Archive for the ‘Historia’ Category

A vueltas con el Holocausto y los usos interesados de la Historia

24 mayo, 2017

Fuente: http://www.internacional.elpais.com

No hay ningún tema tan debatido como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

JULIÁN CASANOVA

22 ABR 2015 – 10:08 CEST

El campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia.
El campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, en Polonia. KACPER PEMPEL REUTERS

Los historiadores lo han advertido y demostrado en diferentes ocasiones: en la amplia literatura sobre el Holocausto no hay ningún tema tan debatido –y tan sometido a falsedades y prejuicios raciales- como las relaciones entre los judíos y los polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

Desde la disolución de las dinastías de los Habsburgo y Hohenzollern en 1918, las viejas élites y nuevas fuerzas sociales de Europa del este demostraron, con ideas y acciones, un enérgico antibolchevismo pero, sobre todo, instigadas por los partidos fascistas, un profundo y radical antisemitismo, puesto que asociaban a los judíos con todo lo que odiaban: el bolchevismo, el viejo orden y el dominio extranjero.

La crisis económica de los años 30 aumentó todos esos sentimientos, pero lo que causó un cataclismo en esos países fue el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Los hechos son bien conocidos. Hasta el inicio de la guerra en 1939, sólo unos cuantos centenares de judíos habían sido asesinados en Alemania, pese a que los nazis habían comenzado a acosar y perseguir con leyes y actos violentos a la población judía desde su llegada al poder en 1933. La matanza masiva empezó con los judíos que los alemanes capturaban en las zonas conquistadas de la Unión Soviética en el verano de 1941, y en menos de cuatro años la “solución final” segó las vidas de más de cinco millones de hombres, mujeres y niños, casi la mitad de ellos en Polonia. Los nazis causaron esa destrucción y la Segunda Guerra Mundial fue el escenario apropiado en el que se expandió esa brutalidad. Para que todo eso fuera posible, no obstante, tenía que haber mucha gente dispuesta a identificar a otros como sus enemigos o a considerar aceptable el exterminio.

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Si se dejan de lado las opiniones de esos que defienden que el Holocausto nunca tuvo lugar, o de quienes tratan de minimizarlo con comparaciones con otras manifestaciones de genocidio provocadas por los aliados, lo que los historiadores debatieron y sacaron a la luz en primer lugar fue quién decidió proceder con esa “solución final”, cuándo y por qué se hizo así, y qué es lo que se perseguía con ella.

Lo más significativo de las dos últimas décadas, sin embargo, es que comenzaron a aparecer investigaciones, poco conocidas hasta entonces, sobre la colaboración de la policía, de las administraciones locales y de las poblaciones de otros países invadidos por el Ejército y las fuerzas de seguridad alemanes. Aunque el número de personas implicadas y la complejidad de sus motivos impedía cualquier explicación simple, lo que quedó al descubierto fue no sólo el círculo de responsables y altos cargos nazis que organizaban las deportaciones, desde Himmler a Eichmann, pasando por Heydrich, sino también la amplia red de informantes y delatores que vieron necesario ese castigo mortal, por no mencionar a los británicos y norteamericanos que, desde el otro lado de la historia, abandonaron a los judíos. Los judíos fueron asesinados por los nazis alemanes y los fascistas de Europa del este, no por toda la población, pero ya nadie podía negar la complicidad “popular” en muchos de esos países.

El problema se complica cuando a esa historia ya compleja y muy debatida entre auténticos especialistas, se suman las declaraciones de políticos o de gente como James Comey, el director del FBI, con sentencias fáciles y acusatorias, muy alejadas de los análisis y narraciones que interpretan aquellos acontecimientos, el “incomprensible” Holocausto, como lo definió Arno Mayer, a la luz de las fuentes disponibles.

Una buena parte de la clase política en Polonia y Hungría deforman aquella historia traumática para adaptarla a sus propios fines y justificar el presente. En el caso de Polonia, ya en 1990, un libro editado por Antony Polonsky, My Brother’s Keeper?: Recent Polish Debates on the Holocaust, levantó polvareda y protestas porque incluía polémicas entre intelectuales polacos y judíos polacos sobre el antisemitismo y sobre lo que muchos polacos hicieron o dejaron de hacer durante el período de eliminación sistemática de judíos.

En el caso de Hungría, el largo período de gobierno autoritario y ultranacionalista del almirante Miklós Horthy, mantenido sin demasiados problemas durante sus primeros veinte años, dio un cambio radical con su decisión de meter a Hungría en la Segunda Guerra Mundial al lado de la Alemania nazi en abril de 1941. Horthy, mediante sucesivas “Leyes Judias”, en 1938, 1939 y 1941, había ido recortando los derechos de los súbditos húngaros de religión judía y hubo matanzas de judíos en el frente ruso protagonizadas por las SS, asistidas por tropas húngaras. Pero con la invasión nazi, en marzo de 1944, de las restricciones se pasó a la persecución abierta y se metió a Hungría de lleno en la solución final.

Viktor Orbán y la derecha húngara hace tiempo que están empeñados en demostrar que había una tradición conservadora, rota por dos ocupaciones extranjeras de Hungría, la nazi y la soviética, protagonizadas por dos ideologías totalitarias ajenas la verdadera historia del país. Solo así se explica el fracaso del liberalismo y de la democracia, la radicalización de la política, el patriotismo de Horthy, atrapada como quedó la nación, luchando por su independencia y soberanía, entre dos terribles y violentos superpoderes totalitarios. Y fue, por supuesto, un factor externo, la ocupación nazi, el que justifica la parte de la historia más complicada de explicar para los conservadores: la persecución de los judíos, iniciada ya con Horthy, y el desarrollo fatídico de los hechos que llevó a la conquista del poder de los fascistas húngaros de la Cruz Flechada en octubre de 1944.

Las declaraciones interesadas sobre la historia, ampliamente difundidas y manipuladas por medios de comunicación de diferente signo, contribuyen a articular una memoria popular sobre determinados hechos del pasado, hitos de la historia, que tiene poco que ver con el estudio cuidadoso de las pruebas disponibles.

El Holocausto es la cara más cruel de un siglo que conoció guerras, genocidios, violencias de Estado y revolucionaria sin precedentes. Pero ese siglo presenció también, gracias entre otras cosas al impacto del Holocausto, la creación de tribunales internacionales, la persecución de criminales de guerra, la formación de comisiones de la verdad. Y muchos hombres y mujeres, especialmente en los últimos años, protegidos por el paso del tiempo, necesitados de liberar sus terribles pesadillas, se han atrevido a contarlo, a documentar sus vidas, a la vez que contribuían a documentar la de todos, a denunciar la traición y cobardía de algunas de sus patrias y ciudadanías. Esa es la cara de la esperanza, la que invita a vigilar y cuidar la frágil democracia, a recordárselo a los responsables políticos, a perseguir la intolerancia, a extraer lecciones de la historia, a educar en la libertad.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

La república como objetivo

22 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El pragmatismo de ‘la monarquía va bien y es barata’ no deja de ser un brindis al sol, puesto que no sabemos cuánto de bien iría o lo barata que resultaría una presidencia de la República Española.

Lo de “no soy monárquico, sino juancarlista”, cojea.

Elisa Beni

15/04/2017 – 19:56h

Bandera republicana

El debate sobre la forma que debe adoptar el Estado en España no está cerrado. Nunca lo ha estado. En esta semana de pasión y de pasiones se han dado cita el aniversario de la proclamación de la II República Española y las órdenes cautelares de jueces para hacer retirar la tricolor de plazas y espacios públicos. ¡España, mañana, será republicana!  era el clamor. Y hoy, el mañana se convierte en un horizonte inalcanzable porque nunca se admite el debate abierto, porque se intenta estigmatizar de forma increíble una realidad común en las democracias occidentales y porque una espiral de silencio recorre la opinión pública cuando de este tema se trata.

En primer lugar conviene analizar la represión ideológica que se ejerce sobre aquellos que defienden políticamente el republicanismo. Lo han hecho varios ayuntamientos. Un juez de lo contencioso-administrativo en Cádiz ha obligado al alcalde a quitar la tricolor que se había izado en una plaza con motivo de una exposición sobre la Memoria Histórica. Alegan los del PP -siempre ellos- que colocar esa bandera “vulnera el principio de objetividad y neutralidad de las Administraciones”. ¡Escuchen, esto lo vulnera y no poner las banderas rojas y gualdas de los cuarteles a media asta o presidir las procesiones como ha hecho Cospedal! Eso no. Es la tricolor la que les molesta. Olvida este juez de primera instancia que ya el Tribunal Superior de Justicia de Madrid resolvió sobre esta cuestión (STSJM 16.861/2003) afirmando claramente que “la bandera republicana como manifestación de ideología respeta el orden jurídico existente” y que ordenar retirarla de un lugar donde ha sido puesta por quien defiende ese sistema de organización política vulnera los derechos fundamentales reconocidos en los artículos 16 y 20 de la Constitución Española.

Es, pues, un derecho fundamental reconocido por la Constitución expresar el deseo de que la forma del estado sea una república. Yo voy más allá e incido en que no existen argumentos racionales ni es intelectualmente sostenible que la monarquía sea una forma adecuada de atribuir la jefatura de un estado democrático. Me perdonarán pero no conozco ni a un solo español que crea que un coito productivo de una persona apellidada de una manera determinada sea un método racional para nombrar jefe del Estado. Antaño les contaban aquello del dedo divino, pero hoy no cuela. Todas las defensas que conozco de la monarquía española son pragmáticas: va bien y es barata. Lo cual no deja de ser un brindis al sol, puesto que no sabemos cuánto de bien iría o lo barata que resultaría una presidencia de la República Española similar a la italiana, francesa, portuguesa, griega.. ¡ah, vaya, que todos los países latinos viven bajo la forma de república y tan campantes!

Supongo que los que así se comportan creen que tal defensa es un poco endeble -incluso hoy lo de “no soy monárquico, sino juancarlista”, cojea-  porque hay fuerzas muy poderosas que se concitan para convertir un debate perfectamente lícito y políticamente relevante y conveniente en un tabú. Tengo que confesar que en todos mis años como periodista de opinión sólo en dos ocasiones he sido advertida sobre la necesidad de “ser cuidadosa” y en ambas el tema sujeto a debate era la monarquía, si bien en la figura de su anterior representante.

Lo mío, si quieren, ni siquiera es algo personal. Felipe de Borbón me parece una persona íntegra. Ni siquiera discuto que tenga cualidades con las que podría ser un excelente candidato a revalidarse como presidente de la República tras unas elecciones. Es esa la clave: tras unas elecciones. Ya lo hizo Simeón de Bulgaria, rey exiliado con seis años y posteriormente primer ministro electo de su país. Lo mío es una cuestión de racionalidad y de comunión con los ideales republicanos de Libertad (de expresión, de culto, de sindicación y de todo aquello que no perjudique a los otros), de Igualdad (ante la ley, de voto, por sexo, de oportunidades…) y de Fraternidad (solidaridad, ayuda mutua, familiar…) a los que muchos franceses añaden también el de Laicidad que también comparto.

Y no crean que no entiendo la batalla de los conservadores y de muchos poderes fácticos para evitar que este debate se produzca de forma efectiva. El dinero y el poder quieren pocos movimientos una vez visto que lo que hay les conviene.

No obstante, hay que recordar que en una república algunos de los escándalos que hemos vivido se gestionarían de otra manera. Eso a pesar de que hay que reconocerle a Felipe VI la perspicacia y la habilidad suficientes para comprender que hay actitudes y comportamientos que ya no van a ser fácilmente digeribles por la sociedad española. Su llegada al trono supuso incluso el atemperamiento de las tensiones y presiones que se ejercieron sobre el sistema judicial desde un Palacio de la Zarzuela que no dudó, en una decisión incomprensible, en criticar oficialmente el comportamiento de los jueces.

Que cada 14 de abril se desplieguen banderas tricolores es el menor de los males que puede esperarse en el seno de una sociedad que no es monárquica militante ni mucho menos. Y es que, si lo piensan, no encontrarán muchas posibles defensas de un sistema arcaico, anacrónico y que tanto dolor ha causado en este país. Excepto aquello de que nos es útil como si no fuéramos ya un pueblo capaz de dotarnos de una república útil y, evidentemente, federal.

Compañeros: ¡Salud y República!

La desmemoria histórica del Partido Popular: ni un euro para las víctimas del franquismo

14 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

El PP le dedica a la Ley de Memoria Histórica la ingente cantidad de 0 euros, un dinero que debía utilizarse para financiar exhumaciones en las 2.000 fosas que se calcula que existen en España

María Eugenia R. Palop

06/04/2017 – 21:05h

El director del CIEMEDH considera que un centro académico podrá conseguir la financiación para abrir fosas que se le niega a las asociaciones memorialistas por sus implicaciones políticas. Foto: Óscar Rodríguez (ARMH).
Imagen de archivo de represaliados por el franquismo. Foto: Óscar Rodríguez (ARMH).

Decía Adorno que “dejar hablar al sufrimiento es la condición de toda verdad”, pero hay verdades que al Partido Popular, simplemente, no le suscitan ni el más mínimo interés. En los Presupuestos Generales del Estado, el Gobierno ha vuelto a invisibilizar a las víctimas silenciadas de la guerra civil y el franquismo, a imponer la acostumbrada amnesia social, y a evitar que se desmonte la mentira institucionalizada en la que llevamos décadas instalados, gracias, entre otras cosas, a políticas como las suyas.

El PP le dedica a la Ley de Memoria Histórica la ingente cantidad de 0 euros, un dinero que debía utilizarse para financiar exhumaciones en las 2.000 fosas que se calcula que existen en España. Ya en 2012, Rajoy eliminó la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, y redujo la dotación presupuestaria para Memoria Histórica de 6,2 millones, a dos millones y medio. Y en el año 2013, el Gobierno eliminó esta dotación sin más, dejando en las cunetas, por enésima vez, a las víctimas del franquismo, que siguen costeando las exhumaciones con sus propios medios, porque, mal que le pese a Rafael Hernando, se acuerdan de sus padres y familiares haya o no haya subvención.

Ahí siguen, impenitentes, andando “con los muertos para arriba y para abajo” para contrarrestar el ostracismo y las vejaciones del Gobierno del Partido Popular y de personas que, como él, no creen ofender ni humillar a nadie, porque no son nadie las 100.000 o 150.000 que aún esperan verdad, memoria, justicia y reparación. “¿Por qué voy a pedir perdón?”, se preguntaba perplejo Hernando, en un ejercicio retórico de cinismo.

No hay duda de que hay quienes han descontado ya el costo humano y social de sus privilegios, en la idea tan atroz, como poco contrastada, de que no existe “progreso” sin olvido. Y aunque también hay quienes prefieren avanzar retrocediendo, como diría Paul Valéry; avanzar sin aplastar “flores inocentes en el camino”, sin generar víctimas y sin olvidarlas, hoy, lamentablemente, está claro que los que gobiernan son los primeros. Por eso el desarrollo de la Ley de Memoria Histórica ha sido esquelético, y por eso ha acabado instaurando una discriminación en el trato, los derechos y las prestaciones que reciben unas víctimas frente a las otras, sin que exista ninguna razón que lo justifique, más allá de la desmemoria selectiva que en este país se ha practicado sin descanso.

Poco importan aquí los acuerdos internacionales sobre estas materias ratificados por España, entre los que cabe destacar la convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, o la convención internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas. Poco importa la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y, en particular, la jurisprudencia destinada a la protección del derecho a la vida y a la integridad de las personas. Tampoco importa mucho, según parece, la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 25 de octubre de 2012, que, desarrollada por la Ley 4/2015, de 27 de abril, del Estatuto de la Víctima del Delito, favorece un catálogo de prestaciones y derechos a toda víctima, sin perjuicio de que quepan regulaciones particulares en atención a unos u otros colectivos. Poco importa, por supuesto, el informe del relator de Naciones Unidas en el que se señalaba que es la ignominia y el olvido lo que se ha incorporado a la normalidad democrática de España.

En fin, esta negativa a investigar la suerte de miles de personas desaparecidas a raíz de la estrategia implementada por el Estado franquista, contraviene, entre otras cosas, el derecho internacional que es jurídicamente vinculante y de obligado cumplimiento en nuestro país. Porque no solo es que el Gobierno se niega a cumplir su obligación de actuar de oficio, sino que tampoco pone todos los medios necesarios para que otros agentes puedan llevar a cabo las investigaciones que las autoridades se niegan a hacer, y ello, sin que haya ninguna norma o principio jurídico que impida a un Estado investigar su pasado.

El PP contradice aquí, incluso, a la normativa que se ha desarrollado en el plano autonómico, y que se ha promulgado, o está por promulgarse, en el País Vasco, Andalucía, Navarra, Aragón, Valencia y Baleares, territorios que han conocido directamente los horrores de la guerra civil, la represión de la dictadura y la violencia política posterior, y en los que están domiciliadas un importante número de sus víctimas. Y lo más sorprendente es que algunas de estas normas han salido adelante con la abstención del mismísimo y esquizofrénico Partido Popular.

Reivindicar el derecho y el deber de memoria no es solo poner en el centro un hecho del pasado, sino resignificarlo y asumir las responsabilidades que se derivan del mismo, articular un consenso sobre lo intolerable, y delimitar claramente lo que, de ningún modo, puede volver a suceder. Y en la medida en que esto no se hace, no puede garantizarse nada. La responsabilidad tiene una dimensión temporal que no se agota en el presente; mira hacia al pasado, como ha de mirar hacia el futuro, y trata a todas las víctimas de la misma manera, aunque distinga las diferentes violencias de las que cada una ha sido objeto.

Quienes defendemos una política de la memoria para todas las víctimas, sin exclusión, estamos convencidos de que el examen detenido del pasado es un arma que permite combatir el “revisionismo” y el “negacionismo” con los que se justifican y se niegan todos los días las atrocidades que hemos vivido, y de las que muchas personas tienen todavía recuerdos terriblemente vivos. Y sabemos, además, que lo que las sociedades eligen recordar y olvidar, y el modo en que lo hacen, condiciona totalmente sus opciones de futuro, de manera que sin memoria no puede haber una auténtica cultura democrática, ni puede hablarse, en puridad, de un sistema político legítimo.

Dice la Comisión de Derechos Humanos de UN en sus Principios para la protección de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad, que “el conocimiento por un pueblo de la historia de su opresión pertenece a su patrimonio y, como tal, debe ser preservado con medidas apropiadas en el nombre del deber a la memoria que incumbe al Estado”. Pues bien, es este el deber que el Gobierno no cumple y este es el rico patrimonio que nos usurpa descaradamente cada vez que privatiza el uso de nuestra memoria y nos impide recordar.

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Mariano Rajoy vuelve a ignorar la ley de memoria histórica en su legislatura de “consenso”

11 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Los presupuestos de 2017 consolidan el ninguneo del Gobierno del PP a la exhumación de represaliados y la atención a víctimas del franquismo: la partida presupuestaria es cero.

Su socio principal, Ciudadanos, era partidario de las exhumaciones y el cambio de calles “sin campañas exageradas”.

Al llegar a Moncloa Rajoy quitó la Oficina de Víctimas, luego bajó a la mitad el presupuesto para exhumaciones, y un año después lo eliminó.

Raquel Ejerique

04/04/2017 – 21:17h

Trabajos en una fosa común
Trabajos en una fosa común

Rajoy ha dejado clara su postura ante la ley de memoria histórica desde que llegó a la Moncloa: desactivarla reduciendo primero su presupuesto y luego eliminándolo. En las cuentas de este 2017 incide en la misma línea, de modo que su anunciada legislatura de “consenso” ante la necesidad de acuerdos parlamentarios se estrena con cambios de posición en temas como educación o violencia de género, pero no van a alcanzar a las víctimas del franquismo, tal y como se puede comprobar en la decisión de negar la dotación presupuestaria en el primer año de su nueva legislatura. Es el cuarto año consecutivo que lo hace.

Su socio principal en las cuentas para este año, Ciudadanos, tampoco tenía como prioridad a los represaliados, aunque en su programa sí hablaba de facilitar exhumaciones (sin especificar si las debía financiar el Estado) y modificar los callejeros aunque advirtiendo de que “sin campañas exageradas”. Todo ello, sin dañar la “reconciliación entre españoles”, tomando parte por la hipótesis del PP de que la reparación de las víctimas puede ser peligrosa. Según el resultado final en los presupuestos 2017, la Memoria Histórica seguirá aparcada y no se ha tratado en las negociaciones entre ambos partidos.

Tras llegar a Moncloa en 2011, Rajoy tomó varias medidas que dejaban sin efecto la ley de Zapatero de 2007 y cualquier iniciativa de reparación. Primero, en marzo de 2012, suprimió la Oficina  de Víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura, un organismo creado por el gobierno socialista que se encargaba de atender a los familiares y facilitaba información y procedimientos para las exhumaciones: se calcula que en España quedan 2.000 fosas sin abrir donde yacen sin nombre ni sepultura unos 100.000 españoles.

El Gobierno del PP la integró en una subsecretaría de Justicia que se encarga de indultos, condecoraciones y títulos nobiliarios. Su cuarto cometido es poner “medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. De momento no las hay.

Evolución del presupuesto a Memoria Histórica

pres.mem.histó

Su segunda medida fue recortar a menos de la mitad el presupuesto para la ley de Memoria Histórica, de 6,2 millones (en 2011) a 2,5 millones (en 2012). Con ese dinero se subvencionaban básicamente exhumaciones, a través de una Comisión Interministerial que dependía del Ministerio de Presidencia y que Rajoy borró de los presupuestos.

El año siguiente, en 2013, Rajoy inició la senda del cero. Cero euros para las víctimas, una decisión que le han afeado organismos internacionales como la ONU, que criticó en un duro informe que fueran los familiares quienes costean la recuperación de los cuerpos o los forenses y voluntarios en sus ratos libres sin remuneración. Pese a la reprimenda y a que España está en la senda opuesta de países como Chile, Italia, Alemania o Argentina, el Gobierno ha mantenido su postura hasta hoy.

Es más, el presidente se ha jactado en público de haber desactivado la ley quitándole el presupuesto [vídeo abajo]. Preguntado en un acto por qué no la había derogado, aclaraba que había hecho otra cosa que significaba en términos pragmáticos lo mismo: “Bueno, la dotación presupuestaria ha sido cero. La media es cero y fue cero todos los años”. Es decir, hay una ley pero no se puede cumplir porque el Gobierno la ha vaciado presupuestariamente.

En cuestión de dinero lo ha dejado claro, pero también con otras actuaciones que no requieren un desembolso. Por ejemplo, dilatar más de un año el cumplimiento de la sentencia que obliga al Gobierno a exhumar dos cuerpos del Valle de los Caídos o boicotear la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo.

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Lenin: “Sin ellas no habríamos ganado”

7 mayo, 2017

Fuente: http://www.publico.es

El papel de las mujeres, que ocupaban un alto porcentaje de la clase trabajadora, fue imprescindible para el triunfo de la Revolución rusa y la caída del zarismo. Los líderes bolcheviques se enorgullecían de ser pioneros en políticas de genero.

Manifestación contra la guerra. Obreras de la fábrica de Putilov, Petrogrado, 2 de febrero de 1917.

Manifestación contra la guerra. Obreras de la fábrica de Putilov, Petrogrado, 2 de febrero de 1917.

Marzo da el pistoletazo de salida a los actos del centenario de la Revolución rusa. En la revolución de marzo (febrero, según el calendario juliano), el hastío por la guerra y la carestía condujo a una revuelta social marcada por manifestaciones, motines y tumultos que finalmente forzaron la abdicación del zar Nicolás II y el establecimiento de un gobierno provisional, cuyo poder, sin embargo, compartía de facto con el Consejo de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado, más conocido como Soviet de Petrogrado.

“En febrero de 1917, el 47% de la clase obrera de Petrogrado eran mujeres”

En un reciente artículo para Sin Permiso, el sindicalista Miguel Salas ha destacado el papel de las mujeres en estos hechos. Entre las exposiciones que se celebrarán este año con motivo del centenario, el diario Kommersant listaba el pasado 13 de febrero la de “Las mujeres y la revolución”. Su comisaria, Aleksandra Smirnova, se ha propuesto mostrar el papel de las mujeres “más destacadas” en aquellos sucesos. “La historia de la revolución ha sido escrita sobre todo por hombres, pero en 1917 las mujeres recibieron la igualdad de derechos y el derecho a voto”, recordaba.

La revolución de febero y las mujeres

La Revolución de febrero arrancó como un eco de la Comuna de París. Rusia se encontraba en un estado de caos. Como ha afirmado el historiador británico A.J.P. Taylor, “un sistema anticuado sucumbió bajo el esfuerzo bélico de librar una guerra moderna”. La necesidad de abastecer a un ejército mal pertrechado en el frente, el funcionamiento irregular de las vías ferroviarias y la corrupción y las estructuras ineficaces del viejo régimen dieron el peor resultado posible: los alimentos no llegaban ni a los soldados ni a los civiles. Como sucedió en París décadas atrás, a las protestas contra la carestía del pan y el sistema de racionamiento en marzo de 1917, al frente de las cuales se encontraban las mujeres de Petrogado, se sumaron los reservistas y los soldados y marinos destacados en la ciudad.

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918)

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918)

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, las mujeres de Petrogrado salieron a las calles a demandar igualdad de derechos, el sufragio universal y el fin de la autocracia. “En febrero de 1917, el 47% de la clase obrera de Petrogrado eran mujeres. Muchos hombres estaban en el frente”, recuerda Miguel Salas. “Las obreras eran mayoría en la industria textil, del cuero y del caucho, y numerosas en oficios que antes habían tenido vedados: los tranvías, las imprentas o la industria metalúrgica, donde había unas 20.000. Las obreras eran también madres: debían garantizar el pan de sus hijos. Y, antes de ir a la fábrica, hacían interminables colas (unas 40 horas semanales) para conseguir algo de comida, acampando durante la noche, en pleno invierno ruso”.

Unos 50.000 trabajadores respondieron a sus llamadas a manifestarse y declarar la huelga. Las protestas se sucedieron durante semanas, sin que la represión lograse aplacarlas. Antes que disparar a los manifestantes, algunos de los soldados prefirieron fusilar a sus oficiales y unirse a los motines. “A la exigencia de ‘Pan’ se le unen las consignas de ‘Abajo el zar’ y ‘Abajo la guerra’. Grandes manifestaciones se dirigen hacia el centro de la ciudad”, explica Salas al indicar que “la policía ha levantado los puentes que separan los barrios obreros del centro, pero el río Neva todavía está helado y miles de huelguistas se atreven a cruzarlo”.

Según el testimonio de un obrero llamado Iliá Mitrofánovich Gordienko, al aparecer los temidos cosacos “las obreras tomaron la iniciativa, rodearon a los cosacos con una compacta cadena humana. Gritaban: “Nuestros esposos, padres y hermanos están en el frente”. “Y aquí soportamos el hambre, la carga de trabajo, los insultos, las humillaciones y los abusos. Ustedes también tienen madres, esposas, hermanas e hijos, ¡exigimos pan y el fin de la guerra!”.

“Las obreras tomaron la iniciativa, rodearon a los cosacos con una compacta cadena humana. Gritaban: “Nuestros esposos, padres y hermanos están en el frente”

Los oficiales, temiendo la influencia de la agitación sobre los cosacos, dieron una orden. Los cosacos se prepararon. Todos corrieron a cubrirse, agarrando piedras o piezas de metal, listos para lanzarlos. Sin embargo, los cosacos cabalgaron, pasaron sin atacarnos; luego dieron media vuelta y regresaron. Las masas los saludaron con gritos de “¡Viva!”, pese a que el corazón no podía creerlo y la mente dictaba precaución”.

El 12 de marzo, los manifestantes, sin una aparente dirección política, habían logrado incendiar varios edificios administrativos y arrancar los símbolos del zarismo, controlar los depósitos de municiones y liberar a los prisioneros capturados. Ante la gravedad de la situación, el Consejo de Ministros, reunido en pleno, presentó su dimisión. Mientras diputados progresistas de la Duma organizaban un comité provisional, los partidos socialistas, siguiendo la tradición revolucionaria de 1905, creaban un consejo de diputados obreros y soldados. El poder, sea como fuere, ya no estaba en el trono, y el 15 de marzo, el zar Nicolás II, por consejo del jefe del ejército y dos diputados de la Duma, abdicó. En una frágil alianza con el Soviet de Petrogrado, el comité provisional creó un gobierno provisional cuyo fin era convocar una asamblea constituyente y decidir el futuro sistema de Rusia. Nunca llegó a cumplir su cometido.

Clara Zetkin, primera por la izquierda. III Congreso del Komintern, Moscú, 1921.

Clara Zetkin, primera por la izquierda. III Congreso del Komintern, Moscú, 1921.

Los bolcheviques y las mujeres

Según el testimonio de Clara Zetkin, los bolcheviques concedían mucha importancia a lo que entonces se denominaba “la cuestión de la mujer”, aunque en los años anteriores a la revolución se negaron a crear organizaciones específicas dentro de su partido por temor a alentar divisiones en la unidad de la clase trabajadora. Los hechos de 1917 corrigieron definitivamente ese error. “En Petrogrado, aquí en Moscú, en otras ciudades y centros industriales las mujeres actuaron espléndidamente durante la revolución. Sin ellas no habríamos salido victoriosos. Apenas. Ésa es mi opinión. ¡Qué valientes fueron y qué valientes son!”, comentaba Lenin durante una conversación con Zetkin.

Trotsky: “La mujer obrera representa un gran papel en el acercamiento entre los obreros y los soldados”
“La mujer obrera representa un gran papel en el acercamiento entre los obreros y los soldados”, señalaba por su parte Trotsky, para quien la mujer, “más audazmente que el hombre, penetra en las filas de los soldados, coge con sus manos los fusiles, implora, casi ordena: ‘Desviad las bayonetas y venid con nosotros’.” Ante esto, seguía, “los soldados se conmueven, se avergüenzan, se miran inquietos, vacilan; uno de ellos se decide: las bayonetas desaparecen, las filas se abren, estremece el aire un hurra entusiasta y agradecido; los soldados se ven rodeados de gente que discute, increpa e incita: la revolución ha dado otro paso hacia adelante.”
En su entrevista con Zetkin, Lenin destacaba la importancia de crear organizaciones propias dentro del movimiento obrero así como de facilitar la incorporación de la mujer al mundo del trabajo y la política. “Es importante para las mujeres y el mundo: demuestra la capacidad de las mujeres, el enorme valor que su trabajo tiene en la sociedad”, aseguraba. “Muy pocos hombres, incluso en el proletariado, se dan cuenta de cuántos esfuerzos y problemas podrían ahorrar a las mujeres, e incluso eliminar, si prestasen ayuda en el ‘trabajo femenino’ [doméstico]”.

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918).

Mujeres, acudid a las cooperativas, cartel, I. Nivinskiy (1918).

Estas organizaciones, a juicio de Lenin, no habían de ser “un intento de apaciguar a las mujeres con reformas y desviarlas del camino de la lucha revolucionaria […] Nuestras demandas son conclusiones prácticas que hemos deducido de las necesidades urgentes, de la vergonzosa humillación de las mujeres en la sociedad burguesa, indefensas y sin derechos.”

Lenin creía, eso sí, que la movilización había de incardinarse en la cuestión social y bajo el liderazgo de los comunistas, y en su intercambio con Zetkin criticaba las tendencias intelectuales de la época en este debate en Europa central y occidental. “La extensión de las hipótesis freudianas parece ‘educada’, e incluso científica, pero es ignorante, torpe”, afirmaba el autor de ¿Qué hacer?. “La teoría freudiana es una moda moderna. Desconfío de las teorías sexuales de artículos, disertaciones, panfletos, etcétera […] Por salvaje y revolucionario que su comportamiento pueda ser, en el fondo es bastante burgués. Es principalmente un hobby de intelectuales y de los sectores próximos a ellos. […] Las grandes cuestiones sociales aparecen como adjuntas, una parte, de los problemas sexuales. Lo principal se convierte en subsidiario. No sólo se arriesga la claridad de la propia cuestión, sino que confunde los pensamientos, la conciencia de clase de las mujeres de clase trabajadora.”

El patriarcado también era considerado un problema por parte de los bolcheviques: “Debemos erradicar la vieja idea del viejo ‘dueño y señor’ hasta su última raíz, por pequeña que sea, en el partido y entre las masas. Ésa es una nuestras tareas políticas, así como la urgentemente necesaria tarea de formar una plantilla de camaradas, hombres y mujeres, entrenados en la teoría y en la práctica, para desarrollar la actividad del partido entre las mujeres trabajadoras”.

“Las leyes más avanzadas del mundo”

El programa bolchevique, en palabras de Lenin, consistía en abolir “todo lo que tortura y oprime a la mujer trabajadora, al ama de casa, a la campesina, a la esposa del tendero, sí, y en muchos casos a la mujer de las clases propietarias”.

El programa bolchevique, en palabras de Lenin, consistía en abolir “todo lo que tortura y oprime a la mujer”

El poder soviético, aseguraba el dirigente bolchevique en su entrevista a Zetkin, era pionero en políticas de género. “Estamos llevando a las mujeres a la economía social, la legislación y el gobierno”, afirmaba. “Todas las instituciones educativas les están abiertas para que puedan incrementar sus capacidades profesionales y sociales. Estamos estableciendo cocinas comunales y comedores públicos, lavanderías y tiendas de reparaciones, guarderías, hogares para niños, instituciones educativas de todo tipo. En suma, estamos haciendo seriamente efectiva la demanda de nuestro programa de la transferencia de las funciones económicas y educativas del hogar a la sociedad”.

Lenin se enorgullecía de tener las leyes “para mujeres trabajadoras más avanzadas del mundo”. En octubre de 1918 la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) legalizó el divorcio y el aborto, despenalizó el adulterio y la homosexualidad con la abolición del cógido penal zarista y reconoció a las mujeres igualdad de derechos en la esfera política y laboral, así como en el matrimonio, y también el permiso de maternidad, la gratuidad del cuidado de los niños y medidas para la protección en el trabajo para las mujeres embarazadas. Según la legislación zarista, como recuerda Miguel Salas, “la mujer debía ‘obedecer a su marido como cabeza de familia, ser amante y respetuosa…‘; no podía tener pasaporte o trabajar sin el consentimiento del marido; el divorcio estaba en manos de la Iglesia, o sea, prácticamente no existía; el marido se convertía incluso en dueño de cualquier herencia que recibiera la mujer; en las fábricas, las mujeres debían soportar jornadas agotadoras cobrando menos que los hombres y sin ninguna protección por la maternidad. En el campo, la situación aún era peor, la mujer campesina era casi una esclava, del trabajo y del hogar”.

Cartel para la liberación de la mujer en Asia Central, RSFSR, años 20.

Cartel para la liberación de la mujer en Asia Central, RSFSR, años 20.

En la región de Asia Central, de mayoría musulmana, se llevó a cabo una campaña llamada ‘judzhum’ (“ofensiva”, en árabe) para la escolarización y alfabetización de las mujeres y en contra del velo islámico, de la que se conservan algunas fotografías de quemas públicas. En 1921 las autoridades soviéticas de Turkmenistán, por ejemplo, elevaron la edad de matrimonio a 16 y 18 años para mujeres y hombres respectivamente, y prohibieron los matrimonios infantiles, los matrimonios forzados y la poligamia. La campaña encontró una fuerte oposición local: según cifras oficiales, unas 300 delegadas de Zhenotdel ─el departamento de mujeres del Secretariado del Comité Central del partido─ fueron asesinadas en la región de Asia Central sólo en el año 1929.

“Es imposible tener éxito en la lucha entre grupos sociales y clases sin la cooperación de las mujeres”

Según Aleksandra Kolontái, los cambios experimentados en la Rusia soviética iban más allá de sus fronteras. “Ahora podemos encontrar a la nueva mujer en todas partes, en cualquier rincón del mundo”, escribía en un artículo titulado ¿Qué ha hecho la Revolución de Octubre por las mujeres en Occidente?‘. “La nueva mujer es un fenómeno de masas, con la excepción, quizá, de las mujeres en los países semicoloniales y coloniales, donde el desarrollo de las fuerzas productivas está impedido por el dominio depredador de los imperialistas”, escribía. Sin embargo, añadía Kolontái, “incluso allí, dada la lucha por la autodeterminación nacional y contra el imperialismo, la nueva mujer está siendo moldeada en el proceso mismo de lucha”. Y apostillaba: “Es imposible tener éxito en la lucha entre grupos sociales y clases sin la cooperación de las mujeres.”

“En todas partes, en todo país la actividad política de las mujeres ha mostrado un crecimiento sin precedentes en la última década”, proseguía. “Las mujeres están convirtiéndose en miembros del gobierno (Bang en Dinamarca, ministra de Educación; Margaret Bondfield, en el gabinete de Ramsay McDonald en el Reino Unido), están entrando en el cuerpo diplomático y convirtiéndose en la fuerza que inspira grandes movimientos revolucionarios (como, por ejemplo, Sun Tsin-lin, la esposa de Sun Yat-sen). Las mujeres están aprendiendo a dirigir departamentos, a estar al cargo de organizaciones económicas, a guiar la política”. “¿Hubiera sido esto posible sin la Gran Revolución de Octubre?”, se preguntaba Kolontái. Retóricamente, claro.

Mariana Pineda y otras amazonas

6 mayo, 2017

Fuente: blogs.elpais.com

Por: EL PAÍS | 13 de enero de 2014

Liberales

Grabado de 1823 sobre la compañía de milicianas creada en Barcelona.

Por Juan Francisco Fuentes y Pilar Garí

En 1814, las liberalas –así denominadas a veces por sus enemigos– no pasaban de ser una exigua minoría a la que la monarquía absoluta prestó escasa atención, salvo que se empeñaran en ayudar a los presos y en importunar a las autoridades con sus quejas. Si la propaganda servil se fijó en ellas fue para señalar los desvaríos a los que había llegado el liberalismo en aquellos años en que todo anduvo revuelto. Por el contrario, a partir de 1823 la represión fue implacable también con ellas. Las cárceles, galeras y casas de arrecogidas fueron recibiendo a las más comprometidas o a las más infelices, aquellas que no habían podido huir a tiempo o que no contaban con ningún tipo de protección en las altas esferas. Otras se vieron más o menos libres de la persecución oficial, pero no del acoso de sus vecinos más exaltados. En algunos casos, la presión ambiental sobre una mujer conocida por sus ideas liberales podía llevarla a cambiar de residencia e incluso a huir al extranjero, como hizo Tecla López de Angulo, monja del convento de las Huelgas, secularizada en 1822, que tuvo que abandonar Burgos y buscar refugio en Francia al no poder soportar por más tiempo los atropellos y las amenazas de los serviles.

En el origen del terror blanco, con los voluntarios realistas como su principal brazo ejecutor, había a menudo una motivación social, porque el absolutismo popular tendía a identificar a los liberales con los propietarios, y a éstos con las nuevas formas de propiedad. Para ellos, ser negro era cosa de ricos. Algunas señoras liberales, por su parte, pensaban que bajo la monarquía absoluta el populacho se sentía como pez en el agua. En realidad, esas dos visiones antagónicas del conflicto no estaban tan alejadas una de otra. El hecho es que, como denunció la propia policía, la gente de cierta posición se veía acosada, y a veces despojada, por la plebe absolutista, que actuaba movida por el odio de clase y por la propaganda clerical. El lamento, en 1823, del autor de El Tío tremenda abundaba también en las implicaciones sociales del liberalismo femenino: ¡cuánto daño le hacían a la causa del altar y del trono esas “señoras de más alto rango” que se dedicaban a propagar la doctrina constitucional!

Hay casos dramáticos de mujeres perseguidas hasta el ensañamiento por sus ideas liberales, como Rosa Zamora, imputada en la intentona de Pablo Iglesias en Almería en 1824 y encerrada por tiempo indefinido en la Real Cárcel de Granada, en un cubículo infecto calificado como “un sitio destinado para matar gente” por los dos médicos que la visitaron a instancias del tribunal. No era sólo la inhumanidad del aparato judicial y carcelario absolutista, sino la falta de medios de un sistema que no estaba preparado para castigar a las mujeres por delitos de naturaleza política, máxime tratándose, como ocurría a menudo, de señoras de la “clase y estado” de la propia Rosa Zamora, como dijo el responsable de Real Cárcel de Granada para justificar los problemas irresolubles que planteaba su reclusión.

Las casas galera y cárceles femeninas habían sido pensadas para mujeres de la plebe acusadas de delitos comunes, como prostitución, robo o infanticidio, una circunstancia que motivó frecuentes quejas de las presas políticas, condenadas a compartir su infortunio, en palabras de una de ellas, con “mujeres prostitutas y disolutas sin vestigio alguno de pudor y educación”, que constituían a todas luces una compañía inadecuada para “una mujer de clase”. En otras ocasiones, esa carencia de medios resultó providencial para salvar de la cárcel a alguna sospechosa, como Francisca Tentor, implicada en la trama conspirativa de Málaga en 1831. Así le constaba al gobernador militar, González Moreno –el verdugo de Torrijos–, quien, sin embargo, prefirió demorar su detención, entre otras razones, por no disponer “del local proporcionado en que constituirla, y en que se halle (…) con la decencia y decoro que exigen su sexo, su estado y la calidad de su persona”.

Aunque atenuada en algunos casos por las carencias materiales del sistema y cierta inercia paternalista, la represión absolutista alcanzó de lleno al liberalismo femenino desde el principio hasta el final de la Década Ominosa. La intensidad y las formas variaron según el momento. Primero fueron las Comisiones Militares y las Juntas de Purificación; posteriormente, a partir de 1830, la iniciativa la llevó sobre todo la policía de Calomarde.

    Sello Mariana Pineda

La magnitud de la represión permite calibrar tanto la importancia del Trienio en la socialización del liberalismo entre las españolas como la disposición de muchas de ellas a luchar por las libertades tras el triunfo de la reacción. En ocasiones, se trataba simplemente de esconder un ejemplar de la Constitución, un uniforme de miliciano o un trozo de una lápida constitucional. Este tipo de prácticas, frecuentes a lo largo de toda la década –recuérdese que Mariana Pineda fue ejecutada por el “detestable delito” de guardar una bandera–, definen dos características del liberalismo femenino que en la clandestinidad iban a resultar de enorme importancia: la estrecha relación de la mujer con los elementos simbólicos de la revolución y su dominio del espacio privado, ámbito fundamental de la actividad conspirativa. La mujer liberal –la viuda sobre todo– desempeñó en él una labor impagable protegiendo a prófugos de la justicia, recibiendo y repartiendo correspondencia, auspiciando reuniones, escribiendo ella misma cartas e informes con tinta invisible y a veces participando en los núcleos conspirativos que fueron surgiendo por toda España, especialmente en Andalucía y Levante.

Corrieron suerte muy diversa. Algunas, con graves responsabilidades políticas, escaparon milagrosamente a la represión, mientras otras fueron detenidas y condenadas a duras penas de cárcel, cuando no a la muerte. (…) Eran las nuevas “amazonas de la libertad”, según la imagen utilizada por el italiano conde Pecchio en una de sus cartas desde la España del Trienio, en la que se refiere a la juventud y la belleza de las partidarias del régimen constitucional español.

Lo de las “amazonas de la libertad” circulaba ya por Francia en tiempo de la revolución, lo mismo que otras locuciones asociadas al mito de las amazonas. Hay frecuentes alusiones a ellas en las guerras de independencia de principios del siglo XIX, como la española o la griega, y en las luchas revolucionarias en que intervienen las mujeres.

El Trienio liberal, en cambio, pese a la referencia de Pecchio a Cádiz y Valencia como lugares en los que habitan “les plus belles amazones de la liberté”, no resultó especialmente propicio a la imagen de mujer belicosa e intrépida. Era lógico que, una vez alcanzada la libertad, el mito sufriera un cierto eclipse, por más que en alguna ocasión alguien se acordara de las guerreras de la Antigüedad y las citara de pasada. La razón de ello la encontramos en un artículo de prensa, publicado en 1820, en el que se encomia el patriotismo de las “jóvenes solteras” de Cangas de Onís que se han ofrecido para adornar la lápida de la Constitución con vistas a los festejos cívicos organizados por el ayuntamiento. Si el despotismo se hubiese prolongado por más tiempo, afirma el autor, “hubiéramos visto amazonas en defensa de la Constitución”. “Mas”, añade, “ya que su brazo no ha podido manejar la espada de la patria, ahora desean emplear sus delicadas manos en embellecer el monumento o lápida del hermoso Código”. En suma, el tiempo del sacrificio y el heroísmo había pasado; al menos, de momento.

Goya-Fernando VII

La hora de las amazonas volvió a sonar con la restauración absolutista de 1823 y en especial con la gran ofensiva lanzada por los liberales tras el triunfo de la revolución francesa de 1830. Es entonces cuando, según el marqués de Custine, el gobierno de Fernando VII [en la imagen, en un óleo de Goya del Museo del Prado] piensa que el liberalismo español ha dotado a su organización clandestina –su “ejército invisible”– de “escuadrones de amazonas” listos para el asalto final contra la monarquía absoluta.

La expresión, registrada ya en la Guerra de la Independencia española y años después en la Polonia sublevada contra los rusos, refleja en esta etapa final del reinado de Fernando VII una doble realidad. Por un lado, la notable participación femenina en las redes conspirativas de los años 1830–1832, aprovechando su mejor adaptación a la actividad clandestina –¿no tenía un punto de clandestinidad la vida de la mujer en el ámbito privado?– y su –hasta entonces– menor vulnerabilidad a la represión absolutista. Por otro, la decisión del régimen y, según Custine, del propio monarca de dar un escarmiento –“faire un example”– que pusiera fin a tanta conspiración y a tanta amazona suelta. La propia Gaceta de Madrid hablaría de “escarmiento” al informar de la ejecución de Mariana Pineda, y lo justificaría por la necesidad de contrarrestar la táctica adoptada por los revolucionarios de involucrar en sus planes “al sexo menos cauto y más capaz de interesar la ajena compasión”. Ser mujer y liberal en España se estaba poniendo cada vez más peligroso.

Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense, y Pilar Garí, traductora y escritora, son autores de Amazonas de la libertad. Mujeres liberales contra Fernando VII (Marcial Pons). Este texto es un extracto de sus conclusiones.

Los republicanos eran “los buenos” y los franquistas “los malos”

4 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Somos la nación del Valle de los Caídos, de las calles y estatuas dedicadas a asesinos, de “periodistas” y políticos que defienden públicamente a un maldito dictador

Carlos Hernández | 11/01/2017 – 20:48h

Franco y Hitler, en Hendaya, el 23 de octubre de 1940. / picture-alliance/Judaica-Samml/Newscom/Efe
Franco y Hitler, en Hendaya, el 23 de octubre de 1940. / picture-alliance/Judaica-Samml/Newscom/Efe

La noche de Reyes murió un hombre bueno. José Alcubierre pasó cuatro años y medio en el campo de concentración nazi de Mauthausen, donde vio cómo su padre, Miguel, era asesinado. Nunca fue reconocido como un héroe por el país que le vio nacer. Ni él ni los miles de compatriotas que, por defender la libertad, acabaron en el peor de los infiernos creado por el ser humano. José murió como todos ellos: olvidado e ignorado por su Gobierno, por sus políticos, por su país. José era español.

Mientras el niño prisionero de Mauthausen fallecía en el exilio francés, en esta España de Indas y Marhuendas conocíamos el contenido de dos discursos reveladores. Una alcaldesa y un diputado autonómico del partido que gobierna España, gracias por cierto a los votos del PSOE, elogiaron la figura de Franco durante una cena organizada por la fundación que lleva el nombre del dictador. Mientras ella pedía un aplauso para “el mejor jefe de Estado español del siglo XX”, él se enorgullecía de que su hijo de 14 años rebatiera “a su profesora comunista” diciéndole “que con Franco en España había orden”.

Estos hechos, el olvido del héroe y el aceptado ensalzamiento del asesino, demuestran lo que realmente pasa en nuestra querida España. Si hoy seguimos así, sin resolver el problema de Historia y de Memoria que tiene este país, es, entre otras cosas, porque los demócratas no hemos hablado con la suficiente claridad. No lo hicimos durante la Transición porque el aparato franquista tuteló ese proceso y lo condicionó con la permanente amenaza de acabar con él mediante su método favorito: el golpe de Estado. Y no lo hemos hecho durante los 40 años de democracia porque vivimos tan acomplejados que acabamos comprando el discurso de los herederos del dictador.

Solo así se entiende que una mayoría de los españoles mantenga una absoluta equidistancia entre víctimas y verdugos, es decir, entre quienes defendieron la democracia republicana y aquellos que acabaron con ella gracias al apoyo de Adolf Hitler. De aquí es de donde surgen todas las anomalías y los anacronismos que avergonzarían a cualquier país civilizado. Somos la nación del Valle de los Caídos, de las calles y estatuas dedicadas a asesinos, de “periodistas” y políticos que defienden públicamente a un maldito dictador.

Nunca es tarde para empezar y el paso más importante es reivindicar intelectualmente lo que debería ser obvio y que, sin embargo, en nuestro país suena casi revolucionario. Lo diré sin matices, con un lenguaje infantil que resulta muy necesario en este caso: los republicanos fueron “los buenos” y los franquistas “los malos”. Hasta que no asumamos como sociedad esta evidencia histórica, no dejaremos de ser un país democráticamente anormal.

Solo los neonazis y ultraderechistas cuestionan en Europa quienes fueron “los buenos” y quienes “los malos” en la II Guerra Mundial. El hecho de que los Aliados cometieran numerosas atrocidades, entre ellas los criminales bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagashaki, no hace que nadie cuestione la culpabilidad astronómica de Hitler y los suyos.

¿Se atrevería nuestro Rey a defender la misma impresentable equidistancia entre nazis y aliados que la que mantuvo entre demócratas y franquistas durante su mensaje de Nochebuena? ¿Osaría Felipe VI acusar a los descendientes de los judíos gaseados en Birkenau de querer reabrir heridas por intentar honrar la memoria de sus víctimas? ¿Haría Campofrío un anuncio navideño equiparando a un SS con una guerrillera de la Resistencia o con un seguidor del Bayern de Munich? ¿Emitiría Telecinco una serie humanizando a Heinrich Himmler? ¿Seríamos capaces de tener enterrado en un enorme mausoleo, cuidado por monjes benedictinos, a Adolf Hitler? ¿Toleraría nuestra Justicia una fundación que llevara el nombre del Führer?

Dicho todo esto vamos con los matices. Claro que es necesario analizar el periodo republicano, como todos, desde un rigor histórico objetivo alejado de cualquier idealismo. Claro que hubo “buenos” y “malos” en ambos bandos… Cerca de 50.000 personas fueron asesinadas extrajudicialmente durante la guerra en la España republicana. Es una cifra escandalosa e injustificable… como lo fueron los bombardeos aliados de Dresde o de Hamburgo. Y, sí, claro que hay que divulgar lo ocurrido en Paracuellos y en otros lugares donde se cometieron cobardes matanzas por parte de extremistas comunistas y anarquistas.

El problema para los nostálgicos del franquismo y para los cómplices del mismo, como parece ser nuestro Rey, es que los hechos históricos documentados nos alejan de la equidistancia. Dictadura frente a democracia; 150.000 asesinados por los sublevados frente a 50.000 por los republicanos; el terror, la muerte y la violación de mujeres como estrategia de guerra ordenada por los líderes golpistas frente a la actitud de los mandatarios de la República que intentaron controlar e incluso castigar los crímenes cometidos por sus exaltados; democracia, imperfecta pero democracia, con libertad, derechos sociales e igualdad frente a 40 años de oscuridad, crímenes de Estado, totalitarismo, machismo y miedo…

José Alcubierre fue un hombre bueno y Francisco Franco un asesino. Uno murió la pasada semana, olvidado en el exilio francés; el otro continúa enterrado en un gran mausoleo cerca de Madrid, tiene una estatua en Melilla y su apellido sigue presente en las calles y plazas de cientos de municipios españoles. ¿Somos o no somos una sociedad democráticamente enferma?

Carrero Blanco y el franquismo sociológico

1 mayo, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

En casos como los de Cassandra o Strawberry es donde más claramente se refleja lo que es el problema más grave: pretenden que asumamos una línea de continuidad entre dictadura y democracia y, sobre esa base, que aceptemos a Carrero Blanco como víctima del terrorismo.

Gonzalo Boye Tuset02/04/2017 – 18:48h

Las cada vez más abundantes condenas por delitos de enaltecimiento y/o menosprecio a las víctimas del terrorismo, junto con ser auténticas aberraciones jurídicas, lo que realmente reflejan es una serie de problemas de mucho mayor calado que, sin duda, no se solucionarán por la vía del desahogo en redes sociales ni a través de diversos y bienintencionados artículos de opinión (el mío incluido); lo que se necesita es, primero, identificar los problemas y, después, buscar soluciones claras y consistentes que impidan que esta forma de actuar se transforme en la antesala de un sistema represivo irreversible.

Partiré por los problemas, tratando de resumirlos en aquellos que parecen más evidentes.

En primer lugar, tenemos una legislación creada en un momento histórico diferente y que muchos justificaron por razones de seguridad, tal cual en USA se justificaron los recortes de libertades y las bestialidades cometidas en lo que Bush denominó “la guerra contra el terror”. Este tipo de legislaciones, que muchos aplauden cuando a ellos no se las aplican, son las tierras de las que provienen los lodos actuales.

En segundo lugar tenemos una jurisdicción, la de la Audiencia Nacional, que no se justifica ni ahora ni nunca, pero que por iguales razones se ha tendido a respaldar atribuyéndole una suerte de especialización que, realmente, no es tal como está quedando en evidencia en la actualidad. La verdad es que se trata de un Tribunal especial y no especializado porque la especialización implica un trabajo previo y constante de formación en aquellas áreas sobre las que tiene competencia, requisito no cumplido por muchos de los que allí ejercen la función jurisdiccional.

En tercer lugar, en casos como los de Cassandra o Strawberry –por poner solo algunos ejemplos– es donde más claramente se refleja lo que, a mi juicio, es el problema más grave: pretenden que asumamos una línea de continuidad entre dictadura y democracia y, sobre esa base, que aceptemos a Carrero Blanco como víctima del terrorismo. Tal planteamiento no solo es una reescritura de la historia sino la negación de la necesaria ruptura que ha de existir entre dictadura y democracia, matar a un tirano no puede ser considerado un acto terrorista, lo cometa quien lo cometa.

Las soluciones, como siempre, parecen más difíciles que la concreción de los problemas, en todo caso para cada mal siempre hay un remedio.

Ante el enjambre legislativo creado ad hoc para luchar contra ETA, lo que corresponde es un trabajo de derogación de muchas de esas normas, de la adaptación de otras a un sistema y cultura democrática y, sobre todo, a la asunción de un marco jurídico-penal de largo recorrido que sepa colocar al Derecho Penal donde le corresponde como última ratio del poder punitivo del Estado. Es inaceptable que en nuestro Código Penal existan, al menos, 7 tipos penales que repriman aquello que no es más, pero tampoco menos, que libertad de expresión.

Desmontar este andamiaje legal no es técnicamente sencillo, pero es muy difícil llevar a la práctica porque se requiere de un consenso político que permita la aprobación de una Ley Orgánica mediante la cual se pueda reformar, por vía de derogación y/o reubicación sistemática, aquellas normas que a un conjunto amplio de la ciudadanía nos resultan odiosas y que, en términos generales, no son más que normas carentes de espíritu democrático que se están usando para reprimirnos.

En cuanto a la Audiencia Nacional, no me cabe duda de que es un órgano sin sentido constitucional y que debería dejar de existir, no hay razones técnicas que obliguen a mantenerlo en el organigrama jurisdiccional y basta una mirada a nuestro entorno para comprender que un Tribunal de estas características no es necesario ni para luchar contra el terrorismo, ni contra la corrupción ni contra el crimen organizado.

Lo que realmente se necesita para luchar contra aquellas formas más graves y complejas de la criminalidad es justamente lo que ya tenemos: fiscales especializados y jueces independientes allí donde los delitos son cometidos. No resulta lógico ni natural, desde una perspectiva constitucional, la existencia de un órgano supuestamente especializado que ha servido y sirve como correa de transmisión de una visión pre-democrática del Estado.

La Audiencia Nacional lleva años, desde el fin de la actividad terrorista de ETA, intentando atraer competencias llegando hasta extremos tan absurdos como investigar a bandas de ladrones de casas, con el único propósito de justificar su propia existencia; sin embargo, y a través de las aberraciones jurídicas que estamos viendo en materia de libertad de expresión, queda en evidencia que la pervivencia de este órgano jurisdiccional es dañina para nuestra democracia y, en muchos caso, un autentico impedimento para romper definitivamente con la dictadura y adentrarnos en el proceso de construcción de una auténtica democracia.

En cuanto al tercero de los problemas, la línea de continuidad entre dictadura y democracia, el problema es mucho más complejo porque refleja la perpetuación del franquismo sociológico al que están adscritos muchos de aquellos que han dictado las normas que se usan para reprimirnos y han creado y mantienen un órgano jurisdiccional como la Audiencia Nacional y, especialmente, muchos de los que están dictando las resoluciones que tan aberrantes nos parecen y con las cuales se construye y refuerza ese relato continuista.

Considerar a Carrero Blanco como una víctima del terrorismo no es más que un síntoma de ese franquismo sociológico del que hablo porque a muchos nos resulta evidente que “por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”, como decía Cervantes por boca de Don Quijote y que “cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes” como se establecía en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 porque si los derechos humanos no son protegidos por un régimen de Derecho los ciudadanos se ven compelidos al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión, tal cual reconoce la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Carrero Blanco fue parte importante de una atroz dictadura y un auténtico represor que no merece la protección que el Derecho Penal le da a las víctimas del terrorismo. Que su asesinato lo haya cometido ETA no le convierte, automáticamente, en víctima del terrorismo porque el contexto siempre ha sido y es relevante. La actividad de ETA, y de cualquier grupo armado, durante una dictadura no puede ni debe ser evaluada con los mismos parámetros que la que se cometa en democracia, la diferencia no se le escapaba a San Agustín pero sí, interesadamente, a los de misa diaria o semanal. No ignorar quién fue Carrero Blanco y cuál fue su “obra” es imprescindible a la hora de enjuiciar dichos, que no hechos, como son las expresiones contenidas en diversos tuits.

En cualquier caso, mientras no superemos esa concepción continuista de nuestra historia reciente, relegando el franquismo sociológico a la marginalidad, dará lo mismo las reformas legales que emprendamos tanto para reformar el Código Penal como para suprimir la Audiencia Nacional. El problema no son, únicamente, las normas, sino el uso y la interpretación que de ellas se hace por parte de aquellos que, sociológicamente, siguen siendo franquistas.

El día que Extremadura se levantó

24 abril, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

El 25 de marzo de 1936, más de 60.000 campesinos ocuparon 3.000 fincas de grandes terratenientes. La acción pacífica fue legalizada por la República.

La venganza llegó rápido: la matanza de la plaza de toros de BadajozMª ÁNGELES FERNÁNDEZ / J. MARCOS


<p>Foto de David Seymour (Chim) tomada en la primavera de 1936, en Extremadura.</p>

Foto de David Seymour (Chim) tomada en la primavera de 1936, en Extremadura.

ARMHEX

NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES) | 24 DE MARZO DE 2017

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Eran las cinco de la mañana, el alba aún quedaba lejos, cuando miles de campesinos, azada en mano, se concentraron de manera sigilosa en centenares de pueblos de Extremadura. Corría el mes de marzo de 1936 y la reforma agraria durante siglos negada se materializó en una exitosa ocupación de tierras. Entre 60.000 y 80.000 personas, según las fuentes de la época, decidieron que ya era hora de voltear la realidad de Extremadura y poner la tierra en manos de quien la trabajaba, rompiendo así una gestión del territorio mediante latifundios dedicados al pasto que arrancó en el siglo XIII, con la mal llamada Reconquista.

Aquel 25 de marzo de 1936 es la “fecha identitaria del pueblo extremeño”, para el escritor Víctor Chamorro. Aquel 25 de marzo de 1936 marcó un antes y un después no sólo en la historia de la región, sino también de España, aunque poco o nada se sabe de lo acontecido.

“Cuando los eruditos de la historia anden buscando el hecho que señaló el gran hito de la historia de España, algún dedo caerá, ciertamente, sobre nuestra Extremadura, la región en la cual se ha verificado la primera ocupación de tierras de forma multitudinaria”, publicó el periódico Claridad, vivo entre 1935 y 1939. No ha sido así, la guerra civil y sus inicios especialmente cruentos en Badajoz, la represión franquista, la larga dictadura y el pacto de la transición han silenciado un acontecimiento clave. De hecho, ni con el surgimiento de las autonomías con sus símbolos, estandartes y fiestas se ha recuperado la memoria de este momento y proceso. Ni tan siquiera como dato aparece en los libros de texto.

“1º: A las cinco de la madrugada del día 25 del actual, los campesinos de cada localidad se concentrarán sigilosa y rápidamente en diversos puntos de las afueras del pueblo; procurando todos ir provistos de azada y demás instrumentos propios para efectuar un deslinde. 2º: Efectuada la concentración, con el mismo sigilo y la misma actividad, emprenderán la marcha hacia las afueras de las fincas que deben ser incautadas. 3º: Ya en ellas se trazarán las lindes convenientes (…) 5º: Seguidamente, regresarán al pueblo y, una vez reunidos todos los grupos, se dirigirán ordenadamente al Ayuntamiento (…) 6º: (…) para hacer constar que la Clase Obrera acaba de tomar posesión de tales y cuales fincas en nombre de todos los vecinos del pueblo (…) 7º: (…) al siguiente día y en los sucesivos irán a las fincas incautadas todos los campesinos o una parte de ellos, a continuar la operación de deslinde y a comenzar la del cultivo adecuado…”.

Ésta era la hoja de ruta de la ocupación, recogida en el libro La primavera del Frente Popular, del historiador Francisco Espinosa. Firmada en Badajoz el día 20 de marzo de 1936, alcanzaba nueve puntos en los que se instaba, entre otras cosas, a no causar daños en las fincas –a las incautadas porque ya son de los campesinos y al resto, porque lo serán algún día– y a oír con respeto a la autoridad.

Así, de manera sigilosa y ordenada, bajo la dirección de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, se tomaron 3.000 fincas en 280 pueblos de las provincias de Cáceres y Badajoz, las más grandes del país. Esta vez hubo victoria, triunfo, puños en alto y vivas a la República. Las derrotas anteriores habían sido abono para mejorar la acción.

Portada de la revista francesa Regards con foto de David Seymour (Chim). / ARMHEX

Portada de la revista francesa Regards con foto de David Seymour (Chim). / ARMHEX

Siglos de medievo

“Desde que Extremadura surge con este nombre, en el siglo XIII, hasta el siglo XX se perpetúa una Edad Media, un sistema de agricultura patriarcal, de dedicación de la tierra más a las hierbas que al grano, porque aquí se alimentan todas las ovejas de la Mesta de España, y los agricultores apenas tenían surcos y tenían que marcharse. Hasta el año 1936 en Extremadura se instala el medievo”. Así resume Chamorro siete siglos. Aunque se debe incluir algún matiz en el relato: las desamortizaciones que supusieron la expropiación de los terrenos comunales que existían.

Esta semilla de desigualdad, retratada por novelas como Los Santos Inocentes, de Miguel Delibes, originó la huelga general campesina o de la siega de junio de 1934, que se saldó con 10.000 detenidos en Extremadura, según algunas fuentes, y 600 personas trasladadas a cárceles de fuera de la región. “De este precedente de derrota van a aprender mucho los jornaleros a la hora de plantear la siguiente lucha”, apunta Manuel Cañada, activista social y una de las personas que con sus textos ha colocado la fecha en la agenda pública extremeña.

Aquel año, 1936, arrancó con un importante crecimiento del desempleo agrario, que coincidió además con una crisis económica y con un largo periodo de lluvias que impedía realizar las labores y, por tanto, acceder a un jornal, como recuerda el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEX), José Manuel Corbacho. A la dura situación y a las lecciones aprendidas hay que añadir la frustración por la lentitud en la aplicación de la Reforma Agraria, aprobada en 1932. Intensos ingredientes para el espeso caldo de cultivo de siglos de desigualdad e injusticia.

Entrada la primavera, en tiempo de floración y de inicio de la siembra, la tierra cambió de manos en Extremadura. Y el Instituto de la Reforma Agraria sólo pudo legalizar las ocupaciones. Los servicios provinciales del Instituto notificaron que se habían asentado yunteros y jornaleros en unas 70.000 hectáreas de la provincia de Cáceres y en unas 120.000 de Badajoz.

La guerra civil, la venganza

Poco duró el revolcón histórico y estructural. En julio de ese año se inició la guerra civil, siendo Extremadura una de las primeras comunidades controladas y desangradas por las tropas franquistas. El 14 y 15 de agosto fueron asesinadas y después calcinadas miles de personas en la plaza de toros de Badajoz. “Es la venganza de los señoritos, de los grandes terratenientes”, sentencia Cañada, quien habla de investigaciones que confirman que muchos protagonistas del 25 de marzo fueron fusilados. La descripción es unánime.

Reportaje de la revista francesa Regards con foto de David Seymour (Chim). / ARMHEX

Reportaje de la revista francesa Regards con foto de David Seymour (Chim). / ARMHEX

“Buena parte de aquellos campesinos que participaron en las pacíficas ocupaciones de fincas de marzo del 1936 y en el proceso fueron asesinados o encarcelados por la represión franquista como castigo a su osadía, dado que existió una relación causa-efecto entre la participación activa en estas ocupaciones primaverales y la posterior represión fascista del verano”, apunta, por ejemplo, el presidente de la ARMHEX. La historiadora Candela Chaves ha documentado que Badajoz es la segunda provincia más afectada por la represión franquista.

Mientras aún olía a quemado en la capital pacense, se produjo “la recuperación de las fincas por sus antiguos propietarios, poniendo de nuevo en marcha la antigua organización de los cortijos de forma mucho más dura y humillante para los trabajadores vencidos”, se recoge en el libro Extremadura saqueada, publicado por Ruedo Ibérico en 1978.

Sin cambios

El resto, hasta hoy, es sabido: la falta de oportunidades obligó a emigrar a un 40% de la población en tan sólo 15 años, la renta per cápita es la más baja del país (16.166 euros, un 30,6% inferior a la media nacional), mientras las cifras de paro son las más elevadas de España (más de un 28%).

Y el silencio y el desconocimiento de esta reciente historia es lacerante: “Extremadura fue un foco de atención de los tratadistas de los fenómenos revolucionarios y de la antropología y sociología del campo. Y, sin embargo, con la llegada de la democracia todo esto pasó al olvido”, apunta Víctor Chamorro, quien lleva 50 años novelando sobre la región, de manera incluso “tóxica”, dice. Ahora, la recién creada Asociación 25 de marzo está trabajando para generar un debate sobre la importancia del empoderamiento de la ciudadanía, de la identidad y, por qué no, de la redistribución de la tierra. “Esta es una región periférica en lo económico, social, cultural y político. El 25 de marzo es un elemento constituyente de la identidad del pueblo extremeño, y tiene una capacidad de transformación social enorme”, añade Cañada, quien fuera coordinador de Izquierda Unida en la región.

Foto de David Seymour (Chim) tomada en la primavera de 1936, en Extremadura. / ARMHEX

Foto de David Seymour (Chim) tomada en la primavera de 1936, en Extremadura. / ARMHEX

Han pasado 81 años de aquellas fechas en la que los ojos del mundo, a través de muchos corresponsales, estaban en Extremadura. Y las explotaciones sigue en las mismas pocas manos: la región sufre la “distribución más injusta de las tierras” de todo el Estado, afirma el estudio Estructura de la propiedad de la tierra en España. Concentración y acaparamiento, elaborado por la ONG Mundubat y la Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, publicado en diciembre de 2015.

Este informe dedica un especial interés a las situaciones de Galicia, por su estructura minifundista, y de Extremadura, por todo lo contrario. Los datos analizados demuestran que la media del tamaño de las explotaciones es de casi 41 hectáreas, un 83% más elevado que la media estatal. O recogen, por ejemplo, que 163 grandes fincas (de más de mil hectáreas) poseen cuatro veces más tierra que las 28.752 pequeñas fincas. Hay más: el 30% de la tierra sigue en manos del 1,38% de los productores.

“Debemos destacar que algunas de estas grandes propiedades están en manos de latifundistas en el más clásico sentido de la palabra: personas físicas, de grandes familias o empresarios de alto nivel, absentistas en cuanto que su residencia habitual, por supuesto, no está en Extremadura y que tienen esas fincas como valores suntuarios y no como fuentes de renta o empleo”, recoge el documento.

Nuevos dueños

En el pequeño aeropuerto de Talavera la Real (Badajoz), aterrizó en abril del año pasado Mohamed bin Rashid Al Maktum. El primer ministro de Emiratos Árabes Unidos y jeque de Dubái visitaba la tercera gran finca que ha comprado en la provincia Badajoz. El hecho no es aislado. “Ahora estamos viendo cómo los terratenientes extremeños se asocian a terratenientes extranjeros cuyas fortunas vienen del petróleo y que compran enormes extensiones de tierra extremeña”, afirma Chamorro.

En febrero de 2015, el jeque Mansour Al Nahyan, dueño del club de fútbol Manchester City y hermano del emir de Abu Dhabi, invirtió en otra parcela pacense. Este jeque controla el fondo de inversión IPIC, dueño de la petrolera española Cepsa y también de parte de la eléctrica portuguesa EDP, entre otras compañías, como explican en su web. Los anteriores dueños, la familia Mora-Figueroa Domecq, son una de las mayores fortunas de España y también de las mayores beneficiarias de la Política Agraria Común (PAC). Pero esto daría para otro reportaje.

AUTOR

  • Mª Ángeles Fernández

  • J. Marcos

La abuela suiza de los refugiados españoles

21 abril, 2017

Fuente: http://www.swissinfo.ch


Por Susana Giménez Díaz, 23 de marzo de 2017.
Elisabeth Eidenbenz, la enfermera suiza que entre 1939 y 1944 que salvó a 600 niños en su Maternidad de Elna.
Elisabeth Eidenbenz, la enfermera suiza que entre 1939 y 1944 que salvó a 600 niños en su Maternidad de Elna.

(maternitesuissedelne.com)

Elisabeth Eidenbenz (1913-2011) es una de esas heroínas anónimas de la historia. La maestra y enfermera suiza salvó la vida a 597 bebés españoles nacidos en el exilio, hijos de refugiados de la Guerra Civil Española, y a casi 200 judíos cuyos padres huían del nazismo.

Vivo a apenas diez minutos de Elna, un pequeño pueblecito cerca de Perpiñán, que se sitúa muy cerca de la frontera española con Francia, la misma que 500 000 españoles refugiados (y digo españoles, no sirios) se vieron obligados a atravesar a pie en condiciones infrahumanas tras la barbarie de la Guerra Civil. Allí, en medio del campo se erige la que en su día fue la Maternidad de Elna, un antiguo palacete burgués que se transformó en maternidad gracias a la labor de una joven y fascinante maestra suiza: Elisabeth Eidenbenz.

TEMAS

Suiza y la Guerra Civil española

Cerca de 800 voluntarios suizos dejaron su patria para luchar contra el fascismo y defender la II República española. A su regreso a Suiza, fueron …

Ante las atrocidades y los horrores de la Guerra Civil, esta joven de apenas veinte años, idealista de buenas intenciones, decidió trasladarse primero a Madrid para ayudar a los niños de la guerra, y fue más tarde, con el éxodo republicano, cuando llegó hasta Francia para continuar con su labor. Concretamente en 1939 con la Retirada, fue cuando se produjo la huida masiva de españoles que llegó a los campos de refugiados del sur de Francia principalmente con el insistente frío de un mes de enero. Entre ellos, miles de niños y mujeres embarazadas, que se veían obligadas a dar a luz en las arenas de la playa del campo de Argelès-sur-Mer. En esas mismas arenas, las madres recién paridas, hacían un hoyo en la arena para proteger a sus bebés del frío, porque las mantas y ropas estaban empapadas por las lluvias y la humedad del invierno. Pero sus esfuerzos eran en vano, la propia sal y la humedad de la arena acababan con las vidas de aquellos bebés. Allí, la mortalidad infantil alcanzaba el 95%. Y hasta allí llegó también Elisabeth, que sin ser enfermera ni matrona, se propuso salvar al mayor número de mujeres y niños de una muerte segura.

Elisabeth Eidenbenz, llena de coraje y valentía, buscó hasta encontrar en Elna un edificio en ruinas, que consiguió que le cedieran para trasladar hasta allí a las refugiadas embarazadas. Gracias a las donaciones que llegaban de toda Europa y a muchos voluntarios, consiguió restaurarlo y hacer de él un refugio de paz y luz para las futuras mamás y sus hijos. Elisabeth caminaba cada día hasta Argelès para ver el estado de las embarazadas, hablar con ellas y darles el cariño que necesitaban. Y a un mes del parto, las cogía y acompañaba una a una, junto a sus otros hijos si los había, y caminaban del brazo los siete kilómetros que separaban el campo de refugiados de la maternidad, alentándolas siempre con palabras esperanzadoras. Intentando alejarlas, a través de su voz, de la crueldad, de las infecciones, del frío y del caos que estaban viviendo en el campo de refugiados.

Elisabeth, junto con otras voluntarias, hicieron posible que estas madres, no solo pudieran dar a luz con dignidad y decencia, sino que además, pudieran también quedarse allí algunas semanas más en buenas condiciones junto a sus hijos. Para ello, organizaron talleres de canto, de baile, y de costura, un lugar en el que las propias madres aportaban su granito de arena con las nuevas embarazadas que iban llegando.

Años después, y tras las españolas, eran las refugiadas alemanas, las que iban apareciendo por la maternidad. Y Elisabeth seguía asistiendo partos, ayudando así a llegar al mundo a casi 200 niños judíos. En total, la Maternidad de Elna vio nacer a casi 600 bebés hasta que en 1944, los nazis la obligaron a cerrar.

Son muchos los que batallan todavía porque este período histórico no caiga en el olvido. Actualmente, es Serge Barba, uno de los niños nacidos en la maternidad, quien continúa luchando a través de su asociación en defensa de la memoria histórica. Yo misma descubrí hace un año, junto a mis alumnos emocionados, la historia de esta maternidad, puesto que se trata de un período histórico que en Francia estudian con todo detalle tanto en la clase de Historia como en Español.

Desgraciadamente, en la actualidad existen numerosos campos de refugiados repartidos por todo el mundo, y yo quiero creer que existen todavía numerosas y anónimas “Elisabeths” que sacrifican sus vidas por darle un poco de dignidad a las vidas de los demás. También creo que en las clases de Historia se deberían contar, junto a las guerras y batallas, no solo quiénes ganaron o perdieron, sino quienes desde el anonimato trabajaron duro por salvar a las víctimas, porque ellos son los verdaderos héroes de la historia, las almas solidarias, las que no están ni de un lado ni de otro, más que del lado de la vida.

Este artículo se publicó originalmente en Diario16.