Archive for the ‘periodismo crítico’ Category

Están entre nosotros

22 septiembre, 2017

Fuente: http://www.infolibre.es

Publicada 27/09/2016 a las 06:00

Actualizada 26/09/2016 a las 21:12  
En una reunión de corresponsales extranjeros se hablaba del auge de la extrema derecha en Europa y de su expansión demagógica favorecida por la tentación xenófoba que late en el subsuelo, exacerbada con discursos populistas de miedo a la pérdida de la identidad cultural y secuestro de los puestos de trabajo por los llegados de fuera. Se maravillaban estos periodistas por la ausencia de esos movimientos en España. Ignoran que aquí no han resurgido porque siempre han estado, habitamos con ellos. En las instituciones. Nunca se fueron.

Cuando los aliados liberaron Europa del fascismo y el nazismo, hicieron una excepción con España porque sabían que Franco sería un colaborador indispensable, en un lugar de la máxima importancia estratégica, en la lucha contra el comunismo que llevó a cabo aquella Guerra Fría que ya se pergeñaba por parte del bloque occidental durante la Segunda Guerra Mundial. Franco también sabía que de su aproximación a las democracias occidentales dependía su supervivencia en el poder cuando la guerra ya estaba perdida y, desde la capitulación de Alemania, una vez desaparecido ese loco primo de “zumosol” que fue Hitler (quien, dicho sea de paso, siempre le despreció), se mantuvo en un perfil bajo, de disimulo, mostrando hacia el exterior su cara más inofensiva, siempre intentando cautivar a quien pudiera incluirle en las organizaciones internacionales que iban a regir el mundo.

Como dijo Aznar de Gadafi, Franco quedó como un extravagant friend, fuera de la ONU y del Plan Marshall, y ese aislamiento le permitió vivir su realidad dictatorial con total autonomía.

En Yalta, los líderes de las tres principales potencias aliadas: Churchill, Roosevelt y Stalin, acordaron que al finalizar la guerra los países liberados de Europa decidirían libremente, con elecciones democráticas, su propio destino. Como España no fue liberada, los compromisos de este tratado no le afectaron. La cosa quedó en que Franco siguiera calladito en su rincón si dar guerra. Lo que pasara aquí dentro sería un problema de los españoles. Nos abandonaron a nuestra suerte. Mala, por cierto.

No sería hasta quince años más tarde cuando se formalizarían las relaciones de cooperación entre España y EEUU con el acuerdo para la implantación de bases militares americanas en nuestro territorio, que le valió la entrada en la ONU al comprar con ese pacto todas las reticencias que un régimen dictatorial suponía para que España fuera incluida como miembro de esa organización. La visita, unos años después, de Eisenhower a España legitimó la dictadura como el régimen político que nos gobernaría hasta la muerte de Franco en 1975.

Tras su muerte, la Transición constituyó un periodo de reforma que se encargó de que los altos cargos de las diferentes instituciones que gobernaron este país durante 35 años, tanto de la política, como de la Policía, el Ejército y la Justicia, tuvieran cabida en la democracia. Muchos de estos funcionarios que ostentaban puestos de responsabilidad durante la dictadura se reciclaron en diferentes partidos ya en la democracia, sobre todo en Alianza Popular, formada por siete ministros de Franco, con Fraga a la cabeza, y otros más moderados en UCD (Unión de Centro Democrático), partido presidido por Adolfo Suárez, que había sido ministro secretario general del Movimiento, la cartera con mayor carga política de aquellos gobiernos de Franco, y que aglutinando infinidad de formaciones de diferentes tendencias de la derecha y el centro, supo representar como nadie la metamorfosis del cambio entre sistemas. Él pasó de la dictadura a la democracia. Ganó las dos primeras elecciones generales, demostración empírica de que la sociología que había creado el franquismo apostaba por una moderna continuidad, no quería cambio. Querían esto sin perder lo otro.

Esa amalgama de fuerzas que se integró a la perfección en la democracia continuó su aventura, salvo exabruptos nostálgicos irredentos, bajo un manto de armonía y disimulo que aparentó terminar con aquella España de los vencedores que exigieron una rendición incondicional para llevar adelante una paz a sangre y fuego. Del mismo modo que en la Alemania de la posguerra todo el mundo afirmaba que nadie sabía lo que estaba pasando en su país durante los años del nazismo, aquí no quedó ni un solo español adicto al régimen. Como san Pedro, todos negaron tres veces antes de que cantara el gallo que daba el pistoletazo de salida para las elecciones. Corrían tiempos nuevos. España se convirtió en el único país del mundo que carecía de una derecha política. El espectro iba desde la extrema izquierda al centro. Hasta ahí. Más allá sólo quedaba la caverna que festejaba los aniversarios pertinentes en el Valle de los Caídos, monumento faraónico que Franco construyó para que la posteridad no olvidara su Santa Cruzada, y del que los portadores de la llama de la España verdadera hicieron su reducto festivo, su particular “fachódromo”.

Nunca más se supo de los millones de españoles que abarrotaban la Plaza de Oriente de Madrid durante las apariciones públicas del dictador, ni de los que formaban la infinita cola para darle el último adiós al sátrapa de El Ferrol. Con Franco murieron, por lo visto, aquellos millones de españoles.

Así corrió el tiempo entre la euforia del derribo de los Pirineos, que era nuestro particular muro de Berlín, y la alegría de la incorporación a Europa, hasta que José María Aznar abrió la caja de los truenos y recuperó para esa España el orgullo de ser de derechas, que aquí es tanto como ser de aquello. Como decía Fraga, también con orgullo: “Nunca debemos olvidar de dónde venimos”. Ser de derechas en España es recuperar el mundo de los vencedores que no se dejan quitar un busto, un monumento a uno de los suyos, y tampoco desenterrar a los vencidos, a los asesinados en las cunetas, en las tapias de los cementerios y en los bosques para llevarlos junto a los suyos o darles sepultura como dios manda. Como a perros los mataron, como perros deben seguir. Y la Iglesia callada, como entonces.

Saca pecho Fernández Díaz, ese ministro que tiene una policía política a su servicio, como en los buenos tiempos, para difamar y buscar averías a sus rivales, que luego airean los medios de comunicación afines a los que pagan bien con la propaganda institucional, da la cara el ministro, decía, con motivo de la solicitud de traslado de los restos del general Mola por parte del Ayuntamiento de Pamplona que quiere que se los lleven a otro sitio, y suelta por esa boquita: “Algunos pretenden ganar la guerra cuarenta años después…”.

Entiende el señor ministro que son vencidos los que tal cosa pretenden. Y de sus palabras también se desprende que él se sitúa en el bando de los vencedores, aquellos que acabaron con la democracia y el orden constitucional a tiros tras fracasar el golpe de Estado de 1936.

Triste que tengamos un ministro todavía, ochenta años después, que reivindique aquellas salvajadas en lugar de encargarse, en cumplimiento de la ley que representa, debo entender que muy a su pesar, de limpiar de nuestro suelo, que no de nuestra memoria, esos monumentos y reliquias que dan gloria al fascismo. Alegan que eliminar los restos de aquella tiranía es atentar contra la Historia. Nunca han tenido vergüenza cuando se trata de salir en defensa de aquel fascismo al que dicen no haber servido ni representar. Les mueve una cuestión científica, intelectual. Los criminales, dicen, deben tener su espacio en nuestras ciudades, como lo tienen los huesos encontrados en Atapuerca. Forman parte de nuestra historia. Eso sí, cuando se denuncian atropellos, violaciones o crímenes, nos salimos del campo de la historia para pasar a remover el pasado, dividir a los españoles y pretender ganar una guerra que perdieron los demócratas.

También sale, cómo no, Esperanza Aguirre a echar gasolina en la trifulca que montan los legionarios intentando evitar que le quiten la calle a Millán Astray, fundador de la Legión, para sustituirla por otra llamada Avenida de la Inteligencia. Ella siempre se mueve por nobles ideales. Alega la defensora de esta causa, también la representación de su partido en el Ayuntamiento de Madrid, que Millán Astray no debe perder su calle porque hizo mucha obra social. Y pone algunos ejemplos. Yo le voy a recordar que Hitler hizo mucha más obra social que Millán Astray, para que le dé una vuelta al tema. A lo mejor habría que sustituir el nombre del general español por el del genocida alemán, si de obra social se trata. Hay que recordarle que no le quitan el nombre de la calle por haber fundado la Legión, ni por las virtudes que pudo tener, sino por su colaboración con el régimen franquista.

Les molesta que desaparezcan los vestigios de aquella España, tienen motivos, no los dicen. Nos toman por idiotas.

La sorpresa de los observadores internacionales ante la falta del resurgimiento de estos movimientos xenófobos, populistas, de extrema derecha, no debería ser tal. Como los marcianos, esa gente está entre nosotros. Por todas partes. Siempre estuvieron, nunca nos dejaron. Así nos luce el pelo.

Si los quieres ver, sólo tienes que quitar el nombre de una calle a un artífice de la dictadura. Aparecen como las moscas en torno a la miel, o a cualquier otra sustancia pestilente que, a usted, querido lector, le sugiera esta cuestión.

Qué hartura de fascismo. Ochenta años después.

Anuncios

No es posible recuperar la memoria histórica a través de la Ley de la Memoria Histórica

21 septiembre, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 27 de abril de 2017.

Este artículo es una crítica a los enormes obstáculos que se han estado aplicando por parte del Estado español a la recuperación de la memoria histórica, señalando que tales obstáculos tienen como objetivo impedir la corrección de las enormes tergiversaciones que se han hecho de la historia reciente de España. Es un tema de gran importancia que tiene muy escasa visibilidad mediática en nuestro país.

Las campañas de recuperación de la memoria histórica han centrado sus actividades en el reconocimiento de las víctimas de la enorme represión que caracterizó a aquel régimen dictatorial, uno de los más represivos de los que hayan existido en Europa en el siglo XX. Nunca debe dejar de enfatizarse que, según estudiosos de los regímenes fascistas y nazis en Europa, como el recientemente fallecido profesor Malefakis, de la Universidad de Columbia de Nueva York, por cada asesinato político que cometió el régimen fascista liderado por Mussolini, el liderado por el General Franco cometió 10.000. Consciente de que tenía a la mayoría de las clases populares en contra, el régimen dictatorial español utilizó el terror para mantenerse en el poder, estableciendo un miedo generalizado sobre el cual, y a través del control de todas las instituciones generadoras de valores (desde los medios de información hasta el sistema educativo) se estableció una cultura profundamente antidemocrática que incluso persiste hoy en España, y que explica que el Estado español haya condenado a una persona a un año de cárcel por haber insultado la memoria del Almirante Carrero Blanco, segundo en la jerarquía en el Estado dictatorial, después del propio dictador.

¿Cómo puede ser que esa cultura heredada del régimen dictatorial todavía exista?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en gran parte en la manera como se realizó la transición de la dictadura a la democracia, proceso que no significó una ruptura con el Estado que rigió España durante casi cuarenta años, sino una apertura para incorporar elementos de democracia. Las fuerzas conservadoras que controlaban el Estado dictatorial y los medios de información dominaron el proceso de transición, dominio que explica la baja calidad de la democracia española, el escaso desarrollo de su Estado del Bienestar y la persistencia de la cultura franquista. Tal dominio es lo que también explica la resistencia a la recuperación de la memoria histórica, incluyendo la demanda de rehabilitación y homenaje a las víctimas del régimen terrorista anterior. Tal resistencia se basa, por una parte, en la clara oposición de las fuerzas conservadoras que controlaban el aparato del Estado dictatorial y de sus herederos (que continúan ejerciendo una enorme influencia sobre el Estado actual), así como, por otra parte, en el limitadísimo compromiso con tal recuperación de la memoria histórica por parte de los líderes del PSOE, cuya integración en el nuevo Estado, a través del bipartidismo, se basó en una serie de renuncias y adaptaciones a ese nuevo Estado y a la cultura que transmitió. Y dicha oposición y/o limitadísimo compromiso en recuperar la memoria histórica (en su labor de rehabilitar y homenajear a las víctimas del franquismo) es el resultado de la toma de conciencia de que la demanda de reconocimiento de tales víctimas abre la posibilidad de que se genere otra demanda, parecida, pero distinta, de que se redefina la historia de España, corrigiendo la tergiversada historia que se continúa presentando en las instituciones reproductoras de valores del país, a fin de poder establecer una cultura opuesta a la actual, que sea continuadora de la cultura republicana que la franquista sustituyó. Este es el gran temor de las fuerzas bipartidistas de recuperar la memoria histórica.

El constante argumento que utilizaron las derechas en España en contra de aprobar una ley de memoria histórica fue que “abriría heridas” que se asume (erróneamente) que están cerradas. Pero tal argumento oculta el hecho de que la oposición a la recuperación de la memoria histórica tiene poco que ver con el estado de las heridas, y mucho que ver, por el contrario, con el deseo de evitar que se conozca la historia real de los distintos pueblos y naciones de España. Con ello se evita también que se cuestione la cultura franquista que persiste, impidiendo que reaparezca la cultura republicana. Ahí está el meollo de la cuestión.

La labor de ocultación de los medios de información y persuasión en España. El caso de El País

Durante muchísimos años, los medios de información han promovido y continúan promoviendo las instituciones monárquico-borbónicas, tergiversando tanto su pasado como su presente, ocultando realidades que pudieran dañarlas. Las grandes limitaciones de la libertad de prensa (un indicador más del enorme poder de las fuerzas conservadoras) aparecieron con toda claridad en esta protección de la Monarquía por parte de los medios, confundiendo persuasión y promoción con información. Un caso claro es el de El País. Este rotativo fue fundado por dirigentes del régimen anterior, y en su nacimiento intervinieron personajes como Fraga Iribarne, tal como reconoció recientemente el presidente del Grupo Prisa (al que pertenece este rotativo), Juan Luis Cebrián. En realidad, Cebrián proviene de una familia fascista, siendo su padre uno de los directores del diario Arriba, del partido fascista La Falange. Siguiendo los pasos de su padre, fue periodista y trabajó en periódicos del aparato fascista, como Pueblo (que era el diario propiedad de los sindicatos verticales). Más tarde fue uno de los directores de RTVE (concretamente, jefe del servicio de informativos) durante el último periodo de la dictadura, el máximo instrumento mediático el régimen.

Colaboró con otros elementos del Estado dictatorial para favorecer una apertura, presionando para que hubiera un cambio significativo en el Estado que facilitara el establecimiento del juego democrático, labor meritoria pero también limitada, pues estaba claro desde el principio que los límites de la apertura estaban fijados, permitiendo el debate dentro de unos parámetros sumamente limitados. Una consecuencia de ello fue que El País fue siempre hostil a fuerzas y personalidades de izquierda que pudieran cuestionar el Estado monárquico actual y que pudieran significar una amenaza para la continuación de las relaciones de poder dentro de tal Estado, resultado del maridaje entre el poder económico y financiero, por un lado, y el poder político y mediático por el otro. Ello explica su clara oposición a figuras como Alfonso Guerra y más tarde Josep Borrell en el PSOE, a Gerardo Iglesias y Julio Anguita en el PCE, y ahora a Pablo Iglesias en Podemos.

Las declaraciones de Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa, sobre la memoria histórica

Tal oposición de El País a las izquierdas se extiende a la Ley de la Recuperación de la Memoria Histórica. En una entrevista reciente en El Mundo (20.02.17), Cebrián expresa su oposición a la Ley de la Memoria Histórica, pues “genera conflictos y problemas”. Considera que el Estado no debería inmiscuirse en esta labor. Tras reconocer que “la mayoría de impulsores del periódico (El País) fueron personas vinculadas con el franquismo” añade, sin embargo, que él, en realidad, nunca fue franquista (sí, léalo y lo verá, dicho por el mismo individuo que dirigió los mayores medios de propaganda y persuasión de tal régimen). También cuestiona en esa entrevista que el régimen que él llama franquista fuera terrorista, criticando al Presidente Zapatero por haber éste indicado que su abuelo, asesinado por los golpistas, fue víctima del terrorismo, señalando Cebrián que ello no es cierto, pues no fue una víctima del régimen, sino una víctima de la guerra entre dos bandos, asumiendo (erróneamente) que los Estados de los dos bandos intentaron dominar a la población mediante el ejercicio del terror. Predeciblemente, niega también la plurinacionalidad de España, y considera que la ley está por encima de todo y de todos, ley que ha sido acordada en unas coordenadas de poder heredadas de la inmodélica Transición, muy desigual y poco equilibrada. Cebrián está en contra de la redefinición de España que reconozca su plurinacionalidad, y se muestra dispuesto a enviar a la Guardia Civil a Catalunya para poner orden, asegurándose de que la ley se respeta, exigiendo que los representantes parlamentarios que actúan para realizar un referéndum vayan a la cárcel, tal como el yerno del Rey Juan Carlos I debería hacer, poniendo un tema profundamente político (la relación de Catalunya con España) al mismo nivel que si fuera un caso de fraude y corrupción fiscal. No deja de ser paradójico que este personaje, que con su silencio a través de su diario cubrió en su día la enorme corrupción de Jordi Pujol, a fin de protegerlo, ahora exija la prisión para aquellos que piden la secesión. La doble moralidad de este personaje y el oportunismo mostrado a lo largo de su vida son un buen reflejo de la reproducción de la cultura y el comportamiento franquistas que continúa dándose en grandes secciones de tal rotativo. Ni que decir tiene que El País tiene profesionales de gran valor cuya credibilidad e integridad, sin embargo, debe cuestionarse por su silencio ensordecedor frente a los comportamientos sectarios, abusivos y claramente antidemocráticos de tal rotativo que se han ido acentuando en los últimos años en contra de las voces que exigen un cambio profundo para establecer una España más democrática, más justa, más plurinacional y con muchísima más pluralidad en sus medios. Tal silencio debe también denunciarse.

Quisiera añadir una nota personal. Procedo de una familia represaliada por el fascismo, por el mismo régimen al que sirvieron el padre y el hijo Cebrián. No podemos estar más lejos en cuanto a biografía y vida profesional. Que tal individuo presente mi deseo de desenmascarar tanta mentira y tanto cinismo como “un intento de abrir las heridas” es una muestra más, como mínimo, de la incomprensión que los hijos e hijas de los vencedores del golpe fascista militar muestran hacia el enorme mal que han hecho y continúan haciendo a España. Ahora bien, es probable que en lugar de incomprensión sea un caso más del cinismo y caradura (no hay otra manera de definirlo) que ha caracterizado a los oportunistas que han estado gobernando España durante tanto tiempo en defensa de sus intereses, reproduciendo la cultura franquista que está asfixiando al país.

Resumen de la presentación por el Profesor Navarro en el simposio celebrado en la New York University el día 24 de abril, “Imperfect Transition and Challenges of the Present Victims of Francoism, Terrorism and the State”

No es cierto que la austeridad haya terminado: el techo de gasto muestra lo contrario

12 septiembre, 2017

Fuente: http://www.vnavarro.org

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, y en catalán en la columna “Pensament Crític” en el diario PÚBLIC, 25 de julio de 2017.

Este artículo cuestiona la postura promovida por el establishment político-mediático del país según la cual ya hemos salido de la crisis y el Estado ha terminado de aplicar medidas de austeridad y recortes del gasto público. El artículo se centra en lo ocurrido hace unos días en las Cortes Españolas, donde se aprobó el techo de gasto público, subrayándose una vez más que no había alternativas, algo que el artículo muestra que no es cierto. Se trata de un tema al que no se ha dado mucha visibilidad en los grandes medios del país pero que tiene una enorme importancia, pues perpetúa el subdesarrollo social de España, que es uno de los más acentuados hoy en la Eurozona.

Estamos hoy viendo en España que, una vez más, la gran atención mediática en el país está en lo que se llama el tema nacional o territorial, utilizado, como siempre, por el gobierno español de turno para movilizar a la población para defender “la unidad de la patria”, el eslogan que las derechas españolas siempre han utilizado para defender los intereses económicos que las financian, utilizando el sentir patriótico de la gente para sus fines particulares. Un ejemplo claro de ello es la situación actual.

El problema mayor que tiene hoy España es el enorme problema social (ver mi artículo “El nuevo régimen social de España”, Público, 23.06.17), que es ni más ni menos que el gran deterioro de la calidad de vida de las clases populares (que constituyen la gran mayoría de la población española), resultado directo de las políticas neoliberales (como las reformas laborales y los enormes recortes del gasto público que financian las transferencias sociales, como las pensiones, y los servicios públicos del Estado del Bienestar tales como la sanidad, la educación, la vivienda social, los servicios sociales, las escuelas de infancia, los servicios domiciliarios y otros) iniciadas por el gobierno de Zapatero y expandidas por el gobierno de Rajoy. He documentado extensamente a lo largo de estos años la naturaleza y extensión de esta crisis sin precedentes en el periodo democrático postdictatorial (ver Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015).

La gran falsedad promovida por el establishment político-mediático del país es que las crisis económicas y financieras, que determinaron la crisis política, ya han terminado. Se justifica tal optimismo con la aparición del crecimiento económico, lo cual se atribuye a las medidas aplicadas por el gobierno de Rajoy. La evidencia científica, fácilmente accesible para el que quiera verla, muestra, sin embargo, que la reversión del declive del crecimiento económico (que caracterizó la Gran Recesión) no se ha debido primordialmente a las medidas tomadas por el gobierno Rajoy sino (como han reconocido el Fondo Monetario Internacional e, incluso, el Banco de España) a factores externos (fundamentalmente la bajada de los precios del petróleo y los bajos tipos de interés debido a la política monetaria del BCE), que tienen poco que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Rajoy. Y la misma evidencia científica muestra que la enorme crisis social continúa en España, donde hay nada menos que 2,3 millones de empleos menos hoy que antes de que se iniciara la Gran Recesión; donde la precariedad laboral es lo que define la creación de empleo; donde el PIB per cápita no ha recuperado los niveles existentes en 2007; donde el 28% de la población vive en riesgo de pobreza o exclusión social, incluyendo el alarmante fenómeno de la pobreza laboral, es decir, pobreza entre personas que están trabajando a tiempo completo (15% de la población ocupada); y donde el 70% de los hogares continúan sin mejoras en sus condiciones de vida.

Pero la otra gran falsedad promovida por el establishment político-mediático español es que las políticas de austeridad impuestas por el gobierno de Rajoy han dejado de aplicarse, lo cual, no es cierto, pues tales políticas han continuado. Y la mejor prueba de ello es la aprobación del techo de gasto del Estado que ocurrió hace unos días en las Cortes Españolas. Tal medida fue una propuesta del gobierno Rajoy aprobada por las derechas españolas que incluyen, además del PP y su Frente de Juventudes (Ciudadanos), a las derechas vascas (PNV) y canarias (Coalición Canaria), así como a la “izquierda” canaria de Nueva Canarias (NC).

¿Qué es el techo de gasto público?

A primera vista tal término aparece como un concepto económico que la gente normal y corriente no entiende o aparentemente no le interesa, y ello a pesar de su enorme importancia. En realidad, las escuelas de sus niños, la sanidad de sus enfermos, la educación de sus jóvenes y adultos, la vivienda social, las escuelas de infancia y los servicios domiciliarios y una larga lista de servicios públicos, así como las transferencias públicas, tales como las pensiones, dependen en parte del techo de gasto público, que quiere decir del límite de gasto público del que el Estado puede disponer. Es uno de los indicadores más importantes para medir el compromiso del Estado con el desarrollo de sus funciones, incluyendo la provisión de servicios y transferencias a la sociedad, que quiere decir, a usted, lector.

Pues bien, tal techo de gasto público, es decir, techo de la cantidad que el Gobierno de Rajoy ha definido como el máximo dinero que el Estado se puede gastar es clara y excesivamente bajo, lo cual se hace para cumplir los famosos objetivos de estabilidad presupuestaria, que en lenguaje llano quiere decir bajar el gasto en transferencias públicas y en los servicios del Estado del Bienestar para reducir el déficit de las cuentas del Estado (es decir, la diferencia entre sus ingresos y sus gastos).

La pobreza del gasto público del Estado Español

El gasto público en España es muy bajo, mucho más bajo que en el promedio de la Eurozona (los países de la UE que utilizan el euro como su unidad monetaria). Y este bajo gasto público se debe en gran medida a que los ingresos públicos al Estado son también muy bajos; en realidad, de los más bajos de la UE-15. Pero la situación es incluso peor, pues no solo es de los más bajos, sino que desde el 2007 al 2015, mientras tales ingresos al Estado aumentaron en el promedio de la UE-15 un 1,2% del PIB, en España disminuyeron un 2,7%. Un dato que hay que tener muy en cuenta es que la mayoría de tal gasto es el gasto público social, es decir, el gasto en las transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar a los que me referí al principio del artículo. En realidad, el hecho de que los servicios sanitarios públicos, las escuelas públicas, la vivienda social, las escuelas de infancia, los servicios domiciliarios, los servicios sociales y otros (que son todos ellos esenciales para garantizar la calidad de vida y bienestar de las familias en España) tengan pocos recursos en este país, se debe a que este gasto público social sea cinco puntos del PIB más bajo que el promedio de los países de la Eurozona. Los datos están ahí para el que quiera verlos.

Y una de las razones de que sea tan bajo es que los ingresos al Estado son también muy bajos. En realidad, de los más bajos de la Eurozona. Tales ingresos al Estado son nada menos que ocho puntos del PIB más bajos que en el promedio de la Eurozona. Y a pesar de esta gran pobreza de los ingresos al Estado, la derecha, tanto la de siempre, el PP, como la nueva, Ciudadanos, hacen gala de sus propuestas de bajar tales ingresos, reduciendo los impuestos (algo que sistemáticamente beneficia más a las rentas superiores que a las medias e inferiores).

Y una de las mayores causas de la pobreza de recursos se debe a la regresividad de la política fiscal, que conlleva que las grandes empresas, las grandes fortunas y los más pudientes no aporten al Estado lo que deberían. Este déficit no es fácil de ver cuando se analiza lo que la población debería pagar en impuestos, según el tipo nominal impositivo, es decir, lo que en teoría deberían de pagar según su nivel de ingresos (que es parecido a los de la UE-15). Ahora bien, si en lugar del tipo nominal analizamos el tipo efectivo (es decir, lo que en realidad la gente paga en impuestos), entonces vemos que es muy bajo y ello es debido a la enorme cantidad de deducciones fiscales que caracterizan al sistema fiscal regresivo español. Ni que decir tiene que las deducciones son mucho más utilizadas por las rentas superiores que por las rentas medias e inferiores. La diferencia entre lo que nominalmente deberían pagar las grandes empresas y las rentas superiores, y lo que pagan, es nada menos que 37.000 millones de euros (solo en IRPF y en el IVA) que el Estado deja de ingresar, aproximadamente el déficit estructural que tiene la economía española (el déficit estructural contabiliza los gastos no-coyunturales del Estado, es decir, el déficit no producido en momentos de crisis, sino el déficit permanente del Estado).

Si sumamos a este déficit fiscal (37.000 millones), el fraude fiscal (al que el 80% es producido por los súper ricos y las grandes empresas, según datos de técnicos de Hacienda) que representa 90.000 millones de euros (según Carlos Cruzado, presidente de los técnicos del Ministerio de Hacienda), más los fondos que el Estado no recibe debido a la reducción de los impuestos al patrimonio y a la herencia, y lo que el IBEX-35 deja de pagar (que nominalmente debería ser un 25%, y en cambio paga solo un 7%, según reconoció recientemente el ministro Cristóbal Montoro), nos encontramos con una situación de injusticia fiscal enorme. Esta injusticia contribuye a deteriorar aún más dos fenómenos: uno es el aumento de la desigualdad en España, en donde el 1% de la población española con mayor patrimonio acaparaba en 2016 más de una cuarta parte de la riqueza del país (27,4%), mientras que el 20% más pobre se queda con un 0,1%, o que la fortuna de las 3 personas más ricas en nuestro país equivale a la del 30% más pobre. Y el segundo fenómeno es que en España son los trabajadores los que paguen la gran mayoría de los impuestos y los que sostienen el Estado del Bienestar. Nada menos que el 85% del esfuerzo fiscal en España recae sobre las rentas del trabajo. Puesto que del 2008 al 2016, las rentas del trabajo han caído un 6,1% (33.679M€), mientras que las rentas del capital han aumentado un 1,7% (7.850M€), es lógico que los ingresos del Estado también se hayan reducido.

Este fenómeno es bien percibido por la ciudadanía española, según el último barómetro del CIS sobre fiscalidad (julio 2016), ante la pregunta de ¿cree que los impuestos se cobran con justicia y pagan más los que más tienen? Un abrumador 86,6% cree que se cobran con injusticia. De hecho, la opinión mayoritaria de los españoles es que es preferible mejorar los servicios públicos aunque haya que pagar más impuestos (44,7%) que pagar menos impuestos aunque haya que reducir servicios públicos (solo 15,8%). No hay duda de que por el bien del país y de la población que vive en él, hay que terminar con la austeridad. Y para ello hay que aumentar los impuestos, pero no a las rentas del trabajo (a la mayoría de la población) sino a las rentas de capital (las minorías privilegiadas).

¿Y por qué el techo de gasto es tan importante?

La respuesta es fácil, pues el techo de gasto público es el máximo que el Estado pueda gastarse. Un Estado pobre tanto en su gasto público social y como en sus ingresos fiscales, está condenado a una subfinanciación continua y eterna. Pues bien, el techo de gasto aprobado el martes 11 de julio en las Cortes Españolas impone que el máximo que el Estado se podrá gastar en el 2018 (ya en esta España supuestamente recuperada) es de 119.834 millones de euros, que es mucho menor (en realidad, 62.000 millones de euros) del que había en 2010 (ocho años antes).

Es más, el crecimiento de tal gasto máximo (1,3%) será mucho menor que el crecimiento de la economía que el gobierno calcula (4,3%). Ello determina que el gasto máximo que el gobierno permitirá, expresado como porcentaje del PIB, será el más bajo desde 2005 (repito, ¡desde 2005!). Ello quiere decir que el nivel máximo del gasto es semejante al que teníamos doce años atrás, a la vez que las necesidades del país han ido aumentando considerablemente. En base a estas cifras, concluir (como hace el establishment político-mediático) que ha llegado el fin de la austeridad es sencillamente una farsa.

Sí que hay alternativas a la austeridad

Es preocupante constatar que el establishment político-mediático del país guarda un silencio ensordecedor sobre este tema, presentándolo como un tema meramente técnico y económico, cuando en realidad es un tema profundamente político (como son la mayoría de temas económicos). Es urgente que se rompa tal silencio, pues para revertir las políticas de austeridad es necesario cuestionar y negar la lógica del techo de gasto, que distorsiona el debate sobre la política presupuestaria, desarrollando a la vez un marco alternativo basado en un concepto opuesto y distinto al concepto de techo de gasto, que es el establecimiento de un suelo de ingresos, es decir, que en lugar de fijarse tanto en el límite de gasto, se enfatice una cantidad de ingresos del Estado, que no pueda caer por debajo de ese suelo. Hay que aplaudir que por primera vez una fuerza política en el Congreso de los Diputados (Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea) haya iniciado este debate, introduciendo el concepto del “suelo de ingresos” (que unos días después hizo también suyo el PSOE), lo cual es de enorme importancia. Esta fuerza política también ha hecho la propuesta de expandir el techo de gasto, añadiendo 19.500 millones de euros al conjunto de los fondos asignados a Administraciones Públicas. Estos 19.500 millones más (que se podrían haber conseguido fácilmente gracias a mejorar los ingresos públicos) hubieran servido para: subir las pensiones no contributivas (850M€); para actualizar las pensiones al nivel de precios de consumo, considerando la inflación (1.600M€), lo cual no se está haciendo hoy en España; para recuperar los sueldos de los funcionarios (400M€), para aumentar la dotación en becas (75M€); para un ambicioso Plan de Renta Garantizada (3.200M€); para una prestación por hijo a cargo (400M€); y para financiar el ineludible Plan Nacional de Transición Energética (1.500M€). Estas propuestas que aquella fuerza política realizó son razonables y totalmente factibles, aunque predeciblemente fueron denunciadas por las voces neoliberales que todavía predominan en gran parte de la cultura económica y política del país como gastos imposibles de aceptar, pues, según ellos, romperían con las arcas del Estado, siendo esta la frase predecible que se utiliza en el dogma neoliberal que todavía domina hoy el establishment político-mediático que existe en el país, y que ahora nos vende el mensaje de que ya hemos salido de la crisis y que ya hemos dejado la austeridad atrás. Su desfachatez no tiene límites.

Sobre azafatas, becarios, vientres de alquiler y capitalismo

9 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Son numerosas las ocasiones en que, en nuestras sociedades, se apela a la libertad del individuo para permitir las cosas. Es el caso de las azafatas cosificadas en eventos deportivos; el pasado mes de mayo en el circuito de Fórmula 1 de Barcelona se repitió el debate, y antes en Jérez de la Frontera. Organizaciones feministas y algunas políticas critican que se utilice como reclamo sexual del hombre y proponen eliminar la figura de la azafata sensual y ligera de ropa. Frente a ello, los defensores recurren a testimonios de algunas de esas mujeres justificando su trabajo y defendiendo su libertad individual.

El tema surgió de nuevo con los becarios de los restaurantes de lujo. No cobraban, pero los defensores expusieron a algunos de ellos defendiendo su labor porque aprendían y se abrían un hueco en el mercado laboral.

Ahora toca el turno a la gestación subrogada o vientres de alquiler. De nuevo se apela al derecho de la mujer a disponer de su útero para gestar un niño para otros.

Existe una constante entre quienes defienden azafatas floreros, becarios sin sueldo y vientres de alquiler: la libertad de elección de todos ellos. Esto nos hace reflexionar sobre el concepto de libertad en el capitalismo, es decir, en un sistema de reparto desigual de la riqueza, en un sistema que no garantiza tener cubiertas necesidades básicas (vivienda, alimentación, trabajo…) y menos aún en un marco internacional donde 795 millones de personas pasan hambre. En esta situación de desesperación no faltarían personas dispuestas a la mayor de las humillaciones para poder dar de comer a su hijo, habría refugiados y víctimas de catástrofes dispuestos a trabajar solo por un plato de comida. Si vas a la India y pones 30.000 euros encima de la mesa a cambio de un riñón, aparecerán miles de “voluntarios” dispuestos a donártelo “libremente”. ¿De verdad creemos que actúan todos ellos en libertad? En el capitalismo uno nunca es libre si necesita a otro (empresario que le contrate) para poder sobrevivir.

No se puede aceptar el criterio de que vale todo lo que alguien está dispuesto a asumir. Incluso en nuestro derecho mercantil existe el concepto de cláusulas abusivas en contratos en los que las dos partes pueden estar dispuestas a firmar. Las cláusulas abusivas de muchos bancos que ahora se están declarando ilegales las firmaron voluntariamente muchas personas. Probablemente muchas personas aceptarían –lo hacen– tener sexo a cambio de un contrato. Es voluntario, nadie les obliga. ¿Seguro? Cuando existe una necesidad básica sin satisfacer lo que haces para poder conseguirla no es libertad. Y tampoco resultará creíble la concesión generosa: el niño no trabaja diez horas al día ni voluntariamente ni por generosidad, el riñón no lo da un indigente indio a un estadounidense ni libremente ni por solidaridad y el hijo que una mujer pobre ha gestado durante nueve meses en su útero tampoco nos creemos que lo regala a unos ricos por razones humanitarias.

La auténtica libertad surge de las condiciones materiales, como decía Rousseau en El contrato social, que “nadie sea tan pobre como para querer venderse y nadie sea tan rico como para poder comprar a otros”.

Quienes pretendemos dignificar trabajos de azafata, becarios y mujeres nos hemos encontrado enfrente a todas las personas que sacan al mercado su cuerpo cosificado, su fuerza de trabajo o su útero. Ya sucedió en América Latina ante campañas de las ONG contra el trabajo infantil. Quienes más se oponían eran las familias pobres y sus niños porque necesitan ese dinero.

No tienen razón los explotadores que esgrimen la libertad y la voluntad como argumento para que les dejemos seguir exprimiendo a otros seres humanos. Pero tampoco quiénes se oponen si siguen defendiendo un modelo capitalista de sociedad donde es el dinero el que define lo que se puede o no se puede lograr. Si queremos que nadie se aproveche de la pobreza de los demás, se respete la dignidad de las personas y no se mercantilicen los cuerpos se debe ser anticapitalista.

Instrucciones para triunfar como político y como columnista

2 septiembre, 2017

Fuente: http://www.blogs.publico.es

19Jul 2017

Pascual Serrano (@pascual_serrano)

Periodista

Es curioso observar qué tipo de perfil personal, imagen pública o comportamiento mediático triunfa en los medios. Dos de ellos resultan dignos de análisis: los políticos y los columnistas de prensa. Respecto a los primeros descubrimos que resulta muy rentable aparentar ser modoso, cándido, recatado, blando, incluso, por qué no decirlo, casi medio tonto hasta el punto de ser objeto constante de burla y mofa. No nos referimos a todos los políticos, claro está, sino a los líderes de partidos mayoritarios. El objetivo es despertar rechazo o animadversión en el mínimo porcentaje de electores, de ahí que cuanto más plana sea su personalidad más servirá de comodín. Si además explotas tu imagen de bobalicón y poco inteligente el resultado es muy positivo, porque parece que los ciudadanos te perdonan todo con tal de que puedan creerse más listos que tú. El líder político permite su escarnio mientras encajamos su corrupción y robo. La burla se convierte en una válvula de escape al servicio de la reacción: te puedes reír del político mientras te roba. Humoristas y ciudadanos pueden llamar todos los días y a todas horas gilipollas y lerdos al presidente del gobierno, a Pedro Sánchez, a Albert Rivera, a Toni Cantó sin que nadie se moleste. Parece como si gran parte de la ciudadanía y de los periodistas se sintiesen cómodos riéndose de Mariano Rajoy juzgándolo corto de luces, a cambio de mantenerlo al frente del gobierno pero encantados de considerarse más inteligentes que su presidente. Frases como la de “cuanto mejor peor…” o “es alcalde el que quiere…”, no solo no tienen un coste político para Rajoy, sino que le hacen quedar como una persona sencilla, inocente y, por supuesto, con menos luces que nosotros. ¿Cómo me va a engañar o robar alguien más tonto que yo?

Expresiones de ese tipo o esa imagen que no crea enemigos, es algo muy importante en política cuando sabes que ni tu programa ni tu ideario levanta pasiones. Lo dijo Rajoy en otra de sus frases de Perogrullo: “Lo importante es caerle mejor a más que a menos”. Ni mejorar la sanidad ni construir escuelas, caer bien es la clave. El político acepta con humildad el desprecio de la joven generación, pero no le preocupa porque sabe que no maquinan su derrocamiento, a lo más utilizarle como objeto de chiste y sorna.

Sin duda aparentar poca capacidad mental es buena cosa para triunfar en la política española. Ahí está la trayectoria de Esperanza Aguirre, la lanzaron al estrellato los chistes burlándose de ella cuando era ministra de Cultura y la sorna del programa de humor Caiga quien caiga (CQC). No importaba que fuese mentira aquella reacción de Aguirre preguntando quién era la escritora Sara Mago, mientras nosotros nos reíamos. Miren qué clarito lo cuenta la lideresa en su biografía de 2006 escrita por Virginia Drake: “[Los reporteros de ‘CQC’] Me perseguían siempre, me querían pillar en todo y yo me lo tomaba a broma, pero mis jefes de prensa no hacían más que advertirme de cuándo aparecían para que saliera por otra puerta. Yo no les hacía caso, porque entendí que ‘CQC’ me proporcionaba una popularidad enorme y la posibilidad de darme a conocer, algo que hubiera costado muchísimos millones lograr”. ¿Qué daño puede hacer una política pija, que ni sabe quién es José Saramago, a alguien como a mí que me he leído sus libros? Y miren cómo dejó la sanidad y las cuentas de la Comunidad de Madrid.

Ahora veamos el caso de los columnistas. Aquí la forma de destacar es pegar patadas a la mesa, lo de menos es que sea con lucidez o talento. Hay que soltar un eructo en la comida o un sonoro pedo en el teatro para llamar la atención y que hablen de ti. Salvador Sostres lo sabe bien, nadie habla en positivo de una columna suya, pero todos lo leen para comprobar su última mamarrachada. Y a subir las estadísticas de accesos en internet. Javier Marías se ha apuntado al formato y ahora está más en el candelero que nunca. La fórmula es sencilla. Te encuentras, por un lado, en los días en que se celebra en WorldPride en Madrid; por otro, en tiempos en que la reivindicación de la mujer y el feminismo tiene una presencia y apoyo generalizado en los medios, y, por último, que próximamente se va a conmemorar el primer centenario del nacimiento de la poetisa Gloria Fuertes, como es sabido, feminista y lesbiana. Pues ya está, Marías escribe en El País una columna diciendo Gloria Fuertes no es una buen poeta y no hay que tomarle muy en serio, hace carambola y lo peta. Le responde en un tuit Pablo Iglesias llamándole “pollavieja”, el humorista Joaquín Reyes contraataca con otra columna de coña en el mismo diario que es referenciada en los mediosvuelve a responder Marías. Una orgía de chupar protagonismo en las redes.

Para triunfar en el columnismo hay que ser un trol, ni escribir bien ni tener ideas originales. Y además alardear de ser un bronca, como esos ultraderechistas xenófobos que se califican en su perfil de Twitter como “políticamente incorrectos” (y “mentalmente limitados” añadiría yo).

Parece que vamos en camino de cumplir la predicción de la distopía de la comedia cinematográfica Idiocracia, donde retrasados mentales, actores porno y mentes infantiloides acaban gobernando el mundo. Eso sí, con el apoyo de Sostres y Marías, y los medios que ganan dinero cuando leemos sus columnas que nos encabronan.

Perlas informativas del mes de agosto de 2017

1 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Internacional

Excarcelamiento

Cuando el juez ordena encarcelamiento, los medios publican que lo ordena Maduro y cuando es un excarcelamiento dicen que es la policía ( El País, 4 de agosto).

Pieza de El País
Pieza de El País

Unas decenas

Extra, extra, los venezolanos salen a la calle a protestar contra el gobierno. Bueno, unas decenas en una ciudad ( ABC, 6 de agosto).

Pieza de ABC
Pieza de ABC

Caos y sublevación

‘El caos reinó en Venezuela’ dice Tele5 el 7 de agosto porque un militar retirado y unos civiles disfrazados atacaron un cuartel. O “aplasta una sublevación militar”, según El Economista.

Pieza de El Economista
Pieza de El Economista

Rey bueno

Este sí que es un líder democrático que merece nuestro apoyo y no el de Venezuela que ni siquiera tiene sangre azul ( Efe, 7 de agosto).

Pieza de EFE en Público
Pieza del Público

Prefieren infidelidad

Pues como en España y en cualquier democracia, en eso consiste, en que los militares sean fieles al gobierno civil elegido. Parece que eso moleste en Venezuela ( El Mundo, 8 de agosto).

Pieza de El Mundo
Pieza de El Mundo

Joven introvertido

Cuando un nazi mata gente, en El País el 14 de enero se llama “joven introvertido y simpatizante de grupos supremacistas blancos”.

Tweet de El País
Tweet de El País

35 y 1.300

Mientras todos los medios informan de los 35 muertos en las inundaciones de Estados Unidos ignoraban los 1.200 de las inundaciones esos mismos días en Bangladesh y Nepal ( BBC, 30 de agosto).

España

Hucha de un niño

En España estamos muy orgullosos de que nuestra sanidad se financie con la hucha de los ahorros de un niño de 5 años ( La Sexta, 26 de julio).

Pieza de laSexta
Pieza de laSexta

Torturas en España y en Venezuela

Esta es la portada del diario El País el día que la ONU condena torturas en España y el día que condena a Venezuela (gracias a @AntonioMaestre).

Portadas de El País
Portadas de El País

Helados para perros

A mí me parece que esto del amor a los animales se nos está yendo de las manos (El Asombrario, 15 de agosto).

Helados para perros
Helados para perros

Antisistema

Como alguien dijo en un tuit, si los que se enfrentan al fascismo son antisistema es que nuestro sistema es fascista. ( Tuit Antena3, 18 de agosto).

Extrema derecha y "antisistemas", según Antena 3
Extrema derecha y “antisistemas”, según Antena 3

Triunfar con la muerte

Han muerto más de quince personas, pero qué bien nos han ido las audiencias (tuit RTVE, 19 de agosto).

TVE presume de audiencia después de los atentados
TVE presume de audiencia después de los atentados

Inda en acción

Pues sí, aquí ya vale todo. Bajo el titular de la imagen, el medio dirigido por Inda publica la fotografía en primer plano del rostro ensangrentado de Younes Abouyaaqoub tras ser matado por los Mossos. (Okdiario, 21 de agosto).

Portada de OkDiario.
Portada de OkDiario.

Profesión

Ya lo comentaron en algún tuit, de profesión musulmana (TVE, 26 de agosto).

Rótulo de TVE
Rótulo de TVE

Oráculo Marhuenda

No es que presente como periodismo la opinión, lo suyo ya es predicción de futuro ( tuit del 29 de agosto).

Tuit de Francisco Marhuenda
Tuit de Francisco Marhuenda

Pascual Serrano es periodista. Su último libro es ‘Medios democráticos. Una revolución pendiente en la comunicación’. Akal.

Miguel Ángel Blanco: de asesinos y de hipócritas

28 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Ese día, el azar quiso que yo estuviera en el interior del Congreso de los Diputados. Había pleno y las bancadas estaban abarrotadas de parlamentarios que comentaban la noticia. Nunca olvidaré los rostros de Eduardo Zaplana y de Ángel Acebes. Estaban lívidos, indignados, anímicamente hundidos, más enfadados que tristes… No estaban fingiendo ni sobreactuando; realmente se veía que estaban destrozados. Los gestos de dolor y de rabia se percibían en toda el ala derecha del hemiciclo…

La escena que acabo de describir no corresponde al día del secuestro ni al del asesinato de Miguel Ángel Blanco, sino a un hecho que se produjo casi nueve años después. Era un 22 de marzo de 2006 y ETA acababa de declarar un alto el fuego permanente que se interpretaba como el verdadero principio del fin de la sangrienta banda terrorista. El semblante cariacontecido de los dirigentes populares fue muy comentado entre los veteranos periodistas que cubrían, desde hace largos años, la información parlamentaria. Los etarras llevaban más de tres años sin matar y todo apuntaba a que, muy probablemente, jamás volverían a hacerlo. ¿Por qué, entonces, ese indisimulado cabreo entre los populares? ¿Era, como apuntaban algunos analistas, sencillamente, porque no soportaban que el fin de la violencia llegara bajo un Gobierno que no fuera el suyo?

No daré yo la respuesta. Me limitaré a enmarcarla en la actitud que el PP y su legión mediática han mantenido siempre frente al terrorismo y que revela unas cotas de hipocresía y mezquindad difícilmente superables. Si alguien cree que estos calificativos son demasiado gruesos, que repase los informes policiales que apuntan a que el PP se financiaba irregularmente (también) desviando fondos destinados a homenajear a Miguel Ángel Blanco y a las víctimas del 11M. Quizás esta mercantilización corrupta de quienes cayeron bajo la barbarie terrorista sea el hecho más repugnante, pero ni de lejos es el más grave. Lo verdaderamente execrable es que al Partido Popular le ha interesado más utilizar políticamente a ETA, para sacar réditos electorales, que acabar con ella.

Es por eso por lo que, inmediatamente después de la escena que he descrito al inicio de este artículo, el PP y sus medios mercenarios se pusieron manos a la obra para abortar el incipiente proceso de paz de 2006. No dudaron en sacar a las víctimas a la calle y a pasearlas por los platós de televisión; a cuestionar cada paso que daba el Gobierno; a exigir, en ese momento de tregua, mayor rigor policial y judicial contra los etarras que cuando estos mataban diariamente. En tertulias, columnas e “informativos” se acusaba al Ejecutivo de ser cómplice de ETA y el mismísimo Mariano Rajoy no dudaba en decirle a Zapatero, desde la solemne tribuna del Congreso, que se había propuesto “traicionar a los muertos y permitir que ETA recupere posiciones…”.

Aunque discutible, esta posición habría sido legítima si el PP no hubiera tenido un pasado. Un pasado que, si nos pusiéramos al nivel falaz y embarrado del que hizo gala Rajoy, estuvo repleto de traiciones a los muertos. Un pasado de ‘buenrrollismo’ con los etarras que, precisamente, comenzó poco después de la muerte de Miguel Ángel Blanco. Solo habían pasado cuatro meses, cuatro, del secuestro y vil asesinato del concejal popular cuando el entonces portavoz del Gobierno, Miguel Ángel Rodríguez, afirmó públicamente que en la solución al conflicto vasco “no debe haber vencedores ni vencidos”. No era una declaración gratuita, el Ejecutivo sabía que se estaba fraguando una posible tregua y esa mera esperanza le llevó a realizar todo tipo de guiños a los terroristas. Mientras la banda seguía asesinando, entre atentado y atentado, el presidente Aznar aprovechaba cada entrevista periodística para ofrecer “generosidad” a los terroristas si dejaban de matar y para mostrarse decidido a “ser comprensivo” con los criminales.

Tras abonar el terreno desde la Moncloa, la tregua llegó y provocó ese aluvión de generosidad prometido por el Gobierno del Partido Popular. Poco importaba que hubieran pasado solo 13 meses desde la muerte de Miguel Ángel Blanco y apenas 80 días del asesinato del también concejal, Manuel Zamarreño. Lo de menos es que Aznar llegara a llamar a ETA, públicamente, “Movimiento Vasco de Liberación”, lo realmente trascendente es que el Ejecutivo acercó a más de 120 presos etarras a cárceles del País Vasco, metió la cuestión navarra en el debate político sobre el futuro de Euskadi, excarceló a decenas de reclusos de la organización terrorista, permitió el regreso a España de más de 300 miembros de la banda que residían fuera de nuestro país y negoció en Zurich, cara a cara, con los asesinos. Todo ello lo hizo a pesar de que las calles de Bilbao, Donostia o Rentería seguían incendiadas por la kale borroka. Entonces y siempre, el Gobierno del PP contó con el apoyo unánime de toda la oposición y de los medios de comunicación que no cuestionaron ni uno solo de sus pasos. Así fue y así debía ser porque el objetivo de conseguir que ETA dejara las armas merecía la pena.

Los políticos que tomaron todas aquellas generosas medidas y los periodistas palmeros que aplaudían cuando Aznar acercaba etarras o les llamaba libertadores, son los que seis años más tarde y con casi 200 cadáveres encima de la mesa, intentaron engañar a toda España vinculando a ETA con el 11M. Son los que dos años después de aquella histórica mentira masiva recibieron con aspecto fúnebre la tregua del 2006 y, después, se lanzaron a boicotear el proceso de paz, aún a sabiendas de que si lograban su objetivo, volverían los atentados y las calles se cubrirían nuevamente de sangre.

Esos son los que todavía tratan de darnos lecciones, presentándose ante la sociedad como cruzados justicieros, luchadores implacables contra ETA y defensores a ultranza de sus víctimas. Son los mismos que hoy están sacando a los presos etarras por la puerta de atrás de las cárceles mientras sus lacayos mediáticos callan. Son los que siempre han utilizado el terrorismo como arma política para arañar un puñado de votos e incluso, según estamos sabiendo ahora, para desviar unos cientos de miles de euros a sus cuentas corrientes. Son los que beatifican a las víctimas que creen que responden a sus intereses y desprecian, sin más, a aquellas que no les siguen el juego. Son los que rezan por “sus” asesinados mientras se burlan de la madre de una víctima del 11M, llaman filoterrorista a un socialista herido de por vida por una bomba lapa y justifican impúdicamente las decenas de miles de crímenes cometidos por el franquismo.

La mayoría de los españoles siempre hemos estado contra todo tipo de violencia y hemos apoyado al Gobierno, fuera del color que fuera, para que explorara el camino hacia una paz definitiva en Euskadi. Los otros, hoy que ETA ya empieza a ser solo un mal recuerdo, intentan seguir ordeñando la vaca terrorista para desviar la atención de sus recortes, sus salarios de miseria y, sobre todo, de sus corruptelas. Es por ello y solo para ello por lo que, en estos días, no dudan en instrumentalizar la figura de Miguel Ángel Blanco para arrojarla, sin pudor, contra sus adversarios políticos.

Desprecio de clase

27 agosto, 2017

Fuente: http://www.lamarea.com

Por Antonio Maestre

“Odi profanum vulgus, et arceo”. Se trata de una sentencia latina acuñada por Horacio que significa “odio al vulgo ignorante, y me alejo de él”. Es uno de los términos primigenios que explica el clasismo y la necesidad de mantenerse en un plano de superioridad de las clases dominantes. Aunque también de aquellos alienados que compran el relato que los margina y que son utilizados sin darse cuenta como quintacolumnistas de la clase obrera. Gente humilde con ínfulas que suplica un puesto entre los de arriba a costa de avergonzarse del lugar del que procede.

Los clasistas menosprecian y tratan de humillar a cualquiera que desde los barrios populares alcance lugares que creen reservados a los de su estirpe por nacimiento y origen. Atacan de manera furibunda a cualquiera que se haya esforzado de verdad. El que ha tenido una vida fácil, acomodada, privilegiada, no soporta que un elemento extraño de la plebe alcance con muchos más sacrificios el mismo sitio que ellos ocupan por razón social. No toleran que alguien del estrato social más bajo y sin capital social ni económico cuestione su posición heredada y quite el lugar que algunos tienen asegurado vía sanguínea o dotada por un conocido del colegio El Pilar. El dinero importa, pero no tanto como esa red social tejida a lo largo de la historia en la que unas pocas familias ocupan los lugares de preponderancia a costa de cortar el paso a los que valen mucho más pero no tienen amigos, conocidos o familia en los puestos de decisión.

En ocasiones, los clasistas pueden aceptar a algún individuo extraño en su círculo. Alguien que por su talento, esfuerzo, y suerte -el factor olvidado pero imprescindible- rompe las barreras de su clase y sale de un barrio obrero para alcanzar las cotas sociales que no le pertenecen. Para ello tiene que renegar de sus orígenes y aceptar el ideario neoliberal, matar al padre y olvidarse del relato de lucha de clases, de la solidaridad, del juntos somos fuertes y separados estamos jodidos. Avergonzarse de lo que es. Renegar de su ser.

Solo aceptan a individuos sin conciencia de clase para que no puedan contaminar con ideas ajenas los lugares de decisión y representación. A veces, las menos, algún elemento de los estratos populares que ocupa el lugar que no le corresponde no se adapta al relato del individualismo y de la cultura del esfuerzo. En vez de plegarse pone en valor el lugar de donde viene. Se enfrenta de manera sistemática al relato de marketing liberal que transmite que solo importa el tesón individual y que el origen social es sólo una excusa de las clases populares para no alcanzar sus metas. Cuando eso ocurre, ese elemento extraño es denostado de forma inmisericorde por los clasistas, aunque con escasa capacidad argumental.

La conciencia de clase es el elemento más peligroso para los de esta especie. Pone en cuestión todo sobre lo que se sustenta la psique política de su discurso basado en el individualismo y en la segregación del “nosotros” obrero. Según el filósofo Byung Hul Chan, el neoliberalismo ha logrado la alienación total del trabajador al convertirlo en empresario de sí mismo, en lo que denomina la “dictadura del capital”:

“Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema”

Esto supone negar la premisa misma de la revolución social, la existencia de la conciencia de que existen un explotador y un explotado. El sujeto se culpa y se aísla y convierte a su misma persona en culpable de su situación, mira a su interior en vez de mirar hacia arriba. La agresividad es autoinfligida, el yo revolucionario se torna depresivo. Por eso los garantes del sistema, los alienados, y los pusilánimes que necesitan ser aceptados por las élites atacan de manera iracunda a cualquiera que apele al nosotros.

La burbuja clasista del periodismo

“Hace tiempo, no describíamos la existencia de la gente común: formábamos parte de ella. Vivíamos en los mismos barrios. Los reporteros se percibían a sí mismos como miembros de la clase obrera. […] Y luego, personas más instruidas se han hecho periodistas, el salario aumentó; jóvenes aún mejor formados quisieron integrarse en la profesión. Antes, los reporteros tenían un nivel de vida ligeramente superior al de sus vecinos de su barrio, obreros. Desde los años 80, los periodistas tienen un nivel de vida ligeramente inferior al de sus vecinos de barrio, empresarios y abogados […] Su vida cotidiana les hace mucho más sensibles a los problemas de los privilegiados que a la suerte de los trabajadores que reciben el salario mínimo”. Son palabras de Richard Harwood, periodista d The Washington Post, recogidas por Serge Halimi en ‘Los nuevos perros guardianes’, narrando la evolución del periodismo en EEUU y mostrando la evidencia de uno de los mayores males de las cúpulas periodísticas y de algún redactor de base en nuestro país.

Sorprende, y alarma, que algunos periodistas puedan llegar a creer que trabajar dieciséis horas sea una invención. Que piensen que es imposible que un alumno de un barrio humilde esté dispuesto a dejar en segundo plano sus estudios para ser explotado por un sueldo mísero en un negocio de hostelería y satisfacer así los deseos inculcados por la publicidad. El simple hecho de dudar de unas cuestiones tan habituales, no ya en los años 90, sino en 2017, muestra una lejanía de la realidad que impide a cualquiera que se dedique a ser notario de la verdad ejercer su trabajo con un mínimo de rigor. La burbuja endogámica en la que viven muchos de los que narran las noticias al resto de la población les impide tener una visión acertada de la vida cotidiana de un ciudadano normal. No extraña que en algunas redacciones no sepan ver ni analizar movimientos como el 15M, el Brexit o la victoria de Trump. La distancia y el desdén con el que miran a la gente normal, gente de barrio, les obliga a inventarse palabras como posverdad cuando esas personas que trabajan dieciséis horas, y a las que niegan su misma existencia, se rebelan y echan por tierra todas esas previsiones, conclusiones sacadas de conversaciones de reservado de restaurantes de chefs Michelin. La realidad se encontraba en las cocinas de esos restaurantes, pero no la narraba el multipremiado cocinero, sino el silencio obligado del ‘stagier’.

Hasta que los puestos de representatividad en el periodismo no sean ocupados por mujeres, migrantes o ciudadanos de clase obrera, el problema de miopía se agravará. La profesión está cada día más alejada de la calle, de los barrios, de los pueblos, de las pedanías humildes. Es posible que la precarización del sector espabile de golpe a todos aquellos que habían olvidado su papel. Decía Montero Glez que el trabajo de un periodista es el de informar al pueblo. No hay nada mejor para eso que ser pueblo; o al menos, si el devenir no te ha otorgado una posición social humilde, aprender a no despreciarlo.

Zoido tiene razón: el efecto llamada existe

26 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Alguien debe vencer el miedo a la corrección política y alguien tiene que decirlo. Aunque el ministro Zoido no lo sepa, tiene razón. Existe un “efecto llamada”, pero no entre los migrantes, sino entre los ministros del Interior. Todo aquel que piensa que él es la Justicia siente la poderosa llamada de la cartera del Interior y acude como los osos a la miel o las moscas a la mierda.

Todos los tipos algo toscos en su manera de expresar su respeto a la legalidad vigente, confusos a la hora de manejar los conceptos de ley y orden, dispersos a la hora de distinguir entre el trabajo de policía al servicio de los ciudadanos y el trabajo de vigilante al servicio del ministro, con dificultades para empatizar con todo aquel ser humano que venga de fuera, hable otra lengua o sea diferente, se sienten irremediablemente llamados por un cargo que, al parecer, les permite hacer realidad esos sueños húmedos seguramente pergeñados durante tantas horas de películas de Charles Bronson y Chuck Norris.

La evidencia empírica sobre el “efecto llamada” en el Ministerio del Interior se acumula de manera abrumadora e incontestable. Primero tuvimos a Jorge Fernández Díaz, el ministro con un ángel que le aparcaba el coche, una brigada de Vengadores que le ayudaban a defender la unidad de España con sus dosieres y un ultraradar que le permitía detectar bolivarianos, independentistas e inmigrantes ilegales sólo con oírles respirar. Quedan ya para la Historia los centenares de miles de migrantes que acampaban a las puertas de Ceuta y Melilla listos para invadirnos y que sólo el ministro podía ver con sus superpoderes.

Ahora tenemos a Juan Ignacio Zoido, el ministro que siempre tiene algo que hacer en Sevilla los fines de semana, reparte medallas y destinos dorados entre los más leales y fieles servidores de su excelentísimo antecesor y avisa a las ONG que les va a poner un código de conducta para que dejen de animar a los migrantes a cruzar el Mediterráneo prometiéndoles unas vacaciones inolvidables con rescates llenos de riesgo y aventura excitantes. Su elaborada distinción entre “ayudar”, “favorecer” y “potenciar” para insinuar que los rescates de las ONG promovían un “efecto llamada” a la inmigración irregular demuestra que se perdió el capítulo de Barrio Sésamo dedicado a la humanidad.

Por supuesto, no existe ese supuesto “efecto llamada” que atrae a miles de migrantes que escogen su ruta perfectamente informados sobre las ventajas de las diferentes legislaciones migratorias nacionales, las comodidades de los barcos de las ONG o la permisividad de las vigilancias fronterizas conchabadas con mafias que siempre corrompen a las policías de los demás –nunca a la nuestra–.

No encontrarán un solo dato oficial o fiable que respalde las existencia de un efecto que solo se basa en los prejuicios, el racismo encubierto y la xenofobia disfrazada de preocupación por las victimas de las mafias. Al contrario, la información disponible nos dice que son países como Italia o Grecia quienes soportan hasta diez veces más la supuesta presión migratoria o “portuaria” que el Ministro alega para que España incumpla sistemáticamente sus compromisos de acogida con la UE mientras, eso sí, cobra puntualmente los millones de euros que Bruselas paga generosamente para financiar esos mismos compromisos incumplidos.

Las ONG responden a Zoido: “Creen que dejando morir a miles de refugiados disuadirán a quienes huyen”

24 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Primero fue Frontex, después el  fiscal de Catania. Luego llegó la propuesta de Italia y Libia de elaborar un código de conducta para “controlar” a las ONG que han desplegado barcos de rescate en el Mediterráneo. Este jueves fue el turno de Juan Ignacio Zoido. El ministro del Interior español ha insinuado que algunas organizaciones sociales “favorecen o potencian” la inmigración irregular por salvar a personas en peligro en el mar.

El Gobierno retoma así el antiguo argumento del “efecto llamada” para sumarse a lo que algunas ONG consideran como “una campaña” contra las organizaciones que, hace cerca de dos años, se vieron empujadas a movilizar barcos de rescate en el Mediterráneo ante las incesantes muertes de migrantes y el bloqueo de las autoridades europeas de una operación conjunta de salvamento marítimo. 

“Hay que concienciar a las ONG de que se está para ayudar y no se está para favorecer o potenciar la inmigración irregular, cuando esa inmigración irregular está dando lugar a que corran peligro en el Mediterráneo, como está sucediendo con demasiada frecuencia”, señaló el responsable de Interior sobre la medida estudiada en Bruselas que plantea la creación de un código de conducta para controlar la actuación de las organizaciones que rescatan embarcaciones de migrantes.

Aunque ya empiezan a acostumbrarse a las acusaciones recibidas, las ONG que cada mes están salvando centenares de vidas no han tardado en responder. “¿Ayudar a quién? No estamos para ayudar a los Estados insolidarios y sus políticas de externalizar fronteras que buscan frenar la llegada de quienes huyen. Estamos sacando del agua a la gente que deberían rescatar los Estados miembros”, contesta Paula Farias, responsable del proyecto de rescate de Médicos Sin Fronteras.

“Desde hace años, miles de personas desaparecen intentando llegar a Europa. Respondemos a una situación que ya existía antes de llegar nosotros”, señala Óscar Camps, director de Pro Activa Open Arms. “Desde que hay más ONG, hay más ojos. Vemos que ocurrían muchas más muertes de las que cuentan las cifras oficiales y eso no les gusta”, apunta.

“La UE y Frontex creen que dejando morir a unos miles de refugiados generarán un efecto disuasorio sobre quienes quieren huir”, asevera con indignación Camps. Por eso, dice, “han iniciado esta campaña en contra de nosotros, a la que se ha unido Zoido”.

“Para quienes huyen, lanzarse al mar no es una opción”

Tanto el director de la organización catalana como la responsable de la operación de salvamento de MSF recuerdan la suspensión de la operación de rescate italiana Mare Nostrum, que salvó 170.000 vidas. A su juicio, a partir de entonces, los Estados miembros dejaron un vacío que, dicen, se vieron obligados a suplir.

“La UE no destinó los fondos que pedía Italia sabiendo que esto traería miles de muertos. Continuó llegando cada vez más gente. Estamos en el Mediterráneo porque no es necesario que nadie fallezca en el mar”, añade Camps.

“El discurso del ‘efecto llamada’ es miserable porque pone sobre la mesa el debate de dejar que la gente se ahogue o rescatarlos. Si alguien piensa que, porque no haya una operación de salvamento, van a descender las salidas de Libia es que no entiende en absoluto la base de este problema”, considera Farias, que recuerda que, para estas personas, “lanzarse al mar no es una opción”.

Desde MSF, una de las primeras organizaciones en decidir enviar buques de salvamento al Mediterráneo, reiteran las explicaciones con las que, desde hace meses, responden a cada una de las acusaciones recibidas por salvar vidas en el mar. “Enviamos barcos de rescate porque las personas morían al ritmo de una guerra. Si estuvieras al lado de una persona que se está ahogando, ¿qué harías?”, sostienen en un vídeo realizado para desmontar argumentos que culminan en frases como las que Zoido hizo suyas este jueves.

“El código de conducta pretende eliminar testigos”

El “código de conducta” estudiado planteado por la Comisión Europea pretende poner a  estas organizaciones bajo control de las guardias costeras de Italia y Libia, que podrían así restringir su capacidad de salvar a los pasajeros de las inestables embarcaciones en las que viajan. En lo que va de año, 1.889 personas han muerto tratando de cruzar el Mediterráneo Central.

La medida fue impulsada por los gobiernos de Libia e Italia, pues consideran que las ONG que han movilizado barcos de rescate generan un supuesto efecto llamada hacia las costas italianas. “No tiene sentido porque nunca hacemos nada sin control.”, sostiene Camps. En la misma línea, Farias considera que pretenden “regular lo que ya está perfectamente regulado”.

Las labores de salvamento realizadas por estas organizaciones no se realizan de forma unilateral y sin normas, insisten. “Todas nuestras operaciones de búsqueda y rescate son coordinadas por la Guardia Costera italiana”, relatan desde MSF. “Ellos nos indican dónde y cuándo intervenir y a qué puerto llevar a las personas rescatadas”, explican. 

Por ello, apuntan, sospechan que la necesidad de “controlar” a las organizaciones esconde otras razones. “Buscan un límite para que no nos podamos acercar a la zona adonde pretenden enviar a la guardia costera libia, a la que financian barcos y armas. Quieren que no veamos lo que ocurre, cómo los frena esa supuesta guardia de un país sin gobierno”, dice el director de Pro Activa Open Arms. 

“Los Estados miembros, con la operación Sofía, buscan devolver a estas personas a un país del que huyen. En Libia los torturan, las violan, los ajustician de forma sumaria”, asevera Farias. “A lo mejor hay que decir al ministro Zoido que a quienes hay que concienciar es a los Estados miembros por estas políticas inhumanas”. 

Por qué las ONG actúan en el Mediterráneo

No es la primera vez que el Ejecutivo relaciona las operaciones de búsqueda y rescate en el Mediterráneo con un “efecto llamada” de migrantes y refugiados hacia la Unión Europea. El Gobierno español, junto a otras administraciones comunitarias, se esforzó en defender este razonamiento para rechazar la creación de una operación conjunta europea de salvamento marítimo, como proponía la Comisión Europea. 

El Consejo Europeo declinó en marzo de 2015 la aprobación de un organismo de rescate en el que se vieran implicados todos los Estados miembros. La cumbre de los líderes europeos en respuesta a los grandes naufragios de aquellos meses finalizó con una medida concreta: triplicar los fondos de la operación Tritón, cuyo mandato no consiste en salvar vidas, sino en vigilar las fronteras. Es decir, sus barcos solo rescatan cuando encuentran una embarcación en apuros o son avisados, como debe hacer cualquier buque.

“Frontex es una agencia que tiene por misión securizar las fronteras y no se puede convertir en una agencia de salvamento y rescate”, había defendido Jorge Fernández Díaz en las reuniones previas a la decisión. “El principio humanitario siempre está presente y, por tanto, bajo cualquier circunstancia si hay unas personas cuya vida corre riesgo esas personas deben ser rescatadas”, precisó el entonces ministro del Interior. “Pero una cosa es eso y otra cosa es que se pueda generar un efecto llamada porque se desnaturalice la misión que se está realizando”.

Fue a partir de entonces, cuando las ONG como Médicos Sin Fronteras observaron la falta de soluciones por parte de las autoridades europeas y decidieron llevar ellos mismos los barcos de rescate a las aguas fronterizas entre Italia y Libia, la ruta migratoria más mortífera.

“Criminaliza a quien salva vidas”

La Coordinadora Española de ONGD y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) han tachado las declaraciones del ministro del Interior de “irresponsables”. “Zoido, no contribuya a criminalizar a las ONG que hacen lo que deberían hacer los Estados: rescatar”, ha señalado Estrella Galán, secretaria general de Cear. “Son declaraciones peligrosas. No criminalice a quien salva vidas”, han reiterado desde la Plataforma que aglutina a las las organizaciones sin ánimo de lucro españolas más importantes.

Para Óscar Camps, tanto la Unión Europea como el Gobierno español buscan precisamente eso: criminalizar. “Como no nos pueden prohibir navegar en aguas internacionales, sí pueden influir en que la gente deje de realizar donaciones vertiendo semejantes acusaciones, como ya hacen sobre las personas que huyen”, añade.

“Nosotros no somos el problema. Estamos ahí porque Europa no ha dado ninguna respuesta. Nosotros no sabemos qué hacer con ellos, cómo evitar que tengan que migrar, lo que sí sabemos es que su muerte es innecesaria. Lo único que podemos hacer nosotros es evitar que mueran en el Mediterráneo. Y no vamos a dejar de hacerlo”, concluye Camps.