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“Ojalá encontrar los restos de Lorca sea el símbolo de la reconciliación en España”

14 junio, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

Los restos de Lorca en un saco enterrado bajo una fuente. “Es el desaparecido más llorado del mundo”. La posible ubicación de la fosa común donde yacen Federico García Lorca junto a los cadáveres del maestro Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí ha sido durante décadas motivo de controversia. Y de varias búsquedas infructuosas. “Eso de ‘abrir heridas’ es una infamia, una calumnia repelente”. Ahora habrá una nueva oportunidad de encontrarlos. “Ojalá sea el símbolo de la reconciliación” en España, dice el hispanista Ian Gibson en una entrevista exclusiva para eldiario.es Andalucía.

El que será el quinto intento para localizar los restos del poeta español más universal parte de una pista que no es nueva pero que renace tras varias intentonas fallidas. En la obra de construcción del Parque Federico García Lorca en Alfacar (Granada) aparecen los huesos de cuatro personas. Corre el año 1986. Los restos quedan introducidos en un saco y sepultados bajo una fuente para que la Diputación de Granada pueda inaugurar a tiempo el espacio de memoria. Eso dicen algunos testimonios. Como el de quien fuera entonces número dos de la institución.

La Junta de Andalucía ha asumido el encargo. La Administración regional actuará “con rigor técnico” y “ pilotará” la futura intervención arqueológica desde la Dirección General de Memoria Democrática, en palabras del vicepresidente andaluz y consejero de la Presidencia, Administración Local y Memoria Democrática de la Junta, Manuel Jiménez Barrios.

¿Qué siente ante la posible nueva búsqueda de Lorca?

Siento una emoción fuerte. Pero claro, no puede ser como la primera vez. Tenía todas mis esperanzas puestas en la primera búsqueda y no hicieron bien el informe previo y tampoco buscaron entre el olivo y la cancela. Y eso es lo que vamos a ver ahora. Sufrí mucho, por eso hice un diario para poder contener mi tensión, apunté todo. Pero como no me llamaron no participé. Acudieron a mis libros pero no me consultaron sobre otras posibles ideas mías y fue una frustración terrible cuando no se encontró nada. Ahora van a empezar otra vez… tengo mis esperanzas, creo que hay algo ahí, estoy convencido. Y si resulta que fue así es una cosa vergonzosa, encontrar restos al lado del olivo donde a mí me dijo el enterrador y llevar estos restos a otro lado del parque porque estorbaban en el proceso de vallar el recinto porque había prisa para inaugurarlo. Entonces, si esto resulta ser cierto, es terrible para el PSOE, la Diputación de Granada de entonces.

El hispanista Ian Gibson con su libro 'El asesinato de García Lorca'. | JUAN MIGUEL BAQUERO
El hispanista Ian Gibson con su libro ‘El asesinato de García Lorca’. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Si se confirma que los restos de Arcollas, Galindo, Galadí y Lorca están metidos en un saco bajo el cemento de una obra realizada en democracia, en el 86… ¿desidia con los derrotados?

¿Desidia? Es que es inconcebible. Ernesto Antonio Molina Linares está allí, era vicepresidente segundo de la Diputación y lo dijo 22 años después, cuando había prescrito porque eso fue ilegal. Son tremendas esas declaraciones. Lo dice en Ideal, el periódico más leído de Granada, que lee todo dios, y el equipo de la primera búsqueda no tiene en cuenta esa entrevista. Como si no la conociesen.

La pista no es nueva, sobrevuela la fosa de Lorca desde hace mucho. ¿Por qué queda relegada frente a otras teorías?

No entiendo nada. Se publicó en prensa, yo lo publiqué en mi libro, pero nadie ha hecho una investigación. ¿Cómo se explica eso? Claro, él (Molina Linares) era del PSOE, había mucho interés tal vez en no investigar porque lo que se cometió era absolutamente ilegal. Hay otra cosa muy llamativa, y es que Manuel Fernández-Montesinos (sobrino de Lorca) fue padrino de la hija de Molina Linares. Se supone que hay una relación de amistad profunda entre el padrino y el padre de la criatura. Con lo cual si aparecieron restos al lado del olivo, Montesinos se habría enterado enseguida.

Y si aparecieron restos en esa ubicación, saltaría la alarma de Lorca.

Claro. Y si salieron unos restos de muleta, lo cual es difícil pero es lo que se dice, enseguida piensas en Dióscoro Galindo González, ¿no? Pero lo más grave del asunto es que seguramente Montesinos se enteraría y luego no dijo ni pío. Lo cual es muy sospechoso. La familia no quiere saber nada del tema y nadie entiende por qué. Esta podría ser una de las razones. Yo no lo sé. Que se lo pregunten a Laura (García Lorca, presidenta de la Fundación Federico García Lorca).

¿Qué le parece que la familia de Lorca esté al margen?

Eso de la familia… ¿quién es la familia hoy? Ha muerto Isabel García Lorca, Francisco, Concha… ¿qué es la familia? Laura García Lorca sigue la línea de Manuel, de los tíos.

¿Y por qué nunca se han puesto al frente?

¿Por qué no han liderado este movimiento a favor de los fusilados del franquismo? ¿Por qué no han hecho alguna contribución a la lucha de nuestro movimiento? Ninguno, no han querido saber nada, no han estado jamás en ninguna manifestación a favor de Garzón… nada, nada, nada. Ninguna persona de la familia. ¿Por qué? Es la gran pregunta. Ella (Laura) dice siempre “no queremos que mi tío Federico sea diferente a los demás, sabemos que está por ahí en algún sitio y esto basta, es uno entre mil”. Pero no tiene en cuenta a los que amamos la obra de Lorca alrededor del mundo. Tenemos derecho a saber por lo menos dónde está.

Formalizan una denuncia ante la justicia argentina por la desaparición de García Lorca
Federico García Lorca. | EFE

¿Da alguna credibilidad a quienes apuntan que la familia sacó sus restos y los enterró en otro lugar?

No. Creo que forma parte de la leyenda. Y si lo hubieran hecho habrían mentido. Fíjate lo que sería para mí si de repente se revelara algo así. He dedicado décadas de mi vida a buscar la verdad sobre el caso. No creo que sacasen los restos. Habría sido muy difícil sin que la gente se enterara. ¿El padre tiene dinero, se entera que han matado a su hijo y va y ofrece millones y sacan el cadáver? Es un pequeño pueblo, alguien habría cantado. Y (Lorca) está (enterrado) con más personas. ¿Cuándo lo hacen? Si es al día siguiente no es tan difícil localizar los restos pero si han pasado años… Además, nadie ha dicho esto, pero me consta que los padres creían que estaba vivo y le iban a hacer una especie de canje. Mantuvieron la esperanza a lo largo de meses pensando que Federico estaba en algún sito para cambiarlo por… quién sabe.

Una reacción humana, y habitual, entre progenitores en casos de desaparición.

Claro, y con un poeta famoso en vez de matarlo, lo tienen por si acaso uno de los tuyos está en manos de los rojos y se puede hacer un cambio, ¿no? Y esto me lo han dicho gente de la familia, cercana.

¿El mandato del  genocida Queipo desde Sevilla era tan directo?

Estoy convencido de la intervención de Queipo. Algún testimonio más aparece en mi libro. Porque la línea telefónica estaba cortada, ahí se equivoca Miguel Caballero (investigador). Porque el Ideal del lunes siguiente (al golpe de Estado) dice que las líneas se han restablecido, es decir que ya por la noche José Valdés (gobernador civil) pudo hablar con Queipo. Y si no la Guardia Civil tenía emisoras para poder estar en contacto con Queipo. Estoy convencido. Y eso que dijo de ‘dadle café, mucho café’ tampoco exonera a Valdés y todos los otros.

“Eso de ‘abrir heridas’ es una infamia, es vil, es una calumnia repelente”, dice Gibson, que cree que la derecha española debe romper con el franquismo: “además dicen que son cristianos y católicos. Pues, por dios, es un pecado dejar a gente tirados como perros en cunetas”.

¿Cree que la nueva versión, y otra búsqueda, alimenta a los escépticos del ‘abrir heridas’?

No sé si hay gente así… Estamos hablando del poeta nacional de este país, el poeta español más amado y leído alrededor del mundo. No hay nadie comparable, es enorme, internacional. Y simboliza a todos los desaparecidos de la guerra española y todos los desaparecidos del mundo. Yo diría que es el desaparecido más amado del mundo, el más llorado del mundo. Y además la temática de su obra gira en torno a la gente que no puede vivir su vida, esas mujeres que no pueden salir… La casa de Bernarda Alba. La gente le ama. Y como representa a  más de 100.000 fusilados por el franquismo pues queremos saber dónde está. Es imprescindible. Eso de ‘abrir heridas’ es una infamia, es vil, es una calumnia repelente.

La Junta de Andalucía dice que va a “pilotar” la búsqueda. ¿Le gustaría que contaran con su asesoramiento?

¿Conmigo? Claro que me pondría a disposición. Claro que sí. Si ellos quieren, todo lo que yo sé del tema está a su disposición. Por supuesto. Y claro, yo soy tal vez la única persona que fue a Alfacar con Manuel Castilla Blanco (uno de los enterradores de Lorca) y no me consta que nadie más, que esté vivo, fuera con él al lugar. Me dijo el lugar. No me mentía. Soy a lo mejor el único superviviente. Y estoy hablando contigo. Tenía menos años cuando empecé con todo esto (resopla)… esto fue en el año 66, pero menos mal que lo hice porque si no, no tendríamos el testimonio grabado.

¿Aquel enterrador podía ser un último testigo?

Sí, claro, porque todos los demás habían muerto. Era el último superviviente porque tenía 17 años cuando ocurrieron los hechos. Fíjate, eso se te queda grabado, ¿no? Él estaba convencido. Yo estuve allí con él. Con el miedo de la Guardia Civil que podía aparecer en cualquier momento. Es el año 66, fíjate que a Franco le quedan diez años todavía. La gente tenía mucho miedo, no tenía por qué llevar al guiri allí, ¿sabes? Pero lo hizo. Y ahora parece ser que allí exactamente donde él me dijo hay indicios.

¿Qué falta para que España viva una reconciliación completa?

La gente quiere buscar al abuelo. Cualquier ser humano normal quiere buscar los restos de su abuelo y darle un entierro. Lo hicieron los franquistas con los suyos y nosotros tenemos que hacerlo. Este país no será nada, a mi juicio, si no resuelve este problema. Veo que hay un pequeño cambio en el PP, sería muy bueno que hubiera un gran cambio. Juanma Moreno (líder andaluz del PP) ha dicho “tenemos que buscar a Federico”. Habiendo dicho antes que vive y no hace falta remover, ahora ven la necesidad, ante los ojos del mundo, de saber dónde está el poeta.

¿Diría que la derecha española necesita ser absolutamente democrática y romper de forma radical con el franquismo?

Sí, sí (enfatiza). Exacto, lo estás diciendo todo. Si fuesen inteligentes lo harían. Si ahora ha dicho que es hora de buscar a Federico porque nos pertenece a todos, es un cambio. Y que no sería difícil. Lo han hecho en Málaga. No hago más que repetir que Francisco de la Torre (alcalde malagueño del PP) ha dado un ejemplo maravilloso cuando han exhumado a varios miles de rojos fusilados. Algo insólito en este país donde el PP dice que es reabrir heridas. Pues no.

Y es  la fosa más grande abierta en España.

Creo que sí. Además ellos dicen que son cristianos y católicos. Pues, por dios, es un pecado dejar a gente tirados como perros en cunetas. Lo saben perfectamente. Que lo digan y actúen en consecuencia. Así el país iría camino a una reconciliación.

¿Ojalá Lorca fuera un símbolo de reconciliación en España?

Lorca, habiendo simbolizado la tragedia de lo que pasó aquí, pasaría a simbolizar este rumbo. Porque su obra tiene que ver con el amor al prójimo. Lorca tiene una raíz profundamente cristiana, él está siempre con los que sufren. Lo dijo: “Yo creo que ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los perseguidos”. Y da la lista: el negro, el gitano, el judío, el morisco que todos llevamos dentro… los perseguidos, por el hecho de ser granadino, joder, hay que buscarlo. Es el gran símbolo. Ojalá sea el símbolo de la reconciliación. La derecha tiene que participar, no sólo en la búsqueda sino en resolver el problema de todos los fusilados de la guerra. Me parece obvio, tanto que no haría falta ni decirlo. Además si son cristianos, ¿qué es eso de amar al prójimo? Nadie está reabriendo heridas, nadie.

Las víctimas, sobre las fosas comunes, solo piden algo tan legítimo y atávico como dar un entierro digno. No piden venganza.

Exactamente, atávico. Enterrar al abuelo. Eso lo sabemos desde los griegos, que no hay que dejar a la gente tirada como perros para que se los coman los buitres (rescata el mito de Antígona y la muerte de Polinices). Esto es un asco y una vergüenza en un país que se dice católico.

“Ojalá Lorca sea el símbolo de la reconciliación”, dice Gibson. | JUAN MIGUEL BAQUERO
“Ojalá Lorca sea el símbolo de la reconciliación”, dice Gibson. | JUAN MIGUEL BAQUERO

¿Lorca es una metáfora de España?

Sí, es una metáfora. Parece mentira. A veces te preguntas si España no es un país sin vergüenza, porque tener 100.000 o más víctimas en fosas… esto parece imposible.

¿Y la recurrente comparación con otros países?

Parece monstruoso estar en Europa, al lado de los alemanes, y tener a Franco todavía enterrado en el Valle de los Caídos debajo de una cruz cristiana, creo que la más alta del mundo, al lado del fundador del partido fascista de este país. Franco es un asesino, ¿no? El mayor asesino español de todos los tiempos. Firmando penas de muerte, garrote vil, fusilamientos, con su café matutino. Tener esto allí para que todo el mundo lo vea es una vergüenza. Es para producir rubor y arrepentimiento. Y ahí están todavía. Por eso me parece terrible. O los símbolos y muchas calles con rótulos fascistas. Es inconcebible estar en Europa y que esto siga así. Es como poner en Alemania una calle con el nombre de Himmler o ‘Hitler Straße’. Plaza del Caudillo, plaza del José Antonio… es impensable.

¿Qué le sugiere que el presidente Rajoy enarbole ante las víctimas del franquismo la bandera del “cero euros” a la Memoria Histórica?

Ni uno, ha dicho. Lo sé, lo oí cuando lo dijo. El presidente… es terrible, en boca de un presidente, ese desprecio a las víctimas. ¿Cómo te lo explicas? Parece imposible que haya gente capaz de seguir a  un partido tan corrupto pero es lo que tenemos y es consecuencia de la larga dictadura que creó hábitos de pensamiento, de actuación, en la sangre, la gente que procede de los ganadores tiene esto en los genes, son pavlovianos… ‘no hay que reabrir’, dicen. ¿Por qué? Porque la derecha ha sido incapaz de afrontar la realidad del holocausto que ocurrió aquí. No han tenido esa grandeza.

¿Ojalá la figura de Lorca sirva de pegamento, como en su obra, del amor y la tragedia?

Es mi creencia y mi convicción. Si son capaces, y tienen que ser capaces, de entender que este hombre es un genio que además no pudo vivir su vida. Es un símbolo del horror, de la represión, y es un hombre que predica con su obra, porque es un revolucionario en su obra, quería cambiar la sociedad. Tenía las ideas muy claras. Era un hombre de izquierdas. Y lo matan entre otras cosas porque es el autor de Yerma. Odian su obra, odian el mensaje de su obra. Yermaescandalizó a toda la derecha, las reseñas eran tremendas: pornográfica, antiespañola, peligrosa, asquerosa… Y todo lo que él dijo de la burguesía granadina, que le odiaban a muerte. Lo mataron y él puede ser el símbolo de la reconciliación. Falta que la derecha rectifique. Ver esto con tranquilidad y reconocer los errores del franquismo. Ahora, ya era hora. Franco murió en el 75. Y el tema de las fosas no puede ser. No puede ser un país decente dejando a los fusilados en cunetas. No podemos dejarlos allí. Hay que resolver este problema, reconocer lo ocurrido y seguir hacia la reconciliación. España es un gran país en potencia, no me canso de decirlo, pero esta asignatura pendiente está imposibilitando, moralmente, el progreso del país.

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El Hombrecino que guardó durante 30 años la lista con los nombres de sus amigos fusilados

12 marzo, 2018

Fuente: http://www.yorokobu.es

Esta es la historia del reencuentro de un anciano con su memoria. También es la historia de una lista de nombres de los que desaparecieron al principio de la Guerra Civil Española en un pueblo de Badajoz llamado Almendral. Francisco Rodríguez guardó esta lista en su monedero durante más de 30 años para no olvidar a ninguno de sus amigos y conocidos que fueron fusilados por las tropas franquistas.

Muchos trabajaron con él en el campo. Francisco, que tenía 17 años cuando empezó la Guerra Civil, nunca le contó a nadie los horrores que había presenciado en su pueblo hasta que su nieta, la fotógrafa Susana Cabañero, empezó a interesarse por las historias de su abuelo.

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«Le decían el Hombrecino porque a los 14 años ya hacía el trabajo de un hombre», cuenta Cabañero. «Cada vez que me leía los nombres de la lista, me contaba con todo lujo de detalle quién era cada persona, cuál era su apodo, cómo se lo habían llevado, en qué día y en qué circunstancias. La mayoría eran republicanos o personas comunes que habían sido denunciadas por los vecinos», añade.
El Hombrecino no militaba en ningún partido político cuando las tropas de Franco irrumpieron en la paz bucólica de este pueblecito rural. «Para huir de los nacionales, se escondió en las montañas junto a otras personas, pero bajaba de vez en cuando al pueblo a por comida. En una de estas expediciones fue capturado y le ofrecieron dos opciones: alistarse con los franquistas o morir. Por esta razón mi abuelo tuvo que luchar con Franco. No le hizo ninguna gracia. Después siempre ha sido comunista», revela la fotógrafa.

Past and Present

Durante muchos años sus abuelos mantuvieron un prudente silencio acerca de aquellos años grises de miedo y represión, aunque de vez en cuando en la intimidad familiar surgían relatos sobre sus años mozos, que Cabañero absorbía con avidez. «Yo era consciente de que la gente de mi entorno, de mi generación no sabía mucho sobre aquella época. Era de las pocas personas que tenía un testimonio directo de aquellos años. Por eso tuve la idea de hacer un proyecto fotográfico», explica.

En 2006 la fotógrafa empezó a grabar estos testimonios en vídeo. Desde el primer momento quedó patente el recelo de su abuela, Cecilia González Zambrano, a abrir aquella dolorosa caja de Pandora y la obsesión del Hombrecino por no olvidar. «De una forma natural comencé a centrar el trabajo en mi abuelo y, sobre todo, en la lista de nombres que llevaba guardada en el bolsillo desde hacía más de 30 años. Yo siempre supe de ella. Cada vez que hablaba de la guerra, la sacaba del monedero y leía los nombres de aquellas personas que vivían en su pueblo y en los alrededores. A veces lloraba», recuerda Cabañero.

Desde el principio la fotógrafa se dio cuenta de que la lista se convertiría en la gran protagonista de su historia. «Él nunca me dijo de dónde la había sacado, a lo mejor por miedo. Lo descubrí mucho tiempo después, cuando comencé a investigar y me enteré de que había más listas como aquella. Alguien había impreso los nombres de las víctimas del franquismo cuando empezaba la democracia y repartió la lista entre los que la quisieron. La hicieron para la gente no olvidase a los fusilados y a los desaparecidos», relata la fotógrafa.

Cada vez más sumergida en las mareas de la memoria, Cabañero decidió visitar algunas de las antiguas fosas en la que habían empezado a exhumar a las víctimas de la guerra. La fotógrafa necesitaba entender lo que impulsaba a los familiares a buscar a sus allegados durante años e incluso décadas.

Flowers in the trench.

«Allí me di cuenta de que el centro de todo era la lista. Era una lista muy concreta de personas muy concretas, pero al mismo tiempo era muy universal porque hablaba de los desaparecidos de una guerra, de cualquier guerra. Hablaba de los sentimientos que produce la desaparición de un familiar. Las personas que estaban en las exhumaciones decían que lo más importante de su vida había sido encontrar a sus seres queridos, y que solo después de hallarlos podían morir en paz. A mí eso me llegó al alma», señala la autora de El Hombrecino.

En 2011 su abuela falleció. Poco después, Cabañero se empecinó en llevar a su abuelo a su pueblo natal por última vez para que se reencontrase con los fantasmas de su pasado. Hacía más de 20 años que él no regresaba a su tierra. «Mi abuelo se mostró reticente al principio porque no se encontraba con muchas fuerzas. Decía que no podía aguantar el viaje. Mi madre tampoco estaba muy convencida, pero la experiencia fue preciosa», cuenta la fotógrafa.

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Holding hands

Fue el último viaje del Hombrecino. «Mi abuelo rejuveneció varios años cuando llegó al pueblo. En aquella época ya había empezado a olvidar algunas cosas, pero una vez en Almendral se acordaba de todo. Estuvimos con un antiguo alcalde que conocía mucho de la historia del pueblo, de la guerra y de estas personas. Nos llevó a los lugares donde habían hecho las exhumaciones. Él mismo había decidido hacerlas por su cuenta cuando era alcalde. Casi todas las personas que estaban en esta lista habían sido exhumadas y entregadas a sus familiares», recuerda Cabañero, que está trabajando en un fotolibro que se llamará El Hombrecino.

Junto a su abuelo y a su madre, visitó el cementerio, donde por fin descansaban en paz casi todas las personas de la lista. «Mi abuelo vio a mucha gente que conocía. Fue un reencuentro con los nombres de la lista, es decir, con los que estaban muertos, pero también con los que todavía vivían y que se encontraron por última vez con él», afirma.

To the mass grave

A la vuelta del viaje, la memoria de Francisco comenzó a fallar. Cuando un día su nieta le preguntó por la lista, su respuesta fue demoledora. «Mi abuelo preguntó: ‘¿Qué lista?’ Ya no se acordaba de ella. Yo flipé. Lo más raro es que fui a buscarla en su monedero y ya no estaba. Pregunté a mi madre y al personal de la residencia en la que vivía: nadie sabía dónde estaba. Yo creo que alguien cogió sus pantalones para lavarlos con el monedero dentro y la lista se deshizo porque era de papel», narra.

Para la fotógrafa, el proyecto se cerró de un modo natural y, de alguna forma, curioso. «Cuando mi abuelo perdió la memoria de la lista, la lista también desapareció. Esto aconteció cuando acabábamos de volver de viaje. Mi conclusión es que por fin podía olvidar estos nombres y morir en paz. Y fue lo que ocurrió poco después. Fue un cierre muy bonito», asegura.

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Peace

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Bones.

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La Guerra Civil que nunca se aprendió en las escuelas

23 febrero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Por: Julián Casanova | 01 de abril de 2014

Cartel de Arnau sobre un parte oficial del cuartel del Generalísimo. / Biblioteca Nacional

“En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”, decía el último parte oficial emitido desde el cuartel general de Franco el 1 de abril de 1939, con la voz del locutor y actor Fernando Fernández de Córdoba.

Atrás había quedado una guerra de casi mil días, que dejó cicatrices duraderas en la sociedad española. El total de víctimas mortales, según los historiadores, se aproximó a las 600.000, de las cuales 100.000 corresponden a la represión desencadenada por los militares sublevados y 55.000 a la violencia en la zona republicana. El desmoronamiento del ejército republicano en la primavera de 1939 llevó a varios centenares de miles de soldados vencidos a cárceles e improvisados campos de concentración. A finales de 1939 y durante 1940 las fuentes oficiales daban más de 270.000 reclusos, una cifra que descendió de forma continua en los dos años siguientes debido a las numerosas ejecuciones y a los miles de muertos por enfermedad y desnutrición. Al menos 50.000 personas fueron ejecutadas entre 1939 y 1946.

Los hechos más significativos de la Guerra Civil han sido ya investigados y las preguntas más relevantes están resueltas, pero esa historia no es un territorio exclusivo de los historiadores y, en cualquier caso, lo que enseñamos los historiadores en las universidades y en nuestros libros no es lo mismo que lo que la mayoría de los ciudadanos que nacieron durante la dictadura o en los primeros años de la actual democracia pudieron leer en los libros de texto del Bachillerato. Además, millones de personas nunca estudiaron la Guerra Civil porque no hicieron Bachillerato o porque nadie les contó la guerra en las asignaturas de Historia.

Setenta y cinco años después de su final, puede ser el momento de recordar cinco cosas básicas que todo ciudadano informado debería saber sobre la Guerra Civil, pero nunca le enseñaron.

  1. ¿Por qué hubo una Guerra Civil en España?

En 1936 había en España una República, cuyas leyes y actuaciones habían abierto la posibilidad histórica de solucionar problemas irresueltos, pero habían encontrado también, y provocado, importantes factores de inestabilidad, frente a los que sus gobiernos no supieron, o no pudieron, poner en marcha los recursos apropiados para contrarrestarlos.

La amenaza al orden social y la subversión de las relaciones de clase se percibían con mayor intensidad en 1936 que en los primeros años de la República. La estabilidad política del régimen también corría mayor peligro. El lenguaje de clase, con su retórica sobre las divisiones sociales y sus incitaciones a atacar al contrario, había impregnado gradualmente la atmósfera española. La República intentó transformar demasiadas cosas a la vez: la tierra, la Iglesia, el Ejército, la educación, las relaciones laborales. Suscitó grandes expectativas, que no pudo satisfacer, y se creó pronto muchos y poderosos enemigos.

La sociedad española se fragmentó, con la convivencia bastante deteriorada, y como pasaba en todos los países europeos, posiblemente con la excepción de Gran Bretaña, el rechazo de la democracia liberal a favor del autoritarismo avanzaba a pasos agigantados. Nada de eso conducía necesariamente a una guerra civil. Ésta empezó porque un golpe de Estado militar no consiguió de entrada su objetivo fundamental, apoderarse del poder y derribar al régimen republicano, y porque, al contrario de lo que ocurrió con otras repúblicas del período, hubo una resistencia importante y amplia, militar y civil, frente al intento de imponer un sistema autoritario. Sin esa combinación de golpe de Estado, división de las fuerzas armadas y resistencia, nunca se habría producido una guerra civil.

Vista la historia de Europa de esos años, y la de las otras República que no pudieron mantenerse como regímenes democráticos, lo normal es que la República española tampoco hubiera podido sobrevivir. Pero eso no lo sabremos nunca porque la sublevación militar tuvo la peculiaridad de provocar una fractura dentro del Ejército y de las fuerzas de seguridad. Y al hacerlo, abrió la posibilidad de que diferentes grupos armados compitieran por mantener el poder o por conquistarlo. El Estado republicano se tambaleó, el orden quebró y una revolución radical y destructora se extendió como la lava de un volcán por las ciudades donde la sublevación había fracasado. Allí donde triunfó, los militares pusieron en marcha un sistema de terror que aniquiló físicamente a sus enemigos políticos e ideológicos. Era julio de 1936 [en la imagen, cartel de ese mes conservado en la Biblioteca Nacional] y así comenzó la Guerra Civil española.

  1. ¿Por qué la propaganda domina a la historia cuando se trata de la violencia?

Para los españoles, la guerra civil ha pasado a la historia, y al recuerdo que de ella queda, por la deshumanización del contrario y por la espantosa violencia que generó.

Los bandos que se enfrentaron en ella eran tan diferentes desde el punto de vista de las ideas, de cómo querían organizar el Estado y la sociedad, y estaban tan comprometidos con los objetivos por los que tomaron las armas, que era difícil alcanzar un acuerdo. Y el panorama internacional tampoco dejó espacio para las negociaciones. De esa forma, la guerra acabó con la aplastante victoria de un bando sobre otro, una victoria asociada desde ese momento a los asesinatos y atrocidades que se extendían entonces por casi todos los países de Europa.

La apelación a la violencia y al exterminio del contrario fueron además valores duraderos en la dictadura que se levantó sobre la Guerra Civil y que iba a prolongarse durante casi cuatro décadas. Por eso, la sociedad que salió del franquismo y la que creció con la democracia mostró índices tan elevados de indiferencia hacia la causa de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura. Y sigue sin haber acuerdo fácil en esa cuestión, porque todas las complejas y bien trabadas explicaciones de los historiadores quedan reducidas a quién mató más y con mayor alevosía. En ese tema, todavía hoy, la propaganda, con sus habituales tópicos y mitos, suele sustituir al análisis histórico.

  1. ¿Cómo se vio y se ve la Guerra Civil española en el exterior?

Pese a lo sangrienta y destructiva que pudo ser, la Guerra Civil española debe medirse también por su impacto internacional, por el interés y la movilización que provocó en otros países. En el escenario internacional desequilibrado por la crisis de las democracias y la irrupción del comunismo y de fascismo, España era, hasta julio de 1936, una país marginal, secundario. Todo cambió, sin embargo, a partir de la sublevación militar de ese mes. En unas pocas semanas, el conflicto español recién iniciado se situó en el centro de las preocupaciones de las principales potencias, dividió profundamente a la opinión pública, generó pasiones y España pasó a ser el símbolo de los combates entre fascismo, democracia y comunismo.

Lo que era en su origen un conflicto entre ciudadanos de un mismo país derivó muy pronto en una guerra con actores internacionales. La situación internacional era en ese momento my poco propicia para la República, y para una paz negociada, y eso marcó de forma decisiva la duración, curso y desenlace de la guerra civil española. La Depresión había alimentado el extremismo y minado la fe en el liberalismo y la democracia. Además, la subida al poder de Hitler y los nazis en Alemania y la política de rearme emprendida por los principales países europeos desde comienzos de esa década crearon un clima de incertidumbre y crisis que redujo la seguridad internacional.

Los mejores expertos sobre la financiación de la guerra y su dimensión internacional han destacado el desequilibrio a favor de la causa franquista de suministros de material bélico, pero también de asistencia logística, diplomática y financiera. Al margen de las interpretaciones canónicas de un lado o de otro, esos historiadores subrayan la trascendencia de la intervención extranjera en el curso y desenlace de la guerra. La intervención de la Alemania nazi y de la Italia fascista y la retracción, en el mejor de los casos, de las democracias occidentales condicionaron de forma muy importante, si no decisiva, la evolución y duración del conflicto y su resultado final.

Pero  a España no sólo llegaron armas y material de guerra. Llegaron también muchos voluntarios extranjeros, reclutados y organizados en las Brigadas Internacionales por la Internacional Comunista, que percibió muy claramente el impacto de la Guerra Civil española en el mundo y el deseo de muchos antifascistas de participar en esa lucha. Frente a la intervención soviética y a las Brigadas Internacionales, los nazis y fascistas [en la foto, una compañía del ejército fascista de marcha por España en 1937, retratados por el teniente italiano Guglielmo Sandri] incrementaron el apoyo material al ejército de Franco y enviaron asimismo miles de militares profesionales y combatientes voluntarios. La guerra no era sólo un asunto interno español. Se internacionalizó y con ello ganó en brutalidad y destrucción. Porque el territorio español se convirtió en campo de pruebas del nuevo armamento que estaba desarrollándose en esos años de rearme, previos a una gran guerra que se anunciaba.

  1. ¿Por qué se movilizaron tantos extranjeros en la guerra española?

Dentro de esa guerra internacional en suelo español hubo varias y diferentes contiendas. En primer lugar, un conflicto militar, iniciado cuando el golpe de Estado enterró las soluciones políticas y puso en su lugar las armas. Fue también una guerra de clases, entre diferentes concepciones del orden social, una guerra de religión, entre el catolicismo y el anticlericalismo, una guerra en torno a la idea de la patria y de la nación, y una guerra de ideas que estaban entonces en pugna en el escenario internacional. En la guerra civil española cristalizaron, en suma, batallas universales entre propietarios y trabajadores, Iglesia y Estado, entre oscurantismo y modernización, dirimidas en un marco internacional desequilibrado por la crisis de las democracias y la irrupción del comunismo y del fascismo. Por eso tanta gente de diferentes países, obreros, intelectuales y escritores, se sintió emocionalmente comprometida con el conflicto.

  1. ¿Por qué ganó Franco la guerra?

Los militares sublevados en julio de 1936 ganaron la guerra porque tenían las tropas mejor entrenadas del ejército español, al poder económico, estaban más unidos que el bando republicano y los vientos internacionales soplaban a su favor. Después de la Primera Guerra Mundial y del triunfo de la revolución en Rusia, ninguna guerra civil podía ser ya sólo “interna”. Cuando empezó la Guerra Civil española, los poderes democráticos estaban intentando a toda costa “apaciguar” a los fascismos, sobre todo a la Alemania nazi, en vez de oponerse a quien realmente amenazaba el equilibrio de poder. La República se encontró, por lo tanto, con la tremenda adversidad de tener que hacer la guerra a unos militares sublevados que se beneficiaron desde el principio de esa situación internacional tan favorable a sus intereses.

La victoria incondicional de las tropas del general Francisco Franco, el 1 de abril de 1939, inauguró la última de las dictaduras que se establecieron en Europa antes de la Segunda Guerra Mundial. La dictadura de Franco, como la de Hitler, Mussolini u otros dictadores derechistas de esos años, se apoyó en el rechazo de amplios sectores de la sociedad a la democracia liberal y a la revolución, quienes pedían a cambio una solución autoritaria que mantuviera el orden y fortaleciera al Estado.

 

Setenta y cinco años después, pocos creen ya que el objetivo del historiador es presentar a sus lectores “la verdad sin mancha ni pintura”, o que el pasado existe independiente de la mente de los individuos y lo que tiene que hacer el historiador, en consecuencia, es representarlo de forma objetiva. Que los hechos de la historia nunca nos llegan a nosotros en estado “puro” es algo que popularizó Edward H. Carr hace ya muchos años y había sido ya dicho por los historiadores norteamericanos de la “New History” a comienzos del siglo XX. Pero asumiendo que la verdad absoluta es inalcanzable, la función del historiador debería ser todavía, en palabras de François Bedarida, “la de descubrir modestamente las verdades, aunque sean parciales y precarias, descifrando parcialmente en toda su riqueza los mitos y las memorias”. Y algunas verdades relativas y bastantes certezas tenemos ya sobre la Guerra Civil, después de tantos intentos por reconstruir aquellos hechos y las vidas de los que los presenciaron, y por ampliar el foco, las fuentes y las técnicas de interpretación.

Además de difundir el horror que la guerra y la dictadura generaron y de reparar a las víctimas durante tanto tiempo olvidadas, hay que convertir a los archivos, museos y a la educación en las escuelas y universidades en los tres ejes básicos de la política pública de la memoria. Más allá del recuerdo testimonial y del drama de los que sufrieron la violencia, las generaciones futuras conocerán la historia por los libros, documentos y el material fotográfico y audiovisual que seamos capaces de preservar y legarles. Archivos, erudición, análisis, debates y buenas divulgaciones de los conocimientos. Eso es lo que necesitamos para seguir construyendo las partes del pasado que todavía quedan por rescatar. La propaganda y la opinión son otra cosa.

Julián Casanova es autor de España partida en dos. Breve historia de la guerra civil española (Crítica).

“Los jóvenes no piensan mucho en la Guerra Civil porque no se la han explicado”

13 febrero, 2018

Fuente: http://www.eldiario.es

¿Qué fue de los tuyos en la Guerra Civil? Para muchos, esta pregunta resulta muy familiar. Mi abuelo estuvo en la cárcel, a mi madre le raparon la cabeza o le enterraron en una cuneta pueden ser algunas de las respuestas. Así de crudo y de feroz es el recuerdo de millones de personas, aunque ahora dé la sensación de que con cada generación aumente un poco más el olvido.

“Yo creo que los jóvenes no piensan mucho en la Guerra Civil porque no se la han explicado. Es una pena que la gente joven no sepa, pero también hay que querer saber”, lamenta la escritora y documentalista donostiarra Susana Koska, que acaba de publicar Mujeres en pie de guerra, un libro en el que hablan mujeres poco conocidas sobre sus vivencias durante el conflicto armado en España.

“Solamente hay que ver los libros de texto, en los libros de texto la Guerra Civil se pasa en un tema. A los jóvenes se les tendría que explicar mucho más, no solo con datos cronológicos, sino con datos sociales sobre lo que supuso”, dice la autora. Por mostrar un ejemplo numérico (y quizá un poco injusto), en Instagram hay un total de 9.000 publicaciones con la etiqueta #guerracivilespañola y más de 29.000 con la de #operacióntriunfo.

No es un ensayo. No es una novela. No es un diálogo de más de doscientas páginas. Se trata de un puzzle compuesto por testimonios, transcripciones de periódicos y revistas, manifiestos y algunos párrafos de libros. “Es un rompecabezas coral. Se puede leer por cualquier sitio. Tiene un lenguaje rico, hablan mujeres, periódicos, novelas… Creo que es una buena manera de aprender historia”, explica. También mantiene el tono en todas las voces narrativas, el lenguaje y los registros.

Quizá lo más complicado sea seguir el hilo de cada uno de sus personajes porque la lectura va de un sitio a otro casi en cada página. El libro se divide en nueve capítulos, desde el estallido de la revolución a la llegada de las bombas y de la resistencia.

Pero, ¿por qué hablar de la Guerra Civil? ¿No está muy trillado? ¿No se ha contado ya todo? No, faltan las anónimas. “Empezó siendo una historia familiar, porque como tantísimas otras familias en este país, la mía estaba marcada profundamente por la guerra”, dice sin titubeos. “Mi abuelo estuvo en prisión, mis primos fueron evacuados a Francia. Primero fue esa necesidad, la de hacer el propio relato familiar y no fue fácil”, recuerda. Dice que a veces lo que le contaban no coincidía necesariamente con lo que había leído en los libros de historia.

Mucho más que madres y esposas

“Empecé a indagar y a buscar bibliografía y me encontré con los libros de Antonina Rodrigo, que fue la primera mujer que empezó a escribir monografías sobre las anónimas, no sobre las grandes mujeres represaliadas, sino sobre mujeres que no tienen un nombre en una orla y no lo van a tener nunca”. Sus protagonistas son: Sara Berenguer, Rosa Laviña, Neus Catalá, Rosa Díaz, Montserrant Fernández Garrido, Carmen Alcalde, Antonina Rodrigo, Cecilia G. de Guilarte, Ana Mary Ruiz, Luz Miranda y Maixux Rekalde. “Las mujeres no solamente fueron madres y esposas de presos, sino que fueron agentes importantes en la lucha social de su momento” y aquí está la prueba (podríamos añadir).

“Cuando me encontré con estas mujeres me quedé fascinada y me puse en contacto con Antonina, que es una mujer no generosa. Me dice que me ponga en contacto con ellas y que me lo cuenten a viva voz, porque siguen vivas y para eso están, para que las escuchemos”, dice emocionada.

“Yo creo que en España, todos o casi todos los periodistas padecen del hígado. O de cualquier otra cosa. Y es natural. Ser en España periodista tiene la misma importancia que vender garbanzos. Yo confieso que he sentido deseos de llorar, allá en mi juventud, al ver reflejadas en la pantalla las emocionantes aventuras de los periodistas americanos”, se puede leer casi al principio del libro. Este párrafo lo firma Cecilia G. de Guilarte, que como recuerda Koska en la entrevista fue una de las periodistas españolas más importantes de la época.

Con todos estos testimonios ya apareció un documental en 2004, que se completa con este libro. Pero estas voces no se apagan. Koska tiene material guardado que “pronto pedirá ver la luz”.

Materia secreta: el espionaje británico en la Guerra Civil

30 enero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Por: Ángel Viñas 20 de marzo de 2014

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En 2010 se publicó la esperadísima historia oficial del Secret Intelligence Service (SIS) o, en su denominación hoy más habitual, MI6. Comprende desde el año de su establecimiento, 1909, hasta 1949. El autor, Keith Jeffery, catedrático de Historia de la Queen´s University de Belfast, afirma que tuvo acceso a toda la documentación que le pareció necesaria. El director general del MI6, John Sawers, también lo constató en su prólogo. El libro ha tenido un éxito inmenso. En el Reino Unido las obras sobre espionaje  gozan de gran popularidad. Los británicos siempre fueron maestros en el gran juego de la inteligencia / contrainteligencia.

[El cartel de la imagen pertenece a la colección de la Biblioteca Digital Hispánica. Es de 1939 y de autoría desconocida]

Las páginas referidas a España son, sin embargo, decepcionantes. Quien las lea no obtendrá mucha idea de lo que el MI6 hizo en nuestro país y pensará que fue mas bien poco. Esta carencia quizá sea explicable por varios motivos. En España no solo actuó MI6. También lo hicieron otros servicios británicos y Jeffery, naturalmente, no tenía porqué referirse a ellos; la documentación relevante puede seguir estando clasificada o haber desaparecido; el autor pudo no querer entrar en un escenario marginal para su gran historia: la actuación contra los enemigos del Reino Unido, ya fuesen en la Primera Guerra Mundial, en la Segunda o en los inicios de la Guerra Fría. Debió, eso sí, ver algunos papeles sobre España ya que alude a operaciones, que no identifica, que lanzó  desde Gibraltar durante la Guerra Civil el entonces jefe de estación en el Peñón, Leonard Hamilton-Stokes. Por cierto que este aparecería en Madrid, con igual condición, en los primeros meses de 1940.

Mis investigaciones durante los últimos diez años me han conducido a otras conclusiones. Por ejemplo: los servicios secretos británicos (aunque no necesariamente el MI6) estuvieron presentes en los inicios de la Guerra Civil; desempeñaron un papel en el golpe de Casado y continuaron funcionando, a ritmo más trepidante, durante la neutralidad/no beligerancia/neutralidad españolas en la Segunda Guerra Mundial.El primer tema lo desarrollé hace algunos años al ligar la conspiración de Franco para eliminar al general Amado Balmes, comandante militar de Gran Canaria, con el famoso vuelo del Dragon Rapide, avión que debía transportarle a Marruecos. Uno de los pasajeros llegados de Londres a Las Palmas, el excapitán Hugh Pollard, había sido, cuando menos, agente del Servicio de Inteligencia Militar y es altamente verosímil que participase en la misión, siquiera para otear lo que pasaba, por encargo de la misma o del propio MI6. La cosa no está clara. En cualquier caso, no era agente de éste. Ingresó en él a comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

Sobre el tercer tema estoy trabajando en la actualidad y espero poder presentar en un próximo libro un largo y denso acopio de datos e informaciones hasta ahora ignorados en la literatura.

Queda el segundo tema: el golpe de Casado, del que ahora se han cumplido 75 años. Aquí el protagonista fue un diplomático británico, convenientemente camuflado. Su nombre es conocido de los especialistas pero no se ha escrito mucho sobre él. Se llamaba Howard Denys Russell Cowan, abreviadamente Denys Cowan. Nacido el 23 de octubre de 1883, ingresó en el Foreign Office en septiembre de 1910. Fue destinado a Cuba en donde pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. Dimitió en octubre de 1920. Se ignoran las razones. Desaparece en la historia hasta agosto de 1938, cuando resurge como agregado honorario a la embajada británica en Barcelona. Esto fue, lo sabemos, una cobertura, quizá justificada por los peligros de su trabajo real. Era secretario y enlace de una comisión, presidida por el mariscal Sir Philipp Chetwode, que se ocupaba de facilitar el intercambio de prisioneros, franquistas contra republicanos y viceversa. Esto le daba la oportunidad de pasar de una zona a otra. Una facilidad de la que disfrutaban entonces contadísimas personas. Las oportunidades de otear y obtener información no pudieron faltarle.

Tras la caída de Barcelona en febrero de 1939 a Cowan se le envió al consultado británico en Madrid, ciudad entonces bastante aislada.  Este destino, sin embargo, desaparece en el anuario diplomático. Cierto es que no pudo ser de larga duración, pero es significativo por varias circunstancias muy especiales.

La más importante era que el coronel Segismundo Casado soñaba con un golpe que liquidase la Guerra Civil desde, probablemente, octubre de 1938. Esta información, que no estaba al alcance de todos y que obviamente ignoraba el Gobierno republicano, se transmitió a Londres. Esto puede explicar, para los no obtusos del todo, el traslado  de Cowan en Madrid. Casado, en la segunda versión de sus siempre falaces memorias, reconoció que tuvo contactos con agentes británicos, pero cuidadosamente se abstuvo de dar nombres.

Segismundo Casado

Es más, después de hundir todas y cada una de las posibilidades de resistencia y de prestarse a una gran operación político-estratégica de Franco para obtener la implosión republicana, Casado [en la imagen] se escapó a Londres. Aquí, refugiado y sin un chelín, no pasó ni hambre ni demasiadas privaciones. Un aspecto que no ha merecido la atención de los historiadores. ¿Por qué?

Veamos lo que hubo detrás. Un generoso donante le suministró fondos. No de forma directa sino a través del Comité de Ayuda a los Refugiados de España. Quien había detrás debió de ser muy precavido. En la documentación relevante aparece simplemente como “Miss Oliver”, mera pantalla.  Los importes fueron superiores a los que distribuía el comité.  El Foreign Office, de quien dependía el MI6, tomó cierto interés en que Casado se sintiera cómodo.

Obviamente no se trató de una ayuda desinteresada. Una mano anónima dio instrucciones al excoronel sobre cómo orientar el libro que rápidamente se puso a escribir, The Last Days of Madrid. Casado no sabía inglés, así que las instrucciones se le dieron en castellano. El libro se tradujo a velocidad de vértigo. Casado se lo dedicó a su “benefactora”, M.O. Se convirtió en un clásico que influyó durante 25 años en las muchas estupideces que se escribieron sobre el final de la guerra. Como reconoció privadamente mucho más tarde el propio Casado era, sin embargo, “pura bazofia”. ¿Quién estuvo detrás de la idea, de las instrucciones, de la traducción y de la publicación? Misterio.

Este misterio se ahonda un poco más porque tampoco se conoce nada todavía de las actividades de Cowan tras su regreso al Reino Unido. Hay que suponer que se le haría algún “debriefing”. Si es así, no se ha localizado. Tampoco reingresó en el Foreign Office. Los anuarios diplomáticos de 1939, 1940 y 1941 son mudos a su respecto. Sabemos, no obstante, tres cosas:

  1. Al estallar el conflicto europeo se proporcionó a Casado un trabajito en la sección española de la BBC. La gran emisora fue un refugio utilizado por los servicios secretos para camuflar a futuros colaboradores y agentes de numerosas nacionalidades.
  2. En algún momento Casado figuró en los planes que se cocían en Londres para hacer frente a la posibilidad de que Franco se decantara por el Eje.
  3. En lo que se refiere a Cowan ingresó en el recién creado Ministerio de Información, al cual pasó gente de las procedencias más diversas.

En este Ministerio se le nombró rápidamente jefe de la Sección de España. Esto significa que “alguien” valoró sus conocimientos. Lo que hizo no está todavía aclarado. En enero de 1940 sabemos que trató de conseguir un pasaporte español para la esposa de Casado (Carmen Santodomingo de Vega) a través de la sección de prensa de la embajada británica en Madrid. Al parecer dicha señora podía contar con el apoyo de dos generales, Juan Yagüe y Fernando Barrón, y del coronel José Ungría, exjefe del SIPM, el servicio de inteligencia militar de Franco. No podía contar con el apoyo de círculos falangistas y, en particular, con el del conde de Mayalde, a la sazón director general de Seguridad y como tal el inmediato sucesor de Ungría.

Dada la labilidad de las relaciones hispano-británicas en aquel momento el embajador sir Maurice Peterson prohibió toda ayuda a la esposa. No sabemos si llegó a obtener el pasaporte español o no. Nada hace pensar que pudiera reunirse con su marido en Londres. En cualquier caso, este no tardó en tener un affaire con una inglesa de la que nació una niña.

Sigamos con Cowan. En febrero de 1940 el Ministerio de Información decidió enviarle a España en misión. La embajada española en Londres le negó el visado, algo realmente sorprendente. Ello dio origen a una larga correspondencia entre el Ministerio, el Foreign Office y la embajada en Madrid. Por ella se deduce que en los altos niveles de la dictadura se consideraba a Cowan excesivamente pro-republicano. Este protestó indignado. Era un católico a machamartillo y si había ayudado a los republicanos, había ayudado más a los franquistas. Literalmente. De la correspondencia ha desaparecido el informe sobre sus actuaciones en Madrid.

Este intercambio fue a parar a conocimiento de “C”. Esta era la denominación interna y en clave del jefe del MI6, a la sazón sir Stewart Menzies. Por ello podemos pensar que no es absurdo establecer un enlace entre el Cowan de febrero/marzo de 1939 y el de un año más tarde. Cowan no viajó a España en esta última fecha. Podría haber seguido en el Ministerio de Información pero rápidamente se le destinó a otro puesto. La documentación disponible no permite adivinar adónde. Es posible que se considerase que era demasiado importante para exponerlo.

La no mención de Cowan en los anuarios diplomáticos a partir de 1940 puede explicarse por motivos que no tienen nada que ver con la necesidad de mantener el secreto más cerrado sobre sus actividades. Según la persona que debía acompañarle en su abortada misión, Tom Burns, agregado de prensa en el embajada británica, el escurridizo personaje que comenzó su carrera en Cuba pereció en uno de los bombardeos alemanes sobre Inglaterra.

Ahora bien, si se tiene en cuenta que igualmente han desaparecido muchos papeles relacionados con el viaje del entonces excapitán Pollard a Canarias, la volatilización de toda traza documental de las misiones de Cowan en España nos lleva a seis conclusiones provisionales:

  1. Los servicios secretos británicos estuvieron presentes en el comienzo y en el final de la Guerra Civil.
  2. Lo que hicieron es desconocido pero debió de ser lo suficientemente importante para que una mano misteriosa haya hecho desaparecer papeles que normalmente deberían estar disponibles en los archivos que no son del MI6 y de la Inteligencia Militar.
  3. Los archivos del MI6 no permiten profundizar en ninguna operación. Siguen cerrados a cal y canto. Unicamente el profesor Jeffery, como historiador oficial, tuvo acceso a la documentación.
  4. La imposibilidad de consultarlos no es fácilmente comprensible. Si se trata de no identificar personas, los nombres (eventualmente agentes españoles) pueden borrarse. Lo hacen habitualmente los británicos, los norteamericanos y, por lo que sé, los franceses. Si se trata de no identificar el modus operandi correspondiente, ¿por qué se ha levantado el velo sobre operaciones en otros países que ha descrito el profesor Jeffery?
  5. Existe documentación británica accesible, con nombres, en relación con otros servicios que no son el MI6 o la Inteligencia Militar.
  6. No deja de ser paradójico que en los momentos actuales se sepa más acerca de las actividades en España durante la Guerra Civil del servicio de espionaje de la NKVD que por el lado británico.

No corresponde a un historiador extranjero especular acerca de las razones por las cuales la política desclasificadora del Gobierno británico no se aplica a documentos que difícilmente podrán contener vitales secretos de Estado. Aunque esto sea algo que no cabe por principio descartar, siempre es posible retener información supersensible. Cualquier historiador que trabaje en archivos se encuentra regularmente con ejemplos de ello.  Y no pasa nada. Tampoco se hunde nada.

Ángel Viñas es catedrático emérito de la UCM. Su último libro es Las armas y el oro. Palancas de la guerra, mitos del franquismo (Pasado&Presente).

La guerra española en el reñidero de Europa

3 enero, 2018

Fuente: http://www.elpais.com

Varios libros analizan sin tópicos y con rigor historiográfico el conflicto que estalló el 18 de julio de 1936, hace ahora 80 años.

Un grupo de milicianos se asoma a un terraplén en el frente de Navacerrada (Madrid), a finales de julio 1936.
Un grupo de milicianos se asoma a un terraplén en el frente de Navacerrada (Madrid), a finales de julio 1936. EFE/ARCHIVO DÍAZ CASARIEGO

En julio de 1936 una parte importante del ejército español se alzó en armas contra el régimen republicano. El golpe militar no pudo lograr de entrada la conquista del poder. Si lo hubiera conseguido, no habría tenido lugar una guerra civil, sino una dictadura del tipo que estaba comenzando a dominar en Europa en ese momento y que se estableció en España a partir de abril de 1939.

La sublevación, al ocasionar una división profunda en el Ejército y en las fuerzas de seguridad, debilitó al Estado republicano y abrió un escenario de lucha armada, de rebelión militar y de revolución popular allí donde los militares no pudieron conseguir sus objetivos. España quedó partida en dos. Y así continuó durante una guerra de mil días.

 

España era un país marginal en el escenario europeo hasta el golpe de Estado. En pocas semanas se situó en el centro

Enrique Moradiellos subraya en su nuevo libro el carácter de “guerra total” en la que los dos contendientes tuvieron que reconstruir un ejército con mandos jerarquizados; centralizar el aparato administrativo para hacer uso de los recursos materiales y humanos; y sostener una retaguardia comprometida con el esfuerzo bélico. Visto el desenlace final, parece evidente que el bando franquista superó al republicano en el manejo de esas tres tareas básicas, pero eso no dependió sólo de factores internos sino, “de manera crucial”, del contexto internacional que sirvió de marco a la guerra civil.

Porque en el escenario europeo desequilibrado por la crisis de las democracias y la irrupción del comunismo y del fascismo, España era, hasta julio de 1936, un país marginal, secundario. Todo cambió, sin embargo, a partir del golpe de Estado de ese mes. En unas pocas semanas, el conflicto español se situó en el centro de las preocupaciones de las principales potencias, dividió profundamente a la opinión pública, generó pasiones y España pasó a ser el símbolo de los combates entre fascismo, democracia y comunismo. Moradiellos, Paul Preston, Javier Rodrigo y Carlos Gil conceden mucha importancia al violento laboratorio de políticas de masas en que se convirtió el territorio español.

La guerra española en el reñidero de Europa

Cuando el golpe militar derivó en guerra, la destrucción del adversario pasó a ser prioridad absoluta. Y en ese tránsito de la política a la guerra, los adversarios, políticos e ideológicos, perdían su condición de compatriotas, españoles, para convertirse en enemigos contra quienes era completamente legítimo el uso de la violencia. El total de víctimas mortales se aproximó a 700.000, de las cuales 100.000 corresponden a la represión desencadenada por los militares sublevados y 55.000 a la violencia en la zona republicana. Y al menos 50.000 personas fueron ejecutadas en la posguerra, entre 1939 y 1946.

La guerra civil española fue además la primera de las guerras del siglo XX en que la aviación se utilizó de forma premeditada en operaciones de bombardeo en la retaguardia. La intervención extranjera mandó por el cielo español a los S-81 y S-79 italianos, a los He-111 alemanes y a los “Katiuskas rusos”, convirtiendo a España en un campo de pruebas para la gran guerra mundial que se preparaba. Madrid, Durango, Guernica, Alcañiz, Lérida, Barcelona, Valencia, Alicante o Cartagena, entre otras muchas ciudades, vieron cómo sus poblaciones indefensas se convertían en objetivo militar.

Se ha superado ya esa visión esencialista de que la guerra fue el resultado de una identidad inclinada a la violencia “entre hermanos”

 

“En lo esencial era una guerra de clases”, declaró un observador tan lúcido como George Orwell. Y no le faltaba razón, aunque más correcto sería decir que las clases, sus luchas y sus intereses, fueron actores importantes, pero no los únicos, de aquel conflicto. Hubo, en realidad, varias guerras dentro de eso que llamamos guerra civil. Por eso su análisis ha resultado siempre tan complejo y fascinante. Y por eso el fuego purificador que abrasaba hasta el más mínimo oponente se extendió con tanta rapidez y virulencia por todos los pueblos y ciudades de España.

Algunos historiadores han superado ya esa visión esencialista, tan difundida todavía hoy, de que la guerra civil fue el resultado de odios ancestrales en un país con una identidad y un destino histórico inclinados a la violencia “entre hermanos”.

La guerra española en el reñidero de Europa

La historia de España del primer tercio del siglo XX no fue la crónica anunciada de una frustración secular que, necesariamente, tenía que culminar en una explosión de violencia colectiva. Lo que prueban estas nuevas miradas a esa historia es que no existe un modelo “normal” de modernización frente al cual España puede ser comparada como una excepción anómala. Casi ningún país europeo resolvió los conflictos de los años treinta y cuarenta —la línea divisoria del siglo— por la vía pacífica.

Combatir la ignorancia, las manipulaciones, los usos políticos de esa historia desde el presente no es una tarea fácil. Tampoco lo es captar nuevos lectores, atraer la atención de jóvenes estudiantes para los que la historia no es más que una pesada colección de fechas y nombres. Por eso es tan importante tener una fotografía casi completa de los hechos más significativos y de sus principales actores. Es lo que ofrecen estos libros, concisos, de prosa accesible y con la garantía de una investigación rigurosa y profesional. Ochenta años después.

Enrique Moradiellos, Historia mínima de la guerra civil española, Turner/El Colegio de Mexico;

Javier Rodrigo, La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936-1939, Alianza Editorial;

Carlos Gil Andrés, Españoles en guerra. La Guerra Civil en 39 episodios, Ariel;

Paul Preston, La guerra civil española (guión e ilustraciones de José Pablo García), Debate.

     

    Llamar dictadura a la dictadura cuatro décadas más tarde

    20 diciembre, 2017

    Fuente: http://www.eldiario.es

    Siglo XXI. Año 2017. Unión Europea. El rey Felipe de Borbón califica con rotundidad al franquismo como una “dictadura”. Su padre nunca usó este término. Han pasado 42 años desde la muerte de Franco, 40 desde las primeras elecciones de este periodo democrático. Han pasado dos reyes y cuatro décadas, y el enorme retraso en admitir lo evidente deja claro el problema de desmemoria que tiene la democracia española.

    El discurso del rey y la conmemoración del cuarenta aniversario de las elecciones de 1977 ha reabierto el debate sobre la Transición española; sobre sus luces y sus sombras. Sin duda, el sistema democrático que nació de la Transición ha sido un éxito para España. Pese a sus muchos defectos, pese a la última gran crisis económica, los últimos cuarenta años han sido, de largo, el periodo más próspero de nuestra historia.

    No me atrevo a dar lecciones a aquellos que, con sus aciertos y errores, abordaron la difícil negociación con banda armada; los primeros años de una democracia amenazada a diario por el ruido de sables del búnker franquista. Probablemente tienen razón quienes argumentan que, en aquel momento, era difícil ir más lejos, y que por eso no quedó más remedio que apartar algunos temas, como el de las víctimas.

    El gran desastre no está en la Transición, sino en el olvido de las décadas posteriores. En lo que no se hizo después, cuando el Ejército estaba ya controlado y la democracia no corría peligro; en unos años en los que restituir la memoria de las víctimas del franquismo y juzgar a torturadores como Billy el Niño no habrían puesto nada en riesgo.

    Es hasta comprensible que el rey Juan Carlos elogiase al “generalísimo” Franco y sus “enormes cualidades humanas” en su primer discurso de Navidad, el 24 de diciembre de 1975; un mes después de la muerte del tirano y con todo su aparato de poder aún intacto. No tiene perdón que después no abjurase de aquellas palabras ni que hayan tenido que pasar cuatro décadas para que un Borbón llamase dictadura a la dictadura.

    Han hecho falta cuarenta años para dar un paso tan pequeño, y lo mismo harán falta otros cuarenta para que el jefe del Estado avance por esa osada senda de llamar a las cosas por su nombre. Para que deje de hablar de guerra fratricida y se refiera a la Guerra de España como lo que fue: un golpe militar contra la legalidad republicana. Para que admita que la democracia no se estrenó en España en 1977; y que ese año tampoco se celebraron “las primeras elecciones democráticas”. Para que recuerde también a las víctimas de esa dictadura que ahora la Casa Real acaba de descubrir, y que no merecieron ni una línea de su discurso. Para que España deje de tener un enorme mausoleo dedicado a un dictador, fosas comunes en las cunetas y torturadores impunes.

    Cuando el rey iguala a franquistas con sus víctimas

    15 diciembre, 2017

    Fuente: http://www.eldiario.es

    En España es habitual que las autoridades homenajeen a personalidades con un pasado franquista mientras niegan reconocimiento, verdad, justicia y reparación a las víctimas. La medalla que el exministro de la dictadura Rodolfo Martín Villa recibió este miércoles en el Congreso es un ejemplo. Semejante gesto, una gota más en el enorme magma de la impunidad que reina en este país, contrasta con la desprotección e invisibilidad que sufren las víctimas.

    Como han recalcado al menos cinco mecanismos de Naciones Unidas, España ni investiga ni permite investigar la desaparición de más de cien mil personas durante el régimen franquista. Como denuncian diversas organizaciones de derechos humanos, entre otras  Amnistía Internacional, a las víctimas se les sigue negando sus derechos.

    Como recordaba en una información el diario  New York Times en 2014, “hoy en día, la política, los negocios y la ley en España están salpicados de personas con vínculos directos o indirectos con Franco. (…) Los tribunales españoles han rechazado oír estos casos [de las víctimas] durante cuarenta años”.

    Como ha señalado el relator de Naciones Unidas Pablo de Greiff, España ha hecho muy poco por las víctimas de su dictadura: “Algunos problemas no desaparecen. No pueden ser barridos bajo la alfombra. La gente, como es lógico, no olvida”.

    Y como siempre decía el  abogado Carlos Slepoy, en España se practicó una persecución sistemática contra aquellas personas que se opusieron al golpe de Estado de 1936 y defendieron la democracia.

    Pretender presentar los crímenes de lesa humanidad del franquismo como simples bajas en el frente de batalla es ignorar que en cientos de pueblos y ciudades los golpistas, casa por casa, arrestaron, tirotearon e hicieron desaparecer a gente cuyo único “delito” era ser republicano.

    La represión continuó a lo largo de las siguientes décadas, llegó hasta los años setenta –con asesinatos y torturas– y sobrepasó la muerte de Franco, con la matanza de Vitoria en marzo de 1976, en la que la policía disparó con fuego real y pelotas de goma a trabajadores en huelga reunidos en asamblea. Murieron cinco personas y 150 resultaron heridas de bala.

    El ministro de Relaciones Sindicales en aquella época era Rodolfo Martín Villa, a quien la justicia argentina ordenó detener en 2014 precisamente por los hechos de Vitoria. Como recuerda la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, Martín Villa también fue ministro de Gobernación cuando se ordenó la quema de miles de documentos para borrar los crímenes del franquismo. Y es el mismo a quien los reyes entregan ahora una medalla por su papel en la Transición española y en las elecciones constituyentes de 1977.

    A pesar de las denuncias de la ONU, Felipe VI nunca ha reconocido o defendido justicia, verdad y reparación para las familias de las víctimas que a día de hoy siguen buscando los restos de sus padres, abuelos o hermanos. A pesar de las innumerables pruebas de los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, el rey continúa sin mencionarlos.

    Quizá por eso este miércoles el monarca tergiversó en el Congreso los versos de Antonio Machado. En vez de recitar “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”, el rey readaptó su significado y habló de “las dos Españas que helaban el corazón de Antonio Machado”.

    El poema real, escrito cuando aún reinaba Alfonso XIII, dice así:

    “Ya hay un español que quiere vivir

    y a vivir empieza

    entre una España que muere

    y otra España que bosteza.

    Españolito que vienes

    al mundo, te guarde Dios.

    Una de las dos Españas

    ha de helarte el corazón”

    Machado, republicano, tuvo que huir de la España que le helaba el corazón. La dura ruta hacia el exilio quebró su frágil salud y murió poco después de llegar a Francia. Fue enterrado con la bandera republicana, la de la democracia aplastada por los franquistas.

    Hoy, décadas después, un rey español retuerce las palabras del poeta y con ello, nuestra memoria. No solo manipulando a Machado, sino evitando mencionar el nombre de Franco, las atrocidades de la dictadura, el sufrimiento de las víctimas, la impunidad de los crímenes del franquismo y el elevado número de desaparecidos.

    Felipe VI afirmó el miércoles que “la falta de reconocimiento y de respeto dividieron a los españoles”, como si no hubiera habido un responsable claro del golpe de Estado y de la persecución sistemática. También dijo que desde 1812 las sucesivas constituciones no fueron capaces de “proporcionar ni garantizar la estabilidad política, el progreso social y económico ni la convivencia en paz y libertad”, como si el gobierno republicano no hubiera dejado más remedio a Franco que sublevarse ante su “imposibilidad de garantizar la convivencia en paz y libertad”.

    Si aplicamos la lógica de su discurso, podríamos imaginar al rey afirmando que tanto los aliados como los nazis nos helaron el corazón. De Italia diría que hubo “falta de reconocimiento y de respeto” tanto por parte de Mussolini como de los demócratas que lucharon contra los fascistas. Y puede que para definir la Sudáfrica del apartheid afirmara que tanto los negros como el gobierno de Pretoria cometieron crímenes, para igualar de ese modo a opresores y oprimidos y concluir que todo fue “una tragedia”, término con el que este miércoles definió la Guerra Civil y la dictadura.

    Al fin y al cabo, 40 años después de las elecciones constituyentes españolas la Casa Real presume de que por primera vez desde la muerte de Franco un rey ha usado la palabra dictadura en las Cortes para referirse a… la dictadura. Presentar semejante atraso como mérito en un discurso marcado por una falsa equidistancia es un insulto a todas las víctimas y familiares que nunca han recibido medallas, ni homenajes oficiales ni atención por parte de los reyes y de tantas otras autoridades.

    “Hoy, aunque es Navidad, no ha sido fiesta, por la guerra y por no existir ya los santos”

    11 diciembre, 2017

    Fuente: http://www.eldiario.es

    El libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’ recupera el diario de Pilar Duaygües, una adolescente de 15 años que plasma en sus libretas sus experiencias durante la Guerra Civil española.

    Pilar Duaygües junto a sus hermanas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

    Pilar Duaygües junto a sus hermanas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

    Pilar Duaygües Nebot tenía 15 años el 19 de julio de 1936. Desde hace pocos meses escribía casi cada día en su diario personal. Anotaba sus andanzas, comentaba las películas que había visto, lamentaba su aburrimiento y daba forma de prosa a sus sueños más románticos…. Pero aquel 19 de julio de 1936 todo cambió radicalmente. Sería, según sus palabras, “un día horrible” que quedaría “grabado en la historia”.

    “Las ametralladoras iban, bombas por aquí, tiros por allá, etc. Se oía muy bien cómo se derrumbaban las casas en donde las tiraban (…) Los curas con ametralladoras, escopetas y revólveres hacían fuego contra el cuartel que está al lado (…) No sólo ardían esta iglesia y convento, sino todas las de Barcelona. Se veían muy bien las llamas (…) Finalmente, nos acostamos, mamá conmigo en mi cama, me dormí por el cansancio”.

    Carné de socia del club de hípica de la joven.- Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

    Carné de socia del club de hípica de la joven.- Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

    Era el primer día. A partir de ese 19 de julio y durante casi tres años Pilar desahogó en su diario emociones y miedos. La vida cotidiana dentro de la excepcionalidad de una guerra. Las colas para el pan. Las noticias del frente. La hermana que se va con Bayo a defender Mallorca. El amigo que no regresa. Pero también la competencia con su amiga. La relación con su madre. Lo ordinario dentro de lo rocambolesco.

    El diario de Pilar ha permanecido guardado en un cajón durante 80 años. Hoy sale a la luz en el libro Querido diario: hoy ha empezado la guerra, que ha sido editado por los investigadores Tània Balló y Gonzalo Berger y publicado por Espasa. La comparación con otro diario, el de Ana Frank, cuyo relato sobre el horror nazi emocionó al mundo, es más que evidente.

    “Se da la coincidencia de que son dos adolescentes que describen lo que viven desde sus propias emociones en una edad crucial. Ambas tienen un relato expuesto a la emoción y al detalle. Las une el hecho de explicar o de testimoniar un momento de conflicto, pero Pilar nunca manipula ese diario. Y nosotros tampoco. Sabemos que Ana Frank arregló parte de su diario porque quería presentarlo a un concurso y siempre están las sospechas o la sombra de que podría haber sido manipulado por su padre. El diario de Pilar tiene esa inmediatez, esa falta de perfeccionamiento que la vez lo hace un texto mucho más fresco“, explica a Público Tània Balló.

    “Hoy, aunque es Navidad, no se ha hecho fiesta, por haber guerra y por no existir ya los santos”

    La mirada de Pilar muestra, desde la óptica del antifascismo de una adolescente, la cotidianiedad de una vida en guerra. Como las colas para conseguir huevos o pan a partir del mes de noviembre de 1936 en Barcelona. La llegada de niños madrileños a Catalunya ese mismo mes ante la inminencia de la caída de Madrid. La muerte de Buenaventura Durruti o la internacionalización de la Guerra. “Me he levantado a las cinco y media para ir a hacer cola para el pan. Es algo horrible, tanta gente, y tanta que se quedó ayer sin él. Bueno, en palabras no se puede explicar; así he estado toda la santa mañana viendo peleas y demás, hasta la una y media, ocho horas haciendo cola“, escribe Pilar en la entrada del 24 de diciembre de 1936.

    Un día después llegaría el día de Navidad. En la Barcelona de 1936. “Hoy, aunque es Navidad, no se ha hecho fiesta, por haber guerra y por no existir ya los santos. Por la mañana, al colegio, como de costumbre (…). A las 6 mis compañeras han ido a hacer cola para el pan, cosa que es terrible de lo larga [que es]. No sé cuándo se arreglará eso del pan, pues ha habido muchas muertes por esa causa”, escribe.

    Poco después, en febrero de 1937, llegarían los primeros bombardeos a Barcelona. Era el sábado 13 de febrero y desde la costa un crucero lanzaba bombazos contra los civiles. Al momento sentimos, pom, pom, porrompom… Horrible el instante este. ‘Ya están aquí los fascistas!‘, me dije. Y, en efecto, así era. Al principio, creímos que eran aviones, pero luego nos dimos cuenta de que eran los barcos”. Pilar no lo sabía. Pero las bombas procedían del crucero italiano Eugenio de Savoia. 

    Verano de 1932. Pilar junto a sus amigas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

    Verano de 1932. Pilar junto a sus amigas. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

    De niña a mujer

    La Guerra Civil se alargaba y Pilar dejaba de ser la niña que era y su diario así lo reflejaba. A través de las páginas se vislumbra la figura de una mujer que comienza a tomar las riendas de su destino, que ya no se limita a describir lo que ve y toma partido en el conflicto que se desarrollo ante sus ojos y que ve en primera persona, en su círculo social, que la Guerra no es ningún juego. Que hay amigos y familiares que no regresan. Y que nunca regresarán.

    “Es un cambio que se produce ante nuestros ojos y que se aprecia hasta en su escritura. Empieza más escueta, su vida es más estanca y más determinada por su madre. Pasan los meses y los años y adquiere personalidad propia. Ya no es esa niña que va en volandas de su madre”, explica a este periódico Gonzalo Berger.

    El 27 de febrero de 1939, de hecho, Pilar cumplía sus 18 años. “¿Será posible que sea ya tan mayor? Parece que sea el otro que cumplí los 15. Me sabe muy mal tener ya esta edad, no quisiera hacerme mayor, aunque dicen que los 18 abriles es la mejor edad de la juventud”, escribe en su diario.

    “Lloré mucho al ver que esos criminales fascistas se han llevado la victoria. Mas no les aguantaremos mucho tiempo porque volverá a haber un levantamiento”

    Aún no había cumplido Pilar los 18 años cuando vio entrar en la ciudad de Barcelona a los fascistas. Lo describió en la entrada del 27 de enero de 1939, justo un mes ante de su 18 aniversario: “Barcelona es fascista. Hoy han empezado a desfilar por las calles las tropas al servicio de Franco. Todo son banderas monárquicas y vítores a Franco. (…) Han aparecido los periódicos hablando mal de los rojos, de Negrín y Companys y aludiendo a Franco. Yo les tengo un odio terrible, lo mismo que mi familia”.

    La crudeza del final de la guerra

    Pilar se había mostrado muy optimista respecto a la victoria de la República frente al fascismo, pero a principios de 1939 ya se había dado cuenta de que la victoria era imposible: “Lo que más desearía es que ganáramos la guerra y volver al Instituto Obrero juntamente con todos los alumnos que él tenía y volver al estudio intenso que a mí me gusta tanto. Pero estas esperanzas no me las hago, pues los fascistas lo tienen ganado ya, aunque Madrid, Valencia y Gerona, sean de los rojos. Ellos poseen una gran cantidad de material y muchos aviones, además de haber muchos alemanes, italianos, moros. Y nosotros no poseemos más que la razón, y como contra la fuerza no hay resistencia, es inútil poder ganar la guerra”.

    Pero no todos son tristezas. El 12 de febrero, el papá de Pilar regresó del frente. Durante 15 nadie supo si estaba vivo o muerto. Regresó. “Está más delgado y ha envejecido una barbaridad”, diría Pilar. También estaba el cine. El entretenimiento preferido de Pilar, que a lo largo de los tres años de diario cita más de 100 películas. Y su hermana Rubi, que el 20 de febrero de 1939, dio señales de vida con una misiva desde un “hospital de la provincia de Gerona”.

    En los últimos días del diario, también se aprecia el cambio de cotidianidad. Del día a día de la guerra, al del fascismo. “Me da rabia ir al cine porque obligan a saludar con el brazo tendido, o sea, el saludo fascista. En la pantalla aparece el rostro del “idiota” de Franco mientras que tocan el himno de ellos y todo el mundo ha de ponerse en pie y saludar. Si no se hace, los soldados que vigilan pegan a aquellos que no obedecen (…) A mí, el primer día, me cogió una pasión de reír al ver a tantas personas con el brazo horizontal que parecía que mirasen si llovía”.

    La ilusión no muere

    Boda de Pilar con Emili. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro 'Querido diario: hoy ha empezado la guerra'.

     

    Boda de Pilar con Emili. Imágenes del archivo personal de la familia Duaygües incluidas en el libro ‘Querido diario: hoy ha empezado la guerra’.

    A pesar de la derrota de la República frente al Ejército franquista, Pilar no perdió la ilusión en una posterior victoria. Aquel fascismo no podía durar mucho. O eso pensaba. “Pasaremos todavía hambre y sufrimiento hasta que vuelva a venir otra revolución e implantar la República”, escribía en febrero. Apenas un mes después, a finales de marzo de 1939, se enteraría de la caída de Madrid. Esta era su reflexión:

    “Lloré mucho al ver que esos criminales fascistas se han llevado la victoria. Mas no les aguantaremos mucho tiempo porque volverá a haber un levantamiento, esta vez por parte nuestra y quedará entonces enterrado para siempre el odioso fascismo, aunque a lo mejor tardaremos algunos años en lograrlo. Este pensamiento, que todos los rojos tenemos y del cual no nos engañamos, me da un poco de alegría”, sentencia Pilar.

    Esa misma tarde, Pilar se fue al cine. Había acabado la guerra. La joven conoció a Emili Prats, con el que iniciará un largo noviazgo que dejará como prueba documental las más de 500 cartas que intercambiaron durante 1941 mientras él se encuentra realizando el servicio militar. Ese año Pilar abandonará su diario. En 1945 los dos se casarían y en 1948 la mujer daría a luz a su primera hija, María Pilar.

    “A Pilar le pasa lo mismo que a la mayoría de las mujeres de su generación. Nunca ejerce en la carrera de Magisterio, que es la que estudió, y pasó a dedicarse plenamente a su hogar. Pilar se convierte en nuestra madre, nuestra abuela o nuestra tía. No tiene una vida distinta. Sufre la doble represión franquista: por roja y por mujer”, sentencia Tània Balló.

    La guerra continúa

    8 diciembre, 2017

    Fuente: http://www.elpais.com

    José Álvarez Junco y los dioses útiles, o Gerhard L. Weinberg y la Segunda Guerra Mundial en menos de 200 páginas.

    La guerra continúa

    Johan Huizinga escribió que ninguna disciplina tenía sus portales tan abiertos al público en general como la historia. Y algunos de los libros publicados en los últimos meses constituyen un excelente ejemplo de eso.

    La historia está cargada de mitos, aunque muchas veces no se encuentren pruebas para sustentarlos, y así lo recuerda José Álvarez Junco en Dioses útiles(Galaxia Gutenberg), su repaso a las teorías y construcción histórica en torno a las naciones y los nacionalismos, donde intenta explicar el caso español en términos comparados. Historia narrada con buen pulso, sin olvidar el análisis, que es lo que hace siempre tan bien este autor.

    Resumir la guerra de 1939-1945 en menos de 200 páginas no es tarea sencilla, pero Gerhard L. Weinberg la borda en La Segunda Guerra Mundial (Crítica), partiendo de todos los conocimientos en investigaciones que había anticipado en su monumental Un mundo en armas.

    Durante esos años de violencia y genocidio, cerca de 48.000 españoles combatieron en la División Azul. Xosé M. Núñez Seixas realiza en Camarada invierno (Crítica) una disección de quiénes eran, cuáles eran sus motivos y sus percepciones sobre la Alemania nazi y la Rusia soviética. Una historia basada en cartas, diarios y memorias, la mirada cotidiana de quienes vivieron aquella segunda cruzada contra el comunismo.

    Fuera de Europa hubo también grandes masacres, aunque nuestra mirada occidental no les preste demasiada atención, e Iris Chang narra en La Violación de Nanking. El holocausto olvidado de la Segunda Guerra Mundial (Capitán Swing) la que tuvo lugar en diciembre de 1937, cuando el Ejército japonés entró en la entonces capital de China, Nanking, y asesinó a más de 300.000 civiles.Julio Prada Rodríguez,Jordi Ama

    Tampoco cesa la literatura sobre la España más reciente. Hay para elegir, según los intereses de los lectores, que puede ser el Frente Popular, en la interpretación y relato detallado que 80 años después ofrece José Luis Martín Ramos en El Frente Popular. Victoria y derrota de la democracia en España (Pasado & Presente); la represión económica y el castigo que el franquismo aplicó a una buena parte de la sociedad gallega, objeto minucioso de estudio de Julio Prada Rodríguez en Marcharon con todo (Biblioteca Nueva); La primavera de Múnich (Tusquets), como denomina Jordi Amat en su excelente narración a lo que la dictadura de Franco bautizó en 1962 como el contubernio; el uso que los vencidos en la Guerra Civil hicieron de las coplas de Conchita Piquer, una original investigación de Stephanie Sieburth —Coplas para sobrevivir (Cátedra)—, muestra del vigor de los estudios culturales en los hispanistas más jóvenes; o el pormenorizado análisis de la izquierda radical durante la Transición por parte de Gonzalo Wilhelmi en Romper el consenso (Siglo XXI).

    Y aunque tiene ya casi tres décadas, aparece una nueva edición de Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española (Crítica), la magistral obra de Ronald Fraser, la mejor guía para descubrir las historias escondidas de la guerra, más allá de mitos y disputas sobre las causas y responsables del acontecimiento central de la historia de España en el siglo XX.

    Historias de gente común, de grandes acontecimientos políticos, de guerras y violencia. En grandes pinceladas y en miniatura. Para que los lectores decidan.

    La guerra continúa