, esta pérdida viene a simbolizar lo que supuso la guerra, la diáspora y el horror que sufrieron tantas personas en este país. Un país que todavía no ha resuelto su deuda con la memoria histórica y que podría ser un país cumbre porque lo tiene todo para ser un paraíso terrenal…

    ¿No se estará excediendo?

    Es que aquí está todo, aquí hubo una mezcla de culturas importantísima que nunca se ha sabido gestionar. Siempre están a la greña, incapaces de llegar a acuerdos sobre comportamientos y políticas. Me entristece y me desespera realmente, España es un país que tiene tantas cosas a su favor pero tiene que joderlo todo una vez más.

    ¿Con qué legado se queda de Machado?, ¿cuáles son las claves que nos da para leer el presente?

    Siempre dijo lo mismo; hablad, dialogad, los españoles tenemos que ser capaces de dialogar tranquilamente. Creo que Machado evidenció un problema de este pueblo y es que nadie escucha al otro, es un pueblo que se autoproyecta porque no quiere escuchar lo que el otro tiene que decir. Esa necesidad de diálogo es, para mí, el mensaje más importante de Machado.

    Machado defendió una Andalucía multicultural, un discurso que contrasta con las consignas de partidos en pleno auge como Vox.

    No sólo Vox, la derecha española, según mi punto de vista, no acepta que somos un país mestizo. Creo que esto es gravísimo; toda la península es un yacimiento arqueológico, capas y capas de civilizaciones, no hay español que no tenga una mezcla de sangre. A los católicos les preguntaría de dónde creen que viene su religión, porque su religión no viene de Roma sino de oriente, no en vano Jesús es judío. Alguien debería decirle a Aznar que su apellido es de origen árabe.

    ¿Deben los restos de Machado volver a España?

    No, no, por el momento en absoluto. Mientras la momia de Franco esté en el Valle de los Caídos, mientras la memoria histórica esté sin resolver, creo que es imprescindible que Machado esté en Collioure porque de esta forma simboliza el exilio. Además, los franceses lo cuidaron, le dieron alojamiento y camisas, también sellos para que pudiera enviar su correspondencia, además una tumba. Si se llevan de aquí la tumba, alguien podría decir al cabo de los años que no murió en el exilio, que sólo estuvo de vacaciones. No podemos olvidar que Machado murió transido de dolor, un dolor inenarrable por la pérdida.

    ¿Era Machado anticalanista?

    Es un espanto de ignorancia decir algo así. Pasó sus últimos meses leyendo a poetas catalanes, alabó explícitamente el idioma catalán diciendo que tenía sabor a mar, no tenía nada, absolutamente nada, en contra de Catalunya.

     

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    Lobezno saca las garras para matar a fascistas en la Guerra Civil española

    12 febrero, 2019

    Fuente: http://www.eldiario.es

    El 26 de abril de 1937, la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana llevaron a cabo uno de los ataques aéreos más aniquiladores de la contienda española. Decenas de cazas y bombarderos sobrevolaron el municipio vasco de Gernika, que anunciaba con campanadas la ofensiva aérea que estaba a punto de aniquilar la ciudad. El objetivo era bloquear la retirada del ejército republicano, pero acabaron desatando la furia de otro personaje allí presente, uno con garras afiladas de adamantium: Lobezno.

    El mítico mutante de Marvel nació en Canadá a finales del siglo XIX, pero gracias a su factor curativo, mediante el cual puede regenerar tejidos, células e incluso miembros, es capaz de superar la centena de años y seguir pareciendo un cuarentón musculado. Precisamente por ello, ha pasado por toda clase de conflictos: la Guerra Civil estadounidense, las dos guerras mundiales y la Guerra de Vietnam. Pero también deambuló por otra, la Guerra Civil española.

    Así se puede apreciar en Sangre, arena y garras, una reedición de Panini Cómics que recupera tres grapas publicadas originalmente por Marvel en 1991. En esta no aparece Francisco Franco, ni Emilio Mola, ni Manuel Azaña, pero no lo necesita para retratar la crueldad del periodo. Especialmente, con el dibujante Marc Silvestri y el historietista Larry Hama, hijo de emigrantes japoneses, que ya conocía el horror después de haber combatido en la Guerra de Vietnam.

    El bombardeo de Guernica de 1937 contemplado por Lobezno
    El bombardeo de Guernica de 1937 contemplado por Lobezno MARC SILVESTRI | MARVEL

    “A diferencia de otras historias de autores americanos donde el territorio español es un escenario folclórico, este se preocupó de estudiar la contienda y la participación de escritores en la misma”, indica el periodista y cineasta en el prólogo de esta reedición. Aun así, al menos en ciertos momentos, esto no parece cumplirse del todo.

    De hecho, la llegada de Lobezno a España parece bastante reveladora a la par que surrealista. El héroe se encuentra en Vancouver (Canadá), tomando unas cervezas en un bote junto a su amigo Puck mientras contemplan una foto antigua tomada en la Guerra Civil española. Sin embargo, la velada acaba cuando la villana Dama Mortal, que busca a Lobezno para vengar el honor de su familia, irrumpe ante sus ojos a través de un vértice temporal que le permite desplazarse entre dos puntos en el espacio. Aún así, un alocado giro de guion hace que ese portal arrastre a los personajes a otro lugar: al que estaban mirando en la fotografía.

    “Algo me dice que ya no estamos en Vancouver, Chaval”, dice Logan al aterrizar en la Gernika de 1937. Concretamente, mitad de una plaza mientras se celebra una corrida de toros. En ella se mezcla alcohol, gritos e incluso una referencia al torero Manuel García ‘Maera’. Además, Puck decide coger la muleta para ponerse a torear entre “olés” y “bravos”. No parece una forma muy apropiada de abandonar lo folclórico. Pero, en realidad, incluso con el título del capítulo, estaban haciendo referencia al escritor republicano Vicente Blasco Ibáñez, autor de la novela Sangre y arena.

    No obstante, aquel retrato de España no dura mucho más de dos páginas. Inmediatamente, el espectáculo taurino es interrumpido por un bombardero Stuka de la Legión Cóndor. “¡Nazis luchando por los rebeldes!”, grita el gentío de la plaza. “Está volando lo bastante bajo como para ver que hay mujeres y niños. Para él no es una batalla. ¡Es pura maldad!”, reflexiona Lobezno, quien, como cabría esperar, recurre a una solución que dista mucho de ser sutil: decide coger el estoque del torero, “ese pincho”, y clavarlo en el aeroplano para hacerlo estallar por los aires.

    Orwell y Hemingway, compañeros de viaje

    Presentación de Ricky Blair, en alusión a George Orwell
    Presentación de Ricky Blair, en alusión a George Orwell MARC SILVESTRI | MARVEL

    Logan no está solo en sus aventuras por el País Vasco. Acaba involucrado en un campamento partisano de republicanos integrado por autores como Ernest (o Ernesto, como le llaman) Hemingway o Ricky Blair, en alusión a George Orwell. Ambos escritores estuvieron en la contienda española y, además, se implicaron personalmente con la causa republicana. “Voy a matar fascistas porque alguien debe hacerlo”dijo el creador de 1984, quien poco después casi muere tras recibir un balazo en el cuello.

    La experiencia de ambos autores quedó reflejada en crónicas u obras como Homenaje a Cataluña, escrita por un Orwell fascinado al encontrarse “en una ciudad donde mandan los obreros”. También en Por quién doblan las campanas, de Hemingway, la cual es leída por Lobezno antes de viajar al pasado.

    Lo sorprendente es cómo, a pesar de ser un cómic orientado al mercado internacional, este se posiciona claramente contra el franquismo en un momento en el que todavía hoy es objeto de debate en nuestro país. “Falangistas: rebeldes fascistas que luchan para derrocar a la República española ayudados por la Alemania nazi y la Italia fascista”, se puede leer como nota explicativa al pie de una página.

    Asimismo, el cómic recalca la teoría de que la intervención alemana en la Guerra Civil no estaba realmente comprometida con la causa, sino que, más bien, utilizó la contienda como campo de pruebas para experimentar con el armamento que más tarde emplearían en la Segunda Guerra Mundial. “Vamos a Guernica, a ver cómo nuestros españoles asesinan a los españoles del otro bando”, afirma el comandante nazi encargado de la operación.

    Encuentro de la villana Dama Mortal con la Legión Cóndor alemana
    Encuentro de la villana Dama Mortal con la Legión Cóndor alemana MARC SILVESTRI | MARVEL

    Eso no evita que se muestre la faceta más cruda del bando republicano, que actúa sin tener del todo clara cuál es la mejor opción. Por ejemplo, dudan sobre si deben matar o dejar con vida a un joven falangista que podría revelar su posición. Acaba ocurriendo lo segundo. Pero, aunque los golpistas cuentan con una gran potencia armamentística, el Ejército Popular tiene a Lobezno.

    “Los Red Wings están ganando la copa, los Yankees están asegurando el título, y yo estoy conteniendo a fascistas en un paso en mitad de la Guerra Civil española. Abren las bocas, como si me chillaran en alemán y español”, recapacita el mutante mientras clava su hoja a nazis y franquistas. ¿El objetivo? Retenerlos para que el resto del grupo llegue hasta un paso seguro.

    Pero Sangre, arena y garras no busca ser un panfleto republicano, sino contar una historia entretenida en un universo que une la realidad con la ficción. Lo cual no impide que, como superhéroe, Logan se entretenga por el camino luchando contra las injusticias.

    El 'Guernica', de Picasso, junto a Lobezno. Cubierta original del cómic publicado en España en abril de 1992
    El ‘Guernica’, de Picasso, junto a Lobezno. Cubierta original del cómic publicado en España en abril de 1992 MARC SILVESTRI | MARVEL