Archive for the ‘feminismo’ Category

¡A por ellas oé, a por ellas oé!

7 noviembre, 2017

Fuente: http://www.ctxt.es

La violencia siempre se ceba más con las mujeres. Especialmente con aquellas que han conquistado espacios que pertenecían a los hombres.
ANITA BOTWIN

<p>La portavoz de las CUP, Anna Gabriel, durante su intervención en el pleno del Parlament el pasado 10 de octubre.</p>

La portavoz de las CUP, Anna Gabriel, durante su intervención en el pleno del Parlament el pasado 10 de octubre.

PARLAMENT DE CATALUNYA (JOB VERMEULEN)

12 DE OCTUBRE DE 2017

La violencia siempre se ceba más con las mujeres. Especialmente con aquellas que han conquistado espacios que pertenecían a los hombres por el simple hecho de serlo.

Sin ir más lejos, el 10 de octubre  la portavoz de las CUP, Anna Gabriel, fue objeto de mofa. Las redes se incendiaron tras declararse “independentista sin fronteras” y la mayor parte de los comentarios al respecto fueron misóginos y machistas, aludiendo también a su forma de vestir o a su peinado. Cuando una mujer de la esfera pública se expone con algún comentario que a alguien pueda parecerle desafortunado, las respuestas que reciben son agresivas, lo que incluye apelaciones explícitas a violencias sexuales y machistas, que pasan por los cuerpos. Algo parecido le ocurrió a Inés Arrimadas cuando una mujer que se autodenominó machista le deseó que la violaran en grupo. El pasado 17 de abril, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, también anunció que denunciaría a un usuario que la insultó y la amenazó con violarla, vía Twitter. El tuit iba acompañado de la fotografía de una pistola semiautomática. Curiosamente, ese usuario también me amenazó a mí y a otras compañeras. Debe tener mucho odio dentro y mucho tiempo libre, también.

NO SÉ CÓMO NOS LAS APAÑAMOS, PERO NOSOTRAS SIEMPRE MENTIMOS, SIEMPRE PONEMOS DENUNCIAS FALSAS Y SIEMPRE, TAMBIÉN, SOMOS UNAS PERRAS, PUTAS Y TRAIDORAS MALFOLLADAS

Volviendo a Anna Gabriel, ya en su momento, el presentador de El Gato al Agua ,Eduardo García Serrano habló así de la diputada de la CUP: “De Anna Gabriel lo sabemos todo, porque ella misma nos lo ha contado, que es una puta, traidora, amargada y mal follada, tal cual se ve a sí misma. Y lo cierto es que por su forma de taparse, Anna Gabriel no se viste, se limita a tapar con harapos propagandísticos el cuerpo con el que la madre naturaleza la ha castigado. Es evidente que alguno de los adjetivos con los que Anna Gabriel se autodefine le quedan como anillo al dedo”.

La manera de mostrar el desacuerdo político por parte de medios de comunicación y de la ciudadanía se muestra en múltiples ocasiones con descalificativos relacionados con el cuerpo o la vestimenta, las relaciones sentimentales de cada una de nosotras, y nuestra tendencia sexual.

Como ya señalé en esta columna, el 1 de octubre también existió violencia sexual por parte de la policía y guardia civil hacia mujeres que fueron a votar, según ha denunciado la misma Ada Colau. Tras ilustrar el texto con la imagen de una de las agresiones a una mujer en un colegio electoral, también recibí comentarios agresivos en los que se ponía en duda mi profesionalidad porque la chica de la foto había mentido, según ellos juzgaban. No sé cómo nos las apañamos, pero nosotras siempre mentimos, siempre ponemos denuncias falsas y siempre, también, somos unas perras, putas y traidoras malfolladas. Y por supuesto, unas víctimas. En el momento en el que no hacemos lo que se pide y espera de nosotras, lo que se nos sugiere socialmente por nacer mujer, se nos descalifica y margina, silencia o agrede.
El 8 de octubre en las manifestaciones españolistas también se sucedieron violencias. En concreto, en uno de los vídeos del día puede verse a varios individuos con banderas de España gritando “chupapollas” a una mujer que está en su balcón. Ella responde y uno de ellos amenaza: “puta, baja aquí”.
Todas estas violencias son las que sufrimos a diario, de una manera u otra cada una de nosotras. En las redes sociales, como ya he denunciado varias veces, recibimos amenazas de muerte adornadas con fotos de cuerpos mutilados. Algunas somos las periodistas feministas que hemos sido amenazadas para que dejemos de hablar de feminismo. O dejemos de hablar a secas. La violencia machista sigue estando normalizada en nuestro país y no se toman las medidas oportunas para erradicarla.
Manuela Carmena tampoco se ha librado de la opinión sobre su aspecto. El juez Yusty Bastarreche, encargado de suspender el acto a favor del derecho a decidir en Madrid, hablaba así de la alcaldesa: “¡Pensar que semejante tropa está al mando de nuestras ciudades y villas, y puede estar en el Gobierno de España. Si por lo menos tuviesen un aspecto presentable”.. Sí, amigos, en pleno siglo XXI.
Como explica Nuria Varela en Feminismo para principiantes, “desde hace siglos hay feministas guapas y feas, ricas y pobres, gordas y delgadas, altas y bajas… Lo que no ha habido nunca, a lo largo de la historia, ha sido un movimiento político cuestionado por la belleza física de sus miembros”. Ahora que por fin hemos conquistado ciertos espacios de la esfera pública, aquellos que no solo no lo lo respetan, sino que lo detestan, no tienen otra arma que descalificarnos por la forma y no por el fondo y la complejidad de nuestros actos.

AUTORA: Anita Botwin

  • Gracias a miles de años de machismo, sé hacer pucheros de Estrella Michelin. No me dan la Estrella porque los premios son cosa de hombres. Y yo soy mujer, de izquierdas y del Atleti. Abierta a nuevas minorías. Teclear como forma de vida.
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“España es el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”

18 octubre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

María Rozalén está en un tren. Viaja a Albacete, su ciudad natal, cuando descuelga el teléfono por la llamada de eldiario.es. Es temprano y tiene poco tiempo: su tercer disco se puso a la venta este viernes y la promoción le obliga a hacer como que cuenta con el don de la ubicuidad, aunque no lo tenga. “Me están haciendo 50.000 entrevistas, afortunadamente. Me he dejado el alma”, dice orgullosa sobre su tercer disco, Cuando el río suena… (Sony Music).

Rozalén creció en Letur (Albacete) escuchando las historias sobre su tío abuelo, que dependiendo de la familia que lo llamase era Ramón o era Justo. Ella estudió Psicología, aunque tocaba la bandurria desde los siete años, componía desde los 14  y había ganado su primer premio musical a los 19.

Durante la Guerra Civil Justo estaba en Transmisiones, en la quinta del Biberón. La compañía fue una de las últimas llamadas a filas por Manuel Azaña entre 1938 y 1939. El presidente de la Segunda República movilizó a jóvenes que por aquel entonces tendrían 17 o 18 años para ir al frente a luchar, por eso el apodo. Justo fue el único de su pelotón que no volvió.

“Mi abuela siempre me relacionaba con él porque también cantaba”, dice Rozalén. Justo era 8 años mayor que ella, que le vio irse con 10 años para no volver nunca más. Hay heridas que nunca terminar de cerrarse.

Hace dos años, mientras la cantautora preparaba el disco, conoció a Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. “Me pidió que le diese los datos: solo teníamos el nombre, los apellidos, el día que lo mataron y que era de Letur”, dice Rozalén. Hace un año recibe un WhatsApp de Silva, que le dice que su tío abuelo está registrado en una fosa común de Arganda del Rey (Madrid). “Mi familia ni se había planteado buscarlo. Después de 80 años, imagínate”.

Denuncia social, poesía y compromiso

Las cifras bailan cuando se habla de desaparecidos durante el franquismo. Hace apenas dos días, la ONU exigió a España que acelerase la búsqueda de muertos en cunetas. “Somos el segundo país con más desaparecidos del mundo y aquí nadie habla de eso”, denuncia Rozalén. Se estima que aún quedan unas 140.000 personas por encontrar dentro de las fronteras del estado español. “Falta información y falta humanidad”, continúa la artista.

Cuando el río suena… es un disco familiar y comprometido: Rozalén y las historias de sus antepasados, la poeta ante la denuncia social, la xenofobia, el racismo y la desmemoria que tienen los que dicen eso de “ya pasó”. También canta al amor, al despecho, a sus padres e incluso al feminismo.

“En La puerta violeta hablo con mi abuela, con la mujer de su tiempo y el mío”, continúa la cantautora, que confiesa que este tema es “una metáfora de apertura al feminismo que habla sobre un maltrato no físico”. Dice que solo lo podía explicar hablando sobre la diferencia generacional entre mujeres.

María Rozalén
María Rozalén

Para explicar esta brecha, Rozalén habla de cómo su abuela le abronca por no tener hijos aún a los 31 años -“ella dice que ya tenía cuatro hijos”- y de cómo el pensamiento ese de “si no tienes una familia no eres mujer” todavía permanece muy presente en los viejos. “También la filosofía esa de que debemos aguantar. Eso es algo que nuestras abuelas siempre dicen. Yo le contesto: ‘es que no tengo que aguantar esto'”, continúa.

Rozalén, que se congratula de no haber sufrido nunca el machismo en sus carnes, reconoce que “se nos exige mucho más por ser mujeres. Hay mucho que mejorar porque nos siguen asesinando en nuestras casas”. También lanza una crítica contra la corriente del “amor romántico” que últimamente embauca a los jóvenes: “el ‘es que si no tiene celos no me quiere’ está maltratando a muchas niñas jóvenes”. Por eso propone “reformar la Ley de Violencia de Género hasta que baje el número de muertes”.

Rozalén llega a Albacete justo al terminar esta conversación. Se va directa a otra entrevista. Empieza la gira de presentación del disco el día 2 de noviembre en Murcia. Su abuela estará con ella, porque sin su memoria ni la de Rozalén, Cuando el río suena… dejaría de llevar agua. Porque, como dice casi al final de la entrevista, “hay mucho hecho y mucho por hacer”.

Las exploradoras del Nuevo Mundo

12 octubre, 2017

Fuente: http://blogs.elpais.com/historias/

Por: Tereixa Constenla 06 de febrero de 2014

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Fotograma de la expedición de Mencía Calderón, en la serie ‘El corazón del océano’.

En el segundo viaje de Colón figuraban mujeres, un hecho casi desconocido fuera del ámbito académico. Fue el inicio de un flujo creciente e incesante de españolas hacia América. Algunas protagonizaron aventuras asombrosas y otras actuaron con crueldad.  Sin embargo, ni figuran en la Historia ni conocemos sus nombres. Solo algunos empeños pugnan por arrancar a estas mujeres, con sus luces y sombras, de las tinieblas. El más reciente es el de Eloísa Gómez-Lucena, que ha publicado Españolas del Nuevo Mundo(Cátedra), donde recompone 38 biografías femeninas. Contra el runrún popular, ni todas fueron monjas o prostitutas. Los investigadores han constatado que se trató de un fenómeno significativo y transversal. Su perfil fue tan diverso como la sociedad de la que partían: desde humildes costureras hasta hidalgas con vocación pedagógica. Al llegar allí, un mundo fascinante y peligroso que solapaba la destrucción de lo existente con la construcción de lo nuevo, se convirtieron en capitanas, guerreras, maestras, exploradoras… “Engrosaron las filas de los expedicionarios y, como ellos, desbrozaron selvas, atravesaron cordilleras y desiertos y navegaron por los grandes ríos. Hazañas y penalidades femeninas en raras ocasiones reconocidas por la Corona española o comentadas por los historiadores de la época”, escribe Gómez-Lucena en el ensayo introductorio. A cada una de las vidas reseñada le sobran argumentos para un guion cinematográfico. Hollywood no las habría desaprovechado. Acaso alguien se anime si lee la obra. De momento, ahora que la ficción histórica está de moda en televisión, se ha estrenado El corazón del océano, la serie que narra la odisea de Mencía Calderón, la extremeña que sobrevivió junto a una veintena de mujeres a una expedición de 17.000 kilómetros y seis años hasta llegar a Asunción (Paraguay). Estas son cuatro historias recogidas por Eloísa Gómez-Lucena.

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Escena del Lienzo de Tlaxcala donde figura una mujer que podría ser María de Estrada.

María de Estrada. Combatiente a las órdenes de Cortés. Cofundadora de Puebla de los Ángeles y Tetela del Volcán. (¿Sevilla, 1480?-Puebla de los Ángeles (México), 1535). La biógrafa avisa de que “nada se sabe de los años españoles y poco de los americanos” de esta mujer que participó en la expedición de Hernán Cortés a Nueva España (México). Aparece citada con tacañería por el cronista Bernal Díaz del Castillo, que reparó más en los caballos. “Describe hasta los 16 équidos que los acompañaban, pero se olvidó de anotar el nombre de las mujeres embarcadas o, al menos, mencionar el número”, se queja la autora del libro. De las hazañas de María dan fe otros cronistas, como el historiador mestizo Diego Muñoz Camargo que, en 1591, concluyó una obra donde se recogían los sucesos tras la Noche Triste, cuando los españoles huían de Tenochtitlan el 1 de julio de 1520: “Se mostró valerosamente una señora llamada María de Estrada, haciendo maravillosos y hazañeros hechos con una espada y una rodela en las manos, peleando valerosamente con tanta furia y ánimo que excedía al esfuerzo de cualquier varón”. Gómez-Lucena también da por cierto que la conquistadora es la figura femenina que cabalga junto a un capitán saliendo de Tenochtitlan, en un grupo comandado por Pedro de Alvarado, que figura en el Lienzo de Tlaxcala, un códice realizado en 1552 por encargo del Cabildo para narrar la conquista del imperio mexica. María de Estrada volvería a guerrear contra los indios tetelecas cerca de Puebla de los Ángeles, en cuya fundación participó junto a su primer marido, Pedro Sánchez Farfán.

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Dibujo de Kim para el libro ‘De lo vi en las Yndias’.
Catalina Bustamante. Primera maestra de América. (Llerena, c.1490-Texcoco (México), ¿1546?). De probable origen hidalgo y con formación humanista, partió el 5 de mayo de 1514 de Sanlúcar de Barrameda junto a su marido, sus hijas y sus cuñadas hacia Santo Domingo, la primera ciudad europea del Nuevo Mundo. Durante 15 años se pierde su rastro “hasta que resurge en México a través de una protesta que la dignifica”. Escribe una carta a Carlos I en 1529 “exigiendo justicia por el atropello del que habían sido víctimas dos alumnas indígenas y, por extensión, el colegio de Texcoco que ella dirigía”. Para entonces Catalina Bustamente había enviudado y se ocupaba de la educación de las hijas de los capitanes de Hernán Cortés. Era terciaria, lo que la obligaba a una existencia decorosa y pía, una condición que la favoreció para ser nombrada directora del colegio de niñas indígenas de Texcoco. Aprendían a leer y escribir, cantaban oraciones, aprendían cuestiones domésticas y, las mayores, se iniciaban en algún oficio. “Catalina Bustamente fue inculcando en las adolescentes indígenas el derecho a formar una familia monógama e indisoluble, lejos del arbitrio paterno donde, hasta ese momento, las hijas eran mercancía para sellar alianzas con caciques o capitanes españoles. Animó a estas jóvenes a formarse una nueva conciencia regida por el derecho a elegir esposo y a vivir en sintonía con la moral cristiana”. Una noche de 1529 un grupo de indios asaltó el colegio para raptar a Inesica, hija de un cacique, y su criada por orden de un alcalde español encaprichado con la joven. La directora del colegio denunció al secuestro ante el obispo, que exigió la devolución de Inesica y su criada. “No conforme con eso, Catalina Bustamante denunció al alcalde por el atropello a la honra de las doncellas y el allanamiento del colegio para que sirviera de escarmiento ante los desmanes de otros altos cargos del virreinato”. No prosperó la vía judicial porque el presidente de la Audiencia de México era el hermano del regidor que había ordenado el secuestro. Fue entonces cuando Bustamente escribió a Carlos I, enredado por entonces en los detalles de su coronación como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La misiva acabaría en manos de su esposa, Isabel de Portugal, que se indignó ante la ofensa y ordenó reclutar “mujeres letradas de conducta ejemplar” para instruir a las niñas de Nueva España. A las elegidas les pagó el pasaje, la manutención y un ajuar. Catalina Bustamente regresó una vez a España, con 45 años, para denunciar ante la Corona la falta de apoyos a su labor pedagógica. Isabel de Portugal volvió a respaldarla con fondos y con el reclutamiento de tres terciarias maestras. La instrucción de niñas indígenas se expandió –también a las hijas de familias pobres- por México hasta que la peste de 1545 la truncó abruptamente. Entre los 800.000 fallecidos se incluyeron las alumnas y sus maestras, incluida Catalina Bustamante. Un monumento en Texcoco la honra como la “primera educadora de América”.

Ana de Ayala. Exploradora del Amazonas. (Trujillo, 1525-Panamá, finales XVI). Contra esa versión que la identifica como una prostituta, Gómez-Lucena afirma que Ana de Ayala, de origen humilde, se casó a los 19 años en Sevilla con Francisco de Orellana, mientras él preparaba la expedición para remontar el Amazonas desde el delta. La Corona le autorizó a llevar 100 hombres a caballo, 200 a pie, algunas esposas e hijos y solteras, ocho esclavos y otros tantos religiosos. En la práctica, cuando zarpó de Sanlúcar el 11 de mayo de 1545, “tuvo que incluir en la tripulación algunos individuos de malos antecedentes, prófugos de diversa condición: ladrones, bellacos, quizá algún homicida, pero también maridos que huían de sus mujeres, a quienes las Leyes de Indias prohibían pasar a América sin ellas”. Partieron entre 300 y 500 personas en cuatro naves. Cuando llegaron a Brasil para iniciar propiamente la aventura solo habían sobrevivido 150 y dos naves. Los infortunios siguieron acumulándose: faltaban alimentos, un nuevo naufragio, enfrentamientos con los indios… Finalmente, Orellana decidió continuar solo con el bergantín junto a Ana de Ayala, Juan de Peñalosa, el piloto Juan Griego y apenas medio centenar de tripulantes. “Vagaron en el bergantín durante 27 días, perdidos por afluentes o brazos muertos del Amazonas”. Regresaron a buscar a la isla donde habían dejado otros compañeros. No estaban. “Durante unos meses los buscaron río abajo. Ya todos iban enfermos o heridos y, con tan solo un puñado de maíz para cada pasajero, echaron el ancla en un recodo del río al distinguir un poblado en un claro del bosque. Revolvían las chozas y las empalizadas en busca de alimentos y animales cuando los emboscados indígenas, avisados de su llegada, flecharon a 17 hombres y a Orellana le atravesaron el corazón. Desconocemos el lugar y la fecha de su muerte. Sin embargo, por las declaraciones de su mujer Ana de Ayala y de los otros supervivientes, sucedió en los primeros días de noviembre de 1546, tal vez en Macapá, a unos 200 kilómetros del mar abierto. Lo enterraron al pie de un soberbio castaño de Brasil, tan pródigo en la Amazonía”. Dos semanas después, solo 26 personas de entre los centenares que zarparon de Sanlúcar arribaron a la isla Margarita. Ana era la única mujer superviviente. Tras la recuperación se fue a Panamá con el capitán Juan de Peñalosa aunque no volvió a casarse. Según Gómez-Lucena, lo desaconsejó una razón práctica: “Ana de Ayala habría interpuesto querella al Consejo de Indias con el propósito de reclamar los derechos de explotación de los territorios descubiertos por su marido, o bien, habría solicitado a la Corona española que le asignara encomiendas de indios con las que mantenerse, en consideración a los servicios de su marido y a los suyos propios”. El único rastro documental que dejó Ana de Ayala ocurrió en marzo de 1572 ante un tribunal de Panamá que debía valorar los servicios prestados por Peñalosa en la expedición de Orellana. Ella declaró como testigo. En el libro se recoge un extracto de sus respuestas que certifican las calamidades que afrontaron todos los expedicionarios: “Llegó a tanto la dicha hambre que se comieron los caballos que llevaban y los perros en 11 meses que anduvieron perdidos en el dicho río; en el cual dicho tiempo murió la mayor parte de la gente y, juntamente con ella, el dicho su marido; y sabe este testigo que solamente escaparon 44 hombres, uno de los cuales fue el dicho capitán Juan de Peñalosa”.

Isabel Barreto (Pontevedra, 1565-Castrovirreyna, Perú, 1612). Adelantada de los Mares del Sur (Melanesia). La familia Barreto Castro, acomodada y erasmista (lo que propició una esmerada instrucción a sus hijas), se instaló en 1585 en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) en el séquito del virrey. Un año después Isabel se casó con el almirante Álvaro de Mendaña, descubridor de la islas Salomón, y contribuyó a buscar financiación para una nueva travesía a los mares del Sur. Zarparon en 1595 con una dotación formada en buena parte por soldados conflictivos. La expedición al completo estaba integrada por cuatro naves, con 280 hombres y 98 mujeres y niños. Durante los 35 días de navegación hasta las islas Marquesas, cuenta la biógrafa que se celebraron 15 bodas. Pero la travesía fue más pródiga en dificultades: enfrentamientos con indígenas, escasez de víveres y agua, desesperanza para encontrar las islas ansiadas. El retrato de Isabel Barreto que legó a la posteridad el cronista Pedro Fernández de Quirós (el piloto portugués) es el de una mujer manipuladora y dura. Este relató que, para resolver el enfrentamiento entre su marido, el adelantado Mendaña, y su maestre, ordenó su ejecución: “Señor, matadlo, o hacedlo matar: ¿qué más queréis, pues os ha venido a las manos?, y si no, yo le mataré con este machete”. Poco después se sucedería una sangría entre partidarios de uno y otro. El propio Mendaña fallecería poco después dejando como heredera a su esposa, que se convertiría en la gobernadora de los Mares del Sur. La almiranta decidió entonces enfilar hacia Manila en condiciones precarias y ambiente tenso. “Isabel Barreto prohibió desembarcar bajo pena de muerte. En la noche, un soldado casado y con un bebé fue en una barca hasta el poblado en busca de leche para su hijo. Al regresar, Isabel Barreto mandó ahorcarlo por no ser obedecida”.  El 11 de febrero de 1596 arribaron a Manila. La adelantada rehízo su fortuna con el comercio de telas de China y se casó de nuevo con Fernando de Castro, que defendió sin éxito ante el rey Felipe III los derechos de su esposa como gobernadora de las islas Salomón. La Corona otorgó, por el contrario, el beneplácito a Fernández de Quirós para organizar una nueva expedición a los mares del Sur.

 

Sobre azafatas, becarios, vientres de alquiler y capitalismo

9 septiembre, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

Son numerosas las ocasiones en que, en nuestras sociedades, se apela a la libertad del individuo para permitir las cosas. Es el caso de las azafatas cosificadas en eventos deportivos; el pasado mes de mayo en el circuito de Fórmula 1 de Barcelona se repitió el debate, y antes en Jérez de la Frontera. Organizaciones feministas y algunas políticas critican que se utilice como reclamo sexual del hombre y proponen eliminar la figura de la azafata sensual y ligera de ropa. Frente a ello, los defensores recurren a testimonios de algunas de esas mujeres justificando su trabajo y defendiendo su libertad individual.

El tema surgió de nuevo con los becarios de los restaurantes de lujo. No cobraban, pero los defensores expusieron a algunos de ellos defendiendo su labor porque aprendían y se abrían un hueco en el mercado laboral.

Ahora toca el turno a la gestación subrogada o vientres de alquiler. De nuevo se apela al derecho de la mujer a disponer de su útero para gestar un niño para otros.

Existe una constante entre quienes defienden azafatas floreros, becarios sin sueldo y vientres de alquiler: la libertad de elección de todos ellos. Esto nos hace reflexionar sobre el concepto de libertad en el capitalismo, es decir, en un sistema de reparto desigual de la riqueza, en un sistema que no garantiza tener cubiertas necesidades básicas (vivienda, alimentación, trabajo…) y menos aún en un marco internacional donde 795 millones de personas pasan hambre. En esta situación de desesperación no faltarían personas dispuestas a la mayor de las humillaciones para poder dar de comer a su hijo, habría refugiados y víctimas de catástrofes dispuestos a trabajar solo por un plato de comida. Si vas a la India y pones 30.000 euros encima de la mesa a cambio de un riñón, aparecerán miles de “voluntarios” dispuestos a donártelo “libremente”. ¿De verdad creemos que actúan todos ellos en libertad? En el capitalismo uno nunca es libre si necesita a otro (empresario que le contrate) para poder sobrevivir.

No se puede aceptar el criterio de que vale todo lo que alguien está dispuesto a asumir. Incluso en nuestro derecho mercantil existe el concepto de cláusulas abusivas en contratos en los que las dos partes pueden estar dispuestas a firmar. Las cláusulas abusivas de muchos bancos que ahora se están declarando ilegales las firmaron voluntariamente muchas personas. Probablemente muchas personas aceptarían –lo hacen– tener sexo a cambio de un contrato. Es voluntario, nadie les obliga. ¿Seguro? Cuando existe una necesidad básica sin satisfacer lo que haces para poder conseguirla no es libertad. Y tampoco resultará creíble la concesión generosa: el niño no trabaja diez horas al día ni voluntariamente ni por generosidad, el riñón no lo da un indigente indio a un estadounidense ni libremente ni por solidaridad y el hijo que una mujer pobre ha gestado durante nueve meses en su útero tampoco nos creemos que lo regala a unos ricos por razones humanitarias.

La auténtica libertad surge de las condiciones materiales, como decía Rousseau en El contrato social, que “nadie sea tan pobre como para querer venderse y nadie sea tan rico como para poder comprar a otros”.

Quienes pretendemos dignificar trabajos de azafata, becarios y mujeres nos hemos encontrado enfrente a todas las personas que sacan al mercado su cuerpo cosificado, su fuerza de trabajo o su útero. Ya sucedió en América Latina ante campañas de las ONG contra el trabajo infantil. Quienes más se oponían eran las familias pobres y sus niños porque necesitan ese dinero.

No tienen razón los explotadores que esgrimen la libertad y la voluntad como argumento para que les dejemos seguir exprimiendo a otros seres humanos. Pero tampoco quiénes se oponen si siguen defendiendo un modelo capitalista de sociedad donde es el dinero el que define lo que se puede o no se puede lograr. Si queremos que nadie se aproveche de la pobreza de los demás, se respete la dignidad de las personas y no se mercantilicen los cuerpos se debe ser anticapitalista.

Rosa Luxemburgo, el águila de la izquierda que callaron con una bala

30 agosto, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

“Socialismo o barbarie”. Aunque los considerase antagónicos, en la vida de Rosa Luxemburgo (1871-1919) ambos conceptos fueron de la mano. Ella soñó con la revolución hasta que los freikorps le volaron la cabeza y lanzaron su cuerpo por el Canal Landwehr de Berlín. Luxemburgo nació en la Polonia rusa cuando aún se escuchaban los ecos de la Comuna de París y fue asesinada 48 años más tarde por proclamar la lucha obrera, el sufragio universal y una alternativa al “parásito” sistema capitalista.

Su figura ha estado unida cien años al imaginario de la revolución, pero aún hay mucha gente que desconoce la audacia de esta mujer excepcional. El libro La rosa roja se ha propuesto recuperar a la Rosa teórica, socialista y anticapitalista, pero también a la que amó a escondidas, la que sufrió violencia machista y la que, con sus contradicciones, quería libres a las mujeres de cualquier clase social.

Portada Rosa Luxemburgo

La ilustradora y activista británica Kate Evans publicó su novela gráfica en 2015 con Verso Books y dos años más tarde llega en castellano gracias a la editorial argentina Ediciones IPS-Pan y Rosas. También lanzaron un crowdfunding para publicarlo en España y superaron el objetivo inicial en menos de una semana.

Sus viñetas conjugan el humor con un análisis exhaustivo de la obra de Rosa Luxemburgo, sus artículos en prensa o la correspondencia personal que no se había traducido a nuestro idioma hasta ahora.

Tanto en unos textos como en otros, la protagonista muestra una inteligencia crítica que puso en jaque a los dirigentes del partido socialdemócrata alemán e incluso ciertas teorías de Marx, que desmontó en su libro La acumulación del capital (1913).

A pesar del estilo caricaturesco de los dibujos, el espíritu de Rosa Luxemburgo se conserva intacto gracias a las citas textuales. Ese es el gran acierto de la novela de Kate Evans: acercar una figura compleja y controvertida sin perder el peso didáctico de sus intervenciones públicas y de sus inspiradoras clases de economía marxista.

“Aunque es recordada como una mártir, ella es mucho más que eso, porque cada momento que vivió, lo hizo al máximo”, recuerda su última biógrafa. Que este nuevo homenaje sirva para recuperar las lecciones de uno de los personajes más combativos y brillantes de nuestra historia.

La socialista más joven

En casa de los Luxemburgo, a las mujeres se les reservaba la tarea de apretarse los corsés para reducir la cintura y de cuidar su hermosa melena larga para atraer a un hombre rico. Rosa, la hija más pequeña, pronto defendió que el valor de una mujer estaba en su intelecto, no en los centímetros de su cadera. Aunque se crió en un hogar profundamente judío, se deshizo también de la fe religiosa en cuanto descubrió al filósofo que le cambiaría la vida.

“Marx dijo que los dioses son producto de las regiones nebulosas del cerebro humano“, decía ella. “Tu abuelo es un rabino y te lavarás la boca con jabón, jovencita”, le recriminaba su familia. Para no calentar el ambiente en su casa, Luxemburgo escondía el Manifiesto comunista o Trabajo asalariado y capital de la vista de sus padres, pero disertaba abiertamente de capitalismo con sus hermanos.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Con su preparación e inteligencia, a nadie le extrañó que una chica de 15 años se afiliase al movimiento socialista polaco, aunque viviese con la amenaza constante de ser atrapada y condenada en Siberia por el zar ruso. Al final, en 1889 se exilió a Zúrich para estudiar en la única universidad que admitía a mujeres. Allí cambió la botánica y la zoología por la ciencia del cambio social y las relaciones económicas. También aprendió once idiomas y trabajó como periodista mientras acababa un doctorado sobre la industrialización en Polonia. Su mantra: “Cuestionar todo”.

El azote de los conformistas

Las conferencias de Rosa Luxemburgo en la Internacional Socialista promovían la solidaridad entre países y la revolución mundial, mucho antes que el derecho a la autodeterminación que reclamaba Polonia. Defendía que la lucha obrera debía centrarse en el capitalismo, aunque el Manifiesto comunista de Marx llamase a la emancipación de los polacos. Esa filosofía, que compartía con su primer amor Leo Jogiches, la trasladó a Berlín en 1898, cuando se afilió al SPD alemán.

Rosa también se opuso a grandes figuras del partido socialdemócrata como Eduard Bernstein, rebatiéndole que “la lucha por la reforma es el medio, la revolución es el fin”. Pensaba que si las reformas se lograban a través de la lucha obrera, fortalecían al partido, pero si se obtenían por métodos parlamentarios o acuerdos entre partidos burgueses, esto sólo favorecía al capitalismo.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Más tarde, se distanció de otros pesos pesados del SPD que la consideraban una “víbora bribona”, como su otrora gran colega Karl Kautsky. Una brecha que se abriría para siempre con la aprobación de los presupuestos de la Primera Guerra Mundial, a la que ella se oponía tajantemente, y con el retraso en las negociaciones del sufragio universal, y femenino.

La “no militancia” feminista

Otro importante contacto que hizo Rosa en Berlín fue Clara Zetkin, la activista que estaba al frente de la organización de mujeres socialistas y del periódico feminista Die Gleichheit ( La Igualdad). Juntas defendían el voto universal, aunque Luxemburgo nunca quiso encabezar el ala femenina para no perder los beneficios que tenía en el partido junto a los varones. Pensaba que era una estrategia de sus compañeros para desterrarla de la primera línea del debate teórico, donde reinaba el machismo.

“El voto femenino aterra al actual Estado capitalista porque, tras él, están los millones de mujeres que reforzarían al enemigo interior, es decir, a la socialdemocracia”, escribió. No compartía con Zetkin, sin embargo, la defensa solo del voto de las mujeres propietarias que pagaban impuestos. “Son derechos de las damas, no de las mujeres. No puedo hacer causa común con las señoras de la clase capitalista”, le espetaba Luxemburgo.

Viñeta Rosa Luxemburgo

Ambas participaron en 1907 en la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en la ciudad alemana de Stuttgart, que aprobó que los partidos socialistas del mundo luchasen obligatoriamente por el sufragio femenino. También en la Segunda Conferencia, llamada Guerra a la guerra, donde más de cien activistas de 17 países establecieron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. En aquella época, Rosa empezó a sentirse cómoda con la etiqueta feminista y sus discursos tomaron un cariz más comprometido, como este que pronunció en 1912:

“El actual enérgico movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una flagrante injusticia es señal infalible, señal de que las bases sociales del sistema imperante están podridas y que sus días están contados. Luchando por el sufragio femenino, también apresuraremos la hora en que la actual sociedad caiga en ruinas bajo los martillazos del proletariado revolucionario”

Una de las cosas que más lamentó Luxemburgo al final de sus días fue no haber defendido con ahínco el voto y la emancipación de la mujer. Por eso, a su salida de la cárcel en 1918 y cuando reorganizó la Liga Espartaquista, estableció como nueva consigna “la plena igualdad social y jurídica entre los sexos”.

La utopía antibelicista

Si bien el equidistante feminismo de Rosa Luxemburgo ha sido motivo de debates académicos, con su perfil pacifista no queda resquicio para la duda. La política enarboló un discurso antimilitarista durante toda su carrera, pero sobre todo a las puertas de la Primera Guerra Mundial, cuando su partido votó por primera vez a favor de unos presupuestos capitalistas que daban luz verde a la masacre.

Los razonamientos de Luxemburgo se podrían aplicar perfectamente hoy en día, cien años después de la Gran Guerra. Para ella, el conflicto “es indispensable para el desarrollo del capitalismo”, puesto que la industria armamentística mueve decenas de miles de millones y está controlada por señores de la guerra que deben justificar el gasto militar y el tráfico incontrolado de armas. Así, Rosa interpeló a sus propios camaradas en Utopías pacifistas (1911):

¿Cuál es nuestra tarea en la cuestión de la paz? (…) Si las naciones existentes realmente quisieran poner coto, seria y honestamente, a la carrera armamentista, tendrían que comenzar con el desarme en el terreno político comercial, abandonar sus rapaces campañas colonialistas y su política internacional de conquista de esferas de influencia en todas partes del mundo” .

Este hincapié en hacer “un llamamiento a la justicia y al fin de la violencia” durante los cuatro años de la guerra fue el que acabó con su vida. No caben medias tintas cuando se está en contra de precarizar vidas en el trabajo y en el campo de batalla. Al menos, no para Rosa Luxemburgo. Esta líder solo consideraba la vía del socialismo para acabar con la barbarie, y terminó sufriendo la barbarie en propias carnes por parte de los freikorps.

Pero la Rosa Roja vio que la dignidad humana estaba por encima de los partidos y de la economía militar. Y así se recordará siempre a la mujer que no huyó del barco naufragado y luchó hasta la muerte “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

Rosa Luxemburgo en un mítin en Berlín
Rosa Luxemburgo en un mítin en Berlín, 1910

La señora de Urdangarín

22 julio, 2017

Fuente: http://www.eldiario.es

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A Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia habrá que llamarla a partir de ahora simplemente “señora de Urdangarin”. La sentencia del caso Nóos ha dado por bueno que la señora de Urdangarin no sabía nada de los delitos de su marido aunque es culpable de haberse beneficiado de ellos. Es decir, que es responsable de gastarse el dinero pero una irresponsable en cuanto a cómo conseguirlo. El fallo del tribunal convierte en jurisprudencia a la mujer florero, la señora de, la esposa de, y nos tememos que lo hace porque ella es la hija de y la hermana de.

Es una pena que tres juezas, tres mujeres, hayan aceptado la vieja idea de la mujer ingenua, ignorante e inocente que no se entera de los complejos negocios de su esposo porque eso es cosa de hombres y en casa no se habla de esos temas, sólo de la educación de los niños. Es lo que otras veces he llamado “infantalismo”, el presunto infantilismo del infantado, o sea, que la infanta se chupa el dedo. Chúpate esa.

Sabemos que tonta no es porque ha recibido la mejor formación y desempeña trabajos cualificados por los que gana un pico, así que la sentencia viene a decir que la señora de Urdangarin es como la esposa del mafioso, una Carmela Soprano, que no tiene un pelo de tonta y, justo por eso, para no meterse en problemas, no pregunta a su maridito sobre el origen del dinero. Ella sólo se lo gasta y echa un autógrafo en los contratos: señora de Urdangarin y a mí plin.

Tenemos que creernos que una mujer adulta, instruida y con empleo, asesorada por un secretario personal asignado por Zarzuela, desconocía a qué se dedicaba una sociedad de la que era copropietaria y de la que salía el dinero con el que pagaba gastos y reformas palaciegas. Tenemos que creernos que ella no sabía nada de la sociedad que el matrimonio creó después de que la Casa Real le dijese a su marido que dejara sus dudosos negociados. Habría que chuparse tanto el dedo como ella para creérselo.

Hemos visto demasiado para ser tan ingenuos. Hemos visto a un fiscal haciendo de abogado defensor de la señora de Urdangarin y anunciando este lunes que va a pedir prisión con fianza para él, con lo que no le veremos entrar en la cárcel. Hemos visto a la Hacienda española haciéndose la sueca con sus papeles y al presidente del Gobierno convencido de que le iba a ir bien. Y vaya que si le ha ido bien: como pagó más fianza que la multa, le ha salido a devolver. Le han aplicado el programa PADRE.

De su padre es la frase, la ley es igual para todos. Esta sentencia demuestra que no es igual para todos, ni para todas. La exculpación de la señora de Urdangarin, relega a la mujer al papel de jarrón decorativo, la devuelve a los tiempos en los que tenía que pedir permiso a su marido como si fuera su dueño. Es especialmente grave en una sociedad en la que, sólo este año, 10 mujeres han sido asesinadas por hombres que las matan porque creen que son suyas.

Mientras una manifestación multitudinaria se movilizaba este fin de semana contra la violencia machista y en apoyo de las mujeres que están haciendo huelga de hambre contra el feminicidio, el tribunal del caso Nóos eximía a dos mujeres de responsabilidad porque una de ellas es hija y hermana de. Para salvar a la monarquía, condenamos a las mujeres.

MARTES A LAS 10H EN WWW.CARNECRUDA.ES, LA ESPAÑA NEGRA, LA HERENCIA DE LOS ESCLAVOS NEGROS EN NUESTRO PAÍS

Recuerda que este programa es solo posible gracias a ti. 
Difúndelo y, si puedes, hazte Productor o Productora de #CarneCruda.

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Violencia de género entre menores

13 julio, 2017

Fuente: http://www.jessicafillol.es

Jessica Fillol, 5 de junio de 2017.

Ella acababa de comenzar la Secundaria, él iba un curso por delante. Salieron durante unos meses, pero cuando ella quiso romper la relación, él comenzó a ser más agresivo. En realidad, ya había ejercido violencia sobre ella antes, solo que Laura, a sus 13 años, no había sabido identificarla porque no tenía las herramientas necesarias para hacerlo.

En marzo de este año, en Benidorm, la Policía detuvo a un chico de 26 años por agredir a su novia de 17. A través de una cámara de seguridad vieron cómo el agresor le propinaba una paliza a la menor con patadas y puñetazos. La chica caía al suelo y él aprovechaba para seguir golpeándola. El maltratador llegó a declarar que “la agresión había sido consentida por ella” y que por eso no le había denunciado.

Ese mismo mes, un joven de 19 años era detenido por agredir a su novia de 17 y acuchillar a su madre cuando esta fue a buscar a su hija tras la agresión. Fue en Torrelavega (Cantabria). También en abril de este año, en Pamplona, un joven de 16 años abusó sexualmente de otra joven menor de edad. La Policía la encontró a las tres de la madrugada sola, tras el ataque.

La socióloga Carmen Ruiz Repullo hizo un estudio en 2016 sobre la violencia machista en adolescentes. Aseguraba que este maltrato que sufren las menores es tan severo como el que puede sufrir una mujer adulta y que, además, surge desde el primer momento debido al control tecnológico extendido entre los jóvenes.

Según datos del Ministerio de Sanidad e Igualdad, más del 28% de las chicas sufrieron “control abusivo a través del móvil” en 2016 y hasta un 5% fue objeto de las mal llamadas ‘pruebas de amor’: intercambiar fotos de contenido sexual a petición de la pareja.

Según la Macroencuesta española de Violencia contra la Mujer de 2015, el 21% de las mujeres menores de 25 años que han tenido pareja han sido víctimas de violencia de género, frente al 9% de las mujeres en general.

En Andalucía tuvo mucha relevancia un estudio realizado por Fundación Mujeres y la UNED. Se tomó una muestra en los Centros de Educación Secundaria de 2.289 chicas y chicos de tercero y cuarto de ESO. El 10% de los adolescentes consideraba que el hombre es el que debe tomar las decisiones importantes en la pareja, junto a un 24% que se mostraba de acuerdo con que el lugar de la mujer está en la casa con su familia. Más del 20% pensaba que la mujer es más débil que el hombre. En relación a la violencia machista, el 50% cree que las mujeres aguantan mientras que el 25% piensa que las causas de esta violencia están en el alcohol y las drogas. Además, las creencias sobre el amor romántico están muy presentes en la adolescencia, que confunde entre otras cosas celos y sufrimiento con amor.

Fuente: El Español

Podéis seguir insistiendo en que no hace falta el feminismo, que ya existe igualdad, que el machismo ya está superado y que la violencia de género es solo cosa de inmigrantes, de gente con bajo nivel sociocultural y económico, o de borrachos y drogadictos, pero eso solo pondrá de manifiesto una vez más que solo queréis cerrar los ojos ante un problema que está tan arraigado en la sociedad como es el machismo, la creencia de que las relaciones son posesivas y plagadas de celos o no es amor, los mitos sobre el amor romántico y la pertenencia a la pareja.