Archive for 31 mayo 2013

Neoliberales en penitencia por la autopista

31 mayo, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es  

15/04/2013 – 20:33h

A los que insisten en defender la eficiencia y ahorro de lo privado frente a lo público, yo les pondría como penitencia que recorriesen a pie todos los kilómetros de autopista que en las próximas semanas nos vamos a comer con patatas. ¿Consejero autonómico que propone privatizar hospitales? Una radial entera de rodillas. ¿Dirigente empresarial que alaba el sistema de concesiones? La autopista Cartagena-Vera, descalzo y con cruz al hombro. ¿Tertuliano de firmes convicciones neoliberales? La AP-41 a la pata coja. A ver si así se les quitan las tonterías.

Pocas demostraciones tan escandalosas del timo de la “colaboración público-privada” como el caso de las autopistas de peaje que tan alegremente se concedieron en los años de la burbuja. Un pozo sin fondo donde se han enterrado miles de millones, y que para variar ahora toca nacionalizar.

El cuento de las autopistas es largo, y da risa por no llorar. Una historia de final cantado, que recoge lo peor de nuestro “modelo productivo” en alianza con las decisiones políticas más nefastas. Un país de vieja querencia por el asfalto (al que se decidió dar prioridad frente al tren por intereses empresariales), donde las constructoras son un poder con mayúsculas, y que llegado el momento de la expansión burbujil encuentra en los kilómetros de asfalto otra oportunidad de pelotazo.

Y allá fueron, de la mano, ministros de Fomento, consejeros autonómicos, constructoras amigas (algunas en los papeles de Bárcenas) y por supuesto las cajas de ahorro, que no se perdían una fiesta. Juntos se sentaron a la mesa y organizaron un negocio redondo: construir costosísimas infraestructuras (que por el camino dejan enormes sobrecostes y suculentas comisiones), con crédito alegre de las cajas y avalado por el Estado, con contratos al gusto de la concesionaria, y lo más importante: con red, que es como se hacen en España los grandes negocios. Si sale bien, se lo lleva crudo la empresa; si sale mal, nos lo comemos nosotros.

Pasaron los años, y se cumplió todo lo que avisaban los aguafiestas que en su día alertaron de la inviabilidad de tanta autopista. No se construyeron, como sería lógico, para llegar a algún sitio pasando por el camino por otros sitios. No, no había lugar al que llegar ni por el que pasar, porque era la propia autopista la que iba a generar esos lugares. Se hicieron estimaciones de utilización fantásticas, basadas en esos lugares que no existían, y que surgirían espontáneamente por la propia existencia de las autopistas. Algunas no han llegado ni al 10% del tráfico estimado.

Y lo más cómico: se calcularon unos costes de expropiación de los terrenos que al final se multiplicaron por seis. Según la patronal de las constructoras, Seopan, pensaban pagar 427 millones por los terrenos, y acabaron obligados a soltar 2.267 millones, porque la propia autopista revalorizaba los terrenos, los “no lugares” que sin autopista valían cuatro duros, y con ella multiplicaban su precio.

Pero lo más importante era, por supuesto, la red de seguridad habitual en este tipo de funambulismo empresarial: las constructoras no corrían mucho riesgo, porque en caso de caerse del alambre, el Estado estaba en el suelo con los brazos abiertos para recogerlas. El Estado, es decir, nosotros, estamos pillados por créditos participativos, avales, compensaciones comprometidas, y la propiedad, que en el fondo sigue siendo nuestra. Todo conduce de cabeza al rescate, y si hay alguna posibilidad de evitarlo, ya se tirará de cabeza un gobierno siempre dispuesto a rescatar a los suyos.

Ya digo, una estafa monumental, otra más, que acumula una deuda de 3.500 millones que ahora pagaremos entre todos, y que de regalo nos deja con unas cuantas vías duplicadas y sin uso, que no sirven para nada, y que son irreversibles, no se pueden desmontar. Incluyamos ahí otro daño, incalculable: el destrozo ambiental y paisajístico, que una autopista no es una vieja vía de tren que ahora conviertes en vía verde para bicicletas.

En el pufo de las autopistas están implicadas las grandes del ladrillo: ACS, Abertis, Sacyr, Acciona, OHL. A sus consejos de administración los ponía yo a acompañar a los ministros y consejeros en la penitencia.

PPropaganda nazi

30 mayo, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es

Javier Gallego 16/04/2013 – 08:00h

Estaba tardando mucho el PP en caer en la Ley de Godwincuando uno se queda sin argumentos en una discusión, recurre al viejo y patético truco de llamar “nazi” al adversario. Pero al final no han podido aguantar más y Cospedal ha llamado a los escraches “nazismo puro”. Pues ya que ella saca el tema, no le importará que le recuerde que esa burda maniobra de exageración es “nazismo puro”. Esa era una de las típicas tácticas propagandísticas que utilizaban Goebbels, Hitler y compañía. Y no es la única que el Partido Popular le copia al partido nazi. No quería yo hacer un Godwin pero, oigan, la señora Cospedal me ha forzado a ello.

Si leen ustedes el clásico de 1950 de Jean Mari Domenach, “La propaganda política”, encontrarán unas reglas que sintetizan los métodos de manipulación nazis. Hace unos años, el publicitario catalán Marçal Moliné amplió la lista en un artículo hasta establecer once tácticas que ahora circulan por la red como los “principios de la propaganda”, erróneamente atribuidos a Goebbels. El ministro nazi no los escribió pero los aplicó con rigor, como ahora los aplica el partido del Gobierno.

Principio de simplificación y del enemigo único. Es el clásico pepero “todos los que están contra nosotros son ETA” y el reciente, el enemigo tiene una sola cara, Ada Colau, esa terrorista radical.

Principio de contagio. El gobierno y los medios de la derecha están contagiando la idea de que hay muchos escraches y de que todos los afectados por la hipoteca están metidos en ese saco de violencia.  Son cuatro casos y, sin embargo, parecen atacados por una plaga mucho más grave y dañina que los desahucios que han dejado sin casa a miles de familias.

Principio de transposición. Un clásico de la política española: el “y tú más”. Decía Goebbels: “si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. El PP no hace nada para evitar los desahucios, por eso inventan un problema mayor: los escraches. Y con ayuda de los medios están consiguiendo que hablemos menos de Bárcenas y que se hable más de la intimidación a los políticos que de los violentos desalojos, de los escraches que de la ILP, de la casa de la vicepresidenta que de las casas desahuciadas y vacías, de lo mal que lo pasan los niños de los políticos que los niños que han sido echados a la calle con sus padres. Y va Felipe González y les echa un cable.

Principio de exageración. Pues eso, la señora Cospedal diciendo que los escraches son “nazismo puro”, Cifuentes diciendo que los miembros de la PAH son “filoetarras” o Arenas explicando que “no son escraches, son acoso”. Se comparan pequeñas manifestaciones con grandes criminales. Se ordena a la policía que multe y aleje a los violentos a 300 metros como si fueran un gran amenaza. Cualquier día dirán que Ada Colau es Hitler. ¿O ya lo ha dicho algún tertuliano?

Principio de vulgarización. En Mein Kampf puede leerse: “Toda propaganda debe adaptarse al menos inteligente de los individuos a quienes vaya dirigida. La capacidad de comprensión de la multitud es limitada”. De aquí que muchos de ustedes piensen al escuchar al gobierno: “Nos toman por tontos”. En efecto, reducen un problema complejo a una idea muy vulgar: los escraches son violencia. Y punto. Todo lo demás, dación en pago, ley hipotecaria abusiva, usura bancaria, son temas demasiado complejos para explicárselos al vulgo.

Principio de orquestación. Todos los miembros del PP repiten estas ideas una y otra vez sin fisura alguna. Nadie en la orquesta desafina y repiten la melodía hasta la náusea en todos los foros en los que intervienen, aunque el tema del día sea otro. Se atribuye a Goebbels la frase: “Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.

Principio de renovación. Aunque la idea se repite, el PP renueva su formulación: que si ETA, que si filoetarras, que si criminales, que si los violentos, que si antisistema, que si antidemócratas, que si intimidación, que si acoso, que si nazis.

Principio de verosimilitud. El discurso tiene que parecer creíble y apoyarse en argumentos distintos para darle veracidad. La carita de pena de la vice hablando de la violación de su intimidad familiar, las imágenes de la policía custodiando escraches, múltiples informaciones hablando de violencia que no ha existido… Cospedal alarma, incluso, sobre graves sucesos que podrían suceder. Lanza un globo sonda, como dice Moliné, con la intención de crear una sensacion de peligro que no se corresponde con la realidad.

Principio de silencio. En esto son maestros, en callar acerca de lo que les desacredita, como Bárcenas. Cospedal intenta eliminar la palabra “desahucio”. Tampoco se habla de las resoluciones jurídicas contra la ley hipotecaria ni se discute la dación en pago ni por un segundo. Y ahora cuando la consejería de Vivienda de IU en Andalucía decreta la expropiación de pisos a los bancos para evitar desalojos de familias, se le resta importancia, se dice que no es una medida efectiva y se la tacha de “populista”.

Principio de transfusión. “Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato existente, un complejo de odios y de prejuicios tradicionales”, escribió Domenach. Se empieza por decir que los desahuciados vivieron por encima de sus posibilidades, después se identifica a los que protestan contra los desahucios con antisistemas y se acaba con Sigfrid Soria diciendo que les va a arrancar la cabeza a hostias a los perroflautas.

Principio de unanimidad. Solo unos pocos miembros del partido han vivido un escrache pero quieren hacer creer que hay un ataque unánime a la democracia porque ellos son los representantes de la unanimidad. No son los acosados sino los acosadores, pero quieren hacer creer que es unánime la opinión de que están sufriendo acoso. Ellos son los demócratas, los únicos verdaderos representantes del sentimiento democrático universal. Los demás somos “nazismo puro”. 

Pues mire, señora Cospedal, de demócrata su partido tiene muy poco aunque no caeré en ese bochornoso error suyo de llamarles a ustedes nazis. Ustedes no son nazis, que es una cosa muy seria, pero su propaganda es “Nazismo PPuro”. 

No tienen dos tortas

29 mayo, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

 31 MAR 2013 – 00:00

JOSEP LAGO (AFP)

Ese gilipollas, el del láser, está en todas partes: en el metro, en la oficina, en la comunidad de vecinos, en la calle peatonal, en el supermercado, en el autobús, en el cine (a lo mejor a tu lado), en la cafetería del tanatorio, en la sala de espera del dentista y hasta en la guardería del niño. No se atreve a llevar una navaja o un revólver porque es lo más tirado que hay en gilipollas. El aparatito de los chinos, en cambio, le sirve para tirar la piedra y esconder la mano, pues no deja rastro luminoso. Aprietas el botón aquí y la luz se manifiesta allá sin que sea posible identificar de dónde viene.

Este tipo del láser es el mismo que envía cartas anónimas amenazantes o que se esconde detrás de un seudónimo para insultar. La realidad está llena de gentecilla de este calibre, no tienes más que acercarte a las llamadas redes sociales, que funcionan ya a modo de un estómago receptor de bilis y otros jugos ácidos en los que se deshace la mala leche anónima, la de hacer daño por hacer daño, la mala leche del por qué no nos meamos en este portal, que en esta casa solo viven viejos. Lo malo de estos tipos es que no tienen mala puntería. El que está jodiendo a Ronaldo, por ejemplo, está a punto de alcanzarle los ojos como el que se mea en el portal está a punto de darle a esa pobre cucaracha que es más digna que él. Estos sujetos repugnantes abundan en los campos de fútbol porque ahí resulta fácil ocultarse entre la masa, pero están en todas partes, ya decimos. Son la versión pequeña del matón de toda la vida. Tienen un láser porque no tienen dos tortas.

El pensamiento lógico de un votante del PP

28 mayo, 2013

Fuente: http://www.eldiario.es 

Rosa María Artal 10/04/2013 – 20:51h

Los votantes del PP, como gran parte de los españoles, también andan tristes y preocupados por la situación que vivimos. La corrupción -aunque su hedor atufe- no es algo que les preocupe especialmente dado que, argumentan, “todos los hacen”, “siempre ha sido así ” y suelen corear con grandes sonrisas el orgullo español del robo y la trampa, mal llamados “picaresca”. Pero sí les duele algo el bolsillo y, por encima de todo, el futuro de sus hijos y los jóvenes en general.

Están desencantados. El 21 de Noviembre de 2011, exultantes, ya hacían planes, de empleo, casa y vacaciones. Y ahora el plazo de la presunta recuperación se alarga a 2014, cuando ya había sido anunciada para Junio de 2013.  Es que la “herencia” socialista está siendo difícil de roer.  Aquel despilfarro de los “cheques bebé” (4.000 millones en 3 años) o el “Plan E” (13.000) o subir mínimamente la inversión social para dar cobertura por ejemplo a la Dependencia. Sin llegar jamás, ni de lejos, a la media europea. Y, además, el déficit que se les disparó a las comunidades autónomas, la mayoría en manos… del PP. Ahora hay más paro, más recesión, se han recortado servicios esenciales y la deuda se ha catapultado del 68,5% al 85.3%. El votante del PP, ni aún frustrado, logra relacionar estas variables. No consigue aceptar que se han restado muchos más millones a la sociedad de los que hubiera necesitado compensar el “despilfarro” de Zapatero. Que estamos infinitamente peor que hace año y medio y que nos dan mucho menos, por muchos más impuestos y repagos. “Hay que dar tiempo a las reformas ”. ¿Cuánto? No saben. ¿Qué reformas? ¿Las destinadas a precarizar el empleo? ¿Las de dejarnos sin sanidad o educación públicas?

“No hay otra solución”, “es que les debemos dinero a los bancos”. ¿Y los miles de millones que han recibido de fondos públicos?  ¿Y los beneficios que sacan a nuestra costa con la inventada “crisis de la deuda” los bancos alemanes sin ir más lejos? ¿Y la ingente evasión a paraísos fiscales que se detrae del erario? “Siempre ha sido así ”. Pero ahora es peor. “Ya cambiará, hay que dar tiempo ”. Además, “la crisis ya se acaba”. Y ¿volverán las oscuras golondrinas portando en las alas todo lo que nos han quitado?

 Vieron un halo de esperanza en los cinco mil empleos creados en la Semana Santa de Marzo, la primera en ese mes desde el inicio de la crisis en 2008. Aunque se les argumente que han sido en el sector servicios, han bajado todos los demás, y son efímeros. Que una cosa es el paro registrado y otro el real. “Cuando falta el aire, sirve respirar ”. Uno respira un rato, luego vuelve ahogarse, pero hay que ser “positivos”… cuando algo es obra del PP. Por eso también están dispuestos a aceptar todos los recortes: “algo es mejor que nada ”. Las viejas cadenas que viven y viven. “Si todos nos sacrificamos un poco, saldremos adelante”. Olvidando a quien, lejos de “sacrificarse”, se lucra obscenamente.

 ¿Y las mentiras? ¿Por qué alguien que ha engañado hasta nuestra extenuación va a decir finalmente una verdad? Ni se inmutan. El incumplimiento del programa electoral, la presunción de falsos logros, las esperanzas en futuros inmediatos de recuperación persistiendo en los errores, son, para un votante del PP ilustrado, “la dialéctica política tradicional”. Para el conjunto, el “todos los hacen”. No reparan ni en la impúdica entrega del Registro Civil nada menos que a los Registradores de la Propiedad (cuerpo al que pertenece Rajoy) o en la gestión de alto riesgo con la hucha de las pensiones.

Lo que no entiendo –avanza alguno – es por qué “antes” no había tanto paro. Por añorar, añoran hasta a Felipe González al cuál ponían tibio. De la crisis internacional no les hables, es un tema demasiado amplio.  De hecho abrevian las explicaciones y piden una respuesta corta. Un culpable. Uno. ¿La burbuja inmobiliaria ? Por lo menos la gente tenía trabajo. Pero se estaba gestando un enorme problema, no podía durar. El votante del PP no logra tampoco establecer esa relación. Si así se creaban empleos, no hay porqué dejar de construir.

 De ahí -entre otros muchos descalabros- han venido los desahucios, les dices. En este punto se ilumina su rostro: pueden explayarse en la respuesta. Todos, sin excepción, conocen a alguien que “se embarcó en un crédito sin tener ingresos suficientes ”, que se convierte en regla de oro. Ya, pero otros, la mayoría, contaban con un trabajo que se esfumó y no por su culpa, o les rebajaron el poder adquisitivo, y no advirtieron las trampas de los bancos en cláusulas muy bien camufladas. “Siempre ha sido así”, “no hay otra solución”, “nos apretamos todos un poco”, cortan rápido para poder avanzar su postura: “es que la dación en pago tampoco es solución, quebraría el sistema”. Otros países la tienen. “Bueno, pero estas protestas van a acabar en violencia”.

 Un votante del PP, lo mismo que los “apolíticos” y muchos establecidos de toda condición, mantienen una idea de la violencia de doble dirección. No entienden como tal la que se ejerce contra los ciudadanos, en sanidad, educación, vivienda o el trato con los bancos (no les salpica directamente sangre en la cara). Solo reventarle un ojo a una ciudadana en una manifestación les parece que es “pasarse un poco”. Pero les resulta intolerable la protesta o la presión pacífica a los suyos. “Hay que respetar la intimidad de las personas, la de los políticos también ”, aunque ellos no respeten ni nuestros derechos. Por ejemplo, el de manifestación al acotar los escraches

 La lección surtida por los medios, por algún intolerable presunto debate-encerrona a Ada Colau camuflado de progresista, ha trocado la admiración por la PAH en recelo. Un votante del PP es muy aficionado a los debates sesgados en los que le dicen lo que tiene que pensar, lo que quiere pensar. Y no puede ni llegar a concebir que, quien tiene sus mismas ideas y –sobre todo- habla en televisión, pueda obedecer a intereses espurios.

 Por eso, los papeles de Bárcenas “no son verdad hasta que se pruebe”, aunque se amontonen evidencias. Todas las corrupciones que emergen necesitan el trámite judicial, siquiera para informar de ellas, por más que sepamos de dilaciones, amnistías e impunidad. “Siempre ha sido así”. Y… “todos lo hacen”, ese peligroso meme que pretende hundir la democracia más de lo que está.  Hasta risas histéricas provoca el ascenso en intención de voto de Izquierda Unida. Para un votante del PP, para todos ellos casi sin excepción, IU es un remedo de la Rusia de Stalin, y quiere salir de Europa, lo cual –como socios “privilegiados” que somos- es un horror. A Rosa Díez y su UPyD la ven, en cambio, con muy buenos ojos. Es lista y no tiene pelos en la lengua, aunque los haya mudado cien veces . Y decantarse por EQUO es… una ingenuidad. “No, no, yo voto a quien tiene posibilidades de gobernar”, afirman con alta suficiencia. Y ésos son PP y PSOE, el único que –de mal grado- admite su imaginario.

 Porque esa sociedad que salió a la calle el 15M con un enorme grado de aceptación popular -aplaudida también por votantes del PP y de otros partidos que… terminarían por otorgar a los conservadores la mayoría absoluta- no es una alternativa para ellos. “Sería el caos”. ¿Mayor del que ahora vivimos?

 Están tristes pese a todo. Cuando tienen en su mano exigir responsabilidades si consideran que –a pesar de las evidencias que se anticipaban y obviaron ver- fueron “engañados”. Pero, según muchos de ellos –todavía, aunque parezca inconcebible-, “hay que darles tiempo”. A que la putrefacción nos embadurne hasta la mirada, el oído, el olfato y el gusto, si no lo ha hecho ya. A que todas las mentiras – 2013 el último año de la crisis y demás- caduquen dejando el esqueleto de la más aguda precariedad. Se acabó la tregua. Y la paciencia. Los votantes del PP son responsables de los males que hoy sufrimos el resto. Tienen que saberlo y afrontarlo.

 (“Que no me lloren, que luchen”, dijo José Luis Sampedro antes de irse. Pues eso)

De regreso al ábaco

27 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

La pedagogía de las matemáticas en España sigue ofreciendo resultados mediocres

No hace falta acudir al informe PISA. Basta con hacer rudimentarias encuestas entre parientes y colegas para constatar el escalofrío que la palabra “matemáticas” provoca en los españoles. Cualquiera pensaría que una buena parte de la población hispana tiene una tara genética que la inhabilita para las ciencias exactas. Es cierto que hay una despreocupación innata por la aritmética. Aquí se paga por rondas y se llenan con garbo las copas, mientras que en Alemania dividen la cuenta por cabeza sin perdonar un céntimo y miden al milímetro la dosis de alcohol en el gin-tonic. Lo mismo vale para el endeudamiento.

Pero no: no estamos incapacitados para las matemáticas. Lo que pasa es que nos las han enseñado mal.

Generaciones enteras crecieron marcadas por la teoría de conjuntos, explicada con frecuencia por esforzados profesores que tampoco terminaban de comprenderla. Y con la cabeza llena de óvalos superpuestos rellenos de triangulitos se avanzaba a trompicones hacia el número e y el logaritmo neperiano, navegando entre la abstracción y los suspensos, sin entender para qué servía todo aquello. Y luego, claro, a Letras. ¿Se acuerdan?

Y ahora sí, acudamos al informe PISA de 2012: a tenor de esta prueba que evalúa el rendimiento estudiantil en más de 60 países, no parece que la pedagogía de las matemáticas haya alcanzado un horizonte de éxito en nuestro país: los alumnos españoles sacaron 483 puntos, por debajo de la media de los 34 miembros de la OCDE (496 puntos).

Las matemáticas son hoy, más que nunca, una herramienta básica para desenvolverse en un mundo revolucionado por las nuevas tecnologías, donde un algoritmo es capaz de ubicar el origen de un rumor en Internet. Se aplican a la cirugía, o al diseño de bañadores olímpicos, o al control de la contaminación urbana. En algunos países, sobre todo en emergentes asiáticos como Corea del Sur, Singapur o China, las matemáticas se consideran un factor de desarrollo y son un pilar básico en la educación.

Se comprende que arrasen en la prueba del PISA. Y se comprende el creciente interés que los métodos didácticos orientales están despertando en España. Sus sistemas de cálculo (ábaco incluido) agilizan la mente y desarrollan los dos lados del cerebro.

A ver si al final va a ser eso… Que por andar medio atrofiados, nos va como nos va.

La Monarquía, centro del establisment español

25 mayo, 2013

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 11 de abril de 2013

Este artículo señala la posición fundamental que la Monarquía juega en el mantenimiento y reproducción de las instituciones del Estado español que se caracterizan por su enorme insuficiencia democrática. El artículo también critica a Paul Preston por su idealización de la figura del Rey y de la Monarquía en España que contrasta con su demonización del dirigente comunista Carrillo.

Hoy estamos viendo en España, incluyendo en Catalunya, la crisis más profunda que haya existido desde el momento de la Transición, crisis que no es sólo financiera y económica, sino también política. La crisis de legitimidad del sistema representativo es profunda, como muestran varios indicadores, siendo el más significativo el elevado acuerdo existente entre la población con el eslogan, enunciado inicialmente por el movimiento 15-M, de que los políticos que nos gobiernan y constituyen la clase política gobernante “no nos representan”. Tal pérdida de apoyo popular y cuestionamiento de su legitimidad, incluye desde la Corona y el Congreso de los Diputados hasta los distintos componentes del Estado español, sea éste central, autonómico o local. Contribuyendo a esta situación, existe la protesta ciudadana, resultado de una mayor y creciente exigencia democrática y consecuente rechazo a la corrupción, que se percibe que está generalizada entre la clase política gobernante- Tal rechazo está bien definido en el eslogan, también del movimiento 15-M, que indica que “no hay pan para tanto chorizo”. Tal percepción de la existencia de corrupción es extensa y afecta a todas las instituciones del Estado, desde la Corona hasta los distintos niveles de la administración pública, percepción de corrupción que es incluso más acentuada en el mundo financiero y gran empresarial, cuya excesiva influencia sobre la clase política es una de las causas de la baja calidad de la democracia española. Un indicador de tal influencia son las políticas de austeridad, con recortes de derechos sociales y laborales, impuestas a la población, tanto por el gobierno conservador español, como por el gobierno conservador catalán, políticas que no tienen ningún apoyo ni mandato popular, pues no estaban en las propuestas y programas electorales de los partidos gobernantes.

La Transición inmodélica, causa de la enorme crisis política. 

1. La limitada democracia española, que se expresa en las limitadísimas oportunidades que tiene la ciudadanía en la gobernanza del país (limitándose a votar cada cuatro años) y en sistemas electorales escasamente representativos (muy poco proporcionales), es fruto del enorme dominio que las fuerzas ultraconservadoras tenían sobre el aparato del Estado y sobre los medios de información y persuasión en el momento de la transición de la Dictadura a la Democracia.

2. Tal proceso fue profundamente inmodélico, pues fue resultado de un enorme desequilibrio de las fuerzas políticas en aquel proceso. La nomenclatura procedente del Estado dictatorial (que controlaba todas las ramas del Estado, desde el ejecutivo al legislativo, así como el judicial, policial y fuerzas armadas) era enormemente fuerte, y su cúspide era la Monarquía, máxima autoridad en todas las ramas del Estado. Las izquierdas (que habían liderado el movimiento democrático) por el contrario, eran débiles y no pudieron canalizar la enorme protesta popular que había forzado el fin de la dictadura. Tales fuerzas políticas acababan de salir de prisión y/o habían vuelto del exilio. La enorme represión del régimen dictatorial (por cada asesinato político cometido por Mussolini, la dictadura de Franco cometió 10.000) había debilitado tales partidos políticos hasta entonces clandestinos.

3. Hablar de que la Transición fue resultado de un consenso entre los herederos de los vencedores y los herederos de los vencidos de la Guerra Civil, como Santos Juliá, Javier Pradera y gran número de intelectuales del establishment mediático español han presentado aquel proceso es una exagerada idealización de aquella Transición. El primer objetivo de las izquierdas fue que se permitiera su existencia, aún cuando ello fuera en situación de desventaja, como así fue. Hablar de consenso entre los herederos de los vencedores y los herederos de los vencidos, cuando los primeros lo tenían prácticamente todo y los segundos casi nada, es abusar del término “consenso”.

4. La Constitución fue fruto de este desequilibrio. Los mismos autores que promovieron la definición de aquella Transición como modélica, defendieron aquella Constitución como ejemplar, “siendo una de las más avanzadas de las hoy existentes en Europa”, tal como Santos Juliá la definió. En realidad, tal documento se caracterizó por su insensibilidad social y su inhabilidad en reconocer el carácter plurinacional del Estado español. Como consecuencia, España continúa hoy, tras más de treinta años en esta democracia, con uno de los gastos públicos sociales por habitante más bajos de la Unión Europea de los Quince, y sin todavía haber admitido que Catalunya, por ejemplo, es una nación. El “café para todos” es un producto de esta Constitución. Y el Tribunal Constitucional es un fruto de tal Constitución y del proceso inmodélico que la creó.

5. La Transición significó una apertura del Estado, heredado de la dictadura, altamente desequilibrado, permitiendo la entrada de las izquierdas y otras fuerzas democráticas en su seno, pero dentro de un contexto en el que las fuerzas conservadoras tenían una influencia desmesurada en los aparatos del Estado (tanto a nivel central como autonómico) y en el que los grupos fácticos, como la banca y la gran patronal, continuaron teniendo un enorme dominio en la vida política del país. Acaba de publicarse un libro Oligarquía financiera y poder político en España, escrito por un ex banquero, Manuel Puerto Ducet, que a pesar de sus obvias limitaciones (presenta al presidente de la compañía Abertis como un empresario ejemplar –la compañía Abertis debe su supuesto éxito empresarial precisamente a sus conexiones políticas con los gobiernos conservadores que han dominado la vida política de Catalunya desde el inicio de la democracia-) contiene información que, como el autor señala, muestra como los vencedores de la Guerra Civil y la nomenclatura del régimen dictatorial continúan controlando el capital financiero de este país. Lo que la Transición significó fue la abertura de tal sistema a las izquierdas, con la incorporación de personalidades de las izquierdas gobernantes en un entramado financiero-empresarial-político que constituye el establishment español (incluyendo el catalán) y  que controla la vida política y también mediática del país.

6. El poder de tal establishment se mantiene predominantemente a través de tres tipos de intervenciones. La primera es el enorme control de los medios de información y persuasión, tanto públicos como privados, con clara marginación y discriminación hacia las izquierdas (lo que ocurre tanto en España como en Catalunya). Esta enorme represión ideológica es un indicador de su enorme inseguridad. Hoy España (incluyendo Catalunya) es el país de la Unión Europea con menor pluralidad ideológica en sus medios, sin prácticamente medios de izquierda. El establishment español, incluyendo el catalán, es consciente de que se asienta sobre un volcán potencial, pues las encuestas muestran que la población española y catalana está más a la izquierda que el establishment, siendo también el país en la Unión Europea en el que su población está menos satisfecha con sus instituciones llamadas representativas, tanto las españolas (incluyendo las catalanas) como las europeas. De ahí el enorme temor y represión a voces de izquierdas, pues saben que el potencial de movilización es muy elevado.

El segundo tipo de intervenciones es la represión económica, creando gran inseguridad entre las clases populares, lo cual consiguen a través del aumento del desempleo (que crea inseguridad y temor en toda la población) y el descenso de la protección social.

Y el tercer tipo de intervención es la represión física y policial que ha aumentado con el gobierno PP. España tiene el mayor número de policías y el menor número de personas adultas por 10.000 habitantes trabajando en los servicios públicos del Estado del Bienestar de los países de la Unión Europea de los Quince.

7. La Monarquía es el centro del establishment y es el que le da garantías de seguridad. Todos los mecanismos de información de mayor difusión se movilizan para crear una popularidad de los miembros de la Corona, comenzando por el Rey, (desde la imagen errónea de que el Monarca haya sido el que ha traído la democracia a España, a su supuesta accesibilidad y campechanía. En realidad, gran número de personajes, incluso progresistas, ha sucumbido a esta percepción, siendo el caso más extremo el de Paul Preston en su libro Juan Carlos. Un Rey del Pueblo. Tal libro es de un oportunismo denunciable, pues idealiza la imagen del Rey sin percibirse que la Monarquía es el centro del establishment español responsable de las enormes limitaciones de la democracia española. Es incoherente en extremo denunciar, como hace Preston, el silencio sobre los desaparecidos o “la corrupción masiva que hay en España, herencia del franquismo” (entrevista a Paul Preston en La Vanguardia 06.04.13) y a la vez alabar al Rey y a la Monarquía que ha contribuido en gran manera al silencio sobre el pasado y a que tal corrupción exista en España. Y no me estoy refiriendo sólo a los miembros de su familia real, sino a todo el sistema de corrupción heredado del dominio ultraconservador sobre los aparatos del Estado. Tal generosidad con el Rey contrasta, por cierto, con la dureza de Paul Preston en su libro sobre Santiago Carrillo, Zorro Rojo. Conocí a Santiago Carrillo, con el cual tuve desacuerdos, así como acuerdos. Pero me desagrada en extremo el oportunismo de Paul Preston, que aparece de nuevo ahora al escribir tal libro, sólo unas semanas después de su muerte, acusando a tal dirigente comunista de ser ambicioso en extremo, y de haber alcanzado su deseada prominencia a base de sacrificar a sus colaboradores. ¿No cree Preston que el Rey fue enormemente ambicioso, sacrificando a amigos y colaboradores en su deseo de retener el trono, a costa de fuera quien fuera, incluyendo a su padre? El contraste como Paul Preston trata al Monarca, idealizándolo, con la manera como analiza al dirigente comunista Carrillo, demonizándolo, es signo, además de oportunismo (en sus formas y calendario), de falta de coherencia y rigor. Paul Preston debería haber sido más riguroso y exigente en su análisis del contexto político que determinó la existencia de la Monarquía en España y el papel central que tal institución juega en la reproducción de las enormes limitaciones que tiene la democracia española.

Existe hoy un intento muy visible mediáticamente de evitar el desprestigio total de la institución monárquica, aupando la figura del Príncipe Felipe para que pueda sustituir al Monarca actual. Los medios de mayor difusión están trabajando cuarenta y ocho horas al día para promover tal figura, pues son conscientes de la centralidad que el Rey (que, según la Constitución, es el jefe de las Fuerzas Armadas) y la Monarquía, juegan en el entramado de poder que gobierna nuestro país. Su desaparición significaría el inicio de la pérdida de tal entramado. De ahí la enorme preocupación por su posible disolución.

Delaciones muy cristianas

24 mayo, 2013
Fuente: EL PAÍS SEMANAL
 27 MAR 2013 – 00:00
 

SONIA PULIDO

Hace unas semanas me refería de pasada a las portadas –nada menos– y reportajes y artículos que les habían caído, en la prensa más secuaz del Gobierno, a Maribel Verdú y a la demás gente de cine que en la gala de los premios Goya se atrevieron a hacer alguna crítica a la innegablemente desastrosa situación económica, en la que sobre todo están padeciendo las clases pobres y medias y de la que es muy responsable ese Gobierno. Con una puerilidad ridícula, sólo comparable a su mala fe –sólo que ésta casi nunca es ridícula–, dicha prensa vino a defender esta tesis anticuada y grotesca: “Si ganas dinero y posees alguna propiedad, si te va bien y vives bien, no tienes derecho a meterte con el capitalismo; menos aún a censurar las injusticias de los políticos al servicio de ese sistema; ni siquiera a afearles que hayan incumplido todas sus promesas electorales, favorecido los desahucios a menudo abusivos e inmisericordes, subido todos los impuestos y bajado los sueldos de los funcionarios, recortado brutalmente en educación, investigación, sanidad y cultura, y además se nieguen a dar explicaciones sobre los graves indicios de corrupción y financiación ilegal que pesan sobre su partido; ni siquiera tienes derecho a llamar la atención sobre la desgracia a que están abocadas muchas personas”.

Esta prensa, mucha de ella “profundamente religiosa y católica”, se delata a sí misma con el anterior razonamiento, ya que lo que viene a decir es también esto: “Hay que ahondar la separación entre ricos y pobres. Si uno es lo primero, tiene que desentenderse de los segundos, ahí se pudran, y cerrar filas con todos los ricos, a los que pertenece. Está obligado a apoyar la exclusión de los desfavorecidos y torpes, o su marginación, o su hundimiento. Ha de estar a favor de la banca, de los grandes empresarios y de los políticos que los protegen”. Para esos periodistas, no existen diferencias respecto a la forma de haber hecho fortuna. Y sin embargo no es lo mismo haberla hecho con el propio trabajo o con la propia suerte, sin robar, engañar, estafar, explotar ni corromper a nadie, que haberla conseguido gracias al esfuerzo ajeno, a la especulación, a la usura, al aprovechamiento de los apuros de otros, al latrocinio, al enchufe o al amiguismo. Con esto no quiero decir que todos los bancos y los grandes empresarios se hayan dedicado a eso. En absoluto. Pero sí que difícilmente los actores, músicos, escritores, pintores y artistas en general han podido incurrir en nada de ello. No es tan improbable en el caso de productores, editores, etc. Pero lo que son los “creadores” –como se los llama cursimente–, lo tienen casi imposible. Si a una actriz se le paga un gran sueldo, es porque los espectadores han decidido que les gusta ir a verla en masa, y no les quepa duda de que quien le ofrece ese salario sabe que va a enjugar el gasto y además a obtener beneficios. Lo mismo ocurre con el cantante cuyas canciones se escuchan o con el escritor cuyas novelas se leen. Estos últimos suelen percibir sólo el 10% de lo que al comprador le cuesta su libro, y el resto va al editor (que ha arriesgado su dinero), al distribuidor y al librero. Es mucha la gente que depende de que un “creador” de éxito “cree” algo nuevo … y le vuelva a sonreír la suerte, que jamás está garantizada.

En el diario católico por excelencia, veo un reportaje titulado “El capitalismo sienta bien a los actores más críticos”, en el que, a lo largo de tres páginas enteras, se detalla, en plan denuncia McCarthista, lo que éstos poseen, con algunos datos que deben de ser privados y provenir, por tanto, de un informante de Hacienda. ¡Y vean qué escándalo! La actriz A tiene un apartamento de 50 metros en su localidad natal y un piso de 90 en Madrid, cómo osa criticar nada. La actriz B, que se refirió a los desahucios, hizo hace años un anuncio de hipotecas (¿es que todas son engañosas?) y es propietaria de tres o cuatro pisos, alguno junto con sus hermanas, qué canallada. Y su marido es productor de éxito, menuda infamia. El cómico C, “que todo lo critica”, se compró “un unifamiliar” con una hipoteca de La Caixa, como si no hubieran recurrido a ellas todos los españoles –incluso los banqueros más acaudalados– que han adquirido una casa. Y así uno por uno de los que se atrevieron a alzar la voz en los Goya. El lector manipulable, e ingenuo, el fanático o el meramente idiota, exclamará: “Qué pandilla de cínicos”. Y el reportaje-delación contribuirá a que quien las está pasando canutas se cabree con los actores por tener éstos dinero … todavía. No se parará a pensar en que lo han ganado honradamente y sin abusar de nadie.

Vivimos en un sistema capitalista (ahora muy salvaje y despiadado), lo hemos elegido o nos lo han servido, tanto da. No nos queda más remedio que adecuarnos a él, pero eso no nos impide preocuparnos por los demás, procurar que no se los esquilme ni engañe, que no se los saquee ni se los arroje a la indigencia, independientemente de nuestra particular fortuna. Es lo que el catolicismo ha dicho predicar siempre. Algunos de los periódicos más beatos y papistas, sin embargo, se indignan porque los agraciados no se olviden de los desdichados y despojados, y presentan a aquéllos como poco menos que a bandidos. ¡Tienen pisos y empresas, fíjense, qué sinvergüenzas! Eso se llama, en efecto, espíritu cristiano.

elpaissemanal@elpais.es

A esa tierra la llamó Florida

23 mayo, 2013

Fuente: EL PAÍS SEMANAL

 31 MAR 2013 – 00:00

Como no podía ser de otra forma, Ponce de León murió a consecuencia de un flechazo indígena en 1521. En este óleo de Thomas Moran se narra su encuentro con los nativos de Florida en 1513. / ALBUM / PHOTOAISA

¿Sabía que la bandera de España ha ondeado en el territorio que hoy es Estados Unidos durante 308 años frente a los 237 de la enseña de las barras y estrellas? Los tres siglos de presencia española en Norteamérica fueron una aventura tan extraordinaria como desconocida.

Centrémonos, obviando Canadá y México, en la tierra que hoy ocupa EE UU. La historia europea del hoy país más poderoso del mundo empezó cuando Juan Ponce de León llegó el 27 de marzo de 1513, hace 500 años, a las costas de una península que llamó Florida por la frescura de su vegetación y porque, como hoy, era Domingo de Resurrección, Día de la Pascua Florida.

Ponce fue el descubridor oficial de Florida, pero hoy sabemos que cuando él y sus hombres pisaron tierra, después de ser recibidos a flechazo limpio por los indios, encontraron al menos a uno de ellos que chapurreaba el español. Se cree que hubo una partida de españoles que recorrió aquella tierra (¿1499?) en busca de esclavos.

Repasemos la vida y milagros de Ponce antes de acercarnos a la asombrosa huella de España en Estados Unidos. En sus Mitos y utopías del Descubrimiento, el profesor Juan Gil, miembro de la Real Academia Española, dice que, según el cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo, Ponce nació “hacia 1474”. Otros autores apuntan a 1460. Su lugar de nacimiento pudo ser Santervás de Campos (Valladolid) o San Servos (León). Guerreó en la Reconquista hasta que, en 1493, pasó a Indias. Ayudó primero a colonizar La Española y en 1508 conquistó la isla de Borinquen, hoy Puerto Rico, de la que fue gobernador.

En 1513 pone proa a la misteriosa isla de Bimini, pero llega a la costa de Florida. Bordea sus cayos y es el primero en enfrentarse a la corriente del Golfo, clave para la navegación en los siglos venideros. Ponce no busca la fuente de la juventud. Esta fábula, como las siete ciudades de Cíbola, hechas de oro, venía de atrás. Hubo aventureros que hablaban de baños relajantes en una isla paradisíaca, llena de árboles, flores y mujeres, por supuesto desnudas. El de 1521 fue su último viaje. Los indios volvieron a recibirlo con el arco presto. Herido de un flechazo, regresó a Cuba para morir en La Habana a los 61 años. Su tumba está en la catedral de San Juan de Puerto Rico.

Ponce fue el descubridor oficial de Florida, pero no el primero en llegar. Cristóbal Colón también descubrió oficialmente América en 1492. Pero tampoco fue el primero. Según el historiador estadounidense David J. Weber, hubo exploradores asiáticos que llegaron por el estrecho de Bering. Y grupos nórdicos que se instalaron hacia el año 1000 en Terranova.

Retrato de Ponce de León como “descubridor de la Florida”, el primer español y europeo que pisó tierra norteamericana de forma oficial. /ORONOZ / PHOTOAISA

Es verdad que españoles fueron los primeros europeos en toparse con el impresionante río Misisipi (río Espíritu Santo, lo llamaron), si bien en aquel momento no estaba Hernando de Soto, como siempre se ha escrito, sino uno de sus hombres, Álvarez de Pineda. El descomunal Gran Cañón del Colorado (Arizona) también fue descubierto por españoles, aunque entre aquellos no figuraba Francisco Vázquez de Coronado, de quien se ha dicho que fue el primero en verlo: fue una partida que él envió bajo el mando de García López de Cárdenas.

San Agustín, en Florida, es la primera ciudad permanente de EE UU. Fundada por Pedro Menéndez de Avilés en el año 1565, en su impresionante castillo de San Marcos aún ondea la Cruz de San Andrés o Cruz de Borgoña, bandera de España en el siglo XVI.

Al rebuscar en la historia nos encontramos con tres asentamientos que, aunque no prosperaron, son anteriores a San Agustín: San Miguel de Guadalupe (1526), Santa María de Filipino (1559) y Santa Elena (1560), sobre la que Weber dice que sus restos estuvieron hasta finales de 1990 “¡bajo el hoyo ocho del campo de golf de los marines estacionados en Parris Island, en Carolina del Sur!”.

La investigadora María Antonia Sainz Sastre (La Florida en el siglo XVI. Exploración y colonización; Fundación Mapfre) sostiene que Menéndez de Avilés “lleva consigo al primer negro libre en la historia de Norteamérica, Juan Garrido”, y que “dispuso de tanta confianza de Felipe II que este le ofreció en 1574 comandar una gran armada para luchar contra los herejes en Flandes y donde fuera necesario”. Pero el conquistador murió aquel mismo año de tabardillo, una especie de tifus.

San Agustín desmiente que el Thanksgiving Day, la gran fiesta familiar estado­unidense, proceda de la primera comida de acción de gracias que hicieron los pioneros ingleses en Plymouth en 1621, al año de bajarse del Mayflower. Según el historiador de Florida Michael Gannon, la primera misa, celebrada por el padre Francisco López de Mendoza, y la primera comida de acción de gracias fueron en San Agustín, donde los españoles comulgaron y compartieron sus alimentos con los indios. Fue en 1564, 57 años antes del Thanksgiving Day.

La gesta española empieza en Florida y se extiende por el territorio. California, por ejemplo, le debe mucho al conquistador catalán Gaspar de Portolá y a fray Junípero Serra. El primero, desde los presidios (fortalezas militares), y el segundo, desde sus misiones. Ahí tenemos San Francisco, Los Ángeles o San Diego. Todo empezó con el apoyo de tres grandes hombres: el rey Carlos III, el conde de Aranda y el ministro de Indias José de Gálvez.

Gálvez es apellido respetado en EE UU. Más que nada por el sobrino de José, Bernardo de Gálvez. Al general Washington le hubiera costado ganar la Guerra de Independencia contra los ingleses (1775-1783) si no hubiera sido por la campaña de este joven brigadier en 1779. España apoyó a los americanos contra una Inglaterra dispuesta a devolver Gibraltar si se mantenía neutral. Según el profesor José Manuel Pérez Prendes, “este dato, que aún hoy sorprende, está recogido en documentos oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores del año 1966”.

La intervención de Gálvez y su flotilla fue crucial para los patriotas: despejó el puerto de Nueva Orleans y tomó la mayor base inglesa en el sur, Pensacola. Atravesó la bahía de Mobile bajo el fuego cruzado de los cañones enemigos. Lo hizo solo. Nadie más se atrevió. Por eso Carlos III le permitiría más tarde llevar el lema “Yo solo” en su escudo de armas. La ciudad de Galveston, en Tejas, lleva su nombre.

El menorquín Jorge Farragut también luchó en aquella guerra. Acabó de comandante del Ejército americano. Y de tal palo, tal astilla. Su hijo David Farragut, ya nacido en EE UU, tuvo un papel extraordinario en la guerra civil (1861-1865) al lado de la Unión, presidida por Abraham Lincoln, cuando arrebató Mobile Bay y Nueva Orleans a los confederados. Como Gálvez antes, cruzó en barco la bahía mientras bramaba: “¡Al carajo los torpedos! ¡A toda máquina!”. David Farragut, de sangre española, fue, nada menos, el primer almirante de la Armada de Estados Unidos.

Mapa de Florida de 1570 perteneciente al ‘Theatrum Orbis Terrarum’, considerado el primer atlas moderno. / ALBUM /ORONOZ / PHOTOAISA

Por cierto: cuando George Washington jura su cargo como primer presidente de EE UU (Nueva York, 30 de abril de 1789), en la ceremonia, muy bien sentado, está el embajador de España, Diego de Gardoqui.

Curiosa historia la del dólar. Se llamó Spanish dollar. Aún lleva en su signo las dos columnas de Hércules. Según Pérez Prendes, la moneda es de origen mexicano: al ocupar parte del territorio de la Nueva España, los gringos exigieron a sus habitantes un peso como tributo. A este impuesto los lugareños lo llamaron “un dolor”.

Y qué decir del ‘cowboy’ americano, que no es sino un trasunto descarado del vaquero español desde el sombrero del jinete hasta las pezuñas del caballo. Como españoles eran el pastoreo, la trashumancia y el propio ganado: vacas, ovejas o cerdos llevados a América desde las marismas del Guadalquivir. Abramos un diccionario inglés: buckaroo (vaquero), sombreroSpanish saddle (silla de montar), lasso (lazo),bronc (bronco), mustang (mesteño), cinch (cincha), chaps (chaparreras), lariat (la ­reata), hackamore (jáquima, cabestro). Por no hablar de corral, hacienda, plaza o siesta.

¿Le sorprende que un pionero americano como Daniel Boone (1734-1820) adoptara la nacionalidad española y fuera nombrado por un gobernador español comandante de un distrito de Misuri?

Volvamos al principio: la bandera española se plantó en Florida en 1513 y se arrió en 1821, 308 años más tarde, aunque la inmensa mayoría de los americanos cree que todo empezó con la colonia de Jamestown (Virginia) en 1607. Olvidan que los jesuitas establecieron allí sus misiones 37 años antes. No es extraño: la, por otra parte, magnífica Enciclopedia Británica, en su entrada sobre la historia de EE UU (Global Edition, 2009), despacha a Ponce con una línea; dedica un párrafo a Hernando de Soto y un tercero, compartido, a Menéndez de Avilés y Coronado. Reconoce como españolas San Agustín y Santa Fe (de Los Ángeles o San Francisco, ni pío), y remata el brevísimo texto con una frase que produce sonrojo: “Pese a estos comienzos, los españoles tuvieron poco que ver con el desarrollo inicial de los Estados Unidos”.

Dicen los americanos que España fue al Nuevo Mundo buscando “tres ges” (God, gold and glory: Dios, oro y gloria). No está mal visto. Pero si conocieran a fondo sus orígenes europeos, a lo mejor se daban cuenta de que el famoso “sueño americano” empezó siendo un sueño español.

Monarquía o República

22 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

 6 ABR 2013 – 16:49
 
No resulta fácil ofrecer una visión general de la sociedad española, de esta larga crisis, de los límites de la democracia y de la decadencia del sistema de representación política. Parecemos un país moribundo, con menos riqueza y poder de lo que presumíamos, con corrupción y mala administración, sin instituciones en las que confiar. Como si de una vieja historia se tratara, repetida ya otras veces a lo largo del siglo XX, hemos pasado del triunfalismo al desengaño. Mucha gente vomita cabreo, decepción, incluso protesta. Pero frente a los diagnósticos catastrofistas y el pesimismo sobre el futuro, no aparecen soluciones, más allá de ese término en boca de muchos, regeneración, poco original en un país que ya intentó varias. ¿Está el sistema agotado? ¿Necesitamos un cambio de régimen?

Lo primero que hay que decir es que, desde arriba, hay muy poca voluntad de emprender el camino del cambio. Los políticos forman partidos de notables y clientelas, que repiten los mismos nombres y vicios adquiridos y solo movilizan a la opinión pública en tiempos de elecciones. Y desde abajo, pese a lo mucho que podemos gritar o escandalizarnos, y al tono de condena moral presente en muchas declaraciones, hemos aceptado con bastante conformidad, y hasta deferencia, la trama de intereses, corruptelas y negocios privados que, desde la política local al Parlamento, se ha tejido en varios lustros de bonanza económica. Por arriba y por abajo, el espacio para la acción política alternativa, de oposición, es ahora, como consecuencia también de años de inmovilismo y apatía, escaso, casi inexistente.

La derecha en el poder, amparada por una amplia red de medios de comunicación afines, va a mover pocas fichas, porque sabe que el problema lo tiene la izquierda, donde cunde el desaliento, fragmentada, sin liderazgo y a la que puede echar sobre sus espaldas el origen de la crisis, las expresiones de disidencia y la radicalización de la movilización social en la calle —desde el 15-M al escrache—. Y aunque esas acusaciones sean falsas, es indiscutible que la izquierda parlamentaria tiene hoy serios problemas para representar el descontento popular y plantar cara al acoso y derribo del Estado de bienestar.

Nadie parece dispuesto a renunciar a sus prerrogativas. La política institucional está en crisis y para regenerarla ya no se puede contar con el concurso de la Corona. Desde la muerte de Franco, y sobre todo a partir del fallido golpe de Estado de febrero de 1981, a muchos les dio por presumir de Rey, protegerlo frente a las críticas y el debate público, para preservar lo conseguido y cambiar el pobre bagaje democrático que la historia de la Monarquía borbónica podía exhibir antes de 1931. Para ello se ocultó, rompiéndolo, el cordón umbilical que unía a don Juan Carlos con la dictadura de Franco, de donde procedía en ese momento su única legitimidad, y se estigmatizó a la República, ya liquidada por las armas y la represión, como la causante de todos los conflictos y enfrentamientos que llevaron a la Guerra Civil. No puede negarse el éxito de esa operación de lavado del pasado, capaz de sobrevivir, sin grandes cambios, hasta en los libros de texto, durante más de tres décadas de democracia.

Al mismo tiempo, una buena parte de la clase política trató de borrar los recuerdos más incómodos de la dictadura de Franco y cuando, ya en el siglo XXI, el Estado puso en marcha, aunque con mucha timidez, políticas públicas de memoria, recordar el pasado para aprender, y no para castigar o condenar, una parte importante de la sociedad reaccionó en contra. No resulta extraño escuchar a los políticos del PP afirmar que la Segunda República fue un desastre, reproducir en ese tema las ideas de los vencedores de la guerra civil y de los voceros neofranquistas, falsear la historia a gusto de la Iglesia, la Monarquía y las buenas gentes de orden.

La crisis actual, los escándalos en torno a la Casa del Rey, graves para la buena salud de la democracia, al margen de cómo acabe la imputación de la infanta Cristina, y la falta de transparencia y de respuesta ante ellos van a marcar, no obstante, un punto de inflexión para la legitimidad de la Monarquía. El cambio en España tiene que ir acompañado de una renovación cultural y educativa, de nuevas ideas sobre el mundo del trabajo y de una lucha por la democratización de las instituciones. Un movimiento político que reaccione frente a los excesos del poder, que persiga el establecimiento de un Estado laico, que recupere el compromiso de mantener los servicios sociales y la distribución de forma más equitativa de la riqueza. Esa nueva cultura cívica y participativa puede, y debe, alejarse del marco institucional monárquico y retomar la mejor tradición del ideal republicano. Hacer política sin oligarcas ni corruptos, recuperar el interés por la gestión de los recursos comunes y por los asuntos públicos. En eso consiste la república.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, autor de España partida en dos.

Qué está en crisis y qué está manteniendo España

21 mayo, 2013

Fuente: diario EL PAÍS

Por: José Juan Toharia | 10 de abril de 2013

¿La profunda y prolongada crisis económica actual está causando en nuestro país una paralela crisis de confianza ciudadana en las instituciones? La respuesta que cabe extraer de los datos del Cuarto Barómetro de Confianza Institucional que Metroscopia elabora trimestralmente para El País es, a la vez, afirmativa y negativa. Existe una clara y profunda crisis de confianza en todo lo que tiene que ver con el ámbito político; pero, en cambio, se mantiene intacto, y por tanto reafirmado, el crédito que merecen los principales grupos sociales que conforman la sociedad civil, así como nuestras principales instituciones de signo altruista y protector.

La erosión de las instituciones políticas lleva ya meses anclada en niveles extremos: el saldo aprobación/desaprobación de políticos y de partidos es ahora de -87 y -84, respectivamente. Los españoles reprochan a ambos de forma masiva (sin diferencias en función de la edad o de la ideología) su incapacidad para alcanzar los grandes acuerdos que demanda la actual coyuntura. Los datos disponibles indican con claridad que no estamos ante un NO ciudadano a la política o a la democracia: no hay a la vista oleada antisistema alguna que amenace con anegar nuestra vida pública. El actual desapego afecta exclusivamente a la forma —mediocre, mezquina— en que gestionan, unos y otros, los asuntos públicos. Y no sirve de consuelo saber que esta decepción con el ámbito político se detecta en comparable medida en la mayoría de las democracias actuales, desde Francia o Italia a Estados Unidos o Gran Bretaña. Pues ocurre que los españoles —los de más edad y los jóvenes, por igual— saben que las cosas aquí fueron una vez distintas. Pese a la creciente distancia temporal, ha pervivido intacto, como referente quizá idealizado pero no por ello menos valorado, el recuerdo de aquellos años de la Transición en que, por encima de sus diferencias ideológicas, nuestros partidos sabían alcanzar pactos y consensos fundamentales. Y eso es lo que la ciudadanía añora. Y eso es, exclusivamente, lo que reclama: más grandeza de espíritu, menos mezquindad cortoplacista.

Esta caída en picado del crédito ciudadano afecta ahora también a la propia figura del Rey: una novedad tan inquietante como inoportuna. Durante casi tres decenios el rey Juan Carlos ocupó, sistemáticamente, los primeros lugares en este tipo de rankings  de evaluación ciudadana. Con el caso Nóos (al que vino a añadirse el malhadado viaje a Botsuana) el grado de desapego, y aun de enfado ciudadano, con el Jefe del Estado no ha hecho sino crecer, especialmente en el caso de los más jóvenes (entre ellos el saldo evaluativo del Rey ha quedado ahora en un espectacular -42). ¿Está en peligro la institución monárquica? Más bien parece estarse produciendo un acelerado reemplazo del hasta ahora dominante “juancarlismo” por un pujante “felipismo”. En efecto, el desgaste de imagen que está padeciendo el Rey (y que cada vez parece menos fácilmente reversible) se presenta acompañado de una básica estabilidad de la buena evaluación ciudadana que merece el Príncipe Felipe, que en esta oleada del Barómetro obtiene un saldo de +28 (frente al de -13 del Rey: 41 puntos de distancia). Además, siete de cada diez ciudadanos consideran que Don Felipe está ya suficientemente preparado para ejercer con total garantía las funciones de Jefe del estado, y una proporción similar considera que Don Juan Carlos debería fijar una fecha —no muy lejana— para cederle el testigo. Todo esto, por cierto, al mismo tiempo que se reconoce, y agradece, de forma ampliamente mayoritaria el modo formidable en que el Rey ha desempeñado sus funciones durante tantos, y tan complejos años. Queda abierta la cuestión de si, en algún momento y en caso de no remitir, este desgaste —por ahora controlado— de la Corona puede terminar afectando  también a la figura del Príncipe Felipe.

Lo que impide, pese al desgaste de instituciones y figuras tan fundamentales como las que conforman nuestro entramado político básico, que nuestra sociedad derive hacia la descomposición, el caos y la desesperanza es la pujanza de la sociedad civil y de algunas de las instituciones que la articulan: es el caso de científicosmédicosdocentes,pequeños y medianos empresarios, instituciones asistenciales (desde Cáritas,  a los servicios sociales municipales, incluyendo a la sanidad pública), instituciones protectoras (como Guardia Civil, policía, Fuerzas Armadas y ONGs, incluyendo la PAH))y —¡oh, sorpresa!— los abogados (a los que la ciudadanía parece reconocer de forma clara su contribución al interés general mediante su entrega a la defensa de derechos e intereses particulares). Ellos mantienen articulada nuestra quebrantada vida colectiva y permiten que, pese a todo, y como hace poco destacaba Rosa Montero, podamos seguir considerándonos un país serio.

Una novedad destacable es que en esta oleada del Barómetro se sumen a la nómina de instituciones merecedoras de crédito y aprobación ciudadanos las distintas instancias judiciales: desde los fiscales hasta el Tribunal Constitucional. Algo sin precedentes y que es probablemente explicable por su actuación en el asunto de las hipotecas, de tan amplia cobertura mediática.

¿Y qué hay del estallido social? Nada parece indicar que vaya a producirse mañana. Ni que esté cercano. Nuestra ciudadanía parece haberse replegado en torno a lo —mucho, por fortuna— que considera que sigue funcionando bien, a la espera de tiempos mejores. Dos de cada tres españoles (el 66%; y, significativamente, 65% de los votantes del PP, 69% de los del PSOE, 68% de los de IU y 67% de los de UPyD) piensan que, en estos momentos,España es un país fundamentalmente pacífico y con fuertes valores cívicos que, al final, acaba arreglándoselas para hallar el modo de solventar mediante acuerdos los problemas. Solo una minoría (27%) cree en cambio que en la hora actual somos más bien un país con tendencia a la violencia y a la confrontación y que por tanto, en cualquier momento, podemos encaminarnos hacia un estallido social.